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DIA 19

FALLEN ANGEL

(o Ángel caído)

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Continuación inmediata del día 18: Heist.

Marinette llega a Londres, para despedirse de su novio.

Angst. Muerte. Léase bajo su propio riesgo.


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No lo habían movido de su cama, aún seguía ahí, tumbado cubierto entero por una de sus sábanas. Era pasado el mediodía pero Amelie había dado la orden de no moverlo, todavía no. No, mientras Marinette no se despidiera de él.

Fue así como lo encontró, en su habitación, como si sólo se hubiera quedado dormido. Ella había llorado todo el trayecto en el tren, sin detenerse ni por un minuto. Adrien la había acompañado, para él también decirle adiós. Y también lloraba, mientras se limpiaba las lágrimas, que caían silenciosas por sus mejillas.

Sorprendentemente, al llegar a Londres, ambos se recompusieron y dejaron de llorar. Pero cuando llegaron a la mansión, no pudieron soportar el dolor de Amelie y el olor a muerte que desprendía la casa. Adrien caminaba inseguro hacia la entrada, cuando una arcada interrumpió su marcha, por lo que debió detenerse y apoyarse a un lado de la puerta antes de llamar al timbre.

El olor, el olor a adiós, a dolor, a lágrimas de madre saladas y abundantes, se hizo presente apenas se abrió la puerta. Un olor intenso. Marinette se adentró presurosa, evadiendo a Amelie y a Adrien y se lanzó escaleras arriba hasta la habitación de su novio. El personal del servicio la intentó detener, pero ella se zafaba de todos llegando con exabrupto a su puerta. Y cuando la abrió, el mundo se detuvo, su corazón también, y su amor voló raudo desapareciendo en el horizonte.

Amortajado, sobre su cama, el cuerpo joven de un hombre yacía, seco, esperando a su novia para decirle adiós para siempre.

- Fé- susurró lentamente, en tanto descubría su rostro retirando un poco la sábana. - Fé, despierta por favor, ya es de día, y...debes despertar. Hace mucho sol ahí fuera, y estás preocupando a tu madre, cariño, también me estás preocupando a mí. Fé... Félix, despierta...- estiró sus manos y lo meneó ligeramente por los hombros.

Estaba frío, helado, su carne aún estaba blanda, pero el color de su piel, no era su color habitual. Un suave tono violeta aparecía tímido por los confines de su cara. Color a muerte, a descomposición.

- ¡Fé, despierta! - gritó desaforada. -¡Despierta ya, despierta ya! - y se lanzó sobre su pecho, golpeándolo ferozmente. Sus gritos se trasformaron de inmediato en gemidos y las lágrimas que pensaba agotadas aparecieron, inundando toda su visión. Ahora sollozaba fuertemente, casi sin poder respirar. Sus manos se posaron en su pecho, desnudo, blanco marmoleado de tonos violeta. Marinette siempre odiaría el violeta. Nunca más, nunca más volvería a ver un jacinto, o una uva, o un vino, sin recordarle esa tétrica escena.

Y cuando pensó que era mejor morir antes que vivir así, ella lo vio. Vio ese diminuto punto negro justo encima del corazón. Un orificio pequeñísimo, milimétrico, como si una aguja hubiera entrado, atravesando su piel, quemándolo por dentro. Súbitamente, dejó de llorar para concentrarse en ese detalle.

Ella, que conocía el cuerpo de Félix, como conocía la palma de sus manos, supo de inmediato que eso, no le pertenecía a él.

- Tikki- dijo casi sin voz. - Tikki, mira eso, por favor, dime qué crees qué es.-

Estaban solas, así que el pequeño bicho, salió inmediatamente y observó a quemarropa esa herida. Marinette se percató que su kwami también había estado llorando, pero sus lagrimitas no le impedían ver, ni evaluar, tan peculiar hallazgo.

- Lo es, Marinette, es lo que tú estás pensando.-

La Guardiana se levantó como un resorte y se alejó de ahí, aterrorizada.

- Fue él, entonces. Él ha estado aquí.- pronunció con la voz ahogándose en la garganta.

No podía ser, imposible. ¿Por qué?. ¿Por su amenaza? ¿Por el futuro desolador que profetizaba? No podía pensar más, se iba a volver loca en cualquier momento. Meneaba la cabeza, negando su desgracia. Adrien entró, y la abrazó suavemente antes de acercarse a su primo. Él sólo pudo observarlo, muy apenado. Tocó levemente los dedos fríos de su primo y los movió para comprobar que verdaderamente estaba muerto.

Y lo estaba, claro que sí.

- Marinette, han venido a llevárselo, han esperado demasiado y deben enviarlo al tanatorio.- Adrien retrocedió un paso, alejándose del cadáver de Félix. - Están afuera, esperando. Entrarán ahora, ahora mismo. -

Y como si fuera un orden, los empleados de la funeraria entraron sin pedir permiso, portando un saco de plástico negro, donde trasportarían a Félix.

- ¡No! ¡no! ¡No lo toquen!- musitó entrecortada Marinette, no tenía voz ni fuerza, como si alguien la estuviera ahorcando por dentro. Pero no le hicieron caso, continuaron preparando todo como si ella no existiera. -¡No!- gritó con más fuerza. - ¡He dicho que no! ¡No lo toquen! - Y de un par de zancadas, desesperada, cogió al primero que estuvo cerca suyo y lo empujó con todas sus fuerzas, alejándolo de ahí.

-¡Despertará! ¡Esperen un momento más! ¡Por favor!- vociferó, pero su voz se partió en mitad del grito, haciendo todo más doloroso. Entonces, Adrien la sujetó, abrazándola, pero ella se retorcía tratando de liberarse e intentó gritar y chillar y patalear, sin embargo, Adrien Agreste era pura fuerza, producto de su heroicidad. Y para acallar sus gritos, apretó suavemente el rostro de Marinette contra su pecho, amortiguando sus gritos, y ahí, de espaldas a la cama, ambos no vieron cuando terminaron de retirar a Félix. Pasaron unos minutos, y Adrien notó que Marinette colgaba fláccida en sus brazos. Ella se había desmayado, nuevamente.

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Al volver a París, continuó en shock, como sería lo habitual en este tipo de desgracias. Había gritado hasta quedarse sin voz, el día del sepelio, cuando rogaba que siguieran esperando un poco más, que por favor, no, por favor no. Y Adrien la tomó de las manos y la abrazaba y trataba de callarla de todas las maneras, pero ella luchaba y luchaba hasta quedarse sin fuerzas. Sólo se detuvo cuando Amelie, le tocó el hombro y le dijo que ya, que nunca despertaría y que lo fuera asimilando. Ni bien terminó de decir eso, Amelie la abrazó y juntas, rompieron a llorar mientras los golpes de la tierra cayendo sobre el ataúd retumbaban, intensos, sobre sus corazones.

Por la noche, Ladybug subió a los tejados de París, aún borracha de dolor, y esperó, esperó a quién sabía debía aparecer para aclarar su nueva situación. A la tercera noche, ella apareció.

- Ladybug, he venido apenas me he enterado.- La portadora de Fluff, se acercó a Marinette para abrazarla rápidamente. - Ahora tengo la misma edad que tu, Ladybug, y he tratado de buscar el portal a nuestro futuro, pero no he visto nada en la Madriguera. Ha desaparecido, su futuro, el futuro que él vaticinaba.

- ¿Entonces, funcionó?- susurró Ladybug. Bunnix asintió, triste. - El futuro se ha deshecho con su muerte, Marinette.

La guardiana se mordió los labios, se cubrió el rostro con sus manos, respiró pausadamente durante varios minutos hasta que por fin pudo hablar sin quebrarse.

- Debe haber otra solución.- miró fijamente a la portadora del tiempo. - Debe haber, otra solución.- ahora mascullaba furiosa, con rabia. - ¡No puede ser que se pague un precio tan alto para enmendar un error, mi error! -

- ¡Ladybug! Sabes bien que habrá sacrificios, los ha hecho antes...y éste es uno de ellos. - murmuró Bunnix, pero ni siquiera ella estaba convencida de sus propias palabras.

- ¡No! No aceptaré éste, llévame dentro de tu portal, y muéstrame qué debo hacer, desde qué punto, desde qué momento debo corregir este presente.- ladró molesta la portadora de Tikki.

Pero Bunnix meneó la cabeza, negando.

- No hay nada que arreglar, Marinette.-

Una sombra oscura y felina aterrizó cerca a ellas, sorprendiéndolas. Chat Noir las observó con una mirada intensa pero muy triste.

- ¿Qué ha sucedido, Ladybug? ¿Por que Bunnix está aquí?- La portadora de Fluff abrió la boca para decir algo, pero inmediatamente la cerró. No, no podía contestar, era inevitable que Chat Noir atara cabos y descubriera que Ladybug era Marinette, si mencionaba que estaban hablando de Félix.

Sin embargo, su precaución no fue compartida por la Guardiana, que sin dudarlo y sin nada que perder, explicó todo.

- He perdido a alguien muy importante para mí, Chat Noir. Alguien que no debería haber muerto.- Adrien observó cómo Ladybug temblaba, bajando la mirada, las lágrimas resbalando por sus mejillas.

- ¿Ese alguien era de tu familia? ¿tus padres? ¿hermanos? - pero Ladybug negó, despacio con la cabeza. - ¿Tu novio? - volvió a preguntar Chat Noir. La heroína de rojo y negro no movió la cabeza. Era eso entonces, pensó el héroe. -...y... ¿Lo amabas? ¿mucho? - continuó inquiriendo aun sabiendo la respuesta evidente.

Bunnix dio un paso atrás, alzando sus manos, tratando de interrumpir la conversación. Preocupada, sabía que debía detenerlos si no quería que las identidades se expusieran. Debió saber que sería inútil.

- Claro que sí, me iba a casar con él en unos meses, y tenía mi vestido de novia en mi habitación y yo...yo lo cubría para que él no lo viera, porque pensaba que sería de mala suerte, pero él insistió y...- Ladybug levantó la cabeza, estiró su espalda, antes de decir: -...Murió hace unos días en Londres, fue una muerte inesperada, mientras dormía.-

Bunnix se tapó la boca con las manos ahogando un grito. En tanto que Chat Noir, torcía la frente y abría la boca para exclamar, sorprendido.

- ¿Marinette? ¿Eres Marinette?-

La luna brillaba en lo alto del cielo parisino, y la torre Eiffel deslumbraba con sus luces amarillas en la distancia. Y los tres héroes se miraban los unos a los otros, anonadados. Ladybug, lentamente, bajó la mirada otra vez y asintió despacio, confirmando su identidad, mandándolo todo al carajo, ya no tenía fuerzas para seguir mintiendo, ya no. Un destello intenso las cegó a ambas y cuando volvieron a ver, se encontraron con Adrien Agreste, vestido de civil, y su kwami flotando a su alrededor.

- ¡Adrien!- gritó Ladybug.

Eso sería lo último que recordaría, porque a continuación cerró sus ojos y se apretó las orejas, aturdida por el sonido insistente del despertador de Félix. Ella se despertó, quitándose las sábanas y el nórdico de encima suyo. Pero Félix se incorporó desde su lado de la cama, y de un manotazo, acalló al aparato, luego se volvió a verla, le dio un beso en la mejilla, susurrándole suavemente:

- Duerme un poco más, cielo.- le besó la frente con dulzura, como siempre hacía. - Tú puedes dormir un poco más, yo tengo que despertarme temprano para ir al Banco.-

Y la abrigó nuevamente con el nórdico un instante antes de incorporarse, todavía medio dormido, todavía bostezando, dirigiéndose hacia el cuarto de baño para darse una ducha antes de iniciar su día.

Bajo las mantas, Marinette Dupain-Cheng se quedó quieta, sin moverse, con la boca abierta y los ojos desorbitados, tenía la ojos empapados por las lágrimas y los labios secos. Le dolía la garganta y unos segundos después, le dolió también la cabeza.

Un sueño.

Todo había sido un sueño.

Desde fuera, desde el edificio de enfrente, un individuo de gabardina negra con la mitad del rostro tatuado y guantes de piel negros, la observaba con tristeza y resignación. La contempló unos minutos en absoluto silencio a través de su ventana, luego, estiró una mano, sus guantes cambiaron de color y de un giro de muñeca, creó un portal y desapareció tras él.

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¡12 días de felinette!

¡Piedad! ¡Perdón!

Un fuerte abrazo y lo siento. Prometo un poco de alegría en el siguiente.

Lordthunder1000