Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi, Shueisha y Konami.
Capítulo 12
La Noche de los Espíritus
1
La tarde del sábado, Harry regresó a su dormitorio tras una comida tardía. Sólo cinco estudiantes, además de él, todos ellos de tercer año, permanecían en el dormitorio amarillo durante las vacaciones. El lugar se sentía muy vacío y solitario; y sin Daichi allí, no había nadie con quien hablar.
Entró a su habitación y se dirigió hacia su escritorio. Su mochila estaba colgada en el respaldo de su silla. Sacó sus cuadernos, libros y útiles escolares; y los apiló de forma ordenada sobre el escritorio. Luego, se dirigió al armario y comenzó a sacar unos pocos cambios de ropa. Como estaban de vacaciones, no era necesario llevar el uniforme todo el tiempo.
—¿Qué haces? —le preguntó Curan, apareciendo sentada en la orilla de la cama. Harry notó que el colchón se había hundido como si hubieran puesto peso real sobre él.
—Tomaré la palabra de Judai, e iré a visitarlos al dormitorio Osiris, aunque sea por este fin de semana. De todas formas, tengo que estar allí para llevar a cabo nuestro plan esta noche.
Comenzó a guardar la ropa en la mochila, luego fue al baño en busca de sus artículos de aseo personal.
—Te ves mucho más sólida —comentó mientras salía.
—Unas pocas horas más y el velo entre los mundos desaparecerá por completo. En cuanto caiga la noche, podré tener cuerpo físico en este mundo.
Pikeru apareció, también sobre la cama, asintiendo con fuerza confirmando lo dicho por su hermana.
—Es una lástima que haya tan pocos estudiantes en la isla —suspiró el mago blanco—. No habrá suficiente energía de duelo para que todos puedan vernos.
Harry se echó la mochila al hombro, tras comprobar que no olvidaba nada, y luego se dirigió hacia la puerta. Los dos espíritus se volvieron más transparentes, pero no desaparecieron del todo, y siguieron a su maestro de cerca.
—Pensé que las dos encontraban aburrido seguirme en el día a día.
—Son vacaciones —le recordó Curan—. Dudo que vayan a estudiar.
—Tal vez lo hagamos. Los exámenes parciales son a mitad de mayo.
—No empacaste libros ni cuadernos —continuó Curan sonriendo con triunfo.
Harry negó con la cabeza, y por el rabillo del ojo vio que Pikeru no estaba muy de acuerdo con la actitud de su hermana. Por momentos hacía una expresión de molestia mezclada con exasperación que le recordaba a Hermione, cuando ella regañaba a Ron y a Charlus por no hacer sus deberes o prepararse para un examen.
No pudo evitar sentir una punzada de nostalgia y dolor. Le encantaba estar en la Academia de Duelos, pero también le habría encantado poder continuar en Hogwarts. No se arrepentía de haber elegido a la Academia, lo que le pesaba era que, al final, el destino no le dio la oportunidad de elegir por sí mismo.
Ahora que pensaba en Hogwarts, se preguntó cómo le estaría yendo a Charlus. ¿Estaba ya listo para la última prueba del torneo? ¿Habían descubierto ya quien había echado los nombres de ambos en el Cáliz de Fuego? Las cartas que había recibido de Hermione no eran muy específicas respecto detalles del torneo. No podía dar muchos detalles, no sin arriesgarse a llamar mucho la atención. Harry no recibía correo en lechuza por ese motivo, así que Hermione enviaba las cartas a sus padres, quienes se ocupaban de escanearlas y enviarle el archivo de imagen por correo electrónico. Por supuesto, los señores Granger confiaban en su hija y nunca revisarían su correo, pero aun así era mejor estar seguros con temas tan delicados.
Sus charlas con sus padres, su padrino y su tío Remus, a través de videollamadas, tampoco le decían mucho. Entre el hecho de que no podían hablar tanto tiempo como quisieran, y que sus padres no querían tocar esos temas con él, Harry a veces sentía que estaba siendo dejado por completo al margen de lo que pasaba en su familia.
«No es que tú seas muy honesto con ellos», se recordó. No podía llegar y hablarles sobre los espíritus de duelo, la guerra que se avecinaba en ese mundo desconocido para todos —salvo para unos pocos duelistas—, y mucho menos explicar que estaba planeando aliarse con alguien que representaba a la misma oscuridad. Por más que se recordara que no era la misma oscuridad de la que había escuchado hablar durante toda su vida, le era un poco complicado separar eso de los prejuicios en los que había sido criado. Si era así para él, quien gracias al duelo estaba más que dispuesto a creer que la oscuridad no era lo que los magos creían, no quería pensar en cómo lo tomarían personas como Dumbledore o su familia, los máximos representantes del «lado de la Luz» en la Gran Bretaña Mágica.
Mientras pensaba todo esto, Harry salió del edificio de Ra, y siguió el sendero que el GPS de su PDA —el dispositivo electrónico que recibían todos los estudiantes de la Academia, y que hacía de horario escolar, agenda, teléfono, servicio de correo y hasta simulador de duelo, todo en uno— le indicaba como el camino al dormitorio Osiris. Resultó ser el mismo camino que iba hacia los muelles, sólo que se bifurcaba a la mitad, entrando por un sendero del bosque.
Salió del bosque cerca de un acantilado y se detuvo en seco.
—¿Eso es el dormitorio de Osiris? —cuestionó Curan con un tic en su ojo derecho.
—Quien sabe, tal vez sea más cómodo por dentro de lo que se ve por fuera —dijo Pikeru, dando el beneficio de la duda a tan desvencijado edificio.
—Las pocilgas que construyen los Ojama se ven mucho mejor que… esa cosa.
—Bueno, ya estamos aquí —las interrumpió Harry. En cierto sentido, el lugar le recordaba a la Madriguera, el hogar de los Weasley, salvo que dudaba que el dormitorio Osiris se mantuviera en pie debido a la magia.
Caminó el tramo que le faltaba para llegar al dormitorio. Luego, fue hacia las puertas correderas en la habitación a la derecha del edificio, en el extremo opuesto a las escaleras. Judai y Neville le habían dicho que pasaban el tiempo allí cuando la tienda de cartas de la señorita Tome estaba cerrada.
—Sólo abre la puerta —le había dicho Judai un par de horas atrás—. De todas formas, la cerradura no funciona.
Comprobó que eso era cierto. Aunque, no era que la cerradura no funcionara, directamente la puerta no tenía una. No que la necesitara, al ser una puerta corredera tradicional japonesa. De hecho, todo el edificio estaba construido con una arquitectura más japonesa, a diferencia del estilo europeo de los otros dos dormitorios. Los de Obelisco directamente parecían dos castillos franceses de lujo. Y el edificio principal parecía una especie de templo, en especial por los obeliscos que adornaban la espada principal, y la fachada.
—¿Hola? —saludó tras abrir la puerta.
Neville, Judai, Sho y Hayato estaban allí, jugando un duelo de todos contra todos.
—¡Harry! —lo saludó Judai alzando la cabeza desde su lugar—. ¿Quieres jugar? Casi acabamos esta ronda. Entre más seamos, mejor.
—Seguro —aceptó mientras se acercaba a ellos.
Hayato frunció el ceño con sospecha. Un gesto que a Harry no le extrañó mucho: el pobre chico había repetido dos veces su primer año, y estaba acostumbrado a que los estudiantes de Ra y Obelisco sólo fueran por allí para burlarse de los Osiris, en especial de él.
—¿Por qué hay dos niñas con cosplay de Mago Blanco Pikeru y Mago de Ibano Curan contigo?
Harry lo miró sorprendido. Sho y Judai parpadearon en la dirección de su compañero de habitación; Neville pasó la mirada entre Harry y Hayato, y viceversa, como en un partido de pingpong.
—¿Puedes verlas? —le preguntó Harry.
—¿Ver qué? —cuestionó Sho, mirándolo con el ceño fruncido.
—¡Puede vernos! —exclamó Curan.
Judai miró en dirección a Harry, inclinando la cabeza con curiosidad.
—¿Ustedes no las ven? —les preguntó Hayato a sus amigos, sorprendido—. ¡Son idénticas a las cartas!
—Claro que somos idénticas, chico Koala, ¡somos las únicas e insuperables princesas de la Profecía!
—Perdona a mi hermana, joven duelista, consume mucha azúcar y todavía no se ha tomado su medicina.
Curan le dio un puntapié en el tobillo, lo que la hizo chillar de dolor.
—¿Cómo…? —cuestionó Hayato, procediendo a abrir y cerrar la boca como pez fuera del agua.
Judai se rascó la cabeza cada vez más confundido, luego, se llevó los dedos pequeños a los oídos e hizo un movimiento como si estuviera tratando de limpiarlos.
—¿Te sientes bien, Aniki? —le preguntó Sho preocupado.
—Creí escuchar un murmullo.
Curan centró su atención en él, mirándolo fijamente. Luego, sin previo aviso, se trepó a la mesa de un salto, se paró en cuclillas frente a Judai y lo miró aún con más intensidad, a escasos diez centímetros de su cara.
—Eso es grosero —la regañó su hermana.
Curan la ignoró, procediendo a alzar su mano derecha, para chasquear sus dedos justo frente al Osiris.
Harry miró a Judai con mucha atención, mientras que Neville le dirigía una mirada curiosa. Hayato, un poco más recuperado de su impresión inicial, tenía la mirada fija en la pequeña maga sobre la mesa. Sho seguía confundido.
Judai parpadeó un par de veces.
—¡Vamos, concéntrate, deberías poder verme! —gritó Curan con exasperación.
—Curan —musitó Pikeru en un tono de tristeza.
—¿Qué está haciendo? —preguntó Hayato a Harry, cada vez más confundido.
—Quiere que Judai la vea.
—¿Ver a quién? —preguntó Judai igual de confundido que Hayato.
—La niña con cosplay de Curan frente a ti.
Una vena de furia se dibujó sobre la cabeza de Curan.
—¡Qué no es un cosplay, tú… tú… apestoso cara de Des Koala!
Judai entrecerró los ojos. Por un momento, estaba seguro de que algo había parpadeado frente a él. Creyó ver una silueta de algo o alguien. Sintió el pinchazo de la migraña.
«Lo estás imaginando», susurró la misma voz en su cabeza que normalmente le recordaba las cosas en las que no quería pensar: cómo tomarse sus medicinas, o recordarle que sus padres aparecerían por la Academia en cualquier momento, para cortarle la poca libertad que había obtenido al escaparse hacia allí.
Curan volvió a centrar su atención en Judai. Pikeru, todavía de pie al lado de Harry, sintió un escalofrío y luego jaló el pantalón de su maestro para llamar su atención.
—Hay algo muy malo en él —susurró.
Harry notó el temblor de miedo y la preocupación en el espíritu de blanco.
—No me gusta esto, Harry. ¡Tenemos que ayudarlo!
Curan decidió probar otro enfoque: alzó sus manos y las posó sobre las mejillas de Judai. El chico cabeza de Kuriboh entrecerró los ojos.
—¿Quién está aquí? —preguntó. Habría jurado que unas pequeñas manos acababan de tocarlo.
«Imaginas cosas. Debe ser por ignorar tus medicinas. Deberías ser un niño bueno, Judai. Los niños buenos no desobedecen a sus padres».
Curan apartó las manos de las mejillas de Judai, como si algo la hubiera quemado. Pikeru, cada vez más asustada, se escondió detrás de Harry, como un niño tímido oculto detrás las piernas de su padre.
Judai se llevó la mano derecha a la cabeza, como si eso pudiera calmar la migraña que por momentos se hizo insoportable. Cada vez más le era más complicado ignorar la voz en su cabeza, instándole a ir a buscar sus pastillas.
—¡Busca a Necroshade! —gritó Pikeru de pronto.
Curan no perdió el tiempo, reunió toda la energía de duelo que pudo para poder tocar las cartas, y comenzó a buscar en la mesa, donde todavía estaba el mazo de Judai.
Sho saltó hacia atrás, casi cayendo de su silla, al ver como las cartas de Judai se movían solas, como si alguien estuviera buscando algo allí.
Un trueno resonó afuera.
Curan encontró la carta, alzó al monstruo y lo colocó en la mano izquierda de Judai.
El chico lo sostuvo, y de inmediato sintió que el dolor disminuía, y la molesta voz se retiraba.
Sho soltó un grito cuando la puerta corredera de la cafetería estalló en pedazos.
Las miradas de todos se dirigieron hacia el ruido. Sobre los restos de la puerta, tratando de ponerse de pie de forma trabajosa, con las manos llenas de cortadas por los vidrios y las astillas, se encontraba un estudiante de Obelisco.
2
—¿El profesor Daitokuji? ¿Dónde está? —preguntó el estudiante de Obelisco muy asustado.
Sho, escondido detrás de Hayato, se asomó un poco. Curan y Pikeru desaparecieron, lo que hizo que Hayato parpadeará con la confusión reflejada en su rostro. Harry y Neville corrieron a ayudar al estudiante de Obelisco.
Mientras eso pasaba, Judai continuaba sentado, con la carta del «Héroe Elemental Necroshade» todavía en su mano. El dolor de cabeza había disminuido de nuevo, y la molesta voz en su cabeza se había convertido en un murmullo lejano. Con sus manos temblorosas, recogió el resto de sus cartas. Durante los últimos años, desde que se reencontró con el duelo, habían sido un salvavidas para él.
—¿Qué sucede aquí? —la voz preocupada del profesor Daitokuji llenó la habitación. Acababa de llegar desde su oficina.
Neville y Harry habían ayudado al estudiante a sentarse en una de las sillas.
—¡Profesor! —lo llamó el chico aliviado.
—¿Joven Takadera? ¿Qué sucede?
—Yo… necesito su ayuda. —Otro trueno resonó, haciendo que el joven se estremeciera de miedo—. Él me está persiguiendo…
Takadera les contó lo ocurrido. Él y otros dos compañeros de Obelisco, Isaka y Mukouda, intentaron llamar a un espíritu de duelo, después de que escucharan sobre ellos en su clase de «Fundamentos mitológicos del duelo», una clase opcional que el profesor Daitokuji impartía a partir del segundo grado.
—No pensamos que de verdad fuera a funcionar…
—¿Es posible eso? —preguntó Sho con voz entre incrédula y asustada—. ¿Invocar un espíritu de duelo?
—Lo es —respondió el profesor, mucho más serio de lo normal—. Lo que no entiendo, es como lograron encontrar el ritual para hacer algo como eso.
Takadera se estremeció ante el tono de reprimenda del profesor.
—Amazon —murmuró—. Una tienda gótica en Amazon.
Daitokuji soltó un largo suspiro.
—Por supuesto, internet.
Hayato abrió la boca para decir algo, antes de que otra cosa llamara su atención. Era Curan, de pie detrás de Harry, sacándole la lengua. El chico cerró la boca y no dijo nada.
—¿Qué espíritu invocaron? —preguntó Neville al estudiante de Obelisco.
Un trueno resonó de nuevo. Las luces parpadearon un momento, y al instante siguiente, Takadera había desaparecido.
—¿Qué sucedió? —preguntó Hayato. Sho se había ocultado de nuevo detrás de él.
Judai se puso de pie de un salto, con el disco de duelo listo y sus cartas fuertemente sujetas a su mano derecha.
«Tu mazo es tu mejor arma, nunca lo dejes atrás», escuchó una voz en su cabeza. Era diferente a la usual, se sentía más como una memoria reprimida que surgía de nuevo, pero no podía recordar quien se lo había dicho. Escuchar esa voz hizo que por un momento se paralizara, una nostalgia y una tristeza muy grandes lo invadieron. Tenía la impresión de que había olvidado a alguien a quien nunca debió olvidar, alguien que debía de ser lo más importante en su vida.
El grito de Sho asustado lo hizo reaccionar.
Neville y Harry habían extendido también sus discos de duelo, mientras el profesor Daitokuji estaba de pie frente a Hayato y Sho, como si quisiera protegerlos de alguien.
Se dieron cuenta de quien, o más bien que, de inmediato: fuera del dormitorio, había una figura muy alta, de unos tres metros de altura; vestía una gabardina oscura, y un sombrero que impedía ver su rostro. Takadera estaba frente a él, flotando como si unos brazos invisibles lo sostuvieran.
—¿Tú eres el espíritu? —cuestionó Harry al ser detrás del dormitorio.
Dos orbes rojos brillaron bajo el ala del sombrero. La criatura parpadeo como un televisor con estática, y luego desapareció llevándose al estudiante de Obelisco con él.
—¿A dónde se fue? —preguntó Sho cada vez más asustado.
Judai salió corriendo. No sabía por qué, pero podía sentir a donde había ido el extraño ser. No paso mucho tiempo, antes de que fuera consciente que los otros habían echado a correr también detrás de él.
Se internaron en el bosque, a través de uno de los senderos que estaban prohibidos para los estudiantes. Pronto vieron por qué: el camino terminaba justo en la planta eléctrica de la isla.
Takadera estaba tendido en el suelo, en medio de los transformadores. El ser que lo había llevado allí no parecía estar por ninguna parte. Hasta que un trueno retumbó en el área, dejando ver su silueta en medio de otros dos transformadores.
Lo siguiente que pasó duró sólo unos segundos, pero para todos se sintió como minutos. La criatura alzó sus manos, reuniendo una bola de energía allí que disparó en dirección a los estudiantes y su profesor.
Neville, más por auto reflejo que otra cosa, sacó la varita que siempre llevaba oculta bajo su manga derecha. En esa situación de peligro, le daba igual romper el estatuto del secreto. Claramente, todos morirían si no hacía algo.
—¡Protego!
El escudo normalmente invisible brilló en color rojo al absorber el ataque enemigo.
—¡Buen trabajo, joven Longbottom! —lo felicitó el profesor Daitokuji—. Si estuviéramos en Hogwarts, le habría dado cincuenta puntos a su casa.
Harry y Neville miraron al profesor, quien simplemente les sonrió de forma enigmática.
—¿Quién eres? —exigió saber Judai al espíritu.
Un nuevo relámpago en el cielo les reveló que se trataba del monstruo Jinzo.
Harry sintió todo muy surrealista, cuando el espíritu explicó toda su historia de cómo planeaba robar la energía de duelo de sus invocadores, para finalmente obtener un cuerpo físico y buscar la venganza contra el causante de su estado actual. No pudo evitar pensar en Tom Riddle, hablando con pelos y señales sobre sus planes, completamente seguro de que nadie podría detenerlo. ¿Qué extraña patología mental sufrían los villanos que necesitaban por fuerza regodearse en sus planes malignos?
—¡No dejaré que lo hagas! —gritó Judai—. ¡Te desafío a un duelo!
Jinzo soltó una carcajada metálica.
—Ya veo, eres el Heraldo, pero estás débil. ¿Qué puedes hacer contra mí en tu estado actual? Con gusto absorberé tu energía de duelo y le daré un mejor uso.
—¿Heraldo? —preguntó Judai extrañamente nostálgico por escuchar dicha palabra dirigida a él—. No sé de qué hablas, sólo sé que trataste de herir a mis amigos, y no dejaré que te salgas con la tuya.
—¿Es buena idea dejar que haga esto? —preguntó Sho asustado.
—Si lo que dicen los viejos mitos que han llegado a nosotros sobre el duelo es cierto, Jinzo no puede sino aceptar el desafío —explicó el profesor—. Para ellos, los duelos son una cuestión de honor, en dónde se juegan la vida y la muerte.
Sho se giró para ver a Judai.
—¡Espera, Aniki!
Demasiado tarde: ambos duelistas ya habían sacado sus manos iniciales, el duelo había comenzado.
El duelo que siguió fue posiblemente el más tenso que experimentaron hasta ese día. Jinzo, como buen monstruo insignia del estilo Psycho Art, usaba un mazo centrado en impedir que el oponente jugara con trampas invocándose a sí mismo. Además, usaba la carta mágica «Ectoplasmador» para obligar a los jugadores a sacrificar uno de sus monstruos al final del turno, con el fin de infligir como daño a los puntos de vida la mitad del ataque original del monstruo sacrificado. Jinzo no temía sacrificar su copia de sí mismo para hacer daño a Judai, ya que empleaba tres copias del monstruo «Jinzo - Retornador» para revivirse a sí mismo desde el cementerio.
—Esperaba mucho más del Heraldo —se burló Jinzo cuando a Judai sólo le restaban cien puntos de vida.
El joven de Osiris respiraba de forma pesada. Casi todo su cuerpo se había desvanecido al ir perdiendo su energía vital, y los choques eléctricos constantes de los ataques psíquicos de Jinzo le estaban pasando factura.
—No voy a rendirme —aseguró Judai, mientras robaba su última carta.
Se podría decir que fue un verdadero milagro, cuando activó «Fusión Milagrosa» para invocar a «Héroe Elemental de la Llama Wingman», tras usar un siempre confiable «Tifón del Espacio Místico» para librarse del «Amplificador» que le permitía a Jinzo activar sus propias cartas de trampa, incluso cuando él mismo estaba en el campo. Todo terminó con una combinación clásica usando a «Rascacielos» para dar poder a su héroe logrando superar el ataque de Jinzo.
El cuerpo de Judai volvió a hacerse visible, mientras Jinzo desaparecía jurando venganza, como buen villano ocasional. Por fortuna, los otros dos estudiantes desaparecidos volvieron con la derrota del espíritu.
Judai alcanzó a girarse, para hacer a sus amigos una señal de triunfo, antes de desplomarse en el suelo.
—¡Aniki! —alcanzó a escuchar el grito de Sho, antes de que la oscuridad se tragara al mundo.
3
Judai sabía que estaba inconsciente. De una forma instintiva, entendía que el duelo con Jinzo le había quitado mucha de su fuerza. Además, tenía muchas preguntas en su mente: ¿qué había sucedido esa tarde en la cafetería? ¿De verdad había dos espíritus de duelo allí? Hayato los mencionó, y también Harry. Ellos no mentirían o harían una broma pesada al respecto.
Y estaba lo que Jinzo le había dicho: lo había llamado Heraldo. La palabra despertó un sentimiento extraño, e hizo que la voz en su cabeza gritara. Judai la ignoró. Jinzo no dudaría en lastimar a sus amigos. Daba igual si creía o no en Juegos de lo Oscuro o espíritus de duelo, la amenaza enfrente de ellos era real, y todos sus instintos le gritaban que su deber era proteger a sus amigos de esa amenaza. Ya habría tiempo después para preocuparse por cuál era la verdad detrás de lo que estaba pasando. Judai no podía permitirse perder a sus amigos, ahora que por fin los tenía.
Eso fue lo que pensaba en los momentos del duelo.
Siempre fue el paria en la escuela, el chico que trataba de hacer amigos, pero del que todos se alejaban como si tuviera una enfermedad contagiosa. Intentó participar en deportes, pero las medicinas del doctor Kogami eran tan fuertes que lo convertían en un zombi, que no podía hacer nada y eventualmente era sacado de los equipos.
Y luego, mientras buscaba en el armario los viejos álbumes de fotos de sus padres, para una tarea sobre la historia de su familia, encontró una vieja caja de zapatos llena de cartas de duelo. Recordó que el Duelo de Monstruos había sido algo muy importante para él en el pasado; pero no podía recordar cuándo o por qué.
«Judai, naciste para el duelo. Es parte de tu naturaleza».
Era la misma voz que había escuchado antes en sus recuerdos. La voz de la persona a quien había traicionado. ¿Quién era esa persona? Incluso inconsciente, sintió las lágrimas correr por sus mejillas. Quería recordar a esa persona, no, necesitaba recordarla; pero el simple esfuerzo hacía que el dolor incrementara, y la otra voz en su cabeza reía a costa de él.
«Si no puedes recordarla, entonces no es alguien importante», dijo en un falso tono comprensivo.
«¡Claro que lo es!», quiso replicar, pero el dolor ahogó sus pensamientos.
«¿Quieres que el dolor se vaya?», preguntó la voz.
Judai quiso responder de nuevo, pero justo en ese momento, una sensación de paz lo invadió y por fin pudo descansar. Lo último que creyó oír antes de que su consciencia se apagara, fue algo que sonó como un «Kuri Kuri».
4
En cuanto Judai se desplomó, sus amigos corrieron a ayudarlo. El profesor Daitokuji les pidió que hicieran espacio, mientras se agachaba y revisaba sus signos vitales.
—Todavía respira y tiene pulso —dijo aliviado, antes de ir a comprobar a los otros tres estudiantes, quienes comenzaban a despertar—. Muy bien, hay que llevar a todos al ala del hospital.
Harry hizo una mueca de resignación. Detestaba la enfermería de Hogwarts, no imaginaba que con la de la Academia fuera a ser muy diferente.
El profesor Daitokuji sacó su propio PDA y envió un mensaje rápido a su colega, Emi Ayukawa, para avisarle que iba en camino con cuatro estudiantes heridos, uno de ellos muy grave.
Hayato cargó a Judai en su espalda y salió corriendo en dirección a la Academia. Harry, Neville y Sho ayudaron a los tres estudiantes de Obelisco, y salieron del bosque guiados por el profesor Daitokuji.
Una hora más tarde, los cuatro estudiantes sanos esperaban sentados fuera de la enfermería, mientras Daitokuji hablaba en voz baja con el director a unos metros de ellos. La profesora Ayukawa había declarado a los tres Obelisco fuera de peligro, aunque les había dado un sedante a fin de que descansaran tras su experiencia. Sobre Judai no había noticias, pero por su expresión, no era algo bueno.
—Todavía no entiendo mucho de lo que pasó hoy —dijo Sho con un tono confundido.
Harry no pudo evitar sonreír un poco cuando vio a un pequeño espíritu con forma de bicicleta, para un niño de cuatro o cinco años, frotarse contra la pierna del estudiante de Osiris como un cachorro, incluso cuando su dueño no podía verlo o sentirlo.
Hayato parpadeó un par de veces cuando notó al espíritu, luego se encogió de hombros.
Neville daba vueltas a su varita entre sus dedos, mirando nervioso en todas direcciones, como esperando que en cualquier momento algún destacamento de aurores japoneses fuera aparecer para arrestarlo.
—Muy bien, chicos —les habló el director—. Sólo quiero que me confirmen algunos hechos y luego podrán irse a descansar.
—¿Judai estará bien? —preguntó Sho.
—La profesora Ayukawa hará todo lo que pueda por el joven Yuki.
Harry asintió con la cabeza, aunque no era lo que quería escuchar.
El director les hizo algunas preguntas, y las respondieron lo mejor que pudieron. Neville estaba muy nervioso cuando le tocó confirmar su participación en todo el desastre de esa noche.
—Créame, joven Longbottom, eso no es lo más raro que he visto en esta Academia. —No había señal de que fuera una broma.
Neville asintió con la cabeza.
Mientras salían del ala del hospital, Neville le hizo una señal a Harry para que se apartaran un poco.
—No deberías sentirte mal, hiciste lo mejor que podías.
—No me arrepiento, es sólo que no puedo sacarme de la cabeza la idea de que en cualquier momento vendrán a arrestarme.
Harry podía entender eso.
—Japón nunca firmó el estatuto del secreto —le recordó—. Hasta donde sabemos, no hay un gobierno mágico separado del muggle en este lugar. Y si lo hubiera, ya habría dado señales de aparecer. Sabes que a un mago no le costaría ni dos minutos llegar a esta isla.
Neville sonrió a su amigo, un poco más tranquilo.
—Sólo una cosa más, ¿por qué tienes tu varita?
—Bueno, salí de Hogwarts voluntariamente, así que el Ministerio no puede prohibirme usar una. La abuela me quitó la varita de mi padre, así que el tío Algie me compró una nueva. Dijo que no pensaba enviarme a una escuela tan lejos sin algo de protección.
Harry le dio la razón en eso al tío de Neville.
—Además, creo que luego de esta noche, de verdad veo porque el profesor Moody ve enemigos hasta en el agua que le sirven para beber.
—Sólo no vayas por allí gritando: «¡Alerta permanente!» —le pidió Harry riendo.
Los dos chicos siguieron a sus amigos para dirigirse al dormitorio Osiris.
Pikeru y Curan, caminaban al lado de Harry con miradas tristes. Por culpa de esos humanos tontos, habían perdido la oportunidad de hablar con los héroes sobre el Heraldo. Peor que eso, el Heraldo casi muere estando ellas allí. Su madre iba a reprenderlas muy duro cuando se enterara de eso.
5
Si había una cosa que la Academia de Duelos no soportaba, era el abuso contra los niños a los que acogía. Seto Kaiba mantenía un séquito de abogados y médicos listos para actuar cuando fuera necesario (si podía evitarlo, ningún otro niño pasaría por lo que él y Mokuba tuvieron que vivir en manos de Gozaburo). Algo que rara vez sucedía. La mayoría de los estudiantes eran hijos de personas influyentes, quienes más que abusar de sus hijos los mimaban en exceso. Algo que Seto Kaiba tampoco veía con buenos ojos, pero al menos la única consecuencia de eso era niños snobs e inmaduros, los cuales no estaban listos para el mundo real, y quienes dilapidaban las fortunas familiares en estupideces una vez que tenían acceso a ellas.
Si esos padres eran tan estúpidos para hacer eso, y esos niños tenían tan poco sentido común como para no aprender de sus errores, y preferían vivir engañados por el mundo color de rosa que les pintaban, le daba igual. Ya se encargaría la vida de darles una lección.
Otros casos, como el de Jun Manjoume, dónde había una gran presión por parte de la familia, pero sin llegar al extremo de Gozaburo, eran vigilados muy de cerca; pero rara vez necesitaban alguna acción por parte de la rama legal de la Academia. En especial no contra una familia tan poderosa como los Manjoume. Cierto, Seto Kaiba era mucho más poderoso (el hombre más poderoso del mundo, dirían algunos), y por eso mismo entendía que debía ser cuidadoso en cómo trataba esos casos. Normalmente, una pequeña manipulación sutil por aquí y por allá, servía para guiarlos en la dirección correcta, ya fuera para que solicitaran ayuda o que encontraran formas de librarse del control opresivo de sus familias.
Y luego estaban casos como el actual, donde el abuso era detectado por el personal médico, y tenía a una furiosa Emi Ayukawa despertando a sus colegas de la dirección de la Academia, y a los mismos hermanos Kaiba, a mitad de la noche.
Legalmente, un médico no puede romper la confidencialidad con el paciente, pero Seto Kaiba no sería Seto Kaiba si no hubiera encontrado una forma de saltarse cualquier ley que le estorbara. Y había una cláusula legal en los papeles de admisión, la cual hasta la fecha ningún padre se había molestado en revisar, diseñada específicamente para saltarse eso. Y mira que algunos de sus alumnos eran hijos de abogados prestigiosos. Dicha cláusula cedía la custodia de los alumnos al director de su dormitorio, en representación del director de la Academia y la junta escolar. No una custodia total, sino parcial y en lo que importaba, como discutir un hallazgo médico como el que Emi había hecho en uno de sus alumnos de reciente ingreso (abuso que de hecho legalmente habría reportado con o sin esa cláusula) con sus colegas a fin de determinar qué acciones legales debían seguir.
—Espero que haya una buena razón para despertarme a la una de la mañana —exigió un furibundo Seto Kaiba a través de la pantalla de videoconferencia.
—Uno de nuestros estudiantes está en el ala del hospital ahora mismo —informó la profesora y jefa del personal médico de la Academia Central—. Su situación es crítica: agotamiento por uso excesivo de energía de duelo, quemaduras por exposición a choques eléctricos y todos los síntomas de haber participado en un Juego de lo Oscuro.
—¿Quién? —se apresuró a preguntar Mokuba Kaiba, con un tono de voz en extremo preocupado.
—Judai Yuki, de Osiris.
—¡Ese chico! —gruñó Chronos—. ¿No está inventando esto para saltarse clases? —Se encogió en su lugar cuando su colega profesora lo fulminó con su mirada. Su acusación no tenía lógica alguna, menos aún en medio del receso de la Golden Week. Chronos tragó antes de agregar—: Digo, es un pequeño bribón que no sabe sino causar problemas.
—Me temo que Emi dice la verdad —intervino el profesor Daitokuji en defensa de su estudiante—. Y no es el único en ese estado. Los jóvenes Takadera, Isaka y Mukouda están también en el ala del hospital debido al mismo incidente.
Chronos chilló indignado.
—¡Tres de mis Obeliscos están graves y no creyeron oportuno despertarme!
—Se pondrán bien, gracias al joven Yuki —lo interrumpió Emi con cansancio. Si tan sólo Chronos mostrara el mismo nivel de preocupación por todos los estudiantes—. Es el joven Judai quien me preocupa.
Por la forma en la que sus labios se fruncieron, Samejima se dio cuenta que el asunto iba más allá de un grupo de estudiantes jugando con la parte mística del duelo. Cada año, algún estudiante intentaba algo cerca de esas fechas, o en octubre, aquellos que de verdad entendían su clase de «Fundamentos Mitológicos del Duelo» como algo más que una asignatura para obtener puntos fáciles. Seto Kaiba la habría eliminado, si no fuera por la amenaza de Pegasus y Yugi de retirar su apoyo a la Academia si lo hacía.
—Los chicos deben saber a qué se están enfrentando, incluso si no lo creen —argumentó el Rey de los Duelistas, y Pegasus estuvo de acuerdo.
—¿Qué descubriste? —fue el profesor Kabayama quien exteriorizó lo que todos pensaban. Salvo Chronos, quien estaba despotricando en voz baja sobre como el Osiris se lo tenía merecido por arriesgar a sus preciados alumnos.
—Dado las quemaduras de obvio origen en choques eléctricos, tuve que hacerle algunas pruebas para descartar daños internos. —Emi golpeó la mesa con furia—. No es conclusivo, hasta que no se realice una prueba neuronal completa, pero creo que el joven Judai fue expuesto a un tratamiento de reasignación de memoria.
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? —preguntó Chronos, olvidando sus murmullos sobre un castigo para el «bribón», con más confusión y preocupación en cada pregunta.
—Es, en términos simples, el siguiente paso a las terapias de electrochoques. Se trata de un tratamiento experimental, desechado por considerarse inhumano el realizarlo en adultos, que básicamente reescribe la memoria completa de una persona utilizando pulsaciones de luz, las cuales permiten alterar casi a voluntad del médico la función neuronal del cerebro. Y alguien, claramente de forma ilegal, lo realizó con el niño a una edad no mayor de ocho años, a juzgar por lo que vi en la resonancia.
La pantalla a través de la cual Seto Kaiba participaba en la reunión parpadeó, en un claro indicio de una liberación involuntaria de energía de duelo.
—¿Qué tan segura está de eso? —preguntó el frío empresario con un tono de voz que haría orinarse en sus pantalones a quienes no estaban acostumbrados a tratar con él.
—Un noventa por ciento. Vi resultados similares cuando trabajé en médicos sin fronteras. Víctimas de experimentos llevados a cabo con engaños en países pobres. Antes de que la ONU los declarara ilegales y nos solicitaran ir a hacer un informe de daños. En el caso del joven Judai, sólo obtuve un resultado parcial arrojado por la máquina de resonancia portátil, pero estoy segura de que en un examen completo veremos mucho más daño del que noté.
Emi suspiró con cansancio.
—Me sorprende que ese chico pueda ser funcional, y de hecho tener duelos con ese nivel de daño. —Se permitió una sonrisa triste—. Con las reservas de energía de duelo que tiene, seguramente se ha estado curando el daño de forma inconsciente durante años. No me extraña que coma tanto y no suba de peso. Tiene mucha energía que reponer.
Seto Kaiba cruzó los dedos frente a su rostro. La mirada en sus ojos, incluso a través de la pantalla, fue suficiente para helar la sangre de todos los presentes.
—Profesora Ayukawa, encárguese de su traslado inmediato al hospital privado de Corporación Kaiba. Use el helicóptero ambulancia y asegúrese de que se realicen todas las pruebas pertinentes para medir la magnitud del daño.
»El resto, quiero que entrevisten a sus amigos más cercanos, al resto de sus compañeros y los profesores. Quiero un informe completo de cualquier anomalía que pueda ser señal de las consecuencias de esto. —Pareció pensar un poco más las cosas, y luego agregó—: incluso comportamientos que no parezcan de importancia.
»Esta reunión terminó.
La pantalla parpadeó una vez más, y luego se apagó. Emi no perdió el tiempo y, junto con Daitokuji, se dirigió al ala del hospital. El director miró a sus otros dos colegas.
—Bueno, creo que hay que preparar café. Hay mucho trabajo por delante. —Ante una situación así, cuanto más rápido se movieran, mejor.
Chronos no se quejó, por el contrario, parecía mucho más serio de lo que nunca lo habían visto.
—Me siento terrible —suspiró por fin—. Todo este tiempo juzgando al chico, y todo se debe a lo que algún bastardo le hizo.
Su colega, Kabayama, le dio unas palmadas en la espalda amables.
—Tranquilo, todos cometemos errores. Y, por lo que he notado del joven Judai, no es de los que guardan rencores por detalles como este.
6
Mokuba, suspiró con cansancio cuando vio a su hermano mayor levantarse de la silla. Estaba en ese modo de fría y calculadora furia que normalmente significaba que estaba listo para destruir por completo a algún rival, o quien lo hubiera insultado personalmente.
—Judai Yuki —repitió el nombre—. ¿Es ese chico que...?
—Sí: a quien Yugi me pidió que vigilara de cerca —confirmó Seto.
Mokuba puso una expresión seria que casi logró igualar a la de su hermano. Conocía el nombre: era el mismo chico que ayudó, o ayudaría en el futuro, a Kisara a volver a casa tras haber sido secuestrada por ese tipo extraño de nombre Paradox.
Sintió la cabeza del dragón blanco pegarse a él como si fuera un cachorro, así que le dio unas palmadas amigables en el hocico. Podía decir que Kisara estaba triste tras escuchar lo que estaba pasando con aquel chico que la había ayudado.
—¿Qué vas a hacer, Seto?
—Por lo pronto, tengo que despertar a nuestros abogados. Los padres —escupió la palabra— o tutores que hayan permitido esto, aprenderán que nadie se mete con Seto Kaiba y sus protegidos.
