Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi, Shueisha y Konami.
Capítulo 7
Punto sin retorno
1
El Ministerio de Magia Británico retiró a los dementores de Hogsmeade y los alrededores de Hogwarts, cuando su homólogo francés avisó de un desagradable encuentro entre un escuadrón de sus aurores y Peter Pettigrew en Auvernia. Peter se las arregló para matar a tres y dejar en estado crítico a dos más antes de convertirse en rata y escapar. En los meses siguientes, tras reportes de avistamientos en Marsella en a comienzos de julio y a mediados de julio, en el norte de Italia, el Ministerio se permitió un respiro al respecto.
Para el Ministro fue un verdadero alivio, pues lo menos que quería era tener que lidiar con un mortífago suelto en el país mientras se llevaba a cabo la Copa Mundial de Quidditch. Con las noticias de que Peter estaba cada vez más lejos de Gran Bretaña, moviéndose siempre hacia el este del continente, todos los recursos del Ministerio fueron movidos para apoyar la seguridad en el campamento de la Copa Mundial.
Para la familia Potter el resultado fue algo agridulce. Por un lado, Remus, sintiéndose culpable en gran parte de lo ocurrido a Charlus, decidió renunciar a su puesto como profesor de defensa. No importó cuanto hablaron con él para intentar convencerlo, Remus estaba decidido a mantenerse alejado de la escuela y sus estudiantes. Por el otro, por fin las medidas de seguridad se relajaron, y tanto Charlus como Harry fueron libres de pasar unas vacaciones sin tantas restricciones para salir de casa.
Harry y Neville volvieron a la tienda de juegos local, tras más de un año de no haber estado allí y rápidamente se empaparon de las noticias respecto a las nuevas expansiones de cartas que salieron ese año, información sobre torneos y alguna que otra curiosidad relacionada con el duelo. Harry en especial estaba feliz de saber que había nuevo soporte para algunos de sus monstruos. Debido a esto, pasó largas horas ajustando su mazo y probando que tan bien funcionaba participando en algunos torneos locales.
Por fortuna, pudo volver a inscribirse para el torneo regional, y estaba más que decidido a participar también en el nacional, con la meta de poder regresar al Mundial Juvenil ese año. En su opinión, estar un año lejos era más que suficiente.
De igual forma, avanzó en sus estudios de japonés, presentando el cuarto nivel de NOKEN. Para poder aplicar para la Academia de Duelos Central debía llegar mínimo al tercer nivel, es decir, el intermedio. Harry estaba dispuesto a intentar llegar al segundo nivel; aunque, por lo que podía ver, el curso que ofrecía el Ministerio no sería capaz de llevarlo tan lejos.
Neville, por su parte, se las arregló para convencer a su abuela de permitirle llevar a cabo la evaluación para el quinto nivel.
Harry, a su vez, todavía tenía que ver la forma de ponerse al día con sus estudios muggles. Era una suerte que las clases básicas que su madre les dio a él y Charlus cubrían perfectamente todo el nivel de primaria. Pero tendría que ver como certificar su educación secundaria. Estaba también el problema de la diferencia de grados escolares. La secundaria en su país iba desde los once o doce años hasta los dieciséis. En Japón, por otro lado, era de los doce a los quince años. Sí quería entrar con su grupo de edad a la Academia, significaba que tendría que adelantar dos años, así que tendría que esforzarse para recorrer más camino en menor tiempo, considerando que ya estaba atrasado con respecto a los chicos muggle de su edad.
Por supuesto, Charlus pensaba que estaba loco por querer estudiar más de lo que ya necesitaba para el colegio. James estaba de acuerdo con él, y así lo hizo saber una mañana de julio durante el desayuno:
—Deberías disfrutar un poco más ahora que tienes tiempo —le dijo—. Cuando sea la hora de prepararte para tus TIMOS y tus EXTASIS desearás tener todo el tiempo libre que tienes ahora para relajarte con tus amigos.
—Normalmente no estaría de acuerdo con tu padre, tratándose de estudios, pero esforzarse de más tampoco es bueno.
Oh, eso era nuevo: su madre pidiéndole que le bajara al ritmo a los estudios. Por supuesto, podía intuir la razón. Ella todavía no estaba convencida de que abandonar Hogwarts e ir a la Academia de Duelos fuera lo mejor para Harry. «Un mago debe aprender a manejar su magia», le dijo en otra de sus discusiones anteriores al respecto.
—Estudiar tanto es de locos —dijo Charlus por su parte, con su habitual falta de tacto—. Cada vez te pareces más a Hermione.
—Lo dices como si fuera algo malo —se quejó Harry.
—¿No viste como estaba de estresada al final del ciclo?
Harry lo había visto, no era ciego. El último mes, antes de los exámenes finales, Hermione estaba pálida, ojerosa y parecía que en cualquier momento iba a colapsar. Cuando abandonó adivinación se notó una mejoría, pero no la suficiente. El penúltimo día del curso, pasada toda la conmoción del ataque de Peter Pettigrew, la profesora McGonagall habló con ella y la convenció de renunciar a la mayoría de sus clases extra.
—Lo sé, pero de verdad quiero un certificado de educación secundaria. Es para mi futuro.
—¿Sabes que no necesitas uno de esos para conseguir un trabajo? —le inquirió su padre divertido, sin duda recordando que su esposa había estado tan desesperada por conseguir uno de esos, hasta que Alice la convenció de que podía ir con más calma luego de Hogwarts si de verdad quería completar su educación muggle.
—Sí en el Mundo Muggle —respondió Harry.
—¿El Mundo Muggle? —preguntó Charlus con burla—. ¿Por qué querrías trabajar en el Mundo Muggle? ¡Creí que seríamos Aurores como papá!
—Yo nunca estuve de acuerdo con eso…
—¡Lo prometimos!
—No fue una promesa, simplemente dijimos que sería bueno. Pero, la verdad, no es lo que quiero hacer.
Charlus lo miró como si lo hubiera traicionado de la peor forma posible.
—Charlus, está bien —dijo James, aunque sin poder ocultar que de hecho era un poco decepcionante saber que su hijo mejor ya había superado la etapa de «quiero ser como mi padre»—. Harry tiene razón. No tienen que seguir mis pasos, y cada quien puede perseguir la carrera que quiera. Es posible que incluso tú cambies de opinión…
—¡Por supuesto que no! —se apresuró a decir.
—Tienes dos años para pensarlo —agregó su madre—. No es algo que deba tomarse a la ligera. Cuando sepas lo que quieres, podrás conseguir los TIMOS necesarios y luego seguir desde allí.
—Quiero ser un Auror, no hay nada que pensar.
James sonrió mientras Lily negaba con la cabeza, divertida.
—Pero todavía no entiendo —prosiguió Charlus mirando a Harry—. ¿Por qué trabajar en el Mundo Muggle? ¡Eres un Potter!
Harry tomó aire. Quizá convencer a Charlus sería lo más difícil. Durante años soñaron con ir juntos a Hogwarts, graduarse y unirse a su padre en la lucha contra los magos oscuros. Desde que Charlus comenzó su entrenamiento, y Harry conoció el Duelo de Monstruos, sus momentos de soñar con ese futuro fueron cada vez menos frecuentes. Para cuando ingresaron a Hogwarts no hablaban más de eso en lo absoluto. Sólo ahora Charlus traía ese tema de nuevo a la mesa.
—Quiero asistir a la Academia de Duelos, seré un duelista profesional.
Lily soltó el aire. James parecía neutral, pero había una tensión en su mandíbula que indicaba que no estaba del todo conforme con esa respuesta. Podía ser el más relajado de sus padres con respecto a seguir una carrera que no fuera necesariamente académica, pero era claro que hubiera estado mejor si Harry hubiera dicho que quería ser jugador de quidditch profesional antes que dedicar su vida a un juego de cartas muggle.
—¿Estás loco? —gritó Charlus—. ¡Es una mierda de juego muggle!
—¡Charlus Fleamont Potter!
—¡No puedes estar de acuerdo con él, mamá!
—Eso no es motivo para que te expreses de esa forma. Sabes lo que pienso de usar ese vocabulario.
Charlus se mordió los labios con molestia.
—Harry —dijo James con su mejor tono paternal—, entiendo que este juego sea muy importante para ti, pero no puedes vivir jugándolo…
—Se puede. Muchos muggles lo hacen.
—¡Pero tú no eres muggle! —espetó Charlus con los brazos cruzados.
Harry suspiró y miró a su familia.
—De verdad, esto es lo que quiero hacer.
—Volvemos a lo mismo —dijo James—. Todavía tienes un par de años para pensarlo.
—Un año, en realidad, se comienza la Academia a los quince, a veces un poco antes.
—No te estás saltando tus TIMOS —reprendió Lily. Respiró profundamente para relajarse, y luego agregó—: Estarás en la escuela hasta los diecisiete, una vez que seas mayor de edad puedes decidir qué hacer. Sólo piensa bien las cosas. No queremos que tires tu futuro a la basura.
—No lo estoy haciendo, mamá.
—Basta, no discutamos más esto —pidió su padre.
Harry se hundió en la silla. Sólo desearía que su familia pudiera entender el duelo como él lo hacía.
No se dijo mucho más sobre ese tema en la casa Potter ese día. James Potter se marchó al trabajo como de costumbre, mientras que Lily se enfrascó en otra de sus investigaciones de Runas que llevaba a cabo por sí misma en el sótano. Harry recibió a Neville a eso del mediodía, y pasaron la mayor parte de la tarde en el parque jugando contra los chicos del pueblo.
Charlus, por su parte, estuvo en el patio practicando con una snitch de prueba. Durante los siguientes días se negó a hablar con su hermano.
2
El verano se deslizó con la rapidez de siempre. Llegó el cumpleaños de los gemelos Potter y se optó por hacer una fiesta un poco más íntima, aunque no tan pequeña como la cena sencilla del año anterior.
Por supuesto, con la mayoría de los presentes siendo fanáticos del quidditch, el principal tema de discusión fue el mundial que estaba por suceder en unas pocas semanas. Tanto los Potter como los Weasley tenían boletos para el evento, de los mejores, además. También aprovecharon para ponerse de acuerdo para ir a hacer las compras escolares. Incluso Hermione, a pesar de no ser muy fanática del deporte mágico, estaba más que interesada por tan esperado evento. Una gran oportunidad para conocer otras culturas mágicas, dijo.
Harry, aunque ciertamente estaba expectante al respecto, no compartía del todo el entusiasmo. Para su mala suerte, la final se llevaba a cabo justo el mismo día que la final nacional de Duelo de Monstruos. Ir al partido significaba tener que perderlo. Por otra parte, luego de la gran discusión que tuvo con su familia, y en especial tras la molestia de Charlus, lo menos que quería era arruinar eso para todos.
—No participarás en el torneo —dijo Neville esa noche, adivinando lo que Harry pensaba.
—Creo que es mejor retirarme. Además, no todos los días vasa a la final de la Copa Mundial de Quidditch, ¿verdad?
—Eso es cierto —admitió Neville—. Pero, también es tu última oportunidad de participar en el mundial juvenil.
Con la mayoría de las Academias de Duelo, y en especial las de Corporación Kaiba, estableciendo un límite de edad mínimo para la inscripción entre los quince y los dieciséis años, se optó por restringir la edad de los torneos Juveniles sólo hasta los catorce años. A partir de allí, la mayoría de los torneos se celebraban entre las Academias. Al menos en lo que respectaba a torneos oficiales. Había compañías privadas, como Grupo Manjoume, o su rival principal, Grupo Garam, que llevaban a cabo sus propios torneos amateurs para jóvenes duelistas que no estaban en las academias, o entre escuelas que no estaban dedicadas al duelo. Sin ir más lejos, el Equipo de Duelos de Eton había ganado uno de estos últimos torneos ese año.
—No hay muchas oportunidades de convivir con mi familia desde que estoy en Hogwarts —dijo Harry finalmente—. Habrá muchos torneos, pero no este momento. Es algo que no se repetirá más.
Neville entendió. Él haría lo mismo, si sus padres estuvieran con él.
Más tarde, después de que es pastel fuera partido, Harry, Hermione y Neville se sumergieron en una conversación sobre los estudios que estaban llevando. Hermione pensó que no era mala idea obtener también su certificado de secundaria, así que ella misma comenzó a estudiar, apoyándose en una guía que encontró en la red y que era usada por asociaciones de padres que preferían que sus hijos estudiaran en casa.
—Creo que es una buena forma de comenzar.
—¿No agregarás mucho más trabajo al que ya tienes? —le preguntó Neville.
—La profesora McGonagall me instó a recortar materias. Sólo tomaré Aritmancia, Runas y Cuidado de Criaturas Mágicas.
Harry asintió de acuerdo con lo último. Una lástima que ya era tarde para inscribirse a la clase de Hagrid. Tenía sus sospechas sobre como Hermione se las había arreglado para tomar todas las optativas, y si era así como lo hacía, estaba feliz de que su amiga hubiera decidido acortar su horario. Nadie debería pasar por todo ese estrés.
—Siempre me pregunté, ¿por qué tomar estudios muggle? —cuestionó Neville.
—Quería tener una mejor perspectiva sobre como los magos ven al Mundo Muggle.
Por la mueca que hizo tras decir aquello, estaba claro que no era lo que había esperado.
—Nada agradable —dedujo Harry.
—Bueno, considerando que los libros de texto no se han actualizado desde los años setenta, y que la profesora parecía desconocer cualquier nueva invención posterior al disco compacto, supongo que pudo haber sido peor.
Harry sonrió con simpatía y cambiaron el tema de conversación a otra cosa.
Finalmente se hizo de noche, y los invitados poco a poco comenzaron a dejar la casa Potter. Tanto los Potter como los Weasley, Hermione y Neville hicieron planes para reunirse la siguiente semana para ir al callejón Diagon a hacer las compras para el siguiente curso.
3
El 22 de agosto, día que se celebró la final del Mundial de Quidditch, fue posiblemente uno de los mejores días de la vida de Harry. Cierto, no había podido asistir a uno de los torneos más importantes de duelo en el año, al menos para un niño de catorce como él; pero esas horas en las que toda disputa con Charlus desapareció, valieron completamente la pena.
No hubo discusiones con su familia sobre si estaban o no de acuerdo con su proyecto de vida, no recibió miradas de dolor y traición por parte de su gemelo, e incluso el tío Remus se permitió relajarse y bromear con sus amigos como si todavía estuvieran en el colegio, al grado que parecía haber rejuvenecido diez años.
Fue también agradable encontrarse con muchos de sus amigos y compañeros del colegio fuera de Hogwarts, la mayoría de los cuales, pero en especial Seamus, apoyaban a Irlanda después de la desastrosa actuación que tuvo Inglaterra durante el torneo.
Ya por la tarde, una vez en el estadio y tras un pequeño enfrentamiento de Charlus y Ron con Draco Malfoy, se encontraron en sus lugares listos para presenciar el partido entre Irlanda y Bulgaria.
El partido fue, en pocas palabras, espectacular. Jugadas asombrosas, especialmente de Viktor Krum, el buscador de la selección de Bulgaria, a quien Ron idolatraba como si fuera la segunda venida de Merlín (lo cual le ganó ser el centro de las burlas de sus hermanos y de Charlus). Al final, el partido terminó con una espectacular atrapada de Krum…Una lástima que su equipo terminó con muchos menos puntos que Irlanda, perdiendo así la copa.
Las celebraciones de la noche en el campamento irlandés fueron especialmente ruidosas. Hasta que los gritos de celebración se convirtieron en gritos de terror.
En medio de la confusión, Harry y Charlus se encontraron corriendo en dirección al bosque, mientras sus padres y sus padrinos se dirigían a ayudar ante lo que sin duda era un ataque.
Charlus no se veía muy bien. Apretó su varita en su mano hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
—¿Estás bien?
—No… es decir, sí.
Harry no lo creyó ni por un momento.
—Deberíamos ayudar.
—¿Cómo? —preguntó Harry—. Somos estudiantes que ni siquiera hemos comenzado nuestro cuarto año…
—Tal vez tú, pero yo llevó años preparándome para…
—Para defenderte, no para luchar —le recordó Harry.
Charlus lo miró mal, pero no podía negar que era cierto. Aun así, no se sentía bien. Cada vez que pasaba algo para lo que supuestamente llevaba años preparándose, algo ocurría que le impedía hacer lo que se suponía debía. En su primer año, contra Quirrell, se paralizó de miedo; en segundo se las arregló para defenderse de Lockhart, pero eso no contaba porque el tipo era un fraude, y cuando fue la hora de enfrentar al basilisco tuvo que quedarse atrás; y contra Peter fue incapaz de hacer mucho, si el tío Remus… su padrino, no hubiera llegado le habría sido imposible protegerse de Peter, y más tarde quedó demostrado cuando consiguió golpearlo con una maldición que lo dejó fuera de combate por más de un día completo.
Salieron a un claro del bosque, en donde se encontraron con Ron y Hermione. Hablaron con ellos un momento, cada cual más nervioso que el anterior, mientras los ecos lejanos de los gritos del campamento todavía se escuchaban.
Entonces, una figura solitaria apareció en el centro del claro, alzó una varita, gritó un conjuro y un segundo después, el cielo se tiño de color verde cuando la figura de un cráneo con una serpiente saliendo de su mandíbula apareció en el cielo. Los cuatro adolescentes se tensaron al reconocerla de inmediato. La Marca Tenebrosa: el símbolo de Lord Voldemort.
La figura desapareció y los cuatro adolescentes se acercaron. Allí, en medio del claro, quedó una varita abandonada. Ron estaba a punto de recogerla, cuando los gemelos gritaron a la vez:
—¡No la toques!
Charlus fue quien tomó la iniciativa desde allí.
—Es evidencia…
Iba a agregar algo más, cuando de pronto se vieron rodeados por los crujidos que indicaban la aparición de al menos una docena de personas. Al instante se encontraron siendo rodeados por aurores y varios otros empleados del Ministerio. Harry y Charlus actuaron rápido: arrojándose al suelo y arrastrando consigo a sus amigos un segundo antes de que los hechizos aturdidores chocaran sobre sus cabezas.
—¿Quién ha sido? —gritó una voz—. ¿Quién conjuró la marca?
—¡Esperen, son mi hijo y sus amigos!
Los chicos suspiraron aliviados al escuchar la voz de Arthur Weasley.
Siguió un interrogatorio, en el que los empleados del ministerio estaban más interesados en repartir culpas que en saber lo que de verdad había pasado. Por suerte, el padre de Ron tenía sentido común.
—¡Basta! Son sólo niños, y no creo que Charlus Potter, de todas las personas, estuviera involucrado en esto.
Eso calmó las cosas. Fudge, claramente apenado, rápidamente mandó a uno de los aurores a traer a los Potter. Charlus, viendo que finalmente el orden se había restablecido, se apresuró a hablar sobre la figura que vieron allí, y les indicó la varita en el suelo.
Las indagaciones continuaron en cuanto James, Lily, Sirius y Remus llegaron al lugar. Tras comprobar el estado de sus hijos, James Potter entró en su modo de Jefe de Aurores y, ayudado por Sirius, comenzó a repartir tareas. Se confirmó que la varita en el suelo fue la usada para invocar la marca tenebrosa y se buscó en la zona alguna pista que llevara al responsable.
A los chicos les habría gustado saber cómo terminó eso, pero en cuanto fue claro que no podían dar más pistas, Lily, Remus y Arthur los sacaron de allí. En lugar de volver al campamento, Lily los llevó a su casa, donde pidió a Dobby que preparara chocolate caliente para todos. Arthur regresó al campamento junto con Remus para ayudar. Un par de minutos más tarde, recibió un Patronus de Remus indicando que todos los demás Weasley se encontraban a salvo en el campamento.
Harry permaneció en silencio un largo rato, pensando en todo lo que había pasado. Como su día alegre de pronto se volvió una pesadilla. Mientras, Charlus, Ron y Hermione conversaban en voz baja, seguramente sobre lo mismo.
4
Los siguientes días fueron un completo caos para el Ministerio y sus empleados, así que James pasaba más tiempo en su oficina que en casa.
En el diario El Profeta parecía que la navidad se había adelantado, publicando articulo tras artículo, en especial los firmados por esa horrible Rita Skeeter, criticando al Ministro y a prácticamente cada jefe de departamento. Además, de alguna forma se las arregló para enterarse del encuentro de Charlus, Harry, Ron y Hermione con los empleados del ministerio esa noche, llegando a escribir un desagradable artículo en el que volvía a colocar a Harry como un aprendiz de mago oscuro y aseguraba que era una mala influencia para su hermano.
Los abogados de la familia volvieron a moverse lo más pronto que pudieron para acallar los rumores. Pero, de nuevo, la memoria del Mundo Mágico parecía ser de una sola dirección, y no ayudaba que la disculpa de Skeeter se hubiera publicado más como una nota al pie de una edición de la tarde (la menos leída).
Fue un alivio estar en el tren de regreso a Hogwarts. Aunque, por las miradas que le daban algunos de los otros estudiantes, estaba claro que prácticamente nadie vio la disculpa. Al menos contaba con el apoyo de Neville, los Weasley y el resto de sus compañeros de habitación.
Como cada año, aunque viajaban en el mismo compartimento, era casi como si estuvieran separados. Harry y Neville se concentraban en el duelo, por un lado, mientras Ron, Charlus y Hermione hablaban de otras cosas por el otro. Y luego de la visita de rigor de Draco y sus matones, la conversación se desvió hacia las otras escuelas de magia.
—Al menos espero que por fin nos digan a que se debía todo ese misterio del verano —dijo Ron.
Durante la mayor parte de las vacaciones, los adultos habían estado hablando enigmáticamente sobre algo que iba a suceder ese año en el colegio, algo que al parecer Draco conocía muy bien, lo cual sólo hizo que Ron se pusiera mucho más molesto.
Cuando el tren llegó al colegio, caía una horrible tormenta. Los alumnos corrieron a los carruajes que los llevaban al castillo lo más pronto que pudieron, pero dado que debían hacer fila para esperar a que los carruajes se detuvieran, para el momento que abordaron uno ya estaban completamente mojados. Además, como eran sólo cuatro personas por carruaje, Harry y Neville optaron por esperar al siguiente, por lo que Charlus, Ron y Hermione tuvieron que subir a un carruaje junto con Colin Creevey, un fanboy de Charlus. Harry y Neville por su parte viajaron al castillo con Luna y Ginny.
—Es bueno verte, Luna —saludó Harry—. ¿Pasaste un buen verano?
—Oh, maravilloso, mi padre y yo fuimos a recorrer algunos lugares en los que pensamos que podríamos encontrar a muchos de los monstruos de duelo.
Desde que Luna aprendió sobre el juego de cartas, había comenzado a llamar Monstruos de Duelo a las criaturas que ella y su padre llevaban años buscando.
—¿Encontraron algo? —preguntó Neville interesado.
—Nada concreto, pero creo que tenemos algunas pistas interesantes. Tal vez volvamos durante las vacaciones de Yule para seguir buscando.
El viaje no duró mucho tiempo, y pronto estuvieron corriendo hacia las puertas del castillo, donde fueron recibidos por una broma de Peeves, el poltergeist del colegio, quien rápidamente fue mandado lejos por la profesora McGonagall.
Tras un hechizo de secado por parte de Hermione, se despidieron de Luna y fueron a sentarse para el banquete.
Los de primer año llegaron con una fila, empapados y temblando al parecer más por el frío que por la emoción de comenzar el colegio. No deseando hacerlos esperar más, la profesora McGonagall comenzó con la selección de inmediato.
Cuarenta minutos más tarde, el profesor Dumbledore hizo aparecer la comida y el banquete comenzó.
—Muy bien, ahora que han comido y bebido, es hora de los anuncios de rigor —comenzó su discurso inaugural una vez que terminó el banquete—. Primero que nada, tengo la pena de avisar que este año no se llevara a cabo la copa escolar de quidditch.
El comedor estalló en quejas, en especial por parte de los miembros de los equipos.
—Lo sé, lo sé, decepcionante —dijo Dumbledore tras llamar al orden con una lluvia de chispas de colores de su varita—. Pero es mi placer informar que en cambio se llevará a cabo un torneo de exhibición un poco más emocionante que el habitual. Madame Hooch les dará los detalles al respecto en próximos días.
Dumbledore entonces pareció un poco más solemne.
—Sin embargo, la verdadera razón de esto, es un evento muy especial que se llevará a cabo este año…
El entusiasmo por el Torneo de los Tres Magos hizo que pocos prestaran atención a la presentación del nuevo profesor de defensa: el ex auror Alastor Moody.
5
Los siguientes días fueron de excitación en Hogwarts. Todo de lo que se hablaba era del Torneo de los Tres Magos. Todos aquellos que tendrían la edad mínima para participar, diecisiete años, antes del 31 de octubre estaban hablando sobre lo maravilloso que sería ser elegidos campeones. El resto de los alumnos estaban decepcionados, aunque de igual forma emocionados. Otros, en especial los que estaban estudiando a nivel EXTASIS, discutían sobre como burlar al juez imparcial para entrar. Los gemelos Weasley, aunque iban en sexto grado, estaban seguros de que lograrían entrar gracias a su ingenio.
Harry y Neville suspiraron con derrota cuando el Club de Duelistas esta vez ni siquiera logró juntar al mínimo para seguir siendo un Club estudiantil oficial.
—Oh, lo siento tanto —dijo Hermione, sabiendo lo importante que era el Duelo de Monstruos para ellos.
Harry estaba completamente abatido. Estaba seguro de que la culpa no era por la emoción a causa del Torneo de los Tres Magos, sino por ese horrible artículo de verano de Skeeter.
—Tal vez si trajeran esos discos muggles a Hogwarts más gente querría unirse —agregó Ron.
—No —respondió rápidamente Harry—. Mientras menos gente sepa sobre eso, mejor.
Charlus frunció el ceño.
—¿Por qué ocultarlo? A menos que de verdad hayas hecho algo ilegal para hacerlos funcionar.
—¡Harry no haría eso! —se apresuró a decir Neville.
—Pues, no sé —dijo Charlus—, es muy sospechoso que esos aparatos muggles funcionaran en Hogwarts. Algo tuvieron que hacerles.
Harry miró a Charlus con una dura decepción.
—No hice nada, ¿quieres que lo jure por mi magia?
Charlus no dijo nada más, aunque no dejó de enviar miradas molestas a Harry.
Una semana más tarde, Madame Hooch avisó durante la cena el segundo evento que se llevaría a cabo en paralelo al Torneo de los Tres Magos: un torneo inter escolar de Quidditch. Al parecer, James Potter lo había sugerido al Wizengamot cuando se discutía sobre si debía aceptarse que Hogwarts fuera sede de la reanudación del peligroso Torneo de los Tres Magos. La mayoría se mostró de acuerdo al verlo como una forma en que más alumnos pudieran participar para aumentar la cooperación entre los colegios. Afortunadamente, los gobiernos de los otros países participantes estuvieron de acuerdo.
Madame Hooch avisó que las pruebas de selección se llevarían a cabo durante el siguiente mes, a fin de escoger al mejor equipo posible para representar al colegio. También pidió que quienes fueran a intentar obtener el título de Campeón de Hogwarts se abstuvieran de hacer las pruebas, pues si eran elegidos no podrían participar en el torneo de quidditch.
Charlus estaba radiante, al igual que Ron. Si no pudieran participar como campeones, ser parte de la selección de quidditch del colegio sin duda sería tanto o incluso mejor.
—Sólo piénsenlo —dijo Ron—, es como formar parte de una versión más joven de la selección nacional.
—Oh, por favor, no exageres, Ronald.
Y así comenzó otra discusión entre Ron y Hermione.
—¿Por qué no intentas entrar al equipo? —le preguntó Charlus a Harry, deseando hacer las paces después de la discusión de días atrás.
—Estoy demasiado ocupado.
Charlus frunció el ceño. Sabía perfectamente que él y Neville planeaban presentar esa estúpida certificación muggle de japonés en diciembre. Si Harry aprobaba, estaría más cerca de su tonta meta de irse a una escuela muggle el próximo año.
Negó con la cabeza para borrar esa idea absurda. Era un Potter, sus padres nunca lo dejarían hacer una tontería como aquella.
—Bueno, tú te lo pierdes —dijo Ron encogiéndose de hombros.
6
Tras un arduo mes de pruebas, Madame Hooch publicó la selección. Charlus fue elegido buscador, y los gemelos Weasley (aunque todavía tenían la idea de que podrían burlar al juez imparcial) consiguieron el puesto de golpeadores. Ron no lo logró, lo cual lo puso de mal humor las siguientes semanas, aunque el hecho de que Draco tampoco lo consiguiera sin duda lo hizo sentirse un poco mejor. Por otro lado, el resto de los puestos fueron ocupados por jugadores de las otras casas, e incluso se armó una selección de reserva.
Las prácticas comenzaron a mediados del mes, lo cual aminoró mucha de la impaciencia por la espera hasta la llegada de las delegaciones de los colegios invitados, lo cual ocurrió el 30 de octubre.
Ese día, en medio de un fuerte frío, los alumnos salieron a recibir a los otros colegios. El enorme barco que emergió del lago negro, y el gigantesco carruaje jalado por enormes pegasos no los dejaron indiferentes. Y cuando Ron se dio cuenta que uno de los estudiantes era Viktor Krum, sus niveles de fanboy aumentaron hasta nuevas alturas.
—Por favor, Ron, parece que te quisieras casar con él —se burló Ginny, dejándolo de mal humor.
Con los estudiantes de Durmstrang y Beauxbatons finalmente allí, Dumbledore por fin revelo quien sería, o más bien que era el juez imparcial: el Cáliz de Fuego.
Al día siguiente, aprovechando que era domingo, la mayoría en el colegio pasó su día en el gran comedor, expectantes de quienes iban dejando sus nombres en el cáliz.
Los gemelos Weasley, como dijeron, intentaron engañar al cáliz con una poción envejecedora. Terminaron en el suelo con enormes barbas blancas para diversión de todos.
A las cuatro de la tarde, los profesores hicieron salir a todos del Gran Comedor, y se procedió a hacer los preparativos para el banquete de Halloween y el anuncio de los campeones.
7
Harry tembló de miedo cuando el profesor Dumbledore tomó el cuarto papel arrojado por el cáliz, indicando que había un campeón más de los que debería haber.
—Charlus Potter —leyó el anciano con voz ronca.
El comedor estaba en silencio, mientras Charlus, a unos cuantos lugares de él, le devolvía la misma mirada de miedo.
—¡Charlus…! —Dumbledore no terminó de hablar cuando las llamas azules del Cáliz de Fuego cambiaron a rojo una vez más, arrojando un quinto papel—. ¿Harry Potter?
Harry vio negro por un momento. Tenía que haber escuchado mal.
Los murmullos estallaron en el comedor. Acusaciones contra los gemelos Potter, pero en especial contra Harry. ¿Había usado magia negra para hacer esto? ¿Charlus había estado de acuerdo con él, o todo fue sólo el plan de Harry?
Harry respiró profundamente, miró a Neville, a Hermione y a Charlus. Sacó su varita, se puso de pie y caminó hasta la mesa de los profesores, entonces, con voz clara para que todos escucharan, dijo:
—Juro por mi magia y por mi vida que no engañé al Cáliz de Fuego de ninguna manera: no con magia de cualquier tipo, y especialmente no con magia negra. No pagué a nadie mayor, convencí o coaccioné de cualquier forma a otra persona para que echara mi nombre al Cáliz de Fuego.
Suspiró profundamente. Esto podía matarlo, pero no dejaría que quien hubiera hecho esto rigiera su destino.
—No participaré en el torneo.
—Harry, mi muchacho, es un contrato mágico vinculante…
—Lo sé —interrumpió al profesor Dumbledore. Respiró aún más profundamente, y a pesar del miedo que lo invadía, declaró con voz fuerte y clara—: No participaré. Qué la magia me lo reclamé, pero yo no puse mi nombre en el Cáliz, ni deseaba participar en el torneo, así que declino mi posición como campeón. Todos aquí son testigos de que hago esta declaración ante la misma magia que rige nuestras vidas: me niego a ser parte de este torneo. Qué así sea.
El Cáliz de Fuego estalló. Se escucharon gritos de horror, especialmente el de Charlus, y luego Harry sintió el peor dolor que había experimentado en su vida. Afortunadamente, pronto todo se volvió negro y perdió la consciencia.
