Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi, Shueisha y Konami.


Capítulo 15

Problemas en verano


1

El último mes en la Academia fue un poco más tranquilo para todos, en el sentido de que no hubo más manifestaciones de espíritus buscando venganza o algo por el estilo.

En cuestiones académicas, más allá del pequeño torneo entre los mejores novatos del año para elegir a quien enfrentaría al representante de la Academia Norte en el inter escolar de octubre, la escuela había estado calmada. Los profesores tenían menos motivos para quejarse de Judai, y él lo estaba haciendo cada vez mejor, demostrando definitivamente que no era «sólo un chico con suerte».

Extracurricularmente, fue un periodo de muchos duelos. Si no había una niña de primaria tratando de infiltrarse en la escuela para ver al Káiser (y terminar enamorándose de Judai), era alguien tratando de robar el mazo de Yugi, o dos estudiantes de Ra hartos del acoso de los Obelisco que decidían tomar venganza con duelos de apuesta por la noche, sembrando el terror entre los estudiantes de azul, o un mono escapado de algún oscuro laboratorio secreto que decidía secuestrar a una estudiante. Eso sin contar la repentina desaparición de Jun Manjoume. Que los profesores no estuvieran en alerta máxima por eso hizo que Harry sintiera ganas de darse un golpe en la cabeza.

Parecía que la Academia estaba decidida a demostrarle a Harry que no importaba a dónde fuera, los problemas siempre perseguirían a los Potter. Se consoló con el hecho de que no eran problemas potencialmente mortales… al menos no por ahora.

Había otras cosas que preocupaban a Harry, cosas que tenían que ver con Charlus. Sabía que había ganado el torneo, pero no las circunstancias de su triunfo. Sus padres eran muy herméticos, y durante el último mes no recibió una sola carta de Hermione.

Harry tenía un muy mal presentimiento, que sólo se vio agravado cuando Neville recibió una carta muy agresiva por parte de su abuela, instándolo a dejar sus niñerías de lado de estudiar en un colegio muggle, acusándolo de manchar el buen nombre de sus padres.

Días más tarde, Neville recibió una carta de su tío Algie. Desestimó un poco a su abuela, dejando ver un poco por encima que sólo estaba preocupada, ya que la situación política en la Gran Bretaña Mágica se encontraba en un momento complicado. Augusta Longbottom sólo quería que su nieto estuviera a salvo, y no parecía saber muy bien como expresarlo de la forma correcta sin parecer débil.

Una semana antes del final del trimestre de primavera, Neville se las arregló para obtener una edición de El Profeta. Las primeras diez hojas los hicieron estremecerse: acusaciones contra Dumbledore y su hermano de haber perdido la cordura; rumores infundados de que los Potter estaban, junto con sus aliados políticos, promoviendo la desestabilización del país mediante el «absurdo» argumento de que Lord Voldemort, un hombre por demás confirmado como muerto, había regresado.

Harry y Neville se miraron con horror. Todo tenía sentido ahora: el silencio de los padres de Harry respecto al resultado del torneo, al igual que de Hermione, y la carta desesperada de la abuela de Neville, más que firme aliada de su familia y de Dumbledore. Voldemort estaba de regreso, y claramente el Ministerio estaba en negación.

Harry recibió una carta instándolo a no regresar, sino a pasar sus vacaciones en Japón. Por supuesto, rechazó de inmediato la idea. Necesitaba saber que pasaba realmente en casa, y como estaba Charlus. Tenía clara una cosa, cualquiera que hubiera sido el método empleado por Voldemort para recuperar su poder, tenía que ver con el torneo y lo que sucedió en la tercera prueba. En pocas palabras: estaba seguro de que Charlus había estado presente ese día.

La última semana de clases, Harry la pasó lleno de nerviosismo y expectación. No pudo evitar enfermarse durante el viaje de regreso a Ciudad Domino, y aunque originalmente él y Neville planearon pasar un par de días en la ciudad, al final optaron por cambiar su vuelo para regresar a Inglaterra lo más pronto posible.

2

Harry y Neville compartieron una mirada de preocupación cuando vieron a Remus; estaba peor que nunca, como si tuviera veinte años más de su edad real. La luna llena había sido menos de una semana atrás, pero estaba muy claro que su estado no se debía a eso. Neville se despidió de Harry antes de viajar por Floo a la casa de su tío. Para sorpresa de Harry, no se dirigieron hacia la casa del Valle de Godric, sino a la Ancestral Casa de los Black (la cual pertenecía a su padrino, pero nunca la usaba porque, según sus propias palabras, «tenía demasiados malos recuerdos», prefiriendo vivir en un departamento del Callejón Diagon) en el número 12 de Grimmauld Place.

—¿Por qué estamos aquí? —preguntó Harry a su tío, tras recibir el pedazo de pergamino que revelaba la ubicación de la casa.

—Estamos en proceso de acondicionar la casa para hacerla habitable, y es más seguro si permanecemos en ella.

Harry frunció un poco el ceño. Como todas las casas ancestrales, ciertamente la de los Black era uno de los lugares más seguros en Gran Bretaña, pero Potter Manor era tanto o más antigua que esta, y con protecciones ancestrales que, según algunos, podían rivalizar con Hogwarts, además de ser más amplia y no estar llena de artilugios encantados con tendencias homicidas (suponiendo que la mitad de los cuentos de su padrino fueran reales, y no tenía razones para creer que no era así).

—Es más una cuestión táctica. Este lugar está mejor posicionado que Potter Manor, y eso nos permite mejor capacidad de acción.

Nada más entraron, Harry fue recibido por su madre, quien lo abrazó como si no lo hubiera visto en años. Para su sorpresa, su padre también estaba allí. No fue muy complicado deducir que estaba pasando: Fudge, en su acostumbrada paranoia, había decido cesarlo de su cargo como jefe de aurores, dando ahora el control total del departamento a Rufus Scrimgeour.

—¿Dónde está…?

—Ayudando a limpiar uno de los dormitorios —respondió su madre adivinando de inmediato que se refería a Charlus—. Se ha centrado mucho en el trabajo desde… eso.

Harry frunció el ceño.

—¿Qué sucedió en la prueba? Sólo tengo la versión de El Profeta, que como de costumbre no es muy confiable.

Sus padres se miraron un momento. Remus tenía una mirada que claramente decía «se los dije». Habiendo sido su amigo desde los días del colegio, conocía muy bien la forma en la que pensaban. James había intentado enviar a Lily lejos del país cuando Voldemort la amenazó directamente por atreverse a casarse con un sangre pura. Por supuesto, con el carácter combativo de Lily, ella jamás aceptó eso. Si se involucraban en la guerra, lo harían juntos. Sorpresivamente, esta vez James logró convencer a Lily de que quizá lo mejor sería que Harry no volviera a Gran Bretaña por el momento. Para mala suerte de ambos, Harry heredó parte del carácter de Lily, por lo que mantenerlo lejos fue imposible.

—¿Cómo conseguiste los diarios…?

—Neville se los pidió a su tío —respondió—. ¿Qué está pasando? Todo lo que veía allí eran ataques contra Dumbledore, contra Charlus y contra nuestra familia y amigos.

—Es complicado…

—Voldemort volvió, ¿es eso?

James y Lily se miraron un momento.

—Lo hizo —siguió Harry—. Y debió tener relación con el torneo. Alguien agregó nuestros nombres, el mío y el de Charlus, al Cáliz de Fuego. Luego de que Charlus se vio obligado a participar en eso, envuelto en el escándalo por el constante acoso de Skeeter, ni hablar de en el mismo colegio por quienes creyeron que hizo trampa, el torneo termina con la muerte de Cedric en lo que El Profeta, funcionando como vocero del Ministerio de Magia, llama un «lamentable accidente», para después llenar sus páginas de toda clase de ataques contra Dumbledore y a Charlus, llamándolos locos y mentirosos, y acusándolos, junto con nuestra familia, de «querer desestabilizar al gobierno»… Y, con todo eso, no querían que regresara.

—Harry… —comenzó Lily.

—Pensamos que estarías mejor allá —terminó su padre—. Los más tradicionalistas han estado atacándote desde que renunciaste al Torneo de los Tres Magos. Con Voldemort de regreso, es cuestión de tiempo para que alguien intente un ataque mucho más directo. En Japón estás protegido, ya sabes que hay un poderoso escudo que protege al país…

—El Kamikaze, lo sé.

James asintió.

—He estado usando todos mis contactos de los negocios Potter en Asia, intentando encontrar una forma de hablar con el gobierno Mágico Japonés…

—No existe un gobierno mágico en Japón —lo interrumpió con amargura—. Japón se aisló del mundo antes del Estatuto del Secreto Mágico. Para entonces, los magos de aquella nación se habían convertido en sacerdotes y monjes que cuidaban de los templos sintoístas y los monasterios budistas.

Sus padres y Remus lo miraron con sorpresa.

—Uno de mis profesores de la Academia es un alquimista —explicó Harry—. Él me contó todo esto. Japón jamás separó la magia de lo que no es mágico. De hecho, la misma familia imperial es una familia mágica. Pero el emperador realmente no gobierna, según la constitución de Japón «es el guardián de la tradición». En pocas palabras: una especie de Sumo Sacerdote del sintoísmo, o Gran Mago si se prefiere verlo así.

Harry se pasó la mano por el cabello, y luego suspiró.

—Entiendo que querían protegerme, pero no saber nada era peor. Se sentía como si… —Cerró los ojos sin atreverse a terminar su idea. «Cómo si no fuera parte de la familia», pensó.

—¡Oh, Harry! —Su madre lo abrazó de nuevo—. No queríamos que te sintieras mal, sólo pensamos que todavía eres muy joven para saber de estas cosas.

—¿Habrá otra guerra? —Sabía que eso era inevitable, pero una parte de él todavía quería creer que no llegaría hasta esos extremos.

—No hay duda de eso —le respondió su padre—. Voldemort se mantiene callado, y el Ministerio no actúa…

—Como si estuvieran dándole tiempo para prepararse. —Con Lucius Malfoy, un conocido mortifago, aunque absuelto durante la última guerra, susurrando al oído del Ministro de Magia, no podía ser de otra forma.

Cada segundo que Fudge perdía atacando a Dumbledore y a su familia, así como a cualquiera otra que se atreviera a hablar a su favor, era un segundo más que Voldemort aprovechaba para reconstruir su ejército y posicionarlo para dar un golpe rápido y contundente al Ministerio de Magia.

—Debes estar cansado —dijo su madre—. Ven, te llevaré a la habitación.

Lily guio a su hijo hacia las escaleras, pasando junto a un viejo retrato cubierto por una lona, la cual se levantó en el instante que hicieron el menor ruido. Una mujer anciana y de aspecto nada agradable comenzó a gritar improperios contra los «traidores a la sangre que se atrevían a manchar la Noble Casa de los Black trayendo a sangre sucias y mestizos».

—¿Puedo prenderle fuego? —Harry escuchó a Curan susurrar, aunque sin hacerse visible para él.

A Harry le costó contener la risa.

—Disculpa por eso —dijo James—. La tía Walburga nunca se callaba en vida, menos va a hacerlo en la mente.

—¡Tú, sucio traidor amante de los muggles! Es una vergüenza que por tus venas y las de tus hijos corra sangre Black.

—Y por la tuya corría sangre Potter —le respondió James—. No hay un solo mago sangre pura en Gran Bretaña que no esté emparentado con otro.

Lily negó con la cabeza. Harry sintió ganas de agregar: «tampoco hay nacidos muggle que no estén emparentados con nuestras familias», pero de sólo pensar en que el cuadro posiblemente gritaría más fuerte si le decía eso, ya le estaba dando dolor de cabeza.

Resultó que la habitación que compartiría con Charlus y Ron estaba en el cuarto piso. Tenía tres camas individuales, un armario y un viejo ropero, así como un escritorio. A pesar de esto, Lily le recomendó que no desempacara, ya que el ropero estaba encantado y podría desaparecer sus cosas, y el armario ya estaba lleno con las cosas de Ron y Charlus.

Harry asintió, prefiriendo dejar su maleta bajo la cama. Había dejado la mayor parte de su equipaje en su habitación de la Academia, trayendo consigo sólo algunos cambios de ropa, los materiales que necesitaba para sus tareas del verano y sus cartas.

Lily y James lo dejaron para que descansara. Harry se recostó en la cama que le había tocado, la cual era la que estaba frente a la puerta, siendo la más alejada de la ventana.

Estaba por quedarse dormido, cuando vio a Charlus asomarse a la habitación. Su hermano se quedó de pie en la puerta. No dijeron nada, sólo se miraron por un rato. Luego de eso, Charlus dio media vuelta y se marchó sin decir nada.

Harry no pudo dormir luego de eso.

Su madre lo llamó a cenar un par de horas más tarde. En la mesa estaba su familia, los Weasley, Hermione, su tío Remus, su padrino (quien le dio un gran abrazo y se disculpó por no haber ido a recogerlo al aeropuerto, dejando entrever que tuvo que hacer algo para Dumbledore ese día), así como su prima Tonks, a quien recordaba por haber sido su niñera varias veces durante los veranos mientras Charlus tenía clases especiales con Dumbledore.

Luego de la cena, Hermione se disculpó por no ir a saludarlo antes. Había estado ocupada ayudando en la limpieza de la casa, y además pensó que, luego de un viaje transcontinental, lo mejor era dejarlo descansar.

—¿Cómo es Japón? —preguntó muy interesada—. ¿Qué descubriste sobre los magos de allá? ¿Son ciertos los rumores de que vigilan constantemente a los magos extranjeros?

—Tranquila, Hermione. Primero, casi todo el tiempo estuve en la Academia. Es como estar en Hogwarts, sólo que con clases muggles y en una isla tropical en lugar de a la orilla de un lago en Escocia. Sobre la sociedad mágica de Japón… Hay mucho que hablar sobre eso. No es para nada lo que imaginamos.

Hermione estaba incrédula sobre lo que Harry le habló. Para ella parecía imposible que las personas mágicas y no mágicas pudieran convivir sin problemas unas con otras.

—Hermione, por miles de años no hubo tal distinción. Eso es algo relativamente nuevo. Piénsalo bien: ¿crees que las primeras tribus de África, hace ciento setenta mil años, se dividían entre los mágicos y los no mágicos? Si prestas atención a los mitos y las leyendas de las culturas de todas partes del mundo, se aceptaba que había personas capaces de usar magia: chamanes, hechiceros, los ninjas y samuráis del Japón a quienes se les adjudican «milagros» como el hacerse invisibles, o moverse a la velocidad del viento para cortar a sus enemigos.

Hermione abrió la boca pare replicar, pero estaba claro que la duda ya estaba plantada en su mente. Posiblemente ahora Hermione pasaría largo rato estudiando todo esto en sus libros, y eventualmente entendería lo que Harry trataba de decirle: como las fronteras entre diferentes países, la separación entre lo mágico y lo no mágico estaba sólo en la imaginación de los humanos.

3

El cuartel general de la Orden del Fénix, la organización creada por Dumbledore para combatir a Voldemort, siempre estaba animado (lo cual despertaba la ira del retrato de Walburga Black y la amargura de Kreacher, el viejo elfo doméstico de los Black). Todos debían levantarse temprano para ayudar a la limpieza de la casa, ya que estaba llena de plagas mágicas. Remus, Sirius y James (cuando no estaban ocupados en misiones para Dumbledore) se encargaban de deshacerse de los objetos más oscuros, o, si no podían sacarlos de la casa, almacenarlos en algún lugar donde no pudiera hacer daño a nadie. Molly había tomado el control de la cocina, mientras que Lilly supervisaba la limpieza para asegurarse de que los chicos no fueran a dar con alguna plaga u objeto oscuro que no pudieran manejar.

Para decepción de Hermione, no tenía permitido entrar a la biblioteca Black hasta que Lily y Remus se hubieran asegurado de que los libros más siniestros estuvieran fuera del alcance de las manos inocentes, algo que sorprendentemente parecía incluir a los gemelos Weasley.

Por otro lado, Molly había tomado como misión personal asegurarse de que sus dos «terrores pelirrojos» no estuvieran a solas con Sirius o James por más de cinco minutos. A saber la cantidad de ideas sobre nuevas, y desagradables, bromas que podían salir si los cuatro tenían suficiente tiempo para planearlas.

La relación de Harry con Charlus era fría cuando menos. Charlus parecía más que empeñado en esquivarlo, y Ron estaba muy dispuesto a ayudarlo. Hermione hizo el intento de ayudar a Harry, y esto la metió en una discusión con Ron. Lo peor era que, conforme la semana avanzaba y el domingo (que era el cumpleaños de los gemelos Potter) estaba más cerca, la actitud de Charlus se volvía peor. Incluso intercambió la cama con Ron para estar más lejos de Harry.

Harry ni siquiera sabía por qué Charlus hacía eso. ¿Se sentía traicionado porque lo dejó sólo a enfrentarse al Torneo de los Tres Magos? Era la única razón en la que podía pensar para la actitud de Charlus. Si consideraba que durante ese tiempo sólo le había enviado esporádicos saludos a través de sus padres, y por lo que Hermione dejó entrever en sus cartas, no quería que se enterara mucho de cómo iba el torneo, era sin duda la mejor suposición que podía hacer al respecto.

Sus padres parecían creer que una fiesta podría arreglar las cosas, así que se esforzaron por darles el mejor cumpleaños posible, incluso con las circunstancias actuales.

Por supuesto, el día no comenzó tan bien como hubieran deseado. Rita Skeeter, haciendo gala de su nula empatía, aprovechó el día para publicar un extenso artículo al que tituló «De salvador a mentiroso: la caída del Niño-Que-Vivió en su búsqueda de conservar la fama». Seguía un retorcido recuento de como Charlus se convirtió en el héroe de la última guerra, haciendo toda clase de implicaciones de que tal vez hubo algún tipo de magia ilegal involucrada, hasta sus días en Hogwarts y los escándalos en los que se vio involucrado por causa de su «gemelo oscuro»; y, por fin, acusándolo de hacer trampa en el Torneo de los Tres Magos (de nuevo ayudado por su «gemelo malvado») y de convertirse en una peligrosa marioneta que apoyaba los planes desestabilizadores de Dumbledore, manteniendo la mentira del regreso de Voldemort sólo para seguir «siendo relevante» en una sociedad mágica que cada vez estaba más convencida de que Charlus Potter no era el héroe en que todos lo habían convertido.

Los adultos intentaron ocultar el diario a los menores, pero ya que Hermione estaba suscrita a este, fue imposible. La lechuza que lo entregaba sólo dejaría tomar el periódico a quien pagó por él. Por supuesto, todos estaban indignados. Charlus, aunque se notaba furioso, claramente ya se estaba acostumbrando a los ataques de la prensa, y en especial de Skeeter.

El día sólo empeoró a la hora de la celebración.

Cuando Lily lo llamó, Charlus no se presentó a la cena de cumpleaños. Todos suponían que se había refugiado en su habitación, mientras los demás menores, así como los gemelos Weasley, jugaban al Snap Explosivo en la sala. Cuando fue claro que no estaba allí, comenzó una búsqueda extensiva por toda la casa. No lo encontraron. De alguna forma, se las había arreglado para salir de la casa superando las alarmas de Dumbledore.

Posteriormente se supo que hizo uso de algunos de los inventos de los gemelos, lo cual les ganó una buena reprimenda por parte de su madre, pero en el momento la cosa era encontrarlo antes de que algo malo fuera a suceder. Así, mientras casi todos los adultos, menos la señora Weasley y Dumbledore quienes se quedaron en la casa, la primera para que los chicos no estuvieran solos y el segundo para comandar la búsqueda desde allí, salieron a buscar a Charlus, Harry y los demás estaban en la sala discutiendo en voz baja sobre eso, Harry se excusó luego de un rato y fue a su habitación. Pikeru y Curan aparecieron junto a él.

—¿Hay una forma en la que podrían ayudarme a encontrarlo?

—¿Para qué? ¿Para qué nos amargué a todos con su mal humor adolescente?

—Curan —Pikeru reprendió a su hermana con un tono de voz que podría haber igualado al de una madre.

—Ya, ya, lo sé. Necesitamos tu ayuda —dijo Curan a Harry—. Un espíritu no puede ir muy lejos de la carta a la que se ha enlazado. Es similar a los retratos mágicos, pero no estamos completamente atados a ellos, ya que no somos un mero eco de una persona que ya no existe, así que, con la ayuda de nuestro Maestro, podemos ir más lejos.

—¿Qué tanto?

—Lo suficiente para encontrarlo —le respondió Curan—. No puede haber ido muy lejos. Es decir, ¿cómo lo haría?

—Es un mago…

—Menor de edad en un mundo en dónde tienen muchas reglas que limitan a dónde puede moverse y cómo.

Harry asintió de acuerdo con Curan.

—¿Qué debo hacer?

Los dos magos guiaron a Harry. Debía poner su mano sobre su deck, y concentrarse en invocar a la mayor cantidad de monstruos posibles, como si fuera un duelo, si comenzaba a sentirse cansado, lo mejor sería que lo dejara.

Para sorpresa de Harry, no sólo Capitán Merodeador acudió a su llamada, sino también el Aprendiz de Mago, el Espadachín Místico (en su nivel 2), el Modelo Ejemplar de Mago y la Dama Guerrera del Páramo.

—El hermano de Harry se escapó —anunció Pikeru—, y debe andar rondando en las cercanías de esta casa. Por favor, ayúdennos a encontrarlos.

Los espíritus asintieron, y luego desaparecieron. Harry, de alguna forma sabía que no estaban en sus cartas. Era como si de alguna forma instintiva supiera a dónde habían ido. Se sentía bien, como usar una varita.

—Te dije que había más de una forma de usar la magia —dijo Curan con suficiencia—. Un núcleo mágico seco no significa que no puedas usarla, sólo que es más difícil hacer que suceda.

—¿Podría hacer más que eso?

—Mucho más —respondió Pikeru—. Con el tiempo, no sólo podrás llamarnos para que te ayudemos a explorar, si no que también darnos un cuerpo físico en este mundo.

—Ahora, debemos unirnos a la búsqueda.

—Por favor, si lo encuentran…

—Vienes con nosotros —lo interrumpió Curan.

Harry parpadeó un momento. ¿Cómo se suponía que…?

—Mientras todos dormían, estaba explorando la casa.

—Por supuesto —dijo Pikeru claramente sin sorprenderse.

—Esta familia de verdad es antigua —terminó Curan ignorando el comentario de su hermana.

—Algunos piensan que los Black se remontan a las tribus originales —dijo Harry—. ¿Qué tiene que ver eso?

—Pues, había algo oculto en su biblioteca, algo muy importante: Libros de Magia.

—Es la biblioteca de una familia de magos, por supuesto que…

—No, Harry, no me entiendes: había Libros de Magia, pero no cualquier clase de Libros de Magia. Encontré tres muy interesantes.

Curan chasqueó los dedos y tres libros aparecieron flotando frente a ella. Uno era de color rojo, otro verde y el tercero de un morado muy bajo, que casi parecía gris. Curan los señaló uno a uno:

—Poder, Sabiduría y Secretos.

Pikeru abrió la boca y luego la cerró de nuevo. Pareció incapaz de encontrar las palabras, mientras su hermana la miraba con un gesto presuntuoso. Al fin, Pikeru pudo hablar:

—¡No puedes! ¡El Sínodo de Magos de la Profecía no nos ha autorizado a usarlos!

—Puff, el Sínodo nos envió a esta misión, entenderán que era necesario. Además, encontré estos libros…

—Más bien, los robaste de la biblioteca Black.

—Bah, como si esos magos prejuiciosos supieran lo que tenían entre manos. ¡Nunca habrían podido usar estos libros!

—¡Niñas! —Harry les llamó la atención—. En serio, a veces son peor que Hermione y Ron. Ahora, explíquenme, ¿qué son esos libros?

—Pues, Libros de Magia —respondió Pikeru. Ante la mirada un poco exasperada de Harry, agregó—: Básicamente, son poderosos grimorios que sólo pueden ser usados por los Miembros del Gremio de las Profecías.

—Así es, y como Princesas de la Profecía, tenemos derecho a usarlos. Claro, si fueran cartas sería un poco más fácil, pero también más limitados. Dado que estos no fueron sellados, tienen más capacidades que su efecto en un duelo.

—Pero eso los hace más peligrosos…

—No vamos a hacer nada muy complicado: un simple hechizo para ocultar cosas a simple vista. —Curan tomó el libro de color morado, el de los Secretos, y los otros dos desaparecieron. Rápidamente, hojeó el volumen hasta detenerse en una página en concreto.

—Estuviste revisándolos cuando nadie veía —la acusó su hermana.

—Por supuesto. ¿Cuántas posibilidades puede haber de encontrar tres de estos sin sellar? Hay que aprovechar el momento.

—Lo dice la que detesta estudiar.

—¡Calla, calla! Aquí está el hechizo.

A Harry no le gustó nada el brillo en los ojos de Curan, se sentía un poco perverso, pero no tenía más opción. Era la única forma de salir a buscar a Charlus.

4

Una vez fuera de la casa, Harry y las niñas encontraron un rastro que el Aprendiz de Mago había dejado para ellos. Parecía seguir en dirección a un parque el cual estaba un poco más alejado de la casa de lo que esperaban.

Encontraron a Charlus sentado en una banca del parque, viendo a unos niños que se divertían en un área de juegos cercana.

—Todos salieron a buscarte —dijo Harry mientras se sentaba a un lado de su hermano.

Charlus no respondió ni lo miró.

—De verdad, casi logras que mamá y papá sufran un infarto.

Harry miró hacia el frente.

—Mira, Charlus, sé que las cosas debieron ser difíciles los últimos Meses. Lo fue también para mí. Estar lejos, casi sin noticias…

—No te creo —respondió Charlus con tono acusador—. Huiste. Buen Gryffindor resultaste ser: huyendo para refugiarte en tu estúpido juego de cartas muggle.

Charlus saltó desconcertado cuando sintió un dolor en el tobillo. Juraría que alguien acababa de darle una patada. Habría acusado a Harry de eso, pero, por su posición y el hecho de que se sintió como el pie de un niño pequeño, lo descartó. Le llamó la atención que Harry miraba con reproche a un espacio vacío frente a él.

—Yo no escapé —dijo Harry viéndolo directo a los ojos.

—Claro —le respondió con sarcasmo—, sólo tomaste la oportunidad que te dio el torneo. Renunciaste a la magia y a tu familia para irte al otro lado del mundo a jugar a las cartitas.

—Mira, entiendo que estés enfadado, pero estás viendo sólo lo que quieres ver. No iba a dejar que otros decidieran por mí, participar en eso habría sido dejar que ellos se salieran con la suya a costa mía.

—Y me dejaste solo…

Harry abrió la boca, y luego la cerró de nuevo. Había actuado de forma impulsiva, como cualquier Potter, pero en ese momento había estado tan asustado y furioso por lo que estaba pasando, que no se detuvo en pensar en otra cosa. Tampoco era como si él hubiera empujado a Charlus al torneo, a diferencia de lo que muchos pensaban debido a los odiosos artículos de Skeeter en El Profeta.

—Lo siento.

—¡Tú no estabas allí! No tuviste que soportar a toda la escuela en tu contra. No tuviste que escapar de un dragón, o luchar contra la gente del agua creyendo que tu mejor amigo moriría. Y no estabas en el cementerio. No viste a…

Charlus se calló. De pronto la temperatura parecía haber disminuido veinte grados de golpe, al tiempo que una sensación de tristeza llenaba el parque. Harry y Charlus se levantaron de un salto, el segundo con la varita extendida.

Escucharon los llantos de los niños, mientras dos figuras encapuchadas se cernían sobre ellos. Harry jadeó, al tiempo que sentía como todos los sentimientos felices lo abandonaban. Los dementores no se veían tan nítidos como habían sido durante su tercer año en Hogwarts, pero no podía equivocarse: estaban allí.

Vio a Charlus agitar la varita tratando de invocar su patronus, pero no podía. Considerando la discusión que acababan de tener, estaba claro que no tenía el estado mental para hacer un encantamiento tan poderoso y dependiente de las emociones positivas.

—¡Necesita poder! —dijo Pikeru.

Curan pareció entenderla, ya que al instante sacó el Libro de Magia del Poder.

—¡Harry, usa este libro!

—¿Cómo…?

—Cómo activas cualquier carta mágica —le explicó Pikeru.

Harry estiró la mano y tomó el libro. Al instante sintió una oleada de magia recorriendo su cuerpo, de la misma forma que en sus enfrentamientos contra Voldemort en años anteriores. El Libro de Magia en sus manos brilló con intensidad, haciéndose más pequeño, hasta convertirse en una carta.

—¡Desde mi mano, Carta Mágica Normal «Libro de Magia del Poder»! Aumenta en 1000 el ATK de un monstruo Lanzador de Conjuros.

Los dementores estaban cada vez más cerca, y Charlus estaba cada vez peor: ya ni siquiera podía sostener su varita de forma correcta. En el último momento, la magia del libro surtió efecto. Apretó su varita en la mano y por fin lo consiguió:

—¡Expecto Patronum!

El ciervo plateado cabalgó desde su varita embistiendo a los dementores y haciéndolos huir. Charlus se desmayó tras eso.

5

Era injusto, sin importar como se viera el asunto. No es que esperaran algo mejor del Ministerio de Magia, considerando todo lo que había pasado desde la última prueba del Torneo de los Tres Magos. Y Skeeter estaba haciendo, de forma un poco irónica, su agosto con todo el asunto publicando artículos cada vez más amarillentos con todo el filo de su pluma.

Charlus estaba acusado de usar magia frente a niños muggle, de haberlos lastimado. Ni una sola mención a dos dementores que, al parecer, por mero placer decidieron pasearse por el centro de Londres.

Oficialmente, Charlus estaba expulsado y podría ser enviado a Azakaban. Por fortuna, los apellidos Potter, Black y la poca reputación de Dumbledore aún tenían suficiente peso para atrasar cualquier sentencia hasta recibir un juicio justo. Y vaya que Fudge hizo uso de todos sus recursos para tratar de impedir esto, incluso al grado de que intentó usar las leyes que permitieron enviar gente a Azkaban sin juicio al final de la última guerra, mismas que nunca fueron deshabilitadas, ya que nadie pensó en eso al estar más centrados en celebrar.

El «Juicio contra el Niño Que Vivió» fue de lo único que habló la prensa en las dos semanas que siguieron.

El día de la audiencia, Harry se vistió con su mejor túnica y fue conducido al Tribunal 10 del Ministerio de Magia. Había sido llamado como testigo. Si bien Skeeter había intentado colar la imagen de Harry como uno de los atacantes, por una vez las leyes de segregación funcionaban a favor de alguien a quien en realidad pretendían discriminar: al ser legalmente un squib, no podía acusársele de cualquier crimen que involucrara la magia. No es que eso apagara las llamas de la opinión popular que Skeeter había encendido con su pluma.

—Sólo cuenta las cosas como sucedieron —le aconsejó su madre.

Harry asintió con la cabeza. Había pasado un largo tiempo discutiendo con Curan y Pikeru sobre qué hacer y decir (para lo cual tuvo que aprender cómo ponerse en un trance que le permitiera entrar en su «mazo» de la misma forma en que lo hizo cuando las conoció casi un año atrás). No podía exponer el secreto del duelo. Estaban de acuerdo que la intromisión de los magos de occidente con sus reglas absurdas en el mundo del duelo sólo compraría las cosas en la guerra contra la Luz de la Destrucción.

Como era de esperarse, Fudge trató de torcer cada palabra que dijo. Por fortuna, Amelia Bones estaba en la sala ese día, y fue más que capaz de llamar la atención a la «fiscalía» sobre su forma de interrogar a un testigo.

—¿Cómo puede estar seguro, joven Potter, de que eran dementores? —preguntó Fudge en un tono condesciende, como si Harry fuera un enfermo mental o un niño pequeño—. Los squibs no pueden ver dementores.

—Con todo respeto, Ministro, hasta hace menos de un año era un mago en pleno derecho. Y le recuerdo que fue su mismo gobierno el que llenó Hogwarts de dementores durante mi tercer año en Hogwarts. Yo, como cualquier otro de mis compañeros de clases de ese año, puedo describirle perfectamente como son y que se siente estar a la merced de un dementor. Los vi en el expreso de Hogwarts hace dos años, y los vi paseando por los terrenos del castillo. En especial, esa vez en que, sin control alguno, entraron al campo de quidditch mientras se celebraba un partido y prácticamente todos los alumnos estaban allí.

Los murmullos no se hicieron esperar, mientras Fudge se hundía en su asiento. Estaba claro que muchos allí no habían estado de acuerdo con la decisión del Ministerio de hacía dos años, y tras conocer esos detalles (los cuales estaba seguro Fudge trató de tapar), no estaban muy felices de enterarse de esa manera.

Harry fue despedido después de eso.

El juicio continuó, y por fortuna Dumbledore fue capaz de terminar de fundamentar el caso a favor de Charlus. Por supuesto, ayudó que presentara un informe de un experto en defensa quien, tras examinar la «escena del crimen», así como los cuerpos sin alma de los dos niños víctima, dejó claro que eso sólo podría haber sido causado por dementores. Finalmente, Charlus hizo una demostración de su patronus ante toda la sala, demostrando que era más que capaz de conjurarlo, despejando así toda la duda de que había usado dicho encantamiento para protegerse a sí mismo y a su hermano de lo que pudo ser una tragedia peor.

El último fin de semana de agosto, cuando Harry se despidió de su familia y amigos para volver a la Academia para el segundo trimestre de su primer año, no pudo evitar pensar que las cosas serían mucho peores para Charlus ese año.