Capitulo 2
Un lugar para dos
– Si deseas, te llevaré a Chicago la próxima semana personalmente en agradecimiento por haberme cuidado y curado. Sonreí,
-No es necesario, la señora Britter ha sido dada de alta, me voy ahora, no te preocupes por agradecerme, fue un maravilloso gusto conocer a alguien que ame a los animales, en otra ocasión, si necesito de tu ayuda como veterinario, me devolverás el favor. Gracias por las flores son hermosísimas, no recuerdo haber recibido un ramo tan hermoso en mi vida, eres muy amable. Me retiré sin decirle más, empaque mis cosas, me cambié de ropa, ahora me puse un pantalón de mezclilla, una blusa verde, una sudadera por si hacía frío, guarde mis cosas, con flores en mano, salí, para dejar una nota en la mesa, Albert estaba ahí esperándome, me sorprendió, le dije
– Pensé que te habías ido, porque vinieron por ti, deje el recado para Ann despidiéndome y dándole las gracias por todo.
-Bueno tengo un auto afuera, te parece si te acompaño, dijo Albert muy amable.
- Gracias, que lindo. No sabía si tenía que llamar a un taxi, es que no voy a esperar a Ann, puede llegar hasta por la noche, mejor me voy, aquí la señora Tifany se quedará a cuidar de la señora Britter pues ya me despedí de ella.
– Entonces, Candy aceptas que te lleve. Sonreía tan hermoso, estaba convaleciente, no podía negarme.
– Si Albert, mil gracias, no sé donde queda la estación del transporte, no conozco mucho por aquí, pero dime, te sientes bien para manejar hasta el transporte.
- Me siento de maravilla, contigo a mi cuidado, como podría sentirme mal. Ambos nos alagábamos mucho, nos sonreímos.
Me retire, con Albert quien no solo me llevó al transporte sino, que ambos viajamos en avión, me sentía muy contenta, era la primera vez que viajaba en avión, era un avión pequeño sin pasajeros, Albert se encargo de que nos consiguieran un vuelo, pues no sabía que había esa clase de viajes tan bellos, estaba muy lujoso, le dije
– Esto te costará muy caro, no debiste gastar en boletos de avión, si podía viajar en autobús.
—Candy este avión es de la familia, no me cuesta gran cosa, además también te dije que viajaría, que no era de Florida, estaba retirado de mi hogar, pues bien vivo en Chicago, así que no creo que haya ningún extra por devolverme, además llevo una enfermera que vigila que este bien y ambos reíamos. Todo el trayecto estuvimos conversando amenamente, no dejábamos de sonreír, de escucharlo es una persona fascinante a pesar de tener una familia con avión, era muy sencillo y muy agradable.
Llegamos, dijo, - Candy quisiera ayudarte a conseguir empleo en un hospital, si deseas alguna cosa, recomendación, lo que necesites, tu dímelo.
– Gracias Albert, me podrías cuidar mi equipaje mientras consigo a mi amigo, para la renta de un departamento,
- Candy si deseas, tengo un departamento, cuenta con varias habitaciones, porque no te quedas en el, así, solo pagas los gastos.
– Acepto, gracias Albert, ojala, conozca el lugar de trabajo donde eres veterinario, se soltó a reír,
- Candy mi trabajo es en unas oficinas, mi trabajo de veterinario es un hobbies algo que a hago por placer, está en Lakewood, si deseas, te llevaré el fin de semana, pero entonces no entres todavía a trabajar, porque después no te darán permiso de ir,
- Albert, tengo que trabajar, como pagaré mis gastos si sigo de floja, ambos nos reímos,
- Candy en el departamento, correré con los gastos mientras consigues empleo, pero este fin de semana iremos a conocer a mis animales, te encantaran, será muy divertido, acabas de terminar de trabajar mucho tiempo, es justo que te relajes un poco, nos soltamos a reír.
El departamento es muy espacioso, esta amueblado, muy hermoso, Albert tiene buen gusto, me dio una copia de la llave, me dijo
– Candy esta habitación es mía, tiene llave al igual que la tuya, para que tengas tu privacidad.
– Gracias Albert, - Vendré por ti el viernes para ir a Lakewood, - si, está bien. Salió. Me acomodé en mi habitación, después fui al hospital y gracias a Dios había una vacante, que estaría presentándome el miércoles de la próxima semana, pues iniciaría el corte de caja para iniciar con mi pago, llevaría mis documentos, mis referencias ese día. Por la noche cuando llegó Albert, ya tenía cena lista, él se alegro
- Candy que bien huele, esta riquísimo ese maravilloso olor, ¿qué hiciste?
– Festejar Albert, festejar, mira hice carne asada con verduras y puré de patatas, caldillo como plato principal y hornee pastel para festejar.
– Que vamos a festejar Candy,
- Que conseguí empleo, que mañana iré a buscar a mi amigo para saludarlo, decirle que estaré viviendo aquí.
– Excelentes noticias Candy, si deseas, mañana te acompaño a buscar a tu amigo por la mañana, para que aprovechemos el auto ¿Cuando empezarías a trabajar?
—El miércoles de la próxima semana, Albert si voy a requerir una recomendación, solo tengo la carta del hospital donde trabajaba antes y la de la señora O`Brien, pero me piden tres y me encantaría si me puedes hacer una más.
—Con mucho gusto, además agregaremos que eres una excelente cocinera Candy. Ambos reíamos.
Por la mañana, Albert salió y me dijo que volvería pronto para llevarme a buscar a mi amigo, me quedé revisando la alacena, las cosas que tenía que comprar, para esa semana que iniciaría el trabajo, así que ya iba de salida cuando llegó un paquete para Albert White me quede asombrada, firme y lo deje en la mesa, Albert llegó la verdad estaba muy asustada que se apellidara White como yo.
– Hola Candy, ya estas lista.
– Si, Albert llegó este paquete cuál es tu apellido,
-Mi apellido Candy es Andrew,
- Porque este paquete llegó a un Albert White y se sonrío,
- Candy lo que pasa, es que con eso de que me confundieron y me secuestraron, no quisiera que te confundieran a ti, y te secuestraran, por eso me puse tu apellido.
—Ah, que interesante Albert, entonces hay que ponerte Albert de White, así te protegeré a ti, ambos reíamos a carcajadas. Salimos, me llevo con John White mi hermanito del orfelinato, pero para Albert un amigo,
- Candy de donde conoces a John,
- Es mi hermano Albert, somos de un orfelinato, ambos nos criamos ahí, como no somos adoptados, pues nos dan un apellido, nos enrolamos en la sociedad, el se llama John White y yo Candy White.
– Candy eso es muy bueno, que no necesiten de un apellido o de una familia para ser quienes desean ser.
– Gracias Albert, aunque te diré, que hay personas que nos ven como rezago de la sociedad, pero nos adaptamos, lo superamos, no importa cómo nos vean los demás sino como queramos ser nosotros mismos.
– Que orgulloso, me siento de ser tu amigo, Candy.
– Gracias, Albert, también estoy muy feliz de contar con tu amistad. Ahora más que sé que puedo ayudarte a que no te confundan con alguien y te secuestren. Ambos reíamos.
-Hola John, ¿Como estas?, ya vine por Clean,
- Candy ¿Qué hermosa estas?, ya te viste has crecido mucho, te adelgazaste, has comido bien, necesitas algo, porque estas tan delgada ahora, ven acá. Me abrazaba, me besaba en la frente.
- Mira John te presento a Albert mi amigo y compañero del departamento donde vivo.
-¡Compañero!, ¿cómo es eso? que una mujer no puede vivir con un extraño.
-Mucho gusto, soy Albert. Le dio la mano, pero miraba a Candy un poco preocupado.
-No, John como crees, el departamento es de él, tengo una parte rentada para mi, independiente, voy a estar trabajando a partir de la próxima semana en el hospital aquí en Chicago, pero sabes, iré a ver unos animalitos, quiero que Clean regrese a donde este mejor acompañado.
En eso salto Clean a los brazos de Candy, -hola mi pequeñito, como estas, ya llegue, me extrañaste, porque yo a ti te extrañé muchísimo. Albert sonreía, acariciaba a Clean, quien de inmediato se brincó a sus brazos y se puso a jugar con él.
-Veo que le agradas a Clean, debes ser muy bueno para que te acepte y John dijo
– Si porque no se quería quedar conmigo, tuve que tenerlo un tiempo en una jaula. Pero ya que veo que te acepto Clean, considérate mi amigo, el es muy perceptivo, sabe que eres una buena persona.
- John nos tenemos que ir, aquí te dejo mi dirección, si necesitas algo y deseas ir a visitarme,
-Candy por favor no dudes en que si te quedas sin trabajo, vengas a vivir aquí conmigo, esta es tu casa, seré muy feliz de cuidarte como mi hermana mayor, porque has sido muy buena conmigo siempre, me has tenido mucha paciencia, por favor, prométeme, que no te irás a otra parte y vendrás aquí,
-Te lo prometo John y gracias. Le dio un beso, se fue con Albert al departamento.
Albert ya no se quería ir, estaba muy divertido jugando con Clean, se la pasaban, muy bien, Candy hizo algo de comer, le dio a Clean y sirvió alimentos para ambos, mientras Albert la miraba enamorado de la hermosa dama que ahora vivía con él. Y pensaba en todo lo que había sucedido, recordó la noche en la que durmió con él, que ella no se imagina la maldad que hay, que hasta su hermano insistía en que se fuera con él, si la despiden y desea irse, si alguien se aprovecha de ella, no creo en las coincidencias, de que se haya cruzado conmigo, la cara de Terry Grandchester, se ve que le interesa también, su hermano dijo que había crecido, hace cuanto que no la ve, sobre todo que si comía bien, acaso a veces no comía por eso estaba tan delgada, ella sola, se vale por sí misma, no tiene quien la cuide ni quien vigile por ella y su forma tan confiada de ser, me recuerda a Anthony de niño, que en todos confiaba hasta hace poco empezó a defenderse hasta de las damas insinuantes, ella no, estaba toda apenada, ni siquiera sabe quién soy, piensa que este es mi hogar se siente confiada a mi lado, cuando acabo de ser secuestrado.
– Candy, eres muy hermosa, quisiera proponerte que fueras mi novia.
– Albert, pero vivir juntos, ser novios es muy comprometedor, mejor solo amigos, se reía,
-Insisto Candy, no será que no te agrado, porque me gustas mucho, me encantaría que confiaras en mí, como lo has hecho desde que nos conocimos.
– Albert me encantaría tener un novio como tú, pero casi no nos conocemos, no me conoces enojada, no sabes muchas cosas, te dije que soy huérfana tengo muchos hermanos, tú tienes una familia a la que confunden con otra y hasta corren peligro de que los lastimen, solo sé eso y que eres el tío del novio de Ann. Sonreían
– Candy el noviazgo es para conocerse, ¿no te parece?,
- Albert, si quiero ser tu novia, pero prométeme que nos respetaremos, seremos buenos amigos si esto no funciona, no dejaremos de ser buenos amigos, y si me enojo, no discutirás conmigo.
-Te lo prometo Candy. Albert se levanto, la cargo en sus brazos, le dijo
– Me gusta mucho mi novia. Ambos se reían divertidos.
Llegó el día de ir a Lakewood, fue maravilloso, se fueron en auto, empacaron varias cosas para pasar un fin de semana, se llevaron a Clean, Albert pasó a comprar artículos para comida y detalles para la casa. Llegaron por la noche, llovía, ambos se refugiaron mientras pasaban por donde dejaron el carro y llegaban caminando a la casa,
- Candy vendré por las cosas después, vamos a que te cubras y te seques, no quiero que te enfermes.
– Gracias Albert, corrieron, se quito la ropa, se cubrió con una bata. Albert encendió la chimenea, prendió velas, acomodo las cosas, después salió a buscar lo demás, encerró bien el automóvil. En una cochera de servicio, lejos de donde habían llegado. Tomo un par de caballos y cargo con las cosas, con la lluvia ya iba muy empapado se fue de nuevo a la casa donde dejo a Candy.
Por la parte trasera, dejo los caballos, le quito las sillas, bajo las cosas que traía. Al llegar vio a Candy recostada hermosamente frente a la chimenea, este se volvía loco de tenerla ahí con él, acomodo las cosas, se quito la ropa, pero como Candy le había ganado la bata, pues solo se puso una toalla en la cintura, se seco, se acerco a la chimenea, sentado en la alfombra admiraba a su novia, se recargaba en ella, se quedo dormido, el viaje, el cansancio lo habían vencido. Por la madrugada se apagaba la chimenea y empezaron a tener frio, Candy se despertó, lo vio, estaba helado, se asustó al verlo sentado durmiendo a su lado, estaba muy helado, no había con que cubrirse,
- Albert, Albert, lo llamaba estaba sin camisa, lo tocaba estaba muy helado, abrió la bata y lo abrazo, lo frotaba y lo acercaba a su cuerpo,
- Albert por favor despierta, el despertó, la vio, estas muy helado, donde consigo algo para cubrirte, la vio allí desnuda, abriendo su bata para cubrirlo, el se levanto, la cargo la llevo a su recamara, ambos, se cubrieron con las cobijas se abrazaban, sentían sus cuerpos muy atrayentes, Candy no lo esperaba él estaba muy inquieto, ambos con besos y ternura, empezaban a ser más apasionados. Albert la acariciaba de su cuerpo helado, ahora estaba un calor muy estremecedor ella al sentirlo, tan cerca estaba muy excitada, nunca se había colocado en una situación así, pero le gustaba ese hombre era su novio le agradaba mucho, ambos en un juego, de placer y de amor, empezaron una danza que no pudieron detener que no se esperaba Albert tampoco, pues no era esa la idea al llevarla a su hogar.
– Candy me gustas mucho, quisiera compartir contigo este amor que siento por ti, la verdad se había enamorado de ella desde que la vio, de su inocencia, de su sencillez, pero no podía contenerse, al tenerla frente a él desnuda, no pudo evitarlo.
- Albert, a mí también me gustas, me gustaría amarte, pero no sé hacerlo, nunca he estado en una situación así, se sentía que su cuerpo se estremecía, estaba muy excitada, le daba pena haber reaccionado así, comprometiendo a su novio, cuando lo abrazo desnuda, solo que al despertar, no lo pensó y ahora, el muy guapo, ella una tonta, que lo había provocado de tal manera que se avergonzaba de lo que había hecho, tampoco se sentía tan mal pues realmente le atrae su novio.
