Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi, Shueisha y Konami.
Capítulo 6
El mortífago fugitivo
1
Harry hojeó el folleto en sus manos por décima vez ese día. Era una guía de las escuelas de duelo existentes en Europa. Obviamente, la mejor de todas era la Academia del Norte, también conocida como la Academia de Duelos Ártica, dado que era la subdivisión europea de la Academia de Duelos perteneciente a Corporación Kaiba. Se ubicaba en una isla del océano ártico, de allí su nombre no oficial, estando bajo la jurisdicción legal de Noruega.
Otra opción, debido a lo cercana que se encontraba de Inglaterra, era la Academia del Oeste, la cual se localizaba en una isla del Océano Atlántico, cerca de la costa occidental de Marruecos.
Además de esas dos academias, Corporación Kaiba administraba otras tres escuelas. La Academia del Este, localizada en el océano Indico, en algún punto entre la India e Indonesia. La Academia del Sur se ubicaba en Australia, a unos 120 kilómetros de la ciudad de Sídney. Y, finalmente, la Academia Central, ubicada en Japón, más específicamente en una isla volcánica dentro de la prefectura de Okinawa.
Las cinco escuelas eran consideradas las mejores academias de duelo del mundo. Únicamente la Academia Americana de Duelos había logrado hacerles sombra.
Por supuesto, la mayoría de los duelistas profesionales de Europa asistían a la Academia del Ártico. Johan mismo ingresaría en dicha escuela dentro de un par de años. Harry, por su parte, no tenía tan claro a cuál de las academias debía ingresar… siendo sinceros, ni siquiera sabía si sus padres se lo permitirían.
La Academia Central tenía posiblemente el mejor currículo, y la mayoría de sus egresados participaban en las ligas profesionales de Japón, que actualmente se consideraban las mejores en todo el mundo. En especial la liga Nacional y la Liga de Ciudad Domino. Esta última famosa por ser la única liga fundada y administrada por el mismo Seto Kaiba, además de ser una de las pocas ligas en cuyos torneos participó Yugi Muto, el Rey de los Duelistas, antes de retirarse para administrar su propia empresa de juegos.
Pero, ese no era lo único por lo que le llamaba más la atención esa escuela que las otras: Harry había aprendido a confiar en sus instintos en los últimos dos años. El mismo instinto que lo ayudó a sobrevivir a sus dos encuentros con Voldemort le decía que era la mejor opción.
Por supuesto, además del problema de convencer a sus padres de permitirle asistir a una escuela muggle al otro lado del mundo, había otro pequeño detalle: él no hablaba japonés.
«Idioma que tendrás que aprender si quieres ser un verdadero duelista profesional», se recordó mientras dejaba el folleto a un lado y se recostaba en su cama mirando hacia el techo.
Estaba aburrido. Su madre le había prohibido salir a cualquier lugar por su cuenta. Eso significaba pasar el verano sin participar en torneos, o siquiera poder ir a la tienda local a jugar duelos casuales y ver las nuevas cartas.
No es que no entendiera a sus padres. Debían de estar aterrados de sólo pensar en el hecho de que el traidor se las había arreglado para escapar de Azkaban. La primera fuga de dicha prisión desde que se había inaugurado hacía más de mil doscientos años. Y ahora el traidor que casi fue el culpable de la muerte de su hermano, y de la suya propia, estaba fuera y acechando en algún lugar.
«El hombre que es el verdadero padrino de Charlus», se recordó.
Desde que la noticia se hiciera pública dos semanas después de comenzadas las vacaciones de verano, Charlus había estado sumergido en una especie de depresión. Pasaba mucho de su tiempo encerrado en su cuarto, y ni siquiera las visitas de Ron parecían mejorar su ánimo.
—¿Harry? —escuchó a su madre llamándolo desde la puerta.
—¿Dime? —respondió incorporándose rápidamente.
—Neville está aquí.
Harry se puso de pie de inmediato, tomó su disco de duelo (¡Oh, como odiaba no poder llevarlo a Hogwarts!) y su mazo y fue a reunirse con su amigo.
—¡Harry! Sucedió lo más sorprendente.
Neville estaba muy emocionado, casi tanto como cuando ganó su primer torneo en la tienda local. Harry lo miró interesado, mientras le indicaba que lo siguiera al patio trasero para tener su duelo allí.
—Antes de venir tuve que ir con la abuela al Ministerio, reunión de emergencia por, bueno, ya sabes… —No tenía que decir que se trataba del asunto de Peter Pettigrew. Todo el Ministerio, desde los departamentos menos sospechados hasta el mismo Wizengamot, estaba loco por eso—. El asunto es que tuve que cargar mi disco de duelo porque, obviamente, no me daría tiempo de volver a casa antes de venir a verte. Ya sabes, después de una reunión del Wizengamot las chimeneas están muy bien vigiladas, así que fue más cómodo venir directo aquí. Bueno, el asunto es que, mientras estaba esperando a que terminara la reunión en la sala de espera, ¡el disco de duelo se encendió y comenzó a descargar la última actualización!
Harry lo miró con sorpresa.
—¿Cómo…?
—¡Lo sé! No debería ser posible. Es un aparato muggle. ¡No debería funcionar en un lugar cargado de tanta magia!
Todos sabían que los aparatos muggles no funcionaban en lugares como Hogwarts, el Ministerio de Magia o el hospital San Mungo. E incluso en casas antiguas de viejas familias mágicas hacer que los aparatos muggles funcionaran era complicado. En casa de Neville funcionaban porque la familia Longbottom era reconocida por cultivar plantas mágicas, y aunque los ambientes ricos en magia las ayudaban a crecer, también significaba que no podían tener escudos demasiado potentes para no sofocar con magia demasiado agresiva a muchas de esas mismas plantas. Y, en general, eran ese tipo de escudos los que intervenían con la tecnología muggle moderna.
En casa de Harry era una situación similar. Al estar Valle de Godric, una ciudad tanto muggle como mágica, no podían permitirse escudos muy potentes que pudieran alterar los aparatos de las familias no mágicas de la ciudad. Por supuesto, desde que se anunció es escape de Pettigrew sus padres habían estado discutiendo la posibilidad de ocultarse en Potter Manor, la casa ancestral de la familia y la cual estaba mejor protegida que la residencia de Valle de Godric.
—¿No habrá sido un error? —preguntó Harry.
Neville negó con la cabeza.
—Lo primero que hice cuando llegué aquí fue confirmar la actualización. El disco funciona perfectamente.
Harry frunció el ceño. El disco de duelo no debería funcionar en un entorno rodeado de magia. Sostuvo su propio disco de duelo y lo observó por un momento sumido en sus pensamientos. Sus cartas lo habían salvado dos veces contra Voldemort… hasta ahora había pensado que había sido su propia magia usando sus cartas como si fueran una especie de varita. Pero, ¿y si había algo más? ¿Y si las cartas tenían su propia magia por si mismas? ¿Esa magia podía estar también presente en los discos de duelo?
—«Serpiente Siniestra» —susurró recordando lo que había sucedido en esa noche de hacía casi un año en el Gran Comedor.
—¿Harry? —lo llamó Neville confundido.
—¿Recuerdas lo que pasó con la Serpiente Siniestra?
—Cómo podría olvidarlo.
—Johan dijo que las cartas tienen espíritus. Luna reconoció en muchas cartas a las criaturas que ella y su padre han estado buscando durante años.
Neville asintió.
—¿Y si hay algo más en el duelo? ¿Y si el duelo en realidad es un juego mágico?
Neville abrió la boca, sorprendido.
—Los discos de duelo no serían sólo tecnología —siguió Harry.
—Si fuera así, significaría que son un canalizador de magia, igual que una varita. Sólo que tal vez no del mismo tipo de magia que usamos los magos normalmente.
—Tengo algo que contarte…
Harry se lo dijo todo: como su trampa «Fuerza de Espejo» se activó y lo protegió de la maldición asesina, como logró llamar al «Mago Oscuro», la que pensaba era el verdadero «Mago Oscuro», para derrotar al basilisco.
Discutieron sobre esos incidentes el resto de la tarde. Harry incluso intentó volver a llamar al Mago Oscuro, sin éxito obviamente.
Al final, completamente frustrado, Harry se dejó caer bajo la sombra de un árbol.
—Tal vez sólo funciona en un duelo —dijo Neville.
—No estaba precisamente en un duelo cuando enfrente a Riddle.
—Pero visualizarlo como uno ayudó —le recordó.
Harry suspiró mientras miraba sus cartas. Tenía que haber algo más. Se concentró en las tres ocasiones en que el duelo le pareció ser algo más que un juego. Recordó que Serpiente Siniestra le había dicho algo… algo sobre sentir el poder de sus monstruos.
—Algo interfiere —dijo casi en un susurro. Neville lo miró expectante. Por su expresión, podía decir que había llegado a una conclusión—. «Serpiente Siniestra» dijo que algo interfería con el poder de mis monstruos.
Volvió a mirar sus cartas.
—Iré a la Academia de Duelos Central —dijo de pronto—. Cualquiera que sea el poder o la magia verdadera del duelo, sólo podré descubrirlo allí.
Sus instintos nunca le habían fallado, los seguiría una vez más.
No iba a ser fácil. Ser un Potter significaba tener una gran presión sobre sus hombros por parte del Mundo Mágico, incluso si no era el heredero del título. Casi podía ver el escándalo que las familias tradicionales harían. ¿Un Potter que dejaba Hogwarts para ir a estudiar a un colegio muggle dedicado a enseñar un juego de cartas? Al menos ya no estaban en guerra, y la caída de Voldemort había hecho que la mayoría de las familias más radicales se volvieran menos vocales respecto a sus prejuicios.
Por supuesto, algo como esto sin duda las haría alzar la voz. Incluso si los Potter se consideraban Traidores a la Sangre, y aun cuando él fuera un mestizo, las familias Sangre Pura no desperdiciarían la oportunidad para usar eso para atacar a su familia.
2
Aprender japonés no podría ser por métodos tradicionales. En primer lugar, en Valle de Godric no había ninguna escuela de idiomas que tuviera clases de japonés. El único curso que encontró en su zona era en una escuela de Exeter, el cual desafortunadamente no era un curso de verano. No podía estudiar japonés en una escuela muggle si estaba atrapado en Hogwarts durante todo el año escolar.
Harry se recostó de nuevo en su cama, con los folletos de las escuelas que Dobby había recolectado para él esparcidos a su alrededor. Tal vez era hora de intentar otro enfoque.
Tendría que recurrir a la magia.
Hogwarts no tenía clases de idiomas como los colegios muggles, y nunca había escuchado de instructores privados en el Mundo Mágico. Él y Charlus sabían gales, francés y un poco de español, portugués y alemán porque su madre los inscribió a clases muggles cuando eran más jóvenes. También sabía que su padrino hablaba al menos una docena de idiomas al igual que su padre. La razón de lo último era un «curso» mágico para aprender idiomas que pasaron debido a ser aurores de alto rango, su padre siendo incluso el jefe de estos.
Salió de su habitación y fue a buscar a su madre. La encontró en la cocina, junto con Dobby, preparando los bocadillos para el té de la tarde.
—Maestro Harry, espero que los folletos fueran de ayuda —dijo Dobby.
—Sí, fueron muy útiles.
El elfo sonrió muy ampliamente.
—¿Qué folletos? —preguntó Lily mientras sacaba una bandeja del horno llena de pastelillos recién horneados.
—Escuelas de idiomas —respondió Harry—. Pero no hay cursos del idioma que quiero aprender en la escuela local. Los cursos más cercanos son en un colegio en Exeter, y no tienen cursos de verano.
Lily dejó la bandeja con los pastelillos sobre la mesa, donde Dobby procedió a comenzar a decorarlos con betún y chispas de chocolate.
—¿Qué idioma quieres aprender?
—Japonés —se apresuró a responder Harry.
Lily lo miró con la intriga grabada en el rostro.
—¿Por qué japonés?
—Las mejores ligas de duelo están en Japón —respondió Harry sonrojándose un poco.
Lily frunció el ceño. Podía decir cuando sus hijos no le decían toda la verdad.
—¿Sólo por eso? —inquirió con sospechas.
Harry se pasó la mano por el pelo.
—¿Qué pensarías si dejara Hogwarts? —cuestionó a su madre—. Yo… quiero ser duelista profesional.
—¿Y debes dejar tu educación para eso?
—¡No! Sólo… cambiaría de escuela. Quiero ir a la Academia de Duelos.
—¿Academia de Duelos? —Era la primera vez que Lily escuchaba algo sobre una academia dedicada a un juego de cartas muggles. No pudo evitar pensar que debía ser una broma.
—Sí, son escuelas donde aprendes a ser duelista.
Lily frunció el ceño. ¿Iba en serio? ¿Una escuela para aprender un juego de cartas? ¿Qué estaba pasando en el Mundo Muggle? Cierto, ver los duelos con hologramas había resultado ser toda una sorpresa, ¿pero una escuela para aprender el juego?
—Pero es más que eso —se apresuró a explicar Harry—. Son escuelas realmente buenas, al nivel de Eton. Tienen todas las clases de las secundarias muggle, no sólo las clases que se relacionan con los duelos.
Lily no parecía muy convencida.
—Harry, eres un mago, un Potter, además. ¿De verdad dejarías Hogwarts para ir a aprender a jugar cartas?
Harry abrió la boca, luego la cerró. No podía decir las cosas que descubrió con Neville. No tenía pruebas más que sus propias conclusiones basadas en hechos que bien podrían ser coincidencias. ¿Y si sólo estaba imaginando y todo eso tenía que ver con algo más que su propia magia?
«No imaginaste a Serpiente Siniestra, toda la escuela la vio, y no imaginaste al Mago Oscuro… esas dos veces que tus cartas te salvaron».
—Hablaré con tu padre respecto a conseguir el curso de japonés —prometió su madre—; pero de verdad, prefiero que permanezcas en Hogwarts al menos hasta tomar tus TIMOS.
Harry asintió. Eso definitivamente era una pequeña victoria. Todavía tenía dos años para convencer a su madre del resto. Su padre seguramente sería un poco más fácil. En caso contrario, bien podría pedir transferencia después de sus TIMOS.
«A menos que de verdad quieras ir a la Academia Central», se dijo. Después de todo, a diferencia de Inglaterra, el ciclo escolar japonés comenzaba en abril. Tenía año y medio, entonces.
3
La fiesta de cumpleaños de ese año no fue tan mediática como las pasadas. La búsqueda de Peter Pettigrew no estaba dando ningún resultado, así que para mantener a Charlus seguro, se decidió que sería una celebración más pequeña: sólo una cena con la familia y los amigos más cercanos.
Harry se llevó una gran sorpresa: su obsequio fue el curso mágico de japonés.
De inmediato se retiró a su habitación con Neville y Hermione, quien se había tomado un respiro de unas horas de su viaje a París con sus padres para asistir a la fiesta, ventajas del uso de trasladores internacionales.
—¿Curso mágico de idioma? —preguntó interesada.
—Son cursos especiales que sólo pueden ser otorgados por el Ministerio de Magia —aclaró Neville—. Sólo están disponibles para miembros de las Casas Nobles y los funcionarios de más alto rango del Ministerio de Magia.
—Eso es realmente injusto —Hermione se cruzó de brazos.
—El Mundo Mágico es así —respondió Harry. No es que le gustara mucho, pero había poco que pudiera hacer al respecto para cambiar las cosas.
—Tus padres debieron mover muchas influencias para conseguir esto —explicó Neville.
El «curso» se componía de un hechizo y una poción. Básicamente, el hechizo era una especie de traductor, mientras que la era poción un estimulante de memoria. Además de eso, incluía un pequeño pensadero con varios viales cada uno con el recuerdo de una clase de japones.
El instructivo era simple: una vez por semana, durante un plazo de seis meses a un año (dependiendo que tanto dominio del idioma se deseara), debía lanzarse el hechizo sobre sí mismo, en su caso por ser menor de edad un adulto debía supervisar, luego ingerir la poción y ver uno de los recuerdos. Por supuesto, también se recomendaba tener un poco más de materiales de apoyo tales como libros en ese idioma para practicarlo.
El punto del curso era que, en un principio el hechizo traductor le facilitaría entender las lecciones casi como si fuera un hablante nativo, y el estimulador de memoria le permitiría mantener la información adquirida de las clases «grabadas» en los recuerdos en su mente. Así, poco a poco, iría adquiriendo dominio en el idioma que deseaba aprender.
—No creo que haya libros de japonés en la biblioteca Potter —dijo Harry en un suspiro.
—Tampoco en la de Hogwarts —agregó Hermione—. Sólo he visto de idiomas mágicos y en realidad, no son para aprender el idioma en sí. Pero siempre puedes comprarlos en Amazon.
Harry y Neville la miraron con extrañeza.
—Oh, por favor. ¿Saben de Duelo de Monstruos y de comics, pero no han escuchado hablar de Amazon? Es una tienda, principalmente de libros, por internet.
—Oh —dijo Neville sonrojándose. Sabía que Internet era lo que actualizaba los discos de duelo, pero no imaginó que sirviera para algo más.
Harry parecía casi igual de perdido.
—Los conseguiré para ti —prometió Hermione.
—¡Gracias!
Por supuesto, Hermione lo hacía en parte para aprender un poco más sobre estos «cursos» mágicos de idiomas. No entendía por qué algo como esto debía estar restringido sólo a algunas personas. ¿El Ministerio de Magia no veía lo mucho que podían avanzar su cultura haciendo que cosas como estas fueran accesibles a todo aquel que quisiera aprender más?
Harry obtuvo la respuesta al día siguiente, cuando tomó la primera «lección» de japonés: la siguiente hora, luego de que el efecto de la poción terminó, sufrió el peor dolor de cabeza que recordaba en su vida.
4
No asistir al torneo nacional ese año fue realmente duro. Para Harry se había vuelto una tradición anual asistir al menos a un torneo grande. Los años anteriores, cuando participo en el nacional y luego en el mundial, fue uno de los mejores momentos de su vida. Había visto a Johan después de años de comunicarse con él sólo por cartas.
Ese verano los únicos duelos que tuvo habían sido con Neville. No es que no fuera divertido jugar contra él, pero un duelista necesita del reto constante al enfrentar a diferentes oponentes con diferentes tipos de mazos.
Lo peor fue que ni siquiera pudieron ir al Callejón Diagon con el resto de sus amigos. Su madre envió a Dobby a realizar las compras. Ni siquiera fueron al callejón para probarse las túnicas nuevas. Madame Malkin envió a uno de sus propios elfos domésticos para tomar las medidas y, más tarde, para entregar las túnicas.
Por si fuera poco, sus padres se negaron a firmar los permisos para Hogsmeade. Mientras Peter Pettigrew estuviera libre no tenían permitido salir de la seguridad del colegio.
—Pero, ¡es Hogsmeade! —se quejó Charlus—. Y no es como si fuéramos a ir solos. Otros alumnos de grados mayores, además de los prefectos y los profesores también saldrán.
—Eso no importa —replicó su madre—. Sé cómo son los viajes a Hogsmeade, y los profesores no pueden estar vigilando a todos todo el tiempo. Además, ¿qué podrían hacer unos estudiantes, incluso de los grados más altos, contra un mago adulto que además es un mortífago?
Charlus se enfurruñó y trató de apelar a la actitud un poco más relajada y permisiva de su padre, sólo para que James se mantuviera firme del lado de su esposa.
5
Así llegó el primero de septiembre.
A diferencia de otros años, los Potter llegaron mediante el punto de aparición directamente dentro del Andén 9 y ¾. Sin perder mucho tiempo, subieron al primer vagón donde encontraron compartimientos vacíos y tanto Harry como Charlus se sentaron allí una hora antes de que saliera el tren. Neville posiblemente no llegaría hasta dentro de media hora más, igual que Hermione. Ron, por su parte, como era tradición de los Weasley, siempre llegaba tarde.
Los últimos años Harry y Charlus se habían vuelto un poco más distantes. Charlus, en general, sólo se interesaba por el quidditch, y este año por sus clases de defensa. Harry, por su parte, había estado ocupado cada vez más con el duelo y este verano en aprender japonés. Además, tomando en cuenta lo difícil que sería el examen de ingreso de la Academia, se las arregló para convencer a Hermione que le prestará los libros de texto muggle que estudiaba cada verano. Si quería ir a la Academia de Duelos, debía pasar una certificación de escuela muggle.
—¿Quieres jugar snap explosivo? —preguntó Charlus tras cinco minutos de un incómodo silencio para él, en el cual Harry lo único que hizo fue leer sus libros de texto muggle.
—Bueno —respondió Harry cerrando el libro.
Charlus sacó los naipes y rápidamente los barajó antes de repartirlos. Habían pasado meses desde la última vez que jugó a algo así con Harry. ¿En qué momento se habían vuelto tan distantes? Hubo un tiempo en que hacían todo juntos.
Sólo tuvieron tiempo de jugar dos partidas antes de que Neville llegara, seguido de Hermione. Entonces el juego de snap quedó olvidado. Harry y Neville se concentraron en hablar sobre duelo, mientras Hermione le preguntaba a él sobre sus clases de defensa del verano.
Charlus estaba un poco distraído viendo a Harry. Se divertía mucho, podía decir eso. Hablaba con Neville sobre su amigo de Noruega, quien al parecer consiguió ganar el torneo mundial de la liga Junior, lo que fuera que eso significara.
—Hermione, ¿qué sabes sobre el duelo? El juego de cartas, quiero decir —preguntó de pronto.
—No mucho. ¿Por qué no le preguntas a Harry sobre eso? Prácticamente es profesional.
Charlus frunció el ceño.
—No importa, es sólo un tonto juego muggle.
Ron llegó unos pocos minutos después.
Pronto los dos, junto con Hermione, comenzaron a jugar snap explosivo, mientras Ron contaba de sus vacaciones visitando a su hermano Bill en Egipto. Parecía que sería un viaje tranquilo.
Por supuesto, se equivocaron. No estaban preparados para experimentar a los dementores de primera mano.
6
Harry, Charlus y Neville se sentaron en el gran comedor. Sus rostros estaban pálidos y todavía temblaban un poco., especialmente Neville, quien de hecho sostenía una barra de chocolate en la mano. Justo después de que los dementores bajaran del expreso de Hogwarts, los prefectos recorrieron los carros ofreciendo barras de chocolate a los alumnos.
—No sé cómo nadie ha echado al ministro —se quejó Charlus—. ¿A quién se le ocurre poner a esas cosas en el tren?
No pudo quejarse por más tiempo, ya que justo en ese momento entró la profesora McGonagall escoltando a los de primer año. La mayoría de ellos se veían asustados y temblorosos.
—No sé si es por esa cosa del tren, o sólo por la selección —comentó Dean Thomas.
—Ustedes no se veían muy diferentes —comentó Fred Weasley.
—Los de primero siempre son tan pequeños y asustados, como ratoncitos —agregó George.
El Sombrero Seleccionador cantó su canción para ese año, y luego la profesora comenzó a llamar a los alumnos de primero para la selección.
Ese año había casi el doble de alumnos que en los cursos anteriores. Esa era primera generación nacida después de la guerra. Harry recordaba haber visto las fotos de los días de colegio de sus padres, y los grupos habían sido mucho más amplios. Antes de la guerra, Hogwarts solía tener alrededor de mil estudiantes, en la actualidad a penas si llegaban a los cuatrocientos.
La selección terminó y el profesor Dumbledore se levantó para hacer los anuncios pertinentes, y dar una advertencia muy sombría sobre los dementores y porque no había que acercarse a ellos.
—Pasando a temas más amables —dijo el anciano—, es para mí un placer presentarles a su nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, el profesor Remus Lupin.
El comedor se llenó de aplausos, especialmente de los gemelos Potter.
—Por fin un profesor que sabe lo que hace —dijo Harry aliviado.
—¿No es ese tu tío? —preguntó Hermione, quien lo recordó de la cena de cumpleaños de los gemelos.
—Sí —respondió Harry—, además es el padrino de Charlus. Tiene una maestría en defensa.
Hermione pareció interesada respecto a eso último, pero ninguno de sus amigos comentó más al respecto. Tendría que investigar sobre el tema en la biblioteca.
7
Harry tuvo razón. La primera clase con Remus rápidamente se convirtió en la preferida de todos los alumnos. Se trató de un boggart. Fue realmente divertido ver como la criatura era ridiculizada una y otra vez por los alumnos.
Eso hasta que fue el turno de Charlus. Remus no le permitió que se enfrentara al boggart. Se interpuso entre ambos y la criatura se transformó en una esfera luminosa de color blanco, la cual Remus rápidamente volvió a encerrar en su baúl.
—Se terminó la clase —anunció a pesar de que todavía quedaban veinte minutos—. Lean el capítulo sobre los boggart de su libro de texto y escriban un ensayo de un metro sobre ellos. Pueden retirarse.
Los alumnos salieron de la sala de profesores, dónde se llevó a cabo la clase práctica, comentando extrañados sobre que podía ser esa esfera.
Charlus se quedó atrás mirando fijamente el baúl donde estaba el boggart.
—¿Estás bien? —preguntó Remus acercándose a su ahijado honorario.
—Sí —respondió tras dudar un momento.
Remus suspiró.
—¿Entiendes por qué no deje que lo enfrentaras?
—Temías que apareciera quien-tú-sabes.
Remus asintió con la cabeza.
Charlus miró el baúl un momento más. Luego, se despidió de Remus y salió para ir a su dormitorio a recoger las cosas para su siguiente clase.
8
La semana transcurrió normalmente. Harry y Neville tuvieron sus primeras clases de Runas Antiguas y Aritmancia. Charlus y Ron las suyas de Adivinación y Cuidado de Criaturas Mágicas. Y Hermione, bueno, ella tomó absolutamente todas las clases opcionales.
—¿Estás segura de que puedes con ese horario? —le preguntó Harry el viernes cuando la vio llegar a la biblioteca cargada con al menos una docena de libros.
—Por supuesto.
Ron miró a Hermione con el ceño fruncido.
—¿Cómo te las arreglas para ir a todas las clases? Runas Antiguas y Cuidado de Criaturas Mágicas son a la misma hora.
Hermione cambió de tema rápidamente para no tener que responder la pregunta de Ron.
—Hagrid estaba algo triste —dijo Charlus sentándose junto a su gemelo—. Pensó que tomarías su clase.
Harry pareció un poco afectado.
—Me disculparé con él —prometió.
Charlus frunció el ceño, antes de que Ron llamara su atención sobre la tarea de Adivinación.
Una hora más tarde, Harry y Neville se despidieron de ellos. Aprovechando que tenían una hora libre antes de la cena, decidieron probar algo. Volvieron a su dormitorio, sacaron sus discos de duelo y, cerciorándose de que no había nadie que los interrumpiera, los encendieron.
Para su sorpresa, parecían funcionar perfectamente.
—Realmente funcionan —dijo Neville sorprendido—. No debería…
—Hay que probar en un duelo.
Guardaron los discos en sus mochilas y se apresuraron a ir al aula que el director les prestó para su Club de Duelistas. La primera reunión no sería hasta el día siguiente por la tarde, así que no debería haber nadie allí.
Afortunadamente era un aula amplia, de techo alto y pocos pupitres. Hicieron estos últimos a un lado para despejar el centro de la habitación.
Volvieron a encender los discos de duelo, pusieron los mazos en las ranuras y se pararon uno frente al otro.
—¡Duelo! —gritaron al tiempo que oprimían el botón de inicio. Los discos se sincronizaron y la pantalla LCD parpadeó mostrando los Puntos de Vida establecidos en los 4000 estándares.
—¿Funcionan? —preguntó Neville.
—Sólo hay una forma de probarlo. ¡Es mi turno! ¡Robo! Invoco a «Mago Blanco Pikeru».
Frente a Harry se manifestó una niña de unos ocho años. Vestía una túnica blanca y un gorro con forma de oveja, bajo el cual salían dos coletas de cabellos rosas. Llevaba también un báculo de mago en color blanco.
Harry y Neville se miraron sonriendo.
—Al parecer eso lo confirma —dijo Harry—. ¿Continuamos el duelo?
—Somos duelistas, ¿no? —El holograma de Pikeru asintió con fuerza, como dando la razón a Neville.
Harry sonrió y continuó su turno.
9
El año prosiguió de forma tranquila. Salvo por los dementores que paseaban por los terrenos del castillo todas las noches, así que los alumnos hacían todo lo posible para estar dentro del castillo antes de la puesta del sol.
Las clases de japonés de Harry progresaban bien, supervisadas por Remus. Harry tomó la costumbre de bajar al Gran Comedor temprano, para estar allí justo a las siete, la hora en que se servía el desayuno. Comía en media hora y gastaba el resto de su tiempo, antes de tener que ir a su primera clase, en practicar la escritura en japonés gracias a los libros de texto que Hermione compró para él.
—Me alegra ver que los libros te estén ayudando.
—Sí, gracias de nuevo por conseguirlos.
Hermione hizo un gesto con la mano para restarle importancia. De hecho, por curiosidad, ella misma había probado leer el primer capítulo de uno de los libros y trató de hacer algunos ejercicios. Su trazo no era tan bueno como el de Harry, al parecer las habilidades de Harry en el dibujo lo ayudaban a trazar mejor las «letras» japonesas y los Kanjis.
Neville también comenzó a estudiar los libros.
—¿Por qué molestarse en estudiar más? —se quejó Ron—. ¿No te basta con el trabajo escolar?
—Oh, por favor, Ronald. Deberías de aprender del ejemplo de Harry. Nunca está de más aprender a hablar otro idioma.
—¿Para qué? —preguntó Charlus. Hermione lo fulminó con la mirada—. Me refiero a ¿por qué japonés?
Harry levantó la mirada del cuaderno especial que compró para practicar su escritura en japonés, y miró a su gemelo un momento como tratando de deducir si era sincero.
—Sólo me pareció interesante —respondió por fin—. Además, los mejores duelistas del mundo son japoneses.
Charlus frunció el ceño.
—¿Es por eso? Todo para ese estúpido juego muggle.
—¡El duelo no es estúpido! —le espetó Neville.
—Si lo es —replicó Ron—. Las cartas no hacen nada: no hay explosiones, no bañan con líquidos pegajosos a los jugadores, ni dan malos consejos como en ajedrez mágico.
—No entiendes el duelo —dijo Harry—. ¿Quieres ver cuál es la verdadera emoción del duelo?
Ron lo miró burlón.
—¿Por qué querría ver como juegan con esas aburridas cartas muggles?
—Esta noche, en el aula del Club de Duelistas, Neville y yo te mostraremos el verdadero duelo. Vayan al aula del Club una hora antes de la cena.
10
Unos minutos antes de la hora de la cita en el aula del Club, Neville y Harry se encontraron allí para preparar sus mazos.
—¿Estás seguro de esto?
Harry barajó su mazo antes de contestar.
—No lo sé.
Durante el último mes habían disfrutado ser los únicos estudiantes que sabían que los discos de duelo funcionaban en Hogwarts. No estaba seguro de si quería decírselo a otros. Al menos no había mencionado nada a ninguno de los otros duelistas del Club. Tampoco es que fueran muchos. Más de la mitad de los integrantes no volvieron después de los acontecimientos del año anterior, incluso cuando quedó demostrada la inocencia de Harry.
Más tarde, Harry se daría cuenta de que sólo quería que Charlus intentará comprender por qué quería ser un duelista.
No hubo más tiempo para dudas. Charlus, Ron y Hermione entraron al aula.
Harry y Neville se pusieron de pie. El centro del aula estaba despejado para el duelo.
—¿Discos de duelo? —preguntó Hermione con la ceja alzada.
—Los aparatos muggles no funcionan en Hogwarts —agregó Charlus con tono presumido.
Neville y Harry se miraron un momento, sonriendo.
—Oh, normalmente sería así —dijo Neville divertido.
Ron mantuvo una mirada aburrida en su rostro. Luego pasó al asombro cuando el «Lord Veneno» de Neville cobró vida a través de los hologramas.
—¿Cómo…? —preguntó Hermione sorprendida—. ¡Los aparatos muggles no deberían funcionar en Hogwarts!
—No lo sabemos —admitió Harry antes de comenzar su turno—. De hecho, lo descubrimos por error.
Ron miró con asombro como las plantas y las bestias de Neville cobraban vida, mientras Harry las enfrentaba con sus magos y sus guerreros. Jugada tras jugada, su asombro no hacía más que crecer.
—Wow —susurró cuando la última carta se jugó—. ¿Cómo hacen eso? ¿Es magia?
—No es magia —dijo Hermione—. Son hologramas, creados por tecnología muggle.
Miró a Harry y a Neville con suspicacia.
—¿Cómo lograron que funcionara? —les preguntó mientras se cruzaba de brazos.
—No hicimos nada —contestó Neville—. Lo dijo Harry: descubrimos por accidente que los discos funcionan incluso en ambientes cargados de magia.
—Eso no debería ser posible —dijo Charlus—. Ustedes tuvieron que hacer algo.
—Oh, claro —respondió Harry con sarcasmo—. Dos alumnos que apenas comienzan su tercer año en Hogwarts de alguna forma lograron que los aparatos muggles modernos funcionaran en Hogwarts, e incluso se conectaran al satélite.
Charlus sólo se molestó más con esa respuesta.
Hermione, emocionada, le pidió a Harry que le prestara el disco de duelo. No parecía haber nada extraño. No había ninguna runa o cualquier cosa que indicara que el disco de duelo usaba magia de algún tipo.
—Seto Kaiba realmente es un genio —dijo finalmente.
—¿Quién? —preguntó Ron.
—El muggle que creó los discos de duelo —aclaró Neville.
—Exactamente. No sé cómo, pero se las arregló para crear tecnología que puede superar a la magia.
—Oh, por favor —se burló Charlus—. ¿En serio crees que un muggle pudo superar a la magia? ¡Los muggles no son tan listos!
Hermione frunció el ceño.
—No estés tan seguro hermano —intervino Harry—. Los muggles han logrado cosas tan increíbles que lo sorprendente es que no sean magia. He estado en el Mundo Muggle, he visto lo que han hecho. Los hologramas de los discos de duelo son sólo la punta del iceberg.
Charlus no parecía muy contento con eso.
11
Hermione formuló toda clase de teorías sobre porque funcionaban los discos de duelo en Hogwarts. Hasta ahora, su principal conjetura, era que Seto Kaiba debía de ser un mago que de alguna forma había logrado combinar la magia con la tecnología.
Harry no lo creía. Es decir, estaba seguro de que había algo de magia en todo el asunto, pero dudaba que tuviera que ver con que Kaiba fuera un mago. No sabía cómo funcionaba el Japón Mágico, ya que a diferencia de su contraparte muggle, no abrieron sus fronteras a occidente. De hecho, hasta donde sabía, los magos occidentales que viajaban a Japón debían mantenerse exclusivamente en el Japón Muggle y los magos japoneses los vigilaban todo el tiempo para asegurarse de que no intentaran ir a lugares prohibidos. O al menos eso es lo que había escuchado desde que comenzó a investigar para cuando ingresara a la Academia Central.
Volviendo a los discos de duelo, Harry se las arregló para convencer a Hermione de mantener eso en secreto de momento. No quería que los discos de duelo fueran confiscados. De hecho, por temor a esto, Neville y él los mantenían en sus baúles. No era fácil superar la tentación de tomarlos y tener un duelo.
Respecto a la vida en Hogwarts, esta continuó como de costumbre.
De alguna forma, Draco Malfoy se las arregló para molestar a un hipogrifo, y ahora el pobre Hagrid estaba metido en problemas con el departamento de Control de Criaturas Mágicas del Ministerio de Magia. Esto hizo que Hermione dejara de lado el misterio de los discos de duelo para ayudarlo a preparar la defensa.
El primer partido de Quidditch del año fue Gryffindor contra Huffepuff. Debió ser contra Slytherin, pero estos lograron cambiar la fecha de su partido porque, supuestamente, Draco todavía no estaba bien. Claramente una mentira, pues el tipo de herida que sufrió era de esas que Madame Pomfrey resolvía con un simple paso de su varita. El partido terminó en desastre cuando los dementores entraron al campo y provocaron que Charlus cayera de su escoba.
Luego de ese partido desastroso, Sirius y James trataron de obsequiarle una Saeta de Fuego; hasta que Lily les prohibió hacerlo, ya que consideraba que Charlus era aún muy joven para una escoba tan veloz como esa. Esto por supuesto no tenía muy feliz a Charlus, quien recibió una Nimbus 2001, igual a las escobas del equipo de Slytherin.
Llegó el primer viaje a Hogsmeade y los gemelos Potter se quedaron dentro del castillo. Charlus estaba molesto por esto. Harry aprovechó para estudiar un poco más de japonés, hasta que Remus Lupin los invitó a tomar el té de la tarde en su oficina.
Para sorpresa de Harry, Charlus solicitó que les enseñara una forma de defenderse de los dementores.
—No me gustó estar indefenso ante ellos —explicó—. Si vuelven y me atacan, quiero estar listo.
Remus les habló entonces del encantamiento patronus y prometió darles lecciones sobre su uso. Por supuesto, las lecciones no serían de inmediato. Al ser magia avanzada necesitaba tener primero el permiso de sus padres, su jefa de casa y el director.
Mientras esperaban el momento de esas lecciones, el otoño llegó. La fiesta de Halloween transcurrió sin ningún incidente de importancia; aunque la alerta lanzada por la fuga de Peter Pettigrew llegó a un punto muy alto a mediados de noviembre, cuando se reportó que se le había visto a menos de cien kilómetros del colegio, lo cual provocó que los dementores estuvieran especialmente activos, para disgusto de los habitantes de Hogsmeade y los profesores del colegio.
Con el invierno cada vez más cerca, Hogwarts se cubrió de nieve. Los alumnos estaban cada vez más emocionados por las vacaciones de Navidad. Harry, por su parte, estaba impaciente por la llegada de diciembre por otro motivo.
Durante los últimos meses, Harry sentía que había avanzado mucho en sus clases de japonés, así que tuvo una idea. En los libros de texto que Hermione compró por él se hablaba de un examen estandarizado que era llevado a cabo por varias asociaciones educativas de Japón, con apoyo de la embajada de dicho país en Inglaterra, el NOKEN. Según el libro, en Inglaterra se llevaba a cabo dos veces al año: en diciembre, el segundo sábado del mes; y en julio. De acuerdo con los test de autoevaluación del libro —que en realidad hizo con ayuda de Hermione para no estar tentado a hacer trampa y ver las respuestas— sabía suficiente para solicitar el nivel cinco de dicho examen (el más básico) e incluso el cuarto nivel.
Harry comenzó a escribir a sus padres solicitándoles que le permitieran acudir al examen. James en un principio se quejó con tono infantil de que su hijo quisiera presentarse por voluntad propia a un examen. Lily, si bien estaba feliz de que Harry quisiera aprender más, no estaba feliz de los motivos obvios detrás de esto.
Al final, Lily aceptó. Solicitó una reunión con el director Dumbledore y la profesora McGonagall, ya que era la jefa de su casa, para solicitar el permiso de salida la mañana del sábado en que se llevaría a cabo el examen, para acudir a él.
Harry sabía que su madre esperaba que se rindiera con su idea de asistir a la Academia de Duelos; pero le alegraba que al menos lo apoyara en su deseo de aprender otro idioma.
El 13 de diciembre, Harry se presentó en una habitación en el Colegio Japonés de Londres para presentar su examen. Había personas de todas las edades, aun así, Harry era el menor. El examen duraba entre dos y tres horas, compuesto por una parte escrita para gramática y una oral para vocabulario. Para ser el examen básico, tenía realmente un nivel alto de dificultad. Debía de serlo, tomando en cuenta que era un examen certificado que incluso era tomado en cuenta para admitir estudiantes extranjeros de intercambio, e incluso era un requisito para obtener una visa de trabajo en Japón.
Recibiría los resultados en enero. Francamente, tenía confianza de haberlo hecho bien.
Las vacaciones de Navidad, igualmente transcurrieron de forma normal. Harry y Neville aprovecharon las vacaciones para dejar sus discos de duelo en casa. No querían verse tentados a usarlos en el colegio y que los profesores se enteraran. Sus instintos como duelistas, por así decirlo, les indicaban que era mejor mantener eso para sí mismos. Afortunadamente, Hermione parecía haberse olvidado del tema de momento. Y Charlus y Ron no parecían interesados en delatarlos.
12
Con la llegada de enero, Charlus comenzó sus lecciones para defenderse de los dementores con su padrino. Harry asistió a un par de ellas, pero pronto se vio superado por tareas cada vez más complicadas en sus clases, así que optó por retirarse. No sabía cómo Hermione se las arreglaba considerando que había tomado todas las clases optativas.
Por otro lado, Hagrid estaba realmente triste dado que la sentencia fue desfavorable para su hipogrifo. Hermione estaba segura de que podía apelar, e incluso convenció a Charlus de escribir a su padre en busca de consejo.
A mediados del mes, Harry recibió los resultados del NOKEN. Tenía el certificado del nivel básico de japonés.
—Un paso más cerca —dijo a Neville mientras estaban reunidos en la biblioteca para hacer su tarea de Defensa.
—¿De verdad vas a hacerlo?
—Sí, quiero ser profesional. Y siento que la Academia Central es el mejor lugar para comenzar.
—Está muy lejos, al otro lado del mundo. Sé que mi abuela no me daría permiso de hacerlo. De hecho, me gritaría por deshonrar a la familia.
Harry sonrió amablemente a su amigo. Su familia ponía demasiada presión sobre él. Ni siquiera Charlus, siendo el heredero Potter y el Niño-qué-vivió, tenía tanta presión como Neville.
—Si pudiera, creo que yo también lo intentaría. Seguro me iría mejor que en Hogwarts.
Miró su varita con el ceño fruncido. Se esforzaba, pero no podía hacer que la varita respondiera como quería. Su abuela estaba decepcionada por esto, incluso había insinuado que era un milagro que lo hubieran aceptado en Hogwarts siendo casi un squib.
Neville apretó la varita en su mano. ¿Por qué seguía intentando ser un mago? Al menos en los duelos de verdad era bueno, no se sentía como un inútil cuando sostenía un disco de duelo. Como mago era un fracaso: no podía hacer el menor conjuro, en pociones siempre derretía los calderos y no era capaz de volar en una escoba ni siquiera para salvar su vida.
—Escribiré al tío Algie —dijo de pronto. Algie era el regente actual de la familia Longbottom, y de no ser por él sería nombrado Lord Longbottom. Tal vez decepcionaría a su abuela, pero, si no era bueno como mago, entonces intentaría ser un duelista.
Claro, no dijo todo eso a Harry. No al menos hasta que supiera que era una verdadera posibilidad. Sin embargo, tenía la intención de hacer eso realidad: sería un duelista profesional con su mejor amigo.
13
Los partidos de Quidditch se reanudaron con el enfrentamiento de Ravenclaw contra Gryffindor. Lo cual terminó en un castigo para los Slytherin, luego de que algunos de ellos jugaron una broma disfrazándose de dementores.
Al menos la broma sirvió para que Charlus probara su patronus, logrando generar una niebla plateada, algo impresionante para un estudiante de tercero, tomando en cuenta que era un encantamiento de nivel EXTASIS.
El segundo viaje a Hogsmeade sucedió en febrero, justo el fin de semana antes del día de san Valentín.
Esta vez fue diferente para los gemelos. De alguna forma, al parecer con ayuda de los gemelos Weasley, Charlus se las arregló para escapar del colegio.
Por supuesto, esto no dejó feliz a Hermione, quien pasó un largo rato despotricando sobre lo inmaduro e irresponsable que fue eso de su parte.
—Charlus siempre es así —le explicó Harry—. Si le dices que algo está prohibido, más ganas tendrá de hacerlo. Como un niño pequeño. En ese sentido, es igual a papá.
—Hay un asesino suelto, uno pensaría que tendría más sentido común.
Hermione se sentó en el sofá frente a ellos. Estaban ocupados con los libros de texto de japonés.
—¿También estudias japonés, Neville?
Neville alzó la mirada de su libro y le sonrió nerviosamente.
Hermione los miró un rato con actitud pensativa.
—¿Por qué de pronto están tan empeñados en saber japonés?
—Por el duelo —le respondió Harry con honestidad.
—¿El duelo?
—Las mejores ligas están en Japón —aclaró Neville—. Y los mejores duelistas del mundo son japoneses: Yugi Muto, Seto Kaiba, Katsuya Jonouchi y Mai Kujaku.
—No me parece que sea una razón suficiente.
Harry se encogió de hombros. Luego, tras pensarlo un momento, decidió explicar sus planes:
—Yo… tal vez no haga mi quinto años en Hogwarts.
Hermione abrió la boca como si acabara de escuchar un cuento de horror.
—¡Harry, ese año son los TIMOS! Es muy importante para un mago…
—Quiero transferirme a la Academia de Duelos —la interrumpió Harry—. Yo… realmente no sé si quiero hacer una vida en el Mundo Mágico. Desde que conocí el duelo siento que ese es el camino que debo seguir. Esos momentos en que estoy en una arena frente a un oponente, cada vez que juego mis cartas…
Harry cerró los ojos y respiró profundamente.
—Quiero ser un duelista profesional.
Hermione lo miró un momento antes de responder.
—Puedes serlo tras graduarte de Hogwarts.
—No en Japón —respondió Neville—. Es graduarse de la Academia o nada.
—Hermione, ¿nunca sentiste que no encajabas en un lugar?
¿No encajar? Sí, Hermione sabía de eso. Básicamente eso fue toda su vida. Hasta que llegó su carta de Hogwarts y la profesora McGonagall fue a explicarle que era una bruja. Cuando entró por primera vez al Mundo Mágico fue como si algo hiciera clic en su cabeza. Como volver a casa después de un largo viaje.
—Creo que lo entiendo —dijo finalmente—. Aunque no sé por qué un mago querría dejar el Mundo Mágico. ¿No puedes ser duelista después de graduarte en Hogwarts? Es decir, podrías entrar en la liga europea. ¿Por qué irte a Japón?
Harry pareció pensarlo un poco.
—No es que quiera dejar el Mundo Mágico, es decir, nací y crecí en este mundo. Es lo único que he conocido. Pero, el duelo se siente… diferente. Es como… como si no fuera el Mundo Muggle, pero tampoco el Mundo Mágico, sino algo más… Un tercer mundo.
Hermione lo pensó un momento antes de responder:
—No sé si lo entiendo, pero si es lo que quieres, entonces suerte. Te apoyaré cuanto pueda.
—Muchas gracias —respondió Harry.
14
El resto del invierno se fue sin ninguna novedad, al igual que el comienzo de la primavera. Pettigrew fue visto alejándose hacia el sur, así que el ministerio rebajó la presencia de los dementores un poco, lo cual fue un alivio para los residentes de la zona y el colegio.
Las vacaciones de primavera llegaron. Casi nadie volvió a casa para esos días, todos más ocupados en prepararse para los exámenes que serían pronto. Charlus además porque Wood quería aprovechar el tiempo libre para practicar un poco más. Era su último año en Hogwarts y quería llevarse la copa. Si vencían a Slytherin, sería una realidad. Charlus estaba de acuerdo con él.
Neville, por su parte, decidió volver a casa. Dijo que tenía que hablar con su tío Algie, pero no exactamente sobre qué. Al regresar, había conseguido su propio curso mágico de japonés y se dedicó de lleno a aprender el idioma.
Con la llegada de abril, Hermione parecía cada vez más agotada. Entre su horario sobrecargado, ayudar a Hagrid a preparar la apelación y, de vez en cuando, ayudar a Harry y Neville en sus lecciones, estaba claro que estaba sobrepasada. Finalmente estalló durante Adivinación, la cual abandonó a mitad de una clase.
—¡Es un fraude completo! —dijo—. No sé cómo el director Dumbledore puede mantener una clase que a todas luces es una pérdida de tiempo.
—No sé si lo notaste, Hermione, pero Dumbledore está un poco chiflado —respondió Harry.
—No deberías ser tan irrespetuoso —dijo Hermione sorprendida por eso.
—No puedes negar que eso es una verdad a medias —agregó Neville—. No es extraño: algunos de los magos más poderosos de la historia no han sido precisamente del todo cuerdos.
Hermione no parecía muy conforme.
—Lo dijiste la noche que fuimos por la piedra: a los magos les falta sentido común —le recordó Harry—. Sobre la adivinación, es complicado. Según mi madre, sólo una persona en varias generaciones puede ver el futuro de forma consciente. La mayoría de los videntes no pasan de ser como los gitanos muggles: humo y espejos.
—¿Ven? A eso me refiero: ¿para qué mantener una clase que prácticamente no sirve para nadie? Si la adivinación es un talento que no puede ser enseñado, entonces la clase debería irse. Podrían ocupar el espacio para algo mejor, como la alquimia.
—La alquimia es de nivel EXTASIS —le respondió Harry—. Sólo se da en Hogwarts cuando más de tres estudiantes se interesan en aprenderla, y siempre y cuando obtengan notas máximas en pociones, transfiguración, encantamientos, astronomía, herbología, aritmancia y runas.
Hermione lo sabía, por supuesto. Y también, gracias a Hogwarts, una historia, sabía que no había sido impartida en Hogwarts desde hacía más de cien años.
—¿Has investigado al respecto? —le preguntó Hermione sorprendida de que Harry supiera tantos detalles.
—Mamá quería tomar la clase, pero no había suficiente interés. Y tras graduarse, bueno, con la guerra en pleno apogeo, era difícil que los nacidos muggle consiguieran a un maestro interesado en arriesgarse o que no temiera a las represalias de los mortífagos.
Hermione frunció el ceño con molestia. Era el tipo de detalles del Mundo Mágico que no terminaban de agradarle. Desde el incidente con Draco en segundo año, había prestado un poco más de atención a los otros estudiantes. Para su sorpresa, esa discriminación parecía no ser sólo de Slytherin. A veces incluso entre los Gryffindor notaba cierto desdén hacia los estudiantes nacidos muggle o que seguían manteniendo las tradiciones muggles tas ingresar al mundo mágico o por ser mestizos, no tan marcado, pero a fin de cuentas allí. Lo cual era especialmente evidente con la afición al duelo por parte de Harry y Neville, la cual era vista con burla o incluso molestia por sus compañeros criados completamente en el Mundo Mágico.
15
La apelación de Hagrid falló y el hipogrifo fue condenado a muerte. La ejecución se programó justo la tarde del día del último examen del año. Harry, Charlus, Neville, Ron y Hermione fueron a verlo, sólo para que su amigo semi-gigante los echara. No quería que vieran aquello.
Harry y Neville decidieron volver de inmediato al castillo. El Club de Duelistas tendría una reunión esa tarde para relajarse después de los exámenes con un pequeño torneo.
Harry estaba terminando su último duelo cuando sintió mucha inquietud. Terminó rápidamente con un combo no muy espectacular, pero al menos efectivo, y luego salió del aula lo más pronto posible seguido de Neville.
—¿Pasa algo?
—No sé, sólo… siento que algo está mal.
Ya había oscurecido y la luna llena brillaba con todo su esplendor sobre el castillo. Entonces lo escuchó: un aullido que le hizo encogerse de miedo.
Harry corrió, siguiendo su instinto, el mismo que le había guiado en sus dos enfrentamientos con Voldemort. Llegó a la enfermería y para su sorpresa encontró a Charlus inconsciente, mientras una llorosa Hermione estaba junto a su cama, siendo consolada por Ron.
—¿Qué sucedió? —preguntó tras pasar un minuto tratando de encontrar las palabras.
Ron alzó la cabeza y lo miró con furia. Tenía los ojos enrojecidos por el llanto.
—Pettigrew —gruñó por lo bajo.
Harry sintió que las piernas no podrían sostenerlo. Afortunadamente, Neville se dio cuenta y lo ayudó a sentarse en una de las camas.
—Él está… —comenzó Harry, pero no pudo terminar.
Hermione negó con la cabeza.
—No está muerto. —Su voz salió ronca y congestionada por el llanto—. Recibió una maldición, pero… despertará pronto. —Lo último lo dijo en voz baja, como si en realidad estuviera repitiéndolo para convencerse de que sería así.
Harry asintió lentamente, no muy convencido.
Las puertas de la enfermería se abrieron y entraron la Profesora McGonagall, el profesor Dumbledore, Madame Pomfrey y Snape.
—Señor Weasley, Señorita Granger —habló la profesora con un tono de voz que carecía de la severidad usual. Luego reparó en los otros dos alumnos allí—. Señor Potter, Señor Longbottom, me temo que tendré que pedirles que salgan.
Al ver que parecía que querían replicar, Madame Ponfrey intervino con su voz de medimaga severa:
—Deben dar espacio al profesor Snape para revisar el estado del Señor Potter.
Harry asintió lentamente. Tal vez Snape fuera un profesor odiado por los estudiantes en general, excepto Slytherin, y uno que los odiaba especialmente a ellos, pero sabía que era posiblemente el mejor allí para tratar con una maldición… sobre todo si era magia oscura. Aunque, eso le hizo preguntarse dónde estaba Remus. No podía creer que Charlus estuviera en la enfermería y él no estuviera allí.
Por supuesto, el aullido que escuchó cuando iba hacia ese lugar era toda la respuesta que necesitaba.
Los cuatro se recargaron en el muro fuera de la enfermería. Los adultos sellaron la puerta con magia y lanzaron hechizos de privacidad.
—¿Qué sucedió? —preguntó Harry.
—Tal vez si hubieras estado allí, en lugar de…
—¡Ronald!
El pelirrojo refunfuñó por lo bajo. Mientras Harry sólo quería hacerse pequeño.
Hermione se secó las lágrimas de los ojos antes de responder.
En pocas palabras, Pettigrew se las arregló para pasar a los dementores y entrar al colegio. Secuestró a Charlus y lo llevó a la Casa de los Gritos a través de un túnel secreto bajo el Sauce Boxeador del jardín. El profesor Lupin llegó a rescatarlos, y logró, con ayuda de Charlus, detener a Peter Pettigrew.
Desafortunadamente, era luna llena y Remus olvidó tomar su poción. Fue una suerte que el profesor Snape llegara a tiempo y lanzara una maldición de conjuntivitis al hombre lobo, lo cual lo distrajo lo suficiente para que ellos escaparan.
Para su mala suerte, esto también dio tiempo a Peter de escapar, no sin antes arrojar una maldición a Snape la cual golpeó a Charlus por error.
16
Charlus despertó dos días después. Por suerte la maldición, lo que fuera, pudo ser revertida.
Sus padres estaban allí, al igual que Harry, el tío Sirius y su padrino…
Pero no sabía cómo sentirse al respecto a esto último. No después de lo que Peter le había dicho. La verdadera razón por la que Voldemort los atacó, la razón por la que él tuvo que venderlos al enemigo.
—La voluntad de la Luz es su muerte —dijo—. Voldemort sólo era un peón. Pero, Charlus, no tienes que morir. La Luz me lo ha dicho. Mi querido ahijado, ¿no lo ves? Es Harry quien debe morir, antes de que la Oscuridad logre consumirlo completamente.
Peter debía de estar loco. ¿Harry un mago oscuro? ¿Voldemort únicamente buscaba eliminar competencia? No tenía sentido pensar que Harry…
Por supuesto, él no dijo nada de esto a sus padres o a sus profesores. Eran los desvaríos de un loco que estuvo demasiado tiempo expuesto a los dementores. No había razones para preocuparse, ¿verdad?
Sin embargo, dentro de él otra idea se estaba desarrollando: si resultaba que había algo de verdad en lo dicho por Peter, entonces correspondería a él lidiar con Harry si este se iba por el lado oscuro. Harry era su hermano, pero él era el Niño-que-vivió, su deber era proteger al Mundo Mágico de los magos oscuros, incluso si el enemigo en cuestión era su hermano gemelo.
Lejos de allí, la Luz de la Destrucción sonrió satisfecha.
