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A finales de la tercera semana de Diciembre la familia Gardiner visitó Longbourn. Para este momento el plazo de Jane para el regreso del señor Bingley había expirado y ella se sentía liberada de sus esperanzas al respecto. La señora Bennet seguía insistiendo en que él vendría, Jane la escuchaba y asentía, pero internamente ignoraba los comentarios.
Los Gardiner estaban enterados de la verdad sobre Elizabeth, sin embargo, pesó sobre ellos que ahora su sobrina supiera aquella información. Ellos jamás le habían dado un trato diferente por no ser una hija legítima de la familia, sino todo lo contrario, la habían colmado de amor y entendimiento, y ahora les dolía pensar que ella pudiera verlos de manera diferente.
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Entre otras cosas que sucedieron, Wickham, con todo y su supuesta buena amistad con los Bennet, pronto se aburrió del estado miserable de Elizabeth. Él siguió tan encantador como siempre, con excepción que ahora estaba comprometido con la señorita Mary King, una chica que había heredado diez mil libras de un pariente.
Collins regresó al final del mes para casarse con Charlotte, solo que esta vez no fue hospedado en Longbourn. La ceremonia fue sencilla, tal y como se podía esperar de una familia sin demasiado dinero y con una hija desposada por un párroco. Los habitantes de Longbourn fueron invitados y, unos con genuina felicidad y otros con falsa alegría, presenciaron como la señorita Lucas se convertía en la señora Collins. Feliz fue el día en el que Lady Lucas vio partir a la mayor de sus hijas, ahora podía ocuparse de casar a los demás.
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Una tarde, en confidencia con sus tíos, Jane les pidió que llevaran a Elizabeth a Londres por algunas semanas. La actitud desenfadada del señor Benet poco hacía por aliviar las infinitas dudas que asaltaban a Elizabeth.
—Todo estará en que ella acepte, Jane—, comentó el señor Gardiner. Él estaba preocupado por su sobrina, a quien consideraba una hija—¿Y qué hay de ti, no deseas unirte a tu hermana en la capital este invierno?
—Alguien tiene que cuidar a mamá y mis hermanas, tío. Agradezco la oferta, pero creo que quien realmente necesita un cambio de lugar, al menos por un tiempo, es ella.
—Ella parece tranquila, Jane—dijo Madeline Gardiner—, quizás un poco menos rápida en su humor, pero no parece tan afectada; aunque creo que tú debes tener otra apreciación de cómo ha sobrellevado esto.
—Ella está tranquila, tía, pero también la escucho llorar por las noches, cuando ella cree que todos duermen—después de una pausa, Jane comentó—; Creo que mi padre rompió el corazón de Elizabeth.
—Tristemente no podemos reparar eso. Podríamos intentar hablar con el señor Bennet, pero no creo que sirva de algo si no podemos ayudar a Elizabeth a conocer la verdad sobre ella misma—Madeline hizo una pausa y con nueva curiosidad preguntó—Mi duda ahora es, ¿qué hay de tu corazón, Jane? Tu madre menciona a un señor Bingley.
—Claro que ella lo hace, y por ahora dejaré que así lo siga creyendo— después de unos instantes de dudar, ella agregó—, cuando los Bingley dejaron Netherfield, la hermana del señor Bingley me escribió para decirme que no volverían durante el invierno y que una unión entre la señorita Darcy y el señor Bingley era un evento esperado por las dos familias. No le mostré la carta a Elizabeth porque la alteraría, más de lo que ya está. Al leerla, me obligué a pensar en cómo fueron todas las interacciones que tuvimos, y me di cuenta que las hermanas de él jamás alentaron tiempo entre el señor Bingley y yo juntos. Si ellas no me aceptan porque hay alguien más, no tiene caso seguir por ese camino.
—¿Entonces estás resuelta a olvidar a este muchacho?—finalmente volvió a hablar el señor Gardiner.
—Sí. Sé que si voy a Londres, estaré tentada a visitar su casa y no quiero que piensen que estoy persiguiendo al señor Bingley. Además, me preocupa más Elizabeth; ella tiene demasiadas preguntas que no podemos contestar, tal vez el viaje a Londres por lo menos la ayudará a distraerse un poco, al menos hasta que ella sea capaz de conciliar todo consigo misma.
La seguridad con la que los Gardiner escucharon hablar a su sobrina fue un interesante descubrimiento. Jane jamás había sido cobarde, pero su temperamento siempre amable era confundido con falta de valor. Ahora, parecía como si el ver lastimada a Elizabeth hubiese despertado en ella un nuevo orgullo e instinto de protección; su mirada se había hecho un poco más severa y hasta se había atrevido a reprender a sus hermanas por actitudes inapropiadas.
Sin el respaldo del señor Bennet era difícil controlarlas, pero poco a poco, Jane había empezado a convencer a su madre de que al menos Kitty y Lydia necesitaban menos libertades. Fue aquí cuando Jane empezó a hacer uso de la manipulación. Bajo la idea de que el señor Bingley y otros caballeros con iguales fortunas jamás se asociarían con una familia con hijas que en cualquier momento deshonrarían el buen nombre, Jane empezó a controlar a sus hermanas menores a través del miedo de la señora Bennet. Kitty y Lydia no estaban complacidas y Jane sabía que estaba engañando a su madre, pero para el final de Diciembre, ya había señales claras de una mejora en el comportamiento.
Unos días más tarde la idea del viaje de Elizabeth a la capital fue aprobada; la señora Bennet vio con buenos ojos la partida de su segunda hija a Londres. Si bien la relación entre ellas siguió mejorando, ver la cara triste de su hija le causaba un dolor que no sabía cómo manejar. Sin importar cuántas veces Fanny le reafirmara a ella no estaba sola, los ojos de Elizabeth reflejaban miedo, y la más profunda de las melancolías.
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Robert Walden era un muchacho bien parecido que un día, si Dios se lo permitía, portaría los títulos de vizconde y eventualmente el de Conde de Northampton; Lord Matthew era su padre y el actual Vizconde de Denton. A diferencia de su hermano y hermana menores, él gozaba de tener buena amistad con Fitzwilliam Darcy, quien era mayor que él por tres años y había conocido en Cambridge.
Robert tenía en buen concepto a Darcy, aunque orgulloso y lleno de contradicciones. A menudo coincidían en Londres y se reunían para renovar la amistad. Una de sus reuniones tuvo lugar en la capital, durante el mes de Diciembre, después de que Darcy dejara Netherfield con la familia de Bingley.
Robert disfrutaba la conversación inteligente de Darcy, sin embargo, en esta ocasión no fue el caso. Lo que él terminó escuchando fue el relato "Los infortunios de Bingley en el amor, edición número 7", una historia llena de absurdos que a Robert solo lo dejaron disgustado.
—Entonces, déjame ver si entendí, Darcy. Bingley estaba enamorado de una muchacha cuyo único fallo es no tener suficiente dinero y comportarse con reserva. Él dejó su finca para venir a Londres y después ustedes lo siguieron, para evitar que regresara a cumplir con las expectativas que elevó en la señorita.
—El tono en el que lo dices es acusatorio, Walden—se defendió Darcy.
—Con toda la intención—aseveró Robert— ¿Qué hay de malo en enamorarse de alguien con menos dinero que tú? Bingley tiene derecho de buscar la felicidad sin tener que ser validado por sus hermanas o por ti.
—Suenas como todo un verdadero romántico, Walden—, dijo Darcy en tono condescendiente—, Me gustaría saber qué pensaría tu abuelo y tu padre si tomaras por esposa a una muchacha con mil libras de dote, parientes comerciantes y una familia donde la mayoría son una vergüenza en público.
—Con el riesgo de sonar ridículo ante ti, declaro que soy un romántico, Darcy. Cada uno de mis hermanos y primos está en la libertad de casarse donde mejor le acomode. Si mañana mi hermana decidiera casarse con un comerciante, mi padre respaldaría la decisión de ella, siempre y cuando el hombre fuera alguien honorable y que la amara de verdad. Yo tengo la misma libertad— y mirando a su amigo directo a los ojos, Robert dijo—el día que decida desposar a una mujer, será porque nos amamos.
—¿Qué hay de la respetabilidad del título que debes mantener?
—Darcy, hay una historia que no compartimos a menudo y que te voy a contar— empezó Robert y tras un silencio frío, declaró—, mis tíos aún lamentan la muerte de mi tía Emily. Mi padre la consideraba como una hermana pequeña y aún lo veo sufrir cada vez que él ve su retrato. Los padres de ella censuraron una unión de amor que desembocó en una tragedia. Mi familia perdió a alguien que amaba, mi tío Blake perdió al amor de su vida. ¿Quién eres tú para determinar el afecto de Bingley?—los ojos de él reflejaban una combinación de tristeza y reproche— Si tienes dudas, ve y pregunta a la muchacha cómo se siente, usa ese juicio para mirarla a los ojos y saber si miente. Si esperabas encontrar a alguien que aplaudiera tu intervención, me temo que no puedo hacerlo.
—Ella jamás manifestó afecto por él, Walden. ¿Crees que soy tan cruel como para separarlo si el amor fuera mutuo? Si ella hubiese dado la más mínima señal de afecto yo no habría dudado en hacerle saber eso a Bingley.
—De lo que hablas es una espada de dos filos, Darcy. Te conozco para saber que si ella hubiese mostrado afecto la habrías acusado de descarada. Tú estás determinado a pensar lo peor de todos los demás cuya riqueza y nombre están por debajo de ti.
—Y tú pareces firme en creer lo peor de mí—reclamó Darcy mientras cruzaba sus brazos. Robert entendió que empezaba a acercarse a un punto decisivo.
—Escucha Darcy, no voy a pelear por lo que le has hecho a Bingley. Si él no confía en su propio juicio, es su problema. Quizás y hasta le hiciste un favor a la señorita, con lo insoportables que son las hermanas de él, ella solo sería el blanco de burlas y desdén.
—No me arrepiento de haber actuado en nombre de mi amistad con Bingley. No puedes juzgar mis acciones ya que no conoces ambas partes como yo lo hago.
—Punto aceptado, señor.
Robert miró a su alrededor, de pronto se sentía alterado como para continuar en compañía de su amigo. Darcy podía tener un buen corazón y ser gentil, pero eran muy pocas personas las que tenían acceso a esa versión del dueño de Pemberley. No había mucho que hablar después del desacuerdo entre ellos y se despidieron en términos de mínima cortesía.
Darcy sabía que Robert pronto entendería sus acciones y no le concedió mucha importancia a la opinión de él, aunque sí encontró la información proporcionada por Robert como desconcertante; al parecer, incluso después de seis años de amistad, había demasiado que no sabía de los Walden. Por el contrario, después de largo rato de reflexión, Robert determinó que tanto Bingley y Darcy no merecían más tiempo de él por el momento; Darcy no cambiaría de opinión y Bingley no tendría el valor de ir a buscar a la señorita a menos que tuviera el respaldo de los demás. La dama estaba mejor sin los Bingley.
Darcy regresó a su casa y Robert con su familia. Después del almuerzo con Darcy, Emily y Daniel se unieron a su hermano mayor para dar un paseo en sus respectivos caballos.
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La idea de visitar Londres parecía funcionar y pronto el cambio de gente y el bullicio de la ciudad mejoraron un poco el estado de ánimo de Elizabeth. A veces ella acompañaba a su tío en los negocios, o estaba con su tía y sus primos. Cuando ella llevaba unas tres semanas en la capital, su tía le dijo que podrían ir de paseo a Hyde Park. Era invierno, pero Elizabeth encontró que un largo paseo era justo lo que necesitaba.
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El grupo de hermanos Walden estaba a mitad de su recorrido cuando Daniel se detuvo. Emily lo observó y vio como el semblante de su hermano gemelo palideció. Robert buscó lo que tenía a sus hermanos absortos, entonces los tres sintieron un escalofrío.
No creían en los fantasmas, pero por el momento, parecía la única explicación para que Emily Blake, o una versión más adulta de Emily Spencer, caminara hacia ellos.
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