A/N: Se me había olvidado por completo que hoy es jueves y lo que eso significa. Mi concepción del paso del tiempo ya era inexistente pre-covid, pero ahora que todos los días son exactamente iguales, es puro c-a-o-s en el interior de mi cabeza.
Capítulo 14: Sé lo vuestro, ¿vale?
Hotel Hollywood Rooselvet, Los Ángeles
12 de octubre del 2026, 11:43h
Estar en el backstage de un escenario, asomada a uno de los laterales para espiar sin ser vista cómo se va llenando lentamente la parte del público, le trae a Chloe un millar de recuerdos que le hacen sonreír con nostalgia.
Cuando se da la vuelta al sentir un par de golpecitos en el hombro, casi espera encontrarse a las Bellas organizadas en abanico tras ella con Beca en el centro de la formación: su azul medianoche lleno de concentración, sus labios firmes por los nervios, el micrófono ya en la mano.
Sin embargo, a quien se encuentra es a un técnico de sonido que se mueve de manera enérgica y apurada.
- Chloe, ¿verdad? – le pregunta el hombre para estar seguro. Ante el asentimiento de Chloe, le enseña un micrófono de pinza y la petaca que trae en las manos –. Tengo que ponerte el micro.
- Oh, sí, claro.
- ¿Puedes descamisarte la blusa un momento?
Chloe tira de la sedosa tela color coral, cuidadosa de no arrugarla, hasta que se desliza por fuera de la cintura de sus pantalones chinos y vuelve su mirada expectante al técnico de sonido.
Pero el hombre no le está prestando atención.
Se ha llevado una mano al oído donde tiene el pinganillo que lleva conectado a su walkie-talkie y parece estar escuchando alguna instrucción que no le conviene, pues frunce el ceño y chasca la lengua en un gesto que derrocha irritación.
- Um… – Chloe mueve una mano casi con intención de alzarla como si estuviera en una de sus clases –. Puedo ponérmelo yo, si necesitas ir a otro sitio – ofrece con una sonrisa que, espera, transmite confianza –. Tengo experiencia con ellos.
El rostro del hombre se llena inmediatamente de alivio y Chloe puede ver, literalmente, cómo pierde parte de la tensión que llevaba sobre los hombros.
- ¿En serio? – suspira –. Eso sería genial, gracias.
- No hay de qué – le asegura Chloe con un guiño, aceptando en sus palmas ahuecadas el equipamiento que le deja el técnico antes de salir corriendo en dirección opuesta.
Chloe agradece el proceso metódico y casi terapéutico de desenredar el cable del micro, porque la distrae de sus nervios. Sus dedos se mueven solos, funcionando a base de memoria muscular, deshaciendo nudos para colar el cable por el interior de su blusa.
La vibración de su iPhone en el bolsillo interior de su chaqueta la distrae momentáneamente y recuerda que no lo ha puesto en silencio. Ese pequeño despiste cae sobre ella con la intensidad de un chispazo, de un calambre, y da un pequeño brinco en el sitio.
Se apresura a corregir su error, sin embargo, uno de los mensajes que acaba de recibir llama su atención.
Becs (ahora): Llevas ropa interior?
Chloe resopla una carcajada que le gana alguna que otra mirada extrañada de los técnicos que trabajan de forma apresurada a su alrededor, y desbloquea el móvil de manera inmediata para responder.
Chloe (11.45)
La verdad es que sí, gracias por preguntar
Llevo unas bragas muy bonitas de encaje rosa coral a juego con el sujetador
Te gustarían 😉
La gente tendría que preguntar más por la ropa interior de los demás
De qué sirve que me ponga un conjunto precioso de savage x fenty y me sienta híper sexy si no se lo puedo contar a nadie?
Becs (11.45)
JAJAJAJAJA
Vale, tomo nota
Todos los días te preguntaré qué ropa interior llevas, no te preocupes
Chloe (11.46)
Perfecto!
Incluso puedo acompañar mi respuesta de una foto
Por eso de que son más ilustrativas 😉
Becs (11.46)
No hace falta
Prefiero hacer uso de mi imaginación 😉
Chloe (11.46)
Lástima….
Tú te lo pierdes
Becs (11.47)
No lo dudo….
Pero no preguntaba por eso
Chloe (11.47)
Vaya 😕
Jajajaajaja en realidad me alegro
Porque por mucho que me duela, no es el momento ni el lugar para ESE tipo de conversación
Tendrás que esperar para verlas 😉
Becs (11.47)
JAJAJAAJAJ
No, no
Solo quería asegurarme de que no te fueras a marcar un Amy
Chloe (11.48)
Considerando que no tengo intención de colgarme del techo…
Creo que no corro peligro
Becs (11.48)
Te pueden estallar los pantalones al agacharte a recoger algo del suelo
O al sentarte
Chloe (11.48)
Perdona!
No tengo TANTO culo como para hacer estallar los pantalones!
Becs (11.49)
Mmmmm
No sé yo….
Chloe (11.49)
Ah
Eres una experta en mi culo acaso?
Becs (11.49)
Bueno
Me he pasado una considerable cantidad de tiempo mirándotelo
Así que supongo que sí
.
- ¿Todo bien? – inquiere una voz amable a su lado.
La interrupción no es bien recibida precisamente, y Chloe aplasta el pequeño fuego de irritación que llamea en su pecho al alzar la mirada de su móvil.
Encuentra a Amanda Harrison de pie a su derecha, en apariencia, sin estar prestándole mucha atención: sus intensos ojos escrudiñan el público, en su mayoría ya sentado en sus asientos correspondientes en el amplio salón de conferencias.
Chloe no sabe si es porque Amanda de alguna forma presiente que Chloe necesita un segundo para recomponerse, o si simplemente se ha sentido obligada a decir algo para hacer notar su presencia.
Carraspea como si pretendiera expulsar el rubor que puede notar subir por su cuello y coge una respiración calmante.
- Ha habido numerosas bajas – se lamenta Amanda con un chasquido decepcionado de la lengua, antes de añadir, casi como en una consideración tardía –: Lo cual es comprensible, considerando lo que está pasando y el miedo generalizado. Pero aun así hemos conseguido reunir un buen grupo de gente, ¿no crees?
Amanda señala con un gesto de barbilla hacia el murmullo de voces procedentes del otro lado del escenario y mira a Chloe, expectante.
Chloe asiente, aunque pensar en todos los ojos que van a estar fijos en ella en lo que es solo cuestión de minutos hace que un agujero negro aparezca en el fondo de su estómago y empiece a sudar por las palmas de las manos.
Se las seca de la forma más disimulada de la que es capaz en la tela de sus pantalones y, tras guardar el iPhone, engancha la pinza del micro en la solapa de su americana.
- ¿Has hablado antes en otro tipo de eventos similares? – inquiere Amanda.
- No – Chloe niega con una sacudida de cabeza mientras vuelve a meterse la blusa por dentro de la cintura de los pantalones –. Este es el primero – admite con una sonrisa algo tímida.
- Oh – la mujer parece sorprendida a juzgar por la forma en que arquea las cejas y ladea la cabeza –. Pues no lo parece. Se te ve… – se pausa un momento en busca de la expresión correcta –. Muy segura de ti misma, como si estuvieras en tu elemento.
Chloe resopla una risa, porque si Amanda tan solo supiera el enorme esfuerzo que le supone no demostrar lo mucho que le tiembla el cuerpo entero…
Pero tiene parte de razón: Chloe no aparenta estar ni un tercio de lo nerviosa que realmente se siente, porque tras cuatro años como líder de un grupo de chicas muy susceptibles a las emociones ajenas uno aprende a enmascarar sus nervios para evitar la histeria colectiva.
- En la universidad estuve en un grupo de a cappella… – empieza a explicar con una sonrisa nostálgica –. Éramos bastante buenas. Llegamos a actuar para Obama y en el Campeonato Internacional de A Cappella Universitaria en Copenhague, el cual, por cierto, ganamos – acompaña sus palabras con un movimiento orgulloso de los hombros.
- ¿Ah, sí? – Amanda parece encontrar verdadero deleite en este pequeño descubrimiento y sus ojos chispean con curiosidad apenas contenida –. ¡Qué interesante!
Ahora, Chloe está acostumbrada a escuchar esa misma reacción de labios de mucha gente, normalmente enlazada con ironía o pura indiferencia.
Es lo que la ha llevado a sentir cierto recelo de compartir su pasado como cantante de a cappella con gente desconocida, porque no saben apreciarlo. Se lo toman a broma, o lo usan como material para hacer chistes degradantes, y Chloe no permite que algo tan importante para ella sea menospreciado de esa forma en su cara.
No es el caso de Amanda, sin embargo; y Chloe siente un ligero alivio.
- Pero supongo que ahí aprendí a gestionar mejor mis nervios para que no me dominasen por completo.
- Tiene sentido, sí…
Amanda asiente, despacio y de manera pensativa, aunque sus labios todavía están curvados en una sonrisa divertida que desaparece el instante en que una mujer joven vestida en un elegante traje se acerca para susurrarle algo al oído.
La respuesta de Amanda es queda, su rostro una auténtica máscara de seriedad y profesionalidad; pero sus ojos mantienen su brillo interesado cuando se vuelve hacia Chloe.
- Tendrás que contarme más sobre tu grupo de a cappella un día de estos, mientras tomamos un café, quizá – propone, sus cejas arqueadas en expresión expectante.
Chloe siente un relámpago de emoción recorrer su columna vertebral y contiene a duras penas las ganas de dejar que todo su cuerpo vibre en completa armonía.
- Claro, me encantaría – se apresura a aceptar, casi con miedo de que la oferta solo sea válida durante cinco milésimas de segundo –. Cuando quieras.
- Lo hablamos luego – Amanda acepta el micrófono de mano que le tiende la mujer que probablemente sea su asistente o secretaria, y señala con él hacia el escenario que las espera –. Les doy la bienvenida y te presento, ¿vale?
Amanda espera la confirmación de Chloe, que viene en forma de un asentimiento, y como presintiendo que acaba de acordarse de golpe de lo nerviosa que está, posa una mano tranquilizadora en su antebrazo.
- Lo vas a hacer genial – le asegura con una sonrisa llena de confianza.
Chloe deja escapar una temblorosa respiración y trata de devolver la sonrisa.
Desde la protección del backstage, de la gruesa y pesada cortina azul que la esconde de la vista del público, observa cómo Amanda camina con confianza hacia el centro del escenario, recibiendo el aplauso del público.
Chloe cierra los ojos y se concentra en su propia respiración, dejando que los sonidos que la rodean, en vez de resultarle de lo más abrumadores, la bañen como agua calmante.
Antes de quedarse sin tiempo, saca el iPhone del bolsillo interno de su americana para comprobar por triple, cuádruple, quíntuple vez que lo ha puesto en silencio absoluto y no va a tener ninguna desafortunada interrupción en plena ponencia.
El nombre de Beca en una de las múltiples notificaciones que esperan a ser abiertas en su pantalla de bloqueo le recuerda su conversación, desgraciadamente interrumpida, y dedica sus últimos segundos en el anonimato en leer los mensajes.
Becs (11.57): Vaya, ese es un momento algo inoportuno para dejar de responder 😂
Becs (11.58): A por ellos Chlo!
Becs (11.58): Les vas a encantar 💜
Becs (ahora): Y que conste que es un MUY buen culo 😉
Y si Chloe sale al escenario al escuchar su nombre y los aplausos correspondientes con una amplia sonrisa y un ligero color sonrosado en las mejillas, es simple y completamente culpa de Beca.
Torres Bunker Hill, Los Ángeles
12 de octubre del 2026, 20:07h
Beca frunce el ceño cuando escucha el sonido del timbre de su apartamento y echa un vistazo por encima del hombro al reloj digital del horno para comprobar la hora que es.
Le extraña recibir vistas tan tarde porque, primero, no está esperando a nadie ni le tienen que traer nada; y, segundo, su edificio es de alta seguridad y solo una selecta y corta lista de personas pueden subir directamente hasta su puerta sin que la avisen.
Lo que la vuelve a traer al punto número uno: no está esperando a nadie ni a nada.
Billie salta de estar tranquilamente tumbada a su lado sobre los azulejos de la cocina a sentarse sobre sus cuartos traseros ante la emocionante perspectiva de gente nueva. Le ladra dos veces y la observa con la cabeza ladeada, como preguntándose por qué no se mueve.
Su cola roza los azulejos en un acelerado swish swish blanco que siempre hace reír a Beca.
- ¿Has invitado tú a alguien? – le pregunta al animal con las cejas arqueadas –. Porque yo no.
Golpea la cuchara de madera que está usando para remover la salsa que tiene a fuego lento y la deja equilibrada en uno de los mangos de la cacerola. Se seca las manos en el trapo mientras camina hacia la puerta, esquivando a Billie cuando zigzaguea entre sus piernas para llegar ella primero.
Abre de un energético tirón y su sorpresa solo aumenta al ver quién está al otro lado, balanceándose sobre las plantas de sus pies.
- ¿Jesse?
Está bastante segura de que no, pero aun así su cerebro trabaja a toda velocidad tratando de recordar si habían quedado y por algún motivo Beca se ha olvidado.
- Hey, Bec – saluda él antes de autoinvitarse al interior de su apartamento con tanta calma que cualquiera diría que él también vive allí.
- Por favor, pasa, sé bienvenido – exclama Beca a su espalda, derrochando sarcasmo –. Siéntete como en tu casa.
Para cuando rodea la esquina que da a la cocina, Jesse ya ha guardado en la nevera el último botellín de cerveza del pack de 6 que ha traído consigo y está agachado para rascar enérgicamente la barriga de Billie.
Se incorpora cuando Beca entra y coge el cartón que envolvía los botellines para tirarlo a la basura de reciclar. Se mueve con tanto conocimiento de la disposición de todas sus cosas que Beca se queda un segundo parada en la entrada.
- ¿Qué haces aquí? – inquiere en tono que suena ligeramente acusatorio a pesar de que no es esa su intención.
Afortunadamente, Jesse la conoce tan bien a estas alturas que no se ofende. Se limita a acodarse en la isla de la cocina, sentado en uno de los taburetes, y observa con una sonrisa bobalicona cómo Beca apaga el fuego y retira la cacerola del calor residual del fogón.
- Estaba por la zona – Jesse suelta una carcajada al ver la mirada nada impresionada que le lanza Beca –. No, en serio – asegura, alzando las manos en señal de inocencia –. Fui a tomar algo con unos clientes y se me ocurrió pasarme por aquí.
- Uh-huh – el tono de Beca suena incrédulo, pero porque a estas alturas ella también conoce a Jesse tan bien que sabe que esta visita está motivada por algo más que solo "estar por la zona".
- Vale, lo admito, me has pillado – Jesse cede mucho más rápido de lo que Beca esperaba y eso solo significa una cosa: está impaciente por compartir con alguien el cotilleo de turno –. Es cierto que he quedado con unos clientes, pero también quería venir a verte porque el otro día estaba hablando con Kyle y me…
- ¿Con Kyle? ¿Mi Kyle? – le interrumpe Beca, señalándose a sí misma con la cuchara de madera.
Jesse bufa una risa.
- Sí, tu Kyle – confirma en tono ligeramente burlón –. Y me dijo que…
- ¿Desde cuándo habláis tú y Kyle?
- Desde que nos presentaste en la fiesta esa hace… – Jesse guiña los ojos al calcular mentalmente hacia atrás –, ¿año y medio, o así? – asiente, aparentemente satisfecho con su estimación temporal.
Beca arquea las cejas de manera notable y parpadea un par de veces, cogida totalmente por sorpresa.
Acaba de descubrir este pequeño detalle y, normalmente, no le habría prestado atención alguna si no fuera porque le extraña bastante que Kyle, que le cuenta hasta sus conversaciones con la cajera del supermercado, nunca haya mencionado nada sobre hablar con Jesse.
- Sí, nos hicimos colegas – Jesse se encoge de hombros –. Resulta que tenemos un montón de cosas en común.
Y ahí es cuando todo hace click en la cabeza de Beca.
Deja la cacerola sobre el granito con un retumbar metálico y gira la cabeza para mirar fijamente a Jesse. Sus manos descansan en posición relajada en el borde de la encimera y esboza una sonrisa torcida.
- Ah – murmura simplemente, con un único asentimiento, lento y lleno de comprensión.
Ahora es Jesse quien frunce el ceño.
- ¿Ah, qué?
- Nada – la sonrisa de Beca se ensancha más todavía porque su lado perverso está disfrutando mucho con este momento –. ¿Sabe Kyle que solo sois… colegas? – pronuncia la palabra en tono burlón y una risa malamente contenida.
Jesse parece de lo más confundido de la pregunta, tanto, de hecho, que casi parece que Beca le hubiera hablado en un idioma inexistente. Agita levemente la cabeza, como tratando de procesar lo que ha oído, y se sienta más recto en el taburete.
- ¿Qué insinúas?
- Kyle es bi, Jesse – dice Beca como toda respuesta.
- Ya lo sé – pero el joven no termina de captar la indirecta y su ceño fruncido se vuelve más profundo –. ¿Qué tiene eso que ver…?
El resoplido divertido de Beca corta su pregunta a la mitad.
- Que me resulta muy raro que si habláis tan regularmente como dices, nunca me haya mencionado nada al respecto.
- No tiene por qué…
- Ya sé que no tiene por qué, pero siempre lo hace de todos modos – Beca pone los ojos en blanco, aunque su gesto derrocha afecto.
Ve la comprensión abrirse paso por el rostro de Jesse igual que un rayo ilumina una noche tormentosa: primero viene la sorpresa; luego, una breve chispa de pánico; seguido de cerca por la calma que viene con la negación, o de hacer las paces con ello.
Afortunadamente, Jesse nunca ha sido de ego frágil.
- ¡Ja! ¿Te imaginas? – exclama una risa –. Si eso es cierto… Bueno – se encoge de hombros y se pasa una mano por el pelo con actitud prepotente –. Tampoco podría culparle.
Beca pone los ojos en blanco tan exageradamente que casi es capaz de ver el interior de su cabeza y suelta un bufido. Hace una pelota con el trapo de la cocina y se lo tira a Jesse a la cara con excelente puntería.
- Si es cierto, más vale que tengas una conversación con él antes de que sea demasiado tarde – le advierte con una mirada punzante que revela que ahora no está de broma.
- Sí, sí – promete Jesse, asintiendo, y aunque todavía tiene una sonrisa tonta en los labios y no parece estar diciéndoselo en serio, Beca sabe perfectamente que cuando el momento llegue va a tratar el tema con la delicadeza que merece.
Beca pide con un gesto que le devuelva el trapo y recibe la bola de tela entre sus dos manos abiertas, colgándoselo estirado de un hombro mientras se gira a terminar de preparar la cena.
- Pero, ya que estamos hablando de sentimientos… – empieza a decir Jesse a su espalda –. El caso es que, el otro día cuando estaba hablando con Kyle me dijo una cosa de lo más curiosa creyendo que yo ya estaba enterado y…
Beca apenas le está prestando atención, solo la mitad de su cerebro está atenta a las palabras que caen de labios de Jesse. Emite un "mmmm" completamente distraído y solo se pausa cuando alarga una mano hacia el armario de los platos.
- ¿Vas a querer cenar? – pregunta, girando la cabeza para mirar a Jesse por encima del hombro.
El joven parece irritado por haber sido nuevamente interrumpido, pero la oferta de comida y el delicioso olor que llena la cocina suavizan el golpe.
- No sé, ¿qué has hecho?
- Filetes de pavo con pesto casero.
- Mmmm vale – acepta Jesse con un asentimiento –. Ahora, ¿vas a dejar que cuente mi historia o vas a seguir cortándome a cada tres palabras que digo?
- Perdone, usted – ríe Beca, pero no puede evitar burlarse cuando la oportunidad está tan a huevo – ¿Te estoy fastidiando el discurso que has ensayado en el coche de camino aquí? – pregunta con una sonrisa perversa en los labios.
Jesse resopla una risa.
- Pues sí, la verdad – admite sin una pizca de vergüenza.
Beca suelta una carcajada y alza ambas manos en señal de rendición.
- Vale, vale. Ya me callo – promete.
Abre el armario de los platos para sacar tres llanos, y los deposita en fila sobre la isla. Casi espera una pregunta por parte de Jesse, pero el joven observa la cerámica verde menta de los tres platos sin hacer comentario alguno.
Y al ver que el silencio se alarga, Beca hace una exagerada floritura con la mano hacia Jesse.
- Por favor, continúa – le pide, aunque todavía con cierta burla.
Jesse parece, por un instante, que está a punto de bufarle, cruzarse de brazos, y decirle, cual niño petulante con la barbilla alzada y la mirada fija en un punto opuesto a Beca, que ya no tiene ganas de contarle su historia.
Sin embargo, la impaciencia le puede una vez más y vuelve a inclinarse sobre la isla con un brillo hambriento en sus ojos marrones.
- Pues eso, que el otro día Kyle me contó accidentalmente una cosa de lo más… curiosa – acompaña la palabra de un movimiento de cejas sugerente y una mirada cargada de algo que Beca no termina de entender.
Beca ladea la cabeza y frunce un poco el ceño, confundida, pero intrigada. Sin embargo, no puede evitar que sus ojos se desvíen por voluntad propia hacia el pasillo que desemboca en la cocina cuando capta movimiento en el umbral.
Jesse, que en ese momento está totalmente centrado en ella, ve el cambio y se gira él también.
- Sobre tú y… – está diciendo, pero entonces ve quién está parada en la entrada de la cocina, sorprendida por tener visita, y su voz se vuelve estúpidamente aguda cuando la saluda –. ¡Chloe!
Por algún motivo, extiende los brazos a ambos lados de su cuerpo y luego los junta frente a él, señalando hacia la pelirroja.
- ¡Estás aquí! – exclama, todavía en esa voz aguda que Beca no le había escuchado hacer nunca, y luego Jesse se vuelve hacia ella –. ¡Chloe está aquí! – repite, como si Beca necesitase ser informada de algo tan obvio.
La situación es tan cómica que Beca está bastante segura de que hay alguna escena muy similar en Friends; y si no fuera porque no termina de entender qué está pasando, ya habría estallado en carcajadas.
- Um, sí, ¡estoy aquí! – celebra Chloe, dubitativa.
Beca comparte una mirada con Chloe, quien parece igual que confundida que ella por semejante recibimiento y permanece parada en el umbral del pasillo con su blusa en una mano y vestida en ropa prestada del armario de Beca.
- ¿Conseguiste sacar la mancha? – le pregunta la morena con un gesto de barbilla hacia la blusa.
- En su mayoría, sí – suspira Chloe, aliviada. Su mirada incierta se vuelve hacia Jesse –. El pesto me explotó encima – explica con una risa.
Jesse asiente, una vez, dos veces, tres, y ya no parece ser capaz de parar.
Chloe hace un movimiento de cabeza confundido, pero sus labios se fruncen y meten hacia dentro, como si ella también estuviera haciendo un gran esfuerzo por no echarse a reír. Señala por encima de su hombro la mano en la que lleva la blusa mojada.
- Solo venía a preguntar si te puedo coger una percha vacía para dejarla secando.
- Sí, claro – responde Beca –. Si no encuentras en mi armario, en el de la habitación de invitados tiene que haber seguro.
Chloe asiente y, tras regalarle una sonrisa agradecida, vuelve a desaparecer por el pasillo en busca de una percha vacía.
En cuanto Chloe sale de la cocina, Beca se vuelve hacia Jesse y le propina un fuerte manotazo en el brazo que parece sacarle de su estupor, porque da un brinco en su asiento y exclama una queja mientras se roza la zona dolorida.
- Tío, ¿se puede saber qué te pasa? – sisea.
- ¡Tú y Chloe! – sisea él de vuelta.
- ¿Se supone que eso tiene que significar algo? – Beca sacude la cabeza y coge la fuente de cristal en la que están los filetes de pavo para servir dos en cada plato –. Sí, Chloe está aquí…
- Bec…
- …porque hoy le tocaba hablar en la conferencia… – continúa, haciendo caso omiso a la interrupción, mientras devuelve la fuente de cristal a la encimera y la intercambia por la cacerola de pesto.
- Beca…
- …y quedamos en que viniera para que viera a Billie y me contara qué tal fue… – posa las manos sobre el granito de la isla y mira a Jesse.
- Beca…
- …y, sinceramente, no veo cuál es el problema…
Jesse suelta un bufido exasperado y se lanza sobre la isla que les separa con las manos por delante.
Beca le ve venir hacia ella y se asusta, sin saber muy bien qué va a hacer, pero no es lo suficientemente rápida a la hora de apartarse y las manos de Jesse atrapan sus mejillas hasta que se le ponen labios de pez y no es capaz de seguir hablando.
Con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa, parpadea hacia Jesse.
- Por dios, ¿qué te pasa hoy? ¿Puedes dejarme terminar una maldita frase? – exclama el joven, aparentemente más irritado que enfadado por las continuas interrupciones –. Sé lo vuestro, ¿vale?
Jesse clava su mirada firme en los ojos sorprendidos de Beca y se acerca un poco más a ella.
- Sé lo tuyo con Chloe.
Beca se revuelve contra el firme agarre de sus mejillas y Jesse la suelta inmediatamente con expresión de disculpa.
- ¿Qué es lo que crees que sabes exactamente? – pregunta en un tono neutro y calmado que no trasmite mucha tranquilidad.
- ¡Eso es lo que estaba intentando decirte! Kyle me contó lo que pasó entre vosotras.
- Eso no responde a mi pregunta – rebate Beca, su mirada inamovible.
- Sé que estáis… – Jesse se inclina hacia delante y baja el tono, echando un vistazo por encima del hombro como si tuviera miedo de que estuvieran siendo espiados –, liadas – susurra al final.
Es tan completamente absurdo que Beca no sabe si reír o llorar. Por un instante, teme estar a punto de empezar a hacer ambas cosas a la vez, pero logra controlar las emociones y las entierra en lo más profundo de su estómago.
Carraspea, solo para asegurarse, y suspira.
- No sé qué película te contó Kyle, pero no es lo que crees. Fue algo que pasó una vez…
- Dos veces – le corrige Jesse, y la forma en que la mira y la firmeza de su tono delata que no va a poder engañarle con esto.
- Vale, dos veces, pero ya está – admite Beca a regañadientes con unos ojos en blanco –. No estamos juntas y, sinceramente, no creo que vuelva a repetirse.
Algo extraño se agita en su pecho cuando pronuncia esas palabras, algo que hacía unas semanas que no sentía: la marea de interrogantes que acompaña a la incertidumbre.
Se alzan por dentro de sus costillas como la espuma del champán y los siente trepar por su garganta a una velocidad vertiginosa, golpear contra el interior de sus labios, deseosos de derramarse por fuera de su boca.
Pero, una vez más, Beca se traga sus emociones y sus labios permanecen sellados.
- Ya… – Jesse arruga su rostro en una mueca de disconformidad y chasquea la lengua contra su paladar –. ¿Sabes cuál es el problema? Que no me lo creo.
Torres Bunker Hill, Los Ángeles
12 de octubre del 2026, 20:17h
Chloe se toma su tiempo buscando una percha vacía y poniendo su blusa mojada a secar en el baño para que no gotee sobre el suelo de madera de Beca.
Todo el proceso solo habría durado dos minutos máximo en circunstancias normales, pero Chloe lo alarga a cinco, quedándose incluso un largo rato sentada sobre la tapa bajada del váter bajo la inquisitiva mirada de Billie.
- Esto es absurdo – suspira para nadie en particular, y su voz resuena quedamente en las paredes del baño.
Y lo es.
Cree que nunca se ha sentido más estúpida que ahora mismo: escondida en un baño para no hacer frente a otra situación incómoda en la cocina, barbilla sobre una mano, y siendo juzgada por su propio perro.
Pero está claro que antes, en el mejor de los casos, ha interrumpido algo importante entre Beca y Jesse; o, en el peor de los casos, su presencia no era bien recibida en ese momento por algún motivo y no quiere volver a cometer el mismo error.
Si por lo menos se hubiera traído el móvil consigo…
Pero no, lo había dejado cargando en la cocina y ahora no le queda más remedio que repasar con la mirada los cuadros simétricos de los azulejos de la ducha o el patrón de florecillas de la toalla de mano.
Cuando las líneas ya empiezan a confundirse unas con otras, decide que es hora de hacer frente a lo que sea que la está esperando fuera y se levanta de la taza con un suspiro aprehensivo.
- Vamos allá – le murmura a Billie.
Sale del baño y odia que sus pies descalzos no hagan ruido alguno mientras recorre el pasillo porque le hace sentir como que está caminando a hurtadillas por casa de Beca para que no sepan que está ahí.
Sin embargo, a la mitad del recorrido que conduce a la cocina, agradece que su presencia no se haya hecho notar.
Jesse y Beca están manteniendo una conversación en tono bajo, pero el eco de sus voces rebota en el amplio espacio de la cocina americana y llega con claridad hasta el punto del pasillo en el que Chloe se ha quedado paralizada.
Es dolorosamente consciente de que está escuchando una conversación que es privada, y que a cada segundo que permanece allí quieta traiciona la confianza de Beca y Jesse, y por dentro le come la culpa.
Pero es incapaz de moverse.
-… ya está – está diciendo Beca en tono ligeramente cansino –. No estamos juntas y, sinceramente, no creo que vuelva a repetirse.
Darse cuenta de que están hablando de ella recorre a Chloe como una descarga eléctrica, y su cuerpo se debate entre dos de los instintos más básicos del ser humano: la autopreservación y el morbo.
La autopreservación es la parte de ella que se revuelve contra las cadenas en las que está atada, que le grita con toda la fuerza de sus pulmones para que salga corriendo de allí porque no siempre es bueno saber qué dicen de ti a tus espaldas.
Puede destrozarte, especialmente si viene de una persona a la que adoras.
Pero la otra parte de Chloe, la parte dominada por el morbo, la parte que tiene el control y mantiene pulsado el botón de pausa en su cuerpo, es como ese diablillo sobre tu hombro que te llena la cabeza de malas ideas.
Como quedarse y escuchar.
- Ya… – contesta Jesse –. ¿Sabes cuál es el problema? Que no me lo creo.
Beca debe de reaccionar físicamente, sin palabras, con algún gesto o algún tipo de expresión, porque Jesse le bufa.
- Porque nos conocemos, Bec – continúa él en el mismo tono que si estuviera respondiendo una pregunta nunca hecha –, y sé que cuando se trata de Chloe las cosas nunca son tan simples como tú dices que son.
- Ya no estamos en Barden, Jesse – suspira Beca –. No puedes echarme en cara algo que pasó hace diez años…
Chloe se encuentra a sí misma asintiendo en un pasillo a oscuras, demostrando que está de acuerdo con una conversación que no tendría que estar escuchando en primer lugar, y esto parece sacarla de golpe de su trance.
Ahora ya le da igual interrumpir, de hecho, considera que es necesario hacerlo, antes de que las tensiones aumenten.
Se fija en cómo la tensa línea de los hombros de Beca se relaja inmediatamente en cuanto la ve aparecer por la esquina, y refuerza su sensación de que ha tomado la decisión correcta al entrar justo en el momento en que ha entrado.
Respira hondo al captar el delicioso aroma de la cena, cerrando los ojos un instante para saborearlo, y cuando vuelve a abrirlos tiene una sincera sonrisa en los labios.
- Mmmm – murmura con aprobación –. Huele de maravilla, Bec.
Se acerca a la isla de la cocina con un poco más de cautela, porque Jesse todavía no ha reaccionado a su presencia más allá que un cordial movimiento de cabeza: su atención parece estar centrada en evaluar a Beca.
Pero al verla caminar en su dirección, Jesse decide dejar su escrutinio para otro momento y le regala a Chloe una cálida, aunque pequeña, sonrisa.
- ¿Quieres una cerveza? – ofrece al mismo tiempo que Chloe toma asiento a su lado en un taburete –. Por lo que he oído, tenemos algo que celebrar – la abraza contra él con un brazo alrededor de sus hombros.
Chloe arquea las cejas y responde con un asentimiento.
- ¿Ah, sí?
Su mirada se vuelve a Beca, y cuando la morena se da cuenta, exhala una risa por la nariz y sacude la cabeza en una negativa.
- A mí no me mires, yo no tengo nada que celebrar – le hace un gesto con la mano para que le ayude y, entre las dos, mueven los platos con sus cenas a la mesa mientras Jesse coge tres botellines de cerveza y rebusca en los cajones por un abridor.
Chloe deposita dos de los platos sobre los manteles individuales que protegen la mesa de cristal y Beca hace lo mismo con los cubiertos.
Sus brazos se cruzan cuando ambas se inclinan sobre la mesa para completar sus respectivas tareas, y comparten una mirada y una sonrisa cómplice. Toman asiento cuando escuchan el siseo de los tres botellines al quitar la chapa.
Jesse aparece por encima de sus hombros para dejar una cerveza delante de cada uno de sus platos antes de rodear la mesa circular para sentarse en la silla vacía que queda justo delante de Chloe.
Alza su botellín y sonríe.
- Por tu primera conferencia.
- Por mi primera conferencia – Chloe corea el brindis.
Los tres botellines se encuentran en el aire en el centro de la mesa.
