#felinettemonth
#felixgrahamdevanily
#felinette
#felinettenovember
.
.
.
.
.
DIA 5
Shenanigans
(o embustes o travesuras)
.
.
El tiempo corre, y han pasado otros meses más, ya van casi dos años o quizá tres, sin que Marinette y Félix hayan vuelto a verse. Ambos saben que han seguido con sus vidas.
Sin embargo, un día, se vuelven a ver en una situación especial, muy especial.
.
.
La fiesta dentro del hotel celebrando el aniversario de "Gabriel's" era indefectiblemente, lo más cansino del mundo. No sólo porque ella no fue de invitada, sino de ayudante de su padre; además, también porque en ella se habían reunido la crema y nata del glamour y no tan glamour parisino. En esa fiesta deambulaba Lila Rossi, la mentirosa. Maldita perra. También Chloe Bourgeois, "recoge tu estúpida cofia, panadera". Y además, agotado en una esquina, con una aparente jaqueca permanente, estaba sentado en un sillón, mirando su móvil, el otrora amigo de su juventud, Félix Graham de Vanily. Tonto, imbécil.
¡Qué difícil era ser una mujer joven, pobre y trabajadora en Paris! Y además heroína a tiempo completo, siempre llegando tarde, siempre inventando excusas. Calculó el tiempo que aún le quedaba por trabajar y se maldijo por dentro, en tres días debía entregar un traje completo como trabajo final en uno de sus cursos de la Escuela de Modas, y la verdad, era que no había hecho absolutamente nada por avanzarlo. Repasó mentalmente, todos los patrones que debía hacer, todo lo que debía cortar, los complementos que añadir y el color de tela final. La camisa sería fácil, el pantalón también, pero el chaleco y la chaqueta implicaban estilo y mucho diseño. Suspiró, lamentando su falta de originalidad en cuánto a trajes se refería. Hay días en que me odio a mí misma.
Y luego habían días como lo sería ése, inolvidable.
- Marinette, Marinette, oh no te ví, déjame uno de esos - le dijo una voz conocida.
- ¡No toques mi bandeja!, ¡púdrete en el infierno, Graham!- susurró malamente.
La bandeja del champán que ella llevaba, tambaleó de ira y de desconcierto. Marinette recordó que no debía servirla ahí, sino más adelante, casi casi muy cerca del padre de Adrien, si tan solo pudiera llegar...
- Ven, te ayudo- volvió a decirle esa voz.
Y Félix cogió dos copas de la bandeja y se las terminó de un sorbo.
- Hey, deténgase Mr. Graham que eso no es zumo. Y bastante tengo tratando de evitar a la mentirosa de Rossi como para tratar de evitarte a ti, Félix.- confesó, enfadada.
- Rossi, esa perra.- musitó Félix.
- No debiste tocarle los pechos.- murmuró molesta.
- ¡No, no!, ¡no se los toqué!. Ella se abalanzó sobre mí. Y...un poco más de esto por favor... Es que está buenísimo... de dónde lo habéis traído?- preguntó él, refiriéndose al champán.
¡Qué conversador!
- Del supermercado, Félix.- picó la morena.
Su cara fue un poema, Marinette llevaba mucho cabreo encima como para controlar el mal humor y el agobio de estar ahí perdiendo el tiempo. Félix hinchó las mejillas, como si fuera a escupir la bebida.
- Tonto, de una bodega en el norte, empresa familiar, sólo produce por encargo. Hoy hemos traído lo más fino, Mr. Graham, como para ingleses estirados y puntuales como tú.- aclaró.
Y dándole la espalda, se marchó furibunda con su bandeja y su impaciencia, atravesando a la gente, escapando de Rossi y sus palabras hirientes: "camarera, camarera", como si ella no supiera que se llama Marinette. Maldita Rossi.
Lo siguiente que vio, a lo lejos y en cámara lenta, fue como la maldita mentirosa colisionaba ahora sí de verdad, con Félix, derramándole una copa entera de vino blanco encima del impoluto frac del inglés. Una desgracia. Perra, perra, maldita.
Dejó la bandeja a un lado y voló hacia él, porque simplemente no se lo merecía, porque había sido injusto. Fue un ataque directo, casi sin razón, hecho de puro odio. No lo podía permitir, era Félix después de todo...si tan sólo ...pero no pudo pensar más porque apenas llegó junto a él, decidió ponerse manos a la obra, ayudándole a limpiarse, a secarse. Y cuando volvió a mirar a Félix, lo vio muy dignamente tratando de secarse el rostro, el pelo, el pecho.
- Oh, oh, mira Félix ya viene la camarera a ayudarte. Te has demorado demasiado, camarera. ¡Ahora haga su trabajo!. Te dejo, cielo, creo que eso es todo por hoy.- exclamó Lila, triunfante.
- ¡Rossi! ¡Pídele disculpas!- exigió Marinette, leal a él.
- ¡Camarera!- dijo Rossi, mientras miraba de arriba a abajo, en una mirada de franco desprecio.
Y taconeando miserablemente, la modelo italiana se largó de ahí, dejándole el problema a Marinette.
¡Qué gentuza! pensó Marinette.
Ella observó a su padre a lo lejos, en la mesa de las bebidas, y en un diálogo visual ambos acordaron que ella se tomaría un descanso, mientras ayudaba a Félix a lo que fuera. Lo cogió del brazo y lo llevó a unos aseos privados con salita y todo, sin público, donde trató de secarle la camisa, el chaleco, los zapatos. Y el pelo, oh sí, su pelo.
- Déjalo, no hay solución- bufó cansado...- Me iré inmediatamente, Adrien y su novia pueden irse perfectamente a la mierda. No debí venir.-
- No, no debiste. Ni yo tampoco, puta fiesta. La odio.- habló, confesando sus sentimientos desde el fondo de su alma.
- Maldita Rossi- dijeron al unísono, luego de unos segundos de silencio.
Ambos rieron por la coincidencia. Por llegar a la misma conclusión con respecto a Lila Rossi.
- ¿Que le hiciste?- Marinette buscó un sofá dentro del exclusivo aseo y sentó a Félix en él. Luego se agachó y con una toalla seca, empezó a secarle los zapatos.
El la vio a sus pies, vestida con un delicado atuendo negro y delantal blanco, su cabello recogido en una coleta servil rematado con una cofia demasiado grande para su cuerpo. Le pareció que seguía siendo amable y guapa, y delicada y atrevida. Y ahora muy dedicada, dedicada a él.
- Le dije que no me iba a acostar con ella-
Una suave carcajada nació del pecho de ella, brindando un poco de luz ante un encuentro tan incómodo.
- Fé, ¿en serio?- le preguntó Marinette, deteniéndose en su tarea y mirándole a los ojos.
Y él asintió porque era cierto. Lila era una mentirosa compulsiva que siempre inventaba historias, manipulando el entorno y beneficiándose ella sola.
- Le dije que no era mi tipo-
- ¿Y cuáles son tu tipo, Fé?- se lanzó Marinette.
El prefirió no contestar a pesar que el momento era el indicado. Pero no pudo quedarse callado, después de todo, la tenía ahí a sus pies. Ayudándole como si siempre hubieran sido amigos, como si siempre se hubieran querido.
- El vestido te sienta bien, Marinette. A pesar de ser negro y de esa cofia blanca horrible.-
Y ¡tarán!, ella lo miró asombrada, se sonrojó intensamente, y bajó la mirada hacia el borde de su pantalón que todavía lo tenía mojado.
- Y a ti te sienta bien tu frac...-
El la sujetó del brazo y la puso de pie, su tacto cálido, su piel blanquísima y tersa, su roce. Marinette le daba escalofríos, como una electricidad que le roía el cuerpo. ¿Qué sería eso?
- Déjalo, Dupain-Cheng, yo puedo hacerlo solo.-
Y mientras ella lo contemplaba, pensó que quizá está vez, conocerla mejor, ya mucho más mayores, ya menos intensos, ya con la mente más clara, pensó que quizá conocerla más sería una buena idea.
- ¿Te quedarás en París?...- Marinette cogió aire y decisión.- Necesito a alguien que me haga de percha para un trabajo final: un traje. Para la Escuela de Modas, ya sabes.-
Un traje.
Ella notó que sus ojos verdes esmeralda resplandecían sin razón, sin motivo, como si estuviese sonriendo por dentro.
Quizá sea una buena idea, se dijo él.
Félix asintió, y le confirmó que si necesitaba algo más sólo lo pidiera, que él estaría muy agradecido de ayudarle.
- Bueno, luego de que me ayudes mañana, podríamos tomarnos algo, ¿no?- arrojó a la suerte su destino, la cansada Marinette.
- ¿Llegarías puntual?- le picó él, guiñándole el ojo y acercándose a pocos centímetros de ella.
- Te recompensaría cada minuto que llegue tarde.- Remató ella.
Él asintió, y ella le sonrió aún más. Tenía mucha expectación, quería hablar mucho más con él, saber qué estaba haciendo, cómo le había ido, por qué estaba tan guapo, por qué no le había escrito en años. Quería un poco más de él, pero sería mañana, claro que sí, mañana.
Y el mañana llegó como cuando escampa después de llover. Deslumbrante, esperanzador.
.
.
.
.
¡26 días de felinette!
Cambio y corto
Lordthunder1000
