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DIA 6
DETECTIVE
(o Detective)
Félix y Marinette han retomado su relación, luego de tanto tiempo, para darse una segunda oportunidad.
Pero un día, otro vez los akumas lo atormentarán.
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Era muy oscuro, casi de noche y no podía ver bien porque las farolas de la calle habían dejado de funcionar. Unos suaves temblores remecían el pavimento, provocando que trastabillara cada dos pasos. Todos iban en sentido contrario adónde él iba, así que debía hacerse camino a las malas. Sin embargo, tenía la firme resolución de seguir buscando, retrocediendo sus pasos, recabando pistas.
Creo que fue por aquí...no, no...parece la otra calle.
Y casi convencido qué ese era el camino correcto, se lanzó a por la otra esquina. Sí, fue por aquí. Observó como algo parecido a un trueno impactaba en el edificio al lado suyo, desmoronándolo en pedazos. Se cubrió levemente con un brazo, mientras hacía alarde de reflejos y agilidad para escapar del estallido y de los escombros más grandes.
Resbaló un poco por la gravilla de la destrucción. Patinando sobre la calzada. Pero se recompuso otra vez, y otra vez siguió hacia delante. Desdeñando el peligro, vehemente, ligero de mente.
Sí, fue aquí.
Encontró la tienda de libros totalmente destruida, hecha cenizas y polvo, hierro destrozado y retorcido, cristales rotos.
No, no por favor.
Un inmenso agobio le lleno el pecho y tratando de recuperarse de la horrible impresión, mientras se adentraba en los escombros, buscando a algo, a alguien.
- ¡No puedes estar aquí, estamos en medio de un ataque, debes evacuar!.- gritó una voz en sus espaldas.
El se incorporó suspendiendo su tarea, enfadado e impaciente, molesto por la interrupción. Así que giró hacia la heroína de la mariquita que estaba gritándole a lo lejos.
-¡Lo lamento Ladybug!.- le dijo haciendo una reverencia estúpida..- ¡Será mejor que te dediques a ganar a quién demonios esté haciendo esto lo más rápido posible! Yo me quedaré por aquí, mientras tanto.-
Y pasando absolutamente de ella, volvió a su labor.
- ¡He dicho que te largues, es peligroso!- le volvió a gritar la poderosa Ladybug.
Félix perdió la poca paciencia y esperanza que tenía en esos momentos, se vio perdido, buscando dentro de la nada. Sólo polvo y destrucción. ¿Dónde estaría ella? ¿Debajo de todo? ¿Habría logrado huir? Es pequeña y ligera, se dijo, quizá logró salir por algún sitio. Si tan solo no se hubiera soltado de mi mano...
- Si tan solo no se hubiera soltado de mi mano...- dijo en voz alta, sin quererlo. Súbitamente desesperanzado.
- ¿De qué estás hablando?, ¡debes irte ya!- vociferó la asombrada heroína.
Una ráfaga de energía atravesó el cielo a baja altitud, casi rozándoles las cabezas y se fue a empotrar ante el edificio de enfrente, explotando absolutamente todo. Pero esta vez, el impacto y la destrucción fueron atajados por un héroe de negro y cola de gato, de pose guay y lengua vivaz.
La heroína vio a Félix, entonces, deshecho, cansado, agotado. Vio cómo él se llevaba ambas manos a la cara y se cubría con ellas, mientras empezaba a moverse de un lado para otro, aturdido, pero al siguiente segundo, él bajó las manos, las hizo puño y empezó a dar puntapiés a las baldosas levantadas, furioso.
- No debió soltarse de mi mano, no debió, pero se me escurrió, alguien tiró de mí, y...- escuchó que Félix rezongaba para sí mismo.
Ella se acercó a él, mientras detrás suyo su compañero se batía en duelo cruento a un monstruo bestial que lanzaba rayos y truenos por su boca. Tampoco a ella le podía importar menos en ese momento.
- Lo arreglaremos, ella volverá, debe estar escondida. Los parisinos ya están acostumbrados. Ahora refúgiate, por favor. Ella volverá.- susurró despacio, poniendole una mano enguantada sobre el hombro derecho de él.
Félix temblaba quizá de ira o de impotencia, estaba nervioso y ella nunca lo había visto así.
- ¡Haced bien vuestro maldito trabajo, y solucionarlo todo!. ¡Ineptos! ¿Cuántos años lleváis así? ¿cinco, diez? ¿Creéis que esto puede seguir así? Y además estás perdiendo el tiempo, ve a ayudar a tu compañero. ¡Ganad, venced, pero ya, por favor, hacedlo ya!-
Felix sujetó fuertemente a la heroína por los hombros, meneándola sin control. Estaba furioso, y odiaba toda la situación. Akumas, Paris, Marinette, vida y muerte, desesperación y terror. No entendía cómo los demás se acostumbraban a vivir en una maldita guerra mágica. No entendía porqué...en ese momento, recordó que le estaba gritando a la única que podía solucionar el problema y que eso, no era conveniente.
La soltó, avergonzado. Se cogió la nariz y resopló antes de pedir disculpas, de pedir perdón por su comportamiento.
- Lo lamento, gracias por vuestro trabajo pero prefiero quedarme por aquí. Algunas veces, algunas veces, soy muy imbécil y un idiota...Ahora luchad, por favor, por favor.- suplicó, ya más tranquilo.
No había tiempo para más, Ladybug lanzó su yoyo y desapareció acompañando a su compañero gatuno por lo que quedaba de los tejados de Paris. Destrucción, muerte, desolación. No importaba que luego todo se recuperara, eso era lo de menos. El horror de ver cómo cada día algo malo sucede no debería ser normalizado, se dijo él. No deberían conformarse, deberían solucionar el problema ya.
Y nuevamente, como años antes, una nube de mariquitas rojas flotó, atravesándolo, envolviendo, llenando de calidez y confort el alma atribulada. Su respiración se calmó y su mente aligeró su peso. Al abrir los ojos, se vio en medio de una calle perfectamente construida al lado de personas que estaban igual de asombradas que él. Se volteó y se dio cuenta que estaba enfrente de la tienda de libros, de donde minutos antes él había estado con Marinette, riendo y charlando, en una de sus tantas citas ya frecuentes y conmovedoras.
Una voz muy bien conocida le alcanzó en la distancia, ella corría veloz a su encuentro, con su vestido rojo y cinturón negro cubierto con un abrigo de paño rojo que ella misma diseñó. Llevaba una mano en alto y sonreía al verle, al encontrarle.
- ¡Félix, Félix! Estoy aquí, estoy aquí-
No dudo más. Ya no podía más. Hoy era su límite. Durante unos meses, había logrado controlar todo lo que sentía por esa mujer. Afecto, veneración, ternura. Y paciencia y perdón, porque ella siempre llegaría tarde, pero siempre también le recompensaría su espera, su tiempo perdido. Regalándole una sonrisa, un abrazo, una buena caminata. Un café, o un té, o un libro. O bajando gatitos de los árboles, o merendando en su panadería, riéndose con su padre y con su madre. Marinette. Ya había pasado el tiempo de las citas, ahora tenía la certeza de que iba a ir a por más.
- Oh, Félix, me tropecé y alguien me hizo a un lado, y solté tu mano, lo lamento. Pero no me pasó nada, estoy bien, me refugié muy bien en un sótano y ahí esper...-
No la dejó concluir, la sujetó fuertemente de su cintura por debajo de su abrigo y la alzó al vuelo para estamparle un beso devorador y hambriento, mientras la estrujaba contra su cuerpo, sorprendiéndola. Lentamente, su beso dejó de ser intenso y fuerte, para volverse dulce y apasionado, mordisqueando su labios, lamiendo sus dientes, frotando su nariz contra la de Marinette. Habían dado un paso hacia la pared y la tenía arrinconada contra ella, sin escapatoria. Le dio un último beso intenso antes de dejarla respirar, y con mucho cariño, apoyó su frente sobre sus ojos.
- Pensé que te había perdido, Mari. Lo pensé, y volví a buscarte y …-
Ella se colgó de su cuello, mientras nuevamente sus labios se unían, ahora tiernos y ligeros, ahora en paz y calma. Ahora llenos de amor.
- Fé, hoy, hoy...no me lleves a casa...por favor...-
Él asintió, y sin soltarle de la cintura, ambos echaron a andar.
Era su primera caminata del amor y fue inolvidable.
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¡25 días de felinette!
Cambio y corto
Lordthunder1000
