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El señor Gardiner casi pudo leer a través del sobre cerrado la negativa del señor Bennet de presentarse en Londres. Él sabía que Thomas detestaba la capital y ni siquiera algo tan importante lo haría venir. La reunión con el Conde era ese día y él estaba nervioso, Thomas le había dicho que todo se resolvería en Longbourn, sin embargo, Gardiner consideró que Elizabeth necesitaba saber la verdad ya.
—Señor Gardiner— dijo al final de la visita el Conde—, ¿Por qué no vienen a cenar mañana, o esta noche, si es que fuera posible? Creo que ella realmente necesita ver las pinturas de mi galería, creo que ella es la hija de mi sobrina.
—¿Tiene ya noticias del señor Bennet? —cuestionó Lord Denton.
—Mi cuñado desea que las explicaciones se hagan en Longbourn, mi lord. Él es un hombre que no gusta de venir a Londres y me temo que en este asunto su opinión es firme—, dijo Gardiner con el rostro enrojecido de vergüenza.
—No hay problema, señor Gardiner, haremos las cosas como el señor Bennet espera que se resuelvan. Él tiene derecho, ha sido él quien ha visto por ella todos estos años.
—Me apena mucho ponerlos en esta situación, mi lord—comentó dirigiéndose hacia Lord Denton.
Después de que el conde le reiteró al señor Gardiner que no había problemas y se acordó una cena para el día siguiente, los Walden se despidieron. Gardiner fue en busca de su sobrina y juntos regresaron a la casa con el resto de la familia.
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En el camino de regreso a Gracechurch, el señor Gardiner estuvo inusualmente callado. Después de analizar la evidencia y haber conocido al Conde de Northampton, él estaba seguro de que era momento de decirle a Elizabeth sobre lo sucedido entre los Walden.
—Lizzy—comenzó él, después de unos minutos de silencio—¿No te parece que los Walden son unas personas agradables?
Elizabeth sonrió hasta el punto de dejar escapar una risilla, el tiempo en el que ella platicó con el conde, le pareció uno de los hombres más divertidos que hubiese conocido jamás.
—Me gustó Lord Northampton, creo que él no se toma tan enserio a sí mismo como lo harían otras personas que provienen de familias importantes. Él es un hombre con título y sus modales son muy agradables, incluso él platicó unos instantes con Joe—, aunque ella no lo dijo, el señor Gardiner captó la referencia al señor Darcy, cuya impresión de desdén hacia la gente de Meryton aún era recordada por Elizabeth.
El señor Gardiner se detuvo y miró a su sobrina con tristeza. No había vuelta atrás sobre lo que él estaba por decir.
—Lizzy, la reunión de hoy con el conde y su hijo, no tiene que ver solo con que ellos estén buscando en qué invertir su dinero—ella lo miró confundida pero no interrumpió lo que él tenía que decir—. Ellos trajeron el retrato de una mujer idéntica a ti, ella falleció hace casi veinte años. Los Walden creen que tú eres la hija de Emily Blake, sobrina del conde de Northampton, Lizzy.
Elizabeth quería decir que eso era un error, pero la insistencia de las tres visitas en la que convivió con ellos era una clara señal de interés en el asunto. El señor Gardiner procedió a explicar lo que había sucedido en la reunión donde solo estuvieron el Vizconde y su esposa; y cómo los nombres y circunstancias de aquel momento, formaban una historia a la que se podía atribuir bastante credibilidad.
—Nos han invitado a cenar mañana, quieren que veas por ti misma los retratos. Realmente creo que eres quien ellos piensan, Lizzy—, él hizo una pausa y agregó—, también me dijeron que Alexander Blake, el hombre que podría ser tu padre, está vivo.
Elizabeth sostuvo la mano de su tío para no perder la compostura, eran noticias que ella jamás hubiera esperado recibir. Él cuestionó si ella deseaba ir.
—Necesito saber si es verdad o si en todo caso, es solo una coincidencia de la naturaleza mi parecido con la sobrina del Conde. Desde que me dijeron sobre esto en Longbourn, siento que algo dentro de mí no puede permanecer en paz, tío.
—Ya lo imagino, Lizzy. He escrito al señor Bennet sobre esto, los Walden tienen la intención de ir a Hertfordshire si tú aceptas la idea.
—¿Si es verdad, qué pasará después?—preguntó Elizabeth con la voz casi inaudible, ella sentía un nudo en su garganta por la posibilidad de haber encontrado, o haber sido encontrada por su familia legítima. El señor Gardiner ya había pensado en lo que podría suceder y aunque no le gustaba la idea de que ella tuviera que apartarse de los Bennet, era algo que no podía descartarse.
—Supongo que ellos te querrán conocer, y tú a ellos. En su momento lo veremos.
Ellos continuaron con el tema, había demasiadas dudas y ansiedad por la llegada de la cena del día siguiente.
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Mientras Elizabeth y su tío conversaban sobre los posibles cambios que esto traería para ellos, en una casa en Grosvenor, en la zona de Mayfair, Caroline y Louisa conversaban con su hermano. Como otras veces, ellas estaban haciendo esfuerzos de convencerlo de la falta de afecto de Jane hacia él. Parecía funcionar, ya que después de más de dos meses sin tener noticias de Hertfordshire, él creyó que ella lo había olvidado.
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Uno de los últimos días de enero, Bingley tuvo la suerte de encontrar a los gemelos Walden, Emily y Daniel. A ellos los conocía a través de Robert, aunque Bingley no podía reclamar la misma amistad con ellos que con el mayor de los hijos de Lord Denton.
Emily y Daniel eran un par bastante impertinente cuando estaban juntos y gran parte de su comunicación la realizaban a través de un lenguaje no hablado. Eran capaces de entenderse con miradas y gestos casi imperceptibles para los demás; y diferencia de Robert, que tenía modales que mostraban mayor amabilidad, ellos hablaban con menos delicadeza.
Después de saludar a Bingley con toda la cortesía posible, Emily no pudo resistir el impulso de preguntarle por los planes de Netherfield, incluso si se suponía que ellos no sabían sobre eso.
—¿Ya ha decidido usted en qué lugar probará su mano manejando una finca?— preguntó ella de manera inocente.
—El otoño pasado renté una propiedad en Hertfordshire, pero creo que el lugar resultó no ser el más adecuado—, respondió él, con el color se subido un poco en las mejillas.
—¿Hertfordshire?—exclamó Daniel imitando la actitud de su hermana—, es un estupendo condado, hay mucho que admirar ahí por lo que tengo entendido. ¿Por cuánto tiempo rentó la finca, señor Bingley?
—Un año, señor.
—¿Y no va a regresar?—dijo Emily—. No se ofenda, señor Bingley, pero, ¿Cómo pretende aprender a manejar una finca sino va a estar para cuidarla? Esa actitud no habla bien de la constancia de su carácter.
Emily notó la mirada de advertencia de su hermano y supo que había ido demasiado lejos. Bingley intentó controlar el color de su rostro y con toda la gracia que pudo recobrar, se despidió argumentando que tenía otros asuntos que atender.
El pequeño regaño de ellos obedecía a la simple curiosidad por saber hasta qué punto las palabras de Robert eran verdad, y fue desagradable encontrar que el señor Bingley no tenía voluntad.
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Los Walden estaban inusualmente alterados. Lady Cassandra revisó todos los preparativos para la cena por lo menos tres veces, Lady Mary revisó los atuendos de todos, Lord Denton juntó los retratos, algunos libros que habían pertenecido a Emily, y algunas de las cartas que tenían de Alexander en las que él mencionaba haber perdido a su esposa e hija. Robert, Daniel y Emily iban de un lado a otro solo para no ir a vigilar la puerta.
Finalmente el carruaje de los Gardiner llegó. Madeline y Edward habían decidido dejar en casa a sus hijos y solo Elizabeth iba con ellos dada la delicada naturaleza de la reunión.
Desde un principio podía percibirse el nerviosismo en cada uno de los participantes de la cena. Los saludos y presentaciones no tenían la misma soltura que se dio en los almacenes del señor Gardiner.
Fue el conde quien tomó el control de la situación y empezó a cuestionar si ella sabía las verdaderas intenciones bajo las que se había organizado la cena. Elizabeth le confirmó que tenía el conocimiento de ello y eso tranquilizó no solo al Conde sino a todo el grupo. Él ofreció su brazo a Elizabeth y caminaron hacia la biblioteca, donde todos los objetos estaban preparados.
El Conde y Lady Cassandra se tomaron el tiempo para que Elizabeth pudiera ir procesando toda la información y en más de una ocasión tuvieron que responder preguntas que ella tenía. El carácter amable de ambos ayudó a mantener la calma en Elizabeth, quien con cada nueva evidencia se convencía más de la relación con Emily Blake.
—Este es el último retrato que se hizo de ella, unos meses antes de que cumpliera veintiún años—dijo el conde con las mejillas ligeramente enrojecidas.
—Vamos, padre, cuéntale a la señorita Elizabeth cómo llegó esa pintura a esta casa—dijo Matthew, con buen humor y para tratar de aliviar un poco la sensación de pesadez.
El semblante del conde recuperó un poco de seriedad y, mirando a Elizabeth, tomó la mano de ella y la sostuvo por unos instantes.
—Espero que todo esto sea suficiente para convencerte de que no solo eres una hija de los Bennet, sino la hija de Emily y Alexander Blake, y que puedas aceptar que este viejo ladrón de arte, te toma como una nieta a partir de este instante.
Elizabeth sonrió a pesar de que un par de lágrimas salieron de sus ojos y agradeció las palabras. Ella había sido capaz de reconocer su imagen en los tres retratos de Emily, su madre.
Se les dio el crédito a los gemelos, por su temeraria acción de empezar a seguir un carruaje por todo Londres después de haber visto a Elizabeth y los Gardiner en Hyde Park. Elizabeth les contó más detalles sobre cómo había sido su vida en Longbourn, en compañía de sus cuatro hermanas y el señor y la señora Bennet. En cambio, ellos le dijeron detalles de la vida de Emily y le compartieron todo lo que fue posible de la vida de Alexander, a quien ella no podría conocer sino hasta que él estuviese de vuelta de su viaje con el ejército.
Los Walden encontraron satisfacción en ver que Elizabeth si bien no tenía una educación formal, tenía gusto por la lectura y sus modales eran agradables. Su ropa era de buena calidad y hablaba de manera afectuosa de su familia, lo que les confirmaba que jamás había sufrido un trato diferente por no ser hija consanguínea de los Bennet.
Otros temas más delicados serían abordados después, como la dote que Emily Blake jamás reclamó y que sería lógico que ahora perteneciera a su hija, pero no era momento para ese tipo de conversaciones. Ya hacia el final de la cena, empezaron a hacerse planes sobre el viaje que los Walden y los Gardiner harían hasta Longbourn, donde se les uniría Jonathan Spencer, el hermano de la madre de Elizabeth y a quien ella aún tenía que conocer. Ella volvería a ver a los Walden al día siguiente y, al final de la semana, todos dejarían Londres.
Al visitarlos una vez más, Elizabeth trajo consigo la carta que Frank Bennet había dejado. Ella no había querido compartir esa información el día anterior y ahora parecía adecuado hacerlo. Ya no cabía duda dentro de ella que Emily Blake fue la mujer que le dio la vida, y que Alexander Blake tenía en sus manos la oportunidad de ayudarla a descubrir una nueva parte de su identidad.
Elizabeth escribió a Jane para informarle de la visita de los Walden y cómo se dieron los eventos entre ellos, conocía como el señor Bennet era capaz de no decir nada al respecto, tal y como lo hizo con la visita del señor Collins durante Noviembre.
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Dos días antes de dejar la capital, Robert fue en busca de Darcy para despedirse. A él no le agradaba demasiado la idea de verlo después de sus desacuerdos, pero era el deber lo que lo había llevado a tocar la puerta en el barrio de Mayfair.
Al platicar múltiples ocasiones con Elizabeth, Robert pudo tener una idea de quiénes eran la familia que Darcy consideró una vergüenza para estar en sociedad y dedujo a quien se había considerado como inferior para ser la esposa de Bingley. Esto no era tan frustrante como el hecho de que Darcy sabía de las manías de Wickham y no había hecho algo al respecto. Elizabeth tenía por buen hombre a Wickham y todo porque Darcy no había sido capaz de advertir a la gente de la localidad.
Robert hizo una buena actuación al interpretar al amigo que lamenta los malentendidos y Darcy creyó fácilmente las palabras de él. Platicaron por unos minutos recordando los tiempos de Cambridge y algunas experiencias en las cuales Wickham aparecía. Esto permitió a Robert recuperar información acerca de dónde Wickham pudo haber dejado deudas y de esa manera conducir la investigación.
Robert sabía que Wickham fue tolerado gracias a que George Darcy había sido su padrino, sin embargo, a él no le importaba en lo más mínimo. Wickham era una desgracia para la sociedad y, si Darcy no tenía el valor o la intención para lidiar con él, los Walden no tenían problema en hacerlo.
Posterior a esto, él se retiró de la casa de su amigo. No le informó a dónde iría o lo que había sucedido con Elizabeth. Robert no tenía motivos para sospechar de la fascinación de Darcy por Elizabeth, ya que ella había hablado de la relación en términos de fría cordialidad y hasta desagrado. Ella no mencionó el insulto del baile de Meryton, pero Robert casi podía adivinar lo desagradable que Darcy se debió de haber comportado con aquella sociedad.
Esa misma tarde, Jonathan Spencer, su esposa y sus dos hijos, llegarían de Kent. Robert estaba seguro que los pequeños Joseph y Evan se volverían fieles seguidores de Elizabeth, y en cuanto a los Spencer, él vaticinó muchas lágrimas.
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Notas:
I. A continuación se presenta lo que es la genealogía de los Walden. Aún no se hará mención de todos los miembros, pero tal vez de esta manera puedan entender mejor la estructura de esta enorme familia relacionada con Elizabeth.
Simbología:
(m) Matrimonio con ...
(x) Fallecido
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1. Lord Robert Walden, Conde de Northampton (x)(Él encargó el retrato)
(m) Lady Elizabeth, Condesa de Northampton (x)
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1.1 Lord Robert Eliot Walden (Actual Conde, padre de Matthew)
(m) Cassandra
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1.1.1 Lord Robert Matthew Walden (Vizconde de Denton)
(m) Mary
Robert Louis Walden
Emily Rose Walden
Daniel Walden
...
1.1.2 Lewis Walden (Hermano de Matthew, segundo hijo del conde)
(m) Eileen
Sara Walden
Charles Walden
...
1.1.3 Carlton Walden (Hermano de Matthew, tercer hijo del conde)
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1.2 Stephen Walden (x) (Hermano de Lord Eliot Walden)
(m) Laura
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1.2.1 Henry Walden
(m) Harriet
Stephen Walden
Gabriel Walden
...
1.2.2 Marianne Walden
(m) Alan James
Susan James
Alan Samuel James
John James
Julie James
...
1.2.3 Susan Walden
(m) Roger Hamilton
Elton Hamilton
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1.3 Lady Virginia Walden (Hermana de Lord Eliot Walden, abuela materna de Elizabeth)
(m) Philip Spencer (x) (Abuelo materno de Elizabeth)
...
1.3.1 Emily Spencer (x)
(m) Alexander Blake
Elizabeth Blake (Bennet)
...
1.3.2 Jonathan Spencer
(m) Catherine
Joseph Philip Spencer
Evan Spencer
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