A/N: Precaución. No leáis esto en público.

¡Feliz Navidad! 😉


Capítulo 5: Enséñame

Hotel Clermont, Atlanta

25 de mayo del 2026, 02:20h

Beca está segura de que, en algún punto de esta noche, ha debido de morir e ir al cielo.

La imagen de Chloe en su regazo, montando sus dedos, la cabeza echada hacia atrás por el placer y su cuello expuesto lleno de manchas rojizas que la propia Beca ha dejado ahí, es algo que su cerebro está teniendo muchos problemas para procesar como real.

Ni siquiera está muy convencida de saber cómo han hecho para llegar hasta aquí. Un momento estaban viendo When Harry met Sally, y al siguiente, Beca estaba apartando las empapadas bragas de Chloe hacia un lado para introducir dos dedos en su interior.

Deja escapar un siseo entre dientes cuando la mano con la que Chloe se está sujetando a su hombro para mantener el equilibrio resbala y sus uñas arañan su piel con demasiada fuerza.

Pero la pelirroja está tan perdida en su búsqueda del orgasmo que no se da cuenta. Sus caderas, que están haciendo la mayor parte del trabajo, aumentan la velocidad y sus movimientos se vuelven el tipo de torpe y descuidado que precede al final.

Beca siente a Chloe tensarse alrededor de sus dedos y decide tomar un poco de control para ayudarle a acabar.

La siguiente vez que Chloe se alza sobre sus rodillas, Beca enrosca su brazo libre alrededor de su cintura para atraer su cuerpo a ella y la mantiene ahí, quieta, mientras su muñeca marca un ritmo frenético.

En esta nueva posición, Beca se da cuenta de que si agacha solo un poco la cabeza llega a los pechos de Chloe y hace precisamente eso.

Sus dientes se cierran en torno a un pezón y Beca siente dedos tensarse en su pelo con fuerza. El escozor del tirón hace que un hormigueo recorra su nariz y parpadea para disipar la fina capa de lágrimas que se estaba acumulando en su párpado inferior.

- Bec… – jadea Chloe en tono de advertencia.

Pero si pretendía seguir hablando, las palabras nunca llegan a salir de su garganta. En su lugar emite un gemido entrecortado a la vez que todo su cuerpo se estremece y sacude con la fuerza del orgasmo.

Ver a Chloe desmoronarse sobre, por, y alrededor de sus dedos es algo que Beca sabe, en ese preciso instante y con absoluta claridad, que va a necesitar volver a ver una y otra, y otra vez porque nunca va a ser suficiente para saciarla.

A pesar de que le arden los músculos de su muñeca y lo apretada que está Chloe, Beca continúa moviendo sus dedos.

- Si no paras – murmura Chloe, sin aliento –, me voy a correr otra vez.

- Bien – responde Beca con una sonrisa.

Captura los labios de Chloe en un beso hambriento y la pelirroja suelta un débil gemido en su boca.

Beca suelta la cintura de Chloe para retirarle de la cara unos mechones húmedos que se le han quedado pegados en las mejillas y sobre los labios entreabiertos. Pasa una mano por su espalda sudada y admira los movimientos de sus músculos al estirarse y contraerse con cada laboriosa respiración, cada vaivén de sus caderas.

Cuela esa misma mano por la parte frontal de las bragas de Chloe, y solo necesita rodear un par de veces su clítoris, rápido y fuerte, para que Chloe vuelva a caer por el precipicio del placer.

Y, una vez más, Beca se echa hacia atrás para admirar la escena.

Chloe se derrite sobre su pecho y una de sus manos sujeta firmemente la muñeca de los dedos que Beca todavía tiene en su interior para que no se le ocurra moverlos.

- No más, no más – suplica, tan falta de aire que las palabras salen en apenas un hilo de voz.

Beca emite una risa suave y deposita un dulce beso en su hombro antes de extraer con cuidado sus dedos. Los seca en las sábanas revueltas y abraza la figura exhausta de Chloe contra su cuerpo.

Deja que la calma del momento, mientras espera a que Chloe se recomponga, caiga sobre ella como un bálsamo reparador.

Finalmente, la pelirroja deja escapar un profundo suspiro y se desliza de lado hasta aterrizar en el colchón, sus mechones pelirrojos alborotados y cubriéndole la mitad de la cara. Se los retira con una mano en un movimiento perezoso que derrocha cansancio y despreocupación.

Beca siente algo agitarse en la parte baja del abdomen al ver a Chloe tan destrozada y saber que ha sido obra suya.

Inconscientemente, aprieta sus piernas en un intento de aliviar la pulsación que trata de llamar su atención, pero la presión solo hace que ahora la sienta retumbar por su cuerpo entero.

Se remueve en la cama, incómoda, y sabe que no hay forma alguna de que vaya a ser capaz de dormir estando tan cachonda.

Se relame los labios para humedecerlos y arrastra las caderas un poco hacia abajo para tumbarse más sobre las almohadas que tiene encajadas entre el cabecero y su espalda.

- ¿Te importa si…? – pregunta, dubitativa, mientras hace un gesto vago con su mano hacia su pelvis, la cual alza un segundo del colchón para hacer sus intenciones más claras.

La mirada de Chloe salta a ella y se oscurece notablemente cuando comprende a lo que Beca se refiere. Abre la boca para contestar de manera inmediata, pero parece tan azorada por lo que sea que está pensando que se queda sin palabras un instante.

- Quítate la sudadera – pide en voz ronca.

Beca siente un escalofrío de pura electricidad trepar por su cuerpo ante la orden y el tono en el que Chloe la ha hecho. Cruza ambos brazos en la parte baja de su sudadera extragrande y se saca la prenda morada por la cabeza.

No lleva nada debajo, y saborea el placer de escuchar la respiración de Chloe atascarse en su garganta.

- Jesús, Bec... – murmura Chloe, y cuando Beca mira en su dirección ve que su mirada está mucho más cargada de deseo que unos segundos antes –. Esto es nuevo.

Una mano se alza del colchón y cruza el aire hasta que dos dedos pinchan suavemente el pezón derecho de Beca, perforado por una barra metálica con dos bolitas en cada extremo.

La morena gime y sus párpados revolotean. Cuando se hizo el piercing, le avisaron de que iba a intensificar todas las sensaciones, pero hasta el momento nada ha sido como esto. Tiene que luchar por mantener los ojos abiertos y no sucumbir por completo al masaje de Chloe.

- ¿Cómo sabes que es nuevo? – pregunta de forma entrecortada.

La pelirroja le lanza una mirada puntiaguda por debajo de sus pestañas.

- Beca, vivimos juntas durante cuatro años en un apartamento sin paredes. Créeme cuando te digo que te he visto desnuda más veces de las que puedo contar.

Lo que fuera que Beca estaba a punto de replicar, el hilo de sus pensamientos, se desvanece por completo de su mente, y coge una brusca inhalación cuando Chloe prueba un ángulo nuevo.

Sus piernas se revuelven solas sobre las sedosas sábanas.

- Chlo... – gime.

Y aunque solo es su nombre, Beca sabe que Chloe entiende la pregunta que hay detrás, la súplica por su permiso para hacer algo por aliviar la situación entre sus piernas.

Los dedos de Chloe abandonan su pezón, tan estimulado que estaba empezando a resultar doloroso, y con el índice traza una línea a lo largo de la piel de Beca a medida que desciende.

Una sonrisa curva sus labios al ver el tsunami de piel erizada que persigue su roce delicado, siempre un par de pasos por detrás.

- Esto – dice, enganchando la punta de su índice bajo el elástico de las bragas de Beca –, fuera.

Beca obedece a la orden con gusto y las tira de cualquier manera al suelo de la habitación, sin siquiera molestarse en mirar dónde caen para tenerlas mínimamente localizadas.

Planta el pie derecho sobre el colchón y deja caer su rodilla doblada hacia fuera, exponiéndose, haciendo espacio para sus dedos. Con el labio inferior atrapado entre los dientes, encuentra su hinchado clítoris y el eco de un gemido retumba en su pecho.

Chloe inmediatamente pega sus cuerpos por completo, su frente contra el costado de Beca, y abraza la pierna izquierda de Beca entre las suyas.

La morena puede sentir la zona mojada de sus bragas sobre la piel de su muslo y pierde la concentración. Sus dedos vacilan, resbalan, y se detienen un instante, distraídos.

De repente hay una lengua jugando con los piercings de su oreja y Beca reprime a duras penas el instinto de encogerse lejos de su alcance porque la sensación es extremadamente parecida a las cosquillas.

- ¿Es esto lo que hacías mientras no pensabas en mí? – murmura Chloe antes de atrapar el lóbulo entre sus dientes para darle un suave mordisco.

Beca jadea y traga saliva, asintiendo con un movimiento torpe de su cabeza sobre la almohada. Sus caderas se alzan solas del colchón en busca de algo que Beca no se está dando a sí misma y permite que sus dedos se deslicen hacia abajo.

- Enséñame – pide Chloe en apenas un hilo de voz.

Con un gemido, Beca introduce un dedo en su interior y se maravilla de lo tensa que está ya. No va a durar mucho, pero aun así necesita algo más para llegar hasta el orgasmo: añade un dedo más y persigue su propia mano con sus caderas en un ritmo que pronto hace que esté empapada en sudor.

Chloe parece estar disfrutando de esto casi tanto como ella.

Y escuchar cada una de sus respiraciones entrecortadas, cada sonido que sale de su garganta, cada reacción a los movimientos que puede ver entre las piernas abiertas de Beca, solo empuja a Beca más a la locura.

Como un relámpago, cruza la mente de Beca la posibilidad de que Chloe también se esté tocando porque le ha resultado imposible actuar de simple espectadora.

La morena siente ese rayo recorrer su cuerpo como una corriente eléctrica hasta golpear directamente entre sus piernas. Deja que la imagen tome forma tras sus párpados firmemente cerrados y se clava los dientes en el labio inferior con tanta fuerza que el sabor a óxido de su propia sangre permea su lengua.

Con los ojos cerrados no ve la mano que cruza sobre su pecho para pinchar su pezón perforado. La sensación llega de manera completamente inesperada y siente su cuerpo entero sacudirse con los inicios de su orgasmo.

De repente hay dedos en su clítoris y labios en su garganta y la sobrecarga sensorial es tanta que todo se vuelve negro a su alrededor por un instante.

Cuando vuelve en sí, tiene la impresión de que su cuerpo está flotando, como si en vez de en una cama estuviera recostada sobre una colchoneta que se desliza tranquilamente sobre la calmada superficie de una piscina.

Suelta una temblorosa respiración y gira la cabeza en la dirección en la que está recibiendo suaves besos en su cuello y hombro.

Chloe captura sus labios en un beso lento en el que Beca se limita a dejarse hacer, y acepta la lengua que lame lánguidamente el interior de su boca. Suspira y se derrite contra el roce delicado de Chloe, contra los dedos que trazan arcos por su espalda.

Nota la mano de Chloe deslizarse hasta colarse entre sus piernas, su toque en el dorso de la mano que Beca todavía no ha retirado de sí misma, con toda la intención de ocupar su puesto, y Beca deja escapar un gemido lastimero, casi dolorido.

Arrastra las caderas por la cama para intentar rehuirla.

- Tengo… – intenta decir, pero igual que el sonido de un juguete que se está quedando sin pilas, su voz se casca y se apaga. Se humedece los labios con la lengua y vuelve a intentarlo –. Pis – murmura simplemente.

Chloe resopla una risa contra su clavícula, pero retira su mano y libera la pierna izquierda de Beca para que pueda levantarse.

Algo inestable, la morena trastabilla hasta el baño y prácticamente se deja caer sobre el váter. Pronto, sin embargo, descubre un problema importante: no es capaz de hacer pis. Los músculos de su bajo abdomen se han quedado tan flácidos por la satisfacción de su orgasmo que no responden a sus órdenes.

- ¿Estás bien? – pregunta Chloe al cabo de un rato. Su voz suena divertida y, cuando asoma la cabeza por el marco de la puerta en toda su desnuda gloria, Beca ve que hay una sonrisa pintada en sus labios.

- No es fácil hacer pis después de un orgasmo – explica la morena con un bufido frustrado.

Chloe suelta una carcajada y se acerca al lavabo para coger uno de los vasos de cristal. Abre el grifo para llenarlo de agua, y Beca agita una mano en el aire cuando va a cerrar el chorro de agua, impidiéndoselo.

- Déjalo – pide, sus ojos cerrados y una arruga en su ceño por la concentración que está empleando para aflojar su vejiga.

Chloe bebe de su vaso, claramente encontrando la situación de lo más divertida, pero optando por no hacer comentario alguno para no distraer a Beca.

Finalmente, con un suspiro de alivio, Beca es capaz de hacer pis. Al girarse para coger papel, tropieza con los ojos chispeantes de Chloe por encima del borde de cristal de su vaso y le lanza una mirada de advertencia.

- Cállate.

Chloe explota en risas.

- ¡No he dicho nada! – se defiende.

- Pero lo estás pensando – rebate Beca por encima del sonido de la cisterna. Se acerca al grifo que permanece abierto y mete las manos bajo el chorro de agua fría antes de cerrarlo –. ¿Acaso a ti nunca te ha pasado?

Aprovecha el exceso de agua que queda en su piel para refrescarse el cuello y las mejillas sonrojadas.

- Claro que me ha pasado, pero eso no quita que me ría de ti.

Beca se gira y le roba el vaso a Chloe, poniendo los ojos en blanco mientras se bebe el culo de agua que quedaba.

- Tampoco ayuda nada que te estuvieras paseando desnuda, ¿sabes? – rodea la cintura de Chloe con sus manos para atraerla a ella, su mirada fija en la sonrisa que curva sus labios.

Una ceja pelirroja se arquea.

- ¿Prefieres que me vista? – pregunta, aunque su tono delata que sabe perfectamente que la respuesta va a ser un no.

- Yo no he dicho eso – murmura Beca –. Pero no puedo parar de pensar en todas las cosas que quiero hacerte.

Chloe se estremece entre sus brazos y captura sus labios con tanta hambre que cualquiera diría que se ha corrido ya dos veces, posiblemente tres, en esta noche. Beca responde el beso con ganas y una de sus manos acaricia la cadera de Chloe para descender por la parte exterior de su pierna.

Emite un "mmhh" apreciativo cuando las yemas de sus dedos se mojan en el fluido de Chloe.

- Sigues empapada…

Chloe gime y asiente, moviendo sus pies en el suelo para hacer espacio entre sus piernas para Beca.

- A mí tampoco me ayuda verte desnuda, ¿sabes? – replica a modo de burla, aunque su voz tiembla ligeramente cuando Beca masajea su clítoris entre dos de sus dedos y delata lo verdaderas que son sus palabras.

Beca retira su toque para alzar los dedos a su boca y probar a Chloe por primera vez, y Chloe suspira ante la imagen.

- Quiero sentirte en mi lengua – confiesa, algo falta de aire, acariciando los labios de Beca con esa misma lengua como una promesa de lo que está por venir.

Las rodillas de Beca tiemblan y su gemido muere en algún punto de la garganta de Chloe, quien se lo traga con su beso abrasador que amenaza con tragarse entera a Beca también si la morena se deja.

Y se dejaría. Sin dudarlo ni un solo instante.

No puede negar que lleva pensando en ello desde que Chloe le preguntó si nunca la había visto comerse un helado y se había preguntado cómo sería sentir eso entre sus piernas.

Al separarse, Chloe se relame y Beca se siente desfallecer al darse cuenta de que debe estar saboreándose a sí misma, de que ha cogido el sabor residual que quedaba en su lengua y sus labios.

No sabe cuándo Chloe le ha dado la vuelta al tablero, cuándo Beca ha perdido la mano ganadora y ahora no puede hacer nada más que limitarse a responder a las jugadas de Chloe, cada una más mortífera que la anterior.

Adora este juego de tira y afloja al que han sido empujadas por los eventos de la noche: tú me tientas, yo te tiento, tú me tientas, yo te tiento, hasta que una de las dos sucumba o implosione.

Adora saber que no es la única que va a salir completamente arruinada de él, ni la única que va a salir como la absoluta ganadora.

- Me pido primera – dice en voz ronca. Al ver la ceja arqueada de Chloe, su confusión por no saber a qué viene eso ni a qué se refiere, Beca sonríe –. Quiero que te corras en mi boca – murmura –. Y luego, si puedes, devuelves el favor.

La piel de Chloe se eriza y sus ojos se oscurecen, pero esa es toda su reacción.

- No – rechaza –. Hay formas de que las dos consigamos lo que queremos – su azul bebé reluce con un brillo peligroso –. A la vez.

Y, con una sonrisa llena de oscuras promesas, entrelaza sus dedos entre los de Beca para tirar de ella de vuelta a la cama.


Hotel Clermont, Atlanta

25 de mayo del 2026, 12:56h

Cuando Chloe despierta, lo hace con un gemido de fastidio porque hay un rayo de sol que ha logrado esquivar todas las cortinas que cubren los ventanales de la habitación y cae con certera puntería en todos sus ojos.

Gira la cabeza en la almohada con intención de rehuirlo, pero al ir a acomodar su cuerpo a la nueva postura siente todos sus músculos protestar con el más delicioso de los dolores.

Se estremece cuando los recuerdos se abren paso a través de la bruma del sueño y suspira profundamente, acurrucándose bajo las mantas que, en algún momento de la noche, Beca recuperó del suelo para cubrir sus cuerpos agotados.

Vuelve a cerrar los ojos ahora que ha logrado evitar esa franja de luz solar y se dispone a dormitar un rato más. Pero, extrañamente, la calma de la habitación le alerta de que hay algo raro en tanto silencio y vuelve a alzar la cabeza de la almohada.

El lado de la cama de Beca está vacío, y cuando posa la mano sobre las sábanas, las nota frías al tacto.

Chloe solo se permite un breve instante de pánico antes de recorrer con su mirada la habitación y descubrir el motivo de la existencia de ese rayo de sol en primer lugar: Beca ha descorrido parte de las cortinas para poder salir a la terraza.

Vestida con el albornoz del que desnudó a Chloe anoche, Beca tiene los antebrazos recostados contra la barandilla, el móvil sujeto contra la oreja, y ha cerrado la ventana aislante tras ella para no despertar a Chloe al hablar.

Justo en ese momento, la morena vuelve la cabeza hacia el interior de la habitación y le dedica a Chloe unos ojos en blanco mientras escucha lo que sea que le están diciendo.

Chloe sonríe y se deja caer sobre el colchón, sus preocupaciones ahora inexistentes. Pasa sus manos por sus mechones despeinados, encontrándose con algunos nudos y deshaciéndolos como puede con los dedos.

Suspira, porque ya ha perdido por completo los restos de sueño que nublaban sus sentidos, y no queda otra que levantarse. Alarga una mano a tientas hacia la mesilla donde dejó su iPhone anoche y sus ojos se abren de golpe al ver la hora en la pantalla de bloqueo.

Hace años que no duerme hasta tan tarde, exactamente, diez años: desde Barden, desde las fiestas de fraternidades y las noches de karaoke y las riff-offs y las rutas por discotecas.

Ve que tiene algunos mensajes de Aubrey preguntándole por la reunión, otros del grupo de las Bellas, pero se centra en los de su vecina Lizzie.

Lizzie (10.45)

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Billie no te está echando nada de menos 😉

Va a tener que quedarse conmigo más a menudo

.

Chloe sonríe al ver las fotos de su perra corriendo feliz detrás de las gaviotas de Conney Island y ladrándole a las olas.

Chloe (13.01)

Jajajajajajajaja

Pero yo a ella sí 🙁

Lizzie (13.03)

Cuándo vuelves?

Vamos a pasar el día por aquí así que no estaremos en casa hasta las 8 o así

Chloe (13.03)

No te preocupes

Mi vuelo no es hasta las 21:30

Lizzie (13.03)

Guay!

.

Chloe está escribiendo una respuesta, pero se distrae al escuchar a alguien llamar a la puerta de la habitación con un golpeteo de nudillos. Las sábanas resbalan por su piel y dejan de cubrirle cuando se incorpora sobre un codo.

- ¡Servicio de habitaciones! – anuncia una voz masculina desde el pasillo.

Chloe deja caer el iPhone de cualquier manera sobre la cama y salta fuera de las mantas. Se detiene un instante al darse cuenta de que no tiene nada de ropa a mano: su albornoz lo lleva Beca, y el resto de su ropa está doblada en la maleta.

Ve un bulto morado unos pasos más allá y lo reconoce como la sudadera que llevaba Beca anoche. Se la pone rápidamente y tira de los bordes, que le llegan aproximadamente a mitad del muslo, con los dedos para mantenerla ahí quieta.

Espera que nada en su postura delate al botones que no lleva bragas por debajo, aunque imagina que los pobres trabajadores se habrán encontrado todo tipo de cosas al traer el servicio de habitaciones.

Abre la puerta y recibe al joven que hay al otro lado con una sonrisa.

- Su desayuno – el botones empuja un carrito a través del umbral y Chloe se hace a un lado para dejarle pasar.

Lo aparca a los pies de la cama y se vuelve, servicial, hacia Chloe. Se la queda mirando un largo rato y la pelirroja, por un instante, teme que haya descubierto que en realidad va completamente desnuda por debajo de esa sudadera.

Luego, sin embargo, se acuerda de que lo socialmente aceptable es darles una propina y eso es lo que el joven probablemente esté esperando.

- Oh – exclama, avergonzada.

No recuerda dónde dejó el bolso anoche, y gira sobre sus talones en la moqueta, ligeramente perdida.

Por suerte para ella, Beca escoge ese preciso momento para acabar su llamada y desliza la puerta de la terraza para volver a entrar en la habitación.

Sin embargo, se detiene de golpe al ver a Chloe por primera vez.

Su mirada recorre su cuerpo, semi cubierto con su sudadera, de forma tan obvia que Chloe casi tiene ganas de llamarle la atención porque tienen público, pero, ¿sinceramente?, el deseo que puede ver al fondo del azul medianoche de Beca hace que se olvide por completo de dónde están.

- ¿Todo bien? – inquiere en voz suave mientras señala con un gesto de barbilla hacia el iPhone que Beca lleva en la mano.

La morena frunce el ceño un segundo, como si ya no se acordase de qué estaba haciendo hace apenas un momento, como si su mente estuviera tan ocupada en otras cosas que tarda un rato en procesar la pregunta.

- Ah, sí. Nada importante – desestima el tema con un agitar de la mano en la que lleva el móvil, el cual tira de forma despreocupada sobre la cama revuelta –. ¿Has dormido bien? – y Beca parece incapaz de resistirse a acompañarlo con una pequeña sonrisa orgullosa.

Chloe bufa una pequeña risa y le lanza una mirada.

- Todo lo bien que era posible, considerando…

- Considerando… – repite Beca lentamente, saboreando la palabra al mismo tiempo que su sonrisa se expande por su rostro.

Sin embargo, antes de que Chloe pueda poner los ojos en blanco o devolvérsela de alguna forma, alguien se aclara la garganta de forma ruidosa y exagerada para llamar su atención y las dos Bellas dan un pequeño brinco.

A la vez, se giran para ver al botones que, muerto de incomodidad, sigue esperando a que le den una propina o, a estas alturas, simplemente le dejen marchar.

Y Chloe no es una persona que se avergüence fácilmente, pero en esta ocasión siente el rubor subir por su cuello hasta sus mejillas y orejas, y contiene el impulso de posar el dorso frío de sus manos sobre la zona caliente.

- No encuentro mi bolso – le dice, azorada, a Beca.

Eso parece sacar a Beca de su propio hoyo de vergüenza y va al armario de la entrada, donde ayer dejó guardada su cazadora de cuero. De la misma percha cuelga su bolso, y saca un billete de veinte para el botones

El muchacho se marcha a paso rápido, seguro que deseoso por poner la mayor distancia posible entre él y ellas.

Chloe no presta atención, distrae a su mente del bochorno preocupándose con el tema de su bolso. No recuerda qué hizo con él anoche al llegar a la habitación, y le queda la duda de si siquiera lo cogió del Mercedes de Beca cuando llegaron o se lo olvidó allí.

Empuja la maleta con un pie y descubre la forma de sobre negro de su bolso justo debajo.

- ¡Falsa alarma! – exclama, aliviada.

Se agacha a recogerlo pero, a medio camino es repentinamente consciente de lo que lleva puesto, o la escasez de ello, y cambia tácticas. Dobla las rodillas hacia un lado y estira un brazo, rescatando el bolso de debajo de la maleta.

Se gira hacia Beca con él en la mano en gesto triunfal, pero no está preparada para la forma en que Beca la está mirando.

Ahora que están solas, parece estar a punto de marchar hacia Chloe, acorralarla contra la pared, y arrasar con ella, consumirla por completo de cincuenta formas diferentes hasta que por fin se quede completamente satisfecha.

Chloe se olvida de respirar un segundo y sus dedos se aflojan alrededor del borde superior de su bolso, que casi vuelve a caer al suelo si no fuera porque sus reflejos actúan en el último momento.

Arquea una ceja en una pregunta silenciosa a la que Beca responde con una sacudida de cabeza.

- Me gustas en mi ropa – admite en voz baja.

Chloe sonríe y, ante la forma en que la mirada de Beca vuelve a acariciar su cuerpo, especialmente sus piernas, tiene que resistir las ganas de esconder la cara en el cuello de la sudadera.

Anoche se hicieron y dijeron todo tipo de cosas, pero es ahora cuando Chloe siente vergüenza.

Tampoco le parece que sea raro, es más, se atrevería a decir que tiene todo el sentido del mundo. Como dijeron los Artic Monkeys: las noches se hicieron principalmente para decir cosas que no puedes decir mañana por la mañana.

En la noche, en la oscuridad y la tranquilidad que viene cuando el mundo duerme, es fácil dejar salir todo.

En el día, en la claridad que trae la luz y el bullicio del mundo de vuelta en funcionamiento, es difícil afrontar las consecuencias.

Y Chloe no ha sido nunca alguien a quien le gusten mucho las incógnitas ni los rodeos, de modo que, en vez de callar y esperar a que Beca le dé algún tipo de señal sobre cómo debería actuar, opta por preguntar directamente.

- Anoche… – empieza, dejando la palabra colgando en el aire adrede para ver cuál es la reacción de Beca. Levanta uno de sus pies para rascarse la pierna opuesta.

La morena alza las cejas, pero no muestra ninguna reacción más allá que ese pequeño gesto.

- Fue algo bueno, ¿verdad? – termina de decir, tentativa.

Beca sonríe.

- Mejor que bueno – clarifica. Ahora es su turno de mostrarse ligeramente avergonzada –. Llevaba mucho tiempo queriendo hacer eso.

Chloe siente su cuerpo relajarse ante esa pequeña confirmación y se acerca un par de pasos a Beca.

- Yo también – admite con un asentimiento.

Se sonríen durante un largo momento hasta que la mirada de Chloe cae por su propio peso a los labios de Beca, y entonces siente la imperante necesidad de encontrar clarificación para su segunda duda.

- ¿Y ahora…?

Beca suspira, su propia mirada también en labios de Chloe.

- ¿A qué hora tienes el vuelo?

Chloe parpadea, confundida por la pregunta tan salida de la nada, y ladea la cabeza.

- A las nueve y media.

- Entonces… – murmura Beca, evaporando la distancia entre ellas –. Propongo aprovechar lo que nos queda de día – roza sus labios en el fantasma de un beso, una pequeña muestra de lo que está por venir–. Juntas.

Chloe sonríe y alza sus brazos para enroscarlos en los hombros de Beca, sin preocuparse porque esa postura tire de la escasa tela de la sudadera y deje a la vista partes de su cuerpo que deberían permanecer tapadas.

Beca tampoco parece preocupada por ese detalle, más bien al contrario. En seguida se aprovecha y pone sus manos a buen uso trazando la piel descubierta.

- Me parece tu mejor idea hasta el momento – se burla Chloe.

Beca despega los labios para soltar una exclamación ofendida, pero Chloe la corta de raíz con un beso.

Antes de que el beso se les vaya de las manos, lo cual puede ocurrir con demasiada facilidad considerando la dirección que los dedos de Beca están empezando a tomar bajo el borde de su sudadera, Chloe lo rompe con un suave suspiro lleno de satisfacción.

Acaricia la nariz de Beca con la suya. Frente contra frente, le da un breve pico y se separa todo lo que sus brazos le permiten.

- Pero, primero, el desayuno – pide.

Beca bufa una risa, y aunque lo hace con un poco de reticencia, deja marchar a Chloe.


Hotel Clermont, Atlanta

25 de mayo del 2026, 19:09h

El agua caliente cae con fuerza sobre los ojos cerrados de Beca, que se pasa ambas manos por la cara para eliminar el exceso de agua que amenaza con colarse bajo sus párpados y echa el cuello hacia atrás.

Gira sobre sus talones con cuidado sobre el resbaladizo suelo de la ducha e inclina la cabeza bajo el chorro que agua que cae en cascada desde la alcachofa para mojarse el pelo.

A pesar de tener los ojos cerrados, nota a la perfección cuando Chloe entra en su ducha porque una corriente de aire frío se cuela en el cálido y húmedo interior de la ducha a través de la mampara abierta.

Abre los ojos para recibirla y sonríe.

- Algún día tendremos que hablar de este hábito tuyo de colarte en mi ducha – bromea, su voz impregnada de cariño.

Chloe suelta una risa, pero le lanza unos ojos en blanco mientras cierra a ciegas la mampara con una mano tras su espalda.

- No es por ti – Beca arquea las cejas y ladea la cabeza, interesada por ver a dónde pretende llevar Chloe esta conversación –. Lo hago por el medio ambiente.

Una carcajada estalla en la garganta de Beca, quien solo puede echar la cabeza hacia atrás para que tenga vía libre en su salida. Ve la forma en que Chloe tiene que fruncir sus labios para no sonreír y delatarse, y eso solo hace la situación doblemente divertida.

- Si me iba a duchar de todos modos – dice con un encogimiento de hombros –, ¿por qué no aprovechar y hacerlo contigo para ahorrar agua?

Beca esboza una sonrisa torcida y deja que su mirada acaricie a Chloe de arriba abajo.

A veces le parece raro lo fácil que ha sido acostumbrarse a ver constantemente el cuerpo desnudo de Chloe, y otras veces lo que le parece raro es lo poco raro que le parece. Lo familiar que es después de solo unas horas juntas de esta forma.

- Me da la impresión de que… – murmura en voz queda mientras alarga una mano en busca de la cintura de Chloe –, mucha agua no vamos a ahorrar – da un tirón repentino para pegar sus cuerpos y agacha la cabeza darle un suave mordisco en el cuello.

Chloe deja escapar una exclamación ahogada por lo inesperado del movimiento, pero se deja hacer con una risa por un momento. Luego, de un suave empujón, aparta a Beca del chorro de agua para que no lo acapare.

Beca no se corta un pelo a la hora de admirar la forma en que el agua cae en cascada por su cuerpo desnudo, y siente un delatador hormigueo entre sus piernas en respuesta.

Cuando Chloe vuelve a abrir los ojos, pasándose las manos por la cara para quitarse los restos de agua, Beca no se molesta en tratar de disimular para dar la impresión de que no ha estado mirando cuando es claro que lo ha hecho.

Solo sus pupilas, ahora dilatadas, son suficiente prueba de ello.

Chloe pone los ojos en blanco, pero en sus labios se dibuja una amplia sonrisa que tiene serios problemas a la hora de contener.

- Pon esas manos en uso, anda – Chloe ríe al ver cómo Beca mueve sus cejas sugerentemente y sacude la cabeza en una negativa algo exasperada –. ¿No eres tú la que está en contra del sexo en la ducha?

- Digo que está sobrevalorado – puntualiza Beca con una carcajada –. Es muy diferente a estar en contra.

- Eres insaciable – y hay cierto subtexto en su tono que Beca tiene la sensación de que es sorpresa, como si Chloe nunca se hubiera esperado descubrir este lado de ella, o que lo tuviera siquiera.

Sabe que, en sus años en Barden, Beca podía parecer un poco mojigata. Donde las Bellas hablaban libremente y con todo tipo de detalles de cada una de sus aventuras y desventuras sexuales, Beca permanecía callada.

Pero es no significaba que luego, en las cuatro paredes de su habitación y con su pareja del momento —Jesse, en su mayoría—, Beca fuera de las que se tumban de espaldas en el colchón y esperan a que todo pase. Más bien al contrario.

Solo que, Beca nunca sintió la necesidad de anunciar cada vez que se acostaba con alguien.

Las chicas ya sabían que tenía sexo de todos modos: las paredes de su casa en Barden eran más bien tirando a finas. Y, aunque Beca y Jesse se contenían para no molestar o trataban de aprovechar los escasos momentos en los que estaban solos, algo de sonido se debía filtrar hacia fuera.

Pronto, después de tanto tiempo de cohabitación, llegaron a aprender identificar incluso cuándo Beca acababa de echar un polvo, y si había sido satisfactorio o no, por mucho que Beca lo encontrase ligeramente irritante.

Pero a pesar de sus bromas constantes y las preguntas invasivas y las miradas compartidas, Beca permanecía con la boca cerrada y sin darles ni una sola pizca de información.

Y, donde Beca llegó a saber hasta las posturas favoritas de algunas de ellas, sus capacidades multiorgásmicas o sus historias de terror, Beca nunca les contó nada. Lo cual, dejaba a las Bellas sin otra opción que la de especular.

Supone que por eso Chloe a veces tiene cierto brillo maravillado en los ojos cuando Beca acaba de hacer o decir algo que la ha cogido por sorpresa.

Vuelve al presente con un parpadeo al sentir una mano bajo la suya. Ve a Chloe volcar una generosa cantidad de gel en su palma ahuecada y ríe al entender ahora a qué se refería con poner sus manos en uso.

- Esto no es lo que yo tenía en mente, precisamente – observa con un puchero.

Aun así, hace un gesto a Chloe para que cierre el agua y esparce el gel entre sus dos manos, porque Chloe le está dando luz verde para tocar todo su cuerpo y Beca es lo suficientemente inteligente como para no desaprovechar la oportunidad.

Sospecha que quizá Chloe no ha pensado en esto con el necesario detenimiento. O, quizá, este era su plan desde un principio.

Comienza a enjabonar su piel por la parte baja de su espalda para así poder deslizarse directamente a su culo. Ve el jadeo que Chloe reprime cuando Beca aplica presión con las puntas de sus dedos y se estremece de placer.

Las otras veces que ha hecho esto nunca estaba mirando a la otra persona a la cara. Siempre estaban de espaldas a ella, de modo que nunca podía ver sus reacciones, solo las sentía en los temblores de sus músculos y las oía en sus suspiros y gemidos.

Ahora, sin embargo, tiene asiento de primera fila.

Rodea con sus manos las caderas de Chloe y asciende por los valles y montañas de sus costillas. Se muerde la lengua para contener una risa cuando la pelirroja se retuerce fuera de su roce en un espasmo del que no parece tener control.

- Cosquillas – explica, casi sin aliento, mientras fuerza a su cuerpo a mantenerse quieto.

Beca asiente y continúa bajando por sus brazos, solo para volver a hacer el mismo recorrido pero en la dirección opuesta.

Masajea sus hombros, sus clavículas, la curva en la que comienza su cuello, sus abdominales, y siente los músculos de Chloe tensarse y relajarse según la zona por la que estén sus dedos y según lo que esté haciendo con ellos.

Tener este tipo de control sobre alguien es de lo más exhilarante y Beca nota cómo se le sube a la cabeza igual que las burbujas del champán.

Venera el cuerpo de Chloe como la misma reverencia que si fuera una antigua diosa griega y Beca una simple mortal, lo cual es una comparación que Beca siempre ha considerado que no está muy lejos de la realidad.

Baja de nuevo por su espalda, esta vez dejando que sus uñas rasquen suavemente la capa resbaladiza del jabón, dibujando formas sobre su piel húmeda.

Se deja caer de rodillas sobre el plato de la ducha y escucha el jadeo que escapa de los labios de Chloe, quien procede a atrapar el inferior entre los dientes para que no la vuelvan a traicionar cuando las caricias de Beca trepan por sus piernas.

Y a pesar de tener la tentación literalmente frente a sus ojos, Beca decide comportarse.

Porque a pesar de tener la tentación literalmente frente a sus ojos, Beca es dolorosamente consciente de que tienen vuelos que coger y no deben entretenerse.

Cuando acaba de enjabonar hasta el último resquicio de la piel de Chloe, Beca vuelve a abrir el grifo y empuja su cuerpo debajo. Chloe se gira, le da la espalda a Beca, quien se pega a ella para asegurarse de que ni una sola burbuja de jabón quede sobre ella.

Chloe estira el cuello hacia atrás para que el chorro golpee sobre su pecho, en vez de sobre su cabeza, y descansa su nuca en el hombro de Beca.

Por algún motivo, Beca no sabe si es accidental o Chloe está tratando de provocarla, pero su culo sobresale con esa postura y se restriega contra la pelvis de Beca.

Ahora es a ella a quien se le escapa un jadeo traicionero. Cierra los ojos con fuerza y aprieta los dientes para resistirse a pesar de que Chloe, consciente o inconscientemente, no se lo está poniendo nada fácil.

Obtiene su respuesta cuando Chloe repite el movimiento y las manos de Beca caen a sus caderas, donde clava sus dedos con fuerza, pero ahí los deja: ni detiene a Chloe, ni la incita a que continúe.

- Chloe… – suspira, y suena a la vez como una advertencia y una súplica.

Para, pero no pares.

Sigue, pero no sigas.

(Des)Afortunadamente, Chloe comprende la indirecta y da un paso hacia un lado, separando sus cuerpos.

Beca coge aire por primera vez que vaya más allá de la parte superior de sus pulmones e inmediatamente se siente menos sofocada.

Sin embargo, pronto descubre que es tan solo la calma antes de la tormenta porque cuando Chloe se vuelve hacia ella, Beca ve que lleva un pequeño charco de jabón en la palma ahuecada de su mano.

- Tu turno – dice a través de una sonrisa.

Donde Beca se lo había tomado con toda la seriedad posible, Chloe va directa a por lo que le interesa: los pechos de Beca.

Sus manos se curvan a su alrededor sin pretensión alguna y pellizca su pezón perforado con el pulgar y el índice. El estallido de placer hace que a Beca le tiemblen un poco las rodillas y expulsa el aire de sus pulmones en una exhalación forzosa.

Agarra las muñecas de Chloe pero, una vez más, su cuerpo no parece querer colaborar y simplemente se quedan ahí quietas.

- No tenemos tiempo para esto – murmura, falta de aire.

- Lo sé, lo sé – suspira Chloe.

Aunque, mientras habla, sus dedos se enredan en mechones mojados y atrae a Beca para poder besarla. Sus labios se mueven en un beso caliente que comienza lánguido pero pronto se ve consumido por el hambre insaciable que siguen teniendo la una por la otra.

Ya una maestra en manejar el cuerpo de Beca su antojo, Chloe usa solo la cantidad justa de lengua para que su cabeza empiece a dar vueltas, pero la deje con ganas de mucho más.

Beca gime de forma lastimera al romper el beso, prácticamente su último y desesperando intento de resistirse a esta dulce tortura, y descansa su frente en la de Chloe con los ojos cerrados.

- ¿No te enseñaron tus padres a no empezar nada que no fueras a ser capaz de terminar? – se queja.

Siente la exhalación de la risa de Chloe golpear sus mejillas y labios, y se los humedece con la lengua sin pensar.

- Puedo ser rápida – rebate Chloe en un susurro lleno de promesas que delata que se lo está planteando seriamente.

Beca resopla una risa incrédula y se echa hacia atrás solo lo necesario para poder mirarle bien a la cara.

- ¿Y soy yo la insaciable?

- Yo siempre lo he sido – admite Chloe sin una pizca de vergüenza –, no es ningún secreto.

Casi en contradicción con sus palabras, esconde su rostro en el cuello de Beca y la morena siente su respiración antes de que labios y dientes atrapen un trozo de piel suavemente y jueguen con él.

Pero parece que ese es su último intento de hacer que Beca sucumba a ella, porque deposita un sonoro beso en su hombro y se separa con una sonrisa.

- Vale, venga – sus manos empujan a Beca para que se aleje de su cuerpo y vuelve a echarse gel, cerrando el grifo con un codo –. Prometo ser buena.

Su guiño parece decir lo contrario, y Beca no está muy segura de si la cree o no. Pero Chloe mantiene su palabra, y sus manos trabajan de forma rápida y certera para enjabonar el cuerpo de Beca de arriba abajo.

Es más el toque de una enfermera que de un amante, y Beca nunca pensó que fuera a agradecer ese cambio, pero así es.

No vuelve a tentarla mientras ayuda a que el agua se lleve todo el jabón de su piel, ni cuando salen completamente desnudas y mojadas de la ducha, ni cuando se secan los cuerpos con las toallas, ni mientras se visten.

Entre bromas y cómodos silencios, ambas peinan sus cabellos húmedos y se lavan los dientes, y Beca se sorprende a sí misma sintiendo que podría vivir así el resto de su vida y nunca cansarse.

Quiere que algo tan mundano como adecentarse después de una ducha, como hacer la maleta después de un fin de semana fuera, se sienta especial solo porque lo estás compartiendo con alguien más.

Así se lo racionaliza a sí misma: lo que ansía es ese sentimiento de comodidad, de familiaridad, de confianza, y no tanto que sea Chloe con quien lo esté experimentando.

El factor Chloe no condiciona el resultado.

Es solo… pura coincidencia.


A/N: Solo a mí se me ocurre una idea para un fic que requiere escenas tan explícitamente explícitas (especialmente más adelante) justo cuando no estoy para nada en el mood de escribir ese tipo de escenas. En fin. Que no se diga que no me gusta retarme a mí misma… Con suerte no se nota lo mucho que dudé y me peleé con esas escenas y estuve mil veces a punto de cambiar por completo el concepto de este fic para evitar escribirlas.

Also. Para celebrar la Navidad voy a subir un mini-fic nuevo. Si os apetece leer algo diferente donde Beca y Chloe no se soportan y todo está cargado de tensión sexual, pasaros por mi perfil al acabar.

Espero que paséis una buena noche con vuestros seres queridos.