Dragon Ball Z: Venganza Saiyajin
Planeta Namekusein, un planeta de gran tamaño, con azules pastos y aguas y cielo verdes y brillantes. A pesar de haber sufrido una gran catástrofe natural en el pasado, la gente de este planeta poseía habilidosos guerreros, pero todos vivían en armonía, cuidando su preciado tesoro conocido como Las Esferas del Dragón, guiados por su viejo y sabio líder, El Gran Patriarca, quien es padre de absolutamente todos los Namekusein que vivían actualmente en aquel pacífico planeta.
Viviendo alejado de sus hijos, en un alta torre natural de piedra, el Gran Patriarca tiene su hogar, donde vive sus días tranquilamente junto a su guardián, el Namekusein más fuerte que haya nacido y entrenado por el mismo Gran Patriarca, Nail. El líder de los Namekusein era muy anciano, y su vida se aproximaba lentamente a su fin, con el pasar de los días. Y fue justo antes de que cierto renegado príncipe arribara al pacífico planeta que percibió la gran amenaza que este representaba y presentía que el terror apenas había comenzado.
Fue después de que la primera masacre cayó sobre una aldea de los Namekusein que el Gran Patriarca le pidió encarecidamente a Nail que lo abandonara y fuera a detener a aquel forastero alienígena que buscaba nada más que esparcir la malicia y sembrar el terror en su planeta.
Pero Nail no dudó en negarse. Sabía que si había una amenaza a su planeta, era su deber cumplir con su tarea más que nunca. "No puedo dejarlo desprotegido Gran Patriarca. Nuestros peleadores del Clan Guerrero no son débiles. Seguramente podrán con aquel maldito." Le dice a su líder, quien a pesar de su avanzada edad mostraba su preocupación y arrepentimiento de no poder ser de mayor ayuda como Guardián de su gente.
También sentía la presencia de otros alienígenas en su planeta, de una forma similar a aquel asesino de su gente, pero diferente a la vez. De una forma, su agresión no era dirigida a su gente ni intentaban satisfacer su avaricia, como lo indicaba el aura del primer alienígena que llegó, sino que cada uno buscaba un objetivo distinto, y a pesar de eso trabajaban como conjunto. El Gran Patriarca no conocía bien lo que le deparaba el destino a su planeta, pero por alguna razón, aquel grupo le daba un atisbo de esperanza. Así que se limitó a aferrarse la poca fuerza vital que le quedaba, aún tenía que escoger a un nuevo Gran Patriarca para que Porunga, el Dragón Eterno, pudiera seguir viviendo y por consecuencia, revivir a sus hijos caídos en esta injusta masacre.
Tan solo tenía que aferrarse a la vida…
Por su lado, el grupo de Saiyajin que buscaban al renegado príncipe de su raza se dirigían a una nueva aldea, a intentar dialogar con la gente local de ahí, y de paso intentar verificar la existencia de alguna Esfera del Dragón, y de ser así asegurarse con una, para evitar que Vegeta consiguiera su cometido. Hablando de este último, ya se encontraba en su segunda aldea. Y aunque en esta se negaban rotundamente a cooperar, e inclusos los llamados guerreros de ahí intentaron luchar con él, pero la diferencia de poderes era similar al cielo y la tierra, no tuvieron ninguna oportunidad. El príncipe de los Saiyajin extrañaba esa sensación…
El sentir el terror en la mirada de los pobres nativos, sabiendo que no tenían ninguna oportunidad, que enfrentaban a un poder superior, a una raza superior, y que tenían a la muerte de frente.
Compartieron el mismo destino que la primera aldea atacada por Vegeta, con la diferencia que esta vez no obtuvo ninguna Esfera del Dragón, dado que no todas las Aldeas poseían una. Aunque si obtuvo información de donde conseguir otra, por métodos de tortura. Uno a uno, se unieron a la lista de Namekusein asesinados a sangre fría de ese planeta. Y tristemente, no serían los últimos. El príncipe se encargó de hacer otra verdadera masacre.
Namekusei era un planeta lleno de esperanza, hasta que fue invadido por la ambición de Vegeta, y lo sumergió en el caos.
El grupo de Aikon no perdía el tiempo. Luego de llegar a una cercana aldea, Aikon se disponía a dialogar con el anciano entre ellos. Explicó la situación, sugiriendo que se escondieran y huyeran donde pudieran, y que le entregaran la Esfera a su grupo. El anciano se mostró escéptico. Enterarse de la muerte de tantos de los suyos y escuchar a un individuo de la misma raza que el asesino de su gente le hizo actuar con recelo y desconfiar del guerrero y sus camaradas, lo cual era entendible. Pero este último insistió:
"Señor, se lo pido por favor. Con una Esfera en nuestro poder, Vegeta ya no conseguirá su objetivo y tarde o temprano vendrá por ella. En ese momento lo derrotaremos y vengaremos a su gente. No queremos las Esferas para nosotros, solo queremos detener a ese canalla." Le pide el Saiyajin encarecidamente. El Anciano, con el resto de los Namekusein que se encontraban detrás de él miraron fijamente a Aikon. "Puedo sentir que eres fuerte forastero. Muy fuerte." Empieza el líder de esa aldea.
"Un miembro de tu raza está aniquilando a mis hijos y hermanos. Y sé que ninguno de nosotros tiene una oportunidad contra él. Contra ninguno de ustedes. Se supone que las Esferas del Dragón son instrumentos de paz, para aliviar calamidades injustas, no satisfacer deseos egoístas como el de aquel asesino… Si tú quisieras tomar la Esfera por la fuerza, ya lo habrías hecho. Eres diferente. Lo veo con claridad. Sé que el tiempo apremia pero… ¿Puedes quedarte y escuchar la historia de nuestro pueblo y las Esferas del Dragón?"
Menciona el Anciano y sabio Namekusein. Sus palabras sorprendieron al Saiyajin, que no se esperaba esa respuesta. ¿Por qué molestarse en exponer la historia de los Namekusein? ¿Y sobretodo en un momento así? Aikon estaba confundido, pero aun así honrado. Hizo una pequeña reverencia y mencionó "Sería un honor señor." Le comenta, y dirigiéndose a sus camaradas, les dijo "Estarán bien sin mí si no se separan. Goku. Si no me equivoco, en este momento tienes la misma o más fuerza que Vegeta. Te encargo derrotarlo si te lo encuentras." Le dice a su amigo, mostrándole su pulgar arriba, como símbolo de que confiaba en él. Y luego se dirigió a su madre, pidiéndole su rastreador.
Cuestionando la razón, Lottus le preguntó "¿Para qué?" A lo que su hijo explicó "Planeo darles un rastreador a esta gente. Nosotros podemos sentir el poder de pelea a una gran distancia, pero puede que ellos no. Además de que Freezer puede llegar en cualquier momento, y todos sabemos que vendrá junto con sus soldados. Quiero que tengan al menos un medio de poder saber cuándo se aproximen, y que puedan esconderse cuando yo me vaya y los alcance."
Su madre guardó silencio por un momento, asimilando las palabras e intenciones de su hijo. Y acto seguido, se quitó su rastreador y se lo lanzó a Aikon, el cual lo atrapó y le agradeció a su madre. Después de eso, siguiendo direcciones de Lottus y Goku, el grupo se dirigió volando a la siguiente aldea, buscando a Vegeta de paso, y dejándole el conseguir la Esfera del Dragón de aquella aldea a su compañero Aikon.
Acto seguido, Aikon entregó el Rastreador al Anciano de la aldea, y prosiguió a escuchar la historia de Namekusein y su gente, mientras el resto de los Saiyajin lo dejaban atrás para proseguir la búsqueda de Vegeta y el resto de las aldeas.
"Escúchame jovencito… Las 7 Esferas fueron creadas por nuestro líder, el más anciano de este planeta… Nuestro Gran Patriarca." Comenzó el Anciano Nameku dirigiéndose a Aikon, contándole la historia de los preciados objetos que él buscaba adquirir. "Cada una de las Esferas es protegida por 7 Ancianos. Yo soy uno de ellos. En ocasiones realizamos pruebas para comparar nuestros conocimientos y fuerza. Discutimos sobre las razones que se plantean entre otras cosas. Si eres aceptado por nosotros como un Valiente, tendrás la oportunidad de obtener las Esferas del Dragón." Le relata el viejo Nameku, mirando fijamente a los ojos al forastero Saiyajin mientras lo hacía.
Este último podía sentir como era juzgado en cada movimiento, cada respiración, cada fluctuación de ki y el aura que transmitía. "Aunque tu acto de generosidad con el llamado Rastreador sea notable, aún no puedo decidir si entregarte la Esfera o no." Le informó, a lo que el Saiyajin, sin sorprenderse, guardó silencio, sabiendo que el sabio Namekusein no había terminado de hablar. "Sin embargo, siento que eres muy fuerte, y que tu energía no es maligna. Pude sentir como mis hermanos e hijos eran asesinados uno tras otro por aquel individuo que buscas. Siento que buscas venganza contra él y alguien más. Permíteme leer tu mente y conocer tus verdaderas intenciones. Luego decidiré si entregarte la Esfera o no." Le pidió el Anciano, estrechando sus manos hacia la cabeza del joven peleador.
El Saiyajin dudó un momento, pero sabiendo que tenía que obtener la Esfera para negarle a Vegeta y a Freezer su deseo, decidió arriesgarse. Se inclinó ligeramente para adecuarse a la altura del Anciano y dejó que posara sus manos sobre su cabeza, para acto seguido intentar relajarse y despejar su mente. Pero no pudo evitar quedarse inmóvil una vez sintió como la presencia del Anciano leía sus recuerdos, intenciones y el cómo llegó hasta acá. Esto tomó un momento, ante la vista de los otros viejos y niños Namekusein que estaban presentes.
Y cuando el Anciano por fin retiró sus manos, Aikon recobró el control y se paró erguido, esperando la decisión y juicio del Guardián de la Esfera. El Anciano lo observó por unos instantes, reflexionando sobre lo que observó. Luego suspiró profundamente y habló. "No eres precisamente una buena e inocente persona. Cuando encuentras enemigos, vi que puedes ser implacable. Pero no has asesinado a gente inocente. Solo a quienes tú percibiste como malhechores que no merecían seguir viviendo. Aunque no evitaste que gente inocente si muriera, cuando asaltaron aquel planeta…" Informa el Anciano, debatiendo internamente de su decisión y reflexionando muy seriamente.
"Sin embargo, veo tu objetivo, y que al final de todo quieres vivir una vida tranquila donde puedas volverte más fuerte por gusto propio, en un Universo sin ese tal Freezer, y haber vengado a tu raza." Le relata, y luego sonriendo ligeramente el Anciano camina al interior de su casa tranquilamente y de ahí retira un gran Orbe de color naranja, en cuyo interior se podía observar 3 pequeñas estrellas. La Esfera del Dragón de Namekusein. Pero esta era gigante, mucho más grande que las que había en la Tierra.
Aikon se sorprendió tremendamente ante este hecho, antes de recibir la Esfera. "Sé que no eres malo. Y ante la amenaza que cae en nuestro planeta, y ante aquel individuo que ya puedo sentir que se aproxima, tú y tu grupo son nuestra mejor esperanza. Que esta Esfera del Dragón te pueda ayudar en tu búsqueda y puedas salvar a este pacífico Planeta, y vengar a nuestra gente y tu pueblo, joven Valiente." Le dice el Anciano Namekusein, antes de confiarle la Esfera del Dragón en sus manos, y darle una pequeña reverencia de respeto, que el resto de los Nameku presentes compartieron. Aikon le sonrió y le devolvió la reverencia, agradecido de su confianza y juicio, prometiendo no defraudarlos y detener tanto al traidor Príncipe como al tirano que se aproximaba a velocidades inimaginables a este verde planeta. Le enseñó cómo utilizar el Rastreador y apagar su comunicador, para que pudiera escuchar las conversaciones entre Rastreadores, pero no transmitir. Luego de recomendarles que se ocultaran, les agradeció una vez más, y tomando la Esfera del Dragón partió a grandes velocidades para reunirse con su grupo e informar del éxito en adquirir la primera Esfera, un paso para atraer a Vegeta, hacerlo pagar, y cuando llegue Freezer, negarle su deseo.
En el espacio, a poca distancia del Planeta Namekusein…
"Señor Freezer, ya podemos avistar el Planeta Nameku." Son las palabras de cierto soldado de bajo nivel, informándoselo con mucho miedo a su líder, el pequeño y terriblemente poderoso alienígena de negros cuernos y pésimo carácter que se mantenía sentado en su flotante y extravagante asiento, sosteniendo una copa de vino y agitándola tranquilamente, antes de dar un tentativo sorbo y agradecerle al soldado, haciendo que se marchara.
Lo único en lo que pensaba su egoísta y ambiciosa mente era en esos objetos que describió el insubordinado Saiyajin que había mantenido bajo su cuidado personal, Vegeta. Tenía dudas, ¿Qué planeaba? ¿De verdad ese sucio príncipe mono creía que iba a permitir que una oportunidad así se le escapara? Vegeta sabía cómo silenciar el Rastreador así que si lo transmitió fue por un motivo.
Además pensaba en aquellos Saiyajin que se integraron a su ejército hace no mucho, Lottus y aquel joven, Aikon. Estaba satisfecho sabiendo que no buscaban venganza y aparentemente no le guardaban rencor, pero tenía un mal presentimiento con ellos. Solo pensarlo lo irritaba. Tomó otro sorbo de su rojo vino antes de tirar la copa lejos, para sorpresa y susto de sus leales manos derechas, Zarbon y Dodoria. "Gran Freezer, ¿Se encuentra bien?" Le pregunta el alienígena de piel celeste y apariencia elegante, Zarbon, siempre temeroso por su vida y manteniéndose atento de cualquier capricho que quisiera Freezer, para poder seguir viviendo.
Con una mirada irritada e indignada les ordenó "Apenas lleguemos a Namekusein, quiero que busquen a Vegeta y me lo traigan ante mí. Le mostraré personalmente que les ocurre a los rebeldes como él. Hará un buen ejemplo para el resto de esos patéticos Saiyajin si alguna vez se les ocurre alguna idea estúpida. Ni siquiera se merecen ser buscados por las Fuerzas Ginyu. Díganles que no es necesario que vengan, pero que se mantengan cerca. Ahora." Y luego se calmó un poco con un suspiro y se relajó en su asiento. "Y tú Dodoria, tráeme más vino." Añadió, con la mirada fija en su redonda y morada ventana, observando el planeta Verde que se cernía sobre ellos.
Acto seguido, sus 2 soldados de élite se comunicaron con los de menor rango que eran prácticamente esclavos con un derecho a vivir, obligándoles a cumplir las órdenes que comunicó el perverso tirano, acelerando la nave y las 5 que la seguían deteniéndose y dirigiéndose a una estación cercana del Ejército de Freezer para descansar y estar atentos a la llamada que podría llegar.
De regreso en Namekusein…
"¿Por qué no simplemente matamos a los Nameku que nos encontremos y tomamos las Esferas? Demoraría mucho menos." Sugiere Raditz al grupo de Saiyajin mientras volaban a gran velocidad, mirando a la madre de Aikon. Después de todo, seguían siendo Saiyajin, y el hermano de Goku no había olvidado sus costumbres y lo que ya había hecho en el pasado junto a Nappa y Vegeta mientras iba creciendo.
Su hermano lo miró con preocupación mientras que Turles lo hizo con aprobación. Lottus ni siquiera se dignó a mirarlo y mantuvo su mirada al frente mientras volaba. "Ya no operamos así Raditz. Esta gente no nos ha hecho nada y ya tienen suficiente con Vegeta y con Freezer que sé que llegará pronto. No somos simios ni bárbaros, los Saiyajin podemos ser mucho más que eso." Le explica la única mujer Saiyajin, cruzando los brazos y guardando silencio, dejando que reflexionaran en sus palabras.
Turles suspiró irritado ante esta declaración, pero tenía claro que una vez terminado los asuntos con Freezer, llámese, ver como Aikon lo derrota o escapar mientras mata a los demás, podría hacer lo que quisiera. No estaba necesariamente obligado a obedecer esas palabras e ideología.
Goku fue el que sonrió ante esas palabras, aliviado al saber que su gente no eran todos violentos y desquiciados. Estaba feliz y emocionado de luchar al lado de gente de aparentemente buenas intenciones, recordando a sus amigos en la Tierra y las peleas que había tenido a su lado. Quería derrotar a ese malvado de Freezer y ver qué tan fuerte era, para después seguir entrenando junto a todos ellos.
Raditz aún era joven, seguía aprendiendo. Y aunque Lottus era dura y fría, sabía que podía ser buena. Y eso le recordaba a su madre, y también a su padre a la vez. Seguiría adelante, intentando seguir aprendiendo y honrar su memoria, aún si eso era algo que a los Saiyajin por cultura no les importa mucho.
A Nappa no le importó mucho, aún si concordaba con Raditz y su sugerencia. Él sabía perfectamente lo que quería hacer. Pelear con Vegeta, hacer pagar a Freezer y luego vagar, demostrando la superioridad de los Saiyajin de élite, la raza guerrera. Quizás iniciaría su propio imperio, pero no tan grande como el de Cold. Algo pequeño, solo para él. Cuanto antes terminara aquí y le diera a Zarbon y Dodoria su merecido, mejor para él.
Siguieron volando, hasta que sintieron un poder de pelea masivo que se aproximaba a ellos. En un resplandor del luz, Vegeta se hizo presente ante ellos, sonriendo tenebrosamente con 2 Orbes Naranja, uno bajo cada brazo. "Hola, mis queridos fracasos de Saiyajin."
Sabiendo perfectamente la diferencia de poderes, mantuvieron sus rastreadores desactivados, y mantuvieron la guardia en todo momento. "¿Por qué Vegeta? ¿Qué estúpido motivo podrías tener para traicionarnos y revelarle todo lo que Freezer necesitaba para masacrarnos junto con este planeta buscando las Esferas?" Le pregunta Lottus, acercándose al príncipe agresivamente, una vena en su frente haciéndose visible en evidencia de su enojo contra el traidor que se encontraba en frente de ella.
Sabiendo que tendría problemas si luchaba ella sola contra Vegeta, y recordando el encargo que le dio su amigo, Goku se posicionó a su lado, queriendo escuchar sus motivos. Sin embargo, la única respuesta que consiguieron de su antiguo camarada fue una risa burlona y maquiavélica, para después lanzarles una tenebrosa y seria mirada a todos los presentes.
"Es simple. Hasta ustedes podrían deducirlo… Quiero ver desaparecer de la ecuación tanto a Freezer como a su pequeño líder Aikon. Nunca pensé que odiaría a alguien tanto como a Freezer, pero llegaron ustedes y me demostraron lo equivocado que estaba." Empezó el príncipe, su memoria remontándose a la primera vez que apareció, junto a Lottus, para derrumbar toda creencia que tenía hasta el momento.
"Me hizo ver que ser el príncipe, el Príncipe de todos los Saiyajin no significaba nada para él. Absolutamente nada. Ya era lo suficientemente malo no tener un planeta que gobernar gracias a Freezer y tener que servirle. Esperaba un día poder sobrepasarlo por mi propio talento y potencial. Era un guerrero de élite, la clase más alta. Y resulta que no solo existían sujetos como Zarbon, Dodoria o los Ginyu que me sobrepasaban. Sino también individuos de mi propia raza. Ni siquiera unos élites. Unos tontos suertudos que escaparon y tenían que sobrevivir. No solo me mostraron lo patético que era, sino que ambos me superaban en poder, incluso a la élite de Freezer. Y eran… repugnantemente bondadosos. Me daba asco estar junto a ustedes, admitir que eran más inteligentes, más rápidos y fuertes que yo cuando toda mi vida me contaron que por naturaleza nadie podía ser más fuerte que yo. ¡Nadie!" Monologó el príncipe, para luego escupir en disgusto.
"Incluso una basura de clase baja como Raditz o Kakaroto mostraron un potencial de crecimiento brutal, entrenando como ustedes insectos. Me repugnaba. Los odié con cada fibra de mí ser. Hasta que ese miserable cometió el error de mostrarme mi oportunidad de oro. Lo que necesito para tomar mi lugar en el Universo." Comentó, con una macabra sonrisa, antes de explicar su plan. "Freezer masacrará a todas las basuras de este planeta. Buscará las Esferas que faltan y en venganza, Aikon peleará con él. Si tengo suerte, se matarán entre ellos. Si no, uno muere. Lo cual sigue siendo ideal. En la batalla me robo las Esferas de Freezer, junto las 7 y me vuelvo inmortal. Y todos. Mis problemas. Se esfuman." Dijo, para después seguir sonriendo y bajar lentamente al suelo, para dejar las Esferas del Dragón en un lugar seguro.
Los Saiyajin lo siguieron, aún con la guardia en pie, con Lottus y Goku aún al frente. "¿Y por qué nos dices todo esto Vegeta? ¿Qué te hace pensar que te dejaremos salirte con la tuya?" Le pregunta la madre del jurado enemigo de este traidor príncipe.
Y la respuesta de Vegeta fue sencilla. Un macabro silencio seguido de una emocionada sonrisa. "Simple. No vivirán para contarle a nadie." Para luego lentamente elevar su poder, haciendo que sus enemigos retrocedieran ligeramente, al darse cuenta que era posible que Vegeta se hubiera hecho más fuerte de lo que creían. Incluso Lottus estaba dudando. El único que se mostraba seguro y emocionado era el Saiyajin criado en la Tierra, Kakaroto.
"Si de verdad crees eso Vegeta, adelante. Aikon me confió una misión, y he querido pelear contigo desde que te conocí." Le informó, tocando el suelo y posicionándose en su pose de pelea que aprendió en la Tierra, junto a su maestro y amigos. Aunque no tenía su traje usual de combate y aún se estaba acostumbrando al hecho de ser un Saiyajin, pero el haber entrenado ese año con Aikon lo había hecho madurar, y ser mucho más fuerte de lo que se podría imaginar. Aún si perdía, quería intentarlo. No fallarle a su amigo. "Pueden marcharse amigos. Yo me encargaré de Vegeta." No planeaba morir. Aún tenía que volver a la Tierra con sus amigos, a su hogar. Luego de pelear con Freezer claramente.
Vegeta se mostró indignado ante este clase baja que se atrevía a desafiarlo. Pero luego sonrió una vez más. "Muy bien. Tú serás mi saco de boxeo, me relajaré asesinándote y liberaré un poco de tensión." Le amenaza antes de reír y asumir su pose de combate característica en la realeza Saiyajin.
Los Saiyajin presentes dudaron por un momento, pero con una mirada de su aliado Kakaroto que transmitía un sentimiento de poder encárgaselo todo a él, asintieron con la cabeza y partieron a buscar a Aikon, elevando su poder para que pudieran encontrarlo con mayor facilidad.
Y así, el enfrentamiento entre el artista marcial crecido en la Tierra y el traidor pero orgulloso príncipe daba comienzo. Tal vez las condiciones eran muy distintas, pero lo que es seguro, es que en algún punto, en algún momento, este combate iba a suceder.
Desde las sombras de un lejano lugar, una figura misteriosa de lentes y blanco cabello observaba todos estos acontecimientos con una interesada sonrisa, riendo ante cada cambio que le llamara la atención, cada suceso tenía lugar, que debía ocurrir de otra forma, y nunca lo haría como se suponía gracias a él. Esta línea temporal tenía mucho potencial, y no podía esperar a donde lo llevaría.
Aikon poseía una Esfera del Dragón, Vegeta 2. Y Freezer estaba por entrar en la atmósfera. La emoción de la batalla era palpable en el aire. La calma previa a la tormenta. La diversión apenas comenzaba. Namekusein tan solo sería el desafortunado escenario donde se decidirían muchas cosas. No solo el destino de los Saiyajin estaba en juego. Sino posiblemente el de todo el Universo. ¿Quién saldría victorioso? La muerte esperaba pacientemente como lo había hecho toda la eternidad para seguir reclamando las almas de aquellos que caigan en esta batalla…
