A/N: El momento que todos estábamos esperando 😉
Capítulo 3: Se me olvidaba que eras Miss Emocionalmente Inalcanzable
Universidad de Barden, Atlanta
24 de mayo del 2026, 20:36h
El taxi frena bruscamente frente al auditorio de Barden y Chloe deja escapar una exhalación de alivio que parece salir de lo más profundo de su alma.
- Muchísimas gracias – le dice al conductor mientras le tiende la tarjeta de crédito, indicándole que se cobre una generosa propina por haberse tomado tan en serio su petición de hacerle llegar lo antes posible.
Chloe está bastante convencida de que han hecho el recorrido en tiempo récord y, en parte, ese pequeño dinero extra es por si al pobre taxista le llega en los próximos días una multa a su buzón por su culpa.
Abre la puerta del taxi para salir y, en ese mismo momento, ve a Stacie y a Cynthia Rose emerger del auditorio a la calle con expresiones de urgencia.
Frunce el ceño y acepta la maleta que le ofrece el taxista con una sonrisa. La arrastra por el irregular suelo de cemento del parking sobre dos de sus ruedas mientras acorta la distancia con las Bellas.
Su felicidad por volver a verlas después de tanto tiempo se ve un poco enturbiada por el claro alivio que ambas muestran tras los obligados abrazos.
- Puedes dejar la maleta en mi coche, si quieres – ofrece Cynthia Rose, señalando hacia el viejo Toyota aparcado entre los demás.
Sigue destacando por encima del resto por el llamativo amarillo de su chapa, del que CR tanto se había quejado al principio pero al que había terminado por cogerle cariño y se había negado a cambiarlo por un color más neutro.
- Pero tenemos que ser rápidas – le recuerda Stacie.
CR asiente y emprende la marcha hacia su coche a paso rápido. Chloe se apresura a seguirla y su maleta golpea la parte trasera de sus piernas un par de veces cuando tira de ella.
- ¿Por qué tenemos que darnos prisa? – pregunta, falta de aliento.
- Beca ha sido secuestrada por el enemigo – responde Cynthia Rose mientras presiona el mando de su Toyota para abrirlo desde la distancia.
- ¿Qué? – exclama Chloe, entre confusa y preocupada. Entiende que es una exageración, pero no puede evitar imaginarse lo peor.
- ¿Recuerdas a una tal Christie? – Stacie prueba otra táctica para explicar lo ocurrido –. ¿Solía ser rubia, un poco más baja que yo, delegada de nuestra promoción?
Chloe frunce el ceño y se muerde el interior de la mejilla, pensativa. La descripción le suena familiar, pero tarda un rato en ponerle cara.
- Sí – asiente, cerrando el tirador de su maleta para subirla al maletero que Cynthia Rose mantiene abierto para ella.
- Pues al parecer el asistente de Beca llegó a algún tipo de acuerdo con Christie sin decírselo a Beca y ahora Beca ha sido secuestrada por Christie – Stacie habla a toda velocidad y Chloe escucha atentamente, sin querer perderse ni un detalle, e intentando enterarse al mismo tiempo de lo ocurrido.
Deja escapar una exclamación ahogada cuando todas las piezas encajan. Por lo que recuerda de Christie, podía ser fácilmente algún tipo de estratagema extravagante diseñada para llamar la atención.
Algo que va completamente en contra de la naturaleza introvertida y nerviosa de Beca.
- Uh-oh – murmura.
- Exacto – afirma Cynthia Rose.
Las tres Bellas se apresuran a volver a cruzar el parking hacia el auditorio y entran como una exhalación.
La puerta se cierra tras ellas con un estruendo de lo más escandaloso, pero todo el mundo parece estar demasiado distraído como para darse cuenta, porque nadie se gira a ver quién acaba de entrar.
Siguen mirando, casi absortos y con una concentración inquebrantable, hacia lo que sea que está ocurriendo en el escenario e, irremediablemente, la atención de las chicas se desvía hacia allí.
Diferentes reacciones de sorpresa salen de ellas: Stacie arquea las cejas y parpadea, Cynthia Rose deja escapar una maldición y Chloe se tapa la boca con las manos.
Allí, sobre el escenario, está Beca conduciendo una subasta en la que ella misma es el premio. Y, aparentemente, lo está haciendo con toda la tranquilidad del mundo.
Pero si eres alguien como Chloe, que aprendiste a leer hasta su más pequeño gesto y sabes lo que significa, puedes ver que no es más que una fachada. Beca está haciendo uso de su Encanto de Hollywood™, como Chloe lo apodó la primera vez que la vio en acción.
Fue algo que Beca aprendió rápidamente cuando se vio obligada a lidiar con la fama: no siempre se iba a encontrar en situaciones en las que quisiera estar, y no siempre iba a estar con gente que le agradase.
Pero, como vivía de cara al público, tenía que saber comportarse como si no hubiera otro sitio en el mundo en el que prefiriera estar que en ese.
Ahora, una vez más, Chloe observa cómo Beca hace uso de esa habilidad que tanto le costó desarrollar. Y es muy buena, es capaz de engañar a cualquiera.
Menos a Chloe.
Chloe puede ver la línea de tensión en sus hombros y la incomodidad que esconde tras sus sonrisas, y sabe que tiene que rescatarla como sea. Y, dado que es una subasta, la única forma de acabar con esta tortura es ser la que más dinero ofrezca.
- Voy a hacer una oferta – anuncia a las Bellas.
Echa a andar con intención de acercarse más al escenario pero una mano en su brazo se lo impide.
- Espera – ordena Stacie –. Si haces la oferta muy pronto solo vas a conseguir que alguien te supere.
- Tiene razón – apoya Cynthia Rose en un murmullo.
- Espera hasta que superen los cien – aconseja, haciendo uso de su mente de estratega que le consiguió graduarse con honores –. La gente empezará a ser más precavida y estarán menos dispuestos a pelear tu oferta si es suficientemente alta.
Chloe asiente y Stacie la deja marchar.
Universidad de Barden, Atlanta
24 de mayo del 2026, 20:47h
Beca siente su ansiedad aumentar a medida que la subasta se alarga sin que haya alguien que se imponga claramente sobre los demás a la hora de pujar.
Teme no ser capaz de mantener su fachada de aparente comodidad tanto tiempo, porque cada minuto es más y más agotador. Le recuerda exactamente por qué ella nunca quiso ser famosa ni vivir de cara al público.
- Nos acercamos a las cantidades de tres cifras – dice a través del micrófono con las cejas arqueadas en sorpresa –. Creedme cuando os digo que no merezco tanto la pena.
Su broma se gana alguna que otra risa entre los asistentes, pero no tiene el efecto deseado de conseguir disuadirles. Una mujer levanta la mano y anuncia su nueva puja sin dudar ni un solo instante.
- ¡95! – exclama en voz alta.
- ¿Para qué quieres tú una cena con ella? – le pregunta alguien desde el lado opuesto del auditorio.
- No es para mí, es para mi hija – responde la mujer como si fuera obvio.
- Y si fuera para ella, ¿qué más da? Aquí no juzgamos – recuerda Beca al público –. A mí no me importaría cenar con ella – le regala un guiño y esboza una sonrisa torcida al ver el efecto que tiene en la mujer.
Vuelve a alzarse la misma voz masculina de antes:
- ¿Y conmigo?
Beca ni siquiera intenta encontrarle entre la gente, porque tiene la respuesta más que clara.
- No, contigo no cenaría – contesta con una seriedad que luego suaviza con una sonrisa para que crean que es una broma –. Venga, estamos en 95 – toma las riendas de la subasta una vez más con la intención de ponerle fin –. ¿Alguien da más?
Una mano se alza ofreciendo 100$, y la mujer lo rebate añadiendo diez dólares más. Pero, cuando vuelven a subir la cifra, la mujer se da por vencida con una sacudida de cabeza derrotada y se encoge de hombros.
Beca lamenta verla salirse de la subasta porque, si la cena era con su hija, no le habría importado tanto. Cosa que, desgraciadamente, no puede decir de los otros contendientes.
Su estómago se revuelve con desagrado al ver las opciones que le quedan y que son precisamente el tipo de personas por las que sintió la necesidad de establecer reglas básicas antes de comenzar.
- ¡140! – puja una de las mujeres que ha hecho las subidas más fuertes a lo largo de la subasta.
Un murmullo recorre el auditorio de lado a lado y nadie contrarresta la oferta de manera inmediata.
Ese momento de duda hace poco por calmar a Beca, porque algo en el brillo agresivo de la mirada de esa mujer no le inspira confianza.
- 140 dólares, ¿alguien da más? – pregunta, intentando que la desesperación no traspase a su voz. Su mirada recorre el auditorio con la respiración contenida a la espera de ver alguna mano alzarse entre tantas cabezas.
- 150 – ofrece un hombre tras un tenso momento de silencio.
Beca asiente, pero antes de poder anunciar la nueva puja, la mujer ya se le ha adelantado.
- ¡160!
El hombre agita una mano en señal de rendición y la mujer sonríe, creyendo que ya ha ganado. Sin embargo, una voz se alza al fondo del auditorio y es una voz que Beca reconocería en cualquier lugar.
- 200 – dice Chloe con calma, como si esa cifra no significara nada para ella.
Beca recorre con la mirada todas las cabezas que ve a duras penas por el foco que apunta directamente a su cara. Por fin encuentra a Chloe, detrás de todo el mundo, flanqueada por las Bellas.
Su cuerpo tiembla de alivio, pero mantiene firme su postura para no delatarse a sí misma.
- 200 dólares, esto empieza a ponerse interesante – Beca sonríe y se gira hacia la mujer, que tiene expresión contrariada y el ceño fruncido –. ¿Ofreces más?
- 220 – responde, pero ha perdido toda su seguridad y su agresividad.
Por el rabillo del ojo, Beca puede ver a Chloe dar un par de pasos hacia delante y la gente se separa para dejarle pasar, presintiendo de alguna forma que está ocurriendo algo importante aunque no sepan qué es.
- Doy 300. Total, es para una buena causa, ¿no? – comenta esbozando una sonrisa despreocupada.
Beca aprieta los labios y se esconde tras el micrófono para que no se note que está luchando contra las ganas de reírse.
- ¡300 dólares, señoras y señores! ¿300 a la de una? – busca con la mirada cualquier señal de que alguien quiere seguir peleando por ganar la subasta, deseando para sí misma que todo el mundo se mantenga callado –. ¿300 a la de dos? ¿300 a la de tres?
Nadie se mueve. Parece que el auditorio entero está conteniendo la respiración.
- ¡Adjudicado! – grita Beca en el micrófono. El alivio que recorre su cuerpo es tan fuerte que se siente ligeramente mareada –. Chloe Beale, eres la afortunada ganadora de una velada de dos horas conmigo.
Chloe esboza una amplia sonrisa y se lleva las manos al pecho, fingiendo sorpresa y emoción por el premio.
Beca devuelve el micrófono a Christie casi de un empujón porque toda su atención está en la figura de su mejor amiga esperando por ella. No se molesta en pararse a comprobar que Christie lo haya cogido, simplemente lo suelta y confía en que sí.
Baja de un salto del escenario para no perder más tiempo yendo hasta las escaleras y corre hasta lanzarse en brazos de Chloe, quien solo se tambalea ligeramente con el impacto.
- Nunca me había alegrado tanto de verte – murmura Beca, moviendo su mandíbula sobre el hombro de Chloe.
La pelirroja deja escapar una risa algo sorprendida.
- Mitchell, tan encantadora como siempre – se separa y sujeta a la morena por los hombros para sonreírle. Sus ojos azul bebé recorren la figura de su mejor amiga y se llenan de cariño –. Te he echado de menos – suspira.
La expresión de Beca se llena de nostalgia y una pizca de culpabilidad.
- Yo también.
- Bueno, ¿vais a besaros o qué? – la voz de Stacie rompe el momento.
Beca echa la cabeza hacia atrás para dejar escapar un quejido y se gira a lanzarle una mirada a Stacie para que se calle. Mientras, Chloe simplemente se echa a reír.
- Ya te gustaría – atrae a Beca contra su cuerpo con un brazo alrededor de sus hombros y le regala un guiño a Stacie.
- Ya sabes que sí – admite sin pudor alguno.
- No es la única… – añade Cynthia Rose con una sonrisa torcida.
- No empecéis otra vez – protesta Beca.
Las chicas parecen tomarse eso precisamente por la invitación que no es y vuelven a rescatar las bromas que perseguían a Beca y Chloe en sus años en Barden cada vez que compartían hasta la más pequeña e insignificante de las miradas.
Beca suspira y pone los ojos en blanco.
Chloe ríe y usa el brazo que tiene alrededor de Beca para volver a atraerla hacia su costado. Deposita un breve beso en su sien.
Y todo vuelve a ser como si nunca hubieran dejado la universidad.
Universidad de Barden, Atlanta
24 de mayo del 2026, 21:27h
Beca se había olvidado de lo fácil que fluye el tiempo cuando está con las Bellas.
Su antiguo puesto al lado de las botellas de vino ha sido ocupado por otro grupo, pero a ninguna les molestó en particular porque tenían sus objetivos puestos en las tablas con comida de picoteo.
El vino sobre un estómago vacío hizo que les entrase el hambre, y se apropiaron de la sección de los quesos con facilidad.
Y aunque hace tiempo que Beca y Cynthia Rose se pasaron a las bebidas no alcohólicas porque son las dos que luego tienen que conducir, mantienen su pequeño rincón al lado de las bandejas de comida.
- Beca – le regaña Chloe al ver en la pantalla de su móvil la expresión de falso fastidio de la morena –. No te vas a morir por sonreír durante cinco segundos.
- O sí – su encogimiento de hombros burlón se convierte en un quejido cuando recibe un codazo en las costillas por parte de Stacie.
Le entra la risa y es en ese momento cuando Chloe decide hacer la foto.
- ¡Perfecta! – exclama, inspeccionando el resultado final antes de mandarla por el chat grupal.
Tres móviles emiten distintos sonidos al recibir el mensaje, pero sus dueñas los ignoran porque pueden leer las respuestas desde el de Chloe.
Bree (21.27)
Os echo de menos! 😔
Tenemos que hacer una reunión pronto
Emily Heredera (21.27)
Siiii por favor!
Amy la Gorda (21.30)
Por qué hay una foto de una Beca vestida como Chloe y una Chloe vestida como Beca en mi móvil?
.
Las cuatro Bellas parecen leer el mensaje de la australiana a la vez porque se giran, prácticamente de manera coordinada, a mirar a Beca y Chloe; mientras las propias Beca y Chloe miran su ropa y la de la otra.
Stacie es la primera en dejar escapar una risa.
- Tiene razón, os habéis intercambiado los estilos.
Beca había estado tan capturada por Chloe, que ni se había fijado en lo que llevaba puesto; pero ahora ve por primera vez los pantalones anchos y llenos de roturas, la blazer negra y la camiseta básica blanca.
Chloe coge la falda de su fino vestido azul marino por el borde y deja que escape por su propio peso de entre sus dedos.
- Me gusta este look en ti – murmura, apreciativa.
Beca sonríe, pero no puede contestar porque el móvil de Chloe emite dos nuevos pling para anunciar nuevos mensajes y las Bellas vuelven a formar un pequeño corral alrededor de la pelirroja para leerlos.
Emily Heredera (21.35)
Oye…
Esas del fondo no son Jessica y Ashley? 😳
.
Beca es la primera en levantar la mirada, el ceño fruncido. Sus ojos escanean los pequeños grupos desparramados por el auditorio, en busca de las dos chicas que supuestamente son Jessica y Ashley.
- Allí – dice Cynthia Rose de repente.
Las tres Bellas siguen la dirección en la que apunta su dedo y, efectivamente, se encuentran a Jessica y Ashley en la otra punta del auditorio saludando tímidamente.
Hay un pequeño intercambio de gestos y miradas cuando queda claro que las chicas no tienen intención de abandonar su posición junto a la comida, hasta que Jessica y Ashley ceden a ser ellas las que se desplacen.
Se saludan entre abrazos y sonrisas.
- ¿Cuándo habéis llegado? – pregunta Chloe, todavía sin haberse recuperado de la sorpresa.
- Llevamos aquí desde el principio – contesta Jessica en tono ligeramente confundido.
- ¡Cómo es posible que no os hayamos visto! – exclama Stacie, incrédula.
Jessica se encoge de hombros, pero Ashley simplemente aprieta los labios en una fina línea como si estuviera tratando de contener una risa o mordiéndose la lengua para no hacer un comentario conflictivo.
Jessica se da cuenta y, de la forma más disimulada posible, le da un suave codazo en las costillas a modo de advertencia.
Beca observa el intercambio con curiosidad, pero no piensa nada de ello. Jessica y Ashley siempre le han parecido un misterio sin solución; dos chicas con las que ha compartido mucho y, sin embargo, por las que no siente la misma cercanía y familiaridad que por las otras Bellas.
Le pasa lo mismo con Lilly, pero porque Lilly directamente es de otro planeta. A Beca no le sorprendería enterarse un día de estos que todo este tiempo era un alien metido en un cuerpo humano.
Nunca le ha preocupado mucho porque entiende que es natural. Las Bellas son un grupo muy grande y no se puede esperar tener la misma relación con cada una de ellas. Hay diferentes niveles dentro de la amistad, pero no por eso dejan de ser amigos los que estén en los niveles inferiores.
El tono de llamada de un iPhone interrumpe a Jessica a mitad de su relato de lo que ha pasado en su vida desde la última vez que se vieron.
Las chicas intercambian miradas entre ellas, confundidas, hasta que Stacie se da cuenta de que el sonido sale del interior de su bolso y esboza una sonrisa de disculpa. Se excusa mientras responde a la llamada y se aleja un par de pasos para no molestar.
- …so es lo que he estado haciendo – termina de decir Jessica.
Beca desvía su mirada de Stacie de vuelta a la rubia y esboza una sonrisa. No se ha enterado de nada, pero espera que fuera algo bueno porque responde:
- Me alegro por ti.
Parece acertar, ya que Jessica le devuelve una sonrisa agradecida.
- ¿Y tú qué tal, Ashley? – inquiere Cynthia Rose.
La morena abre la boca para responder, pero en ese momento Stacie termina su llamada e irrumpe en la conversación.
- Perdón, chicas – le lanza una mirada de disculpa a Ashley, consciente de que la ha cortado, pero Ashley no parece molesta –. Me tengo que ir – sus labios se tuercen en una mueca triste cuando a sus palabras le siguen un coro de lamentaciones –. Lo sé, yo tampoco quiero irme, pero le prometí a Bella que volvería a tiempo de leerle una historia antes de irse a dormir y ya voy tarde – agita el móvil en una mano.
El gesto hace que su pantalla se ilumine y deja a la vista el reloj. Una exclamación ahogada escapa de los labios de Cynthia Rose y sus ojos se ensanchan.
- ¿Son las diez ya? – exclama.
- Casi – asiente Stacie.
- Entonces yo también me tengo que ir – se lamenta Cynthia Rose con un quejido –. Mañana tengo que estar en pie a las cuatro.
Beca inhala entre los dientes al escuchar la hora, compadeciéndose de su amiga.
- Jo – Chloe hace un puchero y sus ojos azul bebé adquieren un brillo cristalino como siempre que está a punto de echarse a llorar.
- La vida adulta no mola nada – concuerda Stacie, frotando un brazo consolador en la espalda de Chloe.
Todas asienten y suspiran casi al unísono.
- ¿Vosotras también os tenéis que ir? – pregunta Beca a Jessica y Ashley.
- Todavía no – niega Ashley.
- Nos quedaremos un ratito más – responde Jessica prácticamente a la vez.
- Bien – celebra Chloe, aunque su sonrisa todavía tiembla un poco.
- Tenemos que volver a hacer esto pronto – ordena Cynthia Rose, su voz un poco más ronca que de costumbre –. Y la próxima vez, todas juntas.
- Estaría bien – admite Beca con una sonrisa triste mientras se despide de la Bella con un abrazo.
- No seas una extraña – le murmura Stacie en el oído cuando se despide de ella.
Beca deja escapar una risa un tanto húmeda y asiente.
- ¡Oh, espera! – exclama Chloe, dando un pequeño brinco. Se lleva una mano a la frente, como si se acabase de acordar de algo –. ¡Tienes mi maleta en tu coche! – le recuerda a CR.
- ¡Cierto! – la Bella parecía haberse olvidado de ese pequeño detalle, a juzgar por su reacción de sorpresa.
- Quedaos aquí – Chloe se vuelve hacia Jessica, Ashley y Beca, y les señala con un dedo, como probablemente hace con sus alumnos y con Billie, para que obedezcan a su orden –. Vuelvo enseguida.
- Ah, no – Beca niega con la cabeza, vehemente –. Yo voy con vosotras – al ver las miradas divertidas que sus amigas le lanzan, se explica –. No pienso volver a quedarme sola aquí dentro, no vaya a ser que haya otra subasta de la que nadie me ha hablado.
Chloe deja escapar una sincera carcajada. En sus ojos chisporrotean burbujas de burla.
- Todavía no me puedo creer que Kyle no te hablara de ello – engancha su brazo con el de Beca y se encaminan juntas hacia la salida, apenas unos pasos por detrás de Stacie y Cynthia Rose.
- Kyle habla conmigo de muchas cosas menos de las que debería, aparentemente – responde Beca llena de fastidio.
Ninguna se da cuenta de que Jessica y Ashley no las siguen fuera hasta que Beca y Chloe se quedan solas en el parking, despidiéndose con la mano del coche de Cynthia Rose mientras este se aleja cada vez más.
- Bueno, Ashley – dice Beca mientras se da la vuelta –. Cuént… - la palabra no termina de salir de su boca porque se encuentra con un espacio vacío a su espalda en lugar de la figura de las otras dos Bellas.
Ladea la cabeza, estupefacta, y escucha la risa incrédula de Chloe por encima de su hombro cuando la pelirroja se da cuenta de lo que acaba de ocurrir.
- Somos lo peor – murmura Chloe entre risas con tono ligeramente avergonzado. Esconde su cara en la espalda de Beca y la morena resopla una risa, asintiendo.
Alarga una mano tras ella y, a ciegas, busca a Chloe con ella. Encuentra el bajo de su larga blazer y enrosca sus dedos alrededor de la gruesa tela, dando un suave tirón para llamar la atención de Chloe.
La pelirroja percibe sus intentos de entrar en contacto con ella y entrelaza sus dedos con los de Beca.
Puede ser una postura rara para cualquiera que las vea, pero es cómoda y la cercanía les reconforta. Llevan mucho tiempo sin estar en la órbita de la otra y el síndrome de abstinencia era fácil de llevar mientras no pensaban en ello, pero no tanto en los momentos de paz.
Permanecen así, en silencio, un par de minutos más. Luego, cuando el frescor de la noche empieza a hacerse notar y Beca tiene las piernas cubiertas de piel de gallina, usa sus dedos entrelazados para dar una serie de apretones a Chloe.
- ¿Qué quieres hacer? – pregunta en voz baja –. ¿Quieres cobrarte esa cena ahora?
Chloe ríe, pero Beca nota su cabeza sacudirse en una negativa contra su hombro. El peso desaparece cuando Chloe se estira y da un paso hacia delante para ponerse a su lado y facilitar la conversación.
- Prefiero guardármela de momento – dice con una sonrisa pícara. Sube las cejas sugerentemente como siempre que está a punto de gastar una broma –. Así tengo una excusa para que vuelvas a verme pronto.
Beca pone los ojos en blanco, pero acepta la pulla de buena gana.
- Tú no necesitas ninguna excusa – su tono lo hace sonar como si solo estuviera continuando la broma de Chloe, pero su mirada es honesta y Chloe la conoce lo suficientemente bien como para ver la parte de verdad oculta tras el humor.
La sonrisa de Chloe se vuelve suave y una calidez se expande por el pecho de Beca. Da un suave apretón a los dedos fríos de Beca que siguen entre los suyos.
- Estás helada – observa, sorprendida y algo preocupada.
Beca asiente y dobla una rodilla, frotando una pierna con la otra en busca de un poco de calor.
- Me temo que tanto tiempo viviendo en Los Ángeles me ha hecho olvidar que en el resto de las ciudades sí existen las estaciones.
Chloe ríe y sacude la cabeza. Atrae a Beca hacia ella y la morena agradece su calor corporal, colando las manos por el interior de su blazer y enroscándose todo lo cerca que sus cuerpos le permiten.
- ¿Quieres volver dentro? – inquiere Chloe. Tiene la mandíbula sobre la cabeza de Beca, de modo que sus palabras suenan ligeramente aplastadas.
- No. – Chloe no puede verle la cara a Beca, pero la negativa suena suficientemente vehemente por sí sola y le hace resoplar una risa.
- ¿Tienes demasiado frío para dar un paseo?
- Si nos mantenemos en movimiento estoy bien – asegura Beca. Despega su torso del de Chloe para poder mirarle a la cara mientras hablan, y trata de no dejarse intimidar por la falta de espacio entre sus rostros –. ¿Quieres dejar la maleta en mi coche?
Chloe asiente y se separan para caminar lado a lado hacia el Mercedes de Beca.
Cuando los intermitentes del imponente todoterreno se encienden en respuesta a Beca apretando el botón de desbloqueo de puertas en el mando, Chloe arquea las cejas y deja escapar un silbido impresionado.
El Mercedes es negro, todo líneas firmes y ángulos de 90 grados, y tan jodidamente alto que Beca a su lado parece una niña.
Chloe tose una risa.
- No – le advierte Beca con un dedo amenazador –. Ni se te ocurra decir nada.
Chloe se mantiene callada. Se lleva una mano a la boca, y entre los huecos de sus dedos Beca puede ver cómo sus labios se fruncen con el esfuerzo. Su azul bebé reluce en la oscuridad, iluminado por la diversión.
- No fue elección mía, ¿vale? – se defiende en un tono algo hostil.
Chloe parece tragarse la risa y asiente.
Rodean el morro cuadrado del Mercedes y Beca abre el maletero para que Chloe guarde su maleta en el interior. Por costumbre, se asegura de que no se pueda ver a través de la ventana trasera para evitar robos antes de cerrar el coche tras ellas.
En un cómodo silencio, ambas empiezan a caminar sin rumbo fijo por el campus al que hace diez años llamaban casa.
- ¿No se te hace súper raro volver a estar aquí? – pregunta Beca una vez ya han dejado el auditorio atrás.
- Se me hace más raro que hayan pasado diez años desde la última vez – responde Chloe con expresión de incredulidad.
- ¿Verdad? – exclama Beca, agradecida de no ser la única que siente vértigo al darse cuenta de lo rápido que ha pasado el tiempo y lo poco que lo ha notado –. En plan, para mí es como si hubiera sido ayer mismo.
- Tal cual – Chloe le da la razón con un asentimiento distraído.
- Íbamos hablando de eso antes Stacie, Cynthia Rose y yo; pero ellas no parecían tan afectadas.
- Para ellas es distinto.
Chloe lo dice con absoluta simpleza, acompañada de un encogimiento de hombros. Está constatando un hecho sobre el que siente que tiene toda la certeza del mundo. No le da mayor importancia.
Al ver cómo Beca frunce el ceño y ladea la cabeza, sin terminar de comprender a qué se refiere con eso, suspira.
- Seguro que a ellas también les ha sorprendido que hayan pasado diez años ya, pero no les afecta tanto porque sus vidas son completamente diferentes que cuando estudiábamos en Barden.
Chloe le lanza una mirada a Beca y ve que empieza a entender por dónde van los tiros.
- Stacie tiene una hija y trabaja para la NASA; Cynthia Rose está casada y es piloto, y tiene una casa y un perro – Chloe va alzando un dedo con cada elemento que enumera, pero los vuelve a dejar en cero y usa esa mano para señalar vagamente a Beca y a sí misma –. Tú y yo… – se encoge de hombros –. Tenemos nuestras carreras y poco más.
- Ouch – se queja Beca, aunque sonríe para mostrar que no se ha ofendido de verdad.
- E incluso nuestras carreras no han cambiado desde la universidad – continúa Chloe –. Tú siempre supiste que querías hacer música, yo… – bufa una risa y se pone los ojos en blanco –. Vale, yo estuve muy indecisa – admite –, pero siempre me gustó la idea de ser profesora y una vez me lo planteé seriamente, ya no cambié de idea nunca más.
- Mmhh, puede ser eso… – musita Beca, pensativa –. Cynthia Rose estudió economía, y Stacie química.
- Exacto – Chloe extiende una mano para apoyar su argumento –. Ninguna de las dos podría haber predicho cuando estaban en Barden que acabarían donde han acabado.
- Pero nosotras sí – concluye Beca por ella.
Chloe asiente.
- Bueno, teníamos más probabilidades, sí. Algo muy gordo tendría que haber pasado para que de repente hubiéramos tirado por un camino totalmente diferente.
Beca se queda un rato en silencio mientras medita sobre lo que acaban de hablar.
Comprende la teoría de Chloe y le encuentra bastante sentido. Volver a Barden después de tanto tiempo le resulta tan sorprendente porque no deja de ver todas las formas en las que su vida sigue exactamente igual que cuando era una universitaria.
Qué triste, piensa.
- No tiene por qué ser algo malo – comenta Chloe en ese momento como si le estuviera leyendo la mente.
- ¿Estás segura? – replica Beca, escéptica.
- La Beca de Barden nunca se habría creído que terminaría siendo una artista famosa que ha ganado varios Grammys y ahora es dueña de su propia discográfica.
- Tampoco que estaría tan sola a los treinta y uno – bufa.
Chloe sonríe y entrelaza sus brazos, chocando suavemente sus caderas.
- No estás sola. Me tienes a mí – le recuerda en voz dulce.
Beca pone los ojos en blanco, pero el gesto derrocha cariño.
- Hablando de estar sola, ¿has vuelto a saber algo de Brad?
Chloe suspira un quejido.
- Vaya forma de arruinar la noche – protesta, aunque sin mordisco alguno –. No le he vuelto a ver desde la última vez que se pasó por el piso para recoger lo que quedaba de sus cosas. Por lo que sé, sigue saliendo con la mujer por la que me dejó – dice con cierto rencor.
Beca asiente lentamente y tuerce la boca.
- ¿Habrías preferido que no le hubiera funcionado?
- A veces sí – admite Chloe en un suspiro –. Solo por venganza, me habría encantado que me hubiera dejado para estar con esa otra mujer, y luego hubiera resultado que no fueran compatibles – se encoge de hombros –. Pero entonces…
- Todo habría sido para nada – termina Beca por ella en tono comprensivo. Recuerda perfectamente haber sentido lo mismo hacia su padre tras el divorcio –. Es una situación muy jodida.
Chloe asiente.
- Pero me ayudó mucho poder hablarlo contigo.
- Me alegro.
Beca esboza una suave sonrisa y agacha la mirada. Enrosca una mano alrededor del bíceps de Chloe y le da un apretón.
- ¿Y tú qué? – pregunta Chloe de repente, usando sus brazos enganchados para atraer a Beca contra ella y chocar hombros.
- ¿Yo qué de qué? – responde Beca, haciéndose la tonta.
Pero a Chloe no le cuela y la mirada que le lanza es suficiente para hacérselo saber.
- Tenía que intentarlo – ríe la morena alzando las manos –. No sé qué quieres que te cuente porque… es que no hay nada que contar.
- Oh, venga. Ya sé que la prensa rosa no es fiable pero por lo menos uno de los diez romances que te atribuyen cada semana tiene que ser cierto.
Beca resopla y sacude la cabeza.
- Permíteme dudarlo. Es la misma gente que, durante meses, estaban convencidos de que Kyle era mi amante.
Chloe echa la cabeza hacia atrás para soltar una carcajada que parece salirle de lo más profundo de su pecho.
- Bueno, es cierto que pasáis mucho tiempo juntos – dice al cabo de un rato, secándose la comisura de un ojo.
Beca gira la cabeza de forma exagerada y la deja caer por su propio peso, mirando a Chloe desde la parte superior de sus ojos. Empuja a la pelirroja a otro ataque de risa hasta que se olvida por completo de lo que estaban hablando.
También ayuda a distraerla el hecho de que, al rodear una esquina de un edificio, tropiezan con la vieja piscina vacía que no habían vuelto a visitar desde la riff-off de primero.
- No sé por qué me sorprende que esto siga aquí – comenta Beca con un resoplido y una sacudida de cabeza incrédula.
Con una sonrisa reservada en los labios, Chloe usa sus brazos unidos para tirar de Beca hacia el borde de la piscina, donde ambas se sientan y dejan sus pies colgar en el vacío. Los balancean siguiendo prácticamente el mismo ritmo y se sonríen cuando se dan cuenta.
El cemento helado muerde la piel descubierta de las piernas de Beca, pero pronto el frío se extiende y deja de sentirlo.
Piensa que es curioso cómo un sitio que solo pisó dos veces en su vida, y tan pronto en su estancia de cuatro años en Barden, logró quedarse grabado en su memoria rodeado de tanto aprecio.
Chloe debe de estar pensando algo similar, ya que cuando habla, en su voz se nota el peso de la nostalgia.
- ¿Recuerdas la noche que vinimos aquí?
- ¿Cuál de ellas?
- La segunda.
Chloe se gira hacia ella con una sonrisa tan suave que Beca agradece estar recostada sobre sus dos manos porque le ayuda a resistir el impulso de intentar tocarla con los dedos para ver si es en verdad tan cálida como parece.
- Aquí fue donde te convertiste en una Bella por primera vez – murmura Chloe.
Muy a su pesar, Beca se ríe.
- ¿Así es como recuerdas esa noche? – pregunta con cierta incredulidad en su tono.
Dos cejas pelirrojas se arquean y Chloe le lanza una mirada llena de curiosidad.
- ¿Cómo la recuerdas tú?
Beca se reincorpora y se limpia las palmas de las manos de las piedrecillas sueltas que se le han quedado incrustadas en la piel. Sus ojos relucen en la oscuridad con un brillo pícaro y su sonrisa se tuerce hacia un lado en contra de su voluntad.
- Aquí fue – dice lentamente –, donde me cantaste Just the way you are.
La explosión de indignación en Chloe es inmediata y la pelirroja alarga una mano para dar insistentes manotazos a Beca, intentando hacer que se calle, pero Beca sigue adelante a pesar de que su voz tiembla por la risa.
- Me estabas mirando tan intensamente que parecía que me estabas dedicando la letra.
Chloe balbucea una serie de sonidos inconexos e intentos de defensa, pero está tan exaltada que le cuesta un rato ser capaz de pronunciar palabras enteras.
- ¡No estaba…! ¡Era algo nuevo y tú nos estabas guiando! – dice finalmente con un agitar de sus brazos –. ¡No quería cagarla!
Beca se echa hacia atrás con una carcajada y trata de frenar como puede los manotazos que siguen lloviendo sobre ella. Al final Chloe pierde las fuerzas y la puntería al sucumbir ella también a la risa, y terminan apoyadas la una sobre la otra.
Beca se plantea admitir que parte de ella siempre deseó que fuera verdad, que parte de ella se agarró a la idea de que Chloe le dedicó esa canción como si fuera un clavo ardiendo para así tener algo con lo que justificar sus sentimientos.
Se plantea admitir todo eso porque han pasado diez años y hace tiempo que dejó atrás ese pequeño y tonto crush. Ya no puede hacer daño alguno.
Y, para qué negarlo, Beca siempre ha sentido curiosidad por ver cómo reaccionaría Chloe cuando se lo contase.
¿Se mostraría horrorizada, halagada, sorprendida?
¿O siempre lo supo y no dijo nada para no poner a Beca en un compromiso?
- No me habría importado – se escucha a sí misma decir.
Parpadea, desprevenida, porque no pensaba decirlo ahora mismo.
Pero ahora las palabras ya están flotando en el aire y Chloe lo ha oído, porque se incorpora hasta poder mirar a Beca a la cara, su ceño fruncido por la confusión.
- ¿El qué?
Así que Beca coge aire y lo suelta todo.
- Que me hubieras dedicado esa canción.
Algo cercano a la comprensión cruza por el rostro de Chloe, aunque es fugaz y desaparece enseguida, de modo que Beca sigue hablando.
- Es un poco absurdo contarte esto ahora, pero estaba súper pillada de ti en aquella época – admite Beca con una sacudida de cabeza avergonzada. Se ríe de sí misma, llena de burla y menosprecio.
Lanza una mirada por el rabillo del ojo para ver la reacción de Chloe, y no parece que sea negativa. No parece repelerle la noción de que, hace años, Beca tuvo sentimientos por ella.
Sus labios se han despegado, delatando su asombro por lo inesperado de esta confesión, pero su rostro permanece limpio, y sincero, y lleno de aceptación.
Y quizá sea una chispa de comprensión lo que Beca ve relucir fugazmente en sus ojos azul bebé, la comprensión que acompaña al momento en que por fin todas las piezas encajan y entiendes todo lo que nunca terminabas de entender.
O quizá sea simplemente el reflejo de la luz de la farola.
- ¿En serio? – se sorprende Chloe –. ¿Por qué nunca me dijiste nada? – su tono es ligeramente acusatorio, pero Beca supone que es porque Chloe nunca ha lidiado bien con los secretos cuando se trata de las personas que más le importan.
Beca deja caer la cabeza hasta que su barbilla toca su pecho y simplemente se limita a lanzarle una mirada a través de sus pestañas, como si acabase de hacer una pregunta absurda.
Y Chloe, con algo de retraso, se da cuenta exactamente de por qué.
- Ah, claro – bufa una risa y niega con la cabeza –. Se me olvidaba que eras Miss Emocionalmente Inalcanzable.
Beca sonríe y aprieta los labios en una mueca, como diciendo: exacto.
- Además, tenía miedo de que si te decía algo pudiera estropearlo todo – confiesa con un encogimiento de hombros.
Y eso parece sorprender a Chloe por encima de todo. Sus ojos se abren de forma casi cómica y se gira a mirar a Beca tan rápido que la morena teme por sus cervicales.
- ¿Estás de broma? Bec, estaba loquita por ti.
Ante esta nueva información, Beca solo puede parpadear mientras intenta procesarlo. Pero es como si su cerebro acabase de colapsar, como un ordenador con la memoria interna llena al tratar de arrancar un programa muy pesado: no deja de salir un mensaje emergente de Error 404.
Es… demasiado.
- Si nunca dije nada fue porque no creía que tuviera oportunidad alguna – sigue explicando Chloe.
Ahora es Beca la que explota con indignación.
- ¡Venga ya! ¿Cómo podías pensar eso?
- ¿Porque tenías novio, quizá?
- Sí, al que no sé cuántas veces dejé tirado para pasar tiempo contigo – Beca alza las manos hacia el cielo y, como en una reflexión tardía, murmura para sí misma –. Fui una novia terrible, en verdad.
Chloe suelta una carcajada.
- Un poco sí – concuerda, su lengua atrapada entre los dientes.
- Es un milagro que Jesse todavía me hable.
- Pero porque nunca encajasteis como pareja – dice Chloe en un intento de consuelo. Ante la señal silenciosa de Beca para que prosiga con su explicación, Chloe esboza una sonrisa un poco avergonzada –. Las Bellas siempre lo decíamos: teníais dinámica de mejores amigos, no de pareja.
- Así era como lo sentía – admite Beca con un encogimiento de hombros –. Supongo que ambos confundimos el cariño que nos teníamos por amor.
- Pasa mucho… ¿Y cómo es que no ha venido a la reunión, por cierto? Pensé que si a alguien le haría ilusión, habría sido a Jesse.
Beca suelta una risa baja.
- Estaba tan enfadado por no poder venir que parecía que se iba a perder su propia boda – recuerda en tono burlón –. Pero está en plena grabación para una película y van muy mal de tiempo así que necesitaba echarle todas las horas posibles.
- Pobre – se lamenta Chloe, aunque no sin cierta diversión.
Se hace un tranquilo silencio entre ellas mientras cada una mira a puntos diferentes de esa piscina vacía.
Hasta que, de repente, Chloe vuelve a recordar el motivo por el que comenzaron esa conversación en primer lugar y su cuerpo se revuelve con energía en otra explosión indignada que se manifiesta en un certero manotazo en las costillas de Beca.
- ¡Ow! – protesta esta –. ¿A qué viene eso?
- ¡A que no me puedo creer que nunca te dieras cuenta de que me gustabas! – exclama Chloe entre risas.
- ¿Cómo se supone…?
Pero Chloe no le deja acabar porque le propina otro manotazo.
- ¡Beca! ¡Ligaba constantemente contigo!
- ¡Chloe! ¡Ligabas con todo el mundo! – se defiende Beca, no sin algo de burla en su forma de parafrasear a su amiga.
La pelirroja va a rebatirlo inmediatamente, sin embargo, parece darse cuenta de que Beca tiene razón y no le queda otra que admitirlo con un gesto de cabeza.
- Pero contigo era diferente – dice al final, apuntando a Beca con un dedo acusatorio como retándola a atreverse a negarle eso –. ¡Si hasta te propuse que experimentáramos juntas! – grita cuando el recuerdo cruza su mente como un relámpago.
Beca considera que la opción más sabia y segura para su mantener su integridad física es mantenerse callada y dejar que Chloe gane esta pelea tan absurda. Así que, en vez de responder con palabras, simplemente estalla en risas.
Les lleva un rato ser capaces de controlarse.
- De modo que… – empieza a decir Chloe en tono airado –. ¿Me estás diciendo que las únicas que lo sabían desde el principio eran…?
- Las Bellas – concluye Beca por ella con una sacudida de cabeza –. Uuugghh – se lamenta. Deja caer la cabeza hacia atrás hasta que cuelga entre sus hombros y lo único que ve es el azul del cielo nocturno de Atlanta –. Cómo odio que tengan razón.
La risa de Chloe se ve interrumpida por un escalofrío que no es capaz de reprimir, y Beca sonríe.
- ¿Vamos al hotel? – pregunta.
Ya se está levantando antes incluso de que Chloe le diga que sí.
A/N: He aquí LA escena.
Esta conversación junto a la vieja piscina de Barden fue lo primero que se me ocurrió de todo este fic y lo que hizo que me entrasen unas ganas locas de ponerme a escribirlo.
En un principio iba a hacer que robasen una botella de vino de la reunión (¿es un fic mío si no hago que roben algo de alcohol en una fiesta para irse a bebérselo por su cuenta?), pero luego me di cuenta de que Beca tenía que conducir de vuelta al hotel y en esta casa no se bebe y conduce.
Así que eso. Un pequeño dato de trivia que no os interesa pero yo os cuento de todos modos porque nuestra relación funciona así jajajaja
¡Hasta la semana que viene!
