Gatt: -No puede ser, ¿NK, podrá ser que por fin tenemos el tiempo y las ganas para actualizar regularmente?-

NK: -Yo en realidad no me confiaría mucho, considerando que nuestra inspiración es fluctuante y también nuestro horario-

Gatt: -Buen punto, pero por ahora parece estable así que…-

NK: -¿Qué estás tramando esta vez?-

Gatt: -¿Por qué asumes que tramo algo?-

NK: -¡Reconocería esa expresión en cualquier lado!-

Gatt: -En realidad, sólo hice una portada-

NK: -Y generalmente termina en un acto de destrucción masiva que… ¿Portada?-

Gatt: -Es algo que implementaron hace años, pero nunca había puesto una-

NK: -Ah, cierto. No querías usar la imagen de alguien más-

Gatt: -Obvio que no, iría contra mis principios usar el arte de alguien sin pedir permiso. Y ahora que soy decente digitalizando mis bocetos, prefiero hacer mis propias portadas a pedir nada prestado-

NK: -Bueno, me parece un bonito gesto-

Gatt: -¡Y es por eso que ahora le voy a hacer portada a todo lo que escriba!-

NK: -Eh, mientras no desvíes tus prioridades con la universidad…-

Gatt: -¿Cuándo he procrastinado en mi vida, NK?-

NK: -Tardamos tres años y dos meses en subir el capítulo 6 de este mismo fic. Y se supone que es un hobby, ¿quién procrastina un hobby?-

Gatt: -¡Pero lo subimos! ¡Hay gente que deja a sus fics morir, pero yo siempre cumplo tarde o temprano! ¡Igual con mis tareas!-

NK: -¡Las tareas tienen fecha de entrega, inepta!-

(Mientras nuestros escritores se apresuran para entregar todas sus tareas a tiempo, anunciamos que oficialmente este fanfiction tiene portada; si alguno de los lectores está interesado en que Gatt les haga una, pueden contactarnos por un PM, review, o si gustan pueden buscarnos en DeviantArt bajo el mismo nombre de usuario que acá. Por si acaso, también hay un link al final del perfil de los escritores, que también se darán a la tarea de crear portadas para el resto de sus demás fics. Todo bajo control. Gracias)


Capítulo 8

Sheik se colocó junto a su protegida y puso su mano sobre el hombro de la niña, tanto para indicarle que guardara silencio como para hacerle entender que él se encargaría de este asunto de ahora en adelante. La presencia del Gobernador, ese hombre llamado Ganondorf, resultaba casi desagradable después del peligro que habían corrido hasta hace poco, de forma indirecta, en sus manos. Quizás era su imponente figura, más alta que la de cualquiera de ellos, o puede que fuese su extraña cortesía, que no encajaba del todo con sus facciones severas, pero Sheik presentía que era mejor mantener la conversación entre adultos de ahora en adelante.

-Disculpe a mi sobrina. Después de lo que acaba de ocurrir, comprenderá que todos estamos bastante alterados todavía-

-Por supuesto. Vine hasta aquí apenas desembarcamos para asegurarme de que nadie estuviese herido; me temo que poco puedo hacer para consolarlos, más allá de una indemnización… ¿Usted es…?-

-Sheik el Sheikah, y en lugar de una compensación, me gustaría más una explicación. ¿Cómo es que su administración permite que se perpetúe una tradición tan peligrosa sin tomar las precauciones necesarias?-

-Ah, un Sheikah. Su raza está casi extinta, ¿no es así? Al igual que la mía. Poco se puede rescatar de nuestras culturas, así que lentamente han muerto en este mundo moderno; somos todavía menos capaces de entender la obsesión de ciertas personas con las suyas- Ganondorf dirigió sus ojos dorados hacia Daphnes. Como el viejo permaneció callado, el Gobernador decidió continuar con su discurso.

-¿Qué sabe un Gerudo de tradiciones, honestamente? A estas alturas de nuestra historia como pueblo, hemos prácticamente desaparecido. Lamentablemente no puedo darle una respuesta más allá de mi experiencia como testigo. Lo cierto es que el gobierno de Hyrule ha estado prestando especial atención a la conservación cultural, ¿me imagino que está familiarizado con sus programas?-

-Becas para estudios relacionados con antropología, auxilios económicos, en algunos casos viviendas y exoneración de ciertos impuestos. Funcionó para restaurar la población de Gorons en algunas provincias-

-Pues bien, lamento informarle que poco se interesan por el Archipiélago de Hyrule. Estamos en segundo plano: todas las islas habitadas se han visto obligadas a adaptarse de alguna forma, pero Outset se aferra ciegamente a la ilusión de que en algún momento recibirá ayuda por conservarse tradicionalmente. Aquí tiene el mejor ejemplo de esto-.

Ganondorf hizo un gesto hacia Link, señalándolo casi acusadoramente: -Ya he visto a este joven muchacho antes en ese armatoste mal mantenido al que llama velero, pero es la primera vez que lo navega sin un adulto. Ninguna ley en Outset prohíbe que un niño de su edad escolte el Helmaroc, siempre y cuando sea el dueño del bote. Tampoco se le exige o se colabora con su mantenimiento, aunque igualmente se le obliga a participar, y se le da prioridad a la velocidad del vehículo, no la seguridad de los pasajeros-.

Link bajó la mirada, avergonzado; Aryll y la Abuela lo abrazaron para darle ánimos, pero visiblemente no funcionaba. Sheik se percató de que, aunque el comentario no le hizo ni pizca de gracia a nadie, Tetra estaba especialmente disgustada con las palabras de Ganondorf, pero la niña se mordió la lengua. Esta vez, el hombre pelirrojo posó su mirada sobre Quill.

-Los Ritos son un buen ejemplo de una tradición bien llevada: llevan siglos encargándose del servicio postal eficientemente, y son indispensables en el Archipiélago. Pero la isla volcánica a la que pertenecían se hundió hace mucho tiempo también, y tuvieron que adaptarse; terminaron estableciendo su clan en Outset en un intento por colaborar con la economía local, pero rara vez contratan isleños. Son ajenos al verdadero problema, y esta es una de las pocas veces en que los he visto intervenir-

-Respetamos las decisiones de la administración interna de Outset, Gobernador- se defendió Quill -Los Ritos mantenemos nuestras costumbres, y Outset mantiene las suyas-

-Las costumbres de los Ritos son útiles para el Archipiélago y por eso se conservan, pero las de Outset son obsoletas, por no decir necias. Allí radica la diferencia. ¿Por qué crees que solo ustedes tres se atrevieron a intervenir? ¿Será porque está prohibido interrumpir la maniobra de escolta, porque es más importante llevar a cabo un ritual inútil que la vida de dos niños?-.

Medli abrió la boca para hablar, pero Komali la detuvo y negó con la cabeza. Finalmente, Ganondorf volvió a señalar hacia el grupo, esta vez a Linebeck. El marinero había intentado ocultarse entre la pequeña multitud sin éxito, pero la atención de Ganondorf estaba totalmente centrada en él.

-Este hombre es famoso por su infamia. Su barco y él tienen la entrada prohibida en numerosos puertos por todo el Archipiélago, hasta el punto en el que incluso yo puedo reconocerlo. Pero esta vez, supongo que hay que agradecerle su mala costumbre de romper las reglas: fue el único barco que salió al rescate, y muy probablemente era el único que podía hacerlo. Outset no permite el ingreso de barcos con motor de combustible y por eso todos sus habitantes tienen veleros-

-…Es cierto. La única razón por la que puedo atracar en Outset es porque mi nave clasifica como piróscafo al ser de vapor. Un tecnicismo que también aprovecha el servicio de ferry-

-Esta ley es la misma que me obliga a venir aquí en el Helmaroc, y también la que impide que los pesqueros de Outset puedan competir con las demás islas. Su necedad con la pesca artesanal es en parte lo que los está matando. Pero eso no es todo. Dígame una cosa, Linebeck: ¿hay alguna razón particular por la que no zarpó inmediatamente para ayudar?-

-Pues verá, es que… Bueno, no soy un local: intervenir en una tradición importante y técnicamente sabotearla podría haber causado que me prohibieran venir más, lo sé por experiencia pasada. ¡No lo piensen mal, de verdad quería ayudar desde un principio! Pero…-

-Incluso si estaba rescatando a alguien, haciendo lo correcto, podría ser castigado. ¿Lo ve ahora, señor Sheik? ¿Hasta qué punto llega el fanatismo de esta gente, y cómo todas las piezas encajan? Dos niños en un velero dañado acercándose a una carraca varias veces su tamaño, quedan a merced de la muerte y nadie, absolutamente nadie, hace nada. Deben ser socorridos por tres carteros y un paria, un grupo de forasteros, ¡porque todos los demás son incapaces de anteponer sus vidas a sus leyes obsoletas! ¡Así de egoístas son!-.

Una chispa de ira se encendió en Ganondorf, su voz alzándose hasta quedar peligrosamente cerca de convertirse en un bramido de furia. El imponente Gobernador, con sus cabellos rojos, su piel oscura y sus irises dorados parecía puro fuego, carbón y ascuas, capaz de destruir cuanto se interponía en su camino si se lo proponía. No se podía negar que era muy apasionado, aunque sus intenciones parecían ir más allá de pura preocupación: parecía cansado, como si ésta no fuese la primera vez que tuviese que lidiar con este problema y el suceso de hoy era apenas la gota que derramó el vaso.

Ganondorf respiró hondo y suspiró, recuperando así su compostura. Había un atisbo de desprecio en sus facciones mientras se dirigía a Daphnes: -Suficiente vergüenza por un día. Mi paciencia tiene un límite, Don Nohansen, y ya he sido indulgente por demasiado tiempo con estas tonterías. ¿Han tenido en cuenta mi propuesta del año pasado?-

-Outset se mantiene firme en su decisión. Nuestra cultura y herencia se quedan-

-Entonces no puedo hacer nada más por ustedes-

-Podemos discutir los términos-

-¿Términos? ¿Siquiera queda algo por discutir? Ya a estas alturas me conozco sus "términos" de memoria, y por lo tanto también me mantengo firme. Escucharé lo que tenga que escuchar mañana y cumpliré con mis funciones de Gobernador, no con el juego que pretenden que mantenga. Por ahora, empezaré con remendar parte de su desastre-.

Ganondorf se dio media vuelta, rehusándose a seguir mirando a Daphnes a la cara; apoyó una mano sobre la dama que lo había acompañado en silencio hasta ahora.

-Otorgo un indulto por cualquier castigo que Outset pueda querer administrar a los participantes del rescate: no voy a permitir que reciban escarmiento por hacer lo correcto. Si alguno de ustedes necesita algo más, pueden comunicárselo a Jolene. Buenas tardes-.

Y así, sin decir otra palabra, el corpulento hombre se retiró por donde vino, en dirección al Helmaroc. Jolene por otro lado permaneció allí, en silencio, mientras seguía al Gobernador con la mirada; el grupo hizo lo mismo, por lo menos hasta que Ganondorf estuvo lo suficientemente lejos como para no oírlos. Solamente entonces, Jolene habló.

-¡LINEBECK! ¡Ni creas que te vas a escapar esta vez!-.

Y vaya que habló.

Jolene se giró vertiginosamente sobre sus talones y caminó a largas zancadas hacia el aterrado marinero, que nuevamente estaba intentando escabullirse lejos ahora que la atención de todos estaba centrada en otra cosa que no era él; no hacía falta ser un genio para saber que era mejor apartarse del camino de la joven mujer, y eso fue lo que hicieron, dejando a Linebeck completamente descubierto y a la merced de su furia.

-Traidores, traidores todos…- masculló por lo bajo al ver que no tenía donde ocultarse -¡Jolene, querida! ¿Has oído al Gobernador, no? ¡Tengo un indulto, no estoy en problemas!-

-¡Es Maestre Jolene para ti, Linebeck!-

-¿Te ascendieron de Contramaestre? Qué bien, yo pasé de Jefe de Máquinas a ser mi propio capitán-

-¡¿Y con tu salario de capitán puedes reponerme tu deuda en mi astillero?!-

-¿Era tuyo? ¡Con razón, qué buen servicio!-

-¡Vas a ver la que te voy a servir!-

-¡Jolene, aunque no me quejo de tu oferta, hay niños presentes!-

-¡HOY TE MATO!-.

Y así, sin necesidad de ninguna otra señal, Linebeck se dio a la fuga con Jolene justo detrás, hasta que se perdieron de vista. Esta particular escena pareció ser la señal que varios estaban esperando para retirarse, porque Quill, Medli y Komali se despidieron brevemente, dándole pequeños ánimos a Link antes de irse. Poco después también se marcharon Link, Aryll y la Abuela, no sin antes disculparse apresuradamente por lo sucedido con Sheik y Daphnes; el pobre niño apenas si podía ver al primero a la cara, y menos todavía pudo con el segundo. Fue así como el equipo de natación, Tetra, Sheik y Daphnes quedaron relativamente solos: todavía quedaba gente en el puerto, pero poco o nada se interesaban por ellos.

Finalmente, Sheik rompió el silencio: -…Vámonos, muchachos. Hoy fue un día largo-.


El día anterior había culminado en un desastre, y esta nueva mañana no prometía ser mucho mejor: toda la Isla sabía de su pequeño… bueno, gran incidente con la vela del Mascarón Rojo. Ahora su velero era casi tan obsoleto como un martillo sin cabeza o un motor sin combustible, y pasaría un buen tiempo antes de que pudiera volver a navegar en él. No es como si le hiciera mucha falta: sinceramente, Link se conformaba con lo que tenía y con quedarse en Outset; pocos deseos se pueden tener de surcar el mar después de todo lo que le había ocurrido ayer.

A toda la ecuación había que sumarle nuevos factores: su Abuela y Aryll se habían preocupado tanto por él que casi no lo quisieron dejar ir a trabajar esa mañana; cuando fue a buscar a Ganny a las porquerizas, la señora Rose también le pidió que se tomase el día libre, aunque sí le dejó marcharse con el animal; y como toque final, cuando fue a la oficina de SPA para llevarse las copias del diario, casi lo obligaron a no trabajar, pero insistió tan fervientemente que los Ritos tuvieron que ceder. Si todos sus jefes se iban a poner necios con el asunto de hacerlo descansar, perdería un valioso día de trabajo, por no decir la cabeza: Link era una persona extremadamente activa, y necesitaba siempre tener algo que hacer. Además, mantenerse ocupado era también su forma terapéutica de lidiar con todo y evitar pensar que estuvo danzando con la muerte el día anterior, que casi arruina todo por ser tan descuidado, y que casi le cuesta la vida a alguien más por su bien intencionada insensatez.

Podía sentir los ojos lastimeros de los pocos isleños despiertos que encontró en su camino durante su trayecto habitual para repartir el diario, todas esas miradas de lástima clavadas en él. No se sentía tan patético desde hace tiempo, no desde que todos casi gritaban a su espalda "¡miren al pobre huérfano!". Link juró que no volvería a pasarle algo así. Continuaría viviendo y aprendería a sonreír otra vez, y enseñaría a otros a hacerlo con él. Hasta entonces, había cumplido diligentemente con su promesa.

Así es como había aprendido a buscar las pequeñas alegrías de la vida, a mantener siempre el ánimo y la cabeza en alto, y sin querer terminó convirtiéndose en el faro y la luz de mucha gente. Era difícil dejarse caer cuando alguien tan optimista como él estaba allí, y el niño estaba orgulloso de su progreso como persona: podía humildemente considerarse como un buen hermano, un buen nieto, un buen empleado, un buen amigo. Lo más importante para Link era vivir, que no debe confundirse con simple supervivencia: vivir para él implicaba entender y disfrutar el mundo que lo rodeaba… y últimamente sentía que no podía. ¿En qué momento había dejado de estar cómodo en su propia piel?, ya ni siquiera tenía fuerzas para pensar a dónde iba.

Por lo menos Ganny le hacía buena compañía: su porcino amigo conocía la ruta de memoria, y aunque su jinete estaba ensimismado en sus propias preocupaciones, el noble cerdo no necesitaba ser guiado para proseguir con buen paso por los bosquecillos, calles y playas de Outset. De vez en cuando el animal gruñía, y Link se apartaba de sus pensamientos por unos segundos para poner el periódico en su lugar, volver a montar y seguir su camino, enterrado en sus sentimientos. Habían estado trabajando con esa dinámica hasta ahora, casa tras casa, pero esta vez Ganny no solamente soltó un corto bufido, sino que también detuvo el trote estable que había mantenido todo el trayecto. Esto definitivamente trajo de vuelta a la realidad a Link, que necesitó unos momentos para percatarse de dónde estaba.

La casa de la colina, la última en la lista de repartición. Por alguna razón, no pudo evitar sentirse incómodo ante su presencia después de haber estado toda la madrugada pensando en el día anterior, pero tenía trabajo que hacer. Desmontó hábilmente, tomó la última copia del diario, y se agachó frente a la puerta para dejarla allí. Entonces escuchó un chasquido, alzó la vista un momento y…

¡BONK!, de alguna forma, ahora estaba de espaldas en el suelo y le zumbaba el cráneo.

-¡Santa Trifuerza, Link!- escuchó que lo llamaba en susurros una voz que se había hecho familiar últimamente.

-… ¿Tetra?-

-No puedo creer esto, ¿acaso podrías tener peor suerte?-

-¿Qué pasó?-

-Te vi llegar desde mi ventana y te di un portazo cuando abrí para salir-

-¿Eh? ¿Por qué harías algo así?-

-¡No fue adrede, baboso! ¿Estás bien?-

-Eso creo, ¿es normal que vea estrellas?-

-Todavía es de madrugada, pero no creo que te refieras a esas estrellas. Vamos, te revisaré ese golpe-.

Aunque estaba todavía algo desorientado, Link pudo levantarse con ayuda de Tetra y procesar bastante bien lo que estaba ocurriendo: la niña lo había guiado hacia la cocina, donde lo hizo sentar en una silla y luego desapareció brevemente para traer lo que parecía un botiquín. Honestamente, Link había sufrido peores golpes antes; ahora se sentía mal, pero por diferentes razones. Una ola de culpa lo estaba ahogando mientras Tetra revisaba cuidadosamente el chichón en su frente y le limpiaba la cara.

-Rayos, no creo que esté fracturada, pero tu nariz está sangrando un poco… ¿Cómo te sientes, te duele?-

-No creo. Pero es un poco difícil de decir: después de que un puerco te patea la cara, tu escala de tolerancia al dolor se hace muy amplia-

-¿Un puerco te pateó la cara?-

-Una vez, cuando era novato. Desde entonces no vuelvo a acercarme a uno por detrás y sin avisar. La gente subestima qué tan peligroso es trabajar con animales de granja. Nunca intentes jugarle una broma a un cucco por cierto, ¿alguna vez has visto a uno furioso? Son indestructibles-

-No sé si estás hablando tonterías porque es habitual o porque tienes una contusión, pero voy a asumir que estás bien por ahora-.

Permanecieron callados durante un rato, y Link aprovechó el silencio para intentar poner sus pensamientos en orden; moría por decir algo, pero realmente no sabía por dónde empezar. Tenía en su pecho un terrible remordimiento de conciencia, pero ¿cómo se supone que expresaba algo así? Había tantas cosas que tenía que decir, que casi podía sentir las palabras atropellándose en su boca. Nunca había tenido problemas para hablar antes, pero quería pensar que era más por el porrazo que se acababa de dar y la culpa que sentía, no porque estaban solos y ella lo estaba cuidando. Ya lo había dicho varias veces: las chicas lo ponían nervioso, sobre todo si eran lindas.

"Definitivamente fue el golpe. ¡Ni se te ocurra otra cosa! Es la primera vez que la ves desde el fiasco de ayer y ahora sería un buen momento para disculparse. ¿Se molestaría si lo hago?, al final, todo el incidente fue técnicamente tu culpa… pero ya no sé en qué pensar". La vocecilla interna de su mente lo atormentaba tanto en esos momentos, que sentía que iba a explotar. Casi le agradeció a las Diosas cuando Tetra rompió el silencio que se había formado, porque lo distraía un poco de su propia cabeza.

-Haz presión en tu nariz con este algodón y mantén la cabeza inclinada hacia atrás. La hemorragia debería detenerse en un rato-

-Sabes mucho de esto, ¿dónde aprendiste?-

-Hice varios cursos de rescate y primeros auxilios, son bastante útiles. Una vez, Gonzo calculó mal un clavado y estampó los dientes en el trampolín más bajo, pero creo que secretamente come piedras con sus ChocoGoron porque no perdió uno solo. Como sea, adivina quién tuvo que sacarlo de la piscina-

-Suena casi tan mal como una patada de cerdo, suerte que estabas allí-

-Técnicamente, la verdadera suerte sería que él no fuera tan torpe- rió Tetra por lo bajo y negando con la cabeza -Pero supongo que sí, al final terminó bien-

-Por experiencia propia, puedo confirmar que eres muy buena rescatando a gente torpe- dijo con toda sinceridad mientras buscaba su mano y la estrechaba -Gracias por salvarme cuando nos conocimos-.

Tetra esquivó su mirada, aunque no se apartó del contacto, y con un gesto señaló hacia la alacena: -De nada, aunque en serio preferiría que nos olvidemos del incidente. Y hablando de incidentes, la verdad es que abrí la puerta en primer lugar para invitarte a desayunar-

-Oh, no hace falta que-

-No insistas. Si quieres, tómalo como una disculpa por casi desnucarte… Además, quería hablar contigo-

-¿De verdad? ¿Conmigo?-

-Sí, sobre ayer-.

El corazón le dio un vuelco y se le revolvió el estómago. Al parecer sí tendría la oportunidad de decir todo lo que quería acerca del tema, pero al mismo tiempo no sentía ni el más mínimo deseo de hacerlo; el solo recuerdo de todas las cosas que hizo mal lo hacían sentir peor: su crisis nerviosa, su miedo, su impotencia y su descuido; las palabras del Gobernador todavía resonaban como un eco infinito en su cabeza.

Y entonces, en esa marea de pensamientos, recordó el rostro de Tetra cuando más había estado asustado. Los suyos no eran ojos que lo miraban con vergüenza, lástima o desprecio. No, sus ojos fueron comprensivos, resonantes, llenos de calma y empatía; si lo que sabía de su vida era cierto, Tetra y él tenían pasados similares en lo referente a sus desgracias. Si alguien le había demostrado que podía escuchar y entender, era ella. Se armó de valor: quizás no sería una conversación agradable (honestamente, el que piense que hablar de su ansiedad es agradable necesita ayuda), pero era necesario dejar salir todo lo que llevaba guardado, de un tirón, y acabar con el asunto de una vez por todas. "Como depilarse las piernas con cera. Digo, nunca me ha tocado hacer eso, pero imagino que es así" se atrevió a pensar. Sería su primer paso por ahora.


Tetra había cocinado velozmente algo de tocino, huevos y pan tostado; al principio creyó que Link evadiría las tiras de carne por cuestión de principios, pero resultó que no tenía muchos remordimientos por consumir cerdo a pesar de ir a todas partes con un porcino mastodonte. De hecho, se podría decir que tenía un buen apetito para cualquier cosa, indiferentemente de su origen animal. O por la voracidad con la que comía, probablemente no había una sustancia sobre el universo que no se llevaría a la boca si con eso podía saciar su hambre; sabía que de vez en cuando el pobre tenía que ayunar, y casi se sentía mal por tener que interrumpirlo, pero tenía la inmensa necesidad de hablar con él sobre lo que había ocurrido el día anterior.

-Bien, ¿estás listo?-

-¿Para hablar?- respondió él con la boca llena, antes de terminar de masticar y tragar -Creo que sí, tengo muchas cosas que decir. ¿O prefieres empezar tú?-

-Bien, yo primero, así tienes tiempo de comer y no morir en el intento. Quería que habláramos desde ayer, por eso te estuve esperando: quiero que sepas que no estoy de acuerdo con lo que dijo Ganondorf sobre ti, no fue justo de su parte hacerte sentir culpable-

-Ah… En realidad, no creo que esa haya sido su intención-

-Pues no sé qué intenciones tenga, pero le hace falta tacto, y viniendo de mí esa crítica es preocupante-

-Probablemente estaba muy frustrado: lleva años intentando acabar con la tradición de la escolta, y ahora por mi culpa, probablemente obtendrá el apoyo necesario para revocarla-

-¿Para qué querrían conservarla en primer lugar? Es una tradición peligrosa, tiene razón en intentar quitarla-

-Quizá el problema no sea la tradición, ¿qué tal si el problema soy yo? ¿Has pensado en eso? Siglos de escoltas, años y años sin ningún problema, y justamente la primera vez que me toca a mí es que todo se convierte en desastre-

-Link-

-No, déjame terminar, por favor. Debí haber sabido que no funcionaría como capitán; debí quedarme en tierra donde pertenezco, en Outset, porque no importa cuánto sepa de botes o de viento o de animales marinos, ¡al final soy un fiasco en el mar! ¡Ni siquiera sé nadar, y vivo rodeado de agua! ¿Qué tan patético es eso, eh? Tengo el velero más rápido de todo el Archipiélago, y me las ingenié para quedar frente a la proa de un barco 20 veces más grande que el mío, sin posibilidad de escapar por mis medios y con un pasajero inocente atrapado en las mismas. Se necesita un tipo muy especial de estupidez para terminar así… No te culparía si ahora me odias-.

En algún momento se le quebró la voz y se le aguaron los ojos. Allí estaban, finalmente: todas las palabras que llevaba entre pecho y espalda, que se arremolinaban en su boca y salían sin dejarle respirar. Tetra podía ver que Link estaba haciendo un esfuerzo casi sobrehumano para no llorar frente a ella. Una vez, su madre le había dicho que había más de una razón por la que la gente no lloraba frente a otros: a veces era por orgullo y vergüenza, porque se sentían vulnerables al mostrar una debilidad que otros podrían explotar; pero en otras ocasiones, era porque no deseaban lastimar o entristecer a los que escuchan. Ver a Link en ese estado le hacía recordar muchas cosas sobre ella misma que creía que había olvidado.

-No creo que seas estúpido. Eres torpe, sueles malentender cosas y te da una verborrea cada cinco segundos, pero no eres estúpido. Y puede que para ti y los demás en esta Isla hayas sido un fracaso, pero yo no lo veo así: no puedes ser una deshonra con tanta gente que se preocupa por ti y estuvo dispuesta a ayudarte cuando estuviste en problemas-

-…Pero el Gobernador dijo-

-Dijo que haberte auxiliado fue lo correcto. Si tanto les importa la tradición, pudieron haberte ayudado a mantener tu bote y tenerlo listo; en su lugar, dejaron que te las arreglaras como podías-

-Era mi responsabilidad-

-Tu responsabilidad en un equipo termina donde empieza tu deber hacia ti mismo. Es preferible que salgas de una competencia y alguien te releve, a que entres y te ahogues porque no estás en condiciones para participar. ¿Entiendes lo que trato de decir? No pueden dejarte todo a ti y luego lavarse las manos si algo sale mal. ¿Qué hay de la responsabilidad de ellos?-.

Para alivio de Tetra, parecía que Link estaba sopesando sus palabras severamente, y esto lo había calmado un poco. Ella aprovechó para concluir: -Tienes buenos amigos y familia que te quiere tanto como tú a ellos, y ese es el tipo de cosas que no puedes conseguir si eres un fracasado. No creo que pueda odiar a alguien así-

-¿De verdad lo crees?-

-¿Te parezco el tipo de persona que te mentiría para hacerte sentir mejor? Nunca he tenido pelos en la lengua, menos con mis amigos-

-¿Amigos? ¿Piensas que soy…?- dijo Link, con la voz quebrada y una expresión que oscilaba entre sorpresa y tímida alegría. Tetra asintió, por alguna razón corta de palabras después de declarar en voz alta su amistad por primera vez.

Y esa fue señal de aprobación suficiente como para que el chico se le abalanzara en un potente abrazo; en cualquier otra ocasión Tetra se lo habría quitado de encima, pero el pobre muchacho finalmente no pudo soportarlo más y había estallado en lágrimas. No tuvo corazón para quitarle el consuelo que tanto necesitaba, y hasta cierto punto, que ella requería también.

-Cuando dije que sería el comienzo de una hermosa amistad, no sabía que sería tan valiosa- logró pronunciar Link entre los pequeños hipos que le producía el llanto -Tengo tanta, tanta suerte… ¡Gracias, gracias, gracias!-

-Mientras no me llenes de mocos, estaremos bien. ¿En serio pensaste que te culparía por lo que pasó?-

-¡No sabía qué pensar! Cuando pasó estabas calmada, pero tuviste todo un día para pensártelo dos veces-

-¿Calmada? ¡Oh, créeme, estaba gritando por dentro! El hecho de que no me ensañara contigo no quiere decir que no estaba asustada-. Ambos niños rieron ahogadamente, tratando de no subir mucho la voz: todavía era terriblemente temprano y había gente durmiendo en la casa, pero de alguna forma se habían convertido en cómplices dentro de su pequeña reunión secreta, y eso lo hacía todo un poco más especial para los dos.

Había mucho que decir, mucho que escuchar y mucho que dejar ir; pero puedo asegurarte, querido lector, que para ellos no suponía un trabajo estar uno con el otro a esas alturas, si es que alguna vez lo fue.


Hablaron por largo rato acerca de todo lo que había ocurrido, desahogando sus miedos y confesando sus temores; había sido una experiencia más agotadora de lo que habían percibido en un principio, pero ninguno de los dos se sentía cómodo o preparado para hablar con total seguridad acerca del tema con su familia, aunque por diferentes razones.

Link había sentido que ya bastante había agravado la situación al dejar al Mascarón Rojo inútil para navegar, sin mencionar su culpabilidad por hacer preocupar a su abuelita y hermana de esa forma; Tetra, por otro lado, era más del tipo de persona que necesitaba compañía en lugar de palabras, así que se mantuvo junto a sus muchachos y su tío hasta que no pudo más con el cansancio y se fue a dormir. No fue sino hasta que estuvo sola que se dio cuenta de que definitivamente necesitaba hablar del tema con la única persona que había vivido la experiencia en carne propia, cuando originalmente pensaba en dejarlo pasar; en cambio, Link probablemente nunca hablaría de sus preocupaciones con nadie con tal de mantener el estatus quo, pero también sabía que no era lo más sano y probablemente le tomaría demasiado tiempo y esfuerzo volver a la normalidad si no lo hacía. Para él, saber que podía contar con el apoyo de la persona a la que casi le cuesta la vida, y que ésta lo viera como un camarada y una víctima de las circunstancias más que como el causante, era suficiente para aplacar la gran mayoría de sus temores.

Comieron juntos y hablaron hasta la saciedad de todos los puntos imaginables dentro del tema: desde las pequeñas cosas, como que haría falta un buen tiempo antes de que Link pudiera darle el mantenimiento necesario al velero, hasta las cosas más grandes, como la razón detrás de su miedo y pánico cuando recién habían zarpado.

Nunca antes había estado a cargo de la navegación, y menos aún sin un adulto. Había acompañado a su padre en el ritual de la escolta antes de que muriera ahogado meses más tarde; luego fue el turno de ir con su madre, que apenas había tenido ánimos para ello, y que también pereció poco tiempo después. Hubo un año en que navegó con su Abuela, pero la anciana ya estaba muy mayor como para repetir el viaje en el futuro; fue entonces cuando entró Daphnes en escena, y fue él quien zarpó con Link en su velero por dos años seguidos, hasta que la administración de Outset decidió que Link ya estaba en edad para proseguir sin ningún otro adulto.

Este último dato sorprendió a Tetra de sobremanera, al ser incapaz de imaginarse al viejo mostrando algún tipo de altruismo. Sabía que su abuelo era respetado y estimado en la comunidad de Outset, aunque nunca había podido comprender ni le interesaba saber cómo o por qué: poco o nada quería relacionarse con su último familiar de sangre.

-Entiendo que debes tener tus razones para que tu relación con el señor Daphnes no sea la mejor, pero lo creas o no, es un hombre muy dedicado al bienestar de todos en la Isla-

-Probablemente lo que realmente le interesaba era mantener las reglas de la tradición- objetó ella, negándose rotundamente a cambiar de opinión sobre él tan fácilmente.

-De hecho, él fue una de las pocas personas que se abstuvo de votar al respecto, y tampoco es la única vez que ha ayudado: Aryll y la Abuela no lo saben, pero gracias a su recomendación es que tengo trabajo con SPA. Soy el único empleado fuera del clan; así de difícil es ganarse su confianza, y así de respetado es él-

-¿Entonces qué, quieres que todo el mundo le perdone sus patanerías porque de vez en cuando muestra el mínimo de decencia humana?-

-Ya sé que es un asunto personal del que no quieres hablar y que prácticamente te obligó a venir, pero ¿qué tan malo puede ser como para que odies tanto a tu propio abuelo? Lo que le dijiste al Gobernador sobre él…-

-No creo que puedas entenderlo, ¿de acuerdo? Si todavía piensas bien de él, adelante, pero yo no puedo. Y no deberías confiar en el viejo tan ciegamente, te decepcionará-

-Sólo estoy tratando de comprender qué está pasando, Tetra- dijo Link con semblante preocupado, mientras posaba su mano sobre la de ella -Por favor, ayúdame a entender, déjame escucharte… Como tú acabas de escucharme a mí-.

Ah, allí estaba otra vez: esa sinceridad tan simple y bienintencionada que tanto caracterizaba al niño, y que cada vez era más difícil para Tetra pasar por alto. En otro tiempo, la terca muchachilla se negaría rotundamente a hablar de sus asuntos familiares con cualquiera, y no habría tenido reparos en decirle a Link que podía guardarse sus manitas e irse a meter su nariz en otra parte, pero se sorprendió a sí misma cuando una vocecilla en su cabeza le incitó a hacer lo contrario. Link no tenía la culpa de que Daphnes y ella tuviesen una relación disfuncional, por no decir inexistente; él era un buen chico y merecía algo mejor que eso después de haber sido tan abierto con ella. Tetra suspiró, pero finalmente cedió ante la petición.

-…Toda esta situación me tiene tensa. Quiero decir, toda mi vida hasta ahora, el viejo nunca había mostrado interés en mí; siempre fue indiferente desde que nací. Nunca vino a visitarnos a mamá y a mí en ninguna ocasión; tampoco fue a su funeral, ni siquiera llamó para dar el pésame… Y ahora de repente quiere meterse en mi vida a patadas como si nunca hubiera pasado nada, y apartarme de las personas que sí estuvieron allí todo este tiempo. ¡Por el amor de Nayru, soy su ÚNICA NIETA, pero bien podría morir por todo lo que a él le importa! ¿Y de la nada pretende que renuncie a todo lo que tengo para satisfacer su egoísta capricho de redención o lo que sea?-.

Se detuvo para calmarse, pero Link parecía haber escuchado lo suficiente: su mano, que todavía seguía sobre la de ella, le dio un pequeño apretón como señal de empatía. Ahora que lo miraba a la cara, Tetra pudo ver el verdadero sentir en el semblante de Link con absoluta claridad: la determinación de un protector abnegado.

Con sus ojos fieros, su expresión seria y la visible tensión en todo su cuerpo, no era difícil compararlo con un león guardián, agazapado y listo para atacar a quien sea que osara cruzar la línea imaginaria de su paciencia o territorio. Tetra temió que ese instinto defensor estuviera dirigido en su contra; el respeto que Link sentía por Daphnes bien podría significar que su lealtad se inclinaba hacia él y no tendría reparos en defenderlo a capa y espada de otros, incluso si esa persona resultaba ser ella. Link llevaba años conociendo al anciano, a diferencia de Tetra, que ni siquiera tenían la semana completa de verse las caras. Estaba preparada para justificarse ante cualquier objeción del muchacho, mentalmente lista para defenderse con uñas y dientes, cuando la respuesta que salió de su boca la dejó completamente desarmada:

-No es justo que alguien de tu familia te lastime de esa forma… Discúlpame por haberte hecho hablar del tema, ¡y gracias por dejarme escucharte! Lo creas o no, fue muy importante para mí que me confiaras algo como esto-.

Tetra parpadeó un par de veces, sorprendida, antes de dejar escapar una risilla. Esto confundió a Link, que tomó la mano de ella con un poco más de firmeza en un intento de demostrar cuán seriamente estaba hablando.

-¡Lo digo de veras! Estoy a esto- juntó su índice y su pulgar, manteniendo una mínima distancia entre los dos dedos -de dejar de traerle el diario a propósito, y cuando se aparezca por la oficina a preguntar por qué no le está llegando, voy a decirle "para que sepas lo que se siente no recibir algo que deberías"-.

Ahora la risilla de Tetra era más una carcajada ahogada que otra cosa, pero cuando vio que a Link se le desinflaban los ánimos, se calmó un poco y juguetonamente le dio un pequeño coscorrón.

-No me estoy riendo de ti, Link, lo juro. Bueno, un poco, pero es por lo que dijiste; por un segundo pensé que estabas enojado conmigo, y luego vas y me das las gracias por sincerarme. ¿Oye, y no te meterías en problemas en el trabajo por algo como eso?-

-¡No me importa meterme en problemas por ti!-

-Otra vez diciendo cosas así… ¿Sabías que eres un cursi total? Espero que no le digas eso a todas las chicas que te encuentras- le sonrió de medio lado y le guiñó el ojo, y esto fue suficiente para hacer que el desprevenido muchacho se colorara hasta las orejas y finalmente retirara su mano. Tetra no sabía en qué momento se habían volteado las cartas y ahora era ella quien lo avergonzaba a él, pero le dio enorme satisfacción verlo tan abochornado.

Pero el sentimiento era lo que contaba, y lo más probable era que Tetra estaba evitando pensar mucho en ello, no vaya a ser que se pusiera roja como tomate también. Incluso si el chico frente a ella no lo hacía a propósito, la verdad es que tenía una facilidad con las palabras melosas que harían derretir el corazón a cualquiera; Link tenía el alma de un cachorrito o algo así, porque de otra forma era inexplicable el aura de ternura excesiva que lo rodeaba. Como sea, se podía vivir con eso: Tetra estaba más que contenta de tener un amigo de gran corazón, incluso si a veces era necesario ponerle un calcetín en la boca para que se callara, o tenía diálogo de oso de peluche, o la cabeza perdida en algún lugar de la estratósfera.


Con el canto de los pájaros y las primeras luces doradas del alba, Daphnes despertó de su letargo, como había hecho toda su vida. Casi como un reloj, tendió su cama, arregló su cabello y su barba, se vistió presentable y salió de su habitación para bajar a la cocina y desayunar, todo esto entre movimientos mecánicos y silencio absoluto. Era un hombre de rutina, organizado y puntual: cualquier persona que hubiese vivido con él lo suficiente podría calcular exactamente a qué hora hacía cada cosa… pero considerando que llevaba casi quince años efectuando su ritual de vida en completa soledad, no existía nadie que corroborara el hecho. Poco o nada le importaba al anciano residir solo: disfrutaba de poder hacer lo que quisiera con total libertad, y lo que quería hacer era seguir un horario. Si otras personas estaban cómodas con el caos, pues bien podían quedárselo.

También podía decirse que Daphnes era un hombre preparado para cualquier cosa, puesto que siempre se las ingeniaba para salir bien parado de casi cualquier contrariedad: rara vez se sorprendía, y si lo hacía, aún menos común era que lo demostrase. Por eso estos días con Tetra, Sheik y sus revoltosos compañeros habían sido extremadamente estresantes para él; era lo que consideraba su sacrificio y calvario dentro de sus planes, pero poco a poco se había resignado a dejar que todos hicieran lo que querían. Podía prepararse para el escándalo de seis muchachos de inteligencia cuestionable, podía endurecer su mano con un hombre fisgón y entrometido, podía mantener su calma con una niña prácticamente desconocida.

Pero no esperaba encontrar a un cierto chiquillo rubio lavando platos y utensilios cómodamente dentro de su casa. Su sorpresa se hizo mayor cuando se percató de la presencia de su nieta, que hablaba con el niño amenamente mientras terminaban de limpiar juntos la cocina. Daphnes no tenía un pelo de tonto: sabía que Link era extremadamente sociable y tenía una facilidad innata para hacer amigos, pero no esperaba un progreso tan rápido entre alguien como él y una persona tan huraña y arisca como podía ser Tetra. Considerando las circunstancias y sus planes, significaba que todo marchaba bien y mejor así; sin embargo, había una cierta sensación de incomodidad que últimamente lo estaba molestando, aunque Daphnes no iba a permitir que ninguna sensación se interpusiera con su objetivo. Cualquier sentimiento de culpa que podría intentar escabullirse en lo que le quedaba de corazón debía ser terminantemente exterminado: demasiada gente dependía de ello, y si para tener éxito necesitaba manipular a las últimas dos personas de importancia en su vida, así sería.

Ya suficiente tiempo había gastado en pensamientos tontos; entró en la cocina, e inmediatamente se percató del cambio que su presencia causaba, aunque poco le importaba: esta seguía siendo su casa.

-Buenos días Tetra. Veo que te tomaste la libertad de invitar a Link a desayunar-

-¿Algún problema con eso?-

-Para nada. Aunque si deseas traer visitas a la casa, agradecería que me avisaras primero… Cuestión de cortesía- Daphnes volteó y dirigió su atención a Link, quien estaba claramente incómodo dentro de la situación, pero igualmente mantenía el contacto visual -En cuanto a ti, muchacho, espero verte hoy en la reunión administrativa; hay mucho que discutir y tu presencia es más que requerida-

-Allí estaré señor, puntual como siempre-

-No esperaría menos de ti-.

Y sin más que decir, Daphnes continuó con su rutina de prepararse el café y unas tostadas con mermelada; mientras tanto, Link se había trasladado con Tetra hacia la puerta principal de la casa, e intercambiaban unas palabras antes de que el niño se marchara definitivamente. No fue hasta entonces que Daphnes se percató de que le faltaba su edición del periódico del día. Se levantó y caminó apresuradamente hacia el umbral, justo a tiempo para ver cómo Link comenzaba a alejarse colina abajo a lomos de su cerdo negro.

-Link, muchacho, ¿dónde dejaste el diario? No lo veo en ningún lado-

Con una dulce sonrisa y sus ojos marrones fijos en su nieta, Link le contestó desde la creciente distancia-¡Para que sepa lo que se siente no recibir algo que debería!-.

Por segunda vez esa mañana, Daphnes había quedado genuinamente sorprendido con el isleño. ¿De qué se supone que estaba hablando? Pero de alguna forma la niña junto a él tenía algo que ver, porque el rostro de Tetra se había iluminado como un faro con ese brillo de complicidad de alguien que acaba de hacer una broma ingeniosa, antes de estallar en carcajadas.

Al parecer, a Daphnes le habían jugado una treta, y ni se había enterado.

Fin del Capítulo


NK: -Quién lo diría, parece que estamos manteniendo una puntualidad sin precedentes. Por lo menos, no desde nuestros primeros días de escritores. Puede que sea un poco aburrido porque se centra mucho en los protas…-

Gatt: -No seas tan porquería NK, ¡a todo el mundo le gusta la dinámica entre esos dos! Por lo menos yo me divierto. Aunque sí te pasaste de melodramático-

NK: -¿Cuántas veces hay que pasar por esto? ¡El drama es una parte esencial en el desarrollo de la trama y el personaje, sin conflicto no hay historia!-

Gatt: -Eso no significa que debamos matar a los lectores de depresión crónica, ¡se supone que esto sería un fic ligero!-

NK: -¡¿Desde cuándo escribimos ligero?! *revisa estructura del fic*

Gatt: -¿Qué buscas ahora en el guion base, zoquete?-

NK: -¿Tú qué crees? ¡La reestructuración que aplicamos a partir del capítulo 6! Una de las razones por la que tardamos tres años en subirlo fue porque reescribimos todo el esqueleto preliminar del fic y cambiamos una bola de giros argumentales!-

Gatt: -Deja ver, que ni me acuerdo-

*Revisan el documento entre los dos*

Gatt: -… Ay, diarrea de ballena, esto es…-

NK: -¿Ves ahora? ¿Qué tiene esto de ligero, babosa?-

Gatt: -Nightmare Knight, he visto menos crueldad en videos de tortura del Guantánamo que esta cosa. Te pasaste de maldito, es como si la cochina Odisea y las dos partes de Don Quijote hubiesen procreado sobre un pentagrama satánico-

NK: -Y me rehúso a reeditar todo esto otra vez-

(Mientras nuestros escritores discuten por enésima vez la estructura del guion para evitar futuros problemas, agradecemos el apoyo de todos los lectores nuevamente; revivir un fic no siempre resulta tan bien, y estamos muy agradecidos por su apoyo y devoción por este trabajo. Sus reviews y PMs le suben mucho los ánimos a nuestros escritores, así que esperamos seguir leyéndolos en el futuro y poder mantener este semi-horario de uno o dos capítulos por mes).

Gatt y NK: -¡Heil FRIKI!-