A/N: A ver cómo explico yo esto.

En este universo, PP3 existe, pero a la vez no existe.

Es decir: las vidas de las chicas han seguido (en su mayoría) el rumbo de la tercera película, PERO. Nunca se reunieron en el acuario y nunca se fueron de tour por Europa con los militares, PERO. Beca sí firmó un contrato con DJ Khaled y se hizo famosa, PERO. Fue por méritos propios y no por haber ganado un concurso.

¿Queda medianamente claro?


Capítulo 1: ¿Qué se me ha perdido a mí allí?

Patel Brothers, Nueva York

21 de febrero del 2026, 15:41h

Un escalofrío recorre su espalda cuando hace girar el carro de la compra para entrar en el pasillo de los congelados, pero Chloe apenas lo nota.

A través de sus AirPods, escucha los pitidos que emite su móvil como señal de que todavía está tratando de establecer la conexión para su llamada. Sus dedos golpetean, con impaciencia y nerviosismo, la barra del carro.

Alarga una mano para abrir una de las neveras, suspirando con frustración cuando los pitidos se cortan abruptamente para dar paso al buzón de voz de su mejor amiga. Toca el lateral de su AirPod dos veces con la yema del dedo para colgar.

Con el ceño fruncido, deja caer un paquete de guisantes congelados en su carrito y lo empuja para enfilar el pasillo de la leche.

Vuelve a intentarlo mientras deja un pack de leche en el carro, mientras espera la cola de la carnicería, mientras carga las bolsas marrones de papel llenas de comida en el maletero de su Prius.

Pero Aubrey no responde a ninguna de sus llamadas y Chloe gruñe al escuchar la bienvenida de su buzón de voz por cuarta vez.

Cuelga sin dejar un mensaje.

Entra en su Prius y, sin encender el motor todavía, sus dedos se agitan con nerviosismo sobre la piel del volante.

Tiene que contener las ganas de seguir insistiendo hasta que Aubrey se canse de ignorarla porque su parte racional sabe que, si Aubrey estuviera disponible, ya habría respondido. Probablemente esté en una reunión con el móvil en silencio y ni sabe que Chloe la está llamando.

Resignándose a tener que esperar un poco más para compartir sus sospechas con su mejor amiga, guarda los AirPods en su funda y gira la llave en el contacto.


Apartamentos Allendale, Nueva York

21 de febrero del 2026, 17:11h

Aubrey le devuelve las llamadas cuando está inclinada sobre los fogones, sintiendo el vapor de la cacerola en la que está hirviendo agua para los guisantes empapar su piel.

Chloe se seca una mano rápidamente en el trapo que cuelga de uno de sus hombros. Toca uno de sus AirPods para contestar y la voz alarmada de Aubrey sustituye la música que estaba escuchando.

- ¡Chloe! ¿Se puede saber qué ha pasado? Tengo como… Diez llamadas perdidas tuyas.

La pelirroja decide ignorar los saludos y va directa a contar el motivo tras su llamada porque no cree que pueda guardárselo para sí misma por más tiempo.

- Creo que me lo va a pedir esta noche – las palabras explotan de su boca, casi pisándose unas a otras en su prisa por salir.

- ¿Qué? – exclama Aubrey, confusa –. No te escucho bien, ¿dónde estás? ¿Vas conduciendo?

Chloe alza la mirada y se da cuenta de que tiene sobre la cabeza la campana de extracción encendida para que no se llene la cocina de vapor.

- Estoy haciendo la cena – suelta una risita y se aparta, volviendo a la encimera para cortar más zanahorias.

- Ah, eso lo explica – ríe Aubrey –. ¿Qué dijiste antes?

- Bueno, ahora ya va a ser completamente anticlimático – Chloe resiste las ganas de hacer un puchero porque sabe que su mejor amiga no puede verla –. Creo que Brad me lo va a pedir esta noche.

Hay una pausa al otro lado de la línea, como si le hubiera hablado en código y Aubrey estuviera intentando descifrarlo.

Chloe sabe el momento en que la rubia entiende a qué se refiere porque escucha una exclamación ahogada y una puerta cerrarse, y se imagina a Aubrey salir corriendo de donde estuviera en busca de un poco de privacidad.

- ¿Estás segura?

- Bastante – promete Chloe –. Sugirió que hiciéramos una cena romántica, en casa, solo nosotros dos. Como antes. Incluso va a salir antes del trabajo para llegar más pronto.

- ¿Y te hace ilusión?

El tono de Aubrey es delicado al hacer la pregunta, pero aun así Chloe no puede evitar dar un pequeño respingo.

- ¿Qué clase de pregunta es esa? – En cambio, ella responde a la defensiva, como un erizo que levanta sus púas al sentirse amenazado.

La rubia suspira.

- Porque estáis pasando por una mala racha y no quiero que te crees esperanzas de que el matrimonio lo va a arreglar todo.

Chloe se desinfla, y deja el cuchillo que está usando para cortar verduras sobre la tabla porque no se fía de sí misma ahora mismo y no quiere arruinar la noche con un viaje a urgencias y un dedo menos.

- Ya sé que no lo va a arreglar todo – admite en voz baja –. Pero si me lo pide significará que entonces estos meses solo son eso, una mala racha. Y las malas rachas pasan.

Aubrey emite un "mmhh" comprensivo.

- Todavía no me creo que no me haya pedido ayuda en ningún momento – exclama de repente llena de indignación.

Chloe ríe, agradeciendo el obvio cambio de tema.

- Ya sabes cómo es Brad, le gusta hacer las cosas a su manera.

- Ya, pero normalmente suele consultar estas cosas conmigo antes de hacer nada.

- Sí, en Navidades o por mi cumpleaños para que no acabéis repitiendo regalos – ríe Chloe –. No sé, Bree, ¿acaso tienes intención de pedirme matrimonio en el futuro próximo? – esboza una sonrisa torcida y arquea las cejas, burlona.

Casi puede escuchar a Aubrey poner los ojos en blanco.

Su bufido, sin embargo, le llega alto y claro, y por algún motivo solo hace que Chloe encuentre la situación de lo más divertida y empiece a reírse con más ganas.


Apartamentos Allendale, Nueva York

21 de febrero del 2026, 19:03h

Chloe está terminando de encender las velas con una cerilla cuando escucha la puerta de su apartamento abrirse y el tintineo de las llaves golpear el cuenco de la entrada.

Inmediatamente después, Billie alza la cabeza de donde está tumbada en el sillón y da un brinco. Sale corriendo como una loca, resbalando sobre el parqué para ir a saludar a Brad la primera de todas.

- ¡Hola! – grita Brad para hacer notar su llegada.

- ¡En el salón! – responde Chloe.

Oye la risa de Brad cuando Billie le recibe entre saltos y ladridos excitados, pero le ordena que se mantenga lejos para no llenarle el traje de pelos.

El sonido de los zapatos de vestir de Brad sobre el parqué, seguido del rasqueteo de las uñas de Bille en la madera, se acerca progresivamente hasta que Chloe siente su presencia a su espalda. Dos brazos se enroscan en su cintura y siente un beso en su hombro.

- ¿Qué tal tu día? – pregunta cubriendo las manos de su novio con las suyas para prolongar el momento.

- Mmmhh, no me lo recuerdes – pide Brad en un quejido.

Chloe gira en sus brazos y cubre su mejilla con su mano en un gesto que derrocha ternura. Pero, antes de que pueda acortar la distancia entre ellos para darle un beso dulce, Brad da un paso hacia atrás con la excusa de ir a cambiarse de ropa.

Chloe intenta ignorar el escozor de su rechazo una vez más, y espera, la última.

Entiende que está agobiado, que tiene mucha presión en el trabajo porque es el nuevo y tiene que demostrar que hicieron bien al confiar en él y ofrecerle un gran puesto en una de las firmas de abogados más prestigiosas de la ciudad.

Pero Chloe teme que su relación no vaya a sobrevivir al cambio si Brad no empieza a construir un puente que cruce la brecha que se ha formado entre ellos.

La cena transcurre con normalidad: Chloe habla de sus niños y la nueva trastada del día, Brad felicita su cocina y la llena de halagos.

Y Chloe observa el rostro de su novio en la titilante luz de las velas y busca señales que delaten un poco de nerviosismo, un poco de emoción, un poco de excitación incontrolable por estar a punto de cambiar sus vidas radicalmente.

Viéndolo en retrospectiva, Chloe no andaba tan desencaminada.

- Chlo, me gustaría hablar contigo sobre algo – dice Brad cuando sus platos están vacíos y las copas de vino rellenadas por tercera vez.

La pelirroja siente su corazón dar un brinco en su pecho e intenta contener su ilusión. Deja caer su mano de forma disimulada sobre la mesa, a medio camino, a la espera de que Brad la alcance con la suya.

Pero Brad solo agacha la mirada y baja sus manos a su regazo.

- Sé que has notado que he estado muy distante y ausente, y mi nuevo puesto no tiene toda la culpa – comienza a decir en tono serio –. He estado reflexionando mucho sobre nuestra relación estos meses.

Chloe contiene la respiración, a la espera del discurso romántico que Brad obviamente tiene preparado.

- Llevamos tres años juntos y ha sido un viaje maravilloso…

Chloe traga saliva y se pregunta por qué el tono de Brad suena tanto a que hay un "pero" en camino.

- Pero – dice él, y el corazón de Chloe se desploma en caída libre hasta sus pies –, intento vernos dentro de diez, cinco, dos años, y no lo consigo – admite con una sacudida de cabeza pesarosa –. No me veo pasando el resto de mi vida contigo, Chloe.

La pelirroja está en un shock tan profundo que se lleva una mano a la boca, no para ahogar un sollozo, sino para evitar que se escape la risa histérica que siente burbujear en su pecho.

No se puede creer que haya estado a punto de hacer el mayor ridículo de su vida.

- Si te soy completamente sincero… – Brad agacha la mirada, como avergonzado –. Nunca te cuento nada sobre mi trabajo nuevo porque… Bueno, he conocido a alguien.

Alza la cabeza y extiende sus manos en la mesa para sujetar la que Chloe tan convenientemente colocó a su alcance.

- Te prometo que no ha pasado nada entre ella y yo – asegura con desesperación en la voz y urgencia en sus ojos verdes –. Pero creo que me arrepentiría para siempre si no me diera la oportunidad de explorar las cosas con ella y ver a dónde nos llevan.

Brad parece estar suplicando por su comprensión, como si esperase que Chloe fuera a sonreírle y darle su bendición para que se vaya a explorar su relación con otra mujer, y es todo tan surrealista que las ganas de reír vuelven con fuerza.

Las siente picar en su garganta, pero no es capaz siquiera de carraspear.

- A lo mejor no llega a nada – Brad sigue hablando, ¿por qué sigue hablando? –. Pero a lo mejor es ella con quien al final quiero casarme.

Y esa es la gota que colma el vaso para Chloe.

Las palabras de Brad son como un calambre y la pelirroja aparta sus manos de las de su ex con tanta brusquedad que parece que se la estuviera sujetando encima de un hierro al rojo vivo.

Absolutamente inmóvil sobre su silla, su espalda recta como si llevara un corsé por debajo del jersey, Chloe alza la mirada para fijarla en el hombre sentado al otro lado de la mesa y lo fulmina con ella.

- Vete – musita a través de sus dientes, apretados con tanta fuerza que la palabra es apenas inteligible.

Pero Brad lo entiende a la perfección porque agacha la cabeza como un perro al que acaben de regañar.

- Vete – repite Chloe.

Brad alza las manos en un gesto de rendición y se levanta de la silla, dejando la servilleta de tela sobre la mesa.

Despacio, como si esperase que Chloe cambiase de idea de repente y le suplicara que se quedase para que le cuente más cosas sobre su nuevo amorcito, se encamina hacia la puerta del salón con los hombros caídos.

Chloe no se gira para verle marchar.

Espera hasta que escucha la puerta de su apartamento cerrarse y entonces, y solo entonces, se permite emitir sonido alguno.

Lo que sale de su garganta, sin embargo, no son risas.


Icarus, Los Ángeles

13 de marzo del 2026, 21:25h

La puerta del estudio se abre y Beca se gira en su silla para lanzar una mirada fulminante a quien esté a punto de entrar porque dio órdenes muy claras de que no quería ser molestada.

Sin embargo, su furia se apaga como la llama de una vela al ser soplada cuando reconoce las bolsas de papel con el logo del servicio de comida a domicilio y los larguiruchos brazos de su asistente cargando con ellas.

Se levanta de un brinco de su cómoda silla acolchada para ayudarle y coge la bolsa que está encima de sus brazos, probablemente depositada ahí por el repartidor cuando vio que Kyle ya no tenía más manos libres.

Su asistente esboza una sonrisa agradecida una vez su rostro es descubierto y deja de estirar el cuello en una postura rara para poder ver.

Beca sonríe para sí misma al fijarse en que, a pesar de ir cargado, se las ha apañado para llevar su iPad bajo el brazo y refuerza su teoría de que la tablet es, a estas alturas, prácticamente una extensión más del cuerpo de Kyle.

Su nariz, sin embargo, se arruga al detectar un olor extraño en el aire y Beca ríe.

- Es salvia – responde a la pregunta no hecha, apuntando con un gesto de cabeza hacia la esquina donde, sobre un platito dorado, se está quemando lentamente un ramillete de incienso –. Para crear ambiente.

Dejan las bolsas, cálidas por el calor que desprende la comida de su interior, sobre la mesita de centro. Kyle deposita su iPad al lado y toma asiento en el mullido sillón de cuero negro para empezar a repartir la comida.

Beca se dirige a la mesa de mezclas y presiona el botón que permite que su voz se escuche en los auriculares del estudio.

- Oye, Ash. Está la cena aquí.

Ashton, más conocido como Daniel Caesar, deja de pasear por la cabina de grabación y se gira, sus ojos ocultos tras unas gafas de sol, hacia la pared de cristal. Levanta el dedo pulgar para señalizar que lo ha escuchado.

- Voy a repasar esto una vez más y ya salgo – informa, agitando el iPhone en el que tiene abierto el bloc de notas con la letra de su nueva canción –. Id cenando vosotros si queréis.

- Okay.

Beca gira un dial hacia la izquierda, disminuyendo el volumen con el que se escucha lo que sale del micrófono.

Rueda su silla para acercase a la mesita y ve que Kyle está inspeccionando los cambios que se ha visto obligada a hacer en el estudio por petición de Daniel Caesar. Al parecer, su flow creativo se ve interrumpido si el ambiente no es el adecuado.

No es el requisito más extraño que Beca ha recibido en lo que lleva de dueña de la discográfica, de modo que no tuvo problema alguno en aceptar sin una sola protesta.

Cubrió las lámparas con paños de colores que atenúan la luz y la tiñen; y, en el interior de la cabina de grabación, donde Ashton está cantando escalas para calentar la voz, puso una fina alfombra de estilo persa para que pudiera descalzarse.

- Te dije que poner una alfombra en la cabina era una buena idea – le recuerda Kyle con retintín sabiondo en su voz.

Beca pone los ojos en blanco y se inclina hacia delante para coger las patatas fritas que acompañan su sándwich BLT.

- Tú lo que querías era convertir esto en un áshram.

- Vale, admito que la idea de la fuente de agua reciclada era llevarlo un poco demasiado lejos…

- ¿Tú crees? – acusa Beca con una ceja arqueada.

- …pero me mantengo firme en todo lo demás – continúa Kyle como si nada, alzando la barbilla en un gesto orgulloso. Coge un paquete de mostaza y le arranca una de las esquinas con los dientes, escupiendo el trozo de plástico –. Los estudios están muy sosos, necesitan un toque más hogareño.

Beca observa, no sin cierto desagrado, cómo su asistente reparte la mostaza en la superficie de su perrito caliente.

- Ya pusimos sillones y mesas – señala hacia la mesa negra que están usando para cenar. Quita el palillo que mantiene su sándwich de una pieza y levanta la tapa de pan tostado superior –. ¿Qué más quieres?

Ahora es Kyle quien la observa a ella con desagrado mientras echa mayonesa sobre la lechuga y vuelve a colocar la loncha de pan tostado en su sitio.

Le lanza una mirada inquisitiva, como preguntándose si Beca realmente es tan densa que se cree que con un par de sillones de cuero y unas mesas de madera ya está todo solucionado o si solamente lo está diciendo para picarle.

Beca le sonríe, confirmando sus sospechas de que se trata de lo segundo.

- En mi opinión, cada estudio debería tener un tema – dice Kyle y sus ojos chispean tras sus gafas redondas solo de pensar en que sería el encargado de la decoración.

Deja su perrito caliente sobre el papel de aluminio en el que venía envuelto y se limpia los dedos con una servilleta. Con las manos libres, las extiende en el aire para pintar mejor sus ideas para Beca.

- Imagínate esto – pide –. Este podría ser el indie – señala en un círculo a los cambios ya hechos –, el tres podría ser el de pop, el dos de rock, el uno de country y el cinco… – chasca los dedos –. El cinco sería el de música clásica.

Beca le lanza una mirada sarcástica.

- ¿Y quién vendría a grabar en el cinco? ¿Beethoven?

Kyle bufa y vuelve a coger el perrito caliente, viendo que Beca no está receptiva a sus ideas.

- No se trata de poner al artista en el estudio que encaja con su estilo musical – explica de todos modos –. Es solo para generar un ambiente más creativo.

Beca medita la propuesta mientras mastica su sándwich.

Debe reconocer que ella no le da tanta importancia a la decoración de los estudios como su asistente, pero también es cierto que ahora mismo no son más que paredes blancas con un par de muebles y tampoco es esa la imagen que quiere que transmita su discográfica.

El piso de abajo, donde se encuentran las oficinas y las salas de conferencias, está completamente decorado con mimo y a su gusto. Es un contraste desagradable subir a los estudios y ver lo desnudo que está todo todavía.

Da la impresión de que acaban de mudarse al edificio cuando en realidad ya llevan aquí un año y medio.

Pero Beca ha tenido cosas más importantes de las que encargarse que de la decoración, y a pesar de que Kyle se lo ha mencionado un par de veces, su presupuesto inicial era bastante ajustado ya de por sí.

Tuvo que hacer sacrificios y establecer prioridades y, por desgracia, el interiorismo no fue una de ellas.

- Ya sabes que no tenemos… – empieza a decir Beca con un suspiro.

- El presupuesto para ello, ya lo sé – termina Kyle por ella, la emoción dejando su cuerpo y hundiendo sus hombros.

Beca se siente mal por haber chafado las ilusiones de su asistente una vez más, pero supone que parte de su trabajo consiste en ser la villana que dice que no a todo aunque quiera poder decir que sí.

Resignada, alarga una mano para coger su bebida y se lleva la pajita de cartón a la boca.

- ¿Cómo está la agenda para esta semana? – pregunta entre sorbos de su Coca-Cola.

Kyle usa la pelota en la que se ha convertido su servilleta para limpiarse la boca mientras alarga una mano para coger su iPad de la mesa. Lo desbloquea rápidamente y enseguida tiene abierto el calendario del mes.

Todos los días de la semana tienen cuadrados en diferentes colores que señalan compromisos previos y Beca se siente agotada solo de verlo.

- Mañana tienes sesiones de estudio hasta las seis – Kyle empieza a repasar todas sus anotaciones, subiéndose las gafas cuando la fina montura metálica resbala por su nariz.

Beca va ojeando al mismo tiempo el calendario de su iPhone para comprobar que no se haya saltado nada, a pesar de que Kyle se encarga de sincronizarlo con el suyo todos los días antes de irse a casa.

- El martes a las diez tienes la entrevista con Rolling Stone y la sesión de fotos a las doce.

- ¿Dónde es?

- Lo quieren hacer aquí – contesta Kyle –. Para mostrarte en tu elemento y así darnos un poco de publicidad.

- Perfecto – asiente Beca, pensativa, mientras lo teclea en su calendario para que no se le olvide.

Le salta una notificación de mensajes nuevos en el chat de las Bellas y la borra con un desliz del pulgar. Ya los leerá luego cuando tenga un momento de descanso.

- El miércoles tienes reuniones de estrategia con marketing y contabilidad – continúa su asistente –. Y me dijo Sammy que quería hablar contigo, pero no especificó la hora.

Beca pone los ojos en blanco porque eso es tan típico de su mentor.

Una vez cada dos o tres meses, sin seguir ningún tipo de patrón lógico, su viejo jefe se pone en contacto con ella para ver qué tal va.

Beca aprecia su interés, ya que Sammy no deja de ser su punto de referencia en la industria. Solo le gustaría que fuera un poco más constante y menos caótico, pero entonces, supone, no sería el Sammy que ella conoció.

- El jueves tienes la gala benéfica de la fundación de Rihanna.

- Mmm cierto – musita Beca a través de un puñado de patatas fritas. Traga y ayuda a bajar la comida con un sorbo de Coca-Cola –. ¿Cómo va el tema del vestido?

- Le hicieron los ajustes necesarios y lo dejarán el miércoles en tu casa – responde Kyle, eficiente como siempre.

La morena asiente, complacida, y le hace un gesto con la mano para que siga.

- Y recuerda que el viernes tienes la cena con la modelo del vídeo de Harry Styles.

Beca resopla y su boca se frunce alrededor de la pajita de cartón.

- Uf, el viernes es un mal día. ¿No puedes postponerlo? – pregunta con los ojos guiñados.

- Entonces sería la tercera vez que lo postpones – apunta Kyle en un tono ligeramente exasperado –. Shannon te va a mandar a la mierda. Sinceramente, es un milagro que no lo haya hecho ya.

- Pues tampoco sería tan malo… – murmura para sí misma.

Pero Kyle lo escucha.

- ¡Beca! – le regaña. A falta de cojines, la servilleta hecha pelota cruza el aire sobre la mesa hasta golpear a la morena en un brazo.

- ¡Es coña! – se defiende entre risas, a pesar de que los dos saben que había un 1% de broma y un 99% de verdad en sus palabras –. Iré a cenar con Shannon el viernes – acepta, alzando las manos en señal de rendición.

Kyle asiente, satisfecho.

- Quién sabe… Puede que sea el comienzo de algo maravilloso y nuevo – le dice con un suspiro soñador.

Esta vez la servilleta cruza el aire en dirección opuesta y golpea su pecho, de donde rebota hasta caer sobre la pantalla impoluta del iPad que su asistente sostiene en su regazo.

- No me cites La La Land o me obligarás a despedirte – amenaza Beca señalándole con la pajita de su bebida.

Kyle ni se inmuta. En parte porque la amenaza es algo que está acostumbrado a escuchar mínimo cinco veces al día, y en parte porque sabe que Beca nunca sería capaz de hacerlo de verdad.

- No podrías vivir sin mí – constata con simpleza y un encogimiento de hombros despreocupado.

- Y te maldigo todos los días por ello – suspira Beca, haciendo una bola con el papel albal en el que venía envuelto su sándwich –. Si sigues siendo tan eficiente tendré que subirte el sueldo, y vas a acabar ganando más que yo.

Le regala un guiño para que sepa que es una broma y Kyle ríe con ella. Juntos recogen los restos de su cena y los meten en la bolsa de papel que ha quedado vacía para tirarlos a la basura cuando se vayan a casa.

Irse a casa, eso suena delicioso, piensa Beca mientras imagina su gran cama y su cálido nórdico esperando por ella en su apartamento.

Gira la muñeca y le echa un vistazo al reloj.

- Si ya has acabado, puedes irte. Puedo apañármelas sola con lo que queda – le dice a su asistente, consciente de que es mucho más tarde de la que se supone que es la hora de salida de Kyle.

Rueda su silla de vuelta a la mesa de mezclas y escucha la confirmación de Kyle a su espalda.

- Sí, creo que eso es todo.

Sin embargo, cuando no hay ningún sonido que indique movimiento por parte de su asistente, Beca se gira un poco para ver qué ocurre.

Kyle sigue sentado en el sillón, el ceño fruncido mientras mira fijamente la pantalla de su iPad. Golpea con el índice en el cristal y su confusión se aclara cuando parece entender sus propias anotaciones.

- Ah, algo que quería consultar contigo primero… – comenta de forma casual –. Has recibido una invitación en Facebook para ir a la…

Beca no le deja acabar. Alza una mano y niega con la cabeza.

- No – su tono es rotundo y no deja lugar a dudas –. Diles que lo siento, pero no voy a ir a la Quinceañera de su hija o al Bar Mitzvah de su sobrino, o lo que sea esta vez – desestima con un movimiento agitado del brazo.

- Pero creo que esto es… – intenta argumentar Kyle.

- No – repite Beca –. Te di el control absoluto sobre mi cuenta de Facebook precisamente para no tener que lidiar con estas cosas.

- ¿Control absoluto? – dice su asistente, como si buscase confirmación.

- Control absoluto – asiente Beca –. Dentro de ciertos límites, por supuesto. No vayas a empezar a publicar que apoyo al Partido Republicano y Hitler me parece atractivo – añade, aunque no cree que sea necesario.

Kyle sonríe.

- En realidad, no creo que eso causase una gran conmoción considerando la edad media de la gente que usa Facebook.

- Cierto – concede Beca con una risa, mirando de nuevo hacia delante.

No ve los ojos de Kyle destellar con un brillo travieso y mucho menos ve cómo el joven presiona algo en la pantalla de su iPad y sonríe con satisfacción.

Solo ve el reflejo de la figura larguirucha de su asistente en el espejo que divide su parte del estudio de la cabina de grabación en la que Ashton sigue cantando, ajeno a todo lo que le rodea, una vez Kyle se levanta.

Cierra la tapa magnética de la funda de su iPad, señalizando que ahora sí que sí, ha acabado con su repaso. Coge la bolsa de papel en la que han metido toda la basura y se la engancha por los aros de la muñeca.

- Hasta mañana, pues – se despide –. Que os sea leve.

- Gracias – sonríe la morena –. Hasta mañana.

Observa su reflejo avanzar por el cristal en dirección a la salida y piensa en que tuvieron un buen primer año en términos económicos y el principio de este segundo año también parece estar yendo bien.

Quizá sea hora de revisar el presupuesto y hacer cambios.

- Ah y, ¿Kyle? – llama Beca antes de que su asistente desaparezca por completo tras la puerta –. Cambia el de música clásica por uno de R&B y podré empezar a considerarlo.

La sonrisa ilusionada del joven es cegadora.


Apartamentos Allendale, Nueva York

13 de marzo del 2026, 18:35h

La punta fina de su rotulador Edding rojo rasga el papel cuando Chloe tacha una palabra escrita en letra desgarbada. La deletrea correctamente en el espacio que queda entre ese renglón y el anterior.

Su mirada recorre de izquierda a derecha la hoja que reposa sobre su mesa, leyendo de forma casi desinteresada la historia creada por uno de sus alumnos. Al acabar escribe una B en la zona superior y la rodea con un círculo.

Deja la hoja en la pila de las corregidas, y cuando ve el contraste con la pila de las que todavía le quedan por corregir deja escapar un suspiro aburrido.

Reposa la barbilla en su puño y alza la mirada hacia los rayos de sol primaveral que se cuelan a raudales por la ventana de su despacho. No tienen la fuerza que tenían esta mañana cuando calentaban la mitad de su rostro mientras daba clase, pero son agradables igualmente.

Cierra los ojos y se quita las gafas de leer, dejándolas en su cabeza para que sujeten sus mechones pelirrojos fuera de su cara.

La vibración de su iPhone sobre la superficie de madera de su mesa rompe su momento de relajación y abre un ojo, guiñándolo contra el resplandor del sol, para ver la pantalla iluminada con una nueva notificación de Facebook.

Está a punto de ignorarla para seguir absorbiendo rayos de sol, pero al final es solo una forma más de procrastinar y la curiosidad puede con ella.

Hace siglos que no utiliza Facebook, habiéndolo abandonado para evitar ser torturada con las opiniones retrógradas de gente que, desgraciadamente, compartían sus mismos genes y se hacían llamar "familia".

Ni siquiera sabía que todavía tenía activadas las notificaciones de la aplicación, creía que las había desactivado al hartarse de recibir avisos por cosas que no le interesaban y Facebook no le dejaba quitar.

Golpea dos veces con la yema de su pulgar y es redirigida al desplegable de las notificaciones en su perfil.

Christie Parks te invitó al evento ¡Reunión de los diez años!: Promoción 2015-2016 de Universidad de Barden

- Oh – exclama en voz baja, sorprendida.

Hace un repaso mental y se da cuenta de que, efectivamente, este año se cumplen diez años desde que se graduó en Barden. No sabe exactamente cuándo ha pasado tanto tiempo, porque ella no se ha dado ni cuenta.

Abre el evento para ver las especificaciones y se encuentra, ya de primeras, con una fotografía de la graduación, todos vestidos en el verde botella y amarillo pollo de Barden. Su propia cara le sonríe desde la pantalla de su iPhone, con diez años de preocupaciones menos.

Siente como si todo a su alrededor se emborronara por el vértigo que da ser consciente de la fugacidad de la vida.

Baja la mirada hacia los detalles del evento en busca de una distracción: tendrá lugar el sábado 24 de mayo a las ocho de la tarde en el viejo auditorio de Barden. Habrá comida, bebidas, música y un vídeo conmemorativo de la promoción del 2015-2016.

¡Una noche para el recuerdo!, promete quien fuera que escribió el texto del evento.

Chloe abre su calendario en el móvil y pasa abril con un deslizar del pulgar, en parte deseando descubrir que ese fin de semana tiene alguna función del colegio en la que debe estar presente para tener una excusa.

Sin embargo, sus días de mayo le devuelven la mirada, en blanco.

Y este es uno de los momentos en los que siente su relativamente reciente soltería con más fuerza, porque ahora su calendario está completamente vacío mientras que, cuando salía con Brad, lo más probable es que hubieran tenido algo planeado.

Patético, piensa.

Solo por entretener la idea un poco más, entra en la aplicación de American Airlines y comprueba cuánto le costaría comprar ya un billete de avión a Atlanta.

- ¿Setenta dólares? ¿Estás de coña? – musita con incredulidad.

Parece que el universo se esté riendo de ella.

La distracción le tienta: no le vendría mal cambiar un poco de aires, salir de Nueva York y los recuerdos que se esconden en cada rincón de la ciudad, y sustituirlos por los recuerdos de Barden.

Pero al mismo tiempo no quiere aparentar ser una de esas personas tan incapaces de superar su época universitaria que aprovechan cualquier oportunidad que se les presente para revivirla, y sabe que es lo que todo el mundo asumirá al ver que ha dicho que va a asistir.

Al fin y al cabo, ya lo fue durante los tres años adicionales de su vida que pasó en Barden cuando no debería.

Sin embargo, una vez más, las Bellas son su salvación.

En la parte superior de la pantalla de su iPhone aparece una notificación emergente de un mensaje de Stacie en el chat grupal.

Stace (18.51)

Alguien más ha recibido una invitación en Facebook para la reunión de los diez años?

CR (18.51)

Justo os iba a preguntar lo mismo!

Stace (18.51)

Vas a ir?

CR (18.51)

No creo que pueda

Trabajo la mañana siguiente, el primer vuelo del día 😓

Así que la decisión responsable sería quedarme en casa para descansar…

Stace (18.52)

Boooo :(

Chloe (18.52)

Yo la acabo de recibir!

Pero no sé si merece la pena ir

Jessica (18.51)

Ashley y yo vamos!

Stace (18.52)

Siiii Chlo, ven!

Podemos hacer una mini reunión de Bellas ese fin de semana

Aunque solo seamos tú y yo

Chloe (18.52)

Bueno, si me lo pones así... 😉

Ashley (18.52)

Jess y yo también vamos 🙂

Bree (18.52)

Yo fui a la mía

Fue un coñazo

Claro que tú Chlo eras la única persona de nuestra promoción con la que tenía relación

Pero seguro que vosotras dos os lo pasáis mucho mejor

Stace (18.52)

Tendrías que haberte graduado con nosotras Bree 😝

Flo (18.53)

Yo no sé si tengo permitido viajar

Pero intentaré ir 😊

Emily Heredera (18.53)

Joooo qué envidia

Yo todavía tengo que esperar cuatro años para la mía 😔

CR (18.53)

Bueno, venga

Si vais a estar solo vosotras dos supongo que podría pasarme por ahí

Pero solo un rato

Chloe (18.54)

BIEEEEEN!

Stace (18.54)

YAAAAYYYY :)))

Jessica (18.55)

Que Ashley y yo también vamos!

Ashley (18.55)

Déjalo, Jess…

.

¡Una noche para el recuerdo!

Chloe compra un billete de ida y vuelta a Atlanta para el fin de semana del 24 de mayo y piensa en que quizá no estén tan equivocados.


Icarus, Los Ángeles

22 de mayo del 2026, 15:07h

Beca está sumida en la concentración más profunda mientras responde a un email importante cuando ve a Kyle entrar en su oficina con su iPad en una mano.

El hecho de que su asistente entre en su oficina, tablet en mano, normalmente no es un detalle relevante, pero esta vez capta su atención porque en su otra mano lleva rodando una maleta que Beca reconoce al instante.

Sus dedos se despegan del teclado y se afianzan en su mesa de cristal para empujarse un poco hacia la derecha y salir de detrás de la enorme pantalla del Mac.

- ¿Por qué tienes mi maleta? – pregunta, entre curiosa y confundida.

Intenta hacer memoria para ver si tiene algún viaje de negocios cerca, pero su mente se queda en blanco completamente porque desde que contrató a Kyle ya no se molesta en tratar de recordar su caótica agenda.

- ¿Tengo planes este fin de semana?

Kyle empuja con un dedo la montura metálica de sus gafas, que tienden a resbalarse por el puente de su nariz por más que las lleve a la óptica a ajustarlas, y sonríe de esa forma que hace salir sus hoyuelos.

Es en momentos así en los que Beca se da cuenta de lo atractivo que es: con su pelo cortito rizado, sus ojos verdes, su excelente gusto a la hora de vestir y su figura larguirucha que sabe perfectamente cómo resaltar a su favor.

- Vas a ir a Atlanta – responde Kyle después de dejar que crezca la anticipación.

Eso saca a Beca de su ensueño de golpe.

Parpadea y frunce el ceño, pero no se le ocurre nada que pueda tener que hacer en Atlanta aparte de ir a ver a su padre o visitar Residual Heat.

- ¿Atlanta? ¿Qué se me ha perdido a mí allí?

- La reunión de los diez años de tu promoción en la Universidad de Barden – desvela Kyle con un destello ilusionado en su mirada.

Pero la emoción que Beca le devuelve no es, ni de lejos, tan positiva.

- Ni de coña – se niega en rotundo.

- ¡Venga, Beca! Son diez años desde que te graduaste, eso merece ser celebrado – le alienta.

- No, si nunca quisiste ir a la universidad en primer lugar.

- Algunas de las Bellas van a estar allí – contrataca Kyle. Ve que la determinación de Beca flaquea un poco, así que sigue empujando –. ¿Acaso tienes algo mejor que hacer este fin de semana?

Por un momento, Beca se queda con la boca abierta, pensando que ahí la ha pillado porque no tiene nada que responder a eso.

Pero entonces se fija en su despacho y se da cuenta de que es la dueña de una discográfica que todavía es un bebé y necesita muchas horas de trabajo para mantenerse a flote. Y si eso no es suficiente excusa, entonces ¿qué lo es?

- Eh, ¿dirigir un negocio te parece poco? – exclama Beca con un poco de indignación. Agita una mano en el aire al fijarse en la fecha que aparece en su Mac –. Además, mañana es viernes.

- ¿Y? – inquiere su asistente con una única y delgada ceja arqueada.

- Pues que es un día de trabajo como otro cualquiera. Tengo… – empieza a decir en un último intento de disuasión, pero tiene que callarse al darse cuenta de que no tiene ni idea de qué tiene que hacer mañana porque…

Ya no te molestas en tratar de recordar tu agenda, le acusa su propia mente.

Kyle sonríe, como si hubiera contado con este momento desde el principio, y alza la barbilla con cierto retintín orgulloso.

- Mañana no tienes nada. Me aseguré de dejarte el resto de la semana libre para que pudieras ir a Atlanta.

Rueda la maleta sobre la gruesa alfombra de esparto que cubre el suelo de gran parte de la oficina de Beca y se acerca a la mesa de cristal casi con el aspecto de un abogado pidiendo permiso para aproximarse al estrado.

Pero Beca no se siente poderosa como una jueza, sino más bien enfurruñada como un niño de cinco años con una rabieta.

- Ya está todo pagado – dice su asistente –. Los billetes están comprados, y tienes un coche alquilado esperando por ti en el aeropuerto de Atlanta y una habitación en el mismo hotel en el que van a estar las Bellas.

Beca se cruza de brazos y entrecierra los ojos.

Sí, definitivamente un niño de cinco años con una rabieta al que su padre está intentando sobornar agitando caramelos frente a su cara. Pero lo peor de todo es que está funcionando.

- Incluso me ofrezco a llevarte e ir a buscarte a LAX.

Kyle sigue intentándolo, pero el argumento que realmente vence a Beca por completo es el que se reserva hasta el final:

- Las Bellas piensan que vas a ir, no querrás decepcionarlas, ¿verdad?

Beca alza la cabeza y deja escapar una exclamación indignada. No se puede creer que esté usando la baza de las Bellas en su contra cuando sabe perfectamente que es un golpe bajo para la morena.

Mastica su respuesta y gruñe varias veces, pero al final no le queda otra que aceptar.

- Está bien. Iré.

Y sucumbe al chantaje emocional con una mirada fulminante.


A/N: Una de las mejores bromas recurrentes (para mí) de la saga de Pitch Perfect es que Jessica y Ashley son personajes tan secundarios que son casi invisibles para la audiencia y, por lo tanto, también para las demás Bellas.

En PP3 hay un momento que siempre me mata de la risa, que es cuando están todas en pijama en la habitación del hotel, debatiendo qué hacer; y Jessica y Ashley están en un rincón, ajenas a todo, haciendo papiroflexia tranquilamente cuando Jessica pregunta: ¿han dicho nuestros nombres? y Ashley ni siquiera levanta la mirada cuando le responde: ¿estás tonta o qué?

Así que me encanta el concepto de que probablemente las Bellas también las ignoren cuando hablan por el chat grupal.

PD. El punto después de los mensajes es únicamente para separarlo un poco del texto que viene a continuación porque aquí no se me mantiene el formato que tenía en Word y queda todo tan unido que es algo confuso a veces.