Nota de Gatt:
¿Quién quiere hablar de sentimientos? Yo personalmente estoy hasta la coronilla de hacerlo, pero bueno, parece que todavía me hace falta porque estoy segura de que cada vez que subo un capi, más deseo ahorcar a mis manos (no me digan que no se puede porque lo intentaré). Algún día volveré a estar satisfecha con lo que escribo. Digo, no importa cuánto traté de rescatarla, la adolescente que escribía mil palabras por hora y hablaba de gomitas con azúcar como si fuesen el proyectil más letal del planeta ya creció; no puedo volver a escribir como antes y el cambio de tono se nota. ¡Eso me pasa por caer en coma editorial por tres años y pico! ¡Se sorprenderían de la cantidad de cosas que pueden pasar en ese tiempo!
Este capítulo fue escrito con esa frustración encima, repotenciada por la universidad que devora todo mi tiempo sin misericordia. Pero también fue escrito con el credo que me ha impulsado a continuar escribiendo mis desastres en primer lugar: escribir fanfiction es para divertirse, y mientras me esté divirtiendo entonces escribiré lo que tenga que decir, incluso si a veces quiero atravesar el monitor con el teclado y prenderle fuego con napalm.
¡Heil FRIKI!
(A pesar de las dificultades, nuestros escritores dieron su mayor esfuerzo, como siempre, para entregarles un capítulo que valga la pena; esperamos que puedan disfrutar de él tanto como nosotros pusimos empeño en escribirlo. Extendemos un breve recordatorio a todos los lectores acerca de los futuros cambios de formato que se realizarán a este fic a partir de febrero 2019, para que descarguen y guarden la versión vieja si así lo desean. Todo bajo control. Gracias).
Capítulo 12
Por allí se dice, muy coloquialmente, que la confianza apesta. La cortesía que se le reserva a lo desconocido generalmente es omitida cuando se refiere a lo habitual; es fácil tratar con recelo a lo ignoto porque, precisamente, no se sabe qué puede haber allí. Es diferente con la normalidad: no hay razón para sospechar del camino ya transitado, de la sonrisa o la mano amiga. Desde pequeños se recibe la advertencia: "nada de hablar con el hombre del bus, no tomes caramelos de la señora en el parque", pero pocos son los adultos que profesan "cuidado con quedarte solo con tu tío, está atento a las sugerencias de tu hermano".
Tiene sentido, hasta cierto punto. No hay razón para cuidarse de lo permanente, lo presente y lo corriente; si hay tiempo de por medio, incluso toda una vida de conocerse, ya se sabe lo que se puede esperar de esa persona, ¿no es así? Hay algunos que hasta lo considerarían un insulto: "¡Cómo puedes dudar de mí, después de tantos años!". Lo cierto es, que poner la confianza en algo o en alguien siempre será una apuesta. Por eso mismo duele tanto la traición: apostar y perder siempre pica en el corazón (no por nada Dante puso con el diablo a los traidores).
Lo cierto es, que con todo y que duela, la gente igual sigue apostando: tarde o temprano la confianza trae algo bueno, como una máquina tragamonedas tarde o temprano premia a algún suertudo. Por eso es tan fácil aprovecharse de los que dan su confianza; si fuera algo más cínica, querido lector, diría que esa gente que deposita su fe en otros no son más que pobres incautos que todavía no han recibido suficientes palos de la vida… Pero si todo el mundo pensase de esa forma, humildemente creo que sería muy triste.
Sería muy triste tachar de iluso al que regala su corazón abiertamente: nadie merece ser castigado por un sentimiento. Culpar a la persona que deposita su confianza en otros es como culpar a la víctima de un robo en vez de al ladrón; jamás podría, querido lector, cometer semejante injusticia en mi sano juicio.
Son las acciones las que verdaderamente se castigan. Nadie puede leer el corazón o la mente, pero todos pueden sentir el eco de una acción, ya sea propia o ajena.
El eco de las acciones de Daphnes retumbaban ensordecedoramente por toda Isla Outset, como el bramido terrible de una bestia, espantosa y hambrienta, en una caverna profunda y perdida. Independientemente de cuáles eran las intenciones del anciano, lo cierto era que las repercusiones de su plan, su traición, habían alcanzado de una forma u otra a todos los que se encontraban en esa pequeña formación de tierra aislada en el mar; desde Link y su familia hasta Ganondorf y su tripulación; desde el gremio de pescadores hasta el equipo de natación; desde Linebeck y su servicio anexo a SPA, a la unidad familiar de Sheik y Tetra.
Tetra. ¡Ay, pobre Tetra! Obligada por las maquinaciones de su único familiar restante a abandonar su hogar durante las vacaciones. Manipulada para tomar parte en un conflicto político producto de siglos de malas decisiones que virtualmente desde cualquier ángulo no eran de su incumbencia. Arrastrada a escabullirse en la noche para escapar, por lo menos físicamente, de la presencia del viejo que pensaba utilizarla como un objeto para quién sabe qué fines.
Probablemente esa era la única pregunta que quedaba por responder: qué ganaba Daphnes con todo esto. Ya sabían que sus intenciones eran las de empujar a Tetra a retar al Gobernador a una carrera de nado alrededor de Outset. Si llegase a ocurrir y de alguna forma la niña lograse ganar, supuestamente tendría el poder legal de anular cualquier ley antiguamente redactada por sus ancestros, incluyendo aquella que estaba forzando a Link a vivir en el destierro en esos momentos. Sin embargo, no sabían cómo beneficiaba a Daphnes.
¿Acaso el viejo deseaba autoridad sobre Tetra para cambiar la ley a su antojo? ¿Acaso podía transferirse ese poder político? ¿Podía convertirse en una figura aún mayor de lo que ya era, no sólo en Outset, sino todo el Archipiélago? No podían adivinar si quería más para sí mismo o si verdaderamente tenía una forma muy retorcida de ayudar a Outset en sus momentos de crisis.
No es como si importara a esas alturas. Las maquinaciones del anciano habían alcanzado su momento cúspide y se habían desenvuelto en una maraña de mentiras y secretos hace apenas unas horas. Los más afectados no verían justicia, no por el momento, y haber escapado de la casa de la colina se sentía cada vez menos como una pequeña victoria y más como una amarga derrota. Vagar por caminos de tierra y grava, encerrados como sardinas en una furgoneta, perderse sin destino en la negrura de la noche; ninguno de estos conceptos encajaba precisamente con el del triunfo… Pero allí estaban igualmente, en silencio sepulcral, perdidos en todos los sentidos de la palabra.
Un traidor, incluso si sus intenciones fueran contrarias, era capaz de causar un daño tan terrible.
Con el ánimo desinflado y el cansancio en el alma: así era como un equipo de natación, dos niños y un hombre avanzaban en un vehículo sobrecargado por los caminos vacíos de Isla Outset. No fue sino hasta varios minutos después de la huida que Link se atrevió a interrumpir el silencio para sugerir un lugar donde pasar la noche. Como nadie estaba particularmente de humor para pensarlo demasiado, obedecieron sus indicaciones y siguieron la corriente.
Así fue como terminaron en el territorio de Isla Outset que había sido reservado para la comunidad Rito: incluso si la tribu probablemente podría meterse en un apuro por ayudar a Link, nada decía que no podían tender una mano a sus amigos, y el niño se había hecho una excelente reputación entre la estrecha comunidad; no le darían la espalda con un favor tan insignificante como sería un alojo de una noche. A pesar de todo lo que había ocurrido en la última semana, Link todavía poseía aliados. El equipo de natación fue bienvenido a alojarse por esa noche en el hostal local a un módico precio a pesar de requerir varias habitaciones; en la mañana irían al puerto para conseguir transporte a tierra firme con ayuda de Link, quien no se sentiría tranquilo hasta que sus amigos estuvieran bien, y toda la pesadilla con Daphnes finalmente acabaría…
…Para ellos. Para los demás habitantes de Outset, para Link, todavía quedaban remanentes del desastre, restos de esas acciones que todavía retumbaban en un eco que parecía no tener final a la vista. Daphnes tenía razón en una cosa: cuando Link se convirtió en el chivo expiatorio del pueblo, garantizó de alguna forma que alguien, ya fuera el gobierno o Tetra, se encargaría del problema. Las piezas estaban estancadas, pero todas las movidas apuntaban a un jaque mate; el verdadero problema era cuánto tiempo tardaría ese oponente cósmico en darse cuenta de que era su turno de poner su derrota en movimiento. ¿A quién exactamente estaban derrotando? Hasta donde Tetra podía entender, el enemigo era, o bien una intangible maraña de circunstancias desafortunadas, o ellos mismos.
No se puede jugar ajedrez si cada pieza es de un equipo diferente. El caos ni siquiera permitiría llamarlo un juego.
El dolor de cabeza que amenazaba con aquejarla finalmente hizo acto de presencia, después de toda una tarde de bombardeo mental. Era casi como un palpitar que le taladraba el cráneo con un ritmo constante, y frotarse las sienes no era de mucha ayuda; era molesto, aunque no insoportable, pero Tetra estaba demasiado cansada a esas alturas para tolerarlo del todo. Abrió la ventana de la habitación donde se quedarían esa noche, ignorando el revoloteo de las ligeras cortinas y concentrándose en la brisa marina que ahora la refrescaba.
–¿Necesitabas aire?
Sheik la observaba desde el umbral; su rostro dejaba entrever agotamiento a pesar de que su expresión era gentil.
–Eso creo –Tetra asomó la cabeza por la ventana y respiró profundamente –Aunque no importa qué tan fuerte sople el viento, igual se siente pesado…
–Es el salitre. Te acostumbras con el tiempo.
–Llevo dos semanas aquí y todavía no puedo. ¿Y tú? ¿Alguna vez te acostumbraste?
–¿Siendo honestos? No. Nunca.
Ahora también su voz sonaba cansada. Tetra podía contar con los dedos de una mano cuántas veces podía recordar a Sheik mostrando señas de sentirse abatido.
–No importa cuánto nos alejemos, el aire de mar siempre está allí.
–Bueno, Outset sigue siendo una isla. No puedes escapar del mar en una isla.
–¿Para qué vinimos en primer lugar?
–…Por mi culpa, creo. Pensé que Daphnes finalmente deseaba querer a alguien –se acercó a la ventana y se puso junto a ella –Pensé que podíamos resolverlo como adultos.
–Pues bonita que la montaste, señor adulto.
Ambos hicieron una mueca: esas últimas palabras habían salido más crudas de lo que cualquiera de los dos había esperado.
–Sonó peor en voz alta que en mi cabeza, perdón.
–Estás cansada.
–No es excusa, tú también.
–Pero tienes razón: como el adulto aquí, debí encontrar la forma de respetar que no querías tener nada que ver con él desde el principio en vez de dar mi brazo a torcer. Daphnes tiene un largo historial de crueldad contra su propia familia, es por eso que tu madre se marchó apenas pudo.
–Si te hace sentir mejor, creo que ella habría apreciado el esfuerzo.
–Me habría defenestrado nada más por sugerir la idea, Tetra.
–Cierto, pero igual lo habría apreciado.
Se atrevieron a soltar una risilla junto con parte de la tensión que los aquejaba; después de todo lo que habían pasado, se sentía como una eternidad desde la última vez que pudieron conversar y reírse, pero era reconfortante para ambos saber que Daphnes era poco más que un traspiés en su relación: ninguno de los dos dejaría que el viejo ganase al lograr separarlos.
–¿Sheik?
–¿Qué pasa?
–Me alegro de que seas mi tío. Sé que puedo ser un poco…
–¿Arisca?
–Iba a decir reservada, pero eso sirve. En fin, no me gusta decir en voz alta ciertas cosas, pero quiero hacer una excepción de vez en cuando… Gracias por cuidar de mí.
Tenía razón: eran pocos los momentos en los que Tetra expresaba abiertamente sus sentimientos más íntimos, probablemente porque era una persona de acciones; hablar la hacía sentir vulnerable. Sheik sabía que, si la niña a su cargo le estaba diciendo esto, era porque se sentía segura al exponer su corazón con él.
Tetra había hecho su apuesta con él, e indudablemente ambos habían ganado.
Así que, con la noche tranquila, el aroma salado del mar, el futuro incierto y el eco del pasado un poco más lejano, Sheik y Tetra se permitieron un momento de paz y confiaron en que estarían bien.
–A ver si entendí correctamente –los muchachos soltaron gruñidos de desaprobación, pero Gonzo los ignoró y continuó hablando –El viejo Daphnes quería que la Capitana compitiera contra el Gobernador, ¿y si ganaba podía devolverte tu empleo?
Link, que de alguna forma no estaba cansado de repetir cien veces lo mismo, asintió: –No sólo mi empleo: podría anular, cambiar o preservar cualquier ley escrita por su familia.
–Pero entonces, ¿cuál es el problema?
–¡¿Qué quieres decir, sesos de medusa?! –Senza no tuvo reparos en darle un buen zape al aludido –¡Su propio abuelo quiere usarla como pañuelo para limpiar desastres!
–¡No me refiero a eso! La Capitana es una campeona de natación que lleva entrenando en el mar por semanas y en el agua toda su vida, mientras que su oponente es un político, no un atleta. Si ella tiene la capacidad de ganar y arreglar todo sin esforzarse demasiado, ¿por qué diantres no lo haría?
–Porque no tengo el valor ni el corazón para pedírselo.
Seis pares de ojos se posaron sobre Link inmediatamente: el silencio que se formó con las palabras del niño fue sepulcral, porque con ellas había captado la total atención del equipo de natación. Link tomó la oportunidad para explicarse mejor.
–El señor Daphnes se aprovechó de la confianza que Tetra me tiene para que ella hiciera lo que él quería. No puedo pedirle que siga con sus planes por mi bien. Desaparecí por una semana porque no quería involucrar a nadie más ni hacer que ella se sintiese obligada a ayudarme. No puedo… No me atrevo a ser tan cruel.
El silencio siguió reinando apenas hubo callado. Cuando Link se ofreció a explicarles las razones detrás del escape de la casa de la colina al grupo de muchachos que ahora permanecían mudos frente a él, no había esperado esta clase de reacción; había imaginado sorpresa, indignación e incluso ira, pero no semejante nivel de estoicismo. El equipo de natación de Tetra siempre le había dado la impresión de ser muy abierto y sinceramente emotivo, visceral incluso, en su forma de expresarse. Esperaba una reacción colectiva, pero lo estaban dejando sin nada.
Cuando Link se apareció en el hostal donde se hospedaban, lo había hecho de madrugada porque creyó que nadie estaría despierto y tendría unos momentos para reflexionar; después de todo, no había tenido mucho tiempo la noche anterior para pensar en nada: todo había ocurrido demasiado rápido, y ahora se enfrentaba a la terrible realidad. Tetra se había convertido en su boleto más inmediato a la normalidad; su boleto era, a su vez, una querida amiga a quien no deseaba amarrar en sus problemas más de lo estrictamente necesario porque podría lastimarla; finalmente, su amiga partiría muy pronto, probablemente para nunca más volver, y él no podía hacer más que acompañarla y desearle lo mejor.
Para su sorpresa, el equipo de natación estaba tan despierto como él, aunque ni la mitad de informado con respecto a los sucesos de la noche anterior. Al isleño le pareció justo compartir lo que sabía: después de todo, también habían sido involucrados y empatizaba con su confusión.
–¿Chicos? ¿Podrían decir algo?
Y ese fue detonante suficiente. El silencio fue súbitamente reemplazado por un barullo de voces entremezcladas, cada una llevando su propia conversación.
–¡Pero qué noble el piojo este!
–¿De dónde salió este niño tan bueno?
–¿Podemos adoptarlo? ¡Hay que adoptarlo!
–Cualquiera que se preocupe así por la Capitana…
–¡Y pensar que se ganarían mi corazón así!
Ahora era turno del isleño de quedarse estupefacto. Había cierto grado de maravilla en presenciar a tantas personas hablando tan apasionadamente al mismo tiempo, como poderosas olas en un mar revuelto que chocaban sin sentido y apenas una dirección general para guiarlas a la costa. Era difícil de distinguir palabras en concreto, pero por lo menos parecía que los seis muchachos hablaban del mismo concepto: aprobación y admiración.
Después del shock inicial, Link no pudo evitar sonreír un poco ante la caótica pero simpática escena.
–¡A callar, locos! ¡Es demasiado temprano! –la voz de Tetra se hizo escuchar claramente por encima de las demás e inmediatamente le hicieron caso. La niña lanzaba rayos con la mirada mientras se abría paso entre ellos.
–¿Se puede saber en qué estaban pensando? El sol ni siquiera ha salido y ya están como periquitos chillando. Si otra vez se trata de los ChocoGoron, juro que–
–Fui yo, estaba explicándoles algunas cosas sobre ayer y no nos percatamos del ruido.
–Link, sé que quieres acompañarnos a puerto, ¿pero no es como muy temprano para aparecerte por acá?
–Estoy acostumbrado a levantarme de madrugada y no tenía nada que hacer en el barco de Linebeck, además quería verte, así que…
¡Oh sorpresa!, otra vez silencio, esta vez del tipo incómodo. Era obvio lo que connotaba la oración, incluso si había sido abandonada al aire y a medias: él todavía cargaba con sus costumbres de aquellos días en que su vida todavía estaba bien y eso lo tenía intranquilo; ella pronto volvería a casa y su separación era inminente y probablemente permanente; ninguno de los dos estaba listo para decir adiós todavía, pero era necesario para que ambos pudiesen continuar con sus vidas.
Era absolutamente injusto, porque en el poco tiempo que llevaban de conocerse y a pesar de las circunstancias que los empujó a ello, habían entablado una buena amistad que tendrían que físicamente sacrificar.
–¿Podemos hablar? –dijo ella de repente.
Link no había terminado de asentir cuando Tetra ya había tomado su mano y lo alejaba de los seis pares de ojos que no paraban de observarlos.
No se detuvo hasta que estuvieron afuera y aislados, sin nadie a la vista y bajo el cobijo de la madrugada; Link dedujo que Tetra no quería compartir con nadie más lo que estaba por decir y esto despertó su curiosidad, pero esperó pacientemente a que ella se sintiese segura para hablar.
Entonces se percató de que la mano que él aún sostenía estaba temblando.
–¿Tienes frío, Tetra?
–Un poco. No esperaba tanto viento.
–La temperatura baja mucho de noche… –tomó sus manos entre las de él para calentarlas –¿Estás mejor?
–… Escuché lo que le dijiste a los chicos, la razón por la que no me pediste ayuda.
–Ah, eso…
–Si me pidieras ayuda, sabes que lo haría.
–Por eso mismo no puedo. ¿No lo ves? Estarías haciendo lo que Daphnes quiere y yo sería su cómplice.
–¡Me vale tres pepinos lo que el viejo quiere! Si tú no puedes pedirme que te ayude porque te sientes mal, ¿cómo crees que me siento yo, abandonándote? ¡Haría exactamente lo que él te hizo a ti!
Tetra no temblaba de frío sino de furia, entendió Link. Su ira era tal que hacía vibrar todo su cuerpo, como si el problema fuese la temperatura exterior y no el fuego que la revolvía desde adentro.
–No eres como él, Tetra.
–Tú tampoco, ¿me entiendes? Jamás lo creería de ti.
–Pero no puedo pedirte que te quedes…
–Y yo no puedo dejar que quedes así.
Hubo una pequeña pausa. Entonces, sin cambiar palabra alguna pero entendiendo la mirada del otro, ambos decidieron darse un bien merecido abrazo: era el único consuelo que podían otorgarse pero no lo desaprovecharían, porque sería una mayor injusticia separarse antes de lo estrictamente necesario.
Llevaban un par de minutos así cuando Tetra alejó un brazo para rebuscar en sus bolsillos hasta que encontró lo que quería; deslizó su mano hacia arriba y la puso entre ambos, para que Link pudiese ver de qué se trataba. Entre sus dedos, Tetra sostenía un papelillo cuidadosamente doblado.
–Mi dirección postal y residencial –explicó mientras él tomaba el objeto y lo guardaba en su bolsillo trasero –También el teléfono de mi casa, aunque mi tío dice que casi nadie tiene uno en el Archipiélago.
–Sólo en Windfall, el resto recurre a radio o SPA. Intentaron poner línea telefónica aquí, pero no funcionaba bien.
–Sé que estarás ocupado trabajando, pero cuando tengas tiempo escríbeme y avísame dónde estás para enviarte respuesta. También eres bienvenido a visitarnos, pero haz lo que sea más fácil para ti.
–Lo haré, lo prometo. Te avisaré si ocurre algo con mi caso y te contaré sobre mis aventuras.
–¿En eso piensas? ¿Aventuras?
–¿En qué más se piensa cuando estás en el mar?
–En volver a casa.
–No estás bien con esto todavía, ¿verdad?
–No, y no voy a estarlo. Es una porquería y lo sabes, no entiendo cómo puedes estar tranquilo.
–Bueno, como tú misma dijiste una vez: "Oh créeme, estaba gritando por dentro". ¡Y sigo gritando!
Ella soltó una risotada que sonó más estridente de lo normal gracias al silencio de la madrugada, pero a él no le importó: se hicieron coro mutuamente entre risas sinceras y estrujones cariñosos hasta que les faltó el aire y tuvieron que detenerse para respirar, siempre sin soltarse, como si al hacerlo tuvieran que separarse permanentemente.
–Te voy a extrañar un mundo, Tetra.
–Yo no, me haces preocupar mucho.
Link se rió por lo bajo con el comentario, hizo una pequeña pausa y finalmente habló: –¿No hay nada que pueda hacer para tranquilizarte?
Se quedó a la espera de una respuesta mientras ella, pensativa, buscaba algo que decir. Link casi podía escucharla analizando sus opciones cuidadosamente, como si se tratase de los engranajes de un delicado reloj.
–Creo que se me ocurrió algo –dijo finalmente.
Había cierto aire de calma que acompañaba a los rayos del sol: se distinguía en su totalidad como un disco luminoso en un cielo claro y despejado. La luz del día todavía tenía los matices rosados del alba en el horizonte: se difuminaba desde el este hacia el oeste en una mezcla uniforme de colores pasteles que ya habían logrado ocultar por completo la presencia de las estrellas. El mar estaba tranquilo como la superficie de un espejo, no había brisa alguna soplando y la bruma flotaba perezosamente sobre las aguas en remolinos de movimiento casi hipnótico.
Cualquiera que viese el paisaje, pensaría que se trataba de un bonito amanecer después de una tormenta; sin embargo, la única tempestad que había golpeado a Outset la noche anterior fue la noticia de la partida del Gobernador.
Ya no era posible alargar más la estadía de Ganondorf en la isla, que se había extendido por casi una semana de más debido al infortunio del ritual de la escolta. En otra ocasión, los isleños estarían secretamente felices por la partida del funcionario, pero dadas las circunstancias, la presencia de Ganondorf era bienvenida a regañadientes.
Ganondorf lo sabía. Él mismo estaba renuente a partir, pero todo lo que podría haber hecho desde allí ya había ocurrido: necesitaba volver a Windfall y continuar con sus demás labores de Gobernador. Injusto o no, retenerse en Outset y consentirlos con su tiempo haría poco o nada en favor del caso de Link, y el niño tendría que continuar absorbiendo el impacto de las acciones que los adultos tomaron por él hasta que recibiesen respuesta del gobierno. Con todo y a pesar de las circunstancias, Ganondorf no podía evitar sentirse como el villano aunque sea un poco.
El hombre Gerudo podía ser muchas cosas, incluyendo testarudo: quizás jamás lo admitiría en voz alta, no sin ser acorralado primero, pero era una persona muy autoconsciente de sus defectos y sabía que estaba entre sus características. Siempre se consideró un perfeccionista, alguien dedicado a la auto-mejora y la corrección de su entorno. Muy en el fondo, enterrada detrás de una máscara de seguridad, estaba su duda: ¿podría haber hecho un mejor trabajo, prevenido la desgracia desde un principio?
Ya no le quedaban fuerzas para contemplarse a sí mismo: la solución estaba más allá de su persona.
El Helmaroc no estaría atracado por mucho más tiempo en los muelles de Isla Outset: zarparía prontamente hacia el norte del Archipiélago y no volvería a cruzar las aguas hasta quién sabe cuándo; después de todo, el antiguo barco sólo era necesario para sus visitas a una isla en particular, y someter a la carraca-nao a viajar constantemente significaba un rápido deterioro y costoso mantenimiento. Aun así, el Helmaroc era el transporte favorito de Ganondorf y probablemente la única parte que disfrutaba de sus visitas anuales a Outset.
Seguramente esta era la razón por la que el Gobernador, cuyo rostro normalmente era el epítome de severidad, ahora dejaba entrever alivio: era una oportunidad de escape que duraría un día, casi dos; más que suficiente tiempo para descansar la mente después de tantos días de estrés y trabajo.
Una pausa: la corta pero necesitada bendición de un descanso era todo lo que Ganondorf quería.
Por ahora, sin embargo, su descanso tendría que esperar. Podía sentirse observado por la no tan escasa multitud que se había formado en el muelle para escudriñar al Helmaroc una última vez: la mayoría de los espectadores tenían su atención en el barco, pero una cantidad significativa tenía sus ojos clavados en él. Como figura pública y rareza en general estaba acostumbrado, pero siempre tendría esa vocecilla en su mente, lejana pero presente, que le recordaba que debería sentirse medianamente incómodo con tanta atención sobre él.
El hecho de que ahora Sheik, Link, Tetra y seis muchachos más se dirigiesen hacia él con toda la pinta de una camorra no ayudaba en absoluto con su problema de observadores persiguiéndolo con los ojos.
Es decir, tener un séquito de gorilones rodeando un Sheikah, el niño-noticia-del-año y la nieta de una de las figuras locales más importantes entre tanta gente ya era suficiente, pero encima se veía que sus intenciones eran las de intercambiar palabra con nada menos que el Gobernador del Archipiélago de Hyrule.
Ganondorf masculló por lo bajo una sarta de palabrotas antes de que nadie pudiese escucharlo, pero no perdió la compostura y en vez de eso se resignó. Algún día podría partir de Outset sin percances o estupideces ocurriendo a último minuto, pero no sería hoy.
–Buenos días a todos. ¿En qué puedo ayudarte, Link? ¿O acaso alguien más necesita que lo asista en algo?
–Sería yo el que requiere hablar con usted –contestó Sheik, para sorpresa de Ganondorf –Link me dijo que está al corriente con respecto a Nohansen.
–Así es. Una situación lamentable, me temo.
–Entonces también sabe de los poderes legales de mi sobrina.
–… Efectivamente. Espero que no esté por sugerir lo que creo que va a sugerir.
–No exactamente, pero sí le tengo una propuesta por parte de Tetra. Claro que, como el adulto a su cargo, pensé que sería mejor si hablo yo en su lugar.
Los ojos dorados se cruzaron brevemente con unos azules y luego unos escarlata. Qué podían traerse entre manos estas personas superaba cualquier lástima que sentía por Link a la hora de cuidarse las espaldas; si algo había aprendido de la última semana que llevaba en Outset, es que cualquier gente directamente relacionada con Daphnes era un imán de problemas.
–Bueno, no se pierde nada con escuchar además del tiempo. ¿Cuál sería su propuesta?
–Tomemos la idea de Nohansen y usémosla para presionar por apoyo. Ahora mismo, el asunto se sale de su control, ¿no es así? Me imagino que queda en manos del gobierno otra vez.
–Así es.
–Démosle un año, cuando mucho. Ninguno de nosotros aquí quiere que Link pase más de lo necesario en su situación, pero si el gobierno ya ha ignorado el problema antes, es posible que lo hagan otra vez. Si en un año no ha ocurrido nada significativo, organizaremos un evento.
–¿Evento? ¿Quiere convertir este desastre en un evento?
–¿Por qué no? Si las autoridades se rehúsan a reconocer el problema, entonces hay que llamar la atención pública.
–Soy una figura política, no voy a competir con una niña.
–¿Y quién dice que será sólo usted? Puede ser una carrera de beneficencia. Un evento de caridad organizado por el equipo de natación del Instituto Skyloft para reactivar la economía de Isla Outset y mostrar apoyo por el terrible caso de un niño desamparado por la justicia.
Ganondorf necesitó unos segundos para procesar la idea; mientras más lo hacía, más le llamaba la atención. Imaginó que se notaba su interés, porque una pequeña sonrisa de satisfacción se asomó la boca de Sheik.
–Piénselo bien, Gobernador. Usted conservaría o mejoraría su imagen, pues estaría resolviendo un problema que los más altos cargos estaban ignorando. Llamamos la atención del público, lo que definitivamente atraerá turistas al Archipiélago y a Outset. Link recibirá ayuda de cualquier forma, pero sería una garantía.
–¿Y si la jovencita no gana?
–No tengo que ganar la competencia –respondió Tetra con seguridad –Hasta donde entiendo, sólo tengo que ganarle a usted.
–Necesitamos estudiar más estas leyes, para asegurarnos de que no haya más contratiempos.
–No hay problema, para eso es el plazo de un año: necesitamos esa cantidad de tiempo para organizar todo bien.
–¿Y si se arregla todo antes de que acabe el plazo?
–Entonces Link estará de vuelta en casa y yo estaré satisfecha. Todavía podríamos hacer el evento si le interesa atraer gente a las islas, pero puede decidir eso usted.
Decir que Ganondorf estaba perplejo sería quedarse cortos: el hombre Gerudo estaba genuinamente sorprendido con la solución que le estaban presentando, más aún con la persona que la estaba sugiriendo en primer lugar. Ganondorf siempre se había negado a dar más respeto del necesario a cualquiera; la nieta de Daphnes se estaba ganando lo que su abuelo nunca pudo conseguir.
–Lo admito, es una buena idea. Tiene sus agujeros, pero se puede trabajar… Impresionante, jovencita, puede sentirse orgullosa: si la mitad de Outset fuese tan fiel como usted es con su amigo, la historia sería diferente.
De sus bolsillos extrajo una tarjeta de presentación y se la entregó a Sheik.
–Utilice por favor ese número telefónico. Puede llamar de lunes a sábado en horarios de oficina y será atendido por Jolene, ella le dará cita o lo comunicará conmigo inmediatamente si es posible. Espero escuchar más de usted en el futuro.
–Así será, Gobernador. Gracias por su tiempo.
–Más bien gracias a ustedes. Con su permiso, entonces.
Ganondorf hizo un gesto de saludo y se retiró hacia el Helmaroc, que abordó casi con impaciencia. Finalmente el momento para zarpar hacia su destino había llegado, y todo prometía un buen viaje de vuelta a casa. Contra todas sus predicciones, por fin había llegado el momento en que no sería el villano del cuento: jamás se había sentido tan feliz de equivocarse porque, por primera vez en mucho tiempo, su papel dentro de los eventos del futuro era esperanzador.
El hombre Gerudo decidió entonces darse a sí mismo una nueva resolución: sin importar qué, cumpliría con su labor y haría un buen trabajo en el proceso. Si debía ser perfeccionista, entonces se aseguraría de que sería para bien; si debía ser testarudo, entonces lo utilizaría como una herramienta y no un arma. Si la nieta de Daphnes estaba dispuesta a buscar otro papel que no fuese la damisela en apuros, entonces él era capaz de convertirse en un aliado y no en el obstáculo.
Una última tradición que romper. No más brujos malvados en el cuento.
Después de que el Helmaroc izara el ancla y finalmente partiera en dirección a Windfall, los habitantes de Outset retomaron sus rutinas diarias sin mucho inconveniente. El puerto retomó rápidamente sus funciones y la multitud se dispersó para continuar con sus faenas, como si la partida del Gobernador hubiese sido poco más que un breve percance.
El ferry de transporte que iba y venía entre la Isla y tierra firme finalmente había llegado, y parecía esperar pacientemente a que sus nuevos pasajeros abordasen. Tetra no sabía cómo era posible, pero estaba segura de que la embarcación se veía triste pero resignada, o quizás era ella misma la que estaba proyectando sus sentimientos en el objeto inanimado. De cualquier forma, se obligó a ignorarlos por el momento: quedarse allí analizándose a sí misma no era más que una pérdida de tiempo que ya no tenía el lujo de darse.
Había hecho lo imposible y en un ataque de puro ingenio logró crear un plan de contingencia que no sólo Link aprobó, sino también Sheik y el mismísimo Ganondorf. Cabe decir que si su solución hubiese sido inmediata y no un plan de repuesto estaría más a gusto, pero nadie podía negar que Tetra había hecho todo lo que podía para ayudar a su amigo sin traicionar su confianza. Si hubiese ido directamente donde el Gobernador para retarlo, definitivamente se habría reído en su cara y estaría en problemas con su tío, por no mencionar que habría tomado una decisión sobre la vida de Link sin su consentimiento. Daphnes ya lo había hecho una vez; ella no repetiría los errores de su abuelo.
Aunque su corazón había encontrado algo de sosiego, por otra parte, todavía no podía quitarse el dolor que siempre acompaña a las despedidas.
Hace unas semanas, el prospecto de abandonar Outset hubiese sido una bendición: Tetra nunca quiso tener nada que ver con su abuelo y nada más estar en el mismo espacio geográfico que él era el perfecto repelente; odiaba Outset casi con pasión desmedida porque la persona a quien más detestaba precisamente vivía allí.
Ahora que tenía un buen amigo con quien asociar la imagen de Isla Outset, pues… no, todavía la aborrecía, y ahora con más razón por el daño que su comunidad había hecho a Link, pero por lo menos algo positivo pudo rescatar de sus experiencias de ese verano.
–¿Estás más tranquila ahora?
–Definitivamente. ¿Qué hay de ti?
–También estoy mejor. Gracias por todo, de verdad.
–Me hubiera gustado arreglar las cosas de una vez, pero creo que éste es el mejor punto intermedio.
La despedida fue corta. Ambos ya habían dicho todo lo que tenían que decir, y sabían que el futuro, que ahora se sentía distante, estaba más cerca de lo que pensaban o podían percibir en esos momentos. Alcanzaron a compartir un último abrazo de despedida antes de separarse una vez más.
Tetra alcanzó a sus compañeros de equipo, que esperaban por ella abordo del ferry a petición de Sheik, con la intención de darle a los dos amigos algo de espacio para decir adiós. Apenas pudieron subir a cubierta, buscaron rápidamente con la mirada entre la pequeña multitud del puerto hasta que lograron distinguir a Link entre ellos, quien saludaba con entusiasmo haciendo grandes arcos con los brazos. Ninguno de los integrantes del equipo de natación lo pensó dos veces, y regresaron el gesto con el mismo fervor hasta que finalmente la embarcación inició su viaje de vuelta al continente.
Ahora que estaban en el mar, físicamente lejos de las preocupaciones ligadas a Outset, Tetra podía permitirse unos breves momentos de contemplación. Un año era muy poco tiempo si así lo quería ver. En ese plazo debían convencer al Instituto Skyloft de apoyarlos en su tarea, además de contactar con organizaciones humanitarias, el Gobernador del Archipiélago y quién sabe quién más.
Tenían trabajo por hacer, tanto Tetra como Link, pero podían confiar en que ambos darían su mejor esfuerzo para hacerlo bien. Se habían convertido en buenos amigos porque compartían muchas cosas y no eran tan diferentes: la dedicación era una de esas cualidades que ambos portaban con orgullo, y aún con millas de distancia entre ellos, sabían que podían contar el uno en el otro.
Con la línea entre el cielo y el mar como testigos, dos azules vastos e infinitos extendiéndose en el horizonte, las gaviotas sobrevolando y el viento salado soplándole en la cara, Tetra podía sentir en lo más profundo de su corazón un llamado al que respondería gustosa ahora que sabía qué era: el llamado del cambio que vendría por su mano y obra.
Fin del Capítulo
Nota de NK:
La mayor dificultad que tuve escribiendo fue recordar. Uno subestima cuánto puede recordar del trabajo pasado y cuánto se puede expresar lo que se tiene que decir. En algún momento lograré que todo encaje como debe, pero todavía me falta mucho camino por recorrer; hasta entonces, seguiré aprendiendo y esforzándome para hacer lo mejor que puedo. Gracias a todos los lectores por un año 2018, por su apoyo y su dedicación, que a veces pienso supera la mía.
Hice todo lo posible para que éste fuese el último capítulo del año, pero otra vez terminé aplazando la fecha de entrega, algo que me decepcionó mucho. No es como si no reconociera mi propio esfuerzo, estoy feliz con lo que he logrado hacer, incluso si siento que las ideas y las palabras me quedan cortas muchas veces. En fin, nuevamente me esforzaré con este nuevo año, ¡a ver si cumplo con mis resoluciones!
¡Nos leemos!
(Con la llegada del nuevo año 2019, nuestros intrépidos escritores harán todo lo posible para que este fic vea su conclusión. No importa cuánto cueste, cada capítulo llegará en su debido momento, tarde o temprano. Recordamos que en caso de dudas con respecto al progreso de cada capítulo, hay un segmento en el perfil de escritores dedicado a avisar en caso de cualquier atraso con el proyecto).
