Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi, Shueisha y Konami.


Capítulo 5

El monstruo de Slytherin


1

Neville y Harry se sentaron en una banca del parque. Se trataba del mismo lugar en el que Harry presentó a Neville con Samantha y Johan; dónde siempre se encontraban antes de ir a comprar cartas o ir a desafiar a los otros duelistas del pueblo. Esto les trajo un sentimiento melancólico. Y era la razón por la cual eligieron ese lugar para dar su siguiente paso como verdaderos duelistas, pensando en que, de alguna manera, Samantha estaba junto a ellos alentándolos.

Harry bajó su mirada y la posó en la enorme caja rectangular que sostenía sobre sus piernas. Se sentía eufórico al pensar en que pronto podrían sostener un duelo con discos de duelo propios.

Ambos chicos tenían sendas sonrisas en sus rostros, como si la navidad se hubiera adelantado. Ciertamente así se sentían.

—¿Los abrimos? —preguntó Harry.

Si bien le gustaría preservar su primer disco de duelo intacto dentro de su empaque, como una especie de artículo de colección, la excitación de finalmente tenerlo en sus manos era demasiada.

Neville se limitó a asentir con la cabeza.

Sin esperar más, las cajas fueron rasgadas y su contenido quedó a la vista. Dos discos de último modelo recién salidos de la filial inglesa de Corporación Kaiba. El plástico blanco con bordes cromados brillaba bajo el sol de verano como si fuera algo mágico.

Harry pasó la mano por las ranuras de las cartas, la ranura del deck, del mazo de fusiones y el cementerio sin creer que realmente ese disco era suyo. Oprimió el botón de encendido y sintió como su corazón se aceleraba cuando en la pequeña pantalla LCD le mostró la palabra «Bienvenido».

Neville hizo lo mismo, sin poder esperar más para comenzar a usarlo. Sin embargo, los discos aún no estaban preparados para el duelo. Era necesario configurarlos.

Harry extrajo el instructivo de la caja y lo leyó varias veces para asegurarse de hacerlo bien.

Se llevó la mano al bolsillo y sacó la tarjeta de memoria SD aún empaquetada. Tenía una capacidad de almacenaje de 32 GB. Según el instructivo del disco, se requería de un mínimo de 8 GB para almacenar los paquetes básicos de cartas; pero ellos no querían sólo los paquetes básicos, querían la información de todas las cartas existentes, incluso cuando lo más probable era que nunca las verían todas en su vida.

Rápidamente abrió el empaque e introdujo la tarjeta de memoria en la ranura justo a la izquierda de la pantalla LCD. Un pequeño led junto a la pantalla parpadeó en color rojo. Inmediatamente se mostró un nuevo mensaje: «Espere un momento... Buscando conexión con el satélite…».

Harry dejó el disco descansando sobre sus piernas y se volvió hacia Neville. Su disco mostraba el mismo mensaje en pantalla.

—¿Irás al regional este año? —le preguntó Neville.

Harry lo confirmó con un movimiento de cabeza.

Una brisa fresca soplaba de oeste a este, la humedad indicaba que posiblemente tuvieran tormenta en unas horas más.

—Deberías intentarlo —sugirió Harry.

Neville retrocedió un poco en su lugar.

—¿Cómo va nuestro marcador? —le preguntó Harry.

—Me has vencido diez veces este verano, y yo te he vencido ocho —respondió con una mueca al intuir lo que pretendía Harry.

—¿Y qué tal tus duelos con los otros chicos del pueblo?

—Los he vencido a todos. Bueno, casi. Empaté con Johnson.

—Estás listo para un regional, Neville. Lo harás muy bien.

Neville no dijo nada más. Y Harry tampoco, pero ambos sabían que ese año irían juntos a Devon para el torneo regional.

Los discos de duelo finalmente terminaron de descargar los archivos. Ambos niños sonrieron y se miraron mutuamente. No tenían que decir nada. Colocaron sus mazos en las ranuras correspondientes. Las pantallas LCD parpadearon mostrando los 4000 puntos de vida estándar en el formato avanzado, y el duelo comenzó.

2

—¿Un elfo doméstico loco? —preguntó Harry, tan extrañado como el resto de su familia y Neville, esa noche mientras cenaban en la casa Potter.

—Sí —respondió Charlus—. Quería que le prometiera que no iría a Hogwarts este año.

James Potter alzó una ceja con incredulidad. Lily, por su parte, estaba muy seria. Como madre era una experta descubriendo cuando Charlus hablaba en serio y cuando lo hacía en broma. Y por más extraño que resultara, su hijo mayor estaba siendo completamente sincero respecto al asunto del elfo.

—¿Y exactamente por qué no quiere que vayas a Hogwarts? —le preguntó Lily.

—Según él, este año habrá una conspiración en Hogwarts.

Charlus se llevó un pedazo de carne a la boca y masticó con fuerza. Lily le dirigió una mirada preocupada a James, mientras Neville y Harry se miraban mutuamente con cierta solemnidad.

—¿Qué clase de conspiración? —inquirió James, por su tono aún no se tomaba el asunto tan seriamente como su esposa. La pelirroja le envió una mirada de advertencia que captó de inmediato.

—No me dijo qué exactamente. Sólo dijo que habría muertes, que no era seguro que yo volviera este año y… ¡Se atrevió a interceptar mi correo!

Charlus pasó los siguientes minutos despotricando sobre como el elfo le había mostrado todas las cartas enviadas por Hermione durante el verano. A decir verdad, unos días atrás había hablado al respecto con Ron en la Madriguera, el hogar de la familia Weasley, acerca de cómo las cartas de Hermione no estaban llegando a Valle de Godric. A los dos se les hizo extraño porque, en la correspondencia de Ron, Hermione insistía en que ninguno de los hermanos Potter respondía a sus cartas.

—¡Espera! —le interrumpió Harry—. ¿También intervino mi correo?

Charlus asintió con un movimiento de cabeza.

—Justo lo que sospechaba —resopló el menor mientras se echaba hacia atrás en su silla, molesto.

—Dobby dijo que pensó que si creíamos que nuestros amigos nos estaban ignorando ninguno de los dos iría a Hogwarts.

—Es la cosa más ridícula que oído jamás —dijo Neville dándole la razón a Harry, quien miraba a Charlus con una expresión incrédula.

—Lógica de elfo, no son las criaturas más brillan… —Charlus calló al ver la expresión de su madre.

Lily Potter se volvió hacia James, quien se reía entre dientes al darse cuenta de la expresión asustada en el rostro de Charlus por casi «meter la pata».

—Hay que hablarlo con Dumbledore —sentenció Lily Potter.

—¡Mamá! —exclamó Charlus sorprendido—. ¿Realmente tomarás en serio algo dicho por un elfo doméstico? —Tragó saliva cuando el rostro muy serio de su madre volvió a centrarse en él—. Es decir, si lo hubieras visto… Es obvio que ese elfo está loco o ha inhalado muchos calderos.

—Puede ser —respondió ella—, pero no me parece que sea buena idea dejar pasar esto por alto. No sabemos si es una trampa.

—También puede ser una broma de mal gusto —dedujo James—. Todo el año anterior se la pasaron peleando con Draco Malfoy. Y, por como Charlus describe a ese elfo, no hay duda de que es de los Malfoy. Son una de las pocas familias que trataría así a sus elfos, además de tener algo contra nosotros.

—Pues mucho peor —respondió Lily—. Ese elfo, de los Malfoy o no, logró pasar los escudos de la casa y colarse en la habitación de Charlus.

—Bueno, no es tampoco tan extraño —explicó James—. Sabes que la magia de los elfos es diferente a la nuestra. Y nadie se ha tomado la molestia de crear escudos anti aparición para ellos. Especialmente porque entonces les sería difícil acudir al llamado de sus amos cada vez que los necesitan.

Lily recordó sus tiempos en el colegio, cuando descubrió la esclavitud de los elfos domésticos. En aquellos días pensó que debía de haber una forma de mejorar las condiciones de vida de esas pobres criaturas. Luego, al concentrarse en la guerra y la protección de su familia, lo había olvidado. Al menos se había asegurado que los elfos de los Potter recibieran ciertas prestaciones como salarios y vacaciones, algo que las criaturas vieron con mucho recelo; pero al ser orden de la señora Potter, no podían rechazarlo.

—Puede ser —dijo finalmente Lily—, pero al menos deberíamos de buscar la manera de evitar que los elfos de otras familias puedan entrar y salir a voluntad.

James asintió. Llamó a uno de los elfos y le ordenó estar alerta ante cualquier aparición de algún elfo doméstico extraño en la casa.

Sin embargo, Lily Potter insistió en que debían de hablar con Albus lo antes posible sobre esa supuesta conspiración.

3

Neville lo intentó, eso nadie podía negarlo. Pero a pesar de su esfuerzo le fue imposible pasar más allá de los cuartos de final del torneo regional. No era que su deck fuera malo, ni mucho menos. Si no que, al final, el pánico escénico logró vencerlo.

Harry permaneció a su lado dándole ánimos hasta que la última carta fue jugada y quedó en claro que Neville había perdido. Su oponente tenía un buen mazo también. No se llega hasta ese punto como duelista, incluso en las ligas infantiles, si tu baraja no es buena.

—Tal vez deba dejar de intentarlo —comentó Neville mientras estaban sentados en una de las mesas de la heladería Florean Fortescue, cada uno con un helado de vainilla y chocolate al frente.

—Tonterías —replicó Harry—, simplemente tienes que aprender a lidiar con las multitudes.

—Lo dices como si fuera muy fácil.

—Lo es. ¿Recuerdas esos programas muggles que veíamos en casa de Samantha?

Neville sonrió. Cuando comenzó a aprender más sobre el mundo muggle se hizo fanático de algunas series de comedia que daban por televisión. Solían verlas algunas tardes en casa de su amiga ahora faltante.

—No creo que imaginar desnuda a la gente funcione —dijo recordando que era un consejo que solían dar los personajes de esas series a quienes tenían el mismo problema que él.

—Quien sabe, puede funcionar.

Continuaron hablando de otras cosas.

Era una tarde agradable de mediados de agosto. Acababan de terminar las compras de sus útiles escolares y ahora se relajaban con unos helados. Y vaya que lo necesitaban, luego de lo que había acontecido en la librería un par de horas antes: Lucius Malfoy se agarró a golpes con Arthur Weasley, el padre de Ron, lo cual pudo haber pasado a más de no ser por la oportuna intervención de James Potter y Hagrid.

Además, claro, del intento de Gilderoy Lockhart de usar a Charlus para hacerse publicidad. Cosa que terminó mal para él, cuando una furibunda Lily Potter se interpuso entre ambos, amenazando al mago con causarle problemas legales por lucrar indebidamente con la imagen de su hijo, quien además era menor de edad.

Luego de terminar sus helados ambos volvieron andando por el callejón, a esa hora un poco más vacío, rumbo al Caldero Chorreante para volver por Floo a sus casas.

4

Neville, Ron y Hermione se sorprendieron cuando, al sentarse en la mesa de Gryffindor la noche del primero de septiembre, se encontraron con que los gemelos Potter ya estaban allí. Era extraño, puesto que en primer lugar no los habían visto en el andén y mucho menos en el Expreso de Hogwarts.

—¿Cómo es que…? —comenzó a preguntar Hermione, pero se calló cuando Charlus le envió una mirada en la cual le pedía que esperara un poco.

—Tuvimos que venir por Floo —respondió el mayor de los gemelos—. El pasaje a la plataforma se cerró cuando intentamos cruzar.

—¡Espera! Es imposible que se haya cerrado.

—Hermione, realmente sucedió —confirmó Harry—. Charlus estaba por cruzar cuando su carrito simplemente chocó contra el muro. Dado que iba detrás de él, terminé siendo golpeado cuando se detuvo de golpe. Acabamos con todas nuestras cosas, y con dos lechuzas molestas, en el suelo llamando la atención de todos a nuestro alrededor.

—¿Y los muggles? —preguntó Ron entendiendo las implicaciones que podía tener algo como eso.

—Afortunadamente, mamá pensó rápido.

—Sí: me riñó en público —se quejó Charlus.

—¡Oh, vamos! Como si fuera la primera vez.

—¡Pero esta vez no hice nada!

—Al menos admite que salvó la situación.

Charlus no tuvo más remedio que asentir a regañadientes. De todas maneras, su madre se disculpó con él cuando estuvieron solos. En ese momento, Lily Potter había pensado rápido al hacer creer a todos que únicamente se trataba de dos niños jugando, y reñirle por causar alboroto molestando a su hermano.

—¿Pero por qué se cerró la entrada? —preguntó Hermione quien obviamente no estaría conforme hasta entender por completo que había sucedido.

—No lo sabemos —respondió Charlus—. Papá llamó a sus contactos en el Ministerio, y varios magos del departamento de transporte y otras áreas relacionadas fueron a revisar el lugar. La entrada funcionaba correctamente, aunque encontraron indicios de una magia desconocida.

Se pasó la mano por el cabello en un gesto de desesperación.

—Incluso el director Dumbledore fue a revisar —continuó Harry al ver que Charlus se había quedado callado—. Ni siquiera él pudo descubrir que había pasado. O al menos eso dice.

—¿Sigues con eso? —le riñó Charlus—. ¿Qué razón tendría Dumbledore para ocultar la verdad?

Harry no respondió, limitándose a quedarse callado. A decir verdad, él tampoco entendía muy bien por qué de pronto desconfiaba del director. Solamente sabía que había una parte de él que le urgía a no confiar del todo en el viejo mago.

Justo en ese momento, los de primer año ingresaron y comenzó su proceso de selección.

5

Lockhart resultó ser un completo fraude. Su clase, que él trataba de vender como la mejor de Hogwarts y aquella que los convertiría en expertos en la manera correcta de lidiar contra las artes oscuras, era en realidad una especie de club de lectura con libros muy malos. Harry hojeó algunos de los libros de Lockhart, y, para ser sincero, le costaba creer que un tipo como él hubiera logrado todo eso. Hermione, por su parte, parecía haber caído ante el encanto de tan siniestro sujeto. Harry no estaba seguro de como una chica tan inteligente como ella podía creer que toda la basura de Lockhart era real.

Aunque el mismo Harry debía de admitir una cosa: muchas de las tácticas que usaba en sus libros eran las correctas para tratar con, digamos, hombres lobos. No le cabía duda de que, si hablara con maestros en el tema, como su tío Lunático, recomendarían de hecho muchas de esas acciones. Así que la pregunta era: ¿cómo es que un idiota egocéntrico de la talla de Lockhart sabía todo eso?

Si uno analizaba sus libros, y Harry lo había hecho en busca de respuestas luego de su primera y desastrosa clase con él, se daba cuenta de dos puntos:

Primero: en la mayor parte del relato Lockhart se centraba en sí mismo. Hablaba extendidamente sobre cómo era una persona gallarda, inteligente y siempre dispuesta a ayudar a las personas amenazadas por los poderes oscuros. A veces magos, otras veces muggles. Esto obviamente para vender la imagen de héroe desinteresado.

Segundo: si bien sus métodos para tratar contra las criaturas oscuras eran correctos, tendía a ser un tanto vago en ciertas partes de la descripción del enfrentamiento contra dichas criaturas. Y en varios momentos parecía recurrir a citar directamente a los autores de los manuales de defensa.

Esto llevó a Harry a suponer dos hipótesis: o bien Lockahart no había hecho nada de eso, y se limitaba a documentarse muy bien para escribir novelas que luego hacía pasar por la realidad; o estaba contando medias verdades en sus libros.

De cualquier manera, Harry decidió que no debía de prestar más atención en defensa y prefirió pasar de seguir leyendo esos libros. Tenía mejores cosas que hacer con su tiempo.

Sin embargo, una noche a comienzos de octubre, Harry se vio enfrentado directamente con Lockhart. Al parecer, luego de que se metiera en problemas con Filch (quien de pronto había empezado a sostener que era contra las reglas llevar sus cartas de Duelo de Monstruos en el pasillo), Lockhart había logrado que la detención fuera asignada a él. Y sí que fue un castigo ejemplar y tortuoso: ayudarlo a responder el correo de sus fans.

—Estoy seguro —dijo mientras colocaba un gran saco de cartas frente a él, por alguna razón sin hechizo de levitación— que siendo hermano de Charlus Potter estás acostumbrado. Debes de haber ayudado a tu hermano con la correspondencia muchas veces.

—En realidad, Charlus no recibe correspondencia, a excepción de amigos íntimos y familiares. Cuestiones de seguridad. Nunca se sabe si algún mortífago puede intentar algo por correo.

Lockhart pareció extrañado por un momento, o más bien horrorizado. (Harry pensó que más por la falta de correo de fanáticos, que por la posibilidad de una maldición en algún sobre o paquete de origen desconocido). Finalmente lo desestimó con un gesto de su mano derecha, tal vez creyendo que era una broma por parte de Harry.

Se sumieron en un mutismo, con ocasionales comentarios de Lockhart sobre sus supuestas hazañas y sobre como Harry nunca debía de intentar opacar o robar la fama de su hermano.

—La fama, mi estimado Harry, es algo que se merece o no —dijo casi al final de la detención—. Sé que es difícil estar a la sombra de tu hermano; pero, créeme, lo mejor que puedes hacer es vivir con ello y dejar de intentar robar algo que no te corresponde.

—Yo nunca he…

Lockhart le interrumpió, agitando la cabeza en negación, mientras le decía:

—Me enteré de un asunto sucedido unos meses atrás. No debiste de seguir a Charlus ¿Sabes? Pudiste haber arruinado todo para él.

Harry quería replicar, pero de inmediato se dio cuenta de que discutir con Lockhart no lo llevaría a nada. Se tragó su furia y decidió pasar el resto del castigo, unos quince minutos, en silencio.

Finalmente, el egocéntrico hombre lo dejó marcharse. Harry caminó por los solitarios pasillos de vuelta a la torre de Gryffindor, cuando la escuchó: una voz que parecía retumbar por todo el lugar.

Déjame matarte… déjame despedazarte…

Se paró en seco, sintiendo como el pelo en su nuca se erizaba. Un escalofrío le recorrió el cuerpo por completo, como si alguien le hubiera echado encima una cubeta de agua helada. Tras lo que se sintió una eternidad, la extraña voz pareció alejarse y Harry continuó con su camino de manera apresurada.

6

Con la llegada de octubre, Hogwarts se llenó con los cuchicheos excitados de los estudiantes por dos motivos fundamentales: en primer lugar, la fiesta de Halloween, el último día del mes; y en segundo, el próximo inicio de la temporada de quidditch.

Con motivo de tal acontecimiento deportivo, los equipos de las casas habían hecho fila para apartar el campo de quidditch, tanto para las pruebas de los nuevos aspirantes, como para las prácticas iniciales.

Y fue precisamente en la primera práctica de Gryffindor que sucedió el desastre: Malfoy insultó a Hermione llamándola «Sangre Sucia». Las represarías no se hicieron esperar y Ron terminó intentando maldecir al rubio de Slitherin. Para su mala suerte los Slytherin mayores lograron conjurar un escudo alrededor de su buscador, ocasionando que la maldición de Ron se volviera contra él.

Así fue como terminaron en la cabaña de Hagrid, con una Hermione confusa y, luego de una explicación, molesta por el insulto; y un pelirrojo que no dejaba de vomitar babosas dentro de un balde.

—Tal vez fue mejor que la maldición no golpeara —dijo Hagrid mientras les servía té a todos—. De otra forma habrías tenido problemas con Lucius Malfoy.

—Y entonces nosotros habríamos llamado a nuestro padre —contestó Harry mientras Charlus asentía con fuerza a un lado de él.

Fue entonces que a Harry se le ocurrió una idea: escribiría a su madre. Ella había enfrentado situaciones como la que Hermione acababa de vivir (tal vez peores, puesto que en su tiempo de estudiante la guerra estaba en pleno apogeo) y seguramente ella podría ayudar a Hermione a lidiar con la parte oscura del Mundo Mágico que hasta ahora no conocía.

Tras una media hora, en la que Ron pareció recuperarse del todo, volvieron al castillo. Durante el trayecto hablaron de temas más amables, en parte para hacer sentir mejor a Hermione, y en parte porque sentían que si no se calmaban maldecirían a Draco a la primera oportunidad. Ron y Charlus discutían sobre el primer partido de la temporada, que por supuesto era Gryffindor contra Slytherin. Hermione, Neville y Harry, por su parte, mantenían una discusión sobre la veracidad de los libros de Lockhart. Terminaron con una molesta Hermione, quien al parecer no quería escuchar razones sobre la posibilidad de que el guapo profesor de defensa fuera un completo fraude.

7

Después de la fiesta de Halloween, Hermione, Ron y Charlus se metieron en un gran lío, solamente que esta vez no tenía nada que ver con un trol, sino con algo un tanto más siniestro.

Mientras todo el colegio se encontraba en el Gran Comedor disfrutando del banquete, el trío se ausentó para asistir al cumpleaños de muerte de Sir Nicholas, el fantasma de la casa Gryffindor. A su regreso, mientras trataban de evadir los pasillos por los que usualmente patrullaba Filch, se encontraron con un espectáculo terrorífico: alguien petrificó a la señora Norris, la gata de Filch, y la colgó del techo cerca del baño de chicas del segundo piso.

Pero lo peor era el críptico mensaje escrito con lo que parecía sangre en la escena del crimen:

La cámara de los secretos ha sido abierta.

Teman, enemigos del heredero.

No hace falta decir que de inmediato cundió el pánico entre los estudiantes. Más aún cuando la mayor parte de la escuela presenció la escena del crimen.

—Ustedes impuros serán los siguientes —declaró Malfoy, quien al parecer sabía perfectamente a que se refería tal mensaje.

Los profesores llegaron, para de inmediato enviar a todos los estudiantes de vuelta a sus dormitorios, con excepción del trío de Gryffindor.

En la sala común, Harry y Neville se apartaron del resto para discutir en voz baja lo ocurrido:

—¿Crees que sea una broma? —preguntó Neville. Por su tono de voz se notaba que de verdad quería que fuera únicamente eso.

Harry suspiró. En realiad le gustaría poder tranquilizar a su amigo, pero entendía a la perfección que algo como eso no podía ser una broma.

—No. Creo que la señora Norris fue petrificada, y no precisamente con un hechizo que pueda hacer un estudiante. Ni siquiera los de séptimo curso.

Unos minutos después, Charlus, Ron y Hermione entraron a la sala común y se reunieron con ellos.

—¡Ese pelo grasiento! —escupió Charlus realmente molesto.

—¿Qué hizo Snape está vez?

—Trató de inculparme por lo que le pasó a la señora Norris. Por suerte el profesor Dumbledore estaba allí para ponerlo en su lugar.

—Además del profesor Lockhart —agregó Hermione.

—Hermione, Lockhart no fue capaz de reconocer que la gata estaba petrificada hasta que Dumbledore lo dijo —respondió Charlus molesto—. El tipo no es capaz de hacer ni la cuarta parte de las cosas que dice en sus libros.

Hermione parecía querer replicar, pero justo en ese momento los gemelos Weasley se acercaron a ellos para hablar sobre lo ocurrido.

8

—¡Estás cosas no tendrían por qué suceder! —gritó una furibunda Lily Potter en el despacho de Dumbledore, mientras James Potter, a su lado, hacía todo lo posible por tranquilizarla.

—Créeme, Lily —le aseguró el director—, que estoy tan molesto como tú. La vida de los estudiantes es lo más importante para mí.

—Lo sé, Albus—dijo finalmente mientras se sentaba en la silla que el anciano había conjurado para ella—. Pero Charlus casi es asesinado por una bludger hechizada esta tarde. Y para rematar, el incompetente de Lockhart desapareció todos los huesos de su brazo.

El incidente al que la mujer se refería había sucedido un par de horas atrás, durante el partido de quidditch inaugural de ese año.

Justo a la mitad del partido, una bludger repentinamente decidió atacar a un único jugador: Charlus Potter. El problema es que las pelotas de quidditch no deciden de pronto atacar a una sola persona. A menos claro que alguien la estuviera hechizando. Sin embargo, a diferencia del año anterior, no había ninguna persona poseída por un Señor Oscuro para hacer algo como eso… Al menos hasta donde ellos sabían.

Los jugadores de Gryffindor, al darse cuenta de lo que ocurría, hicieron todo lo posible para desviar la bola; pero sus esfuerzos fueron en vano. Finalmente, Charlus terminó cayendo de su escoba, y la pelota fue oportunamente detenida por la profesora McGonagall, aprovechando que esta ya no se encontraba en el cielo y era más seguro lanzar un hechizo sin temor a alcanzar a uno de los jugadores por accidente.

Charlus terminó con un brazo roto, el cual Lockhart supuestamente arreglaría. Obviamente, acabó haciendo todo lo contrario.

El mayor de los gemelos Potter fue llevado rápidamente a la enfermería, donde Madame Pomfrey rápidamente le dio a beber la poción crecehuesos. Sin embargo, tendría que pasar toda la noche en la enfermería para que la poción hiciera efecto.

Lily y James Potter no perdieron tiempo en ir a Hogwarts una vez que se enteraron de lo ocurrido.

Encontraron a su hijo en la enfermería rodeado de sus tres amigos y su hermano, justo antes de que Madame Pomfrey acudiera a echarlos, pues las horas de visita habían terminado.

Luego de charlar unos momentos con su hijo, los Potter se habían dirigido a la oficina de Dumbledore, donde se habían enfrascado con una discusión sobre lo acontecido a su hijo.

9

La misma noche en que fue el partido de Gryffindor contra Slytherin, Colin Creevey, un nacido de muggles fan de Charlus, a quien perseguía por toda la escuela con una cámara fotográfica muggle en las manos, fue encontrado petrificado.

A partir de ese momento la escuela entera se sumió en la alerta y la paranoia. Situación que culminó con el anuncio de la apertura de un Club de Duelo Mágico.

Harry estaba realmente tentado a presentarse al susodicho Club de Duelo Mágico cuando este se anunció. Pero todos sus ánimos se esfumaron en cuanto vio en el tablero de anuncios que este sería dirigido por Lockhart, así que decidió que tenía mejores cosas que hacer que perder el tiempo en ese lugar.

Los otros estudiantes, en cambio, incluso Charlus, parecían realmente excitados con la idea de aprender como sostener un verdadero duelo de magos. Ni que decir la mitad femenina de la escuela, muchas de las cuales eran grandes admiradoras de Lockhart.

Hermione intentó arrastrarlos a él y a Neville hacia el club la noche en la que se llevó a cabo la primera (y única) reunión; por suerte, la excusa de que tenían reunión en el otro Club de «Duelo» fue suficiente para esquivarla.

Así pues, mientras la mayoría se dirigía al Gran Comedor para las clases de duelo de Lockhart, Harry y Neville se encaminaron en dirección al aula en desuso que Dumbledore les había prestado el año anterior a los integrantes del Club de Duelistas.

Fue una decepción encontrar el aula vacía. Al parecer lo que Lockhart hacía tenía más atención de los miembros del club que una buena noche de Duelo de Monstruos.

—No puedes culparlos, Harry —dijo Neville mientras ambos hacían su camino de regreso a la torre de Gryffindor—. Deben estar aterrados por el monstruo de Slytherin.

—Lo sé. Yo tampoco me siento muy seguro con todo ese asunto de la Cámara de los Secretos. Tal vez es sólo que Johan logró contagiarme de su espíritu de duelista. ¿Has notado como cada vez más estudiantes de otras casas se unen al Club? ¡El duelo realmente puede unir a las personas!

Pasaban justo cerca del Gran Comedor cuando una repentina oleada de gritos llamó su atención.

Harry rápidamente corrió hacia la entrada de este, dado que algunos de esos gritos habían sido de horror puro (más tarde se arrepentiría de haber actuado sin pensar), abriendo las puertas para luego hacerse camino entre los estudiantes reunidos alrededor de la tarima de duelo instalada al centro del salón.

Charlus estaba de pie en la tarima, frente a Malfoy. El hecho de que las varitas estaban fuera y de que los profesores se hallaban en las cercanías dejaba más que claro que era lo que estaba pasando. Pero, lo que ocasionó el pánico fue que justo frente a los dos chicos se encontraba una serpiente, la cual se levantaba sobre sí misma de manera peligrosa, silbando una amenaza:

Malditos humanos, ya me las pagarán por invocarme aquí sin siquiera estar en duelo —siseó molesto el reptil, mientras mostraba los colmillos a un chico, Justin de Hufflepuff.

Sin pensar siquiera en lo que hacía, Harry se acercó a la serpiente y comenzó a hablarle:

Detente, por favor. Nadie trata de hacerte daño.

Mientras hablaba, Harry fue consciente de que estaba a punto de colocar todas las sospechas de la escuela sobre sí mismo, pero en ese momento lo único que le importaba era detener a una cabreada serpiente.

—Ah, un hablante… —la serpiente alzó la cabeza y olfateó el aire— y también eres duelista. Puedo sentir el poder de tus monstruos, aunque algo interfiere con ellos.

Harry quedó pasmado ante esa palabra. Entonces reparó en que la serpiente no era precisamente común. Era de un color verde fuerte, además de que tenía una protuberancia muy extraña en el cuerpo, similar a las de las cobras, Pero mucho más largas, y las cuales, al olfatear se abrieron, mostrando que en realidad eran un par de alas.

Antes de que Harry pudiera decir nada más, Snape se adelantó y pronunció un hechizo para desvanecer al ofidio.

Harry se quedó de pie con expresión pasmada, cuando la serpiente se volvió transparente, como si en vez de desvanecerse se hubiera convertido en un fantasma, para luego salir volando en dirección a uno de los miembros del Club de Duelistas.

El último silbido de la serpiente pareció quedar flotando en el aire:

Nos veremos, joven duelista…

Harry quedó tan sorprendido que no se dio cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Snape le envió una mirada calculadora, mientras que la mayoría de los estudiantes lo hacían con horror.

Finalmente, entre Charlus, Ron, Hermione y Neville consiguieron sacarlo del lugar. Sobre todo, al ver que Justin parecía haberse recuperado del susto y ahora le dirigía a Harry una mirada de odio.

—¡Hablas pársel! —exclamó Charlus una vez que estuvieron en un aula vacía lejos de las miradas incómodas.

Harry suspiró, mientras Neville miraba a otro lado, tratando de no confrontar a Charlus.

—¡Tú lo sabías! —acusó Ron a Neville en cuanto vio esa reacción

—¡Basta! —le ordenó Harry—. Sí, hablo pársel. Neville lo sabe desde hace dos años. Y mis padres también.

Charlus pareció dolido.

—¡Mi propio hermano habla pársel y no consideraron decírmelo!

—No lo hicimos porque sabíamos que lo tomarías mal. Incluso papá lo tomó mal en un primer momento. —Lo último lo dijo con un tono bajo y dolido.

Ron intervino con furia renovada ante eso:

—¡Por supuesto que lo tomaría mal! ¡Es un don de magos oscuros!

—Harry —intervino Hermione tras darle una mirada desagradable a Ron—, sé lo extraño que es la habilidad. He leído al respecto, ya sabes. Comprendo la necesidad de mantenerlo en secreto. Así que no entiendo cómo pudiste ser tan imprudente al respecto.

Harry volvió a suspirar.

—Sé que fue un error mostrar tal habilidad en frente de toda la escuela. Pero, al ver que esa serpiente iba a atacar a Justin, fue lo primero que se me vino a la mente.

—Pues ahora toda la escuela creerá que eres el Heredero de Slytherin —sentenció Charlus, con un tono entremezclado de amargura y temor.

—Lo sé.

—Son prejuiciosos —dijo Neville—. No sé puede evitar que crean tonterías.

Harry le sonrió a su amigo y luego todos partieron en silencio de vuelta hacia los dormitorios.

10

Harry se sentó en silencio en la biblioteca, mientras todos los presentes se volvían hacia él para verlo. Las miradas eran diversas: pasando desde el odio hasta el terror puro, o incluso a las calculadoras de algunos Slytherin mayores.

Charlus se había distanciado un poco de él, al igual que Ron. El pelirrojo, si bien no creía que Harry fuera el Heredero, al menos sí parecía creer que había algo oscuro en él. Charlus, por otro lado, estaba dolido de que su gemelo hubiera confiado más en Neville que en él para guardar su secreto.

Hermione, por su parte, estaba dividida entre apoyar a Harry o mantenerse cerca de Charlus. Al final decidió que lo mejor era concentrarse en investigar todo sobre la Cámara de los Secretos y el monstruo que, según la leyenda, Salazar Slytherin había dejado allí para limpiar la escuela de los alumnos impuros.

Neville se mantuvo firme a su lado, incluso aunque eso significó ser tratado como un paria en el colegio, y aun después de que su abuela le había escrito prohibiéndole continuar con su amistad con Harry. Sin embargo, en un gesto de valentía un tanto raro en él, escribió a casa asegurando que no abandonaría a su amigo por un montón de rumores tontos.

Pero, ¿cómo la abuela de Neville se había enterado de lo sucedido en la escuela? Sencillo: el diario El Profeta, con su «escritora estrella» Rita Skeeter, publicó un amplió artículo sobre el incidente y el supuesto hermano oscuro de Charlus Potter, El-niño-que-vivió. Los Potter movieron algo de su influencia intentando acallar el asunto, pero el daño estaba hecho, y ahora todo el Mundo Mágico señalaba a Harry Potter como el próximo Señor Oscuro.

—Johan me escribió —susurró Harry a Neville en cuanto estuvieron solos—. Ha decidido aplicar a la Academia de Duelos Ártica. Será un duelista profesional.

Neville asintió no muy sorprendido por eso.

—Era algo que se veía venir.

—He pensado en hacer lo mismo. Dejar de fantasear con la posibilidad y hacerla realidad. Es decir, actualmente estoy bien posicionado en los rankings nacional y europeo de las ligas infantil y juvenil. Entre los duelistas comienzo a hacerme fama. No es qué eso me importé, pero me dice que estoy en buen camino para ser un profesional.

—Lo sé —respondió Neville—. Junto con Johan estás hasta arriba de los puestos europeos. Y de no ser por ese chico japonés, Judai, ambos estarían en la cima mundial.

Harry asintió. Aunque estaba seguro de que este año él y Johan lograrían los primeros lugares mundiales en su rango de edad. Judai se había retirado de los torneos, como anunció en una entrevista al Blog Oficial de la liga Infantil-Juvenil Mundial durante el verano. Al parecer, sus padres querían que se concentrara más en sus estudios de secundaria.

No volvieron a hablar más de ese asunto y se enfocaron en terminar sus ensayos de transfiguración.

Harry, sin embargo, seguía sumido en sus pensamientos. No podía apartar de su cabeza el encuentro con aquella serpiente, y no por las consecuencias que había traído sobre él la revelación ante toda la escuela de que hablaba pársel, sino porque le resultaba extrañamente familiar. Sumado al hecho de que la serpiente lo reconoció como un duelista. Además, ¿qué era eso de que había algo interponiéndose entre él y sus monstruos?

Una vez finalizados los deberes, ambos chicos volvieron a la torre de Gryffindor.

Harry fue hacia su baúl en cuanto llegaron al dormitorio. Rápidamente extrajo un libro. Era una enciclopedia de cartas, una publicación de Ilusiones Industriales en la cual se incluían la mayoría de las cartas impresas hasta el año pasado, junto con sus descripciones, rarezas y demás datos interesantes tanto para duelistas como para coleccionistas.

—«Serpiente Siniestra» —dijo en cuanto llegó a la página que buscaba—. ¡Neville, mira esto!

Su amigo se acercó y miró la página en la cual Harry tenía abierto el libro.

—¡Es la misma serpiente de aquella noche en el Gran Comedor! —exclamó extasiado—. ¿Cómo es posible?

—No lo sé.

Neville observó la imagen con fascinación. Mientras que por la mente de Harry pasaban mil y un teorías. La más loca (o no tanto si eres un mago) era que, de hecho, de alguna forma, los monstruos de duelo eran reales.

11

Harry se encontró deseando con ansias las vacaciones de navidad luego de los últimos acontecimientos. Haber sido quien encontró el cuerpo petrificado de Justin, así como a Sir Nicholas, le ganó un incremento en su reputación de Mago Oscuro en Entrenamiento y Heredero de Slytherin. Sus padres seguían tratando de confortarlo en sus cartas, sobre todo Lily, y Dumbledore finalmente tuvo que llamarlo a su oficina.

Esto último solamente incrementó los rumores. Como que iba a ser expulsado, o los más extremos, que en la oficina lo esperaba un destacamento de aurores para enviarlo directo a Azkaban.

En realidad, su reunión con Dumbledore fue un tanto decepcionante, al menos como posible anécdota escolar; salvo por el hecho de que presenció como el fénix del director, Fawkes, se consumió en llamas para luego renacer de las cenizas. Después de una lección sobre las fascinantes criaturas que eran los fénix, el anciano simplemente se limitó a preguntar a Harry si tenía algo que quisiera decirle.

Por un momento, Harry realmente sintió la necesidad de hablar con Dumbledore sobre lo sucedido en el Club de Duelo de Lockhart. Sin embargo, una sensación muy similar a la que había tenido al enfrentar a Voldemort unos meses atrás, lo llevó a colocar la mano sobre el bolsillo de la túnica donde guardaba sus cartas, con lo cual una increíble claridad y tranquilidad lo invadieron.

—No, profesor —respondió a la pregunta de Dumbledore—, no tengo nada que decirle.

Dumbledore simplemente asintió y luego lo despidió diciéndole que volviera a su sala común.

Le resultó extraño que Charlus no quisiera volver a casa durante las vacaciones invernales, pero al igual que el resto de la familia no dijo nada al respecto. Charlus seguía siendo un tanto distante desde los acontecimientos ocurridos durante el Club de Duelo, por lo que realmente no encontró el valor para cuestionarle sobre sus acciones sospechosas junto con Ron y Hermione durante el último mes.

En el tren se encerró rápidamente con Neville para evitar las miradas acusadoras y de temor que lo seguían durante los últimos meses.

El Expreso de Hogwarts estaba a punto de partir cuando la puerta del compartimiento se abrió y una chica rubia, por su estatura de primero, entró en el lugar.

—¿Les importa si me siento? —preguntó la niña.

Vestía una túnica azul claro. Tenía el cabello rubio lacio, aunque de aspecto sucio y unos pendientes con forma de rábanos.

—En lo absoluto —le respondió Harry—. Soy Harry Potter.

—Neville Longbottom.

—Luna Lovegood.

Durante el trayecto, los dos chicos se enfrascaron en varios duelos, mientras Luna leía El Quisquilloso, una revista del Mundo Mágico con la reputación de ser un tanto… extraña, aunque muy divertida en opinión de Harry.

Durante una de las jugadas, Neville utilizó la carta mágica «Scapegoat». Luna, que para ese momento había dejado su revista de lado y ahora veía el juego con interés, ahogó un pequeño gemido de sorpresa al ver la carta de Neville.

—¿Sucede algo? —preguntó el chico rubio, extrañado por la reacción de la chica. Harry también la veía de manera inquisitiva.

—La ilustración… parecen ser Snorkacks de cuernos arrugados bebés.

Neville observó la carta. En la ilustración aparecían cuatro pequeñas ovejas rechonchas de colores llamativos (amarillo, rosa, azul y rojo) y con pequeñas cornamentas. Bueno, en realidad no se parecían mucho a una oveja, pero para efectos de juego esa carta al ser activada creaba cuatro «Fichas de Oveja».

Luna comenzó a hablarles sobre los extraños animales en los que ella y su padre creían. Harry recordó algunas de las cartas de Duelo de Monstruos al escuchar varias de sus descripciones, por lo que le mostró su Enciclopedia de Cartas. Por algún extraño motivo, Luna reconoció a varias cartas, sobre todo del tipo bestia, como algunas criaturas mágicas que durante años ella y su padre habían buscado.

Harry le prestó el libro a Luna para que pudiera mostrárselo a su padre.

Las vacaciones de navidad significaron para Harry poder participar en el torneo mundial de su categoría, lo cual despejó su mente de los acontecimientos ocurridos en las últimas semanas en la escuela.

Tal como lo había predicho, él y Johan lograron llegar a las finales. Johan ganó por muy poco, revelando a su vez su nuevo arquetipo: las bestias de cristal.

Finalizado el torneo, que se llevó a cabo en Berlín, Johan le entregó su mazo de guerreros.

—Estoy seguro —dijo su amigo con esa gran sonrisa que lo caracterizaba— que estas cartas te ayudarán mucho. Además, varias de ellas quieren ir contigo.

Harry miró extrañado a su amigo ante tal afirmación, pero entonces recordó a la «Serpiente Siniestra».

—¿Crees que sea posible que las cartas estén vivas?

La sorpresa se dibujó en el rostro de Johan, antes de que una gran sonrisa se formara en sus labios.

—¡Seguro! Hay espíritus habitando las cartas, no lo dudes ni por un momento. —Luego, tras pensarlo un poco, agregó—: ¿Viste algo, no es así?

Harry simplemente sonrió.

—Tal vez.

Luego de eso, se despidió para volver a casa con su madre, quien lo había acompañado a través de la Red Floo internacional. Esperaba poder contarle lo que había visto a su amigo algún día.

12

Luna, junto con Neville, resultó ser una de las pocas personas en la escuela que no creían realmente que Harry fuera el Heredero de Slytherin.

Volver a clases luego de las vacaciones no fue tan placentero. En el tren las miradas de odio y temor, tan comunes en los últimos días, volvieron a traer a la mente de Harry el desastre ocurrido en el Club de Duelo Mágico. Luna y Neville volvieron a sentarse con él en uno de los últimos compartimientos. Resultó que el padre de Luna había reconocido en los monstruos de duelo muchas de las criaturas en las que había creído durante los últimos años.

Una vez en la sala común de Gryffindor, Harry sorprendió a Ron y a Charlus discutiendo sobre algo. Le pareció extraño no ver a Hermione por ningún lado, pero cuando quiso preguntarles, Charlus simplemente le indicó con tono frío que se encontraba en la enfermería.

Al día siguiente, tras visitar a Hermione, se enteró no sólo de la razón por la que ella estaba allí, sino del porqué Charlus había preferido quedarse en Hogwarts durante las vacaciones.

—Poción Multijugos —dijo el menor de los Potter mientras observaba a su amiga con el ceño fruncido.

—Sí —respondió ella en tono bajo y avergonzado—. Pensamos que Draco Malfoy era el heredero, así que usamos la poción para colarnos en la sala común de Slytherin. Bueno, al menos Charlus y Ron lo hicieron. Cometí un error: tomé pelo de gato en lugar de cabello humano.

Harry hizo una mueca, podía ver lo desafortunado que resultó ese error.

Hermione pasó algunas semanas en la enfermería, ya que una transformación animal con la poción multijugos no era algo que se pudiera revertir tan fácilmente. Había que esperar a que el organismo se deshiciera por completo de la poción.

13

San Valentín fue una fecha complicada. Lockhart se las ingenió de nuevo para hacer algo que arruinó la celebración para todo el castillo. Aunque sus fans más acérrimas lo encontraron divertido, las más obsesivas, incluso romántico. Obviamente, estaban en completa negación de admitir que el profesor era de hecho un idiota egocéntrico y sin talento.

Durante todo el día, un grupo de enanos vestidos como cupidos recorrieron el castillo llevando toda clase de poemas de amor y regalos entre el alumnado.

Aunque no era eso lo que preocupaba a Harry. Charlus aún no le hablaba y, por consiguiente, Ron lo trataba como si no existiera. Veía a Hermione en la biblioteca cada vez que iba a estudiar. Y, por supuesto, aún no lo admitían en el Club de Duelistas. Neville decidió abandonar el Club, y ahora sostenían duelos en el Gran Comedor (cuando casi no había nadie) durante las horas libres y con la ocasional compañía de Luna.

Pero en sí, los días trascurrieron sin ningún acontecimiento en particular importante. Hasta que una tarde al volver al dormitorio encontraron el lugar destrozado, con pergaminos, ropa y otras cosas regadas por el suelo y sobre los muebles. Además, las camas desechas: con las sábanas revueltas, los colchones movidos, algunos incluso en el suelo, y las almohadas esparcidas por todas partes. Era obvio que alguien había entrado a buscar algo.

Rápidamente los ocupantes del dormitorio comenzaron a ordenar y buscar si faltaba alguna de sus pertenencias. Resultó que el único objeto extraviado era un diario que Charlus había encontrado unos días atrás en el baño de Myrtle «la Llorona».

—¡No está! —exclamó cuando se dio cuenta con cierto terror en la voz.

—¿Qué falta? —preguntó Ron elevando la voz.

—El diario de Riddle.

—¿Quién es Riddle? —preguntó Harry.

—Pues hace unos…

—¡No se los digas, Hemione! —la detuvo Ron.

—¡Oh, por favor, ya dejen esas tonterías del heredero! No sirve de nada seguir peleados en este momento.

Charlus se mordió el labio inferior en un gesto contrariado, y finalmente asintió dando la razón a su amiga.

—¡Charlus! —exclamó Ron al darse cuenta de lo que iba a pasar.

—Hermione tiene razón.

Charlus les contó cómo había encontrado el diario en el baño de Myrtle. Al parecer un alumno se lo había arrojado después de intentar inundar el baño.

Llevaban varias semanas tratando de descubrir el secreto del diario, puesto que este no tenía nada escrito a pesar de ser muy viejo. Hasta que, por accidente, unas gotas de tinta derramadas en el libro revelaron que se podían escribir cosas en él y este te respondía.

—¿No te pareció sospechoso? —preguntó Harry a Charlus, interrumpiendo su relato.

—Por supuesto, pero lo importante es lo que sucedió después: el diario me mostró un recuerdo. La Cámara de los Secretos fue abierta hace cincuenta años, y una estudiante murió.

—Eso ya lo sabíamos —replicó Neville. Era parte de la información que Ron y Charlus obtuvieron de Draco.

Ron fulminó a Hermione con la mirada, adivinando que fue ella quien les dio esa información a Harry y Neville.

—Sí, pero vi quien fue la persona que abrió la Cámara.

Un silencio tenso se instaló en el lugar después de eso.

—Fue Hagrid. Hace cincuenta años: Hagrid abrió la Cámara.

14

Harry y Neville esperaban con impaciencia en la sala común. Todos los demás miembros de Gryffindor ya se habían retirado, y de no ser porque Charlus y Ron estaban afuera interrogando a Hagrid sobre la Cámara, ellos mismos ya se habrían ido a dormir.

Los últimos días fueron difíciles: Hermione fue petrificada por el Heredero. Tras lo ocurrido, Charlus finalmente perdonó a su hermano y ahora ambos, junto con Ron y Neville, trataban de averiguar quién le había hecho eso a su amiga. Los gemelos Weasley intentaron elevarles los ánimos con sus bromas, pero la falta de la niña se sentía mucho de todas formas.

Desde ese día, el sábado, cuando se había suspendido el último juego de la temporada de quidditch, habían querido ir a esclarecer las cosas con el semi-gigante; pero las circunstancias y el pánico cada vez mayor en la escuela se los habían impedido.

Ahora que ya pocos creían que Harry era el Heredero (al parecer tenían el suficiente «sentido común» para darse cuenta de que nunca petrificaría a uno de sus amigos), los estudiantes se volvieron incluso más paranoicos al no tener a nadie a quien culpar. Como resultado (uno muy predecible, además) todos los Slytherin sin excepción pasaron a ser sospechosos. Esto incrementó la discriminación ya existente hacia los miembros de la casa de las serpientes por parte de las otras casas. Lo que sin duda puso en un predicamento al director, quien dio un pequeño discurso sobre la importancia de no ser prejuiciosos una noche antes de la cena.

Harry sintió esto como un puñetazo, pues al parecer para Dumbledore se necesitaba una guerra abierta entre las casas antes de actuar respecto a los prejuicios, que el hecho de que toda la escuela atacará a un único alumno como chivo expiatorio.

—No me extraña que se vuelvan magos oscuros —comentó Harry a Neville mientras aún esperaban el regreso de Charlus y Ron—, la sociedad prácticamente los orilla a serlo.

Charlus y Ron entraron por el agujero tras la Dama Gorda unos minutos después.

—¡Se lo llevaron! —casi gritó Charlus, apenas conteniendo el aliento.

—¿A quién? —preguntó Harry poniéndose de pie muy preocupado.

—A Hagrid. El Ministro apareció de pronto con un destacamento de aurores y lo arrestaron.

—¿Aurores? ¿Los de papá?

Charlus negó con la cabeza a la pregunta de Harry.

—No. No eran los de papá. Seguro que eran los de Scrimgeour.

—¿Quién es Scrimgeour? —les preguntó Ron.

—Es el rival de papá —explicó Harry—. Papá consiguió el puesto de jefe del departamento de aurores con la recomendación de Dumbledore, Moody y Amelia Bones; el otro candidato, apoyado por el Ministro Fudge, era Scrimgeour. Está claro que no se llevan muy bien. Ha acusado a papá varias veces de haber conseguido el puesto sólo por sus influencias. Pero eso es ridículo: siempre fue uno de los mejores aurores del departamento; el mismo Moody lo ha dicho, y él no es de los que dicen las cosas únicamente como favor a un amigo, menos aún de un auror.

Ron asintió mostrando que entendía, pero Neville preguntó:

—Sí James es el jefe de departamento, ¿cómo es que Scrimgeour tiene aurores bajo su mando?

—Fudge creó una subdivisión en el departamento. Pocos lo saben. De no ser porque escuchamos algunas conversaciones entre papá, mi padrino Canuto y el tío Lunático, nosotros tampoco sabríamos nada.

—¿Para qué necesita otro departamento de aurores?

—Según el Ministro, se trata de una división de asuntos especiales; cuando en realidad cree necesitarla por qué es un paranoico qué piensa que todo el mundo quiere derrocarlo. —Charlus terminó con una mueca demostrando lo ridículo que le parecía la forma en que el ministro actuaba.

—El asunto es que usa a esos aurores para hacer las cosas que seguramente papá y Madame Bones no le permitirían por ser… ilegales.

—¿A dónde llevaron a Hagrid? —preguntó Neville con un mal presentimiento después de escuchar la última palabra usada por Harry.

—Azkaban —respondió Ron, por su tono se notaba que estaba aterrorizado de solo mencionar tan infame lugar.

—¿Sin juicio? —preguntó Neville igual de horrorizado.

—Pero eso no es lo peor —continuó Ron—. Mientras Fudge y Dumbledore hablaban sobre el asunto, Lucius Malfoy llegó con un pergamino para Dumbledore. ¡El desgraciado se las arregló para amenazar a la junta escolar y expulsar al director de su puesto!

—Esto es malo —dijo Neville, mientras se dejaba caer en uno de los sofás de la Sala Común.

—Sin Dumbledore, las cosas no harán si no empeorar —convino Charlus.

A Harry no le agradaba mucho Dumbledore, pero podía ver que él era posiblemente la principal razón por la que los ataques del Heredero eran tan distantes uno del otro.

—Antes de todo eso, ¿consiguieron que Hagrid les dijera algo?

Ron sintió un escalofrío ante eso.

—Dijo que, si realmente queríamos saber la verdad, siguiéramos a las arañas —respondió Charlus, mientras Ron se estremecía de miedo.

15

Seguir pequeñas arañas era una cosa, pero llegar hasta el hogar de una acromántula y sus hambrientos hijos era una de las principales razones por las que tal vez seguir el consejo de Hagrid no había sido una buena idea. Cuando los cuatro chicos volvieron a la sala común luego de esa desagradable visita al bosque prohibido, estaban sudados, el corazón les latía en la garganta debido al miedo, y Ron parecía que estaba a punto de desmayarse por varias horas. Lo único rescatable de toda esa aventura fue que ahora sabían que Hagrid no era culpable.

—La próxima vez… —dijo Ron con voz entrecortada mientras se dejaba caer en uno de los sofás— que Hagrid nos envié al bosque en busca de alguien… o algo… vayan ustedes solos…

El mayor problema es que no tenían muchas más pistas que antes. El supuesto monstruo por el que Hagrid fue expulsado resultó no ser el culpable. Y peor, parecía que el responsable era un monstruo al que otros monstruos temían.

—Debe haber algo más —dijo Harry. Su mente trabajaba tratando de reconstruir todos los eventos, desde la petrificación de la señora Norris hasta la petrificación de Hermione—. ¡Hermione!

Los demás se le quedaron viendo extrañados cuando casi gritó el nombre de su amiga.

—Hermione fue atacada mientras volvía de la biblioteca —comenzó a explicar Harry—. ¿Qué tal si ella descubrió al monstruo y por eso fue atacada?

Los otros tres lo miraron con una mezcla de intriga y horror.

—Debemos revisar las cosas que Hermione llevaba ese día a la biblioteca y, de ser posible averiguar, que libros consultó.

Prometiendo que harían eso por la mañana, todos se fueron a dormir.

16

¿Cómo habían llegado a eso? Era una pregunta interesante. Al parecer los problemas que perseguían a los Potter eran ineludibles.

Sí, efectivamente, luego de encontrar un papel que Hermione llevaba consigo el día que había sido atacada, consiguieron descubrir que el monstruo de Slytherin era de hecho un basilisco.

Eso en realidad tenía mucho sentido, ¿qué mejor monstruo podía haber para el más famoso hablante de pársel de la historia? Pero esto a su vez volvía todo más terrible. ¿Cómo enfrentar a un monstruo que podía matar solo con la mirada, sin contar con su piel resistente a casi todos los hechizos, un veneno que mataba en minutos y la fuerza natural que una serpiente gigante debía tener?

Uno pensaría: «Bueno, estás en el considerado mejor colegio de magia del mundo, por lo tanto, tiene a algunos de los mejores magos y brujas del mundo para enseñarte, así que busca a un profesor». Harry añadiría a esto: «Y asegúrate de que no sea Lockhart».

Simple, si no cuentas a que, gracias de nuevo a la suerte Potter, acabaron en la entrada a la Cámara de los Secretos —descubierta gracias a las deducciones atinadas de Charlus y Harry— con el ya mencionado e inútil profesor, un nervioso Neville, y un muy asustado Ron; debido a que su hermana Ginny había sido secuestrada por el Heredero.

—¿Por qué lo trajeron a él? —espetó un molesto Harry, quien junto con Neville se había adelantado al baño mientras los otros dos iban por ayuda.

—Es el profesor de defensa —dijo Ron como si esa explicación fuera suficiente. Aunque tal vez era más por negarse a admitir que eso había sido una completa incompetencia de su parte y de Charlus, ante las circunstancias y con los antecedentes del hombre.

—Oh, vamos, Harry —se defendió Lockhart, al parecer muy indignado (por más que tuviera a Charlus y a Ron apuntándole con sus varitas todo el tiempo y él mismo estuviera desarmado)—, te aseguro que no podían tener mejor…

—¡Ya, cierre la boca! —gritó Harry molesto.

Lockhart le dedicó una mirada indignada.

—Neville —dijo el menor de los Potter—, ve en busca de un verdadero profesor.

El chico rubio asintió y rápidamente salió del baño, esperando no ser capturado por Filch antes de llegar a la oficina de la Profesora McGonagall, a donde se dirigía.

—Bien, que esperamos —dijo Ron una vez que el otro chico se hubo marchado—. ¡Entremos a la Cámara!

—Realmente debemos esperar…

—¡No! No es tu hermana quien está allí.

Harry se pasó la mano por el cabello con nerviosismo.

—¡Vamos, de prisa! —exigió Ron mientras le apuntaba con su varita.

Harry se acercó a la entrada y susurró «ábrete» en pársel. De inmediato los lavabos se movieron dando paso a una enorme tubería, la cual parecía descender a las entrañas mismas de la tierra.

—Sigo pensando que debemos esperar la ayuda —dijo Harry.

Ron y Charlus obligaron a Lockhart a entrar primero, y luego los tres chicos hicieron lo mismo.

Después de deslizarse por varios minutos a través de una tubería, finalmente llegaron a lo que parecía ser una cueva, muchos metros por debajo del castillo. Uno de los extremos se hallaba bloqueado por enormes rocas, las cuales seguramente habían caído en diversos derrumbes a lo largo de los años.

—Creo que ese es el único camino —dijo Harry, mientras encendía un lumus con su varita para iluminar la parte de la cueva que no estaba bloqueada.

Charlus y Ron se distrajeron tratando de ver algo en la dirección que Harry iluminaba. Lockhart, quien había permanecido en silencio todo el tiempo, aprovechó ese momento para abalanzarse sobre Ron (quien estaba más cerca de él) para quitarle la varita.

—Muy bien, niños, esto termina aquí —dijo el hombre apuntándole a los tres y obligándolos a colocarse cerca de la tubería por la que habían llegado.

—Lockhart —dijo Harry tratando de mantenerse frío—, no cometa una tontería. Neville ha ido a buscar ayuda, volverá pronto con los otros profesores. Y, por otro lado, ¿qué cree que hará el mundo mágico si hace algo contra el Niño-que-vivió, su hermano y su mejor amigo?

—Oh, no te preocupes Potter, Neville es solamente un niño. ¿A quién crees que le crean más? ¿A un estudiante de segundo que, seamos sinceros, tiene miedo de su propia sombra, o a un mago famoso y reconocido como yo? El mundo sabrá como traté de salvar a la niña Weasley, pero fracasé. Como ustedes se volvieron locos al ver su cadáver desgarrado por el monstruo de Slytherin.

Lockhart alzó la varita al mismo tiempo que Charlus.

—¡Obliviate! —conjuró Lockhart.

—¡Protego! —contraatacó Charlus.

Los dos conjuros chocaron, provocando que el de Lockhart saliera disparado hacia el techo de la cueva. El impacto de la magia fue tal que provocó un derrumbe y, antes de que el farsante profesor de defensa pudiera reaccionar, varias rocas le habían golpeado en la cabeza haciendo que se desplomara inconsciente.

—¿Creen que esté bien? —preguntó Ron mientras caminaba hacia él.

—Eso espero, no quiero ir a Azkaban por matar a Lockhart.

—Fue en defensa propia —trató de tranquilizarlo Harry—, tienes dos testigos.

Los tres rodearon el cuerpo inerte del mago farsante. Harry usó el lumus para iluminar su cabeza. Había un gran charco de sangre, la cual continuaba manando de una enorme herida abierta en la cabeza del mago. Ron se agachó para tomar su varita, que se había resbalado de las manos del mago mayor y ahora yacía a unos metros de allí. Era una suerte que el derrumbe no pareciera haberla dañado.

Tras permanecer un momento más en el lugar para tranquilizarse, con un asentimiento silencioso, reanudaron la marcha hacia la Cámara de los Secretos.

17

Llegaron a unas enormes puertas de roca flanqueadas por dos esculturas de serpiente. El rastro de viejas pieles de basilisco que habían pasado en su camino hasta allí les aseguraba que sin duda esa era la Cámara de los Secretos.

Ábrete —ordenó Harry.

Las serpientes parecieron escucharlo, ya que de inmediato comenzaron a moverse. Las puertas se abrieron. Los tres chicos comenzaron a avanzar, Harry adelante, seguido de Charlus y Ron al final.

Harry se adentró, pero justo cuando los otros dos iban a pasar, las estatuas de serpientes se interpusieron en su camino.

No son dignos —sisearon molestas.

—¿Qué está pasando? —preguntó Charlus enfadado.

—Debe ser que no hablan pársel —dedujo Harry.

Luego de discutir un momento, y de que Harry tratara de convencer a las serpientes para que permitieran pasar a los otros dos, quedó más que claro que Harry debía seguir solo. Con un suspiro, comenzó a avanzar internándose en la Cámara.

18

Harry estaba en verdaderos problemas. Dejó su varita de lado en el momento que vio a Ginny tendida en medio de la Cámara, y ahora ese sujeto, Tom Riddle, la tenía entre sus manos.

—Curioso —dijo Riddle—, esperaba ver a ambos hermanos Potter aquí, pero únicamente uno pudo pasar de los guardianes.

—Solo un hablante de pársel puede pasar —dijo Harry tratando de no dejarse intimidar por las acciones del chico mayor.

—Sí, pero dado lo que sentí en ustedes, creí que ambos eran… como yo. —Una sonrisa extraña, que a Harry se le antojó desagradable, se formó en su rostro al decir esas últimas palabras—. Pero, bueno, creo que un trozo más es mejor que nada.

—Tú inculpaste a Hagrid —lo acusó Harry.

Riddle, quien hasta ese momento se había limitado a simplemente mirar a Harry arrodillado frente al cuerpo de Ginny, comenzó a pasearse alrededor de él, pero cuidando de no perderlo de vista.

—¿Tratando de ganar tiempo? —preguntó—. Un poco absurdo, cuando tiempo es lo que menos deberías perder. Mientras hablamos, la niña Weasley se debilita más y yo me vuelvo más fuerte. Pero, sí es lo que quieres: sí, lo hice, en realidad fue muy fácil. Los prejuicios contra los semi-gigantes me ayudaron a convencer a todos fácilmente.

—Dumbledore nunca cayó en tu trampa.

Dumbledore —escupió el nombre—, sin embargo, ahora él ya no está. Expulsado de su amado colegio por un simple recuerdo.

—Volverá —dijo Harry—. La junta escolar debe estar aterrada por lo que está pasando. No me extrañaría que ya esté en camino por petición de ellos.

—Cuando llegue será tarde. —Riddle se detuvo, observando a Harry con cierto deje de curiosidad—. Pero me parece que a ti no te agrada mucho Dumbledore. Pensé que todos los Gryffindor eran iguales: cegados por la magnífica y benigna figura de ese amante de los muggles.

—Dumbledore es solo un hombre, la mayoría parece haberlo olvidado, sin embargo.

—Puede ser. Aunque no es de Dumbledore de quien quería hablar —dijo Riddle—. Durante todo este tiempo, en quien he estado interesado es en ti, y en tu petulante hermano. ¿Cómo es que un poderoso Señor Oscuro cae ante dos simples bebés?

—Fue Charlus —replicó Harry.

—Ambos estaban allí, según la historia que me contó Ginny, así que, en lo que a mí respecta, ambos pudieron haber sido la causa de su caída.

—¿Por qué te importa? Voldemort es posterior a ti.

Riddle sonrió con malicia.

—Voldemort es parte de mí, Potter —declaró.

Seguido de esto, escribió su nombre en el aire con la varita. Luego, con un pase de la misma, las letras se dispersaron para formar una frase:

I am Lord Voldemort

(Yo soy Lord Voldemort)

Harry entrecerró los ojos. Nuevamente Voldemort. Pero la pregunta que pasaba por su mente era otra: ¿cómo se las había arreglado para estar allí en esa forma adolescente? Su mirada se dirigió hacia el diario que se encontraba en las pálidas manos de Ginny.

—Ahora lo entiendes —dijo la versión adolescente del Señor Oscuro—, la razón por la que estaba tan interesado en ti y en tu hermano. Ginny me contó muchas cosas interesantes sobre Charlus, pero muy poco sobre ti. Sin embargo, me dio una pista importante: cada vez que Charlus Potter supuestamente me ha vencido, tú estabas presente. ¿No será que has estado engañando a todos durante todo este tiempo?

Harry apretó los puños. ¡Qué tontería! Charlus había sido quien derrotó a Voldemort, todos sabían eso, Dumbledore mismo lo había confirmado.

«Pero fue mi carta la que nos salvó hace un año», susurró una voz en su mente.

Esto lo llevó a una conclusión, aunque estaba desarmado, quizá su mazo fuera su salvación. Su mano se deslizó nuevamente hacia el bolsillo de su túnica y extrajo su baraja. Ahora con sus cartas en su mano, se sintió más seguro incluso que con una varita. Si conseguía volver a hacer que las cartas reaccionaran como aquella vez…

«Confía en tus cartas, incluso fuera de un duelo». Estaba seguro de que eso le diría Johan de estar allí.

—Me parece que es momento de terminar con esto —dijo Riddle mientras sonreía con malicia.

Riddle avanzó hacia una estatua, aparentemente del mismo Slytherin, y comenzó a hablar en pársel:

—¡Háblame Slytherin, el más grande de los cuatro de Hogwarts!

La boca de la estatua se abrió y una inmensa serpiente comenzó a deslizarse lentamente desde ella.

—Veamos si Dumbledore puede salvarte.

Harry cerró los ojos, se puso de pie y apretó con fuerza sus cartas en su mano derecha. Respiró profundamente para tranquilizarse y pasó el mazo de cartas a la mano izquierda. Su mano derecha tomó la posición que usaría para sacar una carta de tener un disco de duelo.

—Invocaste un basilisco —dijo sin abrir los ojos—. ¿Supongo que con eso terminas tu turno?

—¿Turno? Parece que el miedo te ha hecho enloquecer, Potter.

—¡Es mi turno! ¡Robo! —su mano hizo un arco muy amplio al momento de sacar la carta.

Riddle entrecerró los ojos al ver como la carta brillaba, al parecer, envuelta en algún tipo de magia desconocida.

Harry abrió los ojos para ver que había robado: «Mago Oscuro». Necesitaba dos tributos para invocarlo. Sin embargo, eso no era precisamente un duelo, tal vez pudiera saltarse algunas reglas.

El basilisco ya estaba peligrosamente cerca. Harry volvió a cerrar los ojos, alzó la mano y, mostrando la carta, exclamó:

—¡Invoco al «Mago Oscuro», en Posición de Ataque!

La sonrisa en el rostro de Riddle se desvaneció cuando un resplandor surgió de la carta que Harry sostenía en su mano derecha. Un hombre vestido con una túnica negra de un estilo que jamás había visto, con un báculo mágico como los que se usaban antes de las varitas, flotaba sobre Harry.

—¿Qué demonios es eso? —espetó Riddle furioso.

—¡«Mago Oscuro», ataque de magia oscura sobre los ojos del basilisco!

El mago se precipitó a toda velocidad contra la serpiente. Su báculo comenzó a brillar. Una esfera de energía oscura rodeada por pequeños relámpagos de electricidad salió disparada contra la cabeza del basilisco. La serpiente se retorció cuando fue impactada. Sangre y humo comenzaron a surgir de los ahora destrozados ojos de la criatura.

Harry cayó de rodillas. Se sentía muy débil. La invocación del «Mago Oscuro» estaba drenando su energía. Sus cartas se dispersaron por el suelo frente a él. Debía encontrar una que le permitiera acabar con el diario de Riddle.

—No sé qué hiciste —habló Riddle mientras caminaba hacia él—, pero el juego termina aquí.

—No… No hasta que juegue la última carta…

La mirada de Harry estaba fija en una en específico. Estiró la mano para tomarla.

—Carta mágica: «Controlador de Enemigos». —La carta brilló en su mano—. Activo su segundo efecto: tributando un monstruo en mi campo puedo tomar el control de un monstruo oponente hasta el final del turno. Sacrifico al «Mago Oscuro» para tomar el control de tu basilisco.

Una luz amarilla envolvió al «Mago Oscuro», destruyéndolo. Luego, un resplandor rojizo cubrió al basilisco.

¡Destruye a Riddle! —ordenó Harry.

—¡Qué tontería, el basilisco únicamente me obedece a mí!

Esto pareció no ser escuchado por la serpiente, quien, tras olfatear el aire en busca de su presa, se arrojó contra él. Riddle trató de huir, pero la serpiente lo mordió por el costado izquierdo. La varita de Harry cayó de su mano y rodó por el suelo, hasta detenerse al pie de una estatua. El cuerpo de Riddle pareció convulsionar, para luego estallar esparciendo una espesa y maloliente tinta negra por todo el lugar.

Vuelve a dormir —ordenó Harry a la serpiente.

Mientras el basilisco retornaba a su nido, el joven mago finalmente se desmayó debido al cansancio.

19

Harry despertó al sentir que alguien lo agitaba. Era Ginny. La niña se veía angustiada, pero la palidez parecía estar desapareciendo. Harry se incorporó, sujetándose la cabeza, la cual palpitaba horriblemente. Lo primero que hizo fue buscar sus cartas y su varita.

—¡Aquí están! —dijo Ginny intuyendo lo que buscaba. La niña se las entregó en la mano—. Por un momento pensé que tú…

—Gracias.

Apoyándose mutuamente, ambos se pusieron de pie. La mirada de Harry se dirigió hacia donde antes había estado Ginny. El diario de Riddle yacía en el suelo, una parte de este estaba dañada, como si el basilisco hubiera mordido el diario y no al extraño… ¿Espectro?, que había salido de él. Harry pensó que tenía cierto sentido: Riddle y el diario estaban conectados de alguna manera.

Cuando salieron de la Cámara, no sólo Ron y Charlus los esperaban, sino además Neville, los jefes de casa y el mismo director Dumbledore.

El anciano mago no tardó en reconocer los síntomas de agotamiento mágico en Harry, por lo que los trasladaron rápidamente a la enfermería.

Los Potter y los Weasley pasaron el resto de la noche y casi todo el día siguiente en la enfermería con sus hijos. Dumbledore decidió cancelar los exámenes finales —salvo para los del quinto y séptimo curso, cuyos exámenes eran responsabilidad del Ministerio de Magia— para disgusto de Hermione, quien recién había despertado de la petrificación gracias a que el profesor Snape había terminado la poción de mandrágora.

Ni bien Harry se repuso de su agotamiento mágico, fue llamado por Dumbledore para hablar sobre lo ocurrido en la Cámara de los Secretos.

Harry respondió las preguntas del anciano lo mejor que pudo, omitiendo en todo momento el uso de las cartas de Duelo de Monstruos. Cuando se le preguntó sobre el basilisco, la respuesta de Harry fue:

—Realmente, profesor, no quiero revivir esos momentos.

—Claro, mi muchacho —respondió Dumbledore con una sonrisa condescendiente—. Pero a veces es mejor dejar salir las cosas. Recuerda que puedes venir a verme y hablaremos cuando quieras.

Harry asintió y con eso fue despedido de regreso a su sala común.

—¿Lucius Malfoy? —escuchó a Ron preguntar una vez que entró en la torre de Gryffindor. Hermione, Charlus y Neville estaban allí también.

—Sí, debiste ver como trataba al pobre Dobby. Por suerte mi madre se las arregló para que lo liberara con una treta. Pero ahora Dobby trabajará en casa. Mamá le ofreció un empleo, con prestaciones y todo.

—Pues me parece bien —dijo Hermione—. Luego de lo que ese elfo pasó para advertirnos, es lo menos que se merece.

—¡Casi me asesina! —espetó Charlus con fingida indignación.

Las carcajadas no se hicieron esperar.

Harry fue a sentarse con ellos. Otro año que acababa, y otra aventura potencialmente mortal. Merlín, esperaba que el próximo año fuera tranquilo.