¡Hola!
¿Cómo han estado? Espero que muy bien, ya que yo estoy feliz de por fin traerles este nuevo capítulo. Mil gracias por todos sus comentarios, me hace muy contenta poder leer sus opiniones.
Prepárense porque va a haber más de una sorpresa por aquí ;) ¡Espero que disfruten de este capítulo!
Capítulo 3
Fantasma
Mi amada Bombón:
Me había propuesto escribir esto desde hace bastante tiempo, pero la sola idea de saber que cuando leyeras estas palabras yo ya no estaría junto a ti, me dificulta demasiado realizar esta tarea. ¿Cómo puedo imaginar un mundo en el que no esté a tú lado? La sola idea me parte el alma, ya que desde siempre hemos estado juntos. Tengo que confesar que no me está siendo fácil, pero finalmente me decidí a escribir estas líneas para ti. Algo me dice que, conociéndote tan bien como tú me conoces a mí, podrías necesitar estas palabras que te dejo.
He estado pensando mucho en todo lo que quiero decirte, pero creo que no existen palabras suficientes en este mundo para expresar el inmenso amor que siento por ti... Y mientras escribo esto, te miro en tú estudio trabajando. Estas tan absorta en tu trabajo, plasmado un mundo hermoso y lleno de color que solo tú eres capaz de crear. Y de alguna manera, sé que estarás bien tras mi partida.
Sabes que solo la muerte es capaz de alejarme de ti, Bombón. Es una cuenta regresiva que algún día alcanzará a alguno de los dos. Y al leer esto, sabes que me alcanzó a mi primero. Pero sé que saldrás adelante, siempre lo haces. No digo que será fácil, pero sé que lo conseguirás. Lo sé porque de haber sido al revés la situación, sé muy bien que lo único que querría es alcanzarte en donde sea que estés.
Bombón, he sido muy afortunado al compartir toda mi vida contigo. Tengo que confesarte que te he amado desde que éramos niños, pero eso tú ya lo sabes porque mi amor por ti no ha dejado de crecer a lo largo de los años. Eres lo más importante para mí: mi mejor amiga, confidente, novia, amante y esposa. Gracias por una vida llena de amor y felicidad, por hacerme feliz a tú lado y permitirme hacerte feliz de todas las maneras posibles en este mundo.
¿Me puedes hacer un favor? Sigue adelante, Bombón. No dejes que la vida te derrote. Ni permitas que tú luz se apague, no cuando con tú brillo iluminas el mundo como en una noche oscura lo hace la luna. Vuelve a sonreír y recuérdame con amor. Pero no permitas que mi recuerdo sea un obstáculo en tú camino, en especial sí algún día conoces a alguien que sea digno de amarte como tú mereces.
¿Ya te dije que te amo? Jamás me cansare de decírtelo, de amarte con todo mi ser, Bombón. Porque eso es lo único que he hecho y haré hasta el final de mis días.
Te amare con toda mi alma hasta la eternidad.
Seiya
Serena acaricio con sus dedos aquellas palabras plasmadas en aquella hoja, arrugada, ligeramente amarillenta y marcada con sus lágrimas. Se sabía de memoria aquella carta, escrita por su esposo hacia muchísimo tiempo, cumpliendo una promesa que habían hecho años atrás: escribirían una carta para el otro, que sería leída solo después de su muerte, en un intento por aligerar el dolor de su partida. Había momentos en que lograba su cometido, otros en que no. Pero en aquel momento, ella necesitaba de esas palabras más que nunca.
En especial porque aquella noche viajaría hacia Londres.
Aquel viaje la emocionaba y asustaba por igual. Si bien durante los últimos días había empezado a entusiasmarse con su viaje a Londres, lo único que lamentaba de este, era que su hija tendría que quedarse en Tokio. No era conveniente llevarla considerando el largo vuelo que la esperaba, el cambio de horario y el cambiante clima de Inglaterra. Sabía que su familia se aseguraría de que nada le faltara a la pequeña en su breve ausencia.
Solo eran tres días los que ella estaría en Londres.
Tres días en los que se enfrentaría a sus fantasmas y los recuerdos que había compartido con Seiya en aquella ciudad años atrás. Iba a hacer lo que no se había atrevido a hacer desde la muerte de su esposo. No había puesto un pie en Kamakura porque sabía que el lugar no sería lo mismo sin él, lo mismo que le pasaría en Londres.
Nuevamente se recordó que aquel viaje no era por placer o vacaciones, simplemente era un viaje de negocios. Negocios con Ángel Kaioh, con quien había estado intercambiando correos electrónicos constantemente esos últimos días y estaba ansiosa por conocer. Su interés por conocerlo no había hecho más que crecer. Y la idea de buscar su fotografía por internet cruzó nuevamente su mente, pero la deshecho con rapidez. Después de todo, en menos de veinticuatro horas, por fin estaría frente a él.
Serena guardo la carta que aun sostenía en sus manos en un sobre cuyas esquinas estaban ligeramente maltratadas, que aguardo de inmediato en su bolsa, y la coloco junto a su maleta. Repaso mentalmente que llevaba todo lo necesario para su viaje, asegurándose de que no había olvidado guardar nada. Al darse cuenta de que todo estaba en orden, realizó el mismo procedimiento con la maleta que había preparado para Chibi Chibi.
El sonido del timbre de su casa la sorprendió. Bajó rápidamente a abrir la puerta, encontrándose con Yaten y Taiki.
–¡Hola, chicos! Pensé que era más temprano –menciono ella mientras los dejaba entrar.
–Apenas es buena hora si no queremos encontrar tráfico de camino al aeropuerto –dijo Taiki–. ¿Ya tienes todo listo?
–Si. Deje las maletas arriba ¿Me pueden ayudar con ellas?
Ambos asintieron mientras los guiaba a su habitación por las maletas, para llevarlas al auto de Taiki. Después, fueron a la habitación de Chibi Chibi, en donde la pequeña dormía tranquilamente en su cuna. La rubia la levanto cuidadosamente, procurando no despertarla y acompañada de sus cuñados, observo su casa por última vez mientras salían de allí rumbo a la casa de los padres de Serena.
Chibi Chibi lloró al sentir perturbado su sueño por su mamá y tíos cuando llegaron a casa de los Tsukino. Ikuko fue a recibirlos, mientras Serena cargaba a la pequeña en sus brazos.
–¡Hola, hija! –la saludo Ikuko acercándose a ellas–. ¿Y ahora porque llora la más hermosa de las niñas?
–Tiene sueño, mamá. Se despertó mientras veníamos para acá.
–Ya está la cuna en tu habitación. Llévala para que descanse.
Serena entró a casa de sus padres, en donde encontró a Kenji, Ami y Mina. Los saludo rápidamente antes de subir a la que era su habitación de niña. Prácticamente se mantenía igual que como la había dejado cuando se casó, a excepción de la cuna que ahora se encontraba a un costado de su cama. Recostó a Chibi Chibi, arropándola con su cobija y empezó a cantarle, logrando que poco a poco dejara de llorar.
–Send a wish upon a star… Do the work and you'll go far…Send a wish upon a star… Make a map and there you are…
Serena siguió cantando hasta que Chibi Chibi por fin se calmó, mirándola con atención con sus enormes ojos zafiros. La rubia sonrió al recordar que Seiya hacia lo mismo cuando le cantaba aquella canción, en especial aquellas noches en que él no podía dormir al recordar a sus padres.
Desvió su vista hasta el balcón de la habitación, recordando las innumerables veces que Seiya solía brincar desde el balcón de al lado, donde estaba la que años atrás era la habitación de Seiya en casa de la familia Kou. Durante sus visitas nocturnas, de niños solían quedarse hablando hasta dormirse; y cuando crecieron, solían hacer el amor procurando que nadie de los Tsukino los escuchara. O como en los meses posteriores a la muerte de los señores Kou, Seiya iba a verla todas las noches ya que no podía dormir, tenía pesadillas y pensaba mucho en sus padres, por lo que buscaba su compañía. Y ella solía cantarle, calmando sus temores hasta que finalmente Seiya se dormía.
Sabía que su voz no era la mejor del mundo, pero a Seiya siempre le gusto escucharla, al igual que su hija. Al regresar su mirada a la niña, Serena se dio cuenta de que poco a poco volvía a quedarse dormida.
–Te amo, Chibi Chibi. Igual que tu papá… No olvides que él es un ángel que te cuida desde el cielo. Tus abuelos y tíos también te cuidaran mientras yo no estoy, pero volveré pronto. Te lo prometo.
Le dio un beso en la mejilla a la niña, sintiendo como una lágrima resbalaba por su rostro. La limpio rápidamente, deseando con todas sus fuerzas que no hubiera nada que le impidiera regresar. Tres días en Londres y regresaría con su hija, no pedía nada más.
Al regresar a la sala familiar, Serena se dio cuenta de que toda su familia ya la estaba esperando.
–¿Se quedó dormida, Chibi Chibi? –preguntó Ami.
Ella asintió. –Cuiden de mi hija, por favor.
–Sabes que sí, Serena –respondió Yaten con una sonrisa–. Nadie podría cuidarla mejor que nosotros.
Ikuko y Kenji se despidieron de Serena, asegurándole que todo estaría bien durante su ausencia y pidiéndole que se divirtiera durante su viaje. Mina, Yaten, Ami y Taiki, la llevarían al aeropuerto, así que se dirigieron al auto del mayor de los Kou, para internarse en el tráfico de Tokio rumbo a su destino.
Al llegar, Serena documento su equipaje, en donde le indicaron que debía esperar en la sala VIP hasta que avisaran por los altavoces que era hora de abordar el avión.
Casi había olvidado que Ángel le había enviado su boleto de avión para primera clase.
–Para mí que Ángel Kaioh te quiere impresionar con su fortuna –comento Mina una vez que Serena regreso con ella y los demás tras haber documentado su equipaje.
–Solo está siendo amable, Mina.
–Tal vez, pero hay que reconocer que se ha tomado muchas molestias –menciono Taiki–. Pasajes de avión en primera clase, se hará cargo de tu hospedaje… Es mucho para alguien que ni conoce frente a frente.
Serena le daba totalmente la razón a Taiki en eso. Quizás para Ángel esos gastos eran como un grano de arena comparado con la enorme fortuna que poseía, pero ella prefería pagar los gastos de ese viaje, por eso era que trabajaba tanto en sus pinturas.
Ella le había escrito a Ángel que no era necesario que hiciera todo aquello, pero evidentemente no le hizo caso, lo cual la hacía sentir un poco incomoda. Además, eso no hacía más que incrementar la curiosidad que tenía Serena sobre Ángel. Él le aseguraba que era lo mínimo que podía hacer, considerando que haría que viajara al otro lado del mundo para que pudieran conocerse. Aun así, a veces ella se preguntaba si no habría algo más detrás de tanta amabilidad en sus acciones.
–Me gustaría tanto que pudieran venir conmigo.
–A nosotros también, Serena, pero sabes que no podemos irnos por nuestros trabajos –le dijo Ami con una sonrisa.
–Pero tú diviértete –menciono Taiki–. Son pocos días los que vas a estar allá, así que disfrútalos al máximo.
–Y por favor, cuando por fin conozcas al misterioso Ángel Kaioh, llámame para contarme todo de él ¿de acuerdo?
–Si no supiera de tu galán secreto, Mina, diría que vas tras de ese rico millonario –dijo Yaten, haciendo que Mina se ruborizara. Tanto Taiki, Ami y Serena los miraran sorprendidos.
–¿De qué hablan?
–De un amigo con quien me vio Yaten hace unos días en un restaurante –respondió Mina–. Es fotógrafo, se llama Kaito Ace y es muy, muy guapo.
–Pero es un antipático de lo peor –replico el peli plateado–. No sé cómo aguantas a alguien así.
–Después de tolerarte tantos años, créeme que todo es posible.
–¡Dejen de discutir los dos! –exclamó Taiki, intentando calmar a Mina y Yaten–. Este no es el lugar ni el momento para que empiecen con sus cosas.
–Si no te conociera Yaten, diría que estás celoso del amigo de Mina –comentó Serena con una sonrisa
Yaten se sonrojo con ese comentario. –No digas tonterías, Serena –dijo él con firmeza–. Además, ¿no se supone que tienes que subir a un avión?
Serena sacudió la cabeza con una sonrisa, olvidándose del tema ya que sabía que Yaten tenía razón. Abrazo a todos, despidiéndose de todos, mientras ellos no dejaban de repetirle que disfrutara de su viaje y se divirtiera, tras lo que ella cruzó el control de revisión para dirigirse a la sala VIP.
Una vez allí, se sentó en uno de los acolchonados sillones del lugar y sacó su celular para enviarle un correo a Ángel
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De: Serena Tsukino
Para: Ángel Kaioh
Fecha: 24 de agosto 17:38 hrs GTM+9
Asunto: Demasiada generosidad.
Estimado Ángel:
Te confieso que estoy abrumada al darme cuenta de que has hecho demasiado por mí. Boletos de avión en primera clase, que me tienen esperando en una sala VIP, antes de abordar un avión que me llevara a Londres; mientras veo que a mi alrededor hay muchas tiendas de lujo, un pequeño spa y varias personas bebiendo champaña.
No puedo dejar de preguntarme que fue lo que hice para merecer todo esto. Aun así, te agradezco por tu generosidad.
Atte.
Serena
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De: Ángel Kaioh
Para: Serena Tsukino
Fecha 24 de agosto 09:42hrs GTM +0
Asunto: Lo que has hecho
Estimada Serena:
Lo único que has hecho es ser una extraordinaria artista, cuya obra tuve la fortuna de conocer y disfrutar de tu talento.
No me agradezcas, todo eso es lo mínimo que mereces.
Disfruta de la champaña y si tienes oportunidad, ve al spa para que te consientan un rato.
Atte.
Ángel
PD. ¿Falta mucho para que despegue tu vuelo?
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De: Serena Tsukino
Para: Ángel Kaioh
Fecha: 24 de agosto 17:50 hrs GTM+9
Asunto: Disfrutando de la champaña.
Estimado Ángel:
En un rato más llamarán a abordar el avión, así que creo que te tomare la palabra, aunque no sé si tenga tiempo suficiente para ir a que me den un masaje.
Por cierto, la champaña esta deliciosa. Lástima que no pueda beber una copa contigo, me gustaría brindar por todo esto.
Atte.
Serena
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De: Ángel Kaioh
Para: Serena Tsukino
Fecha: 24 de agosto 09:55 hrs GTM+0
Asunto: Un brindis pendiente
Estimada Serena:
A mí también me gustaría estar allí contigo para que compartamos una copa. Pero bien o mal, tendremos que esperar hasta el día de mañana para realizar este brindis que tenemos pendiente.
Además te tengo una propuesta (una más, aparte de la pienso plantearte cuando llegues a Londres). ¿Te parece bien si nos vemos antes de la fiesta de reinauguración? Podríamos reunirnos para comer y así realizar nuestro tan esperado brindis.
¿Qué dices?
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De: Serena Tsukino
Para: Ángel Kaioh
Fecha: 24 de agosto 18:01 hrs GTM+9
Asunto: Una gran idea.
Me parece una idea perfecta, Ángel. Así me ahorraras la pena de buscar al anfitrión de la fiesta sin saber cómo es físicamente.
¿A qué hora nos veríamos?
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De: Ángel Kaioh
Para: Serena Tsukino
Fecha: 24 de agosto 10:08 hrs GTM+9
Asunto: Mensaje de confirmación.
Te dejare un mensaje en la recepción del hotel cuando te registres, allí te avisare a qué hora nos veremos. Espero no hacerte esperar mucho, ya que me temo que desde temprano estaré ocupado (¡por fin será el gran día del Hotel Kensington!), pero me daré prisa con el trabajo para terminar pronto.
No te preocupes, por nada del mundo te dejaré plantada en nuestra cita, Serena.
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De: Serena Tsukino
Para: Ángel Kaioh
Fecha: 24 de agosto 18:15 hrs GTM+9
Asunto: Esperando nuestra cita
Más te vale. Mira que ir al otro lado del mundo no siempre está en mi agenda del día. Estaré esperando tu mensaje.
Tengo que irme. Acaban de anunciar que es hora de abordar el avión.
Nos vemos después en Londres.
Que tengas buen día, Ángel.
Atte.
Serena
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De: Ángel Kaioh
Para: Serena Tsukino
Fecha: 24 de agosto 10:20 hrs GTM+0
Asunto: Buen viaje
Cuento con ansias las horas que faltan para que llegues y finalmente pueda verte.
Espero que tengas un viaje.
Buenas noches, Serena.
Atte.
Ángel
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Sentada junto a la ventanilla en el cómodo y amplio asiento de cuero de primera clase, Serena sonrió al leer el último correo de Ángel, tras lo que apago su celular. Ella también estaba ansiosa por conocerlo.
Minutos más tarde, el avión por fin empezó a alzarse en el aire. Serena contemplo la vista aérea que tenía de Tokio al atardecer conforme se elevaban.
Unas horas más y por fin ella estaría en Londres.
S&S
Ángel se encontraba solo, sentado en un sillón en el lobby del hotel, contemplando la pintura de Serena. El solo ver aquella imagen lo relajaba y hacia que se entusiasmara más ante la llegada de la artista que tanto admiraba y ansiaba conocer.
Solo unas horas, se recordó a sí mismo. Serena llegaría en la mañana a la ciudad, y por la tarde por fin la vería para comer juntos, tal como habían acordado.
Aun así, sentía que no podía esperar más.
No podía explicarse a sí mismo porque. Lo único que sabía, era que algo dentro de él se agitaba con tan solo pensar en Serena. Quizás fuera por el hecho de que se habían escrito constantemente durante la última semana, haciendo que con cada nuevo correo se sintiera más cómodo al hablar con ella, como si la conociera desde hace mucho tiempo. Si bien Serena había accedido a estar solo tres días en Londres, era un tiempo que él aprovecharía al máximo para conocerla mejor. Eso le daba esperanza de que, además de negociar sobre la pintura que realizaría para él y la propuesta de trabajo que le tenía, –y de la que aún no le había comentado nada–, Serena y él se volvieran amigos.
El pelinegro sonrió ante aquel pensamiento. El día siguiente sin duda era bastante prometedor.
Ante la calma y quietud del hotel aquella noche, –ya que le había dado la noche libre al personal del hotel–, no dejaba de pensar en lo que ocurriría por la mañana. Finalmente el Hotel Kensington abriría sus puertas al público. Cada rincón del lugar estaba en orden: las habitaciones perfectamente limpias y ordenadas con sus sabanas nuevas, la vajilla del hotel estaba bien pulida y esperaba a ser estrenada. El hotel parecía un magnifico regalo que esperaba compartir con sus huéspedes todo aquello que tenía que ofrecerles.
La fiesta de reinauguración era un asunto que tenía emocionados a todos, en especial a su familia. Su madre y sus hermanas se habían ido a Paris de compras en busca de vestidos para dicho evento, mientras que su padre, Haruka y él se habían quedado en Londres supervisando que todo marchara correctamente. Y él, por primera vez desde el accidente de Akita se sentía cómodo consigo mismo. El ver lo que había logrado con su trabajo en el hotel lo alegraba, ya que se daba cuenta de lo que era capaz por sí mismo. La amnesia poco a poco dejaba de ser un impedimento para continuar con su vida, y ahora más que nunca estaba dispuesto a seguir adelante.
–Ángel.
El pelinegro volteo, notando que se acercaba su padre. Se sentó en un sofá frente a él.
–¿Y Haruka? Creí que estaba contigo, para que los tres fuéramos a cenar
–Se está haciendo cargo de un asunto que le pedí. Pero mientras llega, hablar contigo, hijo–dijo Artemis con una sonrisa–. Quiero agradecerte por todo el trabajo y empeño que has realizado en estos días. Sin tu esfuerzo, no hubiera sido posible devolverle su gloria a este lugar y no estaríamos a unas horas de abrir las puertas del hotel a los huéspedes.
–Ni lo menciones, papá. Solo estaba haciendo mi trabajo. Además, teniendo un jefe como tú, era lógico que lo conseguiríamos.
–Aun así, gracias. Sé que el último año y medio ha sido muy difícil para ti tras el accidente, para todos lo ha sido. Pero a pesar de eso, y después de todo lo que ha enfrentado nuestra familia, puedo decir que es notorio que nos esperan tiempos mejores a todos. Yo más que nadie quiero seas feliz, Ángel.
Ángel lo miro sin estar seguro de que decirle a Artemis. Lo único que pudo hacer fue acercarse a él y abrazarlo.
–Te quiero, papá.
–Y yo a ti, hijo –musito Artemis separándose de él. Al pelinegro por un momento le pareció que su padre iba a llorar, pero fue tan rápido y no estuvo muy seguro ya que Artemis le entrego una pequeña caja azul que tomo del bolsillo de su saco–. Toma, es un regalo para ti.
–¿Acaso es mi cumpleaños? –pregunto Ángel confundido. Tenía entendido que su cumpleaños sería hasta dentro de unos meses.
–No. Pero no te quedes allí y ábrelo.
El pelinegro abrió la cajita, encontrándose dentro lo que parecía ser las llaves de un auto. Miró aún más confundido a Artemis, quien simplemente sonreía.
–Eso es simplemente parte del regalo. La otra parte está allá afuera. ¡Vamos!
Artemis se puso de pie y camino hacia las puertas del hotel, Ángel lo siguió y se quedó sorprendido ante lo que vio. Estacionado sobre Kensington Road, estaba un Aston Martin gris plata convertible de 1965.
Junto al auto, estaba Haruka, que no dejaba de sonreír al igual que Artemis, mientras que el pelinegro no lograba salir de su sorpresa.
–¡Felicidades, James Bond! –exclamo Haruka.
–¿El Aston Martin es mío? –musito Ángel
–¡Claro! No me digas que no te gusta, hijo.
–Al contrario, ¡me encanta! –exclamo el pelinegro observando el auto a detalle–. Pero no debiste gastar tanto dinero en esto. Debió de haberte costado una fortuna.
–Una fortuna que nos podemos permitir –replico Artemis–. Sé que a veces te cuesta asimilarlo, pero es la vida que te toco vivir, hijo.
Autos clásicos de regalo, vivir en una de las zonas más exclusivas de Londres, recorrer el mundo mientras disfruta de todos los lujos posibles, su madre y sus hermanas de compras en Paris. Si, era cierto que era la vida que le había tocado vivir, pero Ángel no terminaba de acostumbrarse a ser rico. Y además, prefería gastar el dinero en los demás y no en sí mismo.
–En vez de quedarse allí, vayan a dar una vuelta –comentó Artemis–. Estoy seguro de que quieres estrenar el Aston, Ángel.
–¿Y la cena?
–Nos veremos en casa más tarde. Vayan y diviértanse.
Ángel subió al Aston junto con Haruka, disfrutando de la sensación del motor bajo sus pies mientras conducía a las orillas del rio Támesis.
Sin duda su padre tenía razón. Esperaban tiempos mejores para la familia Kaioh. Y para él, con mayor razón. Sentía que su corazón latía más rápido de solo pensar en el día de mañana, ansioso de que por fin llegara.
S&S
Por fin estaba en Londres.
Serena contemplaba fascinaba las calles de Londres mientras el taxi la llevaba hasta el Hotel Kensington. Sentía como si nada hubiera cambiado desde que Seiya y ella habían estado allí años atrás, aquella vieja ciudad seguía conservando la esencia que tanto la caracterizaba. A pesar de estar agotada del largo viaje, quería aprovechar ese día en el que ni una sola nube se veía en el cielo –lo cual interpreto como una buena señal, en aquella ciudad generalmente cubierta de nubes y lluvia–, tal vez podría ir a dar una vuelta por la ciudad antes de su comida con Ángel Kaioh
El taxi finalmente llego a su destino, Serena bajo del taxi y contempló maravillada el enorme edificio de estilo victoriano que ocupaba el Hotel Kensington. Uno de los empleados del hotel se acercó al taxi y ayudo al chofer a bajar su maleta. El empleado le dio la bienvenida al hotel y la acompaño al interior del mismo. Si al ver el exterior se había sorprendido, nada se comparaba con la belleza y elegancia de la que se vio rodeada mientras cruzaba el lobby. Ángel le había platicado un poco del hotel en sus correos, pero aquello superaba a su imaginación Se sentía como si estuviera dentro de un palacio del siglo XIX.
Y en medio de aquella magnificencia, allí vio su pintura.
Noto que varias personas estaban reunidas cerca de la pintura, hablando mientras la contemplaban. No pudo evitar sentirse orgullosa al ver que su trabajo era admirado en un lugar que estaba tan lejos de su hogar. Pero también, por millonésima vez deseo que Seiya estuviera allí a su lado. Seguramente él estaría feliz al ver el éxito de su carrera como artista.
La rubia sacudió rápidamente ese pensamiento de su cabeza, ya que no quería ponerse triste al pensar en su marido. Se recordó a si misma que había realizado ese viaje por negocios.
Y como si su mente le estuviera jugando una mala pasada, le pareció ver a Seiya entre el grupo de personas que estaba observando la pintura.
Sorprendida, dirigió sus pasos hacia él. Pero accidentalmente tropezó con un señor, haciendo que su bolsa cayera al piso. Recogió su bolsa y se disculpó con aquel hombre por su distracción.
Pero cuando volvió a mirar en la dirección en que creía haber visto a Seiya, ya no estaba.
–Es el jet lag, Serena. Por más que quieras, Seiya no está aquí –musito la rubia para sí misma, mientras caminaba hacia la recepción.
–¡Buenos días! ¡Bienvenida al Hotel Kensington! –exclamo una de las recepcionistas.
–¡Buenos días! Tengo una reservación a nombre de Serena Tsukino.
Como si su nombre entrara en la categoría de palabras mágicas, Serena noto que la recepcionista sonreía aún más mientras comprobaba su reservación.
–Por supuesto, señorita Tsukino. Mi compañero llevara su maleta hasta la Suite Princess –dijo la joven entregándole la tarjeta electrónica de la suite y un pequeño sobre blanco–. El señor Kaioh pidió que se le entregara este mensaje a su llegada. Cualquier cosa que necesite, no dude en pedirla que con gusto la atenderemos. Espero que disfrute de su estancia.
Serena siguió al botones hasta el elevador, que la llevo hasta el último piso del hotel a su suite. Al entrar, le dio una propina al botones tras lo que miro a detalle la suite. Aquello parecía digno de la realeza. Una estancia con su comedor, la enorme cama en la habitación más el baño con su tina de cuatro patas y jacuzzi. Con varios arreglos de rosas por todo el lugar, además de la maravillosa vista que tenía de Hyde Park, al otro lado del hotel, ya que desde allí alcanzaba a ver su lago.
Se sentó en uno de los sofás de la estancia y abrió el sobre que le habían dado en la recepción. Se quedó sorprendida que reconocer la caligrafía de Seiya en la pequeña hoja de su interior.
Suspiro profundamente. Sabía que era imposible que su esposo le hubiera escrito aquella nota, ya que la había escrito Ángel Kaioh. Pero aun así no dejaba de sorprenderla el hecho de que la letra de ambos fuera idéntica.
Estimada Serena:
¡Bienvenida al Hotel Kensington!
Lamento mucho no poder estar allí para darte la bienvenida personalmente, pero lamentablemente el trabajo me tiene algo ocupado. Pero descuida, nuestra comida sigue en pie como habíamos acordado.
Te veré a las 2:30pm en el restaurante del hotel. La reservación está a mi nombre.
Hasta más tarde.
Atte.
Ángel.
Se quedó mirando la nota sin estar segura de que pensar. Obviamente aquello era la confirmación de su comida con Ángel y no una carta de amor escrita por Seiya.
Pero el simple hecho de que ambos hombres escribieran igual la hacía sentir algo confundida ante la situación. Quizás simplemente fuera una coincidencia. O tal vez era creía ver cosas que no eran ante el cansancio que sentía por el viaje y el cambio de horario. Después de todo, Mina y ella tenían la letra muy similar, pero esa era una de las muchas cosas en las que su hermana melliza y ella compartían.
Guardo la nota en el sobre, consciente de que aún le quedaban tres horas hasta su reunión con Ángel. Fue al baño y abrió la llave para llenar la bañera. Un baño era lo que necesitaba para relajarse. Tenía tiempo más que suficiente para eso, alistarse e ir a dar un paseo por Hyde Park antes de que viera a Ángel aquella tarde.
Pero antes, llamaría a casa de sus padres para avisarles de que ya estaba en Londres y escuchar la voz de Chibi Chibi.
S&S
Por increíble que pareciera, Ángel había logrado terminar con su trabajo antes de lo previsto. Desde temprano, no había dejado de ir y venir por todo el hotel, supervisando que todo estuviera en orden. Había estado hablando con algunos de los empleados del hotel, asegurándose de que todo marchaba como correspondía, y por lo que escuchaba, así era. Aquello lo emocionaba al ver como su trabajo daba frutos.
También estuvo atendiendo a algunos socios importantes de la empresa que habían llegado al hotel, y que no dejaban de felicitarlo a él, Haruka y a su padre por la reinauguración del Hotel Kensington, mientras les acompañaban en un recorrido por las instalaciones. Creía que aquello iba a extenderse más, pero por fortuna no había sido así.
Mirando su reloj, el pelinegro se dio cuenta de que aún faltaba una hora hasta su reunión con Serena. Pero sentía que no podía esperar más para verla.
Quizás podría ir sorprenderla.
Decidido, salió de su oficina y se dirigió hacia el lobby, hacia la recepción. Telu, una de las recepcionistas, se acercó a él del otro lado del mostrador.
–¡Buenas tardes, señor Kaioh!
–¡Hola, Telu! ¿Cómo va todo por aquí?
–Muy bien, señor. No han dejado de llegar los huéspedes.
–Eso es grandioso –dijo él con una sonrisa–. Imagino que la señorita Tsukino ya llego ¿verdad?
–Así es. Se registró hace un par de horas y le entregue su mensaje tal como pidió. Pero la vi salir del hotel hace cinco minutos.
Ángel se sintió un poco decepcionado al escuchar eso. Tendría que esperar todavía un rato más para poder ver a Serena.
Se alejó de la recepción, caminando hacia la entrada del hotel, decidido a ir a dar una vuelta por Hyde Park. Quizás una pequeña caminata lo ayudara a relajarse antes de su reunión.
–¡Ángel!
El pelinegro volteo al escuchar que lo llamaban, notando que se acercaba Haruka.
–¡Hey, amigo! ¿A dónde vas? ¿Ya llegó Serena Tsukino a la ciudad?
–Sí, ya está instalada en el hotel y la veré dentro de una hora.
–¡Genial! –exclamo Haruka–. Eso significa que por fin podre conocer a la famosa artista. Definitivamente quiero estar allí cuando se vean frente a frente.
–¿No habíamos quedado que yo hablaría primero con ella? Ya podrás hablar con ella durante el baile, Haruka.
–Eso lo decidiste tú, no yo –replico el rubio de mala gana–. Para mí que solo quieres acaparar a Tsukino para ti solo.
–No, simplemente quiero hablar con ella tranquilamente y conocerla mejor antes de hablar sobre negocios –explico el pelinegro con calma–. Voy a ir a dar una vuelta. Te veo más tarde.
Ángel dejo a su amigo y salió del hotel. Cruzó la calle y se internó en uno de los caminos del parque, disfrutando del paisaje de aquellos árboles y jardines, mientras dirigía sus pasos hacia su lugar favorito: aquella banca junto a un viejo roble, a orillas del lago.
Mientras caminaba, no podía dejar en esa sensación que lo embargaba al pensar en Serena Tsukino. Definitivamente eran sus nervios ante la expectativa de finalmente conocerla. Algo que tenía que calmarse, aprovecharía aquel paseo para conseguirlo.
Su celular sonó, y al sacarlo, sonrió al ver que era Diana quien lo llamaba. Le había prometido que lo llamaría al llegar a la ciudad.
–¡Hola, hermanita! ¿Qué tal estuvo Paris?
S&S
Serena admiraba con nostalgia a su alrededor, pensando en los innumerables momentos que había vivido en aquel lugar con Seiya. ¿Cuántas veces habían estado sentados a los pies de aquel viejo roble, a orillas del lago de Hyde Park?
Se acercó al árbol, recargando su espalda en el tronco y cerró los ojos, dejándose invadir por sus recuerdos.
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–Deja de moverte –pidió ella, mientras Seiya regresaba a la posición original en que estaba. Sentado a los pies del árbol, con la espalda recargada en el tronco y su mirada sobre la rubia.
–¿Te falta mucho, Bombón?
–No –musito Serena, concentrada en el dibujo a lápiz que estaba haciendo de él en su cuaderno–. Pero terminaría más rápido si dejaras de moverte.
–Lo cual se me dificulta, en especial por la manera en que me miras… Me preguntó que parte de mi cuerpo estás dibujando que requiere esa concentración de tu parte.
La rubia se sonrojo ante el comentario, ya que se encontraba definiendo los últimos detalles de sus labios. –Si quieres que termine pronto, deja de hacer esa clase de comentarios, Seiya.
–Una respuesta evasiva –dijo él con una sonrisa–. Eso significa que estás dibujando la parte de mi cuerpo que más te gusta.
–Lo que equivale a que todo de ti me gusta –respondió ella, sonriendo–. Tienes un cuerpo digno de ser inmortalizado en mis dibujos, por eso es que te elijo de mi modelo.
–Ya lo decía yo, eres afortunada de plasmar a un hombre tan guapo como yo –musito él guiñándole el ojo.
Serena sacudió la cabeza ante el comentario, intentando no reírse. Termino con los últimos detalles del dibujo, tras lo que volteo el cuaderno para mostrárselo al pelinegro. Al verlo, Seiya sonrió aún más, tras lo que atrajo a la rubia hacia él para sentarla en sus piernas, mientras la estrechaba entre sus brazos.
–Señorita Tsukino, déjeme decirle que es un prodigio de artista. Su dibujo es mejor de lo que imaginaba.
–¿De verdad te gusto?
–Claro que sí, me encanta tanto como todo lo que haces. Eres muy talentosa, Bombón. De lo contrario, no estaríamos aquí para que tú estudies, en lugar de estar en Kamakura tomando el sol.
–Bueno, pero Kamakura nos está esperando, Seiya. Tomaremos el sol e iremos a la playa cuando regresemos a casa.
–Tienes razón en lo la playa, ya que nos espera en Japón. Pero yo ya estoy en casa, Bombón. A tu lado es el único lugar donde está mi hogar.
Ella sonrió mientras acercaba su rostro al de él. –Te amo tanto…
–Tanto como yo te amo a ti, Bombón –musito él antes de besarla.
.
–No, aún no la he visto.
Serena abrió los ojos, sobresaltada al escuchar aquella voz. Definitivamente aquello era una muy mala broma de su mente. Por un momento, ella habría jurado haber escuchado la voz de Seiya muy cerca de allí.
Suspiro profundamente intentando calmarse. Primero creía haberlo visto en el lobby del hotel y ahora le parecía escuchar su voz. Era como si el fantasma de su esposo anduviera por allí, pero sabía que era ilógico. Los fantasmas no existían.
–Suenas igual que Haruka. Ya se los había dicho, Diana, la conocerán en el baile de esta noche.
La voz de Seiya se oía demasiado cerca de donde Serena estaba. Ella miro a su alrededor, tratando de averiguar de dónde venía aquella voz, cuando lo vio.
Y entonces Serena se dio cuenta de que los fantasmas si existían.
A solo unos pasos del árbol donde ella estaba, se encontraba él. Hablando por su celular, a punto de sentarse en aquella banca cuando noto su presencia.
Fue como si de repente el tiempo se hubiera detenido para los dos. Él corto su llamada sin decir nada más, mientras la veía sorprendido, al igual que ella lo estaba. De pronto Serena sentía como si hubiera viajado en el tiempo, porque el hombre que amaba allí estaba.
Repentinamente a Serena le empezó a faltar el aire. Ni siquiera podía moverse. Y mucho menos lograba salir de su asombro. Había pasado un año y medio desde el accidente, desde que le habían dicho que estaba muerto, pero eso no importaba porque allí estaba, frente a ella, tal cual lo recordaba.
La mirada azul zafiro de él se mantenía fija en ella, mientras una sonrisa se iba dibujando en su rostro.
–Hola, Serena.
Y entonces, repentinamente el mundo se volvió negro para ella.
Al ver que ella se precipitaba contra el suelo, Ángel corrió a su lado, llegando apenas a tiempo para sostenerla entre sus brazos antes de que Serena cayera al suelo.
Definitivamente, Ángel jamás había imaginado que así ocurrirían las cosas la primera vez que viera a Serena Tsukino.
Jamás había esperado encontrarse con ella justamente allí. Así como tampoco esperaba que ella se desmayara al verlo. Y la forma en que lo miró antes de quedar inconsciente… Era como si hubiera visto un fantasma.
Con cuidado, el pelinegro la alzo en sus brazos y la llevo hasta la banca junto a ellos, donde la recostó y él se sentó a su lado. Al verla allí, no pudo evitar pensar que Serena era mucho más hermosa de lo que mostraba aquella fotografía que había visto de ella, ya que no le hacía justicia al reflejar su verdadera belleza, la cual podía apreciar mejor ahora que la tenía frente a frente. Los rasgos de su rostro le parecían muy finos y delicados, su cabello dorado que parecía brillar ante la luz del sol y su figura que era enmarcada en aquel vestido azul celeste de encaje, que hacia resaltar aquellos ojos que momentos antes lo miraron con tanta intensidad.
Se sentía como un idiota al observarla con tanta atención, en lugar de hacer algo para intentar que ella volviera en sí. Pero Ángel no podía sacarse de la cabeza que ella era la mujer más bella que hubiera visto. En su mente solo estaba una palabra para describir la perfección que veía en Serena.
–Bombón… Vamos, despierta –musito él, acariciando el rostro de ella con suavidad–. Por favor, Serena… Abre los ojos, Bombón.
Ángel noto como poco a poco, Serena iba volviendo en sí. Sus ojos celestes lo miraban con intensidad, reflejando la sorpresa de verlo junto a ella.
–¿Estás bien?
–Aun no lo sé –respondió ella mientras se sentaba, tocando el rostro del pelinegro con su mano–. Eres tú… Por un momento creí que estaba soñando, pero estás aquí, Seiya.
Ángel la miro confundido. ¿Había escuchado bien? ¿Serena acababa de llamarlo Seiya?
Estaba a punto de decirle que ese no era su nombre, cuando sorpresivamente sintió los labios de ella sobre los suyos.
Si de por si la situación era bastante extraña, con aquel beso que sorprendió al pelinegro, lo fue aún más. Pero lo más extraño del asunto, era que algo dentro de Ángel le decía que no era la primera vez que probaba aquellos labios. Así que con suavidad correspondió al beso de Serena, estrechándola entre sus brazos, con la certeza de que aquello estaba bien. Por primera vez desde el accidente en que había perdido la memoria, tenía la seguridad de que estar allí, besando a Serena Tsukino, era el lugar en el que debía de estar.
Serena rodeo con sus brazos el cuello del pelinegro, con la necesidad de sentirlo más cerca de ella, mientras sus labios reclamaban los de él con mayor necesidad. Aquello parecía un sueño hecho realidad. ¿Cuántas veces había llorado durante los últimos dieciocho meses, deseando volver a estar junto a su esposo? Y allí estaba Seiya, de eso estaba segura. Era imposible que no reconociera sus besos. Y lo acababa de escuchar llamarla Bombón.
Aún no entendía que estaba haciendo Seiya en Londres, ni porque no había regresado a Tokio mientras ella y toda su familia lo creían muerto, pero eso no importaba de momento. Ya habría tiempo para las preguntas y respuestas. Lo único importante es que estaban juntos nuevamente.
Aquel beso era la única realidad para los dos, el mundo a su alrededor había dejado de existir, mientras se entregaban a aquel momento por completo. Lentamente, más por falta de aire que por gusto, Serena separó sus labios del pelinegro, mirándolo con una sonrisa.
–Me has hecho tanta falta, Seiya. Hay tantas cosas que tengo que contarte y…
–Serena, sobre eso… –musito Ángel interrumpiéndola, pensando cómo decirle que no se llamaba Seiya, mientras la soltaba en un intento por pensar con claridad después de aquel beso–. Creo que aquí hay una confusión y…
–¡Obviamente la hay! –exclamo ella, impidiéndole continuar–. ¿Qué haces aquí, en Londres, mi amor? Si no fuera porque tenía que venir por trabajo, para hablar de una pintura que haré para alguien llamado Ángel Kaioh…
–Lo sé –dijo el pelinegro interrumpiéndola nuevamente–. Yo te invite a venir, Serena… Yo soy Ángel Kaioh.
La rubia lo miro sorprendida, sin poder creer lo que él le decía. –No, eso es imposible. Tú eres Seiya Kou, mi amor.
Ahora fue el turno del pelinegro de mostrarse sorprendido. ¿Por qué Serena se mostraba convencida de que su nombre era Seiya Kou? ¿Y por qué lo llamaba mi amor?
Una idea aterradora invadió su mente. Quizás ella lo conocía de antes del accidente y de que perdiera la memoria.
–¿Me conoces, verdad?
–Por supuesto, Seiya. Eso lo sabes muy bien. Nadie te conoce mejor que tu bombón.
–¿Mi bombón? –musito él, confundido.
–Si. No entiendo porque actúas así. Sabes que soy yo, tu esposa, Seiya.
¿Le había dicho que era su esposa? Ángel no estaba seguro de haber escuchado bien, pero el hecho de que ella insistiera en llamarlo Seiya solo lo confundía más.
Allí solo podía haber dos explicaciones.
Había conocido y tenido una relación con Serena antes del accidente, pero por alguna razón le había dicho que se llamaba Seiya. Lo cual no tenía sentido, ya que no coincidía con lo que le habían contado de su vida y la historia que tuvo con Molly años atrás
O la segunda opción, la que él considerable más posible, era que Serena lo estuviera confundiendo con el tal Seiya Kou.
–Serena, lo siento, pero creo que aquí hay un gran malentendido. Yo soy Ángel Kaioh. Desde hace dos semanas, nos hemos estado escribiendo correos electrónicos debido a la pintura que quiero que hagas para mí, y por eso es que te invite a Londres, para que asistieras a la fiesta de reinauguración del Hotel Kensington de esta noche.
–No, Seiya. Tú no eres Ángel Kaioh… –musito ella, sin querer creer lo que acababa de escuchar.
–No sé si nos hayamos conocido antes, pero creo que me estas confundiendo con ese Seiya Kou que mencionas. Yo no soy tu esposo.
La rubia sentía que el mundo se le venía encima. No podía ser posible lo que le decía el pelinegro le decía, cuando estaba segura de que era Seiya. Decidida, tomo el rostro de él entre sus manos, para que la mirara con atención.
–No tengo idea de cómo sabes todo lo de Ángel Kaioh, pero a él apenas lo voy a conocer más tarde –dijo ella con firmeza–. Así que déjate de bromas, porque estoy segura de que tú eres mi esposo, Seiya Kou. Si hace unos minutos te escuche llamarme Bombón.
El pelinegro suspiro profundamente. –No voy a negar que te llame así. Y ahora que lo pienso, fue una imprudencia de mi parte decirte Bombón, pero la verdad que es que me pareces muy hermosa y sin pensar te llame así. E insisto, no soy Seiya Kou… Entiéndelo, yo soy Ángel Kaioh. Habíamos quedado de vernos esta tarde para comer juntos ¿recuerdas? Lo acordamos antes de que tomaras tu vuelo hacia aquí.
Serena se separó de él con incredulidad, poniéndose de pie mientras asimilaba lo que acababa de escuchar. No quería creer que aquello era cierto. Pero la realidad la golpeaba al darse cuenta de que nadie más aparte de Ángel y ella sabían de aquella reunión, de cómo y cuándo la habían acordado.
¿Entonces el hombre frente a ella no era Seiya, su esposo, sino Ángel Kaioh?
¿Cómo era eso posible, en especial después de aquel beso? Ella mejor que nadie podía reconocer los besos de Seiya.
Observó a detalle al pelinegro, buscando más pruebas además del beso de que ese hombre era Seiya. Definitivamente era idéntico a Seiya, la complexión atlética y delgada de él, más alto que ella y aquel largo y espeso cabello que llevaba peinado en una coleta baja a la altura de la nuca, además del par de aretes en forma de luna que llevaba en las orejas, sus ojos azul zafiro…
Y ahí fue donde noto el primer cambio con respecto a su esposo.
Si bien el pelinegro no movía los ojos de ella, faltaba algo. Esa chispa que los hacía brillar no estaba, como si hubiera algo que le faltara. Serena siguió observándolo, dándose cuenta de que él no llevaba ninguna argolla de matrimonio. Además de que su ropa era muy elegante, su traje gris con aquella camisa azul parecía de diseñador.
Por primera vez se preguntó si era verdad todo lo que él le había dicho. Y de ser así, ¿en dónde estaba Seiya?
Una punzada en el corazón le recordó a Serena que su esposo estaba muerto. Por más que quisiera, no era el hombre frente a ella. Lo que eso significaba que le había dicho la verdad y él era Ángel Kaioh.
Y acababa de besarlo, creyendo que se trataba de Seiya.
Serena sentía que iba a desmayarse otra vez.
Por suerte, al notar que la rubia se tambaleaba, Ángel se puso de pie y la sujeto entre sus brazos.
–¿Estás bien, Serena?
–Aún no lo sé… –musito ella, insegura–. ¿Estás seguro de que eres Ángel Kaioh?
–Hasta donde sé, sí –respondió él con una pequeña sonrisa–. De verdad lo siento.
–¿Te estas disculpando por ser tú?
–Eso creo… Me gustaría poder ser quien tú quieres que sea. En especial, si con eso logro evitar que sientas la tristeza que veo en ti, pero me temo que eso no puedo cambiarlo.
Serena no pudo evitar que una pequeña sonrisa se formara en su rostro. –Gracias. Pero en realidad, soy yo quien debería disculparse… por lo del beso y lo demás, no debí de haber reaccionado así.
Ángel negó con la cabeza. No iba a permitir que ella se disculpara por el beso, en especial cuando lo había disfrutado demasiado. Y había movido algo dentro de él, algo que no sabía que podía sentir y de alguna manera lo hacía feliz sentir aquella cálida sensación en su pecho.
–No pienses en eso, Serena. Lo importante es que tú estés bien.
–Lo estoy. Además de que estoy realmente apenada por lo que paso. Pero de verdad estoy bien… Lo que me recuerda ¿te importaría soltarme?
El pelinegro se ruborizo al darse cuenta de que tenía a Serena rodeada por sus brazos, en un firme abrazo que con renuencia termino por romper.
–Pare serte honesto, Serena, había pensado mucho en cómo serían las cosas cuando nos conociéramos, pero jamás imagine que las cosas sucederían así.
–Te entiendo perfectamente –comento ella con un suspiro–. Pero si no te importa, me gustaría que hiciéramos borrón y cuenta nueva. Empecemos de cero ¿te parece bien?
–Claro, por mí no hay problema –respondió él con una sonrisa, extendiendo su mano hacia ella–. ¡Hola! Mi nombre es Ángel Kaioh.
–Encantada de conocerte, Ángel. Yo soy Serena Tsukino.
La rubia estrecho su mano con la del pelinegro, sintiendo una calidez ante su contacto que hacía mucho no sentía. Sabía que el hombre frente a ella no era Seiya, pero había algo en él, además del enorme parecido físico con su esposo, que la inquietaba. No sabía cómo describir aquella sensación. Pero lo único cierto, es que aquel apretón de manos duro más de lo usual y parecía que Ángel no la quería soltar. Fue hasta que ella retiro sutilmente su mano, cuando rompieron aquel contacto.
–Es un placer por fin conocerte, Serena. Es un honor que una artista tan talentosa como tu este aquí.
–Al contrario, te agradezco a ti por todo lo que has hecho por mi estancia aquí. El hotel es precioso y la suite que me asignaste es maravillosa.
–Me alegra mucho de que te gustara –dijo él sonriendo con seguridad–. Y ahora que lo recuerdo, tengo una invitación a comer pendiente contigo. Hay un restaurante al otro lado del lago que tiene una comida estupenda. ¿Te importaría si comemos allí?
–No, además me muero de hambre. Vamos, Ángel. –repuso ella, tras lo que iniciaron a caminar juntos–. Ahora que lo pienso ¿Cómo sabías quién era? Siempre me has llamado por mi nombre.
–Sí, bueno… digamos que por accidente encontré una fotografía tuya en internet.
–¿Hiciste trampa? –exclamo ella, sorprendida.
–No. Fue sin querer –replico él rápidamente–. Pero tengo que decir que la fotografía no te hace justicia. Eres mucho más bella en persona.
Serena se ruborizo ante al comentario. –Gracias. Tú tampoco eres como imaginaba que serias
–¿Y cómo me imaginabas?
–Honestamente, la primera vez que escuche tu nombre, creí que eras alguien como de 40 años, calvo y con una enorme barriga.
Ángel se río ante la descripción. –Espero nunca llegar a ser así…
Serena no pudo evitar reírse con él, ante su risa tan contagiosa. E inevitablemente recordó que lo mismo le pasaba con Seiya.
De inmediato, la rubia se dio cuenta de que la conexión que había notado en los correos con Ángel, se mantenía entre ellos ahora que se conocían en persona. Pero aun así sentía que allí había algo más que no podía explicarse. Tal vez fuera por el increíble parecido físico que existía entre el hombre a su lado y el hombre que amaba. O por aquel extraño encuentro que tuvieron. Fuera lo que fuese, era una sensación que tenía que definir por el bien de su salud mental, ya que no dejaba de repetir una y otra vez en su cabeza que ese hombre no era Seiya.
–Por cierto, Serena, cuéntame ¿Qué tal estuvo tu vuelo?
Definitivamente este reencuentro movió muchas cosas entre ambos. Y vamos empezando porque en esos tres días que estará Serena en Londres pueden pasar muchas cosas. ¿Será que la rubia descubrirá que Ángel en verdad es Seiya Kou?
Mientras tanto, y en lo que subo el siguiente capítulo, les recomiendo que escuchen Lullaby de Sia, ya que esa es la canción que Serena le canta a Chibi Chibi al inicio del capítulo de hoy.
Como siempre, las invito a seguirme en Facebook en la página de Serenity Kou. No olviden dejarme sus comentarios, ya que me encanta saber lo que piensan de esta historia. Nos leemos en el próximo capítulo.
XOXO
Serenity
