Capítulo 1

Sin Ti

Londres, Inglaterra.

Ángel Kaioh observaba a la gente que paseaba por Hyde Park, mientras seguía sentado frente al lago del parque, tratando de pensar que es lo que debía de hacer. Su cita con el doctor Crawley no fue lo que él esperaba. Los resultados de los estudios revelaban lo que ya sabía. No había manera de que su memoria volviera a ser la que era antes del accidente que sufrió en Akita.

Y el hecho de que hubiera pasado más de un año y medio desde el accidente no lo ayudaba en nada.

Todo ese tiempo había sido sumamente difícil para él. Tener que adaptarse a una vida que no recordaba, y de la cual aún no se sentía parte, era sumamente difícil. En especial cuando había días en que sentía que su familia no era su familia.

El pelinegro suspiro profundamente, sacudiendo ese pensamiento de su mente. Era una tontería que ese pensamiento pasara por su cabeza, en especial cuando los Kaioh habían estado a su lado en todo momento en su recuperación, haciendo hasta lo imposible para que se sintiera bien. Desde el accidente habían recorrido medio mundo buscando a los mejores especialistas en el área para que lo ayudaran a recuperar su memoria. Esa era una de las razones por la que durante las últimas semanas habían llegado a Londres. Pero parecía que su estancia allí había resultado en vano.

Quizás por fin debería escuchar a sus padres y olvidarse de buscar un tratamiento para recuperar unas memorias que nunca regresarían. Después de todo, durante todo ese tiempo, ellos nunca habían dejado de repetirle que con recuerdos o sin ellos, eso no cambiaba el hecho de que fuera su hijo.

Pero aún no se sentía preparado para aceptar ese hecho. Tenía la sensación de que algo faltaba en su vida, algo que se había ido junto con sus recuerdos, pero no tenía idea de que era.

–¡Ángel! –grito Diana al acercarse a la banca en donde estaba sentado el pelinegro–. No esperaba verte aquí. Pensé que aún estarías en el hospital.

Ángel sonrió al ver a su hermana menor, ya que ella junto con Michiru, eran quienes más se empeñaban en seguir ese loco recorrido a través del mundo con tal de ayudarlo a recuperar su memoria.

Tras el accidente no tenía idea de quienes eran ellas, pero ahora no podía imaginar su vida sin sus hermanas.

–Salí de allí hace un rato, pero no quise llegar a la casa aun…

–No te fue bien con el doctor Crawley ¿verdad?

El pelinegro negó con la cabeza –Dijo que no hay nada que se pueda hacer. No voy a recuperar nunca mi memoria.

Diana lo abrazo sin decir nada, lo cual agradeció Ángel. Nada de lo que pudiera decirle le ayudaría a hacer que se sintiera mejor.

–No dejo de preguntarme si debería de hacerle caso a mamá y papá y olvidarme de todo esto.

–¿De verdad quieres hacerlo? –pregunto Diana al separarse de él, sorprendida.

–No lo sé…Estoy muy confundido. ¿Crees que tenga algo positivo el que tenga amnesia?

–A veces creo que sí. Que Molly me perdone desde donde quiera que este por lo que voy a decir, pero a veces pienso que el que tu amnesia borrara tus recuerdos, en especial los de ella fue lo mejor. Sufriste mucho tras su muerte. Ella quería que siguieras adelante con tu vida, y tal vez el que ya no forme parte de tus recuerdos sea la mejor forma en que lo consigas.

Ángel bajo su mirada a su mano izquierda, mirando la marca que le había dejado el anillo de matrimonio casi se había desvanecido. Aun no sabía si debía sentirse culpable o no por no recordar a la mujer que fue su esposa y que tanto significo para él, aunque no tuviera ni un solo recuerdo de ella. Por lo que le habían contado de cómo era su vida antes del accidente, viajó tras haber enviudado debido al profundo dolor que sufrió por su muerte. Pero ahora, la sola mención de Molly no le afectaba en lo más mínimo. Quizás Diana tuviera razón en ese sentido.

–Tal vez… ¿Desde cuándo te has vuelto tan sabia para tu edad, Diana?

–Con tantas cosas que han pasado en esta familia, creo que ya deje de ser una niña.

–Pero lo sigues siendo. Solo tienes trece años.

Diana negó suavemente con la cabeza. –Sabes que voy a cumplir catorce en unos días, pero ese no es el punto ahora. Sino pensar en que quieres hacer.

–Es lo que intento averiguar. Prácticamente ya agote mis opciones médicas. Sabes que Crawley era mi última esperanza de recuperar la memoria, y ahora que eso acabo…–musito él dando un suspiro–. No sé si estoy listo para renunciar a mis recuerdos. No cuando algo dentro de mí, me dice que no debería de hacerlo.

–¿A qué te refieres?

–A veces siento que yo debería de estar en otra parte, solo que no se en donde…

S&S

Tokio, Japón

–¡Feliz cumpleaños a ti! ¡Feliz cumpleaños, Chibi Chibi! ¡Que los cumplas feliz!

Serena Tsukino Kou sonreía al ver que su hija miraba con una gran sonrisa a su familia mientras le cantaban en su primer cumpleaños. La pequeña en sus brazos era la viva imagen de su madre en la mayoría de sus facciones, excepto en sus ojos azul zafiro que eran idénticos a los de su padre. Seiya Kou era el único ausente en aquella fiesta donde estaba reunida toda su familia.

La rubia saco con rapidez ese pensamiento de su cabeza. No quería ponerse a llorar por la muerte de Seiya, no cuando una parte de él vivía en la hija de ambos.

–¿Chibi Chibi, quieres soplarle a tu vela? –preguntó Mina sosteniendo la cámara fotográfica en sus manos.

La niña extendió sus manos hacia el pastel, llenándolas con betún, jugando con ellas fascinada con la textura. Con una de ellas, toco a Serena llenando su mejilla de betún.

–Mejor deja que mami se sirva su rebanada de pastel, Chibi Chibi –le dijo Serena con una pequeña sonrisa.

–Chibi…

–O dile a tío Yaten que si quiere de tu pastel

Chibi Chibi miro a Yaten, extendiendo sus brazos hacia el pelinegro, ensuciando su camisa con el dulce.

–¿Con qué así quieres jugar, jovencita? Atente a las consecuencia –replico Yaten, tomando un poco de betún del pastel, para embarrarlo en la nariz de la pequeña.

Mirando primero a Yaten y después el pastel, Chibi extendió sus brazos hacia el pastel, el cual no alcanzó ya que Ami rápidamente lo movió fuera de su alcance.

–Deja que comamos algo de pastel y después podrás llenar de betún a tío Yaten–le dijo Taiki a la pequeña.

Todos se rieron mientras Mina no paraba de tomar fotografías y Kenji grababa en video el momento. Momentos después, Ikuko empezó a repartir el pastel entre los presentes mientras Serena limpiaba con una servilleta el pequeño desastre de su hija, para después besar sus manos y mejillas.

La pequeña Serena Kou Tsukino era la luz que iluminaba sus días de esa oscuridad que la acompañaba siempre desde que la muerte de su marido, por lo que se aferraba a ella con todas sus fuerzas después de todos los momentos difíciles que vivió.

Saberse viuda y embarazada tan repentinamente, la sumió en una depresión tal que repercutió en su salud. Tuvo preeclamsia, por lo que cuando Serena tenía siete meses de embarazo, le hicieron una cesaría. Los días posteriores al nacimiento de Chibi Chibi, ambas estuvieron delicadas, en especial la bebé por lo que la rubia temió perderla igual que a Seiya.

Por fortuna, ambas se recuperaron y desde entonces, Serena se había prometido a si misma que haría hasta lo imposible por ser la mejor madre para Chibi Chibi. No iba a permitir que nunca le faltara nada a su hija, ni en lo emocional o material. El tener que actuar como madre y padre a la vez a veces le costaba trabajo a la rubia, pero daba lo mejor de sí por lograrlo día a día. Y al verse rodeada allí por su familia, celebrando el primer año de vida de su hija, era prueba de que su esfuerzo estaba dando resultados.

Serena le dio un beso a su hija en su nuca, justo encima del lunar en forma de estrella que era idéntico al de Seiya, y la abrazo con cariño. Sabía que aunque su esposo no estuviera allí con ellas en ese momento, él no querría verlas tristes, sino que siguieran con sus vidas, tal como lo habían hecho desde su partida.

S&S

–¿Renunciar a recuperar tu memoria?

Ángel asintió mientras Diana, Michiru, Haruka, Luna y Artemis lo miraban sorprendido, todos sentados a la mesa mientras comían en la residencia de Chelsea, una de las zonas más importantes y distinguidas de la ciudad, que había rentado la familia Kaoih durante su estancia en Londres.

Luna miró rápidamente a Artemis, en un breve pero significativo intercambio de miradas por parte de ambos antes de regresar su mirada al joven pelinegro.

–¿Estás seguro de esta decisión, hijo?

–Honestamente no, mamá. Pero creo que es lo mejor que puedo hacer. –respondió Ángel–. Ya no tiene caso seguir aferrándome a algo que no va a cambiar. Todos los médicos que me han visto han dicho lo mismo: la lesión en mi cerebro elimino todos mis recuerdos antes del accidente y no hay manera de que los recupere. Así que por fin debería aceptarlo y seguir con mi vida. Ya es hora de que deje atrás ese capítulo de mi vida.

–Ángel… –musito Diana mirándolo con inseguridad.

El pelinegro le dio una pequeña sonrisa a su hermana intentando tranquilizarla. Después de su conversación en el parque esa mañana, tenía que aceptar que era hora de seguir adelante y no aferrarse a fantasmas de un pasado que no recordaba, aun cuando una pequeña parte de él se resistía al cambio.

–Si eso es lo que quieres, entonces cuentas con mi apoyo, hermano –le dijo Michiru con una sonrisa.

–Igual con el mío Ángel –dijo Haruka–. Es lo menos que puedo hacer, en especial después de que aceptaras con tanta calma mi relación con Michiru.

Ángel sonrió con cariño a Haruka y Michiru. Haruka era su mejor amigo y lo había acompañado durante ese largo viaje, a pesar de los compromisos que tenía por ser socio de los hoteles Starlight y trabajaba a distancia al igual que su padre, lo que había hecho que cuando menos se lo imaginara la familia Kaioh, Haruka Tenoh estaba saliendo con la bella Michiru.

–¿Y ahora qué piensas hacer, hijo? –pregunto Luna.

–No lo sé… Desde el accidente todos hemos recorrido medio mundo por mí, y ahora no sé… Buscar trabajo en lo que sea.

–¿Trabajo de lo que sea? –exclamo Michiru, sorprendida–. ¡Pero si estudiaste Negocios Internacionales! ¡Te ibas a encargar de dirigir los hoteles!

–Pero eso era antes, Michiru. Además, ¿qué no se supone que iba a dejar todo eso tras lo de Molly por irme con los monjes?

–Pues sí, Ángel, pero ahora eso ya no es impedimento. Díselo, papá.

–Es cierto, pero en su momento acepte tu decisión de renunciar a la empresa, hijo. –Expreso Artemis con calma–. Mucho ha cambiado desde entonces, y si aún quieres dedicarte a otra cosa, por mi está bien, al igual que si quieres regresar a Hoteles Starlight. Decidas lo que decidas, respetare y apoyare tu decisión.

–Gracias, papá. Te lo agradezco mucho –respondió el pelinegro con una sonrisa.

–No tienes nada que agradecer, hijo. Es más, hagamos una pequeña prueba. Ahora que se cerró la compra del Hotel Kensington, ¿Por qué no nos ayudas a Haruka y a mí en el proceso de cambio de administración? Después de todo, es el primer hotel de la empresa fuera de Asia y conocerás de primera mano cómo funciona el negocio familiar. Si no te agrada, lo puedes dejar en el momento que quieras.

–De acuerdo. Me parece un trato justo.

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Serena le dio un trago a su cerveza, mientras sigue sentada a la mesa que tiene en el patio trasero de su casa junto con toda su familia. Seguía escuchando a Ami y Taiki, quienes les contaban como les había ido durante su viaje de Luna de Miel a Okinawa, del cual acababan de volver un día antes para estar presentes en el primer cumpleaños de Chibi Chibi, quien se estaba quedando dormida en brazos de Ikuko Tsukino.

Suspiro profundamente pensando en Seiya. Incontables veces habían estado así reunidos todos, pero era notoria la ausencia del pelinegro. Si bien todos de alguna manera habían seguido con sus vidas tras su muerte, ella no podía evitar sentir que estaba en un limbo del que nunca iba a salir como los demás. No como Taiki y Ami, que habían pospuesto su boda indefinidamente tras el accidente, pero se tenían mutuamente para superar la tragedia y solo hasta un par de semanas atrás habían decidido casarse en una pequeña ceremonia. O como Yaten y Mina, quienes se habían refugiado en sus respectivos trabajos durante su duelo. O como Ikuko y Kenji, quien para ellos fue cómo perder a un hijo pero la llegada de su nieta los ayudo a salir adelante.

Pero ella sentía que salir adelante le costaba más trabajo que a los demás. Prueba de ello era que aun usaba su anillo de compromiso y su argolla de matrimonio, además de que la ropa y demás objetos personales de Seiya estaban tal cual él los dejo, como si esperaran a que su fantasma regresara en cualquier momento.

No había ni un solo día en que no pensará en su marido. El dolor que le había causado su partida allí seguía, tan fuerte como el primer día. Pero ese dolor se había convertido en su amigo y había aprendido a vivir con él. Solo su hija y su arte, lograban que desapareciera un poco.

En la última exposición que se hizo de sus pinturas un año atrás, Serena no asistió debido a la depresión en que estaba por la muerte de su marido. Se rumoraba en el mundo del arte que nunca volvería a pintar nuevamente debido a que su inspiración se había ido por su reciente tragedia personal. Y como si estuviera muerta en vida, la fama de Serena Tsukino como artista se consolido y sus pinturas se cotizaron a tal punto que se vendieron hasta en varios cientos de dólares

Si bien considero abandonar la pintura, no lo hizo porque sabía que Seiya jamás se lo hubiera perdonado. No después de todos los sacrificios que ambos hicieron para que ella consiguiera su sueño. Apoyándola al irse juntos a Londres durante un verano para que ella estudiará un año antes de que se casaran, él la inscribió en ese concurso de arte en el Serpentine Gallery de Londres que ganó y que le dio la oportunidad de tener su primera exposición. Mientras que Seiya escribía ocasionalmente algunos periódicos que compraban sus reportajes, hasta que finalmente acepto ser reportero en Tokio TV, viajando constantemente para que se dedicara a sus pinturas, lo cual al final le costó la vida.

Por eso Serena no iba a abandonar los sueños de ambos. Aún seguía pintando, cuadros de cómo sería la vida si Seiya aun estuviera con ella y Chibi Chibi, y algunos más que eran encargos de algunos clientes.

–Serena…

La rubia volteo y vio que todos la miraban con curiosidad

–Lo siento… ¿Qué decían?

–¿En qué pensabas que ni nos hacías caso? –preguntó Mina con curiosidad.

–Pensaba en Seiya… se estaría divirtiendo con todos de estar aquí

Todos asintieron con una triste sonrisa, sabiendo que era verdad.

–Estoy seguro que no querría vernos tristes –comento Taiki–. No cuando él era tan alegre.

–Es verdad… ¿Se acuerdan de esa vez que fuimos a acampar al lago? –preguntó Yaten.

–¡Cómo olvidarlo! –exclamo Mina–. Solo a él se le hubiera ocurrido disfrazarse de monstruo asesino de la sierra a mitad de la noche.

–Y como todos salimos corriendo a escondernos al agua –dijo Ami con una sonrisa.

–Esas ideas locas las tenía desde niño, siempre hacía cada travesura –musito Ikuko con cariño.

–Pero era un gran muchacho –comento Kenji.

–Lo era… era un gran hombre.

–Propongo un brindis –dijo Taiki levantando su botella de cerveza–. Por Seiya… Que está cuidándonos a todos, junto a mamá y papá, desde allá arriba.

Hicieron el brindis y Serena levantó la vista hacia el cielo nocturno de Tokio, viendo pasar una estrella fugaz mientras limpiaba de su mejilla una lágrima.

S&S

–Creo que por fin podremos estar tranquilos de que descubra la verdad.

Luna asintió con un suspiro mientras Artemis la estrechaba entre sus brazos. –Lo sé, al fin se va a olvidar de esa idea que tenía de recuperar la memoria… Aunque una parte de mi hubiera querido que la recuperara para saber que paso con nuestro hijo.

–Luna…

–No empieces, porque sabes que no estaré tranquila hasta saber que fue exactamente lo que le paso –replicó ella con firmeza apartándose de su marido.

–El detective ha hecho todo lo posible, pero sabes tan bien como yo lo que encontró. Todos los pasajeros del autobús que entrevisto, solo recuerdan haberlo visto bajar para pedir ayuda. Nadie sabe que paso después con él. Y quienes podrían haber sabido algo, eran los chicos de esa camioneta de TV Tokio, pero todos ellos murieron al caer de ese barranco.

–Ya lo sé, Artemis, pero…

No pudo seguir hablando, el nudo en la garganta que tenía la mujer era tan grande, que empezó a sollozar sin decir nada más. Solo así podía llorar por su verdadero hijo, escondida del resto del mundo y con Artemis a su lado, ocultando ese secreto que tanto le pesaba.

–Si él ha decidido seguir adelante, tal vez nosotros también tengamos que hacerlo por más difícil que sea… También es nuestro hijo, se ha ganado un lugar en nuestra familia y nuestros corazones. Ya no debemos mirar al pasado.

Luna no respondió a su esposo mientras seguía llorando. Si bien amaba a ese joven que había ocupado el lugar del verdadero Ángel, nunca estaría tranquila hasta encontrar a su verdadero hijo.

S&S

–El Hotel Kensington ha sido uno de los más importantes aquí en Londres durante los últimos 150 años. Su ubicación frente a Hyde Park, y en una de las zonas más importantes de la ciudad, así como su hermosa arquitectura de la época victoriana hacen de este un lugar único. Se ha adaptado a estos tiempos modernos, pero aun así sigue conservando su esencia.

Ángel seguía escuchando con atención a Mimet Bishop, la asistente del anterior gerente del hotel, mientras ella seguía narrándoles la historia del lugar a él y al resto de su familia. El lugar se hallaba cerrado, por lo que Artemis insistió en que todos fueran a conocer el que sería el orgullo de los Hoteles Starlight en Europa. Y vaya que lo era, simplemente el lobby lo tenía maravillado con cada detalle tan bien cuidado que lo hacía transportarse a otra época. Sus muebles, los candelabros de cristal, y las pinturas que adornaban el lugar. En especial una de ellas.

La atención del pelinegro quedo atrapada al otro lado del lobby, por lo que de repente dejo de escuchar a los demás y se separó del grupo para contemplar mejor lo que para él era una obra de arte. La pintura se encontraba colocada sobre una de las chimeneas del lobby. En ella plasmaba lo que parecía un hermoso parque, con árboles y flores alrededor de un río en donde se encontraba un bote que era ocupado por una pareja que parecía estar pasando un momento agradable. No sabía porque, pero había algo en la pintura que lo atraía y le daba una extraña y confortable paz que nunca había sentido.

–Es una pintura bonita –dijo Michiru a su lado, sacándolo de sus pensamientos. Miro a su alrededor y vio que todos se habían acercado a ver lo que llamaba su atención.

–Lo es… me pregunto quién la habrá hecho.

–Una artista llamada Serena Tsukino –respondió Mimet.

–¿Serena Tsukino?

–Es una artista japonesa –replico Mimet–. Sir Anthony trajo esta pintura en su último viaje a Japón el año pasado, y decidió traerla al hotel, por lo que se quedará aquí a pesar del cambio de dueño.

–Es una decisión acertada, le da un encanto al lugar maravilloso –dijo Ángel.

–Lo es… ¿les parece si continuamos con el recorrido? –pregunto Mimet.

Todos siguieron a Mimet mientras seguían recorriendo el hotel, pero Ángel no dejaba de pensar en la pintura de Serena Tsukino. Algo en aquel cuadro había despertado su interés en la artista, y estaba decidido a conseguir más de una de sus pinturas.

Pero lo primero, era buscar la forma de ponerse en contacto con Serena Tsukino.

Más tarde, una vez terminado el recorrido por el hotel e instalado en la que sería su nueva oficina de trabajo en el mismo, el pelinegro se sentó frente a la computadora e introdujo el nombre de Serena Tsukino en el navegador. Se suponía que debía estudiar un poco sobre cómo había funcionado el hotel los últimos años y hacer una propuesta a su padre sobre los elementos que le gustaría mejorar en el lugar, pero no podía concentrarse en eso hasta que hiciera su pequeña investigación.

Aparecieron varias entradas en el buscador e ingreso a la primera, el cual era un artículo sobre su última exposición realizada hacía más de un año, la cual describía que fue un éxito a pesar de que la artista no asistió.

–¿Por qué alguien con un talento como el de ella no iría a su propia exposición?

Continúo buscando en otra página, en donde encontró un reportaje del Tokio Times llamado "La nueva estrella del arte japonés", escrito por un reportero llamado Seiya Kou en donde narraba el ascenso de la carrera artística de Serena Tsukino, empezando por un concurso de arte que ganó años atrás allí mismo en Londres y el éxito obtenido en la primera exposición de ella. Junto al reportaje añadía una foto de ella junto a una de sus pinturas y se quedó sorprendido al verla.

Para el pelinegro, no había duda de que le parecía una mujer realmente hermosa, sonriendo con alegría ante lo que se mencionaba en el reportaje como un gran éxito la inauguración de esa primera exposición ocurrida hacía casi siete años.

Mientras más buscaba sobre Serena Tsukino, más intrigado se sentía sobre la joven artista cuya belleza y talento lo tenía maravillado. Por lo que había averiguado de ella, las tres exposiciones realizadas de su trabajo la colocaron como una de las mejores artistas japonesas del siglo XXI. Pero lo curioso es que tras su última exposición, no había más información reciente sobre ella.

Ángel suspiro profundamente. Sin importar que llevaba más de dos horas sumergido en realizar aquella investigación, esa búsqueda lo hacía sentir bien de una manera que no podía explicar, pero lo alegraba y motivaba de sobremanera. Se sentía como una especie de detective o reportero, intentando averiguar que había atrás del misterio de la desaparición de la vida pública de Serena Tsukino, así como cualquier cosa que le sirviera para localizarla.

Hasta que finalmente encontró algo, los datos de la Galería Moonlight, en donde se habían presentado todas sus exposiciones. Rápidamente redacto un correo electrónico, pidiendo que le proporcionaran alguna información de contacto de Serena Tsukino, ya que deseaba contratarla personalmente. Seguramente al ver que estaba interesado en su trabajo, con un poco de suerte la encontraría para encargarle una pintura.

S&S

Serena movía el pincel con fluidez a lo largo del lienzo, plasmando con cada movimiento la imagen que estaba en su mente. Si bien su pintura aún no estaba terminada, sonrió al ver los avances que llevaba hasta el momento.

–Definitivamente me encanta, Bombón. Estoy seguro de que será de tus mejores obras.

La rubia volteo con una sonrisa hacia la puerta de su estudio. Allí, apoyado contra el marco de la puerta, se encontraba un sonriente Seiya que no dejaba de mirarla.

–¡Volviste! –grito ella al levantarse. Corrió rápidamente hacia él y abrazó al pelinegro con todas sus fuerzas. Se alzó de puntillas y los cálidos labios de Seiya la recibieron en un dulce beso.

–Te prometí que volvería pronto.

–Lo sé… aunque me parece que has tardado una eternidad en volver, Seiya

–Pero ya no me iré a ninguna parte, Bombón –replicó él acariciando el rostro de la rubia–. No pienso alejarme de ti nunca más.

–Me parece perfecto –respondió Serena con una sonrisa.

–Pero cuéntame ¿cómo han estado Chibi Chibi y tú, Bombón?

–Estamos bien, extrañándote mucho.

–¿Y dónde está nuestra hija? Quiero verla.

–Yaten y Taiki la llevaron al parque. Deberías de verlos, adoran con locura a su sobrina y quieren pasar todo el tiempo posible con ella.

–¿Cómo no hacerlo? Además de ser una Kou, es tan bella como su madre.

–Y tiene los hermosos ojos de su padre…

–Cierto. Sabes, deberíamos de aprovechar ahora que estamos solos y ponernos a trabajar para que Chibi Chibi tenga un hermanito.

La rubia sonrió mientras su esposo unía sus labios con los suyos nuevamente. Los dulces y tiernos besos de Seiya lentamente empezaron a subir de intensidad, por lo que sabiendo que no alcanzarían a llegar hasta su habitación, lo jaló de la camisa, caminando por su estudio sin separarse hasta llegar al sofá cama que allí tenía. Empujando a su marido para que se sentara, ella se sentó encima de él a horcajadas, mientras en medio de apasionados besos, buscaban la manera de quitarse la ropa mutuamente. Ella lo extrañaba tanto que quería demostrarle en ese momento todo el amor que sentía por él.

–Te amo tanto, Bombón.

–Y yo a ti… te amo, Seiya.

En medio de aquel torbellino de pasión, la rubia no dejaba de pensar en otra cosa que no fuese el hombre con el que estaba a punto de hacer el amor. En sus besos y caricias que la hacían enloquecer, haciendo que todo lo demás perdiera importancia. Excepto por aquel lejano sonido que cada vez se hacía más y más fuerte.

Serena abrió los ojos, sintiéndose un poco desorientada. Efectivamente estaba en el sofá de su estudio, pero Seiya no estaba a su lado. Simplemente estaba soñando con su esposo. Se puso de pie y busco el origen de aquel sonido que la había apartado de aquel hermoso sueño, recordando que Seiya ahora solo vivía dentro de sus pinturas y sus sueños.

Localizó su celular y respondió a la llamada.

–¿Bueno?

–¡Serena! ¡Hola, soy Rei!

La rubia sonrió al escuchar al otro lado de la línea a su amiga Rei Hino, dueña de la Galería Moonlight.

–¡Hola! Te iba a llamar más tarde. Tendré lista la pintura que querías para el viernes.

–Perfecto, pero no te llamaba por eso, Serena.

–¿Entonces? –preguntó la rubia con curiosidad. Miró hacia la cuna de viaje que tenía junto a su sofá en el estudio, comprobando que Chibi Chibi aún seguía dormida.

–Llego un correo de alguien llamado Ángel Kaioh. Está interesado en localizarte porque quiere encargarte una pintura.

–Ya sabes lo que tienes que hacer, Rei. Dile que tú me harás llegar la información de lo que desea para la pintura, no tiene por qué hablar directamente conmigo.

–Es lo que le escribí, pero insiste en que quiere tratar directamente el asunto contigo. Parece que es un gran admirador tuyo y no le importa pagar lo que sea con tal de que realices una pintura para él.

Serena suspiro profundamente. Seguramente Ángel Kaioh era un hombre de mediana edad o tal vez mayor de la alta sociedad, calvo y con una enorme barriga que era prueba de una larga vida llena de excesos que era capaz de ofrecer buena parte de su fortuna con tal de cumplir sus caprichos. No le gustaba mucho tratar con esa clase de personas, pero sabía que accedería a las estrafalarias peticiones. Después de todo, necesitaba ese dinero para incrementar la cuenta de ahorros que había creado para Chibi Chibi. No quería que a su hija le faltara nada, ni sufriera la falta de dinero en caso de que ella no estuviera a su lado al igual que su padre.

–De acuerdo, Rei. Dale mi correo electrónico a Ángel Kaioh. Yo negociare directamente con él.

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¡Hola a todas!

Se que ha pasado una eternidad desde la última vez que publique algo, y seguramente muchas de ustedes creyeron que dejaría esto abandonado para siempre, pero no POR FIN REGRESE!

Mi intención es retomar está y otras historias que deje pendientes como "Más Allá De Las Estrellas" y "La Magia Lunar", así que tranquilas que habrá actualizaciones pronto. Quizás tarde en actualizar, pero lo haré y terminare los fics, no se preocupen.

En cuanto a está, cuéntenme ¿qué les parece? Si bien los caminos de Serena y Seiya han tomado rumbos distintos, y nuestro pelinegro favorito ahora es "Ángel Kaioh" parece que sus vidas se volverán a unir de maneras que ninguno de los imagina.

Espero poder leer sus comentarios y conocer todo lo que me quieran decir, que con gusto les responderé. Pueden encontrarme en mis redes sociales, así como en mi página de Facebook www . facebook Serenity . Kou . 89o en mi blog en la luna y las estrellas . blogspot . mx/

XOXO

Serenity