Gatt: -¡Ay pero qué simpático! ¡Esta vez no nos tardamos tres años en actualizar!-

NK: -Bueno, no es como si ahora tuviésemos un horario fijo ni nada, pero es un buen comienzo-

Gatt: -Ay, ya estás otra vez quitándonos crédito. Amargado asqueroso-

NK: -¿Qué quieres que diga? Alguien tiene que aportar seriedad al asunto, visto que eres un meme viviente de la Era lolxD de la primera década del 2000-

Gatt: -… Sabes tan bien como yo que eso no es cierto y que he madurado-

NK: -Oh, ¡parece que por fin encontré tu punto débil, después de tantos años de tortura!-

Gatt: -¡Puedes irte a chupar zapatos en la Carretera Interamericana! ¡A ver si te gusta el sabor a pie de atleta de mochilero!-

NK: -Di lo que quieras, encontré algo que te molesta y lo sabes-

Gatt: -¿Ahora quién es el inmaduro? …Espera-

NK: -¿Qué pasa?-

Gatt: -¿Será que estamos invirtiendo papeles poco a poco sin darnos cuenta?-

NK: -No lo creo. Probablemente sea un caso tipo "Don Quijote", en el que Sancho Panza y Don Quijote pasan tanto tiempo juntos que adoptan pensamientos y actitudes el uno del otro-

Gatt: -¡Me rehúso a convertirme en otro NK!-

NK: -Juraría que esto ya ha pasado antes-

Gatt: -¡Solo puede haber UNOOOO!- *saca martillo de guerra*

NK: -…No me pagan lo suficiente-

(Mientras Gatt resuelve su mini crisis existencial con destrucción sin sentido y NK busca refugio en algún rincón, le damos una cordial bienvenida a todos los lectores, junto con un aviso relativamente importante: éste capítulo involucró una gran cantidad de información sobre barcos y navegación, aunque la anotación más larga está en esta sección. Por si alguien está teniendo dificultades imaginándose el Helmaroc, los escritores tuvieron como referencia una réplica a escala real de la nao Victoria, originalmente comandada por Fernando de Magallanes, que está ubicada en San Julián de la Patagonia argentina; esperamos que esto facilite un poco la imagen mental de los lectores con respecto al barco. Nuestros dedicados escritores hicieron una exhaustiva investigación, tanto del juego de Wind Waker como la vida real, para hacer este capítulo lo más exacto posible en cuestión de datos. Todo bajo control. Gracias)


Capítulo 7

El Helmaroc era un barco viejo, de cientos de años de edad; sin embargo, estaba siempre en perfectas condiciones y el mantenimiento y dedicación puestos sobre él eran visibles. Ninguna nave en todo el Archipiélago llevaba tantos años navegando como ésta, y muchos argumentarían que se veía tan nueva como el día en que tocó agua por primera vez hace varios siglos. El Helmaroc no era para nada un bote moderno: era pura madera y metal, con dos mástiles de vela cuadrada y uno de vela triangular; no necesitaba una tripulación grande y aunque tenía remos en caso de emergencia, podía manejarse incluso con viento en contra y mantener bien su velocidad. Quizás en su época de construcción no fue el navío más grande, pero ahora se podría decir que reía de último y reía mejor, porque era la última carraca-nao del mundo que no sólo se mantenía a flote, sino que también era funcional. El Helmaroc era una reliquia viviente, una pieza inolvidable del pasado que todavía se deslizaba sobre el océano sin miedo ni vergüenza: un fantasma encarnado cuya presencia resultaba incómodamente anacrónica.

Tetra no pudo evitar sentir un escalofrío, pero se mantuvo firme por el bien de su compañero: lo último que necesitaban era que ella también entrase en pánico, y menos aún por un simple barco. "Y sin embargo, de alguna forma se siente terrible el sólo mirarlo" pensó la niña. Había algo extrañamente lúgubre con respecto a la negra embarcación que cada vez estaba más cerca, y cada vez los hacía sentir más pequeños aún. No, bajo ninguna circunstancia Tetra dejaría que un montón de astillas flotantes la intimidaran: el Helmaroc no era un enemigo, era un invitado desagradable pero invitado al fin y al cabo.

-No sé qué clase de hombre pretencioso usaría un galeón de guerra como barco personal-

-Carraca-nao, en realidad-

-Bien, carraca-nao. ¿No era más fácil conseguirse un yate o algo así? Como sea, esa bañera no nos va a intimidar. ¿Estás listo?-

Link se tomó un segundo para pensarlo, pero al final asintió: -Sí, puedo hacerlo-.

El muchacho estaba visiblemente más calmado, probablemente porque había puesto toda su concentración en la dirección de su velero: el Mascarón Rojo era varias veces más pequeño que el Helmaroc, y si no tenía cuidado serían tragados por la corriente del barco más grande y se estrellarían contra él. No hacía falta ser un genio para saber quién saldría perdiendo en ese encuentro.

Con mucho cuidado, Link direccionó la caña del timón para darle más espacio a la carraca y comenzó a rodearla por babor; la idea era darle la vuelta y colocarse frente a la proa, a una distancia prudente, y regresar hacia Outset. Si bien el reglamento náutico le daba la precedencia al Mascarón Rojo por ser una embarcación de "recreación", al final gozaba de más maniobrabilidad que el Helmaroc y le tocaría esquivar cualquier peligro si fuese necesario.

-Tetra, cuando estemos frente al Helmaroc necesito que estés pendiente de él mientras mantengo el curso. Estaremos justo en medio de su derrota y eso es peligroso-

-¿Derrota?-

-Ah, es un término. La derrota de un barco se refiere a su ruta: está la ruta de la carta náutica que en teoría es la que sigue un bote, y luego está el verdadero recorrido, que nunca es igual al de la carta por la influencia del viento, corrientes o mareas. A ése se le dice derrota-

-Suena lúgubre… ¿Es decir que sin querer podría aplastarnos?-

-Básicamente. Tenemos la ventaja por ser rápidos y más pequeños, pero hay que estar atentos-

-Si es tan peligroso, ¿por qué no nos quedamos a un lado?-

-¿Dices que vayamos a su estribor? Digo, en otra ocasión sería más lógico, pero esta tradición es menos sobre ser seguros y más sobre ser hábiles-

-Querrás decir suicidas. ¿Dijiste que es la primera vez que haces esto, no?-

-No, pero es la primera vez que navego solo. ¡Espera, no estoy "solo" porque estás aquí! Me refiero a que nunca… Bueno, ¡lo importante es que trabajemos en equipo ahora! ¿Puedo contar contigo?-

-¿Considerando las otras opciones? Claro. ¿Más o menos a qué distancia hay que mantenernos?-

-Unas treinta brazas-

-… ¿Qué, vamos a hacer una parrillada?-

-¡No, no! ¡Brazas, con Z! Rayos, de verdad no sabes mucho de esto, ¿no? A ver, en medida terrestre… Uy qué enredo… Bien, si una braza son 1.8 metros más o menos…-

- Entonces son como 54 metros, un poco más de una piscina olímpica. Lo tengo-.

Link no pudo evitar sonreír al escuchar el entusiasmo de su compañera, igual que Tetra no pudo evitar devolverle la sonrisa. Uno solo puede asumir, querido lector, que había una cierta complicidad en realizar una maniobra tan moderadamente peligrosa como la que estaban a punto de hacer; no todos los días se esquiva la muerte en circunstancias como ésta. O quizás, a Tetra le gustaba hablar de piscinas y a Link le gustaba escucharla, quién sabe.

El velero ya había rodeado la popa del Helmaroc, y se alineaba con su estribor: ahora solo era cuestión de tiempo para adelantarlo y colocarse frente a la proa del buque y seguir desde allí hasta Outset. El viento por ahora se mantenía a su favor, y no parecía que la corriente los empujara demasiado fuera de curso; Tetra aprovechó para echar un vistazo a la cubierta del Helmaroc, pero desde su ángulo no podía ver muy bien a los tripulantes de la nave; de alguna forma parecía casi vacía, y no pudo evitar el breve recuerdo de ciertas leyendas que su madre le contaba sobre barcos fantasmas que surcaban los mares para recolectar las almas de los ahogados… muy probablemente, era el último tipo de pensamiento que necesitaba cuando estaba tan consciente del riesgo que estaba corriendo en esos momentos. Apartó de su mente esas historias tan rápido como pudo.

En su lugar hacía mejor en concentrarse en la distancia recomendada entre ellos y la carraca. Ahora solo tenían que llegar al muelle.


Komali tenía un mal presentimiento que no podía sacudirse de encima: no era tanto por la llegada del Gobernador, pues poco tenía que preocuparse a su edad de asuntos políticos; era más bien una extraña sensación de intranquilidad la que lo aquejaba, como si algo en el aire le estuviese indicando un cambio terrible.

Algo en el aire… Cambio terrible…

Aire… Cambio…

Sintió como se le helaba la sangre: -Oh no-.

-¿Qué pasa? ¿Komali, te sientes bien? Estás pálido- la mano de Medli se posó tranquilizadoramente sobre su hombro, pero el gesto no le calmó en lo más mínimo.

-¿Puedes sentirlo, Medli? El viento-

-¿El vient…? ¡Está aumentando en fuerza!-

-La vela de Link apenas si puede aguantar esta brisa, va a rasgarse en cualquier momento-

-¿Qué hacemos? ¡No tenemos mucho tiempo!-.

Komali buscó con la mirada entre la multitud, tratando de encontrar algo que hiciera funcionar la maquinaria en su cerebro. Finalmente, encontró algo: -Medli, busca a Quill-

-¿Y tú qué harás?-

-Buscaré sogas, de las fuertes. Dile a Quill que se dirija hacia el velero cuanto antes; si tardo demasiado, los alcanzaré-.

Los dos Ritos tomaron diferentes direcciones: uno buscaba cuerdas de amarre sobrantes lo suficientemente largas y resistentes, mientras la otra buscaba al adulto perdido entre la multitud. Casi todos los habitantes de la isla estaban allí, pero solo estaban ellos tres como miembros representantes del clan, ¿en qué momento se habían apartado, y por qué era tan difícil encontrarlo ahora? Estaba a punto de perder las esperanzas cuando por fin divisó la cabellera blanca del cartero; como pudo, Medli se abrió paso hacia él.

-¡Quill!-

-¡Ah, Medli! Creí que Komali y tú querían un poco de tiempo a solas-

-¿Tiempo a…? ¡No importa, Quill, necesitamos tu ayuda!-

-¿Pasa algo?-

-Es Link, ¿recuerdas que estaba ahorrando para una vela nueva porque la vieja tenía la tela gastada? ¡Fíjate en el viento!-

-… Oh no, se está alzando-

-Sí, y cuando se rompa la vela, el Mascarón deberá avanzar en ceñida y-

-Outset no tiene una corriente marina fuerte para traerlo a muelle, menos aún sin una orza, ¡pero el Helmaroc…!-

-Komali dice que tiene un plan, pero tenemos que adelantarnos hacia allá-

-¿Y a qué estamos esperando?-.

Quill comenzó a abrirse paso entre la gente, con Medli pisándole los talones; ambos Ritos desplegaron sus alas mientras corrían a toda velocidad por el muelle, tomando impulso, y saltaron hacia el mar. Con extrema facilidad capturaron una brisa y planearon sobre ella, lejos del puerto y hacia el pequeño bote rojo. Fue en pleno vuelo en descenso que pudieron ver la vela de Link hincharse con el brusco viento y finalmente reventar con un quejido del mástil.

-¡Formación en V! ¡No pierdan la calma! ¡Quill, lidera! ¡Medli, flanquea conmigo!- gritó Komali, que aleteaba tan rápido como podía para terminar de alcanzarlos. En sus patas y cuello llevaba cuerda pesada y gruesa. Los tres tomaron posición y continuaron su descenso.

-¡Link! ¡Aquí arriba!-. El niño rubio alzó la cabeza al escuchar su nombre, su expresión una mezcla entre miedo y sorpresa. Komali rompió brevemente formación para dejar caer parte de las sogas en la cubierta.

-¡Amarra eso al mascarón de proa, te remolcaremos!- volvió a gritar el niño Rito antes de ascender un poco y encontrarse con el resto de sus compañeros voladores. En un juego de maniobras, Komali le entregó a Medli y a Quill los otros extremos de las sogas, y una vez que se hubiesen asegurado de que Link y Tetra las hubiesen atado bien a la proa del velero, comenzaron a tirar con todas sus fuerzas.


Al principio nadie había notado nada desde el puerto: para la gente de Outset, la escolta del barco del Gobernador estaba marchando perfectamente, y tanto el velero como la carraca parecían no tener problemas y llevar buen rumbo; algunos de los isleños incluso aplaudieron cuando el Mascarón Rojo se posicionó frente al Helmaroc con éxito. Pero en el momento en que Quill y Medli despegaron, brevemente seguidos por Komali, la pequeña Aryll supo que algo extraño estaba pasando.

La niña se apartó de la marea de gente y se escabulló entre un grupo de cajas que alguien había dejado en el atracadero, subió tan alto como pudo entre ellas, tomó su catalejo de latón y buscó con la mirada el bote de su hermano. Fue entonces que vio la vela del Mascarón reventarse y rasgarse con la fuerza del viento.

-¡Se le rompió la vela! ¡SE LE ROMPIÓ LA VELA!-.

Su grito desesperado se perdió en el bullicio de la multitud. Los dos navíos estaban demasiado lejos como para que nadie pudiese notar la siniestra situación en la que su querido hermano mayor se encontraba. Nadie le estaba haciendo caso, y nadie veía el peligro.

-¿Qué has dicho, pequeña?- escuchó una voz suave pero preocupada junto a ella. Un hombre extraño de ojos carmesí se había acercado y ahora le dedicaba toda su atención.

-¡Es mi hermano mayor! ¡La vela, se acaba de romper y pierde velocidad! ¡Si el Helmaroc lo alcanza…!-

-… ¡Tetra!-

-¡Alguien tiene que remolcarlo, o hacer algo! ¡Por favor, señor!-.

El desconocido miró en dirección al mar y tragó saliva. El corazón de Aryll dio otro vuelco al darse cuenta de que el joven adulto estaba tan impotente ante la situación como ella: -Están demasiado lejos y no poseo un bote… Espera, ¿qué están haciendo esos Ritos?-.

Aryll volvió a sostener el catalejo frente a su ojo y enfocó lo mejor que pudo el velero rojo.

-¡Están remolcando el Mascarón entre los tres!-

-¿Cómo está Link? ¿Qué hay de Tetra, la otra tripulante?-

-Parecen estar bien. ¿Conoces a mi hermano? Ah, pregunta tonta. Todos conocen a Link-

-Es amigo de mi sobrina Tetra, o algo parecido. Me llamo Sheik, por cierto. ¿Cómo están de distancia, están a salvo?-

-Perdieron parte de la distancia de seguridad, y bajaron la velocidad. ¡Ah, el Helmaroc está cerrando las velas!-

-Pero el Helmaroc puede timonear sin viento y mantener muy bien su velocidad… ¿Alguno de los dos botes está siquiera intentando cambiar rumbo?-

-Rumbo fijo para los dos. ¡Oh Link, ¿qué estás intentando probar?!-

-A una distancia tan corta, el Helmaroc probablemente los está arrastrando sin querer; cambiar de dirección podría empeorarlo… Necesitamos un verdadero remolcador. ¿No hay ningún barco a motor en la Isla? Sería la única forma de alcanzarlos a tiempo-.

Aryll dirigió su atención hacia la multitud: los isleños por fin se habían percatado de lo que estaba ocurriendo, y ahora el pánico era visible en sus rostros… pero nadie hacía nada. Era como si estuviesen congelados en el tiempo, como si fuesen un jardín de estatuas esculpidas en una eterna expresión de horror. Entre la gente pudo ver a Daphnes, también paralizado, pero su cara como siempre se mostraba impasible ante la más terrible de las situaciones: incluso con su única nieta al alcance del peor de los desastres, el hombre mayor se mostraba totalmente estoico.

-Concéntrate, pequeña. ¿De verdad no hay nadie que pueda ayudarnos?-.

Y entonces, casi como un milagro, Aryll notó que había alguien inquieto en ese mar de personas petrificadas. De un salto se bajó de las cajas que le sirvieron como plataforma, y corrió hacia el gentío en busca de su única esperanza; el hombre de los ojos rojos, Sheik, la siguió inmediatamente.

-¡Linebeck!-

El aludido se dio media vuelta al escuchar que lo llamaban: -¡Aryll! ¡¿En qué chícharos estaba pensando tu hermano cuando se lanzó a la mar con esa vela?!-

-¡En otro momento pensamos en eso, ahora hay que salvarlo!-

-¿Salvarlo?-

-Esos tres Ritos no podrán traerlo a muelle a tiempo, menos aún ponerlo a salvo- interrumpió Sheik con voz firme- ¿Linebeck, cierto? Me llamo Sheik, mi sobrina también está en el velero. Necesitamos a alguien con un barco a motor para remolcarlos de vuelta-

-¿Remol…? Pero-

-¿Tiene usted un barco a motor o no?-

-Es a vapor, pero ese no es el problema. Aryll, de verdad quiero ayudar, pero no sé si se me está permitido intervenir en esta situación: muy pocos puertos en el Archipiélago me reciben, si Outset me cierra las puertas-

-¡Por favor, señor Linebeck! ¡Es urgente! ¡Ayúdenos!- rompió a llorar la pobre niña. Sus lágrimas resbalaban por su rostro desconsoladamente. Sheik colocó una mano tranquilizadora sobre su hombro a la vez que lanzaba una mirada de súplica y severidad al marinero. Linebeck estaba visiblemente sopesando la situación y tratando de tomar una decisión: estaba atrapado entre la espada y la pared.

-… El capitán Linebeck no dejará que su mejor grumete duerma con los peces hoy. ¡Síganme!-.


Tetra ayudó a Link a retirar la vela rota lo mejor que pudo: ahora el pedazo de tela inútil descansaba en la pequeña cubierta de la vieja barca, y la niña no pudo evitar sentir una cierta envidia hacia el objeto por poder descansar quieto. Komali, Medli y Quill hacían su mejor esfuerzo y por ahora los mantenían a salvo, pero esas treinta brazas de seguridad ya se habían convertido en la mitad de su distancia original; el Mascarón no contaba con remos ni tampoco con una orza, que según Link había explicado, era una especie de aleta inferior que ayudaba al bote a navegar sin viento; no podían saltar al agua porque incluso si el Helmaroc milagrosamente no los arrastraba y ahogaba, Link no sabía nadar, ella no podía llegar con él hasta la orilla desde allí, y los tres Ritos no podrían cargar con los dos de vuelta; el Mascarón Rojo estaba demasiado cerca como para maniobrar lejos del curso de la carraca y no ser convertido en astillas.

Lo que más le extrañaba era que nadie había hecho nada para ayudarlos. Estaban lejos de Outset, pero alguien tendría que haberse dado cuenta del fallo del bote cuando el barco más grande guardó sus velas en un intento por bajar su velocidad. Inequívocamente, ahora Tetra odiaba esa Isla más que nunca.

-¿Link?- llamó ella a su compañero. El muchacho mantenía su mano firme en el timón, tratando de ayudar en lo único que podía. Lentamente volteó hacia ella, y el corazón de Tetra saltó al abismo cuando sus normalmente gentiles ojos marrones estaban resignados y sumidos en un profundo dolor.

-Perdóname-

-…¿Qué?-

-Debí haber regresado cuando podíamos para que te quedaras en tierra. Debí haber conseguido salvavidas y remos, o por lo menos una vela nueva. Debí haber revisado el tejido en primer lugar, por Din, y me habría dado cuenta de que no serviría-

-¿Te vas a dejar derrotar ahora?-

-Tetra, no queda nada más. Literalmente estamos ante la derrota del Helmaroc, en ruta de colisión. Lo único que nos falta es que el aislante ceda y nos hundamos-

-¡No lo digas en voz alta que sí pasa!-

-Ah, perdón-

-No entiendo de todas formas lo que estás haciendo-

-Bueno, la caña del timón se usa para direccionar el-

-¡Eso no, concéntrate, cretino! Eres la persona más alegre que conozco; eres ridículamente servicial y amable, un cursi total, ¡diablos, eres más bueno que el pan, un rayito de sol y todo eso! Si vamos a morir ahora, esperaría que fueses tú el que da ánimos. Después de todo, nunca he sido buena con las palabras, y tú nunca te callas-

-Tetra…-

-Es la tercera vez el día de hoy que casi te derrumbas, Link. Claro, tienes todo el derecho a hacer lo que quieras con tus sentimientos, y más aún con el lío en el que estamos, pero… Bueno, estoy notando un patrón. Cada vez que este velero está involucrado, eres infeliz. No sé por qué, ni me interesa saber, a menos que quieras contarme-

-Considerando que moriremos…-

-¡No! ¿Sabes qué? ¡No me digas! ¡Ya me contarás cuando salgamos de esta! Estoy segura de que alguien vendrá a ayudarnos. Sé que por lo menos mi tío lo hará, aunque tenga que venir remando sobre una gaviota-.

Link no pudo evitar que se le escapara una pequeña risilla ante la idea. Tetra lo tomó como una señal de que las cosas iban a mejorar, aunque sea un poco: estaba convencida de que podía contar con Sheik, que nunca le había fallado en el pasado; hasta guardaba la esperanza de que su querido equipo de natación, sus amigos, fueran parte de la iniciativa de rescate.

-Gracias por tratar de animarme, Tetra. Me siento un poco mejor-

-Cuando quieras. Agradecería si mantuvieras el espíritu a flote, pero si necesitas desahogarte, me ofrezco como salvavidas-

-… ¿Eso fue un juego de palabras?-

-Puede ser que sí, puede que no- le lanzó un guiño de complicidad. Esta vez la risa de Link fue mucho menos tímida, totalmente abierta y genuina, incluso refrescante después de que el pobre muchacho se sintiese tan mal como lo había hecho hace unos momentos. A pesar de las circunstancias, Tetra no pudo evitar cierto alivio por devolverle algo tan inesperadamente valioso. Mientras más tiempo pasaba en compañía del isleño, más podía notar las similitudes entre los dos, y cuán lastimado por dentro estaba realmente Link; de cierta forma, aunque no sabía las circunstancias exactas, no necesitaba saberlas. O al menos, eso es lo que decidió la joven nadadora en esos momentos.

Y quizás fueran las garras de la muerte tocando a su puerta, o tal vez una cosa de dicha decisión, pero por primera vez en todo su tiempo de conocerse, Tetra logró sentirse enteramente cómoda con la presencia del muchacho. Porque si sus caminos se habían cruzado, ¿seguramente había una buena razón, no? Alguna cosa se debía poder rescatar de todo el asunto con Daphnes y el dilema de su custodia. Esa cosa bien podría ser un simpático, gentil y parlanchín muchacho como nueva adición a su pequeño pero cercano círculo social.


Quill, Medli Komali continuaban remolcando el Mascarón Rojo tan rápido como podían. A su favor tenían el viento auxiliar creado por su formación y la suficiente experiencia volando como para mantener esa distancia de seguridad a medias por ahora, pero a diferencia de Quill, que era cartero y estaba acostumbrado a llevar pesadas cargas a través de todo el Archipiélago de Hyrule, Medli y Komali no soportarían mucho tiempo más; cuando eso ocurriese, perderían velocidad, luego distancia, y finalmente…

Pero ninguno de los tres se atrevía a decir nada al respecto, ya sea por temor a que se cumpliera, o porque estaban demasiado ocupados haciendo su mejor esfuerzo para que el siniestro final no se llevase a cabo. Era mejor quedarse sin aliento de esa manera que perderlo con palabras espantosas.

Quill mantenía su posición al frente, sus fuertes alas capaces de cortar por el aire creaban una corriente auxiliar para los dos Ritos más jóvenes, pero esto sólo los ayudaría por un tiempo más. La mirada del adulto se concentraba por ahora en dirección a Outset. En esos momentos, era lo mejor que podía hacer para facilitar las cosas: guiar el vuelo y esperar un milagro, pero estaba seguro de que jamás vendría de la Isla; más bien, les tocaría a ellos regresar con una tragedia.

Por eso se extrañó tanto cuando vio una pequeña columna de humo y un objeto que se acercaba contra viento y marea desde el puerto y a gran velocidad. Hizo una seña con la cabeza para llamar la atención de Medli y Komali, que ahora también se fijaban en el distante punto que cada vez estaba más cerca.

-¡Link! ¡Tetra!- los llamó de repente Komali, rompiendo el silencio que hasta ahora se había mantenido en las alturas.

Link rápidamente dirigió su mirada hacia el Rito: -¿QUÉ PASA, 'MALI?-

-¡Habla normal, te oigo desde aquí! ¡Y no me llames así!-

-¿QUÉ? ¡NO TE OIGO!-

-¡Que no grites!-

-¿QUÉ?-

-¡Que no me…! ¡AGH!-

-¿AGH?-

-¿POR QUÉ ERES TAN IRRITANTE?-

-¡ES QUE NO ME TIENEN PACIENCIA!-

-¡COMO SEA! ¡SE ACERCA UN BARCO!-

-…¿Qué?-

-Ah, ¿entonces sí puedes hablar con un volumen decente?-.

Ahora que lo observaba mejor, Quill se dio cuenta de que el objeto humeante no era otra cosa que un barco a vapor que se deslizaba rápidamente por el agua y mantenía el curso hacia ellos.

-Viene hacia acá. ¿Podrá ser ayuda? ¿Nos arriesgamos a buscarlos?- preguntó el hombre alado. Medli dirigió sus ojos hacia la distante embarcación, luego negó con la cabeza.

-Si uno de nosotros va…-

-El Mascarón podría perder distancia- completó Quill al comprender lo que la muchacha quería decir -Esperemos a que estén más cerca: Medli, volarás hasta esa nave y pedirás su ayuda-

-¿Yo? Pero Komali y tú son más rápidos-

-Precisamente por eso podemos hacer un último esfuerzo y mantener mejor la distancia segura. Necesitamos que les expliques qué está pasando si no lo saben ya, y darles el plan de rescate-

-¿Cuál plan?-

-Vamos a necesitar gran precisión. ¿Estas cuerdas tienen, qué, unos ocho metros como máximo? Ese barco debe posicionarse junto al nuestro con esa distancia o menos, y debemos aterrizar sobre su cubierta. Desde allí, si es posible con ayuda de la tripulación, hay que asegurar las cuerdas con amarres y remolcar el velero fuera de peligro-

-¿Funcionará?-

-Si el mascarón de proa no se ha reventado con nosotros jalándolo, aguantará la fuerza de un vapor si no acelera demasiado o repentinamente. Es solo hasta que esté fuera de peligro… quizás tengan un pescante y puedan arriar el bote a cubierta-

-No tenemos muchas opciones… Lo intentaré-.

Komali había estado escuchando atentamente el plan, y aunque no intervino como Quill habría esperado, pudo ver que la idea de la maniobra no era precisamente de su agrado. Pocas veces el joven Rito accedía tan fácilmente a que Medli realizara hazañas de vuelo sola, no porque la niña no fuese capaz, sino porque los dos se llevaban a todas partes como compañeros cuando estaban sobre el mar. Estaban acostumbrados a apoyarse en la corriente de aire que generaba el otro para planear y sostener el vuelo por distancias largas: ahora que ella estaba cansada y avanzaban con el viento soplándoles las espaldas, desplazarse sin una corriente auxiliar sería aún más agotador. Incluso los carteros más experimentados del Servicio Postal mantenían formación de vuelo todo lo que podían antes de tomar direcciones diferentes.

Pero las circunstancias los obligaba si querían salvarse: Medli tendría que volar cansada, aterrizar brevemente y luego despegar una vez más y en esta ocasión sin mucha carrerilla de impulso para ayudar con la maniobra de rescate.

Con una seña de Quill, Medli le entregó la cuerda con las patas, planeó sobre el aire y describió un círculo antes de dirigirse, con vuelo raudo, en dirección al barco de vapor que mantenía su ruta hacia ellos. Quill y Komali cambiaron sus posiciones y tomaron una nueva formación en el cielo: uno junto al otro, aleteaban con más fuerza que nunca para mantener todo lo posible la velocidad original que habían adquirido cuando eran tres. El Mascarón Rojo conservaba por ahora la distancia de seguridad sin haber perdido un centímetro, pero tanto los navegantes sobre él como los dos Ritos remolcándolo sabían que no podrían seguir así por mucho tiempo.

Quill sintió un gran alivio cuando Medli alcanzó el vapor y aterrizó en él a salvo. No necesitaba voltear para saber que Komali compartía sus sentimientos. La niña guardó sus alas y desapareció detrás de la cabina, muy seguramente para hablar con el capitán de la embarcación. Durante unos pocos minutos que parecieron interminables, Quill casi podía sentir el corazón latiéndole en la garganta, pero cuando vio que el barco no cambiaba de dirección y mantenía su curso hacia ellos, supo que venía a ayudarlos.

-Aguanta un poco más, Komali. ¡Vienen por nosotros!-.


Linebeck no estaba muy seguro de cómo iba a rescatar al velero que por ahora se mantenía peligrosamente delante del Helmaroc: en uno de sus escasos momentos de valentía y generosidad, había aceptado impulsivamente hacer semejante faena, pero lo cierto es que estaba absolutamente aterrado ahora que tenía un poco de tiempo para pensar las cosas. Su barco de vapor, por no decir su casa, se metería directamente en la derrota del imponente Helmaroc. El S.S. Linebeck estaría a escasas brazas de la carraca-nao personal del Gobernador del Archipiélago. Y todo porque cierto mocoso se había olvidado de revisar bien su pequeño y gastado velero antes de lanzarse al mar para continuar con una temeraria, por no decir estúpida, tradición arcaica.

Pero bueno, aunque rara vez lo admitía, Linebeck tenía un lado flaco por dicho mocoso. De hecho, no se sorprendería si toda Isla Outset tenía cariño por Link: era un muchacho trabajador, dedicado, servicial y de buen corazón. El pobre a esas alturas ya debería haber probado cada empleo posible en esa piedra desolada a la que llamaban Outset. Todo el mundo y su tía conocía a Link, el parlanchín isleño de los mil y un oficios. Linebeck era testigo de lo afanado que era ese niño: ya habían trabajado juntos.

Ahora le tocaba a él ser igual de tenaz, si no es que temerario, y darle una mano al mejor grumete que jamás tuvo el placer de contratar… Pero seguía sin tener ni la más mínima idea de cómo hacer eso. Su barco de vapor servía como correíllo, no como salvavidas: estaba equipado para transportar cargamento, pasajeros y de vez en cuando correo que el servicio de SPA no cubría, pero cualquier otra cosa estaba fuera de su alcance. Sí, la verdad es que no había tenido corazón para decirle nada de esto al preocupado Sheik y la angustiada Aryll, que lo acompañaban dentro de la cabina mientras él timoneaba la nave en la dirección correcta.

Por eso fue extremadamente conveniente cuando un plan de rescate le cayó literalmente del cielo. La niña Rito, que conocía a Aryll y que ahora sabía que se llamaba Medli, les explicó jadeante pero velozmente la maniobra que se habían ideado ella y sus compañeros alados.

-Suena como lo mejor que podemos hacer- asintió Linebeck, después de escuchar todo -no me hace mucha ilusión, pero he tenido que hacer peores por menos-

-¿Como qué, señor Linebeck?-

-Digamos que hay buenas razones por las que la mitad del Archipiélago me tiene en su lista negra, Aryll. Pero gracias por la fe, de todos modos. ¡Ahora prepárense, rueda a babor!-.

Con una mano, el capitán comenzó a girar la rueda del timón hacia la izquierda mientras que con la otra hizo sonar la bocina de la nave con un poderoso ¡FWUOO!. Si iban a acercarse tanto al Helmaroc para interrumpir una escolta tradicional, por lo menos tendrían la educación de anunciarse.

Medli salió de la cabina y tomó vuelo nuevamente; Linebeck pudo ver cómo la niña alcanzaba a juntarse con sus otros dos compatriotas antes de perderla de vista en su giro. Debía prestar gran atención ahora: logró colocarse a la izquierda del Mascarón Rojo y luego lo rebasó ligeramente; bajó la velocidad del motor para mantener una distancia uniforme con el velero, y mentalmente rezó a todas las deidades del mar que conocía mientras Sheik también abandonaba la cabina.

-¡Señor Linebeck, están aterrizando!-

-Bien, bien. Aryll, ¿sabes de amarras? Ve a darles una mano, los Ritos no saben un pepino de esas cosas y no queremos que se zafe nada-.

La pequeña también se escabulló de la cabina hacia cubierta, dejando al capitán solo. Entre los Ritos, Sheik y Aryll lograron asegurar los amarres correctamente; Linebeck miró atrás y cuando estuvo seguro de que no podrían oírle, dejó escapar una sarta de palabrotas de todos los colores mientras cuidadosamente aumentaba la velocidad y maniobraba el timón para sacarlos de allí.

-¡Esperemos que el Gobernador tenga más cabeza que ese niño insensato!-.


Daphnes no dijo nada cuando el correíllo a vapor zarpó en dirección a la catástrofe. Tampoco dijo nada cuando éste logró alcanzar al Mascarón Rojo, amarrarlo a su popa y acelerar lejos del peligro. Todos los isleños a su alrededor gritaban y vitoreaban de alegría mientras el velero era remolcado fuera de la derrota del Helmaroc, pero él permanecía como un monolito inmóvil ante la marea de gente alborotada que lo rodeaba, como un risco contra las olas tormentosas de una borrasca.

Unos minutos después, el S.S. Linebeck atracó en el puerto de Isla Outset, con el Mascarón Rojo a salvo junto a él y con el Helmaroc justo atrás. El viejo observó cómo su nieta se reunía con los detestables miembros de su equipo de natación y con Sheik. También pudo ver que Link se reencontraba con Aryll y la Abuela. Entre todos agradecieron la ayuda de los tres Ritos, y por supuesto la de Linebeck. Pero su atención no permaneció allí mucho tiempo: se dirigió a la cabeza del muelle para ver al Helmaroc mientras terminaba de atracar.

Uno a uno, los miembros de la tripulación de la carraca-nao fueron desembarcando: unos diez marineros, seguidos por una mujer joven pero imponente, y finalmente el mismísimo Gobernador del Archipiélago de Hyrule, el hombre al que había estado esperando...

Y también el hombre que pasó junto a él, ignorándolo por completo, para marchar junto con la dama directamente hacia el grupo reunido alrededor de Tetra y Link. Le tomó unos segundos procesar que el Gobernador lo había dejado plantado y sin siquiera saludar, pero se recuperó del shock y avanzó tan rápido como le permitía su orgullo en su dirección. Cuando logró alcanzarlo, el funcionario y su acompañante estaban frente al grupo.

-Gobernador Dragmire- lo llamó el anciano, las primeras palabras que había dicho desde que su nieta había zarpado en el infame velero.

-Daphnes Nohansen Hyrule. Dejémonos de formalidades, me gustaría saber con exactitud en qué estaba pensando cuando organizó este desastre flotante de evento-

-… ¿Disculpe?-

-No, no queda disculpado. ¿Siquiera comprende usted la gravedad de esta situación? ¿De verdad no le concierne en lo más mínimo todo lo que acaba de acontecer?-

-No entiendo por qué tanta sorpresa- intervino Tetra, sus ojos azules como el océano ardiendo con la furia incontenible de una tempestad -a este hombre le importa poco lo que le ocurra a nadie-.

Ahora era la niña la que tenía la atención del Gobernador, que la observaba con interés mientras frotaba su corta barba rojiza: -¿Oh? Parece que no todos le adoran ciegamente en estos días, Nohansen. Definitivamente no es de por aquí. ¿Quién es usted, jovencita?-

-Me llamo Tetra, y ese viejo es mi abuelo, aunque preferiría que no lo fuera. ¿Y usted? ¿no le dijeron que es maleducado preguntar nombres sin decir el suyo primero?-

-¡Ah, pero dónde están mis modales!- sonrió cortésmente, sus dientes blancos contrastando con su piel oscura y sus ojos dorados casi chispeando como metal al rojo vivo -Soy el Gobernador Ganondorf Dragmire, a sus órdenes-.

Fin del Capítulo


Gatt: -¡Que no se diga que no fuimos rápidos esta vez!-

NK: -Considerando la cantidad de investigación que requirió escribir todo esto, hay que admitir que me sorprendiste-

Gatt: -Digo, todavía me siento un pelín mal por hacerlos esperar tanto por el capi anterior… ¡Pero también es que el 80% de esta enciclopedia la escribiste tú!-

NK: -Puede ser, pero también es cierto que eres casi tan obsesiva con los datos como yo. Si no tuvieras una obsesión tan grande por la exactitud histórica, probablemente no tendría tanto material para escribir. ¿Podrías simplemente tomar el cumplido y ya?-

Gatt: -Voy a hacer una lista: leí parte del Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar (SOLAS), varios artículos sobre reglamento de navegación, estudié la escala y los modelos de todos los botes en Wind Waker, me aprendí todo lo posible en referencia a embarcaciones de vela desde el siglo XVI al actual, y terminé leyendo sobre la física del vuelo de las aves: desde el Archaeopteryx del periodo jurásico, hasta el albatros y la gaviota moderna junto con el patrón de migración del ganso canadiense. No sé en qué otro momento de mi vida voy a necesitar toda esa información otra vez, pero a este paso podré pilotar avionetas y cruzar el Atlántico en una balsa sin experiencia previa. O trabajaré en un museo de biodiversidad marina, lo que suene más sexy-

NK: -…Por favor no vuelvas a usar la palabra "sexy" en la misma oración que "museo". Pero sí, tomó mucha investigación escribir esto, esperemos que no se haga muy tedioso para los lectores-

Gatt: -¡Y ya que estamos hablando de eso, ¿quieren saber mi conclusión final?! ¡Los barcos en Wind Waker son bañeras en reversa!-

NK: -Ay no-

Gatt: -¡Lo digo en serio! ¡Apenas si tienen las proporciones mínimas para flotar! ¡King of Red Lions ni siquiera tiene una orza, ¿cómo porotos hace para navegar sin vela? ¿Cómo no se vuela de cabeza con ese tamaño de proa? ¿Cómo es que la vela no gira como una stripper en un palo si no tiene amarra?!-

NK: -Gatt, detente, le estás buscando lógica a un videojuego. Uno muy estilizado. De Nintendo-

Gatt: -¡No tiene QUILLA, es LLANO POR DEBAJO! ¡NO TIENE ANCLA! ¡LA ESCOTILLA ES DECORATIVA!-

NK: -¡Es Nintendo! ¡Es Legend of Zelda! ¡Buscar lógica allí es como dividir por cero!-

Gatt: -¡SU POPA, DÍCESE EL CULO DEL BARCO, ES PLANA! ¡TIENE CULO PLANO! ¡ESE BOTE NO TIENE BOTE!-

(Como un favor a los queridos lectores, interrumpimos esta discusión francamente frívola para agradecerles nuevamente por soportar este capítulo especialmente largo: esperamos de corazón que no haya resultado tedioso. Nuestros dedicados escritores hacen su mejor esfuerzo para traerles contenido de calidad, redactado con mucho amor).

Gatt y NK: -¡Heil FRIKI!-