Benvenidos sean al capítulo 30, espero que pasaran unas felices fiestas otoñales (aquí en Monterrey principalmente se festeja Halloween, que es mi fiesta extranjera favorita, y muy pocos festejan el día de muertos, que es mi fiesta mexicana favorita) Hoy les traigo un capítulo que disfruté mucho escribiendo aunque está algo largo. Ojalá y les guste

raphaelblue62: Debo admitir que lo sexi en Rafael no es merito mío, el ya venía así de paquete. Yo solo le agregué un pequeño toque pícaro no apto para niños, pero la mayor parte ya le pertenecía a la temperamental tortuga. Creo que este capítulo te gustará porque trata algunas de las cosas que señalaste en tu review pasada n_n

L.M Burton: Jijiji, pues sí Rafa es todo un pillín y es que no podía imaginármelo de otra manera en una relación de pareja. No pienso que él sea del tipo meloso, pero sí creo que dejaría muy en claro su interés sin dejar lugar a dudas, así que consideré que esta sería la mejor manera. Además él es decidido, directo, no se anda por las ramas, es por eso que lo puse así. En cuanto a lo de Donnie, qué puedo decir… hacerlo sufrir se ha vuelto uno de mis pasatiempos, es que es divertido, pero eso no significa que se dejará todo el tiempo. Gracias por notar que Clarise también tiene sus movimientos de astucia, me alegra que te gustara

Bittersweet: ¡Gracias por la felicitación! Me legra que te resultara tan divertido el capítulo anterior. Este no contiene tanto material de celos pero explica mucho del trasfondo del personaje de Cirse y despeja algunas dudas. Debo admitir que estaba un poco nerviosa con lo de la cachetada, después de todo siempre he cuidado que el fanfic se mantenga en un nivel casi tirándole a inocente y poco a poco he querido irlo subiendo de tono, pero no sabía como tomarían el que Jul se molestara hasta llegar a eso, me alegra que igual te gustara. Siempre he considerado a Donnie como alguien estable, con muchas raíces por el hecho de que basa su vida en la razón más que en las emociones, así que por eso he reflejado ese estrés y renuencia que siente hacia Jul, lo asusta sentir más de lo que piensa :P

leirbag7: Gracias por lo de la mente perversa y Maquiavélica, era justo lo que quería dar a entender de Clarise. Me alegra mucho que te guste el manejo que le estoy dando a la relación de Abril y Rafa, y es que coincido contigo en que creo que el hermano temperamental sería el menos meloso de los cuatro, pero eso no quita que quiere con mucha intensidad, es directo y creo que no dejaría lugar a dudas de que es lo que espera de su pareja, incluso creo que presionaría un poco pero sin llegar a acosar, siempre bordeando entre la línea de lo correcto y lo irreverente, para mi ese es el reto más grande de la personalidad de Rafael. En cuanto a Donnie y sus interpretaciones con Leo, la verdad sé que me aprovecho de eso de que "vemos lo que queremos ver" y creo que él es de esas personas, trata de ser racional pero en cuestión de sentimientos no creo que sepa como manejarlos, y es por ello que lo he puesto hecho todo un lio con Jul, que le saca todas las emociones al flor de piel sin que él pueda resistirse n_n o por lo menos es lo que trato de reflejar. Espero que este capítulo te guste, hay una escena en la que te tuve muy presente

leonelita: Que bueno que pude aclararte tu duda, ojalá y este capítulo también te resulte emocionante. Gracias por seguir leyendo

Lo lei todo: Lamento mucho que no te gustara mi fanfic, pero te invito seguir leyendo las obras de otros autores, seguramente encontrarás alguno que sea de tu agrado.

Yesenia000: Tanto sin saber de ti, que bueno que regresaste a leer, extrañaba tus reviews. Me alegra que te gustara el toque humorístico de cuando Clarise le señala a Jul la desnudez de las tortugas. Ojalá y puedas darte una vuelta por los demás capítulos, aun hay mucho que ha pasado y una que otra puntada chusca que ojalá te guste.

Sin más por el momento, aquí está el capítulo 30

AUN ME HACES FALTA

Era tarde, mucho, pero una vez que su hermanito al fin en casa, quiso salir a probar suerte. Saltó por los tejados y terminó por sentarse en una cornisa. Una silueta seductora se acercó a él por la espalda, aquellos pasos se esforzaron por ser cautelosos, tranquilos, despiadados. Lo miró como un león apunto de cazar a una gacela y sonrió con satisfacción

—Te has vuelto descuidado—aquella elegante voz fue antecedida por el sonido de una espada siendo desenvainada

—¿De verdad lo crees?—No le dedico ni siquiera una mirada, dejó que lo amenazara con aquel filo despiadado sin mover un músculo, sin inmutarse

—¡Claro! Pude emboscarte sin ningún problema—la chica volvió a enfundar su arma con un movimiento ágil y luego se sentó junto a él

—¿Y qué te hace creer que estoy en este preciso punto por casualidad?—Sus profundos ojos azules la recorrieron con algo parecido al cinismo y luego regresaron a ver la luna.

—Mi padre tiene razón, eres joven y arrogante—aquellas palabras provocaron que el chico la mirara con desdén

—¡Ya te dije que él no es tu padre!—replicó el ninja masticando con inconformidad aquellas palabras que reflejaban como lo hacía sentir la continua negación de la kunoichi al hecho de ser la hija mayor del clan Hamato

—¡No puedo creer que insistas en eso! ¿Por qué deseas tanto echarte la soga al cuello?—la jovencita subió el pie a la saliente para poder apoyarse coquetamente en su rodilla—¿O quisieras que fuera…solo tu hermana?—aquello fue suficiente para que el chico frunciera el ceño insatisfecho se volvió a verla y aproximó su rostro al de la joven.

—No serías solo mi hermana… al menos no de sangre no—paseo sus tres dedos verdes por aquella tersa piel y luego tocó con suavidad el par de labios rojos que sonrieron maliciosamente

—¿Ah no?—la chica tomó sin delicadeza la mano que la acariciaba y jaló al joven para poder ver más de cerca esos profundos ojos azules cuando diera la estocada final con sus afiladas palabras—Entonces Leo ¿De quién crees que sacaron tus hermanos y tú su ADN humano si no fue de él—el de azul volteó el rostro, como queriendo negar aquello, pero sabiendo a la perfección que no podía. Se soltó de la chica y se puso de pie.

—Debo irme, no quiero que nadie note mi ausencia—intentó dar un pasó pero la chica se lo impidió recargándose en su hombro con actitud seductora

—¿Qué pasa? ¿De pronto te pesa seguir la senda de la rectitud y el honor?—los delicados dedos envueltos en aquella tela negra acariciaron la bandana azul que ondeaba con el viento—Esa es una de las cosas por las que no puedo creerte, si lo hiciera tendría que pensar tan mal de ti. Solo alguien dispuesto completamente a perder su honor se atrevería a ver a su propia hermana como tú me ves a mí—El chico se volteó a mirarla desafiante y ella delineó con su dedo índice el contorno de su mentón mientras lo veía de manera tan sugerente que el joven líder pudo sentir como el rostro le enrojecía poco a poco

—¡Piensa lo que quieras!—La besó sin más y la atrapó entre sus brazos por la cintura pegándola más a su cuerpo. Ella no solo lo permitió, sino que intensificó el beso probando con descaro el interior de esa boca húmeda que se entregaba a alguien por primera vez. Una de las enguantadas manos se apoyó en la nuca del chico mientras que la otra se encargaba de guiar los dedos del joven de la cintura a la cadera de la chica, al tiempo que la pierna de la Kunoichi se enganchaba a la cadera del ninja para dejarse acariciar.

Leo la apartó de inmediato y dio por terminado el beso dando un par de pasos hacia atrás, aquello había sido muy intenso, demasiado. El chico la miró desconfiado un segundo y luego se pasó los dedos por los labios.

—¿Me envenenaste?—preguntó mientras examinaba la saliva que había limpiado de aquellos labios que aun podían sentir el agradable cosquilleo de al fin haber hecho lo que tantas veces desearon. La jovencita soltó una carcajada, lo que provocó que el líder se sintiera algo bobo por preguntar aquello.

—¡No, tonto!—contestó ella limpiándose la comisura de boca—hice algo peor—él la miró con el ceño fruncido—te dejé probar lo que se siente hacer lo que realmente quieres Leo, lo que significa dejar de ser el niño bueno ¡Quién sabe!... Tal vez ahora que lo sabes, dejes esa tonta idea de ser el paladín de la justicia—El chico nunca en su vida había usado prendas más allá de las vendas, protectores y bandanas que se ponía cada mañana, pero no fue hasta esa noche, que por primera vez entendió aquella expresión que dictaba que te desnudaran con la mirada. Ella lo observaba de una forma que jamás en su vida imaginó que pudieran verlo y aunque no podía negar que le fascinaba, bien sabía que no debían continuar. Aquel camino estaba prohibido, si es que aun quería conservar un poco de honor. El chico se fue de ahí sin decir una palabra más, sin dedicarle un pensamiento más porque sentía que ni toda su disciplina podría salvarlo de sí mismo si lo hacía.

Las dos hermanas iban rumbo a la guarida de las tortugas, aquel era un día muy importante para la mayor. Su atuendo lo delataba pues en esta ocasión vestía algo diferente a lo que usaba todos los días. Sacó del fondo del armario un vaporoso vestido blanco muy formal, que llamó la atención de la menor y hasta alguna que otra burla. Aun así, Jul trataba de ser paciente, el día lo ameritaba, sin importar las trabas con los que se había topado tratando de arreglar por teléfono el problema de su examen, al final no hubo mucho que se pudiera hacer pero trataba de mantenerse serena.

La escuela se había lavado las manos alegando que las instrucciones eran claras y debido a que la alumna fue quien cometió el error, ellos no podrían intervenir más allá de eliminar el historial de la materia del cardex para que esta no afectara el promedio general de la chica. "Gracias" fue con lo único con lo que agradeció la jovencita, aunque a decir verdad eso no le ayudaba en mucho. Tendría que volver a llevar curso, presentar cada trabajo y tarea de nuevo. Eso era una pesadilla para la chica pero no le quedaba otra más que aceptarlo. Los reproches y berrinches los dejaría para después

Aun tratando de mantener una buena actitud tuvo que soportar a su hermana menor que no se cansó de burlarse de que un libro fuera lo único que le diera el genio después de tremenda pela.

—El ñoño tenía que ser—dijo burlona y la otra solo la miró molesta.

—No lo llames así, es un lindo detalle… no tiene nada de malo—argumentó mientras bajaban para entrar a las alcantarillas

—Sí, tienes razón, lo tomaré en cuenta para tu regalo de navidad: nada más tierno que regalarle a Jul algo inútil, seguro eso te conmoverá hasta las lágrimas—La gatita menor ni siquiera esperó a que su hermana le contestara por eso, salió corriendo por los túneles a toda velocidad dejando a la otra completamente molesta

—¡Al menos Donatello no me arrojó ningún globo de agua a la cara!—gritó la de ojos verdes aunque bien sabía que ni siquiera sería escuchada. La chica de pelaje negro continuó su camino sin mucha prisa, después de todo nada ganaba con salir corriendo detrás de la traviesa minina blanca y no quería discutir, ese día no, así que cuando llegó a la puerta de la guarida y vio al genio en la sala viendo un documental de Corea del Sur no pudo menos que sonreír. Se aproximó al chico con todo el sigilo posible, pues seguramente él ya esperaba que ella llegara considerando que su hermanita se le había adelantado.

Llegó hasta la espalda del ninja sin que él volteara, pero de pronto supo que él se había percatado de su presencia desde un principio

—Espiar a alguien es de mala educación en muchos países ¿Sabías?—Donnie ni siquiera despegó la vista de la pantalla, era obvio que la había descubierto desde hacía un buen rato.

—No te estaba espiando—la de pelaje negro dejó escapar un suspiro de cansancio que delató su falta de interés en discutir, se dejó caer en el sillón junto a la tortuga, no obstante el chico de bandana morada no parecía dejarla que se saliera con la suya

—¿Ah no? ¿Entonces porque intentaste no hacer ruido cuando entraste?—la chica pasó una de sus manos por el caparazón del esbelto joven y le puso un papel en el contenedor donde normalmente guardaba su bo, lo que provocó que este volteó curioso. Le llamó la atención no verla con su usual vestimenta y la examinó curioso por unos segundos

—Es una sorpresa—el chico se esforzó por mirar que era a lo que la ella se refería, pero lo único que consiguió fue que la gatita le sonriera con dulzura para luego ponerse de pie e ir directamente al cuarto del menor de los Hamato a buscar a su hermana, dejando al pobre chico de bandana morada completamente intrigado

—¿Y a esta que le pasa?—se quedó mirando desconcertado la dirección en la que ella se marchó —¿Desde cuándo es tan confianzuda conmigo?—trataba de molestarse con ella pero de alguna manera no pudo evitar que una sonrisa llena de ternuara se dibujara en sus labios por un breve instante—Está loca—concluyó más abochornado que enojado, contrario a lo que hubiera querido. Rafael entró entonces a la sala

—¿Y apenas te vas dando cuenta?—comentó el chico de ojos verdes mientras tomaba el control remoto y le cambiaba a la tele

—¡Oye! Yo estaba viendo eso—se quejó el genio

—Estabas, del tiempo "ya no es" y del presente de "¿quieres que te patee el caparazón?"—contestó el rudo con actitud petulante a lo que el de ojos marró solo exhaló frustrado, luego trató de alcanzar el papel que la jovencita había dejado en el lugar donde normalmente descansaba su arma pero le era imposible

—Hay olvídalo ¿Podrías pasarme el papel que está aquí?—el genio señaló el lugar y su hermano mayor lo miró con algo de fastidio

—¿Si lo hago te callarás y me dejarás escuchar la televisión?—

—Si lo haces no cortaré la señal por no dejarme ver mi documental—contestó el más alto

—¡Ash!—se quejó el otro, pero al final de cuentas sacó el papel solo para arrojárselo con fastidio al de morado—Servido estás, ahora cállate que esta es la mejor parte—el de rojo dirigió sus ojos a la pantalla pero no podía negar que tenía curiosidad de saber qué decía la dichosa notita. De pronto Donnie dejó salir una risa estúpida y volteó a ver el pasillo por el que se había ido la chica

—¿Qué? ¿Te retó a un duelo o algo así?—preguntó el de ojos verdes mirándolo de reojo

—No es nada—El esbelto muchacho intentó guardar la nota en su cinturón, pero el mayor se la arrebató para poder verla, la leyó y simplemente no pudo entender nada

—¿Qué carajo es esto?—alejó la nota para que su hermano menor no pudiera recuperarla. En el papel podía verse con una caligrafía casi de niña de primaria el siguiente texto "En el mundo solo hay 10 tipos de personas: las que saben binario y las que no… Gracias por el libro"

—Es solo un chiste—comentó el genio que al fin pudo recuperar el papelito. Rafael hizo una trompetilla

—¿Un chiste de que no sabe contar? Le faltaron otros 8 tipos—

—Ese es el chiste, en binario 10 es 2—explicó el de ojos castaños con un evidente tono de fastidio

—¡Eso es lo más estúpido que he escuchado!—dijo al fin el de rojo para volver a ver su programa sin intenciones de escuchar la explicación de tal cosa, pues sabía que de todas maneras terminaría por parecerle la cosa más ñoña del mundo. En cambio el genio solo se paró y se fue a su laboratorio.

Esa niña siempre pareció tener atole en las venas. Mientras que a otra hubiera tenido que obligarla para que aprendiera las cosas necesarias de oficio de asesina, Laquiesis era completamente diferente. Le preocupaba poco el peligro y mientras más riesgosa fuera la situación se sentía más feliz de ejecutarla.

Su maestra tenía la teoría de que se esforzaba demasiado en demostrarle que podía serle de utilidad, aun cuando la mujer no tenía inconvenientes en dedicarle la paciencia que la chiquilla requiriera para estar lista para su primera misión. Con que fuera discreta hasta entonces le bastaba, pero la mocosa esa se desvivía por aprender y cumplir las expectativas que se tuvieran de ella, si era posible, incluso quería superarlas, así que no le sorprendía que ahora se comportara como un Leon enjaulado por sentirse burlada y humillada.

Una simple muchachita se le escapó de las manos y ahora no podía hacer más que esperar a que los preparativos para el nuevo plan estuvieran listos.

—Deberías de salir a algún lado, si sigues dando vueltas le vas a hacer un hoyo al piso—dijo la mujer de cabellos negros y aprendiz le sonrió

—¿Qué? ¿Me vas a invitar a algún lado?—la jovencita de ojos grises se sentó a la mesa despreocupadamente pero su maestra no pareció prestarle mucha atención.

—Lo siento, hoy ya tengo planes—La mujer sacó del armario una mascada blanca y unos guantes del mismo color.

—Debe ser una fecha importante, normalmente no te vistes con ese tipo de ropa—la chica empujó hacia atrás la silla para mecerse en las patas traseras.

—Lo fue hace algunos años—comentó Morta con una sonrisa triste y fue entonces cuando a Laquesis le pasó una idea por la cabeza

—Jesa—pronunció con acento Coreano para después mirar con un poco de preocupación a su maestra—¿Es hoy?—preguntó un poco temerosa, la mujer asintió con una sonrisa lastimera

—¿Supongo que irás a visitar su tumba no?—preguntó la jovencita mientras la mujer abrió la puerta

—Sí—fue lo único que dijo en un tono inevitablemente triste

—¿Quieres que te acompañe?—dijo apresuradamente la chica pero su maestra negó con la cabeza calmadamente

—Ya estoy grande para chaperonas, pero gracias—la puerta se cerró y la chica de ojos grises suspiró pesadamente

—A veces no la entiendo, no soporta las costumbres de los coreanos y aun así las recuerda como si hubiera crecido con ellas—la chica dejó de mecerse en la silla para después ponerse de pie y buscar en su armario su chamarra, ya era invierno, una de sus épocas del año favoritas y en pocos lugares se disfrutaba tanto como en Nueva York, con todas esas decoraciones, esas luces y el olor a pay de calabaza y manzana—Bueno pues…supongo que no hay mucho que pueda hacer aquí adentro, así que iré por uno de esos pays—Apagó las luces de la lujosa habitación y se detuvo a verla por un segundo pensando que tal vez después de que Morta encontrara lo que tanto ansiaba así terminaría su vida, sola, llena de lujos, pero completamente vacía—Realmente a quien le importa—trató de fingir indiferencia y cerró la puerta con un tinte de molestia para ya no pensar en eso.

La verdad es que Rafael tenía razón, aquel era uno de los chistes más sosos del mundo informático, pero verlo en esa letra y que ella al menos se hubiera molestado en buscar algo especial para él, hacía esa nota mucho más especial de lo que él admitiría nunca.

La miró por unos momentos para luego sacar el amuleto. Los dos tenían algo en común que él jamás había analizado: ambos revelaban que quien hizo aquellos trazos no parecía tener mucha practica en el entramado de letras. El chico recordaba a la perfección las hojitas que resguardaban aquellos problemas trigonométricos y aunque las líneas parecían remarcadas con un excesivo cuidado, dejaban en evidencia que el pulso de su autor no era bueno, además que la punta del lápiz o lapicero solía dejar surcos en el papel, algo muy común en los niños que tienen muy poco tiempo de haber aprendido a escribir.

—¿Será que su mano está en rehabilitación por algo?—se preguntó en voz baja y ahí fue cuando reaccionó, estaba ocurriendo de nuevo. Esa chica otra vez le causaba curiosidad, intriga, era un enigma al cual no podía resistirse, porque todo enigma merece ser resuelto y a él no había nada que le gustara más que eso: encontrar respuestas a las preguntas, esclarecer situaciones y crear soluciones.

Suspiró con fuerza y se recargó en el respaldo de su silla mientras movía las piernas para mecerse de un lado a otro con suavidad. De pronto se paró frente a uno de sus pizarrones y comenzó a repasar mentalmente todo aquello que le causaba esa sensación junto a la felina negra, lo que causó que una idea descabellada le pasara por la cabeza: resolvería el misterio de la gatita negra basándose en el procedimiento científico.

Después de la palabra hipótesis el chico golpeó un par de veces con el gis sin saber a ciencia cierta qué poner. Miró pensativo a un lado y tomó uno de sus libros de investigación cualitativa. Él no gustaba mucho de estas metodologías poco exactas en casos generalizados, pero no podía negar que en situaciones específicas solían profundizar mucho más que los métodos cuantitativos que se basaban más en tendencias estatitificadas y representativas de una población dada.

Era evidente que Jul no era como el promedio, entonces ¿Para qué hacer uso de una metodología que lo único que arrojaría sería que ella no se comportaba como las métricas dictaban?

Pasó las hojas con rapidez y luego detuvo el camino de estas en seco. Conocía cada libro de su biblioteca a la perfección y tenía una idea bastante precisa de qué era lo que buscaba. Luego de detenerse a repasar un segundo lo que seguramente ya sabía de memoria, regresó a trazar con la tiza al desgastado pizarrón.

"Preguntas de investigación" anotó sabiendo que en los métodos cualitativos ir de lo general a lo específico era mucho más eficiente. Luego fue colocando una a una las cosas de esa chica que lo intrigaban. Pasó largo rato escribiendo, no se había dado cuenta que eran tantas las cosas que le causaban curiosidad. Junto a estas preguntas colocó el amuleto y la nota. Finalmente se decidió a plantear su hipótesis "Conozco a Jul de alguna parte". Miró por un rato lo que había escrito y finalmente se rio incrédulo

—¿De dónde rayos podría conocerla?—dijo en tono casi burlón para luego acercar el borrador a la hipótesis que le pareció tan descabellada, pero observando cada una de sus preguntas se dio cuenta que era la teoría más lógica. Después de esto colocó un asterisco junto a la oración y en gis rojo trazó otra pregunta "¿Quién fue Jul cuando era humana?"

Sabía que la jovencita de no mayor a 17 años había viajado mucho para su edad, que era la hermana mayor, que había tenido roces con la alta sociedad Neuyorkina pero no había mucho más que supiera de ella. Tal vez había sufrido un accidente en el que había perdido al resto de su familia, eso sería consistente con una lesión en la mano, que explicaría por qué su caligrafía era casi infantil. Hizo una mueca de molestia

—No… las suposiciones no son más que simples especulaciones de una mente frágil e irracional. Tengo que investigar hechos, verdaderos hechos pero ¿Cómo?—El ninja sabía que Jul era discreta y revelaba poco de sí misma, prueba de ello era que hasta ahora tenía muchas preguntas y pocas respuestas. Miró un rato más el pizarrón donde había anotado la información recabada. Sus ojos castaños repasaron lentamente la frase "Es la hermana mayor", fue entonces cuando una sonrisa sutil se dibujó en sus labios—Clarise—dijo en tono suave.

Los hermanos son aquellos que nos acompañan los primeros años de nuestras vidas, están a nuestro lado durante nuestra infancia, viven con nosotros en nuestra adolescencia y mantienes contacto por toda tu vida. Si alguien podía darle información era la chica de ojos rubí y si era verdad lo que le había dicho el día anterior respecto a apreciarlo, ya tenía algunos puntos ganados. El genio se sentó de nuevo en su silla y comenzó a redactar las preguntas que se encargaría de infiltrar en las futuras pláticas con la chica de pelaje blanco, una nueva investigación acababa de nacer.

El lugar estaba prácticamente repleto de deportistas que iban a rendirle honores al que fue su maestro en vida, la mujer paseó su vista por el lugar pero en ningún momento logró toparse con aquellos ojos violetas que ansiaba ver. No obstante no se desesperó, sabía que ella iría, era la tradición y conociendo lo estricta que era la familia Moo la chica seguramente visitaría la tumba de su padre en una fecha tan importante como esa

No se aproximó, quería evitar que alguien pudiera reconocerla, aun cuando habían pasado tantos años era mejor no correr riesgos. Poco a poco los recuerdos empezaron a invadir su mete. Los ojos violetas no era lo único que solía heredar aquella familia, sino también tratos con demonios venían con el apellido y de los que su querido Gyan había querido escapar sin éxito.

Se habían visto por primera vez una mañana de invierno, una más fría que esta. La matriarca de la familia la contrató como guardaespaldas personal del joven heredero, pero si aquella meticulosa mujer hubiera sabido lo que eso desencadenaría, hubiera buscado a cualquier otro en su lugar. Morta en ese entonces era joven, mucho, si acaso un año mayor de lo que ahora era su aprendiz pero ya gozaba de una buena reputación como acecina. No obstante pocos podían pagar los precios que demandaba la codiciosa chica, así que cuando los Moo accedieron a pagar la escandalosa cifra que la joven puso como tarifa para sus servicios de planta, no le importó mucho dejar atrás la vida errante.

Por supuesto que aquella mirada severa en la matriarca llamó la atención de la jovencita, pero esa primera impresión no era ni remotamente comparable con el sentimiento que oprimió su corazón al conocer a ese chico apenas unos meses mayor que ella. Era engreído, grosero, petulante y aunque en ese momento no lo sabía, también era bastante cruel, pero esa sonrisa casi gélida la hizo sentir extraña. La mujer de dura mirada la dirigió al dojo donde su hijo, no peleaba con dos jovencitos, sino que los humillaba con su actitud altanera y exceso de fuerza. La mujer dijo un par de palabras incomprensibles para la joven acecina que en ese entonces aun no aprendía coreano y la pelea se detuvo.

La jovencita fue guiada hasta la presencia del chico que la barrió con la mirada. Sus ojos lo decían todo, la consideraba un ser inferior

—Gyan, ella será la encargada de tu seguridad—Morta recordaba haber hecho una reverencia muy apenas marcada, con lo que el chico frunció el ceño ante lo que las costumbres coreanas tomarían como una falta de respeto

—No la quiero, busca otra—dijo despectivo para luego dar media vuelta con desdén. La chica había hecho trabajos para personas muy importantes en distintas partes del mundo, pero nunca la habían tratado de esa manera tan denigrante. Sintió como las tripas se le revolvieron de la ira, por lo que de inmediato se quitó su chamarra nueva

—¿Qué? ¿Te intimido niño rico?—el chico se volteó a verla con cinismo

—Hazte un favor y sal por esa puerta antes de que te haga llorar, no me gusta tocar a las muertas de hambre, es agotador tener que lavarme meticulosamente para quitarme la peste—Aquellos hermosos ojos violetas la vieron con repulsión y la madre solo sonrió como cansada de presenciar algo parecido tantas veces

—Pero no habrá necesidad, aunque quisieras no podrías tocarme ¡Anda! Te reto niñito consentido y si lo logras renunciaré—Morta extendió su mano y lo llamó con la mano extendida hacia arriba, lo cual era un gran insulto para los coreanos, pues es la manera como ellos suelen llamar a los perros. El joven heredero apretó los dientes con furia y repulsión

—Ve preparando su finiquito—Ordenó a uno de los hombres en traje que andaba por ahí

—Pero si yo gano me quedaré con el puesto por el tiempo que yo quiera—los ojos azul acero de la acecina miraron al joven con actitud confiada y este solo hizo una mueca de incredulidad

—Claro—contestó confiado el jovencito que ajustó su cinturón negro a su uniforme—Como si eso fuera a pasar—agregó en voz baja mientras se dirigía al centro del área de pelea

Morta no recordaba mucho de aquel encuentro, solo que al final casi le rompió el brazo al engreído muchacho y el resto de sus empleados sacaron las armas de su cinturón para proteger al pedante muchacho, no obstante su madre quedó complacida con la demostración y a partir de ese día ella se volvió su sombra. Aprovecharon que la jovencita no tenía una edad tan diferente al joven y arreglaron que estuviera con él en todas sus clases para asegurar que el chico estuviera vigilado todo el tiempo

—Mi hijo Gyan es muy escurridizo y debo señalar que tu trabajo no será solo protegerlo, sino mantenerlo centrado en sus obligaciones—proclamó la matriarca y la chica de hermoso cabello negro solo asintió con tranquilidad, aun cuando no le gustaba del todo las dimensiones de aquella responsabilidad. Por lo que entendió, no solo sería una guarda espaldas, sino casi una niñera. No obstante poder bajarle los humos a ese engreído junior y que además le pagaran por eso, parecía interesante.

Más de una vez pelearon porque él quería irse de juerga con sus amigos y ella simplemente no podía y no quería permitirlo. Algunas veces el chico ganó pero ella encontraba la manera de manipularlo, recurriendo a amenazarlo con revelar algún evento vergonzoso o bien ofreciéndole algo que él quisiera y no pudiera conseguir fácilmente bajo la vigilancia incansable de aquella dura mujer que había sido elegida para ser su madre.

Con el paso del tiempo el círculo de amigos del prodigio del Tae Kwan Do se acostumbró a ver a la chica a su lado e incluso llegaron a tomarla como una más del grupo.

Gyan dejó de presentarla como su guarda espaldas para solo decir que era una amiga y así empezó a ser. Al petulante muchacho le gustaba entrenar con ella porque era muy buena peleando, siempre tenía un truco bajo la manga y eso le había ayudado a pulir muchas de sus habilidades. La chica incluso le enseño a utilizar algunas armas simples, algo que no se utilizaba en su disciplina. Aquello fascinó a Gyan que gustaba de amedrentar a los demás, aun cuando su linda guardaespaldas le había aclarado que aquel conocimiento solo era para asegurarse que él podría salir de situaciones difíciles si a ella llegara a pasarle algo.

El muchacho incluso llegó al extremo de sentarla a la mesa junto a él durante las comidas, con la excusa de que detestaba estar solo en una mesa tan grande. Extrañamente el orgullo joven había tomado también la costumbre de pedirle a la jovencita que le ayudara con las tareas de la escuela, aun cuando a él realmente no se le dificultaban en absoluto.

La meticulosa madre no veía muy a bien tanta cercanía entre ellos dos, no obstante lo dejaba pasar puesto que su hijo ya tenía un camino trazado y sabía el desprecio que su primogénito sentía hacia aquellos que no gozaban de su misma posición social, así que no esperaba que esas confianzas se prolongaran por mucho tiempo, no obstante el tiempo se encargó de demostrarle todo lo contrario.

Los lazos que unían a Gyan con la chica se hacían cada día más fuertes, prueba de ello fue que el joven empezó a enseñarle a la chica a hablar coreano y la instruyó en las costumbres de aquella cultura que su familia insistía en mantener en su vida cotidiana. Todo esto sin poner al tanto a la matriarca de la familia, quien seguramente se hubiera negado de manera rotunda a tal cosa, pues con ello la jovencita pudo enterarse de muchos los asuntos delicados de la familia, cosas que no se le revelaban a nadie debido a lo delicado de su naturaleza, fue así como Morta se enteró que Gyan no podía elegir a la mujer que tomaría como esposa, solo podría elegir quien no sería. También se enteró del lugar que ocupaba la familia en el bajo mundo y la gran cantidad de negocios turbios que no se asociaban al apellido Moo pero que eran financiados por ellos. Definitivamente la adinerada familia no era honorable ni bondadosa, pero de alguna manera ella ya lo sospechaba.

Poco a poco la adorable jovencita se convirtió en su mayor confidente, era una relación muy cercana, pero al mismo tiempo sumamente extraña porque peleaban con frecuencia, llegando hasta el enfrentamiento físico. Quienes no tuvieran mucho conviviendo con ellos pensarían que se odiaban, pero en cambio los amigos del joven sabían perfectamente que era todo lo contrario. Morta pronto comenzó a sospechar que pelear con ella ya no era una manera de rebeldía, sino una excusa para que él pudiera tocarla sin levantar las sospechas de su madre, porque el joven que gustaba mucho más de los golpes fuertes, con ella prefería el uso de llaves, cosa que no siempre le funcionaban pero aun así no dudaba en usar.

No conforme con ocultar todo aquello, el joven heredero había añadido una cosa más que esconder a su madre. El caprichoso chico había tomado el gustaba de colarse al cuarto de la jovencita y platicar con ella hasta tarde, después de que todos en la casa ya se habían dormido. Fue en una de esas noches que Morta obtuvo la primera pista de hasta dónde estaban llegando las cosas que ella notaba pero se reusaba a aceptar

—Quiero quitarme un problema del camino—dijo el chico tumbado en la cama de la jovencita

—¿Qué tipo de problema?—contestó ella sentándose frente al hermoso tocador que había instalado en su cuarto para que pudiera arreglarse

—Hay un chico que está metiéndose con algo que es mío—contestó con aire tranquilo el adinerado joven mientras veía fijamente el techo

—¿Te robó algo?—Morta tomó el cepillo para desenredar su largo cabello mientras pensaba que le resultaba difícil de creer que alguien de tan alto nivel socioeconómico hiciera algo así de tonto, pero bien sabía que a veces esas acciones no tienen que ver con obtener el objeto en sí, sino con demostrar que puedes burlar al otro

—No, no precisamente—Gyan se volvió a verla y comenzó a recorrerla con la mirada muy despacio, como queriendo guardar en su memoria ese momento tan privado de la vida de la chica, ese momento en el que podía verla como realmente era y no como siempre debía de aparentar

—¿Entonces?—Morta empezó a trenzarse el cabello preparándose para ir a dormir

—July ¿Qué dirías si te confesara que le interesas a alguno de mis amigos?—preguntó el directamente llamándola por ese nombre que solo le había confesado a él y que le fascinaba pronunciar, porque el simple hecho de que ella le permitiera llamarla así ya lo hacía alguien especial para la chica

—¿A qué viene eso?—Una risita boba salió de aquellos delicados labios, parecía que le habían contado un chiste muy malo, esto causó un poco de molestia en el chico. El joven se puso de pie y recargó una mano a cada hombro de la chica como tratando de mantenerla quieta para que lo dejara terminar de hablar, miraba fijamente su reflejo en el espejo y los ojos azul acero de la chica se pasearon un tanto incrédulos por ese rostro que mostraba el ceño fruncido

—Uno de ellos me dijo que le parecías bonita y que te pediría que fueras su novia—el chico seguía viéndola con actitud molesta, ella solo rodó los ojos

—¿Y tú te lo críste?—la jovencita dejó salir de su boca una risa descarada, se quitó las manos del chico de los hombros y fue a la puerta para intentar abrirla pero él la detuvo

—¿Por qué te parece tan gracioso?—preguntó el chico algo agitado y ella hizo una mueca de incredulidad

—Porque tú y la mayor parte de tus amigos tendrán matrimonios arreglados, además soy una muerta de hambre, según tus propias palabras. Ninguna de esas familias permitiría que alguno de sus adorados hijos se fijara en alguien como yo—Morta abrió la puerta pero el chico volvió a cerrarla

—¿Eso quiere decir que ninguno de ellos te interesa?—la chica dejó caer a un lado la cabeza como tratando de darle a entender al chico lo absurda que le parecía esa platica

—Deja de preguntarme cosas tontas y vete a dormir, mañana tienes examen y si no tienes una buena nota tendré que quedarme estudiando contigo hasta tarde para los extraordinarios—la jovencita hizo un movimiento con la cabeza señalándole a chico la salida pero este no se movió. Morta había empezado a cansarse de tanta insistencia, así que regresó a su cama tomó su almohada y salió por la puerta

—¿A dónde vas?—preguntó el chico mientras la seguía por el corredor

—A buscar un lugar para dormir—pero el joven la tomó de la muñeca y la arrastró de nuevo a su cuarto

—Está bien, ya entendí, no quieres seguir hablando de esto—Gyan distendió las cobijas le quitó la almohada a la chica de las manos y comenzó a caminar hacia la salida—Pero si alguien intenta propasarse contigo, de una vez te advierto que le partiré la cara—la chica le aventó un cojín pero el muchacho fue más rápido y cerró la puerta antes de que pudiera impactarlo

Aquella fue la primera vez que los dos hablaron de algo así. La chica se dio cuenta que de alguna manera Gyan había dicho que ella le pertenecía, pero no le prestó mucha importancia, para el petulante jovencito él lo merecía todo y nadie lo merecía a él, así que no le extrañaba que dijera esa palabras tan a la ligera.

Entró al dojo con la intensión de poder hablar con Leonardo respecto a aquella incómoda escena que tendrían que practicar en unas cuantas horas, pero en lugar del líder encontró a Splinter meditando profundamente. La chica pensó que sería mejor regresar después, así que dio media vuelta

—Pensé que no vendrían hoy, me alegra que al final pudieran visitarnos—el experimentado ninja permaneció en su lugar impávido sin siquiera abrir los ojos y la gatita negra tomó asiento en la típica pose oriental

—Hubo unos asuntos que nos retrasaron, me disculpo por la demora—Jul observó el lugar, al parecer las costumbres japonesas y coreanas para la meditación no eran muy diferentes

—¿Quisieras acompañarme en mi meditación? Leonardo no debe de tardar en regresar—Sensei se mantuvo quieto esperando la respuesta. La jovencita lo miró indecisa pero al final se colocó en posición. Con tanto alboroto y tareas que cumplir no había tenido mucho tiempo para dedicarle a su espíritu, por lo que consideró que ese era el mejor día para retomar aquella buena costumbre

Enderezó la espalda, tranquilizó su respiración y puso las manos en puño sobre su regazo, tal como su padre le había enseñado desde muy pequeña, no obstante la jovencita descubrió con desagrado que le era prácticamente imposible concentrarse, su mente y alma estaban en un constante alboroto que luchaba por controlar, pero le era imposible detener para contar un con un momento de paz. Minuto a minuto el resultado terminaba por ser un poco más frustrante, pues cada nuevo intento fracasaba rotundamente, llevándola cada vez a peores resultados

—Pelear con tu espíritu no es la manera en la que conseguirás tu objetivo—le dijo la voz del maestro Splinter que llevaba mirándola largo rato. La gatita negra se sobresaltó y dio un pequeño respingo, lo que solo reafirmaba lo estresada e intranquila que se encontraba, la chica se reacomodó con cuidado mientras trataba nuevamente de sosegar su inquieta alma

—Es solo que no consigo concentrarme—se excusó ella apenada al sentir que había sido descubierta cometiendo esa falla solo admisible para principiantes

—Eso es porque no tienes paz, y no la conseguirás hasta que te aceptes a ti misma tal cual eres ahora—la chica se miró las manos y luego suspiró cansada

—Pero ¿Cómo hacerlo? Me siento una extraña en mi propia piel, me miro en el espejo y me sorprendo a mi misma, mi voz ha cambiado, mi olor, todo es distinto y me siento atrapada—confeso por primera vez la chica, y es que aunque en un principio tomó todo aquello solo como un inconveniente superficial, pronto se dio cuenta que esto la había cambiado más de lo que imaginó en un comienzo—¿Cómo lo hizo usted? Cómo logró acostumbrarse a de pronto ser otro?— El hombre rata sonrió apaciblemente

—Puede que mi exterior cambiara, pero la libertad de elección siempre ha sido mía, y tú serás siempre quien decidas ser, no aquel que las circunstancias dicten. Tu aun eres la misma por dentro, solo que tu esencia se muestra distinto porque aquello que la recubre cambio, pero eso no significa que no puedas decidir qué hacer con lo que la vida te ha ofrecido, una segunda oportunidad, un nuevo comienzo—el hombre rata colocó una mano sobre el hombro de la chica—deja de despreciar esa nueva parte de ti, no eres tu enemiga. Solo así obtendrás un poco de paz—La chica bajó la vista. El ninja retiró su mano del hombro de la jovencita y salió del recinto para dejarla pensar al respecto, pues probablemente había mucho en esas palabras que le sería difícil de digerir a la chica.

Terminó en aquel restaurante japonés del que muchos le habían hablado, no era de su agrado comer sola pero después de un día entero de caminar por las calles sin rumbo fijo y con la mala suerte de no poder comprar más que un pay pequeño, decidió al fin hacerle caso a su pobre estómago. Los gruñidos que evidenciaban las horas que había pasado sin probar bocado se intensificaron apenas cruzó la puerta y aunque detestaba usar palillos chinos, tampoco le preocupaba la etiqueta, así que solo ordenaría, comería algo y regresaría a esas cuatro paredes a esperar a su maestra.

—Nuevamente comida oriental—dijo un poco decepcionada, ella no gustaba mucho de las costumbres de oriente, demasiado serios y formales para su gusto, pero comida era comida. Entró al lugar sin fijarse mucho en los clientes, solo se sentó en la barra y entregó la orden con tranquilidad

—Okonomiyaki saliendo—anunció el hombre ciego al recibir la pequeña ficha de madera, la jovencita no prestó mucha atención pues estaba algo aletargada por el cansancio y el hambre

—¿Qué hay Muracami-San?—escuchó la chica mientras bostezaba de aburrimiento

—¡Pizza Hiosa!—pronunció el chef con tono alegre y probablemente el dueño de aquella voz asintió porque de inmediato el chef comenzó a cocinar.

—Bonita coincidencia encontrarnos aquí ¿no crees chica mala?—la frase le quitó el bostezo a Laquesis que entonces recordó a quien pertenecía ese molesto timbre

—Sacry Moovie—dijo con fastidio y en cuanto volvió la vista a su lado derecho comprobó como esa sonrisa llena de huecos trataba de coquetearle—¿Siempre eres tan irritante o te esmeras conmigo?—la jovencita de ojos grises no estaba de humor y aunque bien pudo haberlo sacado de ahí y torturarlo para que le dijera donde estaban los Hamato, estaba demasiado aletargada y hambrienta para pelear en ese momento. Además con el tiempo había aprendido que a un hombre le sacas más información con escote mediocre que con una excelente patada.

—¡Digamos que hoy estas de suerte!—sonrió vanidoso el jugador de Hokey y la chica no supo si fue una broma o sarcasmo… tal vez solo era su natural estupidez.

—¿Cómo está Raphie?—preguntó la del mechón rojo a quemarropa y joven de cabello negro solo tomó un sorbo de su bebida para luego contestar despreocupadamente.

—Bien, la semana pasada hablamos y me dijo que no peleas mal para ser un bombon—Laquesis casi escupe el sobro que acababa de beber a causa de la carcajada que luchaba por salir de su garganta

—Deja de estar diciendo tonterías, él nunca me llamaría bombon—el plato de la chica fue puesto frente a ella y un instante después llegó el del joven

—¿Cómo puedes estar tan segura? Tú no tienes ni un mes de conocerlo y yo soy su mejor amigo—la retó Casey mientras intentaba tomar una porción del delicioso platillo que le llevaron a la joven, esta le detuvo los palillos con destreza y le sonrió confianzuda

—Porque estaba muy molesto la última vez que lo vi, además él sí es un guerrero de verdad y no un payaso como tú—Laquesis dejó a un lado los palillos y tomó una porción de su comida con las manos para finalmente lamerse los dedos de forma sugerente. Casey tragó saliva mientras la miraba con suma atención, después sacudió la cabeza y tomó una pieza de su plato

—Es solo que aun no te da cuenta de la genialidad de Casey Jones—comentó pavoneándose el jovencito para luego poner una de las simpáticas empanadas en el plato de su acompañante y robarle una porción de su comida, ésta rodó los ojos y ya ni intentó detenerlo, por lo que notaba era bastante terco e insensible al dolor, prueba de ello era la falta de dientes en su boca.

—¿Quién te invitó a probar mi comida?—se quejó la chica para luego olfatear el platillo que el deportista le obsequió

—Yo me invité solito—Canturreó con aire de superioridad el joven que devoró de un solo mordisco la porción que robó del plato de la chica.

—No sé si es que tienes agallas o que eres muy tonto—Laquesis se echó a la boca la exótica comida y de inmediato sonrió, era el platillo más exquisito que había probado pero al darse cuenta que el fastidioso moreno dibujó una sonrisa triunfal regresó a su expresión casi estoica y tragó lentamente.

—¿No quieres otra?—preguntó con tono pícaro el jugador de Hokey y ella simplemente le volteó la cara—¿Eres orgullosa verdad?—la jovencita miró de reojo el plato del chico por un instante.

—No es eso, solo no quiero que me pegues los bichos que te comieron el cerebro—protestó ella mientras cruzaba los brazos.

—Muracami ¿Podrías ponerlo para llevar? Y el plato de ella también—Casey tomó la comida de la chica que apenas iba a protestar—Hoy se estrena una película muy buena de terror y tengo un boleto extra, la función es en una hora, apenas tenemos tiempo para llegar si es que queremos pasar por palomitas—El joven evitó mencionar que la pelirroja lo desairó ese mismo día, razón por la que contaba con el segundo boleto. Laquesis lo miró incrédula pero el chico no le dio tiempo de negarse, la tomó de la mano y al final de la barra recogió las bolsas de comida para después arrastrar a la joven a la puerta.

—Oye suéltame—dijo la jovencita en cuanto salió del asombro que le causaba que el moreno fuera tan confianzudo con ella ¿No entendía que no le agradaba?

—Entiendo…ya tenías planes—Jones habló entre sarcástico y petulante para después soltarla. El joven no dijo más, solo empezó a caminar por la acera despreocupadamente mientras el par de ojos grises de la acecina se posaron confundidos sobre él ¿Qué ese tipo siempre hacía lo que quería? Era un auténtico tonto pensó ella para sus adentros. Estuvo a punto de irse a su cuarto de hotel cuando cayó en cuenta de algo

—¡Hey…Viernes 13, te llevaste mi comida!—gritó y al notar que el joven ni se inmutó dio un fuerte suspiro, era obvio que el deportista no tenía intenciones de retroceder ni un paso, así que si quería recuperar su platillo tendría que ir a buscarlo—Qué más da, igual no tenía nada que hacer—caminó con desgano rumbo al bobo justiciero, probablemente se le había zafado un tornillo por pasar una tarde con tremendo papanatas, pero hasta ella se merecía descansos de vez en cuando y por alguna extraña razón ese día no quería estar sola.

Un joven delgaducho dejó sobre la lápida y modesto ramo de flores, aquel joven le recordaba a alguien. Días después de aquel incidente en su cuarto uno de los tímidos chicos del grupo quiso obsequiarle a Morta un hermoso dije en forma de corazón, pero ella nunca lo aceptó, no porque tuviera algún tipo de piedad o respeto por los sentimientos que aquella suntuosa joya representaban, sino porque aquello hubiera significado meterse en demasiados problemas.

Al poco tiempo Gyan se encargó de darle una paliza en un torneo al chico un par de cintas debajo de la de él. No se necesitaba ser un genio para darse cuenta que el príncipe de aquel imperio deportivo había movido las cosas un poco para que esa batalla se llevara a cabo, y también fue bastante obvio que el joven heredero excedió por mucho la fuerza que hubiera sido necesaria para derrotar a aquel asustadizo chico. Después de eso los chismes y rumores no se hicieron esperar. Las habladurías fueron tantas que la jovencita no pudo ignorar más aquel rumor respecto a que nadie se atrevería a acercarse a ella mientras el joven heredero de la familia Moo siguiera encaprichado. La chica de sedoso cabello negro no tenía mucha paciencia y por supuesto que no le gustaba estar en boca de todos, pero tal vez lo que más le disgustaba era que se refirieran a ella como un simple capricho de un niño rico.

Acorraló a chico de ojos violetas en un cuarto de la enorme mansión, una donde comúnmente nadie solía estar.

—Deja de amedrentar a las personas que se acercan a mí—exigió la chica—ni tú ni tu familia podrían pagarme nunca lo suficiente como para mandar en mi vida privada y no soy un de tus ridículos trofeos—la jovencita lo miró colérica y el solo la miró con fastidio

—¿A qué viene esto? ¿Es por esos insignificantes rumores? Debería de sentirte a alagada de que alguien te considere de mi propiedad, después de todo yo no suelo tener gustos corrientes—el joven trató de escabullirse pero ella le cerró el paso

—Gyan no soy una cosa y si he permitido que nos volvamos más cercanos es porque me agradas, no porque un contrato me lo exija, no hagas que me arrepienta de mi decisión—el chico le sonrió como tramando algo y la chica lo miró sin comprender porque él sonreía ante lo furiosa que estaba.

—¿Qué? ¿Esperabas que me asustara o tal vez te discutiera?—comentó con aires de superioridad el chico y ella asintió completamente confundida—July…July, si no has intentado patearme o romperme un brazo todavía es que no te molestan del todo esos rumores. Estoy seguro de que si en verdad quisieras que los demás dejaran de decir eso ya los hubieras amenazado con tu linda navaja—la chica lo miró aun más molesta

—Deja de creer que eres el centro del mundo ¿Quieres?—dijo la chica mientras lo jaloneaba con algo de desesperación pero él en cambio la sujetó con delicadeza

—¿Qué es realmente lo que te molesta?—el heredero se quitó de encima la mano de la chica y esta lo observó muy seria en silencio, finalmente la chica dejó salir un largo suspiro

—¿Sabes qué? Realmente no importa, eres tan superficial que nunca lo entenderías—Jul comenzó a caminar hacia la salida cansada de discutir, pediría ese como su día libre porque estaba harta de tener que lidiar con esa actitud arrogante.

—¿Qué no entendería? ¿Qué te gusto? Creeme, sería completamente comprensible—gritó el chico pero Morta ni siquiera se detuvo para contestarle. Desde ese momento y por el resto del día el adinerado muchacho no volvió a verla

Gyan la esperó por horas en el cuarto de la jovencita pero ella no regresaba, así que había empezado a desesperarse, cuando ella al fin atravesó la puerta.

—¿Gyan?—preguntó casi arrastrando las letras, estaba mareada y la manera en la que se movía no parecía estar en sus cinco sentidos

—¿Bebiste?—el chico estaba molesto—¿Qué te pasa? ¿Eres tonta o qué? No debiste beber si habías salido sola, pudo haberte pasado algo—la chica se rio en su cara y caminó por un lado de él

—¡Hay pero sí que eres tierno! ¿Quién rayos crees que podría ponerme un dedo encima?—la chica se dirigía a su cama dispuesta a dormir lo que restaba de la noche

—Pues para empezar yo—Gyan la tomó del brazo y la sujetó con fuerza de la cintura. La chica intentó liberarse empujando con sus manos el pecho del chico

—Deja de bromear y suéltame—la chica ejerció más fuerza pero seguía sin conseguirlo

—No—dijo enérgico el chico—No me importa si quieres o no, eres mía July y no voy a dejarte ir—la chica soltó una carcajada que solo consiguió molestar más al caprichoso muchacho

—¿Sigues con eso? Ya despierta, solo eres un niño caprichoso y consentido. No tienes lo que se necesita para reclamarme como tu…—la chica dejó la frase a medias porque sus labios fueron sellados con los del joven de ojos violetas que la besó con tanta fuerza que ella pudo sentir la ira que aquellas palabras había provocado en él.

Cerró los ojos y para sorpresa de él, la jovencita le correspondió con intensidad. Sintió ese aliento perfumado en alcohol de una bebida dulce inundar su boca y a la chica pasear sus manos por su camisa hasta llegar al botón superior. Pensó que tal vez ella le acariciaría el rostro pero la dueña de esos ojos azules no tenía en mente algo tan dulce. Tomó con las manos el cuello de la prenda, rodeó con su dedo el primer botón de aquella costosa camisa para después tomar ambos extremos de la tela y tirar fuerte de ella haciendo volar los botoncitos. Después metió su mano por debajo de la prenda abierta y presionó un punto en la espalda del chico que lo hizo gritar de dolor

Terminó por soltarla de inmediato y la miró atónito. La chica cayó al suelo mareada paso el dorso de la mano por sus labios para después sonreír casi burlona

—Te dije que no tenías lo que se necesita para reclamarme como tuya—la chica dejó salir otra risita para luego tomar uno de los botones que habían caído al piso y aventárselo

El chico la tomó del brazo y la obligó a sentarse en la cama para luego mirarla tan enojado que aquellos bellos ojos violetas brillaban como gemas

—Estas ebria…hablaremos mañana—el joven salió de ahí sintiéndose completamente humillado. Se acostó en la cama muerto de ira de solo pensar a quien sí consideraba ella digno de reclamarla como suya, porque por lo que pudo notar la jovencita no esperaba precisamente reacciones dulces y tiernas de parte del candidato.

En la guarida de las tortugas, el chico rudo y la pecosa se encontraban en la sala fingiendo no prestarse mucha atención, pero disimuladamente se dirigían palabras para que las escuchara el otro

—Santurrona—dijo el ninja de rojo en voz baja a la pelirroja

—Mano larga—contestó ella de manera casi desentendida

—Aguafiestas—susurró el de ojos verdes

—cof-cof Calenturiento cof-cof—contestó ella en una toz fingida

—Mojigata—murmuró él mientras miraba a otro lado. De pronto los dos se miraron y comenzaron a reírse a carcajada abierta. Se sabían muy diferentes, pero aquello hasta ahora más que un problema, parecía un juego que los divertía y los acercaba más.

—Oye ¿No te preocupa todo esto de que seamos pareja en la obra?—los hermosos ojos azules de la chica miraron al ninja con atención, pero este solo se encogió de hombros

—¿Por qué debería de preocuparme?—dijo como si aquello fuera una de las más pequeñas nimedades

—Pues porque tenemos al menos dos escenas de beso y varias escenas un poco comprometedoras—Las pecas de la chica resaltaron debido al agradable tono rosado que empezó a subir por sus mejillas

—No es para tanto Abril—el chico la miró con un toque pícaro—además nos hemos dado besos más interesantes que los que Mikey o cualquiera de mis hermanos pudiera imaginar—aquella piel sonrosada de la chica pasó de inmediato a un escandaloso tono rojo ante tales palabras.

—No me refiero a eso—argumentó casi de inmediato-¿Y si se dan cuenta de lo nuestro antes de que les digamos?—

—¿Qué con eso? ¿Te preocupa que Donnie se enoje contigo porque no le dijiste antes?—pensar solo aquello molestó al temperamental muchacho, pues no le gustaba la simple idea de que ella aun le diera tanta importancia a lo que su hermano pudiera o no pensar

—No, eso solo que no quiero que malinterpreten lo que tenemos—La kunoichi jugó nerviosa con sus dedos y el joven de ojos verdes se sintió gratamente sorprendido—No quiero que piensen que solo me engatusaste y que eso te cause problemas—Rafael sonrió tenuemente

—Si eso llega a pasar lo arreglaré, no te preocupes—La chica le sonrió de vuelta. Abril iba a continuar cuando escucharon pasos acercarse junto con el sonido de unas ruedas

—¿Y dónde están los demás?—Se quejó el pecoso muchacho sentado en la silla de ruedas que le improvisó su hermano genio. El chico rudo se encogió de hombros

—Tal vez al fin se dieron cuenta de lo tonto que esto todo esto—se burlo el dueño de las sais pero la chica le dio un codazo

—¿Nos vamos?—Dijo Donnie que salió de su laboratorio unos segundos después. Su mirada buscó con ansiedad y notó de inmediato que faltaban esos dos. Rodó los ojos inconforme al escuchar como la voz de ambos se acercaba mientras mantenían una agradable conversación

—…Yo siempre he preferido la mirra porque los demás inciensos me distraen, no tenemos mucha variedad pero podrías probar con los que Sensei guarda al fondo—el líder movía las manos con tranquilidad para dar énfasis a sus palabras y la chica lo escuchaba. Siempre parecían tener algo de qué hablar, y ahora no era la excepción. Por lo que notaba el genio, su hermano parecía muy animado de al fin poder instruir a la chica en un tema que él manejaba bien

—Pues podría probar, no pierdo nada—contestó pensativa la gatita negra cuando de pronto el carraspeó del más alto los interrumpió

—Por si no lo habían notado, se nos está haciendo tarde—reclamó el de banana morada

—Perdón, solo le estaba aconsejando a Jul técnicas de meditación que…—el esbelto muchacho no dejó a su hermano terminar esta frase, lo jaló hacia él para empezar a caminar rumbo a la salida de la guarida

—Le dirás después ahora tenemos que ensayar—la verdad lo único que quería Donnie era separar a esos dos y que dejaran de torturarlo con la proximidad que mantenían, ya bastante sería tener que aguantar en los ensayos verlos pegados el uno al otro, como para que encima ahora se viera en la necesidad de soportar aquellas sonrisas que le parecían tan insinuantes y esa miradas que terminaban por hacerle hervir la sangre

—¿No vamos a esperar a Casey?—preguntó el chico rudo

—Me mandó un mensaje diciéndome que nos alcanzaría allá—contestó la pelirroja mostrando su celular

—En ese caso estamos todos—Clarise empujó la silla de ruedas de su querida tortuga, al fin se encaminaron al espacio que había encontrado Casey y que utilizarían como teatro.

Este era el colmo, se suponía que él la había invitado al cine pero fue ella la que terminó comprando las palomitas y las bebidas porque el moreno dijo haber perdido su cartera.

—Apuesto a que en realidad no te queda ni un centavo—comentó la chica con fastidio mientras le daba a cargar al muchacho la charola con las cosas, el joven solo mostró su chimuela sonrisa y la siguió hasta llegar a la sala, que para fortuna de Laquesis estaba repleta, lo cual la tranquilizaba, puesto que así el bobo ese no intentaría nada.

La película no estuvo mal y estaba gratamente sorprendida al darse cuenta que aquella parodia de justiciero no hubiera intentado abrazarla con los clásicos trucos baratos que se sabía de memoria. Al contrario, en cuanto inició la proyección el chico puso toda su atención en la pantalla, ni siquiera probó las palomitas.

Nunca lo aceptaría pero aquella fue una velada agradable, tenía mucho que no salía tranquilamente a ver una película sin tener que espiar a nadie, pelear por su vida o inspeccionar que un veneno surtiera efecto en la bebida de su acompañante. Estaba relajada y hasta feliz. Gritó cuando el monstruo apareció repentinamente en la escena de la película, como cualquier chica normal, y se hundió en su asiento al sentir a personaje principal amenazado por aquella enorme bestia. No fue hasta que comenzaron los créditos que recordó junto a quien estaba sentada

—¿Nos vamos?—el jugador de Hokey tomó la bandeja de palomitas y le extendió la mano como cortesía pero ella simplemente se puso de pie sin tomarla. No le hizo caras ni tampoco se portó agresiva o petulante, solo mantuvo su distancia de manera sutil mientras caminaba a la salida.

Caminaron con tranquilidad y en silencio por la acera. La luna brillaba con un hermoso fulgor en el firmamento y Casey sabía que pronto tendría que irse.

—¿Hice algo bueno o algo malo?—preguntó el chico para después sorber del popote de su bebida

—¿A qué viene eso?—Laquesis continuó caminando con tranquilidad

—Porque no me has insultado desde que entramos a ver la película, así que supongo que…—el chico trató de buscar las palabras adecuadas para terminar la oración pero la chica solo dejó salir una risa desganada

—No te creas tan especial, no tiene nada que ver contigo—Laquesis caminaba mirando al piso y evitando pisar las grietas en el concreto

—¿Entonces con Rafa?—los ojos grises de la acecina lo examinaron meticulosamente y Casey miró despreocupadamente hacia otro lado—porque si realmente te interesa yo podría…—la chica soltó una carcajada que causó que el deportista se sintiera confundido, cuando al fin aquella escandalosa risa se detuvo la chica lo miró con aire divertido

—¿Por qué me buscas? Podría matarte ahora mismo si quisiera ¿Eres masoquista o algo así?—la jovencita tomó un puñado de palomitas y se las aventó al moreno en la cara para luego adelantarse ligeramente y girarse para verlo, quedando así a contra luz de uno de los faroles de la ciudad. El chico se encogió de hombros para luego soltar un suspiro

—No sería la primera que lo intentaran—Jones tomó una palomita y se la echó a la boca, la tragó rápido y continuó—pero todas las veces que lo han intentado ha sido divertido, tal vez contigo lo sea un más—el joven acercó su cara a la de la chica y sonrió con actitud de casanova. Laquesis iba a alejarlo pero en ese momento no pudo evitar estornudar con fuerza en la cara del justiciero que la miró con fastidio—¿Es en serio? ¿Ahora que me vas a decir? ¿Que eres alérgica a los tontos?—se quejó el deportista mientras se limpiaba la cara con la mano

—En realidad soy alérgica a los gatos, pero es extraño no veo ni escucho a ninguno por aquí—Casey abrió grandes los ojos al notar que a unos metros detrás de ella una enorme figura se elevaba de entre las sombras, una figura que había visto ya muchas veces antes y que había enfrentado con no muy buenos resultados.

—Genial—dijo en voz baja el chico mientras aquella figura se preparaba para atacar

A la mañana siguiente de aquella acalorada pelea Morta tenía una jaqueca terrible, producto de una cruda monumental y el millonario heredero se encargó de cobrarse la tremenda afrenta que sintió la noche anterior, la hizo entrenar con él, a pesar de estar completamente cansada y deshidratada, consiguiendo así una victoria fácil; la obligó a pasar con él una tarde en la escandalosa fiesta de uno de sus amigos y finalmente le pasó por enfrente a todas las tipas de la fiesta para asegurarse de que lo viera coquetearle a cada una. Morta aguantó tan paciente como pudo todo aquello, conocía también a Gyan que sabía que estaba vengando su orgullo herido pero no le daría el gusto de verla doblar las manos por él.

Finalmente cuando regresaron ya entrada la noche a la enorme mansión el petulante chico le dijo a su linda guarda espaldas que podía irse a dormir mientras mantenía una actitud indiferentes, así que la acecina solo hizo una reverencia, como sus obligaciones dictaban, y se puso en camino a su cuarto. Todo hubiera quedado ahí de no ser porque de repente el timbre sonó, la chica de ojos azules no tenía que ir a abrir, para eso estaba la servidumbre, pero cuando escuchó que una voz masculina pidió por ella se detuvo en seco.

Escuchó a Gyan gruñir como si fuera un animal salvaje y cuando él trató de caminar hacia la puerta la chica lo detuvo

—¿A dónde crees que vas?—le reclamó ella

—A partirle la cara al idita que cree que puede venir a buscarte en horas de trabajo a mi casa—la jovencita lo jaló

—Me dijiste que podía irme a dormir por hoy, así que mis horas de trabajo terminaron, no tienes nada que reclamar—

Parecía que al chico le daría un sincope por la cólera que reflejaban esos preciosos ojos violetas

—No tengo que darte explicaciones—terminó por decir él, escabulléndose aquellas delicadas manos que inútilmente trataron de mantenerlo tranquilo. Morta solo exhaló cansada y se mantuvo de brazos cruzados esperando que el iluso que fue a buscarla, al menos pudiera correr con suficiente velocidad de Gyan.

Quien fue a buscar a la jovencita fue un mensajero que iba a entregarle una carta importante, Gyan lo supo porque apenas la tuvo en sus manos la abrió y pasó sus ojos por el mensaje con ansias, luego fue al cuarto de la chica que ya estaba trenzándose el cabello para dormir y aventó el papel en la cama.

—¿Por qué abriste mi correspondencia?—preguntó la chica viendo que él se sentaba en su cama

—Es importante, deberías atenderlo—la jovencita suspiró dándose cuenta que no conforme con violar la privacidad de la correspondencia que le enviaban, el chico también parecía sínico al respecto

—Considerando que ya la leíste podrías darme un resumen—la jovencita se giró en su asiento y por primera vez desde que lo conocía vio tristeza y suplica reflejada en esa dura mirada. Se preocupó

—Es una oferta de trabajo… del Yacusa—la chica abrió grandes los ojos y caminó presurosa para tomar el sobre

Por supuesto que la carta no tenía nada escrito, solo un sello distintivo que la chica reconoció enseguida y no necesitó más para darse cuenta de lo que esto significaba, le estaban ofreciendo la oportunidad de extender su fama como acecina hasta el otro lado del mundo, además de darle una suma absurda de dinero para servir a la mafia japonesa.

La chica miró con cuidado aquella expresión que trataba de ocultar el caprichoso chico, sentía el corazón en un hilo y ella lo notó.

—Lo consideraré—dijo la chica y pudo notar como él aspiro profundo, se mordió el labio inferior hasta casi hacerlo sangrar pero se mantuvo en su lugar. Era tan orgulloso, pero esa fue la primera vez que realmente lo vio sufrir por algo

—Debo irme—dijo él y trató de ponerse de pie pero ella lo tomó de la mano para hacer que se sentara de nuevo

—Es temprano todavía, puedes quedarte un rato más—dijo ella y el chico la miró casi suplicante

—Tengo que ayudar a buscar a mi nuevo guarda espaldas, así que no puedo quedarme mucho—el joven se controló a sí mismo y trató de mirarla como si nada pasara pero ella conocía tan bien el interior de ese corazón que supo que estaba pasando por un mal momento y no permitiría verse débil

—¿Quieres que me quede?—preguntó la chica tentándolo un poco

—Haz lo que quieras—contestó el joven con actitud herida

—¿Seguro?—En ese momento el chico la miró como si estuviera encajándole un cuchillo en el pecho pero no se retractó

—Sí—contestó sin vacilaciones y entonces ella pudo sentir como todo su interior se llenaba de un sentimiento cálido, él sabía que sufriría y aun así no la estaba obligando a quedarse. Pudo haber recurrido a mil cosas, chantaje, fuerza legal o física, incluso negociación pero no lo hizo y eso no la dejó resistirse más. Le acarició la mejilla con dulzura y él la miró completamente desarmado

—No me voy a ir—anunció ella finalmente y pudo ver ese violeta intenso mirándola con sorpresa.

—¿Qué?—el chico la tomó de los brazos—Repítelo, creo que no escuché bien—el joven la sacudió un poco mientras una alegría indescriptible le llenaba el rostro.

—Que no me voy a ir Gyan, me quedaré aquí…contigo—el chico no esperó ni un segundo para poder estrujarla fuertemente entre sus brazos. Él jamás le había expresado afecto de aquella manera, le tenía confianza, paciencia y un poco de admiración pero jamás había llegado al punto tal demostración de afecto, porque bien sabía que para las costumbres coreanas el afecto físico era muy comprometedor. Incluso cuando la besó la noche anterior supo que él no estaba demostrando cariño, sino dominio, pero ahora no. Él había dejado de guardar esa distancia que siempre lo había mantenido a salvo de cualquier sentimiento de entrega hasta ese día.

Además otra cosa que cautivó a la chica fue la disposición que demostró el egoísta joven al estar dispuesto a dejarla ir, aun a sabiendas de que le estaba doliendo en el alma dejarla marcharse. La jocencita sonrió, pese a que no podía evitar estar preocupada porque él lo había logrado, al fin tenía lo necesario para poder reclamarla como suya, le había terminado por robar el corazón aun cuando ella trató de resistirse con todas sus fuerzas. Morta al fin se había enamorado contradiciendo a todas sus reglas, se había enamorado profundamente del hombre más cruel y egoísta que había conocido y hasta le gustaba que fuera así. Definitivamente se había vuelto loca.

...

Después de que el joven justiciero se abalanzó sobre ella gritando un alarmante ¡Cuidado! Todo pareció ir en cámara lenta. Alcanzó a ver unas boleas pasar por encima de Casey, seguramente iban dirigidas hacia ella pero el chico logró adelantarse. Estornudó de nuevo en el piso y fue entonces cuando vio aquella enorme pata junto a ella, levantó la mirada completamente sorprendida para toparse con un tigre atropomorfo. La mirada de aquel imponente ser la hizo sentir empatía con sus víctimas por primera vez en su vida, y entonces lo comprendió hoy le tocaría jugar el papel de la presa y no del cazador.

—Corre—Jones la tomó de la mano y la chica de ojos grises solo atinó a seguirlo tan rápido como podía, sin embargo seguía sin reaccionar como era debido, se sentía enferma, mareada, asqueada y le costaba trabajo respirar, pero el moreno no dejaría que los atraparan tan fácilmente, así que activó el mecanismo de sus zapatos, cargó a la chica sujetándola fuertemente de la cintura y se dejó resbalar por una calle empinada para tomar más velocidad.

El aire le pegó en la cara y fue entonces cuando la aprendiz de acecina pudo reaccionar al fin. Aprovechó que tenía ambos brazos libres para sacar de debajo de su chamarra el par de pistolas plateadas, pasó los brazos por los hombros del jovencito y comenzó a disparar sin tregua.

Apenas terminó la pendiente la chica lo soltó y comenzó a utilizar sus propias piernas para moverse mientras el ágil deportista la guiaba por la ciudad. Ella se dejó llevar sin objeciones, no conocía tanto Nueva York como para encontrar fácilmente un escondite o un lugar ventajoso, pero el justiciero nocturno seguro sí sabría hacia dónde ir.

Garra de Tigre por su parte los siguió sin ningún tipo de dificultad. Esquivó sin esfuerzo los primeros disparos de la chica que fueron bastante faltos de puntería, seguramente por haberse sentido tan desubicada esos escasos segundos y continuó implacable con su cacería.

Había que reconocer que esa inmensa bola de pelo y músculo tenía muy buena puntería porque un atinado disparo de su extraña arma consiguió congelar el cañón de una de las pistolas de la chica, esta solo guardo el objeto en su lugar y siguió disparando ocasionalmente la otra.

—Si me dices donde está ella te dejaré vivir pequeña cachorra—dijo casi en un rugido el colorido acecino pero Laquesis no comprendía a que se refería así que solo siguió el camino que Casey le marcaba a través de unas escaleras de servicio

—Vayamos a terreno elevado, ahí podremos pelear mejor—dijo el chico mientras bajaba su máscara. La jovencita del mechón rojo sabía que tenía que guardar su distancia de aquel tremendo mutante porque esa tonta alergia no le permitiría pelear con esa cosa cuerpo a cuerpo aunque lo quisiera, así que la sugerencia del enmascarado no le pareció mala idea.

En su asenso la chica arrancó una cortina que ondeaba fuera de la ventana debido al agradable viento de esa noche. Cuando llegaron a la cúspide y vieron que su asechador no tardaría en subir la jovencita llamó a jugador

—Scary Moovie ¿Tienes buena puntería con esos discos?—Casey sonrió dejando un "Obvio que sí" implícito, entonces la chica mostró la cortina—Cuando te diga, apunta al centro de esto—

El tremendo felino llegó en menos de un segundo y en ese instante la chica extendió la cortina en el aire

—¡Ahora!—gritó ella. En el acto uno de esos curiosos discos fueron a dar al centro de la tela que se extendía vaporosa en el viento haciéndola ir vertiginosa hacia el depredador. El disco terminó por pegarle justo en la cabeza al mutante sin causarle el menor daño pero causando que la tela lo cubriera. Laquesis subió el cierre de su chamarra hasta que cubriera su nariz y boca y de una de sus mangas sacó su daga para atacar de frente

Una estocada tras otra el hábil guerrero encaró la afilada hoja del arma, consiguiendo la chica solo dañar superficialmente uno de sus brazos, pero se anotó un punto al averiar el complejo aparato que le permitía a su enorme adversario elevarse por los aires. Casey mandó al piso a su rival al atinarle con una fuerte descarga eléctrica, que lo hizo salir disparado un par de metros. La cortina quedó medio rota y chamuscada pero al parecer había cumplido su cometido

—No puedo creer que lo derrotaste con un arma improvisada—comentó la chica bajándose el cierre de la chamarra que ya le resultaba molesta

—Nunca dudes de las habilidades del sorprendente Casey Jones—Expresó el muchacho mientras sacaba su bate para tratar de tocar al inmóvil tigre, de pronto este se quitó la tela de encima tomó con uno de sus brazos el arma de madera, la empujó con fuerza propinándole un golpe al chico que salió despedido por los aire. Apenas logró agarrarse del filo del edificio, mientras con una agilidad tremenda el fiero acecino tomó a la chica del cuello.

—Tu tienes su olor, debes saber dónde está ella—le dijo mientras apretaba poco a poco y la jovencita pudo sentir como aquellas afiladas garras le abrían la piel. El mutante la acercó a su cara y le mostró los colmillos—¡La haré pagar por cercenarme la cola en Japón hace años!—Después de esas palabras Laquesis al fin comprendió. No la buscaba a ella, esa enorme cosa buscaba a Morta, a su maestra.

Laquesis apretó los labios en señal de que no diría nada y el acecino le clavó las garras con más fuerza. Sus ojos grises comenzaron a ver borroso, sabía que no resistiría mucho tiempo, ya fuera por su tonta alergia o por estrangulamiento pero pronto dejaría de respirar. Sintió como el atemorizante enemigo caminó hasta la orilla opuesta a la que se encontraba Casey. Seguramente el enorme adversario lo había hecho para evitar que cuando el chico subiendo no intentara nada o dejaría caer a la chica de lo alto de aquella azotea

—Habla—la sacudió violentamente.

La jovencita sabía que si ella moría en esas circunstancias, dejaría a su maestra vulnerable, pues en el bolsillo del pantalón llevaba la llave del cuarto de hotel. En ese lugar podrían emboscarla con facilidad pues era un espacio en el que Morta se sentiría confiada, tal vez hasta estaría desarmada. No, Laquesis no permitiría eso, lucharía hasta el último soplo de vida para evitarlo, aunque por como se sentía sabía que no le quedaba mucho tiempo. Hizo un esfuerzo titánico para con una mano palpar el brazo que la tenía fuertemente sujeta. Garra de Tigre miró divertido como la chica apenas podía imprimir un poco de fuerza en su pelaje, luego la aprendiz de acecina metió su otra mano en el bolsillo y el guerrero miró extrañado que aquella jovencita sostenía con fuerza un labial cerrado.

—Nunca te diría donde está, antes muerta que una soplona—las palabras de la chica salieron débilmente de sus labios, casi como un susurro y el felino sonrió. Puso atención a aquel rostro que parecía cansado y esos ojos que estaba por cerrarse, lo tomó como las últimas palabras que diría aquella curiosa joven, cuando de pronto sintió que algo se encajaba en su brazo, la navaja que aparentaba ser solo maquillaje había causando que soltara irremediablemente a la chica que comenzó a caer sin fuerzas para sostenerse de nada.

En el acto Casey aprovechó la distracción de su adversario al tirar tremendo alarido de dolor y se lanzó junto con la chica al vacío. En el aire la atrapó y trató de sujetarse de unos cables, lo cual en un principio funcionó pero estos se vencieron arrojando a ambos por los aires y haciéndolos caer en el frio suelo

Jones tomó entre sus brazos a Laquesis tratando de hacerla reaccionar

—Hey chica ruda, despierta, te perdiste mi genial rescate—el justiciero la sacudió un poco y ella abrió los ojos con pesadez

—Casi no puedo respirar—dijo con dificultad

—Pues si quieres te puedo dar respiración de boca a boca—el moreno le acercó los labios a la chica pero se detuvo en seco al sentir una leve presión en el pecho, cuando miró el cañón de la pistola que le quedaba en buen estado a Laquesis le apuntaba

—Ni lo sueñes—contestó ella pero al deportista le bastó con ver que había una ligera sonrisa en sus labios. Ahí estaban ellos, apenas empezando a relajarse cuando un rugido los alertó, seguido de la profunda voz de su perseguidor.

—No te dejaré escapar, he esperado mi venganza por mucho tiempo y no la dejaré ir fácilmente—Aquella sonrisa llena de dientes se mostró implacable y el moreno no dudó en esconder a la chica detrás de él. Cerca había uno de esos lagos que las personas de la ciudad utilizaban para patinar en invierno. Aun estaba cercado, pues los gélidos fríos no tenía mucho de haber iniciado y tal vez el hielo aun no estaba lo suficientemente grueso

—¿Qué haces tonto? Solo me busca a mí. Si te vas, podrás vivir para contarla—Laquesis trató de empujarlo pero el chico se mantuvo firme

—Lo siento nena, salvarse sin la chica no va con el estilo genial de Casey Jones—el joven se puso en guardia y ella no pudo evitar mirarlo un poco diferente al payaso que siempre le pareció, sonrió ligeramente y luego se puso de pie dispuesta a seguir dando batalla—Bombón tengo un plan, pero necesito saber que tan buena eres en el hielo—Laquesis hizo una mueca como apenada y pudo notar como el deportista alzaba una ceja debajo de su máscara. Aquello complicaría un poco las cosas.

Debía de controlarse, aun cuando las escenas entre Jul y Leo era sumamente sosas, pues ambos eran pésimos actuando, el genio no dejaba de apretar con disimulo los puños por la impotencia de escucharlos decirse cosas tan cursis el uno al otro.

Mikey decidió que ensayaran al menos una vez cada una antes de tratar de empezar a mejorar el pésimo desempeño de sus actores secundarios que, pese a sus tartamudeo, errores de palabras e interrupciones constantes para checar sus diálogos, lograban causarle un malestar interno innegable al de ojos castaños. Casey estaba retrasado y nunca pensó que llegaría a desear con tal fervor ver su chimuela sonrisa, pues a este ritmo no tardarían en llegar a aquella escena que lo había mantenido con actitud molesta e incómoda casi todo el día.

El hermano de naranja decidió darles al fin un leve descanso a esos dos para dejar que Rafael y Abril empezaran a ensayar. Donnie fingió indiferencia hasta que escuchó a la gatita negra comenzar a hablar con su hermano de algo que le era interesante

—He estado pensando y creo que lo mejor es hablar con Mikey y Clarise para pedirles que quiten la escena del beso, no sé de dónde sacaron eso—comentó ella un poco sonrojada, el líder le sonrió amigable

—No te preocupes, encontraremos la forma de simularlo, no creo que sea difícil, he visto que lo hace mucho en algunas obras y películas—comentó despreocupado el de ojos azules

—¿D-de verdad se puede hacerse eso?—La gatita negra miró sorprendida a Leo.

—¡Pues claro! ¿O de verdad crees que todos los besos en la tele, las obras de teatro y las películas son reales?—la chica se quedó callada un momento y luego sonrió fingidamente

—Por supuesto que no ¿Por quién me tomas?—la gatita rodó los ojos, dejando en evidencia que era pésima para mentir. Leo sonrió divertido y la despeinó un poco

—A veces me pregunto debajo de qué roca has estado viviendo—En ese momento la expresión de asombro de Mikey los interrumpió. El genio observó a su hermano más pequeño que miraba asombrado hacia el escenario donde a través de un biombo a contra luz se dibujaban las siluetas de su hermano temperamental y la pelirroja besándose. El de azul tragó saliva sonoramente

—Ves, siempre hay manera de simular las cosas—dijo con un tono casi asustado Leonardo mientras que todos miraban boquiabiertos una escena que jamás imaginaron ver. A Donnie de pronto le pasó por la cabeza la idea de que la escena que tan intranquilo lo hacía sentir llegara a ser tan convincente como aquella que estaban viendo y no pudo evitar que la desesperación se le reflejara en la cara. Se volvió a ver a Jul que aun no podía cerrar la boca por la impresión, cuando el fuerte sonido de una cachetada asustó a la felina. Abril había abofeteado a Rafael tras el biombo y el rudo ninja estaba sobándose la mejilla mientras que ninguno de los presentes salía de su asombro.

El silencio reinó en el lugar unos segundos preguntándose si lo que habían visto era actuación o algo real, cuando de pronto la voz del menor se dejó escuchar al otro lado del lugar

—¡Abril la bofetada era en otra escena!—mencionó Mikey buscando en su libreto

—Perdón Mikey, me confundí—dijo la pelirroja y entonces todos se voltearon a ver unos a otros un poco más tranquilos. Las carcajadas estallaron en el lugar y la tensión pareció desaparecer instantáneamente. "Por supuesto que tenía que ser actuación" se dijo Leo, "Rafa no se hubiera dejado abofetear sin protestar" se tranquilizó líder aun dudando un poco.

Aquella tarde Jul se disculpó por tener que irse sin terminar los ensayos, lo que tranquilizó a al genio al darse cuenta que ese día no tendría que enfrentar la escena que tan nervioso lo había tenido todo el día. Según lo que había dicho la chica, tenía un compromiso que no podía posponer, esto despertó la curiosidad del de ojos castaños, quien tomó con aun más extrañeza que la mayor no llevara a su hermana con ella. Ante esto el esbelto joven él buscó una excusa para poder irse sin causar sospechas y el sistema de alarma de la guarida fue perfecto para eso. Le dijo al mayor que lo había dejado desactivado en un descuido al irse tan apresurados por la tarde y el de azul cayó redondito.

Leo no puso ninguna traba a que su hermano más inteligente se fuera, después de todo era un caso de seguridad. Lo que el mayor no supo es que su astuto hermano podía manipular dicho sistema desde su celular así que en cuanto salió del lugar partió tras los pasos de la felina. Si tenía suerte, tal vez esa noche obtendría la primera pieza de su investigación.

Mientras tanto en el cementerio los recuerdos seguían llegando al atormentado corazón de la acecina. Después de algunos años, el joven heredero comenzó a hacerse cargo de ciertas funciones del enorme imperio de la familia y July, como él la llamaba en privado, ya no fue solo su guardaespaldas sino también su acecina personal. No solía pedirle con frecuencia que llevara a cabo esa función porque al chico le gustaba hacer sufrir él mismo a aquellos que se atrevían a interponerse entre él y sus metas. Morta sintió lástima más de una vez por algún iluso que decidía retarlo, pero de alguna manera no podía evitar mirar con atención como ese tinte cruel hacían irresistibles esos fríos ojos violetas.

El testamento de su padre no solo estipulaba como se repartirían los bienes de la familia, sino también algunas reglas bajo las cuales el joven heredero comenzaría a poder ganar peso en las decisiones de su vida, así que llegado a los 18, contrario a lo que hubiera deseado su madre, se mudó de la mansión familiar y se llevó con él a su linda guardaespaldas sin que nadie pudiera evitarlo. Fue una breve temporada pero durante ese tiempo su relación pareció algo real, algo auténtico. No obstante los sueños no pueden durar por siempre y el despertar fue duro, mucho.

Para cuando la acecina detuvo al fin el tren de recuerdos la noche había caído, los visitantes se habían marchado y el gendarme del cementerio se acercaba a ella con paso lento

—Lamento molestarla, pero las visitas se terminaron por el día de hoy, estoy por cerrar—El anciano hombre continuó su camino sin decir más y la mujer miró extrañada la tumba del que fue su gran amor ¿Por qué ella no había ido? Aquella era una costumbre familiar obligatoria, ya que supuestamente sus antepasados los seguían por varias generaciones, así que no ir a visitarlo sería demasiada ofensa. Morta miró la hora en su celular. Eran las ocho.

—Quedan cuatro horas—la mujer buscó con la mirada donde esconderse, estaba decidida a pasar el tiempo restante frente a esa tumba, aun conservaba la esperanza de verla y tal vez evitar enfrentamientos.

Fue difícil alcanzarla, la chica era ágil y al parecer tenía prisa, pues iba más rápido que de costumbre. Finalmente logró verla saltar una de las paredes de aquel cementerio a las afueras de la ciudad

—Esto es extraño—se dijo el chico que sin dudarlo se escabulló en aquel lugar.

Siguió con la vista a la jovencita que caminó entre las lapidas con actitud callada y seria. Aguardó en su escondite el momento indicado para cambiar de ubicación sin que ella se diera cuenta y cuando la chica miró asustada a un árbol por el sonido de una lechuza el genio se escabulló detrás de una estatua.

Finalmente la minina se detuvo frente a una lápida cuyas inscripciones el genio no alcanzaba a ver. La chica sacó un pañuelo y limpió con cuidado la superficie de mármol

—Esta vez tardé más en visitarte, lo siento, han ocurrido muchas cosas últimamente—Cirse se colocó de rodillas para luego sentarse en la típica posición oriental—Ojalá tuviera más tiempo, me gustaría contarte todo lo que me ha pasado, pero sé que el día está por terminar. Lamento haberte hecho esperar tanto, no podía venir hasta que no se hubieran ido todos—la jovencita bajó su capucha por unos instante y luego volvió a colocársela—creo que ya te diste cuenta de la razón—la de falsos ojos verdes soltó un largo suspiro y se quedó callada un par de minutos

—Te tengo noticias que seguramente te serán interesantes: al fin lo conocí, a esa persona que me dijiste que tarde o temprano encontraría y es…—Cirse sonrió—un poco fuera de lo común, pero estoy segura de que te agradaría, es alguien noble, digno de respeto, muy hábil hasta me atrevería a decir que mejor que tú a su edad—la felina dejó escapar una ligera sonrisita—no te molestes por favor, sé que tú eras toda una leyenda, pero él también lo será, estoy segura—la chica colocó sobre la tumba una pieza de pan y un pequeño frasco

—Sé que no estoy llevando mi vida de la manera en la que tú hubieras estado más orgulloso, pero solo quiero pedirte que me des una oportunidad de demostrarte que puedo lograr grandes cosas a mi manera, sin tantas reglas ni restricciones—Cirse tomó el tapón de la botella y aprovechando su forma, parecida a la de un pequeño baso, sirvió un poco del licor en él—He decidido cambiar algunas cosas, en la familia y en la empresa, no sé cómo resultarán, pero sé que es algo que tengo que hacer. Ya te habrás dado cuenta de lo de Clarise, pero hay otras cosas. Estoy convencida de que debo hacer algo por cambiar para bien el mundo en el que vivo y espero que donde quiera que estés entiendas mis decisiones—la chica aguardó unos segundos para continuar—Ahora sé qué te pasó, sé que Oroku Saki fue quien te arrebató de mí y después de pensarlo mucho tiempo decidí que no me quedaré de brazos cruzados. Comprendo a la perfección que no puedo enfrentarlo directamente porque no soy rival para él, pero he encontrado una forma voy a…—en ese momento las campanas de la catedral cercana sonaron anunciando la media noche, el día había terminado y Cirse supo que el tiempo con su padre había terminado, Jesa había pasado por ese año. Tragó saliva en un esfuerzo por sosegar su tristeza

—Aun me haces mucha falta—dijo ella en el tono más melancólico que Donatello hubiera escuchado

No muy lejos, al otro lado del camposanto, una mujer de hermosos ojos azules se resignaba a que no vería a quien tanto ansiaba, así que comenzó a caminar hacia una de las bardas del lugar, cuando de pronto, entre todas las lápidas, vio una figura inclinada acariciar uno de esos pedazos de mármol.

El corazón le dio un vuelco ¿Podría ser? Se detuvo a pensarlo. Ella había pasado el día entero frente a la lápida que tenía inscrito el nombre de su adorado Gyan… pero eso no significaba que él estuviera enterrado ahí

—Si no estuvieras muerto te mataría ahora mismo—dijo en voz baja, pero eso fue suficiente para alertar a la chica que con sus agudos sentidos se percató que alguien más estaba en el lugar y no debían de verla.

Jul comenzó a correr y Donatello empezó a asechar para cubrirle las espaldas, trataría de no ser descubierto por ninguna de las dos mujeres. La dama de hermosa cabellera negra corría a todo lo que sus piernas le permitían, tratando de no ser irrespetuosa con los ya fallecidos, pero sin aflojar el paso.

—¡Espera! Solo quiero hablar contigo—Gritó la mujer envuelta en aquel abrigo gris pero la gatita estaba tan nerviosa de que alguien la viera con su nueva forma que al tratar de escapar se resbaló y cayó de sentón en el piso—No quiero lastimarte, solo espera—gritó de nuevo aquella dama aun lejos y de pronto Jul dejó de sentirse nerviosa, era como si esa voz la tranquilizara, de alguna manera creía que no tenía razones para temerle, así que se puso de pie y trató de afinar la vista para tratar de distinguir los rasgos de su perseguidora. Apenas había empezado a enfocarla cuando un montón de humo la rodeó impidiéndole ver más allá de su nariz y unos fuertes brazos la rodearon

a—Donnie—dijo en un susurro al percibir el inconfundible aroma de su piel. Un segundo después los dos desaparecieran sin dejar rastro.

—Nooo, no te vayas—Morta se dejó caer desganada en el piso, la tuvo a unos cuantos metros y de pronto se desvaneció en el aire. Eso había sido lo más cerca que había estado de ella en más de quince años y ni siquiera pudo dirigirle la palabra. Regresó sobre sus pasos y miró la lápida que aquella chica había visitado. En ella no había nada inscrito más que una frase "Te prometo que te cuidaré sin importar que tan lejos pueda estar", pasó los dedos por las letras, era lo mismo que él le dijo hace tantos años, cuando se habían separado, pero hoy esas palabras estaban dirigidas para proteger a alguien más y lo comprendía, porque ella alguna vez también pensó que sería lo mejor.

Miró por algunos minutos la fría piedra, el pan y el licor antes de decidirse a regresar a su cuarto de hotel, donde esperaba al fin poder descansar de aquel día que había resultado tan decepcionante

La chica de ojos grises se dejaba guiar un tanto temerosa por el hielo mientras que el joven deportista hacía gala de toda su experiencia en el uso de los patines

—¿Estas seguro de que funcionará?—dijo ella mientras sentía como aquel tremendo depredador los seguía de cerca

—¿Cuándo te he fallado?—comentó Jones seguro de sí mismo. La chica mantenía sus manos fuertemente entrelazadas a las del moreno, que sonreía ante la oportunidad de poder tocar sin objeciones a aquella chica que podría hacerle un agujero con sus armas si quisiera

El experimentado jugador de Hokey cuidó ir a una velocidad moderada que permitiera que su perseguidor no notara la trampa que le estaban tendiendo, pero sin sacarle tanta ventaja como para que el plan se complicara más de lo necesario

—¿Estás lista chica ruda?—preguntó el joven de cabello negro mientras imprimía un poco más de velocidad para darles tiempo de maniobrar

—Hazlo antes de que me arrepienta de esta locura—el joven hizo un hábil movimiento y comenzó a dar vueltas rápidas con ella, la chica mantenía los ojos fuertemente cerrados pues estar sobre el hielo ya era bastante aterrador como para pensar que estaba haciendo todo aquello sobre una capa delgada del resbaladizo material

—Buen viaje bombón—dijo de pronto el chico impulsándola con los brazos para que saliera volando justo por arriba de Garra de Tigre. La jovencita sacó su arma y comenzó a disparar sin parar, el mutante la vio pasar sobre su cabeza y apuntó pero un certero disco lo hizo fallar el disparo.

Casey continuó apuntándole al tigre a quemarropa mientras la chica seguía disparando balas y se preparaba para caer al otro lado del acecino. Con la inercia Laquesis siguió deslizándose en dirección a la orilla después de quedar tumbada en el hielo y se detuvo justo cuando el moreno tiró su último proyectil. El feroz guerrero los miró con aire confiado

—¿Es todo lo que tienen?—preguntó altanero cuando de pronto escuchó crujir el hielo bajo sus pies. Los disparos de la chica nunca fueron dirigidos al tigre, sino que habían hecho un contorno alrededor de él que habían hecho el hielo a su alrededor mucho más frágil de lo que ya era.

El pesado mutante se mantuvo quieto consiente de que si se movía con demasiada brusquedad terminaría por caer al agua helada, sin embargo un curioso sonido de pronto llamó su atención. Aquel sonido lo identificó como el de una mecha encendida. Observó los discos y aunque no vio ninguno con los singulares explosivos que Jones solía poner en ellos, supo enseguida que alguno debería de estar por explotar. Se preparó para saltar pero justo en ese momento una pequeña detonación terminó por quebrar la superficie bajo sus pies haciéndolo caer al agua a punto de congelación. Sacó sus garras y trató desesperadamente de asirse a la orilla pero esta se rompía apenas imprimía un poco de fuerza para tratar de salir de su húmeda trampa

—Los atraparé, no se han librado de mí—Amenazó el enfurecido felino mientras Casey ayudaba a la chica del mechón rojo a ponerse de pie. Ambos salieron del lugar a toda velocidad y en cuanto llegaron a un callejón donde se sintieron seguros se dejaron caer al piso, exhaustos

—Nunca había sido tan divertido derrotar a alguien—dijo Laquesis emocionada sentándose en el piso de aquel sucio callejón

—Lo sé—contestó egocéntrico el chimuelo jovencito

—Tu vida debe de ser muy loca—comentó ella mientras jalaba aire y trataba de controlar su agitada respiración

—Yo más bien diría interesante—Casey se levantó la macara. Ambos se quedaron callados un rato. La chica sabía que debía partir para darle un informe a su maestra de su nuevo asechador. El tiempo con el jugador de Hokey se le había terminado y por alguna razón le parecía una lástima, pero comprendía que así era su vida, nunca podría hacer lazos muy fuertes con nadie, así que lo mejor era no encariñarse mucho

—Tengo que irme—ella se puso de pie y comenzó a sacudirse el pantalón

—Sí, supongo que yo también—el justiciero se paró con aire cansado—Voy tarde a algo—vio a la chica darle la espalda y empezar a caminar, así que él hizo lo mismo. Ya había avanzado unos metros cuando escuchó aquella dulce voz de nuevo

—Oye—el chico se giró y la vio caminando hacia él, el corazón comenzó a latirle con fuerza ¿Acaso ella tendría algo importante que decirle? ¿Tal vez darle una recompensa por salvarle la vida?—Olvidaste de nuevo darme mi comida—comentó ella tirando al suelo todas las ilusiones del chico. Jones recordó que había guardado ambas bolsas en el compartimento de sus palos de Hokey. Tomó uno de aquellos contenedores y se lo entregó a la chica con una sonrisa amigable. La jovencita tomó la comida con un movimiento elegante y luego le correspondió la sonrisa al chico—Gracias por lo de hoy… Casey—dijo ella y Jones la miró atónito, por primera vez ella lo llamó por su nombre, realmente con su nombre y no con ninguno de esos apodos de malas películas con los que solía llamarlo.

El chico ya se daba por bien servido con los resultados de aquella noche, no importaba que sus amigos seguramente se molestarían por haber llegado tarde a los ensayos, pero lo que pasó a continuación sobrepasó todas sus expectativas. La jovencita le estampó un beso en la mejilla para luego echar a correr por aquella obscura calle.

El moreno no estaba seguro de hacia dónde se había ido ella, porque de pronto se sintió en otro mundo con aquel leve contacto. Dio un par de pasos sin ser consciente de lo que pasaba a su alrededor y en cuanto pudo procesar lo que había ocurrido una sola palabra salió de su boca

—¡KUNGALA!—gritó a todo pulmón en un tono triunfante y es que esa noche había pasado algo que el joven consideraba digno de celebración, digno de recordar y que tal vez sería el inicio de algo que valiera la pena. Se metió en la primera alcantarilla que encontró, resignado a que sus amigos lo molestarían todo el mes, pero feliz porque sentía que aquel no era un precio tan grande en comparación de la recompensa que recibió. Definitivamente Casey Jones tenía algunos ases bajo la manga y en esa ocasión había ganado una buena partida.

Pues aquí queda este capítulo. Tengo que hacer una aclaración: Jesa es el aniversario luctuoso para los coreanos y aunque en este capítulo no lo puse tal cual sería en las costumbres de aquel país, sí guarda algunos de los detalles al respecto como por ejemplo ofrecer comida que le gustaba al difunto, hablar con él y rendirle respeto, pero no es parte de la tradición, estrictamente hablando, ir a visitar las tumbas. Aclarado esto, espero que de todas maneras disfrutaran esta breve explicación de la historia de Morta y Gyan Moo, el padre de Cirse. De todo corazón les deseo que pasaran un buen Halloween y día de muertos. Les tengo malas noticas: es posible que no pueda actualizar hasta enero, por causas de fuerza mayor, pero no quiero que se desanimen. Les he prometido que terminaré el fanfic y eso haré. Mientras tanto estaré feliz de recibir cualquier mensaje que me quieran hacer llegar. Hasta el próximo capítulo y si no estoy por aquí antes, les deseo una feliz navidad y un próspero año nuevo… bye, bye