A/N: Je. ¿Se me ha vuelto a olvidar que es jueves? Ni lo niego, ni lo confirmo.
Por cierto, un número alarmante de personas creísteis que en el anterior capítulo Amanda estaba ligando con Chloe al proponerle quedar para tomar café, así que me siento en la necesidad de clarificar que: SOLO ESTÁ SIENDO AMABLE.
Pero me he reído mucho con vuestra paranoia, que conste. Yo siempre asumo que están siendo amables mucho antes que pensar en que quizá están ligando conmigo, y vosotrxs habéis hecho justo al revés.
Capítulo 15: Por favor, espere
US—101, Los Ángeles
12 de octubre del 2026, 22:03h
El silencio en el coche es tan incómodo y pesado que Chloe lo siente como si le hubieran envuelto el cuerpo en una alfombra de cinco kilos recubierta de agujas.
O, mejor incluso, como uno de esos sarcófagos egipcios que salían en dibujos animados o en las películas de La Momia e Indiana Jones que tenían la tapa superior recubierta por dentro de afilados pinchos.
Jesse carraspea, y Chloe se tensa ligeramente, porque ahora que se enfrenta a la posibilidad de que saque algún tema de conversación, no está del todo segura de si prefiere continuar en este asfixiante silencio.
Piensa una vez más en cómo ha acabado aquí: después del quinto bostezo consecutivo de Beca, Chloe se dio cuenta de que ya era hora de marcharse porque aunque ella, afortunadamente, no tenía que madrugar al día siguiente, Beca y Jesse no tenían la misma suerte.
A esta decisión siguió un breve debate en el que Jesse se ofreció a llevarla al hotel ya que tampoco le suponía un desvío muy grande de su ruta habitual de vuelta a casa, y Chloe reiteró mil veces que no tenía problema alguno en coger un taxi.
Al final terminó siguiendo a Jesse con cierta reticencia hasta el pequeño parking de invitados situado justo frente a la puerta principal del edificio de Beca y metiéndose en el asiento pasajero de su Audi rojo.
Jesse enciende la radio, pero solo escuchan un minuto de una canción de los 80 distorsionada por la estática antes de que vuelva apagarla con obvia irritación.
Y ni siquiera puede contar con el rugir del motor para rellenar y distraer del hecho de que haya tanto silencio porque el Audi es tan silencioso que nadie diría que estén circulando a 120km/h en una autopista.
Chloe puede oír hasta el crujido del cuero que recubre el volante cada vez que Jesse aprieta los dedos a su alrededor.
Tiene la sensación de que, una de dos, o Jesse se está conteniendo para no hablar de algo, o está tratando de reunir el coraje necesario para sacar el tema de conversación que tan claramente le lleva molestando toda la noche.
Chloe solo desearía que la espera no tuviera que ser tan incómoda.
Y se da cuenta de que no tiene por qué: puede que Jesse todavía no haya tomado una decisión sobre qué hacer, puede que nunca lo haga, pero Chloe tiene en su poder hablar ella de cualquier cosa para matar el tiempo.
- Bueno, ¿y qué tal…? – empieza a preguntar.
Sin embargo, justo en ese momento Jesse también dice algo:
- Oye, ¿y cómo es…?
Ambos se callan de golpe, casi al mismo tiempo, e intercambian unas sonrisas algo tensas.
- Tú primero – Jesse cede su turno, caballeroso como siempre, con un gesto de la mano y su mirada fija en la recta carretera que se expande frente a ellos.
- Oh, no es nada importante, solo… Iba a preguntarte qué tal va el estudio – Chloe hace una mueca y agita una mano en el aire –. Beca mencionó que no pudiste venir a la reunión porque estabas súper liado con un proyecto…
Chloe nota al instante en que las palabras caen de sus labios que mencionar la reunión ha sido un grave error, porque una vez más los dedos de Jesse se tensan alrededor del volante con un crujido del cuero y su ceño se frunce.
Pero el daño ya está hecho.
- Va bien – responde Jesse con voz ligeramente forzada –. Al final logramos terminar el proyecto a tiempo y con muy buen resultado – despega su mirada un momento de la carretera para mirar a Chloe –. Era para esa nueva serie de terror de Netflix de la que todo el mundo no deja de hablar…
- Ni idea, no estoy muy puesta en temas de terror – Chloe tuerce la boca en un gesto de disculpa.
- Pues está bastante guay, la verdad – asegura Jesse con un encogimiento de hombros –. En realidad es una antología, es decir, mismos actores pero una historia completamente diferente de una temporada a otra.
Chloe asiente para demostrar que comprende el concepto a pesar de que no necesitaba que se lo explicasen.
- La primera temporada sí que es más de miedo, pero esta no tanto – continúa Jesse –. Y la verdad es que…
Sin embargo, Jesse se corta a sí mismo con una abrupta y sonora exhalación en la que parece dejar escapar todo el aire que tiene en los pulmones, como si simplemente fuera física y mentalmente incapaz de seguir con esa falsa cordialidad.
La claridad en su expresión delata que por fin ha encontrado una solución a su conflicto interno y Chloe coge todo el aire que él acaba de soltar para prepararse.
- No puedo… – sacude la cabeza, más para sí mismo que hacia Chloe –. Lo siento, pero necesito preguntar.
Lanza una rápida mirada a Chloe, quizá para juzgar su reacción, para ver si está sorprendida, asustada, horrorizada, curiosa; o quizá solo para asegurarse de que le esté prestando la atención que cree merecer.
- ¿Cuáles son tus intenciones con Beca? – pregunta, de golpe, como si acabase de expulsar toda la pelota de palabras en el mismo aliento.
- ¿Mis qué? – exclama Chloe, incrédula. Una risa explota en sus labios, convencida de que Jesse tiene que estar de broma.
Sin embargo, una sola mirada a su rostro serio y preocupado le descubre que nada más lejos de la realidad.
- Mira, conozco a Beca – comienza a decir el joven, toda su postura tensa como si estuviera a la espera de una pelea, como si la estuviera buscando –. Puede decir que no significa nada cuantas veces quiera, pero a la única a la que logra engañar es a sí misma.
Chloe frunce el ceño.
- ¿Por qué estás tan seguro de que está mintiendo?
Jesse gira la cabeza para mirarla, y en el marrón de sus ojos ve el eco de un antiguo dolor, de un viejo tormento.
Chloe ya sabe cuál va a ser la respuesta antes incluso de que Jesse la pronuncie.
- Porque durante cuatro años no escuché otra cosa cada vez que le preguntaba si sentía algo por ti.
Pero saber lo que está por venir no hace nada para prepararla para el impacto de escucharlo en voz alta: se le hiela la sangre y su corazón se encoge, siendo exprimido por la garra de la culpa, a pesar de que Chloe ni siquiera lo sabía en aquel entonces.
Traga saliva y despega los labios para emitir una disculpa que, aunque no le corresponde a ella hacerla, no es por eso menos sentida.
- Eso ya no importa – desestima Jesse con una sacudida de cabeza, como presintiendo lo que estaba a punto de decir –. Lo que me preocupa es que yo pueda verlo, pero Beca no. Porque no quiero que se repita la historia.
- ¿Qué…? – la voz de Chloe sale quebrada, y tiene que pausarse y volver a intentarlo porque las palabras se desparraman por su lengua igual que ceniza –. ¿Qué historia?
Jesse hace un gesto de cabeza, casi parece incredulidad por tener que estar explicándole esto, precisamente él, precisamente a ella; pero Chloe no está del todo segura de que esa interpretación sea la correcta.
- En Barden solo teníais ojos la una para la otra – empieza a explicar Jesse, y Chloe asiente, sin querer, porque esta parte sí que se la conoce –. Solo que nunca os disteis cuenta porque mirabais cuando la otra no estaba prestando atención.
Es muy extraño, piensa Chloe, tratar de ver algo que ella misma ha vivido desde fuera, desde la perspectiva de una tercera persona ajena por completo a lo que estaba ocurriendo.
Es extraño y es difícil, porque, como es de esperar, todos sus recuerdos de esa época están impregnados de sus pensamientos, de sus sentimientos, de su perspectiva, de sus circunstancias; y por más que lo intente, eso no va a cambiar.
- Cuando Beca estaba distraída, tú la mirabas como si fuera lo único que existía en el mundo – prosigue Jesse en voz baja –. Y cuando tú no estabas atenta, Beca te miraba como si fueras tú la que hubiera puesto la luna y las estrellas en el cielo.
Chloe siente el mordisco del arrepentimiento en su estómago.
Si tan solo hubiera prestado más atención, si tan solo una vez hubiera desviado la mirada a tiempo de pillar a Beca, está segura de que habría sido capaz de reconocer las emociones que se ocultaban en ese azul medianoche.
Habría sido como mirarse a un espejo.
Y, lo más importante, todo habría sido diferente.
- Y cualquier persona que os conociera podía ver el… – Jesse suspira, en busca de una palabra lo suficientemente fuerte como para expresar lo que quiere –, …el anhelo en vuestros ojos, tanto que… – su voz flaquea –. Tanto que se te partía el corazón.
Chloe agacha la mirada al suelo del Audi y traga saliva para disipar el nudo repentino que le ha aparecido en la garganta.
Es extraño, es difícil, y es duro pensar en esa época de esta forma.
De normal no se deja llegar tan lejos, cuando repasa sus recuerdos de Barden se queda en los de las Bellas: las actuaciones, las noches de películas, las peleas de almohadas en el salón y los ataques de risa en grupo.
Intenta no centrarse mucho en sus sentimientos por Beca porque todos esos cálidos y dulces recuerdos que con tanto aprecio guarda en su memoria, y con tanta delicadeza maneja para que no se deterioren, se tiñen de un regusto amargo.
Sus años en Barden se convierten en algo plagado por el dolor, por la insatisfacción de tener que contentarse con algo que nunca le supo a suficiente, por el anhelo.
- No quiero que eso se repita – finaliza Jesse en apenas un hilo de voz, su mirada firme y dura fija en la carretera.
Chloe asiente lentamente, tomándose su tiempo para procesar sus propias emociones al respecto.
No está del todo segura de que la preocupación de Jesse sea merecida. No quiere menospreciar sus instintos y su conocimiento de Beca, pero no puede evitar preguntarse que, si todo esto es cierto, ¿por qué no le ha dicho nada Beca?
Han hablado a cada paso que han dado en esta nueva dirección, han comprobado con la otra que ambas están de acuerdo, en la misma casilla del tablero, y que cada avance o retroceso que realizan lo hacen a la vez.
¿Puede ser cierto que ni la propia Beca sea del todo consciente de sus sentimientos todavía?
¿Puede ser cierto que se esté repitiendo la historia? ¿Puede ser cierto que Jesse haya visto algo en Beca que Chloe no? ¿Puede ser cierto que Jesse conozca a Beca mejor que Chloe?
Sacude la cabeza para despejarla de esos pensamientos tan mezquinos e infantiles. Ahora no es el momento para caer en viejos celos y antiguos rencores, ni para dejarse llevar por su ego herido.
- Yo… – pero Chloe, extrañamente, no sabe qué decir.
- Solo quiero saber que todo esto – Jesse dibuja un amplio círculo con su mano en el aire –, no es solo un juego insignificante para ti. Que Beca – recalca –, no es solo un juego insignificante para ti.
Y esto, lógicamente, presiona el nervio equivocado en Chloe.
- Jesse – su voz es fría y distante cuando pronuncia el nombre –. Entiendo que quieras proteger a Beca, pero hablas de esto como si hubiera sido mi plan malvado desde el principio y por fin hubiera logrado que Beca sucumbiera a mi hechizo.
Jesse frunce el ceño, pero no hace intento alguno de defenderse de la acusación.
- Me preguntas cuáles son mis intenciones con Beca, pero no tengo ninguna – Jesse suelta un resoplido que Chloe ignora, continuando –. Tener intenciones significaría que había planeado que esto pasara, y no fue así.
La incredulidad sale de Jesse en ondas expansivas que Chloe siente llegar hasta ella y le irrita que se niegue a creerla y prefiera seguir con su idea de que es una villana de Disney que se ha salido con la suya.
- Vale – acepta, dejando caer ambas manos extendidas sobre sus piernas –. ¿Quieres saber cuáles son mis intenciones? – pregunta de forma retórica –. No perder a Beca por culpa de las opiniones de gente que habla sin saber cómo son las cosas de verdad.
Le lanza una mirada punzante que, por si quedaba alguna duda, las disipa y deja claro que se refiere a él.
- Sé que te gustaría creer lo contrario, pero Beca no es una víctima inocente – clava su firme mirada en el perfil del joven –. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo la primera vez, y volvió a buscarlo una segunda vez.
Quizá sea cruel o demasiado brusco expresarlo así, suficientemente vago como para no exponer detalles privados, pero con el punto justo de concreción para que no deje lugar a dudas de que fue algo querido por las dos.
Parece que Chloe no es la única que siente el impulso de dejarse llevar por viejos celos y antiguos rencores.
Da un tirón quizá demasiado fuerte al cinturón que lleva cruzado en el pecho, la rugosa tela le va rozando en el cuello y es irritante. Se lo recoloca un poco más abajo en el hombro y respira profundo para relajarse.
Suaviza su fría actitud y, cuando vuelve a hablar, es con más calma.
- No te olvides de que también es mi mejor amiga – le recuerda –. Y, en caso de que algo salga mal, yo también tengo mucho que perder. Jamás, jamás, haría nada a propósito que pudiera hacerle daño.
Jesse acepta la tajante respuesta de Chloe en silencio, sin emitir ni una sola protesta ni intentar rebatirla de ningún modo. Se limita a levantar los dedos del volante en señal de rendición y continúa conduciendo con la mandíbula apretada.
- Olvida que he dicho nada – murmura al cabo de un par de minutos.
- Ya está hecho – es la corta y rápida réplica de Chloe.
Ninguno de los dos vuelve a emitir palabra alguna durante el resto del trayecto, y Jesse detiene su Audi en doble fila frente a la elegante entrada del hotel. Paciente, espera a que Chloe recoja todas sus cosas y salga.
- Ah y, ¿Jesse? – dice Chloe, inclinándose por la ventanilla abierta –. Una última cosa… ¿Cómo se llama la serie esa?
Jesse parece a punto de reírse, pero se contiene en el último momento.
- La maldición de Bly Manor.
- Gracias.
Jesse solo responde con un asentimiento y sube la ventanilla cuando Chloe ya se ha apartado.
Escucha el coche incorporarse de nuevo al tráfico constante de la calle a sus espaldas mientras camina hacia la puerta que el botones mantiene abierta, y es increíble el alivio inmediato que recorre su cuerpo al no sentir más los inquisitivos ojos de Jesse fijos en ella.
Torres Bunker Hill, Los Ángeles
13 de octubre del 2026, 05:48h
Beca nunca ha estado más desorientada que cuando el tono de llamada de su teléfono la despierta de un sobresalto, en lo que ella tiene la sensación de que es la mitad de la noche, y abre los ojos a la oscuridad de su habitación.
Mira a su izquierda, a su derecha, y parpadea varias veces muy rápido para tratar de ubicarse, pero sus ojos continúan borrosos por la sensación arenosa del sueño insuficiente.
Rueda por la cama con un brazo alargado y tantea con las puntas de sus dedos por la suave madera de la mesilla hasta que encuentra la curva del cable del cargador y tira de él. Siente el borde curvo de su iPhone golpear sus uñas y lo arrastra hacia ella.
- Más vale que tengas un buen motivo para despertarme… – Beca parpadea en la dirección general del reloj, sorprendida al ver la hora –, …diez minutos antes de mi hora.
- Nos van a confinar – es la única respuesta que le da Kyle.
El cerebro de Beca no puede ni empezar a procesar esa palabra, es como si su asistente le acabase de soltar una frase entera en chino y esperase que fuera capaz de entenderla al instante.
- ¿Qué? – exclama, el volumen de su voz descontrolado por el sueño.
- Enciende la tele – suspira Kyle al otro lado de la línea –. Cualquier canal sirve, están transmitiendo lo mismo en todos.
Beca gruñe para sí misma palabras incomprensibles que ni ella habría sabido decir cuáles eran, y se quita las mantas de encima a base de patadas y tirones torpes y rabiosos. Arrastra los pies a lo largo del todo el pasillo hasta que llega al salón.
Localiza el mando de la televisión bastante rápido, lo cual es un milagro porque es una de esas cosas que siempre desaparecen cuando más la necesitas, y presiona el botón rojo de encendido.
En seguida aparece una reportera informando de la situación:
- …alarmante subida de casos, y tras mucha deliberación, el Gobierno ha tomado la decisión de establecer el estado de alarma a nivel nacional para frenar la rápida expansión del…
Beca desconecta por completo y solo se queda ahí, de pie, frunciéndole el ceño a la tele.
- ¿Qué? – repite, confundida.
- Nos van a poner en cuarentena, en nuestras casas – explica Kyle con mal disimulada impaciencia –. Estamos bajo arresto domiciliario a partir de mañana. Nada de salir a la calle excepto para necesidades básicas.
Oh.
La realidad a veces es como un baño de agua helada, y Beca se acaba de quedar tiritando tras una ducha inesperada.
- Mierda – musita.
Kyle ríe, pero no suena precisamente alegre.
- Sí – concuerda, sarcástico.
Beca intenta pensar, pero está todavía demasiado atontada y su cerebro parece que funciona a trompicones: el hilo de sus pensamientos está enredado, difuso, lleno de ideas que se han quedado a medio terminar.
Se pincha el puente de la nariz para ver si ese ligero punto de dolor hace que se le despeje un poco la cabeza, sin embargo, lo único que logra es hacerse daño.
- Convoca a todo el mundo en la oficina – pide de manera distraída –. A las ocho en punto, hoy no se aceptan faltas ni retrasos.
Llena de energía nerviosa, cruza el salón hasta la cocina y llena la cafetera de agua para prepararse un café bien cargado.
- ¿Se sabe cuánto va a durar esto?
- Dicen que, de momento, solo quince días, pero las estimaciones de los expertos hablan de meses – responde Kyle, cargado de información, y en este momento Beca agradece inmensamente que nunca le hiciera caso cuando le regañaba por estar adicto a las noticias.
- Mejor vayamos poco a poco… – suspira Beca mientras vuelca una cucharada de café en el filtro. Luego se lo piensa mejor y añade otra –. Hay que confeccionar una lista de todos los compromisos de los próximos quince días y ver cuáles se pueden postponer y cuáles hay que cancelar.
- Vale.
Beca puede escuchar el reconfortante tap tap de los dedos de Kyle sobre la pantalla de su iPad a medida que toma notas de todo lo que dice y se pausa tras presionar el botón de encendido en la cafetera.
- ¿Kyle?
- ¿Huh?
- Todo va a salir bien – promete con una seguridad que no sabe de dónde sale, si no es de la confianza absoluta que Beca tiene en su equipo –. Vamos a encontrar una forma de hacerlo funcionar.
Hotel Hollywood Rooselvet, Los Ángeles
13 de octubre del 2026, 09:39h
Chloe es un auténtico manojo de nervios mientras pasea de un lado a otro en los confines de su habitación de hotel, dibujando círculos sobre la moqueta, a la espera de recibir instrucciones sobre qué hacer.
Decir que había sido de lo más abrumador despertarse con el móvil saturado de alertas y notificaciones de las noticias, es quedarse corto.
Durante dos largos e interminables minutos se había quedado completamente quieta, su cuerpo suspendido sobre la cama con ayuda de un codo y el iPhone en la mano, simplemente viendo cómo se inundaba su pantalla de bloqueo con un mensaje tras otro.
Por fin recibe la señal que tanto espera: una serie de golpeteos de nudillos en la puerta de su habitación.
Chloe se detiene a mitad de un paso y gira rápidamente sobre sus talones. En apenas un par de zancadas se planta frente a la puerta y tira del manillar metálico con tanta fuerza que las puntas de su pelo salen volando, empujadas por la corriente, y caen en cascada por su espalda.
En el pasillo se encuentra a la mujer joven que siempre acompaña a Amanda Harrison a todos lados, y que Chloe asume que se trata de su asistente o su secretaria.
- Amanda está reuniendo a todo el mundo en la sala de conferencias – anuncia la mujer, algo falta de aire, como si hubiera venido corriendo.
Considerando que probablemente le ha tocado encargarse ella sola de ir de piso en piso avisando a todo el mundo, a Chloe no le extrañaría que lo hubiera hecho corriendo o, por lo menos, a paso bien rápido.
- ¿Puedo echar una mano con algo? – se ofrece, compadeciéndose de la pobre mujer.
Ella parece agradecida, pero sacude la cabeza en una negativa.
- Solo baja a la sala de conferencias lo antes posible.
- …vale – con algo de reticencia, Chloe acepta la orden.
La mujer se despide con un gesto apresurado de la mano mientras avanza hacia la siguiente habitación y Chloe la ve desaparecer por el lateral izquierdo del umbral con paso apretado.
Con la puerta todavía abierta de par en par, coge la tarjeta de acceso a la habitación y su móvil de la mesilla de noche, los únicos dos objetos importantes ahora mismo, y se encamina a la sala de conferencias.
Coincide en el ascensor con varias personas que reconoce de la conferencia, pero hoy nadie está de humor para conversaciones irrelevantes.
Amanda les espera subida en el escenario, hablando seriamente por teléfono mientras hace tiempo para que su asistente/secretaria pueda avisar a todo el mundo y redirigirlos hacia allí.
Chloe encuentra una silla vacía hacia un lateral de la amplia sala y toma asiento, fijándose en que la mayoría de la gente prefiere quedarse de pie, como si quisieran garantizarse una estrategia de huida limpia y rápida.
Juega con sus dedos y sus anillos, contagiándose de la inquietud que flota por el ambiente, hasta que finalmente Amanda cuelga el teléfono y se vuelve hacia su público.
Alza sus dos manos extendidas en el aire en un gesto para pedir silencio, y los quedos murmullos que recorrían la sala de lado a lado se van apagando progresivamente hasta que solo se escucha el zumbido del aire acondicionado y alguna que otra tos.
- Perdonad la tardanza – se disculpa nada más empezar con un movimiento de cabeza pesaroso –. Sé que todos estáis inquietos y deseosos de saber qué va a ocurrir para así empezar a hacer vuestros propios planes, pero necesitábamos tener todo organizado antes de deciros nada.
Amanda entrelaza los dedos frente a su cuerpo, su postura regia y firme la imagen de la aparente tranquilidad.
Entre tanta incertidumbre, se convierte en un ancla, y Chloe se encuentra fascinada al ver cómo todos los presentes parecen estar conteniendo la respiración a la espera de sus siguientes palabras, de su veredicto.
No cabe duda alguna de que Amanda Harrison es alguien profundamente respetado en su comunidad.
- Debido a la decisión tomada por el Gobierno, no nos queda más remedio que cancelar los dos días restantes de esta edición del 2026 de la Conferencia en Modelos de Educación.
La noticia, aunque esperada, causa un quedo revuelo entre el público: todo el mundo se remueve en el sitio, todo el mundo de repente tiene una opinión que compartir con el vecino, todo el mundo quiere demostrar su aprobación.
- Vamos a mantener todas vuestras habitaciones hasta el plazo inicial, que vencería mañana, viernes, por la tarde – informa Amanda en tono tranquilizador –. Así no tenéis que preocuparos por buscar alojamiento y podéis centrar todos vuestros esfuerzos en volver a vuestras casas de forma segura.
Chloe asiente para sí misma, sintiendo cierta parte de su ansiedad relajarse ante esta buena noticia.
No es que le preocupara quedarse tirada en las calles de Los Ángeles, porque sabe que Beca jamás lo permitiría, pero le aporta cierto alivio saber que solo tiene que concentrarse en buscar un billete de avión de vuelta a Nueva York lo antes posible.
- Pero me temo que no tenemos presupuesto para extender vuestra estancia por más tiempo, de modo que os ruego encarecidamente que aprovechéis al máximo el día de hoy para resolver ese tema.
Inmediatamente se ve un mar de pantallas encendidas aparecer entre el público impaciente.
Sin embargo, la impaciencia y la inquietud se mantienen a raya un rato más cuando queda claro que Amanda no ha terminado de hablar, porque es más fuerte el respeto que las ganas de salir de allí lo más rápido posible.
- Ya para finalizar, solo quería daros las gracias por vuestra fidelidad y vuestras aportaciones – prosigue Amanda posando ambas manos extendidas sobre su pecho en un gesto de sincero afecto –. Sin vosotros nada de esto habría sido posible.
Alguien empieza a aplaudir, pero pronto se da cuenta de que se ha adelantado y se vuelve a hacer el silencio.
- Gracias por un año más. Buena suerte y cuidaros mucho.
Con eso, Amanda finaliza su discurso y en el auditorio resuenan los aplausos, las conversaciones se retoman sin cuidado alguno por el volumen de los tonos, y los móviles vuelven a hacer acto de aparición.
Chloe se levanta de la silla y esquiva pequeños conglomerados de personas en un intento por llegar a la puerta de la sala de conferencias.
Sin embargo, cuando hace contacto visual con Amanda, esta le hace un gesto con la mano para que se acerque un momento al escenario y Chloe se ve obligada a hacer un brusco cambio de sentido hacia su derecha.
- Chloe – Amanda se acuclilla al borde del escenario para estar a su altura y sus brazos cruzados sobre su estómago quedan atrapados por sus rodillas –. ¿Qué tal estás? ¿Has encontrado ya cómo volver a casa?
- Todavía no – niega la pelirroja –. Eso me dirigía a hacer – señala con un gesto de cabeza hacia la salida.
Amanda asiente.
- No te entretendré mucho entonces – promete con una sonrisa amable –. Solo quería agradecerte personalmente tu participación y despedirme de ti – chasquea la lengua, decepcionada –. No vamos a poder tomarnos ese café al final.
- Eso parece – lamenta Chloe en un suspiro.
- De todos modos, me gustaría hablar contigo pronto… Una vez hayas vuelto a Nueva York y estés asentada en tu casa.
- Claro, estaré encantada.
- Bien – Amanda se distrae cuando su iPhone empieza a vibrar en su mano y tuerce la boca en una mueca fastidiada –. Perdona, tengo que coger, es importante.
Chloe hace un gesto con la mano para asegurarle que no hay problema alguno, pero Amanda deja que el iPhone continúe vibrando un poco más.
- Matilda tiene todos tus datos, ¿verdad? – le pregunta haciendo un vago gesto en dirección a la asistenta/secretaria que, en algún momento, se ha subido al escenario sin ser vista y permanece tras el hombro de Amanda igual que si fuera su sombra.
- Oh, ¿sí?, ¿creo que sí? – responde Chloe, algo insegura.
Matilda mueve la cabeza en un asentimiento firme y confiado sin levantar ni un segundo la mirada de lo que está tecleando en su iPhone.
- Perfecto.
Satisfecha, Amanda asiente y se incorpora. Descuelga la llamada, pero es con Chloe con quien habla al decir lo siguiente:
- Me pondré en contacto pronto para tomarnos ese café por Skype – promete, señalándola con un dedo que añade incluso más fuerza a las palabras.
- Genial – exclama Chloe.
Amanda le sonríe una última vez antes de girar sobre sus talones para encaminarse hacia el fondo del escenario con Matilde pisándole los talones.
Chloe vuelve a su habitación con energías renovadas y la esperanza floreciendo en su pecho como las flores de almendro en primavera.
Busca en Google el teléfono de atención al cliente de American Airlines, dispuesta a resolver el tema de su vuelo de vuelta a Nueva York con la mayor rapidez posible, y pone el altavoz para oír los constantes tonos de llamada mientras prepara la maleta.
- Bienvenido al servicio de atención al cliente de American Airlines – saluda la voz robótica de una mujer.
Chloe está a punto de hablar cuando se da cuenta de que está escuchando un mensaje pregrabado.
- Debido al alto volumen de llamadas que estamos recibiendo en este momento, ninguno de nuestros operadores está libre para atenderle – continúa la robot –. Por favor, espere.
Y, entonces, empieza a sonar una canción de Whitney Houston. En flauta.
Hotel Hollywood Rooselvet, Los Ángeles
13 de octubre del 2026, 11:24h
Una hora más tarde, Chloe está al cien por cien segura de que como vuelva a escuchar una vez más Where Do Broken Heats Go en los tonos agudos de la flauta va a perder el poco hilo de cordura que le queda.
Las flores de su esperanza ya no están floreciendo como en la primavera, sino que se han marchitado como en el otoño y están desintegradas.
No son más que polvo.
- Debido al alto volumen de llamadas que estamos recibiendo en este momento, ninguno de nuestros operadores está libre para atenderle – repite la voz robótica, a estas alturas ya casi ininteligible –. Por favor, espere.
Y, una vez más, Where Do Broken Heats Go empieza a reproducirse desde el principio.
Chloe está a punto de echarse a llorar.
Icarus, Los Ángeles
13 de octubre de 2026, 12:32h
El iPhone de Beca vibra como diez veces seguidas sobre su mesa de cristal.
Lo cual, en este día del infierno, no es nada a destacar. Hubo un momento de la mañana en que vibraba tan de seguido que Beca lo tuvo que poner en silencio por miedo a que colapsara, y Kyle hizo una broma bastante inapropiada para la oficina.
Sin embargo, no sabe por qué, quizá sea la cadencia algo desesperada de las vibraciones, o quizá sea el instinto; pero algo empuja a Beca a echarle un vistazo en vez de simplemente ignorarlo.
- Dame un minuto – le pide a Kyle, que espera por ella en la puerta de su oficina porque estaban a punto de ir a la quincuagésima reunión del día.
En cuanto ve el nombre de Chloe en la pantalla, sabe que va a necesitar más de un minuto.
- De hecho… ¿Kyle? – se asoma fuera de su oficina y localiza a su asistente hablando con uno de los miembros del equipo creativo –. Voy a tardar un poco, tengo que ocuparme de algo importante.
Kyle interrumpe la conversación un instante para girarse hacia ella y asiente.
- ¿Quieres que vaya empezando yo la reunión?
- Por favor. ¿Tienes todo claro?
- Está todo bajo control – asegura él, levantando los dos pulgares en su dirección.
- No vuelvas a hacer eso nunca más – le pide Beca antes de exclamar: –. ¡Gracias! – y cierra la puerta de cristal de su despacho con un woosh.
Chloe fue la tercera persona con la que habló esta mañana nada más recibir las noticias del confinamiento: el primero fue Kyle, la segunda fue su madre, y la tercera fue Chloe.
Habían quedado en que volverían a hablar en cuanto Chloe tuviera más clara cuál era su situación, porque esta mañana era demasiado pronto y todavía no sabía qué iba a pasar con la conferencia ni qué se suponía que debía hacer.
Beca ni siquiera entra a leer los mensajes, simplemente va a sus contactos favoritos y presiona el icono de llamada.
- ¿Adivina quién se acaba de pasar dos horas esperando a que le atendiera un maldito operador de American Airlines? – es como la saluda Chloe.
Beca hace una mueca y coge aire de manera audible entre los dientes.
- Sí – concuerda Chloe –. Y todo para decirme que todos los vuelos están llenos, que no pueden hacer nada más que poner mi nombre en una lista de espera en la que tengo a ciento cincuenta personas por delante, y que vuelva a intentarlo el lunes.
Esta vez, Beca ni se molesta en decir nada porque conoce a esta Chloe: la Chloe que ha visto que ser amable no le ha servido de nada, la Chloe que está hasta las narices, la Chloe que solo necesita sacarlo todo de dentro.
- Lo cual es magnífico – exclama, irónica –. Porque Amanda nos ha dicho que solo pueden cubrirnos el hotel hasta mañana y que después de eso es cosa nuestra el tema de tener un sitio donde dormir.
Y aquí Beca sabe que es necesario interrumpir la espiral de estrés en la que Chloe ha caído.
- ¿Chloe? – pronuncia su nombre de forma suave pero firme para llamar su atención –. Respira.
Inmediatamente escucha a Chloe exhalar al otro lado de la línea, seguido de una profunda respiración que va a ayudar a que se calme un poco y que sea capaz de centrarse en algo que no sea el pánico que siente.
- Paso a paso, ¿vale?
- Vale – suspira Chloe.
Beca se puede imaginar perfectamente su expresión a pesar de no tenerla delante: los ojos cerrados, el ceño fruncido, mordisqueándose el interior de la mejilla, frotándose las arrugas de preocupación que siempre se le forman en la frente.
- ¿Has hablado con tu jefa ya?
- Sí, sí, mmmm… – Chloe suena distraída, como si estuviera haciendo algo al mismo tiempo, pero pronto devuelve toda su atención a la conversación –. Me dijo que nos reuniremos vía Skype durante la semana que viene para organizarnos, y a la siguiente ya retomaríamos las clases.
- Y tienes aquí tu portátil y el disco duro, ¿no?, o… – agita una mano en el aire –, lo que sea que necesites para trabajar.
- Sí…
- Pues ya está – exclama Beca con simpleza –. Haz el check-out en el hotel y te vienes conmigo… – se corta a sí misma al darse cuenta de algo –. Tendrás que pasarte por Icarus primero a coger las llaves del apartamento.
Beca se suelta el botón que mantiene su americana abrochada y se reclina en su silla de cuero, las piernas estiradas frente a ella bajo la mesa y cruzadas a la altura de los tobillos.
- Bec, no sé… – suspira Chloe.
- Mira, si prefieres… – interrumpe la morena –. ¿Qué hora es?
Por algún motivo se mira la muñeca, como si esperase encontrarse un reloj allí, a pesar de que en su vida ha llevado reloj, y al final tiene que despegarse un instante el iPhone de la oreja para poder mirar la hora.
- Mmmm, tengo una reunión de plantilla ahora, pero puedo pedirle a Kyle que te vaya a buscar si no te sientes cómoda cogiendo un taxi… – ofrece, su mente ya funcionando a toda velocidad –. Pero tendría que ser ya, no vayan a poner controles de carretera o algo así.
- No sé si es buena idea – suelta Chloe de golpe, como si las palabras hubieran escapado de su boca, igual que alguien expulsa el aire de sus pulmones después de haberlo contenido un largo rato.
Beca se sienta recta y ladea la cabeza, confundida.
- ¿Cómo…? ¿Por qué no?
- ¿Porque cada vez que nos vemos acabamos teniendo intensas noches de sexo? – es la respuesta de Chloe.
- ¿Intensas noches…? – repite Beca, pero es incapaz de terminar la frase porque le puede la risa. Suelta una sincera carcajada y sacude la cabeza –. Se nota que has estado tres años teniendo solo sexo hetero, Chlo – se burla con dulzura.
Solo escucha un pequeño sonido de queja por parte de su mejor amiga, aunque no le queda del todo claro si es por la burla o porque acaso pretende desmentir lo del sexo hetero.
- No soy un tío, Chlo – le recuerda en tono ligeramente condescendiente –. Mi hospitalidad no va condicionada de que te acuestes conmigo, no tiene por qué pasar nada que tú no quieras que pase.
- No soy yo… – pero Chloe se corta a sí misma con un suspiro frustrado que intriga a Beca.
- No, termina la frase – pide.
Al otro lado de la línea se hace un silencio tan prolongado que Beca comprueba dos veces que no se haya cortado la llamada por error, o que no haya vuelto a presionar el botón de colgar accidentalmente con la mejilla.
- Tengo una confesión que hacer – una vez más, Chloe exhala las palabras, como si tuviera miedo de que no fuera a ser capaz de decirlas en caso de ir más despacio.
Beca frunce el ceño, pero no dice nada.
- Escuché lo que le dijiste a Jesse anoche – continúa –. Lo de que no creías que volviera a repetirse.
Una bombilla se enciende en el interior de la cabeza de Beca, y la confusión es sustituida por la comprensión cuando se da cuenta de todo el número de ideas equivocadas que Chloe pudo hacerse a raíz de escucharle decir eso.
- Y no quiero que la convivencia forzada nos empuje a hacer algo o… – Chloe suspira, y Beca visualiza a la perfección el encogimiento de hombros que lo acompaña –. No sé – admite al final –. No quiero que sea raro.
- Vale, quiero dejar claras dos cosas – Beca responde con tranquilidad, porque es la única forma de manejar un malentendido como este –. La primera: que solo dije eso para que me dejara en paz.
Apoya un codo en el posabrazos metálico de su silla para frotarse la frente con los dedos.
- Jesse… No sé qué se cree que pasa entre nosotras, pero está muy equivocado. Y a veces cuando se pone en modo sobreprotector resulta muy agobiante.
Chloe emite un vago sonido que puede ser de afirmación, de disconformidad, o algo completamente diferente que solo ella entiende.
Beca prosigue sin darle muchas vueltas:
- Y segundo: tú misma dijiste que solo sería raro si nosotras dejábamos que lo fuera. Para mí no lo es, es lo más sensato – asegura –. Si te crees que voy a dejar que estés pagando un hotel de 100$ la noche cuando tengo una habitación de invitados vacía en mi casa…
Frunce el ceño y sacude la cabeza cuando se da cuenta de que su planteamiento está equivocado.
- ¡Y aunque no la tuviera! – exclama –. Como si solo tuviera un viejo sillón o la mitad de mi cama, no pienso dejar que pagues un hotel cuando te puedes quedar conmigo – emite un sonido de negación cargada de indignación –. Ni de coña – reitera.
Escucha una suave risa al otro lado de la línea y sabe que ha ganado la discusión.
- Así que vete haciendo a la idea, y vete haciendo las maletas, que te vienes a vivir conmigo – dice en tono burlón –. Por lo menos hasta que se abra un hueco en un vuelo a Nueva York.
- Vale, vale – ríe Chloe –. Pero deja tranquilo al pobre Kyle, voy en taxi.
- Lo que quieras, pero ven.
Chloe suelta una carcajada.
- Te vas a arrepentir de esto, Mitchell…
Y quizá tuviera intención de hacerlo sonar como una amenaza, o como una advertencia, pero a Beca le suena más bien como una promesa llena de veladas insinuaciones.
Un escalofrío de excitación recorre su cuerpo.
A/N: Y por fin llegamos al capítulo y a la trama conflictiva. Imagino que algunx de vosotrxs ya habréis captado los pequeños detalles que presagiaban este capítulo.
Me replanteé… no os exagero ni un poco si os digo que cerca de mil veces el tema de meter la cuarentena en esta historia porque, oye, yo os entiendo. Venís aquí a leer fics de un mundo idílico y lo último que queréis es oír hablar de nuestra querida Miss Corona. Para eso ya tenemos la vida real, que está hasta en la sopa.
Pero es que me venía tan tan tan tan tan bien para la trama. Pero tan tan tan tan tan bien. Que al final no pude desaprovechar la oportunidad y tuve que usarlo a mi favor. Algo bueno tenía que salir de todo esto, digo yo, ¿no creéis?
Os prometo que tampoco va a tener mucho protagonismo, de hecho ni siquiera menciono nunca a Miss Corona. Así que nada, espero que podáis darme esta pequeña satisfacción y aguantar un poco más de la misma conversación de siempre desde hace un año.
Espero que estéis todos bien.
Seguid quedándoos en casita (si podéis), seguid usando mascarillas, seguid teniendo cuidado.
Paz y amor
