¡Hola a todos!
¡Muchas gracias por sus comentarios! Soy muy consciente que parece que publicó en esta historia, pero como quien dice voy lenta pero segura y por fin hay capítulo nuevo. ¡Realmente espero que lo disfruten!
Capítulo 4
Doppelgänger
No podía dejar de mirarla.
Mientras estaban comiendo en una mesa del Lido Café, a orillas del lago Serpentine en Hyde Park, Ángel la miraba con la intensión de grabar su imagen en su mente como si se tratara de una de las pinturas de Serena. Su belleza no dejaba de sorprenderlo. Aunque había algunos detalles de los que antes no se había dado cuenta y que despertaban aún más su curiosidad por conocerla mejor. Como el hecho de que la rubia tocaba constantemente los anillos que llevaba en su mano izquierda y que antes no había notado: un anillo de compromiso y una argolla de matrimonio de plata. Además de que, aunque sonría ante los comentarios que hacía, esa sonrisa no le llegaba a los ojos, era como si en la claridad de los ojos azul cielo de ella, hubiera una tristeza permanente que no desaparecía por más que se esforzaba en mostrarse alegre.
–¿Tienes mucho tiempo viviendo en Londres? –preguntó Serena con curiosidad.
–Casi tres meses –respondió él, recordando cómo uno de sus motivos para estar en la cuidad era la esperanza de que los médicos le dijeran que el diagnostico de amnesia que tan bien conocía se podía revertir con la esperanza de recuperar su memoria. Pero ya se había resignado al hecho de que jamás recobraría sus recuerdos.
–Y antes de llegar aquí, ¿en dónde vivías, Ángel?
–En todas partes y en ninguna a la vez –musito él dando un suspiro–. Prácticamente durante más de un año he sido un ciudadano del mundo. He recorrido la mitad del mundo: Seúl, Beijing, Shangai, Sydney, Dubái, Moscú, Viena, Praga, Zúrich, Berlín, Roma, Paris, Nueva York.
–Vaya… sí que te gusta viajar –dijo ella, sorprendida de todos los lugares en los que él había estado.
–No voy a negar que todos esos lugares son muy interesantes, Serena, pero mi recorrido por el mundo no ha sido exactamente por placer.
–¿Negocios, supongo? –inquirió ella.
–En parte. A mi padre se le ocurrió buscar un lugar donde expandir el negocio familiar más allá de Asia, y Londres fue una buena elección.
–Ya lo creo. Por lo que he visto hasta ahora del Hotel Kensington, es un lugar fantástico. Parece como si hubieran rescatado su encantó de siglos pasados.
–Es uno de los aspectos que nos hemos esforzado por conservar. Imagino que aún no has visto todo el hotel ¿verdad?
–No, aún no –confirmo ella.
–En ese caso, más tarde me encargaré de darte un tour personal por todo el lugar –le aseguró Ángel–. El Kensington se ha convertido en muchos sentidos en un lugar muy especial para mí, no solo por mi trabajo, sino porque gracias a él tuve la oportunidad de conocer tu magnífico trabajo.
–Ni lo menciones, jamás hubiera imaginado que una de mis pinturas llegaría a una ciudad tan importante para mí.
–¿Ya habías estado antes en Londres? –preguntó él con curiosidad.
Ella asintió. –Hace seis años. Cuando era aún estudiante, obtuve una beca para un curso de verano en University Of The Arts London. En aquel entonces vivía en un pequeño apartamento en Covent Garden de la mitad de grande de lo que es la suite en la que estoy hospedada en el Kensington.
–Eso es prueba de que todo tu trabajo ha cosechado tu éxito. ¿Siempre quisiste ser artista?
–Sí, desde niña. Me la pasaba dibujando todo el tiempo, siempre llevaba cuadernos de dibujo conmigo porque siempre ha habido algo o alguien de quien he querido conservar su imagen en el papel, es como si inmortalizara de esa forma los recuerdos más importantes para mí.
–Imagino que los recuerdos son muy importantes para ti, Serena.
–Más de lo que te imaginas –confeso la rubia con nostalgia–. Mis recuerdos son una de las cosas más valiosas para mí, además de mi hija y el arte.
–¿Tienes una hija? –inquirió él, sorprendido–. No parece que tengas una hija.
–Pero la tengo. Se llama Serena igual que yo, pero todos le decimos de cariño Chibi Chibi –respondió ella sonriendo. Ángel notó que al mencionarla, se disipaba parte de la tristeza permanente en su mirada–. Es la niña más hermosa y maravillosa del mundo. Y no creas que lo digo solo porque soy su madre, pero es cierto. Ella es mi luz de la esperanza.
–Imagino que el padre de tu hija debe de decir lo mismo.
Tan pronto como dijo aquellas palabras, Ángel se arrepintió de dicho comentario al notar como el semblante de Serena cambiaba radicalmente. La tristeza se dibujó en todo su rostro, y parecía como si estuviera a punto de llorar.
La rubia respiro profundamente, tratando de contener sus emociones. Durante la comida, ella no había dejado repetirse mentalmente a sí misma que, por más que el hombre que estaba sentado frente a ella en aquella mesa, no se trataba de su Seiya. Aunque una parte de ella se negaba a aceptar esa verdad.
–Sí, imagino que Seiya habría dicho un millón de cosas hermosas sobre su hija –musito ella limpiando una lágrima traicionera que había resbalado por su mejilla.
–Perdón, Serena. No fue mi intensión tocar el tema… Si no quieres hablar de tu esposo, lo entenderé perfectamente.
–No, está bien, Ángel… Es solo que te veo y me parece que eres Seiya.
–¿Tanto me parezco a él? ––preguntó Ángel con interés.
Ella asintió. –Es como si fueras su doble.
–Disculpa que lo pregunte, pero ¿qué pasó con él? ¿Acaso te abandono?
–No, él jamás me habría abandonado –respondió ella dando un largo suspiro–. Él falleció hace dieciocho meses en un accidente automovilístico.
–Lo lamento.
–Gracias. A pesar del tiempo que ha pasado, aún me cuesta creer que nunca volverá a estar a mi lado –musito ella dando un suspiro–. Y bien o mal, llegó a Londres, te veo y por momentos me cuesta aceptar que no eres él.
–Me imagino que debes de creer que soy un Doppelgänger
Ella lo miró sin comprender. –¿Un qué?
–Doppelgänger. Es una palabra alemana, significa el doble fantasmagórico de alguien –explicó Ángel–. Y por lo que me has contado, soy el Doppelgänger de Seiya
–Es una manera de decirlo. Pero si, eso es lo que me pasa –confesó la rubia–. Y en verdad me siento muy apenada por esto y me disculpo por ello, Ángel. Se supone que estamos aquí por negocios y yo…
–No tienes nada de que disculparte, Serena –dijo él, interrumpiéndola–. Ninguno de los dos podíamos prever que estaríamos en una situación así. Comprendo que por las circunstancias te cueste verme por quien en verdad soy, pero me gustaría que me vieras como Ángel y me conocieras mejor. A mí me gustaría conocerte y llegar a ser tu amigo.
Ella sonrió ante sus palabras. –A mí también me gustaría eso, que llegáramos a ser amigos. Aunque no puedo olvidar el principal motivo por el que estoy aquí, ¿recuerdas? La pintura que deseas que realice para ti. ¿Te importa si hablamos de ello? ¿Ya has pensado que quieres ver plasmado en la pintura?
–Por supuesto. Me gustaría un retrato de mi familia –respondió el pelinegro con una gran sonrisa–. Pero no quisiera que fuera el típico retrato de museo, sino algo que se viera con vida propia y capturará la esencia de ellos, similar a como es tu pintura en el lobby.
–Entiendo. ¿Hay algo en especial que te gustaría que tuviera la pintura?
–La verdad no he pensado con gran detalle en eso, pero te doy entera libertad en ese aspecto. Tal vez cuando te presente a mi familia en la fiesta de esta noche, tengas una mejor idea de ellos sobre como retratarlos.
–Por supuesto, eso definitivamente ayudará.
–Además, hay un favor que me gustaría pedirte, Serena. No menciones que vas a hacer un retrato de mi familia, quiero que esa pintura sea un regalo para mis padres y no me gustaría que se arruinará la sorpresa antes de tiempo.
–Descuida, no diré nada al respecto –aseguró ella–. ¿Pero no crees que sea raro para ellos? No sé si una fiesta es razón suficiente para cruzar el mundo.
–No lo será, porque además cruzaste el mundo por una razón que aún no te he mencionado. Tengo una propuesta de trabajo para ti. Me gustaría que hicieras varias pinturas para los Hoteles Starlight, y cada una de ellas tendrían como hogar uno de los hoteles de la empresa a lo largo de todo Asia.
Serena lo miro sin poder creer lo que había escuchado. –¿Estás hablando enserio?
–No bromeo cuando hablo de negocios. Una de tus pinturas ya está en el lobby del primer hotel de la empresa en Europa y todos los huéspedes están fascinados con ella. Imagina como sería si hubiera una pintura tuya en cada hotel Starlight de Japón, por no hablar del resto de Asia. Es algo que nos beneficia mutuamente, Serena.
–La verdad no sé qué decir, Ángel. Estoy un poco abrumada con esto.
–Un sí sería perfecto. Soy consciente de que hacer cada pintura llevará su tiempo, pero valdrá la pena la espera. Además, el tema de las pinturas para los hoteles será libre y el pago de tus honorarios lo establecerás tú. Sé que es una propuesta muy grande, así que tomate tu tiempo para darme una respuesta.
S&S
Serena se dejó caer en la cama de su suite, pensando en la tarde que había compartido con Ángel Kaioh.
Habían pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo y ella no sabía que pensar. En especial en todo aquello que se referían a Ángel. Aquel hombre realmente parecía el doble de su esposo y llevaba una vida tan diferente a la que tuvo Seiya que para cualquiera, el parecido físico era una simple coincidencia. Pero ella sabía que había algo más, en especial tras haberlo besado.
Cualquiera podría decir que estaba loca, pero estaba segura que ése beso se lo había dado Seiya. Lo había besado media vida y no podía confundir sus besos con los de nadie más... Aunque tampoco es que tuviera mucha experiencia en besos ya que no tenía mucho margen de comparación, pero estaba segura de que aquel beso lo había compartido con su marido.
Suspiro con pesadez mientras se incorporaba de la cama, en busca de su celular. Sentía que tenía que hablar con alguien de lo sucedido antes de que sus pensamientos la terminaran de enloquecer.
No tardó en encontrar el número de Mina y de inmediato la llamó. Su hermana respondió al tercer timbrazo.
–¡Serena! ¡Hola! –grito Mina, haciendo que Serena apartará un poco el móvil de su oído. De fondo se escuchaba música–. No me cuelgues, deja que me mueva a donde no haya tanto ruido.
–De acuerdo, espero –respondió ella sin estar segura de sí su hermana la había escuchado.
Del otro lado de la línea solo se escuchaba la música muy alta, como si Mina estuviera en un club nocturno, antes de que abruptamente se hiciera el silencio.
–Ahora sí, Sere ¿Qué tal Londres?
–Muy inglesa… Lo siento, ni siquiera estoy segura de que hora es en Tokio y creo que interrumpí tu viernes por la noche.
–Sí, pero no importa. Siento que han pasado un millón de años desde que te fuiste. Te extraño mucho.
–Y yo a ti, Mina…–musito Serena con un suspiro–. Me haces tanta falta y sin ti aquí siento que me voy a volver loca.
–¿Está todo bien por allá? –pregunto ella con preocupación.
Serena respiro profundamente, intentando mantener la calma. –Define bien...
–Ahora si me estas preocupando –replico Mina–. Te prometo que voy a subir a un avión para alcanzarte en Londres si no me cuentas que te sucede.
Y Serena eso hizo, le contó todo lo que le hacía pasado desde que llegara a Londres a su hermana. Mina escuchó pacientemente mientras se desahogaba tras todo lo que le había sucedido, en especial por el mar de confusión en que se encontraba a causa de Ángel Kaioh y el gran parecido de él con su amado Seiya.
–No sé qué decirte, Serena… –musito su melliza con un suspiro–. Ni siquiera sé que palabra usar para describirlo.
–Dime que no piensas que estoy loca, por favor –Le pidió Serena entre lágrimas, ni siquiera se había dado cuenta del momento en que había empezado a llorar.
–No iba a decir eso, simplemente quiero saber si estás segura de lo que dices ¿Realmente es Seiya? ¿No estarás confundiendo a Ángel con Seiya?
–¿Cómo iba a confundir a Seiya con alguien más? No tiene sentido, Mina.
–Así como tampoco tiene sentido que si Ángel Kaioh es realmente Seiya Kou, diga que no te conocía antes del día de hoy
Serena no supo cómo replicar a eso.
–De verdad que odio ser yo quien te lo diga, pero Ángel Kaioh no puede ser Seiya.
–¿No escuchaste todo lo que dije? Mina, te estoy diciendo que es él, es mi esposo. Ese beso…
–Quizás creíste sentir eso ante la impresión de verlo por el parecido físico de Seiya. Sé que es difícil, pero por más que nos duela, ambas sabemos muy bien en donde se encuentra Seiya. Él sigue en el mismo lugar en que ha permanecido durante los últimos 18 meses.
La rubia siguió llorando, cerrando los ojos mientras recordaba aquella terrible noche en que había recibido esa llamada en que le dijeron que Seiya estaba muerto.
Pese al dolor no lo creía, ni siquiera cuando ella junto con Yaten, Taiki, Ami y Mina fueron a Akita para reconocer el cuerpo de quien decían era su marido. En la morgue, los encargados ni siquiera la dejaron entrar a ver el cuerpo ya que decían que quedo irreconocible. Fueron Yaten y Taiki quienes aseguraron que era Seiya, en especial tras reconocer sus pertenencias. Pero ella no lo creía, le costó demasiado aceptar esa verdad, tanto que terminó internada en el Hospital de Akita con una amenaza de aborto tras la crisis que sufrió.
–¿Sigues allí, Serena?
–Aquí estoy –respondió ella a su hermana, devolviendo sus pensamientos al presente.
–Tu misma me dijiste que Ángel Kaioh te contrato para que realices una pintura de su familia. Ese hombre tiene una familia y toda una vida allá, alguien se habría dado cuenta de que no es el verdadero Ángel ¿no crees? Y lo más importante de todo, Seiya te amaba con toda su alma, jamás en su sano juicio te hubiera abandonado y menos para tener una vida totalmente distinta a la suya al otro lado del mundo.
–Lo sé, Mina… Es solo que todo esto me tiene tan confundida. No sé qué hacer.
–Si yo estuviera en tu lugar lo pensaría muy bien. No tienes ni un día allá y ese hombre te tiene realmente confundida. Se suponía que ese viaje te ayudaría, pero ahora ya no estoy segura de eso… Quizás lo mejor sea que vuelvas a casa.
–No voy a regresar aún. No puedo dejarlo y menos cuando algo dentro de mí me dice que ese hombre es Seiya. Y haré hasta lo imposible para saber si estoy en lo cierto o no.
S&S
Haruka, Michiru y Diana intercambiaron miradas entre sí, asombrados después de que Ángel les relatará lo que había pasado horas antes ese mismo día cuando había conocido a Serena.
Los tres habían estado muy insistentes en que les contará como le había ido esa tarde, tanto que cuando todos estuvieron arreglados para la fiesta de reinauguración en el hotel escabulleron y se encerraron en la oficina del pelinegro para que les relatará lo sucedido. Y ahora él los miraba con ansiedad, esperando a que dijeran algo.
–¿Y bien? ¿No van a decir nada? –inquirió Ángel.
–¿Qué podemos decir? –Exclamó Diana–. Me parece asombroso que físicamente seas muy parecido al marido de Serena. Eso explica por qué reaccionó así al verte.
–¿Pero no la conocía de antes del accidente?
–No, hermano, no la conocías antes del día de hoy –respondió Michiru–. ¿Por qué piensas eso?
–Porque su reacción al verme no es la que cualquiera esperaría. Ella de verdad creía que era su esposo, hasta por un momento me hizo pensar que quizás si la conocía de antes del accidente. Tal vez cuando viaje por todo Japón tras la muerte de Molly.
–Eso es imposible –afirmo Michiru de manera tajante–. Por entonces hablábamos diario por teléfono y me escribías constantemente contándome de tu viaje. Si la hubieras conocido lo sabría.
–¿Y si no te los dije? –sugirió Ángel.
–¿Así como guardaste para ti lo que paso hoy cuando conociste a Serena? Lo dudo mucho –dijo Haruka con una sonrisa de satisfacción–. Eso es algo que nunca ha cambiado, siempre nos hemos contado todo lo que nos sucede.
–Si fuera tú, me enfocaría en conocerla mejor y demostrarle que a pesar del parecido físico, no eres su marido –menciono Diana–. Seguramente así se dará cuenta de la gran persona que eres.
Ángel sonrió a Diana, sabiendo que su hermana tenía razón. Le demostraría a Serena que más allá del parecido físico que había entre su esposo y él, eran personas diferentes, quería que lo conociera mejor y eso ayudaría a sentaría las bases para que su relación mejorará.
–Tienes razón como siempre, Diana. Eso es justo lo que haré.
Un par de golpes en la puerta interrumpió la conversación.
–¡Adelante! –exclamó el pelinegro.
La puerta se abrió y en el umbral apareció Mimet.
–Disculpen que los interrumpa. Pero el señor Artemis me envió para buscarlos. Los primeros invitados de la fiesta están llegando al Salón.
–Gracias, Mimet. En un momento estaremos ahí. –respondió Ángel.
Mimet asintió, cerrando la puerta de la oficina tras de sí para dejarlos nuevamente solos.
–Bueno, finalmente ha llegado la hora, por fin conoceremos a la famosa Serena Tsukino –afirmo Haruka poniéndose de pie.
Y Ángel no evitar sentirse ansioso de pensar que nuevamente estaría al lado de Serena, pese a que habían pasado solo unas horas desde que se separan esa misma tarde.
¿Qué les pareció como se van dando las cosas entre Serena y Ángel? ¿Será que ella va a descubrir la verdad?
Como siempre los invito a dejarme sus comentarios. Recuerden que me pueden encontrar en Facebook y nos seguimos leyendo. Hasta el siguiente capítulo.
XOXO
Serenity Rose Kou
