4
Ellos la conocían; habían crecido rodeados de historias sobre ella, habían visto su retrato en el hogar de su abuelo, en la casa de los Spencer. A pesar de las memorias nubladas de Robert y el desconocimiento de Daniel y Emily, ellos sabían quién era ella.
Los hermanos Walden siguieron el carruaje de los Gardiner hasta que este se detuvo en la calle Gracechurch en Cheapside. No era Westminster, pero tampoco era la peor de las áreas. Una vez que vieron la casa donde el carruaje se detuvo y a sus pasajeros descender, ellos volvieron a la casa Walden, donde un plan para acercarse a ella empezó a tomar forma.
-o-
Tres días posteriores al paseo por Hyde Park, Elizabeth acompañó al señor Gardiner a los almacenes donde él vendía su mercancía; era un lugar lleno de cosas de todo el mundo en donde ella jamás se aburría. Fue ahí donde una mujer elegantemente vestida se aproximó a ella para preguntarle sobre dónde se localizaban las sedas. Elizabeth tuvo a bien ayudarle y pronto caminó con ella hacia esa parte de la tienda.
Ese no fue el único encuentro con la elegante mujer, quien regresó dos días después acompañada de su esposo y su hija. Para esta segunda visita, Elizabeth y su tío supieron que los adinerados clientes eran la familia Walden, y quienes ellos acababan de conocer eran el Vizconde y vizcondesa de Denton así como a su hija.
Pese a la diferencia de posiciones entre familias, los Walden mostraron gran amabilidad y respeto por el señor Gardiner y Elizabeth. Lady Denton hizo múltiples compras de telas con su hija y Lord Denton adquirió algunas piezas talladas en maderas finas. Elizabeth pudo platicar con la hija del Vizconde y la encontró divertida y amigable.
La tercera visita de Lady Mary y Lord Denton fue diferente y se trató de una ocasión en la que ellos sabían que Elizabeth no estaría en la tienda del señor Gardiner. Ellos llevaban el retrato de una mujer y muchas preguntas que necesitaban respuestas.
El señor Gardiner los saludó con la misma alegría que las veces anteriores y pronto ellos solicitaron un momento privado en las oficinas de él. Unos minutos la conversación giró alrededor de las últimas compras hechas, para sin sutileza, moverse al tema que Lord Denton había esperado mencionar desde el primer momento que vio a Elizabeth.
El señor Gardiner escuchó al vizconde hablar sobre la señora Emily Blake, quien antes de su matrimonio había sido la señorita Spencer. Sin mayor preámbulo, él mostró el retrato al señor Gardiner.
—Ya decía yo que un montón de telas no podían ser tan interesantes para una familia como la suya, mi lord—, dijo Gardiner. La mujer del retrato bien podía ser Elizabeth.
—No estamos seguros, señor Gardiner—, intervinó Matthew— es solo que usted presentó a la señorita Bennet como una sobrina. Díganos por favor, ¿es ella hija nacida de la señora Bennet?
—No, mi lord—, reconoció él, sin titubeos—, Elizabeth fue criada con la familia de mi hermana en Longbourn, Hertfordshire. Mi cuñado, Thomas Bennet, heredó la finca familiar a la muerte de su hermano Frank Bennet.
—¿Frank Bennet?—interrumpió Lady Mary y dirigiéndose a Matthew, le dijo—, ese era el nombre del amigo de Alexander.
—Por favor, señor Gardiner, continúe—, pidió Denton, su voz demostraba lo alterado que se sentía.
—Frank Bennet escribió, antes de morir, que él asumió la responsabilidad de la hija de un amigo que conoció en Cambridge, segundo hijo de un caballero en el condado de Norfolk. Frank se hizo cargo después de que él se enteró, por viva voz de la madre de Elizabeth, que él esposo de ella había fallecido. Tenemos entendido que ella enfermó semanas después de dar a luz y la noticia fue fatal para ella. Frank trajo a la niña hasta Longbourn, lamentablemente, él murió unos seis meses después; entonces mi cuñado Thomas fue quien se hizo cargo de la finca y de Elizabeth.
Matthew y su esposa apenas podían creer lo que habían escuchado. A ellos les había sido dada una versión diferente de los hechos.
—Señor Gardiner—empezó Matthew—, el esposo de mi prima Emily se llama Alexander, es originario de Houghton, en Norfolk. Es hijo del difunto señor Vincent Blake y hermano menor de Ernest. Él dejó los estudios en Cambridge para unirse al ejército, sin embargo, él no falleció, tal y como le fue dicho a Emily; él actualmente se encuentra en servicio. Cuando regresó a Norfolk, fue informado que tanto Emily como su hija habían muerto.
El silencio se hizo presente después de lo dicho por Matthew, hasta que el señor Gardiner volvió a comentar sobre el lugar de origen del señor Blake.
—Cuando Thomas llegó a Longbourn, entre la correspondencia de su hermano encontró la dirección de una finca de un tal señor Ernest Blake. Tengo entendido que él escribió para intentar averiguar si el señor Blake sabía algo de la bebé que Frank cuidaba, pero éste negó cualquier relación o información referente a la procedencia de Elizabeth—a pesar de la incertidumbre por cómo podía ser interpretada su pregunta, el señor Gardiner de igual manera cuestionó—; Espero no ofenderlo, mi lord, pero ¿por qué la señora Blake, sabiendo que su esposo había fallecido, pudo haber preferido dejar a su hija con el amigo de su esposo que con alguno de ustedes?
Lord Denton llevó sus manos a su cabeza y cerró los ojos por un momento, era como si él pudiera escuchar de nuevo a su padre discutir con Lady Virginia y el señor Spencer. Matthew recordó a Henry y lo alterado que él estaba por la terquedad de Lady Virginia, quien insistía en que su hija estaba pérdida para siempre. Ese día dejaron Kent sin el más pequeño indicio de donde podría estar Emily. Tuvo que pasar casi un año para que Matthew convenciera a su tía de darle información sobre ella.
—Temor, señor Gardiner—, respondió Denton después de un rato—. Mis tíos estaban por anunciar el compromiso de Emily con el Vizconde de Liss. Ella huyó de esa vida para casarse con un teniente que conoció en Londres, ¿Cómo cree que ellos lo tomaron? Ellos le dijeron que jamás la recibirían, que a partir de ese momento ella dejaba de ser su hija— él hizo una pausa prolongada, su mirada se perdió en la imagen de su prima y agregó—, Lo que puedo decirle es que Emily se equivocó en algo, ella creyó ciegamente en las palabras de mi tía. Supongo que ella quiso proteger a su hija de la ira de su propia familia. Me hubiera gustado que Emily hubiese tenido más fe en todos nosotros—, confesó Lord Denton, con voz apagada.
—¿Entonces realmente usted cree que sea posible?—preguntó Gardiner.
—Sí, lo que usted nos ha dicho es suficiente para creer que la señorita Elizabeth Bennet es en realidad la hija de mi prima Emily y su esposo Alexander Blake.
El señor Gardiner asintió, resignado. Siendo honesto consigo mismo, él también estaba convencido de que no era solo una extraña coincidencia del destino. La información tenía sentido y el parecido con el retrato era impresionante.
—Cuando finalmente convencí a mis tíos de decirme algo sobre el hombre con quién mi prima se casó, fui a Houghton. Ahí conocí a Ernest, él me dijo que tanto Emily como su hija habían muerto, y que ni siquiera Alexander lo sabía aún por estar fuera del país. En ese entonces no teníamos motivos para creer que Ernest nos estaba mintiendo.
—¿Y por qué el tío de Elizabeth haría algo así?—respondió exaltado Gardiner.
—Creemos que la razón es algo tan simple como los celos, señor. Lo peor es que no hay manera de confrontar todo con él, Ernest falleció hace un par de años.
—¿Y a pesar de la muerte de su hermano, el señor Blake continúa como militar?
—Alexander podría haber optado por renunciar a su trabajo en el ejército y hacerse cargo de la finca, pero no es una vida que le atraiga. Tenemos la idea de que sin Emily nada tuvo sentido para él y, de alguna forma, el ejército es su manera de sobrellevar la pérdida.
—No volvió a casarse—, comentó el señor Gardiner en tono afirmativo y el Vizconde lo confirmó.
Se compartió más información y después, lo siguiente en la conversación fue decidir cómo podrían enfrentar a Elizabeth a esta nueva información. Posterior a debatir cuál sería la acción más adecuada, Gardiner resolvió que debía escribirle a Thomas para informarle de lo sucedido y pedir su presencia en la capital.
Edward Gardiner no era indiferente a este descubrimiento, Elizabeth era una de sus sobrinas favoritas y ahora sentía que estaba a punto de perderla. Él esperaba que Thomas tuviese disposición de visitar Londres, de otra manera, no imaginaba cómo podría decirle al Vizconde que el señor Bennet se negaba a tal reunión.
-o-
Esa noche, Matthew habló con su padre, el conde de Northampton, Lord Robert Eliot Walden. Eliot escuchó a su hijo con la esperanza en su corazón creciendo a cada palabra. Durante años, él había odiado a su hermana, Lady Virginia, por haberle mentido a Emily respecto a que nadie la recibiría por haberse casado con alguien como Alexander.
Eliot sabía que Emily podría haber hecho una unión con un hombre con título, pero también sabía que su sobrina era una mujer con determinación. Emily se había formado entre los hijos de Lord Walden; Matthew, Lewis y Carlton, quienes le habían infundido un poco de su espíritu salvaje. Al no tener hijas propias, el conde y su esposa aprovecharon cada ocasión posible para llamar a Emily y que ella pasara tiempo con los Walden; era esta la causa de un lazo estrecho entre ellos.
—¿Crees que de verdad es hija de Emily, Matthew?—preguntó el conde mientras sus ojos observaban el retrato de sus hijos y sobrinos.
—Sí, padre. La he visto ya suficiente como para distinguir los rasgos; su abuelo estaría satisfecho de ver la dominancia de las facciones de los Spencer sobre las de Blake o Walden. Tiene la misma mirada alegre que Emily.
—¿Cuándo vuelve Blake?—volvió a cuestionar el Conde—, de ser cierto todo esto, no será fácil para él descubrir todo el daño que su hermano hizo.
—Lo sé, pero él tendrá que enfocarse en lo que ha ganado ahora. Él está por recuperar a la hija que lleva años deseando conocer. Se supone que él regresará a finales de marzo, si los planes en el campo de batalla no cambian demasiado.
—¿Ella sabe la verdad o será también una sorpresa la posibilidad de descubrir que la familia con la que creció le ha escondido ese hecho?
—A ella le dijeron a finales de noviembre acerca de no ser hija nacida de los Bennet— Matthew hizo una pausa y añadió—, padre, tenemos que pensar en Jonathan y Lady Virginia.
—Esa mujer se puede ir al infierno, muchacho. Iré a ver a esta señorita, si estoy convencido procederemos a acercarnos a ella con la verdad y conocer a la familia que la cuido. Virginia no sabrá nada hasta que Blake este aquí, después de eso, yo me encargaré de lidiar con ella— su voz era grave y casi como un regaño—, ¿Qué lograste averiguar de la familia con la que ella creció?
—Thomas Bennet era segundo hijo y a la muerte de su hermano él tomó posesión de la finca; se casó con Fanny Gardiner, hija de un procurador. Tienen cuatro hijas más, la más grande de ellas dos años mayor que Elizabeth y la más joven de unos quince años.
El Conde asintió, en su mente ya estaba haciendo planes que ejecutaría de ser confirmada la creencia de que la señorita Elizabeth Bennet era hija de Emily.
-o-
Thomas Bennet recibió una carta urgente de Londres, donde en términos precisos, Gardiner le informaba de los hallazgos relacionados con el pasado de Elizabeth. Él entendía que sus palabras la habían lastimado, pero más le frustró cómo ella de forma tan repentina se había inclinado por la compañía de Fanny, una mujer que múltiples veces había criticado su belleza y el atrevimiento de muchas acciones. ¿No había sido él quien le inculcó el amor por los libros? ¿No había sido él quien la había librado de una mentalidad que solo pensara en listones y bailes?
Él sentía furia y tristeza por la posibilidad de perder a la única de todas sus hijas que consideraba inteligente. Para él, Jane era noble pero carente de sustancia, Mary una muchacha ridícula y aburrida, y Kitty y Lydia estaban destinadas a ser tan tontas como su madre.
El señor Bennet redactó la respuesta y la mandó de inmediato. Si le iban a quitar a su hija, al menos él tendría el gusto de haberlos hecho venir hasta Longbourn, sin importar cuán importantes eran las personas involucradas.
-o-
Una cuarta visita fue hecha por la familia Walden a los almacenes del señor Gardiner. El Conde de Northampton, acompañado con su hijo, fue en esta ocasión. El señor Gardiner había organizado que Elizabeth estuviera ese día, esta visita era solo para que el conde pudiera ver por sí mismo a la señorita que mantenía las esperanzas de Matthew vivas.
Elizabeth saludó a Lord Denton, quien le agradaba bastante. Él hizo las presentaciones y, en el momento en el que la mirada del conde se cruzó con la de ella, él tuvo la sensación de que volvía a tener a Emily Spencer frente a él.
4
