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Capítulo 13
La conspiración de la Luz y la Oscuridad
1
Emi Ayukawa era una de las mejores en su campo: la investigación del efecto que la Energía de Duelo tenía en la salud humana. Si bien, en un comienzo sus teorías fueron controvertidas, hubo alguien que creyó en ella: Pegasus J. Crawford. Fue él quien la propuso para su puesto en la Academia de Duelos Central. Según sus argumentos ante la Junta Escolar: ¿quién mejor que una pionera en ese campo de la medicina para ocuparse de una escuela llena de jóvenes duelistas?
La Energía de Duelo en un comienzo fue algo controvertido entre la comunidad científica, para algunos aún lo era. Había pocas pruebas de que algo así existiera. ¿Quién podía creer que un simple juego de cartas podía hacer lo que se le adjudicaba? ¿Enviar gente a un coma profundo? ¿Causar heridas severas? ¿Matar? Era un juego de cartas, no la ruleta rusa.
Entonces, el doctor Zweinstein presentó sus descubrimientos, y nombró al fenómeno como se le conocía ahora: energía de duelo. Si bien, en su trabajo, el doctor aseguró que dicha energía era liberada por prácticamente cualquier clase de juego, el Duelo de Monstruos parecía tener una afinidad mucho mayor con dicha energía que cualquier otra clase de juego existente.
E incluso con el escepticismo inicial, hubo quienes se lanzaron a investigar formas de aplicar esta energía recién descubierta. El doctor Fudo, por ejemplo, había ganado renombre recientemente por su propuesta de que la energía de duelo no estaba presente sólo en los seres humanos, sino en el planeta mismo, y que podía ser empleada como una nueva fuente de energía limpia.
Otros vieron en la energía de duelo una forma de lograr nuevos y efectivos tratamientos médicos. La máquina de reasignación de memoria fue el resultado de algunas de esas investigaciones. Parecía un avance notable que podría permitir tratar trastornos psíquicos y psiquiátricos de una forma más segura y novedosa. Y luego se descubrió el daño que podía hacer a quienes eran sometidos a dichos tratamientos. Si la terapia electroconvulsiva ya era considerada retrógrada por un amplio sector de la sociedad médica, una máquina que virtualmente era capaz de borrar o reescribir por completo la mente humana, fue considerada directamente un crimen. Razón por la cual se declaró ilegal en todo el mundo, y se prohibió continuar cualquier tipo de investigación al respecto.
Pensar que uno de sus estudiantes fue sometido a algo tan horrible, hacía que la sangre de Emi hirviera de rabia.
Emi se reclinó en la silla de la sala de espera del hospital de Corporación Kaiba. Sus colegas médicos estaban realizando un escaneo completo con lo último en equipo de diagnóstico para detectar daño relacionado con Energía de Duelo. La Corporación Kaiba, a través de su joven rama dedicada a la investigación médica, había hecho muchos avances para intentar encontrar la forma de revertir el daño que nefastos experimentos, como al que se había sometido Judai, causaban en las personas.
Judai llevaba ya más de veinticuatro horas sedado y bajo constantes pruebas, lo que hasta el momento incluía dos escaneos con diferentes máquinas, y otros exámenes médicos más convencionales, tales como resonancias magnéticas.
—Doctora Ayukawa.
Emi alzó la mirada cuando escuchó que la llamaban. A juzgar por el fino traje y el maletín, no se trataba de un médico.
—Me presento: mi nombre es Iori Takeda, soy el abogado asignado por la Junta Escolar de la Academia Central a los estudiantes del dormitorio Osiris.
El hombre hizo un saludo tradicional, que la profesora correspondió.
—Emi Ayukawa, directora del Ala Médica de la Academia de Duelos Central. Lamento mi estado poco presentable. No he dormido en más de veinticuatro horas.
—La comprendo. Tenemos una situación similar. El que sea justo la mitad de la Golden Week tampoco ha hecho fácil las cosas. El juez Hida no estaba feliz de ser sacado de sus vacaciones familiares —terminó con una mueca de fastidio, dando a entender que el juez le había hecho pasar un momento difícil debido a esto—. Por suerte, si hay un juez que simpatiza con niños víctimas de malos tratamientos médicos, ese es él. Esperaba tener un informe un poco más detallado sobre el estado del joven Yuki. Entre más tiempo le ganemos al abogado de su familia, será mejor para nuestro caso.
Takeda sabía que con el dinero y las conexiones de Seto Kaiba, era poco probable que los Yuki pudieran hacer mucho —incluso aunque era una familia en buena posición en la alta sociedad japonesa—, pero no sería un buen abogado si no entrara a la «batalla» con todas las cartas en su mano.
—En términos simples, es grave. Me sorprende que sea funcional con el daño que se encontró. Por otro lado, explica muchas cosas: su incapacidad para concentrarse en lo académico, posible falla de memoria a corto y largo plazo, y eso sin contar los recuerdos que pudo haber perdido para siempre. Se encontró también entre sus pertenencias un medicamento que no pudo ser identificado. El laboratorio trabaja en su análisis.
El abogado asintió, asegurándose de tomar nota de todo en su agenda electrónica. Luego, comenzó a poner al tanto a la profesora de los descubrimientos de su propia investigación:
—Conseguimos contactar con el pediatra y el psicólogo infantil del niño. Tuvo un diagnóstico de terror nocturno y estrés a los ocho años. La recomendación médica fue terapia. Los padres no estuvieron de acuerdo. Como muchas personas ocupadas, querían algo inmediato, así que fueron en busca de alternativas. Esos médicos no han vuelto a tratar al niño desde entonces.
Emi frunció los labios en un gesto de molesta. Lo típico: preferir a un niño drogado que tener que lidiar con el avance lento de una verdadera terapia psicológica. Los médicos no comprendían aún del todo como afectaban esos fármacos al equilibrio químico del cerebro en un cien por ciento; pero una farmacéutica siempre preferiría vender Ritalin a sugerir varias horas semanales de terapia.
El teléfono del abogado sonó y se disculpó para ir a contestar. Volvió un par de minutos más tarde, con un semblante mucho más cansado y molesto.
—Esto no hace sino complicarse. Según los padres, no firmaron ningún permiso para que su hijo asistiera a nuestra Academia. Si me disculpa, doctora, debo ir a solicitar una copia de los documentos de admisión.
—¿Qué tan malo podría ser esto?
—Podría derrumbar todo el caso. Si los documentos están mal, entonces no podremos reclamar ninguna custodia. Por suerte, el derecho de un tratamiento médico adecuado para el menor de edad, es mayor al derecho de custodia natural de los padres. Podremos tomar eso como base para ayudarlo.
Emi vio al abogado retirarse de forma apresurada, y no pudo sino suspirar y dejarse caer en la silla con las manos en la frente, sintiéndose cada vez más frustrada con todo eso.
Un par de minutos después, la enfermera le avisó que el joven Judai estaba de vuelta en su habitación, y probablemente despertaría muy pronto.
2
Lo primero que Judai notó cuando volvió su consciencia, fue el pitido de las máquinas del hospital y el olor de los fármacos.
Apretó los párpados con fuerza. No quería abrirlos y descubrir que estaba en la clínica del doctor Kogami. Escuchó la puerta abrirse, y trató de fingir que dormía.
—Sé que está despierto, joven Judai.
Abrió los ojos al reconocer la voz de la profesora Ayukawa.
—¿Qué me delató? —preguntó con una sonrisa tímida.
—Está conectado a una máquina de monitoreo de actividad cerebral. Si estuviera dormido, la máquina me lo diría.
Judai notó que su profesora no se veía muy bien. Su piel estaba pálida, y había gruesas bolsas oscuras bajo sus ojos. Aun así, estaba sonriendo de una forma que pretendía ser tranquilizadora.
—¿Estoy en la enfermería?
—No. Este es el Hospital de Corporación Kaiba, en ciudad Domino.
—¿Qué pasó con Jinzo? —preguntó de golpe, tratando de incorporarse, al recordar lo que había ocurrido en su duelo—. ¿Los demás están bien?
—¡Tranquilo, joven Judai! —le pidió la profesora, haciendo que se recostara de nuevo—. Todos están bien. Y el espíritu de duelo ya no está. Los expertos de Corporación Kaiba han ido a confirmar que cualquier tipo de actividad relacionada con espíritus de duelo en la Academia se encuentra dentro de los niveles promedio para una escuela de duelo.
Judai suspiró aliviado al escuchar eso.
El semblante de la profesora se puso serio.
—Joven Judai, necesito que me responda con la mayor honestidad posible: ¿usted falsificó la firma de sus padres en sus papeles de ingreso a la Academia de Duelos?
Judai sintió que la sangre se le helaba.
—Ellos… —tragó saliva—. ¿Padre y madre lo saben?
Emi suspiró.
—Lo hizo —dijo con tono derrotado.
—¡No! ¡Las firmas son reales, lo juro! —Se mordió el labio—. Puede que haya pegado un membrete de otra escuela en la solicitud de admisión. Padre está tan ocupado que normalmente no revisa bien lo que firma. Y mamá, bueno, ella pone su sello familiar sin pensarlo mucho.
La profesora negó con la cabeza ante la negligencia de esas personas. Por suerte, en este caso quizá era mejor que hubiera sido así.
—Bueno, eso es algo menos de lo que podrán agarrarse sus abogados.
—Ellos, ¿vienen hacia acá? Quiero decir, mis padres.
—Siguen en los Estados Unidos. No hay vuelos debido a una tormenta tropical en el Pacífico. Posiblemente estarán aquí en dos o tres días más. —La profesora miró a Judai con toda la seriedad que pudo—. Ahora, necesito que me responda algunas preguntas sobre su salud general, y quiero que sea lo más honesto posible.
—Antes de eso, ¿puede hacer algo por mí, profesora?
—¿Qué necesita?
—Podría llamar a la abuela.
—¿Su abuela?
—Sí. La inscribí como contacto cuando llené la solicitud. Ella y mis padres no se llevan bien, pero siempre puedo contar con ella. De hecho, pagó mi matrícula y me sugirió como podía hacer que ellos firmaran. No quiero que la vayan a tomar desprevenida.
La profesora le sonrió para tranquilizarlo.
—No se preocupe, la llamaré por usted. Seguramente, querrá venir a verlo.
La profesora cerró la puerta tras de sí, y luego soltó un suspiro de alivio. Era bueno saber que el joven Judai no estaba tan solo en su familia. Y, si había un familiar biológico que podía reclamar derecho de custodia, y hacer lo mejor para el niño, podía mejorar las cosas para sus abogados.
3
En lo que respectaba al mundo, la Academia de Duelos era uno más de los ambiciosos proyectos que Corporación Kaiba, en conjunto con Ilusiones Industriales, llevaban a cabo a lo largo y ancho del mundo para fortalecer la industria que nació con el Duelo de Monstruos. Si bien, al comienzo hubo muchas cejas alzadas, en especial de los más escépticos, no se podía negar la gran cantidad de dinero que movía lo que muchos pensaban era un simple juego de cartas, lo cual hacía necesario el crear instituciones que lo enseñaran.
En un comienzo, el cine también fue visto de esa forma; ahora era una ciencia y un arte respetado. Y lo mismo pasó con muchas otras cosas: la informática se consideró primero un juguete, y no se le tomó en serio hasta que IBM comenzó a vender el primer computador personal. Igual los videojuegos, y ahora el Duelo de Monstruos.
Por supuesto, ellos no sabían lo que Kaiba había descubierto:
El mundo siempre había estado ávido de nuevos y más emocionantes juegos. En ese sentido, cosas como la guerra, la economía y la política eran juegos donde los poderosos movían ficha constantemente. En especial en un mundo en donde los hombres más poderosos del mundo practicaban alguna clase de juego. Gozaburo Kaiba no había sido campeón mundial de ajedrez sólo por coincidencia (él podía haberse justificado diciendo que mantenía su mente afilada para los negocios y la guerra, pero Seto lo sabía mejor: sentía una necesidad casi patológica por practicar algún juego, entre más complicado y emocionante mejor; al igual que él). E incluso cuando hizo lo posible por convertir a sus hijos adoptivos en personas tan frías y despiadadas como él, nunca les prohibió su afición por el Duelo de Monstruos o por los Monstruos Encapsulados; muy por el contrario, los alentó.
El ser humano entendía el poder del juego de forma instintiva, más allá de como una forma de aprender comportamientos: sabía que los juegos eran un motor que mantenía el mundo funcionando.
Después de todas las cosas que había vivido, Seto Kaiba sabía que no había nada al azar. No creía en el destino de la forma ciega en que Ishizu lo hacía, pero tampoco era tan obtuso como para no darse cuenta de patrones que se repetían una y otra vez a lo largo de las eras. Magia, intuición, mero instinto, podía llamársele como quisiera, el punto es que era una fuerza real que presionaba sobre el mundo. En otro momento, quizá habría desechado esas cosas como mera superstición, ahora entendía que eran fuerzas reales, y podían ser manipuladas. Y el Duelo de Monstruos, junto con un disco de duelo, era la forma más efectiva de canalizar dicho poder, presente en todo ser vivo de forma consciente o inconsciente.
Al comienzo, los teóricos que estudiaron el fenómeno (bajo el patrocinio de Pegasus) la llamaron magia, hasta que el doctor Zweinstein acuñó el término Energía de Duelo.
Mientras se investigaba esta energía, se dieron cuenta de que había personas, como Yugi o él mismo, que nacían con la capacidad innata de controlar dicha energía de forma natural. Para estas personas, tener siempre un juego a la mano era una necesidad que iba más allá de un comportamiento humano: formaba parte de su misma naturaleza, como si estuviera inscrito en sus genes. El Duelo de Monstruos se convirtió en el juego perfecto para ellos.
La conclusión de esos estudios fue tajante: quienes habían nacido con esa misma capacidad para manipular la energía de duelo, eventualmente podrían perder el control. Era necesario encontrar la forma de guiarlos antes de que hicieran daño a otros.
Ya habían tenido que lidiar con algunos casos al respecto. Una niña en Sudamérica que de alguna forma hizo aparecer a un «Gilasaurus» en un momento de estrés, el cual cercenó la mano de un niño de un mordisco.
Fue debido a incidentes como ese, que el proyecto de la Academia de Duelos pasó de ser algo destinado a la formación de duelistas profesionales, a convertirse en un lugar para enseñar a quienes tenían dichas capacidades. Así, mucho antes de lo que se pretendió originalmente, la Academia se expandió de un campus a seis: Central, Norte, Sur, Este, Oeste y América. Cada campus construido de acuerdo a las necesidades de los estudiantes que acogería.
De todos estos, Central siempre fue el que más estuvo involucrado en actividad sospechosa. No es que no supiera desde el comienzo o antes de comenzar a construir que dicho lugar era un epicentro natural para energía de duelo. En la isla había ruinas de una civilización que parecía ser incluso anterior al Reino Ryukyu (la civilización nativa de Okinawa, antes de que el archipiélago fuera conquistado y anexado al Japón a comienzos del periodo Edo), una civilización perdida que adoró a unas entidades similares a los Dioses Egipcios.
La isla, en tiempos modernos, pertenecía a la familia del exdirector Kagemaru, siendo él quien la donó para construir en ella la Academia. El hombre tenía una obsesión por revivir la gloria de una cultura a la que estaba seguro pertenecieron sus antepasados, deseaba que la mitología de su isla tuviera su representación en el duelo, como la cultura japonesa con sus Yokais, dioses y onis; o la egipcia, ya tenían.
El resultado fueron tres poderosas cartas, las cuales debieron ser selladas en un antiguo templo bajo el campus principal. Lo cual trajo otro problema: el sello requería energía de duelo de forma constante para ser mantenido. Así, incluso contra todo sentido común, la escuela tuvo que permanecer en dónde estaba.
Y ahora, tras tener que lidiar con otro grupo de niños malcriados e incompetentes que no tenían nada mejor que hacer que invocar espíritus desde otros planos, Seto Kaiba estaba recordando todo esto mientras Kagemaru le hacía la propuesta más absurda que había escuchado en los últimos diez años.
—No —fue su respuesta tajante.
—Creo que no lo entiende del todo, señor Kaiba. Esto está en movimiento. No hay forma de pararlo.
Kaiba resopló. Ese era un argumento que había escuchado muchas veces en el pasado, en especial de Ishizu.
—Deliberadamente, estás sugiriendo que deje que un niño que ya ha pasado por mucho se enfrente a una serie de Duelos Oscuros, cada uno más peligroso que el anterior.
—Le estoy pidiendo que permita al niño desarrollar su verdadero potencial.
Kaiba apretó los puños. Yugi le había pedido que vigilara a este niño, el cual no estaba seguro como es que había salido de su radar hasta ahora, considerando que resultó ser el mismo niño que había ganado el concurso del Proyecto Nova. Mismo niño que fue sometido a una terapia de reasignación de memoria que, de haber salido peor, pudo haberle borrado por completo el cerebro. Y ahora, Kagemaru venía y le pedía permiso para enviar a siete duelistas oscuros contra el niño en una suerte de entrenamiento retorcido.
—Vi los informes médicos —continuó el anciano—, y he hecho mi propia investigación por mi parte.
Kaiba frunció el ceño. Kagemaru siempre había sido un dolor de cabeza para él, pero seguía siendo un socio fundador de Corporación Kaiba, y el único accionista que nunca complotó contra él, sino que, por el contrario, metió el pie a los otros cinco traidores cada vez que pudo. Incluso cuando Kaiba no se enteró de que existía hasta el momento en que decidió abrir la Academia. El viejo zorro había sabido como ocultar su presencia muy bien. Y si algo había aprendido Seto Kaiba, era a no confiar en quienes eran capaces de hacer algo así. Especialmente de él y en su propia empresa.
—No crea que es una coincidencia que esto esté pasando justo ahora —agregó el anciano con una sonrisa enigmática—. ¿Qué sabe sobre la familia del niño?
Kaiba alzó una ceja, intrigado.
—Yo puedo decírselo: sus antepasados pueden ser rastreados hasta Okinawa, y sabiendo dónde buscar, incluso conectados con la civilización que habitó la Isla Academia.
El anciano activó el control remoto de su silla de ruedas, para avanzar hacia la ventana de la oficina de Kaiba y mirar afuera.
—Si hay alguien que entiende los matices ocultos de la reencarnación, ese es usted, Señor Kaiba. Y estoy seguro de que sus aliados, los Ishtar, son muy capaces de entender lo que es guardar secretos milenarios. Sólo que, a diferencia de ellos, soy el último de mi clan, el único que puede completar lo que mi familia comenzó hace cientos de generaciones.
—¿Y eso supone arriesgar a un niño pequeño…?
—Eso supone que, como último sacerdote de aquella civilización, mi deber es asegurar que el Heraldo esté listo para detener el fin del Mundo.
Kaiba sintió la irritación apoderarse de él, y casi le provoca un dolor de cabeza. Allí estaba de nuevo: otro problema potencialmente apocalíptico.
Kagemaru se permitió una sonrisa triste.
—La Luz ha cegado a casi todos aquellos que debieron velar por él. En su familia, sólo su abuela entiende la carga de haber heredado el nombre del Rey. Mientras, sus padres, quienes debieron protegerlo, no fue capaz de escuchar la voz de la Oscuridad suplicándole entender su papel en todo esto.
»Usted mismo creó el Proyecto Nova debido a la emanación de Energía Benigna del espacio. Pero, y puede consultarlo con el señor Pegasus, así como existe esa energía benigna, hay fuerzas en el universo que se oponen a la vida. Una de ellas es la Luz de la Destrucción, el gran enemigo de aquella civilización de la que desciendo, de la que desciende este niño. La misma Luz que ha cegado los corazones de quienes debieron ayudarlo a alcanzar su destino.
—Supongamos que creo toda esta locura. ¿Qué te hace pensar que un niño tan dañado como él podrá con esa prueba?
—Superó un Juego de lo Oscuro contra un espíritu durante la misma noche en que no había separación entre los mundos. E incluso cuando la Luz intentó cegar su capacidad para el duelo, le fue imposible. Supongo que ha visto los informes académicos: es un duelista natural. Un talento que sólo puede ser equiparable al de hombres como usted o Yugi Muto.
Kaiba se tensó. Yugi había dicho algo similar, después de contarle a él y a Pegasus toda esa historia increíble de viajeros en el tiempo, y un supuesto futuro en dónde el mundo estaría al borde de la destrucción a causa del Duelo de Monstruos. Eso si no encontraban la forma de hacer que fuera más seguro para su línea del tiempo, lo que fuera que eso significara.
Yugi al menos no se había equivocado respecto a cierto grupo de fanáticos que, sin que lo notara hasta que los buscó activamente, habían infiltrado su compañía.
Al final, había aplastado a este Yliaster con sus propias manos, si bien le tomó cinco largos años. Podía aplastar cualquier otra amenaza, pero no usaría a un niño como arma para eso. No al menos a uno tan dañado como Judai Yuki. Se negaba a dejar que el destino, o lo que fuera, siguiera usando a las personas como marionetas.
Y así se lo hizo saber al anciano.
Kagemaru negó con la cabeza contrariado ante esa respuesta.
—Muy bien, señor Kaiba. —El anciano condujo su silla hacia la salida—. Cumplí con avisarle. Le sugiero que escoja bien a quienes dejará el cuidado de las llaves.
Dicho eso, Kagemaru salió de la oficina, y la puerta se cerró tras de él.
Un furioso Seto Kaiba apretó el botón en su escritorio que abría la puerta. Kagemaru no estaba. No sólo eso, al conectarse a la Nube de Cristal, fue incapaz de detectar al anciano en el edificio.
—¡Mokuba! —llamó al instante a su hermano—. Necesito que se realice una búsqueda exhaustiva del Presidente Kagemaru. Además, lo quiero fuera de la Junta Escolar de la Academia, cuanto antes mejor.
Kaiba apretó los puños con ira cuando descubrió que no había registro alguno de que Kagemaru hubiera estado en su oficina esa tarde.
—La abuela del niño —gruñó, antes de ponerse de pie y dirigirse hacia su helipuerto privado. Si era verdad que había una conspiración rodeando a Judai Yuki, iba a descubrirla.
4
Judai agachó la mirada y trató de contener las lágrimas cuando el juez Hida leyó su sentencia. Sus padres tenían prohibido acercarse a él de cualquier forma. Y debían agradecer que no estaban yendo a prisión. Claramente, si bien el jurado creyó que fueron víctimas del doctor Kogami, y en realidad no sabían que el tratamiento era ilegal y peligroso, el juez no lo creía así.
Por supuesto, no era el final del juicio de custodia, eso llevaría más tiempo. Por ahora su custodia estaba en manos de la Academia, al ser considerado un agente imparcial. Si bien, la cláusula que le permitió esto no estaba libre de controversia, Corporación Kaiba había puesto al ojo público a su favor.
En lo que respectaba a Judai, al menos ahora ya no tendría que tomar esa horrible medicina del doctor Kogami. La profesora Ayukawa, junto con los médicos de corporación Kaiba, habían creado un nuevo tratamiento: muy pocos fármacos (principalmente analgésicos), mucha terapia y, sorpresivamente, mucho duelo. Las heridas físicas producto de su duelo con Jinzo se habían curado por completo en menos de una semana, lo que lo sorprendió. Las quemaduras ni siquiera dejaron cicatrices.
Según la profesora Ayukawa, ese era el poder de sanación y regeneración de la energía de duelo. Según le explicó, era la razón por la que los grandes duelistas apenas si habían envejecido en los diez años transcurridos desde la segunda edición de Ciudad Batallas. Se esperaba que la energía de duelo incrementara la esperanza de vida humana en unas cuantas décadas. Si la ciencia antes había calculado una vida máxima de ciento veinticinco años, un duelista poderoso quizá podría llegar a los ciento cincuenta, o incluso a los ciento ochenta años.
Aún había muchas pruebas que hacer al respecto.
Judai vio a su abuela a lo lejos. Como siempre, vestía de la forma tradicional, al grado que parecía una mujer salida de otra época. Ella lo saludó desde dónde estaba con su mano, en una clara indicación de que las cosas estarían bien.
Luego, fue conducido por el director Samejima, el profesor Daitokuji y la profesora a Ayukawa hacia afuera de la corte, donde la limusina que el señor Kaiba había enviado para ellos los esperaba.
La prensa afuera era un hervidero. No todos los días una familia con cierta importancia en el ámbito de las telecomunicaciones, como los Yuki, enfrentaban un juicio de custodia promovido por negligencia contra su propio hijo y heredero.
Los abogados y guardaespaldas de Corporación Kaiba, acostumbrados a esto, se ocuparon muy pronto del problema. En pocos minutos, la limusina se abría paso a través de las calles de ciudad Domino hacia los muelles, donde los esperaba un helicóptero de la Academia para llevarlos de regreso a la isla.
Cuando Judai llegó a la Academia, fue recibido en primer lugar por Sho, Neville y Hayato.
—¡Aniki! Estaba muy preocupado.
—Estoy bien, no pienso volver al hospital en un largo tiempo.
—Sólo para tus revisiones semanales —le recordó la profesora Ayukawa, lo que hizo que Judai hiciera una mueca de horror—. Bueno, debo ir a ocuparme de otras cosas. Recuerde tener muchos duelos, joven Judai. Recomendación médica.
—¿Muchos duelos? —preguntó Neville sorprendido.
—Sí, bueno, resulta que los duelos son la mejor medicina —le respondió Judai rascándose la nuca.
—¿De verdad? —preguntó Hayato sin creerlo del todo.
—Por supuesto, la ciencia lo ha probado.
Los amigos se dirigieron a las escaleras, tenían que ayudar a Judai a instalarse de nuevo en su habitación. Además, Harry y Daichi los esperaban en la cafetería de Ra: querían celebrar que Judai estaba de regreso. Hasta el profesor Kabayama les prometió una buena comida.
—Creo que ha llegado la hora de dar mantenimiento a este lugar —dijo Samejima al ver el dormitorio Osiris. Estaba tan ocupado, que nunca tenía tiempo de dar una vuelta por allí.
Daitokuji asintió.
—Llevo dos años haciendo la solicitud, director.
Samejima suspiró. Muchos en la junta escolar no consideraban necesario hacerlo, para ellos, Osiris se había convertido en un dormitorio de paso: o subías a Ra, o te marchabas. Originalmente, el dormitorio tenía el presupuesto más bajo, porque se buscaba que sus alumnos quisieran subir mejorando sus notas. Estaba claro que el sistema no funcionaba. Quizá era hora de cambiarlo.
5
Si había algo que Seto Kaiba detestaba, era tener que retractarse de sus palabras. Pero, tras todo lo que había recopilado en los últimos días sobre las leyendas que rodeaban a la Isla Academia, más lo que aprendió de la abuela del niño, no tenía más remedio que hacerlo.
La mujer guardaba un registro escrito que recopilaba historias de su familia, los cuales se remontaban hasta diez mil años en el pasado, el mismo tiempo de la Atlántida. Historias de la guerra entre la Luz y la Oscuridad, del Heraldo, llamado invariablemente el Príncipe Judai: el portador del título de Rey Supremo.
Todo estaba en el sótano de la mansión de la familia Yuki: viejos libros polvorientos, enormes losas de piedra que mostraban los grabados de los monstruos del arquetipo Héroe Elemental (las cuales coincidían con la arquitectura del templo ubicado en las ruinas de la Isla en donde Daitukuji había encontrado las losas con los Demonios Fantasma once años atrás), y una crónica que paso por paso describía todos los acontecimientos recientes (incluido el enfrentamiento de Atem con Zorc), los cuales servían como señales de que la guerra de aquella civilización estaba comenzando de nuevo, además de advertir sobre una guerra más relacionada con esa, una guerra entre «el hijo nacido del amor, y el hijo nacido sin amor».
Ahora estaba en la sala de juntas de Corporación Kaiba, golpeando los dedos con impaciencia mientras Pegasus lo miraba con un gesto que claramente decía «nunca aprendes». Yugi era un poco más reservado, como de costumbre, pero Kaiba lo conocía lo suficiente como para leerlo muy bien y saber que sus pensamientos no estaban muy lejos de los de Pegasus.
La puerta de la sala de conferencias se abrió. Kagemaru entró, esta vez su silla era empujada por una enfermera. La mujer se aseguró que estaba cómodo, antes de hacer una reverencia al resto y abandonar la habitación.
De inmediato, Mokuba se aseguró de que la puerta estuviera bien cerrada, antes de ocupar su lugar en la mesa, sentado a la derecha de su hermano mayor.
—Supongo que ha entrado en razón, señor Kaiba. —No había reproche o burla en la voz del anciano. Sólo una seguridad que Kaiba respetaba, pero no admitiría que era así.
—Estoy de acuerdo con Seto en esto. ¿Es necesario hacer pasar al niño por estas cosas?
—Señor Muto, si fuera posible no lo haría; pero, el niño no está listo y la Luz es cada vez más fuerte. Creo que el señor Pegasus lo sabe bien.
Pegasus hizo una mueca al ser introducido en la conversación de esa forma.
—Hemos seguido el rastro de esta Luz, ya que parece tener cierta afición por infectar cartas. Hasta ahora, ninguna de esas cartas ha llegado al público, pero, es cuestión de tiempo.
Pegasus activó el sistema holográfico de la sala de conferencias, el cual normalmente se usaba para mostrar planos de prototipos, o las estadísticas de negocios de la Corporación. Esta vez, mostraba imágenes que acompañaban lo que fue explicando.
—Hemos descubierto que cada vez que hay una gran guerra, o la caída de una civilización en la historia humana, esta Luz se encuentra presente. Nunca en grandes cantidades, pero lo suficiente para que sea preocupante. Es casi como si su influencia sirviera para despertar las ansias de guerra en la humanidad.
»Siguiendo ciertos calendarios astrológicos, nos dimos cuenta de que coincide con cierto fenómeno similar al de la Energía Benigna del Proyecto Nova, aunque siempre de forma indirecta. Sin embargo, hace diez años, la fuente de esta Luz generó una emanación mucho más concentrada de la que hay en los registros, los cuales se remontan a la antigua Grecia.
—La Luz de la Destrucción ahora tiene la fuerza suficiente para atacar de forma directa —aclaró Kagemaru con resignación—. Y el Heraldo no está listo, debido a la falta del Guardián. Fue apartado del niño y enviado lejos a través de este Proyecto Nova suyo, señor Kaiba.
Kaiba fulminó al hombre con la mirada.
—La culpa es mía por no estar atento —dijo Kagemaru—. La abuela del niño me aseguró que las cosas iban bien, nos dimos cuenta demasiado tarde de la influencia de la Luz sobre sus padres.
—¿A qué se refiere con El Guardián? —preguntó Yugi.
—Una carta de nombre «Yubel» —respondió Kagemaru.
Mokuba hizo una mueca de molestia, y luego explicó:
—Hace unos siete años, cuando Judai ganó el concurso del Proyecto Nova, hizo una petición: Quería enviar otra carta junto con el mazo ganador. Esa carta era «Yubel». Accedimos a hacerlo.
Yugi cerró los ojos y se masajeó las sienes, como queriendo alejar un dolor de cabeza.
—Conozco a Yubel. Estaba con él durante el incidente con Paradox.
Pegasus pareció esperanzado.
—¡Significa que él ganó!
—No necesariamente. El Dragón que estaba con Yusei no explicó del todo cómo funcionaba, pero me dio a entender que podía arreglar nuestra línea del tiempo y evitar lo peor de ese futuro. Aunque, eso no afectaría la línea de la que ellos venían, no directamente al menos.
Pegasus asintió al tiempo que soltaba un suspiro de decepción.
—Claro, el tiempo ramificado: cada mañana, al elegir si desayunar o no cereal, estás creando dos líneas de tiempo. Dado que decidiste cambiar las cosas, chico Yugi, la nuestra ha tomado un rumbo completamente diferente a esa otra.
—Sigo sin ver la necesidad de enfrentar a Judai Yuki a una prueba como esta.
—Señor Kaiba, sin el Guardián, el Heraldo no ha tenido tiempo de despertar su propio poder de la forma adecuada. El tiempo se agota, la Luz atacará pronto. Nuestra mejor opción es preparar al Heraldo forzándolo a aprender a usar sus poderes de forma instintiva en la batalla.
—¿Por qué los Demonios Fantasma? —quiso saber Yugi—. Cuando las cartas fueron creadas, casi aniquilan a todos los espíritus de duelo de Japón. Es demasiado riesgo.
—La Sangenma es un poder que corresponde al Heraldo, así como los Tres Dioses Legendarios servían a los faraones. Sin el Guardián, debemos confiar en que el Heraldo podrá usar su poder para defenderse de la Luz y hacerle frente. Si el Heraldo los utiliza con su poder completamente despierto, las cartas se equilibrarán evitando que dañen a los otros espíritus de duelo a su alrededor.
—Incluso si aceptáramos seguir este loco plan, Judai Yuki no puede cargar él solo con las siete llaves —les recordó Seto—. Otros deberán luchar también, así que no hay garantía de que el niño enfrente por sí mismo a esta amenaza.
—Todo está calculado, señor Kaiba. La amenaza sobre la Academia será suficiente para despertar los poderes del Heraldo. Aunque, creo que tendré que hacer algunos ajustes. Esperaba contar con el Guardián. Sin él, no tengo más opción que recurrir a activos un poco más efectivos.
Pegasus soltó un largo suspiro.
—Cuando esto termine, tendré suerte si Samejima no pide mi cabeza.
Kagemaru sonrió triunfante.
—Con respecto a mi posición en la Junta Escolar…
—Olvídalo —lo cortó Kaiba—. Esto no cambia nada: me ocultaste deliberadamente información, incluso me manipulaste para construir la Academia en dónde más convenía a tus planes. No volverás a ocupar un puesto en la Junta Escolar.
Kagemaru comenzó a retirarse.
—Muy bien, señor Kaiba. Consideraré esto mi retribución hacia usted por aceptar mi plan.
—¿De verdad estamos haciendo esto? —preguntó Mokuba.
—Ante la menor señal de que esto se sale de control, intervendremos —aseguró Yugi—. Si es necesario, yo lucharé la guerra por Judai.
Kagemaru se detuvo.
—En ese caso, debe rezar a los dioses porque su poder sea suficiente para enfrentar esta amenaza. Ya no cuenta con el poder de los Objetos Milenarios o el respaldo de los dioses.
Yugi hizo una mueca de dolor ante ese recordatorio. Sin duda, Kagemaru sabía que puntos presionar en otras personas. Hacía mucho que Yugi sabía que su trabajo terminó el día que Atem se fue. Incluso si seguía siendo el Rey de los Duelistas, las fuerzas cósmicas que regían su mundo no lo respaldaban de la misma forma que hacían antes.
