A/N: Se vieneeeee 😉


Capítulo 4: El agua. no. lubrica

Hotel Clermont, Atlanta

24 de mayo del 2026, 23:06h

La decisión de subir a la habitación de Beca no es algo que hablen.

Simplemente parece la opción más lógica: ambas tienen frío, están cansadas, y es mucho más rápido que esperar a que el recepcionista de guardia escuche el timbre y salga a procesar el check-in de Chloe.

Beca retira la tarjeta del lector en cuanto emite un pitido y la luz cambia del rojo al verde. Empuja la puerta con las puntas de los dedos, hasta que amenaza con golpear la pared del pasillo de la habitación, e invita con un gesto de la mano a que Chloe entre primero.

Rodando la maleta delante de ella, Chloe pisa el suelo enmoquetado y recorre el corto pasillo hasta desembocar en el cuarto.

Descubre, con cierta decepción, que es una habitación sencilla con una única cama de matrimonio y un baño adyacente; probablemente exactamente igual a la que ella reservó para sí misma.

- Esperaba algo distinto – admite con una risa.

Beca arquea las cejas y sonríe, divertida.

- ¿El qué? ¿Una suite presidencial? – se burla.

Chloe empuja su maleta en una esquina en la que no moleste y se vuelve hacia Beca, quien está colgando su cazadora de cuero en una percha para guardarla en el armario de la entrada.

- Pues sí, no sé, ¿por qué no? – hace un gesto vago con la mano en su dirección –. Al fin y al cabo, eres famosa.

Beca pone los ojos en blanco y sacude la cabeza en una negativa.

- Quizá cuando estaba con Khaled sí que hubiera tenido una suite para mí sola, pero ahora que los gastos salen de mi propio bolsillo, no hay sitio para tanto lujo absurdo.

- ¿Pretendes decirme que vuelas en turista?

Beca ríe, pero alza un dedo para fijar a Chloe con él desde la distancia.

- Eso – advierte –, no es un lujo absurdo.

Chloe cede con una risa y alza las manos en señal de paz. Gira sobre sus talones hacia su maleta y se acuclilla para tumbarla sobre uno de sus lados en el suelo enmoquetado, abriendo la cremallera con un zumbido.

El interior está prácticamente vacío, ya que solo metió lo justo y necesario para el día y medio que iba a pasar fuera. Abre el compartimento de malla en el que tiene guardada la ropa interior y su neceser, y saca unas bragas limpias.

- Bueno – dice mientras se levanta –, pues si no te importa voy a quitarme el olor a clase turista del cuerpo – bromea, pinchando entre sus dedos la tela de su camiseta blanca.

Beca barre con una mano hacia el baño, como queriendo decir: "todo tuyo", y ella misma se dirige hacia el teléfono.

- ¿Tienes hambre? – pregunta con el auricular en la mano.

Chloe mira por encima del hombro justo antes de cerrar la puerta del baño tras ella y asiente.

- Pídeme lo que sea.

Beca alza un pulgar para señalizar que lo ha escuchado, distraída por los pitidos de comunicación que emite el teléfono que tiene sujeto entre el hombro y la oreja para así tener las manos libres para quitarse los zapatos.

Chloe sonríe, con la seguridad de que su cena queda en buenas manos, y cierra la puerta del baño. Se deshace de la ropa con rapidez, dejándola en un montoncito sobre el cálido suelo, y corre la mampara de cristal tras ella.

El agua caliente sobre sus músculos, agarrotados por la tensión del día y las carreras de un lado a otro, es una auténtica bendición. Deja escapar un suspiro audible y echa la cabeza hacia atrás de forma que el potente chorro de agua caiga sobre su cuello.

Deseosa por librarse del desagradable olor a avión, echa una generosa dosis de champú del hotel en la palma de su mano y procede a limpiarse el pelo con esmero.

Con los ojos cerrados para evitar accidentes desagradables, no puede evitar que su mente divague y es inevitable que vuelva al gran descubrimiento de la noche: la admisión por parte de Beca de que una vez estuvo enamorada de ella.

Quizá "enamorada" es llevarlo demasiado lejos.

Quizá Chloe está proyectando sus propios sentimientos de aquel entonces en Beca.

Beca solo había dicho que estaba "súper pillada", y eso puede interpretarse de muchas formas: para ella podía haber sido solo un tonto pero intenso crush; o podían haber sido sentimientos reales.

Chloe emite un murmullo pensativo justo antes de sumergir la cabeza bajo la cascada de agua para aclarar el champú de su pelo, y hace un recordatorio mental para preguntárselo a Beca en algún momento.

Le da un poco de rabia admitir que no tenía idea alguna de que Beca sintió algo por ella durante sus años en Barden.

Todo por la sencilla razón de que Chloe se enorgullece en ser la persona que mejor conoce a Beca, y mejor sabe interpretar todos sus gestos y silencios. Y esto no lo vio venir para nada: ni en el pasado, ni ahora en el presente.

Pero cuando es capaz de dejar su ego herido a un lado, Chloe siente curiosidad.

Supone que es algo completamente natural que su mente esté llena de "¿y si…?", porque solo logra pensar en que si tan solo se hubiera enterado de esto hace diez años, su vida puede que fuera totalmente diferente.

¿Habría seguido los mismos pasos que siguió, solo que con Beca a su lado? ¿O se habría dejado absorber por completo por Beca y se habría olvidado de su propio camino?

Chloe reconoce que es el tipo de persona que hace eso cuando se enamora. Le ha pasado con cada persona con la que ha salido, y es algo que no le gusta de sí misma, pero que, por muy ridículo que pueda sonar, hace sin darse cuenta.

Pierde el control con demasiada facilidad y, para cuando quiere frenarlo, ya ha ocurrido.

Se pasa ambas manos por la cara para eliminar el exceso de agua que ha quedado en su piel y cierra el grifo con un empujón del codo. Retuerce su pelo hasta sujetarlo todo en un churro y así poder escurrirlo.

Sale de la ducha al baño lleno de vaho y se enrosca en una mullida toalla blanca que coge del montón doblado de la estantería.

Es entonces que se da cuenta de que no se ha traído con ella el pijama o ropa en la que cambiarse y no tiene ganas de volver a ponerse la que se ha quitado. Su mirada revolotea por el baño y cae en un albornoz que cuelga en una percha de un gancho en la puerta.

Abre una fracción, lo suficiente para asomar la cabeza por el hueco, y sonríe sin poder evitarlo al encontrar a Beca sentada en la cama, vestida en una sudadera al menos tres tallas más grande del merchandising de su tour del 2022.

Parece estar viendo la tele, aunque también tiene el iPhone en la mano. Conociéndola, probablemente trate de estar haciendo ambas cosas a la vez sin mucho éxito en ninguna de las dos.

- Bec, ¿puedo robarte el albornoz?

La morena gira la cabeza y solo parece confundida por la pregunta un instante antes de asentir efusivamente y asegurarle que es todo suyo.

Chloe le da las gracias y no se molesta en volver a cerrar la puerta, porque así deja que escape el vaho y se desempañen los espejos: el amplio de encima del lavabo, y el de cuerpo entero que hay en la pared opuesta a la puerta.

Hace el cambio rápido de la toalla al albornoz, y usa la toalla para recogerse el pelo húmedo en un turbante.

- Por cierto – llama Chloe desde el interior del baño mientras inspecciona los botecitos del lavabo en busca de la crema hidratante. Una vez la encuentra, abre la puerta de par en par –. No te creas que no me he dado cuenta de que nunca llegaste a responder a mi pregunta.

Puede ver el reflejo confundido de Beca en el espejo de cuerpo entero y le regala una sonrisa torcida.

- ¿Cómo es que no hay nadie peleando a muerte por ser los dueños del corazón de Beca Mitchell?

El suspiro de Beca llega a la perfección hasta el baño, y Chloe escucha cómo la morena apaga o enmudece la televisión para poder hablar con ella sin interrupciones.

Chloe desenrosca la tapa del bote de crema hidratante mientras espera a que Beca ponga en orden sus pensamientos, y alza una pierna hasta posar el pie en la tapa bajada del váter. Vuelca crema en su mano y procede a expandirla sobre su piel.

- Me da pereza, ¿sabes? – dice al fin la voz de Beca.

Las manos de Chloe se detienen a medio camino de esparcir crema sobre su muslo derecho y gira la cabeza hacia el espejo de cuerpo entero para que Beca pueda ver sus cejas arqueadas, porque no sabe por qué, pero sabe que Beca va a estar mirando.

Efectivamente, sus miradas coinciden. Y al ver su expresión de sorpresa, Beca ríe y procede a explicarse.

- Ya sé que suena mal – admite alzando las manos como queriendo decir: "¿qué quieres que haga?" –, pero es cierto. Mi vida es caótica y ya de normal no tengo tiempo para mucho que no sea trabajo, y conocer a alguien es siempre un proceso tan lento.

Beca alza una mano para despeinarse el pelo como siempre hace cuando está nerviosa o estresada, de modo que Chloe vuelve a concentrarse en hidratar sus piernas porque sabe que Beca se siente más cómoda hablando de temas serios si no está haciendo contacto visual.

Le ayuda a fingir que simplemente está hablando en voz alta y no exponiendo sus pensamientos y sentimientos más íntimos a otra persona.

- Al principio es todo tan… – Beca se pausa, y Chloe asume que está buscando la forma correcta de expresar lo que ronda por su cabeza. A Beca a veces le cuesta encontrar las palabras –. Tan… tentativo. ¿Sabes a lo que me refiero?

Está buscando su aprobación, pero Chloe no está segura de si puede dársela. Alza un momento la cabeza y asiente, lento y lleno de duda, con el ceño fruncido.

Cree entender el concepto al que Beca se refiere, aunque solo vagamente.

- En plan, vas poco a poco para ir conociendo a la persona y es mucha conversación, mucha pregunta, mucha…

- ¿Vulnerabilidad? – ofrece Chloe con cierto retintín burlón en su voz.

- Sí – admite Beca, poniendo los ojos en blanco –. Y si luego no funciona… Ha sido todo una auténtica pérdida de tiempo porque por mucho que se promete que mantendréis el contacto, nunca – hace un gesto tajante con la mano –, vuelves a hablar con esa persona.

Se frota la frente en un gesto que delata su frustración.

- Me gustaría poder… No sé, poder hacer así – chasca los dedos –, y saltar a la parte en la que ya nos conocemos y tenemos todas las bases sobre las que construir una relación.

- Hombre, ¡claro! – exclama Chloe, divertida. Se inclina hacia atrás para poder mirar a Beca directamente, sin reflejos ni espejos, desde el umbral de la puerta –. Todo el mundo quiere atajos. Pero los atajos no funcionan.

- Lo sé – gruñe Beca. Suelta un suspiro y deja caer la cabeza contra el cabecero de la cama –. Pero de momento no tengo paciencia para hacer el recorrido entero.

Chloe emite un "mmhh" pensativo y termina de aprovechar los restos de crema que se le han quedado entre los dedos, esparciéndola por sus manos. Cierra el bote y lo devuelve junto a los demás cosméticos en la cesta de bienvenida del lavabo.

Se quita la toalla del pelo y lo peina, rápido, pero con cuidado de no enganchar las cedras del peine en los pocos nudos que no se deshacen a la primera pasada.

Al acabar, sale del baño, sus pies descalzos silenciosos sobre la moqueta del suelo.

- También te digo – dice mientras apaga la luz del baño y se acerca a la cama –, que eso depende mucho de la persona. Puede que hasta ahora no hayas encontrado a nadie que te haga sentir que merezca la pena hacer el recorrido entero por ellos.

Y luego, porque no puede resistirse y la broma está muy fácil de hacer, esboza una sonrisa torcida y salta sobre sus rodillas en el colchón.

- Claro que quizá no encuentres a ese alguien si solo sales con modelos – comenta.

Beca abre la boca para defenderse, aunque no está muy segura de si lo que pretende es defender su honor o defender a las modelos de los estereotipos. Sin embargo, se da cuenta a tiempo de que Chloe solo está buscando provocar precisamente esa reacción en ella y vuelve a cerrar la boca.

La pelirroja ríe, su lengua atrapada entre los dientes, y a Beca no le queda otra que unirse.

Se ven interrumpidas por una serie de golpeteos en la puerta de la habitación y una voz masculina que les avisa de que es el servicio de habitaciones.

- Ya voy yo – se ofrece Beca, saltando fuera de la cama antes siquiera de que Chloe tenga opción a abrir la boca.

Chloe aprovecha a acomodarse en la cama, colocando una de las almohadas entre su espalda y el cabecero. Su mirada se ve atraída hacia la televisión, que Beca ha mantenido encendida aunque sin sonido alguno.

Rebusca entre las sábanas revueltas por el mando y lo encuentra semi sepultado bajo la colcha en el lado de Beca.

Escucha a la morena despedirse del empleado del hotel que les ha traído la cena y la puerta cerrarse. Un par de segundos más tarde Beca rodea la esquina del pasillo cargada con una bandeja metálica en la que hay dos platos cubiertos por tapas metálicas para que mantengan el calor.

Beca deposita con cuidado la bandeja sobre el colchón y retira las dos tapas con una floritura exagerada de las manos.

- Voilà – exclama.

Chloe deja escapar una risa al ver que debajo hay dos sándwiches de queso con patatas fritas y no el faisán asado con salsa de arándanos que corresponde a tanto espectáculo.

- Y la mejor parte… – Beca alza un dedo al ver su expresión tan poco impresionada e introduce una mano en el bolsillo frontal de su sudadera, que solo ahora Chloe se da cuenta de que está abultado y hundido hacia abajo.

De su interior, saca una botella plana y pequeña de whiskey y la agita en el aire con una sonrisa.

- Mitchell, tú sí que sabes cómo conquistar a una dama – ríe Chloe.

Beca se une a su risa y salta de vuelta a su sitio en la cama.


Hotel Clermont, Atlanta

25 de mayo del 2026, 01:47h

- ¡Corre, que se acaban los anuncios! – grita Chloe, y en su nerviosismo agita la botella abierta de whiskey que sujeta en la mano.

Algo del líquido ámbar escapa por la boca de la botella y cae sobre el dorso de su mano. Se lame el licor de la piel, pero al agachar la mirada ve que también ha salpicado a las sábanas, ahora adornadas por pequeñas gotas marrones.

- Ups – intenta secarlo con el cinturón de su albornoz antes de que traspase al colchón, pero algo en esa situación le resulta muy gracioso y no puede evitar reírse mientras aprieta el albornoz contra las manchas.

Beca aparece por la esquina del pasillo con las manos vacías y la puerta se cierra sola justo cuando la morena hace un salto de distancia desde la moqueta hasta su lado de la cama.

Se queda corta de impulso y aterriza de morros en medio del colchón, con un codo sobre uno de los pies de Chloe. A ambas les parece de lo más divertido y se pierden la vuelta de la película después de la pausa.

Puede que hayan bebido un poco de más. Ninguna de las dos está borracha, solo sienten la chispa del alcohol y la habitual torpeza y desinhibición que suele venir con esa sensación de que la cabeza te flota.

En realidad fue culpa de Beca, por haberse inventado ese juego de beber mientras veían When Harry Met Sally.

Todo empezó a modo de crítica:

- Un trago por cada vez que Harry diga que la amistad entre un hombre y una mujer no puede existir – había bufado Beca con la boca llena de patatas fritas, alzando la botella de whiskey en un brindis invisible para empezar ella misma.

Pero, como suele pasar, pronto desvarió:

- Un trago por cada vez que acuden a sus amigos en busca de consejo sobre qué hacer – siguió Beca.

- Un trago por cada vez que finjan no estar celosos de la pareja del otro – propuso Chloe a mitad de la película.

- Un trago por cada vez que se miran como si estuvieran a punto de arrancarse la ropa – dijo Beca casi inmediatamente.

Y así han acabado: más tumbadas que sentadas, hombro con hombro, pasando la botella de whiskey de una mano a otra cada vez que tienen que seguir las reglas que ellas mismas han establecido.

Se están riendo mucho más de lo que la película merece, pero Chloe no cambiaría esto por nada.

Ya sabe que When Harry Met Sally va a ser una película que siempre guarde un lugar especial en su corazón, de estas que ves un día por casualidad cuando las están echando en la tele y te sacan una sonrisa sin importar el momento en que te encuentres.

- No, no, no – advierte Beca de repente, provocando que Chloe parpadee para salir de su ensimismamiento y se centre de nuevo en la película.

En la pantalla, Sally y Harry se separan del abrazo y Harry le da un breve beso en los labios en un gesto de consuelo y cariño. Sin embargo, Sally se queda mirando sus labios fijamente antes de acortar la distancia en busca de más.

Beca se lleva una mano a la frente mientras continúa emitiendo sonidos de advertencia.

- ¡No va a acabar bien! – exclama llena de frustración.

Chloe gira para estar más apoyada en el costado y no tener que retorcer el cuello si quiere mirar a Beca.

- ¿Por qué? ¿Porque son amigos? – pregunta con curiosidad.

- No, eso da igual – Beca bate una mano en el aire, el ceño fruncido –. Porque él – señala a Harry, quien está devolviendo el beso con las mismas ganas que Sally –, claramente se va a arrepentir.

Con acertada puntería, Beca todavía está señalando a la pantalla de la televisión acusatoriamente justo cuando el plano de los besos se convierte en un plano de ambos personajes post sexo: Sally está feliz y satisfecha, pero Harry tiene expresión de pánico absoluto.

- ¡Ves! – grita Beca, agitando la mano –. ¡No estaba preparado todavía!

La película continúa con la tensión creciendo cada vez más entre Sally y Harry, y es en ese momento en que Chloe se da cuenta de lo ridículamente parecida que es a su relación con Beca.

Aquí están viendo la historia de dos personas que se conocen en la universidad y no paran de coincidir a lo largo de sus vidas, hasta que finalmente deciden hacerse amigos y mantenerse en contacto porque, a pesar de los pequeños encontronazos que hayan tenido en el pasado, se caen bien.

Y vale, en eso no se parecen en nada.

Pero también es la historia de dos personas que están tan empeñadas en hacer que su amistad funcione para probar incorrecta la teoría de Harry, que pasan por alto todas las obvias señales de atracción mutua.

Y permanecen completamente ciegos a sus sentimientos por el otro hasta que han pasado años y años durante los cuales no paraban de tratar encontrar el amor en las personas incorrectas.

Claro que la reflexión de Chloe no llega tan lejos porque, si no, ¿cuál sería el sentido de este fic?

No logra alcanzar esa conclusión tan importante para su relación con Beca porque se distrae con la escena final de When Harry Met Sally.

Beca, sorprendentemente, permanece inmersa en la película y Chloe ríe para sí misma porque si tan solo Jesse hubiera sabido que lo único que tenía que hacer para lograr que Beca viera una película era emborracharla a base de whiskey, lo habría tenido mucho más fácil.

Ninguna de las dos bebe, ni habla, mientras Harry corre a través de media Nueva York en pleno diciembre para llegar a tiempo a la fiesta de fin de año en la que va a encontrar a Sally.

Y cuando Harry por fin suelta su discurso sobre todas las pequeñas cosas que adora de Sally y que son lo que le hacen quererla, Beca suspira y se hunde todavía más en las almohadas, rodando la cabeza hasta que su sien reposa sobre el hombro de Chloe.

Chloe apoya su mejilla sobre el pelo de Beca y saborea el dulce sentimiento de plena satisfacción que se expande por su pecho.

- ¿Es mucho pedir algo así? – murmura Beca agitando la botella de whiskey semi vacía en la dirección general en la que está la televisión.

Ahora que ha quedado claro cómo acaba la película y los créditos finales están a punto de empezar, Chloe se separa y se recuesta de costado con ambas manos bajo su mejilla derecha.

Recorre el perfil de Beca con su mirada.

- ¿Crees que, si no hubieras empezado a salir con Jesse en tu primer año, habría pasado algo entre nosotras? – pregunta en voz suave, pero curiosa.

Beca parece cogida desprevenida por la pregunta, y durante unos segundos no reacciona de ninguna forma que no sea para mostrar su sorpresa. Luego, sin embargo, se repone y frunce el ceño mientras medita seriamente su respuesta.

- Probablemente – admite al cabo de un rato.

Imita la postura de Chloe y le lanza una mirada entre sus pestañas al mismo tiempo que una sonrisa torcida se abre paso lentamente por su rostro.

- Habría acabado sucumbiendo a tus constantes indirectas.

- ¡Hey! – exclama Chloe.

Como está muy cómoda y no quiere tener que moverse, usa una de sus piernas para darle un empujón a Beca. Su albornoz se parte para permitir el movimiento, revelando mucho más de lo que Chloe pretendía, hasta que tira de uno de los laterales para cubrirse.

Cuando vuelve a mirar a Beca, ve su mirada saltar de las piernas desnudas de Chloe a sus ojos, pero se apiada de ella y opta por no hacer comentario alguno porque sabe que acabaría desviando por completo la conversación y está muy interesante.

- No pretendas que no te encantaba tanta atención.

- No – niega Beca, y Chloe devuelve sus caderas a su posición original –. De verdad que no, ¿tú sabes lo nerviosa que me ponía?

Chloe esboza una sonrisa torcida. Con la pierna que ha dejado enganchada en las de la morena, da una serie de tirones para llamar su atención.

- Me acuerdo perfectamente.

- No sabes lo difícil que era tener que resistir las ganas de… – Beca bufa una risa –, de borrarte esa sonrisita – señala a Chloe, quien rompe su sonrisa para soltar una carcajada –, de la cara con un beso.

Chloe recoloca su mejilla sobre el dorso de sus manos y se muerde el labio inferior.

- sí que no tienes ni idea – dice tensando su pierna para atraer un poco a Beca hacia ella –. No sabes lo sexy que resultaba verte dirigir a las Bellas en los ensayos.

Se inclina hacia delante y baja el tono de voz, como si estuviera a punto de desvelar un secreto muy grande. Necesita de todo su autocontrol para no romper la ilusión al ver a Beca caer en la trampa.

- A veces tenía que irme al baño solo para tocarm…

Beca se lanza hacia delante, los ojos amplios por la alarma, y tapa la boca de Chloe con sus manos antes de que más palabras comprometedoras puedan salir de ella.

- ¡Demasiada información! – grita por encima de las risas de Chloe.

Cuando parece darse cuenta de que Chloe solo le está tomando el pelo, una más de sus indirectas, usa sus manos para darle un empujón en los hombros y Chloe se deja llevar por el impulso hasta quedar tumbada sobre su espalda.

Su pierna resbala de las caderas de Beca y la deja doblada, el pie plano sobre el colchón.

- Eres horrible – escucha a Beca gruñir, aunque la forma en que su voz tiembla por el esfuerzo que está haciendo por no reírse echa por tierra todos sus intentos de parecer enfadada.

- Es probable – coincide con una risa –. Pero no me creo que tú no lo hicieras nunca.

Beca emite un "uh-uh" de negación que no resulta nada convincente, de modo que Chloe se incorpora sobre un codo y clava su inquisitiva mirada azul en su mejor amiga.

- ¿Nunca, nunca?

Beca sacude la cabeza y Chloe suelta un resoplido incrédulo.

- No me lo trago.

Beca se encoge de hombros, como diciendo: "haz lo que quieras", pero el hecho de que opte por permanecer callada y se esté comunicando únicamente a base de gestos y sonidos es lo que hace que todas las alarmas salten en la cabeza de Chloe.

Aumenta la intensidad de su interrogatorio, dispuesta a llegar a la verdad aunque solo sea a base de hacer que Beca explote de vergüenza.

- ¿Nunca fantaseaste conmigo mientras te tocabas?

- Ya… – la voz de Beca muere en algún lugar de su garganta, como cuando hablas por primera vez después de estar tres horas en silencio, y tiene que carraspear para poder terminar la frase –. Ya te he dicho que no.

- ¿Nunca te vino a la mente mi cuerpo desnudo? Sé que lo viste – constata Chloe con absoluta tranquilidad –. Te vi mirar cuando me colé en tu ducha.

- …No.

- ¿Nunca me viste comer un helado y te preguntaste cómo sería tenerme entre tus piernas?

Beca no se molesta en contestar, pero Chloe puede ver el sutil movimiento de su garganta al tragar saliva así que deja caer su peso sobre el antebrazo de forma que queda suspendida sobre la morena a menor distancia, y adopta un tono de voz bajo y sugerente.

- ¿Nunca…? – su mirada se desliza, como una caricia, por el cuerpo de Beca –. ¿Nunca echaste un polvo monótono con Jesse y te preguntaste cómo sería… cómo sería si fuera yo la que estuviera en tu interior?

Algo cruza por los ojos de Beca, el flash de un recuerdo, y los labios de Chloe se curvan automáticamente en una sonrisa torcida porque tenía razón desde un principio.

Pero no tiene mucha oportunidad de disfrutar de su dulce victoria porque, de repente, Beca se mueve. Y, de repente, hay una mano en su nuca que tira de Chloe hacia abajo. Y, de repente, hay unos labios sobre los suyos.

Beca no lleva el beso más allá que la simple presión de labios contra labios, pero aun así Chloe deja escapar un jadeo sorprendido.

El sonido debe ser lo que provoca que Beca se aparte igual que si se hubiera quemado, y parpadea con los ojos abiertos en expresión de horror, como si solo ahora estuviera empezando a ser consciente de lo que ha ocurrido.

- Perdón – dice en tono brusco y abrupto –. No debí asumir…

Chloe fija su mirada en los labios de Beca y eso parece hacer que la voz de la morena muera progresivamente hasta silenciarse por completo sin llegar nunca a terminar lo que estaba diciendo.

Siente un hormigueo en sus labios y, sin pensar, alza la mano que no está usando para mantenerse incorporada y roza los de Beca con las yemas de sus dedos en una caricia distraída, preguntándose si Beca también lo está sintiendo.

La boca de Beca se parte bajo su toque, una exhalación de aire caliente humedece la palma de su mano y la pesadez se adueña de los párpados de Beca hasta que no le queda más remedio que cerrar los ojos.

Son señales de sobra para Chloe.

Agacha la cabeza como si fuera a devolverle el beso, pero se detiene en el último instante, y siente un escalofrío de puro placer sacudir su cuerpo cuando Beca, llena de impaciencia, vuelve a alzarse de la cama para unir sus labios.

Saborea el saberse tan deseada, al mismo tiempo que saborea los labios de Beca y la forma en que se amoldan a los suyos.

Besar a Beca es como Chloe imagina que sería ver un volcán en erupción escupiendo lava: hermoso, excitante, ligeramente terrorífico, y con consecuencias absolutamente devastadoras para Chloe.

Siente un calor interno expandirse por su cuerpo amenazando con abrasarla poco a poco de dentro hacia fuera, y lo peor de todo es que Chloe no tiene problema alguno en sucumbir a sus llamas si significa que este momento no va a acabar nunca.

Beca rasca suavemente con sus dientes su labio inferior y le arranca un gemido que sale de lo más profundo de su pecho, de una zona que llevaba bastante tiempo adormilada y que ahora se agita y empieza a palpitar.

- Se te da tan bien como imaginaba – murmura Chloe.

Beca exhala una risa y se separa lo suficiente para poder lanzarle una mirada divertida.

- ¿Pensabas mucho en ello? – antes siquiera de que Chloe pueda abrir la boca para contestar, Beca sacude la cabeza –. No respondas, es una pregunta absurda.

- Considerando que te he contado que fantaseaba contigo cuando me masturbaba… – ríe Chloe.

- Mmm sí, cuéntame un poco más sobre eso – pide Beca en tono ligeramente bromista.

Chloe arquea las cejas y esboza una sonrisa torcida.

- ¿Qué quieres saber? – inquiere entre besos lentos, pero cargados –. ¿Las posiciones? – uno en la comisura de sus labios –. ¿Los lugares? – otro en la afilada línea de su mandíbula –. ¿La frecuencia? – el último bajo la oreja, donde murmura las palabras en voz aterciopelada.

El estremecimiento que sacude el cuerpo de Beca se propaga por el aire y alcanza a Chloe, que lo replica sin ser totalmente consciente de ello, como si tuviera el mismo efecto contagioso que un bostezo.

Como si sus cuerpos fueran dos placas tectónicas flotando perezosamente sobre el magma hasta que han colisionado, y ahora los terremotos amenazan con fragmentarlas.

Chloe siente un tirón en su albornoz y, por un instante, cree que Beca está intentando deshacer el cinturón que lo mantiene cerrado y se le entrecorta la respiración. Sin embargo, cuando agacha la mirada, ve que Beca simplemente tiene el nudo sujeto dentro de un puño y lo está usando para tratar de acercar el cuerpo de Chloe al suyo.

Chloe capta la indirecta.

Se alza sobre una mano en el colchón y pasa su pierna izquierda por encima de Beca hasta que acaba sentada a horcajadas sobre ella. El albornoz se abre por las dos mitades, dejando a la vista la suave e hidratada piel de sus piernas.

Lo único que lo mantiene en su sitio y cumpliendo su función, es el nudo que Beca todavía tiene en su agarre.

- Al principio – murmura Chloe tras humedecerse los labios, su frente apoyada en la de Beca –, lo que más imaginaba era qué habría podido ocurrir si Tom nunca nos hubiera interrumpido cuando me colé en tu ducha.

Siente la exhalación temblorosa que Beca deja escapar entre sus labios antes de cerrar los ojos momentáneamente. Cuando los vuelve abrir, su azul medianoche se asemeja más al color del mar Atlántico en plena tormenta.

Traga saliva cuando la pelirroja recoloca la distribución de su peso encima de ella para no hacerle daño. Sus manos se posan sobre las piernas de Chloe, dos imanes incapaces de resistir la atracción de tanta piel expuesta a su alcance.

Su toque es como una descarga eléctrica para Chloe. Sin querer, tensa los músculos de sus muslos contra las caderas de Beca, quién responde hundiendo sus dedos con un poco más de fuerza, convirtiendo su agarre en algo mucho más primitivo.

Sin embargo, algo centellea en su mirada, el brillo de un replanteamiento tardío, y Beca resopla una risa.

- ¿Qué? – inquiere Chloe, curiosa, separándose para poder verla mejor.

- Nada – se disculpa Beca, casi avergonzada por haber sido capaz de reírse cuando están teniendo semejante conversación en semejante postura –. Es solo que… El sexo en la ducha está tan sobrevalorado.

Chloe suelta una carcajada sorprendida.

- ¿En serio? – exclama con notable diversión.

- ¡Lo está! Es incómodo, estás en constante peligro de romperte la crisma, y – alza un dedo, como si este fuera el punto más importante de toda su defensa –. El agua. no. lubrica – sentencia, vehemente, como si esta fuera una discusión que han tenido cincuenta veces y nunca logran llegar a un acuerdo a pesar de los argumentos irrefutables de Beca.

- Es una fantasía sexual, Beca – rebate Chloe, socarrona –. No tiene por qué ser lógica.

Beca pone los ojos en blanco, aunque le da la razón con un asentimiento algo resignado.

- Además – continúa Chloe –, es más sobre el concepto y la estética general de la fantasía, que sobre su practicidad.

En la frente de Beca se dibuja una pequeña arruga de confusión y Chloe se muerde el labio inferior brevemente porque sabe que vuelve a tenerla a punto de caramelo.

- Piensa en ello – a medida que habla, Chloe vuelve su voz más aterciopelada y acorta la distancia entre sus caras –. El vaho en el ambiente, el calor en tu piel, el agua cayendo sobre nuestros cuerpos desnudos… – hasta que roza la última palabra contra sus labios.

Es Beca quien la besa primero.

Se lanza hacia delante y ataca su boca con un hambre feraz, como si hubiera estado perdida en el desierto dos semanas y Chloe fuera la primera gota de agua que prueba, como si esos escasos minutos sin besarse hubieran sido una tortura para ella.

Chloe comprende cómo se siente porque devuelve el beso casi con la misma, si no más, intensidad.

Enreda sus dedos en los suaves mechones castaños de Beca, desparramados y despeinados sobre la almohada, y usa su agarre para acercarla más a su rostro. Su lengua acaricia su labio inferior buscando permiso para entrar, y Beca se lo concede con un gemido.

Las manos de la morena se mueven por sus piernas, y Chloe siente el roce de sus dedos sobre su piel como diez lenguas de fuego.

Pero aun así, nada podría haberla preparado para el momento en que Beca las cuela por debajo de los bordes abiertos de su albornoz y las desliza hasta su culo, donde se curvan y aprietan y tiran de ella.

Las caderas de Chloe cobran vida propia y, sin su permiso, se lanzan y restriegan contra el regazo de Beca.

Chloe rompe el beso con un jadeo, porque todos sus nervios acaban de sufrir un cortocircuito y no tiene la capacidad mental de seguir con la lengua de Beca en su boca.

Deja caer la cabeza hacia atrás mientras trata de no estallar de puro placer, pero Beca no parece muy dispuesta a darle un respiro porque sus labios enseguida dibujan una línea por la columna de su cuello a base de besos y dientes.

Cuando Beca atrapa la fina piel de su cuello para darle un suave mordisco, sus caderas vuelven a lanzarse hacia delante y esta vez encuentran la ligera resistencia del abdomen de Beca.

Ambas gimen a la vez ante el contacto, que es suficiente e insuficiente al mismo tiempo, y Chloe repite el vaivén sin pensarlo. Las manos de Beca le ayudan en el movimiento, proporcionándole impulso.

Chloe respira con dificultad y siente el agarre que tiene sobre su autocontrol y su cordura debilitarse. Es como tratar de sujetar agua en las cuencas de sus manos cuando no puede juntar los dedos: completamente inútil.

En su pecho se agita de forma violenta un hambre desesperada, una imperante necesidad de consumir a Beca de cualquier y todas las formas posibles o perecer en el intento, pero por lo menos tenerla de alguna forma.

Quiere tener cada centímetro de Beca presionado contra ella, quiere poder ponerse su piel como una capa, quiere poder tragársela entera y sentirla dentro de ella.

Y todo porque tiene la angustiosa sensación de que sus cuerpos nunca les van a permitir estar todo lo cerca que Chloe necesita.

Beca parece estar sintiendo lo mismo, o por lo menos algo parecido, ya que sus manos dejan de ayudar el vaivén de las caderas de Chloe para empezar a deshacer con apremiante urgencia el nudo de su albornoz.

Sus dedos tiemblan ligeramente por la prisa que se está dando y necesita tres intentos hasta que se da cuenta de que solo tiene que tirar de los extremos de una de las cintas para deshacer el nudo.

El cinturón cae flojo y, con él, el albornoz se abre a la mitad lo suficiente como para dejar entrever los pechos desnudos de Chloe subiendo y bajando con cada una de sus agitadas respiraciones.

La pelirroja termina por deshacerse ella del albornoz, dejando que resbale por sus brazos extendidos hacia atrás hasta que acaba hecho un guiñapo tras ella en el colchón.

La adoración que ve en los ojos de Beca hace que Chloe sienta su cordura desaparecer por completo y la llama en su pecho se reaviva igual que si Beca hubiera volcado alcohol puro sobre ella.

Deseosa por ser tocada, Chloe vuelve a enredar sus manos en el pelo de Beca y la atrae hacia ella para devorar sus labios con su lengua y sus dientes de tal forma que cualquier diría que su vida depende de ello.

Beca aprovecha para explorar toda la piel descubierta con las yemas de sus dedos y cada uno de sus roces hace que Chloe se estremezca hasta lo más profundo de su alma.

Sus caderas recuperan el ritmo de antes y se restriegan con desesperación contra el abdomen de Beca en una súplica silenciosa por recibir algo de la atención de la morena que, hasta ahora, siempre ha estado centrada en otros sitios de su cuerpo menos donde más la necesita.

Chloe teme que, si Beca tarda más en tocarla, pueda acabar combustionando espontáneamente de dentro hacia fuera.

Por fin, las manos de Beca se abren paso por sus caderas y entre sus piernas, y Chloe deja escapar un gemido lleno de desesperación, pero tiene tan poco control sobre sí misma que no es capaz de sentir ni una pizca de vergüenza.

Con el interior de su índice, Beca la acaricia por encima de la tela empapada de sus bragas.

- Joder, Chlo – murmura Beca, casi de forma aturdida, como si no estuviera siendo plenamente consciente de su reacción.

El índice se retira, pero antes incluso de que Chloe pueda lamentar su pérdida, Beca vuelve a tocarla esta vez con tres dedos que ejercen presión justo donde su clítoris pulsa a un ritmo desenfrenado.

Chloe cuelga la cabeza hacia atrás con un jadeo que sale de lo más profundo de su ser y sus caderas siguen el ritmo intermitente de la presión que Beca le proporciona.

Más que alivio, es una forma de tortura para Chloe porque cada pequeño toque lanza un estallido eléctrico por todo su cuerpo, pero no es suficiente para llevarla a ningún sitio que no sea la locura más absoluta.

Se siente mareada, y no está segura de si es por la falta de oxígeno, por la desesperante necesidad de correrse de una vez, o por el whiskey.

- No deberíamos estar haciendo esto habiendo bebido – murmura en una exhalación húmeda contra la piel caliente del cuello de Beca.

No puede contener el gemido de queja que escapa de sus labios cuando la mano de Beca se detiene, y sus caderas que lanzan hacia delante por voluntad propia en busca de unos dedos que ahora la eluden, donde antes la buscaban desesperadamente.

- ¿Por qué? – inquiere Beca, empujando mejilla con mejilla en un intento de hacer que Chloe saque la cabeza de su escondite en su hombro –. ¿No quieres arrepentirte mañana cuando despiertes?

- No – la palabra estalla en su boca, porque es una idea que ni siquiera había cruzado su mente.

La posibilidad de arrepentirse, cuando se trata de Beca, es inexistente y quiere que quede lo más claro posible. Se relame los labios y fija su mirada oscura en la boca entreabierta de Beca.

- Porque quiero poder acordarme de todo – admite, su voz queda y espesa por el deseo.

La morena parpadea un par de veces antes de que una sonrisa torcida se expanda lentamente por sus labios hinchados.

- Creo que yo puedo ayudarte con eso – promete.


A/N: Lo siento, pero no son spoilers si la película salió en 1989. De todos modos, disponemos de hojas de reclamación.