Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi, Shueisha y Konami.


Capítulo 17

Espíritus, magia y leyendas


1

El presentador contratado por Grupo Manjoume terminó la transmisión, tras elogiar la participación de los cuatro estudiantes de la Academia de Duelos, tanto del Campus Central como del Campus Norte:

—Si este es el nivel de la generación emergente, no puedo hacer más que emocionarme por lo que nos depara el futuro. Podemos confiar en que la próxima generación estará a la altura del legado impuesto por los grandes duelistas: Yugi Muto, Katsuya Jonouchi, Mai Kujaku, Rebecca Hopkins y el mismo Seto Kaiba. Desde la Academia Central, eso es todo.

La señal de corte se dio y el presentador se permitió relajarse.

No era así por parte de sus empleadores, Chosaku Manjoume miraba en dirección a su hermano menor, mientras este se encontraba reunido con ambos directores, así como con el profesor Chronos y los otros tres representantes de las Academias. Su expresión era fría e indiferente, aunque por dentro estaba más que furioso y todo lo que deseaba era ir allí y gritar en la cara de Jun.

¿Qué se supone que estaba haciendo su estúpido hermano menor? Era como si todo su tiempo en la Academia lo hubiera desperdiciado. Primero en Central, en donde no destacó en lo absoluto durante sus tres meses allí, casi como si hubiera olvidado la parte que le correspondía en el plan de su familia para llegar a la cima del mundo.

Después, tras fracasar en Central, lo convenció de darle otra oportunidad en el Campus Norte. Su desempeño allí fue mucho mejor, consiguiendo abrirse paso hasta la cima, junto con el chico Andersen. Fue allí que de verdad comenzaron los problemas. Desde que Jun entró en contacto con Andersen, cada día parecía que olvida más del camino que habían trazado para él. No era tonto: se daba cuenta de que Jun estaba forjando su propio camino, uno que lo alejaba de las ambiciones según las cuales había sido criado. La única razón que tenía para existir como parte de la familia Manjoume era cumplir su parte del plan cuidadosamente trazado por su padre y lo estaba tirando por la borda.

Primero se negó a intentar convencer al huérfano noruego de que le vendiera su legendario mazo de las Bestias de Cristal. Eso le habría ganado una reprimenda, pero decidió esperar. El duelo Inter Escolar estaba cerca y no quería arruinar el trato hecho con Seto Kaiba: si el Norte ganaba (algo que jamás había conseguido en su existencia), cedería el control de dicho campus a Grupo Manjoume.

Entonces vino el segundo desaire por parte de Jun, tan sólo unas horas atrás: se negó a luchar con las cartas raras que él mismo consiguió para asegurar su victoria. En lugar de eso, luchó con esos adefesios deformes y un montón de dragones de rarezas más bajas. Muy bien, este fue el resultado: derrota.

Esa fue la gota que derramó su vaso: tanto él como Andersen se dejaron humillar por los estudiantes de Central. Cien Puntos de Vida, todo lo que tenían que hacer era conseguir reducir cien malditos puntos de vida y fracasaron.

Su otro hermano, Shoji, se acercó hasta dónde estaba, prácticamente rechinaba los dientes. A diferencia de él, nunca fue bueno ocultando sus emociones. Su incapacidad de mantener la cara de póker perfecta fue lo que llevó a su padre a elegirlo a él, Chosaku, para ocuparse de la política. Daiki Manjoume sabía muy bien lo que hacía. Igual que sabía que su hijo menor llegaría a ser un problema. Ahora, Chosaku se daba cuenta de que debieron escuchar sus últimas palabras en lugar de tomarlas como los desvaríos de un enfermo terminal.

«Debimos retorcer su cuello y hacerlo parecer un accidente». Ahora era tarde para eso. El testamento de su madre ya había sido leído. La mitad de la fortuna familiar estaba en manos de su hermano menor.

Debía de haber escuchado a Shoji cuando le dijo que sobornara a quien fuera necesario para hacerse con una copia del testamento, ese que debía leerse en cuanto Jun lograra ingresar a la Academia de Duelos. Ahora era tarde, la última voluntad de Misae Manjoume era pública: todo iba a su hijo menor, y si algo le imposibilitaba a Jun el cobrar la herencia a los dieciocho años, todo ese dinero sería donado a diversas universidades alrededor del mundo, para dar becas a estudiantes pobres y las propiedades serían subastadas para ese mismo fin.

—¿Qué hacemos? —le preguntó Shoji—. Jun lo arruinó todo de nuevo.

«Retorcer su cuello y tirar el cuerpo al Océano Pacífico», pensó Chosaku.

—Nada.

—¿Lo dejarás salirse con la suya?

—No me entiendes. No haremos nada más por él. ¿Quiere estar con la basura? Pues que lo haga. En lo que a mí respecta, no es más nuestro hermano. Desde ahora, está por su cuenta.

Chosaku dio media vuelta, mientras sacaba su teléfono celular y marcaba a sus abogados. No pagarían más por la educación de Jun (desearía poder expulsarlo por completo de la familia, pero a pesar de todo todavía guardaba un poco de respeto por su madre fallecida), ni le permitirían volver a casa. En lo que a ellos respectaba, Jun Manjoume estaba muerto.

«Retuerce su cuello, entonces en verdad estará muerto». Sacudió la cabeza. Una parte dentro de él sabía que, sin importar cuanto odiara el que hubiera arruinado todos sus planes —los planes de su padre—, con el simple hecho de haber nacido, seguía siendo su hermano menor. La única razón por la que su madre logró seguir sonriendo hasta que la enfermedad la arrebató de este mundo.

—¿De verdad no piensas decirle nada? —le espetó Shoji.

—¿Frente a tantos testigos? ¿Quieres esa mala publicidad? Entonces no aprendiste nada de nuestro padre. Si vas a aplastar a tus enemigos y obstáculos, hazlo en silencio. En especial si es parte de la familia. La sutileza ante todo.

Shoji retrocedió un paso.

—Muy bien —aceptó.

Chosaku se permitió una sonrisa interna. Si tan sólo pudiera controlar a Jun a través del miedo como lo hacía con Shoji.

«Podrías intentarlo, si encuentras el miedo correcto». Frunció el ceño. ¿Por qué de pronto estaba teniendo ideas como esa?

Ignorando esos pensamientos, comenzó su camino en dirección al muelle. Shoji lo siguió al poco tiempo. No tenían más motivos para permanecer en Central, el lugar de su derrota.

Mientras abordaban el helicóptero para regresar a Tokio, Chosaku recibió la llamada de sus abogados. Tal como lo quería, Jun no recibiría ni un solo Yen más de su parte. Si quería seguir estudiando, tendría que pagarlo de su bolsillo. Buena suerte con eso: no recibiría su herencia hasta más tardar dos años.

2

Sin que lo supieran, al mismo tiempo que Chosaku y Shoji retiraban todo el apoyo familiar a su hermano menor, Chieko Yuki, estaba recibiendo una advertencia sobre eso. Tenía muchos contactos en los círculos en que se movían las familias antiguas del Japón, incluso uno en el despacho que manejaba los asuntos legales de la familia Manjoume.

Sabiendo eso, no le costó más que una simple llamada de cinco segundos para poner todo en movimiento. El abogado de Misae Manjoume fue avisado de esto y al instante hizo uso del último recurso que su distinguida cliente dejó para su hijo antes de morir: un fideicomiso que pagaría la educación y sus gastos hasta que pudiera cobrar su herencia.

Arreglado eso, la anciana pudo volver a concentrarse en su arreglo floral tradicional. Las cosas se estaban moviendo muy rápido, justo como Kagemaru pensó que sucedería una vez que su nieto entrara a la Academia.

No le gustaba jugar a la titiritera oculta con su nieto, o con el nieto de su vieja amiga, Ryoko Manjoume, pero esa era la carga que tenían que soportar por heredar sus apellidos y, con ellos, el peso del mundo.

3

Por primera vez desde que se estableció el duelo Inter Escolar entre las Academias Central y Norte, el combate no fue el final de la convivencia. El director Samejima organizó una especie de festival y luego una cena, que más parecía una fiesta o un baile informal. Todos los alumnos y personal de Central convivían unos con otros, junto con sus invitados del Norte.

—¿Cómo convenciste a Chronos para que aceptara esto? —preguntó Ichinose a Samejima muy impresionado por lo que estaba ocurriendo. Nunca pensó ver a Obeliscos, Ras y Osiris conviviendo unos junto a los otros.

—Supongo que incluso los adultos podemos «madurar» algunas veces —respondió Samejima riendo.

No iba a decirle que se necesitó que uno de sus estudiantes estuviera en un riesgo potencialmente mortal, lo que a su vez llevó a desenmascarar un caso de abuso infantil, para que Chronos dejara atrás algunos de sus muchos prejuicios.

No es que para los de Osiris las cosas cambiaran mucho considerando que, si bien ya no se burlaba de ellos en clase, ahora se había convertido en un profesor estricto decidido a llevarlos a todos mínimo a Ra antes de que terminara el año. En ese sentido, la fiesta también les servía a los de Osiris para relajarse después de un mes de presión constante para mejorar sus notas.

Samejima miró a Judai, quien estaba recibiendo una reprimenda de Manjoume por haber robado sus camarones fritos, mientras la mayoría de sus amigos sonreían divertidos por la reacción del estudiante del norte, incluso Johan Andersen. No pudo evitar sonreír él mismo. El chico necesitaba toda la relajación posible antes de la audiencia en el tribunal familiar de Domino del próximo lunes.

4

Después de la cena, Harry, Neville y Johan aprovecharon la primera oportunidad para conversar entre ellos. Se alejaron un poco del resto y se sentaron en una mesa apartada de la fiesta. No es que no apreciaran la compañía de sus otros amigos, pero necesitaban un momento para reconectarse, hablar entre ellos y recordar los viejos tiempos.

De igual forma, aprovecharon para ponerse al tanto sobre cómo iban las cosas en la Academia. En ese apartado, Harry y Neville tenían más anécdotas divertidas que contar. Johan únicamente había comenzado sus clases un mes atrás. Además, en una Academia que era más un témpano de hielo, no había mucho que hacer en realidad. En ese sentido, la Academia Central era mucho mejor: tenía aguas termales, una playa y hasta un riachuelo de aguas cristalinas al cual ir a refrescarte si no estabas de humor para broncearte en la playa.

—¿Por qué hacen tanto ruido? —preguntó de pronto Curan emergiendo de su carta. Parecía que acababa de despertar de una larga siesta. Incluso bostezó mientras se tallaba el ojo derecho con su puño.

Pikeru también apareció junto a su hermana. Se veía un poco más recuperada que ella.

—Te dije que esperaras —dijo la maga de blanco, suspirando en un claro «jamás me escuchas».

—Es bueno verlas, niñas —las saludó Johan sonriendo ampliamente.

Curan miró al joven nórdico, parpadeó un par de veces y luego puso un gesto de horror.

—¡Ah, Príncipe Johan! —Se sonrojó—. ¡Qué vergüenza! —Se escondió detrás de su hermana.

Pikeru suspiró, al parecer ya muy habituada a la actitud de su hermana respecto a Johan.

Harry miró a Curan con una ceja alzada, mientras la niña se asomaba desde atrás de su hermana y, cuando notaba que Johan todavía la estaba viendo, se escondía de nuevo.

—¿Príncipe? —la cuestionó Harry con tono de burla.

Neville parpadeó un par de veces mientras se tallaba los ojos.

—¿Curan y Pikeru? —les preguntó a Harry y Johan.

Harry lo confirmó con un asentimiento de Cabeza.

—Me sorprende que no las haya visto en el duelo —dijo Johan.

—Estábamos descansando —explicó Pikeru con timidez.

—Usaron mucha magia y estaban tratando de recuperarse —terminó de aclarar Harry—. Por un momento me preocuparon mucho.

—¡Tonto, somos expertas! —gritó Curan. Recordó que Johan estaba allí y volvió a esconderse.

—Siento avergonzarte —se disculpó Johan sonriéndole.

—¿Vergüenza? Me sorprende que sepa el significado de esa palabra —dijo Harry.

Curan salió de nuevo de su escondite para enseñarle la lengua a su duelista. Luego, cuando notó que Johan estaba riendo por su actitud, se puso roja como un rábano y desapareció en el interior de su carta.

Johan se rio entre dientes por eso.

—Veo que se llevan muy bien —dijo—. Me alegra que por fin puedas hablar con ellas. No sabes lo tristes que estaban de que su voz no te alcanzara.

Harry sonrió con cierta nostalgia. La verdad, ahora no veía como podría seguir siendo un duelista sin hablar con los espíritus de sus cartas.

Neville volvió a tallarse los ojos.

—¿Neville? —lo llamó Johan—. ¿Estás bien?

—Creo que veo una sombra —admitió, su mirada estaba fija justo en donde Pikeru seguía de pie.

—Oh, ya veo. Justo así comenzó la primera vez que vi a Capitán Merodeador. Con el tiempo se volvió más nítido y al final pude hablar con él.

—Para mí fue más extraño: creí que estaba muriendo y, de pronto, Pikeru y Curan me despertaron dentro de lo que he llamado «dimensión del mazo».

—¿Muriendo? —preguntó Johan con voz afectada.

—Es una larga historia. Solamente puedo decir que, de no ser por eso, quizá no estaría aquí en la Academia de Duelos.

Se pasó la mano por el cabello, como hacía cada vez que estaba nervioso o pensaba en algo.

—¿Desde cuándo notaste las sombras? —cuestionó Harry a Neville.

—No lo sé. Tal vez desde esa noche, cuando Jinzo… —se mordió el labio.

—¿Jinzo? —preguntó Johan.

—Sí, el Espíritu de Duelo de Jinzo.

Le contaron la historia de lo ocurrido durante la víspera de mayo. Como un estudiante de Obelisco irrumpió en la cafetería de Osiris buscando al profesor Daitokuji, su maestro de alquimia. El posterior secuestro y la persecución del espíritu. Por supuesto, terminaron con la historia del duelo entre Judai y Jinzo, lo que llevó a Judai al hospital haciendo que incluso temieran que no saldría de eso.

—¿Todos vieron al espíritu? —los cuestionó Johan sorprendido.

Harry y Neville lo confirmaron.

—No es tan raro —dijo Pikeru pensativa—. Jinzo es un nivel seis, que además ha existido por mucho tiempo y tiene un efecto poderoso. Aprovechando el velo debilitado entre ambos mundos, la energía que le robó a esos pobres que creyeron poder controlarlo y la propia energía de la Academia de Duelos, tomar una forma corpórea que todos pudieran ver no debió ser muy difícil para él. Mantenerla ya es otra cosa.

Harry tuvo que repetir a Neville más o menos lo que Pikeru explicó.

—Fue una experiencia aterradora. Pero, ¿será de verdad que por eso comencé a percibir algo de los espíritus?

—Eres un mago, ¿verdad? —lo cuestionó Johan.

Neville lo miró entre sorprendido y asustado.

—Johan, ¿tú…?

—No, no soy un mago. Si preguntas como lo sé, pues supe por Pikeru y Curan que Harry lo es.

—Era —le aclaró Harry.

—Oh, por última vez, no importa lo que esos estirados digan: ¡eres un mago! —gritó Curan todavía sin atreverse a aparecer.

Johan miró a Harry confundido. Este le hizo una señal indicándole que le explicaría más tarde. Johan lo entendió y pasó a explicar a Neville como dedujo que era un mago:

—Bueno, sé que asistías a la misma escuela que Harry y sus familias se conocían desde el colegio. Además, una vez dijiste que vivías en la frontera con Escocia, pero siempre actuabas como si visitar Valle de Godric, en West Country, fuera como dar la vuelta en la esquina. Únicamente tuve que sumar dos más dos.

Neville se sonrojó apenado. ¿De verdad era tan obvio? ¿Cómo es que nadie le había advertido de no revelar a que distancia vivía a fin de no levantar sospechas?

Pikeru suspiró algo triste.

—¿Estás bien? —le preguntó Johan.

—Todo ha sido un desastre desde entonces, Príncipe Johan.

Harry frunció el ceño. Allí estaba de nuevo el título. A diferencia de Curan, Pikeru no parecía tener un flechazo infantil por Johan. ¿Por qué lo llamaba de la misma forma?

—¿Cómo?

—Encontramos al Heraldo, pero… —se mordió el labio.

Johan le dio una palmada en la cabeza.

—No está listo —suspiró Gata Amatista apareciendo junto a Johan—. Pude sentirlo durante el duelo: su energía es errática y aunque su conexión con su mazo es fuerte, sus espíritus no son capaces de alcanzarlo lo suficiente como para ayudarlo a despertar todo su potencial.

—Judai es el Heraldo —declaró Johan más para sí mismo—. Creo que lo supe desde la primera vez que lo vi. Siempre me pareció que había algo en él que me era muy familiar. Como si siempre nos hubiéramos conocido. No fue hasta que comencé a hablar con los espíritus que me di cuenta de por qué me sentía así.

—No es solamente eso —dijo Pikeru—. La sentimos el día que Jinzo lo atacó: La Luz de la Destrucción estaba influenciando su mente. No lo controlaba del todo, pero…

Gata Amatista pareció muy afectada por esas palabras.

—¿Hablas en serio?

Pikeru asintió con un gesto de pesar en su cara.

—No nos dimos cuenta de inmediato. El Heraldo no podía vernos. Creo que fue sólo porque era la Noche de los Espíritus que logró darse cuenta de nuestra presencia. Luego de que Jinzo lo envió al hospital, los humanos descubrieron algo: alguien se metió con sus memorias.

—La Luz de la Destrucción lo encontró antes —gruñó Tigre Topacio apareciendo junto a Gata Amatista—. ¿Es por eso que Yubel no está con él?

—¿Yubel? —preguntó Harry.

—Ese es el nombre del Guardián, o es lo que he escuchado —dijo Pikeru.

—Lo es —confirmó Gata Amatista.

Neville no entendía del todo lo que pasaba. Eso no evitó que notara como el ambiente se volvió un poco tenso, cuando las miradas de todos se volvieron en dirección a dónde Judai estaba teniendo un duelo en una mesa contra Manjoume, al parecer compitiendo por quien ganaba el último plato de camarones fritos de la mesa. Se veía tan feliz y despreocupado, para ser alguien que estaba pasando por un problema muy serio en su familia.

—Entonces, ¿la Luz de la Destrucción intentó cortar la conexión de Judai con los espíritus? —preguntó Johan.

—Parece que es así —confirmó Tigre Topacio.

—¿Cómo lo ayudamos? —quiso saber. En opinión de Harry, su voz sonaba tan afectada como cuando recordaba a Samantha.

Rubí apareció en su regazo y maulló en un claro intento de consolarlo.

Gata Amatista lo pensó un poco antes de responder:

—Bueno, no consiguió romper del todo su conexión y ahora que se ha ido parece estar recuperándola. Sucederá de forma natural. Aunque, entre más espíritus estén cerca de él, le será más fácil reponerse.

Johan asintió con un gesto pensativo. ¿Más espíritus? Tendría que disculparse con el director Ichinose.

«Entenderá», se dijo. El hombre sabía más sobre espíritus de duelo de lo que parecía. Después de todo, él le ayudó a comprender muchas cosas sobre ese mundo. No por nada el mismo presidente Pegasus los había presentado antes de que incluso supiera que podría ir a la Academia de Duelos.

5

Harry regresó a su habitación pasada la media noche. No era el único. La fiesta del Inter Escolar se había extendido más de lo que pensaban. Ahora todos, cansados y somnolientos, regresaban a sus respectivos dormitorios. Con todo lo ocurrido, dudaba que al día siguiente alguien se levantara antes del mediodía.

—¿Por qué no me dijeron que el Príncipe Johan estaría aquí? —se quejó Curan nada más cerró la puerta.

—Estabas dormida. Además, ni siquiera yo sabía que iba a venir.

Curan no escuchó razones, sin importar cuantas veces le explicó que no tenían forma de saber quién iba a ser su oponente durante el duelo. Dada la distancia entre ambos campus (uno en el mar de China Oriental y el otro en el norte de Europa), no era como si sus estudiantes tuvieran más contacto que ese evento, el cual duraba solamente un día. Además, por lo que escuchó de Johan, los estudiantes del norte que viajaron a central para el evento eran menos del diez por ciento de toda la escuela.

—En todo caso, me alegra que ya estén bien.

—Sellar un Libro de Magia fue más pesado de lo que pensamos —explicó Pikeru.

—Habla por ti —se jactó su hermana—. Soy una usuaria de Magia Oscura. Sabía lo que estaba haciendo al manejar un libro de esa clase.

—Mientes.

—¡No!

—¡Sí!

—¡Qué no!

—¡Niñas!

Una vez más, como Harry ya estaba acostumbrado, se sentaron una a espaldas de la otra con los cachetes inflados y un gesto de enojo.

Harry lució exasperado.

—¿Cómo es eso de que es un libro de Magia Oscura? —Además del hecho de que estaba en la biblioteca Black, una de las familias más conocidas del lado Oscuro en la Gran Bretaña Mágica.

—Bueno, su efecto principal es incrementar el poder de u monstruo —explicó Curan—. La Magia Oscura es toda la magia que sea ofensiva o que sirva para potenciar la capacidad de batalla.

Esa definición era muy diferente a lo que Harry esperaba. Si ese era el caso, cualquier maldición, hasta las más ligeras, empleadas por los aurores y cualquier estudiante de defensa era de hecho Magia Oscura.

—Me resulta difícil pensar que una simple maldición de vómito de babosas pueda estar al nivel de las Imperdonables.

—¿Imperdonables? —le preguntó Curan—. Oh, cierto, esas cosas horribles que el tipo ese con el ojo mágico les mostró en clase. Esas no son maldiciones de Magia Oscura.

Harry casi se cayó de la impresión. ¿Cómo era posible que las Imperdonables, las maldiciones más terribles jamás creadas no fueran Magia Oscura?

—Creo que nosotros clasificamos la magia de forma diferente que los magos humanos —sugirió Pikeru—. ¿Cuántos tipos de magia dirías que existen? Sin contar cosas como rituales de sangre o de alma.

Harry respondió sin dudar:

—Dos: Magia de Luz o Blanca; y Magia Oscura o Negra.

—Qué forma tan obtusa de ver el mundo —dijo Curan negando con la cabeza.

—¿Sabes siquiera que significa «obtuso»?

—¡Calla!

Pikeru sonrió triunfante.

—¿Cómo clasifican la magia entonces? —les preguntó Harry de inmediato, no queriendo que entraran en otra discusión.

Pikeru respondió de una forma que le recordó mucho a Hermione:

—Magia de Luz o Blanca, Magia Oscura o Negra, Magia de Ilusión o de los Sueños y Magia Demoniaca o Destructiva.

¿Cuatro tipos de magia?

—Por supuesto, esto es únicamente la clasificación del libro de texto —aclaró Pikeru.

Curan asintió, antes de agregar ella misma:

—La magia puede cambiar dependiendo de quien la usa. Porque, para los espíritus de duelo y los demás habitantes de nuestro mundo, también influye el elemento al que estemos vinculados por nacimiento: yo con la Oscuridad y mi hermana con la Luz.

—Déjame ver si entiendo: ustedes clasifican la magia en cuatro tipos diferentes. Cada usuario de la magia es capaz de usar uno de ellos, lo cual es a su vez definido por su Atributo.

—Sí y no —replicó Pikeru—. Puedes aprender cualquier tipo de magia, tu Atributo Elemental sólo define a cuál serás más afín. Yo soy más afín a la Magia de Luz, que es sanación, y un poco menos a la Magia de Ilusión.

—Yo a la Magia Oscura, que es principalmente ofensiva. Podría aprender Magia Demoniaca, pero tengo sentido común.

—No creo que sepas que es el «sentido común». —Recibió un pisotón.

—Ahora —siguió Curan mientras su hermana se echaba al suelo para sobar su pie adolorido, con las lágrimas amenazado con salir—. En teoría existe un quinto tipo de magia: la de la Naturaleza o Elemental. Es la que permite a seres como los dragones respirar fuego, nieve o lo que sea según qué tipo de dragones sean.

»La Magia de la Naturaleza se clasifica en: Fuego, Bosque, Viento, Tierra, Agua y Trueno. Todo ser de la naturaleza nace, en teoría, con la cualidad para usar uno de estos. De nuevo, el Atributo Elemental tiene mucho que ver con cuál de estos Elementos Natural te sea más fácil manejar.

Eso se parecía mucho a los Atributos, pero también a los tipos de monstruos, así que Harry no estaba del todo seguro cuál era la diferencia entre esta Magia de la Naturaleza y el Atributo de un monstruo.

—Muy bien, es mucha información. Si no les molesta, la meditaré con la almohada.

—Oh, claro —dijo Pikeru sonrojándose un poco—. Ha sido un largo día. Descansa, Harry.

—Sólo una cosa más: ¿por qué llaman «Príncipe» a Johan?

—Pues, porque es un Príncipe, ¿por qué otra cosa sería?

—Lo que Curan diría si no fuera tan molesta…

—¡Oye!

—… es que Johan fue adoptado por el Dragón Arco Iris, quien no es únicamente el Dios Definitivo de las Bestias de Cristal, también gobernaba el antiguo Reino de las Gemas, junto con los Caballeros-Gema. Así que, si él adoptó a Johan y lo crío como un hijo, eso lo convierte en el príncipe.

—¿Cómo es eso?

—Fue hace mucho. En otra vida. Una que el príncipe Johan no debe recordar mucho.

—Es casi triste —dijo Curan—. Su reino está en ruinas y no es raro que Hechiceros Malvados o Demonios que llegan desde el Inframundo intenten saquearlo buscando robar los secretos de su magia.

—Incluso Johan era una leyenda con la que crecimos.

—¿Una leyenda?

Pikeru fue quien respondió:

—Cuando nacimos, ya era una historia vieja:

»Una vez, la Luz de la Justicia comenzó a sentir envidia de los humanos porque ellos podían tener hijos. Eso fue en los días cuando ella y su hermana, la Luz de la Destrucción, eran inseparables. Hasta que un día encontraron a dos bebés huérfanos. La Luz de la Destrucción únicamente quería destruirlos, pero su hermana al instante se compadeció de ellos. Dos niños abandonados que morirían, pues eran los únicos sobrevivientes de una aldea destruida por la guerra. Ella decidió que el Dios de la Creación los envió para ellas y que debían cuidarlos. Inconforme con eso, la Luz de la Destrucción se marchó.

»La Luz de la Justicia se quedó a cuidar de los dos niños. Al mayor lo llamó Yubel y al menor Johan. Los cuidó por el siguiente año hasta que su hermana volvió. Celosa de los niños que le habían arrebatado el amor de su hermana, intentó matarlos. La Luz de la Justicia se interpuso recibiendo el golpe por sus hijos. Se dice que ese fue el momento en que la Luz de la Destrucción decidió que el mundo no merecía existir. Si su hermana prefería a dos insignificantes mortales sobre ella, entonces los destruiría por completo, a todos ellos. Así no tendría a nadie más a quien amar que no fuera ella.

»Para fortuna de la Luz de la Justicia, alguien pasaba por allí: se trataba del Rey de Kronet, un reino lejano del que se decía que su familia real descendía del mismo Heraldo de la Oscuridad Gentil. Encontró a la Luz de la Justicia herida y debilitada y le prometió que cuidaría de sus hijos.

»Sin embargo, el Rey se dio cuenta de algo: el hermano mayor había sido marcado por la Luz de la Destrucción como quien algún día destruiría a su hermano menor. Así que decidió separarlos. Envió al hermano menor, Johan, con sus aliados en el Reino de las Gemas, dónde el Dragón Arco Iris podría cuidar de él. También decidió que Yubel y su propio hijo crecerían juntos, con la esperanza de que la Oscuridad Gentil pudiera vencer a la maldición de la Luz de la Destrucción.

»Así fue como Johan terminó viviendo al cuidado de las Bestias de Cristal. Mientras, con el tiempo, su hermano mayor se convirtió en el guardián protector del Heraldo.

»Hasta que la Luz de la Destrucción volvió en busca de venganza. Desde entonces, un ciclo interminable de guerra entre la Luz de la Destrucción y el Heraldo de la Oscuridad, lo único que se interpone para que logre su cometido, continúa cada vez que las eras cambian.

Harry frunció el ceño. No sabía si era un mito, una leyenda o un simple cuento de hadas que tal vez les contaban a las niñas para que se durmieran cuando eran más pequeñas.

Sin embargo, Johan existía y tenía el mazo de las Bestias de Cristal, a quienes llamaba familia. También sabía que Judai era el Heraldo de la Oscuridad Gentil y que su guardián desaparecido se llamaba Yubel. Eso quería decir que esa historia tenía al menos algo de verdad.

Miró hacia dónde estaba Curan.

—¿Quién iba a decir que algún día conocería al Legendario Príncipe Johan? —Curan parecía sumida en sus ensoñaciones, llevándose las manos a las mejillas y con la cara roja—. ¡Incluso conoce mi nombre!

Harry sonrió con cariño.

—Las extrañé, chicas.

—También te extrañamos —dijo Pikeru. Curan seguía soñando despierta—. Que duermas bien.

6

—Lo siento, director —se disculpó Johan en voz baja.

Ichinose negó con la cabeza.

—No tienes por qué disculparte, Johan. La Academia Norte siempre será tu hogar. Entiendo que debes hacer esto. El mundo necesita que hagas esto. La razón por la que Seto Kaiba las construyó en primer lugar es esta: formar a la siguiente generación de duelistas que podrán salvarnos cuando llegue una gran amenaza.

Johan lo miró un momento.

—Siempre me pregunté: ¿cómo es que sabe tanto de los espíritus?

—Bueno, no tengo un destino tan impresionante como tú, Jun o ese chico, Judai, ni siquiera termino de entender cómo funciona del todo eso. Mientras los Ojamas estuvieron conmigo nunca me dijeron nada, únicamente que tenían la impresión de que debían encontrar a alguien.

El director parecía un poco nostálgico.

—Pero, estuve allí, en Ciudad Batallas. Sabía que no podría llegar tan alto con tan poderosos duelistas. En aquellos días, era un duelista promedio que apenas si podía soñar con desafiar a Haga o a Ryuzaki, los campeones de Japón por esos días. Ir contra Seto Kaiba o Mai Kujaku, quienes habían conquistado títulos internacionales, mucho menos contra Yugi Muto, el mismo Rey de los Duelistas, era un sueño imposible.

Suspiró con nostalgia.

—Era como un niño pequeño tratando de alcanzar el estante de las galletas. Sin embargo, como todo verdadero duelista que haya estado allí, lo sentí. Cada vez que un Dios Egipcio era invocado, cada vez que Yugi Muto comenzaba un duelo, podía sentir que todo era más que un simple juego.

»Cuando vi a Osiris alzarse en ese río, a pesar de que estaba a varias decenas de metros de distancia, sentí verdadero temor, pero también sentí que nunca más podría hacer otra cosa que no fuera ser un duelista. Claro, el destino me tenía preparada otra cosa: formar a las generaciones futuras.

Ichinose pareció volver al presente.

—Creo que fue entonces cuando comencé a verlos, a los espíritus, y desde esos días me han acompañado. Por eso es que acepté de inmediato el empleo, aunque sabía que sería duro ir al Norte, alguien tenía que hacerlo.

Dio media vuelta y comenzó a alejarse de Johan.

—Sólo tengo una última cosa que pedirte como tu director: has lo necesario para que las siguientes generaciones puedan seguir disfrutando del duelo como nosotros lo hacemos.

Johan sonrió y luego puso un gesto de decisión.

—¡Por supuesto, director, y gracias por todo!

El hombre sacudió la mano como para indicar que en realidad no había hecho nada.

Media hora más tarde, un grupo de estudiantes seleccionados para despedir a la comitiva de su escuela hermana estaba en los muelles. Ichinose lloraba de forma dramática por perder su oportunidad de recibir un beso de la señorita Tome, mientras Samejima parecía volar en las nubes tras obtener su premio.

Los estudiantes del norte abordaron el submarino que los llevaría al puerto de Tokio, en dónde los esperaba un Jet Privado, propiedad de Corporación Kaiba, el cual haría un vuelo directo hasta Oslo. No iban a recorrer más de medio mundo en un submarino, considerando que los más veloces de la historia no superaban los 85 kilómetros por hora de velocidad máxima. A pesar de la derrota, los estudiantes del Norte estaban muy emocionados.

—Bueno, Manjoume, espero que puedas venir a visitarnos —dijo Judai.

—No será necesario.

Judai parpadeó en confusión.

—¡Lo sabía! —gritó Hayato—. Es una trampa. No ha cambiado nada.

Jun tenía una vena lista para estallar en su frente.

—¿Puedo terminar? No será necesario, porque no pienso volver a la Academia Norte. Fue agradable y todo, pero mi verdadero hogar está aquí en la Academia Central: dónde puedo comer Sushi verdadero, ir a la playa sin congelarme y no necesito ponerme cinco abrigos sólo para caminar a mi siguiente clase.

—Esos parecen motivos legítimos… creo —murmuró Sho.

La escotilla del submarino se cerró y este comenzó a sumergirse.

—Es bueno escuchar eso, joven Manjoume —dijo Daitokuji—. Además, espero que mi comida sea de su agrado.

—¿Su comida?

—Por supuesto. Diste de baja tu matrícula en Central antes de inscribirte en la Academia Norte. Así que, ya que te estás transfiriendo de una que no usa el sistema de dormitorios, comenzaras desde abajo. Solamente me resta decir: ¡bienvenido a Osiris!

Jun gritó llamando al submarino para que volvieran por él, mientras Judai, Sho y Hayato hablaban sobre las bondades de Osiris (ya no había tantas cucarachas y hasta habían cambiado la tubería, por lo que el agua caliente ya funcionaba bien).

—Anímate —dijo Johan pasando su brazo por los hombros de Manjoume—. Seremos compañeros de habitación.

—¿Y tú por qué estás aquí? —lo cuestionó Jun.

—Bueno, si mi mejor amigo se queda, entonces yo también. Para mí es como un intercambio cultural.

Jun entrecerró los ojos. Los Ojama parecían más que felices, ya que estaban danzando alrededor de Rubí. Al poco rato se les unió Kuriboh Alado.

Judai miró a Johan molestar a Jun. Estaba tratando de convencerlo para que le llevara a un recorrido por la Isla Academia. Por un momento sintió nostalgia, como si eso fuera algo que ya había pasado mucho tiempo atrás. A la vez, lo invadió una profunda sensación de tristeza. Faltaba alguien, alguien muy importante a quien no podía recordar. Alguien que siempre debía de haber estado allí a su lado.

No solía dejar que la tristeza lo invadiera, porque entonces la voz en su cabeza ganaba, sin embargo, su sonrisa se apagó.

«¿Dónde estás?», se encontró pensando. «Es mi culpa que no estés aquí».

7

El ánimo de Judai no mejoró nada incluso tras una noche de sueño. ¿Cómo podía ser sí estuvo atormentado por una voz que lo cuestionaba una y otra vez porque lo había abandonado?

«Juraste que siempre estaríamos juntos», le recriminó esa voz. «¿Por qué dejaste que nos separara? ¿Por qué me traicionaste?»

Despertó con el corazón latiendo velozmente y las lágrimas escurriendo por sus mejillas.

«¿Por qué lo abandoné?»

Kuriboh Alado apareció a su lado. Judai abrazó al espíritu, tras lo cual pudo volver a dormir.

Estuvo taciturno toda la mañana, sin ganas de hacer mucho en el desayuno, por más que Sho, Hayato y Johan intentaron animarlo. Incluso Jun dejó algunos camarones fritos extra para él.

A las once, cuando vio a sus padres en el tribunal, únicamente se sintió peor. El fallo del juez Hida no lo ayudó a animarse: custodia completa para su abuela, Chieko Yuki. Sus padres tenían prohibido acercarse a él a menos de cien metros si no estaba un trabajador social presente. Sobre horarios de visitas, eso se definiría en una audiencia posterior. Por lo pronto, hasta que Judai cumpliera los dieciocho y decidiera por sí mismo si quería o no a sus padres en su vida, ellos tendrían que alejarse.

Claro está que, como en todo proceso legal, sus padres podían promover una apelación al fallo. Algo complicado para ellos, dada toda la presión mediática que había sobre el caso.

Judai los vio alejarse. Por primera vez desde que recordaba, había lágrimas en los ojos de su madre.

—Te veré en las vacaciones de invierno —le dijo su abuela. Por primera vez abandonó su aspecto de mujer dura y tradicionalista en público, y depositó beso en su frente—. Estudia mucho y esfuérzate en cada duelo. Sé que superaras lo que sea.

Judai asintió con la cabeza, sin encontrar las palabras para hablar.

Su abuela compartió una mirada con Daitokuji que pasó desapercibida para él. Luego, el profesor le indicó a Judai que era hora de volver a la Academia.