Capítulo 5

Cenicienta

Serena se miró en el espejo, pensando en porque se había dejado convencer por Mina de comprar ese vestido: de color rojo, entallado y con un enorme escote en la parte de atrás que dejaba al descubierto su espalda. Era algo que usaría su atrevida hermana y no ella, pero ya no podía hacer nada: no tenía en su maleta otro vestido apropiado para esa noche, era tarde y tenía que ir a la fiesta.

Dando un suspiro de resignación, acomodo un mechón rebelde de su cabello y finalmente salió de la suite rumbo al elevador.

Al entrar al elevador, presionó el botón de la planta baja, suspirando profundamente para tratar de mantener a raya sus nervios. Saber que pasaría la velada en compañía en compañía de Ángel Kaioh la ponía nerviosa. ¿Y si Mina tenía razón y aquel hombre no era su esposo? ¿Y si su hermana se equivocaba? ¿Qué iba a hacer para descubrir la verdad?

Las puertas del elevador de abrieron sacando a la rubia de sus pensamientos y salió del elevador. Se sorprendió al ver a Ángel esperándola.

–¡Buenas noches, Serena! –saludo él con una sonrisa.

La rubia sonrió, sintiendo como el rubor subía por sus mejillas. Le costó un momento salir de su asombro por verlo ahí, en especial con lo atractivo que le parecía usando un smoking negro, dándole un aire de estrella de cine. En su interior, rogó a las estrellas porque lo que le decía su corazón fuera verdad, que contra toda lógica el hombre frente a ella fuera su esposo.

–Hola… Pensé que nos veríamos en el salón, Ángel

–Sé que en eso habíamos quedado, pero pensé que lo mejor sería esperarte para escoltarte al salón. Después de todo eres mi invitada de honor–comentó él mientras le ofrecía su brazo.

Serena lo tomó del brazo y juntos se dirigieron hacia él salón.

–Te lo agradezco. No has dejado de sorprenderme desde que llegue a Londres.

–Es todo un placer, Serena. Además, si me permites decirlo, te ves muy hermosa esta noche –comentó él sin dejar de mirarla–. Me refiero a que te queda de maravilla ese vestido. Lo que quiero decir es que pareces toda una princesa.

–Gracias, Ángel –respondió ella ruborizada–. Tú también te ves muy bien, hasta pareces James Bond vestido así.

–Esa era la idea –dijo él guiñándole un ojo.

Ella se rio ante el comentario mientras seguían caminando. El sonido de una suave melodía fue siendo más notorio mientras la pareja se acercaban al salón.

Al cruzar unas enormes puertas de roble, Serena quedo impresionada ante el esplendor de la fiesta que se mostraba ante sus ojos. El lugar era enorme, con grandes candelabros de cristal colgando de lo alto, hermosos arreglos florales con delicadas rosas blancas, una orquesta amenizando el evento que se encontraba al fondo del lugar, hombres y mujeres elegantemente vestidos disfrutando de las bebidas y aperitivos que ofrecían los camareros.

Viendo el esplendor y elegancia que reinaba en la fiesta, la rubia se sentía como Cenicienta al ir al baile. Afortunadamente Mina era una excelente hada madrina con buen gusto al escoger el vestido que estaba usando.

–Vaya… esto es impresionante –exclamo Serena asombrada.

– Lo sé. La familia Kaioh sí que sabe organizar una fiesta –coincidió Ángel con ella–. Vamos, hay algunas personas que desean conocerte.

La pareja avanzo unos pasos hasta que se encontraron con un grupo de reporteros, camarógrafos y fotógrafos, que se mostraron insistentes en capturar una imagen de ambos

– ¿Te importaría, Serena? –le pregunto Ángel al ver la insistencia de los reporteros.

–Claro, adelante –respondió ella sonriendo.

Los fotógrafos bombardearon a Serena y Ángel con una serie de flashes mientras les tomaban varias fotografías, las cámaras no dejaban de tomarlos mientras los reporteros peleaban porque respondieran a sus preguntas.

–Señor Kaioh, ¿cómo se siente ante la expansión de los Hoteles Starlight en Europa? –preguntó uno de los reporteros.

–Muy contento, es algo que nuestra familia había estado esperando ver desde hace tiempo y es bueno ver que Londres es el inicio de ese sueño.

–¿Será que más adelante lo veremos sustituyendo a Artemis Kaioh en la presidencia de Starlight?

–Es precipitado decir eso, mi padre ha sido la cabeza de los Hoteles Starlight por más de 20 años y espero que siga siendo así durante mucho tiempo.

–Díganos, Ángel ¿quién es la señorita que lo acompaña esta noche? –inquirió una reportera.

–Su nombre es Serena Tsukino. Es una artista sumamente talentosa, pueden apreciar una de sus obras en el lobby del hotel

Ante la respuesta del pelinegro, todas las cámaras se posaron en Serena, tomándole muchas más fotografías que momentos antes.

–¿Desde cuándo mantiene una relación sentimental con ella, Ángel?

Serena se tensó al escuchar esa pregunta. ¿En verdad creían esos reporteros que eran pareja? Estaba por responder, cuando Ángel manteniendo la misma sonrisa y calma se le adelantó.

–Como les mencionaba, al tener una de sus pinturas en hotel Kensington, es un gusto que ella sea mi invitada de honor. Buenas noches y espero que disfruten de la velada.

Ángel condujo a Serena lejos de los periodistas, mientras estos seguían haciendo preguntas que no obtuvieron respuesta.

–Lamento que tuvieras que soportar eso, no pensé que fueran a preguntar algo así –se disculpó el pelinegro.

–Descuida, se lo inoportunos que pueden llegar a ser –respondió Serena, recordando cómo tras la muerte de Seiya algunos reporteros la acosaban, en especial cuando decidió no asistir a la inauguración de su propia exposición con tal de evitar a los medios.

–No pienses más en ello, mejor disfrutemos de la fiesta –comentó él sonriendo–. ¿Quieres una copa?

–Por supuesto, te lo agradecería.

El pelinegro notó que un mesero se acercaba, llevando una bandeja con varias copas de champan, tomo un par y le entregó una a Serena.

–Deberíamos brindar por esta noche –sugirió él alzando un poco su copa–. Por esta noche, porque disfrutemos de esta hermosa velada.

–Salud por eso.

Serena chocó ligeramente su copa con la de Ángel, bebiendo un trago del champan, sin percatarse de que un torbellino purpura se acercaba a ellos. Lo único que ella alcanzó a ver, fue a una adolescente vestida con un elegante vestido en tonos lila abrazaba al pelinegro con fuerza, haciendo que casi tirara su copa.

–¡Aquí estás! –exclamó la chica con alegría–. Todos están preguntándose en donde te habías metido. Y ni creas que escaparás de mí, aun me debes un baile.

–Lo sé, no lo olvido. Solo que fui a buscar a nuestra invitada, Diana. Compórtate y saluda como es debido a la señorita Tsukino.

–¿Tsukino? –musito ella sorprendida, volteando a ver a Serena ruborizada–. Lo lamento, no me había dado cuenta. Es un placer finalmente conocerla, señorita Tsukino, Ángel no deja de hablar maravillas de usted. Y él tenía razón, es realmente muy bonita.

Ahora fue el turno de Serena de ruborizarse ante las palabras de la chica. –Gracias. También es un placer conocerla, señorita…

–Kaioh, Diana Kaioh –respondió ella con una amplia sonrisa.

–Es mi hermana menor, Serena –explicó Ángel.

–¿Hermana? –musito la rubia sorprendida, tratando de asimilar esta nueva información. Ángel tenía una hermana, cuando Seiya solo tenía a sus dos hermanos, Yaten y Taiki.

–Sí, es la más pequeña de la familia. También tengo otra hermana, Michiru, es más joven que yo.

Asintió Serena, anotando mentalmente dicho dato sobre la familia Kaioh.

–Y como soy la encargada de buscarte, es mi deber llevarte junto a nuestros queridos padres –exclamó Diana sonriendo.

El pelinegro asintió y dejo su copa en una mesa cercana. Serena también dejo su copa en la mesa.

–Siendo así, ¿me permiten escoltarlas? –mencionó Ángel ofreciendo sus brazos a Diana y Serena, colocándose cada uno a su lado.

Tomada del brazo derecho del pelinegro, Serena camino junto con los hermanos Kaioh notando que Ángel trataba con mucho cariño a Diana, quien se mostraba feliz de estar presente en una fiesta como esa.

Siguieron caminando entre la gente, hasta que Serena noto que se acercaban a un pequeño grupo. Una pareja joven, en donde un hombre rubio y alto mantenía su brazo alrededor de la espalda de una mujer que lo miraba sonriendo, usando un delicado vestido en color turquesa digno de una alfombra roja. Con ellos estaba un hombre de mediana edad, con el cabello totalmente blanco por las canas sonriéndoles a los jóvenes mientras escuchaba su conversación. Junto a él, una mujer muy hermosa de cabellos negros y enormes ojos azules vistiendo un elegante vestido negro, siendo ella la primera en notar que Diana, Ángel y Serena se acercaban

La rubia se empezó a sentir nerviosa al notar que la mujer la observaba con detenimiento, a tal grado de que por un momento le pareció que dejo de prestar atención a su conversación a los demás con tal de mirarla. Lo cual fue confirmado cuando a solo unos pasos de ellos, algo le mencionó al hombre de cabello y a la pareja de jóvenes, quienes voltearon a ver a los recién llegados en cuanto se colocaron a su lado.

–¡Por fin apareces, hijo! –exclamó la mujer de cabellos negros.

–Siento mucho la demora, pero ya estoy aquí –expreso Ángel al grupo, tras lo que miro a la rubia–. Serena, permíteme presentarte a mi familia. Ellos son mis padres: Artemis y Luna Kaioh. Mi hermana, Michiru Kaioh. Y mi mejor amigo, además de ser el novio de Michiru, Haruka Tenoh

–Encantada de conocerlos –dijo la rubia sonriendo.

–Familia, permítanme que les presente a mi invitada de esta noche, la señorita Serena Tsukino.

–Es un placer y un honor finalmente conocerla –dijo él hombre de cabello cano tomando la mano de Serena y deposito un ligero beso en ella–. Debo felicitarla por su trabajo, nos complace que su pintura se encuentre en el hotel, dándoles la bienvenida a nuestros huéspedes en el lobby.

–Muchas gracias, señor Kaioh. ¡Y felicidades por el hotel! Es realmente precioso, parece un sueño este lugar.

–El Hotel Kensington es el sueño hecho realidad de nuestra familia, hace tiempo que anhelábamos realizarlo –mencionó Artemis complacido–. Parte de todo esto es gracias a Ángel. Espero que mi hijo ya le haya dado un tour por el hotel.

–Aun no, pero en cuanto sea posible me encantará ver todo lo que ofrece este lugar.

–Siendo así, te daré el mejor recorrido por el hotel, Serena –comentó Ángel sonriendo.

–También deberías llevar a Serena a recorrer la ciudad, hermano –dijo Michiru, intercambiando miradas con el pelinegro–. Después de todo, tienes que tratar como se merece a tu invitada.

–Descuida, ya tengo todo eso listo. Mi intención es que Serena disfrute al máximo de su estancia en Londres, empezando por esta velada.

S&S

Desde un extremo del salón del baile, Luna Kaioh observaba bailar alegremente a su hijo Ángel con Serena. Era difícil que pudiera evitar verlos juntos, en especial considerando que el pelinegro parecía dispuesto a cumplir su palabra y no se había separado de la artista durante la velada.

Pero lo que más llamaba la atención de Luna era la forma en que Ángel miraba a Serena, no recordaba haberle visto mirar con tanta alegría y anhelo a alguien. Si bien desde el accidente lo había visto adaptarse poco a poco a su nueva vida, una parte de él siempre estaba un tanto ausente, nostálgico, sabiendo lo mucho que lo molestaba su amnesia. En cambio ahora, por primera vez realmente lo veía feliz. Quizás fuera por los cambios que habían sucedido desde que había aceptado que nunca recuperaría la memoria y se había enfocado a vivir el presente, su trabajo con Artemis y Haruka en el hotel, trataba de pasar más tiempo con su familia y el haber conocido a Serena Tsukino.

Aun así, al ver bailar a la joven pareja no dejaba de pensar en que había algo más en la mirada del hombre que quería como un hijo más…

–Es como si se estuviera enamorando de ella.

Luna miro a su marido sin estar segura de creerle. Artemis bebía su whisky, contemplando con orgullo como su fiesta era el éxito que esperaba.

–Es notorio que Serena le atrae, puede que le guste, ¿pero enamorarse? ¿Lo dices en serio, Artemis?

–Solo digo lo que veo, Luna. Además, creo que sería bueno que Ángel se enamorara. Es lo que le hace falta para que siga adelante con su vida y finalmente se olvide del accidente.

–Tal vez tienes razón –musito ella con una pequeña sonrisa–. Aunque primero deberíamos de estar seguros de conocerla mejor, saber si realmente es una mujer libre.

–¿Por qué dices eso? –pregunto Artemis con curiosidad.

–Note que lleva un anillo de compromiso y una argolla de matrimonio en su mano izquierda. Quizás este casada.

–Ángel dijo que ella había venido sola desde Tokio.

–Quizás su marido se quedó en Japón. O tal vez tenga hijos…

–Mujer, te estas inventando historias en la cabeza. No sabemos si eso sea cierto.

–Solo digo que debemos estar seguros de que Serena Tsukino sea una mujer sin compromisos –respondió Luna con firmeza–. No quiero que Ángel se lleve una desilusión en caso de que no sea así.

–Estará bien. Creo que por primera vez debemos dejar de preocuparnos tanto por él.

–¿Cómo puedes estar seguro de eso, Artemis? –cuestiono ella con dudas.

–Simplemente míralo, Luna. Por primera vez se ve feliz.

La pelinegra miro a Ángel y Serena mientras seguían bailando, él hasta se reía de algún comentario que le había hecho la rubia y tuvo que reconocer que su esposo tenía razón, su hijo se veía feliz.

–Ángel ha dejado el accidente y su memoria atrás, ha aceptado su vida como es, es un hombre joven, atractivo, inteligente. La pareja ideal para cualquier mujer, y eso incluye a Serena Tsukino –mencionó Artemis bebiendo un poco de su copa–. Tenemos que dejarlo volar, Luna. Hemos cuidado de él por más de un año y medio, ya es hora de que haga las cosas a su manera. Y si eso incluye enamorarse de quien él quiera. Quizás ella este divorciada o viuda y pueda corresponder a sus sentimientos.

–En verdad eso espero, Artemis. Lo que más quiero es que Ángel sea feliz.

S&S

En el aire flotaba una suave melodía mientras Serena y Ángel se encontraban en la pista de baile. La rubia era consciente de que el pelinegro había tomado muy enserio sus palabras de hacer que disfrutara de aquella fiesta, tanto que ya hasta había perdido la cuenta de cuantas canciones habían bailado esa noche, pero debía reconocer que él era un buen compañero de baile y se adaptaban muy bien a los movimientos del otro. Solo con Seiya había tenido ese entendimiento al bailar.

Por momentos cerraba los ojos, dejándose envolver por la música y pensaba que el hombre que la sostenía entre sus brazos y la hacía moverse al ritmo de la música era Seiya, tal como lo había hecho infinidad de veces, ya fuese en alguna fiesta o cuando se encontraban a solas. Pero sabía que eso era una fantasía que quería creer en un intento desesperado por revivir el pasado. Con solo ver en la pista de baile a Haruka y Michiru, o a Artemis y Luna saludarla con la mirada, la devolvía a la realidad de que el hombre con el que bailaba se llamaba Ángel Kaioh.

Empezaba a creer que enloquecería por aferrarse a la idea de que Ángel Kaioh era su esposo, pese a las innumerables pruebas que había visto esa noche de que no era así. Quizás debía aceptar que el parecido entre Seiya y Ángel era pura coincidencia, en especial porque el hombre junto a ella llevaba una vida completamente diferente a la que alguna vez tuvo su esposo.

–Has estado muy callada, Serena. ¿Te encuentras bien?

Ella lo miro con una pequeña sonrisa. –Sí, estoy bien. Solo tengo un poco de sed. ¿Te importaría si vamos por una copa?

–Por supuesto, vamos.

La pareja se dirigió hacia la barra del bar, en donde tomó cada uno una copa de champan.

–¿Te estás divirtiendo?

–Claro que sí, Ángel –respondió ella–. No es el tipo de eventos a los que suelo asistir, ya que es la primera vez que estoy en una fiesta así, pero no me puedo quejar.

–Te entiendo. También es mi primera vez en una fiesta así, se lo abrumador que puede ser esto.

–Es curioso, pensé que habrías asistido a muchas fiestas tan lujosas y extravagantes como estás, en especial considerando lo importante que es tu familia.

–Sí, bueno… Me refiero a que… Tu sabes –musito el pelinegro con un nerviosismo que no le pasó desapercibido a Serena–. Es que estuve muy involucrado en la organización del evento, es la primera vez que lo hago y quería asegurarme de que todo saliera a la perfección.

–Por supuesto –asintió ella mientras daba un sorbo de su copa.

Ángel termino su champán y desvió un poco su mirada, frunciendo un poco el ceño.

–¿Está todo bien?

–No creo. Parece que Diana no se está divirtiendo tanto.

Serena miro en la dirección en donde miraba el pelinegro. A pocas mesas de distancias de donde se encontraban, vio a Diana sentada sola en una mesa con varios platos de pasteles frente a ella, mirándolos con una expresión de total aburrimiento mientras jugaba con un tenedor.

–Tal vez deberíamos ir con ella un rato.

La pareja se acercó a Diana, notando que la adolescente picaba un poco de un pastel de fresas sin mucho entusiasmo.

–Cualquiera que te viera diría que no te gusto ese pastel –comentó el pelinegro al estar cerca de su hermana.

Diana volteo a ver a Serena y Ángel, sonriendo un poco al verlos mientras la pareja se sentaba a la mesa. –Al contrario, esta delicioso. Aunque me gusto más el pastel alemán y el de platano.

–Se ven que están muy ricos –coincidió la rubia viendo aquellos pasteles–. Aunque deberían de probar el pastel de chocolate que prepara mi mamá, es algo maravilloso.

–¿Tu mamá es repostera, Serena? –pregunto Diana con curiosidad.

–Si. Ella y mi papá tienen una pequeña pastelería en Tokio. Cuando vayan a Japón los invitaré para que prueben sus pasteles.

–Suena bien, tiene mucho que no estamos en Japón –mencionó la joven con nostalgia.

–¿Es por eso qué tienes esa cara, Diana? –inquirió el pelinegro.

Diana negó con la cabeza. –Haruka dijo que iba a bailar conmigo, pero sigue con Michiru.

–Siendo así vamos a bailar un poco en lo que ellos vienen –comentó Ángel ofreciéndole la mano a su hermana–. ¿Te importa esperar aquí, Serena? Solo será por poco tiempo.

–Estaré bien. Sirve que mis pies descansan un poco de tanto bailar, quizás vaya a probar alguno de esos pasteles.

–De acuerdo. Si alguno se vuelve tu favorito, le diré al chef que te de la receta –dijo el pelinegro guiñándole el ojo, tras lo que él y Diana fueron a la pista de baile.

Serena se quedó sentada en donde estaba, mirando bailar a Ángel y Diana. Tenía que reconocer que le agradaba la más joven de los Kaioh, se notaba lo mucho que quería a su hermano mayor y al resto de su familia, se notaba lo unidos que eran.

Suspiro profundamente pensando en su familia, preguntándose que estarían haciendo Chibi Chibi, sus padres y los demás. Seguramente ya habría amanecido en Tokio y siendo fin de semana habría un almuerzo familiar en casa de sus padres. Mina, Yaten y Taiki pelearían por el título del tío preferido de Chibi Chibi, Ami y su mamá se reirían al verlos actuar como niños mientras que su papá les diría que se dejaran de juegos y lo ayudaran a poner la parrilla para que pusieran la comida. La rubia sonrió al pensar en aquella imagen, extrañaba mucho a su familia. Y al estar tan lejos de ellos, añoraba aún más la presencia de Seiya.

Quizás la distancia y la nostalgia que sentía por su hogar la habían hecho creer que Ángel Kaioh era en realidad Seiya. Habiendo conocido a la familia del pelinegro y viendo el mundo al que pertenecía y tan diferente al suyo, se empezaba a sentir una tonta por haber creído que eran la misma persona.

Miro su anillo de compromiso y su argolla de matrimonio, recordándose a sí misma que su marido jamás la habría abandonado por voluntad propia, fue la muerte quien se lo llevo y ella tenía que continuar con su vida, tal como lo había hecho desde que se fue.

–Son unos anillos muy bonitos, Serena.

La rubia se sobresaltó al ver junto a ella a Luna Kaioh.

–¿Te importa que me siente?

–Adelante, señora Kaioh –musito Serena con una pequeña sonrisa.

–Llámame Luna, por favor. Disculpa mi indiscreción, Serena, pero me han llamado la atención tus anillos. ¿Estás casada? ¿Tu esposo no te acompaño en este viaje? –inquirió la pelinegra con curiosidad.

–Estuve casada, pero… ahora soy viuda. Sigo usando mi anillo de compromiso y la argolla de matrimonio en honor a la memoria de mi marido.

–Lo siento mucho. Es lamentable que tuvieras que enviudar siendo tan joven –menciono Luna apenada–. Es solo que me llamo la atención su argolla de matrimonio, es muy bonita. ¿Podría verla mejor?

–Seguro –respondió la rubia con una pequeña sonrisa, extendiéndole su mano izquierda a Luna, quien examino la argolla de plata con atención–. Aunque lamentó no tener la que usaba mi esposo.

–¿La perdió tu querido señor Tsukino?

–Kou, mi esposo se llamaba Seiya Kou, por mi trabajo es que mantengo mi apellido de soltera. La argolla se perdió en el accidente automovilístico en el que murió, Seiya no la llevaba puesta cuando encontraron su cuerpo.

Luna miro a la rubia con curiosidad y envolvió la mano izquierda de Serena en las suyas.

–Lo lamento mucho, Serena. Has pasado por mucho, pero si de algo puedo estar segura es que las cosas mejoran con el tiempo. Eres una mujer joven, talentosa y bella, quizás más adelante nuevamente encuentres el amor.

Serena mantuvo la pequeña sonrisa en su rostro, luchando por mantener arriba las lágrimas que querían caer por su rostro.

–Discúlpeme, Luna, yo… necesito ir un momento al tocador –musito la rubia poniéndose de pie.

Luna asintió con una sonrisa, manteniendo su mirada fija en la rubia que se alejaba rápidamente al otro lado del salón. Cuando Serena se perdió de su vista, la mujer busco con la mirada a Ángel, viéndolo mientras hacía dar vueltas a Diana en la pista de baile.

La mujer soltó un largo suspiro mientras trataba de ordenar sus pensamientos. Ella tenía la argolla de plata que hacia juego con la de Serena y que la rubia creía perdida. Pero no podía decírselo, no cuando ni siquiera estaba segura de lo que su mente le decía, a pesar de que su corazón le decía que era cierto.

Tenía que descubrir la verdad antes de decidir qué hacer, aunque eso pudiera significar que perdiera a su hijo.

S&S

El lobby del hotel estaba prácticamente vacío, así que sin problemas Ángel pudo ver a Serena frente a su pintura, contemplándola. De alguna manera no le sorprendió al pelinegro encontrarla ahí, después de haberla buscado por todo el salón aquel le parecía el lugar más probable en donde ella estaría.

Ella aún no había notado su presencia, así que se quedó contemplándola un momento, guardando en su memoria lo hermosa que se veía esa noche en aquel vestido rojo, notando la delicadeza de su piel que dejaba expuesta. Le parecía mucho más hermosa que la pintura que la rubia contemplaba. Disfrutaba tanto de su compañía que iba a hacer que ella siguiera divirtiéndose esa noche.

Finalmente se acercó a ella, notando que la música de la fiesta aún se escuchaba levemente y se mezclaba con el sonido de sus pasos. Al llegar a su lado, la rubia volteo a verlo con una pequeña sonrisa, aunque en su mirada se encontraba grabada una tristeza enorme.

–¿Estás bien, Serena? ¿Qué sucede? –preguntó él, preguntándose qué habría pasado para que estuviera así. Pensaba que ella estaba disfrutando de la velada.

–Solo necesitaba un poco de aire y vine aquí –musito la rubia dando un suspiro–. Pensaba que es curioso que sea justamente está pintura la razón por la que estoy aquí.

–¿A qué te refieres?

–Hice esta pintura hace dos años –respondió ella regresando su mirada a la pintura–. Seiya era reportero y lo enviaron a Hiroshima a cubrir el aniversario de la caída de la bomba atómica. Esa vez lo acompañe porque suelen hacer varios eventos para conmemorar lo sucedido, así que disfrutamos juntos del festival que se realizó. Fuimos al Parque Memorial de la Paz de Hiroshima, había mucha gente ahí, familias, parejas, niños… Recuerdo haber pensado que a pesar de la tragedia, la ciudad resurgió de sus cenizas y ahora la gente vive feliz ahí. Eso fue lo que quise plasmar en la pintura.

Ángel observó la pintura. Muchas veces había estado contemplándola, pero ahora que sabía la historia que había inspirado su creación, la miraba con otros ojos. No solo los colores usados para darle vida al rio, los árboles y las flores que rodeaban a la pareja del bote, sino la vida que se reflejaba ahí, el saber que eran afortunados de estar en donde se encontraban en aquel momento.

–Lograste plasmarlo, Serena. Ese cuadro es prueba de que a pesar de los sucesos más terribles, siempre hay vida después y se puede seguir adelante.

–Sí, tienes razón –respondió ella con una pequeña sonrisa que no le llego a los ojos.

Viendo a Serena así, cargando esa tristeza que siempre trataba de disimular pero que nunca la abandonaba, Ángel se prometió a si mismo que haría todo lo que estuviera en sus manos para hacerla feliz. Sabía que no era una tarea sencilla, la rubia aun sufría por la pérdida de su esposo. Pero él sería paciente, daría lo mejor de sí para hacerla sonreír y ver reflejada esa felicidad en sus ojos.

Ella también merecía renacer de sus cenizas, sonreír y ser feliz.

–Quizás sea hora de que volvamos a la fiesta –menciono la rubia.

–Tengo una mejor idea –dijo Ángel–. ¿Qué opinas si damos ese tour que te debo por el hotel? Hay muchos lugares que estoy seguro de que te gustaran

–¿Y la fiesta?

–Descuida, nadie nos extrañara ahí ni notara nuestra ausencia.

–Siendo así, entonces vamos.

S&S

–De haber sabido todo lo que había simplemente aquí en el hotel, habría venido más preparada y hubiera guardado mi traje de baño en la maleta –comentó Serena sonriendo, mientras sus pies se encontraban sumergidos en el agua de la piscina.

–Ese no es un problema, te podría conseguir uno para que uses la piscina.

–No podría permitirlo. No después de todo lo que has hecho para que yo este aquí.

–Es lo mínimo que puedo hacer por ti, Serena, quiero que disfrutes al máximo el tiempo que estés en Londres.

–Lo hago, Ángel. No tiene ni veinticuatro horas de que llegue a la ciudad y cada momento ha sido único, sobretodo está noche –dijo ella sonriendo.

Ángel la miro sonriendo, notando que la tristeza en sus ojos se disipaba un poco y supo que le decía la verdad.

La había llevado a recorrer cada rincón del Hotel Kensington, le había mostrado su oficina, el spa, el gimnasio, el restaurante del hotel e incluso la cocina, de donde se habían llevado una charola con bocadillos junto con una botella de champán y un par de copas.

La fiesta en el salón de eventos aún seguía, a pesar de ser plena madrugada, mientras ellos se encontraban sentados a la orilla de la piscina con los pies dentro del agua. Habían conversado toda la noche, comido los bocadillos y bebido más de la mitad del champán. No tenían ni idea de que hora era, pero eso al pelinegro no le importaba, disfrutaba cada momento junto a Serena y no quería que la noche terminará aún.

–Ya es tarde, creo que debería subir a dormir –dijo la rubia mientras sus pies seguían jugando en el agua.

El pelinegro sentía que se le encogía el corazón, no quería despedirse de ella aún, pero tenía que reconocer que seguramente ella estaría cansada. Había sido un día muy largo para ambos.

–Antes de que nos despidamos, ¿podría pedirte un favor?

–Claro. ¿De qué se trata, Ángel?

–El último baile de la noche. ¿Podríamos bailar aquí y después decir buenas noches?

Serena lo miro por un momento que al pelinegro le pareció eterno, antes de asentir mientras sonreía.

Ángel se levanto y ayudo a la rubia a incorporarse, sosteniéndola entre sus brazos. Noto la calidez del cuerpo de ella y como se ruborizaba ante la cercanía de ambos.

–Tal vez... debería ponerme mis zapatillas primero antes de que bailemos –musito ella.

–No te he pisado en toda la noche y prometo no empezar ahora, Serena –respondió Ángel mientras empezaba a balancear su cuerpo, guiándola para que se moviera junto con él.

No tenían música no fue impedimento para que bailaran, tal como lo habían hecho toda la noche. Aún así, el pelinegro empezó a cantar mientras miraba a los ojos a Serena

I could find the whole meaning of life in those sad eyes... They've seen things that you never quite say, but I hear... Come out of hiding, I'm right here beside you... And I'll stay there as long as you let me.

Serena mantenía su mirada en la suya, lo que hacía sentir a Ángel como si ella no solo lo mirara a los ojos, sino que buscará mirar en su alma. La estrecho más fuerte en sus brazos, mientras él le seguía cantando.

Because you matter to me... Simple and plain and not much to ask from somebody... You matter to me... I promise you do, you, you matter too... I promise you do, you see?... You matter to me...

Lentamente, Ángel acercó su rostro al de la rubia, cerró sus ojos y sintió como sus labios rozaban los de ella...

Pero el sonido de la puerta de acceso a la piscina al cerrarse con fuerza los sobresaltó y Serena se separó de él rapidamente.

–Yo... Buenas noches, Ángel.

Serena tomó sus zapatillas doradas y salió corriendo del lugar.

Ángel se sorprendió al verla irse tan deprisa. Maldijo en voz baja a quien fuera que los hubiera interrumpido mientras la besaba y corrió tras la rubia.

No la vio en el pasillo, así que se dirigió hacia los elevadores, quizás podría alcanzarla antes de que subiera a su suite. Al llegar ahí, supo que había llegado tarde al no verla ahí y solo hallar una de las zapatillas de Serena.


¡Volví!

Lo sé, tardé mucho en publicar por aquí pero finalmente les traigo este capítulo para consentirlos y vaya que las cosas se están poniendo interesantes por aquí. Me encantaría saber que piensan al respecto, así que no olviden dejar su review.

Antes de irme, la canción que canta Ángel se llama "You Matter To Me" interpretada por Sara Bareilles y Jason Mraz, por si quieren escucharla completa. La dejaré también en mi página en FB para que la escuchen por ahí.

XOXO

Serenity Rose Kou