Historia escrita para el Proyecto "Escribe a partir de una imagen".
Imagen: Pareja de las manos por Takari95. proyecto1- 8. tumblr post/ 112161450340/16
Personaje: Mimato (Mimi Tachikawa y Yamato Ishida)
Digimon no me pertenece
Capítulo XVI. Declaraciones inesperadas y helados para Taichi
Mimi no era tímida, todo lo contrario. Siempre había sido muy echada para delante. Extrovertida y amigable. Por eso siempre hablaba con todo el mundo y si bien nunca había tenido novio, estaba acostumbrada a que los chicos le pidieran salir. Ella les decía que no muy educadamente, asegurando que no quería pareja en ese momento y pidiéndoles perdón por el rechazo. Era tan adorable que ni siquiera aquellos a los que decía que no, que eran todos, la odiaban; al contrario, terminaban amándola más por lo adorable que era.
Por eso cuando aquella vez, cuando recibió esa carta que la citaba en la parte trasera de la escuela, ella sabía qué iba a pasar, y si bien siempre era duro rechazar a alguien más, estaba relativamente tranquila. Hasta que lo vio, y su pulso subió hasta las nubes.
Quizá fuese porque él era un año mayor, se había dicho, pero sabía que no porque incluso los de último año le habían pedido salir en alguna ocasión. Quizá era porque era increíblemente guapo, se había tratado de convencer, pero también sabía que no era cierto porque muchos chicos atractivos le habían pedido que fuese su novia. En el fondo ella sabía la razón de su nerviosismo; él era el chico por el que llevaba suspirando desde años atrás por Yamato Ishida.
Disimulaba estando con él porque formaban parte del mismo grupo de amigos y la situación sería incómoda si sus sentimientos hubiesen salido a la luz. Se llevaban muy bien, incluso si cuando se conocieron no fueron de los niños que más interacción tuvieron en aquella aventura. Pero habían madurado, y se habían encontrado con que tenían muchas cosas en común. Y finalmente Mimi se había enamorado perdidamente de él. Así que verle ahí frente a ella, esperándola con las manos metidas en los bolsillos, con esa pose desgarbada y tan característica de él, la ponía tremendamente nerviosa.
Llegó hasta él casi titubeante, como si esperara que se apartase en cualquier momento para irse, dejándola a la espera de otro chico, que sería el que le había mandado la carta, y él solamente estaría allí por casualidad. Pero era un sitio extraño para estar y él la miró mientras se acercaba, sin hacer el más mínimo ademán de moverse. Mimi se mordió el labio inferior, por primera vez sin saber qué decir.
—Ho-hola —saludó tímidamente, de forma demasiado cortada para ser ella—. ¿Qué tal?
—Te esperaba —anunció el rubio, como queriendo dejarlo claro.
—¡Oh! Sí –afirmó ella—. Lo siento si he llegado tarde…
—No has llegado tarde, tranquila —dijo antes de que ella siguiese su disculpa—. Yo he llegado demasiado pronto.
—¿Te han soltado antes de clase? —bromeó la chica, queriendo aligerar el ambiente.
—No —negó Yamato rápidamente—. No he ido a la última clase.
—¿Por qué? —preguntó Mimi, sin comprender.
—Bueno, estaba algo nervioso —aceptó el chico, llevándose la mano al cabello y desordenándolo—. No todos los días hago esto y no tenía la cabeza para atender matemáticas.
Mimi supo realmente que estaba nervioso. La castaña lo observaba siempre, aprendiéndose todos los gestos y su forma de ser. Sabía que cuando estaba frustrado por algo fruncía el ceño muy intensamente y que cuando lograba encontrar la solución que le estaba molestando relajaba la cara y sonreía casi imperceptiblemente con una sonrisa ladeada hacia el lado derecho. También sabía que cuando estaba a punto de reventar de furia sus labios se unían hasta formar una delgada línea, y que apretaba intensamente su puño izquierdo mientras con la derecha sujetaba fuertemente la tela de su pantalón. Y por eso sabía que cuando estaba nervioso se desordenaba el cabello dejándolo como un nido de pájaros.
Se lamió los labios, tratando de tranquilizarse y queriendo que no se notase que su corazón parecía a punto de salírsele por la boca.
—¿Hacer qué? —se atrevió a cuestionar finalmente.
—Declararme —respondió directamente, mirándola a los ojos—. Pensaba que todo el mundo se citaba aquí para eso; tú misma dijiste que habías tenido varias declaraciones aquí.
—Sí, bueno, es cierto —aceptó Mimi—. Pero no sabía que ibas a declararte tú.
—¿Esperabas a alguien más? —frunció el rubio el ceño, contrariado.
—¡No, no! —negó ella—. Bueno… sí, pero no porque quisiera. Simplemente no esperaba que tú fueses el que te ibas a declarar.
—Ya, no estaba muy seguro tampoco —volvió a rascarse el cabello y Mimi sintió que se derretía por él—. Ha sido Taichi el que me ha convencido. Decía que era imbécil por seguir sin decir nada y que me iba a arrepentir porque algún día alguien se me iba a adelantar.
—Eso suena muy Taichi —rió Mimi y él la acompañó con una risa ansiosa.
Se quedaron en silencio, mirando al suelo con vergüenza y solamente lanzando alguna mirada rápida al otro de vez en cuando. El tiempo se alargó demasiado; quizá no fueran más que unos segundos pero a ambos se les hizo eternos.
—Bueno, ¿y qué dices? —preguntó finalmente Yamato.
—¿Qué? —la castaña no entendí a nada.
—¿Qué me respondes? —insistió—. Aún no has dicho ni sí ni no.
—En realidad —intervino Mimi— tú no me has propuesto nada.
El rubio se quedó callado, dándose cuenta de que era verdad, frunciendo el ceño contrariado por cómo estaba yendo todo. Había pensado que sería fácil; mandarle una carta, ir, declararse y a saber qué pasaba. Pero había dicho todo sin decir nada realmente y debía de haber sabido que una chica como Mimi no iba a aceptar medias tintas; ella quería una declaración con todas las letras. La miró, queriendo suplicar que bastante difícil se le estaba haciendo todo como para tener que hablar; él no era así. Pero no se encontró con la mirada de la chica; Mimi estaba girada hacia un lado, mirando al suelo y completamente sonrojada. Yamato sonrió; parecía que por primera vez en una declaración, la siempre serena Mimi Tachikawa estaba nerviosa.
—Sal conmigo —soltó de golpe, aprovechando la situación.
Mimi alzó de golpe la mirada para encontrarse a un Yamato de nuevo mirando a un lado, como si la declaración que acababa de hacer no fuese con él. Se llevó una mano al pecho y sintió el corazón golpear con fuerza. Que Yamato estuviese allí cuando la habían citado le había dado una pequeña esperanza, que él hablase de que iba a declararse había hecho que casi saltase por la posibilidad, pero que realmente le pidiese salir no había terminado de creérselo. Podría echarse a llorar de la alegría pero sabía que él no iba a comprenderlo.
Y por eso mismo no sabía qué hacer. Lo normal un día de declaración hubiese sido que sonriese al chico y le rechazase con tacto, pero en ese caso estaba deseosa de lanzarse a sus brazos. Miró hacia el suelo, sintiéndose tímida como pocas veces en la vida.
—Yo… —balbuceó en voz baja—. Vale.
—¿Qué? —aunque Yamato no la miró, quiso saber qué había dicho porque no la escuchaba bien.
—Que sí —afirmó Mimi más alto—. Saldré contigo.
Una sonrisa involuntaria se plasmó en la cara del rubio que Mimi vio de reojo, lo que hizo que ella también sonriese. Pero ninguno alzó la mirada del suelo, no atreviéndose a mirarse, ambos sonrojados pero felices, ninguno sabiendo cual debía de ser el siguiente paso porque no lo habían hecho nunca.
Fue Yamato el que dio el segundo primer paso, pensando que el último movimiento lo había dado ella. Lentamente, con miedo de que esa chica que amaba pero que sabía primeriza en noviazgos se espantase, alargó la mano y tomó la de la chica, quien dio un respingo al no esperarse el movimiento. Pero Mimi no negó el contacto y sus dedos se entrelazaron con los de él. La castaña miró sus manos juntas, y cuando alzó la mirada hacia la cara del chico se lo encontró mirándola, como a la espera de su reacción; se sonrojó más al ver el brillo en sus ojos azules pero desde luego no se asustó sino que los suyos propios refulgieron y sonrió.
Pero Yamato no se conformó con un toque, y viendo que ella reaccionaba bien ante su toque, decidió dar un paso más y tiró de ella, haciéndola girar para poder estar cara a cara. Desde que Mimi había llegado al sitio de la cita, era la primera vez que estaban así y ambos se quedaron enganchados a la mirada del otro. Con suavidad, colocó su mano libre en la mejilla de la chica y la acarició con el pulgar. Después miró sus labios una vez y se acercó un poco, como pidiendo permiso para lo que pretendía hacer. Mimi, en respuesta, cerró los ojos, y el rubio se lo tomó como aceptación.
La besó con tranquilidad, tratando de transmitirle todo lo que sabía que no iba a poder con palabras; él no era así. Mimi se dejó llevar también, disfrutando de ese beso que había soñado tantas veces y por fin se hacía realidad. El beso no fue muy largo, pero en ese momento fue perfecto. Cuando se separaron, ella sonreía con amplitud y el rubio de forma torcida. Se quedaron mirándose hasta que él habló.
—Vamos dentro —propuso alejándose de ella pero sin soltar su mano—. Hace frío y estás congelada.
—¡Oh! Estoy bien —aseguró ella—. No hace falta que te preocupes por mí, no hace tanto frío.
—Eres una mentirosa —Mimi hinchó los cachetes de forma infantil y él solamente negó con la cabeza—. No trates de negarlo. Acabo de besarte y tienes los labios helados.
—¡Yama! —exclamó la castaña escandalizada mientras se ponía roja—. ¡No digas esas cosas tan a la ligera!
Yamato casi rió al ver su cara pero simplemente tiró de ella para dirigirla hacia el interior de la escuela, aún sin soltar su mano. Justo cuando estaban por torcer la esquina que les llevaría al patio donde todo el mundo estaba, Mimi tiró de él, se puso de puntillas y lo besó rápidamente. El rubio la miró, interrogante, y ella se encogió de hombros.
—Es que tenemos tres horas de clases —dijo ella retomando el camino y entrando al patio—. Y quería tener un pequeño recuerdo para estar entretenida.
A lo lejos vieron a sus amigos, que parecían esperarlos ansiosos, y Mimi supo que todos sabían lo que iba a pasar. Refunfuñó sobre que iba a matara a las chicas por no informarle. Estaban a punto de llegar cuando Yamato le dio un apretón en la mano y ella lo miró.
—Dejaré que ahora vayas con las chicas a que cotilleéis —le informó seriamente—. Pero te espero a la salida para acompañarte a casa. Y entonces te daré un beso que te sirva más para recordarme.
Mimi abrió los ojos por las intenciones, dichas de forma tan Yamato, tan serio y convencido, que la hacían querer lanzarse a sus brazos en ese mismo momento. Pero no era el lugar así que solamente acertó a asentir. Después él le hizo un gesto hacia sus amigos y ella salió corriendo hacia las chicas.
Yamato la vio decirles algo y que todas reían como gallinas y se encaminó hacia los chicos, quienes palmearon su espalda y lo felicitaron. Taichi soltó un par de bromas pero por primera vez, le dio igual. Miró a Mimi de reojo y la vio feliz, y saber que en parte era gracia a él lo hizo sonreír a él.
Sabía que su declaración había sido inesperada, pero finalmente todo había salido bien y por fin se había atrevido a dar el paso de declararse. Taichi había tenido razón; si él no lo hacía, algún día Mimi le diría que sí a algún otro imbécil y se arrepentiría toda su vida. Miró a su mejor amigo de reojo y se preguntó cómo podría a veces dar buenos consejos.
—¿Qué pasa? —preguntó el castaño al sentirse observado—. Deja de mirarme o pensaré que sales con Mimi solamente para ocultar que te mueres por mis huesos.
—Imbécil… —murmuró Yamato, rodando los ojos.
—No, en serio —insistió Taichi—, me mirabas de forma rara. ¿Qué pasa?
—Pasa, Idiota —dijo finalmente le rubio—, que, y negaré haberlo dicho, por una vez en tu vida tenías razón. Y lo mío con Mimi es gracias a ti.
—¡Oye! Que yo tengo razón muchas veces —Yamato alzó una ceja en respuesta—. Peor sí, tienes razón, todo es gracias a mí. ¡Deberías agradecérmelo más! Invítame a un helado o algo, ¿no?
—¿Sabes qué? —respondió el otro—. A lo que quieras, Yagami. Te invito a lo que quieras.
Porque le compraría un camión de helados; por una vez, Taichi se lo merecía.
Pues nada, nuevo capítulo para la colección. Esta vez un mimato, mi OTP por goleada. Me ha costado porque veía la imagen y me recordaban a Mimi y Jou, pero a mí no me gusta el Joumi así que le quise dar una vuelta y terminó siendo Yamato. No esperéis que en la foto se parezca a él, porque no lo hace.
He tratado de basarme en animes shoujo para la ambientación. Quería escribir algo ligerito dentro de lo que cabía.
Creo que nada más...
Espero que os guste.
¡Nos leemos!
Mid*
