Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, EL DUEÑO, AUTOR Y SEÑOR DE ESTOS PERSONAJES ES C.S. LEWIS por lo tanto yo solo escribo por diversión más no con el ánimo de ofender…
La realidad es que me puse a pensar que sucederia si de repente apareciera un tipo igualito a Caspian que no supiera de su vida cuando Susan esta al borde de la locura y odio, ¿que sucedera cuando se descubra todo?
2. CAMBIANDO EL DESTINO
Cinco semanas después…
Susan había cambiado de eso estaban seguros sus hermanos varones y lo más irónico era que no sabían la razón, de una chica dulce y sencilla se convirtió en una persona fría, arrogante, orgullosa y sobretodo infantil, la que no comprendía el razonamiento ilógico y absurdo de su hermana era Lucy ya que después de ser tan cercanas parecía que eran dos autenticas extrañas.
-Hoy con quien saldrás con Louis o Mark –dijo sarcásticamente Lucy al ver pasar a su hermana con el bolso en la mano.
-Con Harry por si te interesa –dijo acomodándose el cabello frente el espejo –dile a papá que regreso tarde.
Sin más salió dejando preocupada a Lucy quien no entendía, se levanto y fue a la ventana para ver a su hermana abrasando y besando a un joven que apenas conocía, en la escuela se volvió la más popular por la forma de vestir, actuar y comportarse, todos los jóvenes querían ser pretendientes de la "Pevensie más bella y atractiva". Susan solo salía con jóvenes de clase, guapos, atractivos con los que no salía por más de dos o tres veces ya que decía que el amor no existía y necesitaba disfrutar de su vida, tenía nuevas amigas similares a ella.
Otro problema surgió con su padre ya que trabajaba para el gobierno, le pagaban bien pero no para cumplir todos los caprichos de su hija mayor que no se explicaba el cambio radical que tomo, su madre trabajaba en el hospital la mayor parte del tiempo ya que la guerra no había terminado por lo tanto existían días que estaba completamente ocupada pero nunca pensó que Susan actuara de una forma que hizo que se alejara de ella.
Peter y Edmund llegaban de comprar los vivieres cuando vieron como Susan pasaba en un auto con otro joven totalmente desconocido, la quijada del mayor de los Pevensie solo se torció de coraje porque nunca había visto de esa manera de actuar a su hermana pero ese día hablaría con ella seriamente.
Narnia
Caspian X gobernaba sin dificultades después de liberar a Narnia de la bruma verde, además conoció a una magnifica bella mujer quien por cierto era madre de su hijo Rilian. Habían pasado siete años y ese día cabalgaba alegremente en su caballo negro azabache, casaba un ciervo para llevarlo a la cena, además se distraía de los problemas diplomáticos de Carlomen ya que el Lord no quería firmar el trato de libertad de los esclavos.
Retenía la respiración para no espantar a su presa pero además estaba concentrado hasta que su caballo relincho asustando al ciervo, se levanto mirando molesto a su fiel amigo.
-Corn ya te dije que no hagas eso –exclamaba Caspian fue entonces cuando sintió una punzada en su cuello, cuando se toco se encontró que algo estaba incrustado, se lo quito y observo que era un dardo fue entonces cuando solo sintió que cayó al piso, alguien con una capucha negra se paro frente a él para después volver todo negro.
Esta vez se había pasado un poco las copas, Susan llego a casa, antes de entrar se quito las zapatillas pero su ebriedad hacia que su equilibrio fuera malo pero aun así trato de ser silenciosa, cerró la puerta a sus espaldas lo más despacio, después de puntitas comenzó a caminar hacia su habitación pero antes de llegar a la escalera en la cocina se prendió la luz y justo en la puerta estaba su hermano mayor mirándola fijamente.
-Me puedes decir porque llegas hasta ahorita –pregunto molesto Peter
-Tú no eres papá o mamá –respondió fríamente Susan caminando hacia la escalera lo cual su hermano le tapo el paso.
-¡Bebiste! –Frunciendo el ceño de incredulidad –Susan por favor… nuestros padres no están, papá llegara en una hora más y mamá hasta en la mañana pero no puedes llegar… de esta manera.
-Yo llego como quiero… además por el dinero no te preocupes todo fue gratis –decía sonriente Susan
-¿Quién eres tú? –pregunto tristemente Peter mirando decepcionado a Susan quien trataba de equilibrarse, fue en ese momento cuando llegaron Edmund y Lucy a ver que sucedía.
-Ya llegaron todos, necesito dormir así que con su permiso –decía Susan tratando de caminar para llegar a su habitación
-Susan tu sabias que eso pasaría… Caspian debía casarse, esto lo estás haciendo por él –comento serio Edmund
-No sé de quién hablas y si comienzan a hablar de Narnia métanse a la cabeza que es un juego de niños ya crecí… si ustedes siguen creyendo hagan lo que quieran –dijo tajante Susan
-Susan nos preocupas… te arreglas demasiado, tienes amistades poco confiables, eres caprichosa… no me importa que olvides a Narnia pero regresa por favor –dijo Lucy tristemente, fue cuando Susan no soporto.
-¡YA DÉJENME EN PAZ! ¡NO ME IMPORTA LO QUE DIGAN, NO SERÉ DE NUEVO LA NIÑA TIERNA Y COMPASIVA POR SER ASÍ SE BURLARON DE MI, JUGARON CON MIS SENTIMIENTOS Y DE ESTA FORMA FRÍA Y ODIOSA TENGO LO QUE QUIERO, NADIE ME LASTIMA, LO SIENTO PERO ES LO QUE SOY Y NADIE ME CAMBIARA! –dijo fuertemente dejando a todos sus hermanos sin habla, sonrió sarcástica para abrirse paso y llegar a su habitación para lanzarse a la cama y con la cara en la almohada grito en silencio, un grito de rabia y dolor.
Lucy entro a la habitación lentamente, llego a su cama y trato de cerrar sus ojos mientras su hermana en la cama siguiente apretaba los puños, hundiendo la cara lo más que podía en la almohada al punto de casi asfixiarse, fue así hasta que se quedo dormida, se acerco lentamente para taparla con un frazada se dio cuenta que su cara estaba bañada en lágrimas.
No sabía cómo acercarse a su hermana, quería ayudarla pero sabía perfectamente que Susan era terca que nunca iba a aceptar que estaba mal.
En el hospital…
La señora Pevensie estaba cansada era tarde y todo el día habían llegado heridos de un bombardeo fuera de Londres, el doctor Henry antes de salir tenía que atender el último herido que llego.
Los dos se dirigieron hacia donde estaba el herido, un hombre como de treinta tantos, cabello negro azabache, delgado, con barba, tenía heridas en todo el cuerpo porque la pierna izquierda se observaba un laceración que llegaba hasta el hueso que comenzaba a infectarse, el brazo derecho estaba roto, el pecho tenia golpes y cinco puñaladas pero lo más grave en la cabeza una hemorragia que no paraba.
-¡Este hombre no sobrevivirá! –exclamo el doctor al ver la situación grave
-Pero de todos modos tenemos que ayudar –comento la señora Pevensie sorprendida por la fortaleza de aquel personaje porque otro ya hubiera muerto.
-Tienes razón Helen para eso estamos –tomando una jeringa y medicamento para administrar –solo espero que esta fortaleza perdure.
-Es un desconocido nadie sabe su nombre, lo encontraron cerca de la estación de trenes, no se sabe nada de él doctor –dijo tristemente la señora Pevensie
Comenzaron a lavar las heridas, aunque los pronósticos estaban en su contra hicieron lo que pudieron para salvarle la pierna, inmovilizarle el brazo, meterle tubos por donde quiera, había algo en aquel sujeto que hacía que todos se preocuparan por él.
A la mañana siguiente la señora Pevensie antes de despedirse de los médicos y enfermeras que recibían el turno fue a dar los medicamentos al paciente desconocido. Al verlo se entristeció ya que pensó en su esposo podría a ver pasado lo mismo.
-¿Quién eres? –pregunto a si misma cuando cambiaba la venda que tenía en la cabeza.
Termino y se despidió de todos esperando que hubiera alguna noticia, en casa se encontró con su esposo quien reprendía fuertemente a Susan cuando se dio cuenta que llego a una hora no dispuesta por él.
-¡ESTAS CASTIGADA POR UN MES, SIN SALIDAS! –decía el señor Pevensie a su hija
-YA SOY LO SUFICIENTEMENTE GRANDE PARA SABER LO QUE HAGO –exclamo molesta Susan, su padre la miro fijamente al escuchar aquello.
-No sé como sucedió este cambio en ti pero tú no eres mi hija –dijo tristemente Arthur a su hija
-¿Qué está sucediendo aquí? –pregunto Helen a su esposo
-Susan llego muy tarde después de la hora del toque de queda… además descubrí que llego ebria –explicaba el señor Pevensie a su esposa quien observaba incrédula a su hija.
-¿Es verdad lo que dice tu padre? –pregunto Helen sorprendida
-Si madre gracias a que Peter abrió su bocota –respondió secamente Susan
-Estas castigada como dijo tu padre, sin salidas, después de la escuela llegaras con Peter… puedes ir a tu habitación porque en un momento puedes ayudar a hacer la comida –sentencio la señora Pevensie mientras recibía una mirada acecina por parte de su hija quien salió corriendo hacia su habitación.
Sus tres hijos restantes solo observaron como su hermana pasó sin dirigir la palabra para dar un fuerte portazo.
Lucy al ver lo que sucedía, entro con cautela en la habitación, no entendía las reacciones que tenia Susan era tan cambiante, todo lo hacía con rabia, con odio era como si quisiera matar a todo el mundo.
-¿Qué haces aquí? –pregunto molesta Susan al ver a Lucy
-También es mi habitación, recuerdas –respondió fríamente Lucy
-Algún día me iré y jamás volveré… tendré un lugar lejos donde nadie me diga que hacer o cómo comportarme, además donde me olvide de todo –dijo Susan quien estaba frente a la ventana con los puños cerrados.
-Susan… tú no eres así –dijo nerviosa Lucy
-¡SOY ASÍ TE GUSTE O NO! ¡SOY COMO ÉL ME CONVIRTIÓ! –dijo Susan fuertemente que Lucy observo cómo estaba sufriendo su hermana, se acerco a ella lentamente para abrasarla.
Susan no quería que nadie la tocara pero Lucy se atrevió quería soltarse pero no pudo, de repente su juramento de no hacer notorio sus debilidades fracaso y sus ojos se inundaron de lágrimas.
-Tranquila, todo estará bien –susurraba Lucy al oído, de repente sintió como Susan se debilitaba cediendo más al abrazo.
Narnia
Liliandil leía un libro a su hijo, desde que su esposo desapareció misteriosamente hace cinco meses tenía que hacerse cargo de todo el reino, era algo agotador además de que hijo de siete años aun no podía llegar al trono.
-¿Cuándo regresara papá? –pregunto Rilian a su madre
-Pronto… -respondió Liliandil tratando de controlar el llanto ya que los últimos informes fueron que el rey de Narnia no aparecía por ninguna parte.
Rilian escucho con esperanza aquella respuesta y dando un beso de buenas noches se quedo dormido. Liliandil salió de la habitación de su hijo fue donde se topo a Kris, un fauno quien era el encargado de salvaguardar Cair Paravel.
-Su majestad –hizo reverencia –la búsqueda del rey se prolongo hasta islas solitarias y confines más adentro pero…
-Pero el rey no aparece –término la frase Liliandil
-Hacemos lo que podemos pero no sabemos quién secuestro al rey –dijo preocupado el fauno
-Si no aparece mi marido en una semana… -suspirando –Rilian tendrá que llegar al trono –dijo amargamente Liliandil
-Si su majestad, el príncipe puede hacerlo, tenemos que resignarnos a que el rey murió –dijo el fauno
-Aun no podemos decir nada, tenemos que tener esperanza –respondió Liliandil haciendo que el fauno hiciera reverencia para despedirse.
Solo que nadie sabía que el rey fue enviado a otro mundo donde solo un antiguo poder podría regresarlo.
Cuatro días después…
Era fin de semana como Susan estaba castigada no podía salir a la calle junto con su padre y hermanos por lo tanto su madre le dijo que la acompañara al hospital, seria un día tranquilo por lo que ella se podía poner a leer o hacer otra cosa.
-Me puedo quedar sola en la casa por favor –suplicaba Susan a su madre
-No, iras conmigo no puedo confiar en ti –ordeno la señora Pevensie a su hija quien tomo sus cosas molesta para salir junto con su madre.
En minutos llegaron al hospital, Helen rápidamente fue hacer sus deberes mientras su hija paseaba por los pasillos, tratando de encontrar a alguien agradable con quien poder "platicar", se topo de pronto con un joven soldado con quien rápidamente comenzó la plática fue eso hasta que su madre la encontró diciéndole que era tiempo de comer.
Llegaron a un pequeño comedor donde solo estaban tres personas, el doctor Henry, su madre y ella.
-Buscando algo acerca de nuestro extraño paciente, encontré esto –mostrando un anillo de oro con un escudo que tenía un león y una X –no están pobre como pensamos –dijo animadamente
-Me entere de que despertó –comento Helen al doctor
-Sí pero el pobre hombre quedo ciego, tuvimos que sedarlo para que no se lastimara, tuvo un ataque nervios, gritaba diciendo que no hicieran nada a su hijo –decía el doctor
-Pobre hombre –dijo suspirando la señora Pevensie mientras Susan escuchaba atenta la historia de aquel personaje.
-Otra cosa, preguntamos cómo se llamaba pero creemos que perdió la memoria porque solo recuerda que tiene un hijo que se llama Rilian… raro nombre –dijo el doctor
-¿puedo verlo? –pregunto de pronto Susan algo le llamaba la atención de todo aquello.
-Claro –respondió sorprendido el doctor al igual que a su madre.
Susan se levanto y camino hacia donde se encontraba aquel sujeto pero tenía miedo, algo decía que era mala idea, llego a la sala donde se encontraban muchas camas solo separadas por una cortina. Retiro lentamente para entrar al cubículo, su respiración se corto quedando en shock.
-Caspian –susurro nerviosamente
Aun cuando su pecho estuviera envuelto en vendas al igual que su pierna izquierda y brazo derecho, su cabello fuera recortado, tuviera barba, era él estaba segura, respiraba con dificultad, sus manos temblaban sin pensarlo salió corriendo, se topo con su madre pero ignoro lo que le dijo solo quería salir y pensar que todo era un sueño, no quería pensar que era real, si lo era ¿Qué estaba sucediendo?
