Nota de Gatt:
¡A ver criaturas! ¡La tía Gatt tiene buenas noticias que compartir! ¡Me falta poco para graduarme de la uni! Sé que técnicamente mi vida privada no es algo que necesariamente les interese, pero pensé que sería bonito decirles. Primero, porque pueden alegrarse por mi crecimiento personal como una adulta productiva y mi futura integración como un miembro activo de la sociedad. O algo así. Segundo, porque tendré más tiempo para escribir cuando termine. Tercero, quiero anunciar que las notas de autor se darán de esta forma de hoy en adelante: yo me encargaré de hablarles de la parte personal detrás de los capis, y NK se encargará de la parte técnica en la nota del final. Puede que el orden se altere dependiendo de los anuncios, pero este será el formato en general.
¡Heil FRIKI!
(Le damos la bienvenida a todos los lectores a este nuevo capítulo, escrito como siempre con todo el cariño del mundo. Consideramos importante recordarles a todos que nuestros escritores pueden tomarse su tiempo escribiendo, pero siempre contestan a todos sus reviews y mensajes privados y esperan que no se sientan desanimados si ven que se toman su tiempo en actualizar. Todo bajo control. Gracias).
Capítulo 11
Los ojos de Tetra se abrieron como platos.
Pero claro. Por supuesto. Debió verlo venir hace leguas. ¿Qué otra cosa pudo haber sido? ¿Qué más pudo haber esperado, sino algo como eso? Ella era simplemente la perfecta candidata. Le caía como anillo al dedo.
Ella no era ninguna niñita rosa y delicada, oh no, ella era la Capitana, figura digna de respeto y admiración. Ella era Tetra, líder del equipo de natación del Instituto Skyloft. La Reina de las Aguas, la Princesa de las Olas, Conquistadora del Cloro y el PH Regularizado, Campeona Estatal de Nado. La que organizaba los entrenamientos, la que comandaba el equipo, la que practicaba todos los días y todas las noches los cuatro estilos de nado. Ella era la hija de su madre… y su abuelo sabía que, si alguien tenía la oportunidad de nadar alrededor de una isla entera y vencer en una carrera como ésa, era ella.
Su abuelo, de todas las personas en el mundo, había logrado manipularla como le dio la gana.
Link la observaba, expectante a que Tetra terminase de procesar la idea, como una computadora recibiendo un archivo demasiado pesado. El pobre isleño no tenía ni la más mínima idea de qué más hacer en semejante situación, más allá de ofrecer su apoyo como podía. ¿Acaso así era como se sentía Linebeck en esos momentos? Imaginó que era un sentimiento similar: su familia y amigos probablemente estaban tan confundidos e impotentes como él lo estaba en ese preciso instante. Link sólo pudo concluir que les debía el mundo por hacer un esfuerzo tan grande por intentar consolarlo, y rezó a ninguna diosa en particular para convertirse en lo que su amiga necesitaba tan encarecidamente en esos momentos.
Ella, por otra parte, permaneció quieta. Estaba con esa expresión incrédula plasmada en su rostro y su cuerpo congelado en una posición tensa durante lo que parecieron segundos infinitos.
–¿Tetra?
–Yo era accesible para él. Sabía dónde encontrarme, sabía cómo traerme hasta aquí, y sabía que alguien como tú podría convencerme de hacerlo.
–Lo siento tanto…
–¿Esa es la peor parte, sabes? Él sabía que, si te hacías mi amigo, y yo veía que podía hacer algo por ti… ¡Si hubieses continuado con su plan, viéndome todos los días y haciéndonos cada vez mejores amigos, no lo dudaría un segundo! ¡Cruzaría esta cochina isla y todo el Archipiélago si fuese necesario! ¡Su plan psicótico pendía de un hilo, pero tenía buenas probabilidades de funcionar!
La frustración en su voz era palpable. ¿Y cómo no sentirse así? Desde un principio, Tetra supo que Daphnes tramaba algo; Sheik y ella estaban más que conscientes de que el viejo tenía motivos ocultos para interesarse tan súbitamente en su nieta, pero no era lo mismo suponerlo que finalmente descubrirlo y encontrarse cara a cara con la respuesta.
Hasta ahora habían asumido que se trataba de un egoísta capricho de redención: Daphnes no sería la primera persona en la historia que trataba de rectificar su abandono con toda la delicadeza de una aplanadora. Creyeron que Daphnes de algún modo se arrepentía a su manera por todos esos años de silencio, que se había cansado de dar la espalda al último familiar que le quedaba, que estaba tratando de corregir el daño que había hecho.
Ingenua, tonta, incauta que había sido.
Vergüenza.
Por quién la sentía, no estaba muy clara. ¿Por ella misma, por dejarse engañar? ¿Por Daphnes, por manipular a todos como le venía en gana? ¿Por los isleños de Outset, por su necedad ciega que había causado tantos estragos? ¿Por Ganondorf, por su testarudez para deshacerse de un pasado del cual no todos podían desprenderse? Mientras más lo pensaba, Tetra alargaba la lista. No era difícil encontrar culpables, incluso entre las víctimas, porque el comportamiento de todos había sido reprochable, ridículo, detestable.
En algún lugar del Reino Sagrado, una diosa maligna se contorsionaba a carcajadas repugnantes. Tenía que ser alguna clase de chiste cósmico que escapaba su comprensión, porque de otro modo Tetra no podía explicarse cómo tantas personas habían permitido colectivamente que todo se saliese de control de esa forma.
Lo peor de todo era que la única víctima grave de todo el asunto había sido Link. Sobre él había recaído todo el peso de las acciones de los demás; él había sido el único severamente castigado, la carne de cañón que recibió todo el impacto del conflicto en el que se había metido, simplemente por cargar las mejores intenciones. Él era el pobre tonto que necesitaba quién sabe cuántos empleos para mantener a su familia, que terminó desterrado y repudiado por su propia gente, que fue rechazado por la amiga que intentó ayudar.
Oh no.
–¿Link?
–¿Sí?
–Acabo de darme cuenta de que llevas probablemente la peor semana de tu vida, y te traté del asco… Y ni siquiera me disculpé.
–Tetra, está bien.
–No, no lo está –había cierto enojo en su voz –Me rehúso a ser una porquería.
–Tetra.
–Te hice daño, Link. Somos amigos, y los amigos se disculpan cuando se hacen daño. Esta vez es mi turno.
Apoyó su mano en el hombro del muchacho.
–Link, perdóname.
Él sonrió tímidamente mientras tomaba su mano. El chico solamente pudo asentir, pero fue suficiente respuesta para Tetra, que le regaló a cambio su ya característico guiño.
Un mal menos en su lista de culpables. Tetra todavía tenía la cabeza dándole vueltas, pero no podía quedarse allí más tiempo, rumiando sus pensamientos y apuntando mentalmente a todos los responsables: sería difícil volver si no podía ver más allá de su nariz en semejante oscuridad.
–Tenemos que ir a casa. Es de noche.
–Tetra, ¿estás…?
–¿Bien?… Pues, no. Para nada. ¿Pero qué se le va a hacer?
No había muchas opciones que se prestasen como solución. De hecho, en esos momentos apenas si podía pensar en arreglos. Es por eso que necesitaba volver y hacer lo que siempre hacía cuando el mundo la volvía pedazos… necesitaba rearmarse y sostenerse en una pieza hasta quedar entera nuevamente. El primer paso era levantarse, así que eso hizo. Link la imitó y se mantuvo cerca, tenso y extremadamente atento, como alguien listo para atrapar un objeto a punto de caerse del borde de una mesa.
–¿Tetra?
–¿Ajá?
–… ¿Quieres un abrazo?
No respondió con palabras. En su lugar, Link la recibió con brazos abiertos cuando ella, callada, se acercó a él y se dejó acoger. Y es que Tetra no necesitaba pensar para saber que un abrazo también era un buen primer paso.
Con la tragedia también llega la oportunidad, decía un viejo proverbio Sheikah. Para una persona común, palabras como esas resultaban cínicas y difíciles de entender; para el pueblo de las sombras, era simplemente cuestión de ser objetivo. Había varias formas de interpretarlo, pero por consenso general, el dicho predicaba que siempre había alguien que se beneficiaba del sufrimiento ajeno. En ocasiones, se podía pensar en esas palabras como una ley universal inquebrantable por lo acertadas que podían ser.
Sheik no podía contar las numerosas ocasiones en que las antiguas enseñanzas de su gente resultaban ciertas más allá de la duda: casi todas hablaban de resignación, sacrificio y silencio, conceptos intrínsecamente arraigados dentro de su cultura. Y es que el propósito de los Sheikah había sido el de sirvientes abnegados desde… bueno, desde siempre. Desde que existía registro histórico, la tribu de ojos escarlata había sido vasalla por designio divino; siervos, guardianes, guías, profetas y estudiosos, todo esto por el beneficio de un reino que había dejado de existir y con esto, también ellos.
Los Sheikah todavía se llamaban a sí mismos como tal, incluso si ya no gozaban de la organización o reconocimiento que tuvieron antaño. Al igual que los demás miembros de su raza, Sheik sólo conservaba tres elementos vitales que todavía le permitían llamarse un hijo de las sombras: sus creencias espirituales, sus irises rojos, y sus tradiciones culturales. Nunca se había considerado muy apegado a ellas, pero no podía negar que lo habían moldeado. Sheik era un adulto reservado, dedicado y tranquilo porque había crecido bajo esas enseñanzas de resignación, sacrificio y silencio.
Esta noche no iba a ser ninguna de esas tres cosas.
Esta noche se rehusaba a morderse la lengua, a convertirse en mártir o guardar en un rincón lo malo para perdonar y olvidar.
No, no y mil y un veces no. Porque había un cuarto elemento vital y absoluto, el más importante de todos, que convertía a Sheik en un Sheikah hecho y derecho: el instinto, la necesidad, el deber de defender con fiereza a la niña que había jurado cuidar y proteger con su vida. Porque por encima de cualquier cosa, un Sheikah es el más fiel de los guardianes.
–¿Sheik? –la voz de Nudge interrumpió sus pensamientos –Terminamos de empacar. ¿Le digo a los muchachos que pongan todo en el auto?
–Sí, por favor. Gracias otra vez por organizarlos, Nudge.
El hombretón asintió como respuesta y se retiró por donde vino, seguramente para dar más instrucciones a sus compañeros de equipo. Sheik suspiró apenas se encontró solo nuevamente: estaba agradecido porque ninguno de los chicos cuestionó demasiado la situación, pero eso no era más que un pequeño alivio dentro del mar de preocupaciones que tenía en ese momento.
Desde el instante en que Link le contó todo lo que Daphnes había hecho, la única cosa que cruzaba la mente del joven adulto era sacar a Tetra de la casa del anciano. Alejar a su sobrina de su ponzoñosa presencia se convirtió en su prioridad número uno: Daphnes era un lobo con la boca muy grande, y con marcharse de su morada no sería suficiente. Sheik no se sentiría seguro hasta que Tetra estuviese fuera de Isla Outset por completo.
Pero el día no estaba de su parte esta vez: no sólo tenía que movilizarse con la niña, tenía que agregar a la ecuación a los seis muchachos que los habían acompañado, que hasta ahora no sabían muy bien en qué circunstancias se estaban marchando y por cuestiones imprevistas podrían complicar las cosas sin querer. Tampoco podían abandonar Outset tan fácilmente: la noche había caído sobre ellos y a esas horas sería imposible conseguir transporte que los llevase de vuelta al continente. No sabían dónde pasar la noche y, aunque era posible encontrar algún tipo de hostal, todavía no tenían nada asegurado.
Realmente no tenía mucho a favor en esos momentos excepto por su convicción, y esto sólo lo enojaba más y más con cada minuto que pasaba.
Tenía todo el derecho de estarlo. Nada de esto sería necesario si Daphnes hubiese sido un abuelo medianamente decente… No, si hubiese sido una PERSONA medianamente decente. Ni siquiera llegaba a los estándares básicos de un ser humano con la más pequeña de las brújulas morales; cualquier rastro de escrúpulos que alguna vez pudo albergar había desaparecido y lo único que quedaba era el cascarón vacío y muerto de lo que pudo ser, hace mucho tiempo, un hombre con consciencia.
Qué eventos lo habían guiado de la mano a este punto poco o nada importaban: cualquier excusa que Sheik pudo haber hecho para justificar a Daphnes murió en el instante en que Tetra se vio envuelta como la principal víctima. Y es que Sheik podría comprender si las intenciones de Daphnes hubiesen tenido como trasfondo un intento desesperado por reconectarse con la única familia que le quedaba, pero jamás le daría la razón ni la oportunidad a alguien que estaba dispuesto a quitarle la suya para luego utilizarla como una simple herramienta.
Sheik jamás pondría a Tetra en manos de alguien tan repugnante.
Se dejó caer sobre la cama que pronto dejaría de ser de Tetra, miró unos segundos al techo y luego a su alrededor. Se había tomado la molestia de empacar por ella para ahorrar tiempo y gracias a la providencia no había sido mucho; Tetra era muy práctica para su edad y sus posesiones personales eran escasas, pero todas tenían su utilidad. En eso se parecía mucho a su madre, se atrevió a pensar.
Cerró los ojos y trató de recordar cómo se había visto la misma habitación hace más de una década, cuando la estancia perteneció a la madre en vez de la hija. Llevó su mente al pasado, que ahora parecía tan lejano, y construyó el escenario tan exacto como su memoria lo permitía.
Esbozó una sonrisa amarga.
En ese entonces, también había ayudado a empacar.
Decidió que el par de minutos que había perdido con contemplaciones fueron suficientes: retornó a su labor de antes, con más convicción y aún más determinado a finalizar su estadía pronto. Sheik miró de reojo hacia la ventana, como si la acción fuese suficiente como para retroceder un par de horas y devolverle la luz del sol. Lamentablemente, el cielo permaneció oscuro.
Una vocecilla en su cabeza le recordó que su principal razón de atraso era nada más ni nada menos que cierta parejita de amiguitos que necesitaba hacer las paces, pero la enterró en algún rincón de mente tan pronto como surgió.
Sheik todavía tenía esa necesidad urgente de escapar de la isla y llevar a su protegida a un lugar seguro, lejos de la influencia de Daphnes; sin embargo, a pesar de que su sentido común le decía a gritos que debían marcharse de Outset lo antes posible, no tuvo corazón para destruir la única cosa buena que había surgido de todo este embrollo familiar. Tetra merecía, como mínimo, escuchar de boca de Link el porqué de sus acciones; si después de hablar decidían romper su amistad definitivamente, pues, por lo menos sería por sus propios términos y no porque Sheik había impedido una posible reconciliación.
El hecho de que estuviesen tomándose su tiempo le indicó que había hecho lo correcto; después de todo, Tetra nunca desperdiciaría un par de horas en alguien que no era de su agrado. A pesar de que estuvo directamente envuelto en los planes de Daphnes, era importante recordar que Link también fue víctima del engaño y la manipulación del anciano, por lo que no sería justo si Sheik le quitase al niño la oportunidad de salvar su relación de amistad con Tetra. El joven adulto se rehusaba a ponerle sal a las heridas que Daphnes había causado.
La puerta de la habitación se abrió.
–¿Qué estás haciendo?
Hablando del diablo. Sheik no necesitaba voltearse para saber quién era el dueño de esa voz, pero igualmente lo hizo: Daphnes merecía su mejor cara de pocos amigos en esos momentos, y no le negaría al anciano el privilegio que con tanto esmero se había ganado.
–Honestamente, no lo sé, Nohansen. ¿Qué parece que estoy haciendo?
–Tomando una decisión precipitada, como siempre.
–Porque tú, de entre todas las personas, tienes el récord de buenas decisiones…
–¿Qué estás tramando con provocarme, Sheik?
–Podría hacerte la misma pregunta.
No hacía falta decir que Sheik estaba furioso; a Daphnes le tomó apenas unos segundos para llegar a la conclusión correcta sobre lo que estaba pasando. El viejo se disgustó inmediatamente.
–No puedes hacer esto –los ojos de Daphnes seguían clavados en Sheik –Tetra es mi nieta. No puedes llevártela.
–Te equivocas. La única razón por la que estamos aquí es por mera cortesía: intenté darte una oportunidad para ver si habías cambiado porque pensé que tus intenciones eran otras… Pero lo cierto es que legalmente no tienes voz ni voto en la vida de Tetra.
–Soy su pariente de sangre. Si llevamos esto a una corte–
–Si llegase a pasar, ¿de verdad crees que ganarías? Tengo años, Nohansen, años de historial impecable como tutor legal. Tetra quiere quedarse conmigo, su madre me nombró su custodio en caso de emergencia apenas tuvo la capacidad de hacerlo. ¿Qué hay de ti? ¿Qué has hecho por esa niña que no sea traer amargura a su vida hasta ahora?
Daphnes permaneció en silencio, y Sheik decidió que no iba a desaprovechar la oportunidad de poner al viejo en su lugar. Tomó todas las pertenencias que había colocado antes sobre la cama y las colocó rápida pero eficientemente dentro de la maleta que descansaba a sus pies. No tenía ningún orden particular en mente, más allá de que todo encajase bien.
–Te reto, Daphnes Nohansen Hyrule –la voz de Sheik no indicaba sólo desafío, sino amenaza –Te reto a llevarlo a un juzgado. Porque nada me gustaría más en estos momentos que destruir de una vez por todas cualquier rastro de la pútrida influencia que podrías tener sobre mi familia.
El viejo mantuvo su silencio como única respuesta. Los ojos rojos de Sheik permanecieron clavados en Daphnes mientras cerraba la maleta con finalidad; cargó con el equipaje y se desplazó hasta la puerta de la habitación, decidido a abandonarla de una vez por todas para nunca mirar atrás. Aunque lo dejó pasar por el umbral, Daphnes lo siguió de cerca.
–No lo entiendes. No puedes. ¿Qué tanto sabes de lo que está pasando?
–Más que suficiente.
–Lo dudo mucho. Eres muchas cosas, Sheik, entre ellas empático. Alguien como tú no podría darle la espalda a tanta gente si realmente entendieras todo.
–Deja de decirme lo que soy o no soy, y lo que voy a hacer o no. Soy capaz de mis propias decisiones y tomé ésta hace mucho tiempo: no voy a quedarme de brazos cruzados mientras involucras a Tetra en tus fechorías.
–¿Fechorías? ¿Pero qué clase de idea te has metido en la cabeza? –Daphnes sujetó el hombro de Sheik con firmeza –Gente inocente está sufriendo.
Sheik abrió la puerta de la entrada y salió de la casa, no sin antes sacudirse de encima la mano de Daphnes. Estaba más que harto de la conversación del hombre mayor, pero Daphnes parecía determinado a que lo escucharan. Pero no había palabra que saliese de su boca que pudiese cambiar la decisión de Sheik de marcharse y nunca volver a esa casa; si tenían que escaparse en la abrumante oscuridad que envolvía a Outset durante la noche, así sería.
La puerta del garaje junto a ellos estaba abierta, y la furgoneta en la que habían llegado hace dos semanas estaba encendida. Sheik pudo distinguir a Senza al volante, que con un gesto le indicó que todo estaba en orden y en marcha. La furgoneta con todo el equipo de natación finalmente salió del garaje y se acercó a la entrada; los muchachos estaban listos para partir. Aún así, Daphnes no quería dejar de seguir al joven de ojos escarlata, por lo que Sheik no desaprovecharía la oportunidad de concluir con el tema.
–No son tan inocentes si están dispuestos a darle la espalda a un niño de esa forma. Por el amor de Nayru, ¿cómo pretendes "salvar a gente inocente" cuando no puedes siquiera ayudar a una persona cuando tuviste la oportunidad?
–No fue algo que tuviese planeado, pero tuvo que suceder. Link se convirtió sin querer en la última gota que derramará el vaso, porque ahora sólo quedan dos opciones: el gobierno finalmente tomará acción, o Tetra lo hará. De igual forma todo se solucionará, sí o sí.
–Eres repugnante si sólo puedes pensar en Link como un peón desechable.
–El muchacho sabía que perder era una posibilidad. Todos tenemos que hacer sacrificios.
¡Jghh pthú!
Un escupitajo aterrizó con un sonido mojado a los pies de Daphnes.
El hielo en los ojos del anciano no esperaba encontrarse con la tormenta de azul que era la mirada iracunda de Tetra. Estaba apenas a un par de metros de distancia, con Link junto a ella.
–¿Y cuál ha sido el tuyo? –preguntó ella, tajante.
Durante un segundo pareció que Daphnes se atrevería a contestar, pero la niña alzó la mano con autoridad y le cortó las palabras: –Si me hablas, juro por Hylia que escupiré a tu cara y no a tus pies.
Rápidamente, Tetra caminó hacia los dos adultos, con Link siguiéndola de cerca; tomó la maleta que hasta ahora Sheik estaba sosteniendo, giró sobre sus talones, se dirigió hacia la furgoneta, abrió la parte trasera y lanzó su equipaje al interior. Link, que la había seguido en todos sus pasos, entró al vehículo por la parte trasera sin chistar. Sheik tomó el asiento de copiloto, no sin antes dedicarle una última mirada de desprecio al estoico viejo que todavía permanecía de pie, allí, sin expresión o palabra alguna. Ahora que ya no quedaba nada que la retuviera y todo lo que se podía llamar de valor para ella estaba en la furgoneta, Tetra puso un pie en el interior del automóvil, lista para impulsarse y subir; sin embargo, antes de hacer esto último decidió, contra su buen juicio, mirar por última vez a su abuelo.
Ése era su abuelo.
Allí de pie, con la barba blanca y la piel bronceada y los ojos azules como un mar congelado. Ese hombre de gran estatura, de cuerpo robusto y de rostro severo. La única persona con quien compartía sangre e historia. El último familiar que le quedaba.
Sólo un sentimiento se asomó para ella en ese instante.
Su voz fue cruda y visceral cuando lo dejó salir.
–Te odio.
La puerta se cerró. El motor aceleró. La casa quedó en silencio.
La noche negra como la tinta se tragó la furgoneta, dejando atrás a la casa de la colina. Ni el viento ni los grillos estaban allí para llenar el vacío nocturno. No había luna, no había estrellas: los árboles se las habían tragado con sus hojas. La única luz provenía del umbral entreabierto y se proyectaba débilmente sobre la figura solitaria de un hombre perdido en la oscuridad.
Quizás era un truco visual por la pobre iluminación que lo rodeaba, pero de alguna forma se lo veía más pequeño que antes. Quizás también había sido un truco cuando su gélida mirada creyó captar a dos ojos, azules como el océano, centelleando con agua salada antes de ser devorados por la negrura. Quién sabe cuántos trucos podía jugar tan escasa luz en la desolada casa de la colina.
Había, sin embargo, una sola cosa que definitivamente era real entre tantos engaños.
Daphnes finalmente había hecho su sacrificio.
Fin del Capítulo
Nota de NK:
Aunque no es uno de los capítulos más largos en cuanto a palabras, pensé que sería necesario hacerlo relativamente breve por el peso emocional que lleva. Espero que se haya notado también el esfuerzo que se puso en aprovechar mejor las herramientas literarias de narración. En cuanto al nuevo formato: estoy trabajando en reescribir mis fics más viejos y arreglar ciertas cosas con éste en particular; me refiero a las notas de autor y los diálogos en negrita, específicamente. Si tienen un ataque de nostalgia por este fic o cualquiera de mis otras aberraciones de antaño, recomiendo que se los descarguen y los guarden. La remodelación de este fic no empezará hasta diciembre 2018, y el resto de trabajos comenzarán a ser modificados a partir del 2019.
¡Nos leemos!
(En caso de tener cualquier duda con respecto a los futuros cambios, invitamos a los lectores a consultar todo lo que quieran a través de PMs o reviews. El siguiente capítulo se calcula para finales o mediados de noviembre; como siempre se anotará el estado de progreso en el perfil de los escritores, al igual que cualquier posible cambio de planes o contratiempo que pudiese atrasar las fechas estimadas).
