"¡Oye! ¿Qué pensabas hacer? ¡Por poco destruyes mi casa! ¡A ver si ya te comportas!"


Capítulo 4: Entrometida


Apenas podía ordenar sus últimos recuerdos cuando la vio. ¿Qué había pasado? Cierto… La nave había explotado.

Se sentía débil, cansado, con el cuerpo drenado de energía. Se giró a un lado y notó un tanque de oxígeno. Del otro lado estaba ella, la mujer terrícola que disfrutaba gritándole y dándole órdenes. Junto a ella notó una fuente con agua y un paño… ¿Acaso estaba intentando bajarle la fiebre?

Se quedó allí, recostado sin mucha opción. Preguntándose inevitablemente por qué estaba allí. Aparentemente estaban haciendo todo a su alcance para mantenerlo con vida, o al menos ella lo hacía. Y llegó a la inequívoca conclusión de que lo había hecho con la esperanza de salvar su propia vida para cuando llegaran los androides. ¿Qué otra razón podría tener? Él era una amenaza en ese planeta.

Sin embargo, y aunque estaba terriblemente seguro de su conclusión, no dejaba de resultarle extraño. Sí, esa mujer no estaba del todo cuerda. Pero era muy inteligente, si quería sobrevivir tenía que mantenerlo vivo. No le pareció necesario que estuviera allí a su lado para asegurarse de ello, bien podría estar durmiendo en su cuarto y no allí, sentada sobre una mesa.

Incómodo por las ideas extrañas que deambulaban por su mente, intentó levantarse y sintió sus entrañas retorcerse bajo su abdomen. Aún estaba terriblemente malherido y no fue capaz de sofocar el quejido que salió de sus labios. Apretó los ojos intentando desesperadamente ignorar el dolor, sus brazos temblaban sobre el colchón y su frente sudaba copiosamente.

—¡¿Qué estás haciendo?! ¿¡Acaso has perdido la cabeza!? —le gritó ella, que se había despertado y apresurado sobre él para empujar su espalda nuevamente sobre el colchón—. ¡Quédate ahí! ¡Tienes que descansar si quieres recuperarte! ¡Por poco y te mueres!

—¿Y a ti qué diablos te importa? —le cuestionó con suma dificultad.

—¡Guarda silencio! No harás más que hacerte daño. ¡Mira en el estado en el que estás! ¡Es un milagro que aún respires!

—Ese es mi problema —murmuró sin fuerzas.

—¡No tienes remedio! ¡Deberías estar agradecido! ¡Ahora cierra la boca y quédate quieto! —Puso sus manos sobre su pecho y lo obligó a permanecer sobre la cama. Vegeta abrió los ojos, incrédulo ante su atrevimiento y luego notó cómo empalidecía—. ¡Ahh! —soltó con un gesto petrificado—. ¡Estás sangrando! ¡Eres un tonto! Abriste tus heridas, ¡quédate aquí! ¡No te atrevas a moverte! Iré a buscar unas vendas.

Salió corriendo a toda velocidad. Vegeta seguía escuchando sus pasos alejándose por el pasillo, postrado en esa cama, comenzando a sentir la humedad de su abdomen bajo las vendas. Ella regresó luego con un botiquín que dejó sobre la mesa y se acercó a él, rodeando su espalda en un abrazo que lo tomó desprevenido. Sus mejillas se tiñeron, exaltado por su repentina cercanía.

—¡¿Qué estás haciendo?!

—¡Estoy ayudándote para que puedas sentarte!

—¡No necesito tu ayuda!

Vegeta se aferró de la tela de su cama y ahogó un quejido en su garganta mientras se sentaba. Ella corrió a un mueble cercano y sacó un par de almohadas que puso bajo su espalda para ayudarlo a estabilizarse. Luego se sentó frente a él y tomó el botiquín. Sacó un manojo de gasas que dejó sobre la cama y luego se acercó, inclinándose sobre su pecho para retirarle los vendajes ensangrentados.

Él se quedó estático, observando sus manos dar vueltas sobre su torso para deshacer las vendas manchadas. Tomó las gasas y las puso sobre la herida abierta y tomó su mano con la de ella, dejándola sobre las vendas.

—Sostenlo fuerte —le pidió, tomando unas vendas limpias.

—¿Por qué haces esto? —le gruñó molesto.

—Tienes que sostenerlo para detener la hemorragia. No puedes darte el lujo de perder más sangre. ¡Ni siquiera sé cuál es tu grupo sanguíneo! Quizás sería conveniente que tomara una muestra de sangre para saber qué tan compatible sería la sangre saiyajin con la de los humanos en caso de que necesitaras una transfusión. Supongo que somos bastante compatibles… Considerando que Milk y Goku…

Por supuesto que él sabía cómo detener una hemorragia. Sabía cómo cauterizar una herida, ¡sabía cómo amputar un miembro! ¡Eso no era lo que le estaba preguntando!

Abrió los ojos al sentirla acariciándole la mejilla. Tragó con fuerza, su rostro prendido en llamas. La miró a los ojos sin fuerza para sacudirse el gesto, pero ella no le prestaba atención. Habiendo terminado de reemplazar los vendajes de su torso, revisaba atentamente los que tenía sobre la frente. Pasó sus dedos entre las hebras oscuras de su cabello y sonrió con cierto alivio.

—Afortunadamente no te abriste otras heridas.

Vegeta sintió su corazón golpeando con fuerza en su interior, retumbando sobre su garganta, nublando el resto de sonidos en la habitación. Tal fue su incomodidad que sintió que recobraba algo de fuerza y la empujó para ponerse de pie. Tenía que alejarse de aquella extraña mujer lo antes posible.

—¡¿A dónde crees que vas?! —le gritó interponiéndose.

—¡A entrenar! ¡Estás haciéndome perder el tiempo!

Sus rodillas flaquearon, traicionando sus planes. Sintió sus piernas comenzando a desplomarse y la vio abrazarlo, intentando infructuosamente mantenerlo en pie. Bulma se había interpuesto entre él y la puerta y lo último que logró ver él, fue su rostro ofuscado transformándose en otro lleno de pánico antes de terminar tendida debajo de él cuando su fuerza lo abandonó.

—Vegeta… —susurró, aplastada por su peso—. ¡Vegeta! ¡Levántate!... Eres muy pesado… —la escuchó decir—. No puedo… No puedo sostenerte —comenzó a oír como un eco lejano—. ¡Vegeta! ¡Despierta! ¡Me estás… aplastando…

Abrió los ojos, una respiración le rozaba la oreja. Susurró apenas su nombre y se dio cuenta de que era ella. Había perdido el conocimiento. Alzó sus manos apoyándose en el suelo e intentó levantarse. La miró bajo su cuerpo. Sus ojos celestes fijos en él y un incipiente rubor sobre sus mejillas. Probablemente la habría dejado sin aire.

Él bufó mientras volvía a intentar ponerse de pie y la testaruda mujer se levantó, intentando cargarlo sobre su espalda. Percibió cómo su menudo cuerpo temblaba, azotada bajo su peso, pero no desistió de la idea y lo ayudó a volver a sentarse sobre la cama.

Se limpió la frente y se cruzó de brazos.

—¡Pudiste haberme matado! —le recriminó con las mejillas ruborizadas. Sacudió su falda y volvió a mirarlo con un gesto irritado—. Mira cómo dejaste mi vestido… ¿Satisfecho? Ahora sabes que no puedes dar ni dos pasos sin desplomarte en el suelo. Espero que eso te haya servido para darte cuenta de que debes descasar. ¿Acaso quieres morirte sin derrotar a Goku?

Sus palabras lo golpearon con fuerza. Le había dado al clavo, en el sitio justo en el que podía hincar su puñal y retorcerlo. Odiaba admitirlo, pero tenía razón. Él no iba a morir ese día, no sin haberse transformado, no sin haberle demostrado a todos quién era él en realidad.

A regañadientes se acostó sobre la cama una vez más sin decir palabra. El rostro de ella se relajó con cierta satisfacción y volvió a sonreírle.

—Así me gusta. ¿Lo ves? No es tan difícil ser obediente.


N/A: ¡Gracias a la lectora que me notificó que me había equivocado de capítulo! Esto de tener varios fics en simultaneo tiene sus problemas, por eso mismo me comentaron "me dio la sensación de haberlo leído antes". Sí, lo leyeron jaajajja Dadas las circunstancias les recomiendo ir al capítulo anterior, ya que el capítulo Inteligente de Ella y Billones de BAD MAN se mesclaron. Se podría decir que esta es una doble actualización. MIL PERDONES BBS