Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi, Shueisha y Konami.
Capítulo 11
Antes de la tormenta
1
La Academia de Duelos, a diferencia de Hogwarts, tenía clases de lunes a sábado, en un horario de ocho de la mañana a cuatro de la tarde (con un receso de una hora al mediodía para almorzar). En general, las clases académicas tenían lugar de lunes a viernes, y los sábados se llevaban a cabo las clases de educación física. También, contrario a lo que pasaba en Hogwarts, cada grupo tenía asignada un aula, así que, en vez de tener un desfile de estudiantes en los pasillos, los profesores eran quienes se movían de un salón a otro entre clase y clase, salvo que fuera una que necesitara de algún tipo específico de instalaciones. Esto se debía a que los grupos eran grandes: entre cincuenta y sesenta alumnos por clase. Siendo cinco clases en cada uno de los tres grados, la población estudiantil era de entre ochocientos y novecientos adolescentes.
Por supuesto, a diferencia de lo que se pensaba, no todos ellos estaban allí para ser duelistas profesionales. Una gran mayoría habían optado por esa escuela, ya que, a pesar de sólo existir durante una década, era una de las escuelas de educación preparatoria más prestigiosas del mundo. Con o sin habilidades de duelo, tener un diploma de la Academia de Duelos abría la puerta a las más prestigiosas universidades del mundo. Además, era un semillero de talento donde no sólo Corporación Kaiba y las ligas profesionales, sino también Ilusiones Industriales, buscaban a quienes fichar para que trabajaran para ellos. Tal era así que, después de la «carrera» de duelista, lo que más producía la escuela eran diseñadores de cartas y técnicos en tecnología holográfica (que, dicho sea de paso, tenía muchas más aplicaciones que hacer más emocionantes los duelos).
Debido a que no estaba acostumbrado, en un comienzo, Neville temió un poco por las clases de educación física. En Hogwarts, salvo por herbología, había pocas asignaciones que implicaran tanta labor física. En general, salvo que estuvieras en uno de los equipos de quidditch del colegio, rara vez hacías ejercicio. Tuvo que comenzar a aprender cómo ponerse en forma. Y en ese sentido, estaba un poco de acuerdo con Judai: ¿qué tenía que ver eso con el duelo? La explicación de la profesora Ayukawa sobre «estar bien tanto en mente y espíritu como en lo físico es fundamental para ser buenos duelistas» sonaba a una excusa muy pobre.
Misawa explicó algo sobre ganar resistencia por si se encontraban en un duelo de larga duración. Se sabía de profesionales que habían llevado partidas que duraron hasta dos horas. No era tanto tiempo como aquellos partidos de quidditch legendarios que duraban semanas (a veces meses), pero aun así era un tiempo considerable para una partida de un juego de cartas. Además, Neville y Harry habían comprobado de primera mano que los hologramas del disco de duelo no eran simplemente reflejos de luz. En especial los nuevos modelos que se habían suministrado a la Academia, con los cuales, en su nivel máximo de «realismo», casi podías sentir el peso de los monstruos cuando eras golpeado por un ataque directo.
La clase que Neville más extrañaba de su antiguo colegio, naturalmente, era herbología, así que, incluso con la carga de trabajo que significaba un horario de clases muggles a las que no estaba acostumbrado, decidió pedir algunos libros del tema (ocultos bajo un encantamiento que los hacía parecer simples libros de botánica muggle) para al menos seguir estudiando lo teórico. Su tío le prometió que cuando volviera a casa para las vacaciones tendría un tutor del tema esperándolo para la parte práctica.
A causa de lo anterior, le encantó el bosque tropical de la isla. Estaba lleno de plantas que no se podían ver en Gran Bretaña, incluso en los invernaderos encantados para cuidar esa clase de flora. Que el bosque no estuviera lleno de criaturas mágicas potencialmente mortales también fue un plus. Incluso antes de su primer fin de semana completo en la Isla Academia, Neville ya había decidido que dedicaría las mañanas de su domingo, después del desayuno, a caminar por los senderos autorizados dentro del bosque para explorar a ver que plantas podría encontrar en él. No esperaba encontrar plantas mágicas, pero incluso las plantas que no lo eran tenían su uso en la herbología.
La clase que más llamó la atención tanto de Harry como de Neville, fue alquimia. Cuando leyeron la palabra en su horario, pensaron que estaban interpretando mal el katakana. Con cierta curiosidad, y algo de recelo, acudieron a su primera clase de alquimia en la tercera hora de su segundo día de clases. En los conceptos teóricos, la alquimia que enseñaba el profesor Daitokuji, quien también era el director del dormitorio Osiris (el equivalente a un jefe de casa de Hogwarts, pero a diferencia de estos también hacía las veces de cocinero, asesor de estudios e incluso juez en duelos de práctica), resultó ser una mezcla de filosofía en la parte teórica —tal como lo era la alquimia para los muggles que la estudiaban antes y después del estatuto del secreto—, y química moderna en la práctica.
Daichi no estaba muy convencido de la primera parte, pero encontraba que el profesor Daitokuji en general sabía lo que hacía respecto a la parte práctica. Eso cuando su gato mascota, Faraón, no lo distraía ocasionando que los compuestos volátiles explotaran en su cara. Neville simpatizó mucho con él debido a esto, dada su tendencia a derretir calderos en la clase de Snape. Claro, el que fuera un profesor alegre y siempre dispuesto a echarle una mano si se le complicaba algo del temario que no era de duelos, también ayudó a que se convirtiera en su profesor favorito; así como la profesora Sprout había sido su favorita en Hogwarts. Y, a diferencia de allá, aquí su profesor favorito era también su «jefe de casa».
Para sorpresa de todos, el mejor en la clase resultó ser Judai. Según palabras del propio Daitokuji, entendía de forma casi natural los conceptos filosóficos, y la práctica se le daba tan bien que, tras la tercera explosión causada por su gato, el profesor decidió que Judai sería su asistente en esa parte de la clase.
—¡Muy bien, joven Judai! —lo felicitó el hombre tras su logro perfecto en destilar dos compuestos para crear un extracto de aquella planta que los muggles erróneamente confundían con la mandrágora auténtica—. Me sorprenden mucho sus habilidades, es casi como si hubiera nacido para la alquimia. No tengo duda de que sus manos serían capaces de crear cualquier cosa.
Harry no pudo evitar sentir algo de sospecha ante las palabras del profesor. Ese mismo instinto que le susurraba sobre no confiar ciegamente en Dumbledore, ahora le decía que no debería confiar en Daitokuji. Independientemente de eso, tras pasar un rato con Judai haciendo los deberes de alquimia en la cafetería de la tienda de cartas, no pudo sino estar de acuerdo con el profesor: Judai era un natural.
—Dime algo, Judai, ¿eres bueno en la cocina?
—Bueno, me gusta comer delicioso. Y como mis padres casi no están en casa, tuve que aprender. Creo que mi sazón es buena.
—¿Sólo buena? —cuestionó Sho incrédulo—. ¡Ese desayuno que hiciste el domingo pasado es lo mejor que he probado en mi vida!
Judai se rascó la nuca en un gesto de vergüenza.
Harry miró a su amigo de Osiris con un ojo más crítico. Según todo lo que sabía por el trabajo de su madre en las pociones y en la alquimia, sus palabras sólo confirmaron lo que ya pensaba. Su madre siempre había dicho que el factor decisivo para ser un buen pocionista, y por extensión un alquimista, era ser un buen cocinero. Los mismos instintos que se necesitaban para encontrar la sazón correcta en la comida, eran los necesarios para saber cómo preparar, en qué cantidad adecuada y cómo mezclar los diversos ingredientes y compuestos para ambas prácticas.
—Él es el Heraldo —le explicó Pikeru esa noche—. Su naturaleza es crear. Por supuesto que la alquimia será tan natural para él como lo es el duelo.
Harry asintió, todavía tratando de comprender qué significaba ser el Heraldo de la Oscuridad Gentil. Pikeru y Curan insistían en que la Oscuridad que había dentro de Judai era el origen de toda la vida en el universo, pero su mente simplemente no podía entender como ese adolescente distraído, quien parecía sólo vivir para el duelo, podía albergar un poder como aquel dentro de él.
Bueno, pronto lo averiguaría. La llamada Noche de los Espíritus estaba cada vez más cerca. Ese día encontraría respuestas… si es que Judai se las arreglaba para pasar la prueba que el profesor Chronos les había impuesto a él y a Sho, por haber entrado en una zona prohibida a los estudiantes, y violar el toque de queda durante su segundo fin de semana en la isla.
Harry se había enterado de la aventura de esa noche de primera mano de parte de Judai, Sho, y el compañero de habitación de ellos, Hayato. Más lo que Neville le contó por su cuenta.
Al parecer, todo comenzó la noche de su segundo sábado en la isla. Se habían quedado un poco tarde en la cafetería terminando sus deberes. O al menos Neville y Sho; Judai y Hayato habían estado aburridos quejándose frente a ellos.
Al final, Judai se las arregló para convencerlos de jugar a contar historias de horror: debían juntar todos sus monstruos, barajarlos, y turnarse para robarlos uno a uno; según qué tan alto fuera el nivel del monstruo, debían inventar una historia de horror.
La mayoría de las historias eran las típicas de los Yokai japoneses, y Neville contó algunas que recordaba sobre los fantasmas de Hogwarts, editando toda la parte de la magia.
Neville incluso le habló sobre lo que Judai le contó: como cuando niño creía escuchar la voz de sus cartas durante la noche. Lo cual le llamó la atención, ya que le recordó los encuentros que Harry había tenido con los espíritus de varias cartas, y lo que el padre de Luna creyó haber descubierto sobre los monstruos de duelo.
Harry también tomó nota de eso: la conexión de Judai con los espíritus de la que Pikeru y Curan le hablaron al parecer existió en su niñez. Si ya no estaba allí, tal vez lo que estaba interfiriendo era algo externo a Judai. Aunque no se le ocurría que podía ser.
De cualquier forma, en algún punto apareció el profesor Daitokuji y les contó sobre un dormitorio abandonado en algún lugar del bosque. Y, para rematar, Hayato confirmó los rumores. Siendo Judai el niño hiperactivo y curioso que era, no se le ocurrió nada mejor que ir a investigarlo.
Neville se excusó de dicha aventura. Suficientes emociones tuvo en sus años en Hogwarts, y eso que él no estuvo de primera mano en la mayoría de esas aventuras. No quería tentar su suerte en la Academia. Incluso cuando, él creía, era imposible que allí sucediera algo de la magnitud de lo que había pasado en Hogwarts.
Harry, por otro lado, frunció el ceño con sospecha. Esa noche, Curan y Pikeru lo despertaron tras recibir las inequívocas señales de que alguien había iniciado un Juego de lo Oscuro dentro de la Academia.
—Es la Oscuridad Mala —dijo Pikeru, y Curan asintió muy seria—. Un alma en esta Academia acaba de ser reclamada por el Vacío.
Discutieron un poco si era prudente ir a revisar, cuando la presencia de la Oscuridad desapareció del todo.
Si unía eso a lo que Sho, Judai y Hayato le contaron al día siguiente, podía darse una idea de que había pasado: un duelista se coló en la Academia, retó a Judai en el dormitorio abandonado, tras secuestrar a Asuka, fingiendo que era un Juego de lo Oscuro. Judai descubrió la farsa, pero de alguna forma —quizá la Oscuridad Mala vio su oportunidad de atacar a un Heraldo debilitado— el engaño se volvió real.
Judai seguía insistiendo que todo fue un truco de humo y espejos para asustarlos, y tanto Sho como Hayato respaldaban esa versión. Harry no podía confirmarlo con Asuka, ya que no la conocía lo suficiente como para sentirse cómodo de ir a cuestionarla sobre lo ocurrido esa noche, pero imaginaba que sería una respuesta similar.
Era una reacción típica de quien no estaba acostumbrado a lidiar con asuntos de magia: o tratabas de convencerte de que todo era tu imaginación o un engaño; o te volvías temeroso y prejuicioso como sus tíos muggles.
—¿Y si fue algo real? —preguntó a Judai después de que les contó eso.
Judai parpadeó aturdido.
—Imposible —respondió restando importancia al asunto con un gesto de su mano.
—Asuka lo investigó más tarde —agregó Sho—. Al parecer ese tipo, Titan, está siendo buscado por el sector Seguridad de Domino por realizar duelos Ante ilegales, usando su supuesto Artículo Milenario para asustar a sus víctimas.
—Entonces, ¿fue arrestado? —inquirió Harry—. Es decir, ustedes salieron de allí, pero él no lo hizo, ¿verdad? Y no he sabido que la policía haya venido a buscarlo.
—Lo más probable es que escapó —aseguró Judai muy convencido—. Fingió todo eso para poder escapar de la isla.
—Claro, un criminal buscado fingió que la oscuridad se tragaba su alma para escapar de tres estudiantes de primero.
—Lo vencí en un duelo. —Judai se encogió de hombros—. Ese tipo de cosas suelen herir el orgullo de los matones.
—Pero este no era un matón de escuela —le recordó Neville—. Estoy con Harry en esto. ¿Por qué lo haría? Sí, bueno, perdió el duelo; pero dudo que un criminal buscado como él fuera a rendirse tan fácil. En lugar de seguir su actuación, pudo haber sacado un arma para amenazarlos o incluso lastimarlos.
—Si lo pones de esa forma… —dudó Sho.
—Todo eso de los Juegos de lo Oscuro es una tontería que se inventaron para hacer más interesantes los duelos —insistió Judai—. No hay que darle muchas vueltas. Simplemente se sintió terrible por perder ante un estudiante, y siguió con su actuación para escapar y no admitirlo.
Harry suspiró con cansancio. Ese escepticismo por parte de Judai, quien al parecer era lo único que se interpondría entre el mundo y su final, los condenaría a todos. Sin duda, Pikeru y Curan tenían buenas razones para creer que la guerra estaba perdida.
Independientemente de eso, Judai y Sho fueron vistos en el dormitorio abandonado, una zona restringida, y ahora el profesor Chronos quería aprovecharse de eso para expulsarlos. A veces, Harry pensaba que Judai tenía el mismo talento de los Potter para que los problemas lo encontraran. Y, secretamente, se alegraba de que esta vez esos problemas no lo estuvieran siguiendo a él.
2
Judai suspiró por centésima vez mientras veía su cuaderno de trabajo de matemáticas. El profesor Satou lo había amenazado con confiscar su mazo si no terminaba por lo menos la mitad de los ejercicios del capítulo tres para la siguiente clase. Pero, por más que lo intentaba, no era capaz de concentrarse.
Al menos ya no le dolía la cabeza con la misma intensidad que antes. Desde que llegó a la Academia de Duelos, las migrañas se convirtieron en algo más parecido a un pinchazo molesto mucho más fácil de ignorar. Ni siquiera había tenido que tomar ese horrible medicamento recetado por el doctor Kogami, el cual lo hacía sentir como un zombi. Cierto, las pastillas lo ayudaron a concentrarse lo suficiente para lograr la nota mínima necesaria para graduarse de secundaria y asistir a la Academia, pero eso no significaba que le gustaran.
Se palmeó las mejillas en un intento por deshacerse de las distracciones. No podía perder su mazo. En primer lugar, Sho contaba con él dentro de dos días para el duelo Tag que decidiría si se quedaban o no en la Academia; en segundo, quizá la razón más importante, no podría tener duelos sin su mazo. Desde que se reencontró con el duelo, los dolores de cabeza eran más soportables, con o sin el tratamiento. Por más que el doctor Kogami y sus padres insistieran que sólo estaba en su imaginación, o era un «efecto placebo».
—No hay una relación empírica entre un juego de cartas y el que ahora te sientas mejor —le explicó el médico cuando le habló sobre su gran descubrimiento, durante uno de sus chequeos de rutina—. Sólo es una coincidencia que el tratamiento por fin esté dando sus frutos al mismo tiempo que volviste a jugar.
Judai se desinfló, al tiempo que temía girarse y ver la mirada desaprobatoria de su madre. No entendía cómo es que odiaba tanto el duelo. Ella y su padre fueron los que le dieron sus cartas en primer lugar… o eso creía. Como muchos de sus recuerdos de antes de los ocho años, lo que correspondía a cómo empezó a jugar eran en sí imágenes sin mucho sentido.
Sacudió de nuevo la cabeza para despejarse de esos recuerdos. Tenía que concentrarse. Si el profesor Chronos lo expulsaba de la escuela, el dolor regresaría, y tendría que volver a tomar esas horribles pastillas. Además, sus padres se darían cuenta de dónde había estado el último mes.
«Incluso si logras quedarte en la Academia, ellos se darán cuenta en el momento que vayan a buscarte para tu próxima revisión médica dentro de tres semanas».
Judai gimió con frustración, tratando de apagar esa molesta voz en su cabeza. Se estaba divirtiendo tanto en la Academia de Duelos, no quería volver a la realidad. Y no quería saber qué harían sus padres con su preciado mazo cuando descubrieran la verdad. Seguramente lo regalarían, lo echarían a la basura, o incluso le prenderían fuego. Y esta vez dudaba que su abuela pudiera disuadirlos de no hacer eso.
—¡Maldición! —gimió con frustración, tomó el lápiz y volvió a tratar de concentrarse en los ejercicios. La maldita migraña estaba volviendo a ser un problema, como siempre que intentaba concentrarse en algo que no fueran los duelos. «Pero hago esto para poder seguir teniendo duelos», se recordó, en un intento por motivarse para no dejar de lado sus tareas por miedo al dolor. Algo que había sido constante en su vida escolar desde aquel tratamiento contra las pesadillas.
—¿Judai?
Alzó la mirada y vio a Harry frente a él.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó con curiosidad, ya que no esperaba ver a nadie más allí. Se había saltado el último periodo para poder usar la biblioteca, algo que normalmente no haría, y ver si podía acabar con los ejercicios de matemáticas de una vez por todas.
—Las clases terminaron hace diez minutos. El profesor Chronos no está muy contento de que te saltaras su clase.
—Él jamás está contento con nada de lo que haga —le recordó mientras se encogía de hombros.
Harry le sonrió con simpatía. Habiendo tenido que soportar a Snape durante más de tres años, entendía lo que era tener a un profesor en su contra. Al menos Chronos era más gritos que verdaderas acciones, la mayor parte del tiempo.
—¿Quieres que te ayude? —le preguntó Harry, sentándose a su lado.
La mirada de Judai se iluminó.
—¿Lo harías?
—No voy a darte las respuestas, pero puedo darte algunos tips. Las matemáticas pueden ser algo tediosas, pero conozco una forma de hacerlas divertidas. Imagina que cada ecuación es un combo oponente que debes descifrar para poder ganarle, como en los puzles de los exámenes de estrategia.
—¡Oh! Nunca pensé algo así. ¡Muchas gracias!
Judai volvió a tomar el lápiz y regresó su atención al cuaderno. Imaginó que las letras de las ecuaciones eran como los monstruos del arquetipo Dragón XYZ de Seto Kaiba, lo cual al menos hizo que la migraña retrocediera un poco.
Una hora después, Judai se las arregló para terminar no sólo lo que el profesor Satou le había pedido para su siguiente clase, sino todos los ejercicios del capítulo. Viendo que se había esforzado mucho, Harry aceptó revisarlos por él, a fin de asegurarse de que no hubiera cometido errores. Sería una lástima desperdiciar todo el esfuerzo que puso en su trabajo escolar, una vez superada la distracción común del dolor.
—Todo es correcto —dijo sorprendido. Los más complicados los había revisado incluso tres veces, y no había dudas: Judai hizo un excelente trabajo, quizá incluso al nivel de Daichi.
—¿De verdad? ¡Muchas gracias! Ese método de imaginar que todo es un duelo de verdad funciona. Incluso hizo que el dolor de cabeza disminuyera.
Harry le devolvió el cuaderno a Judai frunciendo un poco el ceño.
—¿Dolor de cabeza?
—No te preocupes, no es nada que un buen duelo no alivie. —Su sonrisa creció—. Aunque, ahora sí que me apetece tener un duelo, para celebrar que el profesor Satou no podrá confiscar mi mazo.
Judai agradeció a Harry una vez más por su ayuda, y fue a buscar a Sho para ese duelo. Habría jugado con Harry, pero este se excusó, ya que de hecho estaba allí esperando a Neville, quien había ido a una asesoría de ciencias con el profesor Daitokuji, para avanzar en sus otros deberes. En especial, ese ensayo sobre construcción de mazos de la profesora Midori.
3
Mientras esperaba a Neville, Harry pensó un poco en su encuentro con Judai. Su mención al dolor de cabeza, o más bien la forma en que lo dijo, le hizo pensar que era algo común para él. Y eso le recordó lo que dijo durante el examen: algo sobre un problema médico que le dificultaba recordar cosas.
—No me gusta esto —suspiró Pikeru apareciendo a su lado. Curan, sentada en la silla frente a él, asintió de acuerdo con su hermana.
—No es nada como lo que esperábamos —dijo el mago de ibano.
—¿Qué esperaban exactamente? —les preguntó Harry en voz baja. No había nadie más en la biblioteca, pero era mejor asegurarse de que no hubiera oídos indiscretos. La Academia no tenía una máquina de rumores tan engrasada como la de Hogwarts, pero nunca se sabía quién podía estar escuchando.
—¡Un rey! —exclamó Curan con suficiencia—. El rey de la Oscuridad, capaz de sembrar el terror en los corazones de aquellos que desafían a la justicia.
Harry parpadeó. ¿Judai un rey con la autoridad de impartir justicia en nombre de la Oscuridad Gentil?
—No es coincidencia que use un mazo de héroes —explicó Pikeru, tras notar la mirada de Harry.
Harry notó que había un deje de tristeza y molestia en el tono usado por Pikeru.
—¿Qué sucede?
—El Heraldo… —respondió Pikeru en un suspiro—. Su visión está completamente nublada. Esos dolores de cabeza de los que habló, no son normales. Necesita ver a un curandero, y pronto. Esto podría matarlo.
—¿No podrías ayudarlo con tu magia?
—¡Eso sería como inyectarle veneno en las venas! —se escandalizó Curan.
—Eso es cierto —agregó Pikeru con un suspiro—. Mi magia blanca es magia de sanación, pero se basa en la luz. Si la usara en el Heraldo, haría más daño que bien. Necesita un curandero especializado en magia oscura.
Harry frunció el ceño en un gesto contrariado.
—Creí que la magia oscura causaba daño.
—Otra vez con los prejuicios —gruñó Curan cruzándose de brazos—. No es la naturaleza de la magia sanar o herir, eso lo define la intención de quien la usa. Ese hechizo de corte que usan los magos de este mundo, si lo diriges al cuello de otra persona, puede matarla. Pero el que pueda hacer eso, no quiere decir que haya sido creado o deba ser usado con esa intención.
—Muy bien, lo entiendo —dijo Harry alzando las manos en señal de rendición.
—Más te vale.
—El asunto es, ¿dónde encontraremos un curandero que pueda ver a Judai? No creo que los medimagos, o los médicos muggles sepan sobre estas cosas. Pero, en primer lugar, hay una posibilidad de que esta sea la última semana de Judai en la Academia.
Pikeru y Curan se miraron con horror.
—¡Él no puede irse! —gritó Curan—. Si se va, estamos condenados, muertos, será el fin del mundo.
—Todas las señales confluyen en esta isla —explicó Pikeru—. Esta escuela será el epicentro de la guerra contra la Luz de la Destrucción. Por eso queríamos que vinieras a esta Academia. Si ibas a ayudar al Heraldo, tenía que ser aquí.
—¿Por qué se iría? —preguntó Curan entre asustada y enfadada.
—No es que Judai quiera irse. Miren, se metió en problemas, y a menos que gane un duelo tag dentro de dos días, será expulsado de la Academia.
—¿Por qué los humanos tienen que ser tan imbéciles? —gruñó Curan—. Uno trata de ayudarlos, y van y hacen estas cosas.
—El mundo no sabe lo que está pasando —le recordó Harry.
—Pues deberían —espetó la maga de ibano cruzándose de brazos—. Sus acciones nos condenarán a todos.
—Judai no va a perder, espero. Además, pensé que ustedes sabrían. Ha sido un tema recurrente en nuestro grupo de estudio los últimos días.
—No estamos vigilando lo que haces todo el día —aclaró Pikeru.
—En especial mientras estudias. Me aburrí lo suficiente en mis clases teóricas para toda una vida.
Pikeru suspiró negando con la cabeza.
—Y te enorgulleces de eso —masculló—. ¡Auch! —se quejó cuando su hermana le jaló la coleta.
Harry negó con la cabeza. Agradeció que Neville llegara en ese momento, lo que hizo que las dos magas desaparecieran dejándolos solos.
4
Fue una semana intensa. El duelo oscuro en el dormitorio abandonado, el castigo de Judai y Sho, una carrera contra reloj para darle confianza al segundo —quien incluso intentó abandonar la Academia por su cuenta en una precaria balsa que sólo lo habría conducido a su muerte de haber llegado a mar abierto—, y un desafió de Judai al Káiser: Ryo Marufuji, el hermano mayor de Sho y el mejor duelista de toda la Academia. Judai perdió, por supuesto, pero incluso con su derrota, logró demostrar un punto a Sho.
El jueves, el profesor Satou miró con suspicacia el cuaderno de trabajo de Judai.
—¿Alguien hizo el trabajo por usted?
—No, profesor.
—Veremos. —Sacó una hoja de su maletín y se la pasó a Judai—. Si de verdad usted resolvió los ejercicios por sí mismo, joven Yuki, no le costará responder este examen.
—¿Examen? —chilló Judai.
—Tiene hasta el final de la clase, o puede despedirse de su mazo.
Judai suspiró resignado, tomó el examen, se sentó en su escritorio y comenzó a trabajar. Mientras, el profesor comenzó a explicar conceptos sobre ecuaciones cuadráticas al resto de la clase.
Al terminar la hora, que también era la última clase del día, el profesor Satou tomó el examen de Judai, tras despedir al resto de la clase y pedirle a él que se quedara. Miró la hoja con ojo crítico durante un momento (en el cual Judai no pudo hacer sino sudar con nerviosismo), y luego sacó un sello poniéndole una nota aprobatoria.
—Es un buen trabajo, en lo que cabe. Puede irse, y si no quiere volver a pasar por esto, le sugiero que preste más atención en mi clase.
—Lo intentaré, profesor, muchas gracias. —Hizo una reverencia, y luego salió del aula casi corriendo.
Judai pasó el resto de ese día, y la tarde del viernes, practicando sus tácticas de duelos Tag con Sho. Neville, Harry, Daichi y Hayato (a regañadientes) se turnaron para hacer equipo y enfrentarlos.
El sábado, después de clases, toda la escuela se unió en la Arena Principal para el duelo de castigo.
Chronos no hacía nada para ocultar su obvia antipatía a los dos alumnos de Osiris, con comentarios sarcásticos apenas velados e incluso sobrenombres. Peor aún, eligió como sus oponentes a dos profesionales expertos en duelos Tag: los hermanos Meikyu, un dúo de duelistas procedentes de China y cuyo estilo de duelo, diseñado para bloquear a sus oponentes como en un laberinto —algo acorde con el significado de sus nombres—, incluso dio problemas al Rey de los Duelistas durante el legendario torneo del Reino de los Duelistas.
La situación se puso tensa, en especial al comienzo, cuando los duelistas profesionales se centraron en atacar a Sho, lo cual hizo que Judai estuviera más ocupado tratando de protegerlo que en establecer un campo a su favor con sus fusiones.
Por fortuna, el ingenio de Judai, y la confianza que Sho ganó durante la semana, fueron suficientes para que se repusieran y lograran derrotar a sus oponentes, para consternación del profesor Chronos. Sin embargo, seguía siendo un castigo, y el director lo dejó ver al asignar un enorme ensayo a ambos estudiantes sobre lo que aprendieron en su experiencia de duelos Tag durante esa semana y contra dos profesionales.
—Al menos es una asignación de duelo —suspiró Judai, intentando consolarse a sí mismo, ya que eso se sumaba a la larga lista de tareas pendientes que comenzaban a acumulársele. Y eso que apenas estaban terminando su segunda semana en la Academia de Duelos.
5
La tercera semana en la Academia comenzó con cierta expectativa. Era la última semana de abril, así que los estudiantes estaban más impacientes por lo que harían durante la semana de vacaciones que tendrían a comienzos de mayo, la Golden Week japonesa. Como sucedía cada año, el noventa por ciento de los estudiantes habían firmado su salida de la isla. Algunos volverían a casa (la mayoría de estos japoneses) y otros pocos pasarían la semana en ciudad Domino, donde tenía lugar un gran festival dedicado al duelo que duraba toda la semana.
Originalmente, Harry y Neville habían pensado hacer eso último, pero Harry tuvo que cambiar sus planes, y Neville optó por quedarse con él. La razón: el ferri volvería a Domino la tarde del jueves 28, para llegar a la ciudad el día 29, el primero de la Golden Week, eso colocaba a la Noche de los Espíritus justo el día después. Si Harry quería respuestas sobre cómo ayudar a Judai, debía quedarse en la Academia.
—No tienes que quedarte, ¿sabes? —le dijo a Neville, cuando vio que borraba su nombre de la lista de quienes pasarían la semana libre en Ciudad Domino, para anotarse en la lista de quienes se quedaban.
—Pikeru y Curan dicen que es importante, entonces me quedo.
Los dos espíritus no habían estado conformes con que Harry revelara su existencia a Neville, pero Harry le dijo la verdad: se harían las cosas con ayuda de su mejor amigo, y eso era decisivo. Si algo había demostrado Neville durante las locas aventuras a las que su amistad los había arrastrado juntos en Hogwarts, era que él nunca daba un paso atrás. No lo hizo durante la carrera de obstáculos que fue ir por la Piedra Filosofal, ni ante la amenaza de enfrentar a un basilisco durante su segundo año. Confiaba en él con su propia vida.
—¿Cómo se supone que hablemos con los espíritus? —preguntó Neville la tarde del jueves, mientras veían partir el ferri.
Según Pikeru y Curan —le explicó Harry—, el velo entre ambos mundos se había ido debilitando gradualmente conforme se acercaba Walpurgis. La noche del sábado, con el conjuro adecuado, podrían saltar el bloqueo que había entre Judai y sus espíritus para averiguar que pasaba con el Heraldo y dónde estaba el Guardián.
Por suerte, Judai se había quedado.
Harry se regañó a sí mismo por no haber pensado la posibilidad de que el estudiante de Osiris se iría a casa por las vacaciones, lo cual por fortuna no ocurrió. Aunque, hizo una nota mental del hecho particular de que Judai fue el primero que corrió a escribir su nombre en la lista de los que se quedaban, cuando el profesor Daitokuji se las pasó durante la primera clase del lunes.
Judai suspiró con un alivio que le hizo pensar que no quería ver a su familia.
—¿Estás seguro de que no quieres volver a casa? —le preguntó.
—No habrá nadie allí. Papá y mamá suelen pasar estos días en el extranjero por trabajo. Es mejor estar aquí, aburriéndome con algunos amigos, que allá aburriéndome solo. ¿Qué hay de ti?
—Mi familia vive en Inglaterra. Sería muy cansado hacer dos vuelos internacionales en menos de una semana. Además, allá no son vacaciones. Los veré durante el verano.
Neville le respondió algo similar.
En fin, ese bache superado, era momento de preparar todo para la noche del sábado.
Más tarde, Harry no supo si fue la suerte Potter —estaba un noventa por ciento seguro de que fue así— o la de Judai, pero los planes casi se vienen abajo cuando un grupo de estudiantes de Obelisco decidieron jugar con magia que no entendían, dando como resultado la liberación de un furioso espíritu de duelo que casi termina matándolos a todos.
