Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi, Shueisha y Konami.
Capítulo 3
El poder de las cartas
1
No fue algo sencillo, pero al final logró convencer a sus padres de dejarlo ir al parque. Como es de suponer, su madre no quería dejarlo fuera de casa mientras ellos iban a Hogwarts para las lecciones tempranas de Charlus. Y a causa de eso, su hermano fue muy insistente en que Harry podía acompañarlos. Desde que se había enterado de la necesidad de tener clases avanzadas, había pedido reiteradas veces que Harry también las tomara; era su hermano gemelo, después de todo. Sin embargo, Dumbledore acalló todas sus réplicas argumentando que él tendría su oportunidad cuando recibiera su carta de Hogwarts a los once años.
Aunque Harry ya sabía que eso pasaría, no evitó que se sintiera decepcionado. Él y Charlus habían hecho todo juntos desde que tenía memoria.
Su mente dejó de dar vueltas sobre el pasado cuando reconoció a Johan y a Samantha sentados en la misma banca de pícnic en la que habían jugado la noche anterior.
El día era agradable, soleado, aunque con una temperatura no muy alta. Era el tipo de día en el cual seguramente hubiera pasado toda la tarde volando en las escobas de práctica con su hermano y su padre, ante la atenta mirada de su madre. Bueno, eso si su padre no recibía un llamado de emergencia en el departamento de aurores, donde era el jefe desde hacía año y medio. También era posible que su padrino Canuto y su tío Lunático se les unieran para improvisar un partido de quidditch.
Aunque, ahora su familia estaba en Hogwarts, e imaginaba que el tío Lunático, al ser padrino honorario de Charlus (de su verdadero padrino nunca se hablaba en casa), también estaba allá. Respecto a su padrino, seguramente había ido nuevamente a tratar de ligar chicas guapas a un centro comercial muggle.
Se acercó a sus amigos, quienes lo saludaron con efusión. Los dos primos no habían perdido el tiempo y ya estaban jugando una partida. Harry notó que había un grupo más de chicos jugando un partido de fútbol en la cancha del parque. Los no magos gustaban mucho de ese juego, para ellos significaba lo mismo que el quidditch para los magos, según le había explicado su madre años atrás.
Luego de que Samantha venciera a Johan por muy poco, cien puntos de vida de diferencia, los tres se pusieron de pie.
—¿Has pensado que tipo de mazo te gustaría armar? —preguntó Johan mientras caminaban hacia la tienda de cartas.
Harry lo pensó un poco. A decir verdad, no estaba seguro. Hasta ahora conocía los mazos de sus amigos, pero según lo dicho por ellos, al haber miles de cartas, las posibilidades de estrategias para un deck eran abrumadoras.
—Ya tendrás tiempo para pensar en eso cuando veas las Barajas de Principiantes y las Barajas de Estructura —agregó Samantha con una sonrisa.
—Las barajas de estructura son buenas —continuó Johan—. Yo comencé con una. Claro, algún día crearé mi propia baraja con un estilo propio. Aun así, Triunfo del Guerrero fue un gran comienzo.
Finalmente llegaron a la juguetería. Era un local adornado de forma pintoresca. En el escaparate se veían trenes a escala, muñecos de acción, muñecas con toda clase de accesorios, balones y pelotas para diversos deportes, entre otras muchas cosas. En la puerta había un cartel, adornado por dos monstruos batallando, en el que se leía: «¡Tienda Oficial de Duelo de Monstruos!». Y más abajo: «¡Torneos todos los fines de semana! ¡Participa y gana puntos para calificar al torneo regional!».
Entraron a la tienda y rápidamente se dirigieron a un pequeño exhibidor donde los sobres de cartas de colores ocres, plateados y dorados esperaban a ser adquiridos por los duelistas del pueblo.
—Hay poca variedad de paquetes —comentó Johan decepcionado—. En Oslo siempre encuentro más cartas.
—Este es un pueblo pequeño —respondió Samantha irritada—. Si quieres gran cantidad de cartas ve a Liverpool o a Londres.
—Pues no es mala idea, ¿cuánto cuesta el boleto de tren?
Samantha le dio un golpe en el hombro.
—¿Oslo? —preguntó Harry.
—Es la capital de Noruega, mi país natal —respondió Johan sobándose el lugar donde su prima lo golpeó.
Harry se sorprendió. Había asumido que Johan era de Gran Bretaña, puesto que no le notaba acento al hablar.
—Su madre es inglesa —le aclaró Samantha, intuyendo sus dudas—. Es mi tía materna. Debido a su trabajo terminó viviendo en Noruega, donde conoció al tío y se casaron. Es gracias a nuestra familia que Johan puede hablar un inglés tan fluido y, prácticamente, sin acento. Eso sí, desespéralo y soltará palabrotas en noruego.
—¡Eso no es cierto!
Como toda respuesta, Samantha le enseñó la lengua.
—¡Bueno ya! —medio gritó Johan—. Vinimos a comprar cartas.
Harry asintió y se concentró en las cartas y las barajas, las cuales se encontraban exhibidas en la parte alta del estante. A pesar de que Johan había dicho que la variedad era poca, para él, que apenas comenzaba, era descomunal. Había siete tipos distintos de sobres de expansión y cinco Mazos pre-construidos, dos de principiantes y tres de estructura. Observó atentamente los mazos memorizando sus nombres: Baraja de Principiante Básica I, Baraja de Principiante Amanecer del Duelo, Baraja de Estructura Locura del Zombi, Baraja de Estructura Juicio del Lanzador de Conjuros y Baraja de Estructura Llamarada de Destrucción.
—Creo que te va bien la de lanzadores de conjuros —comentó Samantha.
Harry se sorprendió. Esa era una baraja centrada en los magos.
—¿P-por qué lo piensas? —Maldijo en sus pensamientos su tartamudeo nervioso.
—Simple corazonada —respondió su amiga con una sonrisa.
Harry asintió. Ahora sólo faltaba elegir los sobres. Tenía suficiente para comprar cuatro sobres y un mazo de estructura. Leyó los nombres de los sobres, tratando de adivinar lo que podría salir de acuerdo con sus nombres, pensando que daban pistas igual que los mazos estructurados, pero esto resultó no ser así.
Los nombres de los sobres eran los siguientes: Predadores Metálicos, Señor de Hechizos, Sirviente del Faraón, Guardián del Faraón, Fuerza del Mago, Crisis Oscura y Santuario Antiguo.
—¿Qué sobres debería comprar? —preguntó Harry.
Johan repasó los distintos paquetes, quizás intentando recordar que cartas se podían encontrar en cada uno de ellos.
—Bueno, creo que lo mejor sería comprar Juicio del Lanzador de Conjuros y varios sobres de Fuerza del Mago.
Samantha asintió con la cabeza, mostrando que estaba de acuerdo con su primo.
Harry asintió, confiando en la experiencia de los otros dos niños. Llamaron al dependiente y pidieron el mazo y los sobres mencionados. Finalmente salieron de la tienda con los productos comprados en una bolsa de plástico y se dirigieron de vuelta al parque.
Lo primero que abrieron fue el mazo. Harry extrajo de la caja un pequeño folleto en el que leyó:
—«Los magos, brujos y hechiceros más poderosos están a tus órdenes en la Baraja de Estructura Juicio del Lanzador de Conjuros. Usa sus poderosas cartas de hechizo para fortalecer tu estrategia y hacer daño a tu oponente. Juicio del Lanzador de Conjuros está listo para jugar sin muchas complicaciones, y es perfecto para los nuevos duelistas. Está repleto de cartas raras y poderosas. Cada baraja contiene cuarenta cartas, incluyendo seis nuevas tarjetas nunca antes impresas, como el raro "Brujo Eliminador Oscuro" y dos de las cartas más famosas de Yugi Muto, el Rey de los Duelistas. También se incluye un libro de reglas, tablero de juego, y una Guía de Duelo que servirá para mejorar tus habilidades como duelista».
—Un mazo impresionante —dijo Johan—. ¡Ábrelo, quiero ver al «Mago Oscuro»!
—¿«Mago Oscuro»? —Harry había escuchado las historias terribles sobre lo que los magos oscuros eran capaces de hacer, así que no entendía como Johan podía estar tan emocionado por ver una carta como esa. Sin embargo, se recordó, él no es un mago. Para él un mago oscuro era solamente un personaje de fantasía.
—Es la carta as de Yugi Muto —respondió Samantha—. Aunque no es una carta muy rara, en comparación con otras, el simple hecho de ser el monstruo principal de Yugi Muto la vuelve muy especial en el mundo de los duelos.
—Esta es la primera vez que se edita en gran escala. ¡Pero aun así es increíble!
Harry miró el mazo en sus manos con el ceño fruncido. No sabía quién era Yugi Muto, pero por la forma en que Johan y Samantha se emocionaban al hablar de él, imaginó que era algo así como una estrella de quidditch del duelo.
Tomó entre sus manos el paquete con cuarenta cartas, cubiertas por un empaque transparente, y lo abrió. El «Mago Oscuro» era la tercera carta en el paquete. Tenía un marco amarillo que lo distinguía como un monstruo normal, de atributo oscuridad, tipo lanzador de conjuros, nivel siete, ataque y defensa de 2500 y 2100 respectivamente. La ilustración representaba a un hombre de cabellera rubia y piel blanca; vestido con lo que parecía ser un traje híbrido entre una túnica y una armadura de color negro, además de lo que obviamente era un sombrero de mago; en sus manos sostenía un báculo mágico, como los que se veían en los libros de texto de Historia de la Magia, los cuales se usaban siglos atrás cuando aún no se construían varitas.
—¡Es increíble! —murmuró Johan emocionado.
—Sí —admitió Samantha.
Luego de contemplar por un rato a tan especial carta, prosiguieron a ver el resto del deck para verificar cómo funcionaba. Y, finalmente, tocó el turno de abrir los sobres…
2
31 de julio, el cumpleaños de los gemelos Potter. Día de fiesta para el Mundo Mágico, que celebraba el cumpleaños de su salvador, aunque las celebraciones eran relativamente menores a las que se llevaban a cabo el 31 de octubre, para conmemorar el fin de la guerra.
El primer cumpleaños luego de aquella trágica noche, Charlus había recibido cientos de cartas y regalos felicitándolo por su cumpleaños. Esto puso furiosa a Lily, no por qué no apreciara a las personas que le agradecían a su bebé, sino debido a que olvidaban a Harry. En una carta al Profeta solicitó públicamente a las personas el ser conscientes de la situación. Si bien no les podía prohibir enviar sus felicitaciones y regalos, les pedía que de igual manera trataran a Harry.
Muchas personas, sobre todo quienes eran padres o madres de familia, entendieron a Lily. Ella no quería que la fama de su hermano afectara a Harry de forma negativa.
Las personas se abstuvieron de hacer regalos costosos, y en las fiestas felicitaban de igual manera a ambos hermanos. El Profeta incluía una nota sobre el cumpleaños y la fiesta, cuando era pública, de igual forma mencionándolo como la celebración de los gemelos Potter.
En la actualidad, los gemelos estaban cumpliendo nueve años.
Sin embargo, ese día Harry estaba triste. Le hubiera encantado invitar a Johan y a Samantha a su fiesta, pero al ser ellos muggles no había podido por obvias razones. Así pues, aunque Harry disfrutaba de la celebración con sus amigos y familiares, no podía evitar pensar en lo agradable que hubiera sido estar con quienes, en ese año, desde que se conocieron en el parque, se habían convertido en sus mejores amigos. Más aun siendo que Johan regresaría a Noruega en unos pocos días, ya que las vacaciones de verano de las escuelas muggles estaban por terminar.
A las pocas horas de iniciado el festejo, Harry se apartó un poco de los otros niños. Charlus y los Weasley organizaron un partido de quidditch. Normalmente, Harry hubiera participado, sin embargo, justo cuando se dirigía al campo de vuelo, luego de haber pasado un rato charlando con su padrino Sirius sobre las nuevas escobas que había comprado para él y Charlus, se dio cuenta de que había un niño que no parecía disfrutar de la fiesta.
Era un chico rubio, de cara redonda y algo rechoncho.
Harry se olvidó del partido por el momento y caminó hacia el niño, el cual se encontraba sentado en una de las sillas de jardín cerca de la puerta de la cocina.
—Hola —lo saludó Harry.
El niño dio un respingo. Al parecer había estado sumido en sus pensamientos antes de que Harry se acercara.
—H-hola.
—Soy Harry.
—N-Neville —tartamudeó el niño rubio.
—Jugaremos un partido de quidditch, ¿quieres venir?
—Y-yo —su mirada se ensombreció y su voz comenzó a bajar de tono—, no soy muy bueno…
Harry se sentó junto a él.
—Podemos jugar a otra cosa.
—Pero es tu fiesta. Yo no quiero moles…
—Y tú eres un invitado.
Harry pensó un momento que podía hacer para sacar a Neville de su timidez. Fue entonces la voz de Johan resonó en sus pensamientos: el Duelo de Monstruos era la respuesta.
Johan tenía la extraña idea de que a través del duelo se podría conseguir que las personas se abrieran y fueran más amistosas. Creía firmemente que los duelos unirían más a las personas en el futuro. Samantha, como es obvio, se reía de su primo y sus ideas extrañas. Pero Harry, siendo un mago, intuía algo más allá de un simple juego de cartas. El Duelo de Monstruos tenía un poder especial. Un poder que tal vez podría ayudar a Neville.
—¡Tengo una idea! —exclamó Harry mientras se ponía de pie de un salto—. ¡Vamos, sígueme!
Neville miró a Harry con extrañeza. No era muy dado a estar cerca de otros niños, por lo que no sabía cómo reaccionar ante la efusividad de Harry. Titubeó un poco, pero finalmente se levantó y siguió al otro niño hacia el interior de la casa.
Desde el interior de la cocina, una sonriente Lily Potter observó complacida como el hijo de su mejor amiga comenzaba una amistad con uno de sus hijos. Había costado mucho convencer a Augusta, la abuela de Neville, para que lo dejara asistir a la fiesta de cumpleaños de los gemelos; sobre todo, ya que Neville, quien cumplía años el día 30 de julio, no había tenido una celebración propia. Ahora sentía que había valido la pena.
Lily suspiró al recordar a los padres de Neville. Siempre se preguntaría como habrían sido las cosas para el niño si la orden hubiera llegado a tiempo a la llamada de emergencia en casa de los Longbottom.
3
La habitación de Harry estaba en la planta alta, quedando justo sobre la cocina. Tenía una ventana amplia, la cual daba directo hacia el patio. A través de ella, ambos niños pudieron ver como comenzaba el juego de quidditch.
Harry se acercó a la mesita de noche que había junto a su cama. Abrió un cajón y extrajo una caja de metal.
—Quiero mostrarte algo, Neville.
El niño de rostro redondo asintió con algo de duda y luego se acercó a Harry, quien se había sentado en la orilla de la cama.
Harry depositó la caja con cuidado a su lado y luego la abrió. Neville miró que dentro había una gran cantidad de tarjetas cuidadosamente apiladas. Al principio pensó que se trataban de cromos de magos famosos, pero lo descarto al ver sus formas rectangulares y no pentagonales.
—¿Qué son? —preguntó interesado.
Harry sonrió entusiasmado antes de responder:
—Cartas de Duelo de Monstruos. Es un juego muggle muy divertido.
—¿Un juego muggle? —Neville jamás había pensado que llegaría a jugar con algo hecho por muggles. No es que tuviera algo contra ellos, sino que venía de una antigua familia de magos.
—Sí. Pero no te sorprendas mucho, bien podría haber sido un juego mágico.
Tras decir eso, Harry extrajo de la caja varias cartas y las extendió sobre la cama, indicándole a Neville que tipo de cartas eran y lo que hacían en el juego. Luego de repasar de forma rápida, con un Neville cada vez más animado, cada regla del juego, los dos chicos comenzaron a montar duelos simulados. Dado que Neville apenas si había comenzado a aprender, a veces preguntaba a Harry que era lo que se podía hacer.
Pronto Neville fue capaz de jugar un duelo completo sin necesidad de preguntar cada treinta segundos sobre una carta o una regla.
—¡Niños, es hora de partir el pastel! —escucharon la voz de Lily Potter.
Harry se dio cuenta de que habían estado casi dos horas jugando. De hecho, al ver por la ventana, se dio cuenta de que la tarde ya estaba muy avanzada.
—Vamos —dijo mientras guardaba sus cartas—. Ya tendremos tiempo de jugar otro día.
Neville asintió, mientras lo ayudaba a acomodar las tarjetas en la caja.
—Harry, dijiste que cada duelista arma su deck a su gusto. —El otro niño asintió—. ¿Tú tienes uno?
—Sí. Es de Lanzadores de Conjuros. Te lo mostraré después del pastel.
Luego de eso, ambos se apresuraron para llegar al pastel antes de que Charlus se impacientara y decidiera apagar las velas él solo.
4
Neville comenzó a frecuentar la casa de los Potter. Sobre todo los fines de semana. Augusta Longbottom había tenido que aceptar a regañadientes que la creciente amistad con Harry estaba ayudando a su nieto con sus problemas de autoestima. Eso, a su vez, había repercutido en el hecho de que ahora el niño se sentía más seguro al hacer ciertas cosas, como probar a volar en una escoba de práctica. Descubrió que volar no era lo suyo, pero al menos esa experiencia lo ayudaría en Hogwarts para no hacer el ridículo en sus clases de vuelo.
Neville, por su parte, pudo conocer a Johan y a Samantha, aunque al primero solamente lo vio un par de veces, antes de que regresara a su casa. En tales ocasiones, Harry tenía que prestarle algo de su ropa a Neville, ya que, al ser un «sangre pura», su amigo sólo tenía ropas de mago. Dado que Neville era un poco más ancho que Harry, le pidieron a un elfo doméstico de la familia Longbottom que ajustara las prendas mágicamente.
Neville consiguió cambiar algunos galeones por libras, con lo cual pudo comenzar a comprar sus propias cartas. A diferencia de Harry, no comenzó con una baraja de estructura. A Neville le gustaban mucho las plantas, y los otros duelistas le habían instado a crear un mazo que usara monstruos de atributo tierra, el cual era el atributo principal de los monstruos tipo planta.
—El problema —explicó Samantha cuando hablaban sobre qué tipo de mazo podría jugar Neville—, es que hay pocos monstruos de tipo planta. Lo mejor es crear un mazo de atributo tierra, que incluya monstruos de tipos planta, insecto, roca y alguna que otra bestia.
Neville asintió indicando que comprendía. Bien podría funcionar. Por lo que sabía esos tipos de monstruo solían ser muy compatibles entre sí.
Con eso en mente, pasaron a diseñar el mazo de Neville.
5
Algunas veces, cuando Johan estaba en el pueblo durante las vacaciones, jugaban duelos Tag, es decir, en equipo. La baraja que Neville había armado resultó ser muy compatible con el deck de Samantha. Lo mismo pasaba con los mazos de Johan y Harry. Esto último no era una sorpresa, en el juego los monstruos de tipo Guerrero y los de tipo Lanzador de Conjuros se complementaban mutuamente. El resultado eran duelos increíbles, que a veces llegaban a durar casi una hora.
Ninguno de ellos imaginaba que los mazos de ambos equipos terminarían siendo parte uno del otro en el futuro. Los primeros en combinarse fueron los de Neville y Samantha. Y las circunstancias que llevaron a ello no podrían haber sido peores: Samantha murió. Un accidente de coche, en Noruega, mientras visitaba a su primo en las vacaciones de primavera. De las seis personas que viajaban en el coche solamente Johan sobrevivió, en un golpe de suerte, se podría decir.
Días más tarde, Johan envió el mazo de Samantha a Neville. «A ella le hubiera gustado que lo tuvieras», decía en una carta.
No volvieron a ver a Johan, aunque mantenían contacto con él mediante correo muggle.
Años más tarde, enviaría su antiguo mazo guerrero a Harry. Según escribía en su carta adjunta al paquete, finalmente había encontrado el deck que siempre había soñado.
Harry no volvería a ver a Johan hasta varios años después, cuando coincidieron en una final europea.
