Bienvenidos al capítulo 30 de Ojos violetas, que además la usual felicidad que me da publicar, hoy tengo el gusto de festejar el primer aniversario de esta historia. Es por ello que hoy quiero dedicar este capítulo a todos mis lectores, tanto los que comentan como los que no, a los que sin importar cuanto ha tardado esta historia, siguen pendientes de ella y disfrutan leer de estos personajes, algunos prestados, otros propios y que les han tomado cariño.

A todos ustedes les quiero obsequiar un enorme ¡Gracias! Porque me han hecho muy feliz por poder compartir esta historia con personas tan maravillosas como ustedes. Gracias por estar aquí a pesar de mi tardanza. Sé que dije que publicaría para enero, pero es que este capítulo realmente me atrapó y no podía terminarlo. Además mi bloqueo de escritor está cada vez peor, pero no se preocupen, mi determinación para llegar al fin no ha menguado ni un poco. Les pido solo que me tengan paciencia, sé que no es fácil seguir una publicación que tarda tanto en actualizarse, así que prometo ser más constante en estos días, y además les tengo sorpresitas por el aniversario. Sí, les regalaré algo a todos mis lectores (es algo muy simple, pero no quería dejar la fecha pasar sin pena ni gloria). En los próximos días subiré dos capítulos más y uno de ellos será un especial estilo "Detrás de cámaras" donde les contaré cuales fueron las fuentes de inspiración para las ideas que he desarrollado y plasmado aquí, espero que les guste. Bien, vayamos a los agradecimientos que no pueden faltar

Guest: Pues sí, la historia de Morta y Gyan no fue muy fácil, pero se quisieron mucho, tal vez más de lo que quisieran admitir n_n . Me alegra mucho que te hubiera gustado el capítulo y aunque los hice esperar bastante para esta actualización, te aseguro que la siguiente será mucho más pronto. Saluditos y ojalá vuelva a tener otro comentario tuyo

leirbag7: Me alegra que te gustara el beso entre Karai y Leo, y como este capítulo tiene un poco más de contenido de ellos, espero que llene tus expectativas. Te agradezco muchísimo todas tus observaciones, ya que gracias a ellas puedo darme cuenta de cosas que pueden mejorarse, sabes que siempre valoro mucho tus comentario porque me hacen mejor escritora, eres muy analítico y valoro mucho eso. También me siento gratamente sorprendida del tiempo que dedicas a escribir tus reviews, pues por su extensión puedo darme cuenta que diseccionas hasta el último detalle de la historia y analizas hasta el más mínimo detalle, esto es un premio para cualquier escritor. Por todo eso no puedo más que darte las gracias por seguir siendo uno de mis lectores y espero poder contar con tus comentarios en los futuros capítulos, eso me haría muy feliz. Hoy que es el aniversario de este fanfic quería agradecerte la oportunidad que le diste, el primer comentario que me mandaste fue muy especial y la felicidad que me regalaste con tus sinceras palabras será algo que guardaré para siempre en mi corazón. Realmente deseo poder seguirte entreteniendo con esta historia por lo que quede de ella n_n

leonelita: No pensé que te hiciera feliz que todos sufrieran por amor, pero entonces creo que no voy tan mal en ese sentido, pues aun les falta un poco a estos chicos para resolver todos los embrollos que se están desarrollando a su alrededor, ojalá y disfrutes el camino tanto como la meta. Gracias por ser parte de esos lectores que aun cuando no vieron el fanfic en sus primeras publicaciones, no tardaron mucho en llegar a las últimas actualizaciones y me hicieron feliz haciéndome llegar sus reviews

L.M Burton: Pues sí, lo hice, tardé mucho en actualizar, realmente lo siento, espero que el capítulo compense el tiempo que te hice esperar u_u. Gracias por esperar, gracias por leer, gracias por todo, pero sobre todo gracias por formar parte de esas personas tan especiales para mi con las que puedo compartir esta historia a la que le he tomado tanto cariño

Zafira A. V: Jajajajaja me divierten mucho tus reviews, especialmente cuando la adorable gatita negra de ojos color niebla interviene en ellos. Te extrañe en los comentarios y me alegra que al fin te pusieras al corriente en los capítulos, que he de decir que por su extensión ya no es tan fácil si los has dejado de leer por mucho tiempo. Desafortunadamente aun no puedo decir cuando descubrirán toda la verdad, pero sí puedo asegurarte que me esforzaré mucho porque ustedes se diviertan en el camino. Gracias por dedicarle a este fanfic tanto tiempo, gracias por leer pero sobre todo, gracias por comentar, en verdad lo valoro mucho.

Bittersweet: Pues algo es seguro, a Casey no se le ven muchas ganas de separarse de Laquesis y ha ganado algunos puntos con la violeta chica, pero eso no significa que ella esté interesada en él solo porque se ganó que lo llamara por su nombre una vez. Igual creo que estos dos tendrán que pasar por mucho. En cuanto a Gyan y Morta, fueron un par de personajes que ya tenía pensados desde hace mucho, pero no estaba segura de si su historia tendría aceptación entre los lectores, así que me sentí feliz de saber que no fue rechazada, incluso hubo a quienes les gustó. Mi estimada Bittersweet, eres una de esas lectoras constantes que no tienen cuenta y por ello creo que ha sido más difícil para ti seguir la actualización de los capítulos, no obstante, siempre estás ahí, desde el principio, siempre con ese carácter dulce y tranquilo que te distingue. En esta fecha, en especial quería agradecerte por ser tan constante, por mantenerte al pendiente, por comentar, por estar ahí, por romper el silencio y siempre hacerme llegar tus pensamientos, tus ideas, tus gustos… de verdad lo valoro y espero poder seguir contando contigo de aquí a que termine este fanfic, en serio, gracias.

Tamy: Una de mis lectoras estrella, no tienes idea de cuanto extrañe tus reviews y hoy que "Ojos violetas" cumple un año, no pude evitar recordar todos esos pequeños logros que llegaban con los comentarios que decían cosas tan alagadoras que nunca pensé leer de alguien más. Tú eres una de esas lectoras con las que hice un clic especial y tu primer review lo llevo y lo llevaré siempre en mi corazón. Gracias por darle una oportunidad a esta historia que he hecho con tanto amor y dedicación, gracias por tu proximidad, por tu tiempo y por tu amistad querida amiga.

Pues sin más que decir, bienvenidos al capítulo del primer aniversario de "Ojos Violetas"

INVITACIONES INESPERADAS

Llegó ya muy tarde a la habitación del lujoso hotel. Colgó con cuidado su abrigo, miró las botas de Laquesis llenas de nieve en la entrada y caminó desganada. Aquel había sido un día terrible, por lo que pensaba que nada podía hacerlo peor.

—Me alegra que regresaras—la recibió la voz de su aprendiz, que parecía mirarla fijamente desde el sofá de piel negra instalado en uno de los rincones poco iluminados del lugar. Aquella era una noche especialmente obscura, así que no se colaba mucha luz por la ventana, por lo que no era posible ver los rasgos de la jovencita, solo se dibujaba su atlética figura con un contorno un tanto desganado y los llamativos ojos grises reflejaban con melancolía la tenue luz del lugar.

—¿Qué tal estuvo tu día? ¿Te divertiste paseando por la ciudad?—la mujer se acercó hasta la mesa en el centro del salón y sacó de una bolsa de plástico puesta en ella, un contenedor de unicel para después abrirlo con singular habilidad. Su aprendiz se puso de pie y caminó con tranquilidad sin contestar a su pregunta—¿Comida japonesa? Pensé que ya estabas cansada de los platillos orientales—la asesina de cabello negro se llevó a la boca una de las curiosas piezas, parecidas a empanadas y Laquesis la observó con aire pasivo, buscaba la manera de darle la noticia de lo ocurrido a su maestra de la manera más adecuada, pero no se decidía a hablar, así que de nuevo sus preguntas quedaron como suspendidas en el aire, pero la mujer no parecía darse por enterada de la extraña actitud de su estudiante y siguió hablando del tema—Mmm esto está delicioso ¿Qué es?—habló con entusiasmo la mujer pero al toparse con la expresión seria de la chica de ojos grises, se preocupó, calló en cuenta que tal seriedad no era buena señal en la entusiasta chica—¿Qué pasa?—

—Tenemos que hablar del viaje que hiciste a Japón—La jovencita parecía algo incómoda, como si sintiera que hacía algo malo. Su maestra la miró curiosa un segundo, para luego desviar los ojos nuevamente al contenedor de unicel

—Laquesis, sabes que no me gusta que te metas en mis asuntos—Morta intentó caminar hacia su cama, pero la jovencita del mechón rojo se adelantó y se puso de nuevo frente a ella

—Lo sé y creeme que no lo haría…—la chica movió su cabello, dejando al descubierto las marcas que le había hecho horas antes Garra de Tigre en el cuello—…si uno de tus asuntos no se hubiera metido conmigo—

La mujer de larga cabellera negra dejó salir un gemido de sorpresa ante lo que veía y de inmediato comenzó examinar los enrojecidos rastros del ataque. Después de comprobar con sus propios ojos que aquellas heridas no pudieron haber sido hechas por otro que no fuera su enemigo jurado, Morta se mojó los labios con preocupación y abrazó fuertemente a aquella jovencita que se sintió sumamente conmovida ante la reacción de su maestra.

—Gracias al cielo que estas bien—Susurró Morta con suavidad mientras la aprendiz correspondía insegura al cálido abrazo. Desde niña que no recibía una expresión de auténtica preocupación de parte de su maestra y esto no hizo otra cosa más que inquietarla ¿De verdad había estado en tanto riesgo?

—N-no tienes de que preocuparte, me entrenó la mejor—contestó con una leve sonrisa en los labios tratando de disipar aquel ambiente pesado que se había formado desde que mostro las singulares marcas que ahora adornaban su cuello

—¿Pero cómo lograste escapar? Garra de Tigre es el mejor asesino de toda Asia, yo casi no salgo con vida de la pelea que tuve con él. No es que dude de tus habilidades pero…—Las blancas manos de la mujer despojaron a la chica de su chamarra y examinó con cuidado los torneados brazos que en este momento se encontraban llenos de marcas de peleas, tenía todavía algunos moretones y arañazos de su enfrentamiento con Rafa, pero ahora nuevas magulladuras se dibujaban en sus antebrazos, dejando en evidencia la fuerza con la que seguramente la había atacado aquel imponente mutante. Un remordimiento terrible se alojó en el pecho de la mujer, quien internamente se reprochó por haberla dejado sola ese día.

—Morta e-estoy bien…además alguien me ayudó—Laquesis sintió como su maestra dejó de examinarla súbitamente, parecía impresionada y desconcertada. La jovencita no estaba segura de si la expresión de su maestra se debía únicamente a la sorpresa o si además una furia repentina había aparecido en esos finos rasgos

—¿Qué? ¿Quién…?—hubo un breve pero pesado silencio, los ojos azul acero de la mujer escudriñaron con severidad el rostro de la chica, quien solo atinó a bajar la mirada y contestar un tanto temerosa de la reacción de su maestra

—Uno de los amigos del clan Hamato—La jovencita entrecerró los ojos aguardando la reacción que tendría su mentora, quien enderezó la espalda, como si de pronto algo la hubiera hecho regresar a sus clásicos ademanes fríos y calculadores.

—¿Quién de ellos fue?—preguntó la asesina con expresión severa, Laquesis solo suspiró, sería una noche de muchas explicaciones

Aquella mañana la ciudad había quedado cubierta por una capa blanca, como de azúcar, algo lo suficientemente cursi como para que Leonardo lo tomara como una señal, así que la experimentada kunoichi se preparaba para ver al líder de las tortugas esa misma noche. Aun cuando sabía bien que faltaban varias horas para que pudiera burlar la vigilancia del moderno palacio de las sobras en el que vivía, debía ser cuidadosa quería que las cosas funcionaran como ella deseaba, era indispensable ser meticulosa y cuidadosa.

Las pocas peleas en las que había acompañado a Garra de Tigre le habían demostrado lo preparado que aquel secuaz estaba para defenderse de las trampas y los imprevistos, así que para quitarlo del camino, tendría que buscar nuevas alternativas para hacerlo caer de la posición en la que su padre lo había puesto y que solamente le pertenecía a ella.

Era ahí donde entraba la tortuga de bandana azul, el idealista e intachable guerrero que enfrentaría sin dudarlo a aquel que amenazaba a su familia. El ninja de las catanas no se acobardaría al saber que su adversario estaba dispuesto a utilizar cualquier sucio truco, a valerse de mentiras, engaños y cualquier artimaña que le diera ventaja. No obstante, el intrépido ninja tenía algo de su parte que el fiero tigre no tenía aun en sus planes; una soplona.

Karai no dudaría en traicionar a quien fuera necesario para conseguir sus objetivos, prueba de ello es que en alguna ocasión ya había considerado hacer una alianza con las tortugas a espaldas de su padre, pero parte de ser una buena princesa del clan del pie, es saber que las lealtades deben de ser útiles, antes que importantes. Claro que le interesaba lo que le pudiera pasar a ese joven cuya mirada azul podía erizarle la piel, pero estaba dispuesta a arriesgarse por hacer caer al usurpador de su puesto haciendo uso de habilidades y movimientos ajenos.

Leo no era lo suficientemente hábil como para ponerle el cascabel a aquel gato, pero eso era precisamente lo que lo hacía el candidato perfecto, pues Garra de Tigre no esperaría un golpe tan fuerte de un adversario tan débil, y ella se encargaría de darle al joven ninja las cartas que necesitara para tenderle la emboscada perfecta, para arruinar todos sus planes y para hacerlo fracasar una y otra vez, hasta que su padre decidiera que para lo único que le serviría ese gato crecido, sería como cuerdas de un violín.

Los hermosos labios rojos de la chica se curvaron en una calculadora sonrisa llena de satisfacción al ver a su rival durante las primeras horas de la mañana, completamente empapado. Nadie más fue testigo de tan embarazoso espectáculo, pues no tenía misiones asignadas por destructor por el momento, así que era más que evidente que el temible mutante había salido a arreglar asuntos personales y las cosas no le habían salido muy bien. Esta parecía ser una oportunidad de oro para ganarse la confianza del honorable líder y darle el primer informe que lo haría caer directo en su plan. Si todo salía como ella esperaba, Leo se convertiría en una linda y obediente piecesilla de ajedrez, que ella podría mover para sus propósitos y al final tal vez hasta podría quedárselo.

—Pensé que a los gatos no les gustaba el agua—dijo arrogante la jovencita apoyada en el marco de aquella enorme puerta.

—No te metas conmigo niña, porque puede costarte caro—amenazó el felino que simplemente comenzó a exprimir la prenda que normalmente llevaba alrededor del cuello.

—No estoy aquí para pelear, quiero proponerte algo—sonrió la chica mientras le ofrecía un pañuelo al enorme mutante, sin embargo este ni siquiera lo miró—Vamos, no puedes atender las peticiones de mi padre y salir a tus paseos nocturnos sin quedar mal en algo y yo necesito que le hables bien a mi padre de mi—la chica le arrojó el pañuelo y el mutante le gruño ligeramente.

—No necesito que una cachorra husmee en mis asuntos—

—Como quieras, pero si cambias de parecer ya sabes donde encontrarme—la chica salió del recinto con paso tranquilo, ya había sembrado las semillas de su plan, ahora solo faltaba esperar para saber si lo había hecho bien.

—Te juro que hay una muy buena razón por la que hice todo eso—dijo la tortuga con un tono poco creíble, dibujando expresiones faciales exageradas que en nada ayudaban a impregnar sus palabras con algún toque de veracidad

—Bien, te escucho —su voz debió de haberse escuchado comprensiva, tal vez algo severa, pero en cambio evidenciaban un nerviosismo tremendo, eso sin tomar en cuenta que movía los ojos de un lado a otro como si buscara cualquier cosa con la cual distraerse

—La verdad es que yo lo hice por ti. Es que…tú me importas… me importas mucho…tal vez me arrepienta de lo que voy a decir pero es que creo que me gustas… me gustas mucho—si bien era de esperarse escuchar emoción, dulzura y cariño en estas palabras, en la realidad parecían pronunciadas de manera mecánica, tan ensayadas que cualquiera dudaría de su autenticidad, ni siquiera asemejaban a una mentira mal contada, sino más bien como un texto que cualquier persona pudo leer en un anuncio de revista. No obstante la chica se llevó una mano a la boca como expresando una sorpresa incontenible, que dio paso al silencio sepulcral que se instaló en el ambiente. El chico apartó la mano de la boca de la jovencita y se inclinó despacio hacia ella con movimientos menos fluidos de los que tendría Cabeza Metálica. La gatita negra tragó saliva y luego cerró los ojos con fuerza como si algo horrible estuviera a punto de pasarle. Muy despacio el joven se acercó a ese rostro que parecía asustado de mantener tanta proximidad, hasta que aquel ridículo sombrero tipo príncipe hizo imposible saber si los labios de ambos se habían juntado y de pronto, el poco ambiente solemne que al fin habían logrado crear, se rompió enseguida por una sonoras carcajadas. Tanto el ninja de azul como la felina se separaron con rapidez para mirar con inconformidad al responsable de tal escándalo.

—¡Nunca pensé que Leonardo pudiera verse más tonto que de costumbre!—vociferó entre risas Rafael en su clásico tono burlón. El rudo chico se sobaba su adolorido estómago que no soportaría muchas carcajadas más, pero era incapaz de detenerse. Junto a él un enfurecido Donnie trataba de reprimir sus emociones al punto que, si hubiera podido, se habría comido a mordidas el libreto completo para que algo lo distrajera de aquella insoportable escena que lo hacía sentir como si un montón de ladrillos le presionaran el pecho. No sabía si agradecer la idea de usar aquel sombrero para fingir el beso u odiarla, porque así nunca podía estar 100% seguro de que esos dos no se besaran, sin embargo fue la manera que encontraron de simular el contacto de sus bocas y aunque ellos nunca se tocaban, Jul cada una de las veces se mostraba tensa como si estuvieran a punto de golpearla con un martillo.

Supuestamente los dos deberían de estar bailando una pieza romántica en esta escena, la última que tendría la pareja en la obra, pero en consideración a los pies de Jul, que ya habían sido pisados por Leo más de una vez antes de llegar al beso, Mikey decidió que ensayarían algunas veces sin la música, para ver si de esa manera podían hacer que ambos se tranquilizaran un poco.

—¡No te burles Rafa! actuar no se le facilita a todo el mundo—se defendió el joven líder—Yo aun no entiendo como puedes decirle todas esas cosas a Abril sin ponerte nervioso ¡Ni siquiera titubeas!—el de azul se mostró un tanto conmocionado y repentinamente se detuvieron las carcajadas del más rudo

—¿A Abril?...E-es solo que tengo talento, no hay nada que entender—el de bandana roja disimuló su nerviosismo al sentir que su hermano mayor se acercaba demasiado a su más reciente secreto, así que trató de cambiar el tema—Además si tan solo Jul y Donnie no se pelearan por todo, podrías haber sido el villano y no estarías ahora tratando de hacerla de casanova, aunque no creo que eso no ayudara a que te vieras menos patético—Rafael se cruzó de brazos y ,con aires de superioridad vio, a su hermano de ojos azules. Este le correspondió con fastidio pero la chica de ojos verdes lo tomó del brazo

—No importa Leo, podemos practicar todas las veces que necesites, hoy no tengo nada más que hacer—la comprensiva sonrisa que la chica le regaló al dueño de las catanas, no hizo más que avivar la llama que ya llevaba tiempo encendida en los hermosos ojos marrón, que no dejaban de escudriñar cada movimiento de la fingida pareja en escena. Un ligero gruñido se escapó de sus delgados labios de chico genio y en el acto su boca pareció tomar voluntad propia para delatar su desesperación con un estridente grito

—¡¿Pueden dejar de hacer eso?!—Se llevó las manos a la boca apenas sintió como todas las miradas del lugar se volvieron para examinarlo con algo de incredulidad y asombro. Había cometido una imprudencia, así que completamente sonrojado trató de maquillar las razones que lo llevaron a prácticamente gritar aquellas palabras—Si van a seguir ensayando por lo menos dejen que terminemos antes los demás… t-tengo experimentos programados para hoy ¿Saben? Y si esperamos a que les salga la escena bien, nos vamos a hacer viejos aquí…—

El esbelto muchacho abrió el libreto en cualquier parte y metió la cara en él para tratar de esconder aquel tinte escarlata que ahora teñía con sutileza sus mejillas. Las miradas poco a poco dejaron de prestarles atención y Jul, que no estaba segura de cómo interpretar todo esto, solo lo observó atenta, como esperando algún tipo de explicación. Leo comenzó a rascarse la cabeza, un tanto apenado al creer que su falta de habilidades en el escenario era la que terminaba por sacar aquellas extrañas reacciones en su hermano menor.

—Lo siento Don, no sabía que estuviéramos causándote tantas molestias—el mayor bajó del esecanario y le tendió la mano a la felina para ayudarla a bajar—Tienes razón, será mejor que dejemos a los demás practicar para que puedan retirarse cuando terminen—la jovencita tomó la mano del ninja de azul y bajó de un brinco de las tarimas elevadas.

Donnie se incomodó ante la idea de no poder seguir meticulosamente todas las acciones del líder y la gatita negra si es que decidían ensayar en otro lugar, así que miró hacia Mikey y Clarise esperando que dijeran algo que detuviera a esos dos, aunque no sabía ni porque lo hacía, después de todo no le quedaba claro que lo alteraba más: que se dijeran toda esa sarta de cosas melosas a solas o el tener que soportar verlos tan cerca el uno del otro. El ninja de naranja volteó a ver a su acompañante y parpadeó un par de veces, luego ambos asintieron y la chica de ojos rubí comenzó a hablar

—¡Claro!—exclamó Clarise—Supongo que quieres ensayar tus escenas con Abril ¿No Donnie?—Ante aquellas palabras Jul examinó con recelo al de bandana morada. Sabía que no le quedaba más que aguantar el hecho de que su genio tendría que compartir el escenario con la pelirroja y la gatita negra debía soportar cada palabra, cada expresión y cada acercamiento como si no le importara.

El esbelto muchacho abrió la boca un tanto incómodo por la aseveración de la asistente de dirección. Trató de buscar una mejor explicación que esa, pero al no encontrarla solo asintió lentamente, logrado así que también el dueño de las sais torciera la boca. No pasó ni medio segundo para que se escuchara un sonoro "Ash" saliendo de los labios de la hermana mayor que resopló molesta. Jul hizo una mueca de disgusto y se llevó a Leo a rastras del brazo mientras agitaba la cola de un lado a otro en movimientos bruscos.

—Como no lo vi venir…—pronunció en voz baja—¡Ojalá te rompas una pierna Donatello!—gritó la mayor en un tono mordaz y pesado, mientras encaminaba sus agitados pasos hasta las sillas más alejadas del lugar.

—¡Que bueno que ya se llevan mejor! ¡Hasta te desea suerte, Don!—Mikey sonrió con inocencia desde su silla de ruedas, pero Donnie lo fulminó con la mirada. El genio paseo los ojos con un toque de decepción hacia donde estaba Jul tomando asiento junto a su hermano mayor, el cual le daba palmaditas en el hombro para tranquilizarla.

—¡Tú te burlas de su actuación y con quien se enoja es conmigo! ¿Quién rayos entiende a las mujeres?—el alto joven rodó los ojos, seguramente ella seguía molesta porque la siguió y evitó que pudiera encontrarse con esa humana. ¿Qué si discutieron?... Tal vez aquella fue la ocasión en la que más se gritaron el uno al otro. Donnie no se cansó de recriminarle lo descuidada que era al permitir que una humana la viera y ella con ojos llorosos le mostró uno de sus colmillos tratando de guardarse las palabras que luchaban por salir de su garganta hasta que no pudo más y contestó a las acusaciones reclamándole que la hubiera estado siguiendo, que nunca confiaba en ella y que la hacía sentir como una persona de tercera, claro que eso le dolió, le dolió tanto al joven de ojos castaños que se reusó a aceptarlo. Se habrían gritado toda la noche de no ser porque sus teléfonos sonaban insistentemente y ambos tuvieron que contestar. Clarise se sentía muy mal y ambos debían regresar a la guarida de inmediato.

Al final el problema solo fue una fuerte distensión abdominal provocada por comer demasiada pizza. Se desarrolló todo un drama porque Mikey se reusaba a creer que su adorada comida pudiera hacerle eso a alguien y menos si ese alguien era la gatita de ojos rubí. Desde esa noche Jul parecía rehuirle un poco y estaba más callada que de costumbre, apenas podía soportarlo, le rehuía la mirada y se escondía detrás de Leo cada vez que la buscaba y él estaba de un carácter insoportable pero no podía evitar estar ahí, mirarla y pedir internamente que al menos le diera una oportunidad de explicarse ¿Pero qué diría? ¿Cómo se justificaría?. Dejó el libreto a un lado y suspiró con cansancio, agachó la mirada en señal de arrepentimiento, pero un ligero golpe en la cabeza lo hizo enderezarla.

—No son las mujeres tonto, es tu encanto natural de nerd—dijo con ironía el de ojos verdes, quien le había dado un ligero golpe en la cabeza con el guion que acababa de soltar

—¿Y ahora por qué me pegas? ¿Tú también te enojaste conmigo porque te quité tu diversión?—le reclamó el más joven de los dos mientras se sobaba la cabeza

—¡Ja!…como si necesitara una razón para eso…—contestó con un poco de inconformidad el mayor, un segundo después comenzó a caminar hacia las sillas mientras gritaba a todo pulmón—¡Abril, mi hermano el ñoño quiere ensayar contigo!—apenas estuvo lo suficientemente lejos, en un espacio separado del resto de los presentes ,unas palabras escaparon de su boca, casi como un susurro—Más vale que cuides tus manos cuando estés con mi pelirroja, Donnie, o lo lamentarás en el próximo entrenamiento—después de esto tomó asiento junto a Casey, completamente dispuesto a arrojar palomitas, bolitas de papel o cualquier cosa que hubiera traído su amigo humano para hacer más llevadera aquella cursilería de obra, cuyo único atractivo para el rudo ninja, era poder besar a Abril frente a todos, sin que ellos se dieran por enterados de lo que ocurría en realidad.

Apenas era medio día y Morta ya había perdido la cuenta de cuantas copas se había tomado ya, pero aun así el alcohol no parecía tranquilizarla esta vez tanto como en otras ocasiones. Las cosas se estaban complicando demasiado, quería apresurar todo para encontrar a Cirse o podrían en aun más riesgo a su aprendiz, sin embargo cada intento había resultado en un fracaso rotundo, así que había llegado el tiempo de descansar la mente y reconsiderar el rumbo que había tomado. Por el momento impuso reglas estrictas a Laquesis, quien solo podría salir en su compañía, no intentaría rastrear al clan Hamato hasta que le entregaran el aparato que solicitaron a su contacto y bajo ninguna circunstancia volvería ver al chico que la ayudó.

La asesina recordaba perfectamente la sorpresa con la que la habían visto esos ojos grises

—¿Por qué? El tipo es un auténtico bobo, ni siquiera representa algún riesgo para nosotras—argumentó la jovencita pero la mayor la miró severamente

—Te lo advertí, una asesina no puede tener amigos, familia o relacionarse con nadie que no se convierta en tu objetivo y esté enterrado 3 metros bajo tierra en el próximo mes—una mirada amenazante se clavó en la chica del mechón rojo, que frunció el ceño enseguida—¡¿NO ENTIENDES QUE GARRA DE TIGRE PODRÍA MATARLO PARA LLEGAR A NOSOTRAS?!—le gritó casi con desesperación su maestra mientras la tomaba con fuerza de un brazo. La chica se soltó bruscamente mostrando su creciente molestia

—No, creo que tú eres la que no entiende. Me hablas de reglas pero eres la primera en romperlas para buscar a tu hija—le reclamó la chica—¿Y qué harás cuando la encuentres? No vas a dejar de ser asesina. Estoy segura de que buscarás la manera de quedarte a su lado y mandarás al diablo todas tus estúpidas reglas—la expresión de dolor de su maestra la hizo callar de inmediato y los pasos de la elegante dama la hicieron alejarse como si una profunda herida se hubiera abierto en su corazón

—Precisamente porque lo comprendo te lo digo, yo ya pasé por ese camino, ya he cometido esos errores y estoy pagando por ellos, quiero asegurarme de que tú no cometas los mismos—Morta abrió despacio la puerta—No volverás a ver a ese chico y es mi última palabra, no me importa si es tu contacto, tu amigo o solo un idiota al que quieres sacarle información. Él no debe saber absolutamente nada de nosotras y si yo fuera tú, ya lo estaría dando por muerto—concluyó justo antes de cerrarla puerta tras ella.

Casi podía adivinar que Laquesis estaría en estos momentos destrozando el cuarto entero, después de todo ella casi nunca había tenido que recurrir a algo así, pero esta vez estaba arriesgando demasiado. Ella había metido a la chica en este mundo, aun cuando iba en contra de mucho de lo que creía, pero no tuvo el corazón de dejarla vivir el triste destino que le deparaba. Hoy no estaba segura de si le había arrebatado más de lo que le había entregado. Tal vez para asegurar que su empresa tuviera éxito y no poner en riesgo a los dos únicos seres que le importaban sobre la tierra, tendría que finalizar los asuntos que había dejado pendientes en el pasado y que ahora parecían perseguirla implacablemente. Tomo una copa más, el mundo a su alrededor comenzaba a moverse pero el estrés no se había alejado lo suficiente como para que pudiera idear un plan eficiente. Aquel sería un día largo sentada frente a esa barra

Era la tercera vez que se equivocaba en su diálogo y Donnie la miró con expresión sosa

—¿De nuevo, Abril?—dijo el genio en tono monótono mientras su amiga solo hacía una sonrisa boba a manera de disculpa—¿Estás distraída por algo?—

—Noooo solo estoy… cansada… es todo—se apresuró a contestar ella mientras el chico se colocaba de nueva cuenta en su lugar para dar inicio a la escena que repetirían por tercera vez. No obstante la kunoichi en entrenamiento sabía muy bien que no estaba siendo del todo sincera. Había algo que ocupaba sus pensamientos y que no la había dejado concentrarse adecuadamente. Era obvio que Rafael y ella estaban en una relación, no obstante la condición clandestina de la misma, la había llevado a preguntarse apenas unos días atrás ¿Qué se suponía que eran? ¿Pareja? ¿Amigovios? ¿Novios? ¿Amigos con derechos?... Tal vez el rudo chico consideraba demasiado cursi el hacer una declaración formal para un noviazgo y su idea de estar juntos consistía continuar con las cosas tal y como se fueran dando, pero ella no estaba segura de sentirse cómoda con eso y no tenía idea de cómo tocarle el tema sin que las cosas terminaran en una de esas explosiones de ira que tanto lo caracterizaban.

Ajeno a la tormenta de cuestionamientos en la cabeza de su amiga, el chico de ojos marrón inició con sus diálogos

—Me alegra ver que entendiste la situación preciosa—la tortuga caminó hasta la pelirroja y le acarició un mechón del rojo cabello—De otra manera no hubiera podido ser lo suficientemente discreto como para que los demás no se enteraran de todo—de inmediato le pasó uno de los dedos de la frente a la mejilla y le sonrió con malicia—Eres más inteligente de lo que pensé—concluyó guiñándole un ojo y al fondo de lugar, Jul, solo trataba de mantenerse concentrada en el libreto para evitar ser consumida por los celos que aforaban en ella, debido las expresiones de confianza que el esbelto joven tenía con su mejor amiga

—Lo hago solo porque no quiero que lo lastimes, pero que te quede muy claro; si faltas a tu palabra, me encargaré de que todos sepan la clase de patán que eres—Donnie rodó los ojos ante las palabras de la chica y momentáneamente pudo ver a Jul mirando con una tremenda insistencia su libreto, el cual casi rompía al sujetar con una fuerza inusual

—Se buena niña y todo saldrá bien—El muchacho acercó su rostro al de Abril mientras miraba de reojo lo que hacía la felina. La mirada de la gatita se apartó del papel con lentitud, se posó en él con ternura y el jovencito se tensó de inmediato. Su sobresalto no se debió en absoluto a la manera en que ella lo contemplaba, aunque era algo que había deseado desde su última discusión, sino a que en lugar del hermoso color verde tóxico que caracterizaba aquellos expresivos ojos, el genio vio un intenso tono violeta que solo podía pertenecer a una persona.

Fue tan grande la impresión que sufrió, que de inmediato pudo sentir la sangre yéndose a los pies y se quedó completamente helado, como el más grande idiota en el planeta. Aun cuando la pelirroja repitió dos veces su diálogo para dar lugar a que el chico le contestara, su boca solo balbuceó algo que la chica no comprendió

—¡Por los diarios perdidos de Tesla!—susurró el chico sin que ella pudiera entender a qué se refería, por lo que dirigió la mirada hacia donde él estaba mirando, pues tal vez de esa forma pudiera descubrir qué era lo que lo llevó a decir una frase tan extraña.

La mejor amiga del genio notó como la gatita negra había empezado a asustarse ante aquella expresión que se había dibujado en el rostro juvenil cubierto por esa bandana morada. El chico estaba pálido, como si hubiera visto un fantasma, así que Jul volteó detrás de ella para cerciorarse de que en realidad el esbelto joven no estaba observando algo a sus espaldas, pero al notar que no había nada solo lo miró conteniendo el aliento

—Ya déjense de tonterías y terminen la escena—escuchó Dontello a su hermano más rudo como si estuviera a miles de kilómetros de distancia, sabía que debía de continuar, pero tener esos ojos frente a él, mirándolo como si no se hubieran separado nunca de su lado, fue demasiado. Ordenó más de una vez a sus piernas moverse, pero no lo consiguió, y de pronto una manzana arrojada por Rafael le cayó directo en la cabeza con lo que cayó como en cámara lenta

—¡Hay no!—gritó Jul al otro lado del auditorio y corrió a toda velocidad para llegar a su encuentro, dejando caer al suelo el libreto. En el acto la pelirroja se apresuró a tratar de sujetarlo, pero esto solo consiguió que el ninja de ojos marrón se la llevara con él, por lo que los dos cayeran sin remedio. Él aterrizó de lleno sobre su mejor amiga que quedó atrapada entre el esbelto joven y el suelo

—¡Donnie quítate de encima por favor!—dijo la pecosa con dificultad debido a la falta de aire. El inteligente muchacho se apartó tan apresurado como pudo, se sentó en el suelo y de inmediato buscó con la vista a Jul quien se subió a toda velocidad en el escenario y se arrodilló para poder examinar al genio apenas estuvo junto a él. El chico la miró paniqueado y cuando ella intentó tocarlo, él solo se hizo hacia atrás, sus ojos eran verdes nuevamente. De pronto sintió una desesperación que no podía controlar

—¿Cómo hiciste eso?—preguntó él mostrando una profunda desconfianza

—¿Hacer qué?—la de pelaje negro lo miró desconcertada y el de ojos castaños hizo una mueca de molestia, como si fuera obvio a lo que se estaba refiriendo

—Cambiar tus ojos de color ¿Cómo lo hiciste?—el genio se puso de pie manteniendo su distancia de la chica y ahora ella era quien lo veía asustada y con asombro

—¿A-a qué te refieres?—no pudo ocultar el miedo y ansiedad que le causaba la posible respuesta mientras se levantaba, Leo se colocó tras de la chica y Rafael ayudó a Abril mientras ponían atención a la extraña conversación

—¡No te hagas la tonta! hace un minuto tus ojos se veía de otro color ¡Dime ahora mismo cómo lo hiciste! ¿Qué pretendes? ¿Burlarte?—le gritó el joven y Jul lo miró más asustada mientras negaba enérgicamente con la cabeza

—Te juro que no sé de lo que me estás hablando, yo no he hecho nada—la gatita negra dio un paso atrás y el líder la sujetó de los hombros para respaldarla

—Tranquilo Don, explícanos qué es lo que está pasando, porque creo que nadie entiende nada—argumentó el de bandana azul, pero esbelto muchacho no se tranquilizó, al contrario comenzaba a verse más estresado a cada minuto

—¡Tú la viste no Abril! Dime ¿Viste el color de sus ojos?—la jovencita pelirroja se encogió de hombros ante el cuestionamiento de su amigo

—Verdes, como siempre Donnie ¿Por qué? ¿Qué viste tú?—La inteligente tortuga negó enérgicamente ante la respuesta de su amiga y después miró a Jul con una expresión decidida

—Reconocería esos ojos donde fuera—comentó en un susurró y Jul solo tragó saliva con dificultad, cuando de pronto un sonido familiar llegó a los oídos del grupo de tortugas, era algo parecido a un trino. No fue necesario más de medio segundo para que los cuatro hermanos identificaran de inmediato al responsable

—Hola amigos, Sir. Malachi, el hechicero gris de las montañas del norte los saluda—anunció en voz solemne un regordete gorrioncito antropomorfo que se hizo paso hasta llegar al el escenario y se inclinó en una reverencia

—¡Martin, viniste!—dijo con efusividad el menor de los Hamato, pero el esponjado pajarito no tuvo ni oportunidad de contestar cuando el chico genio se le fue encima en una muestra inusual de ira

—¡TÚ! ¡FUISTE TÚ MALACHI! TÚ ME HICISTE VER LOS OJOS DE JUL DE OTRO COLOR ¿VERDAD?... ¡CONTESTA!—Pronunció furicamente el chico genio mientras que levantaba del cuello de la capa al pequeño mutante

—N-no me lo tomes a mal Donnie, Mikey me dijo que tú peleabas mucho con una gatita negra y yo solo quise evocar un dulce recuerdo cuando la miraras, no tenía idea de que te alteraría tanto—el hechicero se disculpó mostrando una sonrisa arrepentida pero el ninja del bo en cambio frunció el ceño con molestia. El mayor intervino y guio a su hermano menor para que soltara al pequeño mutante

—Veo que aun no aprendes a quedarte fuera de la cabeza de otras personas—comentó el de azul—¿Qué es lo que te trae por aquí esta vez Malachi?—

—¿Fuera de la cabeza de otras personas?—Preguntó confundida la jovencita de pelaje negro y el de rojo procedió a explicarle

—Cabeza de plumas puede hacer ver a otros lo que él quiere, se mete en sus mentes y con eso los manipula—Rafa miró con desagrado al pequeño hechicero y este solo se aproximó un poco más al de naranja para alejarse de iracundo ninja

—Mikey me pidió que viniera a ayudarles con la obra—el pequeño gorrión se acercó a su querido amigo de ojos azul cielo y lo abrazó efusivamente—Me alegra verte mi estimado "elfo" ¿Cómo está ese anillo de +1?…—

—Ahora ya tengo uno de +2, el de +1 ha quedado en el olvido—comentó la pecosa tortuga con una sonrisa triunfal, luego ambos soltaron el abrazo y el ave se dirigió entonces al grupo

—Lamento mucho que mi pequeña broma hubiera causado tal alboroto—volteó a ver a la gatita negra que lo observaba con curiosidad y le sonrió—les aseguro que mis intensiones nunca han sido causarles problemas—El dueño del bo frunció la boca, se cruzó de brazos y miró a otro lado, como si esas disculpas no le fueran suficiente después del tremendo impacto que había sufrido—Hey D, solo fue un error, quería evocar la mirada más dulce que recordaras cuando la vieras, para ver si podía hacer que se llevaran mejor, no pensé que eso fuera a causar problemas—explicó el gorrión y el alto muchacho le dirigió una última mirada de molestia para luego inclinar la cabeza en señal de comprender

—Sí, supongo que aun no mides bien las consecuencias de tus actos, solo deja mis recuerdos en paz—Jul examinaba las expresiones del genio, pues quería saber cuál había sido ese recuerdo que lo había alterado tanto, sin embargo decidió mantener distancia después del incidente en el cementerio no estaba segura de cuanto sabía él, había pasado horas en vela tratando de recordar todo lo que había dicho frente a esa tumba pero no estaba segura y el que le recriminara el haber cambiado el color de sus ojos casi la mata del susto

—Y cómo es que este lindo y regordete pajarito nos ayudará en la obra—preguntó Clarise detrás de la silla de ruedas. Martin la miró con atención, pues sus instintos de ave, por alguna razón, le hicieron sentirse intranquilo ante esos ojos rojos y los afilados colmillos de la felina.

—Hablé con Martin y me dijo que podría ayudarnos a hacer que la utilería se viera más real, el vestuario más vistoso pero sobre todo…—el de naranja hizo una gran pausa y movió las manos como si redoblaran unos tambores e imitó el sonido que emitían en los programas de concursos previo a una gran sorpresa—Hará que Leo y Jul actúen mejor… ¡Gracias, gracias! Sé que soy brillante—concluyó el menor de los Hamato inclinando la cabeza como si estuviera recibiendo un sinfín de elogios por su idea

—¿Hacernos actuar mejor? ¿Y cómo es que él lograría hacer eso?—preguntó el mayor sin comprender en absoluto cual era el plan de su pequeño hermanito

—Mikey me comentó que están teniendo algunos problemas con las escenas románticas, así que juntos ideamos un plan para facilitarles las cosas—comentó el pajarillo con alegría

—¿Eres maestro de actuación o algo así?—preguntó la de pelaje negro

—No, pero puedo hacer algo mejor que el que aprendan a actuar, mi delicada dama de obsidiana—el adorable mutante tomó de la mano a la gatita negra y depositó un beso en ella, pero la jovencita la retiró de inmediato, lo cual fue un alivio para el genio que ya había sentido como sus tripas se retorcían de solo mirar aquello

—Lo siento, soy un poco tímida con el contacto físico, por favor no hagas eso—dijo ella completamente sonrojada y sin darse cuenta el de bandana morada se sintió más tranquilo cuando Jul dio un paso atrás alejándose de la pequeña ave, sin embargo la insistencia de Malachi en ser caballeroso con ella lo hizo exasperarse de nuevo

—Ya veo, reciba por favor las disculpas de este humilde servidor, distinguida dama de la noche—las mejillas de la gatita se encendieron como carbones en el acto y no pudo evitar llevarse a la cara las manos para tratar de evitar que los demás notaran lo avergonzada que se sentía de recibir palabras tan halagadoras

—¡Hay solo dinos qué se supone que harás y deja a un lado tanta palabrería!—bufó incómodo el genio "¿Por qué todos le prestan tanta atención?" se dijo para sus adentros la esbelta tortuga mientras miraba a otro lado ocultando su molestia por las atenciones que recibía la jovencita.

—Bueno…sé que ustedes dos no son muy buenos fingiendo sentimientos que no tienen, así que les facilitaré las cosas y les haré ver en su compañero de escena a la persona que aman—aclaró dirigiéndose a Leo y Jul, en ese instante ambos jóvenes se miraron asustados parpadearon un par de veces y palidecieron antes de soltar un grito en común

—Noooo—Vociferaron al unísono la gatita negra y el líder mientras que el de rojo reía burlonamente

—¡Cómo voy a disfrutar las escenas de Bobonardo de ahora en adelante!—se burló mientras que la chica de ojos azules lo miraba con fastidio

—Te agradezco mucho tu interés Malachi, pero no creo que eso sea una buena idea—intervino el líder a quien ya se le empezaban a subir los colores al rostro.

—No se preocupen, solo ustedes sabrán lo que ven, los demás los veremos tal cual son, cierren los ojos y luego ábranlos, será muy fácil—ambos se miraron aun inseguros de continuar con este plan, pero después de unos segundos la chica de pelaje negro suspiró y se encogió de hombros para darle a entender al líder que accedía a intentar el descabellado plan de su hermano menor.

Al final ambos siguieron las instrucciones del pajarito, con lo que en un instante Jul vio a Leo como si fuera Donnie y el líder, en lugar de ver a su amiga de ojos verdes, se encontró con una mirada ámbar que casi lo hizo estremecer. El joven desvió los ojos de inmediato completamente sonrojado pues solo estar frente a esa hermosa mujer tenía un efecto abrumador en él

—Sigo sin estar seguro de que esto resulte—el joven líder actuaba más cohibido que de costumbre, pues procuraba no tener que enfrentar las visiones que los poderes del esponjadito mutante le provocaba

—Sí, yo no creo que esto vaya a cambiar mucho las cosas—Dijo Jul para después soltar un sonoro suspiro. Ante sus ojos el líder se lucía como su hermano de bandana morada, pero ella estaba acostumbrada a ignorar la vista y confiar en sus demás sentidos. Entre el andar del mayor y del genio había un mar de diferencia, cosa que no pasaba desapercibida a su agudo oído. Además el perfume de la piel del esbelto muchacho no se asemejaba en nada al de su hermano, por lo que su olfato también contradecía lo que su visión trataba de decirle. Esto en conjunto con otros mil detalles la llevaron a darse cuenta jamás podría sentir que aquel chico pudiera ser realmente su Donnie, así que Malachi tendría que mejorar mucho sus ilusiones si realmente quería lograr algún efecto en ella.

Por su parte el genio observó cauteloso la nula reacción que tuvo la chica ante los poderes del mutante emplumado. Aquello le pareció muy extraño, así que su mente buscó vertiginosamente la razón. Al final la única explicación que le pareció coherente era que lo que veía la felina y la realidad eran exactamente iguales ¿Pero por qué? Astutamente pensó con facilidad cientos de razones, pero tan fácil como llegaron descartó la mayoría, pues las circunstancias y los hechos las contradecían, hasta que al final se quedó con dos causa probables; una era que Jul nunca había estado enamorada, así que los poderes del pajarillo no tendrían ningún efecto sobre ella. La segunda causa por la que ella podría seguir viendo a Leo, era que realmente estaba enamorada de él. Sacudió su cabeza al pensar en esta última posibilidad… "no" se dijo al instante casi asustado. "Una chica tan manipuladora no podría enamorarse realmente de alguien tan recto como Leo, simplemente no puede ser" concluyó mientras trataba de apaciguar a su frágil corazón, el cual sintió un ligero pinchazo de solo considerar aquello. Contempló con cuidado a la felina y luego a su hermano mayor mientras la conversación continuaba

—¿De qué hablan? Seguro con esto dejaras de verte como un robot en el escenario—comentó el rudo ninja

—¡Ja! Hasta Cabeza Metálica lo haría mejor—masculló el de ojos azul cielo en tono bajo, pero no lo suficiente como para que su hermano de azul no lo mirara molesto ante esta comparación.

—Él tiene razón, no hay nada que pueda empeorar como actúas Leo, así que seguramente tendrán una mejora ¿O qué? Temes que ahora Jul pueda apuñalarte por la espalda—Rafa tenía la certeza de a quien veía su hermano de ojos azules. Aunque aquello le molestara, bien sabía que su temerario líder probablemente no había logrado olvidar a la kunoichi sin importar la tortuosa historia que habían tenido juntos

—¡Ya cállate Rafael!—Leo trató de dar por finalizada la discusión con lo que desvió su mirada pasando así sus ojos por la gatita negra. Contuvo su asombro, pues nunca pensó poder contemplar con tranquilidad ese cabello bicolor y esos labios rojos que hacía poco le habían concedido probar. No podía negarlo, la ilusión de Marlachi era bastante fiel a la original, por lo que deteniéndose a reflexionar se percató de que esto tal vez no fuera tan desagradable, así que una sutil sonrisa se dibujó en sus labios, sin embargo este discreto gesto terminó por ser notorio para la analítica mirada castaña que en esos momentos lo estudiaba de manera disimulada para no llamar la atención.

Una jaqueca tremenda se instaló en su cabeza y el olor a comida y café la despertaron de la única forma que ella podría catalogar como agradable bajo esas circunstancias. Por la iluminación del cuarto le resultaba obvio que la noche había caído desde hacía un buen rato, que no había regresado a su cama por su propio pie, sino que aquella jovencita acostumbrada a sus borracheras de estrés había ido por ella cuando cayó exhausta en el bar, pero no quiso pensar demasiado en ello.

—Supongo que anoche no pudiste verla—Laquesisi dejó en el buró junto a su cama una charola. La mujer negó con la cabeza y paseo sus ojos por el lugar que se veía intacto, contrario a lo que esperaba

—Bueno, podría decirse que sí… creo que nos vimos un instante, pero al final todo resultó una pérdida de tiempo…Veo que no destrozaste la habitación ¿Estas madurando acaso?—comentó la mujer mientras bebía el café

—Me molesta que no creas que puedo defenderme a mí misma, pero creo que entiendo tus razones. Y no deberías preocuparte por Sacary Moovie, si ese gato crecido se lo come, sería una ganancia para la humanidad más que una pérdida—la chica le ofreció una pastilla a su maestra para el dolor de cabeza.

—Debería de preocuparme porque no pareces enojada conmigo ¿Piensas acuchillarme? Porque si es así creo que acabas de perder tu oportunidad—bromeó la mujer para luego comenzar a comer el delicioso platillo

La chica se paró de la cama—Solo estoy sorprendida, nunca pensé que pudieras ser tan fastidiosa como una madre promedio—la mujer de cabello negro suspiró

—Lo pensé mucho anoche y creo que tengo que encargarme de todo esto antes de que se haga más grande—la mujer dejó a un lado la taza de café y su aprendiz asintió

—No esperaba menos de ti ¿Ya tienes pensada alguna estrategia?—preguntó la chica al tiempo que le acercaba a su maestra uno de los cubiertos

—Sí, convertiremos sus ventajas en su punto débil y necesitaré que compremos algunas cosas—Los ojos azul acero escudriñaron a la jovencita que solo asintió de manera solemne.

Todos llegaron exhaustos de aquel ensayo ¡Quién diría que tener que soportar un sube y baja de emociones podría desgastar así a artemarcialistas altamente entrenados!

Donnie se refugió en el primer sillón que encontró dejándose caer de panza sin querer saber nada más del mundo por el resto del día. Rafa se dejó caer sobre el genio que aunque se quejó un poco se negó a moverse ni un centímetro. Abril tomó asiento, o mejor dicho, se desparramó justo en medio del sofá que estaba junto al sándwich de tortuga que hacían su mejor amigo y su más reciente interés romántico. Jul se acomodó en el del fondo, recogiendo sus piernas como de costumbre y recargando la cabeza en las rodillas. El tierno pajarito aprovechó que la pelirroja estaba sola y se acomodó recargando la cabeza en sus piernas, corrió con la suerte de que su celador personal estaba demasiado agotado como para ir y darle unas lecciones de vuelo gratuitas por haberse tomado esas confianzas con SU Abril. Leo y Clarise fueron los últimos en unirse a los demás, pues tuvieron que ir a dejar a su cama al de bandana naranja, más por precaución que porque realmente lo necesitara tanto. No obstante el pequeño diablillo se quedó dormido al instante.

Clarise se recargó mimosa en el hombro de Abril que quedaba libre, lo cual le pareció raro a Jul, pero al estar tan cansada no quiso pensar mucho en ello, no obstante eso no fue un acto casual, era parte del plan de la gatita blanca para hacer que Leo estuviera junto a su hermana y presionar más al genio, aunque no sabía si esta vez habría algún efecto, porque su objetivo parecía más muerto que vivo y tal vez ni notara que esos dos compartían el amplio sillón del fondo.

Los ojitos rubí que resaltaban en ese sedoso pelaje blanco habían empezado a cerrarse cuando escuchó entre sueños algo que la emocionó

—Maestro Splinter ¿Esa es la caja del árbol de navidad?—preguntó Leo aun acomodado en el sillón

—Así es hijo mío, las fiestas decembrinas iniciarán pronto y debido a que ustedes han estado muy ocupados últimamente, pensé en empezar este año a poner las decoraciones yo mismo—Una sonrisa comprensiva se dibujó en el viejo rostro de aquella amorosa rata, que se vio gratamente sorprendido al escuchar el genuino entusiasmo en dos de las juveniles voces de la guarida

—¿Alguien dijo árbol de Navidad?—Eran Mikey y Clarise que en un instante estuvieron parados junto al experimentado ninja impacientes por ayudar en una de las tareas más divertidas del año

—¡No puedo creerlo! ¿Puedo ayudarle? ¡Por favor diga que sí! ¡Diga que sí!—La gatita blanca jalaba insistente la Yucata que envolvía el cuerpo del maestro Splinter

—Claro que puedes Clarise—La rata le señaló las cajas que estaban ya en el piso—¿Podrías ayudarnos a abrir estos paquetes? Seguramente con la ayuda de tus garras nos facilitaras mucho la tarea—dijo mientras una agradable sensación de asombro lo llevaba a preguntarse quién tendrían más energía, su adorado hijo menor o la chica vivaz que parecía no tener reparos en expresar su cariño o interés por su pecoso hijo.

—Alto ahí Clarise, no usarás tus garras en ninguna de esas cajas sin mi supervisión—La mayor se puso de pie y caminó con un poco de desgano hasta donde la más pequeña la esperaba impaciente. Detrás de Jul, el líder dejó su descanso atrás para ayudar a su padre y en el camino le gritó a su hermano temperamental

—Deja ya de torturar a Donnie y ven a ayudarnos ¿O qué? ¿El gran Rafael Hamato ya se cansó?—En el acto el de ojos verdes lo fulminó con la mirada y levantó su peso de su pobre hermano de bandana morada.

—Haré que te comas tus palabras, sin sal y con una buena porción de "Cállate si no quieres que te patee el caparazón"—El ninja temperamental no se quedó con el grupo, fue junto con su padre a buscar el resto de las cajas, aquellas que seguramente eran más pesadas y que cada año, desde que pudo, se encargaba de sacar para demostrar su fuerza superior. Hoy en día cualquiera de sus hermanos podría cargarlas, pero después de tantos años aquello se había convertido en tradición.

Donnie no dijo nada, solo se escurrió del sillón con actitud perezosa, como si fuera solo una masa verde y gelatinosa que al tocar al piso adquirió la forma de una tortuga. Se acercó al sillón donde estaba Abril y tomó al pequeño Malachi, que ya roncaba a todo pulmón. Lo llevó a la cama donde se quedaba la pelirroja, no había que olvidar que era menor que ellos y que solo era un muchacho común, sin entrenamiento especial, y aun así había dado su mejor esfuerzo ese día para que el regalo de Splinter fuera tan glorioso como su mejor amigo soñaba. Se había ganado esa siesta a pulso. Después de eso regresó para encontrarse a su mejor amiga sacando cosas de los paquetes y sonriendo ante la inocente expresión de sorpresa que ponía Mikey cuando le ponía enfrente el más mínimo adorno que salía de las polvorientas cajas.

Jul reía viendo a su hermanita tratando de buscar ingeniosos usos para los viejos objetos que su padre recolectó a lo largo de los años para regalarles durante toda su infancia una colorida navidad. Su familia no seguía los dictámenes religiosos de los cristianos, pues su padre trajo con él las creencias Shintoistas y Budistas que heredó a sus hijos, pero sabiendo muy bien que esos seres que adoptó como su familia tendrían que enfrentar cosas que otros jóvenes no podrían ni imaginar, Splinter quiso que ellos pudieran disfrutar de la felicidad e ilusión que vio en los niños occidentales en estas fechas. Donnie atesoraba las memorias de las acogedoras fiestas subterráneas que cada año disfrutaba en compañía de su padre y sus tres hermanos, fiestas que poco tenían que envidiarles a las suntuosas algarabías de la superficie.

Sabía que recordaría para siempre esos años felices, pero lo que no sabía es que ese año había llegado a él otra cosa que nunca olvidaría, la encantadora risa de la jovencita de ojos verdes, que inundó el lugar, pero sobre todo su alma, con una alegría que tenía mucho sin sentir, una alegría que se había ido con su Cirse hacía ya algunas estaciones atrás. Viendo a esa chica de negro pelaje carcajearse, hasta casi caer al piso por el dolor de estómago, de pronto sintió sus fuerzas renovadas. Aquella sería una celebración hermosa y aunque él hacía algún tiempo ya había dejado de tener interés en cualquier tipo de religión, decidió que no se privaría de las cosas buenas que aquellas costumbres le regalaban.

Se acomodó junto a Leonardo para ayudarle a poner la estructura que asemejaba un verde follaje, para después esmerarse en poner las luces sin que se incendiara el árbol. Ya llevaba un record de tres años consecutivos, así que pensaba defender su título.

Ya casi habían terminado de poner el viejo árbol, que adornado casi desde punta a la base, parecía un sueño que se había escapado del algún aparador para llenar de ilusión el obscuro hogar de aquellos singulares héroes.

—Nuca pensé llegar a ver algo tan hermoso—Clarise se talló los ojos para asegurarse de que no estaba soñando. Abril puso una estrella entre sus manos y la chica la miró maravillada

—Este año tú la pondrás en la punta, normalmente lo hace Mikey, pero no creo que se moleste si ahora lo haces tú—explicó la pecosa chica que de inmediato notó que Clarise miró emocionada el adorno y luego se lanzó a abrazar a la pelirroja con agradecimiento

—¡Gracias Abril!—Dijo apretándola tan fuerte como pudo, pero en ese momento vio a su hermana, a quien la felicidad que la llenaba hacía algunos momentos parecía habérsele escapado de solo mirar el árbol ya decorado.

—¿Qué le pasa? ¿Por qué esta tan triste si hace poco casi se carcajeaba en el piso?—preguntó una voz tras ella. La dueña de los ojos rubí analizó a Jul con cuidado, se dio cuenta que observa sin pestañear el objeto completo, era como si recordara algo, algo que no era desagradable pero que extrañaba muchísimo, entonces recordó que el aniversario luctuoso de Gyuan Moo acababa de pasar. Después de recordar eso, no necesito mucho más para darse cuenta que Jul había perdido a toda la familia que había tenido, para Navidad

—Debe de extrañar a su padre—exteriorizó sus pensamientos en voz alta cuando ya había soltado a Abril y la pelirroja volteó a mirar a la gatita mayor con compasión. Sabía lo que era separarte de tu padre, pero ni remotamente podía imaginar el dolor de tener que resignarse a no volverlo a ver.

Donnie, que fue quien hizo la pregunta volteó a ver a Splinter y luego a la chica que aun veía con ese toque triste el símbolo que inundaba tantos corazones con felicidad. En ese momento supo a quien pertenecía esa tumba, casi comprendía el porque ella estuvo dispuesta a hablar con aquella humana, si él hubiera perdido a su padre y mentor tan pronto, también quisiera recuperar cualquier cosa que lo hiciera sentir que estaba aun a su lado. Sintió deseos de abrazarla, de confortarla hasta que esa sensación de añoranza se borrara de su rostro, pero cuando dio el primer paso hacia ella se dio cuenta de algo

—Espera…¿Por qué dijiste "su padre" y no "nuestro padre"? ¿No se supone que son hermanas?—A Clarise se le resbaló la estrella de las manos por la impresión. Hizo varios movimientos para atraparla el dorado adorno el aire, luego volteó a ver al genio con una sonrisa boba. Dejó salir una risita tonta y forzada para luego salir corriendo a donde estaba Mikey y así evitarse las explicaciones.

—¡Miren, tengo la estrella!—gritó en el camino y el esbelto muchacho la miró receloso, definitivamente esas dos actuaban muy raro en ocasiones y él quería saber porque

—¿No te parece tierno que siendo medias hermanas se quieran tanto?—comentó su mejor amiga sacando al chico de sus maquinaciones

—¿Qué?—susurró él y la chica procedió a explicar

—Bueno es que creo que si Jul no tiene el mismo padre que Clarise, debe de ser porque son medias hermanas, es decir solo comparten lazos maternos—Abril pronunció un poco apenada sus conclusiones y el de ojos marrón solo asintió

—Suena bastante coherente y creo que tienes razón, no todos los medios hermanos que se quieren así—afirmó el chico

—Me recuerda un poco a ustedes—Donnie esta vez torció la boca

—¡Claro que son hermanos! No me mal intérpretes, pero es poco probable que tengan el mismo padre y madre, la verdad es que lo único genético que los une a ciencia cierta es Splinter ¿no?—Sí, ella tenía razón, la unión que tenían no era tanto de sangre como de amor. No obstante, él nunca podría ver a Leonardo, Rafael o Mikey de otra manera que no fuera como sus hermanos, así, sin palabras que se antepusieran o le siguieran, porque simplemente no había nada más que agregar. En eso tenía un poco de razón Abril, de alguna manera rebuscada y rara la relación de hermandad que tenía Jul y Clarise podría tener algún remoto parecido con la suya, pero para él nunca sería tan comparable. Después de todo ellos debían su familia a la mutación, algo que esas chicas no entenderían, o al menos eso era lo que él creía. El genio movió la cabeza de un lado a otro un tanto renuente a aceptar aquella comparación, pero lo suficientemente abierto como para tampoco negarla rotundamente.

Igual en ese momento, aquellas reflexiones no eran lo que más le importaba, pues apenas Rafael trajo las cajas nuevas y Abril puso su atención en sacar sus contenidos el genio se escabulló para poder estar cerca de Jul

—No sé como Mikey y Clarise pueden tener tanta energía todavía—dijo él sentándose en el suelo junto a la chica, ella concentró su vista en su hermana menor, que era cargada por Leonardo para dejar sobre la punta de aquel árbol una estrella dorada que desplegó un reluciente brillo, similar al que tienen todas esas joyas puestas en las vitrinas de las joyerías. Estaba asustada, preocupada, triste y cansada de intentar e intentar sin conseguir que él dejara de verla como un problema, no quería equivocarse de nuevo y que él volviera a gritarle como esa tarde. Donnie se acercó un poco más y justo antes de decir algo ella al fin se decidió a hablar

—¡Y eso que no la has visto dormida! Parece que no puede quedarse quieta por más de 10 minutos y todo el tiempo te persigue para acurrucarse junto a ti—Comentó Jul con un ligero tono de desesperación

—¿Sigue durmiendo en tu cuarto?—preguntó el chico extrañado y la jovencita asintió

—No soporta dormir sola—La gatita ladeó la cabeza con resignación

—Sí, creo que le gusta demasiado la compañía—el joven se volteó a mirar a la chica, trató de decir algo pero luego se detuvo. Regresó su vista a Clarise y finalmente se decidió a hablar—¿Y qué prepararán para la cena de navidad?—Jul se puso muy seria y luego suspiró

—Aun no lo sé—contestó con desgano. La jovencita había dejado de celebrar aquella fecha desde la muerte de su padre, pues sentía que no tenía nada que festejar. De la noche a la mañana se había quedado sola en el mundo y toda aquella parafernalia, solo acentuaba su tristeza cada año, no obstante al ver la ilusión que todo aquello le hacía a su hermana, la había llevado a considerar retomar esas costumbres, aunque fuera solo para ver feliz a Clarise

—Tal vez deberían de venir a cenar con nosotros—dijo de pronto el genio y Jul volteó a verlo sorprendida, no obstante Donnie, nervioso, se resistió a mirarla de vuelta. Siguió atento a las expresiones de inocencia y felicidad que hacía la gatita blanca cuando escuchaba los relatos relacionados con los regalos que la pecosa tortuga y el líder recordaban de aquellas fechas—Es decir, a Mikey también le encanta esa noche, se esmera mucho en prepararnos lo mejor de su repertorio. Y aunque este año él no podrá cocinar, seguro le alegraría aun más si sabe que también estará Clarise—Cuando el chico al fin tomó el valor para mirarla, descubrió nervioso que ella lo miraba fijamente, como queriendo saber qué pasaba por su cabeza

—De verdad nos invitas a las dos para navidad? Es decir… podría traer solo a Clarise si es que tú..—comentó un poco insegura la chica

—¡No! No creo que podamos controlar a Clarise y a Mikey con tantos dulces y comida si tú no estas para poner a tu hermana en cintura—el esbelto jovencito estaba haciendo un esfuerzo monumental por no demostrar lo nervioso que se sentía al hacer aquella invitación, pero desde que la gatita blanca reveló la razón de la profunda añoranza que se posó en los expresivos ojos verdes de su hermana, él no quiso otra cosa que no fuera verla sonreír de nuevo. Pensó que si ellas no tenían que pasar esa noche solas, tal vez la carga de no tener a sus padres con ellas serían menor y al parecer su plan estaba funcionando porque Jul miró a otro lado y con una sonrisa tímido asintió

a—Está bien, hablaré con ella y te confirmo mañana ¿Está bien?—la jovencita no quería mirarlo, pero a final esa dulce mirada lo acarició por fin, lo esperó tanto, lo deseó tanto que cuando aquellos ojos verdes se clavaron en los suyo su corazón comenzó a latir como si llevara horas entrenando, se ruborizó, estaba seguro porque sus mejillas se sentían calientes y le costó trabajo asentir para contestarle sin tener que hablar ¿Qué rayos le pasaba?

—¡Donnie es hora de prender las luces!—gritó emocionado su hermanito menor y el genio salió de aquel tremendo sopor. Agradeció en silencio que el pequeño pecoso le diera la excusa perfecta para salir de ahí, se puso de pie y caminó hasta donde ya su padre lo esperaba con la clavija en mano. Jul lo siguió con la mirada, como tratando de descubrir qué le pasaba, ese día el esbelto muchacho había estado muy raro.

Esperó horas cubierta bajo el manto de la helada noche, se había empezado a resignar con tristeza pensando que no iría, pero cuando dio media vuelta para irse se encontró de frente con el filo de su espada.

—¿Quién se ha vuelto confiada ahora?—Leo sonrió tratando de aparentar que no había corrido como un desesperado después de asegurarse que todos habían caído rendidos por el sueño

—Llegar tarde no es muy de tu estilo ¿Qué te detuvo? ¿El sentido del honor?—la jovencita rodó sus ojos ámbar e hizo una mueca como si tratara de recordar algo, luego extendió la mano para sujetar la del chico junto con la empuñadora de la espada. Aprovechó para hacer que el líder retirara su ataque, y se acercó sensualmente a él—¡Hay no! ya recordé que yo te quité eso hace poco—le giño un ojo y el de ojos azules se alejó un poco cohibido

—¿Podrías dejar eso por la paz? Además, no me has quitado el sentido del honor, solo lo manchaste y espero que te hagas responsable de eso—El líder utilizó un tono insinúate pero que en conjunto con esas palabras solo hizo reír a la chica

—¿Quisiste sonar seductor o lamentable?—preguntó entre sutiles carcajadas, provocando que el intrépido se sonrojara instantáneamente.

—¡Hay! Ya déjate de juegos y dime para qué querías verme de manera tan "urgente"… tengo muchas ocupaciones ¿Sabes?—la chica detuvo las carcajada e hizo un esfuerzo sobre humano para recuperar su actitud de costumbre

—Solo estaba dándote oportunidad de relajarte antes de tu recompensa de esta noche—Karai le pasó el dedo índice por el mentón suavemente haciendo al ninja de las catanas tragar saliva sonoramente. La chica acercó el rostro a él con sensualidad y justo cuando el chico cerró los ojos comenzó a hablar—Garra de Tigre tiene nuevos enemigos en la ciudad, enemigos que no tienen nada que ver con Destructor y parecen ser muy hábiles—Después de escuchar esto Leo se apartó y abrió los ojos mientras ponía una cara muy seria. No era la reacción que esperaba la kunoichi

—¡Es verdad y si quieres puedo conseguirte pruebas!—la jovencita trató de ser más convincente pero el chico no pareció interesado en eso

—No es necesario, esa era información que ya tenía—espetó el joven secamente

—¿Qué? ¿Como rayos lo supieron?—dijo sorprendida la chica, no le cabía en la cabeza que ella, viviendo bajo el mismo techo que el mercenario, hubiera conseguido la información apenas ese día por la madrugada y él la tenía desde quién sabe cuándo

—También tenemos nuestro departamento de inteligencia y espionaje—aseguro con aires de superioridad el de ojos azules, sin embargo la chica solo bufó burlona

—Flacucho no cuenta como departamento de "inteligencia y espionaje"—dijo haciendo comillas con los dedos al pronunciar las últimas palabras

—Dirás lo que quieras, pero la información que me diste no me sirve para nada—Leo guardó su arma para marcharse pero ella lo detuvo

—Espera… es cierto, la información ya la tenías, pero tú sabes que es cierta ¿Por qué actúas así? Como… como si te hubiera amenazado en lugar de darte datos de contrainteligencia de las líneas enemigas—La jovencita lo miró a los ojos y el chico solo levantó la ceja

—Porque no sé qué estás ganando tú dándome esa "valiosa" información—contestó sin tapujos y ella abrió un poco la boca—Karai no nací ayer, te conozco y sé que siempre tienes una agenda secreta. No dudo que existe bondad en ti, pero también sé que esto no pertenece a tu repertorio altruista, traes algo entre manos y no pienso dejarme manipular esta vez—el chico se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia su casa, considerablemente menos feliz que la última vez que la vio

—¡Claro que tengo una razón!—dijo ella—Quiero que Destructor deje de confiar en Garra de Tigre para que si decido dejar el Clan del Pie él no pueda hacerme volver—mintió, pero eso fue suficiente para que los pasos del de azul se detuvieran en seco—No estoy diciendo que vaya a hacerlo ahora, pero me gusta mantener las opciones abiertas y ese gato de circo no representa más que obstáculos—el líder la miró sobre el hombro aun desconfiado de aquellas razones—Bien, como tú dijiste la última vez, piensa lo que quieras, si no me ayudas con él, siempre existe otro bando que estará feliz de recibir toda la información que pueda darles de su rival—A Leo casi se hiela la sangre de solo pensar que Karai se asociara con aquellas asesinas que sacaron de combate a Rafael, así que regresó presuroso por sus pasos y la tomó del brazo. La chica dibujó una sonrisa apenas perceptible, el pez había mordido el anzuelo y estaba un paso más cerca de su objetivo. Claro que la Kunoichi era consciente de que el joven Hamato no confiaba del todo en su discurso, pero ya conseguiría que el pusiera las manos al fuego por ella, después.

Entre ensayos, estudios, alguna que otra misión de las tortugas y días en los que Jul miraba a Donnie sin que él la notara los días pasaron tranquilos hasta que la noche del tan ansiado festejo llegó y Clarise no podía esperar para partir a la casa de sus amigos

—Apurate Jul ¡Que tal si empiezan la cena sin nosotras!—dijo la hermosa gatita blanca recargada en la puerta del cuarto de su hermana

—Tranquila, aun tenemos mucho tiempo—gritó la mayor desde el interior de su cuarto, pero la otra no se tranquilizó, al contrario. Caminaba de un lado a otro del pasillo como si en esperar se le fuera la vida entera. En el momento en que la mayor al fin salió, su hermanita la tomó de la mano y la arrastró con prisa hacia la puerta pero opuso resistencia—Espera, nos faltan los regalos—Jul se soltó de Clarise y caminó hasta la mesita de centro, donde descansaban siete cajitas primorosamente envueltas en papel plateado y coronadas por un moño, cada uno en un color diferente: azul, rojo, morado, naranja, café, amarillo y negro. No era necesario poner en ellos ninguna tarjeta, pues gracias a este detalle resultaba evidente cual le pertenecía a cada quien. La mayor tomó una bolsa que se encontraba en uno de los sofás y junto con su hermana comenzaron a guardar los presentes, sin embargo, por la prisa, Clarise dejó caer la cajita del moño amarillo que al tocar el suelo hizo el inconfundible sonido de algo rompiéndose.

—Nooooo—gritó la de ojitos rubí para después recoger el paquete con desesperación, lo movió junto a su oreja, rogando en silencio por que todo estuviera bien, sin embargo un sonido parecido al de una sonaja, se lo confirmó, el delicado objeto que la mayor compró como regalo para Abril se había vuelto añicos—¡SE ROMPIO! ¡SE ROMPIÓ! ¿Y ahora qué hacemos? ¡Ya no tarda en empezar la cena y no llegaremos a tiempo… y Mikey estará muy triste y yo también y… y—Jul tomó a su hermanita de los hombros

—Hey tranquila, lo solucionaré. Haremos lo siguiente; tú adelántate y diles que no tardaré, trata de relajarte, disfruta la reunión y te prometo que estaré con ustedes antes de lo que crees—La de ojos rubí la miró aun angustiada, observó de nuevo los presentes y finalmente asintió

—¿Me prometes que no tardarás?—preguntó con inocencia

—Lo prometo—aseguró la de ojos verdes. Ambas salieron del lujoso departamento hacia rumbos diferentes, aun cuando la mayor no tenía ni la más remota idea de dónde encontraría algo que pudiera comprar sin mostrarse a los ciudadanos normales de la ciudad.

Ya tenía casi todo lo que necesitaba para la emboscada, pero aquella no era la noche para pensar en peleas. Las dos mujeres se preparaban para bajar a la lujosa cena que había preparado el hotel para sus huéspedes. Laquesis terminaba de aplicarse el maquillaje mientras que su maestra guardaba en su bolsa la pequeña cajita que le obsequiaría a la jovencita aquella noche. De pronto alguien llamó a su puerta y contrario a lo que cualquier persona normal hubiera hecho ambas sacaron sus respectivas pistolas y apuntaron a la puerta cerrada.

—¿Sí?—preguntó la mujer de ojos azules. Aguardaron unos segundos en silencio hasta que una voz se escuchó del otro lado

—Disculpen, es que no recibimos la confirmación del menú que desean que les sirvamos esta noche—aclaró una voz masculina de timbre débil. Morta guardó su pistola compacta de nuevo en su bolso, abrió ligeramente la puerta y frente a ella vio a un jovencito que le sonreía de oreja a oreja. El pequeño pecoso le ofreció un papel que contenía las opciones que el chef ofrecía a los comensales junto con un espacio para observaciones especiales. La asesina sonrió de vuelta al pequeño, tomó el papel y fue hasta la mesa de su cuarto para tomar la pluma que asomaba de uno de los compartimentos del abrigo que pensaba usar.

—Sí, lo siento, había olvidado eso con tantas cosas que hacer, pero enseguida te lo entrego—Marcó con rapidez las opciones para su menú y en cuanto Laquesis salió del baño le ofreció uno de los papelitos para que ella misma eligiera lo que quería cenar.

—Siempre y cuando no sea pescado, cualquier cosa estará bien—dijo ella marcando sin cuidado los cuadritos que antecedían a los platillos, luego entregó la hoja a Morta y se encaminó a ponerse el par de tacones que la aguardaban junto a la cama. Vio a su maestra caminar hacia el jovencito que aguardaba pacientemente en la puerta hasta que la pared le bloqueó la vista—¿Tú qué elegiste?— dijo mientras terminaba de acomodarse las zapatillas. Tomó una linda gargantilla que estaba en la mesita de noche, se la puso abrochándola con paciencia, luego pasó sus dedos sobre ella para cerciorarse de que estuviera derecha y finalmente se puso de pie para poder acomodarse los pliegues de la falda antes de ir al encuentro de su maestra e iniciar la tradicional celebración, sin embargo súbitamente una escalofriante idea le pasó por la mente cuando se dio cuenta que la mujer de larga cabellera no le había respondido, además en ningún momento escuchó la puerta cerrarse.

Apenas había movido un músculo para comprobar sus sospechas cuando una serie de golpes seguido del ruido madera crujiendo asaltaron sus oído, esa seguro había sido la mesa. Laquesis desenfundó el arma que llevaba oculta bajo del vestido y apuntó a lo primero que encontró

—¡No más ninjas!—exclamó mientras le daba un tiro en la cabeza a lo que parecía ser un hombre enfundando en un traje obscuro que lo cubría por completo, sin embargo el montón de chispas que salieron de su cráneo delataron pronto la verdadera naturaleza de esa creatura—Bien no son ninjas… ¡SON ROBOTS-NINJAS-ASESINOS! ¡Ahora sí lo he visto todo!—concluyó mientras otro de esos androides era destrozado por su maestra

—¡Y yo que pensaba que tendríamos una noche aburrida! Laquesis toma la maleta donde está el equipo—ordenó Morta al darse cuenta que venían muchas más de esas cosas—Alguien tiene planes para nosotras esta noche y no aceptará un no por respuesta—susurró la mujer mientras se ponía en guardia

La chica del mechón rojo se puso sus botas tan apresuradamente como pudo, dejando tiradas las altas zapatillas que apenas unos segundos atrás había usado. Sacó de debajo de la cama una maleta que por la forma de cargarla parecía pesada y proyectó de una patada el calzado con el que su maestra solía salir a las misiones. Ambas piezas golpearon con fuerza la cabeza de un robopie que distraído por los curiosos proyectiles no vio cuando Morta lo partió en dos. Los lindos zapatos volaron por el aire y cuando cayeron su dueña los tomó

—Ten más cuidado, estos zapatos me costaron una pequeña fortuna—reclamó la mujer mientras cambiaba rápidamente de calzado. Ambas salieron corriendo hacia las escaleras de servicio mientras un séquito de ninjas metálicos les pisaban los talones.

Ni siquiera se esforzaron por usar los escalones, en lugar de eso aprovecharon la separación de los barandales de las escaleras para brincar de uno a otro y tratar de sacar ventaja, sin embargo sus perseguidores utilizaron esta misma técnica.

Las dos salieron a uno de los pasillos. Atrancaron la puerta con una silla pero sabían que eso no los detendría por mucho tiempo. Ambas buscaron con la vista algo que les diera ventaja contra aquellas cosas. Fue en ese momento cuando Morta posó su vista en el pequeño elevador que el personal de servicio utilizaba para transportar la ropa sucia directamente a la lavandería

—Vamos—ordenó ella señalando el pequeño cubo muy apenas disimulado en uno de los rincones menos vistosos

—Es muy pequeño ¿Crees que pueda transportarnos a las dos?—dudó la joven pero su maestra no se molestó en responderle y simplemente se puso en camino. Al llegar frente al par de puertas la mujer extendió su delicada mano dándole a entender a Laquesis que sostendría la maleta para que ella entrara primero, la jovencita no la cuestionó y con ayuda de su maestra, se acomodó utilizando la menor cantidad de espacio que pudo, sin embargo al estar haciendo esto no se dio cuenta de que la mujer de ojos azules activó el mecanismo y las pequeñas puertas se cerraron casi de inmediato—No, Mort…—ni siquiera pudo terminar de decir el nombre de la asesina cuando la entrada fue cerrada y el mecanismo comenzó a llevarla hacia abajo.

—Lo siento Laquesis, pero no dejaré que pagues por mis errores—dicho esto Morta averió el mecanismo con ayuda de la navaja de la chica, la cual le arrebató cuando la ayudó a subir. El pequeño elevador se detuvo en seco y la mujer aun alcanzó a escuchar como su aprendiz pateaba inútilmente el pequeño cubo tratando de salir—Gracias por todos estos años que aliviaste mi soledad—la mujer de largos cabellos entonces escuchó como la silla que servía de tranca tras ella se partió presa del poder de una cierra eléctrica, se dio media vuelta y sacó de la maleta la primera sorpresa que le tenía preparada para su rival, dos AK 47 con balas de tugteno recubiertas en teflón, diseñado para poder perforar chalecos anti balas y aunque nunca imaginó que las usaría para este propósito, las consideraba su mejor opción, pues tal vez le ayudaran a eliminar más de un roboninja por disparo, ya que quería guardar la mayor cantidad de energía para enfrentar al mutante así que no quería pelear cuerpo a cuerpo con esas chatarras.

La guarida gozaba no solamente de los tradicionales adornos navideños, sino que además el pequeño Miguel Angel consiguió rogando, rogando y rogando que Donnie colgara muérdagos por aquí y por allá, lo cual parecía hacer muy feliz al más pequeño, aunque ninguno de los mayores estaba seguro de si esto tenía alguna intensión oculta. Igual no pudieron dedicarle mucho tiempo a pensar en ello, pues en esta ocasión tenían aun mucho trabajo que hacer

El pequeño corazón de Mikey casi se infarta cuando vio la cantidad de azúcar que Rafael estuvo a punto de ponerle al ponche de huevo, pero afortunadamente Abril alcanzó a detenerlo antes de que la taza completa cayera. Era la primera vez que sus hermanos preparaban algo más importante que un desastroso desayuno y aun con las instrucciones que les daba el más pequeño, el lugar aparentaba ser zona de desastre. Leo había hecho el puré de papas que tenía una extraña consistencia que con la intervención de Splinter apenas logró tomar una textura comestible y menos pegajosa.

Donnie por su parte había cocido el pavo a una temperatura mayor a la necesaria, por lo que terminó duro por fuera al estar demasiado dorado y cuando trataron de sacarlo de la pavera estaba tan pegado que fue necesaria la fuerza de los tres mayores juntos, lo que resultó en un platillo principal cuya espalda quedó completamente pegada y en color carbón en el fondo del recipiente donde fue horneado.

Finalmente el desperfecto fue disimulado con una generosa cama de lechuga y una cubierta hecha con un aderezo de aceite de oliva y una hermosa rebanada de piña para adornarlo. La mesa terminó viéndose preciosa y aunque la cabeza de aquella singular familia no estaba seguro de si todo aquello sería comestible, ya no había mucho que hacer. Leo terminó de poner el último cubierto cuando los enérgicos pasos de Clarise cruzaron el umbral de la entrada

—¿Qué me perdí?—preguntó apenas tuvo cerca a sus amigos. Mikey estiró su brazo pidiendo un abrazo cariñoso que le ayudara a combatir el puchero que empezaba a hacer de solo imaginar el sabor que tendría la cena—¿Me extrañaste?—preguntó melosa la felina y la pecosa tortuga solo asintió remarcando esa adorable expresión de tristeza en su mirada

—¿Y Jul? ¿No viene contigo?—Preguntó el líder mientras se asomaba a la entrada, adelantándosele apenas a su hermano genio.

—Tuvo que ir a hacer unas compras de última hora—anunció la pequeña gatita que ya caminaba hacia el árbol para dejar bajo él los adorables paquetitos envueltos en aquel llamativo papel plateado

—¿Y la dejaste ir sola?—Reclamó Donatello molesto pero la de ojos rubí ni siquiera se inmutó—Los Krang ya intentaron secuestrarla dos veces, es completamente descuidada y las calles de la ciudad están llenas de gente ¿En qué cabeza cabe dejarla ir sola?—era evidente que aquellos ojos castaños estaban molestos, pero más que eso Clarise sentía que una profunda preocupación se había instalado repentinamente en el pecho del esbelto muchacho al solo considerar que algo malo pudiera pasarle a su hermana y de alguna manera esto la hacía feliz, le daba un tanto de esperanza.

—Tranquilo Don ¿No tú mismo dijiste que había podido liberarse de una nave Krag por sí sola? Son solo compras, estará bien, seguro no hay de que preocuparse—trató de tranquilizarlo el mayor pero el joven de bandana morada miró al piso sintiéndose un tanto incómodo

—¡Yo no estoy preocupado por Jul! Es solo que me parece tan imprudente que no creo que haya sido bueno que se fuera ella sola—Donatello tomó su computadora portátil y se sentó en el sillón sin decir una palabra más. El resto de los presentes solo miraron asombrados como de un momento a otro el joven dejó de prestar a su alrededor para enfrascarse en la pantalla brillante del aparato.

—Ya se le pasará—Leo sonrió a la gatita blanca y esta solo le correspondió, de alguna manera se sentía satisfecha pues de alguna manera sabía que él cada vez perdía un poco más el control, y eso significaba que había más posibilidades de que en algún momento terminara por salírsele de los labios lo que sentía por su hermana, pero aun así genio había demostrado más resistencia de la que esperaba. La fecha de presentar la obra se acercaba y aun con todo él seguía sin explotar

No obstante Donnie hacía ya algún tiempo que se esforzaba demasiado por guardarse lo que pensaba y lo que sentía. Incluso en esos momentos era consiente de que si alguien lo hubiera descubierto, tal vez habría muerto de vergüenza al tener que explicar porque comenzó hackear diferentes cámaras a lo largo de la ciudad buscando a la jovencita de ojos verdes casi con desesperación. Incluso ahora tal vez el más sorprendido era él, pues no comprendía por qué le resultaba tan apremiante saber si una la chica, que no parecía tener ningún trato especial hacia él, se encontraba bien. Pero ahí estaba, preocupado de que ella no fuera a meterse nuevamente en problemas. Suspiró cansado ¿Qué tenía esa chica que lo volvía un extraño para él mismo?

Terminó de subir a la azotea del edificio y de un disparo hizo caer al último robopie de aquella enorme oleada. Guardadas en diferentes partes de sus ropas escondía algunas de las armas especialmente reservadas para su astuto rival. Otros hubieran intentado escapar, pero ella sabía que de haber tomado esa posibilidad solo estaría siendo dirigida a una trampa que la pondría en una posición menos ventajosa. Su única oportunidad era ir a la fuente del problema y enfrentarla rogando a todos los dioses tener suficiente fuerza para lo que venía.

—Perdón, creo que rompí tu juguetes, Tora (Tigre en japonés)—La mujer se paseó por el hermoso lugar iluminado por faroles, luces navideñas, guirnaldas, esferas gigantescas, algunas mesitas metálicas con sombrilla a juego con sus sillas y una lujosa alberca que dejaba escapar un poco de vapor evidenciando que su contenido se mantenía tibio a pesar del frio intenso que caracterizaba la ciudad. De entre las sombras la hilera de dientes que formaban aquella temible sonrisa reflejo la luz artificial del lugar de manera escalofriante. Después de un curioso sonido felino, el enorme mutante salió como dejando que un manto negro se le resbalara del pelaje

—Tu pronunciación del japonés es deplorable, pero no me sorprende, demostraste tu mediocridad al tardar tanto en llegar hasta mí—la mujer lo miró expectante. Ambos caminaron como en un círculo midiéndose uno al otro

—Solo fue un retraso elegante… aunque sé que lo orientales son tan cuadrados que no entienden los conceptos de distinción y clase—Morta le sonrió sínicamente mientras en un movimiento rápido desenfundó su guadaña. Al mismo tiempo el tigre su espada, aquella, a diferencia de la brillante guadaña, parecía sucia y desgastada, pero sin duda gozaba de un filo extraordinario. Las dos armas chocaron y se separaron de inmediato, ambos estudiaban a su enemigo, lo medían, lo examinaban como queriendo adelantarse a sus movimientos.

—Eres torpe y lenta, estas envejeciendo—se burló el mercenario mientras bloqueaba uno de los ataques de la mortal hoja curveada.

—Tora ¿Dónde quedaron tus modales? Pensé que estarías feliz de verme, después de todo me arreglé para ti. Además yo creo que tú te ves muy bien y lucirás perfecto como un tapete en una sala—la mujer atacó ahora empuñando en su mano izquierda la daga de su aprendiz, pero la estocada fue bloqueada por las afiladas garras del felino, quien en un movimiento rápido zafó el objeto lacerante de las expertas manos de la mujer

—Te sacaré el corazón del pecho y lo desgarraré con mis manos. No sabes cuánto tiempo he pensado en lo placentero será ver como la vida se escapa de esos asquerosos ojos occidentales. Y si hubiera algo que pudiera hacerte sufrir más previo a tu muerte, creeme que esperaría el tiempo necesario—ante estas palabras los ojos azul acero de la mujer se abrieron ligeramente pero eso fue suficiente para que el tigre se diera cuenta de que había adivinado un punto débil de la asesina. Morta atacó con más fuerza y rapidez tratando de disimular el temor que sentía al solo pensar que aquella terrible creatura encontrara a su Cirse, pero el tigre pudo leerla de inmediato y sonrió. Esperó a detener uno de los fieros ataques para poder verla de cerca y decirle en un amenazante susurro—No importa qué o quién sea; destrozaré cada sueño, esperanza o deseo que guardes en tu frágil alma hasta que me implores porque acabe con tu vida—su mirada brilló con un toque frio pero la mujer solo frunció el ceño.

—Los asesinos no tenemos sueños, esperanzas o deseos más allá de lograr nuestros objetivos y por supuesto que no tenemos alma, deja ya de decir tonterí…—alcanzó a decir ella antes de que un golpe acertado del mutante la arrojara por los aires, provocando que aterrizara aparatosamente contra una de esas mesas con sombrilla, del tal suerte que además del golpe, el mueble se ladeó y cayó al piso haciéndose más daño. Le dolía el costado derecho y había empezado a sangrar "Ese maldito ha mejorado o yo ya no soy tan buena" pensó pero no tuvo tiempo para recuperase porque un instante después el metal que le servía como refugio improvisado se retorció ante las poderosas garras del felino. Morta pudo sentir como la sangre se le helaba y retrocedió arrastrándose tanto como pudo mientras buscaba entre sus ropas con desesperación. Sus dedos delinearon el pequeño botecito que necesitaba y trató de sacarlo pero estaba atascado entre la tela.

El felino rugió y se abalanzó sobre ella, sin embargo en el último segundo pudo sacar lo que tanto necesitaba, estiró el brazo hacia su agresor y al presionar con su dedo el bote, una nube verde transparetosa salió disparada directo a la cara de su atacante, quien se llevó las manos a la cara y soltó un quejido ensordecedor. Aun así el tremendo felino cayó sobre ella, sacándole por completo el are con el peso de su cuerpo

—Maldita te sacaré los ojos con mis propias manos—vociferó mientras tallaba sus ojos y se arrastraba por el piso buscando algo con qué enjuagarse aquella substancia que hacía que le ardiera la nariz, el ojo y la boca. La de mujer tomó una gran bocanada de aire al sentirse al fin liberada del peso que la oprimía y se apresuró a ponerse en pie, había estado cerca, muy cerca de no contarla, pero al menos ahora tenía una ventaja.

—¿Qué pasa Tora? Pensé que tus sentidos eran tan finos que podrías vencerme sin tener que usarlos todos—lo provocó ella intentando manipularlo, no obstante el tigre no era tonto, era consciente de que seguramente ella tenía mucho más preparado para él y continuar una pelea a ciegas no sería lo más propicio. De pronto pudo escuchar como un arma cortaba casquillo "Esa maldita bruja" pensó justo antes de rodarse en el piso para evitar lo que seguramente eran balas que tenían como destino su cabeza o corazón.

Jul miraba desde lejos el objeto que deseaba comprar, no es que fuera muy costoso, sino que no tenía ni la más mínima idea de cómo conseguirlo, pues no podía entrar al lugar y pedírselo a la vendedora sin espantar a la mitad de los clientes y provocar que tal vez la otra mitad se le abalanzara encima por considerarla una cosa extraña digna de estar en un zoológico. Comenzó a rascarse detrás de la orejita derecha mientras concentraba su mente en posibles alternativas; podría esperar a que cerraran, escabullirse por una ventana, tomar el objeto y dejar el dinero en el mostrador, pero aun faltaban muchas horas para eso y probablemente se perdería la cena. Luego pensó en pagarlo vía digital y pedir que lo llevaran a una dirección y…. no, eso sería aun más tardado. Sin darse cuenta comenzó a lamerse la mano derecha, lo cual la tranquilizó y gracias a ello estaba lo suficientemente relajada como para escuchar aquel sonido cerca del lugar, esto la hizo reaccionar y se escondió de inmediato detrás de un tinaco.

A pocos metros de ahí una figura conocida pasó a gran velocidad. Cirse pudo reconocer a esa mujer que le traía muy malos recuerdos, a pesar de lo obscura que era la noche y lo cautelosa que fue aquella dama asiática. La gatita miró por última vez el aparador, como dudando si debía de involucrarse o no, sin embargo sabía que aquella era una kunoichi peligrosa y despiadada, así que poder frustrar sus planes, con ayuda del elemento sorpresa, tal vez podría salvar a un pobre incauto. Al final decidió seguirla, pues sin importar que esta fuera una fiesta de paz y amor, dudaba que tales sentimientos pudieran existir en esa astuta guerrera contra la que alguna vez peleo.

Mikey estaba un poco descpecionado, pues aun cuando convencido a su hermano genio para que colgara muérdagos por toda la guarida y él había colocado su silla de ruedas justo debajo de uno en varias ocasiones, esperando pacientemente a que Clarise se percatara de ese pequeño detalle, la gatita blanca parecía desconocer tal tradición, pues lo dejaba una y otra vez con los ojos cerrados y la trompita parada, así que desilusionado del resultado de su plan y temeroso de que en algún momento alguno de sus hermanos los descubriera, terminó por quedarse resignadamente junto a la chica viendo televisión en la sala mientras la mayor llegaba. Pero incluso esta divertida tarea se había complicado gracias al ruido que hacía el joven genio al teclear frenéticamente en su computadora. La menor de las gatitas parecía ya fastidiada de tratar de ignorar el insistente ruidito, así que quiso encarar la situación

—¿Estas nervioso porque no ha llegado Jul?—preguntó la de ojos rubí, mientras escuchaba el continuo clack clack de las teclas siendo presionadas una y otra vez

—No—contestó secamente el de morado sin despegar ni una sola vez la mirada de la brillante pantalla. La gatita blanca rodó los ojos incrédula y luego subió el volumen para poder escuchar mejor el programa

—¡Es solo que no entiendo como puede ser tan imprudente como para ir ella sola, por un regalo, en un día en que hay tanta gente en la calle!—se quejó el chico mientras miraba con molestia su pantalla—¿Por qué nunca se detiene a pensar las cosas antes de hacerlas? ¿No se da cuenta de que se pone en riesgo innecesariamente?— dio un ligero golpe con el puño cerrado en el sofá, levantó la cara indignado y de pronto se dio cuenta que Clarise lo miraba con una pícara sonrisa al tiempo que sus hermanos dibujaban una expresión de auténtico desconcierto—No que lo que ella haga me importe, claro… yo solo digo—concluyó el genio dejando escapar una risita nerviosa, para luego clavar de nuevo su vista en la computadora

—Viejo, suenas como mamá gallina preocupada por uno de sus pollitos—se burló Casey ganándose en el acto que la mirada castaña del esbelto joven lo fulminara, para dar lugar algunas risitas burlonas de parte de Clarise

—¿Sabes? Si estás muy preocupado puedo llamarla para saber si está bien o si se tardará mucho en llegar—comentó la de pelaje blanco con un sonsonete meloso que provocó que Donatello le hiciera una mueca de fastidio. El joven genio ya había abierto la boca para decir algún comentario mordaz cuando otra voz se le adelantó

—Creo que si en una hora no ha llegado, estaría bien hablarle—dijo el mayor con una amigable sonrisa y en ese instante el tecleo frenético se detuvo. Era evidente que las palabras y actitud del mayor habían provocado que al esbelto muchacho se le acabara la poca paciencia que le quedaba, "¡Ahí está de nuevo! Leo al rescate de la chica en apuros" pensó el de morado con una rabia incontenible, por lo que no pudo ni quiso medir la rudeza con la que salieron sus siguientes palabras

—¿Podrían dejar de hablar de ella? Ni que fuera tan importante…¡Ash! ¡No puedo trabajar así!—el de morado cerró molesto la laptop—Estaré en mi laboratorio si me necesitan—se puso de pie y azotó la puerta de su santuario tras entrar en él

—¿Es el día de imitar a Rafael o por qué Donnie está más irritable que de costumbre?—dijo Casey mientras su mejor amigo se tiraba en el sillón

—¡Cuida tus palabras cuando hables de mí, Jones!—el de ojos verdes empujó al deportista tirándolo del confortable mueble, pero su amigo igual pensó que la broma había valido la pena, así que solo se paró junto a Leo para estar lo suficientemente lejos para huir de la ira de Rafael por listo por si se presentaba otra oportunidad de hacerle una jugarreta con la cual divertirse

—Creo que es solo que Jul desconcierta demasiado a Donnie y no sabe como lidiar con ello—la pelirroja hizo aparición en la sala después de dedicar un poco de tiempo a su arreglo personal. Los resultados no eran fuera de serie, pero definitivamente eran evidentes. En lugar de su ropa de costumbre vestía unos jeans azules, una playera gris estampada y una chamarra amarilla. Su cabello por primera vez estaba suelto, con lo que enmarcaba con sensualidad aquella mirada intensamente azul y gracias a ello bastó un instante para que esos profundos ojos dejaran idiotizado a Rafael

—¡Wow…!—dijo sin pensar, pero en cuanto notó la cara con la que lo miraban todos corrigió sus palabras—la… la playera…es de Call of Duty, pero claro no esperaría que un montón de zoquetes como ustedes lo hubieran notado—el chico se cruzó de brazos y luego miró a otro lado, mientras la jovencita rio un poco

—Eso fue como estar en la dimensión desconocida, me dije "Amigo ¿Quién es ese del sillón y dónde está el verdadero Rafael?" ¿No te pasó igual Clarise?—El diablillo naranja estuvo a punto de continuar con el tema cuando de pronto algo llamó su atención, la de pelaje blanco miraba atentamente una escena en la televisión donde dos personajes se besaba con pasión bajo un muérdago

—¿Oye Mikey es cierto eso de que cuando dos personas están bajo una de esas cosas deben besarse?—preguntó la chica con inocencia sin dejar de ver la pantalla. El chico de ojos azul cielo sintió que al fin su plan podría dar resultado, así que ni tardo ni perezoso buscó en techo y notó que muy cerca de él había una de esas decoraciones, así que sonrió triunfante mientras se movía discretamente hacia aquel punto

—¡Así es!—dijo orgulloso mientras que levantaba los brazos y señalaba casi como bailando la pieza de decoración bajo la que se encontraba ahora

—¡Ahh entonces Leo y Casey se van a besar!—afirmó ella emocionada señalando el pequeño adornito que colgaba sobre los chicos, que en el acto se miraron con horror e hicieron una mueca de asco. La quijada de Miguel Ángel casi chocó con el piso y sus ojos se abrieron como platos ante su incredulidad

—¡MIKEY!—Gritaron al unísono Jones y el líder, mientras Rafael y Abril se carcajeaban al tiempo que hacían ademanes de mandarles besos a los avergonzados jóvenes a forma de burla

Morta había jugado bien sus cartas al conseguir la reacción que esperaba de Garra de Tigre, que después de evadir los disparos de la mujer, aun estando ciego, se abalanzó a toda velocidad contra ella intentando hacer girones la blanca piel con sus garras, pero la mujer logró esquivar en el ultimo segundo el encarnizado ataque. No obstante esto no fue del todo una pérdida para el mercenario, pues en una de sus fallidas estocadas, la tubería encargada de dispensar el agua para la lujosa alberca resultó dañada y un buen chorro de agua le bañó la cara. Esto le impidió seguir persiguiendo con el oído a la escurridisa asesina, pero retiró de su rostro la substancia ligeramente picante.

Después del incidente Morta torció la boca. El que su enemigo jurado hubiera recuperado la vista no ayudaba en nada a sus planes, no obstante no parecía del todo molesta, era como si contara con que algo así ocurriera y sin dudarlo se lanzó de nuevo al ataque. Su guadaña fue bloqueada de nuevo con la desgastada espada pero sin perder impulso ni por un segundo la fiera guerrera desprendió de su vestimenta uno de los pequeños cristales negros que lo adornaban y con un movimiento rápido logró cortar los bigotes de mesurable mutante, quien le enseñó los colmillos inconforme con lo que esto significaba.

—Te despellejaré por esto—dijo mientras la tomaba de la muñeca que tenía el cristal y la azotaba contra el piso. Morta pudo sentir como una de sus costillas se quebraba, el sabor metálico de la sangre inundó su boca y pudo sentir como su cuerpo fue arrojado por los aires hasta ser detenido por un de los farolitos que dejó escapar un sonido metálico ensordecedor al abollarse. El esbelto cuerpo cayó al piso dejando todo en silencio. Parecía inerte…

El norme animal se acercó y levantó a la acecina como si fuera una muñeca de trapo. La examinó para saber si aun seguía con vida, inclinó la cabeza a un lado, sonrió de medio lado y luego se preparó para dar el golpe final, sin embargo en el último segundo Morta abrió los ojos, sonrió sutilmente, para después desviar el golpe que seguramente le habría perforado el esternón. El mercenario no pudo reaccionar pues un segundo después un sonido enloquecedor se esparció por el lugar, lo que provocó que soltara a la de ojos azules para llevarse ambas manos a las orejas.

En el piso, junto al farol en donde segundos antes había estado el cuerpo inmóvil de la mujer de cabellos negros había un aparato metálico, no mayor a 10cm de donde proveía dicho sonido. Probablemente una granada aturdidora la cual la asesina cortó por la mitad con su guadaña, después de todo ya había cumplido su objetivo.

—¿Qué se siente estar sordo, Torá?—después de decir esto la mujer de largos cabellos negros se llevó la mano derecha a uno de sus oídos se quitó un pequeño taponcito color naranja que dejó caer al piso. Después de aquello la pelea se inclinó con facilidad a favor de la asesina, quien se abalanzó con actitud implacable contra en ensordecido guerrero. Los golpes de la mujer eran rápidos, mucho, tanto que casi no había tiempo entre uno y otro. Garra de Tigre intentó bloquear tomando el puño de la mujer en su garra, pero ella en cambio utilizó esto para abrir la guardia de su adversario y propinarle un codazo en la boca del estómago haciéndolo caer de rodillas. Alargó su guadaña y apuntó al cuello del mercenario—Yo gané—dijo con decisión mientras se escuchaba la afilada hoja cortar el viento.

Bueno pues hasta aquí el capítulo de aniversario. Tal vez no tenga tanto romanticismo pero les aseguro que el que sigue está tan dulce que necesitarán insulina para leerlo y no morir en el intento. Antes de irme quiero dejar una nota por aquí, la frase que dice Donnie de "¡Por los diarios perdidos de Tesla!" hace referencia a los diarios que uno de los científicos más prominentes fue dejando a en los diferentes lugares donde se hospedo, esto debido a que al final de su vida tuvo que enfrentarse a tal pobreza que era incapaz de pagarse un techo, de tal forma que al morir hubo quienes se dieron a la tarea de recopilar estos tesoros del conocimiento científico, conocidos como "Los diarios perdidos de Tesla". En ellos el erudito llevaba registro de sus descubrimientos. Bueno pues les agradezco y como de costumbre los invito a que me envíen lo que gusten, ya saben que sus comentarios, amenazas, cachetadas virtuales o cualquier cosa que me quieran mandar será bien recibida. Los quiere Daysha