Capítulo 14

En terreno elevado

El camión traqueteaba en cada curva, mareando a algunos, pero Ai estaba tan centrada que ni siquiera lo notaba. La espada a su espalda esperaba a ser usada, aunque para entonces ya había sido comprobada por la Mentora antes de partir. La había mostrado sus capacidades y había quedado muy satisfecha por los resultados.

-No sólo has recuperado un arma muy poderosa, sino que la usas con respeto y decisión, pero sobre todo, con el objetivo de protegerla de los que andan tras ella y prevenir al mundo de su poder e influencia. Será clave para consolidar nuestro poder contra los templarios, y con lo que puedas recuperar en Nara lo seremos aún más. Ve entonces.

Esas palabras la habían llenado de orgullo y coraje, sintiéndose más preparada que nunca. Aunque sus pensamientos más inmediatos se vieron alterados en cuanto el camión se detuvo, al tiempo que Kiyoshi comentaba.

-Ya estamos aquí.

La niña salió del trance en el que se encontraba y bajó del camión junto con el resto; habían venido con un puñado de hombres para la infiltración, aunque antes debían de evaluar el lugar. Desde la misma colina en la que Korn les estuvo tiroteando estuvieron observando el perímetro, obteniendo enseguida una respuesta a sus preguntas.

-Guardias de Abstergo-anunció en ese momento Kiyoshi, mirando por sus prismáticos.

-Lógico, después de todo se armó una buena la última vez que estuvimos aquí…

-No me lo recuerdes… en ese caso podemos ir a saco ¿no? Tengo ganas de reventar unas cuantas cabezas templarias…-masculló el chico, un tanto molesto al respecto.

-No seas imprudente, si les anunciamos nuestra presencia podrían pedir refuerzos y poner en sobre aviso a Nakamura en Tokio. Hagamos lo mejor que sabemos hacer-murmuró ella, contundente.

-No te lo discuto… ¡vamos allá!

Coordinándose entre ellos con suma facilidad, se infiltraron en el complejo y fueron neutralizando uno por uno a todos los guardias de Abstergo que se les ponían por delante; al contrario de los guardias de seguridad privados que había la última vez que estuvieron allí, los de Abstergo iban armados con una pistola de servicio, una porra y se comunicaban entre sí mediante walkie talkies, por lo que optaron por silenciarlos infiltrándose en su red desde una unidad móvil que tenían en el camión en el que vinieron. Y es que no sólo había asesinos como tal en la Hermandad, sino que también habían hackers, crackers y todo tipo de expertos informáticos que les ayudaban en las labores de espionaje, así como historiadores y hasta profesores que actuaban de enlaces con las capas más bajas de la sociedad, proporcionándoles información variada.

Mientras que los demás se encargaban de los guardias que patrullaban el perímetro, Ai aprovechó su pequeño tamaño para colarse y dirigirse hacia las ruinas, escalándolas en silencio y dominando las alturas. Interceptó a un guardia perdido dentro, despachándolo rápidamente lanzándose sobre él desde lo alto y dando un salto antes de que se desplomara, salvando así la caída.

-Ruinas despejadas ¿habéis terminado?-inquirió ella en ese momento por su pinganillo.

-Casi, dame un momento que tengo uno a tiro-murmuró Kiyoshi en ese momento.

Ai escaló de nuevo las ruinas y observó al resto del equipo encargándose de los que quedaban, viendo a Kiyoshi escondiendo el cuerpo del último en el módulo prefabricado que había junto a la puerta y reuniéndose con ella rápidamente.

-Has tardado un poco-comentó ella en ese momento, divertida.

-Usted perdone, pequeñaja, pero uno no puede pasar tan desapercibido como tú… ¿vamos?

-Vamos-asintió ella, bajando de un salto al suelo.

Se acercaron a la muesca justo en el centro del patio y, llevando la mano hacia atrás, desenfundó la espada. La hoja resonó por toda la estancia, manteniéndose el sonido en el aire durante unos buenos segundos hasta desaparecer, pero su filo resplandeció con más fuerza que de costumbre. Sin más dilación, situó la punta en la muesca y, tras un instante de duda, introdujo la espada. Encajó perfectamente y esperaron, pero por un instante no sucedió nada. El ceño de la niña se frunció, extrañada al respecto, al tiempo que Kiyoshi comentaba.

-¿Y bien?

La pequeña asesina quiso decir algo al respecto, aunque en ese momento la voz de Hefesto resonó en su cabeza comentando.

-Gira la llave.

Tomó el mango con ambas manos y, haciendo fuerza, la giró hacia la derecha. Se oyó entonces un seco clac y, acto seguido, el suelo bajo sus pies comenzó a bajar como si un ascensor se tratara, adentrándose en el interior de la tierra.

-No, si al final tenías razón y todo…-comentó en ese momento Kiyoshi, asombrado.

-Simple instinto, eso es todo-murmuró ella, restándole importancia.

El descenso era lento pero constante, observando marcas en las paredes que brillaban en un resplandor azul celeste de lo más característico; la espada siguió ensartada en la muesca, brillando con intensidad y dándoles acceso a un lugar completamente nuevo para ellos.

-Nunca antes había llegado a ver nada relacionado con los antiguos-comentó Kiyoshi en un momento dado.

-Pues ésta es tu primera gran oportunidad… ¿nervioso?-inquirió Ai, mirándole de reojo.

-Un poco, aunque tengo mucha curiosidad… todo lo que sé lo he leído en libros e informes, pero no mucho más.

-Bueno, yo ya tengo algo de experiencia, así que no estoy particularmente inquieta… aunque por si acaso no toques nada.

-Descuida.

Finalmente, y tras varios minutos que parecieron horas, la plataforma en la que bajaban se detuvo frente a una moderna puerta con forma semicircular y con juntas brillantes en gran parte de su superficie. La niña giró de nuevo la espada y la extrajo de la cerradura, centrándose ésta vez en la puerta. No parecía tener ninguna otra muesca parecida a la de la plataforma, aunque en ese momento la voz de Hefesto regresó comentando.

-Pasa el filo por su superficie, la puerta leerá nuestro código genético.

Ai hizo lo que la pidió y, nada más hacerlo, las juntas brillaron un poco más para luego abrirse hacia arriba, hacia abajo y hacia los lados, dándoles acceso.

-¿Cómo sabías que tenías que hacer eso?-inquirió Kiyoshi, anonadado.

-Ya te lo he dicho, intuición.

-¿Segura? No me ha parecido muy intuitivo que digamos…

Por un momento la pequeña asesina dudó de si debía o no contarle acerca de Hefesto y Consus, aunque en ese momento los aludidos volvieron a hablar.

-Hay un terminal aquí cerca, introduce en él la espada.

Cruzaron el umbral de la puerta y vio dicho terminal en una pared contigua, introduciendo en él el arma. Nada más hacerlo todo a su alrededor pareció activarse, al tiempo que la voz de ambos Isu resonaba por toda la cavidad comentando.

-Somos Consus y Hefesto, los que vinieron antes. Tiempo atrás éste lugar fue usado para guardar artefactos y conocimiento, ahora es un vestigio de nuestro propio pasado. Pasad y descubrid lo que hay oculto tras estas paredes.

Tras eso las luces se encendieron, descubriendo un largo pasillo que iba todo recto hacia una ancha estancia que se podía vislumbrar al fondo del todo.

-Qué calladito te lo tenías ¿no?-inquirió en ese momento Kiyoshi.

-Sí, bueno, no estaba del todo segura de cómo ponerlo exactamente, pero bueno, a ver qué nos tienen que contar.

Comenzaron a cruzar el largo pasillo, al tiempo que en sus paredes comenzaban a proyectarse imágenes de todo tipo mientras que Consus y Hefesto seguían hablando.

-El origen de nuestra especie se pierde en la noche de los tiempos, en un principio siempre dimos por sentado que simplemente vinimos antes y nos desarrollamos rápidamente gracias a nuestros sentidos mucho más avanzados, aunque siempre nos quedó la duda de si realmente fue así o hubo algo más.

-Aun así las circunstancias de nuestra existencia eran irrelevantes para nosotros, simplemente aprovechamos lo que la providencia nos dio y alcanzamos grandes cotas gracias a ello. Todo lo demás vino después, incluyendo a vosotros.

-Vosotros fuisteis el resultado de una innata curiosidad, unida a un deseo irrefrenable de dejar una huella más allá de la tecnológica o la técnica. Al principio os concebimos como algo menor, convencidos de que no os desarrollaríais más allá de nuestros propios designios, pero resultasteis tener mucho más potencial de lo que nosotros mismos pensamos.

-Y entonces os tuvimos miedo, y de ahí vino la guerra. Os subestimamos ampliamente, y pagamos caro nuestra imprudencia. Muchos de los nuestros comenzaron a veros con otros ojos, pero otros no supieron ver más allá de su propia arrogancia. Y, entonces, caímos.

-Pero ese no fue nuestro final, al menos no del todo. Muchos de nosotros pusimos todos nuestros esfuerzos y conocimientos en crear una serie de artefactos en los que imbuir una parte de nuestra conciencia y así perdurar en el tiempo, pero ésta existencia no es infinita. Llegará un momento en el que los artefactos pierdan su poder por efecto del uso o el paso del tiempo. Y cuando llegue ese día, pereceremos para siempre.

-Pero no nos inquieta, ahora no, puesto que hemos podido ver de lo que sois capaces. Podéis hacer lo mejor, pero también lo peor, justo como nosotros. Nunca fuimos tan distintos y ahora podemos verlo.

-Puede que muchos de los nuestros desaprueben nuestra conducta, pero seguramente ya no estén aquí para ver un mañana, salvo nosotros. Aún tenemos una oportunidad para resarcirnos de nuestros pecados.

-Nunca fuimos dioses, ni siquiera los Isu más antiguos como la Tríada Capitolina, todo el Panteón Griego o los Aesir noruegos lo son.

-Pero ahora todo se concreta. Entendemos el germen que derivó en el conflicto actual entre asesinos y templarios, puede que no podamos resolverlo como tal, pero podremos ayudaros a dar un paso adelante en la dirección adecuada. Adelante, Shiho Miyano.

Para entonces ya habían atravesado todo el pasillo, llegando a una espaciosa sala aparentemente vacía salvo un pedestal en el centro de la misma, donde descansaba un objeto que les era tremendamente familiar. En cuanto se acercaron lo suficiente pudieron corroborar sus sospechas.

-Espera, eso es…-masculló Kiyoshi, anonadado.

-Sí… sí que lo es… un fruto del edén-asintió ella, igual de asombrada.

Y es que el mismo artefacto que les servía a los Isu como herramienta de control mental estaba allí, descansando delante de ellos; era una esfera dorada, del tamaño de una manzana reineta, y poseía una serie de símbolos y líneas oscuras dibujadas en su lisa superficie que en ese momento se encontraban apagados. Habían leído acerca de esos artefactos y su poder era apabullantemente enorme. A lo largo de la historia había habido varios de ellos diseminados por distintas partes del mundo, algunos controlados por los templarios y otros por los asesinos y hasta por figuras históricas de gran poder como George Washington, Napoleón Bonaparte, Adolf Hitler y hasta el mismísimo Jesucristo. Todo lo que se sabía de ellos fue gracias a Altaïr Ibn-La'Ahad, que estuvo un largo tiempo estudiando uno que arrebató al antiguo Mentor de la Hermandad Levantina y escribiendo un valioso códice al respecto que, con el tiempo, se perdió pero se volvió a recomponer, permitiéndoles saber más al respecto. Poseía la capacidad de leer y controlar las mentes de las personas, así como conceder y retener conocimiento, crear ilusiones, lanzar ataques de todo tipo, desde ondas de energía hasta cinéticos, crear proyecciones, hacer invisible y teletransportar a su portador, rastrear otros fragmentos y templos, abriéndolos en el proceso, e incluso ver el futuro. Debido a todo esto ambos asesinos lo miraron con un inusitado respeto, no muy seguros de qué hacer a continuación.

-Joder, tía, esto es muy fuerte… podríamos poner a los templarios de rodillas con esa cosa…-comentó en ese momento Kiyoshi.

-Sí, y precisamente por eso debemos manipularlo con sumo cuidado. He manejado la espada antes, así que creo que podré con él…

-¿Estás segura? No sabes cómo reaccionará, he leído que no todo el mundo puede manejarlos apropiadamente…

-Lo sé, sé que me podría controlar perfectamente si no voy con cuidado, pero creo que si he podido dominar a la espada podré dominar esto. Aun así, si ves que hago algo estúpido o actúo extraño, no lo dudes e intenta quitármelo a toda costa, mátame si es necesario-anunció Ai, contundente.

-¿¡Qué?! Pero…

-Que no te engañe mi aspecto, soy una adulta.

-¡Y mi compañera, y una muy buena, si me permites el comentario!

-No estamos para sentimentalismos ahora, Kiyoshi, debemos hacer esto bien, está demasiado en juego. Ya sabes lo que tienes que hacer.

Ante eso el muchacho no dijo nada más, preparándose mentalmente. Por su parte, la niña se acercó al fruto y lo miró atentamente por unos breves segundos que parecieron horas. Estiró la mano sobre él para cogerlo. Nada más hacerlo el fruto se encendió y su cabeza estalló, o al menos esa fue la sensación que la dio. No pudo evitar gritar de dolor, cayendo de rodillas y sosteniendo el fruto con ambas manos, mirándolo fijamente con un gesto sobrecogido cruzando su rostro.

-¡Miyano!-exclamó Kiyoshi en ese momento.

Se acercó a ella, pero en ese momento Ai masculló.

-¡Atrás!

El asesino obedeció al instante, mientras veía cómo la niña se retorcía como si la estuvieran abriendo en canal.

Por su parte se refería, la pequeña asesina comenzó a ver y a oír muchas cosas que ni siquiera tuvo tiempo de asimilar. Todo pasaba a una velocidad endiablada, su cabeza la daba vueltas presa de un dolor inimaginable. El fruto parecía hablarla, no entendía nada de lo que la decía, pero sí podía distinguir imágenes varias que pasaban frente a ella. Vio lo que parecía una especie de resumen pormenorizado de toda la historia de la humanidad, observando diferentes épocas desde el antiguo Egipto, pasando por la Grecia de Pericles, la Roma imperial, la Francia revolucionaria, así como la América colonial, la Inglaterra industrial hasta llegar a la edad contemporánea. En todos esos espejismos vio también las figuras de todos aquellos asesinos que destacaron en sus respectivos periodos de tiempo, desde el propio Altaïr, con su túnica blanca atada con el cinto de seda rojo, Ezio Auditore, Ratonhnhaké:ton, también conocido como Connor Kenway, Aveline de Grandpré, Edward Kenway, Jacob e Evie Frye. También vio a dos figuras encapuchadas que no la sonaban de nada, vestidos con ropajes árabes, aunque en ese momento una voz mucho más clara enunció.

-El origen.

Tras eso las figuras se desvanecieron para dar paso a otra ensutada en una tosca armadura griega, al tiempo que la voz anunciaba.

-La heredera del recuerdo.

Acto seguido se mostró ante ella un alto cetro con una afilada lanza en su parte superior, decorado con dos alas a los costados y dos serpientes enroscadas en su extremo superior.

-El artefacto será clave.

Después vio la estatua de lo que parecía un antiguo dios de la mitología nórdica, ensutado en un tupido abrigo de pelaje de oso, una frondosa barba y un casco de batalla en su cabeza.

-El último bastión antes de la batalla final.

Tras eso las imágenes se difuminaron hasta mostrar solamente lo que parecía una parte del vasto universo, al tiempo que las voces concretaban su mensaje.

-Todo principio tiene su final. Perseverad y seréis recompensados, creed y luchad por lo que profesáis. Es la hora.

Y, tras esas palabras, Ai no pudo más y cayó inconsciente sin soltar en ningún momento el fruto de sus manos.


-¿Sabemos algo de Sherry?

-Todavía nada, me dijo que iría directamente a Nara, pero hace ya un par de días de eso… espero que esté bien, he preferido no llamarla para no molestarla, pero…

-¿Pero?

Por un instante se quedó callado, pensando en una respuesta a esa pregunta, aunque en ese momento oyeron el timbre de la puerta.

-Ya voy yo-anunció Vermouth, levantándose.

Unas cuantas posibilidades pasaron por la cabeza del pequeño detective, siendo el mismo Gin una de ellas, pero tanto él como la propia mujer se llevaron toda una sorpresa al ver de quién se trataba en realidad.

-¡Shiho!

-Anda, Sherry, justamente estábamos hablando de ti…

Antes de que la aludida pudiera decir nada, Conan se plantó ante ella de improviso y la dio un repentino abrazo que ella aceptó sin reparos, al tiempo que comentaba.

-Vaya ¿tanto me has echado de menos?

-¿¡A ti que te parece?! No quise llamarte porque pensaba que estarías ocupada, pero has tardado más de la cuenta…

-Sí, perdonadme, es que estuve KO un día entero y no me pude recuperar hasta justo ayer.

-¿Y eso? ¿Qué ha pasado?

Ai entró en el apartamento y se puso cómoda, al tiempo que anunciaba.

-Vale, lo primero es lo primero, conseguí recuperar lo que había en Nara.

-Sabía que lo conseguirías… ¿de qué se trataba?-inquirió Vermouth, interesada.

Como respuesta, la niña sacó de la bandolera que traía consigo algo cuidadosamente envuelto en un trapo de cuero atado con un fino y resistente cordel; lo dejó en la mesita del salón, lo desató rápidamente y dejó a la vista el fruto. Conan esbozó una extrañada mirada que contrastaba con la cara de auténtico estupor de Vermouth, la cual musitó.

-No puede ser…

-Así es… un fruto del Edén.

Al oír el nombre el pequeño detective cabeceó, recordando algo acerca de la historia que ella misma le llegó a contar en su día.

-Espera, entonces esto es…

-Sí, podríamos hacer esto en un parpadeo si quisiéramos.

-¿Y a qué estamos esperando? ¡Vamos!

-En otras circunstancias no te diría que no, pero incluso con un poder casi ilimitado a nuestra disposición prefiero ir con pies de plomo. Entrar por la puerta grande es una opción, sí, pero no sería lo más sensato, después de todo poner sobre aviso a los templarios sería arriesgado a la hora de recuperar el sudario. Justo después, y si la cosa se desmadra mucho, no veo por qué no usarlo entonces.

-Eres prudente, Sherry, he oído hablar de estas cosas estando dentro de Abstergo y tengo entendido que su poder es inconmensurable y hasta atroz-comentó en ese momento Vermouth.

-Has oído bien, en su momento los templarios llegaron a conseguir unos cuantos en diferentes épocas, e incluso estuvieron a punto de controlar a todo el mundo poniendo uno en órbita, pero al final no lo lograron. Personalmente prefiero no abusar de él, después de todo me noqueó tratando de controlarlo por primera vez. Ahora parece que congeniamos mejor, aunque como ya he dicho, prefiero no tentar a la suerte.

-Hablas como si estuviera vivo-observó el niño, con curiosidad.

-Pues casi, casi, no te lo voy a negar. Me mostró cosas, aunque apenas entendí casi nada.

Hubo un breve silencio en el cual los tres miraron el objeto con distintos gestos grabados en sus rostros: Ai con gran respeto, Conan un deje ligeramente confuso y Vermouth con un atisbo lleno de determinación. De hecho, fue la primera en hablar.

-Bien, pues con esto creo que ya podemos empezar a hacer planes para entrar en la fortaleza.

-Sí, sobre eso tenemos a alguien que nos puede ayudar a entrar desde fuera, nos debe por lo menos un favor por las molestias causadas…

Vermouth quiso preguntar, curiosa al respecto, aunque en ese momento llamaron a la puerta, poniendo a todos en alerta.

-¿Sí?-inquirió Vermouth en ese momento.

-Abre, soy yo-anunció una fría voz al otro lado.

Conan abrió muchísimo los ojos, distinguiendo la voz de su peor enemigo incluso a kilómetros, aunque en ese mismo instante Ai reaccionó rápidamente cogiendo el fruto y desapareciendo de la vista acto seguido. Vermouth abrió la puerta y Gin entró en el apartamento mirándolo todo con gesto serio y en alerta.

-¡Gin, querido, aquí estás! ¿A qué se debe tu visita?

-Venía a verte para preguntarte acerca de lo de mañana, aunque… ¿estás sola?

-No, justamente está aquí…

-¡Papi, papi!

En un visto y no visto, Conan apareció de improviso echándose sobre el hombre de negro, el cual relajó por un instante su semblante.

-Hola enano… no sabía que estabas con mamá…

-¡He vuelto justo hoy! Te he echado de menos, papi…-murmuró el niño, de lo más convincente.

-Qué bien… ¿seguro que no hay nadie más?-inquirió Gin en ese momento, con gesto serio.

-¿Quién más va a haber? ¿Por qué lo preguntas?-quiso saber Vermouth, aunque en el fondo ya sabía la respuesta.

Gin no respondió inmediatamente, echando un rápido vistazo a su alrededor y comentando al poco rato.

-Subiendo hacia aquí me pareció oler algo… una fragancia que creí haber olvidado hace mucho tiempo.

-¿Y qué puede ser entonces?

El hombre de negro guardó silencio de nuevo, inquiriendo al poco rato.

-¿Se ha vuelto a saber algo de la rata traidora de Sherry?

Conan trató de no verse nervioso por esas palabras, mirando justo donde se encontraba Ai completamente invisible gracias al fruto. Por su parte, Vermouth se apresuró a comentar.

-Después de que no consiguiera averiguar dónde estaba, el jefe decidió asignar el asunto de la caza de Sherry a otro agente. Aún no se sabe quién ha sido el elegido, pero sospecho que tal vez sea Bourbon el encargado de hacerlo.

-¿Bourbon? ¿El chavalín de reconocimiento? ¿Crees que hará un buen trabajo?

-Sí, después de todo ya ha demostrado su lealtad, así que no veo por qué no.

-Está bien… en cuanto a lo de mañana…

-¿Sí?

-¿A qué hora quieres que vayamos?

-A primera hora, reúnete conmigo en el vigésimo piso, si os peguntan decidles que vais de mi parte.

-Muy bien… ¿y qué hay del crío?-inquirió Gin en ese momento, mirando a Conan.

-Oh, vendrá conmigo, por supuesto-anunció ella, con voz queda.

-¿Qué? ¿Es eso prudente?

-Tranquilo, estando conmigo no le pasará nada, además, piensa que después de todo debemos ir curtiéndole… le vendrá bien.

-Visto así... aunque ¿estás segura? Quiero decir…

Ante eso Vermouth tan solo sonrió, comentando al poco rato.

-Bueno, en algún momento tendré que presentárselo ¿no? Después de todo la familia es la familia, tú ya me entiendes…

Gin se quedó callado, sopesando sus palabras y murmurando al poco rato.

-Si tú lo dices…

-Bueno, no es como si tú o yo podamos elegir ¿no?

Tanto el hombre como la mujer de negro se miraron fijamente, diciéndoselo todo en nada; Gin miró por un momento al niño, el cual la miró con gesto confuso, como si no supiera muy bien de lo que estaban hablando. Tras eso, inquirió.

-¿Y él? ¿Ha elegido?

Conan hizo todo lo posible por no mostrarse sorprendido ante su enemigo, que por un momento se mostraba en una faceta que nunca antes había pensado que llegaría a verle. Por su parte, Vermouth murmuró.

-Los dos sabemos muy bien que, si de mí dependiera, no le tendría que dar a elegir. Sin embargo, nuestra realidad es muy distinta, y lo sabes. Es por eso por lo que prefiero que sea él quien decida cuando llegue el momento. Por ahora prefiero mantenerlo a salvo, aunque tenga que llevármelo conmigo.

-Entiendo…

Tras eso Gin echó un último vistazo hacia donde estaba Ai oculta, sin abandonar del todo su desconfiada mirada, y finalmente se marchó despidiéndose rápidamente. Una vez solos de nuevo, la niña reapareció con el fruto en su mano brillando débilmente hasta que se volvió a apagar.

-Así que Gin va a estar… bien.

-Lo he hecho expresamente, espero que aprecies mi gesto, Sherry-comentó en ese momento Vermouth.

Ante eso la pequeña asesina esbozó una leve sonrisita satisfactoria, aunque en ese momento Conan exclamó.

-¡Eso ha estado muy cerca! ¿¡Acaso sabía que estabas ahí?!

-No creo, pero sí debe haberme olido… no me importa mucho a decir verdad, en cuanto pueda ponerle las manos encima podré hacerle pagar años de tortura psicológica. Como lo voy a disfrutar…-masculló Ai, con gesto casi tan frío como el del propio Gin.

Por un momento el pequeño detective notó como un escalofrío le recorría la espalda, aunque Vermouth aprovechó para comentar.

-Podemos aprovechar las circunstancias a nuestro favor, nosotros estaremos dentro y según tú tienes una forma de entrar sin ser vista. En ese caso podemos encontrarnos junto a la entrada, una vez dentro nos dirigiremos directamente al laboratorio donde tienen el sudario, saltándonos las puertas de seguridad.

-Bien, varios pelotones estarán apostados fuera y alrededor de la torre, entrarán en cuanto les de la señal y esté despejado, necesitaré ayuda con eso, tal vez puedas hacer tú algo al respecto-comentó la niña.

-Veré qué puedo hacer, tal vez Gin y sus hombres sean útiles en ese sentido.

-Bien. ¿Estás preparado?-inquirió en ese momento la asesina, dirigiéndose al detective.

-¿Eh? Ah, sí…

-Mañana es el día en el que recuperaremos nuestros cuerpos, espero que no te duermas.

-Descuida.

El recordar el detalle en sí le hizo olvidar el hecho de ver a Ai con esa horrible mirada grabada en su rostro; no le hacía mucha gracia, pero si mañana consiguieran su objetivo, estarían un poco más cerca de terminar con todo. Tan sólo restaba esperar a mañana.


Venga, poco a poco, ya queda menos. Últimamente apenas tengo tiempo, pero bueno, aquí está el nuevo capítulo antes de la batalla final. Las cosas se concretan y seguimos con exposición del lore de Assassin's Creed, que es bien extenso, aunque aprovecho para comentar que, en cuanto a su línea temporal, esta historia sucede entre medias de los acontecimientos del presente en Assassin's Creed Origins (de ahí a que Ai no conozca aún a Aya y Bayek) y algo antes de empezar los de Odyssey. Habréis visto que he hecho un flashforward, aún no he jugado al Valhalla, pero me pondré con él en cuanto termine de rejugar el primer The Last of Us, pero ya voy comentando que no influirá para nada en la historia, simplemente fue un pequeño guiño.

Y eso es todo de momento, no queda nada, tan solo un par de capítulos más y un epílogo. A ver si ahora en semana santa que tengo más tiempo le doy el último empujón a esta historia. Comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!