Bienvenidos al capítulo 24. Este texto quiero dedicarlo en memoria de una querida amiga, estoy segura de que ella está en un lugar mejor y algún día nos volveremos a ver…

Bien pues basta de coas tristes. Gracias a todos por mandarme sus reviews:

Tamy: Adoro recibir noticias tuyas, reviews, mensajes, lo que sea, me encanta tu entusiasmo. Pues sí, Mikey volvió al ataque y por supuesto que Clarise no se libraría del Dr. Bromanstain XD

musicatmnt: Me alegra que te gustara la broma de Mikey, la verdad pensé que el adorable pecoso no sería precisamente romántico, sino un poco exasperante, pero así lo queremos al Mikey.

Zafira A. V: Un gusto tenerte de nuevo como lectora, espero que este capítulo te guste tanto como el anterior, puedo asegurarte que tiene sorpresas interesantes, o por lo menos a mí me lo parecieron.

raphaelblue62: Pues sí, tienes razón, tu cuñis es muy astuto, y fue mucho más directo que sus hermanos :P . Mejor ya ni te apures con tu Raphie y espera a que termine el fanfic para darle una desinfección completa XD. Gracias por tu Review mujer siempre me sacas una sonrisa

Bittersweet: Disculpa por no actualizar pronto, sé que tú siempre estás cazando los nuevos capítulos, pero de verdad hubo mil cosas en mi vida que me mantuvieron lejos de la computadora, no obstante estoy segura de que este capítulo lo disfrutarás mucho (o al menos eso espero)

isa04kunoich2: Mi estimada fan de Rafa x Abril. Ojalá este capítulo no te decepcione, pues no contiene tanto de esta pareja, pero no quita que los dos sigan avanzando ;) Me alegra que de nuevo tengas Internet en tu casa. Mil gracias por tus comentarios

leirbag7: Oficialmente mi primer seguidor hombre (bueno el primero que deja comentario y que puedo identificar como tal) Mil gracias por darle una oportunidad a esta historia. Sé que no tiene mucha acción, así que estoy gratamente sorprendida de que te gustara. Tardé, pero claro que no dejaré esta historia tirada n_n

Bueno, pues he aquí lo bueno, pasen y lean…

LO QUE EN VERDAD SIENTO…

Jul trataba de tomar aire tumbada en el piso sin poder contener su risa. Clarise fue en búsqueda del consejo de su hermana pero ella simplemente hecho a reír descontroladamente después de que la de blanco le contara el acontecimiento con Mikey.

—No sé que es tan gracioso—dijo ella con aire indignado la de ojos rubí

—Acabas de ser víctima del doctor Bromanstain, eso es lo gracioso—dijo entre carcajadas la mayor mientras que la de pelaje blanco se ruborizaba

—No te burles, quiero saber ¿Qué se siente que te besen?—dijo la gatita menor sumamente abochornada

—Pues no sé—contestó la de pelaje negro

—¿Cómo que no sabes? Tú ya has besado antes ¡Claro que debes de saberlo!—replicó la otra casi reclamando

—Bueno tienes razón, pero es que cuando te besa la persona que te gusta no hay ninguna duda de que lo hizo—dijo la de falsos ojos verdes

—¿A qué te refieres?—Clarise miró a su hermana con sincero interés. En ese momento Cirse dejó de reírse y puso una expresión de ensoñación

—Bueno es que cuando la persona que quieres te besa sientes como si dejaras de sentir, no sientes las piernas, ni los pies, ni el piso… y tu corazón late tan fuerte como si se te fuera a salir y dejas de respirar, tu cerebro deja de pensar, tus manos sudan, no puedes evitar temblar y te inunda una felicidad que nunca antes has sentido—Jul suspiró al final de la frase y su hermana rodó los ojos sabiendo perfectamente en quien pensaba la mayor

—Pero yo no sentí nada de eso ¿Entonces no me besó?—Clarise se veía entre decepcionada y confundida

—Pues… no sé—contestó Cirse tumbada de panza en la alfombra

—Pero es que tú dijiste que…—reclamó la gatita blanca pero su hermana replicó mientras movía el dedo índice en señal de negación

—Es que no sé como se sienta que te bese alguien que no te gusta. Así que mi definición solo te serviría si Mikey te gustara—dijo pícara la gatita negra y en el acto la felina menor abrió sus ojos sorprendida—¿Y? ¿Estas segura de que no te besó?—preguntó la de negro, la otra se quedó callada con actitud desafiante

—¿Y cómo quieres que lo sepa?—gritó al fin mientras se cruzaba de brazos

—Bueno es que si tú supieras a ciencia cierta si te besó o no podemos hacer un plan juntas para cobrarte la broma—dijo Jul divertidísima y la otra la miró casi haciendo una rabieta—Entonces hermanita si no sentiste nada ¿Puedes asegurarme si Mikey te besó o no?—pronunció insinuante la mayor sabiendo que tenía la sartén por el mango

—¡Ash Jul!—se quejó la otra—Esta bien, tu ganas ¿Tienes alguna idea de cómo cobrarme la broma que me hizo?—Clarise dejó salir estas palabras con tono de derrota, admitiendo así entre líneas que realmente sentía algo por la tortuga pecosa. Cirse sonrió y se acercó a la orejita de su hermana para cuchecharle el plan de acción y a medida que iba haciendo esto la menor expresaba su sorpresa y hasta una ligera sonrisa de malicia.

a—Y también podría…—la gatita blanca ahora susurraba al oído de la mayor su idea para volver el plan aun más interesante y de pronto Jul empezó a reír.

a—Me das un poco de miedo hermanita—la mayor seguía riendo pensando en la expresión del menor de los Hamato cuando el plan se pusiera en marcha

Leo ya iba de camino a relevar a su hermano de ojos marrón, se le había hecho un poco tarde después de la discusión que tuvo con su hermano temperamental. Ese día el líder decidió que no hicieran patrullaje, pues la chica que la noche anterior había peleado con Casey lo tenía algo preocupado pero Rafa, imprudente como siempre, consideró que eso era una ñoñes. No obstante, el líder no quería que el equipo patrullara sin él y además había decidido pedirle a Donnie que investigara lo que pudiera de esa chica, si era necesario quería que fueran a investigar a los dragones púrpura, después de todo la última vez que una artemarcialista así de buena llegó a la ciudad solo significó más problemas para ellos. De pronto tuvo que esquivar un par de cunáis, parecía que la había invocado

—Karai…—pronunció en voz baja los labios de Leonardo

—Hola Leo ¿Me extrañaste?—dijo seductoramente la kunoichi—Últimamente es más difícil encontrarme contigo ¿Me estás evitando?—

—¿Evitarte?… ¿Por qué habría de hacer eso? Sería darte demasiada importancia—Dijo el líder desenfundando sus catanas, la kunoichi hizo una expresión desafiante y se lanzó contra él

—Yo no soy una simple enemiga Leo, soy la que te cortará la cabeza a ti y a tu maestro rata, solo por eso merezco toda la importancia que me puedas dar—dijo ella mientras las espadas chocaban una y otra vez

—No dudo que lo harías si pudieras—esas palabras cimbraron a Karai. Todo el universo podía creerla la peor persona del mundo pero no Leo, él siempre creyó que había algo bueno en esa chica japonesa que desde el primer día que la vio, la trató diferente a otros, por eso dolió.

—¿Quién eres y qué hiciste con Leonardo? No puedo creer que al fin abandonaste esa absurda idea de que hay algo bueno en mí—contestó ella mordaz tratando de utilizar polvos venenosos en el chico, pero este los esquivó y la doblo con una patada al estómago.

—Yo no hice nada Karai, fuiste tú la que te encargaste de demostrármelo—la voz de Leo sonó un tanto fria y distante. La chica de cabello bicolor frunció el ceño y se movió con rapidez

—Bien, te mostraré entonces lo que pienso de tu nueva idea sobre mí— Karai le barrió el pie al ninja de azul en un ataque sorpresa, haciéndolo caer, y mientras iba en el are lo desarmó con expresión de tristeza y dolor.

El osado líder cayó al piso y la joven kunoichi trató de aprisionarlo con su pie en el pecho, pero él la tomó por el tobillo y la derribó. Los dos terminaron rodándose por el piso, la chica sacó una daga pequeña y el joven de ojos azules aprisionó sus muñecas mientras que ella lo mantenía con la espalda pegada al suelo al estar sentada en su estómago. Al líder le vino a la mente la maniobra que había utilizado con Jul, pero antes de que pudiera reaccionar la chica de pesado maquillaje le dio un beso en la mejilla que lo hizo bajar la guardia por completo.

Las manos del líder soltaron las muñecas de la chica y esta dejó caer la daga que impactó contra el suelo haciendo un ruido metálico. Ella lo abrazó por el cuello

—Gomenasai Leonardo-san—pronunció Karai en un sollozo y Leo abrió los ojos como platos. El joven de ojos azules empezó a sentir gotitas cálidas caer por su cuello y un suspiro lastimero lo hizo abrazar a la chica que se había recargado en él—No me odies por favor—dijo mientras él comenzaba a acariciarle el cabello con cuidado, tanto que apenas lo rozaba

—Karai, yo nunca podría odiarte, tú eres mi hermana y yo nunca podría odiar a mi familia—dijo al odio de la chica y ella en lugar de tranquilizarse lloró con más sentimiento.

—¿Solo por eso no me odiarías? ¿Tanto te importa que seamos de la misma sangre?—dijo la kunoichi entre cortadamente y el líder solo se mordió los labios, él sabía que la quería mucho más allá del amor fraternal, pero… no debía, no era correcto.

La joven se acurrucó contra su cuello y un escalofrío recorrió la piel de Leo. El joven líder sintió la respiración de la kunoichi acariciar su piel con delicadeza en una bendición llena de culpabilidad

—Deja de ser tan recto Leo, solo haz por una vez lo que quieres no y no lo que deberías—dijo ella apartándose un poco para poder ver de frente esos ojos azules que la miraban con una mezcla de súplica, desconfianza y cariño. La chica comenzó a acercar su rostro al de él y Leo colocó su mano en la mejilla de la joven en una caricia resignada, como dejándose vencer por la enorme tentación que significaba tener a Karai ahí, de esa manera, para finalmente sujetar el cuello de ella en seña de aceptarla.

El líder cerró sus ojos esperando sentir los tibios labios de aquella chica que se aproximaba hacia él. Cuando ya podía sentir la respiración de la guerrera que tanto lo hacía dudar salirse de la senda correcta, su t-phone sonó y Leo giró el rostro recibiendo así aquel tan ansiado beso en su mejilla derecha. No podía decir que lo había salvado la campana, pero sí lo había hecho volver a la realidad y entrar en razón.

—Es inútil, tú nunca dejarás a Destructor y yo no podría abandonar a mi familia—dijo él retirando suavemente a la chica de encima de él mientras dejaba sonar el aparato. La hija de destructor miró al piso, con aire desolador y triste para luego caminar hacia la cornisa del edificio.

—Sayonara… Leo—dijo ella en un tono triste, para después dejarse caer del edificio. El líder miró con aire preocupado el camino por donde la chica desapareció pensando que no sabía que era peor, que esa llamada lo hubiera detenido o que simplemente su celular sonara después de que aquel deseado beso se consumara.

Leonardo se sentó a la orilla de aquel edificio. No podía negar que una parte de él simplemente quería rendirse a sus emociones y olvidarse de todo. Un pedazo de su corazón estaba en continua soledad, ese huequito no podía llenarse ni con todo el amor de su familia, y él sabía a quién le correspondía ese lugar vacío. El chico se quedó inmóvil por un rato tratando de darle sentido a todas sus emociones, de contenerlas como siempre lo hacía, de recuperar la calma, la tranquilidad, la cordura, una cordura que le dolía en el alma pero que aún era necesaria.

Donnie estaba preocupado, hacía ya media hora que su hermano mayor debía de haber llegado al departamento para relevarlo, pero no se había aparecido aun. Leo era tan responsable que el pensar que llegara tarde más allá de 15 minutos era algo prácticamente imposible.

—Tranquilo Donnie, ya no debe de tardar—dijo la pelirroja mientras que ambos miraban el reloj afuera de la recámara de Mikey, al cual acababan de dejar al cuidado de Clarise

—Él nunca tarda tanto y demás no contestó su celular—dijo completamente impaciente el ninja de ojos marrón—Voy a avisarle a Jul que iré a buscarlo—el genio emprendiendo camino hacia la recámara principal. Abril suspiró preocupada, sin embargo trataba de controlarse.

Donnie caminó apresurado por el pasillo, tocó con delicadeza a la puerta cerrada pero no recibió respuesta, así que volvió a tocar pero de nuevo nada. Bajo otras circunstancias simplemente hubiera seguido insistiendo, no obstante estaba tan preocupado y estresado que simplemente decidió abrir la puerta y en cuanto lo hizo se quedó helado.

Los ojos del ninja de morado miraron con una expresión de sorpresa y su boca se abrió ligeramente. En la cama la gatita negra se encontraba dormida, rodeada de tarjetas con símbolos de elementos químicos y su computadora portátil estaba abierta en una página con un logotipo evidentemente de un colegio en línea que rezaba "Su prueba de química fue aceptada exitosamente. Su puntuación final es de 98 de 100 puntos posibles".

Por alguna razón a Donatello aquello le pareció una vista sublime, le fue imposible no delinear con la mirada la figura que aquel ajustado leotardo resaltaba sutilmente, pues a diferencia de su hermana, a la que el pelaje esponjado le escondía las curvas propias de su figura, en Jul el uso de esa tela ceñida al cuerpo solo provocaba que al genio le pareciera imposible no mirarla, al menos en ese momento. Pero el impacto de la imagen fue mucho más allá de que la chica fuera hermosa o no, había algo en esa joven que le parecía familiar a la tortuga, que lo intrigaba y lo inquietaba. Internamente se reprendió por distraerse con algo así, cuando había cosas más importantes en que pensar, así que sin decir una sola palabra y tratando de controlarse lo más que pudo, cerró de nuevo la puerta cuidadosamente.

El joven se llevó la mano a los ojos y se recargó en la puerta para luego soltar un sonoro suspiro, no entendía que le pasaba, pero era como si esa chica le resultara casi tóxica. Sacó de nuevo su celular y volvió a marcarle a su hermano mayor, rogando que ahora sí contestara, para no tener que enfrentar de nuevo esa vista que le cortaba la respiración. El T-phon comenzó a llamar por segunda vez y ahora al fin le respondieron

—Moshi, moshi—dijo desanimado el líder

—¿Leo te pasó algo?—Preguntó el genio con una respiración agitada

—Estoy bien—contestó secamente el mayor

—Discúlpame, es que me preocupé porque ya era un poco tarde y como no contestaste la primera vez que te marqué…—Donnie agradeció internamente que su hermano lo salvara de tener que volver a abrir esa puerta y tratar de despertar a Jul, porque simplemente no sabía si tendría la fuerza para hacerlo sin que le temblaran las piernas.

—Perdón por preocuparte, no tardaré en llegar—El mayor cortó el teléfono. El esbelto muchacho guardó su teléfono mientras que manera casi inconsciente acarició el picaporte de aquella puerta. Ya más tranquilo, el de ojos cafés dio algunos pasos alejándose del cuarto principal cuando escuchó una puerta abrirse tras de él.

—¿Ya llegó Leo?— Jul habló con tono adormilado a espaldas del genio, que frunció el ceño sin darse cuenta, ante la pregunta de la gatita.

—Ya viene en camino—contestó en tono golpeado, casi molesto, y aun así pero no pudo evitar voltear a ver a su anfitriona, que se tallaba un ojo en un gesto que se veía enternecedor "¿Por qué tenía que preguntar por Leo en cuanto se despertó?" Se preguntó a sí mismo el alto muchacho sumamente inconforme.

—No deberías dormir con los pupilentes puestos, ni tallarte los ojos… te puede hacer daño—advirtió él mientras caminaba para regresar con su mejor amiga.

La chica lo miró atentamente. Sonrió por un segundo, Donnie no sabía, pero ella había comprado una versión especial con la que si quisiera podría tener puestos los pupilentes hasta por 3 días, aun durmiendo… y de pronto se preguntó "¿Se nota tanto que estaba dormida?", luego bostezó y comenzó a caminar a la estancia. Si Leo estaba por llegar ella debía de estar ahí para recibir al líder o podía que él se sintiera incómodo.

La de pelaje negro estaba tan adormilada aun que caminaba un poco en zigzag. Donnie la miró de reojo y se forzó a si mismo a continuar y no regresar a reclamarle que se esforzara tanto por pasar tiempo con Leo. El dueño del bo se mordió el labio inferior para tratar de controlar ese incómodo sentimiento de furia que comenzaba a inundarlo, mientras aceleraba el paso para entrar con pasos firmes a la sala, donde estaba la pelirroja ya lo esperaba.

—¿Vamos a buscarlo?—dijo Abril en cuanto vio al joven de bandana morada

—No, ya viene para acá, iré a esperarlo al balcón— El chico pasó de largo sin siquiera desviar la mirada o disminuir el ritmo de su andar y su amiga lo miró extrañada, parecía molesto y eso no era algo muy común en él

—E-está bien—dijo ella algo desconcertada, aunque no estaba segura de que él la hubiera escuchado porque ya estaba lejos. Unos segundos después una adormilada Jul se paró junto a la pelirroja

—¿Ya cenaron?—Apenas terminó de decir esto la anfitriona dio un largo bostezo que evidenciaba lo cansada que aun estaba. La de ojos azules negó con la cabeza y la gatita mayor suspiró resignada—¿Como puede ser tan descortés mi hermana?—Se quejó la de ojos verdes mientras entraba a la cocina y la kunoichi en entrenamiento quiso seguirla para saber si había pasado algo malo con Donnie.

—¿Te ayudo?—Preguntó la chica pecosa

—No, no te preocupes, eres mi invitada, no podría permitirlo—la de pelaje negro revisó con cuidado su despensa paseando sus ojos por aquí y por allá—De todas maneras no prepararé gran cosa—la de falsos ojos verdes sacó del refrigerador algunos ingredientes mientras que la joven de playera amarilla la veía atentamente ¿Qué pudo haberle hecho o dicho esa gatita a su amigo para que se molestara tan de repente?

—Espero que no te moleste cenar sincronizadas—comentó despreocupada la gatita concentrada en su labor

—No, hoy ha sido el día de las comidas sencillas—la pelirroja le sonrió con empatía y Jul le correspondió—¿Puedo preguntarte algo?—la chica de ojos azules miró distraídamente a otro lado.

—Claro—Contestó la gatita de pelaje negro

—¿Te caemos mal Donnie o yo?—Abril pasó sus dedos por su flequillo para acomodarlo

—¿Eso crees tú?—respondió la anfitriona mientras pasaba las sincronizadas por la plancha para hacer que el queso se gratinara y la pelirroja bajó la mirada, no quería decirlo pero a ciencia cierta así lo creía—No, la verdad no me caes mal ni tú ni Donatello, es solo que…—La chica tomó un cuchillo de uno de los gabinetes y la pelirroja hizo una mueca—…es solo que tengo un carácter difícil de controlar, no es culpa de ustedes—dijo ella mientras partía en cuatro la primera sincronizada lista.

Abril ladeó la cabeza con actitud comprensiva

—¿Problemas de ira?—preguntó la kunoichi

—Podría decirse— Jul continuó con su labor poniendo especial atención en hacer los cortes lo más parejos posibles

—Sí, sé lo que es eso—dijo con una leve sonrisa pensando en el ninja de la bandana roja

—Lamento si he sido grosera, hay cosas que me sacan de mis casillas y simplemente no puedo controlarme—La chica de ojos verdes puso un vaso de jugo frente a la pecosa jovencita—Es de naranja, pero si no te gusta debo tener otro por ahí—aclaró la gatita mientras señalaba el refrigerador.

—Está bien, me gusta la naranja y no te preocupes, disculpas aceptadas—La pelirroja dio un trago al jugo—¿Y por qué se enojaron ahora Donnie y tú?—preguntó la pelirroja

—¿Enojarnos? ¿Ahorita?... No discutimos, prácticamente no hablamos—se extraño Cirse, reflexionó unos minutos tratando de recordar la breve plática del pasillo, haciendo memoria de si algo que dijo pudo haber molestado al genio pero no encontraba algo, el silencio se alargó unos segundos que se hicieron incómodamente eternos y finalmente suspiró resignada— Ya veo…se volvió a molestar conmigo y yo no puedo ni identificar la razón—el tono de la chica de ojos verdes reflejaba decepción. Abril hizo una mueca, presentía que había metido la pata pero no pudo decir nada, así que Jul siguió casi como en un monólogo para sí misma—Supongo que siempre será así—para esos momentos la chica de pelaje negro ya había terminado de pasar las sincronizadas por la plancha y comenzaba a preparar un dip de chipotle. La joven anfitriona ya ni siquiera volteaba a ver a su acompañante, era como si lo que decía se hubiera vuelto una reflexión dicha en voz alta—La paz nos duró poco—La felina bajó ligeramente sus orejas y a Abril le pareció notar en ella un tono de derrota tan sutil que caso le pasa desapercibido de no ser por su agudo sexto sentido.

—Bueno no estoy segura de que estuviera molesto por ti, tal vez fue por Leo, porque no contestaba el teléfono—dijo la de ojos verdes

—No, no creo, si estuviera molesto con él no saldría recibirlo al balcón…apuesto a que apenas llegue su hermano saldrá a toda prisa de aquí, debe resultarle insoportable tener que pasar tanto tiempo en este departamento—Mientras decía esto la gatita negra colocaba un plato grande en le desayunador y dos más pequeños en la barra de la cocina dando así la espalda a la pelirroja. Apenas puso el último la minina suspiró de nuevo, como tomando fuerzas y se giró de nuevo con una sonrisa triste a ver a la pecosa joven—Me disculpas tengo que ir a atender algunas cosas—Jul no esperó la respuesta de su interlocutora y salió de ahí tan rápido como pudo. La pelirroja casi podía adivinar qué era eso tan importante que aquella singular jovencita tenía que atender, sentimientos difíciles de controlar pero ¿Por qué?. A la gatita lastimaba darse cuenta que siempre terminaba molestando a su tortuga, sin importar cuanto se esforzara. Ese día fue demasiado difícil, así que quería estar sola un rato, aunque fuera solo un corto lapso de tiempo, pues lo necesitaba para poder lidiar con eso y lamerse las heridas (no literalmente).

La joven de ojos azules tomó un triangulito de las sincronizadas y miró a la puerta con expresión analítica, esa reacción le parecía intrigante. Jul parecía una chica más colérica que sentimental, pero parecía que el disgusto o desprecio de Donnie la afectaba realmente. Tal vez esa chica era más sentimental de lo que dejaba ver. Abril se sintió un poco curiosa ¿Cómo reaccionaría su mejor amigo si ella le comunicara sus sospechas? Hasta donde ella sabía la inteligente tortuga no tenía a la gatita exactamente en un buen concepto, pero ¿Por qué? Los dos se comportaban muy raros cuando estaban con el otro. Esto era demasiado análisis para ella, así que la pecosa chica tomó el triángulo de la sincronizada, lo pasó por el dip y fue a alcanzar al genio al balcón, tal vez hablando con él podría entender un poco más esta loca situación.

Laquesis miraba desde las una de las azoteas de las calles cercanas al restaurante de Murakami pero no parecía tener suerte, ninguno de esos dos se habían aparecido esa noche, no obstante ella estaba segura de que era cuestión de tiempo, los encontraría a como diera lugar, había cazado a presas más precavidas que esa mala imitación de película de terror.

—¿Donde estas Scary Movie?—dijo en voz baja pero solo el viento le contestó. Suspiró y retiró los binoculares

—Tengo que encontrar a ese tonto o Morta va castigarme—La chica se bajó del edificio y comenzó a andar sin rumbo, cuando de pronto pasó frente a una pista de hielo.

El lugar parecía cerrado pero le hizo recordar algo: el muchacho que estaba tratando de rastrear traía un par de palos de Hockey en su arsenal, junto con un bate de Baseball.

No sería mala idea registrar los lugares en los alrededores donde se practicaban ambos deportes, si la suerte le sonreía de nuevo, podría encontrar a ese singular muchacho y con él tendría acceso a la chica del abanico metálico, que era el premio mayor para ella y una herramienta importante para Morta.

Claro está que no la atacaría ella sola, primero reuniría la información necesaria siguiéndole la pista a la chica y ya después su maestra y ella verían la manera de proceder.

La chica de ojos grises se escabulló en la pista de patinaje y comenzó a examinar el lugar, si lograba encontrar algo que le dijera que ese joven frecuentaba el lugar se ahorraría ir a examinar el estadio de baseball.

La chica del mechón rojo llevaba mucho tiempo buscando y no encontraba nada, pero ella estaba casi segura de que de las dos opciones esta debía ser la más viable, porque recordaba esos extraños zapatos del chico, zapatos que asemejaban patines de hielo. No se iría sin revisar hasta el último rincón. Ya casi se había dado por vencida cuando de pronto, cerca de la portería vio algo.

La joven hizo una mueca, odiaba tener que entrar al hielo, era friolenta y sumamente torpe en ese estúpido material resbaladizo. Luego recordó la cara de molestia que pondría su maestra si regresaba con las manos vacías, suspiró y se armó de valor para entrar a la pista.

Laquesis se agarró de ambos lados de la entrada, puso un pie dentro mientras cerraba fuertemente los ojos, luego puso el otro y se soltó lentamente. Cuando al fin estaba parada en el hielo sin apoyarse en ningún objeto sonrió. Dio el primer paso casi temblorosa y luego el segundo

—No fue tan malo como pensé—dijo y en el acto resbaló cayendo de sentón

—Ash…Como odio el hielo!—gritó furica para luego irse a gatas a buscar ese objeto

—Juro que haré pagar a esa maldita parodia barata por lo que me está haciendo pasar—dijo cuando al fin tuvo el objeto en sus manos. Lo revisó pero no parecía tener nada en especial era solo un disco de Hockey común y corriente, al parecer había sido una completa pérdida de tiempo, pero de pronto una manchita blanca la hizo recuperar la sonrisa, ese tipo llevaba una máscara pintada y aunque no podía asegurarlo al 100% parecía que había encontrado uno de los lugares donde podría localizar a su presa

—Bingo—susurró para sí misma. Se guardó el redondo objeto en la bolsa del pantalón y se dispuso a salir de la pista a gatas

—¡Estúpido payaso! ¿Por qué tenía que gustarle el Hockey?—se quejó mientras avanzaba y sentía como a pesar de ir en 4 puntos ocasionalmente alguna de sus extremidades se resbalaba. Maldijo a Casey sin saber aun su nombre y finalmente se fue del lugar, su maestra estaría complacida, o al menos no estaría tan molesta y eso le bastaba.

—¿Quieres?—dijo Abril ofreciéndole a Donnie el pedacito que tomó como adelanto de la cena. El chico negó con la cabeza

—Donnie, tal vez yo no debería meterme pero…creo que podrías tenerle más paciencia a Jul, no dudo que tengas toda la razón en estar molesto, tú no discutirías sin una buena razón, pero creo que ella se está esforzando por llevar la fiesta en paz—dijo la pelirroja y el genio gruñó sin querer.

—Sí, es taaaan buena chica… ¿Por qué todo el mundo la defiende?—dijo con sarcasmo

—¡Wow! ¡Rafa salte del cuerpo de Donnie!—Expresó sorprendida la chica y el ninja de ojos castaños la miró con fastidio—Está bien, ya no digo nada ¿Feliz?—la chica mordió la comida que tenía en la mano y Donnie suspiró.

—Es solo que, no sé… ¿Crees que sea una buena persona?—preguntó el genio y esto sorprendió a su amiga

—Pues supongo que sí, aunque no podría asegurarlo—dijo ella un poco desconcertada de que su mejor amigo de pronto fuera tan desconfiado—¿Qué te hace dudarlo?—la kunoichi miró al cielo estrellado

—Lo que pasa es que ¿y si ella en realidad solo finge ser una buena chica para…?—el joven se detuvo sin terminar la frase.

Cuando pensaba en como sonaría en voz alta lo que pensaba, le parecía ridículo ¡Claro que Leo no sería tan tonto para dejarse manipular solo por una chica que lo tratara bien!…Aunque sí se dejó engañar por Karai, pero no quería hacer referencia a eso así, de la nada, la hija de destructor era de un clan enemigo y Jul no tenía realmente razones para hacer algo así, por lo menos que supieran

—…olvídalo, realmente no tiene importancia—dijo finalmente el genio y siguió pensando.

—Si tanto desconfías de ella podría intentar que pasáramos más tiempo juntas, tu sabes por mis presentimientos y eso, solo para que estés tranquilo—Abril dijo esto con desanimo. Pero Donnie la volteó a ver interesado

—¿Crees que podrías darte cuenta si ella nos escondiera algo, si tramara algo?—dijo el genio y la kunoichi ladeó la cabeza

—Tal vez—dijo ella para luego hecharse el último bocadito a la boca

—Si pudieras te lo agradecería mucho Abril—luego el genio se hizo hacia atrás al ver a su hermano mayor en el tejado de enfrente preparándose para saltar a donde estaban ellos.

Morta miraba aquella vieja grabación de nuevo. No sabía cuantas veces la había reproducido en esos dos años, pero seguramente eran tantas que incluso Laquesis se volvería loca si la volvía a ver una vez más, pero ella no, ella quería verla de nuevo, pues consideraba que era de lo poco que tenía de su Cirse.

El audio declaró ganadora a la chica de ojos violetas y podía verla parada en el pódium mientras en todos los uniformes de la escuela Moo, incluyendo el suyo, un moño negro anunciaba una gran pérdida. La joven del tercer lugar, que era de esa misma escuela, no podía evitar dejar salir lágrimas de tisteza, mientra que la princesa del imperio Moo se mantenía increíblemente entera, fuerte y sin rastros de llato.

a—Y aun así competiste—dijo la mujer de larga cabellera negra y ojos azules mientras observaba a una Cirse de 14 años inclinarse para recibir su medalla de oro y unas flores de las que seguramente ella nunca sabría el color.

El video se congela después de unos segundos de aplausos y ovaciones, justo en el momento en el que la joven de ojos violetas levanta el ramo en señal de victoria y el joven Lee, de unos 16 años, irrumpe para ir al encuentro de su prometida, aun cuando para ello tuviera que golpear a uno de los guardias de seguridad. No le quedaba duda de que él viajó desde Corea en cuanto se enteró de la tragedia.

Morta se preguntó mil veces qué pasó después: tal vez Kim Ha la había tomado en brazos y la sacó de ese lugar para tratar de hacer que ella pudiera llorar tranquila la muerte de su padre, si hizo eso el chico fue muy iluso, su Cirse de seguro había sido educada para aguantar firme eso y más. Tal vez simplemente la jaló y la llevó a rastras fuera de la premiación para no exponerla más a los medios que acallaría su poderoso padre, para impedir que el apellido Lee se viera envuelto en habladurías. Tal vez ella se fue con él directo a los juzgados junto con su tan conocido abogado familiar a pelear por su emancipación temprana. Quizá fue a hacer los trámites para poder enterrar a su padre en suelo neuyorkino… Morta había pensado mil posibilidades más pero ninguna le parecía la real.

Sin importar qué fuera lo que había ocurrido ella estaba segura de algo Cirse había tenido uno de los peores días de su vida y aun así salió a dar lo mejor en esa estúpida pelea que terminó por ganar, sin duda era una digna heredera, sin importar lo que su abuela hubiera pensado. Pero a ella lo que más le importaba era que no pudo estar a su lado en esos difíciles momentos, aun cuando sabía perfectamente lo que pasaría, pues el padre de la chica se aseguró de hacérselo saber en una carta y también movió suficientes influencias para que Morta no tuviera acceso al país.

a—Eras todo un cabrón—dijo pensando en el hombre de ojos violetas que alguna vez amo

—Lástima que tus influencias no fuera inmunes a la muerte como para mantenerme alejada de ella para siempre ¿No crees Moo?—la mujer tomó una navaja y la aventó contra un tiro al blanco con la fotografía de un funcionario que acababa de morir hacía poco tiempo, supuestamente por un paro cardiaco. El objeto punzocortante dio en el blanco y Morta sonrió satisfecha por un instante.

La marcha fúnebre se escuchó en un arreglo electrónico y la mujer de ojos azules sacó su celular—¿Encontraste algo Laquesis?—Morta esperó unos segundo y simplemente escuchó un "sé donde esperar" para luego dibujar una sonrisa y colgar, su aprendiz había hecho un buen trabajo, parecía que las cosas empezaban a ponerse a su favor y esa noche habría mucho que festejar cuando la chica del mechón rojo regresara, sabía que estaba un paso más cerca de su objetivo, aunque aun había todo un clan ninja entre su meta y ella.

Leo se dejó caer con movimientos ágiles y calculados en el balcón de aquel enorme departamento. Su expresión era seria pero trataba de disimularla.

—Hola chicos, disculpen por hacerlos esperar—dijo el líder en cuanto estuvo con los demás. Los tres entraron al departamento con tranquilidad

—¿Qué te detuvo Leo?—Preguntó el genio en un tono algo fastidiado

—Me emboscó Karai, pero eso ya no importa—De inmediato la pelirroja y el de ojos castaños se alteraron

—¿Estás bien? ¿No te lastimó?—Leo se sorprendió cuando su alto hermano comenzó a examinarlo

—No te preocupes, no me pasó nada—La verdad era que Leo no quería entrar en detalles de ese encuentro

—¿Qué quería esa bruja?—Preguntó desconfiada Abril

—E-eso no importa, ya me encargué de eso—dijo el mayor algo nervioso y buscó algo para cambiar el tema—¿Y Jul?—Leo no se dio cuenta pero en cuanto preguntó por ella, el genio frunció la boca y dejó de examinarlo

—Está en su cuarto, dijo que tenía algo que hacer—contestó Abril volteando a ver a Donatello con esa expresión de molestia tan poco común en él.

—Ya veo, supongo que estará ocupada, hablaré con ella luego—Leo se acomodó en el comedor mientras le hacía una seña a su hermano de bandana morada—He estado pensando en lo que nos contaron Casey y Abril de la chica de la otra vez, seguramente fue la misma que vimos tú y yo esa misma noche. Donnie quiero que investigues quien es, la última vez que una chica con ese tipo de características llegó a Nueva York, nuestra vida se complicó mucho y creo que debemos de estar preparados por si ella llega a convertirse en otro enemigo—dijo el líder y el de bandana morada asintió.

—Comprendo Leo, comenzaré a investigarla—Donnie empezó a hacer notas mentales de dónde podría investigar si no tenía ni muchas pistas

—Bien, quiero que te concentres 100% en eso, por ello Rafa y yo nos encargaremos de cuidar a Mikey por el tiempo que tengas que dedicarle a esta investigación—Leo era consciente de que esta no sería una encomienda fácil y quería que se realizara lo antes posible, sin embargo esta última parte le cayó al genio como un balde de agua fría y después de la plática en el balcón Abril comprendió perfectamente el por qué su mejor amigo dibujó una expresión tan desencajada en el rostro

—¿Qué? No Leo… eso no es necesario—dijo el de ojos cafés tratando de hacer cambiar de opinión al mayor

—Donnie si continuas con este ritmo y llevando una investigación no estarás lo suficientemente fresco y el tiempo que podamos ganar para cualquier plan que tenga esta chica y nos incumba es una gran ventaja, no podemos desaprovecharla, además Mikey ya está mejor y no ha tenido ninguna crisis—el genio apretó el puño por debajo de la mesa, las razones de su hermano eran muy coherente, pero se sentía incómodo, él quería evitar al máximo que el de bandana azul y la gatita negra pasaran tanto tiempo solo y ahora parecía que las circunstancias se ponían en su contra.

No tenía ninguna manera para refutar a su hermano, así que sin más alternativas solo asintió lenta y pesadamente. Se encargaría de terminar esa investigación lo más rápidamente posible para conseguir que la situación se alargara lo menos, aunque no podía ni siquiera tener una estimación de cuánto tiempo le llevaría.

El chico alto volteó a ver la puerta cerrada al final del pasillo, ella estaba dentro de su habitación y tal vez ni siquiera podría despedirse si es que no salía pronto… hasta podía que ni siquiera se volvieran a ver si esta investigación tardaba más de las dos semanas de recuperación de su hermano menor ¿Eso era bueno no? Si no se soportaban el uno al otro ¿Qué podría ser mejor que no volverse a ver? Especialmente si ella salía también de la vida de su hermano mayor, pero la situación lo hacía sentir tan incómodo e intranquilo…

Jul se encontraba tirada en su cama entre todas esas tontas tarjetas de estudio, suspiró al ver su calificación casi perfecta en la pantalla de la computadora y aun así no se sentía feliz, no sabía que había hecho ahora para hacerlo enojar de nuevo, pero en ese momento no tenía el valor de enfrentarlo, solo quería estar acurrucada en su cama. Escuchó la voz de Leonardo en la sala y supo que pronto se iría su tortuga de nuevo y no lo volvería a ver hasta la siguiente noche.

La chica se levantó y comenzó a ordenar las tarjetas en un montoncito, apagó la computadora y pensó "Qué más da, igual se molestará, al menos quiero verlo antes de que se vaya", la chica suspiró antes de girar el picaporte y abrir la puerta de par en par, topándose de inmediato con la mirada de su genio que casualmente en ese instante estaba fija en la entrada de su cuarto. Ella se sintió un poco intimidada y bajó la mirada para luego salir con paso calmado.

—¡Jul!—dijo con alegría el líder y el genio volteó a otro lado con molestia

—Hola Leo, disculpa que no estuve aquí para recibirte, tenía que atender algo urgente—dijo ella con actitud triste que el de bandana azul notó de inmediato

—¿Pasó algo?—dijo mientras pasaba su mirada de su hermano a su amiga

—Nada, solo que ya está la cena ¿Verdad Jul?—Intervino la pelirroja y la gatita de ojos verdes asintió

—Sí, pasen por favor o se enfriará más, yo iré a dejarle su porción a Mikey y a mi hermana—La chica entró a la cocina y tomó los dos platos que ya tenía aparte. Por su parte el chico alto simplemente la siguió con la mirada cazando la vista de la jovencita que parecía esquivarlo insistentemente

—Te esperamos—dijo Leo y la chica le dirigió una sonrisa amable al líder en señal de agradecimiento, esto hizo hervir la sangre de Donatello "¿Por qué siempre tiene que ser tan condescendiente con él, especialmente con él?" pensó el genio con una visible cara de molestia. Abril analizaba todo desde su asiento ¿Qué sería exactamente lo que le resultaría tan molesto a su amigo? La verdad a ella no le parecía que hubiera motivos reales para que se enojara con la chica, pero nunca había visto a Donnie con el ceño fruncido por tanto tiempo, así que seguro el genio no le estaba diciendo todo.

—¿Y ahora por qué discutieron Donnie?—Preguntó el líder con tono de fastidio

—No discutimos—contestó el de bandana morada cortante

—¿Entonces ahora se molestan el uno con el otro sin siquiera hablarse?—preguntó el líder con tono casi burlón y el de ojos marrón bufó

—No es nada, solo no estoy de buen humor—los ojos de Donni miraron a otro rincón en la cocina, el líder volteó a ver a la pelirroja que solo se encogió de hombros.

Unos instantes después Jul entró de nuevo en la cocina y tomó asiento junto a Leo, lo cual no le pasó desapercibido al genio, que ya no podía más con la cólera que sentía por dentro. Tomó uno de los triangulitos de sincronizada y se llenó la boca con él para no poder decir nada de lo que estaba pensando.

—Disculpen que no preparara otra cosa, estuve muy ocupada el día de hoy—Se disculpó la gatita mirando como Donatello actuaba con actitud descortés y furica. Leo le sonrió

—No te preocupes, hoy la pobre de Abril solo pudo comer sándwiches porque es todo lo que sé preparar sin que se me queme—el líder volteó a ver a la chica pecosa que asintió sonriente

—Estaban muy buenos Leo, no sé porque no los preparas más seguido—Abril tomó otro bocado

—¿De verdad son tan buenos?—Preguntó Jul solo por seguir la plática

—Sí, les pone un aderezo muy rico y tuesta el pan con un toque de mantequilla—comentó la pelirroja y a Jul le brillaron los ojos, amaba los sanwiches tostados pero siempre le daba flojera pasar el pan por la plancha porque se le tostaba de más.

—No es para tanto—dijo Leo

—A mi me gustaría probar uno alguna vez—dijo Jul esbozando una breve sonrisa que se borró de inmediato a al notar los ojos de asesino con los que Donnie la miraba

—Pues si sigues sin dejarme cocinar en tu casa no creo que los pruebes pronto, tendrías que ir a visitarnos a la guarida—dijo Leo casi en tono de juego, pues no tenía pensado dejarle saber a la chica donde vivían, pero esto fue suficiente para que Donnie estallara.

—Vámonos Abril, estoy cansado y tengo mucho que hacer—dijo el genio tomando la mano de la pelirroja, lo que llevó los celos de Jul de un 20 a un 110%

—¡Ya basta Donatello!—Dijo Jul dando un golpe en la mesa que alertó a todos—Si vas a actuar así en mi casa esperaría que al menos tuviera la delicadeza de decirme por qué y no solo te portes como tortuga bipolar!—La gatita negra se puso de pie y Leo la tomó del brazo, esto molestó aun más a Donnie.

—Mis razones no son de tu incumbencia y si el problema es que esté en tu casa no hay problema, ya me iba—dijo él mientras jalaba a la de ojos azules y se ponía de pie con actitud desafiante hacia la felina –Ven Abril, te llevaré a tu casa—dijo Donnie a la pelirroja en tono suave y amable. Cirse sintió las últimas palabras del genio como una bofetada desde antes de su mutación detestaba esas palabras juntas, pero nunca la habían hecho sentir tan enojada como ahora. La pelirroja y Leo miraban sorprendidos como de pronto todo había escalado tan rápido

—¡Bien perfecto! Pasa, ya sabes dónde está la puerta—la gatita de ojos verdes señaló la salida y se cruzó de brazos

—Chicos, tranquilos no es para tanto, contrólense por favor—dijo Leo tratando de calmar los ánimos y justo en ese momento Clarise entró corriendo a la cocina alertada por los gritos. Vio a Donatello tomando de la mano a Abril y supo de inmediato que esto se pondría peor si no los calmaba pronto.

—No, ellos tienen razón, ya es hora de que se vayan, gracias por visitarnos, los esperamos otro día—Clarise jaló al genio para que soltara a la pelirroja y lo empujó suavemente hacia la puerta—¿Qué crees que haces provocando así la poca paciencia de mi hermana?—dijo la gatita blanca al genio en tono bajito

—No Clarise, creo que lo mejor será que él no regrese—dijo Jul a espaldas de su hermana que en cuanto escuchó esto sintió que su mandíbula quería chocar contra el piso—No veo por qué debería de regresar a un lugar donde está tan a disgusto y tener que soportar pasar tiempo con alguien que es obvio que no soporta—la gatita negra tenía los brazos cruzados y su cola latigueaba con fuerza, mostrando su molestia.

—Jul estas molesta, hablas sin pensar, discutiremos esto cuando estés más tranquila—Clarise no se podía creer que de nuevo ella salto a la defensa de esa molesta tortuga

—¿Sabes Clarise? creo que ella tiene razón, no tengo a qué venir aquí, de todas maneras Leo ya me ha pedido algo que me mantendrá muy ocupado, así que no tendrás que preocuparte por verme de nuevo, después de que nos llevemos a Mikey—Dijo Donnie encarando a la gatita que sentía que se le quebraba el corazón cuando le dijo que no volvería a verlo.

—DONATELLO—Le llamó la atención el líder

—¡Bien, felicidades por no tener que regresar! ¡Deberías hacer una fiesta!—le dijo Jul con tono lastimero mientras se escabullía por un lado con paso pesado, unos segundo después escucharon la puerta de su cuarto azotarse

—Jul—dijo preocupada Clarise y dio unos pasos hacia donde había salido su hermanita—¡Ya estarás feliz!—dijo la gatita de ojos rojos al genio—Si antes ella pensaba que no te agradaba ahora no le queda duda ¡Eres un tonto!—la felina blanca corrió para ir tras su hermana.

Donnie trató de ir tras la gatita blanca pero su hermano lo detuvo

—Espera Donnie, creo que Clarise tiene razón, es mejor que te vayas ya, están molestos y no van a arreglar las cosas si continúan con esos ánimos, necesitan tranquilizarse los dos—Leo lo miró autoritario, este comentario no lo hizo como su líder, sino como su hermano mayor. Donnie apretó el puño y salió sin decir una palabra, Abril salió tras él, solo volteando un segundo para ver a Leo que asintió casi pidiéndole que cuidara a su hermano.

Leo se aproximó a la puerta del cuarto de Jul donde Clarise se encontraba tocando una y otra vez

—¡Hermanita ábreme por favor!—pero nadie le contestaba

—Debe estar muy enojada—dijo Leo con tono preocupado

—Sí, pero más que enojada está triste…muy triste—Clarise podía escuchar a su hermana llorar en un rincón de su baño personal, aun cuando Cirse se tapaba la boca para evitar que los sollozos salieran con tanta fuerza de sus labios, para la gatita blanca cada gemido de dolor podía escucharlo como si la tuviera enfrente. La de ojos rojos se veía muy preocupada. Leo tocó a la puerta

—Jul, si quieres hablar Clarise y yo estaremos en el cuarto con Mikey—dijo el líder mientras guiaba con cuidado a la gatita blanca con él

—No, yo quiero quedarme—dijo la gatita de ojos de rubí

—Dale su espacio, necesita calmarse, está muy alterada—dijo el líder. La gatita blanca dio un último vistazo a la puerta del cuarto de su hermanita y luego se dejó guiar por el ninja de azul con resignación.

Las lágrimas de Cirse rodaban mojando su pelaje aun cuando trataba de contenerlas con todas sus fuerzas "no tendrás que preocuparte por verme de nuevo" esa frase retumbaba una y otra vez en su cabeza "Cirse ya sabías que esto pasaría entonces ¿Por qué te duele tanto?" dijo para sí misma.

La gatita se hizo un ovillo en el piso y lloró sin poderse contener "él me odia…" pensaba mientras sollozaba descontrolada "A quien quiero engañar, ni siquiera podremos ser amigos, porque él me odia…". Nunca nada le había dolido tanto en su vida, era como si algo le desgarrara el alma lenta y dolorosamente, quería con todo su ser poder cambiar, ser distinta para evitar molestarlo todo el tiempo pero por más que se había esforzado, igual las cosas salieron muy mal. Simplemente no era capaz de controlar sus celos y su temperamento, la gatita se sentía desesperanzada y pensaba que las cosas siempre terminarían siendo así sin importar cuanto intentara.

El genio saló de ese departamento con pasó rápido y amenazante, sin mirar atrás. Ese molesto sentimiento no lo dejaba, pero sobre todo no lo dejaba razonar, así que quería alejarse lo más que pudiera del lugar

—Donnie, ve más lento por favor—dijo Abril con la respiración agitada

—Perdón Abril, es solo que…—el chico se quedó a mitad de la frase

—…que estas molesto—completó ella. El chico pateó una piedrecita que salió volando, unos segundos el grito de "¡Auch!" de un transeúnte se escuchó a lo lejos y Donnie abrió los ojos como platos para inmediatamente sonrojarse. Los minutos pasaron en silencio y ninguno hablaba.

—¿No vas a decirme nada?—dijo al fin el genio

—¿Cómo qué?—dijo la pelirroja esperando que su amigo fuera más específico

—No sé, decirme que no debí gritarle así, o reprocharme la manera en que le hablé, las palabras que le dije—Donnie miraba al piso avergonzado y su amiga simplemente lo observaba

—Pues no sé ¿Por qué lo hiciste?—dijo ella al fin, el genio levantó el dedo índice, como cuando va a dar sus explicaciones kilométricas, pero se quedó callado para después dejar escapar un suspiro.

—Es que no lo sé, no sé…por qué ella me hace hervir la sangre y de pronto me hace sentir enojado como nunca había estado, pero yo sé que no debería—dijo Donnie con frustración

—Pues tal vez de verdad no deberías de volver a verla, solo se lastiman el uno al otro con esas palabras tan hirientes—dijo Abril y a Donnie, a pesar de que le parecía lo más coherente que podía hacer, no le gustó la idea.

—¿No crees que haya alguna alternativa? Su hermana y Mikey se llevan muy bien y ella simpatiza con casi todos, no es como que podamos tener muchos amigos siendo mutantes y no me parece justo que yo los ponga en un predicamento solo porque no puedo controlarme—dijo el genio rascándose la nuca

—Pero pensé que no confiabas del todo en ella—dijo la de ojos azules

—Pues tienes razón, tengo mis dudas de que sus acciones sean desinteresadas pero ¿Y si me equivoco?—y entonces le pasó por la cabeza que esa chica realmente estuviera interesada en Leo, con lo que un nudo se le hizo en el estómago sin entender por qué, si eso no forzosamente tenía que ser algo malo. Abril suspiró

—Creo que te estas complicando mucho, tú no tienes que tratar todo el tiempo con ella solo porque se lleve bien con tus hermanos, a menos claro que ella te agrade—Abril buscó los ojos de su mejor amigo con aire comprensivo—¿Donnie, te agrada Jul?—preguntó la pecosa chica y el genio se quedó pensando. Un largo silencio se hizo presente y la pelirroja le dio tiempo a su amigo de analizar todo, lo conocía lo suficiente como para saber que esa mirada perdida solo podía significar que analiza hecho tras hecho con ese inquieto cerebrito suyo

—Creo… creo que sí—dijo con una mueca de extrañeza y la pelirroja se echó a reír

—Creo que deberían hablar ¿Sabes yo hoy le pregunté si tú y yo le caíamos mal y sabes qué me contestó?—Abril vio el interés de Donnie en su mirada—Dijo que no, que era solo que ella tenía un carácter difícil, así que yo creo que ella te entenderá, porque le pasa lo mismo—argumentó la pelirroja. El genio exhaló aire y se dejó caer al piso

—Nunca se me había complicado tanto tratar con alguien—dijo él tumbandose en el techo de aquel edificio mientras miraba la luna

—¿Y crees que valga la pena tanto esfuerzo?—preguntó su amiga. Donnie se encogió de hombros, pero no podía negar que le mataba la curiosidad por Jul, por su forma de ser, de moverse de hablar, de sonreír, ella simplemente era la más grande incógnita y reto para él.

—Igual si no lo intento no lo sabré—dijo bajito.

—Entonces ahí tienes todas tus respuestas Donnie, te conozco, no vas a querer quedarte con la duda ¿Seguirás intentando llevarte bien con ella verdad?—dijo la chica recostándose junto a él en el techo. El genio asintió resignado.

Pasaban ya de la 1:00 de la mañana y Jul seguía en su cuarto con el seguro puesto. Clarise había empezado a cabecear en la silla y aunque Leo amablemente le ofreció el Reposet para dormir ella se negó rotundamente, hasta que al final se desplomó en el piso completamente exhausta. Leo se levantó rápidamente para ver si no se había hecho daño pero se sorprendió al ver a la felina hecha bolita en el piso completamente dormida. Él la cargó, la llevó a la recámara de invitados y regresó a cuidar a su hermano.

A eso de las 2:00 el ninja escuchó como quitaron el pasador del cuarto principal y unos pasos ligeros se desplazaron hasta el balcón de la casa. Leo tomó su manta y fue a encontrarse con la gatita de pelaje negro, a la que encontró sentada en el balcón acurrucada contra sus piernas. La noche estaba fresca, así que el joven líder tapó a la chica con la cobija

—¿Te siente mejor?—preguntó Leo en voz bajita y la chica negó con la cabeza

—Solo que estaba ya muy cansada, necesitaba aire—dijo ella mientras se envolvía en la cobija—Lamento que tuvieras que presenciar esa discusión, estoy muy apenada contigo y con Abril, no debí actuar de esa manera—la gatita escondió la cabeza en la cobija.

—Debo de admitir que no me lo esperaba, ni de Donnie ni de ti—dijo el líder y la chica agachó la cabeza—Lamento que tengas que pasar por estos predicamentos por el estado de Mikey, no debí acceder a que viniéramos a tu casa—dijo apenado el líder.

—No Leo, de ninguna manera, yo nunca me hubiera perdonado que arriesgaras a tu hermanito solo por ahorrarme un par de discusiones o gritos, especialmente si esas peleas son por mi culpa—Jul efectivamente se veía más triste que molesta. Leo se sentó junto a ella

—No te tomes a pecho lo que dijo Donnie, estoy seguro de que ahora debe de estar arrepentido de todo—Leo se recargó hacia atrás y la chica se escondió su cara hasta la nariz mostrando su tristeza.

—Yo fui la que empezó, no debí decirle que no volviera… ¡No puedo creer que le dije algo tan tonto y cruel!—Cirse mordió su labio inferior con un colmillo para no volver a llorar

—Los dos se dijeron cosas que no sentían realmente, conozco a mi hermano y él no es así, es muy noble y tranquilo, apuesto que ahora está hecho un mar de culpa por todo lo que te dijo, tal vez venga mañana a disculparte o te llame—Leo estornudó de repente

—Te vas a enfermar si te quedas así, ten, cúbrete tú, yo tengo un abrigo de piel de orejas a patas, tú eres de sangre fría—dijo la chica entregándole la manta a su amigo

—¿Y si mejor entramos los dos a la casa? ¿Quieres un té con leche? Yo invito—Leo se levantó y le extendió la mano a la entristecida chica que se levantó resignada y ambos entraron a la casa cerrando la puerta del balcón tras ellos.

La pelirroja y el genio aun estaban acostados en el techo viendo las estrellas. Abril trataba de tomar valor para hacer aquella pregunta que la empujó a hacer tantas cosas ese día

—Donnie ¿Puedo preguntarte algo?—dijo ella con toda la calma que pudo acumular

—¿Mmm?—fue lo único que contestó el genio

—Cuando conociste a Cirse ¿Pensaste que podrías llegarte a enamorar de ella?—la de ojos azules volteó a ver a su amigo que se giró hacia ella

—La verdad no, si alguien me hubiera dicho que me iba a enamorar de ella creo que me hubiera reído en su cara, porque yo pensé que mi corazón le correspondía a alguien más—Donnie miró a su amiga con un toque de complicidad

—Y si tu creías estar enamorado de alguien más ¿Cómo fue entonces que terminaste con ella?—La chica pecosa se sentía extraña preguntándole eso al joven e bandana morada, pero era el único que podría darle respuestas que le explicaran un poco de su actuar últimamente

—Pues, no sé a ciencia cierta, solo fue natural, me gustaba estar con ella…puede que esto te suene algo extraño, pero hasta su olor me hacía sentir bien, tranquilo, como si todo fuera mejor si estaba a su lado—Abril recordó la vez que se recargó en Rafael solo porque se sintió cómoda con él

—¿Y cuándo te diste cuenta que ella era realmente a quien amabas? ¿Cómo se siente el verdadero amor?—La pelirroja estaba nerviosa para esas alturas, Donnie se detuvo a recordar un poco de su princesita coreana

—Pues es dulce, gracioso, natural… eso es… es natural estar con esa persona, es como el aire, si esa persona está a tu lado todo fluye como debe y cuando estaba con ella las cosas más simples, como ver una película era perfecto, hasta entrenar era diferente, sentía que podía hacer lo que fuera si ella estaba conmigo—Donnie tenía ese brillo en la mirada que lo hacía lucir tan esperanzado.

Abril recordó todas esas veces que se había sentado con el ninja de las sais a ver la televisión sin saber por qué lo hacía y se preguntó si es que acaso ella no se estaba aferrando a creer que el amor debía de ser de una manera que ella había idealizado.

—Cirse me dijo que para amar a alguien hay que amarlo también con la cabeza, porque tenías que admirar a esa persona, pero con todo y sus defectos, no como un ídolo o algo así, porque eso no es real—Esas últimas palabras del genio cimbraron a la pelirroja que no pudo evitar evocar esa vez que fue secuestrada por los Krank y el primero que vino a la mente para rescatarla no fue su querido amigo, sino Rafael con su actuar impulsivo y rudo, recordó lo tranquila que se sintió al ver su rostro al otro lado de la puerta pero se reusaba a creerlo.

La pecosa sacudió la cabeza, claro que no podía enamorarse de alguien como Rafael. Según Donnie amar es tranquilidad y esa palabra no combinaba con el ninja temperamental, seguramente era solo que ella estaba tratando de sobre explicar las cosas.

—Pero debe de haber algo que sea lo definitivo ¿No? Algo con lo que no te quede la menor duda de que esa es la persona correcta—preguntó insistente Abril

—Donnie hizo memoria, pues es simple, no puedes imaginar tu vida sin esa persona… yo incluso ahora no puedo imaginarme mi vida sin ella, por eso sigo con el proyecto de recordarla—A la pelirroja esta respuesta no le sirvió de mucho, ella no se imagina su vida ni con y ni sin Rafael, simplemente ese nombre en su vida le sonaba raro pero al mismo tiempo era parte de su vida diaria de una forma u otra

—¿Y por qué preguntas? ¿Te interesa alguien?—preguntó el genio.

—¿Te molestaría si fuera así?—Preguntó ella para tantear terreno

—Un poco, supongo que tendrías todavía menos tiempo para ayudarme en mis experimentos, pero estaría feliz por ti, encontrar a la persona para ti es algo demasiado maravilloso para ser descrito con palabras de algún idioma, y me gustaría que pudieras experimentarlo—dijo Donnie y esto le hizo ver aun más evidente de lo que ya era para la chica de ojos azules, que el genio ya ni siquiera la consideraba como una posibilidad. Extrañamente esta vez no dolió, fue algo casi esperado y hasta liberador, la duda ya no la atormentaría nunca más.

—Donnie y si tuvieras que elegir entre tu primer amor y tu amor verdadero ¿Cuál dirías que fue más lindo?—preguntó ella casi segura de lo que él respondería

—No son comparables, cada uno fue importante en su momento, son cosas muy distintas Abril, cada uno ocupará un lugar importante y especial en mi vida—Donnie la miró con una sonrisa y ella le correspondió, como llegando a un acuerdo tácito de que ese día darían por terminado ese primer amor que algún día compartieron y que hoy los ayudaría a dar un paso más para llegar a la verdadera felicidad, como un peldaño importante de vivir para entender y valorar a esa persona especial y única, esa a quien les correspondería definitivamente su corazón.

—¿Te llevo a tu casa?—Preguntó el genio, la pelirroja asintió y por primera vez esa pregunta no se sentía con ninguna carga adicional a aquella amistad que ahora Abril atesoraba más que nunca.

—Donnie—dijo ella bajito mientras se ponían de pie

—¿Mande?—contestó el ninja

—Gracias por todo lo que has significado en mi vida—dijo ella con cariño y Donnie le sonrió como un hermano le sonreiría a su hermana mayor

—Gracias a ti Abril, también has significado mucho en la mía—Abril se colgó de su brazo en actitud casi infantil y simple, como una cómplice de toda la vida.

—Para eso están los amigos—concluyó diciendo la pelirroja y los dos se perdieron por los tejados, como esos amigos que se conservan sin importar lo que pase.

Cirse olfateaba el vapor te la taza sin tomar ni un sorbo

—¿No te gusta?—Preguntó Leo, la chica negó con la cabeza

—No es eso—contestó la gatita

—¿Entonces?—Preguntó Leo preocupado

—Solo que tenía mucho que alguien no me preparaba té, había olvidado lo agradable que era que alguien tuviera ese detalle contigo cuando tuviste un mal día—Cirse seguía viendo la bebida fijamente.

—No tienes que verlo tanto, puedo preparar cuantos quieras, se te va a enfriar—Leo tomó la taza y se la acercó a la chica para que la tomara con sus propias manos. Al líder le parecía que esa chica hablaba de una manera melancólica en muchas ocasiones, como si hubiera tenido que pelear por mucho tiempo contra la soledad misma y le tuviera miedo.

—¿Tienes más familia además de Clarise?—preguntó el líder y la chica negó con la cabeza

—Mi hermana es todo lo que me queda—dijo Jul y esa frase "Lo que me queda" le decía al líder que probablemente ella había perdido constantemente a personas que quería, incluso tal vez su mutación le había quitado a alguien más, después de todo él sabía en piel propia que los humanos no siempre los aceptaban, era pocos lo que como Casey y Abril podían ver más a allá de su aspecto.

—Lo lamento—dijo el líder—No puedo decir que sepa como te sientes, pero puedo darme una idea, mi familia es todo para mí y perder a cualquiera de ellos es un dolor que no se olvida—Leo recordó la sonrisa de la chica de ojos violetas, a la cual él llegó a considerar como parte de su extraña familia.

—La verdad soy afortunada de que Clarise me quiera tanto, sin importar como sea, de otra manera creo que no tendría mucho por qué levantarme en las mañanas—Jul dio un sorbo al té y sonrió involuntariamente—Está delicioso, gracias—

—No digas eso, siempre hay algo por qué luchar, no te derrotes a ti misma—Leo le sonrió a la chica y ella se esforzó por corresponderle

—Jul… Tú y Clarise son personas muy valiosas, son nobles y valientes, nunca pienses que no hay razones para que no estés aquí—Dijo Leo poniendo una mano en el hombro de la gatita, luego suspiró y tomó valor para continuar—Hay algo importante que tengo que decirte—dijo Leo mientras la gatita negra recostaba la cabeza en la mesa—Mi padre quiere conocerlas—el líder había empezado a juguetear nervioso con sus dedos. La felina abrió grandes los ojos y se incorporó rápidamente

—¿Qué? ¿Por qué?—Pregunto ella un poco asustada

—Cuando le expliqué lo de Mikey me costó mucho trabajo convencerlo de que no había tomado la decisión a la ligera, pero aun así él quisiera conocer a las personas que le están dando asilo a su hijo… él aun no me ha dicho ni cuándo, ni como pero me ha expresado su interés—Leo miró como su amiga había empezado a temblar.

—No te pongas nerviosa, te aseguro que es muy cariñoso y amable, pero como padre quiere asegurarse de que su hijo esté en buenas manos—El de ojos azules trataba de calmar a la chica, claro que ella ya sabía que Splinter era una gran persona, pero la asustaba que él pudiera ver a través de su alma y darse cuenta de quién era realmente.

—Supongo que es comprensible que tenga esa inquietud, yo me comportaría igual si Clarise tuviera que quedarse en casa de alguien que yo no conozco—dijo la gatita aun nerviosa

—¿Entonces puedo decirle que accedieron a conocerlo?—preguntó el ninja de azul y Cirse simplemente asintió aun nerviosa. En ese momento un par de pasitos se escucharon en el pasillo

—¡Jul al fin saliste!—dijo la gatita blanca abalanzándose a los brazos de su hermana mayor—Estaba muy preocupada—dijo frotando su cabeza contra la de la gatita negra.

—Mírate nada más, tienes unas ojeras terribles, ojalá y tanto desvelo no te haga daño—dijo la mayor acariciándole la cabeza a su melosa hermanita.

—Vayan a dormir, yo me encargaré de las tazas—El ninja ya había empezado a recoger las cosas y Jul le sonrió agradecida.

—Gracias Leo, discúlpame por todo el alboroto—dijo la gatita negra mientras guiaba a su hermana para ir a la cama al fin. Estaba preocupada, este nuevo encuentro con Splinter no era para tomarse a la ligera, pero esconderse de él podría ser peor.

Donnie llegó a casa completamente agotado, pero por más vueltas que daba en la cama no podía dormir, ni aun abrazado a esa almohada con el olor de su princesa, tal como Leo había predicho, la culpa estaba haciendo mella en su cabeza. Tomó su T-phone, eran las 2:30 de la mañana, demasiado tarde para llamar, además nunca le había pedido su teléfono, primero tendría que llamar a su hermano y que él se la comunicara. Sería demasiada molestia, eso sin contar que tal vez ella ni siquiera le contestara por lo molesta que estaba.

El genio recordó la expresión de la gatita blanca cuando le reclamó su comportamiento esa noche "Si antes ella pensaba que no le agradabas ahora no le queda duda ¡Eres un tonto!" y no sabía cómo interpretar eso. Sentía curiosidad y tal vez desconfianza de que la gatita negra no fuera del todo honesta. No obstante sabía que esta vez él fue el grosero y había echado todo a perder, después de las pocas metas que ya habían logrado... pero simplemente no pudo controlarse. Se volvía loco cuando ella era tan agradable y dulce con su hermano mayor, mientras con él era tan fría, lo hacía sentir incómodo, intranquilo, colérico, impulsivo.

El genio se paró de la cama, tomó la lámpara y fue para su laboratorio. El lugar se llenó de ese olor a sándalo, colocó la fotografía de su princesita coreana en la pared junto a él

—¿Por qué estoy haciendo todo mal Cir?—dijo mientras encendía su computadora para teclear, buscar y analizar. Había mucho que hacer si quería investigar quien era la chica del mechón rojo y no tenía muchas ideas de por dónde empezar

—¿Tú crees que me excedí?—preguntó a la fotografía de la chica de ojos violetas mientras seguía tecleando frenéticamente

—Para qué pregunto eso ¡claro que me excedí!—Donnie rodó los ojos con resignación

—Pero no puedes negarme que ella tampoco ha sido una perita en dulce—dijo mientras comenzaba a analizar los resultados obtenidos, sus ojos se movía con cuidado acariciando las palabras en la pantalla.

—¿Crees que debería de hacerle caso a Abril y hablar con ella?—Dio un par de clics y luego negó con la cabeza, al parecer no era nada que le sirviera.

—Si estuvieras aquí nada de esto estaría pasando, estoy seguro que tú hubieras tomado todo con calma, como siempre lo hacías… o hubieras salido a patear botes de basura a mitad de la noche… pero igual todo estaría bien si tú estuvieras conmigo—Donnie suspiró un poco cansado cuando de pronto algo le llamó la atención, se acercó a la pantalla y sonrió

—¡¿Ves?! Cuando estas conmigo todo sale bien—dijo mientras entraba a otros de los resultados y en ellos una fotografía le llamó la atención. Era la chica del mechón rojo, evidentemente era mucho más pequeña no tenía más de 12 años y su cabello aun no estaba teñido, pero esa actitud y la mirada eran las mismas—¡Bingo!—dijo emocionado pero luego frunció el seño y se llevó la mano a la frente, parecía que no eran buenas noticias.

—Cir, tendremos una larga noche—dijo al retrato y continuó buscando.

No fue hasta que ese delicioso olor se coló a su cuarto que al fin despertó. Buscó con el tacto a Clarise, pero al parecer su hermana la sorprendería con un delicioso desayuno. Cirse se talló los ojos, le dolía la cabeza tanto como si ella se hubiera tomado 5 botellas de vino el día anterior.

Pasó los dedos por el parche y recordó que tendría que llevar a cabo de nuevo el molesto proceso de usar esos pupilentes que tanto la fastidiaban, así que se tiró en la cama con la almohada encima y decidió acostarse unos minutos más, hasta que enterrada entre cobijas y suaves cojines sacó la mano para examinar su celular

—¡Es tardísimo!—Escucharon Leo y Clarise desde el cuarto principal y soltaron una carcajada. La gatita negra entró acomodándose aun el pelaje después de unos minutos

—Lo siento, lo siento, me quedé dormida—dijo algo apurada

—No te preocupes, estabas cansada, necesitabas dormir—dijo Leo acercándole un plato con un sándwich tostado y Jul abrió grades los ojos.

—¿D-de verdad lo preparaste para mi?—dijo la de ojos verdes conmovida

—No, lo preparó Clarise—después puso otro plato igual frente a ella—Este sí lo preparé yo, pero no tienes que comértelo, solo lo hice para mostrarle como prepararlo—dijo Leo con una sonrisa. Jul tomó ambos platos, partió los sándwiches por la mitad y tomó una mitad de cada uno.

—¡Gracias!—la jovencita sonrió con cariño

—¿Te sientes mejor hermanita?—preguntó la gatita blanca ligeramente recargada en la mesa. La mayor asintió con un poco de dificultad

—Estaré bien, no te preocupes—dijo la de negro tratando de no darle demasiada importancia a las cosas, aun cuando bien sabía que todavía estaba muy triste—Además aun tengo mucho que estudiar, no puedo distraerme en otras cosas—Jul se sirvió un poco de jugo y terminó su desayuno.

Apenas la joven terminó su comida el líder puso la hoja con el problema de trigonometría con el que su amiga tenía dificultades.

—Ya sé cual fue el problema—dijo Leo señalando el punto donde la jovencita debió de haber hecho la conversión. Jul puso cara de "Claro" y luego se dio un coscorrón en la cabeza

—¡Como es posible que no me diera cuenta!—dijo con actitud emocionada—Gracias Leo—dijo ella y luego tomó la hoja, parecía que Donnie tenía razón, ella entendió perfectamente la razón por la que ese pequeño detalle cambiaba todo el resultado y no fueron necesarias mayores explicaciones.

—¿Te has encontrado con algún otro problema que no puedas resolver?—Preguntó el de ojos azules.

—Pues… hay uno, pero no le he dedicado tanto tiempo porque he estado estudiando para otros exámenes ¿Cuándo te irás?—la jovencita tomó otro pedazo de sándwich.

—Tenía pensado que hoy por la noche me relevara Rafa, pero si quieres puedo quedarme hasta mañana temprano para darte tiempo de que estudies y revises aquello en lo que quieras que te ayude—Leo le extendió una sonrisa comprensiva a su amiga.

—N-no, no te preocupes, aun hay tiempo y no me gustaría cambiarles los planes—dijo analítica la de falsos ojos verdes mientras comenzaba a lavar la bajilla. Su hermana secó los platos y los guardó

—¿Jul ya vamos a entrenar?—Dijo la menor y su hermana negó un poco cansada

—Estoy exhausta y aun tengo demasiado que preparar, mañana tendré examen de biología y aun no me recupero del de química, supongo que suspenderemos el entrenamiento por el resto de la semana—La mayor ya se encaminaba a su cuarto a continuar quemándose las pestañas cuando la tortuga de bandana azul habló.

—Si no te molesta yo podría entrenar con Clarise, de todas maneras me gusta hacerlo—dijo el líder con una gran sonrisa

—No quiero causarte más molestias Leo—dijo la gatita negra

—¡Hay Jul! tu siempre tan formal—dijo la mejor de las felinas, para luego volverse a hablar con Leo—Vamos yo sí quiero entrenar contigo, quiero saber cómo derribaste a mi hermanita el otro día –La gatita de pelaje blanco arrastró al joven líder al dojo

—¡Ten cuidado cuando uses tus garras!—dijo la de ojos verdes mientras sonreía tranquila, si había alguien a quien podría confiarle a su hermanita menor, ese alguien sería Leo. La chica entro a su cuarto después de dar un hondo suspiro y cerró esperanzada a que el arduo trabajo le sacara a su genio de la cabeza.

Después de una noche completa en vela el genio cayó en la cama completamente fulminado, seguramente dormiría toda la tarde, así que Rafael tenía la televisión para él solo, nada de héroes espaciales, documentales tontos o caricaturas y esto significaba una fiesta audiovisual que tendría como estrella principal un maratón de Fast and Furious, con pequeñas intervenciones de Alien y no podía faltar Bruce Willis con Duro de Matar.

Apenas acababa de poner la primera película cuando escuchó unos pasos delicados entrar a la guarida, él no tenía las habilidades de su querida hermanita, pero esos pasos los conocía muy bien.

—Donnie está dormido y no creo que despierte en toda la tarde—Rafa ni siquiera despegó los ojos de la pantalla. Después de que ella huyera el día anterior el ninja de ojos verdes no tenía la intensión de cambiar sus planes.

—Ok, gracias por la información—La pelirroja entró a la cocina y el ninja de las sais escuchó un poco de movimiento, seguido de un montón de sonidos de pop, después de unos segundos el olor a palomitas con mantequilla inundó la guarida. La chica de ojos azules se sentó junto a él después de unos minutos y puso un tazón entre los dos

—Te debía unas—la chica se acomodó sin que se le vieran ánimos de irse. El chico de los ojos verdes ni siquiera la volteó a ver, se dijo para sus adentros que no lo compraría solo con eso, sin embargo ocasionalmente la miraba por el rabillo del ojo y se dio cuenta varias veces que ella lo miraba como buscando algo, aunque él no sabía a ciencia cierta qué.

—¿Qué? ¿Soy o me parezco?—dijo a la decima vez que la descubrió mirándolo, ella se sonrojó y de inmediato volteó a ver la pantalla

—Perdón, no quería molestarte—Abril actuaba extraña, él nunca la había visto actuar así y comenzó a sentirse incómodo con todo aquello, así que le puso pausa al filme

—¿Qué te traes ahora?—preguntó él con tan poca delicadeza como siempre—Ya te dije que Donnie estará dormido muchas horas y no estoy bromeando—Rafa no pudo evitar que se notara su cara de fastidio

—L-lo sé… no vine a verlo a él—Apenas la pelirroja dijo esto Rafa abrió grandes los ojos y tragó saliva ¿Ella había ido exclusivamente a verlo a él?... Claro que debía de haberlo ido a ver a él, no había nadie más en la guarida! Por un instante el de ojos verdes se sintió nervioso, pero de inmediato dibujó una sonrisa de medio lado

—Ahhh—el chico regresó su mirada a la pantalla y volvió a echar a andar la película—que lástima, hoy estoy ocupado—dijo engreídamente. Abril lo miró incrédula un segundo y luego asintió con una mueca.

—Bien, eso es excelente, así no te aburrirás cuando comience mi entrenamiento con el maestro Splinter—la chica se puso de pie completamente decidida a ir al dojo, pero la mano de Rafael apartó las palomitas detuvo a la chica y la sentó de nuevo en el sillón sin delicadeza, aun más cerca de él de lo que ella se había acomodado en un principio.

—Tu entrenamiento empieza en media hora ¿De quién aprendiste a ser tan ñoña? ¿De Bobonardo?… ya empezaste a ver la película, al menos continúala hasta que tengas que irte—El chico fingió estirarse y dejó caer su brazo en los hombros de la pelirroja y ella le sonrió con actitud juguetona

a—Como era eso de buscar buenas escusa?—Abril había empezado a buscar cobrarse las que el dueño de las sais le había hecho pasar el día anterior pero antes de que pudiera decir más el chico le llenó la boca de palomitas

a—Si no me dejas escuchar la película, la próxima vez no te callaré con comida—amenazó el rudo chico con una sonrisa pícara. La pecosa se sonrojó tanto que la bandana del ninja se veía desteñida junto a ella, por lo que aunque la jovencita hubiera querido decir algo, las palabras simplemente no le hubieran salido de la boca.

Al sentirse tan cómoda, después de un rato la de ojos azules simplemente recargó su cabeza en el hombro del muchacho. El ninja tragó saliva y luego se esforzó por fingir indiferencia, pero por dentro podía sentir su corazón latir como idiota.

Rafael nunca lo admitiría, sin embargo a partir de ese momento había dejado de prestarle atención a la trama, estaba demasiado ocupado sintiendo acurrucada a la chica que tanto se esforzó por olvidar y que ahora por fin estaba a su lado. Sus dedos se enroscaron el sedoso cabello de la joven y sin darse cuenta se dibujó una de esas sonrisas casi bobas en sus labios, una de esas tantas burlas le inspiraban cuando las veía en el rostro de su hermano genio.

La pista de hielo estaba casi desierta, solo ese tonto chico estaba ahí entrenando y Laquesis pensó para sus adentros "Tal como lo esperaba, este tipo es patético", la chica de mechón rojo observaba oculta en el techo del lugar.

Casey hacía su millonésimo tiro y la joven de ojos grises bostezaba, era tan aburrido verlo entrenar como eso programas que salían en la televisión local, pero no le quedaba más remedio si es que quería encontrar a la joven Hamato. Laquesis estaba por quedarse dormida cuando dejó de escuchar los tiros. La chica miró abajo y no vio al joven, un escalofrio le recorrió el cuerpo, si ese chico se le escaba Morta la despellejaría viva.

Afortunadamente en cuanto salió lo vio caminando por la calle y la chica suspiró aliviada. Siguió al joven hasta una escuela, donde ella se escabulló sin ningún problema, tenía sus ventajas tener 15, así que solo se mezcló entre la multitud.

La joven de ojos grices no perdía de vista a su objetivo cuando un chico rubio con uniforme de fut bol americano se puso frente a ella bloqueándole la vista

a—Nunca te había visto por aquí linda—dijo mientras que Laquesis lo veía con disgusto.

a—Es que me desagradas y por eso te esquivaba—la joven se alejó del chico de ojos zules

a—Ya veo, eres tímida—el joven trató de tocarle el hombro y ella lo tomó del dedo pulgar, lo torció y se acercó hasta el oído del joven

—Oye "Adonis" ¿Sabes que es lo que nos distingue de otros animales que no pueden usar herramientas? ¡El pulgar! Y si rompo el tuyo te aseguro que arruinaré tu oportunidad de obtener una beca deportiva para la universidad, o mejor aun, de tan siquiera volver a jugar, así que te recomiendo que me sigas la corriente—La chica del mechón rojo le sonrió sínicamente al joven rubio, mientras él la miraba horrorizado.

El joven rehén llevaba el brazo en los hombros de la de ojos grises, que tenía en la cabeza un paliacate del equipo de la escuela, seguramente para esconder su notorio mechón rojo, y hubieran pasado perfectamente por una parejita, de no ser porque él chico se veía aterrado.

—Sonríe cariño o te daré buenas razones para llorar—dijo la chica fingiendo que le daba un beso en la mejilla al deportista, que intentó con todas sus fuerzas sonreír, consiguiendo solo una mueca extraña "Supongo que no puedo pedirle mucho a esta niñita: poco cerebro, muchos músculos" pensó Laquesis y guio a su rehén para que se posicionaran en un lugar donde ella pudiera escuchar al chico de cabello negro.

—No debí de haber faltado a las clases de la mañana, seguramente Abril ya se fue a su casa… a menos que esté con…—El jugador de Hockey hizo una mueca de molestia. Con algo de prisa sacó su celular y llamó a la pelirroja.

—Ho-ola Casey—la pelirroja se escuchaba nerviosa al otro lado de la línea.

—Hola pelirroja ¿Estas en tu casa?—preguntó el chico algo inconforme

a—N-no, estoy con los chicos—contestó ella—P-pero si q-quieres te puedo ver en un par de horas en mi casa—muy apenas pudo escuchar el chico a su amiga pelirroja, pues había un gran alboroto al otro lado de la línea, y hasta casi podría jurar que escuchó a Rafael diciendo "Ya cuélgale, igual no vas a ir". El joven de cabello negro miró extrañado el aparato y se quedó mudo de la impresión

—¿Casey?…¿Casey estás ahí?—preguntó algunas veces la kunoichi en entrenamiento

—S-sí…entonces te veo en tu casa en dos horas pelirroja… no faltes—dijo finalmente el chico chimuleo y escuchó con disgusto como el teléfono se cortaba, dejando escuchar como última frase de su amiga "¡Dame mi teléfono Raf…!", luego de pensar las cosas un rato sacudió su cabeza

—Nee, Abril y Rafa juntos es algo demasiado bizarro, seguro solo me lo imaginé—dijo el jugador de Hockey mientras caminaba hacia su clase de reposición, sin embargo tropezó con una de esas molestas parejas de la escuela. Ni siquiera se volvió a mirarlos y simplemente se disculpó

—Lo siento, es culpa de mi grandiosidad—dijo Casey con su típico aire de superioridad, caminó unos metros, pero lo que escuchó como respuesta lo dejó helado

—No hay cuidado—Esa era la voz de la chica de la otra noche, sin embargo cuando se giró para comprobarlo, solo estaba el tonto de Brad con una cara de tremenda tranquilidad.

—¿A dónde se fue la chica?—dijo Casey mientras tomaba de la playera al muchacho de cabello rubio, el cual solo señaló un camino, con lo que el joven de cabello negro salió corriendo tras ella. Dio vuelta en la esquina del edificio y ahí estaba una joven con un paliacate en al cabeza. Casey le dio alcance

—Binen chica lista quiero respuestas y las quiero ahora—sin embargo al ver el rostro de la ella se dio cuenta que no era la que buscaba ¿Se lo habría imaginado?—P-perdón, p-pensé que eras alguien más—dijo a la chica que lo miraba asustada y que se fue tan rápido como pudo en cuanto el jugador de Hockey la soltó.

Suspendida en el techo de ese mismo edificio Laquesis miraba al chico extrañado, al parecer él había memorizado muy bien su voz, debía de ser más cuidadosa la próxima vez, tal vez estaba subestimando a esa mala copia de Viernes 13.

La joven del mechón rojo esperó a que el chico se fuera y luego se escabulló fuera de la escuela. Lo esperaría oculta fuera de ella, mantenerse en ese lugar podría ser peligroso, además tenía un aparato que investigar. La chica sacó de su bolsillo el celular que le robó a Casey, así tendría tiempo de copiar de él los números, con el nombre y la fotografía de cada uno de sus contactos. Finalmente lo regresaría para que su presa no se diera cuenta que lo había perdido.

Donnie se extrañó al escuchar las risas de su mejor amiga en la casa, se talló los ojos y afinó el oído pero no volvió a escuchar nada. Tomó su T-phone, aun faltaba para que anocheciera, pero si quería regresar antes que Leo debía partir en ese momento. El joven de la bandana morada se levantó de su cama con pereza, se masajeó el cuello y abrió la puerta de su habitación.

El genio ya había pensado en el plan perfecto de su engaño, simplemente se aseguraría de que Rafael escuchara desde su cuarto que él estaba despierto, para después cerrar de golpe la puerta de su laboratorio y seguramente Rafa no intentaría buscarlo en todo el día, pero por si acaso dejaría a su cucaracha espía en el techo cerca de su laboratorio y si él intentaba entrar activaría por control remoto los seguros y una grabación de él trabajando mientras emitía algunas respuestas simples que seguro servirían para cualquier situación.

Todo el plan se fue al diablo cuando vio a su hermano sentado en el sofá viendo una película ¿Cómo se escabulliría si él estaba ahí?... No obstante parecía que Rafa estaba haciendo una rabieta, diciendo algo acerca de dejar a alguien plantado… Donnie lo miró interesado pero en cuanto el mayor notó que el genio estaba ahí dio un respingo y comenzó a gritarle

—¿No te han dicho que no debes espiar a los demás?—Rafael se levantó del sillón y sin decir nada más se encerró en su habitación. El chico de ojos marrón lo miró asombrado ¿Qué le pasaba a su hermano? Claro que siempre se enojaba por todo, pero ahora reaccionó más extraño de lo normal. Igual parecía que las cosas habían salido bien sin mucho esfuerzo, así que Donnie se apresuró a poner el plan en acción.

Cuando el más alto de los hermanos finalizó todo lo que necesitaba solamente cerró de un portazo el laboratorio y salió presuroso. El tiempo se le acababa, solo esperaba que el resto de su plan resultara o todo su esfuerzo no habría servido de nada.

Tan apresurado estaba Donnie que no notó que en la pantalla de su cucaracha espía pudo notarse a Rafael dirigiéndose a la salida de la guarida, y por fortuna para ambos ninguno se dio cuenta de la travesura del otro.

La gatita negra llevaba horas estudiando, pero no lograba concentrarse del todo, decidió salir a caminar para despejar su cabeza un poco, para darse su propio espacio aprovechando que la noche estaba cercana a caer. Tomó su capa y fue al cuarto minimalista

—¡Hola!—dijo el de ojos azules en cuanto la vio

—Hola—dijo con una leve sonrisa la de pelaje negro

—¡Jul! ¿Al fin vas va ver la tele con nosotros?—Preguntó la tortuga pecosa

—¿Terminaste de estudiar?—dijo su hermana al fin despegando la mirada de la televisión muy emocionada.

—Realmente no, pero estoy un poco fastidiada y quisiera salir a caminar un rato ¿Necesitas algo Leo?— La gatita negra miró directo al líder quien negó con la cabeza y le sonrió amigablemente.

—¿Voy contigo Jul?—dijo la de blanco

—No, no hermanita, solo necesito despejarme un poco, no es necesario, quédate. Además está por iniciar el maratón de la fuerza robomeca—dijo ella mientras le guiñaba un ojo a su hermanita que sonrió con un poco de complicidad.

—E-esta bien, solo no tardes mucho—dijo la menor de las dos

La gatita negra abrió el balcón y se recargó en él para sentir el viento pasar a través de su pelaje, un poco de libertad al fin, no que le disgustara estar en casa, pero ya estaba demasiado estresada y embotada. Saltó al barandal del balcón, comenzó a caminar por él para después impulsarse hacia el techo y comenzar a recorrer tejados de Nueva York. La figura felina se movilizó ágilmente por los edificios balanceándose en las orillas de los edificios con la cabeza baja, pensando y pensando, recordando una y otra vez aquella discusión. La chica no se dio cuenta que otros pasos la seguían a una distancia pertinente.

La joven gatita negra no podía dejar de pensar en que el genio no había llamado ni había ido al departamento, así que temía que quizá él cumpliría con lo que amenazó y de ser así no volvería verlo, por lo menos no de otra forma que no fuera a través de ese frio catalejo. Aun con el trato que Leo les había propuesto, pues si él no aceptaba ella no querría obligarlo.

Otra de esas cosas que odiaba de su cambio a gato es que no podía evitar llorar cuando algo la lastimaba, a diferencia de cuando era la orgullosa heredera del apellido Moo, ahora no podía evitar derramar lágrimas cada vez que recordaba esa acalorada pelea.

Al final llegó a una cornisa donde se acurrucó junto a una gárgola, en la que se recargó en actitud triste y lastimera, era casi como si esperara que aquel enorme objeto inanimado la consolara o la protegiera de esa tristeza abrumadora que no la dejaba pensar en nada más. Un sollozo tras otro el llanto se hizo más amargo, con lo que su corazón se reblandecía en la culpa y el remordimiento por haber pronunciado aquellas palabras.

—¡Nunca debí de haber dicho eso!—dijo bajito completamente acurrucada y casi temblando.

—Yo también lo siento, tampoco sentía nada de lo que dije—La chica se sorprendió al escuchar esa voz detrás de ella. En ese momento las orejitas de la gatita se pararon rápidamente, se giró con cuidado y apenas discernible en las sombras, aun con su excelente vista nocturna, divisó una figura familiar que se dibujó mientras las puntas de su bandana jugaban con el viento. Las orejas de Jul se inclinaron ligeramente y dos lagrimitas más rodaron de sus ojos, se limpió una de ellas para tratar de ver con mayor claridad, mientras que la figura de Donnie salía despacio de la obscuridad y en cuanto ella estuvo segura de que era él, un impulso incontrolable en su interior la hizo correr hacia él y abrazarlo mientras seguía llorando. El genio quedó impactado sin saber como reaccionar ante esta acción tan repentina de la gatita negra, mantenía sus brazos a los lados completamente inmóvil y sumamente sorprendido

—Lo siento, lo siento tanto…prometo que no te volveré a molestar de nuevo, todo fue mi culpa, no debí de haber dicho eso. Por favor no dejes de ir a ver a Mikey… solo porque te soy tan molesta, prometo que ahora no saldré de mi cuarto, ya no te haré enojar más… lo lamento—dijo ella entrecortadamente en un tono tan triste y dulce que el de bandana morada no se creía que esa chica que se veía tan frágil y desvalida era la misma con la que había discutido la noche anterior. Ahora se veía tan vulnerable que él se sentía el peor patán del planeta.

El chico dudó si corresponder al abrazo, pero cuando comenzó a mover los brazos lentamente, para acariciarle el pelaje de la cabeza, ella pareció caer en cuenta de lo que estaba haciendo, abrió grandes los ojos, respingó rápido y lo soltó completamente avergonzada.

—P-perdón, n-no quise…—la chica se tropezó al tratar de alejarse rápidamente de la tortuga, completamente apenada por haberlo abrazado tan impulsivamente y cayó al piso—¡Auch!—dijo ella mientras se tocaba el tobillo.

—¿Te lastimaste?—preguntó el genio aproximándose a ella para examinarla, la chica aun tenía lágrimas en los ojos, las mejillas completamente sonrojadas y una expresión de dolor en el rostro mientras se sobaba el tobillo.

—N-no es nada, solo pisé mal—dijo ella sumamente avergonzada—N-no te preocupes—dijo ella tratando de restarle importancia a su lesión, pero Donnie solo retiró la mano de la chica y comenzó a examinarla.

—¿Te duele este movimiento?—dijo el girando su pie

—¡Auch! Un poco—dijo ella

—¿Y este movimiento?—la tortuga movió los dedos del pie de la chica hacia arriba

—No—contestó la jovencita

—Bien…creo que solo es una torcedura, si acomodo el hueso, para que los ligamentos reposen por esta noche, estarás bien para mañana—dijo él y ella ni siquiera lo miraba, estaba demasiado avergonzada. El genio la examinó con cuidado, ella se veía tan tierna que apenas parecía la misma del día anterior, guardó silencio mientras se acercaba a ella para cargarla

—No, no es necesario, puedo ponerme en pie—dijo ella mientras que él la tomaba entre sus brazos.

—Tal vez puedas, pero no deberías o te lastimarás más—dijo él llevándola en brazos a otro espacio más cómodo, donde la acomodó para que los dos pudieran estar sentados y hablar tranquilamente

—Lo siento, además de Impulsiva, fui muy torpe y solo te causé más molestias—dijo la gatita jugando nerviosamente con los dedos de sus manos. La tortuga de bandana morada la miró a los ojos, no entendía como ella podía hacerle cambiar los sentimientos tan fácilmente, hasta hace poco lo había hecho pasar por toda una gama de emociones, molestia, indignación, confusión, arrepentimiento, culpabilidad y ahora se sentía tan enternecido.

—No, no te sientas mal, no me molesta—dijo él mientras que veía como las puntas de las orejitas de ella bajaban en señal de decaimiento—Jul, yo no quiero te encierres en tu cuarto cuando voy a tu casa…yo…yo disfruté mucho platicar contigo en la comida y…no fue tu culpa—dijo el genio mientras la veía con esa expresión de tristeza y arrepentimiento—Además, para discutir se necesitan dos, no fue solo tu responsabilidad—El chico le sonrió amigable a la gatita que al reconocer las palabras que ella le dijo alguna vez no pudo evitar sonreír tristemente.

—Lo siento mucho, de verdad, es solo que me cuesta mucho trabajo controlarme cuando me molesto, así que entiendo que no quieras convivir conmigo—dijo ella mientras que su colita se enroscaba en su tobillo sano. El chico negó con la cabeza.

—No, sé que fui tosco y grosero, si yo no me hubiera comportado así tal vez tú no hubieras reaccionado de esa manera—dijo el genio mientras tomaba el tobillo de la chica y lo masajeaba para relajar los músculos, lo cual necesitaba para regresar los huesos a su lugar. Ella se sonrojó aun más.

—Ayer platiqué con Abril—Cirse empezó a sentir de nuevo esos incontrolables celos así que solo se mordió la lengua—y ella me hizo ver que tú y yo no tenemos forzosamente que convivir solo porque los demás se lleven bien—Jul bajó la mirada, sentía que tal vez lo que seguía era una propuesta para dejar por la paz eso de esforzarse por ser amigos—Así que lo he pensado y llegué a la conclusión de que no quiero que nos llevemos bien porque les agrades a mis hermanos, por Clarise o Mike—la gatita de pelaje negro sintió un nudo en la garganta—Quiero llevarme bien contigo porque creo…creo que me agradas—dijo al fin el genio y los ojos de la gatita se abrieron grandes

—¿Yo?—dijo ella completamente incrédula y la tortuga asintió—Pero…—quiso hablar ella pero él la interrumpió

—Sí, ya sé que es raro, pero así es… el que peleemos no me parece tan importante como saber si yo te agrado a ti—dijo el joven volteándola a ver fijamente. La gatita de pelaje negro dibujó una sonrisa tímida que Donnie nunca había visto y asintió de una forma tan inocente y tierna que el genio comenzó a sentirse nervioso y casi intimidado por lo que bajó de nuevo su mirada al tobillo que estaba masajeando—En ese caso ¿Lo intentamos de nuevo?... No llevábamos mucho, un desayuno y una comida, estoy dispuesto a volver a pasar por eso—La gatita lo miró asombrada aun.

—¿Estas seguro de que no eres masoquista o que me estás jugando una broma?—La chica seguía sin creérselo, luego suspiró e hizo una mueca, suspiró para darse las fuerzas de mirar directamente al genio a los ojos—¿Estas seguro de querer seguir con esto? Podrías volver a decir alguna cosa tonta y cruel como la de ayer—dijo ella con un tono algo preocupado

—Sí, estoy seguro y si tu estas dispuesta a tomar el riesgo, por mí no hay problema. Me gusta experimentar y quiero sacar mis propias conclusiones viviendo las cosas, no quedándome con la duda—dijo el genio y el tobillo de la chica dio un ligero tronido con el que ella se asustó—Listo, mañana estarás perfecta, solo tómate un analgésico hoy—el chico le sonrió y ella le correspondió con una ternura tímida. El de bandana morada se inclinó para que ella subiera a su caparazón y colocó su bo a modo de asiento, justo como el día en que se conocieron. Habían pasado tantas cosas pero él seguía siendo el mismo, ese chico tierno, amable y protector que un día entró en su vida y le robó el corazón.

El maratón de La Fuerza Robomeca ya iba muy avanzado, Jul aun no regresaba y Leo había ido a lavar la bajilla en la que los tres había cenado, pues Clarise insistió en no esperar a su hermana, bien conocía sus caminatas nocturnas, por lo que suponía que la mayor aun tardaría en volver. Estando solos la gatita de ojos rojos sonrió para sus adentros y comenzó con el plan

—Mikey, te manchaste aquí—señaló ella en su mejilla, la joven tortuga pasó distraídamente el dorso de su mano por el sitió que señaló la gatita blanca, para continuar viendo la televisión sin prestar mucha atención, después de todo estaban a punto de llegar al clímax del último capítulo del maratón, el único que Mikey no había podido ver en las cintas, así que lo esperaba con ansías en esta remasterización.

Clarise sonrió y se inclinó en la cama acercándose al pecoso muchacho

—Todavía tienes la mancha—dijo para después lamer su mejilla despreocupadamente. En ese mismo instante Mikey abrió los ojos como platos y giró el rostro hacia la minina que de nuevo se sentó con toda tranquilidad en su silla

—Pe… pe.. pero—dijo Mikey sorprendido sin quitarle los ojos de encima a Clarise, ella actuó naturalmente, lamió el dorso de su mano y se lo pasó por la orejita para acicalarse. Se lamió de nuevo el brazo y al notar que el pecoso muchacho la miraban fijamente se detuvo

—¿Qué?—preguntó ella casi en tono asustado. El menor de los hermanos parpadeó un par de veces sin saber qué decir ¿Qué significaba que lo hubiera lamido? ¿Era algo así como un beso?... no, seguramente no, porque Clarise ya antes había tratado de lamer a su hermana mayor la cual se negaba rotundamente a este tipo de acciones ¿Era normal que ella lamiera a alguien más?... eso fue muy raro…pero… pero… ¡agradable! Mikey sonrió bobamente, nunca había sentido eso cundo su gatito helado lo había lamido, ahora se sentía…¡tontamente feliz! Tan feliz como no recordaba haberse sentido antes.

En ese momento el mayor entró de nuevo al cuarto mientras bostezaba. Apenas se quitó la mano de la cara la gatita lo miró fijamente

—Oye Leo, tienes una manchita—dijo señalando otro punto en su cara, el líder se pasó un dedo que posteriormente examinó para comprobar si había logrado quitarse aquella mancha. El de bandana naranja miró con cierta angustia el rostro sucio de su hermano ¿Y si a Clarise se le ocurría también lamer a Leo? Su cara cambió a un rostro casi horrorizado—Aun no se te quita—dijo atentamente la de ojos de rubí y de inmediato Mikey se apresuró a hablar con su hermano

—¡S-será mejor que te laves en el baño!—la tortuga pecosa pronunció estas palabras con prontitud, casi como si fuera algo grave.

Parecía que el ninja de naranja quería evitar que la gatita menor tan siquiera tuviera la oportunidad de lamer a alguien más. Leo miró con extrañeza a su hermano pero igual decidió ir a asearse al baño, no le agradaba tener la cara sucia. Clarise, por su parte, sonrió para sus adentros y continuó acicalándose. El plan que había ideado con su hermana parecía haber funcionado, así que simplemente guardó silencio y esperó el broche de oro.

Apenas el líder salió del cuarto, la tortuga de bandana naranja se volvió a ver a la gatita blanca con ojos curiosos, como queriendo preguntar algo pero sin decidirse a hacerlo y justo cuando él al fin se había animado a abrir la boca, la pieza que anunciaba el final del capítulo se dejó escuchar y el menor de los Hamato volteó a ver la pantalla con cara desencajada. En el televisor solo alcanzó a ver los créditos, su mandíbula casi cayó al piso cuando se dio cuenta de lo que esto significaba: ¡Se había perdido el final de su tan ansiado capitulo!

La gatita sonrió satisfecha, todo había resultado aun mejor de lo que había esperado, así que solo sacó su celular, sus audífonos y puso su música electrónica a tono moderado. La minina salió de la habitación con una enorme sonrisa y para cuando el pecoso muchacho reaccionó del shock en el que estaba ella había desaparecido. Con esto el bromista muchacho ni siquiera tuvo oportunidad de averiguar lo que esas acciones significaban, dibujando así una enorme curiosidad en su rostro mezclada con un tanto de frustración.

—¡Con que esas tenemos Clarise!—dijo él entrecerrando los ojos y luego cambió su expresión a una enorme sonrisa macabra—Al fin tengo un digno adversario del Dr. Bromanstain—Pronunció en tono amenazador Mikey e hizo la seña de estar acariciando un gato imaginario en su regazo. Justo en ese momento el mayor entró de nuevo al cuarto y miró al menor con una mueca extraña

—Es raro que hagas eso cuando estamos en casa de dos mutantes gatos Mikey—La tortuga pecosa simplemente sonrió y siguió haciendo su misma mímica sin importarle nada. Parecía que el plan de Jul y Clarise había tenido resultados inesperados, aterradoramente inesperados…

Había muchas cosas que molestaban a Rafael y una de esas era beber justo del agua de la que había dicho que no bebería. El joven ninja había dicho tantas veces a la pelirroja que él no caería en ese juego de los celos, que se sorprendía de haber salido de la guarida para ir directamente a uno de los edificios cercanos a la casa de la kunoichi en entrenamiento, solo para saber qué se traía Casey. Se dio un leve golpecito en una pared cuando los vio platicando tranquilamente.

—¡Ya me parezco a Donnie!—dijo con molestia, pero de pronto algo le llamó la atención: una chica espiaba oculta el encuentro de los dos jóvenes. Abril parecía haber volteado varias veces a ese lugar presintiendo que estaba siendo espiada, así que Rafael sonrió pensando que se desquitaría con alguien por la molestia que sentía.

Tomó una piedrecilla y la hizo caer en la dirección donde la chica se escondía, con ello tanto la pelirroja como su mejor amigo se pusieron en guardia y el ninja de la bandana roja se dispuso a observar el espectáculo cubierto por las sombras de la noche, sin embargo la ágil chica subió a la escalera de servicio sobre ella y se escondió en el marco de una de las ventanas.

—Eres buena—Admitió el dueño de las sais, el cual decidió complicarle más las cosas a aquella entrometida chica, arrojó otra piedrecilla cercana a la ventana donde estaba oculto su objetivo y vio con satisfacción como ella se apresuraba a abrir la ventana y escabullirse en el interior del lugar, para en seguida imitar el sonido de un gato. Tanto Abril como Casey se dieron por bien servidos con esto y el ninja de ojos verdes asintió pensando que ella parecería un rival divertido, así que en cuanto los dos humanos regresaron a charlar despreocupadamente en los columpios de siempre él se acomodó en la escalera de servicio para esperar a la escurridiza chica de mechón rojo.

Rafael estuvo a punto de dejarse caer en el engaño cuando la vio asomada de la ventana de unos departamentos más arriba, al parecer el ninja temperamental había sido descubierto, sin embargo esta presa se ponía cada vez más interesante. El de bandana roja se movió ágilmente y se escondió en el callejón al lado opuesto del edificio.

Apenas tuvo tiempo de esconderse cuando la chica salió presurosa por uno de los departamentos y Rafael se lanzó contra ella.

—¿No te han dicho que espiar a las personas es de mala educación?—dijo él mientras peleaba con la chica

—Había escuchado que Nueva York era una ciudad llena de sorpresas, pero nunca pensé toparme con alguien como tú ¿Qué rayos eres? ¿Una rana?—la chica sacó su navaja en forma de lápiz labial

—Odio que me confundan con una rana—el ninja temperamental atrapó la muñeca de la chica con su sai y la tumbó al piso—Tortuga para tu información… tortuga ninja—dijo el fornido muchacho mientras veía a la joven ponerse de pie de un solo salto

—¿Y esta tortuga tiene nombre?—la jovencita le sonrió pícaramente a Rafael que la miró extrañado—Discúlpame, fui descortés, debí presentarme antes, soy Laquesis—la chica lo atacó con una serie de movimientos cortos pero rápidos y fuertes con lo que logró tumbarle una sai a su contrincante.

—Rafael, pero tú puedes solo pedirme clemencia—el de ojos verdes le arrojó su otra sai y cuando la chica la desvió él la tumbó al piso de nuevo.

—Raphie…me gusta—la chica utilizó un tono seductor para pronunciar esto y el ninja se sintió extrañado, así que ella le arrojó tierra a los ojos. El ninja de bandana roja gruño con dolor y abrió los ojos en cuanto pudo pero la extraña chica había desaparecido junto con su navaja.

—Odio que me digan Raphie más de lo que odio que me digan rana—el ninja tomó sus sais del piso y buscó a la chica a su alrededor, pero no pudo verla, resopló molesto, el tiempo se le acababa y debía de ir con Leo. El ninja pateó una bote de basura y se encaminó a aquel enorme departamento, cuidando de no lo siguieran, al parecer Leo tenía razón en estar preocupado después de todo, pero no le daría el gusto que lo escuchara decir "Tenías razón"

Ya llevaban un buen rato en el camino de regreso. Cirse sabía que Donnie podía ir más rápido, pero ella sentía que el joven había bajado el ritmo para evitar que el tobillo de ella saliera más perjudicado.

A Jul no le molestaba ir a paso lento, al contrario, se sentía tranquila y resguardada por el chico al que tanto quería, sin importar que solo fuera un gesto de amabilidad, estar a su lado la hacía feliz.

—Puede que tarde algunos días en regresar a ver a Mikey, era cierto eso de que Leo me encomendó algo y estaré ocupado, pero no quiero que pienses que es porque te estoy evitando—le aclaró el ninja de los ojos cafés a la gatita, que disfrutaba estar tan cerca de él sin tener que decir mucho

—De hecho salí de la guarida a escondidas, así que solo te dejaré en el balcón o me arriesgaré que Leo me sermonee por salir así de la guarida—el joven se movía con cuidado y se sentía extraño con los brazos de la felina rodeándole los hombros, pero confortable.

—¿Y veniste sin permiso para hablar conmigo?—dijo ella sorprendida y el genio se sonrojó

—Es que nunca te pedí tu número de teléfono, así que no tenía otra manera de contactarte—dijo él con una sonrisa nerviosa. La chica tomó el T-Phone del genio de su cinturón mientras aun iba a sus espaldas y cuando lo abrió lo primero que vio fue aquella foto en la que ella como humana mandaba un beso a la cámara. La felina miró la imagen algo impresionada y se quedó callada de pronto.

—E-es mi prometida…bueno…era…—Explicó Donnie al notar lo impresionada que se veía la gatita—Murió hace poco…—continuó él con una profunda tristeza en la voz. Ambos llegaron al techo del edificio departamental. Cirse bajó de su caparazón y lo contemplo sin saber exactamente qué debería de hacer

—L-lo siento mucho…—la chica acarició la pantalla pensando en que no podía decirle y hacerlo sufrir aun más

—Yo…yo…No sé que debería decir—la chica recorrió el rostro del genio y observó esa misma expresión que él tenía aquel día en el cuarto minimalista

—No te preocupes, yo… yo tampoco sabría que decir en tu lugar—el chico tomó su teléfono y comenzó a teclear para introducir el número. Cir sintió una gran opresión en el pecho al verlo en ese estado, ella simplemente no soportaba verlos deprimido y debido a ello su fuerza de voluntad flaqueo: se vio tentada a tirarse a sus brazos para contarle todo, sus manos se movieron lentamente para intentar abrazarlo, consolarlo. Lo necesitaba tanto, lo extrañaba tanto que momentáneamente no pensó en las consecuencias o no le importaron…

—Donn…—Fue interrumpida porque el chico la movió rápidamente y la escondió detrás de un puesto de vigilancia, tal vez construido en otros tiempos para reforzar la seguridad del edificio, pero al día de hoy abandonado. La inteligente tortuga la aprisionó contra una pared ocultándolos a ambos entre las sombras y causando que Jul lo mirara completamente sorprendida.

—¡Shhh! es Rafa, no quiero que nos vea—dijo muy bajito a la orejita de la gatita y ella sintió como un escalofrío le recorría la espalda al sentir a su adorada tortuga tan cerca de ella. La mano de la de pelaje negro quedó posada en el palastron de él y la mano de él se había quedado en la cintura de ella después del rápido movimiento. Ambos permanecieron inmóviles en espera de que el ninja de rojo entrara al departamento, así que Jul pudo sentir claramente como el corazón de Donnie se aceleraba más y más al pasar de los minutos.

Jul cerró sus ojos tratando de distraerse de esa inquietante proximidad, pero aun así podía percibir su aroma, eso la ponía un poco nerviosa y al mismo tiempo feliz, muy feliz. Así era como más lo recordaba, vino a su mente esa ocasión en que la abrazó por vez primera en el umbral de su cocina, aquel momento en que todo se borró menos él, aquel instante que atesoraba con cada uno de sus sentidos, con cada fibra de su ser.

La puerta del balcón rechinó al cerrarse tras Rafael y Cirse sintió como Donnie pasó su rostro junto al de ella lentamente, probablemente para poder asomarse y comprobar que el de las sais ya no podría verlos. La chica abrió pausadamente sus ojos, pero se sorprendió al darse cuenta que él la miraba atentamente a esa acorta distancia. Jul se quedó en silencio y solo lo miró de vuelta

—¿Por qué cerraste los ojos?—preguntó el genio suavemente, tan cerca de la chica que ella no podía evitar temblar ligeramente

—E-es que n-no acostumbro tener a n-nadie tan cerca—la joven actuaba tímida y apenada, con lo que el ninja de bandana morada empezó a sonrojarse, se perdió por un segundo en su dulce mirada y pensó para sus adentros que los pupilentes no le sentaban bien, hacían parecer falso ese tono verde que él solo había visto antes en su hermano temperamental, un instante después parpadeó para luego mirar a otro lado, no quería incomodarla más de lo que ya lo había hecho.

—¡Ho! disculpa—el genio se alejó con prontitud, sin embargo la felina lo siguió con la mirada y en un sorpresivo movimiento tomó de nuevo el celular de las manos del muchacho. Sin dejar pasar ni un segundo marcó su número y esperó hasta que su propio celular timbrara con una tonada alegre que al genio le pareció familiar, sin embargo antes de que él tuviera tiempo de identificarla ella colgó.

—Listo, ahora yo tengo tú número y tú tienes el mío—La gatita le regresó el pequeño aparato a un Donnie pensativo que aun trataba de descubrir por qué esa canción le parecía tan familiar, no obstante detuvo sus pensamientos al darse cuenta que ella comenzó a dar media vuelta para irse.

—¡Espera!—el chico tecleó rápidamente en su celular y cuando ella se giró para verlo aprovecho y le tomó una foto que examinó brevemente, había algo en esos hermosos ojos que hacia que le parecieran discordantes con el resto de la imagen.

—Debiste decirme, me hubiera gustado arreglarme antes—La felina hizo el clásico ademán de un gatito bañándose con ayuda de su patita delantera y se rio un poco.

—¿Tú no tomarás una?—el ninja se sonrojó de nuevo, sin embargo no parecía incómodo porque hizo el ademán de hacer una pose. Ella asintió para luego sacar su teléfono y prepararse para disparar la foto.

—Me gusta la idea, así tendré pruebas de que desobedeciste a Leo y puedo chantajearte—Cirse sonrió pícaramente y en el momento en que el genio puso cara de asustado ella tomó la foto, le encantaba como se veía así.

Él trató de quitarle el celular y ella disfrutó que pudieran juguetear un poco, como verdaderos amigos, y aunque sabía que más que porque fueran amigos todo se debía a la magia del momento, no quiso detenerse a pensar demasiado en eso, pues él podría quitarle el aparato si ella se distraía pues era muy ágil e inteligente y no estaba dispuesta a entregar la foto, así que terminó por esconder el aparato entre sus ropas con lo que Donnie había perdido toda oportunidad de borrar la imagen sin ganarse una merecida cachetada. El joven de ojos cafés la miró mal fingiendo una rabieta y extendió la mano para que ella le entregara el celular, pero la jovencita negó mientras ponía cara de inocencia

—Prometo que no se la enseñaré a nadie pero…pero quiero algo a cambio—la chica sonrió y desvió traviesamente la mirada.

—¿Qué?—Donnie torció la boca en una sonrisa juguetona y bajó la mano en señal de estar dispuesto a escuchar las condiciones de la felina

—¿Cuando estés triste podrías llamarme?—Jul se volvió a verlo tiernamente y el chico no pudo disimular lo extrañado que se sintió con esa propuesta, por lo que la jovencita de pelaje negro procedió a explicar, un tanto apenada, sus razones

—Prefiero que te enojes conmigo a que estés triste— dijo al fin la de ojos verdes que había dejado de sonreír y lo veía casi suplicante, mientras sus dedos comenzaban a jugar nerviosamente con su cola. Donnie sintió que el corazón le dio un brinco con eso: esas palabras, esa actitud, esa expresión hacían ver a la gatita tan sincera y adorable que él se sintió desarmado ¿Cómo decirle que no después de que ella se había preocupado así por él? Jul bajó la mirada y sin esperar la respuesta comenzó a dar media vuelta

—Creo que ya debo de regresar, Leo debe de estarme esperando para irse ¿Quieres que lo entretenga para darte tiempo?—La gatita de ojos verdes comenzó a dar pasos suaves y pausados para evitar lastimarse, así que no pudo ver la expresión en el rostro del genio, que al principio de la frase reflejó de nuevo el sentir de ese nudo en el estómago que lo hacía molestarse cada vez que ella pronunciaba el nombre de su hermano mayor, pero que cambió de inmediato, pues esta vez sintió desvanecerse todo cuando la felina dejó ver claramente sus intensiones de ayudarlo a escaparse de un seguro sermón por parte del líder.

—¿Harías eso por mí?—El chico de ojos marrón no pudo evitar dibujar una pequeña sonrisa boba y ella asintió mientras se giraba para poder verlo.

—¿Cuánto tiempo necesitas?—La expresión de Jul era de una dulce complicidad, como la de una niña que ayuda a su amigo a hacer una travesura.

—20 minutos… no… no, que sean 15… sí con 15 bastará—dijo él pues tampoco quería que ellos pasaran aun más tiempo juntos.

—Dalo por hecho—La de ojos verdes continuó su camino con paso calmado y cuidadoso hasta llegar a la orilla de la azotea—Adiós Donatello—dijo mientras hacía con la mano la seña de que le llamara. Después bajó con cuidado al balcón, buscando no lastimarse más el tobillo y el genio se quedó mirando desde un rincón obscuro hasta que ella entró al departamento. No fue hasta ese momento que se dio cuenta: ella había derrumbado todas sus defensas, cuando estuvieron juntos él no dudó ni por un segundo que fuera sincera y nunca se preguntó con qué intenciones estaba haciendo lo que hacía.

El ninja se dio una ligera palmada en la frente mientas pensaba "¿Cómo pudiste caer así de redondito?" Se reprendió a sí mismo por dejarse engatusar de esa manera, parecía que ella tenía un gran talento para hacerse ver así: dulce, tierna, sincera… pero él no debía confiar tan fácil, no tenía pruebas de que ella fuera honesta, así que como buen científico debía de esperar a tener algo que comprobara o descartara su teoría.

El chico suspiró, examinaría de nuevo todo el encuentro en la guarida con la cabeza fría, tal como nunca podía hacerlo cuando estaba con esa chica, pero ahora debía de irse, o Leo lo descubriría. El joven se fue a toda prisa del lugar y con toda la cautela que sus años de entrenamiento le permitieron, sin embargo sus pensamientos aun se desviaban a esos ojos verdes, a esa tonada, a esa sonrisa… Jul tenía algo y él lo descubriría a como diera lugar.

Espero que este capítulo compensara la larga espera para que volviera a actualizar. Discúlpenme si tiene muchos errores, pero la verdad está enorme el documento y aunque lo revisé varias veces, simplemente mi fuerza de voluntad no es tanta como para revisar más de lo que ya lo he hecho. Como de costumbre los invito a que me envíen sus comentarios, críticas, sugerencias, cachetadas virtuales, felicitaciones, quejas, notas de psicólogo o lo que ustedes gusten. Recuerden que no solo escribo porque me gusta, sino también para ustedes. Los leo en el próximo capítulo. Besos