Hola de nuevo a todos, bienvenidos al capítulo 32 de "Ojos violetas" de alguna manera temía que esto fuera a pasar: navidad en julio... bueno en este caso Agosto, sí he tardado muchos meses en subir esta actualización, pero las palabras simplemente no salían, luego vinieron mil pendientes, proyectos y cosas que quiero hacer y mi tiempo voló a algún lugar donde ya no era mío, pero ya estoy de nuevo aquí. Este capítulo es L-A-R-G-O, y lo iba a ser más pero decidí cortarlo para que fuera digerible. Estoy muy feliz de regresar a este fandom que tanto me gusta y con la agradable noticia de que si ponen los filtros de este fandom con los parámetros favoritos en español, podrán encontrar a "Ojos violetas" en el lugar número 8. Esto no podría ser posible sin ustedes, sin sus clics en agregar a favoritos y sin que estuvieran aquí leyendo cada actualización, desde las pequeñas que se hacían diariamente al principio, hasta las kilometrias de hoy en día que tardan mucho más, pero aun así están aquí. Gracias a todos, a cada uno, a los que dejan comentarios y a los que no, a los que recomiendan y a los que leen en secreto. Gracias porque no puedo describir todo lo que esto ha significado para mi… Sin ponernos sentimentales de más quiero pasar a los saludos y respuestas de los que comentaron el capítulo pasado. Así que quienes quieran pueden saltar directo a lo bueno.
Nuria: Gracias por empezar a leer este fanfic, creo que hasta ahora vas en el capítulo 5, así que creo que tardarás un rato en saber que te he dejado las gracias por tus comentarios aquí. Me encanta encontrar entre mis lectores a personas que gustan también del Tae Kwon Do, es un deporte que yo disfruto mucho y practiqué por algunos años. No fue esta la única razón por la que elegí ese deporte como aquello a lo que se dedicaba Cirse, pero sí influyó. Me gustaría mucho después poder leer más de lo que opinas, como te parecen los personajes, las escenas y las situaciones. Ha sido un gusto tener un lector más y te agradezco tu tiempo.
TsukihimePrincess: Pues sí, solo Splinter lo sabe bien a bien, pero claro, es que les lleva mucha ventaja a sus hijos. Este ha sido un capítulo de cierre para lo que llamaré "el especial de navidad" y aun hay situaciones que ojalá también te parezcan divertidas. Espero no estarlos frustrando con eso de que aun nadie sospecha mucho. Si esto llega a ocurrir y crees que exagero, por favor no dudes en hacérmelo saber. Mil gracias por tus palabras, comentarios, pero sobre todo por leer esta historia. Ojalá este y las siguientes actualizaciones también te gusten, pues me encanta recibir la sincera opinión de mis lectores
leirbag7: Tú sabes que tus reviews son de mis favoritas y con antelación ya te había mandado un mensaje al respecto. Este no tiene grandes sorpresas, debo admitir, pero era inevitable, había que cerrar el "Especial de navidad" para continuar con la línea de la historia. Debo admitir que me dejé seducir por la idea de agregar ese espíritu de amor y paz de las fiestas decembrinas en mi historia aunque requirió mucho trabajo, demasiado para mi gusto. Aun así hay pelea y tu opinión al respecto es de las que más me interesan, ya que la mayoría no le dan mucho peso a esas escenas, pero para mi las tortugas no son tortugas sin peleas.
Guest: Pues sí, debo admitir que eso de las peleas tiene su encanto hasta para mi, en cantan ponerlos a pelear aunque no pueden pelear por siempre y últimamente ya le han bajado a su rollo. A ver que te parece este capítulo que tiene algunos elementos diferentes. Gracias por comentar y leer, espero me puedas compartir tu punto de vista de esta actualización. Te mando muchos saludos y un abrazote
Tamy: Mi tan querida Tamy, una de mis lectoras favoritas y una de mis amigas más queridas. Sé que te hice sufrir esperando por esta actualización, pero me gustaría creer que ha valido la pena la espera. Ya tenemos un año de ser amigas y espero que vengan muchos más y que cuando termine esta historia pueda compartir contigo todas las demás que escriba, sean de Tortugas Ninja o no. Gracias por todo lo que me has obsequiado todo este tiempo mi querida amiga.
Y sin más, pásenle a leer…
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LAS BROMAS DEL SUBCONSCIENTE
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Alargó su guadaña y apuntó al cuello del mercenario—Yo gané—dijo con decisión mientras se escuchaba la afilada hoja cortar el viento, sin embargo su adversario logro interceptar hoja curvada que le hirió provocando que un hilo de sangre roja corriera a por el frio metal hasta gotear en el piso. La expresión de sorpresa de Morta no fue nada comparada con dolor que sintió cuando el mango de su propia arma, dirigida por la fuerza descomunal del colorido asesino, le golpeó justo en el lugar donde sus ropas ya habían empezado a teñirse de sangre. Fue simplemente imposible mantenerse de pie o sostener su arma, dejó escapar un grito ahogado, para después morderse los labios. El peso completo de su cuerpo cayó sobre sus rodillas mientras se llevaba ambas manos al lugar afectado tratando de apaciguar aquel insoportable dolor, pues incluso respirar era algo que no podía tolerar. Sin embargo tampoco tuvo mucho tiempo para recuperarse, ya que en el acto el enorme felino le cayó encima amenazando su garganta con las temibles garras en las que terminaban sus manos
—Siempre alardeando de lo que aun no tienes… utilizaré tus huesos de mondadientes—Garra de Tigre sonrió de manera tétrica mientras Morta aun trataba de recuperar el aliento, pero tener el peso del felino encima era demasiado, sus pulmones se encontraban contraídos, su caja torácica aprisionada y sus heridas reclamaban dolorosamente su atención. Su instinto le gritaba que buscara una forma de huir, pues la pelea no pintaba para bien, pero entonces ¿Qué seguiría? ¿Escapar eternamente? ¿Esperar a que su mayor rival fuera vencido por los años y no por ella? Eso era sumamente deshonroso y aunque a ella poco le hubiera importado, la expresión de desapruebo de Gyan Moo le venía a la mente como un reproche silencioso que le reclamaba el solo hecho de considerar aquella posibilidad. Ese orgullo en el par de ojos violetas le hubiera reclamado segundo a segundo si ella se hubiese dado por vencida en ese momento.
"El instinto de supervivencia está sobrevaluado" pensó por un segundo. El poco aire que entraba a sus pulmones no era el suficiente como para dejarla hablar, así que su respuesta fue un certero escupitajo a aquella cara llena de arrogancia. El felino enfureció aun más y lanzó su ataque inmisericorde, uno que castigó con rudeza el cemento del edificio gracias a que la mujer pudo moverse lo suficiente como para esquivar. Morta no esperó ni un segundo y se aseguró de golpear con su pierna la mochila cohete que su adversario llevaba en la espalda, la cual se activó haciéndolo volar lejos de ella al tiempo que se enredaba con un montón de series de luces que iluminaban el lugar. La asesina al fin tuvo un respiro y ese fue el preciso instante en que la notó.
Una esbelta figura los observaba con atención desde el edificio contiguo, una silueta que a ella le resultaba incómodamente familiar, pues le traía recuerdos de acontecimientos ocurridos hacía apenas algunos años. Aquella armadura metálica le traía a la mente, de la manera más nítida y desagradable, uno de los peores momentos de su vida. No que hubiera pocos para competir, pero definitivamente aquella fría noche se llevaba las palmas. Aun cuando esa jovencita que los espiaba protegida entre las sombras no tuvo participación alguna en ese evento en particular, sus expresiones y su forma de moverse eran tan parecidas a las de él, que un segundo le bastó para darse cuenta que su espectadora muy probablemente era la primogénita de Oroku Saki.
El líder del clan del pie fue el único que pudo quitarle algo, algo que ella quería conservar por siempre, algo que necesitaba, algo irremplazable. Y hoy su representante más directa parecía muy ocupada en entrometerse en sus asuntos, en un momento en que se encontraba vulnerable y bajo circunstancias sospechosas ¿A caso pensaba participar de la pelea? Por la manera en la que se comportaba y el bajo perfil que mantenía, aparentaba más como alguien que reunía información que serviría a sus propios fines.
Aun cuando su atención se había desviado momentáneamente en analizar como debía de comportarse ante esta nueva amenaza, el acercamiento implacable de su principal rival estaba lejos de tomarla por sorpresa. El ruido de algunas cosas cayendo al piso con tremendo estrépito le advertían que el gatito ya se había cansado de jugar con estambre y estaba listo para arrojarse contra el ratón, en este caso ella, pero una segunda silueta, tras la de Karai, la dejó adivinar que una nueva ventaja estaba por jugarse a su favor. Morta se giró para dar una patada de gancho al tremendo felino que estaba ya escasos centímetros de ella, sin embargo el ataque fue bloqueado con rapidez. No obstante el único objetivo de la mujer era darse el tiempo para retomar su guardia. Instantes después tuvo que arreglárselas para esquivar las estocadas de la afilada arma adversaria mientras retrocedía cuidadosamente hasta acercarse lo suficiente a la piscina. Detuvo el último golpe con las manos desnudas, jaló hacia sí la afilada hoja y sin más se dejó caer en el agua tibia con una sonrisa desvergonzada en los labios.
Al tiempo que la figura de la asesina desapareció para sumergirse en las cálidas aguas cloradas, tras de ella, en el otro edificio la aguda vista del felino vislumbró en la obscuridad a dos chicas, una era Karai y la otra seguramente era la aprendiz de su adversaria. Esta última sonrió y en un instante azotó contra el suelo un objeto metálico que al tocar el piso brilló con una luz enceguecedora, su único ojos sano mandó una señal de dolor indescriptible y sintiendo que sus sentidos estaban exhaustos de querer percibir el mundo sin éxito alguno, se mantuvo de pie, erguido como una estatua. En sus oídos no había más que el sonido agudo que le indicaba lo lastimado que estaba su tímpano, su nariz aun ardía y tras sus párpados solo un montón de lucecitas luminosas le indicaban lo inservible que sería su vista en estos momentos. Estaba siendo privado de todo contacto con el mundo exterior, estaba más vulnerable que nunca pero aun así seguía siendo un guerrero. Uno que se enfrentó a atrocidades que otros no hubieran podido ni imaginar. Las artimañas de una simple humana no doblegarían su espíritu.
Sintió su pelaje moverse al compas del viento tranquilizador de la noche que trajo consigo un ligero atisbo de humedad. Morta tiró un golpe segura de que no tendría oposición, así que su rostro de sorpresa fue casi una poesía cuando el mutante detuvo su puño en seco. Los fieros colmillos se mostraron con arrogancia un instante ante la sonrisa llena de satisfacción de Garra de Tigre
—Me encantaría ver tu cara de terror en este momento ¿De verdad pensaste que me derrotarías con tan poco?—dicho esto apretó el puño de la mujer hasta sentir sus huesos crujir y ella gritó desgarradoramente—Puedes hacer que el mundo entero enmudezca, o que la luz se vaya, pero nunca podrás hacer que mi piel no sienta, mujer arrogante…simplemente soy superior a ti y te tengo noticias: si no puedes soltarte, no podrás huir. Prepárate que rompa uno a uno tus débiles huesos—La asesina golpeo con su otra mano la muñeca del mutante pero este no solo no la soltó, sino que con singular destreza la levantó por los aires para azotarla contra el suelo aun sujetando fuertemente su mano fracturada.
Morta abrió los ojos. El que siempre se vio como un hermoso rostro de rasgos finos y suaves, en este momento no era más que una mueca de dolor. Parecía no tener escapatoria, se sentía a los pues de su adversario y pensando justamente esto, por un segundo observó con cuidado las patas de Garra de Tigre. Una sonrisa sórdida se dibujó en sus labios, antes de que el asesino la obligara a ponerse de pie casi desfalleciendo. Su apariencia era terrible, la sangre no dejaba de mancharle la ropa y su mano derecha estaba destrozada, sin embargo sus ojos no dejaban de demostrar la aguerrida expresión que solía mantener durante las misiones. Estaba decidida a ganar, así que cando el asesino tiró de su brazo para poder asirla del cuello, ella aprovechó el peso del mutante en su contra, se inclinó hacia atrás y lo jaló, con lo que la pesada creatura se desbalanceó. Como había sospechado, con sus oídos sin funcionar y los bigotes maltratados, aun cuando su enemigo podría ser muy fuerte, su destreza, agilidad y balance se habían reducido dramáticamente. Ahora todo lo que tenía que hacer era esquivar los mortales golpes hasta poder guiarlo a donde necesitaba.
—No que puedas escucharme, pero te aseguro que yo tampoco me doy por vencida fácilmente—Morta soltó una patada directo a la espinilla del felino que se enfureció mucho más y trató de soltarle una mordida con sus potentes mandíbulas, pero fue in capaz de acertar gracias a los ágiles movimientos de la mujer
Golpe a golpe la astuta asesina fue retrocediendo, casi como bailara con su enemigo lo dirigió suave pero constantemente. De reojo alcanzó a ver como su aprendiz y la hija de Destructor habían empezado una reñida pelea, pero aun cuando podía preocuparle el resultado de aquella batalla, tenía muy claro que si ella misma no conseguía salir bien librada de esta, solo complicaría más las cosas.
Había cruzado casi de lado a lado el lugar cuando su espalda topó con una de las paredes que llevaban a la escalera de servicio
—Ya no hay a donde correr— le dijo el tigre, Morta sonrió y en menos de un segundo apretó con fuerza un punto junto al codo del brazo del felino que la tenía sujeta. Gracias a esto consiguió apretar un nervio que le durmió el brazo de inmediato, por lo que ya no pudo sostener más la mano mal trecha de la asesina. El mutante rugió furioso y lanzó un garrazo que lo único que provocó fue destrozar la puerta de la caja de fusibles que controlaba la electricidad de una buena parte del hotel y dañar la cobertura plástica de gran parte del cableado. Morta tiró de uno de los más gruesos y lo dejó caer al piso completamente inundado a causa de la tubería rota y saltó tan alto como pudo logrando apenas sujetarse de una de las vigas decorativas de madera que resaltaban de la estructura que protegía las escaleras.
Al hacer contacto con el piso, el cable de alta tensión hizo correr una corriente eléctrica por todo el lugar. La iluminación del lujoso hotel perdió y gano intensidad intermitentemente, hasta que finalmente todos los focos reventaron estrepitosamente. Al final el cuerpo del enorme felino cayó al piso inerte. Todo quedó en calma y en completa obscuridad, seguramente la mitad de la instalación eléctrica del lugar se había chamuscado, o tal vez más. La asesina se soltó del pedazo de madera. Miró los pies descalzos del mutante y sonrió sínicamente—Zapatos con suelas aislantes, son costosos pero te sorprendería las veces que pueden salvarte el pellejo— empujó con el pie el cuerpo inmóvil del depredador pero este no pareció reaccionar, al fin podía respirar tranquila
Después de eso las luces completas de una cuadra se fueron, dos transformadores explotaron en calles cercanas de manera aparatosa, causando un destello momentáneo que la hizo cerrar los ojos por un momento. Tardó unos momentos poder ajustar sus ojos a las tinieblas pero eso fue suficiente para que el felino que pareció haber estado inconsciente escapara.
Morta maldijo por lo bajo el no haberle dado un tiro de gracia. Volvió a ver la pelea de su aprendiz que parecía no tener tregua a pesar de las circunstancias y aunque pensó en intervenir, decidió que era mejor acabar con su perseguidor ahora, o no tendría tan fácilmente otra oportunidad, así que salió a toda prisa por la escalera de servicio, que era el camino que supuso que pudo haber tomado el enorme mutante.
…
Aun cuando había mejorado, se notaba que le faltaba mucho por aprender. Prueba de ello era que Karai se le escapó al poco tiempo de estarla siguiendo y para colmo, recuperar su rastro le había tomado una eternidad. Además, todavía tenía un poco de miedo de saltar cuando dos edificios estaban muy separados y sin importar que era consciente de que podía apoyarse en sus garras, seguía sintiendo un poco de reservas respecto a sus instintos felinos. Sabía a la perfección que estos deberían salir a flote para que pudiera caer de pie, si es que todo salía mal, pero la inseguridad de su nuevo estado seguía haciendo mella en ella.
No siempre podía controlar sus miedos y en ese aspecto Clarise le llevaba muchísima ventaja. Su hermana seguramente no habría tenido estos inconvenientes, además no habría tardado tanto en encontrar el rastro de la kunoichi. Si seguía dudando tanto, nunca se convertiría en una verdadera depredadora y aunque ahora corría a toda velocidad para tratar de alcanzar a la presa que se le había escapado, no sabía ni siquiera cuanta ventaja le llevaba. Había entrado ya a una de las zonas hoteleras más exclusivas de la ciudad y se sentía incómoda porque tantas luces brillantes la distraían, los vivos colores insistían en llamar su mirada, la música en tantos lugares confundía sus oídos y el olor a toda esa deliciosa comida solo hacía que le gruñera el estómago.
De pronto un resplandor enceguecedor iluminó la noche, se talló el ojo derecho que a pesar de estar a una distancia prudente se quejó del repentino cambio de iluminación. Esperó unos segundos para cerciorarse de que aquello no hubiera sido algún desperfecto eléctrico o fuegos artificiales utilizados por alguno de los pomposos hoteles como parte del festejo de aquella noche, pero al darse cuenta que nada indicaba alguna de esas posibilidades solo pudo pensar que esto seguramente tenía algo que ver con la cruel chica japonesa, así que se puso en marcha completamente dispuesta a encontrar a esa escurridiza mujer.
Apenas unos minutos después entró a una zona donde las luces habían comenzado a parpadear, el sistema eléctrico completo parecía no poder sostenerse por mucho más y en cuanto la penumbra se apoderó por completo del edificio donde ella estaba sus agudos oídos escucharon un sonido parecido al de los fuegos pirotécnicos, pero estos era un tanto más secos, como si el sonido fuera casi hueco. Miró atrás, sabía que a donde se dirigía eran senderos llenos de obscuridad y penumbra. Sonrió, esto parecía tremendamente conveniente para ella, así que sin dudarlo ni un segundo siguió su camino un poco más confiada que antes. Los sonidos característicos de una pelea la guiaron sin oportunidad a equivocaciones y en cuanto estuvo a una distancia prudente observó algo que la dejó impactada. Kari buscaba refugio de una lluvia de balas que era repartidas por una jovencita que estaba hecha un auténtico desastre.
La aguerrida chica estaba empanizada en polvo y la fina tela del que seguramente fue un suntuoso vestido, perdió por completo su esplendor. Una grasa negra y viscosa, que nunca se quitaría, deslucía el fino encaje. Su hermoso cabello negro, entre el cual destacaba aquel mechón rojo, estaba completamente enmarañado y sucio. Calzaba un par de botas pesadas y un cinturón de cuero que tenía pequeños viales. Seguramente ninguno de los dos accesorios habían sido pensados para usarlos con la delicada indumentaria que vestía su cuerpo. Además, al final de cada una de sus manos una hermosa pistola plateada se encargaba de apuntar y asechar a la kunoichi incansablemente. Jul casi sintió pena por la hija de destructor, aun así decidió quedarse agazapada en un rincón obscuro para poder presenciar el final de la pelea
Laquesis logró arrinconar a su adversaria, sin embargo esta sacó de entre sus ropas una especie de globo blanco que al azotarlo contra el piso la envolvió oportunamente en una nube de humo obscuro. La jovencita de ojos grises disparó un par de veces pero de alguna manera supo que era tarde. Guardó las pistolas en los soportes ocultos bajo su falda tan rápido como pudo pues no le quedaba duda que el tiempo para buscar protección se había vuelto apremiante. Sabía que sin su daga un ataque cuerpo a cuerpo era muy peligroso así que pateó con fuerza uno de los tubos que sobresalían, logrado así que este saliera volando. Lo atrapó en el aire y se giró de inmediato.
Gracias a este movimiento pudo bloquear el mortal ataque desplegado por la fina hoja del arma de la kunoichi, que salió de otra nube de humo que se formó a sus espaldas. En silencio agradecía a Rafael haberle mostrado esa habilidad ninja de desvanecerse en el aire y reaparecer detrás de enemigo casi como si fuera magia, aquella vez casi la mata, pero ahora le había salvado la vida.
—Mmm puede que esta pelea no sea tan aburrida como pensé—Sonrió la hija de Destructor con malicia mientras la aprendiz de asesina imprimía un poco más de fuerza para no dejarse vencer por su enemiga
—No pensé que a alguien le pareciera divertido que lo despellejaran vivo, porque es justo lo que pienso hacer contigo—Laquesis tiró una barrida pero su oponente dejó resbalar la afilada arma, giró para quitar el pie que estuvo a punto de barrerle y con el impulso que llevaba le asestó una patada que la hizo retroceder, no obstante Karai no pensaba dejarla escapar, así que arrojó inmediatamente un par de kunais que se encontraron de frente contra tres viales con los que la jovencita de ojos grises respondió al ataque.
En cuanto los proyectiles se encontraron un vapor extraño salió de los kunais mientras hacían un ruido similar al de agua que ha sido arrojada sobre metal al rojo vivo. Los pequeños objetos metálicos se habían deformado y al caer en el piso casi parecieron quejarse del doloroso efecto de aquel líquido verde provocó en ellos. El último vial iba directamente dirigido a la cara bien maquillada de la chica asiática que fue hábilmente bloqueado por la hoja de aquella afilada espada
—Ácido—pronunció casi con desprecio la kunoichi mientras Laquesis solo mostraba una sonrisa de satisfacción
—Me gusta ser creativa en mi trabajo—los ojos ámbar se pasearon por ese extraño cinturón que desentonaba por completo con el vestido de noche, en él un montón de tubitos llenos de aquél líquido verde descansaban como esperando el momento perfecto.
Karai no parecía temerosa, ni siquiera precavida. En cambio sonrió como si se hubiera encontrado con un divertido juguete que apaciguara sus horas de incesante aburrimiento. De pronto las dos se enfrascaron en una rabiosa pelea de armas, entre midiéndose y bailando. Ninguna quería mostrar que se estuviera esforzando pero por el sonido que hacían los objetos metálicos al chocar Cirse supo que estaba utilizando mucha fuerza, un solo golpe mal bloqueado hubiera servido para hacerle un buen agujero a cualquiera de las dos. Sin embargo las habilidades de Karai salieron a relucir pronto, al engañar a Laquesis haciéndole creer que la atacaría por arriba y desviando la estocada para que cortara de tajo uno de sus costados. La gatita negra estuvo a punto de salir de su escondite para intervenir, pero en cambio la chica del mechón rojo dejó vencer una de sus rodillas para girar el cuerpo, de tal manera que la afilada espada solamente rebanó el vuelo de su vestido, con lo que quedó al descubierto que en la crinolina del mismo la joven asesina guardaba más de un arma de apoyo.
—¡Que trucos tan patéticos!—se burló la Kunoichi pero Laquesis solo sonrió y le guiñó un ojo.
—Eso piensas porque nunca me has visto a mi usarlos—La asesina le arrojó una finas púas a su adversaria y salió corriendo hacia ella, de tal suerte que aun cuando la princesa del clan de pie detuvo el ataque haciendo gala de sus habilidades con la espada, fue inevitable el tener que enfrentar de nuevo cuerpo a cuerpo a la chica de ojos grises.
Karai hizo un elegante y preciso movimiento, que bien pudo haber cortado el cuerpo de Laquesis desde el hombro izquierdo hasta el ombligo, pero la chica giró en el momento preciso para esquivar la afilada hoja, no obstante esto no impidió que otro montón de tela de su falda callera al piso. El atinado movimiento le dio la oportunidad a la asesina de tirar una patada a la corva de la rodilla derecha de su oponente, lo que ocasionó que se tambaleara y fuera incapaz de mantenerse en pie. Sin embargo, aun con una rodilla en el suelo, la kunoichi fue lo suficientemente hábil para virar la empuñadura de su arma de tal forma que el filo quedara hacia ella y un solo movimiento de empuje por su costado bastó para que la pantorrilla de la asesina sufriera un profundo corte.
Laquesis se apartó con una pirueta en el aire, pero cuando tocó de nuevo el piso, el daño que recibió se hizo más evidente. Fue imposible disimular su expresión de dolor y los hilos escarlata que se resbalaron por su bota confirmaron lo que ella ya sabía, si quería ganarle a la princesa del clan del pie, tendría que encargarse de esa letal espada primero.
No tuvo mucho tiempo de detenerse a pensar en ello cuando de nuevo la kunoichi ya estaba sobre ella, acosándola con el frio y despiadado metal. Estaba acostumbrada a pelear con enemigos que se basaban en la fuerza bruta, pero era evidente que esta chica, aunque no fuera mucho más fuerte que ella, sí tenía mucha agilidad y precisión, era apremiante que encontrar la manera de disminuir su eficiencia. Un nuevo corte y esta vez el tubo de metal salió volando por los aires. Jul sintió un escalofrió recorrer su piel cuando vio desarmada a aquella curiosa jovencita, pues aun cuando nunca antes la había visto, los profundos sentimientos de desdén hacia la guerrera oriental la hacían desear en silencio que la batalla se inclinara a la desconocida, que por su aspecto, seguramente había tenido una muy mala noche.
Los dedos envueltos en pelaje negro sacaron con nerviosismo la cajita que contenía el regalo que debía reponer, abrió con cuidado la tapa y miró dentro el cristal roto que antes había sido un bonito espejo decorado con pedrería de fantasía. Se detuvo un segundo reflexionando si sería correcto intervenir, pues con ello terminaría por favorecer a quien momentáneamente gozaba de su simpatía y eso no sería digno. No obstante mantuvo en su mano en la cajita, pues tampoco confiaba del todo en que la chica japonesa jugara limpio esta vez.
Los ágiles pies envueltos en las pesadas botas se movieron vertiginosos y sin dejar pasar un segundo atacaron con una lluvia de patadas, pero un buen tajo le reventó la agujeta del calzado derecho y solo el casquillo de la punta le salvó de un daño mayor, no podía seguir atacando así, la desventaja sería demasiada. La asesina miró con recelo a su alrededor pero no encontraba nada que le sirviera para hacerle frente, aunque fuera de manera momentánea a un arma tan excepcional como aquella y el espacio para retroceder se le estaba acabando.
—¿Qué pasa? Pensé que habías dicho que me despellejarías viva y hasta ahora la única que ha perdido algo eres tú—Los ojos ámbar miraron con burla uno de los girones que colgaban de lo que quedaba de la falda de Laquesis, quien solo respondió mordiéndose el labio inferior hasta hacerlo sangrar. Dejó a su mente concentrarse en el sabor metálico y temperatura cálida del líquido que le recorría las venas. Tragó la saliva tintada de rojo, para después mirar decididamente a su asechadora personal.
—Solo te estaba dando oportunidad de lucirte, pero si de verdad fueras tan buena yo ya debería de estar muerta ¿No crees?—fanfarroneó mientras dibujaba una sonrisa descarada. Giró ligeramente su cuerpo al tiempo que, con la mano que quedaba oculta tras ella, apretaba el pedazo de tela casi suelto de sus ropas. Sintió una gota de sudor frio bajar por su espalda cuando vio a la kunoichi fruncir el ceño. Tal vez provocarla no era la mejor estrategia, pero así era ella, la prudencia no le iba bien y si moriría esa noche, mejor que fuera a su modo.
Karai le dedicó una de sus más perfectas miradas de desprecio y luego se lanzó al ataque. Uno, dos, tres golpes bloqueados pero para el cuarto, que se dirigía directo a su cuello, era evidente que no habría tiempo de poner defensa. Jul cerró los ojos temiendo lo peor, pero en el último segundo la asesina arqueó la espalda hacia atrás al tiempo que elevaba ambas manos, cada una sosteniendo un extremo del pedazo de tela que acaba de arrancar de su vestido, de tal modo que atrapó la mano de Karai en el extremo más cercano a la muñeca. Apretó con fuerza al tiempo que dejaba caer el resto del cuerpo. Esto hizo que la kunoichi no pudiera frenar su trayectoria y su shikomizue terminó atascada en el espacio entre el cemento y el marco de la puerta que estaban tras la jovencita de ojos grises. Después de esto Laquesis soltó la cinta, se giró con rapidez y pateó en el abdomen a la chica quien cayó al piso. Sin perder un minuto la de ojos grises se puso de pie y colocó su mano en uno de los viales de ácido, sin embargo Karai levantó las manos en señal de rendición
—Suficiente por hoy, no es mi pelea, sino la suya y si él ya se fue…—la kunoichi movió la cabeza hacia donde hasta hacía unos momentos Morta y Garra de Tigre estaban peleando. Laquesis hecho un vistazo rápido, apartó la mano del vial y caminó hasta donde estaba atascada la espada de su adversaria.
Jul al fin pudo respirar en paz, se sentía tranquila de que la enemiga que tanto la preocupaba había sido derrotada y el que ella no tuviera que intervenir fue un alivio extra, sin embargo al notar que Karai sacaba una shuriken de sus ropas mientras Laquesis trataba de zafar la espada, terminó por actuar prácticamente por reflejo. En el acto arrojó la cajita llena con los vidrios rotos para interceptar la compacta arma. El brillante contenido se esparció por el piso luego de que la afilada estrella partiera en dos el contenedor plastificado y aunque no la detuvo, al menos la desvió lo suficiente como para que la asesina pudiera esquivar el taque. Los apresurados pasos de Karai llegaron justo frente a su arma, la liberó con premura y desapareció envuelta en una nube de humo grisáceo justo antes de que un montón de balas cruzaran por el lugar en donde ella había estado.
Laquesis pateó con frustración la puerta del pequeño cuarto de servicio, seguramente Morta la regañaría y considerando que ya bastantes problemas tenía con ella por culpa del simplón de Casey, esto era solo una cosa más que cargar en el pesado costal de fallas a su maestra. Su teléfono sonó justo cuando menos lo quería, respiró hondo tenía que contestar con la cabeza lo más fría posible para explicar su fracaso. Tomó la llamada con poco ánimo y dispuesta a escuchar todos los reproche que le vinieran encima
—¿Aun estas en una pieza?—Dijo con descaro su maestra y la chica solo rodó los ojos
—Deja de burlarte—contestó molesta la jovencita mientras bajaba la vista fastidiada
—No es burla, acabas de enfrentarte la princesa del clan del pie, me parece que es una digna adversaria para hacerte un par de cortes—Cuando su maestra dijo esto Laquesis solo torció la boca, pues la herida en su pierna la obligaba a tragarse su orgullo y aceptar que aquella fue una batalla reñida, casi tan buena como la que había tenido con Rafael. Un pequeño gruñido fue con lo único con lo que la joven contestó, su maestra dejó salir una risa desencantada, pues sabía lo que eso significaba, Laquesis no obtuvo un triunfo limpio, pero le bastaba con que estuviera bien, así que solo le daría instrucciones para moverse rápido y evitar que sus enemigos pudieran tomar ventaja de su situación
—El gatito se escapó, pero no creo que sea lo último que veamos de él, así que quiero que consigas ropa, si seguimos caminando por la ciudad con esta apariencia llamaremos demasiado la atención y solo necesitarán un poco de suerte para encontrarnos de nuevo—Los delgados labios solo dejaron salir un vago "sí" mientras examinaba sus alrededores—Te mandaré la ubicación donde voy a esperarte. No hay prisa, así que no seas impulsiva y no te hagas notar. Yo estaré ocupada buscando una nueva base, no podremos regresar al hotel pronto—las palabras de Morta seguían saliendo del aparato pero la atención de su estudiante había empezado ya a centrarse en los pedacitos de vidrio que estaban regados en el piso. Los hermosos ojos grises de pronto se entrecerraron al encontrar la caja plateada que parecía haber sido cortada de tajo, seguramente por el proyectil lanzado por su enemiga
—Bien, yo me encargo—Contestó mientras seguía observando brillante rastro. Colgó sin decir más, guardó despreocupadamente el teléfono y se volvió a ver la dirección de la que ella estimaba que había salido disparada la improvisada munición. Era obvio que alguien lanzó eso para ayudarla, pero ese no era el estilo de Jones, ese tarado era mucho más directo, dio un paso hacia aquella dirección, cuando de pronto el sonido de una piedrita pateada sin querer la alertó de que alguien estaba tratando de salir de ahí sin ser visto. Como un rayo sacó su pistola y apuntó sin esperar ni un segundo.
—¡Sé que estas ahí! ¡Muéstrate!—Ordenó la aprendiz de asesina con el tono más desafiante que pudo evocar. Un suave viento le acarició el rostro, alborotó un poco más el pelo y le provocó un estornudo involuntario que echó por los suelos cualquier atisbo de autoridad en su actitud. Jul, no obstante, guardó silencio y se mantuvo estática, pues quería evitarse el tener que mostrarse a una humana, o peor, tener que combatirla—Si no sales a la cuenta de tres, te juro que te terminarás con más hoyos que un colador—Laquesis encañonó el arma y mantuvo el dedo en el gatillo—Hana—comenzó a contar en coreano, una vieja costumbre que su maestra le había pegado, tal vez porque así contó el día que se conocieron.
Ese pequeño detalle, sin embargo, tuvo un efecto curioso, pues Cirse reconoció de inmediato el idioma que tan acostumbrada estaba a usar. Su corazón dio un vuelco al darse cuenta de que acababa de encontrar a alguien más que podía pronunciarlo con naturalidad, esto despertó una gran curiosidad en su interior y si hay algo que puede matar a un gato es la curiosidad—Dul— pronunció la asesina mientras mantenía la vista fija en la mira, a través de la que pudo ver que entre la obscuridad algo movió con sutileza y gracia. Las orejitas de la gatita se levantaron aun más dejando caer la capucha de su capa pero no le importó, había escuchado bien ¡No se equivocaba! ella estaba contando en coreano—Se…—Laquesis enmudeció de pronto, al percatarse que un par de ojos verdes tóxico aparecieron entre la obscuridad—¿R-raphie?—susurró de manera casi inaudible, pero al notar que aquella figura era considerablemente más pequeña, frágil y esbelta, desechó la idea. Un inoportuno estornudo cortó su tren de pensamiento de nuevo y termino por retirar el dedo del gatillo discretamente, no quería disparar por accidente.
Cuando al fin pudo ver de quien se trataba comprendió por qué había empezado a estornudar y un sentimiento contradictorio le cruzó por el corazón. Era una de esas extrañas creaturas antropomorfas, un gato… un gato negro que acababa de cruzarse en su camino, le pareció irónico porque justo este parecía haber sido uno de sus días con más suerte.
—¿Y tú quién eres? ¿La sobrina del alcalde? ¿La última de los Romanov? ¿El eslabón perdido?—Preguntó Laquesis en tono casi irónico, pues era muy consciente de que, hasta ahora, cada uno de los mutantes que se habían topado parecían tener una historia interesante de trasfondo.
—N-no, no soy nada de eso… solo soy… Jul—saludó con suavidad la minina que se mantenía con los brazos arriba
—¿Jul? Bien Jul ¿Y se puede saber qué hacías metiendo tus narices en MI PELEA?—Los ojos grises analizaron con incomodidad a la felina que solo mantuvo la cabeza agachada, como si estuviera tremendamente avergonzada, un rasgo que la asesina identificaba con las clásicas personas que no tienen mucho que ocultar y suelen enfrentar las consecuencias de sus actos con un toque de decencia que a ella le era completamente desconocida. Es decir: unos completos tontos, amables, cariñosos, confiables, pero al fin y al cabo solo unos tontos manipulables que iban por la vida con el corazón en las manos
—Lamento la intromisión es solo que…no quería que ella atacara a otra persona por la espalda—La asesina levantó una ceja como felicitándose a sí misma por haber acertado de nuevo al juzgar a alguien en un primer encuentro. Suspiró un poco desilusionada pues no era capaz de entender por completo lo que tenía que pasar por la cabeza de alguien para tener tan poca malicia
—¿Así que eso fue? ¿Una afrenta personal?—Jul movió de un lado a otro la cabeza, dando a entender que esas palabras, aunque pudieran describir la situación se quedaban cortas para mostrar sus verdaderas intenciones, pero sin ánimo de entrar en detalles.
—P-podría decirse que sí, algo así—Laquesis rodó los ojos, esa era justo el tipo de cosas por las que sabía que Morta le ponía tantas reglas, tomarse las cosas tan personales pueden hacerte tomar desciciones bobas, tiernas, pero bobas. Sin decir más la asesina bajó su arma y comenzó a guardarla, mientras que una incrédula Jul bajaba los brazos y pestañeaba estupefacta ante aquella reacción.
—Bien JUL, si yo fuera tú, dejaría de hacer cosas tan estúpidas como ayudar a alguien que ni siquiera conozco, solo por empatía y aunque no pienso darte las gracias por tu intromisión, mi maestra me inculcó algo de honor, así que por hoy puedes irte, mi problema no es contigo y con esto saldo mi deuda contigo—La asesina levantó la vista después de guardar su arma y al ver que la chica aun seguía ahí mirándola como si no hablara su idioma, solo extendió las manos de la manera en la que espantaría a una mosca—¡Anda vete! Shu…—pronunció en un tono casi burlón, con lo que Jul salió de su estopor y comenzó a caminar para irse por donde había llegado. Laquesis dejó de prestarle atención a la dueña de aquellos curiosos ojos verdes, que tanto le recordaban a los de Rafael, para ocuparse en arrancar un girón del vestido, el cual necesitaría para envolver su pierna herida, pues tenía que detener el sangrando y era lo único que tenía a la mano.
Jul ya había dado unos pasos para retirarse pero al notar lo que Laquesis pretendía hacer, la preocupación por aquella chica que parecía quererse hacerse ver tan fría, no la dejó continuar. Terminó por sacar de uno de las bolsas pegadas a sus muslos la venda y el alcohol que guardaba para emergencias.
—No deberías de usar eso porque se infectará—La minina trató de acercarse pero Laquesis actuó en un acto reflejo y se alejó. Jul la miró extrañada un segundo, dirigió su vista a sus manos y creyendo que tal vez todo eso se debía a alguna desconfianza infundida por su apariencia, la gatita solo dejó las cosas en el piso. Dirigió una última sonrisa conciliadora a la jovencita, que en lugar de corresponderle, la miró con la misma expresión que Clarise hacía cada vez que estaba cerca de uno de los inventos de Donatello. Finalmente la gatita negra se hizo a la idea de que no era bienvenida ahí, así que se fue sin decir más.
…
Había pasado ya casi media hora desde que se sentó en la carniza del viejo edificio frente al centro comercial. Se había cobijado a un lado de una de las esculturas que adornaba el rascacielos y al ver a todos abajo tan pequeños como si fueran hormiguitas se volvió a preguntar cómo le haría para conseguir el regalo que tanto necesitaba. Comenzó a lamerse de nuevo el dorso de la mano como un reflejo involuntario contra el estrés, pero al darse cuenta que estaba haciendo algo tan desagradable se pasó los dedos por la lengua frenéticamente.
—Para ser un gato eres muy quisquillosa—declaró una voz poco conocida para la minina negra, que al volver la cara vio que del otro extremo del edificio, la extraña jovencita que había peleado contra Karai, subía por las escaleras de mantenimiento. Parecía llevar ropa nueva y en su mano derecha unas cuantas bolsas de tiendas de ropa se bamboleaban al compás de su caminar. Jul quitó con lentitud sus dedos de la lengua tratando de disimular lo que estaba haciendo pero supo que fue inútil cuando la jovencita de ojos grises comenzó a reír bajito
—¿Qué haces aquí?—Cirse tragó la poca saliva que tenía en la boca y se limpió con discreción los dedos con un pequeño pañuelo que sacó de la bolsa que colgaba de su muslo derecho
— ¡Hey! Espera, espera ¿Por qué eres tan confiada? ¿No deberías primero levantar tu guardia cuando alguien armado se acerca a ti?—Laquesis se apoyó en unos tubos que sobresalían del techó y se cruzó de brazos, mientras la gatita solo se encogía de hombros
—Soy un mal gato, no me da por esconderme ante lo desconocido y además si quisieras dispararme ya lo abráis hecho ¿Recuerdas?... ¿Entonces? Aun no contestas mi pregunta ¿Qué haces aquí?—La gatita negra guardó el pañuelo sucio en su bolsita de nuevo mientras Laquesis rodaba los ojos con un poco de fastidio, dejó salir un suspiro cansado y luego contestó
—No me gusta deber favores, así que pensé en darte una venda nueva en compensación por la de hace un rato—Jul se volvió a verla un segundo, parpadeó y le sonrió amigable
—No era necesario pero gracias, si quieres puedes dejarla en el piso, creo que no te gusta mucho que invadan tu espacio personal ¿O sí?—La asesina sonrió, al parecer la chica no era tan boba como creyó en un principio
—Pensé traerte la venda pero no lo haré—En ese momento Jul borró su sonrisa y una carcajada burlona escapó de los delgados labios de la joven aprendiz de asesina—¡Te ves tan graciosa cuando te desilusionas!—comentó con aire mordaz para luego sacar de una de las bolsas una cajita plateada coronada con un moño amarillo. Era idéntico al regalo que tenía que reponer Jul. La asesina hizo resbalar por el piso la cajita de un empujó, hasta que llegó a una distancia donde la gatita pudiera tomarla
—¿E-esto es?—Sin esperar un solo momento Jul tomó emocionada el paquete, era como si acabara de ganarse la lotería en el día en que más lo necesitaba
—Es un espejo, supongo que uno bastante parecido al que perdiste hace un rato—los falsos ojitos verdes la miraron incrédula—No era difícil de adivinar ¿Sabes? Un moño, una caja plateada y pedacitos de vidrio que reflejan, por supuesto que esto era un regalo ¿No?—Jul asintió emocionada y abrazó la caja mientras una sonrisa enorme se dibujaba en su rostro—Supuse que era algo importante, porque llevas mucho tiempo ahí, mirando como si de algo que esta ahí dependiera tu vida—la minina se sonrojo un poco y miró al piso avergonzada, lo que a Laquesis le pareció tierno, pero no lo suficiente como para para perder más tiempo ahí, dio media vuelta y comenzó a caminar—Y como ya no te debo nada…—
—Gracias—alcanzó a decir Jul antes de que la chica tocara la escalera.
—Sí como sea—dijo con un toque de desdén ante el sentimentalismo que la voz de la felina reflejaba—¿Sabes? me agradas y por eso te daré un consejito: no deberías de complicarte la vida siendo tan entregada con otros, la vida ya es bastante complicada sin tantas cadenas ¿Para qué ponerse más?—Jul ladeó la cabeza y luego negó enérgicamente
—Puede ser, pero no quiero una vida fácil, quiero una vida con la que me sienta feliz y las personas que entran en ella son lo único que podría hacerla perfecta para mí, he aprendido que la soledad pesa demasiado como para que el alama la cargue por siempre—Laquesis bufó burlona
—Como digas gatita bigotes, pero cuando estés entre la espada y la pared por cosas tontas e idealistas como la amistad, la fraternidad o el amor no podrás decir que no te lo advertí—Laquesis comenzó a bajar por las escaleras y Jul se puso de pie para verla bajar
—Si, lo tendré en cuenta—La curiosa chica desaparecía entre las sombras y se encaminó a casa, pues ya era muy tarde y seguramente su hermana estaría hecha una fiera por su tardanza
…
Había tardado mucho más de lo que pensó en encontrarla, especialmente porque, para su mala suerte una buena parte de la ciudad había sufrido un apagón, pero cuando al fin distinguió a lo lejos su figura envuelta en esa tela aterciopelada, pudo respirar tranquilo.
Más de una vez la perdió de vista, debido a que el objeto de sus obsesiones no tenía el más mínimo reparo en caminar por zonas poco iluminadas y que había muchos lugares a los que los lentes de las cámaras no podían acceder y aun así, casi no parpadeaba con tal de mirarla cuanto pudiera, pues solo así su alma sentía algo de calma. Tranquilo al saber que ya no tardaría más que unos minutos en volver, pudo regresar a la sala con sus hermanos a la sala. Ahí el mayor parecían empeñados en quitar el muérdago que tanto trabajo les había costado colgar a modo de adorno durante las primeras horas de la mañana. Quiso saber la razón pero Leonardo lo miró casi indignado antes de que pudiera abrir la boca
—¡Otra broma de Mikey!—contestó entre dientes a una pregunta jamás hecha y los demás se echaron a reír al tiempo que hacían el ademán de mandarle besos a Leonardo. Lo curioso era que su hermano menor no se reía, solo se limitaba a rogarle al líder que dejara las pequeñas piezas en su lugar. Esto lo hizo reír lo suficiente como para que su mejor amiga se diera cuenta de que su estado de ánimo había mejorado, aunque no estaba segura de la razón. Casey se había marchado ya para pasar el resto de la noche con su familia, pero prometió regresar al día siguiente en cuanto pudiera y dejó uno de esos esponjosos pasteles que podían comprarse por un bajo precio en la pastelería del supermercado
Parecía que apenas se había sentado junto a Rafael en el sofá, cuando los pasos ligeros de la jovencita de ojos verdes atravesaron al fin el umbral de su hogar y, aunque fingió no darle demasiada importancia a ello, se mantuvo consciente de cuanta cosa ocurría alrededor de la minina. Sonrió cuando el efusivo abrazo Clarise la hizo trastabillar y por poco la tira al suelo. También se percató a detalle del cálido recibimiento que le dio su padre y la amistosa sonrisa que recibió de Leo desde uno de los sofás, cosa que le hizo sentir un poco de molestia, pero cuando esos encantadores ojos lo buscaron en una mirada rápida se olvidó por completo del asunto. Su inquieta mente se detuvo en seco y solo pudo concentrarse en aquella encantadora mirada que parecía tener un destello único y precioso aquella noche. El despreocupado saludo de Rafael la hizo voltear la vista y alcanzó a ver como su temperamental hermano logró arrebatarle el control remoto al pequeño Mikey, quien con actitud juguetona la saludó mientras colocaba un pedacito de guirnalda en el caparazón de su hermano de rojo para después gritar a todo pulmón "CUCARACHA" y hacerlo moverse como loco hasta casi desmayarse.
Jul rio divertida y él seguía fingiendo que no le prestaba atención. Se puso de pie con serenidad y camino despacio para tomar su lugar en la mesa familiar, en cambio ella se encaminó a dejar una linda caja plateada junto al resto de los presentes. Era prácticamente imposible que no se cruzaran a la mitad del camino, y para cuando esto ocurrió ella lo miró un instante mientras dejaba escapar un suave
—Hola genio—
Donnie sintió como un agradable cosquilleo se deslizó por su piel en ese preciso instante, sonrió con toda tranquilidad que pudo aparentar y contestó con tono juguetón
—Hola impuntual…—de reojo la vio sonreír un instante como quien acepta un error que no pudo evitar. Apresuró el paso hasta tomar asiento sujetándose a la mesa casi con desesperación, pues quería disimular aquel agradable mareo cuyo origen debía estar en su estómago, porque sus tripas parecían estar en plena revolución desde que la vio aparecer por la amplia entrada de su hogar. Se esforzó casi a muerte por ocultar la sonrisa imperceptible que podría delatar su pequeña travesura.
Poco a poco comenzaba a conocerla más, más que sus hermanos, más que Leo, incluso tal vez hasta más que Clarise. Eso le hacía sentirse satisfecho y feliz, como si estuviera por conseguir un logro más allá del que la ciencia y la tecnología le hubieran permitido experimentar hasta ahora. Su corazón latía con fuerza de solo pesar que quizás ya todo estaba ahí y solo hacía falta un pequeño empujón para que pudiera unir todas las piezas del complejo rompecabezas que se formaba alrededor de esos hermosos ojos verdes.
Jul en cambio se mantenía completamente ajena a las cavilaciones de esa brillante mente. Sus preocupaciones por el momento no iban más allá de preguntarse si a sus amigos les gustaría los obsequios, en si regresarían a casa o no esa noche, o si, como de costumbre, esos dulces ojos castaños la convencerían de hacer cosas que normalmente no haría. Cosas como quedarse a dormir en la cama de alguien que era casi un completo desconocido.
Se alegró al ver que el asiento junto a su genio seguía libre, tomó aire y caminó tan segura como pudo hasta allá, pero cuando estaba por tomar el respaldo de la silla para poder pasar la noche junto a él, Clarise la tomó del brazo y la arrastró hasta un lugar junto a ella.
—Ven hermanita, lo aparté para ti—comentó juguetona la menor llevándola a un espacio libre entre el intrépido líder y ella
—Pero yo…—Jul quiso objetar pero sin previo aviso la minina blanca le puso uno de los tradicionales dulces navideños en la boca
—Además es lo menos que podrías hacer considerando que ya estabas preocupando a Leo—El de ojos azules miró extrañado a Clarise quien solo le sonrió y le guiño un ojo. En ese mismo instante Donnie hizo una mueca de indignación ¿Leo preocupado por ella? ¡Pero si fue él quien tuvo que hakear las cámaras de media ciudad para encontrarla, para asegurarse de que estuviera bien y no cometiera otra imprudencia! ¿Por qué ahora resultaba que Leo era el que quedaba como el noble chico interesado y protector? Él ni siquiera quiso llamarla porque decía que podía cuidarse sola y además… además…
—¿Pasa algo malo?—Los ojos castaños del genio se volvieron a ver a la hermana mayor que lo miraba atentamente—¿Te sientes mal?—insistió ella pero el joven no contestó, solo parpadeó un par de veces antes de esquivar las hermosas orbes verdes que lo examinaban con detenimiento quien sabe desde cuando
—No, solo tengo hambre—dijo cortante para después tomar uno de los dulcecitos con los que Clarise había callado a su hermana. La tortuga genio mastico casi con furia, queriendo disimular su enojo sin éxito. Obviamente Jul no necesitaba mucho para darse cuenta de su disgusto y sin querer terminó por dejar que se le escapara esa expresión con la que casi podías sentir que suplicaba tu perdón como un cachorrito bajo la lluvia
¡Como odiaba Donatello que ella hiciera eso! Lo odiaba porque lo volvía loco, porque no era de piedra y si algo podía derretirlo, era ver a una chica indefensa tierna y dulce sufrir, eso simplemente lograba desarmarlo en un segundo. Y eso era precisamente la razón por la que poco a poco había tenido que tomar distancia, porque de otra manera ya hubiera sacado la bandera blanca y tal vez el sentido común se le hubiera oxidado. Justo eso era otra de tantas buenas razones para no confiar, un ser con ese tipo de capacidad simplemente no podía ser bueno ¿Cómo justificar la existencia en la tierra de una forma de vida que puede manipular tus emociones así, de la nada? Darwin lo hubiera considerado seguramente el asesino perfecto, uno cuya principal ventaja natural sería poder ocultar su mortalidad tras un par de tiernos y adorables ojos, pero no, él no iba a caer
—Perdón por hacerlos esperar—Donnie la miró directamente, masticó un par de veces más tratando de tranquilizarse pues aun con su desconfianza, era consiente también de que esta vez el origen de su molestia no fue solo ella... miró a Clarise que parecía muy entretenida observándolo con esa sonrisa traviesa que solía poner cuando se había salido con la suya. No terminaba de comprender, últimamente sus momentos más incómodos tenían siempre una relación directa o indirecta con esos ojos rubí y sin darse cuenta se encontró preguntándose si acaso ella estaba haciendo todo eso para molestarlo. La obra, el guión, la escena de beso, el cambio de papeles entre Leo y él, incluso el lugar que ahora ocupaba Jul parecían haber sido cosas movidas por Clarise. Eso sin mencionar los comentarios de hacía un rato cuando lo sacó de quicio el que todos tomaran con tanta tranquilidad que la mayor saliera completamente sola ¿Pero como rayos ella sabría que esos pequeños detalles lo podrían molestar? Pero esa sonrisa… esa sonrisa…No se sentía en condiciones de analizar en esos momentos la conducta de la hermana menor, pero era seguro que de ahora en adelante tendría que prestar más atención a los detalles que respectaban a ella. Donnie tragó el bocado, sonrió de medio lado a Clarise y se dispuso a hacer de tripas corazón solo para no darle el gusto de verlo hervir en furia, como había pasado desde hacía algunos días
—No te preocupes, de todas maneras hoy cenamos mucho más tarde que otros días—Dijo Leonardo como si el mismo hubiera decidido darle el tiro de gracia y conspirar también en su contra. Donnie se mordió la lengua para no dejar escapar su molestia, no solo a que su hermano mayor de nuevo quedara como el joven atento y educado, que por supuesto era, sino también a que la molesta hermanita menor lo haya hecho quedar de nuevo como el peor gruñón de la casa, tal vez ni siquiera superado por Rafael, quien curiosamente no parecía haber hecho tantas rabietas últimamente.
Jul le sonrió a Leo amablemente, como agradeciéndole el aliviar su sentimiento de culpa, pero esa sonrisa no fue más que otro clavo al ataúd de Donnie, quien en ese momento lo único que quería era que se lo tragara la tierra y lo escupiera en las islas Galápagos, el único lugar donde creía que estaría lo suficientemente lejos y ocupado como para que esto dejara de martirizarlo.
Cansado y entumido por haber pasado tanto tiempo con los músculos tensos, el chico estiró el cuerpo con actitud despreocupada. Su esbelto cuerpo agradeció este moviente esparciendo una sensación de descanso y relajación, pero al alargar las piernas, sin querer tocó las de Jul que de inmediato dejó de prestarle atención a Leo para mirarlo indescriptiblemente sorprendida. El chico dio un pequeño respingo en su lugar al darse cuenta y se reincorporó listo para dar una extensa disculpa, pero al ver que ella en lugar de molestarse se sonrojó y dejó salir una risita nerviosa, se quedó helado
—¿Pasó algo?—preguntó el mayor pero la gatita negra solo negó con dulzura. Eso le pareció inaudito ¿Por qué había reaccionado así? ¿Será que se dio cuenta de que aquello fue solo un accidente? ¿Sería que lo tomó como un juego? ¿O sería que se estaba volviendo completamente loco y estaba viendo cosas donde no estaban?
Más de una vez le faltó la respiración cuando durante la cena, sus manos se tocaron con las de su invitada al buscar algo en la mesa, como el salero o algún cubierto para servirse. Se comportaba cohibido y ansioso cuando sus pies se encontraron por debajo de la mesa, pero la respuesta siempre era la misma: ambos se miraban por un momento, se movieran para alejarse del otro y luego regresaran a ver sus platos con actitud tímidamente callada. Donnie estaba más confundido que nunca y buscaba dentro de su cabeza explicaciones inverosímiles, dignas de cualquier teoría de conspiración, pero cuando Jul volvía a hablar con Leo como si nada, sus neuronas estallaban violentamente en una reacción en cadena de la que sus tripas se llevaban la peor parte
En cambio Clarise no dejaba de hacer pequeñas y casi imperceptibles rabietas, estaba cansada de verlos actuar de aquella manera tan tonta. No le cabía en la cabeza por qué Dientes Chuecos no notaba que, a pesar de que la mayor parecía mantener toda su atención en la serena platica que mantenía con el líder, en realidad todos sus pensamientos eran completamente ajenos a las serias y cuidadas palabras del mayor. El supuesto genio tontamente parecía no ver, a pesar de lo evidente que era, que Jul moría de ganas por que le dirigiera la palabra ¿Por qué esos dos eran tan lentos? ¡Sobre todo el ñoño ese! ¿No había tenido suficiente con todos los ensayos como para aceptar al fin lo que sentía por su hermana? ¡Este chico no parecía una tortuga, sino un auténtico caracol!
—Y luego el monstruo de queso cottage…—Mikey de pronto se quedó callado mirando a Clarise que tenía toda su atención en su hermano genio. Los ojitos claros pasaron con lentitud del mayor a la chica y de regreso hasta que poco a poco su ceño empezó a fruncirse, torció su boca sin darse cuenta. En ese momento Clarise se dio cuenta que había demasiado silencio, algo que en aquella creativa mente nunca era buena señal. Cuando lo miró se topó de frente con ese rostro molesto e indignado
—¡Perdón! No… no… no es lo que crees—Clarise se apresuró a decir pensando que era probable que el tiro que hubiera salido por la culata y tal vez había despertado al fin las sospechas de sus verdaderas intenciones frente a quien menos quería. Observó con detenimiento como el diablillo naranja parecía estar por entrar a un tremendo berrinche y su corazón se estrujó en un sentimiento de terror
—¡No trates de fingir! ¡Te atrapé!—contestó sin dejar de refunfuñar y Clarise solo atinó a abrir grandes los ojos
—¡Puedo explicarlo…!—Alcanzó a decir antes de que su interlocutor la interrumpiera poniendo un dedo índice frente a su nariz que de manera enérgica negó al tiempo que la pequeña tortuga hacía una expresión de desapruebo
—¡No quiero que le juegues bromas a Donnie! ¿Por qué a él y no a mí? ¿Le pusiste algo a su comida? ¿Es eso?—Pronunció con indignación el jovencito de bandana naranja al tiempo que se ponía de pie para ir con pasos apresurados hasta donde estaba su hermano genio, sin que la de ojos rubí tuviera tiempo de contestar a las preguntas que la tomaron completamente por sorpresa
—¡Qué importa lo que le haya puesto, enano! Aunque fuera lo más asqueroso del mundo seguramente mejoraría cualquier cosa que preparara Leo—El mayor miró con molestia a Rafael, quien solo le sonrió sínicamente al líder. Mientras esto ocurría Mikey le arrebató el plato de las manos a su hermano más alto para después hacerle una trompetilla
—¡Las bromas de Clarise son mías!—finalizó diciendo mientras se llevaba el plato a la cocina, la gatita menor no pudo ocultar su expresión de incredulidad ante todo lo ocurrido mientras un atónito Donatello miraba fijamente la puerta de la cocina.
—¿Se dieron cuenta que ni siquiera usó la silla de ruedas?—comentó de casi en un susurro el genio rompiendo el denso silencio que se posó en el comedor después de las palabras del pecoso muchacho. Otro silencio se hizo paso hasta que pronto Jul comenzó a reír en un tono dulce ganándose así que todos la miraran desconcertados, sin embargo le era imposible detenerse pues acababa de darse cuenta de que presenció la más adorable escena de celos que pudiera existir. Las risas de la minina negra terminaron por inducir las de los demás que uno a uno se unieron a las carcajadas que solo hacían parecer la escena más graciosa que lo que de por sí ya era. Sin embargo Clarise no entendía absolutamente nada, así que en cuanto pudo reaccionar, caminó tan rápido como pudo para alcanzar al más bromista de los hermanos en la cocina.
…
Se suponía que la cena debió de haber sido uno de esos acontecimientos elegantes y pomposos, pero después de como terminó cada una, decidieron que lo mejor sería comprar un par de sopas instantáneas en alguna tienda de conveniencia ubicada en alguno de los barrios conflictivos de la ciudad, pues ese sería el único sitio donde sus heridas y signos evidentes de pelea no llamarían tanto la atención. Laquesis miraba con atención su reflejo en el vidrio del pequeño comercio mientras el vasito humeante de unicel traía a su nariz el agradable aroma de lo único que podía recordar como una comida hogareña. No se trataba de que se hubiera vuelto melindrosa de la noche a la mañana, ni que no tuviera hambre, era solo que el encuentro con aquella extraña chica la había dejado un tanto pensativa. Tal vez más que ella, habían sido sus palabras "…la soledad pesa demasiado como para que el alama la cargue por siempre"—Mi alma debe ser tan fuerte como un fisicoculturista…—dijo muy quedo mientras que Morta tomaba asiento junto a ella, de pronto su maestra la miró con cara extrañada y soltó una carcajada
—¿Y ahora qué cosas extrañas estás pensando como para decir algo así?—Las piel de Morta, lucían más pálida que de costumbre. Tenía una de sus manos enyesada y capas muy cuidadas de maquillaje buscaban disimular los moretones, sin embargo parecía tranquila. Removio el interior de vasito de unicel y los ojos azul acero se cerraron para poder llenar su alma por completo del pequeño confort que le daba probar aquel producto tan artificial, pero que le traía gratos y viejos recuerdos
—Nada…—contestó Laquesis sin más para después llevarse un poco de la sopa a la boca y evitarse más preguntas, ya bastante tenía con las que ella misma se hacía en esos momentos, era cuestionamientos que evitó por tanto tiempo, que ahora todos ellos se arremolinaban en su cabeza reclamando su atención sin piedad.
No era tonta, sabía que más de una vez su maestra le insinuó su interés porque aceptara unirse a la familia que pensaba recobrar en cuanto encontrara a Cirse, pero una y otra vez la joven aprendiz se las arregló para no tener que dar una respuesta a los velados ofrecimientos. Hoy parecía que una completa desconocida le insinuaba que debía aceptar aquellas discretas propuestas de Morta, aun sin siquiera saber de ello y Laquesis sentía como si estuviera frente a una gran pared de hielo impenetrable. No es que no pudiera prever los beneficios que le traería el aceptar todo lo que se le estaban ofreciendo, era solo que no estaba segura de poder soportar esa calma exasperante y la aburrida tranquilidad que requería una vida común y corriente.
Recordaba a la perfección aquella tarde de cine que le dejó echar un vistazo a la vida cotidiana de los Neuyorkinos, pero las emociones de calidez, paz y cercanía que experimentó no habían significado tanto como la emoción de la persecución e intenso peligro que vivió después. De pronto los recuerdos de una boca chimuela empataron a la perfección con la realidad detrás del cristal del pequeño comercio
—¿Scary Moovie?—respingó al darse cuenta de que no lo estaba alucinando. El jugador de Hokey estaba ahí con su sonrisa socarrona tatuada en la cara. Morta le había prohibido acercarse a él, así que volteó casi aterrada a ver el asiento junto a ella, pero su maestra no estaba. Echó un vistazo a uno de los espejos del establecimiento y a través de él pudo darse cuenta que la mujer de negros cabellos se encontraba demasiado concentrada al otro extremo del lugar buscando una bebida que le sirviera para acompañar su cena.
Jones golpeó un par de veces en el vidrio para llamar la atención de la chica y con un movimiento rápido de cabeza le indicó que saliera. Después caminar con actitud despreocupada hacia la puerta de vidrio, los curiosos ojos grises dieron una última mirada para revisar que aun estuviera libre de la vigilancia de su maestra y jaló con fuerza al papanatas de la máscara pintada, antes de que Morta los viera juntos
Cuando llegaron al pequeño espacio que se formaba gracias a una de las columnas del edifico departamental y la entrada al modesto estacionamiento del lugar lo recargó con brusquedad contra la pared para evitar que se moviera
—¿Qué quieres?—Jones notó de inmediato que la chica estaba un poco nerviosa, así que trató de asomar la cabeza para poder ver el lugar donde en esos momentos descansaba en soledad los dos embaces de sopa instantánea pero Laquesis volvió a empujarlo contra la pared—¡No hagas eso! Mi maestra podría verte ¿Qué eres tonto?—los ojos grises rodaron con actitud fastidiada y luego agregó en voz baja—¿Par qué pregunto si ya sé la respuesta?—
—¡Sí, sé que mi genialidad es evidente…!—Laquesis levantó una ceja en señal de inconformidad—Está bien, solo quería entregarte algo…—El jovencito se rascó la nuca un par de veces, miró a otro lado dejando en evidencia que estaba apenado y de su bolsillo sacó una pequeña caja decorada con un moño negro que tenía un cráneo pintado en un tono plata vieja en el centro—No es que te estuviera buscando un regalo, es solo que me lo encontré en una tienda de curiosidades y pensé que te gustaría—Laquesis miró extrañada la pequeña cajita dudando si debía de tomarla o no, pero cuando Jones se la acercó un poco más ella suspiró, la tomó con brusquedad y la abrió sin el menor cuidado.
Adentro descansaba lo que parecía un estuche de maquillaje pequeño de polvo compacto, levantó una ceja confusa por recibir algo tan común, dirigió sus ojos inquisitivos al vigilante y este solo sonrió incómodo. La jovencita dejó salir un suspiro largo, sacó el pequeño objeto de la caja y lo abrió. Ante sus ojos un polvo blanco comenzó a brillar con pequeños y tentadores destellos. Trató de tocarlo pero Jones la detuvo—Es polvo pica pica—le advirtió con una ligera sonrisa—Me recordó a esa navaja tuya que está disfrazada de labial y pensé que te gustaría, además como tiene virutas de fibra de vidrio es difícil que los que tienen pelaje espeso se lo puedan quitar sin meterse al agua—Le guiño el ojo con coquetería—Si es que sabes a lo que me refiero—la joven asesina no pudo evitar dibujar una breve sonrisa de complicidad para luego cerrar el estuche y guardarlo de vuelta en la caja.
—Debo irme o mi maestra se molestará—no agradeció el regalo, aun cuando era evidente que le había gustado. Su expresión parecía muy, muy seria, tal vez preocupada, así que cuando dio la media vuelta para irse, el chico de cabello negro no hizo más que mirarla pensativo hasta que unas palabras se le escaparon de la boca casi sin poderlas detener
—¿Por qué Rafa?—preguntó Jones y ella se detuvo en seco. Se mantuvo callada un par de segundos como si necesitara tiempo para paladear las palabras que se le enredaban en la boca, hasta que después de echar la cabeza ligeramente hacia atrás para poder ver las estrellas dejó salir su voz con suavidad
—Tal vez sea porque no tienes sentido común, pero cualquiera se daría cuenta que estar conmigo significa un riesgo, sin embargo tratándose de Rafael eso realmente no importa, después de todo su vida ya es bastante arriesgada siendo un mutante. Tiene que mantenerse oculto y ya tenía fuertes enemigos antes de conocerlo. Realmente no pueden empeorar las cosas por crear lazos conmigo, pero en cambio tú…—Un viento gélido le alborotó el cabello y de pronto Laquesis pareció desganada, como derrotada por algo que no podía decir pero cargaba desde hacía mucho tiempo. Dio media vuelta de forma enérgica y clavó sus ojos en los de Jones.
Estaba acostumbrado a que ella lo mirara con rudeza, con una cierta cólera en las pupilas, pero esta mirada era diferente, era algo parecido a la impotencia, a la desesperación, a la angustia. Duró menos de un segundo pero no necesitó más para darse cuenta que algo se estaba cocinando en ese acelerado corazón que siempre aparentaba ser sínico y desfachatado
—¿Podrías levantar tu guardia?—El chico accedió. Alzo el cojín lleno de clavos, que llevaba en el brazo, lo colocó frente a él y en el acto unas cuantas agujas metálicas se clavaron entre los espacios que dejaban los retorcidos trozos de metal que Jones usaba como defensa ante ataques cuerpo a cuerpo
a—Genial—exclamó el mientras sus dedos se acercaban a las puntitas metálicas con curiosidad
—Esas púas están bañadas en una toxina especial, podrían dejar inconsciente a un elefante, así que ten cuidado cuando te pongas eso—Jones alejó rápidamente los dedos y luego trató de hablar, de saber por qué lo miraba así, por qué le había hecho tal regalo, pero la joven entró de nuevo a la tienda de conveniencia, dejando al vigilante asombrado y pensativo. No es que su cerebro fuera tan ágil como el del maestro Splinter pero por la manera en que ella lo miró, por las palabras que dijo, por el tono de su voz casi hubiera podido jurar que se preocupaba por él, por su seguridad y eso no podía parecerle menos que encantador.
…
El pastel que dejó Casey fue lo único que se terminó, pues nadie parecía tener suficientes habilidades para mentir como para decir que la cena le gustara. La sobremesa fue encantadora aun cuando el maestro Splinter se mantenía sereno y participaba poco en la conversación, las ocurrencias de Mikey, las anécdotas de Leo, las burlas de Rafael y los datos curiosos de Donnie hicieron la velada simplemente maravillosa. Abril solía reír con las divertidas situaciones, mientras Clarise imaginaba con ojitos brillantes todas esas peleas épicas donde sus amigos habían participado.
La hora de abrir los regalos llegó poco después del brindis y la familia completa, con los miembros agregados se congregaron en la sala para facilitar la entrega de los presentes.
Donnie miró con recelo como Leo recibía un hermoso peluche del capitán Rayan y agradecía con una sonrisa enorme el cabezón juguetito que seguramente había elegido la hermana mayor. Los ojos marrones rodaron con fastidio al ver que Rafael fue el más feliz al recibir un nuevo reproductor de música, lleno de las versiones en concierto de algunos de sus grupos favoritos, la vertiginosa mente de Donatello no dejaba de preguntarse cómo es que ellas habían conseguido saber cuál era la música que le gustaba a su hermano temperamental. El siguiente fue el maestro Splinter quien pareció aliviado al darse cuenta que su regalo era una enorme colección de distintos tipos de té y no alguna cosa estrafalaria, que no necesitaba.
—Yo lo elegí—aclaró sonriente la gatita blanca, la enorme rata solo agradeció con la amable solemnidad que lo distinguía. Abril por su parte se mostró sorprendida al encontrarse con un hermoso espejo que incluía una lucecita que podía activarse en lugares obscuros. La menor de las hermanas miró singular el regalo y luego volteó a ver a la de ojos verdes.
—¿Cómo encontraste algo así?—preguntó sorprendida. La mayor solo sonrió incómoda al recordar a la curiosa chica que acababa de conocer esa noche
—Es un secreto—Aclaró Jul sonriente mientras tomaba del árbol una de las últimas cajas, acomodó nerviosa los chinitos color morado y le ofreció el obsequio a Donatello que aun miraba curioso el mecanismo del espejo.
—¿Para mí?—Preguntó más por costumbre que porque realmente dudara que también le hubieran traído un obsequio a él. La gatita negra solo asintió mientras con serenidad. Los diestros dedos verdes quitaron con facilidad el moño, sacaron sin cuidado alguno la tapa de la caja, pero cuando vio dentro de ella se quedó completamente quieto. Después de un par de segundos parpadeó y luego volteó a ver a la chica como si se preguntara si lo que sostenía entre sus manos era real
—¿Qué es?—Curiosa ante la reacción de su mejor amigo Abril tomó la caja de entre sus manos para poder mirar dentro. Hizo una mueca curiosa cuando vio los papeles con símbolos extraños acomodados aun entre el colorido papel de la envoltura. Tomó el bonche y lo sacó para darle vueltas y ver si así le encontraba un poco más de sentido. Ninguno de los hermanos parecía tampoco entender que era aquello. Clarise había rodado ya los ojos con molestia, pues a ella no le quedaba duda de lo que significaban aquellas hojas.
—¡No es cierto!—Dijo el genio arrebatándole los documentos a su amiga y revisándolos casi con desesperación
—¿Qué es Donnie?—Leo se había puesto de pie y se recargó en el respaldo del sillón donde estaba sentado su hermano genio para poder ver a detalle aquel extraño obsequio
—Es un comprobante de solicitante para presentar el TOPIK—unos se miraron a otros sin entender qué rayos era eso y el genio paró de repente la revisión para mirar a sus hermanos indescriptiblemente emocionado—¡Es el examen de acreditación de conocimiento del idioma coreano!—casi movidos como en una coreografía todos voltearon a ver a Jul que no parecía querer despegar sus ojos de Donnie, pero al darse cuenta que de pronto tuvo demasiada atención solo bajó la vista sin poder disimular la felicidad que surgía en su ser por la reacción de su tortuga—Pensé que solo se aplicaba de manera presencial—agregó el esbelto muchacho mientras se cercioraba de nuevo de que había leído bien y esta prueba sería digital
—Es la primera vez que la aplicarán de manera remota—Aclaró la hermana mayor—Cuando vi la nota en el periódico el mes pasado, me acordé de ti y pensé que…—El chico dejó de revisar la papelería la dejó a un lado y sin previo aviso se acercó a la chica a quien estrechó en un tierno abrazo que dejó estupefacta a la gatita
—Gracias—Dijo a su oído en un tono lleno de gratitud. Jul correspondió suavemente al abrazo mientras sus mejillas se teñían de un sutil tono rosado
—No tienes nada que agradecer, después de todo lo que estudiaste yo solo pensé que te gustaría—Involuntariamente el chico la estrechó con un poco más de fuerza, pues comenzó a sentirse confortablemente adormecido. Pudo sentir con claridad la respiración ligera y camada de la chica mientras que su corazón comenzaba a advertirle que era suficiente a través de una sutil aceleración en su pulso, si seguía así volvería a perder el control y eso sería terrible ¿No? Tenía que serlo porque de otra manera ¿Por qué lo había estado evitando con tanta insistencia? Los primeros sectores de su razón habían empezado a apagarse cuando de pronto un desagradable grito lo hizo volver bruscamente a la realidad
—¡Ñono!—dijo una vocecita fingida en sonsonete de fastidio y todos voltearon a ver a Rafael
—Ahora no fui yo—el ninja temperamental levantó las manos en señal de inocencia y de inmediato el silbidito de Clarise fingiendo inocencia se escuchó tratando de disimular su culpabilidad al tiempo que tomaba el último paquete que aún se mantenía en la base del árbol. Lo puso rápidamente frente a Mikey, haciendo que los chinitos amarillos se movieran con coquetería para evitar el seguro regaño que le daría su hermana mayor por interrumpir el hermoso abrazo.
—¡El mío! ¡Al fin tengo el mío!—gritó tan emocionado que no tardó ni medio segundo en arrebatarle el paquete de las manos de la minina blanca, lo acercó a su oído izquierdo al tiempo que lo agitaba. Un ruido casi hueco se escuchó y su sonrisa se ensanchó.
—Es una sorpresa que escogí yo misma para ti, ni Jul sabe lo que es—la gatita blanca mostro su satisfacción ante el rostro incómodo y apenado de la mayor que enseguida agregó
—Es cierto, no puedo hacerme responsable por lo que está dentro de esa caja—Esto solo hizo que la curiosidad e imaginación de Mikey se agitara todavía más que antes
Su cabeza repasó con rapidez la gran cantidad de cosas que quería tratando de empatar el sonido que provenía de la caja con algo de lo que tanto deseaba, pero se cansó pronto de pensar y se apresuró a abrirlo rompiendo a su paso el papel plateado y las encantadoras cintas satinadas. Su expresión al mirar dentro fue un poema de confusión y curiosidad—¡Una caja! Lo que siempre había querido—. Pronunció al darse cuenta que dentro de la primera, había una segunda.
—La caja no es tu regalo ¿No entiendes? ¡Es una broma!—aclaró la gatita blanca al tiempo que le quitaba de las manos el paquete al menor de los Hamato y le entregaba la caja más pequeña
—¡Ahh sí claro! ¡Ya lo sabía!—dijo con voz de falsa obviedad, Mikey mientras se daba a la tarea de abrir el segundo envoltorio, sin embargo dentro de este hubo un tercero. Todos empezaron a reír disimuladamente mientras las pecas del joven pecoso se movían en consecuencia a haber torcido la boca para reflejar su lo decidido que estaba a tomar el reto de encontrar su verdadero regalo. Dejó caer al piso la segunda envoltura para rasgar la tercera tan pronto como pudo y las disimuladas risitas se convirtieron poco a poco en carcajadas al darse cuenta que las cosas no terminaban ahí y había una cuarta caja, después una quinta, una sexta y así hasta que el contenedor a abrir era tan pequeño que cuando Mikey lo sacó parecía que incrédulo a que algo pudiera caber ahí. Dudó un segundo en el que volteó a ver a Clarise quien entre risas asintió para que el pequeño demonio naranja abriera el diminuto paquete, a su alrededor los presentes trataban de controlar las risas que le causaba la situación.
Finalmente Mikey se concentró tanto como pudo para evitar que el pequeñísimo paquete se fuera entre los dedos y con las puntas de su otra mano abrió la tapa tan cuidadosamente como pudo. Puso toda su atención en los papelitos que parecían estar doblado una y otra vez con sumo cuidado. Los tomó con delicadeza. Apenas los tuvo desdoblados, todos soltaron múltiples carcajadas
—¡Cupones de descuento para comprar pizzas! ¡Toma eso Rafa, mi regalo es mejor que el tuyo!—gritó con una emoción indescriptible el joven Hamato que en un instante ya se había lanzado a abrazar a una Clarise que lo miró incrédula, pues no podía comprender cómo era posible que estuviera feliz de haber recibido eso. Trató de protestar pero le fue imposible, pues con el fuerte abrazo Mikey le había sacado ya todo el aire, así que las palabras no le salían de la boca, lo que solo causó que las risas fueran más fuertes aun.
Entre carcajada y carcajada a Donnie le pareció ver algo que brillaba entre la pila de cajas vacías. Acercó la mano y de ella sacó la primera tapa que Clarise le arrebató de las manos a su hermanito, la primera que terminó en el piso. Al observarla con cuidado descubrió que en ella había una bolsita plástica pegada con cinta transparente y dentro de la bolsa una cadena y un dije redondo como un anillo en color plateado que brillaba con intensidad
—¡¿Ya vieron?!—anunció con una enorme sonrisa burlona. Esta sería la manera perfecta para cobrarse todas las que la menor de las hermanas le había jugado últimamente. En el instante las risas pararon y todos miraron con atención el curioso objeto y de pronto el silencio fue subsistido por un bullicio burlón que comenzó con Rafael pero Donnie no dudó en secundar.
—Uhhhh—se escuchó en el cásico sonsonete que busca avergonzar a dos enamorados
—¡Que bien guardadito se lo tenían!—Agregó el más alto y de inmediato Clarise se le escabulló a Mikey, le arrebató la tapa al genio, la escondió tras de sí con premura y con la cara completamente roja gritó como si con eso pudiera acallar las expresiones burlescas que ya la habían hecho sonrojar hasta las orejas
—¡No es lo que están insinuando!—unos se miraron a otros un instante y luego volvieron a reír a pulmón abierto por lo graciosa que se veía la gatita blanca con el bochorno a flor de piel—¡No, no es eso, dejen de reírse!—gritó aun más fuerte sin conseguir que las burlas cesaran. Miguel Angel se mantuvo atento y en un descuido arrancó la cinta con todo y bolsita de la tapa de cartón que resguardaba con ansiedad Clarise
—¡Es hermoso!—contrario a todos los demás Mikey no parecía reír, en cambio observaba con ternura y adoración el pequeño objeto, tanto como la bolsa plástica se lo permitía—¿De verdad esto es para mí?—preguntó antes de abrir la bolsita resellable y Clarise, completamente sonrojada, solo atinó a asentir sin decir palabra alguna.
El joven ninja sacó el presente tomando un extremo de la cadena dejando que al final el dije saliera y se bamboleara suavemente frente a su cara. Cuando lo observó con atención se dio cuenta que toda la parte central estaba hecha de un material transparente y dentro guardaba un mechón del más delicado pelaje blanco que él hubiera visto en su vida. De inmediato abrió los ojos de par en par y miro a la minina menor que mantenía la cara agachada, tan avergonzada que quería que se la tragara la tierra. Mike sonrió con algo parecido a la nostalgia, aquella era una mueca que fácilmente podía evocar una tranquilidad, serenidad y paz prácticamente imposible de ver en el impulsivo adolescente.
Aquella curiosa expresión no duró más de un instante, pero fue lo suficiente para que Clarise estuviera la certeza que él sabía lo que ese regalo significaba, miró con asombro que el chico lo guardó en su cinturón en señal de aceptación. Los hermanos mayores seguían riendo a carcajada abierta cuando tres certeros globos de agua les congelaron las risas en la garganta. Jul apenas tuvo tiempo de quitarle de las manos a Donnie la palería del examen antes de terminar completamente empapado y fue ese el preciso instante en que los tres ensopados ninjas miraron a su hermanito con furia
—¡Me las vas a pagar enano!—gritó Rafael, pero el menor ya había arrancado a correr, con lo que ganó suficiente ventaja para que, a pesar de ser perseguido por media guarida, tardó varios minutos en ser atrapado y sometido por sus tres hermanos.
Con los alaridos de clemencia de Mikey de fondo, Jul miraba gratamente sorprendida como una hermosa mirada de ensoñación se remarcaba en la mirada rojiza de su hermana, una que delataba un sentimiento que nunca pensó que pudiera expresarse con tal inocencia y dulzura, y menos aun por parte de aquella egoísta minina que una vez la mantuvo cautiva como si fuera un objetos de su propiedad.
Hoy, en cambio, aparentaba estar dispuesta a darse a sí misma sin titubear con tal de hacer feliz a un chico que no parecía tomarse nada en serio. Aquello la intrigaba un poco, pero al final concluyó que tal vez gracias a ese carácter liviano y libre era que finalmente se habían abierto las cerraduras de aquel corazón sellado por el abandono y celosamente guardado por el miedo a ser herida. Los Hamato de nuevo le habían hecho el mejor de los regalos, poder ver de cerca los cambios mágicos que el amor de una verdadera familia pueden hacer en un corazón solitario y carcomido por el dolor.
…
Junto a su asiento una calmada Morta ya esperaba silenciosa a su aprendiz. La chica trató de aparentar calma y tranquilidad, pero estaba segura de que casi tembló cuando su maestra rompió el silencio para preguntarle a dónde había ido. La jovencita puso la caja negra en la mesa y tomó con prontitud la sopa con la que se llenó la boca. Espero hasta que pudiera pasarse el bocado, con el que casi se atragantó, para dar una respuesta. Probablemente solo quería darse un poco de tiempo para inventar alguna excusa
—Me pareció ver algo extraño, pero al final solo fue un animal—la mirada incrédula de Morta se clavó en ella por un segundo y luego miró la calle a través del cristal. Sonrió y se dirigió a su estudiante con tono tranquilo.
—Sí últimamente nos topamos con muchos de esos ¿No?—hubo un incómodo silencio en el que Laquesis sitió un sudor frio recorrerle la espalda—¿Sabes? Si tú decidieras que quieres retirarte del bajo mundo, yo no me opondría y así podrías olvidarte de todas las reglas. Es decir, puedes dejar este trabajo, después de todo no eres tan conocida y nadie sabe tu nombre real. Tampoco tienes enemigos jurados o alguien que pueda relacionarte con la verdadera tú… podrías ver a quien tú quisieras sin problemas, ser solo una adolescente viviendo su vida en Nueva York—la chica de ojos grises se mantuvo callada, inexpresiva, como si su maestra nunca hubiera dicho nada. Sonrió con aire calmado, dejó el vasito de unicel en la barra y Morta pensó que tal vez le agradecería la cena, solo para después ir detrás de los sueños de cualquier chica de su edad perseguiría
—Sí, tienes razón, podría… si es que quisiera—La mujer abrió grandes sus hermosos ojos azules ante la incredulidad de tal respuesta, por un segundo se preguntó sus oídos no le estarían jugando una broma después de aquella intensa batalla, así que ladeó la cabeza sin dejar de ver ni un segundo a su aprendiz—Iré por unos chocolates—los pasos de Laquesis se alejaron con actitud tranquila mientras su maestra la seguía con la mirada, pues aun se mantenía escéptica de lo que acababa de escuchar. Dejó de observarla unos minutos después cuando comprobó que sus oídos estaban en perfecto estado y lo que había escuchado no había sido producto de su cansancio. Quiso continuar con su cena pero algo llamó su atención, junto a la comida de su estudiante, pudo ver la linda cajita negra con el curioso moño. Sonrió forzadamente y luego sorbió del contenedor de unicel que se encontraba entre sus manos
—Si no lo quieres entonces ¿Por qué aceptas sus regalos?… ¡A veces ni yo te entiendo Laquesis!—masculló la mujer entre sorbo y sorbo para luego resignarse a dejar el tema por la paz, pues algo le decía que no conseguiría que Laquesis aceptar algo tal como que le interesara llevar una vida común, pues al parecer había optado por mentirse incluso a sí misma y siendo así, la insistencia no haría más que arraigar más aquella idea en su cabeza.
…
En el hogar de los Hamato los distintos integrantes de la familia e invitados ya se encontraban listos en sus habitaciones preparándose para descansar, o al menos esa era la idea, porque Donnie se había parado de nuevo frente al pizarrón de investigación a agregar las cosas nuevas que había descubierto de Jul aquella noche gracias a la plática de Clarise.
La situación debió de haber sido una mina de oro para conseguir todos esos datos que le hacía falta recopilar gracias al exaustivo cuestionario que preparó para aquella noche, pero con la actitud posesiva, que repentinamente adquirió Mikey con la menor de las mininas, las cosas fueron más complicadas de lo que pensó.
Al final del día solamente pudo obtener un par de datos que agregó con actitud meticulosa a su compendio. Se recargó en su escritorio para tomar un poco de distancia y ver mejor el conjunto, cuando sus dedos rozaron la caja de los papeles de la prueba y sin poder evitarlo sonrió al tiempo que sus tripas se revolvían unas contra otras trayéndole a la mente el breve abrazo de aquella noche.
De pronto se sorprendió a sí mismo preguntándose como Leo resistía hacer todas esas escenas románticas sin caer mareado ante todas las reacciones que esa chica provocaba con el simple tacto, con la simple mirada, con su respiración calmada, con el rose de sus dedos, fue entonces cuando sacudió la cabeza para sacarte todas esas memoria que le nublaban el juicio y poder concentrarse en lo único que debía importarle en esos momentos: avanzar en sus investigaciones.
Paseo su mirada marrón por las fotos de Cirse y con mucho esfuerzo trató de recordar la tranquilidad que le daban sus blancos brazos al rodearlo con cariño, cerró los ojos para tratar de evocar como la suave caricia de su cabello lo relajaba instantáneamente y cómo su mirada preocupada lo inspiraba, pero sus recuerdos fueron bruscamente asaltados por la mirada verde que le hacía hervir la sangre de rabia, de estrés, de furia y al mismo tiempo de emoción. Se llevó las manos a la cara, con los dedos se talló los parpados para apartar aquel vívido recuerdo que poco a poco parecía volverse más indeleble hasta que una última memoria le hizo estremecer. Como una flecha llegó a su cabeza la broma de Malachi y no pudo evitar detenerse en esa imagen. Cualquiera podría tacharlo de loco, pero por lo estudios de la óptica de Newton que ese color le sentaba mucho más natural a Jul y sus neuronas de pronto pidieron paz, un minuto de tranquilidad para no pensar más en aquello que lo hacía explotar por dentro…
—¡Pero que tonterías estoy pensando! Seguro los ojos violetas me parecerían hermosos hasta en un sándwich de atún—
Tapó el pizarrón para descansar de aquella chica que tanto lo inquietaba y se tumbó en la silla de su escritorio. Hecho la cabeza para atrás y mientras mantenía la mirada fija en el techo tratando de olvidar aquellos expresivos ojos que tanto lo aturdían, otra cosa en color verde llamó su atención: Un muérdago, uno que colgaba ahí justo sobre él. Recordaba a la perfección haberlo puesto ahí solo para terminar pronto y quitarse a su hermanito de encima, ahora le parecía irónico que era el único que quedaba en toda la guarida después de la impulsiva decisión de Leo, pero al mismo tiempo recordar la cara molesta por parte de su líder le hizo reír un poco. Observó de nuevo las fotos de Cirse
—¿Qué rayos me está pasando?—tomo los papeles del escritorio los ojeó y luego volvió a dejarlos de donde los había tomado. Subió los pies al mueble que había resguardado más veces su sueño que su propia cama y trató de no pensar más en nada, pero era difícil, muy difícil pues ya sea por curiosidad, por gratitud, por desconfianza o casi por cualquier sentimiento volvía a pensar en ella y aunque en ese instante se forzaba a cambiar el tema terminaba de nuevo en el mismo punto de partida: Jul. La molesta y al mismo tiempo dulce Jul, la furica pero amable Jul, la impulsiva pero detallista Jul, la Jul que lo hacía olvidar pero no lo dejaba en paz.
Insistió en ver de nuevo la foto de Cirse y se preguntó qué le diría ella, qué opinaría, qué palabras agradables, tranquilas y meditadas le diría para poder borrar de su firmamento la intempestuosa lluvia de estrellas que representaban ese sedoso pelaje negro, cuyo tacto recordaba su piel sin el más mínimo esfuerzo. Suspiró sonoramente
—Seguramente dirías que debería de dejar de interponerme entre ellos ¿verdad?—se mordió el labio inferior con fuerza—Seguramente ya te hubieras molestado conmigo—concluyó después de sentir que los dientes ya le habían lacerado un poco la piel y bostezó cansado—Lo siento Cir, soy el peor novio del mundo por hacer cosas con las que tú no estarías de acuerdo solo porque no puedes intervenir, pero creo que ya ni yo puedo detenerme porque no sé bien qué me pasa—
Eso había sido lo más cercano a una confesión que había hecho en meses. Sintió su garganta secarse al tratar de decir algunas palabras que él no se permitiría pronunciar en favor de Jul, que no se atrevía a pensar y aun así le asustaban sin saber cuáles eran…no estaba listo para confesarse algo así a sí mismo.
…
Mientras tanto en el cuarto del genio, lugar en el que se acordó dormirían todas las invitadas, las chicas permanecían sentadas en las colchonetas que habían extendido a lo largo del piso. Abril había cumplido fielmente a su palabra con Donnie de estrechar sus lazos con Jul y conseguir un poco de información de la chica para saber si era confiable, aunque para ella la chica había demostrado muy claramente su aprecio por los diferentes miembros de la familia con los cuidados presentes de aquella noche, pues sin tomar en cuenta el valor económico de ellos, era evidente que cada uno había sido pensado concienzudamente para hacer feliz a su destinatario, especialmente el de Donnie.
No obstante una promesa era una promesa y debido a ello la chica se encargó de organizar uno de esos aburridos juegos donde preguntas cosas de la otra persona y si no quiere responder debe de recibir un castigo, en este caso tomarse de un tirón el contenido de un pequeño baso que después era rellenado de nuevo con un licor transparente, cuyo olor etílico era sumamente evidente.
La gatita negra hasta ahora solo se había negado a contestar dos preguntas: la peor vergüenza que tuvo que pasar en su vida y si tenía interés romántico en alguien. Aun con eso había que admitir que era bastante comprensible que no quisiera contar eso y hasta ahora, a pesar de decir mil cosas de sí misma, como la curiosidad de que ahora odiaba nadar, prefería no tener que leer en voz alta y que su más grande sueño en la vida era poder conservar junto a ella a las personas que amaba; la verdad es que nada la hacía ver ante los ojos de la pelirroja como alguien digno de cuidado, sino todo lo contrario. Le sorprendió la cantidad de cuidados que solía tener para con Donnie sin que él lo supiera, incluso le pareció tierno.
En contraposición Clarise trataba de mantenerse como una tumba, se negaba a contestar a veces las preguntas más simples, como por ejemplo dónde compró el lindo dije que le regaló a Mikey o cual había sido la broma que le jugó el más pequeño de los hermanos cuando estuvieron Donnie y ella en su casa.
Abril por su parte había confesado que cuando dejó de hablarle a las tortugas fue la mujer más feliz del mundo cuando supo que Donnie la seguía, aun cuando aparentó estar molesta. También admitió haber ayudado a ocultarle a Leo las salidas de Rafael a lugares donde se suponía que no debía de ir. Ya bastante entrada la noche la kunoichi terminó por sincerarse con sus acompañantes respecto a cuanto como se sentía en cuanto a la situación que tuvo que atravesar su mejor amigo
—¡Cómo es posible que Dientes Chuecos ni siquiera te deje usar la cama!—comentó burlona Clarise mientras se tomaba de un jalón el contenido cristalino del pequeño baso de vidrio.
—¡Clarise no hagas eso! Se supone que solo debes tomarlo si no contestas las preguntas—advirtió molesta la mayor pero la gatita blanca solo le hizo una mueca chistosa mientras le enseñaba la lengua. Había que admitir que Abril había cumplido bien con su misión. En estos momentos la más grande celadora de Jul estaba ya completamente ebria.
—Es normal, él la extraña mucho—Abril abrazó sus piernas con un aire melancólico—Lo he encontrado varias veces aquí acostado con la almohada en la cara, dice que es lo único que aun conserva un poco de su olor—confesó ella. La mayor pareció triste, acongojada, abrió la boca para decir algo seguramente muy emotivo y en ese instante la gatita blanca se echó a reír
—¿Es en serio? ¡Eso es más raro y patético que he escuchado en mi vida!—No pasó ni medio segundo cuando Jul ya le había arrojado una almohada que le dio de lleno en la cara haciéndola callar
—¿Podrías dejar de burlarte? ¿Qué no tienes ni una pizca de compasión, Clarise? ¿Cómo es posible que no te des cuenta que tiene el corazón completamente destrozado?—la reprendió la mayor casi en un grito y la pelirroja la miró impresionada. Ahí estaba de nuevo: Jul parecía ser bastante condescendiente y cuidadosa con los sentimientos de su mejor amigo, al menos cuando él no estaba presente y no le terminaba de quedar clara la razón. Ellos se gritaban, se insultaban y aun así Jul no parecía poder estar demasiado tiempo molesta con él. Sin embargo a la gatita blanca no podía interesarle menos la tristeza de Donnie y lo demostró arremedó a su hermana en señal de protesta.
—¡Disculpame, pero no soy yo con quien siempre termina peleando, si hay alguien por quien necesita buscar paz aquí, esa eres tú!—de pronto Jul se mordió los labios impotente y casi pareció palidecer. Eso había sido un golpe bajo y Clarise se dio cuenta, a pesar de las copas que ya llevaba encima. De inmediato se llevó las manos a la boca y detrás de ellas un "Lo siento" se escapó con timidez, parecía que la lengua se le había soltado más allá de lo que ella quería. La gatita negra solo la miró con un poco de furia y después le volteó la cara en un ademán entre molestia y tristeza difícil de disimular
—Te agrada ¿verdad?—interrumpió la kunoichi y Jul la miró recelosa—Si no te agradara ni siquiera hubieras prestado atención a su gusto por el coreano—La gatita negra entrecerró los ojos desconfiada
a—Y si me agrada ¿Qué?—Abril asintió y le puso un dedo en la frente
a—Sí, pero yo hubiera jurado que lo odiarías porque él siempre termina…— La gatita negra movió la cabeza para quitarse de encima el dedo de la chica
a—No es su culpa, yo pele con él cundo cuando te rescató del TCRI, es normal que esté a la defensiva—Jul ni siquiera la dejó terminar, era como si no quisiera escuchar más de ese cuento de que siempre terminaban mal
a—Sí…La verdad al principio yo también pensé que tantas peleas le sentarían mal a Donnie, pero la verdad es que desde que te conoce yo lo veo mejor, al menos ha mantenido ocupada su mente en otras cosas. Muchas veces traté de convencerlo de que saliera de su laboratorio, que se dedicara a otra cosa además de aprender coreano pero…—guardó silencio un instante y luego retomó su ritmo con tono vivas volteando a ver directamente los ojos verdes de la gatita que habían empezado a verla con interés—pero desde que te conoce ya no se comporta con un zommbie persiguiendo el pasado. Envido un poco no poder hacer eso por mi mejor amigo, pero supongo que bien merecido lo tengo—Jul parpadeó un par de veces, la pelirroja le sonrió, segura de que tenía su atención—¿Entonces es Leo?—dijo a quemarropa la de ojos azules desconcertando a la gatita negra
—¿Leo?—dijo como tratando de confirmar que había escuchado bien
a—Jul todo me da vueltas—muy apenas se escuchó la voz de Clarise con un sonsonete medio apagado, pero un nuevo comentario de la pelirroja distrajo a Jul de su hermana
—Síp, Leo… he visto que se llevan muy bien y él no suele ser confianzudo así como así—guiño uno de sus ojos azules sobresaltando a la minina negra que parecía completamente incrédula
—¿Ah… no?—la incomodidad se le transparentó por la piel en menos de un instante, pues por alguna razón, que no podía explicar, esas palabras le daba mala espina.
a—July me siento mal!—se quejó de nuevo la menor pero una vez más la pelirroja continuó con el tema, aunque esta vez la minina negra no volteó a verla por observar a su hermana
—No, y además siempre tiene de qué hablar contigo ¿Él y tú…?—
—¡Ay no!—La de ojos verdes mientras que se paraba apresurada y tomaba del brazo a su hermana para llevársela con premura—Lo siento Abril, creo que mi hermana va a vomitar—dijo mientras salía presurosa de la habitación
—¡Si la necesitan hay leche en el refri!—alcanzó a recomendar la humana antes de que la puerta se cerrara con el fuerte tirón que le dio Jul con su cola—Pues sí estaba sorprendida, pero no creo que sea por lo que Donnie cree—se llevó las manos a la nuca y se dejó caer en una de las colchonetas, pero el sonido de la puerta abriéndose de nuevo interrumpió su tren de pensamientos para reclamar su total atención. Un par de ojos verdes enmarcados en una bandana roja se asomaron y ella sonrió—No se supone que debas de estar aquí a esta hora—dijo antes de que el chico entrara cerrando la puerta tras él
—Me debes un favor ¿Recuerdas?—el chico rudo miró la botella vacía que estaba casi a sus pies, se recargó en la puerta recién cerrada y le arrojo su T-phone a la pelirroja
—¿Y qué se supone que haga con esto?—Abril tomó el aparato despreocupadamente mientras curioseaba por las diferentes pantallas
—Quiero una foto—anunció el con un tonito que hizo sentir a la pelirroja escalofríos
—¿Qué tipo de foto?—el chico sonrió y ella lo miró molesta—¿Cómo se te ocurre? ¿Estas loco o qué?—
—¡Pero que pensamientos tan sucios tienes, Abril!—contestó él mientras comenzaba a reírse, solo quiero una foto tuya usando mi regalo. De su cinturón el chico sacó una pequeña caja que contenía un hermoso broche con pedrería verde. La chica lo golpeó en el brazo a modo de juego en el brazo y luego observo el broche con cuidado
—¡Es precioso!—lo puso en su cabello y luego tomó distancia al tiempo que se quedaba quieta en una posición bastante natural para ella—bien estoy lista—el chico sonrió de medio lado y tomándose su tiempo la inmortalizo en una sencilla pero bonita foto. Al terminar la chica se le acercó para que se la mostrara.
—Creo que quedó bien—Dijo ella y él asintió calladamente
—Yo también tengo algo para ti—Se inclinó para tomar su mochila y de ella sacó un video juego en cuya portada rezaba Fallout 4. El chico miró un poco desconfiado, pero cuando tomó la caja y comprobó que el contenido era justamente lo que dictaba el empaque, la cargó de la cintura y le dio tres vueltas emocionado
—¿Dónde lo conseguiste? ¡Se agotó hace meses!—Rafael comenzó a examinar la contra cara
—Sí, lo compré hace meses—masculló la chica y él la miró interesado
—…Pero… no tiene tanto que tu y yo…—de pronto lo entendió, ella había comprado su regalo aun antes de que le confesara su interés por él y sonrió socarrón—Espera…¿Exactamente hace cuantos meses lo compraste, pelirroja?—preguntó pero ella en lugar de contestar lo empujó para quitarlo de la puerta
—¿Qué piensas quedarte toda la noche preguntando tonterías? Anda vete, no quiero tener que explicarle a Jul lo que haces aquí si regresa, o peor, a alguno de tus hermanos—el chico temperamental le dio un beso rápido en los labios a la pelirroja
—Está bien, me iré pero aun tienes que darme algunas explicaciones. Que descanses O´neall— La chica le sonrió con cariño, como conmovida por un acto tan dulce y encantador como fue ese simple beso
—Rafa… gracias por todo lo de hoy… y tú sabes, lo de los últimos meses. Has sido tan paciente, incluso hoy me has pedido algo tan simple y tierno que casi no puedo creerme que seas tú...—dijo ella sonrojada, él dejó salir una risa medio desganada y salió del cuarto
—No hay de que, además…—Volteó a verla ya con la mano en la manija—…lo que te pedí es muchas cosas pero no tierno ¡Ni te imaginas el uso tan interesante que le daré a esta foto por las noches!—dijo mientras cerraba la puerta que de inmediato sonó con el tremendo golpe que le dio la kunoichi al otro lado
—¡No te atrevas!—la escuchó decir en tono moderado al otro lado, pero en cambio el chico solo puso una silla para atrancar la puerta y que la pelirroja no pudiera quitarle el premio que él consideraba se había ganado a pulso
…
Aun cuando Clarise ya llevaba un buen rato que había sacado el contenido completo de sus tripas Jul no se atrevía a entrar. La llamó un par de veces pero la gatita blanca seguía sin contestar, así que como buena hermana mayor terminó por entrar al fin al baño y ahí estaba ella, perdidamente dormida mientras abrazaba el inodoro. Seguramente el alcohol había hecho de las suyas y simplemente cayó presea del sueño avasallador que le da a todos los que abusan de ese tipo de bebidas. Pensó en despertarla pero después de consultarlo un segundo consigo misma decidió que era hora de que su hermanita enfrentara las consecuencias de dejarse llevar por los juegos de juventud y sus ímpetus.
Salió del baño y caminó por la casa buscando un único objeto: un marcador indeleble, pero por más que buscó le fue imposible encontrar alguno, se detuvo unos segundos pensativa hasta que una idea pasó por su mente, seguramente Donatello debía tener uno en su laboratorio.
—No puedo despertarlo a esta hora solo por eso—se dijo y luego suspiro—Aunque siempre trabaja hasta tarde y no he tenido oportunidad de agradecerle por la noche tan agradable—En el fondo sabía que solo era una tonta excusa para poder verlo a solas y hablar, cosa que no habían podido hacer en toda la noche.
Pasó por la sala aun preguntándose a sí misma qué palabras debía decir cuando se presentara frente a él ¿Podía decirle para qué quería el marcador indeleble? ¿Se acordaría tan siquiera del marcador cuando ya estuviera frente a él? Su mente divagó otro rato hasta que en la sala cayó en cuenta de que estaba ya estaba cerca y aun no había definido ni siquiera como iba a justificar tocar a su puerta tan tarde. Pasó los ojos por el lugar tratando de tranquilizarse. Detuvo la vista en el coqueto regalo que de pronto había aparecido en la base del árbol, uno que tuvo que haber llegado ahí después de que todos se fueran a dormir. Seguramente el maestro Splinter lo colocó ahí para su hijo menor. Eso le recordó que ella también debía de colocar el de Clarise, seguramente lo haría antes de gastarle la jocosa broma que estaba cocinando.
Después de dar un último repaso a su exageradamente elaborado plan para llamar a al santuario de su genio, se dio ánimos por última vez antes de pararse frente a aquella enorme entrada que pocas veces había cruzado. Sus nudillos tocaron con delicadeza y antes de que alguien contestara la puerta se entreabrió un poco, como si solo hubiera estado emparejada
—¿Donatello?—pregunto en voz baja y esperó respuesta—¿P-puedo pasar?—el silencio de la madrugada le respondió de nuevo. Tragó saliva, miró a un lado y a otro pero no había nadie, ni siquiera las sombras nocturnas parecían tener ningún interés en ella. Suspiró con cautela, apoyó la punta de los dedos en la superficie fría del metal desgastado y lo empujó solo un poco. Las bisagras sonaron como quejándose de ser desperezadas a esa hora y de inmediato apartó la mano casi asustada, sin embargo seguía sin recibir respuesta. Colocó con delicadeza su mano en el filo de la puerta y el par de orejitas asomaron a penas. Quería dar oportunidad de que contestara por si él solo estaba ensimismado en su trabajo. Se asomó muy lentamente hasta que ambos ojos, su nariz y sus bigotitos habían pasado sin problema.
Paseó sus ojos por aquel extraño lugar. Pocas veces había estado ahí y siempre por tan poco tiempo, que la imagen la maravilló enseguida. Al fondo, en una especie de frasco enorme guardaba algo parecido a un esquema de los órganos internos. Más a la derecha descansaba un encantador robot con forma de tortuga. Al otro extremo se encontraban aquellos extraños recipientes de vidrio que Donnie siempre usaba en sus experimentos y la camilla seguía en el mismo lugar de siempre.
Para ella ese era un lugar misterioso, casi mágico, donde un sinfín de cosas que no comprendía pasaban todos los días. Dio el segundo paso y al fin pudo verlo, profundamente dormido en esa curiosa silla. Llamó un segundo su atención el coqueto muérdago que colgaba justo sobre su cabeza y una risita traviesa se le escapó de los labios. Había ido buscando un plumón indeleble pero de pronto se le antojaba llevarse algo distinto.
El escritorio estaba completamente desordenado, pero sus pies estaban acomodados cuidadosamente en el único espacio que seguía libre. La chica sonrió y negó con la cabeza lentamente mostrando su desapruebo a esa extraña costumbre de dormir en una silla. Cuidando no hacer demasiado ruido, caminó hasta la cama para tomar la cobija que parecía doblada con prisa y se acercó a él sin dejar de mirarlo
—¿Por qué nunca puedes dormir en la cama como todos?—preguntó con ese tono dulzón que utilizaba cada vez que se preocupaba por él, extendió la manta y lo arropó con cuidado, asegurándose de que el frio no podría hacer presa de él durante el resto de la noche. Su recompensa fue escuchar al esbelto muchacho emitir ese curioso ruidito que solía hacer mientras respiraba profundamente, algo que inevitablemente la hacía derretirse de ternura.
Pasó los dedos por su mejilla y luego por su mentón como consultando consigo misma si debía hacer aquello a lo que estaba tentada. Miró de nuevo el muérdago, a un lado y al otro, como si estuviera cerciorándose de que nadie estuviera viendo desde alguno de los rincones. Se acercó con lentitud a sus labios pero en el último segundo se desvió para depositar un casto beso en su frente. Se acobardó, lo sabía, pero aún así, estando tan cerca de él, mirando esos tentadores labios entre abiertos la tentación fue demasiada y terminó por juntar sus labios con los de el en un roce suave, lento y delicado. Lo suficiente para hacerla sentir correr aquella corriente eléctrica por su espalda, aquella sensación que tanto le gustaba y extrañaba. Se retiró con cuidado de él y esperó un segundo para asegurarse de no haberlo despertado. Al darse cuenta que seguía con los ojos bien cerrados, solo sonrió tomó el primer marcador que encontró en la mesa y se encaminó a colocar el regalo sorpresa para su hermana. Ya iba a mitad de camino cuando de pronto escuchó su voz detrás de ella
—¿Cir?—Distinguió el tono adormilado, pero aun así su corazón se detuvo un instante. Se volvió a verlo pero afortunadamente el chico solo se reacomodó en la silla para seguir durmiendo. Después de unos segundos de nuevo el arrullo de su respiración profunda le dio suficiente tranquilidad como para poder salir de ahí solo con un leve temblor en las piernas, que le advertía que se había arriesgado demasiado, aunque siendo sincera consigo misma, sabía que no se arrepentía en lo absoluto.
…
Le sonrió como solía hacerlo siempre, cerró aquellos curiosos ojos violetas, aspiró el perfume de las flores de Sakura y él solo le quitó uno de aquellos delicados pétalos que había caído traviesamente en su frente
—¿Sabes que es lo que me gusta de ti?—preguntó ella aun recostada en el verde pasto, sin abrir los ojos
—No—confesó el chico para después soplar y hacer volar el pequeño objeto rosa
—Todo—contestó ella sin vacilar y el chico se sonrojo—Tu voz, tu forma de caminar, el olor de tu piel, la forma en la que hablas y la manera que roncas cuando estas profundamente dormido—La chica abrió los ojos—incluso amo lo distraído que eres para notar las cosas que están justo frente a ti—la chica lo sujetó del porta armas y lo atrajo a ella suavemente hasta que el contacto de sus bocas fue inevitable.
Se sintió feliz, feliz como no había estado desde hacía mucho, aun cuando aquel beso no fue como todos los de su princesa. Cirse siempre impregnó ese toque calmado y tranquilo en cada pequeño detalle de su vida, con lo que conseguía que el mundo entero pareciera ir en cámara lenta cuando estaba a su lado, pero aquella vez sus labios parecían distintos, era como si alguien los hubiera espolvoreado con una delgada capa de sensualidad que nunca sintió antes, una que lejos de desagradarle le parecía peligrosamente adictiva. Su princesa se apartó un momento
—Abre los ojos Donnie o puedo cansarme de espera a que te fijes en mi—dijo para luego volverlo a besar más embriagadoramente que antes. Aquellos besos quemaban cada idea, cada pregunta que quería formular, cada neurona en su cabeza, pero de alguna manera no le importaba. Estaba acostumbrado a vivir la tranquilidad total a su lado, sin embargo esta vez, a pesar de sentir su alma en paz, cada fibra de su ser parecía arder en ansiedad al pedir un poco más de aquellos labios, de aquellas manos, de su piel, de toda ella. Él mismo deseo una y mil veces que aquel momento se extendiera por la eternidad, así el precio a pagar fuera toda su cordura, no quería que aquello terminara, rogaba porque no lo dejara otra vez. Sintió sus tersas manos acariciar su rostro con tanto cuidado que le daba miedo no darse cuando se alejaran
—Quédate—rogó él entre beso y beso—por favor quédate conmigo—pudo notar como aquellos bellos labios sonreían
—¿Y con quien crees que estoy, genio?—respondió con el tono angelical que tanto le gustaba, pero aun así la respuesta no le fue suficiente. Él la miró reflejando la tremenda añoranza que le carcomía el interior
—¿Entonces por qué te extraño tanto?—le acarició el cabello a la chica que se encogió de hombros y le delineó los labios con el dedo índice
—Porque tú eres de los que solo cree en lo que puede ver…—la chica lo besó en la mejilla—…y los ojos son fáciles de engañar—lo besó una vez más pero esta vez el contacto duró menos de un suspiro y al abrir los ojos se encontró de nuevo en esa solitaria realidad. Se quedó un minuto quieto, tratando de ordenar su cabeza hasta que lo comprendió, todo había sido un sueño, un hermoso pero inalcanzable sueño. Exhaló cansado mientras miraba de nuevo el muérdago sobre su cabeza, sonrió con pesar, creyendo adivinar la razón por la que su cerebro maquinó aquel hermoso embuste. Bostezó y al cubrirse la boca con la mano sintió el cosquilleo de aquellos agradables besos.
—Ojalá pudiera soñar algo así todos los días—se enderezó completamente dispuesto a irse a dormir a la cama cuando cayó en cuenta de que alguien lo había cubierto con la misma cobija que él solía doblar cada mañana, miró la puerta entre abierta. Saltó de su asiento y corrió para asomarse la sala obscura y vacía, se reprendió internamente por haber creído que sería posible que ella estuviera ahí. Estaba ya por cerrar la puerta de nuevo cuando escuchó un ruidito al otro lado del sillón y sin pensarlo dos veces salió disparado hasta ahí
—¿Cirse?—preguntó de manera estrepitosa y una aterrada Jul saltó hacia atrás en completo pánico. En la mano tenía una paquete envuelto en una bolsa de plástico y lo miraba con los ojos bien abiertos. Era evidente que acababa de asustarla, sin embargo no pudo ocultar su decepción al encontrarse con ella y no con su princesa—Lo siento, pensé que era alguien más—dijo con desencanto y la chica lo miró un par de segundos aun desconcertada—Perdón, es solo que…—se detuvo un minuto a pensarlo, no podía contarle que creyó que su novia muerta había regresado del más allá a besarlo o pensaría que había perdido algunos tornillos—No, nada, no importa ¿Estas bien?— El genio se acercó para ayudarla a ponerse de pie, le extendió la mano que ella tomó un poco desencantada. Ella juraba que nunca volvería a escucharlo llamarla Cirse y aunque al fin lo había oído de nuevo, al final esto solo resultó desgarrador
—¿Pensaste que era tu prometida?—él sonrió apenado y aunque no contestó la chica no necesitó más para confirmar sus sospechas. Para la gatita negra aquello fue tan claro como haberlo leído en su rostro: Donnie estaba decepcionado de haberla encontrado a ella y no a la dulce princesa de sus sueños. Tal vez no debería, pero al final no pudo evitar sentir como esto le rompía la poca esperanza que le quedaba. Bajó la vista completamente dolida y trató de ocultar lo más posible las heridas de su alma, no que el chico en ese momento se diera cuenta de algo, su cerebro aun estaba en ese límite entre el sueño y la realidad.
—Perdón es que todavía estaba medio dormido—Extendió una sonrisa conciliadora a la chica que solo le respondió con una breve mirada de desencanto
—No te preocupes, estoy bien, solo venía por algo así que me voy a dormir—
—¿Algo?—preguntó curioso el genio y ella sacó de la austera bolsa negra un paquete envuelto en papel decorado con brillantes colores y un enorme moño
—Es para mi hermana—Donnie la miró sorprendido y luego asintió
—Entiendo, el maestro Splinter también le hace un regalo así a Mikey cada año, no pensé que tú…—se detuvo un momento porque al fin había notado esa expresión de inconformidad en su rostro, acompañado por una mirada triste y melancólica que lo hacía estremecer
—¿Qué? ¿Pudiera ser tierna, considerada o detallista?—interrumpió ella cortante al tiempo que jalaba su brazo para soltarse de las manos de Donnie quien de inmediato salió de su estupor
—No, me refiero a que no pensé que estarías todavía despierta a esta hora ¿Estas enojada? ¿Hice algo malo?—Jul ya había empezado a caminar y él la siguió con un poco de insistencia. Jul se volvió a mirarlo y observó la confusión en sus ojos. El genio no parecía comprender la razón de sus desplantes y peor, parecía sinceramente preocupado por ello. Jul comprendió entonces que sin importar que tan molesta, celosa y muerta de rabia, pudiera estar, él no tenía la culpa, lo que era peor, ella ni siquiera debería de tener razones porque ni siquiera estaba pensando en otra chica, estaba pensando en ella y solo en ella sin importar que tan distinta fuera ahora. Respiró hondo para tranquilizarse, le miró con aire conciliador y se mordió un segundo los labios.
—Disculpa, es solo que estoy cansada, un me falta dejar esto en el árbol y todavía tengo que aguantar las tonterías de Clarise—La chica se cruzó de brazos
—¿Te hizo algo tu hermana?—el joven la tomó de la mano y la dirigió al amplio sofá
—Nada, realmente no me hizo nada, es solo que se emborrachó y ahora…—
—¿Se emborrachó? ¿Pero cómo? ¿No se habían ido a dormir a mi cuarto hace ya un buen rato? ¿Cómo rayos consiguieron meter una botella de alcohol a mi casa?—el asombro no cabía en los hermosos ojos marrón pero al darse cuenta que Jul parecía demasiado desgastada como para dar más explicaciones o discutir mejor guardó silencio y esperó con paciencia sus palabras
—Es una larga historia, una normal y decepcionante historia… como yo—se veía cansada y desanimada, como si el torbellino intempestuoso de su personalidad de pronto se hubiera vuelto un viento manso y frío, lleno de añoranza, como el viento del otoño que mese las hojas caídas llenando de sentimientos ocres el corazón de las personas, de un remanso previo a la melancolía del fin de un ciclo, previo a esas despedidas que se llevan consigo la vida misma. La chica encogió las piernas y las abrazó para poder recargar el mentón en las rodillas, como siempre que se sentía derrotada.
—Pero tú no eres decepcionante—los ojitos verdes no lo miraron, al contario, se cerraron como si algo hubiera dolido mucho. Se veía tan serena, dulce y frágil que casi no parecía la misma que le gritaba un sinfín de properios—Alguien decepcionante no hubiera defendido a mi hermanito—tomó su mentón y la hizo mirarlo—ni hubiera escapado de una nave fantasma—se acercó un poco más—O sabría tantos idiomas—ella se mordió los labios al tiempo que dirigía sus hermosos ojos para ver al piso—O estudiaría tan duro para aprobar un examen—De pronto ella lo miró con sorpresa y fue justo el momento en que el genio se dio cuenta que acababa de hablar de más. Se llevó ambas manos a la boca como si con eso pudiera borrar las palabras que se le escaparon pero fue imposible, para Jul era más que obvio que él estaba enterado de su esfuerzo por pasar trigonometría, un secreto que solo le confió a una persona
—¿Cómo sabes eso? ¿Leo te lo dijo?—El viento dulce y frágil de pronto se volvió de nuevo el torbellino que arrasaba todo a su paso y evidentemente ahora su objetivo era aquel larguirucho chico que la miraba con la culpa en la cara
—No… yo… yo—Hizo una expresión como si alguien lo hubiera golpeado con un bate en la cabeza y luego exhaló fuerte, era obvio que había metido la pata y tenía que aceptar las consecuencias de sus actos—Por favor no te enojes, él no me dijo, no es su culpa—La tomó de ambas manos como queriendo evitar que se fuera antes de que pudiera decirle todo—Tenía curiosidad y le quité a Leo una de las hojas que le diste—confesó al fin y ella lo miró como si aun no se lo creyera—Y me sentí horrible cuando me enteré de que tú no querías que supiera. Nunca debí de haber dicho todo eso en el TCRI—la atrajo un poco más hacia él—Entre tantas personas en el mundo, tú eres una de las que no podría considerar tonta y lamento si te hice creer que sí—la miró con esos ojitos preocupados y en menos de un segundo la expresión de ella cambió. No sabía bien a bien como actuar, así que solo asintió
—¿Desde cuando lo sabías?—preguntó con tono tímido
a—Desde que empezaste con los ángulos de elevación—La gatita lo miró un momento horrorizada y luego se soltó para poder taparse la cara con las manos, estaba increíblemente avergonzada
a—¡Pero eso fue casi desde el principio! ¡Esto es tan humillante!—Comenzó a negar una y otra vez aun con el rostro cubierto y Donnie no pudo evitar echarse a reír, se veía increíblemente tierna.
a—Jul no tienes por qué esconderte, creo que es genial que quieras seguir estudiando aun cuando no puedas poner un pie en una escuela—logró retirar una de las manos que cubrían el delicado rostro y cuando ella al fin abrió uno de sus ojos para verlo él le regaló una de esas sonrisas dulces que no mostraba con tanta frecuencia
a—Debes de pensar que soy una exagerada—la chica al fin dejó de cubrirse la cara y se acomodó de nuevo en el sofá
a—No, sé que yo mismo me lo busqué—se miraron un segundo, luego la chica tomó el regalo y se puso de pie
a—Iré a dejar esto al árbol y luego me iré a dormir, tal vez tu deberías de hacer lo mismo—de pronto el sonido del marcador que cayó al piso los distrajo
—¿Este no es…?—el chico lo tomó y lo examinó un segundo
—Perdón, lo tomé de tu escritorio sin permiso porque no quise despertarte. Quería jugarle una broma a Clarise, pero creo que ya fueron demasiadas emociones para un día y con dejarla dormir en el piso del baño me parece ya suficiente castigo—Jul puso el paquetito junto al de Mikey
—Espera ¿tú hermana está dormida en el piso del baño?—preguntó con un toque de pícaro el genio y la gatita solo asintió. Una sonrisa traviesa se formó en los labios del chico genio—Sabes de pronto se me fue el sueño y acabo de recordar que tengo otros como ese, pero de colores ¿No te gustaría..?—la chica comenzó a reír
—¿Es una cita entonces?—la minina le extendió la mano en forma exagerada y él la tomó mientras asentía, para luego partir juntos a concretar su juguetona venganza, una que ambos necesitaban.
Al día siguiente nadie soportaba la risa de ver a Clarise completamente pintada, no solo de la cara, las manos, las piernas, los brazos, los pies y hasta las orejas tenían dibujos chistosos, memes y hasta pequeñas historietas donde se burlaban de los gatos, la mayoría de ellas en su espalda. Nadie se adjudicó el atentado a su pelaje, pero ella juraba que había sido Mikey, después de todo solo él podría ser tan bromista.
Mientras todos reían Jul y Donnie se miraban ocasionalmente con complicidad, parecía que al fin tenían un secreto que compartir
...
Bueno pues hasta aquí el capítulo de hoy. Espero que les haya gustado, debo de admitir que a mi me pareció dulce como pocos y aunque las principales problemáticas de la historia no avanzaron tanto, pero aun así espero que le hayan agarrado el gusto. También debo decir que esta no era la totalidad de lo que tenía preparado para esta publicación, pero considerando que ya es bastante aplio, no quería atosigarlos con una actualización tan larga. Un dato más es que he decidido iniciar mi propia página con mis textos, no solo de Tortugas Ninja, sino también de cosas completamente de mi autoría, ojalá pronto pueda ponerles un link o decirles como llegar por si a alguno le interesa. Chicas y chicos los dejo pero no sin antes agradecerles de nuevo que lean esta humilde historia que hago con mucho cariño para ustedes. Si les es posible envíenme sus comentarios, saben que siempre serán bien recibidos los abrazos, cachetadas virtuales o cualquier cosa que me quieran mandar, porque mis lectores son el motor para continuar cada nueva hoja de Ojos violetas, una historia 100% para ustedes.
