"¡Espera Vegeta! ¡Llévame contigo! ¿Qué no recuerdas quién te da hospedaje?"


Capítulo 3: Inteligente


Si Kakarotto había sobrevivido entrenando bajo una gravedad aumentada cien veces, él lo haría con una aumentada ciento cincuenta veces. No iba a ser menos que él si quería lograr transformarse y superarlo. Incluso la llegada de aquel muchacho saiyajin le había dejado algo en claro, no existía sólo un super saiyajin. No era un elegido, un privilegiado que tuviera esa capacidad y que ésta le fuera inherente sólo a él, solo suya. Era un estado y él lograría alcanzarlo a como dé lugar.

¿Pero qué le faltaba a él? ¿Qué era lo que Kakarotto y ese muchacho tenían en común? ¿Qué era eso de lo que él carecía? Él era meticuloso y decidido, era fuerte y su objetivo claro. Él haría cualquier cosa, era cruel y despiadado con sus enemigos. Él no podía tener límites.

Por un momento dudó, quizás era su bondad lo que lo había ayudado a transformarse. Esa estúpida necedad que tenía y que lo había llevado a perdonarle la vida la primera vez que llegó a la Tierra. Pero cuando vio a aquel muchacho que despiadadamente había descuartizado a Freezer hasta volverlo polvo supo que era algo más. Él no tuvo miramientos al asesinar Freezer, Cold y al resto de sus soldados. Terminó con ellos sin derramar una gota de sudor, apenas si había pestañeado. Ese muchacho, a pesar de su amabilidad, era similar a él a la hora de deshacerse de sus enemigos.

Luego de entrenar por horas y sin descanso, se dirigió a la cocina y tomó unos platos de la nevera. Tal y como la mujer le había enseñado, calentó la comida y cuando terminó de almorzar la vio asomándose por la puerta.

—¡Aquí estás! Te estaba buscando. Tengo algo para ti, pero necesito que me ayudes con una prueba. Ven, acompáñame. Estoy segura de que te gustará.

Extrañado, la observó y arqueó una ceja. Realmente no tenía idea de qué podía querer con él o qué le tendría preparado. Tampoco imaginó con qué le podría ser de utilidad.

—¿Te lo tengo que repetir? —le gritó.

Todo lo que sabía hacer esa mujer era gritarle y ya comenzaba a exasperarle la forma grosera en la que se dirigía a él. Sin embargo, se puso de pie y la siguió hasta su laboratorio. Cuando lo vio levantarse se sonrió y en lo único que pudo pensar era en cuán ridículo era el peinado que traía. Se veía más normal sin tantos bucles amontonados sobre su cabeza.

—Estuve trabajando en esto toda la noche. Noté que te la has pasado entrenando con la gravedad aumentada y quizás te ayude tener un oponente para pelear. Por supuesto, no podría construir un robot que equipare tus habilidades, pero se me ocurrió algo que quizás sea una buena alternativa.

Sobre la mesa del laboratorio encontró una docena de aparatos esféricos. Ella tomó un control y luego de presionar unos cuantos botones, los robots levitaron en el aire y se giraron rodeándolos. Parecían tener una especie de cámara que rastreaba un objetivo.

—¿De qué se trata todo esto? —le preguntó.

—Lánzale una esfera de energía y verás —contestó con un aire engreído y le guiñó.

Vegeta la miró con su apariencia suficiente e ignoró el gesto, alzó su palma y formó una esfera de energía. El sonido de la energía reuniéndose sobre su mano hizo eco en el laboratorio e inmediatamente aquellos aparatos se dispersaron a su alrededor.

—Apuntale a uno de ellos —dijo la mujer y Vegeta eligió uno al azar y lanzó con fuerza la esfera.

Hubiera esperado que la energía lo destrozara por completo, sin embargo, el aparato había logrado desviar la presión de la esfera para enviarla a otro que hizo lo mismo. La esfera deambulaba de un lado a otro, rebotando entre robots, incrementando su velocidad hasta que uno de ellos lo apuntó a él.

Desprevenido, vio su propia energía regresar a él de forma violenta y sintió sobre su espalda las manos de la mujer escondiéndose detrás de él. Sin dudarlo, golpeó la esfera con el reverso de sus manos y ella explotó contra un rincón del laboratorio.

La terrícola estremecida se aferraba de su espalda desnuda, temblando como una hoja. Pero no le prestó mucha atención ya que estaba inmerso en aquellos pequeños robots que aún lo tenían en la mira. Se preguntó cómo habría logrado que esa tecnología tan retrograda y primitiva sobreviviera la bestialidad de sus fuerzas. Imaginó el escenario que ella le había planteado, usándolos como si se trataran de enemigos.

—Creo que no fue una buena idea probarlos dentro del laboratorio… —balbuceó ella, saliendo del escondite de aquel torso para corroborar los daños—. Bueno, ya es algo tarde para pensar en eso. ¿Qué te parecen? —le preguntó volviendo a sonreír.

—Me serán de utilidad —comentó sin despegar la vista de los robots que levitaban por la habitación.

—No por nada soy la mujer más inteligente y hermosa de este planeta. Apuesto que estás muy impresionado, me costó mucho trabajo —Se acercó a él y dejó el control sobre la palma de su mano—. Con este botón los activas y con este los apagas. Instalaré el mando en la nave así no necesitas usarlo, pero me tomará unos días. Mientras tanto puedes usarlo. Si tienes alguna duda puedes preguntarme. Y por favor, trata de no romper nada mientras te diviertes.

Ella se marchó poco después de explicarle algunos comandos básicos para utilizar en su entrenamiento. Le sonrió nuevamente y se marchó. Vegeta se quedó por un momento en el laboratorio y cuando finalmente estuvo solo, ladeó una sonrisa. La muchacha no era tan inútil como había creído en un principio. De hecho… era bastante inteligente.


N/A: Gracias a ziari27, Leyvis, Mari, Toepiek, Maytelu, Juanita Perez1, belen.b189, Ashril, A. , karenina2186 y un Guest por sus lindos reviews en el capítulo anterior. De verdad me hace super feliz que lean y se tomen un tiempito de comentar. ¡Gracias!