A/N: Sé que está mal visto tener a un favorito de entre todos los hijos. Pero, aceptémoslo, los padres los tienen y yo también. Y este es mi capítulo favorito.


Capítulo 16: Sorprendentemente, no estaban en mis tetas

Icarus, Los Ángeles

13 de octubre de 2026, 14:14h

Chloe se da cuenta, mientras el ascensor trepa a alta velocidad por los pisos del edificio para llevarla a su destino, de que esta es la primera vez que va a pisar la discográfica de Beca.

El tema de vivir en lados opuestos del país es que las raras veces que Chloe tenía tiempo libre y lo aprovechaba para ir de visita, Beca siempre se aseguraba de dejarse esos días totalmente libres para pasarlos enteros con ella.

Lo cual significaba que había gran parte de la vida diaria de Beca que Chloe apenas conocía.

Estuvo ahí cuando Beca le contó que estaba considerando seriamente ir por su cuenta en cuanto terminase su contrato con We The Best, estuvo ahí para opinar sobre los diferentes nombres y logos, estuvo ahí durante la búsqueda de oficina.

Pero Chloe no vio más que el espacio vacío y su imaginación corrió libre a partir de los planes que Beca tenía para organizarlo todo.

Puede hacerse una vaga idea de cómo es Icarus, al fin y al cabo, ha visto partes aquí y allí gracias a Instagram; pero en cuanto el ascensor se detiene y las planchas metálicas se deslizan para abrirse, descubre que sus ideas no hacían ni un ápice de justicia a la realidad.

La oficina es amplia y luminosa gracias a que las paredes, exceptuando las ventanas a la derecha y la que limita el espacio por la izquierda, son de vidrio templado; y la madera del entarimado y de todas las piezas de mobiliario le dan un toque cálido y acogedor.

Inmediatamente se nota el mimo que Beca puso en cada detalle.

Chloe comprueba una vez más el código de seguridad que Beca le mandó por mensaje y lo introduce en el teclado electrónico que controla la puerta de entrada. La cerradura se abre con un click y Chloe entra a la recepción.

No hay nadie tras la mesa, de hecho, no hay nadie en toda la oficina a simple vista.

Sus pasos se vuelven algo tentativos cuando entra en la zona abierta donde están todas las estaciones de trabajo, porque a pesar de que Beca le dijo que pasase sin miedo, no puede evitar sentir que no debería estar aquí.

Tiene la misma sensación que tendría si se hubiera quedado en un centro comercial después de cerrar, y casi espera que en cualquier momento salga un guardia de seguridad de algún lado y la escolte hasta la salida.

Siguiendo las instrucciones de Beca, pasa de largo al lado de las escaleras suspendidas que sabe que conducen al segundo piso, donde están todos los estudios de grabación.

Ya cuando está a la mitad del recorrido escucha la voz amortiguada de Beca y se deja guiar por ella en esos últimos pasos.

A su izquierda aparecen las paredes acristaladas de una sala de conferencias, con la larga mesa ovalada llena de papeles, portátiles y agendas, y las sillas ocupadas en su totalidad por todas las personas que forman parte de Icarus.

La atención de todos está fija en el mismo punto de modo que, naturalmente, la mirada de Chloe también se desvía hacia allí y…

Se le corta un momento la respiración.

Es la combinación fatal de Beca + lo que lleva puesto + su postura en ese preciso momento, lo que le roba a Chloe el aliento.

Va vestida en unos ajustados pantalones de traje negros de tiro alto, con una camiseta de licra blanca, básica, pero con un generoso escote redondo que se pega a su cuerpo como una segunda piel, y una blazer negra con finas rayas blancas.

Tiene ambas manos metidas en los bolsillos de sus pantalones, la barbilla alzada mientras parece estar considerando algo a lo que pronto pone solución a juzgar por los asentimientos de todos los presentes en la reunión.

Chloe traga saliva, inmóvil en el sitio.

A estas alturas ya es conocido por mucha gente que Chloe tiene cierto… ¿gusto?, ¿debilidad?, ¿fetiche?, ¿inclinación?, por personas atractivas que están en posición de poder y lo ejercen bien.

Con Beca era algo que le pasaba repetidamente durante sus años como co-capitanas de las Bellas. Chloe no exageró cuando meses atrás le dijo a la morena que a veces tenía que excusarse e ir al baño solo para coger aire.

Nunca llegó a masturbarse, pero mentiría si la idea nunca se le pasó por la mente, solo que la apagaba con agua helada del grifo.

Y algo en ver a Beca totalmente inmersa en su elemento, con su traje y de pie frente a una mesa llena de gente, dominando su atención con la comodidad y facilidad que solo tienen los líderes naturales, devuelve a Chloe de golpe a Barden.

Siente una agitación en su estómago, un estremecimiento de puro deseo.

Tiene ganas de girar sobre sus talones, dar media vuelta, salir corriendo de allí y esperar a que Beca acabe la reunión para entrar casualmente como si acabase de llegar.

Sin embargo, lo que hace es quedarse parada en medio del espacio abierto, incapaz de hacer otra cosa que no sea babear.

Por suerte y por desgracia, Beca se fija en ella cuando su mirada se desvía mientras un hombre toma las riendas de la reunión por el momento y se pone en pie para explicar algo a los demás.

Por suerte, porque acude a su rescate con una sonrisa y un gesto de la mano que indica que espere un segundo, e intercambia unas rápidas palabras con su plantilla antes de salir a su encuentro.

Por desgracia, porque Chloe puede ver en la curva de la sonrisa de Beca, en la forma en que le lanza miradas furtivas mientras habla, que se ha dado cuenta de que Chloe la encuentra muy sexy ahora mismo.

Beca sale de espaldas, empujando la puerta de cristal con el culo para abrirla, mientras se ríe de algo que le han dicho y escribe rápidamente en su móvil.

- Portaos bien – dice a modo de despedida con un último gesto burlón de la mano.

Se gira hacia Chloe con una amplia sonrisa, guardando el iPhone en el bolsillo de sus pantalones y dejando la mano ya dentro. Ladea la cabeza en dirección a su oficina, en la pared opuesta, para que Chloe la siga.

- ¿Seguro que no prefieres acabar la reunión? – pregunta cuando Beca pasa a su lado, adaptándose al ritmo de sus pasos con facilidad –. A mí no me importa esperar en tu oficina...

Algo cruza por la mirada de Beca, veloz como un relámpago, oscureciendo su azul medianoche a su paso, y esa es toda la prueba que Chloe necesita de que Beca se ha dado cuenta de cómo le ha afectado verla así.

Beca carraspea y hace un gesto descuidado con su mano.

- No pasa nada – asegura con un encogimiento de hombros despreocupado –. Esta es como la cuarta reunión del día... Creo que pueden apañarse sin mí durante diez minutos – bromea.

- ¿Diez minutos? ¿Tanto tardas en darme unas llaves? – Chloe arquea una ceja y su sonrisa se tuerce –. ¿O es que tienes otros planes en mente para mí?

- No sé, Chlo. Dime tú qué tienes en mente – Beca devuelve el golpe sin dudar ni un solo instante, con una confianza y un desparpajo al que Chloe está tan poco acostumbrada que hace que pierda ligeramente el ritmo de sus pasos.

Beca se adelanta, lanzándole una mirada sabedora por encima del hombro, y da un tirón enérgico del manillar metálico para abrir la puerta de su oficina.

- Mejor que no – ríe Chloe, aunque siente los estragos de la insinuación de Beca en su cuerpo igual que las consecuencias de un terremoto.

Lanza una sonrisa agradecida cuando Beca le indica que pase ella primero y gira sobre sus talones para absorber cada pequeño elemento de la oficina de Beca.

- Las paredes de cristal no aportan mucha privacidad precisamente – hace un gesto circular con la mano que abarca el espacio entero.

Beca ríe y sacude la cabeza. Rodea su elegante mesa de cristal y observa el desorden que está esparcido a lo largo de toda la superficie con el ceño fruncido, probablemente tratando de recordar dónde dejó las llaves.

Se deja caer en su silla de cuero y empieza a mover cosas de un lado para otro.

- Siéntate – ofrece, señalando con un manojo de cables enredados hacia las sillas que Chloe tiene delante.

- Qué formal – le pica Chloe, aunque toma asiento.

Beca solo pone los ojos en blanco y procede a tirar los cables de cualquier manera dentro del cajón de arriba del todo, cerrándolo con un silencioso woosh de los muelles.

- ¿Tuviste algún problema para llegar hasta aquí? – inquiere de manera distraída mientras levanta una pila de papeles para mirar debajo.

- No, qué va – Chloe sacude la cabeza en una negativa y se desliza hasta el borde de la silla para estar más cerca de la mesa y poder ayudar a Beca –. Realmente lo más complicado fue encontrar un taxi.

Beca resopla una risa y levanta una pila diferente de papeles, sin suerte.

Viendo el estado de caos absoluto en el que está sumida la superficie de su mesa, van a tardar un largo rato en encontrar dónde se esconden las llaves. Y Chloe no tiene prisa alguna. Si por ella fuera, podrían pasarse la tarde entera buscando.

Pero Beca tiene una sala llena de gente esperando por ella.

Así que Chloe toma una decisión que, en retrospectiva, quizá no fue la más brillante de toda su vida, pero sí efectiva.

Deja que su culo resbale hacia delante por el borde de la silla hasta que cae de rodillas sobre la mullida alfombra que cubre esa zona del despacho, y agacha la cabeza lo suficiente para colarse por debajo del cristal de la mesa.

- ¿Qué haces? – ríe Beca, algo confundida al verla desaparecer de repente.

- Aprovechar que la mesa es transparente – es la respuesta algo ahogada de Chloe.

Tiene que retorcer un poco el cuello para poder mirar hacia arriba desde esa posición, pero se las apaña con relativa facilidad y pronto tiene localizadas las llaves: están en una esquina, bajo unas cartas y tras una torre de CD.

Apoya el talón de la mano en el borde de la silla de Beca, entre sus piernas relajadas, que se tensan de inmediato por lo inesperado del movimiento.

- ¿Chloe? – pregunta Beca, y su voz suena cómicamente aguda en la segunda sílaba por el nerviosismo.

Estira el brazo ejerciendo fuerza para desplazar la silla hacia atrás sobre la gruesa alfombra, y avanza de rodillas un par de pasos hasta que asoma un poco por el lado opuesto de la mesa.

- Chloe…

Su nombre suena a la vez como una advertencia, una exclamación de pánico y un jadeo en labios de Beca.

Es lo que le hace alzar la mirada hacia la morena, y descubre, cuando ya es demasiado tarde, que ha sido un error: a pesar de la confusión y los nervios, los ojos de Beca se han vuelto de un tono oscuro que a Chloe ya le es familiar.

Beca traga saliva cuando sus miradas se cruzan y la punta de su rosa lengua asoma entre sus finos labios para humedecerlos en un gesto inquieto.

La boca de Chloe cae abierta, ligeramente, en un "oh" de sorpresa y comprensión que muere en su garganta repentinamente seca, y parpadea al darse cuenta de la posición comprometida en la que están.

Por mucho que hubiera bromeado con el tema minutos antes, Chloe no lo ha hecho adrede. No estaba pensado en nada más que en encontrar las llaves pronto para que Beca pudiera continuar con su trabajo.

No entraba en sus planes acabar arrodillada frente a Beca, entre sus piernas abiertas, en su oficina, como si estuvieran a punto de cumplir una de sus más recientes fantasías.

Acordándose de que las paredes del despacho de Beca son de cristal y la escena puede no parecer tan inocente a cualquiera que las vea, Chloe se incorpora como un resorte. Claro que, no cuenta con que todavía está debajo de la mesa y se golpea la coronilla de la cabeza con un sonoro gong.

- Ow – se queja, guiñando los ojos y llevándose una mano a la zona, que escuece bajo el roce delicado de sus dedos.

La expresión de Beca se transforma en una de alarma y empuja la silla una considerable distancia hacia atrás para poder inclinarse hacia delante. Los brazos extendidos, sus manos se curvan en los bíceps de Chloe para guiarla fuera de esa trampa mortífera que tiene por mesa.

Chloe gatea hasta que puede estirarse, y ya no sabe si frotarse la coronilla o el cuello dolorido por estar retorcida.

- ¿Estás bien? – pregunta Beca, y aunque su tono es divertido, en su voz todavía se pueden escuchar los restos del calentón provocado por ese malentendido.

- Creo que sí – Chloe resopla una risa –. Parecía una buena idea en mi cabeza.

- Ah, sí – Beca asiente, burlona –. El escándalo público y el masoquismo siempre parecen una buena idea.

Chloe le lanza una mirada poco impresionada y se alza sobre las rodillas, arqueando la espalda con ambas manos sobre sus lumbares para estirar sus músculos agarrotados. Cuando acaba, ve la mirada de Beca saltar de su pecho, a un punto indefinido de su despacho, de vuelta a su rostro.

Suprime una sonrisa, mordiéndose los labios, y se vuelve hacia su derecha para tantear con una mano tras la torre de CD.

- Encontré las llaves, por cierto – anuncia instantes antes de que sus dedos tropiecen con la anilla metálica del llavero y las alce en el aire con un tintineo triunfal.

- Mira qué bien – exclama Beca, demasiado petulante para alguien a quien acaban de pillar en pleno repaso.

- Sí… Sorprendentemente, no estaban en mis tetas – se burla Chloe con una mirada sabedora.

Beca abre la boca en una exclamación silenciosa de ofensa.

- ¡Oye!

- Perdona, no he sido justa. Si no fuera por ti a lo mejor nunca habría sabido dónde buscar si me hubiera desaparecido el sujetador.

- ¡He mirado una vez! – exclama Beca, recalcando la cifra al agitar su dedo índice estirado frente a la cara de Chloe, que ríe y lo aparta de un manotazo –. ¡Una vez! Mientras que

- No soy un tío, Chloe – la interrumpe con su imitación, usando una ridícula voz aguda que no se parece en nada a la de Beca, pero es gracioso verla indignarse –. Puedo controlar mis hormonas…

- Y las tengo controladas, eres quien tiene que controlar las suyas.

Chloe arquea las cejas y se lleva una mano al pecho, señalándose a sí misma, con una expresión de absoluta inocencia que no engaña a nadie y mucho menos a Beca.

- Sí, – la morena le lanza una mirada –. Llevas haciéndome ojitos desde que llegaste, y luego vas y te metes entre mis piernas y me pones tus tetas en toda la cara – agita ambas manos curvadas frente a su rostro.

- Pobrecita – se burla Chloe entre risas.

- Pues sí, estoy empezando a lamentar mi decisión de poner las paredes de cristal.

Chloe ladea la cabeza, curiosa, y siente cómo una sonrisa perversa se va expandiendo lentamente por sus labios hasta estirarlos por completo.

- ¿Habrías hecho algo si no fueran de cristal?

Beca resopla una risa y sacude su cabeza en una negativa.

- No voy a contestar a esa pregunta.

- Sabes que no contestar es una respuesta en sí, ¿verdad?

Beca pone los ojos en blanco, pero se mantiene firme en su decisión de no darle más bola a Chloe, para deleite y fastidio de esta.

- Ahora, ¿quieres por favor levantarte del suelo? – le pide con cierta exasperación en su tono –. No puedo mantener una conversación seria contigo entre mis piernas.

Chloe deja escapar una sincera carcajada y empieza la complicada tarea de incorporarse sobre sus rodillas, adormiladas por la falta de riego sanguíneo tras soportar todo el peso de su cuerpo durante un largo rato.

Sin embargo, algo que dice Beca hace que todos sus movimientos se corten de golpe:

- ¿O prefieres que te lo ordene?

Alza la cabeza para mirar a la morena y se encuentra con su sonrisa perversa que, en el momento en que sus miradas se cruzan, se parte para dejar escapar una sonora carcajada, y se deja caer contra el respaldo de su silla.

Chloe chasca la lengua con desaprobación, a pesar de que tiene que contener las ganas de unirse a ella, y le da un empujón hasta que Beca se está riendo con la pared.


CA-110, Los Ángeles

13 de octubre de 2026, 14:53h

No es hasta que Chloe está avanzando lentamente por la atascada autopista en el lujoso interior del Lexus de Beca, el cual la morena insistió en que se llevase para no sufrir otra vez la odisea que supone encontrar un taxi libre hoy, que un pensamiento intrusivo se superpone a todos los demás.

Se pregunta si significa algo que encuentre a Beca tan atractiva.

Tamborilea los dedos sobre el volante de manera distraída mientras reflexiona seriamente.

Esto no es algo nuevo, no es algo que haya aparecido ahora a raíz de sus encuentros sexuales. Es algo que ha estado siempre ahí, desde el primer momento en que se fijó en Beca de entre los cientos de personas que estaban en la feria de actividades de Barden ese día.

Y, por supuesto, tuvo una gran importancia en que se enamorase de ella.

Si Beca fuera cualquier otra persona, Chloe ni siquiera estaría pensando en esto ahora. Sin embargo, y precisamente porque Beca no es cualquiera, sino su mejor amiga, es lo que le hace fruncir el ceño y mordisquear el interior de su mejilla.

Avanza para ocupar el espacio que ha dejado el coche de delante y vuelve a detenerse a una distancia prudente, aunque su mente está muy lejos de la conducción.

¿Son la atracción y la amistad conceptos mutuamente excluyentes, o pueden convivir en perfecta armonía sin problema alguno?

Chloe piensa en Aubrey, en cómo también es su mejor amiga desde hace años, en cómo también la encuentra atractiva, y en cómo, a diferencia de Beca, nunca ha sentido el impulso de hacer nada al respecto.

Entonces quizá el problema no es el atractivo, sino la atracción.

Al fin y al cabo los seres humanos somos seres emocionales, con sentido de la vista, y capacidad de admirar la belleza de todo lo que nos rodea.

Igual que somos capaces de maravillarnos ante una escultura de mármol, podemos reconocer los rasgos que nos gustan en el rostro de otras personas y apreciar su atractivo, sin que esto signifique que sintamos atracción por ellos.

Chloe se está planteando mal su pregunta: ¿qué significa que se sienta tan atraída por Beca que a veces tiene la impresión de que está al borde de la locura?

Recuerda su conversación con Jesse, tan lejana para su percepción por todo lo ocurrido en el día de hoy, pero que en realidad solo fue anoche, y en su insinuación de que Beca estaba ocultándole sus verdaderos sentimientos.

Lógicamente, no puede evitar preguntarse si a ella le está pasando lo mismo.

Si quizá se está mintiendo a sí misma, si quizá está tan cegada por las veces que se ha repetido que no significa nada que no puede ver que lo significa todo.

Pero antes de que Chloe pueda llegar a ningún tipo de conclusión importante, el atasco en la autopista se disuelve por arte de magia en cuanto superan una intersección, y el carril por el que circula queda despejado frente a ella.

- Ah, ¡por fin! – exclama al interior del Lexus.

Pisa el acelerador y destierra cualquier pensamiento de su mente que no esté relacionado con seguir las indicaciones del navegador del coche.


Torres Bunker Hill, Los Ángeles

13 de octubre del 2026, 20:16h

- Un día largo, ¿eh?

Beca se gira, sorprendida, al escuchar el comentario hecho en tono de simpatía, para mirar por encima del hombro hacia la mesa de la recepción de su edificio.

Al entrar había asumido que estaría vacía, que todos los conserjes se habrían ido ya a sus respectivas casas por el tema del confinamiento, de modo que ni siquiera se había molestado en mirar hacia su derecha y había entrado directa hacia el buzón.

Reconoce a George, el jefe de los conserjes, sentado en su silla habitual tras la recepción y Beca esboza una sonrisa cansada a modo de disculpa por haberle ignorado.

- No sabes cuánto... – resopla.

Coge los tres sobres y el folleto de comida a domicilio que esperan por ella en el sombrío interior de su buzón y cierra la cerradura con un giro de muñeca. Saca la llave, dejando que cuelgue de su dedo por la anilla.

- ¿Algo para mí? – inquiere, señalando con un gesto de barbilla hacia la estantería en la que guardan todas las entregas que no caben en el buzón.

- Ningún paquete – responde George, sacudiendo la cabeza –. Pero su, uh… – titubea solo un instante, inseguro sobre algo –, su pareja llegó hace unas horas.

Beca detiene todo movimiento de golpe y hace un pequeño gesto con su cabeza, una pequeña sacudida, como si no estuviera segura de haber escuchado correctamente. Frunce el ceño y avanza un par de pasos hacia la recepción.

- ¿Mi pareja? – su tono es confundido, si no algo divertido, porque no sabe cómo ha llegado a esa conclusión.

George asiente.

- ¿La chica pelirroja tan amable?

- Oh – la comprensión se abre paso por su rostro y Beca siente una risa nerviosa agitarse en su pecho, aunque no sabe por qué –. Chloe no... – va a desmentirlo, pero las palabras no parecen muy dispuestas a abandonar su boca y termina haciendo un gesto con la mano –. Vale, gracias, George.

El conserje esboza una sonrisa amable y golpea la visera del gorro que forma parte de su uniforme con el dedo índice.

- Descanse, señorita Mitchell.

- Tú también.

Beca deja escapar un largo y profundo suspiro que sale de lo más hondo de su alma en cuanto entra en el ascensor, y se deja caer contra la pared metálica del fondo, confiando en ella para mantenerla recta.

Ha sido un día eterno, y no puede esperar a llegar a casa por fin y dejar de existir.

Acaba de meter la llave en la cerradura, todavía no la ha girado ni ha hecho nada, y ya puede oír a Billie derrapar por el suelo de madera de su apartamento para venir a recibirla entre ladridos excitados.

Beca ríe y abre la puerta con cuidado de no darle en los morros. Billie salta alrededor de sus piernas, agitando su pequeña cola a tanta velocidad que no es más que un borrón blanco, y Beca se agacha en el umbral, con la puerta todavía abierta, a rascarle tras las orejas.

- Hola, hola, hola – murmura en voz baja para calmarla.

Es ahí cuando se da cuenta de que Chloe está tarareado algo de forma distraída en la cocina, y su voz flota hasta Beca igual que el canto de una sirena.

Curiosa, coge a Billie en brazos, riéndose cuando intenta lamerle la cara. Empuja con una mano su hocico para mantenerlo lejos de ella y cierra la puerta con un pie, dejando sus zapatos a un lado de la entrada.

Rodea la esquina hacia la cocina americana, descalza sobre el cálido suelo.

Encuentra a Chloe ya vestida en pijama: los pantalones cuelgan bajos de sus caderas, la camiseta húmeda en la zona de los hombros donde las puntas de su pelo mojado de la ducha están en contacto con la tela; ajena a su presencia en la casa porque lleva puestos los AirPods.

Se está preparando una infusión, volcando agua hirviendo de la tetera en una taza, sacudiendo la bolsita de hierbas, mientras tararea, meciéndose al ritmo de lo que está escuchando con los ojos cerrados.

Beca reconoce ahora la melodía: es una de sus canciones favoritas de Frank Ocean.

Chloe la ve cuando se mueve para coger algo con lo que endulzar su infusión, pero no se asusta, ni se sorprende, ni cuestiona por qué está ahí parada sin decir nada. Solo la recibe con una cálida sonrisa que se amplía cuando su mirada cae a Billie.

- Mis dos chicas – exclama con ojos brillantes de felicidad.

Su expresión es tan dulce que provoca un cálido tsunami en el pecho de Beca: la sensación de que algo está bien, de que es perfecto, de que pertenece.

La calidez se expande por su cuerpo, lo rodea, por dentro, por fuera, por arriba, por abajo, hasta que está en todas partes y se vuelve demasiado, demasiado calor, demasiado asfixiante, y su espalda se cubre de sudor frío.

De repente se le llena la garganta, la boca, de interrogantes, se atraganta con ellos; que poco a poco se van reconfigurando para formar letras desordenadas: una e, una t, una r, una o.

Beca se queda congelada en el sitio mientras intenta tragar saliva, sin interés alguno en descifrar el mensaje que su propio subconsciente está intentando mandarle desde hace semanas, meses. Hoy no tiene energía para tanta introspección.

Chloe echa una generosa dosis de sirope de agave en su infusión y cierra la tapa de plástico con un chasquido.

- Espero que no te importe pero he pedido pizza para cenar – informa Chloe, torciendo la boca –. Me apetecía algo grasiento y reconfortante.

Beca agradece la distracción que proporciona un tema de conversación tan banal y carraspea para limpiarse la garganta.

- Por mí genial – aun así, su voz suena un poco agarrotada, un poco temblorosa, y trata de disimularlo agachándose a dejar a Billie en el suelo –. ¿La has pedido con...?

- Sí, con champiñones.

- ¿Y con...?

- Aceitunas negras – interrumpe Chloe con una sonrisa sabedora.

Beca resopla una risa.

- Qué bien me conoces.

- Sé cuál es el camino más rápido a tu corazón, Mitchell – le regala un guiño juguetón –. Me debes un abrazo, por cierto.

- ¿Ah, sí? – Beca arquea una ceja.

Chloe emite un sonido de afirmación, y se acerca con pasos relajados y los brazos abiertos.

Beca se hunde en Chloe, agradecida, y la pelirroja enrosca sus brazos alrededor de su cuello para atraerla hacia su cuerpo. Suelta un suspiro satisfecho que Beca siente reverberar por su columna vertebral.

- Antes no te he abrazado para que no perdieras tu reputación de jefa poderosa frente a tus subordinados – murmura Chloe, sus palabras aplastadas por la forma en que tiene la mandíbula apoyada.

Beca ríe y, es extraño, pero puede sentir la sonrisa de Chloe en su hombro.

Intenta separarse, creyendo que ya han llegado al momento en el que el abrazo muere de forma natural, pero Chloe mantiene sus brazos firmes alrededor de su cuello y emite un sonido de negación acompañado de un chasquido de lengua reprobatorio.

- Quédate un ratito más – pide, suspirando.

Beca traga saliva, pero accede.

- Ah, esta es mi parte favorita – murmura Chloe de repente.

Beca no sabe a qué se refiere, pero su corazón da un brinco de todos modos y su ritmo solo se acelera cuando Chloe gira la cabeza, escondiendo el rostro en su cuello, y su nariz acaricia la sensible piel de esa zona.

Requiere de todo su autocontrol no estremecerse entera.

Sin embargo, Chloe solo quiere poder dejar uno de sus oídos al aire para quitarse el AirPod, que luego pone a Beca para que ella también pueda escuchar a qué parte de la canción se refiere, y Beca encuentra demasiado irónico que sea Self Control.

La música crece, llena de melancolía, y Beca asiente.

- También es la mía – murmura de vuelta con la boca seca.

Chloe solo responde con un suave "mmmm", como si ya lo supiera, y vuelve a quedarse en completo silencio mientras juntas disfrutan del final de Self Control.


Torres Bunker Hill, Los Ángeles

14 de octubre del 2026, 01:50h

Beca suspira y se tumba de espaldas, dejando caer los brazos dramáticamente a ambos lados de su cuerpo sobre el borde arrugado y abultado del nórdico.

Sus ojos, abiertos como platos a pesar del sueño que le pesa en los párpados, se centran en el techo de su habitación, en la falta de sombras, o grietas, o marcas de cualquier tipo con las que pudiera entretenerse hasta quedarse dormida.

Lleva lo que siente que es una eternidad dando vueltas en la cama, tratando de despejar su mente de los pensamientos ansiosos que revolotean por el interior igual que abejas hiperactivas y le espantan el sueño.

Es por eso por lo que escucha el suave tic tic tic de las uñas de Billie en el suelo de madera del pasillo, al otro lado de la puerta entrecerrada de su habitación.

Normalmente no le prestaría atención alguna porque, aunque es cierto que Billie suele dormir la noche entera de un tirón sin moverse de la cama, algunas noches se levanta para ir a beber agua en la cocina.

Sin embargo, esta vez el quedo golpeteo de sus uñas va acompañado del roce de pies descalzos, pies humanos, que recorren la corta distancia desde la habitación de invitados hasta la puerta de Beca, y se pausan ahí.

Beca gira la cabeza sobre la almohada hacia la derecha a tiempo de ver cómo la puerta de su cuarto se desplaza un par de centímetros hacia dentro, dejando solo una estrecha franja por la que se cuela un susurro:

- ¿Bec? – un segundo de silencio –. ¿Estás despierta?

- Sí – responde en una sonora exhalación.

Una mano se curva alrededor del borde de la puerta, empujándola hasta abrirla a la mitad, y el cuerpo de Chloe se escurre por el espacio antes de volver a entornar la puerta como estaba.

Se acerca hasta la cama con pasos inseguros y Beca se tumba de costado, su cuerpo alzado en un codo.

- No puedo dormir – confiesa Chloe en un susurro, la mirada gacha –. Estoy demasiado nerviosa.

Beca asiente, comprensiva, y tira de la esquina de su nórdico para echarlo hacia atrás, dando dos golpecitos con la palma de la mano en el espacio descubierto en una clara invitación.

Sin embargo, Chloe todavía no se ha metido en la cama, solo tiene una rodilla apoyada sobre el colchón, cuando Billie se debe creer que la invitación es para ella y se sube de un salto al sitio que Beca ha dejado libre para Chloe.

Ambas amigas se miran y dejan escapar unas risas cansadas.

Billie no se da por aludida y continúa caminando por la cama como si fuera suya. Pisotea el nórdico hasta encontrar una zona satisfactoriamente abultada, donde da un par de vueltas sobre sí misma antes de tumbarse y suspirar.

Chloe sacude la cabeza con cariñosa incredulidad y se desliza sobre la sábana bajera hasta acoplarse al cuerpo de Beca, que se amolda y se curva a su alrededor, encajando como dos piezas consecutivas de un puzzle.

Beca cubre sus cuerpos con las mantas de nuevo y cuela su brazo sobre el estómago de Chloe, tensándolo para pegarse a ella todo lo posible.

Su frente descansa en la nuca de Chloe, descubierta por el moño en el que se ha recogido el pelo, su nariz roza la piel de su cuello, sus labios la suave tela de la camiseta de su pijama, y cierra los ojos ante el familiar aroma de Chloe.

Echa la cabeza un poco hacia atrás para dejar un dulce beso en la base del cuello de Chloe, justo donde se junta con el borde de su camiseta, y vuelve a colocarse como antes.

- ¿Mejor? – murmura.

Chloe deja escapar una sonora exhalación, como si hubiera estado conteniendo la respiración.

- Sí – admite a media voz –. Mucho mejor.

Y así es como, con Billie a sus pies, abrazadas bajo las mantas, ambas logran quedarse dormidas por fin.