Capítulo 13

Una sospecha

La vuelta a la sede de la organización la dio una extraña sensación que no supo identificar del todo bien, al menos al principio. Esas últimas semanas con el pequeño detective las había disfrutado mucho más de lo que ella misma se habría esperado, y de cierta forma empezaba a echar en falta su compañía. Su agudo ingenio, su perspicaz mirada, su forma de ver la vida… era algo completamente diferente a todo lo que ella había vivido y experimentado a lo largo de su tortuosa e inacabable existencia. Hasta ahora nunca había cuestionado su modo de vida, puesto que no había conocido otra cosa. Pero ahora, y después de todo ese tiempo con alguien como él todo parecía cambiar. Y Vermouth no podía sentirse más confusa al respecto.

-¿Estás bien?

Esa voz la sacó de sus más inmediatos pensamientos, viendo entonces a Gin mirándola con gesto inquisitivo y contestando rápidamente.

-Ah, sí, tranquilo…

-¿Es por él? ¿Dónde está?

-No te preocupes, lo he dejado con la familia que lo ha estado cuidando desde que nació, está seguro.

-¿Es realmente seguro? Quiero decir…

-Al cien por cien. No te preocupes, Gin, está bien.

Ambos se quedaron callados, sumiéndose en pensamientos diametralmente opuestos, aunque en ese momento la mujer murmuró.

-Me ha llamado, tengo que ir a hablar con él…

-Vale, ya me contarás.

Gin se marchó con paso seguro y ella continuó hasta su destino; entrar en su habitación era como viajar por el tiempo, y aunque ya estaba acostumbrada ésa vez fue distinto por alguna razón. Notó la característica atmósfera cerrada y enrarecida, además del fuerte olor como a naftalina, haciéndola arrugar la nariz. Su característica e inconfundible insignia de un cuervo hecho un ovillo hacia delante se encontraba sobre la chimenea, la única fuente de luz en la penumbrosa estancia. Desde donde estaba vio la amplia cama rodeada de aparatos médicos que le ayudaban a respirar y mantener un ritmo cardíaco estable, se acercó a ella y se sentó a su lado, observando el intenso brillo de sus ojillos entre la densa penumbra al tiempo que se dirigía a ella directamente.

-¿Y bien?

-Sé lo que me vas a decir, aunque he estado pensando largo y tendido desde que me lo comentaron.

-Ha debido de ser muy instructivo entonces, supongo que en ese caso habrás sacado algo en claro-masculló el hombre con su cascada y cadavérica voz.

-Por supuesto. Creo que no deberíamos descartar completamente a Abstergo.

-¿Ah, no? ¿Y eso por qué? Me prometieron que lo conseguirían y ahora me salen con esto… después de todo este tiempo… es imperdonable-musitó Karasuma, con un deje de furia contenida.

-Comprendo tu rabia, pero no deberías dejar que te ciegue así. Según Nakamura, intentaron atraer a los asesinos para que les ayudaran a indirectamente a terminar el sudario, pero todo apunta a que la pista supuestamente falsa a la que les encaminaron ha debido de resultar ser correcta de alguna forma. Si es así, puede que ahora los asesinos hayan conseguido algo que los templarios no tengan. Y podemos aprovecharnos de eso-explicó ella pausadamente.

-¿De qué manera?

-Es bien simple, tan solo debemos esperar a que los asesinos hagan acto de presencia. Y en cuanto el sudario se complete, que se completará, yo misma se lo robaré y te lo traeré directamente a ti.

-Lo haces ver demasiado fácil… tengo mis dudas ¿no has pensado en nada más?-inquirió el anciano hombre, entrecerrando los ojos.

-De hecho sí. El día en el que Kid robó el Koh-i-Noor apareció un hombre que no conocía personalmente tratando de hacerse con el diamante. Investigué un poco y averigüé que se llamaba Snake ¿sabes algo al respecto?

-El subordinado de Eisuke Eien, el CEO de una empresa afín a la nuestra y que tenía en nómina como plan B. Confiaba en utilizar a Pandora si las cosas se torcían, pero ahora que Kid se ha entrometido como aquella vez hace ya dieciocho años ya no podemos contar con él. Nos hemos quedado sin opciones, maldita sea, estoy rodeado de inútiles-musitó Karasuma, haciendo mano de un respirador.

-De nuevo, no lo considero del todo perdido. Míralo así, Kaito Kid sólo es un mero trámite, dudo mucho que sepa manejar el Koh-i-Noor, y es muy probable que acabe siendo atraído de vuelta a los templarios. Lo único que tenemos que hacer es esperar pacientemente a que tanto los asesinos como el propio Kid muevan ficha y, cuando tengamos tanto al diamante como al sudario completo en un mismo sitio, cogerlos y largarnos, dejando que los asesinos y los templarios se maten entre sí.

Ante eso el anciano hombre dejó escapar un prolongado suspiro, mirándola atentamente desde las sombras con sus ojillos entrecerrados; Vermouth le devolvió el gesto sin apenas pestañear y esbozando una confidente y segura sonrisita. En un momento dado, Karasuma se pronunció.

-No me convencen del todo tus métodos, Vermouth… aun así, y a falta de algo mejor, lo haremos a tu manera. Iba a mandar a la mierda a Nakamura, pero necesitaremos estar ahí llegado el momento, según tú…

-No te preocupes, déjamelo todo a mí, aunque en cuanto llegue el momento necesitaré un poco de refuerzos, creo que con Gin y unos pocos agentes rasos será suficiente.

-Está bien, está bien… agh, te consiento demasiado, Vermouth…

Ante eso la aludida esbozó una sucinta sonrisa, murmurando de seguido.

-Bueno… ya sabes a quién he salido después de todo.

Y, tras esas palabras, se marchó de allí dejando al anciano pensando en sus propias cosas.

Una vez sola, la mujer dibujó una fina sonrisa en sus labios, cogiendo su móvil para hacer una llamada, aunque en ese momento Gin reapareció y se dirigió a ella rápidamente.

-¿Y bien? ¿Qué te ha dicho?

-Que seguimos adelante con lo de Abstergo.

-¿¡Qué?! ¿¡Por qué?! Ya no tiene sentido seguir con ellos si no han podido replicar el sudario…

-Aún no está del todo claro que lo del sudario esté perdido, puede que aún tengamos una oportunidad si dejamos que los asesinos hagan lo suyo, algo me dice que les han tomado la delantera y nosotros podemos aprovecharnos de eso.

-¿Cómo estás tan segura?-inquirió Gin, mirándola ceñudo.

-Confía en mí, cariño…

Ante eso el hombre bajó la vista, ocultándola tras su sombrero de ala corta; Vermouth esbozó una divertida sonrisita, inquiriendo de seguido.

-¿Qué pasa? ¿Todavía hay algo de sentimientos en todo ese cuerpo de duro e inflexible hombre?

-No juegues conmigo, mujer, es sólo que… tú, todo esto… y el crío…

Por un momento Gin se quedó callado, como si no supiera qué decir a continuación, sin embargo ella dio un paso y se plantó junto a él, cogiéndole de las mejillas con gesto ciertamente cariñoso que Gin no pasó por alto. Por un instante reprimió sus ganas de besarla ahí mismo, pero prefirió no darla ese placer, al menos en cuanto a él mismo se refería.

-Oh, Gin, nunca pensé que te vería así ni en todos los días de mi vida…

-Cállate-masculló él, ligerísimamente ruborizado.

Vermouth sonrió una vez más y, sin previo aviso, se inclinó sobre él y le besó tiernamente, sorprendiendo en parte a Gin, el cual reaccionó de seguido.

-Quieta, loca, aquí no…

-Qué aburrido eres…

Ante eso el frío hombre no dijo nada, aunque en ese momento ella comentó.

-Le he comentado que te necesitaré a ti y unos cuantos hombres más cuando llegue el momento en Abstergo, sólo para que sepas…

-Si me lo pide él directamente no tendré ningún problema en obedecer, ya lo sabes.

-Genial… iré entonces a comenzar con los preparativos, nos vemos-anunció ella, lanzándole un beso.

Una vez fuera del complejo hizo mano de su móvil para hacer una llamada, pero entonces se lo pensó mejor y, esbozando una sonrisita, se lo guardó y se encaminó hacia su coche. No hacía falta poner el GPS porque ella misma sabía muy bien a dónde quería ir, por lo que tan solo requirió de seguir la señalización hacia el barrio de Beika. Aparcó cerca de la agencia de detectives y, una vez allí, llamó a la puerta del segundo piso, donde vivían. La abrió una cara familiar que se alegró mucho de ver.

-Ah, hola, buenas tardes ¿necesita algo?

-Hola Ran ¿qué tal estás? ¿Os pillo en buen momento, está Conan aquí?-inquirió ella, directamente.

-Ah ¿señora Edogawa?-inquirió ella, ligeramente sorprendida.

-Sí, soy yo ¿qué tal estás? Te veo estupenda…

-Ah, muy bien, aunque no la esperábamos, estábamos a punto de comer…-murmuró la chica, mirándola con gesto algo extrañado.

-Oh, perdona, quizás debí llamar a Conan antes, pero acabo de salir de una reunión y tenía ganas de verle, espero que no te importe…

-Ah, no, tranquila, espere un momento… ¡Conan, ha venido tu madre a verte!-exclamó Ran, llamándole.

El aludido apareció rápidamente, mirando a la susodicha con un gesto parcialmente incrédulo grabado en su rostro; ocultando como podía una divertida sonrisita, Vermouth exclamó.

-¡Conan, cariño!

-¡Ah! ¡Ma… mamá, qué sorpresa!-masculló el niño, acercándose a ella para aparentar.

Vermouth le cogió en brazos y le cubrió de besos, siendo observados atentamente por Ran, la cual esbozaba una genuina sonrisa, aunque seguía mirando a Vermouth fijamente, como si hubiera algo en ella que la llamara la atención.

-¿Qué haces aquí?-inquirió el niño en ese momento.

-Vine a verte, salí de la reunión más pronto de lo esperado y te echaba de menos, así que aquí estoy-explicó ella, achuchándolo.

-Ah, pues qué bien…

El niño trató de sonar lo más convincente posible, aunque Ran seguía sin quitarla la vista de encima, como si no terminara de ubicar del todo dónde la había visto antes. En ese mismo instante, la chica comentó.

-He hecho comida de sobra, puede quedarse a comer con nosotros si quiere.

-Muchas gracias, Ran, aunque para la próxima os invitaré a vosotros, después de todo me habéis hecho un gran favor cuidando de mi Conan tras todo este tiempo.

Los tres pasaron al salón, donde Kogoro se encontraba sentado esperando la comida.

-¿Ocurre algo, Ran? ¡Ah, pero bueno, haberme dicho que teníamos visita! ¡Bienvenida, hermosa señorita, soy el gran detective Kogoro Mouri para servirle a usted!-exclamó el aludido, levantándose para recibirla.

-Muchas gracias por el cumplido, señor Mouri, soy la madre de Conan, quería agradecerles tanto a usted como a su hija por haber cuidado de mi pequeño durante todo este tiempo-murmuró la mujer, esbozando su mejor sonrisa.

Esa repentina declaración cogió completamente desprevenido al detective durmiente, que se la quedó mirando tanto a ella como a Conan, como si no terminara de creérselo del todo. Sin embargo, enseguida se repuso y, con una risotada, exclamó.

-¡Caramba, enano, no me dijiste que tenías una madre tan guapa, haber empezado por ahí!

-¡Papá, no seas maleducado!-le reprendió Ran, avergonzada.

Ante eso Vermouth no dijo nada, riéndose divertida, al tiempo que Conan le lanzaba una desdeñosa mirada. Aunque ni corta ni perezosa, la mujer de negro se sentó con ellos a la mesa y estuvieron comiendo mientras hablaban de vez en cuando. Durante la comida Ran seguía mirándola con gesto inquisitivo, cosa que no le pasó desapercibido a la propia Vermouth, que preguntó.

-¿Ocurre algo, Ran? Te veo como distraída…

-Ah, lo siento, es que… ¿nos conocimos antes? Quiero decir… me da la sensación de que a usted la he visto antes pero no sé muy bien de qué…

Ese comentario alertó al pequeño detective, el cual miró a la aludida con un gesto que decía sin decir: ¿Cómo se te ocurre? Aunque Kogoro fue el primero en comentar.

-Eso no tiene sentido, Ran, si la hubieras visto antes la reconocerías… ¡y yo ya te habría preguntado, claro! ¡Ja, ja, ja!

-Qué jocoso está hoy…-pensó Conan, rodando los ojos y dando un sorbo a la sopa de miso.

-Pues no sé, Ran, creo que la última vez que nos vimos fue hace ya tiempo ¿no?-inquirió en ese momento Vermouth, sin darle mucha importancia.

-Ah, creo que sí, pero no sé, no la recordaba tan…

-¿Tan?

Ran abrió la boca para hablar, sin embargo pareció pensárselo mejor y enseguida murmuró.

-Oh, no es nada, olvídelo, hay veces que lo pienso demasiado…

-¿Segura? Puedes decirme lo que sea, tranquila, no me voy a enfadar…

Por un instante la chica se quedó callada de nuevo, sin saber muy bien qué decir al respecto, aunque en ese momento Kogoro reaccionó comentando.

-¿Y qué más dará? Aquí lo importante es que estamos hoy todos juntos, Conan ya es como de la familia y siempre que usted lo necesite nosotros podremos cuidarlo sin problemas.

Ante eso el aludido se quedó callado con gesto plano mientras le revolvía el pelo, al tiempo que pensaba.

-Ahora no soy una molestia… qué conveniente…

-¡Papá, no te precipites, a lo mejor la señora Edogawa tiene otros planes!-le reprendió su hija en ese momento.

-De hecho ahora que lo mencionas, sí, me gustaría llevarme a Conan por una temporada.

La noticia cayó como un jarro de agua fría especialmente en Ran, que dibujó un gesto en su cara un tanto complicado de discernir. Por su parte, Kogoro murmuró.

-Completamente comprensible, querrá pasar tiempo con su hijo… se te echará en falta, enano.

-Seguro que sí, especialmente tú…-pensó el niño, mirándole de reojo.

-Ah, por supuesto, aunque te voy a echar de menos, Conan, has sido como un hermano pequeño para mí…-admitió Ran en ese momento.

Eso cogió por sorpresa al aludido, no tanto por él mismo, ya que después de todo se podía esperar algo así de alguien como Ran, sino por el propio Conan. Nunca lo había pensado, pero después de todo ese tiempo siendo otra persona en cuanto a términos técnicos y físicos se refería, hasta ahora nunca había considerado el tratar a Conan Edogawa como algo más salvo un mero alias. Después de todo ése niño no existía, tan sólo era Shinichi Kudo pero empequeñecido. Nunca le había prestado atención como tal. Sin embargo, con un simple comentario, Ran le había hecho ver a Conan de otra manera tras todo ese tiempo viviendo juntos.

Por su parte Vermouth esbozó una sincera sonrisa, mirando a la chica con un gesto lleno de cariño, al tiempo que decía.

-Lo sé, Ran, después de todo yo apenas estuve ahí todo el tiempo que podía o quería. Mi trabajo me hace estar de aquí para allá y apenas me paso por casa, de ahí a que os pidiera que cuidarais de él. Pero me gustaría cambiar eso, así que a partir de ahora Conan vivirá conmigo. Muchas gracias por todo, Ran. Eres un ángel.

Esa última frase hizo reaccionar de cierta manera a la aludida, mirándola fijamente con cierto gesto sorprendido e inquisitivo, mirándola fijamente a los ojos. Por su parte, Vermouth tan solo la sostuvo la mirada sin cambiar ni un ápice su gesto, notando entonces cómo Ran relajaba el gesto, al tiempo que murmuraba.

-Vaya, muchas gracias señora Edogawa…

-Ahí tengo que estar de acuerdo con usted, señorita, mi hija es todo un ángel. Aunque eso lo sacó de su madre, a decir verdad-comentó Kogoro en ese momento.

-Ya veo, de tal palo tal astilla…-murmuró Vermouth, divertida.

-Papá, no me avergüences…

-¿Qué? Sólo estoy siendo sincero…

El resto de la comida pasó rápidamente y, una vez que terminaron, Conan fue a recoger sus cosas siendo ayudado por Ran y su "madre". Una vez que estuvo todo empacado, tanto Ran como Kogoro salieron afuera para despedirse de ellos.

-Bueno, Conan, muchas gracias por tu compañía durante todo este tiempo, te voy a echar mucho de menos…-murmuró la chica, despidiéndose de él.

-Yo también, Ran… yo también…

Ambos se miraron por un momento, diciéndoselo todo en nada, aunque en un momento dado la chica se agachó y le abrazó con todas sus fuerzas; el niño le devolvió el gesto con ganas, sintiéndose un poco mal consigo mismo puesto que podía notar, y con creces, que realmente le quería. En cuanto se separaron, Ran ocultó como mejor pudo las lágrimas, murmurando entre medias.

-Llámame de vez en cuando ¿vale? me gustaría volver a saber de ti…

-Tranquila, lo haré.

Tras eso vino el turno de Kogoro, el cual se dirigió a él con una inusitada seriedad.

-Bueno, Conan, espero que te vaya bien de ahora en adelante…

-Gracias, tío Kogoro, espero seguir oyendo de los éxitos de Kogoro el Durmiente.

Ante eso el hombre esbozó una sincera sonrisa, revolviéndole el pelo con gesto cariñoso y despidiéndole. Conan se subió al coche junto con Vermouth, la cual ya había terminado de dejar las maletas en el maletero, y tras un último adiós con la mano, se marcharon de Beika dejando a Ran y Kogoro atrás.

Una vez solos, el niño se dio el lujo de soltar un largo y sentido suspiro, al tiempo que Vermouth comentaba.

-Vaya ¿a qué viene esa cara?

-No sé, es sólo que… hasta ahora nunca había pensado en Conan Edogawa como alguien más, sino como una molestia, un mero trámite. Pero ahora, despidiéndome de Ran, me he dado cuenta que para ella siempre había sido algo más. Y nunca lo había pensado antes.

Ante eso, la mujer se quedó callada, sopesando bien sus próximas palabras, hasta que finalmente habló.

-Bueno, es lógico ¿no? Después de todo, las circunstancias son las que son, y una vez que recuperes tu cuerpo no habrá marcha atrás. Supongo que ahora comprenderás por qué decidí presentarme así sin más…

-Pensaba que sólo lo hacías por mera diversión…

-Mitad y mitad, si te soy sincera, pero sí. Estaba claro que Ran no me olvidaría así sin más, y sin embargo te ha dejado marchar conmigo. No me esperaba menos de ella. Angel

Conan la miró por un momento, pensando en una remota posibilidad.

-Vermouth… tú…

Por un instante se encontró con que no pudo seguir, inseguro de si decir algo o no al respecto, sin embargo la aludida tan solo le miró con gesto tierno, aunque con un deje de tristeza reflejado en sus ojos de color platino. Conan no dijo nada, aunque en ese momento ella habló.

-No sé qué será de mí después de éste punto, cool guy. Pero una cosa es segura. Haré todo lo que esté en mi mano por que salgas de esta y vuelvas con ella. Después de todo, sé que nada merece más la pena.

Todas las dudas que alguna vez tuvo acerca de Vermouth se disiparon de su cabeza tras oír sus palabras, comprendiéndolo al instante. No hizo falta siquiera comentar nada al respecto, el silencio fue una mera contestación. Ahora tan solo restaba esperar a que Shiho volviera. El plan seguía en marcha.


Durante la siguiente semana Conan y Vermouth no perdieron el tiempo y comenzaron a trazar un plan para que, llegado el momento, la infiltración en Abstergo y la recuperación del sudario fuera todo un éxito.

-Vale, podemos barajar distintas opciones, pero todo dependerá de si Shiho consigue recuperar lo que sea que hay en Nara…

-Sólo con la espada en su poder podría entrar y salir por la puerta si es preciso, pero teniendo en cuenta que el sudario sigue estando vigilado, sería más prudente ser lo más sigilosos posibles y atacar sólo llegado el momento. Tengo asegurada la presencia de Gin y unos cuantos agentes rasos dentro de la torre para cuando llegue el momento, pero aún falta confirmar el día, eso sí-explicó la mujer.

-¿¡Gin va a estar ahí?! ¿¡Y qué pasa conmigo?!

-Tranquilo, no tiene por qué ser un problema, aunque cuando recuperéis vuestros cuerpos procura que no esté cerca, eso sí.

-Para ti es fácil decirlo… aún no termino de concebir que Gin tenga algún tipo de sentimientos, eso sí…-murmuró el niño, recordando aquel infausto momento.

-Tuvo una vida muy complicada, por lo que sé. Al parecer su padre abusaba de él de alguna forma, pero nunca conseguí averiguar mucho más, al menos directamente de él.

-¿Problemas paternales? ¿En serio?-inquirió Conan, ceñudo.

-¿Demasiado tópico para ti?-murmuró Vermouth, divertida.

-Quizás, aunque tópico no es la palabra que mejor lo define…

-Entendible, después de todo Gin no es estúpido, pero por el momento nos interesa que siga creyendo que eres su hijo, además, va a estar sólo, lo he separado de Vodka deliberadamente para que no de muchos problemas.

-Bien, pero seguimos atados a que Shiho haga lo suyo… no he vuelto a saber de ella en toda esta semana, espero que esté bien…-murmuró el niño, mirando hacia la costa con gesto preocupado.

Vermouth quiso decir algo al respecto, aunque en ese momento se oyó el móvil del niño sonar, y en cuanto éste miró la pantalla exclamó, cogiéndolo rápidamente y poniendo el altavoz.

-¡Es Shiho! ¡Shiho, por fin, empezaba a preocuparme!

-Hola, Shinichi, ya estamos de vuelta, el rodeo ha dado sus frutos, hemos perdido completamente al equipo Sigma, aunque por si acaso hemos ido directamente a Osaka sin pasar por Tokio para ahorrar tiempo-explicó ella.

-Ah, vale, entonces irás directamente a Nara ¿no?

-Sí, aunque antes quería pasarme por aquí para presentar la espada a la Mentora y preparar un plan, algo me dice que Abstergo no se habrá quedado parado en cuanto a esas ruinas se refiere.

-Es entendible, después de todo ya asaltasteis el lugar antes…

Aprovecharon el momento para ponerla al día y explicarla todo lo que habían pensado para infiltrarse en Abstergo en cuanto llegara el momento, una vez enterada la pequeña asesina se pronunció.

-Estoy de acuerdo con Vermouth, aunque con la espada entrar y salir sería rápido y efectivo armaríamos mucho escándalo y nos expondríamos a que pidan apoyo táctico al equipo Sigma, por lo que será mejor entrar pasando desapercibidos para llegar así con más facilidad hasta el sudario. Una vez que lo tengamos y recuperemos nuestros cuerpos, podemos cambiar de táctica si la situación lo requiere.

-¿Y qué hay del plan en sí entonces?-inquirió Conan en ese momento, inseguro.

-Creo que lo mejor, dadas las circunstancias, será esperar a que recupere lo que haya en Nara y, después, haremos planes al respecto-sugirió la niña.

-Me parece adecuado, así iremos después sobre seguro-asintió Vermouth.

-Bien entonces, os dejo, estoy yendo para el escondite, en cuanto tenga algo os aviso.

-Vale, mucha suerte.

Tras eso Conan colgó, quedándose un poco más tranquilo y mirando por el amplio ventanal del apartamento de Vermouth; ya era de noche, por lo que supuso que lo dejarían para mañana. Tan solo era cuestión de esperar.

-Podemos relajarnos entonces ¿no te parece? ¿Te apetece una pizza?-inquirió en ese momento Vermouth, encendiendo la tele.

-Por mí bien…

En ese momento empezaron a pasar las noticias vespertinas, abriendo con algo que les llamó la atención nada más verlo.

-El cometa Volley, que sólo pasa cerca de la tierra una vez cada diez mil años, se podrá ver a partir de hoy cerca de medianoche y describirá una órbita elíptica por todo el hemisferio norte. Podrá verse a simple vista, aunque los telescopios caseros e incluso unos prismáticos ayudarán a verlo mucho mejor. Los astrónomos seguirán de cerca esta esperada aproximación, ya que les permitirá saber más detalles acerca de su órbita y composición, entre muchos otros datos. Se especula que el primer avistamiento de este misterioso y antiguo cometa se remonta a los tiempos del período Jōmon, habiendo registros del mismo dibujados en antiguas piezas de cerámica.

-Ya veo… ¿podría tener algún tipo de relación con los Isu?-se preguntó el niño en ese momento.

-Probablemente, después de todo está conectado al Koh-i-Noor, por lo que es lógico pensarlo. ¿Quizás sea el origen de los mismos?-sugirió Vermouth, interesada.

-A lo mejor… cualquier cosa es posible, visto lo visto.

-Sí… ¿cómo le irá al ladrón de la luz plateada?

Ante eso el niño no dijo nada, mirando afuera con gesto pensativo. Debía de estar muy ocupado en esos momentos.


Al mismo tiempo, y al otro lado del lago Saiko, se podía ver en todo su esplendor la alta y perfecta figura cónica del monte Fuji, con una hermosa luna llena sobre su cúspide. El silencio que imperaba en el lugar fue roto por un abrupto estornudo, al tiempo que Kaito, vestido de manera casual para no llamar la atención, masculló.

-Agh, diablos…

-¿Se encuentra bien, joven maestro? ¿No estará resfriado?-inquirió Jii en ese momento, despegándose de un telescopio casero.

-Espero que no, sólo me faltaría eso… ¿alguna novedad?

-De momento nada, quizás aún es algo pronto…

Kaito se quedó callado, sacando el Koh-i-Noor y sosteniéndolo en su mano, mirándolo atentamente. Hasta ahora se había dejado guiar por sus crípticas y a veces confusas indicaciones, guiándolos hasta ahí sin ninguna razón en particular. No entendía la razón por la que estaban allí, y sin embargo la tal Durga había insistido por activa y por pasiva que siguieran su rastro. ¿Cómo iban a encontrar a su padre si no hacían más que dar vueltas sin orden ni concierto? No lograba entender cómo funcionaba el artefacto, ni las razones de la Isu, sin embargo prefirió no cuestionarlo mucho más, dejándose llevar en ese aspecto.

La espera se hizo eterna, pero en cuanto el reloj alcanzó la medianoche, pudieron verlo; el cometa Volley hizo acto de aparición, moviéndose por la bóveda celeste lenta pero notablemente.

-¡Joven maestro, ahí está!-exclamó Jii en ese momento, enfocándolo con el telescopio.

Kaito entrecerró los ojos, con gesto decidido y, sin esperar más, alzó el diamante y enfocó al cometa con él. Al mismo tiempo, la luz de la luna se reflejó sobre él, dejando a la vista a Pandora y, acto seguido, en cuanto el cometa se alineó, la pequeña joya roja en su centro comenzó a brillar con intensidad.

-¡Joven maestro, mire!

Kaito alzó su mirada por encima de la joya y vio cómo un finísimo y casi imperceptible rayo de luz proveniente del mismísimo cometa aterrizaba sobre el Koh-i-Noor, enfocándose directamente en Pandora. Por un instante se vio como si se estuviera derritiendo por dentro para, acto seguido, convertirse en líquido que comenzó a rebosar por dentro. Kaito se apartó por instinto, ya que no deseaba beberse las lágrimas y, en cuanto éstas se desbordaron cayeron al suelo brillando intensamente. El brillo rojizo de Pandora desapareció del interior del Koh-i-Noor, para acabar en el suelo sin hacer nada, al menos aparentemente. Y, en ese momento, Durga habló.

-Está hecho. El origen de nuestra especie siempre estuvo marcado por el más absoluto de los misterios, sin embargo nuestras esperanzas siempre estuvieron puestas más allá de las estrellas. Ahora cabalgamos a la eternidad con la certeza de que después de todo no fuimos tan grandes como en un tiempo pensamos que fuimos. Los humanos nos tomaron por dioses, y nosotros mismos nos lo creímos. Nada más lejos de la realidad. Debemos reunirnos de nuevo. Sigue mis lágrimas, te llevarán hasta el que huyó.

-¡Espera un momento! ¿Qué ha sido todo eso?-inquirió Kaito, anonadado.

Sin embargo Durga no volvió a hablar, dejando al chico sumergido en un mar de dudas. Aunque, en ese mismo instante, las lágrimas rojizas comenzaron a moverse a ritmo pausado al principio, para luego acelerar hacia delante y hacia atrás, así todo el rato.

-Creo que quieren que las sigamos, joven maestro-comentó en ese momento Jii.

-Sí… vamos.

Comenzó entonces un largo paseo que les llevó por toda la orilla norte del lago Saiko, bordeándolo hasta adentrarse de lleno en el bosque Aokigahara; tanto Kaito como Jii se quedaron de una pieza al ver que las lágrimas continuaban imparables, llegando a musitar el chico.

-No… ¿en serio tenemos que meternos ahí?

-Esto no me gusta, joven maestro, deberíamos darnos la vuelta…-murmuró Jii, amedrentado.

Y no era para menos, puesto que ese bosque era tristemente célebre por ser el lugar elegido por muchas personas para suicidarse a lo largo de muchísimos años, ganándose el apelativo de bosque de los suicidios. No era un lugar agradable, desde los tiempos antiguos se decía que el bosque estaba maldito, y aunque no estaba prohibido entrar como tal, el propio gobierno desaconsejaba su visita ya que todas las semanas aparecían varios cuerpos por las inmediaciones. Y ahora resultaba que tenían que entrar.

Aun así las lágrimas iban y venían constantemente de atrás adelante, conminándoles a continuar.

-Parece que no hay otra alternativa… tenemos que entrar-murmuró Kaito, armándose de valor y una linterna.

Esperaban no tener que encontrarse con nadie, ya fuera vivo o muerto, por lo que cruzaron los dedos y continuaron el camino marcado por las propias lágrimas. La noche dentro del bosque parecía volverse más oscura por momentos, las ramas de los árboles bloqueaban la leve luz de la luna y tuvieron que andar todo el rato con sus linternas en alto para ver por dónde pisaban. Por suerte las lágrimas brillaban con luz propia, por lo que perderlas era altamente improbable de por sí, trazando el camino visiblemente.

No supieron cuánto tiempo estuvieron caminando, por suerte no se encontraron con nadie, aunque sí vieron cuerdas varias enroscadas alrededor de los árboles, e incluso algún que otro efecto personal por ahí tirado como mochilas, bolsas y hasta teléfonos móviles antiguos. Hasta llegaron a ver una tienda de campaña con muchas cosas desparramadas alrededor, pero sin nadie a la vista. El viento soplaba ligeramente meciendo las ramas de los árboles y extendiendo un suave murmullo en la lejanía.

-Se siente lejano este lugar…-murmuró Jii en un momento dado.

-Sí, sé a lo que te refieres…-asintió Kaito, sin apartar la vista de las lágrimas.

Finalmente, y tras varios minutos más de paseo ininterrumpido, éstas se detuvieron y se juntaron todas en un solo punto, en medio de un pequeño claro. Tanto Jii como Kaito las observaron atentamente, esperando a algo de lo que no estaban del todo seguros.

-¿Es aquí?

-Eso parece… pero ¿por qué aquí, en medio de precisamente éste bosque?-se preguntó Kaito, entrecerrando los ojos.

Como respuesta, las lágrimas comenzaron a temblar, como si tuvieran miedo, para justo entonces filtrarse en el suelo y desaparecer así bajo tierra; por un instante no hubo nada, confundiendo a ambos por igual, pero en ese momento algo pareció activarse de improviso, haciendo temblar la tierra levemente.

-¿¡Un terremoto?!-masculló Jii, asustado.

-No, espera… parece otra cosa…

Nada más decirlo, el suelo bajo sus pies comenzó a moverse y comenzaron a descender por lo que parecía el hueco de un ascensor de lo más moderno; no volvieron a ver a las lágrimas, y el descenso se sintió eterno, pero en cuanto se detuvieron lo hicieron ante lo que parecía una puerta muy moderna que no tenía nada que envidiar a las vistas en películas de ciencia ficción. Por un instante se quedaron allí, mirándola sin saber muy bien qué hacer a continuación, pero en ese momento un resplandor rojizo envolvió las juntas metálicas y éstas se abrieron, dejándoles pasar.

-¿Qué es todo esto?-inquirió Jii, extrañado.

-Parece algo que tanto a asesinos como a templarios les encantaría conocer…-argumentó Kaito, mirando a su alrededor.

-Así es… pero eso es algo que debe permanecer oculto, al menos por ahora-comentó en ese momento una súbita voz al otro lado de la estancia.

Tanto Jii como Kaito se sobresaltaron en cuanto oyeron esa voz, abriendo mucho los ojos y musitando de seguido.

-Esa voz…

-No puede ser…

Vieron entonces una sombra moviéndose en las cercanías y, en cuanto ésta se descubrió, se quedaron de piedra ante lo que vieron.

-No… maestro…

-Pa… papá…

Y es que Toiichi Kuroba se encontraba ahí justo delante de ellos, mirándoles con su típica expresión confiada y esbozando una taimada sonrisita, al tiempo que comentaba.

-Ha pasado mucho tiempo, Kaito… ¿Qué tal tu entrenamiento? Quiero que me lo cuentes todo.


¡Por fin, lo que me ha costado sacar este capítulo! Y no era porque no estuviera inspirado o porque no tuviera ganas, sino más bien por falta de tiempo y un poco de no saber muy bien cómo enfocar lo que quería contar. Pero bueno, ya está aquí, ahora hablemos un poco del capítulo y de la historia en general.

Ya tengo casi encarrilada la historia, así que muy seguramente la finiquite en dos o tres capítulos a lo sumo, por lo que echaré el resto y seguiré hasta terminarla. Sobre el final del capítulo, no os preocupéis, que tendrá su pertinente explicación, aunque seguramente lo deje para el final, ya veré, pero tranquilos que tendrá su explicación. Dado que Magic Kaito no tiene visos de terminar más pronto que Detective Conan (todavía sigo pensando que terminarán al mismo tiempo), he decidido hacer una especie de retrocontinuación y usar elementos de Assassin's Creed para darle un final adaptado a esta serie en concreto. En cuanto a Detective Conan se refiere, no he especificado como tal la línea temporal, pero los eventos de este fic suceden más o menos entre el arco de Vermouth (pasado éste, claro está) y antes de que empiece el de Bourbon. No he querido atarme a ninguno en concreto para evitar líos mayores, ya que después de todo iba a hacer mi propio final, así que me daba un poco igual los arcos posteriores, pero el de Vermouth ya ha pasado, eso sí.

Para el próximo capítulo veremos a Haibara recuperar lo que hay en Nara y, tras eso, el asalto a la torre Abstergo y el enfrentamiento final entre asesinos y templarios, con los hombres de negro entre medias.

Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!