A/N: Un tip para leer este capítulo.

¿Sabéis el beso entre Megan Fox y Amanda Seyfried en Jennifer's Body? Pues eso. Tenedlo en mente.


Capítulo 17: ¿Una ya no puede ir a hacer pis en paz?

Torres Bunker Hill, Los Ángeles

14 de octubre del 2026, 05:13h

En cuanto Chloe abre los ojos, sabe de inmediato, por el cansancio de su cuerpo y la escasa luz gris que se cuela desde detrás de las cortinas, que es demasiado pronto para estar despierta en un día en el que no tiene ningún sitio al que ir.

¿El problema? Su vejiga no opina lo mismo.

Debate consigo misma unos largos minutos si realmente le compensa ir a hacer pis ahora mismo o si es mejor aguantar un par de horas más hasta que tenga ganas de levantarse.

Al final la tensión en su estómago gana la partida y, con un silencioso suspiro frustrado, aparta las mantas de su lado de la cama para sacar los pies al exterior, frío en contraste con el calor acumulado por Chloe y Beca a lo largo de la noche.

Con paso inestable y grogui, recorre el —afortunadamente— escaso camino hasta el baño adyacente y entrecierra la puerta tras ella para no despertar a Beca al hacer pis.

Se mueve rápido para no perder el hilo del sueño, y pronto vuelve a estar arrebujada bajo las mantas. Se tumba sobre su costado izquierdo, mirando hacia Beca, que está tumbada en posición idéntica en el lado opuesto de la cama, y Chloe tiene que taparse la boca para no reírse.

Acaba de darse cuenta de que, en algún punto de la noche, Billie se coló con ellas bajo las mantas en busca de calor y, ahora, es a Billie a quien Beca está abrazando. El animal tiene su cabeza colocada a su lado en la almohada como si de un humano más se tratase.

Los pelos de sus orejas hacen cosquillas a Beca, que arruga la nariz y se rasca con los nudillos de una mano con algo de torpeza. Sus labios se despegan ligeramente cuando arrastra la mejilla sobre la almohada para recolocar su cabeza.

Chloe aprieta los labios al pensar si Beca se cree que lo que le está haciendo cosquillas es el pelo de Chloe.

La imagen es demasiado adorable como para dejarla pasar sin hacer nada, y Chloe coge prestado de la mesilla el móvil de Beca, abriendo la cámara para sacar un par de fotos rápidas que inmortalicen este momento.

Billie abre un ojo, mirándola de rabillo como si presintiera lo que está haciendo, pero parece decidir que, mientras la siga dejando dormir tranquila, no tiene problema alguno con ello.

Todavía sonriendo ampliamente, Chloe devuelve el iPhone a la mesilla. Contiene un bostezo y se recoloca en el colchón hasta encontrar una posición cómoda. Cierra los ojos, pero los vuelve a abrir casi de inmediato.

Hay algo que la está molestando, y no está segura de qué es.

Observa la figura durmiente de Beca en el otro extremo de la cama, pero no cree que sea la distancia entre ellas. Nunca aguantan la noche entera en brazos de la otra, ambas son de moverse y cambiar de postura, y lo más habitual es que despierten cada una por su lado.

Alarga una de sus piernas hasta cruzar la distancia que las separa y los dedos de su pie se doblan contra la espinilla de Beca.

No, definitivamente no es eso.

Sin embargo, pronto encuentra su respuesta cuando su reacción natural es fruncir el ceño al sentir la tela de los leggins que Beca usa para dormir a modo de pantalones de pijama, en lugar de la cálida y suave piel de su pierna.

Es extraño lo extraño que ahora le resulta dormir con Beca estando completamente vestidas.

Es extraño lo rápido que te puedes acostumbrar a algo que solo ha ocurrido un par de veces.

Beca debe presentir la presencia del pie de Chloe porque, entre sueños, lo abraza entre sus piernas. Y solo con ese pequeño gesto ya es capaz de calmar a la pequeña voz irritada que susurra en el fondo de la cabeza de Chloe.

Hunde su rostro en la almohada con un profundo suspiro de satisfacción.


Torres Bunker Hill, Los Ángeles

14 de octubre del 2026, 07:27h

El sol entra a raudales por los ventanales del salón y baña la mesa de cristal en la que Beca está sentada en una calidez que, sumada al aroma a café recién hecho y la taza que reposa entre sus manos, podría arrullarla de vuelta al sueño.

Sin embargo, su portátil, abierto frente a ella en pleno haz de luz solar, emite tres tonos seguidos de notificación y le recuerda el motivo por el que está despierta tan pronto cuando no tiene que ir a trabajar.

Y, en especial, el motivo por el que ha salido de la cama esta mañana cuando todo ella le pedía que se quedara un rato más en brazos de Chloe.

Beca ve los emails nuevos aparecer en su bandeja de entrada, ya de por sí sumida en el caos más absoluto, y deja escapar un largo suspiro que parece salido directamente de lo más profundo de sus huesos.

Coloca la taza de café a medio tomar encima de su agenda cerrada para tener las manos libres y pincha en uno de los cien emails sin leer que le han llegado a lo largo de la noche, asunto: renegociación términos de contrato.

Solo el asunto ya le roba toda la energía del cuerpo, y no es capaz de pasar de las dos líneas leídas antes de dejarse caer sobre el duro respaldo de la silla, la mirada fija en el techo del salón.

La pantalla de su iPhone se ilumina y Beca agradece la distracción.

Kyle (07.30)

Dame 10-15 minutos!

Beca (07.30)

Por mí como si quieres tardar una hora

Así tengo una excusa para seguir postponiendo responder a todos estos emails

Kyle (07.32)

En fin…

Voy a meterme café en vena

Te llamo por Skype en cuanto acabe

.

Justo entonces escucha el roce de los pies descalzos de Chloe en el suelo, y en los cristales de los ventanales hacia los que está mirando su silla puede entrever el reflejo de la pelirroja acercándose a ella por su espalda.

Beca se olvida por completo de responder a Kyle.

Una cálida mano se posa en su hombro izquierdo y se desliza hacia el derecho en una caricia mientras Chloe la rodea para tomar asiento en una de las tres sillas que quedan vacías.

- Buenos días – saluda Beca.

Chloe parpadea sus ojos adormilados hacia ella y responde con un amplio bostezo que su mano apenas es capaz de cubrir. Beca alza su taza de café con intención de ocultar su sonrisa dando un trago, pero Chloe se la roba literalmente de las manos.

La pelirroja se lleva el borde de cerámica a la boca y su rostro se transforma en una mueca de asco cuando el toque amargo del café solo golpea su lengua.

- Hay más en la cafetera, ¿sabes? – se burla Beca, señalando hacia la encimera de la cocina con un gesto de cabeza.

- Menos mal – suspira Chloe llena de alivio.

Le devuelve la taza, dirigiéndose inmediatamente a por una dosis de cafeína hecha a su gusto, mientras Beca ríe y sacude la cabeza para sí misma. Da un sorbo a su café caliente y se encoge de hombros, sin entender por qué Chloe lo encuentra tan repelente.

Apenas ha logrado avanzar dos líneas más en la lectura del email que tiene abierto en su Mac cuando Chloe reaparece a su lado con expresión de absoluta felicidad.

Se acoda sobre la mesa de cristal con su taza de café con leche humeante entre las manos, absorbiendo todo el calor que desprende a través de sus palmas, y cierra los ojos para inhalar el agradable aroma.

- ¿Mejor? – inquiere Beca con una risa.

Chloe solo responde con un "mmhh" afirmativo, su boca ocupada por el largo trago de café que acaba de dar. Echa la cabeza hacia atrás, sacudiéndola casi con incredulidad, y de su pecho escapa un obsceno gemido de placer.

La mirada de Beca recorre la piel expuesta de la garganta de Chloe y siente un hormigueo recorrer sus labios al recordar el sabor salado de su piel sobre su lengua, la vibración de sus gemidos sobre sus labios.

Cientos de imágenes asaltan su memoria, se reproducen tras sus párpados y se quedan grabadas en ellos a fuego para que pueda verlas cada vez que parpadea.

Las siente instalarse en su garganta también, apelotonarse en el estrecho conducto, mezclarse con la pelota de interrogantes que vive permanentemente allí, y traga saliva en un intento de deshacerse de ellas.

Cuando esto no funciona, carraspea y se termina de un solo trago lo que le quedaba de café.

Fuerza el líquido, todavía excesivamente caliente, a que baje por su garganta, abrasándola. Sofoca una tos instintiva y reza para que prenda fuego a todo lo que allí se encuentra atascado, para que solo deje cenizas a su paso.

Espera que sirva para disimular el rubor que puede notar expandiéndose por sus mejillas.

Chloe suspira, descansando la barbilla sobre su mano, y clava sus dulces ojos azules en Beca con un revoloteo perezoso de sus pestañas.

- Te quiero – murmura en tono feliz.

Beca negará hasta la saciedad que su corazón se salte un par de latidos al escuchar esas palabras de labios de Chloe.

Desvía la mirada hacia algo seguro, algo que no haga que todo su cuerpo empiece a temblar, y encuentra un repentino y completamente falso interés en el email que lleva diez minutos intentando leer sin mucho éxito.

- Es el café el que habla, no tú – desestima con un resoplido, y se dice a sí misma que ese sabor amargo que tiene en la boca es también culpa del café.

Le preocupa que esa amargura haya traspasado a su tono sin que esa fuera su intención, pero se tranquiliza al comprobar por el rabillo del ojo que la expresión relajada de Chloe sigue igual.

- Puede… – acepta Chloe con un movimiento de cabeza y una sonrisa reservada.

Beca renueva sus esfuerzos con el email, convenciéndose de que no es decepción eso que nota en el fondo del estómago.

- Pero también tengo muchas ganas de besarte ahora mismo – confiesa Chloe en un susurro.

Beca casi sufre un espasmo ahí mismo.

Su corazón se lanza de forma violenta contra sus costillas, como si estuviera tratando de escapar de su prisión de carne y hueso para trepar por su garganta, y, muy a su pesar, se gira hacia Chloe con una rapidez que delata demasiadas cosas sobre Beca.

Los ojos de Chloe ya están fijos en ella: relucen con un brillo pícaro, pero son apenas unos granos de sal en medio de un mar de algodón de azúcar azul.

Chloe está siendo sincera.

Y Beca no sabe muy bien cómo sentirse al respecto.

No sabe qué significa que se alegre de oír eso, no sabe qué significa que esa confesión tan inocente sea capaz de trastocarla por completo, no sabe qué significa que sus dedos tiemblen y su boca esté seca y su pecho duela por todo el anhelo que debe contener en su interior.

Pone los ojos en blanco en una reacción que llega unos segundos demasiado tarde y a la que le falta firmeza.

Con dedos algo temblorosos, coge su taza de la mesa y se levanta de la silla con toda la intención de ir directa a la cocina a enjuagarla en agua.

Sin embargo, tan solo ha dado dos pasos cuando su cuerpo parece cambiar de idea: se queda parada al lado de la silla de Chloe de manera tan brusca que se balancea en el sitio por la inercia, como si fuera un clip que ha entrado en el campo magnético de un imán.

Gira la cabeza y, en el momento en que su mirada se cruza con la inquisitiva de Chloe, ya sabe lo que va a pasar.

Beca piensa que, en realidad, estaba condenada desde el momento en que Chloe pronunció las palabras en voz alta.

Un paso la acerca todo lo físicamente posible a Chloe. Su rodilla derecha golpea el metal que recubre el asiento de la silla, y la izquierda se cuela entre las piernas de Chloe, que se abren de manera automática para acomodarla.

La confusión desaparece del rostro de la pelirroja cuando se da cuenta de lo que está a punto de pasar y es sustituida por excitación, que chisporrotea en su azul bebé igual que los fuegos artificiales.

Si Beca hiciera caso a sus hormonas, al deseo que arde a fuego lento en la parte baja de su abdomen, se dejaría caer ahora mismo en el regazo de Chloe y le daría un beso que les robara el aire a las dos y les hiciera olvidar sus nombres.

Pero quizá sea lo pronto que es en la mañana, quizá sea el propio barullo de emociones que se agita en su pecho, o quizá sea que Chloe tiene un aspecto casi etéreo, con sus cabellos cobrizos bañados en sol y sus ojos tan azules y esa sonrisa…

Esa sonrisa.

Beca no sabe por qué, pero siente la inexplicable urgencia de ser delicada.

Alza una mano y sus yemas rozan la mejilla de Chloe en una suave caricia, enredándose en un sedoso mechón de pelo, curvándose hasta acunar su pómulo.

Los ojos de Chloe caen cerrados y, antes de que Beca sea consciente de haber tomado decisión alguna, su pulgar ya está recorriendo la sensible piel de los labios de Chloe, que se entreabren cuando coge una respiración sorprendida.

Beca se inclina sobre Chloe y sus bocas se encuentran en un beso corto, casi tentativo, tímido.

Parece el primer beso de dos niños, de dos adolescentes que por fin encuentran el valor suficiente para intercambiar algo más que breves miradas llenas de anhelo, y no el beso entre dos adultas que han tenido sus bocas en partes menos inocentes del cuerpo de la otra.

Antes de que su autocontrol se le vaya de las manos, Beca se retira.

Sin embargo, no llega lejos.

Chloe no le deja llegar lejos.

Porque, en un rápido movimiento, se desliza hasta que está sentada en el mismo borde de la silla y sus manos se curvan en la parte trasera de los muslos de Beca para que no escape. Estira la espalda, el cuello, todo lo que es capaz para volver a atrapar los labios de Beca en un nuevo beso.

Beca casi gime, pero se traga el sonido justo a tiempo y se abandona al lento roce de la boca de Chloe sobre la suya.

Su otra mano encuadra la mandíbula de Chloe, rodea su cuello hasta colarse entre sus mechones de pelo, forma un puño aflojado alrededor de ellos para mantenerla cerca y, en respuesta, las manos de Chloe trepan por sus piernas hasta quedarse justo por debajo de su culo, sin tocarlo.

Ninguna de las dos parece especialmente interesada en volver este beso en algo sexual.

Se separan un instante, cuestión de un par de segundos, en el que comparten sus agitadas respiraciones, y cuando vuelven a unirse Beca recibe a los labios de Chloe con una sutil caricia de la punta de su lengua.

Beca nota los dedos de Chloe tensarse en sus piernas, cómo la empujan hacia delante, hacia ella.

Chloe emite un gemido tan, tan, tan suave que Beca, más que oírlo, siente las vibraciones del sonido propagarse por sus labios; y Chloe abre su boca en una invitación, otorgando un permiso que Beca no sabía que quería pedir hasta que lo tiene.

Chloe sabe dulce, sabe a azúcar y café con leche y el más ligero toque amargo de cuando bebió de la taza de Beca, y algo más a lo que Beca no logra poner nombre y que probablemente sea algo único y característico de Chloe.

Algo que es completamente adictivo y en lo que Beca no ha sido capaz de dejar de pensar desde que lo probó por primera vez hace meses.

Vuelve a perderse una vez más en ello de forma totalmente voluntaria: en el cálido interior de su boca, en la rugosidad de su paladar, en la lengua que sale a recibir a la de Beca, que la tienta y acaricia con aire juguetón.

Beca siente cómo el reloj de arena que contiene su autocontrol llega al nivel más bajo, al último tramo, y empieza a perder granos a una velocidad vertiginosa.

De hecho, la música del tono de llamada de Skype está sonando al menos un minuto entero antes de que alguna de ellas se dé cuenta de que no es un simple sonido de fondo y lo reconocen por lo que es.

Beca rompe el beso, sin prisa alguna, y descansa un momento su frente en la de Chloe mientras se toma unos segundos para calmar su respiración y recuperar la compostura.

Deja caer sus manos a los hombros de Chloe y de ahí resbalan hasta quedar a ambos lados de su cuerpo. Se incorpora, estirando los músculos algo tensos de su espalda y el cuello, y abre los ojos a una imagen que le roba nuevamente el aire de los pulmones.

Chloe está bañada en el sol de la mañana, que arranca destellos de su pelo cobrizo como si tuviera una corona de fuego alrededor de la cabeza.

Parece estar sumida en un trace profundo, sus labios ligeramente entreabiertos, y cuando abre los ojos es con un lento parpadeo que transmite algo de reticencia, como si no quisiera tener que despertar.

Sus miradas se encuentran y Beca sabe que ambas están viendo la misma bruma de aturdimiento reflejada en los ojos de la otra.

Beca da un paso atrás y siente las manos de Chloe deslizarse por sus piernas con lentitud, de una forma que la hace estremecer de pies a cabeza. Carraspea, observando cómo Chloe las curva sobre sus rodillas, como si no le gustase notarlas tan vacías de repente.

El tono de llamada de Skype vuelve a sonar, y Chloe desvía la mirada hacia el Mac.

- Deberías responder – murmura con voz rasposa.

- Ah, sí – Beca asiente y da otros dos pasos atrás, sabedora de que si se mantiene dentro del campo magnético de Chloe va a volver a caer en él –. Sí… – musita para sí misma, sentándose en la silla de nuevo.

Pincha sobre el botón de responder videollamada y pronto saltan en su pantalla negra las caras de tres personas, además de la miniatura que corresponde a la propia Beca.

- ¿Dónde estabas? – inquiere Kyle con el ceño fruncido –. Llevo llamándote un buen rato.

Beca alza la mirada de la pantalla su portátil y se encuentra con los ojos chispeantes de Chloe sonriéndole por encima del borde de su taza de café, una ceja arqueada como si a ella también le interesase saber cuál va a ser su respuesta.

- ¿Una ya no puede ir a hacer pis en paz? – miente, lanzando solo una mirada de advertencia a Chloe cuando esta se ríe.

Por suerte, Ross y Kara, los dos jefes del departamento informático de Icarus, también encuentran el comentario divertido y sus risas ahogan la de Chloe.

Beca sabe que, si Kyle hubiera llegado a escucharla, nada de lo que hubiera dicho habría servido para convencerle de que no había ignorado sus llamadas por estar demasiado ocupada follando sobre la mesa.

Lo cual…

Beca odia que no hubiera estado tan desencaminado de la realidad.

- ¿Qué tal, chicos? – saluda, forzándose a sí misma a centrarse en lo que tiene que centrarse.

Como toda respuesta recibe un coro de "bien" tan desganado y apático que Beca no puede evitar reírse.

- Jesús, no tanto entusiasmo, por favor. Ya sé que es pronto en la mañana pero esto parece el día después a la cena de Navidad.

Nota un empujón juguetón de un pie descalzo en la pierna a modo de regañina por su comentario burlón. Agita una mano a ciegas para apartar a Chloe, que rápidamente se retira, y Beca solo llega a rozar su tobillo con las puntas de los dedos.

- …hemos estado despiertos toda la noche para resolver el tema de los servidores – está explicando Kara mientras tanto.

Beca se inclina hacia delante con claro interés.

- ¿Y bien? ¿Ya son accesibles de manera remota?

- Sin problema – afirma Ross con un movimiento de cabeza confiado –. Siempre que sea desde el portátil de empresa.

Se distrae brevemente cuando Chloe se mueve en la periferia de su campo visual, cambiando de postura para tumbarse de maneja relajada contra el respaldo de su silla, una pierna doblada en el asiento y la otra extendida bajo la mesa hasta que su pie roza el de Beca.

Beca parpadea y se obliga a sí misma a prestar atención al Skype. Sonríe, satisfecha, y asiente.

- Vale, genial, chicos – les felicita –. ¿Y el tema de reforzar la seguridad? Porque lo último que necesitamos ahora es que alguien nos hackee y filtre los proyectos en los que estamos trabajando.

Pero es muy difícil concentrarse cuando puede sentir la ardiente mirada de Chloe clavada en su perfil, sin desviarse un solo segundo, sin perderse una sola palabra que cae de boca de Beca, hasta el punto de que ni la propia Beca es consciente de lo que está diciendo.

Y eso ni siquiera es lo peor, no, qué va.

Lo peor, con diferencia, es que Beca sabe exactamente qué tipos de pensamientos son los que están correteando libremente por la cabeza de Chloe, y sabe que Chloe también lo sabe.

- Estamos en ello – promete Kara –. Si hemos hecho bien nuestro trabajo, eso debería ser ahora… No imposible – admite, sincera –, pero sí muy, muy, difícil.

- Aunque seguiremos dándole vueltas – concluye Ross.

El Skype se queda en silencio mientras todos esperan una respuesta por parte de Beca, que da un pequeño brinco al darse cuenta y se apresura a escupir algo:

- Vale, perfecto – exclama con quizá demasiado entusiasmo –. Pues eso es todo, os dejo que os vayáis a dormir de una vez.

Kara esboza una sonrisa agradecida y hace un gesto con la mano a modo de despedida antes de terminar la videollamada.

- Avisadnos si hay algún fallo para acceder a los servidores – pide Ross antes de desconectarse también.

Beca se gira hacia Chloe, que está haciendo todo lo posible por sofocar su risa bajo sus manos, y le devuelve la patada.

- Ya he informado a todos por el grupo de Icarus de que tienen que trabajar desde los portátiles de empresa – anuncia Kyle, haciendo que Beca vuelva la cabeza hacia su portátil.

- Guay – se lo agradece con una sonrisa, pero rápidamente carraspea y trata de descifrar su propia letra en la nota que garabateó anoche en su agenda.

De manera disimulada, cambia de postura para que Chloe deje de estar en su campo de visión: empuja ligeramente el Mac hacia un lado y cruza las piernas, la derecha sobre la izquierda, para estar en diagonal.

Pero aun así puede escuchar la risa ahogada de Chloe, consciente de su estrategia.

Aprieta la mandíbula y le frunce el ceño a su agenda.

- Vamos primero a contactar con todos los artistas que tenían sesiones reservadas para ver cómo quieren proceder.

- Lo que tú digas, jefa – responde Kyle, burlón, y solo el uso de su rango alerta a Beca de que hay más en camino –. Oye, ¿cómo es que estás tan despistada? ¿Te has quedado a medias de hacer pis o algo?

Beca le lanza una mirada poco impresionada por debajo de sus pestañas, pero se da cuenta de que Kyle le acaba de presentar una oportunidad perfecta y decide aprovecharla en su propio beneficio.

- ¿Sabes qué? Tienes razón – exclama, estirando la espalda mientras asiente –. Me he puesto a trabajar en el salón, por eso de probar cosas nuevas.

Finge mirar a su alrededor, encogiéndose de hombros en actitud despreocupada.

- Pero está claro que aquí tengo demasiadas distracciones – recalca las últimas palabras con cierto retintín en la voz para que Chloe se dé por aludida, aunque solo recibe una risa silenciosa por respuesta.

Kyle emite un sonido de afirmación para indicar que la ha escuchado, pero si encuentra algo raro o sospechoso en la actitud de Beca, no hace comentario alguno.

- Así que, ¿por qué no vas confeccionando la lista de sesiones mientras yo me traslado a mi estudio? – ordena en una pregunta retórica.

Ni siquiera espera a que Kyle le dé confirmación verbal de que va a ponerse con ello, silencia su micrófono y aparta el portátil para que la cámara esté apuntando hacia la zona del salón que permanece vacía.

Beca se gira hacia Chloe, llena de fuego y frustración, pero solo se encuentra con carcajadas que le estallan en la cara, como si la pelirroja hubiera sido incapaz de contenerlas por más tiempo.

- ¿Vas a dejarme aquí sola? – le reprocha con un puchero que pierde efectividad porque es incapaz de dejar de reírse.

- Tú te lo has buscado – constata Beca, lanzándole una firme mirada –. Estás haciéndome ojitos otra vez y así es imposible trabajar.

Se levanta de la silla y comienza a apilar su móvil, su agenda, el cargador del Mac, etc., sobre el teclado del portátil para llevárselo todo en un mismo viaje, porque solo Dios sabe que si permanece un segundo más en presencia de Chloe igual termina volviéndose loca.

Como si Chloe hubiera escuchado sus pensamientos, una mano se cierra en torno a la muñeca de Beca cuando va a coger el Mac de la mesa y consigue que se detenga.

Beca busca la mirada de Chloe y la encuentra ya fija en ella, su azul bebé iluminado por un brillo pícaro que no puede augurar nada bueno. Y aun así, Beca se queda a escuchar lo que sea que tiene que decirle.

- ¿Sabes que las paredes de tu estudio no son de cristal? – pregunta Chloe en voz sedosa, casi un ronroneo.

Beca arquea una ceja, pero permanece en silencio.

- Podría meterme bajo tu mesa y nadie lo sabría… – continúa Chloe, esbozando una sonrisa que es comparable con la expresión que pondría una pantera cuando, en plena caza, ve a su presa tropezar y caer al suelo.

Beca se atraganta con su propia saliva.

Emite un sonido que ni ella está enteramente segura de qué es: suena como una amalgama de vocales, como una exclamación de alarma o un grito de pánico; y siente arder sus mejillas después por la vergüenza.

- Esta conversación ha terminado – anuncia a un volumen innecesario en voz estrangulada.

Recupera su muñeca del agarre de Chloe con un único tirón y recoge todas sus cosas apresuradamente, huyendo de allí lo más rápido posible antes de que Chloe consiga salirse con la suya.

Lo cual, en este caso, significaría acabar con los pantalones por los tobillos y la cabeza de Chloe entre sus piernas abiertas.

¿…sería eso tan malo?

Beca sacude la cabeza para expulsar a la persuasiva voz de Chloe y las tentaciones que le susurra al oído, y se recuerda a sí misma que tiene cosas importantes que hacer: tiene un negocio que sacar adelante en circunstancias nunca vistas.

La risa de Chloe la persigue por el pasillo hasta que cierra la gruesa puerta insonorizada de su estudio tras ella y queda sumida en el silencio.

Deja caer la cabeza hacia atrás y cierra los ojos con un suspiro y tembloroso.


Torres Bunker Hill, Los Ángeles

14 de octubre del 2026, 19:35h

La escena inicial del vigésimo episodio consecutivo de Gilmore Girls que Chloe lleva vistos en una tarde se detiene nada más empezar y la pantalla se tiñe de un velo negro sobre el que superpone un mensaje de Netflix.

Chloe bufa desde el sillón y tantea a ciegas entre los cojines decorativos en busca del mando para darle a la opción de "seguir viendo".

- No me juzgues, Netflix – regaña a la televisión con un puchero –. No tengo nada mejor que hacer.

Sus dedos tropiezan con el borde de plástico del mando bajo un cojín que Billie está usando como almohada para dormir, y lo rescata de su escondite cogido en una pinza entre su dedo corazón y su anular.

Sin embargo, ahora que los diálogos y la música de Gilmore Girls no llenan el silencio del salón, Chloe escucha una dulce melodía de piano que flota desde el pasillo y tira de ella igual que el canto de una sirena.

Se olvida por completo del mando, de Netflix, de Gilmore Girls, y, como en un trance, se levanta del sillón.

Sus pies descalzos no hacen ruido alguno mientras se desliza por el pasillo hasta la habitación desde la que se está filtrando la melodía: el estudio de Beca. Pero Chloe se detiene antes de llegar a él, sin querer molestar.

Luego se da cuenta de que, si puede oír el piano es porque Beca ha debido dejar la puerta abierta para que así sea, y eso se puede considerar como una invitación.

De modo que da los últimos pasos hasta asomarse al umbral, y desde ahí Chloe puede ver a Beca tocando en un elegante piano de pared negro, iluminada por la luz amarillenta de la lámpara LED que tiene en una esquina de la mesa de mezclas.

Su pie derecho sube y baja a medida que presiona el pedal para añadir o robar eco a las notas, y la postura relajada de sus hombros delata que solo está jugando con las melodías en busca de algo que la convenza.

Beca empieza a armonizar con suaves "ooh"s seguidos de palabras a medio formar tarareadas sin mucha atención, solo para rellenar aquellos espacios para los que todavía no tiene letra, a ver si le gusta cómo suena.

Chloe sabe, antes de que Beca asienta para sí misma, que la respuesta va a ser: sí.

La combinación tiene gancho, tiene ritmo, tiene fuerza, y aunque Chloe es consciente de que no está escuchando ni una tercera parte del resultado final, se puede imaginar a sí misma cantando el estribillo con toda la fuerza de sus pulmones en un estadio lleno de gente.

- Suena bien – comenta en el siguiente solo de piano.

Beca da un pequeño brinco y luego ríe para sí misma.

- Todavía no me acostumbro a tener compañía – se disculpa con una sacudida de cabeza.

Se gira en la butaca del piano para mirar sobre su hombro hacia el umbral de la puerta en el que Chloe sigue parada, respetuosa, y palmea el espacio vacío que queda a su lado: es la invitación que Chloe estaba esperando.

Sonríe y se impulsa hacia delante con ayuda de su hombro en el marco de la puerta, cruzando el estudio de Beca tan rápido que no absorbe ningún detalle de la decoración, solo ve paredes blancas a su alrededor.

Beca se vuelve hacia el piano una vez Chloe está sentada en la banqueta, sus costados y piernas en contacto por el escaso espacio, y posa los dedos en las teclas para continuar con misma melodía.

Chloe suspira y apoya la cabeza en el hombro de Beca, cerrando los ojos para disfrutar mejor de la música.

- ¿Para quién es? – pregunta en voz baja.

- Para mí – responde Beca con los restos de una risa en su voz.

Chloe se incorpora como un resorte y centra su mirada sorprendida en Beca, que solo esboza una sonrisa reservada y asiente, confirmando que Chloe la ha oído correctamente la primera vez.

- Bueno… – reconsidera, ladeando la cabeza –. O eso creo, de momento. Luego a lo mejor cambio de opinión – se encoge de hombros.

Y Chloe presiente que Beca no quiere otorgarle más importancia de la que cree que merece porque todavía no está segura de lo que va a hacer, no quiere crearles esperanzas solo para luego decepcionarles.

Pero, al menos para Chloe, que Beca esté pensando en volver a hacer música para sí misma es lo más importante de todo.

A pesar de que la apoyó y la animó cuando le contó sus planes para cambiar de carrera y dedicarse a lo que siempre había querido, Chloe también lamentó para sí misma que nunca fuera a volver a escucharla cantar.

La voz de Beca era demasiado especial como para perderla de esa forma, pero Chloe nunca le dijo nada.

Sabía que Beca ya tenía suficientes dudas por sí sola, y que iba a recibir presión por parte de la discográfica y quejas por parte de los fans, como para que Chloe sumase sus propias opiniones al respecto.

Así que calló y solo le mostró su apoyo incondicional.

- ¿Puedo escuchar algo más? – inquiere tímidamente.

- No tengo mucho más para esta melodía – previene Beca con una mueca decepcionada –. Llevo unas semanas jugando con ella y la letra se me está resistiendo…

Chloe emite un "mmmm" pensativo y descansa una vez más su cabeza en el hombro de Beca mientras esta continúa tocando.

- Suena triste – murmura tras un largo silencio.

- Melancólica, ¿verdad?

- Eso es que me echabas de menos – bromea Chloe, alzando la cabeza para poder mirar a Beca a la cara.

Beca ríe, pero le falta fuerza, y Chloe llega a ver el ceño fruncido que aparece en su frente, la sombra de inquietud que oscurece su rostro, antes de que se gire hacia las teclas del piano.

Chloe traga saliva y su corazón se acelera un poco al pensar en que quizá su broma ha tocado demasiado cerca a la verdad para el gusto de Beca, y por eso ha reaccionado de esa manera tan familiar: cerrando el puente levadizo, escondiéndose tras sus murallas.

Una vez más, la advertencia de Jesse se reproduce en su mente: a la única a la que logra engañar es a sí misma.

Chloe piensa que, si eso es cierto, parece que el engaño está dejando de funcionar sobre Beca.

Y la pregunta clave es: en el hipotético caso de que Jesse tenga razón y Beca realmente sienta algo por ella y se esté empezando a dar cuenta de ello, ¿qué piensa hacer Chloe cuando ocurra la inevitable confesión?

¿Qué siente Chloe ante la posibilidad de que Beca se haya vuelto a enamorar de ella?

¿Es el sentimiento cálido que ronronea en su pecho, o el nudo de ansiedad en su garganta?

- Pero sí que tengo una canción que quiero enseñarte – la voz de Beca se abre paso por la neblina de sus reflexiones y devuelve a Chloe a la realidad con la brusquedad de un baño inesperado en agua helada.

Arquea las cejas y alza la cabeza como un resorte, sus pensamientos anteriores expulsados de su mente sin dejar rastro.

Sigue a Beca con la mirada cuando esta se levanta para coger su portátil y sus AirPods de la mesa de mezclas, y siente un estremecimiento de emoción recorrer su cuerpo al darse cuenta de que está a punto de escuchar una canción hecha por Beca.

- Se me ocurrió la melodía en sueños un poco después de Nueva York – explica la morena mientras navega por sus carpetas con absoluta concentración –. Estuve a punto de mandártela, pero… – no termina la frase, solo se encoge de hombros con actitud cohibida.

Chloe se sienta más recta en la banqueta del piano y clava su mirada en el perfil de su mejor amiga, tratando de descifrar el origen de esa repentina vergüenza.

- Y no sé si me la quedaré al final – continúa Beca –, pero me gusta mucho.

Si Chloe antes tenía curiosidad, ahora se ha triplicado por la vehemencia con la que Beca dice esto, y hace un gesto expectante con sus manos extendidas.

Conoce a Beca desde hace años, y sabe lo extremadamente crítica que es consigo misma cuando se trata de crear música: ya lo era con los mixes de las Bellas, y esa autoexigencia solo aumentó cuando se convirtió en su carrera profesional.

Beca ríe y deposita los dos AirPods ya conectados sobre sus palmas abiertas.

- ¿Lista? – pregunta, su pulgar suspendido sobre la barra espaciadora para darle al play.

Chloe no responde con palabras porque teme que le tiemble la voz, solo se limita a dar un asentimiento notablemente excitado.

El aire escapa de sus pulmones nada más escuchar los primeros dos segundos de la canción.

- Dios, ese saxofón, Bec… – musita en casi un quejido, cerrando los ojos para disfrutarlo al máximo.

Pero entonces empieza el marcado ritmo de la batería, el sugerente teclado de fondo, tan sutil que pasa casi desapercibido para el oído desentrenado; y la voz sensual de Beca canta sobre venerar un amor y labios y caderas y dioses falsos, y es todo demasiado.

Chloe puede sentir su cerebro colapsar.

Se dobla hacia delante, hundiendo el rostro entre sus manos para tener un refugio donde protegerse de la inquisitiva mirada de Beca, y su frente reposa suavemente en el hombro de la morena.

Gime, ¿de dolor?, ¿de placer?, no lo sabe, probablemente una mezcla de ambos, cuando llega el segundo solo de saxofón tras el estribillo y Chloe todavía no ha superado el del principio.

No sabe cómo se las apaña, pero de alguna forma Chloe sobrevive a la experiencia de volver a escuchar a Beca cantar, especialmente una canción tan sugerente que Chloe sabe que está influenciada por la noche que pasaron juntas en Nueva York durante el verano.

Está ahí: en la letra, en la melodía, en que Beca quiso mandársela pero le dio vergüenza.

Cuando descubre su rostro y se incorpora, Chloe siente el aire a su alrededor tan espeso como si estuviera en pleno desierto. Arde al entrar por su nariz, al bajar por su esófago, al expandirse por sus pulmones.

Siente la estática lamer su piel y cargar su cuerpo de electricidad, y se pregunta si, si ahora alargase una mano para tocar a Beca, si podría ver una chispa saltar entre ellas.

No sabe qué expresión tendrá en su cara ahora mismo, no sabe el aspecto que tendrán sus ojos al clavarse firmemente en los de Beca, pero puede hacerse una idea aproximada solo por la forma en que los labios de Beca se despegan para coger una agitada respiración.

Chloe se ha visto reflejada en un espejo cuando está excitada, se ha viso pre-sexo, durante el sexo, y post-sexo; y se imagina que ahora lleva una mezcla de todos esos momentos.

Toda su piel se eriza cuando un escalofrío de puro deseo trepa por su columna vertebral y se le ponen los pelos de punta, como si estuvieran estirándose en un desesperado intento por llegar hasta Beca, por ser tocados.

Se humedece los labios, tan resecos que parece que haya estado una semana sin beber ni una sola gota de agua, y ve la mirada de Beca caer a ellos para seguir el movimiento.

Chloe siente, en ese momento, el borde en un precipicio bajo sus pies: siente sus dedos curvarse en el aire en busca de una sujeción que ahí no van a encontrar, ve las piedras sueltas desprenderse bajo su peso y caer al vacío.

Chloe sabe lo que va a provocar que caiga tras ellas, sabe lo que va a hacer que permanezca en tierra firme.

De modo que toma una decisión.

En un movimiento que es imposible hacer sin brusquedad, rompe la burbuja de tensión al levantarse de golpe de la banqueta y da medio paso inquieto hacia atrás, debatiéndose entre el deseo de permanecer allí y el impulso de poner la mayor cantidad de distancia posible entre Beca y ella.

Beca parpadea en su dirección, sorprendida, pero no ofendida.

- Um… – murmura Chloe con voz ronca, sin tener idea alguna de qué quiere decir siquiera.

Se escucha a sí misma amortiguada y recuerda entonces que todavía lleva los AirPods de Beca puestos. Se los quita y se los devuelve sobre la palma estirada de su mano.

Sus dedos tiemblan cuando Beca roza su piel al cogerlos.

- Voy a sacar a Billie – carraspea, haciendo un gesto con la cabeza hacia el umbral del estudio.

- Vale – responde Beca con cierta confusión.

Chloe asiente, casi como si le estuviera dando las gracias por darle permiso para marcharse, y empieza a recular hacia la puerta. Se detiene en el marco y apoya una mano temblorosa, sus uñas marcando surcos en la madera.

Lanza una mirada por encima del hombro solo para descubrir que Beca la ha seguido con la mirada, la sombra de un ceño fruncido entre sus cejas.

- Deberías quedártela – es el último consejo de Chloe, dicho apenas sin aliento.

Se marcha antes de recibir cualquier tipo de respuesta por parte de Beca.


Chloe (19.51)

Creo que tengo un problema muy grande

Bree (19.53)

Qué inesperado

Por fin has caído de la burra?

Soy Stacie, por cierto 😉


A/N: ¿He escrito todo un capítulo adicional solo para incluir una escena con un beso muy lento entre Chloe y Beca que se me ocurrió cuando estaba medio despierta, medio dormida, y que tenía que formar parte de este fic?

Ni lo niego, ni lo confirmo.

PD. Sigo colapsando cada vez que escucho el saxofón de False God, no me escondo. Para esto me he basado en la versión que cantó Taylor Swift en Saturday Night Live, que es uuuggghhhhh *chef's kiss*.

PD2. Me he tenido que poner frente a un espejo para decirme a mí misma muy seriamente que no puedo crear la versión horny de Afterthought por mucho que sepa exactamente qué canciones incluiría. Así que, por favor, repetid conmigo: ¡Raquel, no lo hagas!

(Eso lo escribió la Raquel del pasado. La Raquel del presente quiere confesaros que fracasé a la hora de resistir la tentación *pretends to be shocked*. Si os interesa escucharlo, decídmelo y en el próximo capítulo os dejo el link a la playlist de Spotify.)