Las palabras son las únicas balas que tiene JK Rowling a su disposición en lo relacionado Harry Potter… Pero autores como White Squirrel pueden hacer fallar su puntería.
Capítulo 4
La prisión de Azkaban era conocida por su mal clima. Con más de mil dementores concentrados en el abismo más profundo de la fortaleza, la población más grande en el mundo, alterando los patrones del clima a millas alrededor. Solo un programa apoyado por la CIM para mantener el encantamiento de expansión más grande en la historia en el agua que rodeaba la isla prevenía que los muggles lo notaran. La única manera de entrar era en una zona ilocalizable del mar del norte que desde afuera era más pequeña que la misma isla.
Pero el mal clima alrededor de Azkaban estaba limitado a condiciones nubladas perpetuas y lluvia casi perpetua… algunas veces lloviznando y otras como torrentes abatidores, pero raramente acompañada de vientos fuertes o rayos. El viento y los rayos requería que nubes tormentosas grandes entraran por el encantamiento de expansión, lo cual era raro.
Así que cuando un huracán comenzó a formarse directamente sobre la prisión, los aurores vigilando comprensiblemente se preocuparon. Este tipo de cosa sí ocurría en ocasiones, pero prestaban atención cuando era el caso. Y esta tormenta se formó mucho más rápido de lo normal para la zona. Las nubes se juntaron de todas las direcciones, y las olas, mucho más altas de lo normal, parecieron congregarse en la isla, lo cual no era normalmente posible considerando los patrones del viento.
Los aurores examinaron todo el horizonte, pero no pudieron ver nada sospechoso… solo una parte del cielo oscurecida en particular en dirección al continente, pero estaba muy lejos para ver algo definitivo.
El auror Li abrió la ventana y miró desde la sala de guardia al abismo. Una pasarela que solo los dementores podían acceder atravesaba hacia el abismo, la ventana de la sala de guardia muy pequeña para que pudieran escalar dentro. (Esta prisión había sido construida para contener a los dementores casi tanto como a los prisioneros.) Li miró a un dementor inquieto en el nivel debajo de él. Desafiando el frío y la angustia, se colocó enfrente de los patronus y llamó–, ¡Oye! ¡Oye, tú! –La capucha negra se inclinó hacia él–. Algo está mal. ¿Sabes lo que está pasando?
Dolor atravesó su frente y vio imágenes… horribles… pero no de su propia mente. Los dementores no podían hablar. Expertos debatían de si estaba conscientes, a pesar de poder comprender el lenguaje hablado. Pero tenían una manera de comunicarse. Aunque normalmente hacían que sus víctimas revivieran sus peores recuerdos, también podían mostrarles otros recuerdos que habían consumido. Li fue asaltado por imágenes horrorosas… imágenes de vientos y olas que destruían todo a su paso, de hombres en túnicas negras y máscaras blancas, y una mujer de piel morena con una daga, y un demonio semihumano con brillantes ojos rojos rodeado de fuego.
Se alejó de la ventana de golpe–. ¡Demonios! ¡Tenemos compañía!
–¿Quién? –dijo el auror Proudfoot.
–¡Quien-Ustedes-Saben! ¡Viene en camino!
–¡¿Qué?! ¿Cómo? –exclamó la auror Savage.
–Demonios si lo sé, pero el dementor dijo que venía. Junto a un montón de mortífagos y esa loca mexicana.
–¡Entonces vigilen el mar y el aire! –dijo Savage–. No hay otra manera de entrar. –Agitó su varita y duplicó su patronus–. Di a Amelia Bones que Azkaban está bajo ataque. –En un segundo el patronus atravesó la pared, pero entonces, se detuvo y dijo–, ¿Qué estoy pensando? Dumbledore es el único que puede llegar aquí tan rápido. –Duplicó su patronus una segunda vez y envió una copia a él.
Azkaban era una fortaleza: no había manera rápida de entrar y salir. El único contacto oficial era a través de un bote desde la costa. La aparición y los trasladores estaban bloqueados. No había chimenea y nada de polvos Flu. Normalmente, lo más rápido era aparecerse al borde del encantamiento de expansión y volar en escoba desde ahí, lo cual tomaría varios minutos y dejaría a los atacantes y refuerzos muy expuestos. Incluso las lechuzas estaban bloqueadas. Toda la correspondencia era enviada por bote, y la manera más rápida de dejar salir un mensaje era por patronus, lo cual también tomaba varios minutos. Solo un fénix podía entrar y salir más rápido porque, al ser un espíritu de fuego inmortal, muy poco realmente podía detenerlo, pero los "fénix" entrenados eran muy raros, y solo Dumbledore tenía uno en Gran Bretaña.
Desafortunadamente, los mensajes de la auror Savage nunca llegaron a sus destinos. Los mensajes en patronus requerían que el usuario estuviera consciente para ser entregados, y solo un momento después, las ventanas explotaron. Un pedazo de escombro golpeó a Savage en la cabeza, dejándola inconsciente. Para cuando sus camaradas la reanimaron, sus pedidos de ayuda habían muerto a medio camino.
–¿Qué pasó? –gritó mientras despertaba al viento y la lluvia rodeándola afuera de un muro de encantamientos escudo.
–¡La tormenta destrozó las ventanas! –dijo Li.
–Se supone que podemos manejar tormentas.
–La fortaleza del siglo XV puede. No la sala de guardias.
–¿Dónde están los magos golpeadores?
–Asegurando las entradas –llamó Proudfoot–. Necesitamos vigilar en caso de ataques aéreos. Encantamientos escudo y encantamientos de adhesión en tus botas. Cubre la esquina sur.
La guardia humana en Azkaban había sido duplicada para la guerra, aunque eso solo significó incrementar de tres a seis. Era difícil conseguir personas dispuestas a tener un turno ahí. Los magos golpeadores estaban entrenados para respuesta rápida así como para pelear, así que estaban en las entradas de la prisión. Los aurores estaban entrenados para pelear, pero tenían muchos más papeles: trabajo de detective, espías encubiertos, rastreo, estrategia, y más, así que necesitaban vigilar y cuidarse de ataques más elaborados. Para el rostro público del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, la diferencia era en su mayoría académica. Y sí, los aurores cubrían la mayoría de los papeles, y los magos golpeadores eran en su mayoría una fuerza de reserva, pero todos habían sido activados para la guerra.
–¡Necesitamos hacer llegar un mensaje a Dumbledore! –gritó Savage, pero no podía lanzarlo desde su lugar. Necesitaba un fuerte encantamiento escudo para contener el viento, y aunque sí tenía una varita de repuesto, el encantamiento patronus no era algo que se podía realizar mientras se enfocaba en otro hechizo.
El viento bramó con más fuerza, lanzando escombro y destrozando la fachada moderna del nivel de guardia, enviando más escombro al aire. Savage vio la brisa del océano elevarse del agua a unos doscientos pies debajo–. ¡No puedo ver nada! ¿Dónde están? –llamó. Parecía que no había esperanza de dar una buena mirada afuera. Lo único que veía era agua y escombro volando por el viento. Y lo único que podía escuchar eran aullidos incesantes… hasta que escuchó una voz silbante amplificada resonando por toda la prisión desde arriba.
–Habitantes de Azkaban. Yo, Lord Voldemort, he regresado.
–¡Maldita sea! ¡Están en el techo! –gritó ella.
Una nube embudo apareció directamente sobre la prisión de Azkaban. Eran raras en Europa y aún más raras que fueran tan poderosas para hacer daño real, además de ser más débiles sobre el agua, pero el tornado estaba rompiendo todas las leyes de la meteorología cuando tocó el techo de la prisión, extendiéndose hacia abajo lo suficiente para destrozar las ventanas y remover la fachada de la sala de guardia, y se detuvo ahí. La prisión era sólida. Un tornado lo suficiente fuerte haría pedazos cualquier estructura hecha por humanos, sea de madera, piedra, o acero, pero las paredes gruesas de diez pies aguantarían hasta algo corto de meses de bombardeo por armas de asedio o cantidades generosas de explosivos. Pero eso no importaba si los magos hostiles podían entrar por el techo.
El tornado se arremolinó por un minuto, y entonces se amplió para dejar la fortaleza protegida en su ojo y descendió al suelo. Ninguna escoba en el planeta era lo suficiente poderosa para pasar por esa tormenta. En medio del techo había seis figuras encapuchadas y dos magos oscuros de aspecto muy escalofriante. Uno era una mujer vestida como una sacerdotisa azteca, sosteniendo en alto sobre su cabeza un talismán que daba vueltas hecho de cabello y plumas y un báculo… La Pantera con su ritual más reciente. El otro era mitad hombre, mitad serpiente, y aterrorizó los corazones de todos, pero Lord Voldemort no estaba usando su usual túnica negra. En lugar de eso, llevaba una túnica negra medianoche sin mangas… o más bien, había removido las mangas y capucha de su túnica de combate, dejando dos brazos blanco hueso expuestos mientras sostenía una varita en una mano y una bola de fuego en la otra.
Voldemort amplificó su voz y llamó a la prisión–: Habitantes de Azkaban. Yo, Lord Voldemort, he regresado. He venido a liberar a mis seguidores leales… y a sus guardias dementores. Por mucho tiempo han estado encerrados aquí, atrapados por patronus y alimentados de miserias. Únanse a mí, liberen a los prisioneros de sus celdas, y serán libres de nuevo.
Era imposible escuchar una respuesta sobre la tormenta, pero una sensación fuerte bañó a los mortífagos desde abajo formada por la voluntad colectiva de cientos de dementores. Era una sensación que raramente era sentida alrededor de los demonios: triunfo.
Voldemort sonrió a sus seguidores–: Creo que los dementores cooperarán. Rápido, ahora, la tormenta solo durará una hora, y será mucho más fácil si nos vamos antes de que lleguen los refuerzos.
Llegó a la puerta relativamente protegida de la prisión desde el techo, colocó la bola de fuego en su mano izquierda contra ella, y derritió el seguro.
Seleccionando a dos mortífagos para enviarlos enfrente como carne de cañón… o centinelas, oficialmente… descendieron a la escalera principal en espiral para bajar a la fortaleza. No llegaron muy lejos, sin embargo, antes de que fueran atacados por varios hechizos. Sin espacio para escapar de la tormenta, el trío de aurores en la sala de guardia se había colocado en un punto ciego en la parte superior de la espiral, en una sección a la que los dementores no podían entrar, para intentar compensar por su bajo número con una fuerte posición defensiva. Era un movimiento sabio, probablemente el mejor disponible para ellos, pero no sería suficiente.
Incluso cuando los mortífagos comenzaron a responder al ataque, Voldemort guardó su varita y lanzó dos columnas de fuego, obligando a los aurores a retroceder. Sin embargo, no se inmutaron en su ataque. Indicó a La Pantera a que lo ayudara, y lanzó otra llamarada, la cual ella siguió moviendo su báculo y creando una ráfaga de viento. El fuego llegó hasta los recovecos donde los aurores se estaban ocultando, tomándolos por sorpresa y prendiendo sus túnicas en llamas. Los mortífagos avanzaron, y dos de los aurores murieron en segundos. El tercero escapó. Voldemort indicó a dos mortífagos que la siguieran mientras él continuaba abajo.
Llegaron a la primera sección de la fortaleza donde los dementores estaban permitidos. Los demonios de inmediato le abrieron camino y se inclinaron ante él como un rey regresando a su corte. Señaló a uno al azar y dijo–, Tú. Ven conmigo. Serás mi guía. Busco a mis seguidores que han sido encadenados aquí.
Los dementores no tenían estructura social o jerarquía, ni nombres que los magos pudieran identificar, así que no importaba que dementor eligiera. La figura alta y encapuchada se deslizó a su lado y llevó al grupo a los niveles más bajos. Mínima seguridad y prisioneros de corto tiempo estaban más arriba, pero Voldemort los ignoró por ahora. Los examinaría mejor de regreso si tenía tiempo. Incluso cuando los dementores habían abierto muchas de las celdas, estos criminales menos violentos tenían poca voluntad para salir por su cuenta, y la mayoría se ocultaron y lloraron aterrorizados al ver su rostro.
Los peores de los peores prisioneros estaban profundo en el abismo, cerca del nido de los dementores. Estos prisioneras eran muy depravados para terminar catatónicos en la presencia de sus dementores. Locura era la enfermedad de preferencia, pero no tanto que eran incapaces de ayudarse a sí mismos cuando la oportunidad llegó.
En el segundo nivel más bajo (pues el nivel más bajo estaba lleno de esqueletos olvidados de espías y traidores de la guerra de Grindelwald), los seguidores de Voldemort se habían permitido salir de sus celdas y caminaban tambaleándose a la luz tenue. Se regocijaron cuando lo vieron y cayeron de rodillas ante él.
Una de las figuras sucias y pálidas estaba más delgada que las otras, con una mirada vacía que hacía que su ropa de prisión pareciera más como harapos, pero aún conservaba una cabeza llena de cabello negro rizado y una mirada enloquecida en sus ojos. Bellatrix Lestrange se arrastró adelante y besó sus pies.
–Mi Señor, mi Señor –dijo con voz rasposa–. Vino por nosotros. Sabíamos que había regresado cuando sentimos su marca quemarnos. Sabíamos que vendría por nosotros.
–Lo he hecho –dijo Voldemort con algo aproximado a la ternura–. Es bueno verte de nuevo, mi querida Bella… y a todos mis leales seguidores. No muchos se mantuvieron fieles cuando fui debilitado, pero no me renunciaron. Por esto, serán muy recompensados. Levántense, ahora, ya que debemos actuar rápido.
Se pusieron de pie y caminaron temblando hacia la puerta–. Mi Señor –se acercó a él un hombre demacrado con una barba rizada–. Mi Señor, como es que vino por nosotros en persona –dijo Augustus Rookwood–. Conozco todos los encantamientos en esta fortaleza. Refuerzos del Ministerio deberían atacar a cualquiera en el aire.
Voldemort sonrió–: Parece que el Ministerio solo se protege contra formas de viaje que son comunes en Europa, Rookwood. Y mi nueva… socia desarrolló una manera de bloquear los refuerzos… Tu hechizo fue de gran ayuda, Lady Pantera. Parece que Azkaban no puede aguantar un ataque directo sin verdadera advertencia.
–Nada puede aguantar vientos de trescientas millas por hora, Voldemort –lo corrigió ella–. Los aztecas sabemos usar el poder de la naturaleza para nuestra ventaja.
–¡Te atreves a usar su nombre…! –Bellatrix se lanzó adelante.
–Calma, Bella –la sostuvo Voldemort–. Guarda tu fuerza. Lady Pantera se ha ganado el derecho de familiaridad como una compañera Bruja Oscura por mérito propio. –La miró a los ojos y agregó con Legilimancia, por ahora.
Bellatrix retrocedió y asintió sumisa, mirando a la nueva. Frente a frente, era más claro que lucirían muy similares si Bellatrix estuviera saludable, a pesar de la diferencia en herencia. La Pantera era más alta, pero tenía el mismo cabello y ojos oscuros y la misma actitud imperiosa. Bellatrix no parecía estar muy segura de qué pensar de ella.
Mientras tanto, Voldemort comenzó a trabajar mientras caminaban de regreso a la superficie–. Dolohov, ven a mi –dijo.
El viejo ruso, uno de los originales Caballeros de Walpurgis de Voldemort, se empujó adelante para llegar a su lado–. Sí, mi Señor.
–El Ministerio se está moviendo más rápido de lo anticipado. Debemos tomar acción decisiva. Por ahora, descansarás. En cuanto estés bien, quiero que te unas a la búsqueda de Karkaroff.
El hombre en harapos siseó con enojo–: Lo haré pagar, Amo.
–Aún no, mi amigo –dijo Voldemort–. El hombre es un traidor y un cobarde, pero las circunstancias han cambiado. No quiero que lo mates… Quiero que lo pongas bajo un Imperio, para que aún pueda ser de uso.
Dolohov lució sorprendido, pero dijo–, Como desee, Amo.
–Dementor, ¿qué otros prisioneros serán favorables a mi causa? –preguntó Voldemort.
El dementor mostró una serie de imágenes por su mente de los varios prisioneros y las ubicaciones de sus celdas.
–Interesante –dijo, notando uno en particular. En el siguiente grupo de celdas arriba, uno de los prisioneros, un hombre bajo con cabello gris prematuro que aún tenía una muestra de grasa en su rostro había dormido durante los eventos recientes. Después de años como una rata floja, dormir aún era una defensa viable para él de los dementores. No era como si sus sueños fueran peor que su vida despierto… aunque parecía haber una cantidad excesiva de gatos.
Un fuerte ruido lo despertó. Cayó de su cama dolorosamente, rodó, y levantó la mirada horrorizado al ver a un rostro como de serpiente. Por un momento, estuvo seguro de que aún estaba soñando, pero entonces, dolor atravesó su marca, y supo que era real.
–A...A...Amo… susurró.
–Peter Pettigrew –Lord Voldemort miró abajo como si hubiera algo desagradable en su zapato–. El cobarde que pasó una década escondido como una mascota.
–A...Amo, p...perdóneme –tartamudeó–. Puedo explicarlo. T...Tenía miedo, sí, p...pero no podía justificar mis acciones e...esa noche como los demás...
–Suficiente –fue interrumpido–. Discutiremos tu lealtad después, Pettigrew. Por ahora, se nos acaba el tiempo. Ven conmigo.
–S...sí, Amo. –Se levantó y siguió a la creciente colección de mortífagos. Y a esa mujer con el penacho azteca… no tenía idea de qué estaba pasando, pero tenía el presentimiento de que no era bueno.
Una celda en particular había sido dejada cerrada a propósito. Incluso los dementores tenían la sensatez de no dejar salir a este. El hombre lucía solo mitad humano, con rostro peludo y colmillos amarillos. Tenía un ojo animalista azul dentro de negro mientras que el otro estaba cubierto por un parche. Se lanzó a las barras y gruñó cuando los magos se acercaron.
Voldemort irradió calor a su alrededor como un aura de poder, y el hombre instintivamente retrocedió del desafiante más poderoso–. Fenrir Greyback –dijo Voldemort–. Que bajo has caído.
El hombre lobo gruñó de nuevo.
–Trece hombres lobo y un camino directo dentro de Hogwarts. Deberías estar reinando sobre Gran Bretaña. En lugar de eso, estás en su prisión.
–¿Y tú qué vas a hacer al respecto, Voldemort? –gritó Greyback. Bellatrix se lanzó de nuevo, pero Voldemort la detuvo–. ¿Qué has hecho alguna vez por nosotros?
–Te di la bienvenida a mi campamento –siseó él de regreso, el calor a su alrededor incrementándose–. Te alimenté y te vestí cuando nadie más lo haría. Los organicé en un ejército. Mira lo que has hecho sin mí. Matalobos es el arma más grande que has recibido en cien años, y la derrochaste. Permitiste que un enemigo tomara ventaja. Mi oferta sigue en pie: sígueme, y me aseguraré de que seas tratado con respeto. Crearé un ejército para ti de nuevo. Te mostraré la manera correcta de usar matalobos para tu ventaja.
–¡Ja! ¿Y dónde la conseguirás? Nos tomó años conseguir suministro, y solo la pudimos usar una vez.
–Tengo a un maestro de pociones bajo mi empleo. Severus Snape prepara la poción para los hombres lobo en Hogwarts. Con poco esfuerzo, tendrás un suministro listo. ¿Te unirás a mi entonces?
Greyback resopló al instante–. Si puedes, lo haré… mi Señor. –El sarcasmo fue notable, pero Voldemort lo ignoró mientras abría la puerta de la celda.
Después de liberar a todos los que consideró de valor, se apresuró de regreso a la superficie, pero Barty Crouch Jr., habiendo tenido acceso a los registros por meses mientras estaba fingiendo ser David Monroe, aún señaló a los otros prisioneros, en caso de que encontraran a alguien útil.
–Willy Widdershins –dijo, señalando a uno–. Tres meses por hostigar muggles.
Voldemort examinó el recuerdo del incidente proporcionado por el dementor. Excusados regurgitantes–. Poco original.
–Mundungus Fletcher. Él… –Barty se detuvo y miró a la celda. Estaba vacía–. Mmm. Pensé que estaba aquí. Dumbledore debió dejarlo salir. Bueno, veamos… ¡Ajá! Mi Señor, creo que querrá prestar atención a este.
–¿Quién es?
–Gilderoy Lockhart. Alguna vez el autor más vendido en Gran Bretaña y el cazador de criaturas más famoso del mundo… hasta que descubrieron que lo había inventado todo y había robado las historias de otros magos. Lo dejaron aquí hace dos años por uso ilegal de encantamientos desmemorizantes, fraude, y conducta sexual inapropiada con sus estudiantes en Hogwarts –terminó con una sonrisa burlona.
Lockhart se tambaleó hacia las barras–: Todas esas chicas eran… ¡AH! –chilló cuando vio quien estaba afuera–... mayores de edad –terminó con un gemido.
–Ya veo –dijo Voldemort. Ya sabía sobre este, pero tomó placer al examinar el recuerdo de nuevo–. Quizás tengas algo de uso –murmuró.
–¿Qué? –dijo Lockhart.
–Sé sobre tu caso, Lockhart. Tomo placer en ver como mi maldición ha atrapado a sus víctimas con el paso de los años, y tu periodo como profesor de Defensa fue especialmente entretenido. Aunque tus métodos son fraudulentos y tu magia estrecha, eres un buen escritor con un don para la floritura.
–Bueno, cuando lo p...pone de e...ese modo… pero...
–Potter ha ganado favor en los medios de comunicación por su fama. Ahora incluso es un autor muy vendido. Es hora de que alguien se le oponga.
–¿Usted… me está ofreciendo un trabajo? –dijo Lockhart, más asombrado que otra cosa.
–Creo que los beneficios serán de tu agrado.
–¿Perdón? –Lockhart estaba seguro de que las siguientes palabras serían, Te dejaré vivir, pero aún se sorprendió.
–Parece que tienes predilección por brujas jóvenes y atractivas. No son algo para lo que tengo el gusto, pero comprendo que la preferencia es común –dijo Voldemort con una sonrisa–. Tales criaturas no son difíciles de adquirir para un mortífago… y es más fácil si estás dispuesto a usar muggles. Puedes dar satisfacción plena a tus placeres. Tenemos las suficientes damas dispuestas.
Él lo miró sorprendido. Eso sonaba demasiado bueno para ser cierto, especialmente viniendo del Señor Oscuro–. Pero… ¿qué podría hacer yo?
–Tomar control del Ministerio es una cosa, Lockhart –dijo Voldemort–. Administrarlo es otra. Se necesita que muchas cosas operen sin problemas. Necesitaré de trabajadores creíbles y con experiencia en todos los campos para legitimar mi régimen. Por ejemplo… creo que pronto tendré necesidad de un Ministro de Propaganda.
A pesar de toda su sanidad, Gilderoy Lockhart sonrió.
Lutetia Savage corrió por los pasillos de Azkaban. Podía escuchar dos mortífagos corriendo detrás de ella, sus hechizos golpeando las paredes. Intentó encontrar un lugar donde esconderse. Tenía que permanecer escondida por unos cinco minutos para poder enviar un patronus a Dumbledore. Desafortunadamente, Azkaban estaba diseñado para tener muy pocos lugares donde esconderse, y se dio cuenta de que solo tendría una oportunidad. Probablemente sería despedida por esto, pero se giró de regreso para ir a la sala de guardia de nuevo. Apresurándose antes de que los mortífagos la alcanzaran, abrió el almacén de escobas, sacó una Barredora 7, y saltó por la ventana.
Hechizos salieron de la ventana. Los esquivó y comenzó a volar. No había manera de atravesar el tornado. Podía ver que el viento era más rápido que incluso una saeta de fuego. En lugar de eso, fue al único lugar que pudo: directo arriba.
No sabía que tan altos eran los tornados, pero voló más y más arriba hasta que el aire comenzó a sentirse delgado. Su escoba estaba temblando. Debía estar cerca de su techo, pero no veía el fin encima del vórtex. Lanzó otro mensaje en patronus–: Dumbledore, Quien-Tú-Sabes en Azkaban. Escobas no pueden entrar o salir. Necesitamos ayuda.
Tres magos golpeadores corriendo desde abajo alcanzaron a Voldemort cuando llegaba al techo de nuevo. No tenían oportunidad. Sin embargo, cuando llegó al techo, la caballería finalmente llegó en un pilar de fuego.
–¡Dumbledore! –siseó.
El anciano comprendió la escena con una mirada, parado con firmeza contra el viento glacial que sopló su barba sobre su hombro y se llevó su sombrero–. No puedo dejar que hagas esto, Tom –llamó.
–Llegaste muy tarde, Dumbledore. –Voldemort señaló a los mortífagos y prisioneros liberados en el techo.
–Te detendré. –Elevó su varita.
–No estoy aquí para luchar hoy, anciano. ¡Pantera! ¡Hora de irnos!
La Pantera movió su báculo en una mano y su daga en otra. El tornado se contrajo, colapsándose sobre el techo, pero dejando una burbuja de calma que albergó a los fugitivos y los elevó en el aire. Dumbledore hizo lo único que pudo y corrió y se lanzó al viento.
Se descubrió moviéndose con dificultad por el aire mientras el tornado se movía de regreso a tierra firme a alta velocidad. No era como viajar con Fawkes. Perdió todo sentido de gravedad y dirección al instante. La única manera de orientarse era siguiendo el movimiento de Voldemort. Ninguno de ellos estaba acostumbrado a luchar en estas condiciones, pero Voldemort no dejó que eso lo detuviera. Lanzó columnas de fuego a Voldemort, sin molestarse en usar su varita… algo que Dumbledore notó después. Dumbledore intentó atacar de regreso, dirigiendo el agua del tornado hacia las llamas, obligando a Voldemort a retroceder. Agitó su varita y disparó maldiciones poderosas a los mortífagos, pero Voldemort conjuró un escudo plateado para bloquearlos.
La Pantera atacó con su aparentemente sobrehumano control del viento y casi lanzó a Dumbledore lejos. Él rápido se dio cuenta de que ella era quien tenía el poder ahí. Ese talismán que llevaba debía ser parte de un ritual poderosos. Envió una maldición de fuego para destruirlo, pero ella lo protegió con su daga. Eso lo puso en un apuro. Con la Varita de Sauco, sabía que podía derrotarla en un duelo directo, pero enfocarse en ella lo dejaría vulnerable a los ataques de fuego de Voldemort. Peor, su fuerza estaba en manipular el terreno para su ventaja, y La Pantera tenía control casi total del terreno ahí en el aire.
Sólo había una cosa que podía pensar en hacer. Dumbledore rápidamente colocó un escudo, entonces se giró en el aire y lanzó una serie de hechizos complejos que causaron que la lluvia se convirtiera en granizo, el cual lanzó al enemigo. El fuego vaporizaría la lluvia, pero el granizo lo atravesaría con fuerza. Voldemort, tomado por sorpresa, fue golpeado, tambaleándose, y recibiendo varios moretones. Los mortífagos apenas tuvieron tiempo de colocar un escudo sobre los prisioneros.
Dumbledore entonces lanzó la nube de granizo para atacar a La Pantera y su talismán en particular, pero desafortunadamente, ella estaba lista. De algún modo había sacado un ajolote vivo de su túnica y lo había dejado flotar en el aire enfrente de ella. Murmuró unas palabras, y con un movimiento rápido, removió la cabeza con su daga.
El granizo se detuvo rápido, como si hubiera golpeado una pared. Ella apuntó su daga, y aceleraron hacia Dumbledore, impulsados por una poderosa ráfaga de viento. La fuerza fue tan grande que él fue empujado fuera del tornado y comenzó a caer a miles de pies de altura hacia el mar del norte.
Llamó a Fawkes, y segundos después, cayó de golpe, adolorido y empapado, en el suelo de la oficina de Amelia Bones.
–Amelia, tenemos un problema –dijo a la mujer alarmada.
La auror Savage se aferró a su escoba contra el viento helado. Estaba muerta en sus manos, muy elevada para funcionar de manera adecuada en el aire delgado. Apenas logró sostenerse, luchando para mantenerse consciente, esperando que funcionara de nuevo cuando cayera de la nube. El encantamiento de burbuja no funcionaba bien a esa altitud, y no podía recordar el que le daba oxígeno en su estado actual. Cuando el tornado se había movido de Azkaban, ella se había movido con él, sin tener a donde ir. Ahora estaba a la merced de esta tormenta anormal hasta que se disipara, rogando que el viento no la elevara más.
La tormenta finalmente se desvaneció sobre York, las nubes despejándose y quemándose de manera imposible en segundos. Entonces, cayó. Después de una terrible caída libre que se sintió como una eternidad, pero que sus amigos jugadores de quidditch calcularon no debió ser mayor que dos minutos, su escoba cobró vida de nuevo. Ella se acomodó, tomó el control, y se lanzó a tierra firme. Besó el suelo cuando aterrizó, y le tomó un tiempo calmarse lo suficiente para aparecerse al Ministerio.
–Te dije que deberíamos estar usando encantamientos proteicos para comunicarnos, no patronus –gruñó Sirius. Como el padrino de Harry, podía atender reuniones del Ministerio muy por arriba de su rango como mago golpeador.
–Los encantamientos proteicos son de uno a muchos –dijo Amelia–. Tienen un uso muy limitado, y no se consideró que valieran el problema. Además, no hubieran hecho gran diferencia en este caso. Ningún refuerzo podría haber atravesado esa tormenta.
–Dumbledore lo hizo.
–Y no fue suficiente para prevenir que escaparan. Además, si tenemos que confiar en el anciano para todo, es igual de inútil… sin ofender, Albus.
–No hay problema, Amelia –dijo Dumbledore malhumorado en su oficina. No podía evitar culparse a sí mismo por fallar. Pensó que podría contra Voldemort solo, pero no había anticipado la maestría de La Pantera sobre el viento y la tormenta. Tendría que preguntar a los otros Grandes Hechiceros si sabían que ritual había sido.
–Esto es malo –dijo Amelia–. Los once mortífagos prisioneros más peligrosos escaparon. Además de Greyback y su manada. Y Lockhart, por alguna razón. No es que sea quisquillosa, ¿pero alguien sabe por qué ese idiota valdría algo para Quien-Ustedes-Saben?
–Me temo que no –respondió Dumbledore–. Voldemort no necesita a otro desmemorizador, y no logro ver como los otros talentos de Lockhart lo benefician.
–Bueno… el hecho es que no tuvimos los recursos para prevenir el escape, Black, y eso nos pone en una mala posición… Agregaremos encantamientos proteicos. Tienes razón. Puede que ayuden. Hablaré con Croaker sobre otros métodos de transporte que podrían haber funcionado. Obviamente ignoramos algo ahí. Albus, si puedes, pide ayuda directa a la CIM.
–Ah, en eso puede que tengamos mejor suerte. La CIM está anticipando problemas para el arresto de La Pantera. La misión policial que están enviando es, en realidad, una coalición para más presencia en todo menos en nombre.
–Eso es bueno, pero adviérteles que quizás quieran incrementarlo rápidamente. –Amelia suspiró con pesadez–. Y creo que todos podemos estar de acuerdo en que los dementores son más que inútiles ahora.
–Entonces sácalos de ahí –dijo Sirius.
–No podemos moverlos de Azkaban, Black. Hay demasiados. Y si Quien-Tú-Sabes puede entrar, ¿dónde podemos poner a los prisioneros que no pueda hacerlo?
–Bajo tierra, digo yo. Reinstalemos la pena de muerte.
Amelia lanzó una mirada severa a Sirius–. Puede que tengamos que hacerlo, pero recuerda ex post facto. No podemos ejecutar a nadie a menos que los descubramos y podamos culparlos específicamente de un nuevo asesinato. No queremos una repetición de tu caso. Pero los prófugos ya han sido condenados al beso del dementor, así que estamos bien ahí. Mientras tanto, necesitamos un lugar donde poner a los prisioneros que son muy peligrosos para mantenerlos en las celdas del Ministerio.
–Convierte uno de los castillos abandonados en las Islas Shetland –dijo Dumbledore–. Mueve a los prisioneros ahí y sella Azkaban con tantas protecciones físicas como puedas. Veré si puedo encontrar una manera de prevenir que esta fuga se repita.
–Eso será costoso –dijo ella–. Y vigilar la prisión nueva requerirá de muchas personas.
–Trampas –dijo Sirius con un chasquido de sus dedos–. Rodea el lugar de trampas dentro y fuera. Eso reducirá la cantidad de guardias que necesites. Remus y yo podemos pensar en algunas… probablemente sería bueno contratar a unos rompe maldiciones también.
Amelia asintió lentamente mientras lo consideraba–. Esa no es una mala idea, Black –dijo ella–. Sé que algunas prisiones de alta seguridad muggles tienen contramedidas letales contra el escape. Y Azkaban tenía a los dementores. Creo poder venderlo al Ministro. Eso es lo que haremos. Toma a un par de aurores y ve a revisar algunas ubicaciones en cuanto puedas.
–Sí, Madame.
–Tres muertos. Dos heridos de gravedad. Y uno colapsado, empapado hasta los huesos, casi congelado en el Atrio del Ministerio. Esa era nuestra vanguardia en Azkaban. –Amelia ya estaba lidiando con el desastre en Azkaban, pero la auror Savage no lo sabía aún. Savage había estado demostrando ser una de las mejores en la fuerza, así que Amelia la iba a mantener a un alto nivel. La dejaría meditarlo durante sus siguientes reuniones y la pondría en su lugar cuando terminara.
Por su parte, Lutetia Savage estaba firme y resoluta–. Tomé la acción que consideré que prevendría mejor que los prisioneros escaparan, Madame –dijo–. Me atengo a eso, y estoy dispuesta a aceptar cualquier castigo que considere adecuado por abandonar mi puesto.
–Ya veo… –dijo ella con severidad–. En ese caso, quiero un recuento completo de los eventos que la llevaron a esa decisión.
Amelia interrogó a Savage con detalles exactos sobre la fuga… tanto porque era la única testigo en condición de reportarlo, como para comprender sus propias acciones, y se alivió de descubrirse satisfecha con la respuesta.
–De acuerdo, Savage –concluyó–. Su castigo es el turno nocturno en el callejón Diagon durante la próxima semana.
–El… ¿perdón, Madame? –dijo Savage. Estaba segura de que sería despedida por esto.
–No te estoy pagando para que camines a tu muerte, Savage. Te estoy pagando para que uses tu cabeza. Tu equipo se defendió lo mejor que pudo. Podrías haber hecho más para llamar a Dumbledore, pero ese no era el procedimiento estándar de todos modos. Arriesgaste tu vida por un plan que tenía una mejor posibilidad de detener a Quien-Tú-Sabes que cualquier otra cosa cuando podrías simplemente haber escapado al muelle. Ese es el tipo de ideas que necesitamos en nuestra fuerza… Eso, y que al perder a Proudfoot y Li, estamos cortos de personal.
–Eh, sí, Madame –dijo Savage con alivio.
–¡No! ¡No! ¡Aléjate de mí! –lloró Peter Pettigrew–. ¡Shu! ¡Shu! ¡Guau, guau, guau!
Miau.
El gato negro conjurado se paseó enfrente del mago que estaba encogido de miedo, enroscado en la esquina mientras Voldemort observaba entretenido.
–Una reacción interesante –dijo el Señor Oscuro–. ¿Cómo fuiste capturado de nuevo, Pettigrew?
–Se lo d...dije, Amo. La gata del squib me atacó. Potter y su hermana me salvaron porque pensaron que era mascota de su amigo, pero n...notaron que no estaba reaccionando n...normal… oh, Merlín, ¡aléjate! –lloró cuando el gato se acercó más–. Intenté escapar, pero se pusieron sospechosos. Me c...capturaron con un encantamiento de levitación y me llevaron a la oficina de McGonagall.
–¿Y el hecho de que Potter es un gato animago no tuvo nada que ver? –preguntó Voldemort.
–No...no, Amo. A...Amo, ¡por favor!
Voldemort agitó su varita, y el gato desapareció. Se acercó a Pettigrew. Algo sobre esta historia no tenía sentido. Esto requería de una mirada más profunda. Apuntó su varita y verbalmente lanzó un–, Legilimens. –Pronto, la respuesta fue clara–. Parece que tu memoria ha sido modificada, Pettigrew. Creo que pronto descubrirás que eso explicará tu fobia. Es una lástima. Iba a considerar ser clemente contigo por tu tiempo en Azkaban, pero los recuerdos modificados pueden ser muy difíciles de recuperar.
Los gritos de Pettigrew resonaron por la Mansión Ryddle.
