A/N: No sé si alguien todavía sigue leyendo fics por esta página pero bueno. Si alguien todavía sigue aquí y le interesa, he dejado el link a la versión horny de Afterthought, junto con el diseño de la portada y tal, en el hilo que tengo como tweet fijado en mi perfil de Twitter (ya sabéis, Raquellu47 en todos lados).

Pd. Uy uy uy, que entramos ya en la recta final… Bechloe fandom, how are we feeling today?


Capítulo 18: Esas dos están liadísimas

Calle Figueroa Sur, Los Ángeles

14 de octubre del 2026, 20:02h

Chloe sigue algo temblorosa cuando Aubrey responde a su llamada

- Estás en altavoz, Chlo – le advierte a modo de saludo.

- Sí, Chlo – corea Stacie en tono burlón, probablemente con una sonrisa maliciosa en los labios, desde un punto más alejado al altavoz.

Chloe suelta la correa de Billie para que pueda corretear libre por el césped y exhala una profunda respiración.

No sabe si ahora mismo tiene capacidad mental y la paciencia para lidiar con las pullas de Stacie, pero al mismo tiempo necesita de su imparcialidad y sabiduría, y de su capacidad para decir las cosas sin cortarse un pelo.

- ¿Cuál es el problema? – inquiere Bree, directa al grano como siempre.

- Eso, ¿qué ha hecho Beca ahora? – pregunta Stacie.

Y precisamente por esto Chloe ha pedido su ayuda: la intuición de Stacie es digna de ser estudiada por científicos.

Chloe suspira y les cuenta su dilema, empezando primero por el contexto: la conversación entre Beca y Jesse que escuchó "por accidente", el interrogatorio del ex Treble en el coche, la advertencia que le hizo, y...

Posa el dorso de sus manos sobre sus mejillas ardientes al pensar en el ridículo que acaba de hacer con Beca, y decide que, por el bien de su orgullo, es mejor omitir ese pequeño y extraño desliz que ni siquiera la propia Chloe entiende todavía.

- Y… Esta mañana nos hemos besado – es por lo que se decide tras una breve deliberación, y lo cuenta casi en un susurro, como uno lo diría al confesarse frente a un cura.

No puede evitar sentirse algo ridícula por sentir más reparos a la hora de hablar del beso que a la hora de describir detalladamente todos los lugares donde estuvo la lengua de Beca la primera vez que se acostaron juntas.

Pero, por algún motivo, el beso de esta mañana se siente como algo sagrado que merece ser preservado con la mayor de las delicadezas.

Stacie deja escapar una exagerada exclamación ahogada.

- ¿Un beso? Me escandalizas, Chloe – se burla.

Chloe pone los ojos en blanco y avanza un par de pasos para no perder a Billie de vista cuando se mete tras unos árboles.

- Ja, ja, ja – responde, sarcástica –. No ha sido un beso normal, Stace.

- Oh, ¿ha sido con lengua?

- Stacie – le regaña Aubrey en tono paciente.

- No sé cómo explicarlo, pero… – Chloe suspira, frotándose la frente con los dedos –. A riesgo de sonar repelente, ¿sabéis cómo hay besos que son súper cargados que sabes que van a llevar al sexo más pronto o más tarde?

- Uh-huh – es la respuesta conjunta de Aubrey y Stacie.

- Vale, ¿y sabéis cómo hay besos que son lo opuesto? ¿Que son lentos, dulces, sensuales, y aunque también estén cargados de tensión, no hay intención alguna de llevarlo más allá porque ambas estáis contentas con solo permanecer en ese momento?

Esta vez, la respuesta afirmativa tarda en llegar.

Se hace un breve silencio en la otra línea hasta que finalmente es Stacie la que murmura un "sí" algo apagado para que Chloe pueda continuar.

- Pues así. Si te pudieras quedar embarazada de un beso, habría sido de uno como este porque ha sido… increíble. Ha sido un beso de pasión, de… – su voz muere atragantada en su garganta, atrapada ahí por la palabra que se resiste a ser pronunciada en voz alta.

Amor.

¿Pero acaso Chloe se atreve a llamarlo amor?

Y, ¿amor por parte de quién? ¿De Beca? ¿De Chloe?

- Nunca habían sido así – es lo que dice finalmente tras un carraspeo azorado –. Hasta hoy. Y estaba convencida de que Jesse estaba viendo cosas donde no las había, porque…

- Porque, ¿cómo va a conocer a Beca mejor que tú? – le interrumpe Stacie.

Sus palabras son dardos venenosos que van directos a atacar el ego de Chloe, que ya de por sí está algo magullado por los acontecimientos de hoy, de los últimos días, incluso de los últimos meses, y terminan por derrotarlo.

Chloe desvía la mirada, avergonzada, pero no le da la satisfacción a Stacie de saber que ha dado en todo el centro de la diana.

- No, porque Beca me habría dicho algo…

- ¿Como te lo dijo en Barden? ¿O durante los cuatro años que estuvisteis viviendo juntas en Nueva York?

- Pero eso era diferente – protesta Chloe –. Beca estaba con Jesse, y luego ella misma me dijo que no tenía ni idea de que yo también sentía algo por ella…

- ¿Y ahora sí? ¿Ahora sí lo sabe? – vuelve a interrumpir Stacie con la tranquilidad de alguien que sabe que tiene razón y los argumentos irrefutables para demostrarlo –. ¿Acaso lo sabes , Chloe?

Chloe se queda inmóvil en medio de la calle, en silencio, con los labios fruncidos porque puede sentir burbujear en su pecho los inicios de una risa histérica, de esas que estallan de golpe y terminan en sollozos descontrolados.

Esa parece ser su nueva reacción instintiva ante la desesperación.

Chloe reflexiona sobre la pregunta de Stacie: ¿de verdad no sabe lo que siente, la cual sería una novedad bastante inesperada; o es solo el miedo el que, al igual que a Beca, la está frenando de entender sus propios sentimientos?

Vuelve a notar el ardor de la vergüenza en la parte alta de su garganta al recordar su momento de pánico al sentir el precipicio bajo sus pies, su decisión de optar por la ruta segura y mantenerse en tierra firme.

- No lo sé – admite finalmente en voz estrangulada.

Aubrey emite un sonido compasivo. Stacie, sin embargo, suelta una risa.

- Ah, pero espera, espera – pide con inmensa diversión –. ¿Cómo fue lo que me dijiste? – piensa en voz alta un instante antes de empezar hablar con una ridícula voz aguda llena de burla –. Somos adultas, hemos hablado de todo, no hay problema alguno, bla bla bla.

Chloe suspira, irritada.

- ¿Te vas a quedar más tranquila si sueltas el "te lo dije" ahora?

- No se trata de eso, Chlo – desestima Stacie –. Se trata de que habéis acabado metidas en un lío que era completamente evitable si tan solo hubierais hecho caso de alguna de nuestras múltiples advertencias.

- Eso suena mucho como un "te lo dije" – musita Chloe, algo resentida, lanzándole una mirada fastidiada a nadie en concreto.

- A ver, no sé, pero cuando tanta gente os dice que es una mala idea, será por algo, ¿no te parece?

- Algo de razón tiene, Chloe – interviene Aubrey a modo de mediadora.

- ¿Solo algo? – exclama Stacie, indignada.

Aubrey ríe y le chista para que se calle.

Pero cuando Stacie sigue protestando por el fondo, Aubrey debe decidir pasar a las acciones físicas, como empujarla o darle un codazo, algo del estilo, porque Stacie emite un falso quejido de dolor y promete portarse bien.

- Mira, Chlo… Lo que está hecho, hecho está, y no podéis deshacerlo – dice Bree en tono tranquilo –. No tiene sentido que te agobies por ello ahora. Pero no dejes que la maraña siga creciendo y se líen aún más las cosas.

- ¡Eso es literalmente lo que he estado diciendo desde el principio! – se escucha el grito indignado de Stacie en la lejanía.

Chloe bufa una risa y sacude la cabeza.

- Si te preocupa lo que te dijo Jesse, háblalo con Beca. Si te preocupa que Beca esté ocultándote algo importante, háblalo con Beca. Si tienes dudas sobre sus sentimientos, o incluso sobre los tuyos, háblalo…

- …Con Beca – termina Chloe por ella para dejar claro que ya ha entendido por dónde van los tiros.

- Exacto – concluye Aubrey.

- Y a poder ser antes de que volváis a follar – dice la voz de Stacie de repente, tan cerca del altavoz que lo hace crujir con su respiración –. O a masturbaros juntas por FaceTime.

- ¡No vamos a…! – empieza a protestar Chloe.

- O a besaros – interrumpe Stacie.

Y aquí, Chlo no puede hacer otra cosa que callar.

Gracias a eso, escucha el tap tap tap de las teclas de un iPhone en sonido y frunce el ceño, separándose el móvil brevemente de la oreja para comprobar que no está pulsando el teclado accidentalmente con la mejilla.

Pero no es ella.

- ¿Estáis mandándole mensajes a alguien mientras habláis conmigo? – mantiene la pregunta abierta para abarcar a sus dos amigas.

- Es Stacie – se defiende Aubrey.

- Soy yo – admite Stacie al mismo tiempo. Y la forma en que lo dice hace que Chloe espere, por algún motivo, que vaya acompañado del estallar desinteresado de una pompa de chicle –. Estoy hablando con Beca.

Chloe siente aparecer en su pecho una ruleta de la suerte, pero con emociones, que gira y gira y gira y gira sin decidirse de manera clara por una sola.

- ¿Beca te está escribiendo? ¿Por qué…? – pregunta.

- ¿Tú qué crees? – dice Stacie a modo de respuesta con un bufido divertido.

Pasa de largo por los celos, la confusión, la preocupación, la sospecha, la paranoia, hasta que el ritmo vertiginoso al que se mueve la ruleta va disminuyendo progresivamente y por fin la aguja selecciona al ganador.

Deja escapar un "oh" de comprensión.

Aubrey suspira.

- Habla con ella, Chlo – le recomienda seriamente.

Hablar con Beca.

¿Hablar con Beca?

Sí, Chloe puede hacer eso.


Beca (20.01)

Qué significa que alguien salga corriendo después de que le hayas enseñado una canción algo sugerente? 😳

Stace (20.06)

Puede significar muchas cosas

Pero en el idioma de Chloe?

Probablemente ha sido para no tirársete encima cual gato en celo 😏

Beca (20.07)

Yo no he dicho que haya sido Chloe

Stace (20.07)

Beca

Cielo

Eso no habría colado ya de normal pero ahora que estamos confinados mucho menos

Quién va a ser si no


Torres Bunker Hill, Los Ángeles

14 de octubre del 2026, 20:40h

Vuelve al apartamento tras su paseo con Billie con un único propósito en mente y visión túnel: va a sentar a Beca en el sillón sin hacer caso a sus posibles protestas, y van a hablar seriamente para dejarlo todo claro.

Se mira a sí misma en el espejo del ascensor antes de salir y asiente para reafirmarse en su decisión.

- Espera, Billie – murmura nada más abrir la puerta cuando el animal tira de la correa, impaciente por ser libre –. Tengo que limpiarte, ya lo sabes.

Encima del zapatero de la entrada hay un paquete de toallitas húmedas como las que se usan para limpiarle el culo a los bebés. Con Billie bien sujeta para que no escape, Chloe saca una toallita y se sienta sobre el parqué con las piernas estiradas.

Billie intenta recular, pero la correa la mantiene en el sitio, y Chloe ríe quedamente.

- No me seas exagerada – le regaña en tono cariñoso mientras limpia la almohadilla de sus patas de manera metódica.

Escucha pasos que se acercan a ellas y alza la mirada brevemente de su tarea justo a tiempo de ver a Beca aparecer por la esquina con expresión curiosa, secándose las manos mojadas en el trapo de la cocina.

Sonríe al verlas ahí sentadas en el suelo en plena sesión de limpieza, y así es como Chloe sabe que están bien: Beca no le guarda rencor por su abrupta huida.

Sin embargo, vuelve a fijar la mirada en Beca apenas unos segundos después porque esta es su versión favorita de ella: descalza, en ropa de casa, desmaquillada, relajada. Sin máscaras ni murallas. Simplemente Beca.

Lleva un delantal azul marino que hace juego con sus ojos para proteger la suave tela de su jersey gris de las salpicaduras de lo que sea que haya estado cocinando.

- ¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara? – inquiere la morena, preocupada, llevándose ambas manos a las mejillas como si quisiera ocultar la hipotética mancha de la vista de los demás.

- Te sienta bien el look de cocinera – acompaña el cumplido de un encogimiento de hombros despreocupado.

- ¿También te ponen los cocineros, o qué? – bromea Beca, dejando caer las manos.

Chloe ríe y sacude la cabeza en una negativa.

- No, me pones tú, Bec – responde con simpleza y obviedad.

Beca pone los ojos en blanco para dejar claro que piensa que esa respuesta es una cursilada, pero Chloe puede ver el ligero rubor que se expande por sus pómulos y es incapaz de mirarla a la cara inmediatamente después.

- Habéis tardado un buen rato – observa Beca tras un carraspeo, las cejas arqueadas.

- Esta – responde Chloe con un gesto de barbilla hacia Billie, que apunta sus grandes ojos de corderito hacia Beca para que la rescate –. Si realmente hemos estado en la calle de al lado, pero se ha hecho amiga de otro perro que andaba por allí y han estado jugando.

Le pasa la toallita por el lomo y el hocico, y la deja hecha una bolita en el suelo.

Billie sale corriendo a las piernas de Beca en cuanto se ve libre del arnés, frotándose y saltando para llamar su atención. La morena ríe y se cuelga el trapo del hombro, doblándose por la cintura para poder rascarle tras las orejas.

- Ah, os parecerá bonito – se queja con un dramático chasquido de la lengua –. Vosotras de fiesta por ahí, y yo en casa haciéndoos la cena…

Chloe bufa una risa y le da un suave manotazo en la pierna.

Se quita las deportivas y, antes de levantarse, recoge del suelo la pelota en la que ha convertido la toallita. Se sacude los pelos de Billie de los pantalones del chándal que cogió prestados del armario de Beca.

Se acerca a Beca y deposita un tierno beso en su mejilla.

- Gracias – murmura con un suave empujón a su hombro –. ¿Me lavo las manos y cenamos?

Beca sonríe y asiente.

Gira sobre sus gruesos calcetines para volver hacia la cocina, pero Chloe no la sigue inmediatamente. Se queda rezagada, observando a Beca con una fuerte opresión en el pecho que no sabe si es ansiedad, anticipación, pánico o ilusión.

- Oye, Bec – llama.

¿Qué significa todo esto?, quiere preguntar.

¿Qué nos está pasando?, quiere gritar.

Pero Beca gira la cintura para lanzarle una mirada expectante por encima del hombro, parada en el umbral del salón, enmarcada en las luces nocturnas de Los Ángeles, y Chloe pierde todo el valor en una única exhalación.

- ¿Tú qué crees que está pasando entre Aubrey y Stacie? – es lo que sale de su boca en su lugar.

Los ojos de Beca destellan.

- Esas dos están liadísimas – sentencia con una seguridad que no deja lugar a dudas.

- ¿¡Verdad?! – ríe Chloe.

Y argumenta con sí misma mientras sigue a Beca hacia la cocina, teorizando sobre lo que puede estar ocurriendo con sus amigas, que ellas, Beca y Chloe, están bien. Están bien. Y pueden esperar un poco más.

Hablar puede esperar un poco más.


Torres Bunker Hill, Los Ángeles

14 de octubre del 2026, 23:23h

Beca se sorbe la nariz y tira de las mangas de su suave jersey gris hasta que le cubren las manos, usándolas para secarse las mejillas húmedas de forma disimulada, con la esperanza de que la semi penumbra del salón actúe en su favor.

Sin embargo…

- Aaaw, Becs, ¿estás llorando? – es la pregunta burlona que llega desde el otro lado del sillón, y Beca puede ver la amplia sonrisa de Chloe entrar su campo de visión por el rabillo del ojo.

- No – responde, pero la forma en que su voz tiembla delata que es una mentira.

Chloe suelta una carcajada llena de deleite y gatea por los cojines hasta dejarse caer justo al lado de Beca. Haciendo caso omiso a sus protestas, la atrapa en un abrazo lateral de cuerpo entero: con brazos y piernas.

- No estoy llorando – reitera Beca a pesar de tener los ojos algo enrojecidos –. Solo han sido un par de lágrimas… Al ser una peli de Jim Carrey me esperaba una comedia, no semejante dramón – agita una mano indignada hacia la televisión en la que siguen reproduciéndose los créditos finales.

Chloe acuna a Beca sobre su pecho, riéndose todo el rato en su oído, y le da un suave apretón con las piernas que tiene enroscadas alrededor de su cintura.

- Tranquila, a mí también me hace llorar casi siempre – murmura a modo de confesión.

- ¿Y por qué no me has avisado? – indignada, Beca se revuelve en el agarre de Chloe, aunque solo consigue que este se haga más fuerte para impedir que huya.

- Porque te empeñaste en que era tu turno de escoger qué veíamos – ríe la pelirroja.

Beca gruñe, sin aceptar del todo que esa sea una excusa válida, pero mentiría si dijera que el abrazo de Chloe no es justo lo que necesita ahora mismo. Vuelve a sorberse la nariz y se hunde en Chloe, acomodando la cabeza sobre su pecho.

- ¿Ha sido la escena en la librería? ¿Cuando se dan cuenta de que es imposible pararlo y Clementine le dice que trate de recordarla? – pregunta Chloe –. Esa es la que siempre me hace empezar a llorar.

Beca sacude la cabeza en una negativa.

- No, ha sido la de la casa de la playa, el día en que se conocieron.

Chloe emite un pequeño "mmhh" comprensivo.

- El último recuerdo – murmura con un chasquido de la lengua.

Y Beca sabe perfectamente por qué ha sido esa escena la que más le ha afectado de todas.

No ha sido, como Chloe asume, que fuera el último recuerdo que a Joel le quedaba de Clementine antes de desapareciera por completo de su memoria, y que incluso ese también se estuviera disolviendo.

Fue la conversación que mantienen: por qué Joel salió corriendo, cómo tendría que haberse quedado, lo diferentes que podrían haber sido las cosas entre ellos si hubiera hecho lo que en verdad quería hacer en lugar de dejarse llevar por el miedo.

Sabe que le ha afectado tanto porque se ha sentido identificada, se ha visto reflejada en el personaje de Jim Carrey, y algo se ha agitado violentamente en su pecho en respuesta.

Es miedo al miedo. A cagarla. A perder. A quedarse sola.

Cierra los ojos al notar un tirante nudo de ansiedad formarse en su estómago y se obliga a sí misma a concentrarse en el tranquilo latir del corazón de Chloe que, gracias a su postura, puede oír con más claridad que la canción que acompaña los créditos finales.

Un cosquilleo recorre su cuerpo cuando los dedos de Chloe se enredan en sus mechones y se ponen a jugar con ellos de forma distraída, sin prisa aparente por romper el cómodo silencio en el que se han sumido.

- ¿Crees que eso ocurre de verdad?

Lo inesperado de la pregunta sorprende a la propia Beca, a pesar de que es ella quien la ha hecho, y a Chloe, que detiene el movimiento de sus dedos un solo instante antes de retomarlo como si no hubiera ocurrido nada.

- ¿El qué? – pregunta de vuelta, algo confundida –. ¿Que haya una clínica a la que puedes ir para borrar de tu memoria a las personas que te han hecho daño? – bufa una risa algo bromista –. Ojalá.

Beca ríe quedamente, pero se incorpora para demostrar que va en serio. Coge el mando de la tele de donde reposa en peligroso equilibrio en el brazo del sillón y la apaga.

Chloe la deja marchar, aunque mantiene sus piernas alrededor de su cintura, y descansa el peso de su cuerpo en sus brazos estirados hacia atrás. Ladea la cabeza con expresión curiosa, a la espera de que Beca explique lo que tiene en mente.

- Me refiero a la secretaria y el doctor, o a Clementine y Joel – Beca hace un vago gesto con la mano en dirección a la televisión apagada –. Que, a pesar de haber eliminado todo rastro de esa persona de su vida, están casi condenados a reencontrarse una y otra vez porque es como tiene que ser.

Chloe arquea las cejas, claramente cogida desprevenida por la dirección que ha tomado la conversación, pero espera a que Beca termine.

- "Las almas gemelas", o "el destino" – la morena dibuja las comillas en el aire y pone los ojos en blanco para demostrar su rechazo hacia esas expresiones –, por llamarlo de alguna manera.

- Es… – Chloe duda, frunciendo el ceño, como planteándose si decir lo que realmente piensa o buscar una forma más políticamente correcta de ponerlo –. Complicado – es por lo que se decide al final, aunque no parece satisfacerla a juzgar por la mueca que le sigue.

Pero Beca la entiende perfectamente.

- Lo es, ¿verdad? – asiente, chascando la lengua con fastidio –. Porque la eterna romántica que llevas en tu interior quiere creer que sí, porque es reconfortante la idea de que hay alguien el mundo para todos, pero… – sacude la cabeza –. Pero tu parte racional sabe que eso son solo fantasías.

Chloe demuestra que está de acuerdo con un movimiento de cabeza pesaroso.

- Creo que en parte necesitamos creer en ello porque, si no, no tendríamos ganas de levantarnos de la cama por la mañana.

Beca se deja caer contra el respaldo del sillón con un gruñido de frustración que sale de lo más profundo de su garganta, y esconde la cara tras las manos. Las resbala lentamente, estirando la piel de sus mejillas y la comisura de sus labios en una cómica mueca.

- Pero ¿por qué tiene que ser tan importante? – exclama –. Y lo digo siendo muy consciente de que yo – se señala a sí misma con ambas manos en el pecho –, soy la primera en caer en ello.

Ríe, incrédula, y se sacude la cabeza a sí misma con cierto desprecio.

- Llevo dos meses usando una app – continúa, cogiendo su iPhone en una pinza entre los dedos y agitándolo en el aire –, que odio, y que no termino de entender, y que reduce a las personas a poco más que… que productos en la estantería de un supermercado – resopla –, solo para conocer a alguien.

Chloe le regla una triste sonrisa. Sus dulces ojos observan a Beca sin juzgar, comprensivos y compasivos, porque, ante todo, si alguien entiende su dilema es Chloe.

- Somos seres sociales, Bec – responde con un encogimiento de hombros que derrocha simpleza –. Nos gusta compartir, unirnos, sentirnos parte de algo. Y es muy desalentador saber que vas a pasar el resto de tu vida completamente solo.

- ¿Y por qué no nos sirve tener amigos? – Beca vuelve sus grandes ojos azules hacia Chloe, desesperados –. ¿Por qué no puede ser suficiente?

Chloe suspira y se vuelve a encoger de hombros, pero esta vez porque no tiene una respuesta para ella.

- Son tipos de amor diferentes.

Pero no lo son, es el pensamiento que salta en la mente de Beca como un odioso mensaje pop-up.

No contigo, es el siguiente.

Beca se frunce el ceño a sí misma y los cierra sin dilación.

- ¿Crees que nos condenamos a nosotras mismas en el instante en que hicimos el pacto de los diez años? – pregunta seriamente.

A Chloe se le escapa una carcajada.

Parece explotar fuera de su boca sin su control ni permiso, a juzgar por cómo abre mucho los ojos y se cubre con ambos manos los labios, como si quisiera formar un tapón para prevenir que escape algo más.

- ¿Como mal karma?

- Sí, algo así, no sé – Beca le propina un suave manotazo porque no se lo está tomando en serio, pero ella misma va perdiendo confianza y termina por reírse también –. Como si al hacer un plan B estuviéramos demostrando que no confiábamos en los planes del universo.

Chloe lo encuentra inmensamente divertido y se deja caer de espaldas sobre los cojines del sillón entre carcajadas.

- Entonces que crees en el destino – jadea al cabo de un rato, falta de aire y con ojos llorosos.

Haciendo uso de unos abdominales que Beca ha sentido bajo sus manos, bajo sus labios, bajo su lengua, y que sabe que se ponen tan duros como el hierro cuando Chloe bambolea las caderas, Chloe vuelve a incorporarse hasta quedar sentada.

- ¡Ya no sé en qué creo! – exclama Beca con una risa, empujándola en el hombro.

Chloe se pasa una mano por sus mechones pelirrojos para retirárselos de la cara y descansa un codo sobre el respaldo del sillón, sujetándose la cabeza con ese mismo brazo.

- Sabes, ahora que lo dices, me has recordado algo... – dice en un tono pensativo en el que todavía permanecen algunos restos de su ataque de risa –. Cuando Stacie se enteró de lo que pasó en la reunión, me hizo un comentario que me pareció extraño.

- ¿Viniendo de Stacie? Qué sorpresa... – musita Beca, sarcástica.

Chloe decide que ese es el momento adecuado para devolverle el manotazo, aunque sonríe con su broma.

- Dijo que siempre pensó que estábamos buscando el amor en las personas equivocadas.

Beca suelta una risa incrédula.

- ¿Y quiénes son las correctas? No, en serio, que me lo diga, por favor. Vivo en la segunda ciudad más poblada del país y soy bisexual – constata, marcando con los dedos estirados ambos hechos –. Mi mar de peces debería ser el doble de grande, pero aquí estoy – extiende ambos brazos a los lados de su cuerpo.

- Oye, tampoco estás tan mal – protesta Chloe con una risa.

Le hace un movimiento de cejas y tensa las piernas alrededor de su cintura para recordarle que ella también está ahí. Beca sonríe y posa una mano en el muslo que reposa sobre sus piernas dobladas para devolverle el apretón.

Apoya la cabeza en el respaldo del sillón y gira el cuello para poder mirar a Chloe.

- ¿Por qué tiene que ser todo tan complicado? – suspira –. ¿Por qué no puede ser tan fácil como esto? – hace un movimiento vago con la mano en el espacio que hay entre sus cuerpos para abarcar su relación.

Chloe esboza una sonrisa de triste comprensión.

Alarga una mano para alisar un mechón de Beca que se le ha quedado en un extraño tirabuzón y se lo recoge tras la oreja en un gesto lleno de ternura. Beca tiene que luchar para que no se le cierren los ojos de manera involuntaria, pero aun así no puede evitar la forma en que su corazón se salta un par de latidos.

Esta es la ternura que con tanta desesperación está buscando, la que tanto anhela su alma. No puede ser que sea tan difícil encontrar a alguien que la mire con la misma dulzura que puede ver reflejada en el azul bebé de Chloe.

Traga saliva en un intento de deshacer el nudo de su garganta que vuelve a querer empujar las lágrimas a sus ojos.

- Ya sabes que nosotras somos diferentes – es la respuesta de Chloe, que llega en tono bajo, apenas un murmullo.

Cierta resignación tiñe su mirada, como si Chloe ya se hubiera rendido, ya hubiera asumido su derrota, en esa búsqueda aparentemente tan imposible.

- Sí, pero ¿por qué? – cuestiona Beca, para confusión de Chloe, que frunce el ceño –. Todo el mundo dice que lo nuestro es diferente, incluso nosotras lo decimos, pero nadie dice exactamente por qué es diferente – se explica.

Y esto es algo que nunca ha cuestionado hasta ahora.

Lo había aceptado y asimilado igual que alguien asimila que tres más dos son cinco, que las manillas del reloj se mueven hacia la derecha, o que el sol sale por el este y se pone por el oeste: porque es así y no hay más vueltas que darle.

Pero ahora, algo en esa frase que ha escuchado aproximadamente mil veces, que ha caído de su propia boca otras mil, le chirría.

- Lo único que veo de diferente – continúa, encogiendo un hombro –, es que uno: nos conocimos cuando te colaste en mi ducha – Chloe bufa, como siempre que Beca aprovecha para echarle ese pequeño desliz en cara –. Y dos: estaba enamorada de ti.

La cabeza de Chloe se alza con tanta rapidez que es un milagro que no se haga daño en el cuello, y clava su mirada perpleja en Beca, parpadeando en su dirección un par de veces como si eso fuera a ayudarle a asimilar lo que acaba de escuchar.

- No sé por qué pareces tan sorprendida – Beca resopla una risa divertida –. Si ya lo sabías.

Chloe sacude la cabeza.

- Sabía que estuviste pillada de mí, pero eso puede significar muchas cosas… – rebate, remarcando la expresión que Beca usó para describirlo meses atrás a los pies de una piscina vacía –. Asumí que había sido un simple y tonto crush.

Ahora es Beca quien sacude la cabeza y sonríe con tristeza.

- No, Chlo – murmura –. No hubo nada de simple ni tonto en todo ese lío.

- No quería insinuar que…

- Lo sé, lo sé – le corta Beca en tono tranquilizador –. Pero ¿entiendes ahora que no quiera que, a los treinta y dos, mi relación más larga y seria sea una que tuve a los dieciocho y durante la cual estuve enamorada de otra persona? – esboza una sonrisa burlona para sí misma y pone los ojos en blanco.

Chloe resopla una risa.

- Totalmente lógico – asiente, aunque frunce el ceño al pensar en algo –. ¿No estuviste saliendo con la chica esta…?, ¿Hannah?, ¿…un buen tiempo?

- Dos años – suspira Beca, rascándose un ojo –. Me dejó cuando estaba en mi segundo tour mundial – menea la cabeza en un movimiento desaprobatorio –. Tuvo impecable puntería – bufa, sarcástica.

- Y tú y Jesse no estuvisteis los cuatro años juntos de un tirón – Chloe continúa con su reflexión –. Cortasteis un par de veces entre medias.

Beca emite un "mmhh" de afirmación.

- Pero nunca estuve con nadie en esos breves períodos así que no cuenta – lanza una breve mirada hacia Chloe y se encuentra con su azul bebé fijo en ella con una intensidad desconcertante –. ¿Qué? – inquiere con una risa nerviosa.

Chloe recoloca su cabeza sobre los nudillos de su mano y entrecierra ligeramente los ojos con obvia curiosidad.

- Siempre me he preguntado… – empieza a decir, pensativa –. ¿Alguna vez Jesse te acusó de engañarle conmigo? ¿Durante Barden?

Beca arquea las cejas con clara sorpresa al recibir esa pregunta y parpadea un par de veces. No sabía que eso fuera algo en lo que Chloe jamás hubiera pensado, ni que pudiera sentir la más mínima culpa por la ruptura entre Beca y Jesse.

Beca espera que no sea así. Cree que ha dejado bastante claro a lo largo de los años que, si alguien tuvo la culpa en todo ese desastre, fue ella.

Y un poco Jesse.

Pero principalmente Beca.

- Es que… – explica Chloe –. El otro día, cuando me llevó a casa después de cenar juntos aquí, hizo un comentario…

El ceño de Beca se frunce y no puede evitar tensarse. Conoce de sobra al rencor de Jesse, lo ha visto dirigido en su dirección demasiadas veces. Y aunque lo tienen todo hablado y perdonado, sabe que, cuando se trata de Chloe, Jesse a veces olvida que ya no están en Barden.

- Dijo que te había preguntado sobre mí varias veces y siempre le habías dicho que no significaba nada – termina Chloe con un movimiento curioso de cabeza.

Beca deja escapar una profunda exhalación y agacha la mirada con obvio arrepentimiento.

- No le hacía falta – responde en voz baja –. Cada vez que me preguntaba si sentía algo por ti, porque él lo sabía, por supuesto que lo sabía, y yo le decía que no, ambos éramos muy conscientes de que estaba mintiendo.

Beca tuerce el rostro en una mueca.

- Solo hubo una vez que sí me lo preguntó. Ese verano entre segundo y tercero que rompimos y estuvimos sin hablarnos los tres meses.

Ve la sombra del reconocimiento cruzar por los ojos de Chloe.

- El verano que pasaste conmigo – murmura la pelirroja.

Beca asiente.

- No sé si alguna vez me creyó cuando le dije que no había pasado nada – admite de forma apenas audible.

Con la mirada perdida, Beca hace un rápido repaso de su corto y trágico historial de relaciones serias: cuatro años con Jesse; y dos con Hannah, a la que conoció al poco de llegar a Los Ángeles, y la fama y los tours mundiales se encargaron del resto.

Entre medias de esas relaciones hubo otras, breves, intensas, que se acababan antes de que perdieran lo que las hacía tan divertidas: cinco meses con Justin, el bajista de su tour, y con el que curó su corazón roto; seis con Sam, un abogado especialmente hábil con su lengua dentro y fuera de los tribunales; tres con Lucy.

Y la incesante cantidad de primeras, segundas, terceras citas a las que había ido, o las noches de sexo sin ataduras de las que despiertas con la otra mitad de la cama vacía, con hombres y mujeres de los que apenas recuerda los nombres.

Beca resopla, sarcástica.

- No sé, a lo mejor el problema es mío. Soy el único denominador común en todas las situaciones – piensa en voz alta, sin darse cuenta de que Chloe no ha podido seguir su razonamiento porque, de momento, no lee mentes.

Gira la cabeza hacia Chloe con un encogimiento de hombros.

- A lo mejor beso fatal, o soy terrible en la cama.

Chloe suelta una carcajada, pero está sacudiendo la cabeza en una negativa antes incluso de que Beca termine de hablar. Usa sus piernas para atraer a Beca hacia ella hasta que puede volver a enroscar sus brazos alrededor de su cuello.

- Créeme cuando te digo que no – le asegura con un guiño pícaro –. Si hay algún problema contigo, no es en ese departamento.

- ¡Ey! – protesta Beca con un manotazo indignado, provocando una nueva oleada de carcajadas por parte de Chloe –. Se supone que tienes que decirme: "oh, Bec, no hay nada de malo en ti" – exclama en una ridícula voz –. "El problema es de ellos que no saben apreciarte."

- ¿De verdad necesitas que te lo diga?

Beca le lanza una falsa mirada dolida por el rabillo del ojo, solo para continuar con el juego, pero pronto se arrepiente. De repente, Chloe tira de ella hasta casi tumbarla encima de su pecho, y de la boca de Beca escapa un vergonzoso grito agudo.

Chloe ríe, y procede a cubrir sus mejillas y frente de sonoros besos.

- No hay nada de malo en ti, Bec – murmura en su oído y, de alguna manera, se las apaña para que su tono sea a la vez juguetón y serio –. Si no saben apreciarte, que les den. Así te tengo toda para mí.

Algo se agita de manera violenta en el pecho de Beca, y no está muy segura de qué ocurre a continuación.

Solo sabe que, un minuto tiene a Chloe riéndose bajo ella y dejando besos húmedos en su mejilla, y al siguiente son los labios de Beca los que hacen contacto con su boca y le roba a Chloe todas las risas con un beso ardiente.


A/N: Cuando proyectas tu propia crisis existencial en un personaje :')))))

PD. La película de la que hablan es Eternal Sunshine of the Spotless Mind. De nuevo, no son spoilers si se estrenó en 2004, pero seguimos disponiendo de hojas de reclamación.