Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi, Shueisha y Konami.
Respuesta a Review Invitado:
Roxas Strife
Pues lo que son las cosas, con este el que se estaba quedando dormido era yo (por hacer correcciones a las dos de la mañana), así que dije: «No. Paro aquí, guardo, y sigo tras dormir un par de horas».
Sí, con Johan allí cambian mucho las cosas. Sobre todo con las Bestias de Cristal haciéndolo consciente desde el comienzo de quien es y cuál es su papel en todo eso. Yubel (y la Luz de la Destrucción también) van a estar un poco enfadadas por eso. Aunque, como ya se vio, la Luz es consciente de mucho de lo que pasa y está tratando de conseguir más marionetas, incluso sin controlarlas directamente. Es más sutil, sobre todo a la hora de usar a gente como a los hermanos de Manjoume.
Gracias por leer, y este se publicó en la mañana (dónde yo estoy, a las 7:03 AM del sábado), para ya no desvelar tanto a la gente XD.
Nos vemos.
Capítulo 18
La excursión escolar
1
La llegada de Johan hizo que las cosas en la Academia de Duelos fueran más interesantes. El dormitorio Osiris se volvió un poco más animado, entre las constantes luchas de Manjoume con Judai por los camarones fritos, y los largos y entretenidos duelos del segundo contra Johan. Estos últimos se hicieron tan intensos que el profesor Daitokuji les prohibió luchar antes de clases, ya que tendían a perder el tiempo y retrasarse.
Claro está que nadie esperaba que Johan permaneciera mucho tiempo en el dormitorio Osiris. De hecho, a Harry no le sorprendió enterarse de que el profesor Chronos estaba buscando programar su duelo de ascenso lo más pronto posible. Jun trató de convencerlo de que programara el suyo, cosa que el profesor se negó a hacer, al menos antes de enero.
—Me parece, signore Manjoume, que un tiempo entre los estudiantes de Osiris le ayudará a apreciar un poco más su estancia en la Academia.
Manjoume fue insoportable por un tiempo luego de eso.
Por supuesto, ahora que Johan estaba en la Academia, Harry y Neville trataban de pasar la mayor cantidad de su tiempo libre con él para hablar sobre los viejos tiempos. Lo cual era un poco complicado, pues Judai también se les unía algunas veces, junto con Sho y Hayato. Además, Johan arrastraba a Manjoume con él. Misawa solía estar también por allí y algunas veces Asuka, en especial los domingos. Como resultado, dichos días eran de torneos improvisados.
Esto, junto con el interés del profesor Chronos en no dejar a ninguno de sus alumnos atrás, hizo que tanto Sho como Hayato mejoraran sus notas de forma considerable. Tener que enfrentar constantemente a los mejores novatos te hace mejorar lo quieras o no. Por supuesto, también ayudaba que Asuka fuera realmente buena explicando cosas. Incluso mejor que Hermione, en opinión de Harry, ya que tendía a exasperarse menos (aunque también era posible que eso se debiera a lo cabeza dura que era Ron respecto a los estudios). En opinión de Neville, sería muy buena profesora. Sorpresivamente, aunque Asuka quería demostrar que era una excelente duelista, admitió que en realidad su meta principal era dedicarse a la enseñanza.
—Tal vez lo intente algunos años en las ligas profesionales y luego me retire para dar clases.
Así, llegaron a la mitad de octubre.
Para Harry y Neville fue extraño no ver a los árboles perder sus hojas y el hecho de que la temperatura no parecía variar mucho con respecto al verano. Entendían que eso era lo normal al ser esa una isla de clima tropical, sin embargo, les estaba resultando difícil acostumbrarse a ese detalle. Claro, no tanto como a Johan, quien al ser de Noruega estaba acostumbrado a otoños incluso más frescos que los de la isla británica.
Por supuesto, también los sacaba un poco de balance el que no hubiera mucha emoción respecto al Halloween en la Academia, siendo una de las fiestas más importantes para los magos (y los muggles también) de Gran Bretaña. Harry investigó un poco al respecto, descubriendo que en Japón dicha festividad no era parte de los calendarios festivos, salvo para los extranjeros de occidente que vivían en las ciudades más grandes (como en Tokio y Osaka), ya que estos sí que se reunían a festejar esa noche. En los últimos años se había vuelto algo un poco más relevante, debido a la influencia estadounidense en el país, pero las festividades en general se quedaban dentro de los parques temáticos y ciertamente no era un motivo para hacer fiestas o festivales en las escuelas.
La Academia, por su parte, usaba esa fecha para celebrar su propia conmemoración de los espíritus de duelo. A diferencia de la primera Noche de los Espíritus del año (Walpurgis), esta se celebraba en la Academia con un tradicional festival escolar japonés (dado que no estaba dentro de la Golden Week y por tanto tenían clases). Así que, desde hacía una semana, cada uno de los grupos estaba dedicado de lleno al preparar la actividad que harían para ese día.
Sin embargo, todavía faltaba un poco para eso. Lo que de verdad ocupó los pensamientos de Harry fue el anuncio del profesor Daitokuji dos semanas antes del 31 de octubre:
—Su atención, como cada año, estaré haciendo una excursión a la zona de excavación arqueológica de la isla justo este fin de semana. Pueden inscribirse si quieren obtener créditos extra para mi clase.
—¿Hay una zona arqueológica en la isla? —preguntó Johan interesado.
A Harry y a Neville no les sorprendió mucho. Johan estaba convencido de que el Dragón Arco Iris, el Dios de las Gemas que le permitiría por fin completar su mazo, estaba oculto en algún lugar del mundo, posiblemente en algunas ruinas antiguas todavía no descubiertas o exploradas lo suficiente. Lo último considerando que las siete gemas de las cuales se crearon las cartas de las Bestias de Cristal habían sido reunidas por orden de un emperador romano desde todas partes del mundo. Por supuesto, los expertos pensaban que al decir «mundo» los romanos se habían referido a su imperio. Johan, en cambio, estaba seguro de que hablaban literalmente de todos los rincones del planeta.
Siendo ese el caso, no era raro que Johan mostrara interés por la excursión: tal vez pensaba que, de alguna forma, esas ruinas podrían contener alguna pista.
—Oh, sí —le explicó el profesor—. Estas ruinas se encuentran cerca de la ladera del volcán, a unos tres kilómetros de las aguas termales.
»Normalmente me gusta dejar las explicaciones para la excursión, pero puedo decirles algo: dado el tipo de roca, los grabados y otros detalles de las ruinas, se estima que hablamos de construcciones antiguas, muy antiguas. Cinco mil años o quizá más.
—¿Qué tienen que ver esas viejas ruinas con la alquimia y el duelo? —preguntó un estudiante de Obelisco.
—Con la alquimia, no mucho. Sin embargo, en lo que respecta al duelo, en dichas ruinas se encontraron grabados de piedra que fueron la base para crear algunas cartas de duelo. En específico, muchos de los monstruos del arquetipo Héroe.
Esto hizo que Judai alzara la cabeza con interés.
—¿Héroes? —repitió.
—¿Está diciendo que de alguna forma una civilización de hace cinco mil años tenía algo así como los comics modernos? —preguntó alguien más.
—No dije eso. Sólo que las cartas se crearon con base a grabados encontrados en ese lugar. En todo caso, la parte de que sean superhéroes parece ser más que nada una licencia artística del dibujante.
El profesor Daitokuji sacó una hoja de papel y la puso en su escritorio.
—Dejando eso de lado, si de verdad están interesados en esos grabados, pueden inscribirse en esta hoja e ir a verlas por sí mismos.
Johan y Judai lo hicieron de inmediato. Hayato, quien parecía saber de memoria la charla del profesor sobre las ruinas y porque eran importantes, no parecía interesado. Al final, por insistencia de Judai, terminó inscribiéndose; lo que a su vez causó que Sho hiciera lo mismo, luego de admitir que no le caerían mal algunos pocos créditos extra para su clase de alquimia. No todos podían ser naturales en esa materia como Judai.
Para Harry fue una sorpresa el que Asuka también se anotara. Harry se sorprendió: no pensaba que ella estuviera interesada en algo como eso y tampoco necesitaba créditos extra en esa clase. Cuando Asuka volvió a su asiento, tuvo una pequeña discusión en voz baja con sus amigas, Momoe y Junko, tras lo cual ellas mismas se anotaron.
A su vez, el que Asuka se apuntara, hizo que Manjoume también lo hiciera.
Harry miró a Neville, quien se encogió de hombros, así que también se inscribieron. Debían que admitir que sería interesante ver los grabados con los héroes, y si todos sus amigos iban (o la mayoría, ya que Daichi declinó al indicar que ese fin de semana estaría realizando un entrenamiento especial de duelo), sería como tener un día de campo.
Cuando Harry anotó su nombre, no pudo evitar notar que el profesor Daitokuji miraba la lista con una expresión de emoción.
—Diez personas —dijo—. Es la primera vez que tengo más de tres alumnos… ¡y voluntarios!
Esto hizo que algunos sintieran ganas de borrar sus nombres de la lista. Aunque, al ver como el profesor prácticamente lloraba de felicidad, decidieron no hacerlo.
Una sorpresa mayor los esperaba antes de la excursión.
La mañana de la excursión, se encontraron con que tenían un acompañante que no estaban esperando: Ryo Marufuji, el Kaiser, el mejor duelista de la Academia de Duelos Central.
—¿Hermano? —le preguntó Sho sorprendido cuando, tras salir de la cafetería de Osiris para reunirse con todos los que iban a la excursión, se encontró con él.
—Solicite la ayuda del joven Ryo para supervisar esta excursión —explicó el profesor Daitokuji.
—No necesitamos niñeras —se quejó Manjoume por esto.
—No dije eso —replicó el profesor—. En fin, es hora de movernos.
Mientras caminaban, Asuka y Ryo se quedaron un poco atrás conversando en voz baja. Manjoume no paraba de enviar miradas de molestia en dirección al estudiante mayor. Sho hacía lo propio, aunque él parecía más que nada intimidado por la presencia de su hermano.
Harry iba al centro del grupo, observando entretenido como Hayato se quejaba de tener que salir tan temprano a una caminata. Cerca de él, Junko y Momoe le daban la razón, cuando no estaban mirando de reojo a Asuka y a Kaiser para luego comentar en voz baja al respecto y soltar risitas cómplices (lo que exasperaba más a Manjoume).
Mientras, al frente, Daitokuji con ayuda de Neville, iba mencionando los nombres de diferentes plantas que encontraban en su camino. Neville les dio un poco de información sobre cómo cuidarlas y cultivarlas, mientras que el profesor Daitokuji les explicó sus propiedades alquímicas. Tanto Johan como Judai estaban escuchando esos detalles con interés, en el caso del segundo, incluso sugirió como podrían combinarse para crear algunos efectos interesantes.
Tardaron tres horas en por fin llegar al yacimiento arqueológico. A diferencia de lo que Harry pensó cuando escuchó a dónde iban, no había nadie trabajando allí y no había indicios de que los trabajadores fueran a volver pronto.
Harry debía admitir que estaba impresionado: esperaba algo más como viejos muros de piedra, o algunos pocos indicios en el suelo que indicaran dónde había estado alguna casa de una aldea antigua. Sin embargo, lo que los recibió fue algo más parecido a los restos de un viejo castillo medieval europeo.
—¿Cómo es posible? —preguntó Harry sorprendido por eso.
—¡Impresionante! —Momoe y Junko dijeron cerca de él.
—Los arqueólogos también están sorprendidos. Este tipo de arquitectura no es común de esta zona, mucho menos hace cinco mil años. En ese entonces, lo más grande que construía la humanidad eran pirámides y mastabas. Es más, la piedra con la que se construyeron estos muros no es de la zona. Se ha sugerido la hipótesis que las hayan traído desde otras islas cercanas, sin embargo, no es el tipo de roca que se encuentra en el archipiélago de las islas Ryukyu o siguiera en cualquier otra parte del oriente del continente asiático.
Daitokuji tocó uno de los muros.
—Por supuesto, esta isla siempre ha sido peculiar. Por ejemplo, la piedra sobre la que se asienta la Academia y la mayor parte de su bosque no es de origen volcánico.
Este dato sorprendió a muchos.
—¿Cómo es posible eso? —lo cuestionó Johan—. Literal, ¡estamos junto a un enorme volcán activo!
—Cierto, sin embargo, le sugiero que revise el mapa de la isla. ¿Nota algo interesante al verla desde arriba?
—Alguien movió el volcán —sugirió Judai encogiéndose de hombros.
Sho lo miró como si se le hubiera caído un tornillo (como decían los muggles).
—Aniki, eso es imposible.
—Por supuesto, sólo este inútil podría sugerir algo así —se burló Manjoume.
—No es una mala hipótesis —dijo el profesor—. Por lo general, en las islas volcánicas el cráter suele estar al centro. Claro, con el paso del tiempo, conforme las placas tectónicas se mueven, la isla pudo haberse desplazado, salvo por el detalle que, en de ser caso, la isla debería estar unos cuantos kilómetros a la derecha.
—Además, la isla entera sería lo que se desplazaría, no sólo una parte de ella —agregó Asuka.
—Cierto. Ahora, el detalle interesante: la roca del volcán y la roca del resto de la isla, son diferentes. Incluso hay quienes sugieren que la isla en realidad es de otro mundo.
Esto alzó muchas más cejas de sorpresa, mientras que el profesor se rio como si fuera una broma interna.
—Por favor, profesor —dijo Junko—. Que nos dirá después, ¿qué cree en las teorías de que la humanidad fue creada por dioses extraterrestres?
Harry centró su atención en Judai. Desde que el profesor insinuó sobre el posible origen extraterrestre de la isla, se había quedado viendo muy serio al volcán.
—¿Estás bien? —le preguntó.
—Eh, sí, es solamente que… —Se mordió el labio—. Tengo la impresión de que el profesor tiene razón. —Miró hacia las ruinas—. ¿Ves la ventana enorme en esa torre cuadrada? —Harry asintió con la cabeza—. Si el volcán no estuviera, desde allí habría una magnífica vista del mar. Si viviera en este castillo, estoy seguro de que esa sería mi habitación. Claro, si el castillo no fuera un lugar en ruinas.
—Muy bien —la voz del profesor les llamó la atención a todos—. ¿Qué les parece si almorzamos antes de ingresar a las ruinas?
2
Asuka miró a su alrededor con un gesto de confusión en su rostro. El viento rugía en sus oídos. Estaba rodeada de montañas heladas y de un bosque cubierto de nieve.
¿Cómo había llegado allí?
Recordaba al profesor Daitokuji quejándose con Faraón, su gato, ya que este se había comido el almuerzo especial que la señorita Tome preparó para él. Luego, una explosión de luces que se parecían a una aurora boreal (o al menos eso fue lo que dijo Johan) los maravilló un momento… hasta que comenzaron los truenos. Todos corrieron a buscar refugio luego de eso. De alguna forma, mientras corrían, Asuka se tropezó y al levantarse se encontró en ese lugar.
—Pareces perdida.
Una voz femenina llamó su atención.
Asuka dio media vuelta. Detrás de ella, había una mujer que parecía haber sido esculpida en hielo. Su piel era del blanco más puro que había visto jamás, al igual que su cabello, cuyos largos mechones parecían estar esculpido en hielo. Lo mismo se podía decir de su vestido: un atuendo blanco que parecía estar hecho con varias capas de hielo, siendo lo único que contrastaba con esto unos adornos con forma de cristales de color rosa y un par de adornos (incluyendo un collar y brazaletes) de oro con rubís incrustados como decoración. La mujer tenía una diadema en su cabeza que también parecía estar esculpida con cristales de hielo de color rosa. En sus manos enguantadas sostenía un báculo igualmente hecho de hielo.
Asuka abrió la boca para decir algo, pero sus palabras murieron en su lengua.
Había algo en el rostro de esa mujer que le parecía muy familiar. Lo mismo con su voz. Por un momento, cuando la escuchó hablarle, su corazón dio un pequeño vuelco, el cual le trajo reminiscencias de su infancia, aunque no sabía porque de esto.
Asuka negó con la cabeza para despejar sus ideas. No podía distraerse en esas cosas. Necesitaba saber que estaba pasando allí. ¿Cómo había llegado a ese lugar y por qué no sentía el frío?
—Estás perdida —declaró la mujer.
—Sí —admitió Asuka—. Estaba en la Isla Academia, no sé cómo es que terminé aquí…
—No me refiero a eso —la cortó ella—. Fuiste traída aquí para una prueba. Los Espíritus de Duelo decidieron que debías ser sometida a mi juicio.
Asuka frunció el ceño.
—¿Espíritus de Duelo?
—Sí. Esta es tu prueba y yo soy la encargada de ejecutarla. Aunque, no estoy segura de que puedas superar mi desafío.
—¡Espera! ¿Eres la responsable de que esté aquí? ¿Dónde estoy?
—Estás en los límites norte del Viejo Continente, dentro de las fronteras del Reino de la Noche Blanca.
La sensación de nostalgia volvió a golpear a Asuka cuando escuchó ese nombre. Sacudió la cabeza de nuevo.
—¿Cómo llegué aquí?
—Te lo dije: los Espíritus de Duelo te han traído a mí para probarte.
—¿Qué clase de prueba?
—Un duelo, por supuesto. —En cuanto dijo eso, el báculo en sus manos se convirtió en un disco de duelo hecho de hielo—. Si logras vencerme, tal vez encuentres el camino que has perdido.
—Entiendo. ¡Vamos al duelo!
—Justo esperaba eso. Antes de empezar, puedes llamarme Reina de Hielo. Y, ya que esta es tu prueba, puedes tomar el primer turno. Vamos, Asuka, demuéstrame tu fuerza como duelista
Asuka asintió con la cabeza, ignorando por el momento el que esta Reina de Hielo supiera su nombre sin haberse presentado. Extrajo su mazo del deckbox en su cinturón y lo colocó en su disco de duelo, sacando su primera mano.
—¡Es mi turno! ¡Robo!
Asuka sintió una corriente eléctrica al momento de robar esa primera carta. Era la que estaba dañada: tenía un extraño error de impresión que hacía imposible distinguir de qué carta se trataba. Sabía que era una carta de monstruo, pero no estaba segura si era un monstruo normal o de efecto, ya que sus estadísticas y la imagen eran imposibles de distinguirse, salvo por una silueta que le recordaba a «Petit Ángel».
¿Por qué tenía una carta como esa en su mazo? Muchos le habían preguntado eso, y ella siempre se negó a contestarles. Era un asunto personal que no estaba lista para compartir con nadie. Sólo Ryo sabía la razón de eso.
—¿Mal robo? —preguntó la Reina de Hielo.
—Para nada —respondió Asuka mientras dejaba la carta misteriosa en su mano. Siempre que la robaba la hacía sentir más segura, esa era una de las razones por las que la mantenía en su mazo—. Comenzaré activando la Carta Mágica «Refuerzo del Ejército» para añadir a «Ciber Estrella» a mi mano. Luego, jugaré con «Polimerización» para fusionar a «Ciber Estrella» y a «Patinadora de la Hoja» desde mi mano e Invocar por Fusión a «Ciber Patinadora».
Un torbellino de colores apareció detrás de Asuka. Los dos monstruos femeninos saltaron a este. Luego, de su interior emergió una mujer de larga cabellera negra, la cual se deslizó con elegancia sobre el suelo congelado gracias a sus patines de hielo. Tenía 2100 puntos de ataque y 800 de defensa.
—Impresionante inicio —la elogió la Reina.
—Gracias. —Asuka eligió otra de las cartas en su mano—. Equipo a «Ciber Patinadora» con la Carta Mágica de Equipo «Alas de Ángel».
Dos enormes alas emplumadas de color blanco emergieron de la espalda del monstruo femenino.
—Con eso termino mi turno.
—Muy bien, ahora es mi turno —mientras hablaba, la Reina de Hielo robó su primera carta—. Activo la Carta Mágica «Sacrificio de Estalactita». Cuando la activo, debo seleccionar una de mis Zonas de Monstruos, y dicha Zona no podrá ser usada por el resto del duelo, además, Invoco una «Ficha de Estalactita».
El suelo congelado tembló cuando una escultura de hielo que recordaba a un moai de la isla de pascua emergió en el campo de la Reina de Hielo.
—Invoco de Modo Normal a «Chica de Cristal».
Asuka sintió que la nostalgia la invadía de nuevo cuando vio a ese nuevo monstruo. Era una chica más o menos de su edad, de cabellera corta de color azul y dos ojos verdes que le recordaron un poco a los de Harry; aunque, claro, ella no usaba anteojos. Vestía una armadura también con motivos de hielo y una lanza a juego, la cual recordaba un poco al báculo de la Reina de Hielo. Era un monstruo débil, con sólo 200 y 100 puntos de ataque y defensa respectivamente.
—Sacrifico a mi ficha a «Chica de Cristal» para invocar de modo especial desde mi mano a «Amo del Hielo».
Una luz dorada envolvió a los monstruos de la Reina de Hielo. Al disiparse, en su lugar había un hombre alto y de cabellera rubia. Siguiendo la temática de los otros monstruos, vestía ropas blancas y sostenía un báculo de hielo en su mano derecha. Su boca estaba cubierta, por lo que solamente la mitad de su rostro era visible. Tenía 2500 puntos de ataque y 2000 de defensa.
—Fase de batalla. Ataco a tu «Ciber Patinadora» con mi «Amo del Hielo».
El monstruo se elevó en el aire, alzando su báculo, desde el cual disparó una serie de trozos de hielo que golpearon al monstruo de Asuka. La chica gruñó cuando recibió los 400 puntos de daño, quedando con 3600. Ese daño se había sentido diferente al que normalmente provocaban los hologramas de Visión Sólida.
—«Ciber Patinadora» no es destruida en batalla si mi adversario controla al menos a un monstruo —explicó Asuka una vez que quedó claro que su fusión sobrevivió a la batalla.
—En mi Fase Principal 2, activo el efecto de «Amo del Hielo» para poner un Contador de Hielo sobre tu «Ciber Patinadora».
El «Amo del Hielo» alzó su báculo una vez más, creando una ventisca la cual envolvió al monstruo femenino. Una marca, similar a la figura de un copo de hielo, apareció en el abdomen del monstruo de Asuka.
—Ahora, activo la Carta Mágica de Campo «Barrera Cero Absoluto».
Para sorpresa de Asuka, en el momento que la carta se activó, su monstruo comenzó a ser envuelto con cristales de hielo. Al cabo de unos segundos, estaba completamente atrapada dentro de un témpano de hielo.
—Mi Campo evita que los monstruos que tienen contadores de hielo puedan atacar, además, reduce sus puntos de ataque en 500 puntos.
«Ciber Patinadora» ahora tenía 1600 puntos de ataque.
—Coloco una carta y con eso termino mi turno. —Antes de que su turno terminara, «Chica de Cristal» apareció junto a la Reina de Hielo—. Durante mi Fase Final, si este turno invoqué a «Chica de Cristal», puedo añadir a mi mano desde mi Deck un monstruo de AGUA de Nivel 5 o mayor. Añado a «Princesa de la Tormenta de Nieve».
La sensación de nostalgia volvió a inundar a Asuka cuando escuchó ese nombre.
—Es mi turno, ¡robo! Invoco Normal a «Ciber Tutu».
Junto a Asuka apareció una chica vestida con leotardo y un tutú, haciendo honor a su nombre. Tenía una cabellera corta de color rosa chicle y sus ojos estaban cubiertos por un visor. Sus estadísticas eran 1000 puntos de ataque y 800 de defensa.
—Si el ataque de todos los monstruos de mi adversario supera al de «Ciber Tutu», entonces puede atacar los puntos de vida directamente.
Valiéndose de unos complicados pasos de valet, «Ciber Tutu» esquivó a «Amo del Hielo». Sin embargo, antes de que pudiera patear a la Reina de Hielo, un muro de bloques de hielo se interpuso en su camino.
—Active mi Carta de Trampa «Bloqueo de Hielo» para negar ese ataque.
Asuka suspiró con frustración.
—Coloco una carta y con eso termino mi turno.
La Reina de Hielo miró a Asuka por un momento, como analizándola. La chica de Obelisco se sintió de pronto un poco cohibida. Esa mirada… se sentía como cuando su madre la miraba con desaprobación porque había retado de nuevo a los chicos de su escuela primaria a un duelo. Por alguna razón, ella no quería que Asuka siguiera el camino del duelista. Fue peor cuando su hermano desapareció. De no ser por su padre, tal vez no le habrían permitido entrar a la Academia.
Asuka sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos.
—Veo que sigues perdida —comentó la Reina de Hielo—. Quizá puse demasiadas expectativas sobre ti.
—No soy débil —gruñó Asuka—. No permito que nadie subestime mis habilidades de duelo.
—No lo hago y no creo que seas débil. Sólo digo que estás perdida. Es lo que me trasmite tu duelo. ¿Cómo piensas encontrar a tu hermano si no eres capaz de darte cuenta de cuan perdida estás y encontrarte a ti misma?
Esto hizo que Asuka abriera los ojos en un gesto conmocionado.
—¿Sabes dónde está mi hermano?
—Lo sé.
—¡Dime! —le exigió.
—Primero debes vencerme y superar mi prueba. Demuéstrame que puedes encontrar tu camino y te diré todo lo que sé.
Asuka apretó los puños.
—Muy bien, voy a vencerte y te obligaré a decirme todo lo que sabes sobre Fubuki.
—Veremos. Es mi turno, robo. Primero, activo el efecto de «Chica de Cristal» en mi Cementerio: si controlo un monstruo de AGUA de Nivel 5 o mayor puedo invocarla de Modo Especial. Sacrifico a «Chica de Cristal» para Invocar a «Princesa de la Tormenta de Nieve».
«Chica de Cristal» dio paso a otro monstruo femenino. Su ropa seguía el mismo patrón que el del «Amo del Hielo», sólo que, en lugar de un báculo, esta estaba equipada con una enorme maza medieval, de esas que son una bola atada a un mango con una cadena. Claro, estaba hecha de hielo. Por lo demás, era una chica de actitud alegre que la saludó con su mano en cuanto llegó al campo.
—¡Es un placer conocerte, hermana mayor!
Asuka se sorprendió cuando el monstruo habló. En especial por la forma en que dijo «hermana mayor». Por algún motivo, le recordó cuando era una niña y seguía a Fubuki por toda la casa pidiéndole que le enseñara a jugar Duelo de Monstruos.
Sacudió la cabeza de nuevo. ¿Por qué ese duelo le estaba despertando esos sentimientos de añoranza y familiaridad?
Se concentró de nuevo en la batalla. Si quería pistas sobre su hermano debía superar esa prueba.
El nuevo monstruo de la Reina de Hielo era fuerte: 2800 de ataque y 2100 de defensa. Además, era un Nivel 8 al que había invocado de manera muy fácil al campo.
—Puedo Invocar a «Princesa de la Tormenta de Nieve» por Sacrificio usando un monstruo de Tipo Lanzador de Conjuros en mi Campo. Además, durante el turno en que la invoco, no puedes activar Cartas Mágicas o de Trampa.
Asuka gruñó. Esas cartas eran problemáticas. Eran fáciles de invocar, a pesar de su alto Nivel, y efectos muy poderosos.
—Por otro lado, como mi «Chica de Cristal» dejó el campo tras ser invocada por su propio efecto, es desterrada. Efecto de «Amo del Hielo»: pongo un Contador de Cristal en «Ciber Tutu».
La chica quedó congelada y sus puntos de ataque reducidos a 500.
—Fase de Batalla. Ataco a «Ciber Patinadora» con mi «Amo del Hielo».
Asuka gruñó al recibir los 900 puntos de daño, quedando con 2700 LP.
—Cuando «Alas de Ángel» boca arriba es enviada al Cementerio desde el Campo, robo una carta —declaró Asuka.
La Reina continuó su ataque:
—Ahora, ataco a «Ciber Tutu» con mi «Princesa de la Tormenta de Nieve».
Asuka gritó cuando, tras ver como su monstruo era aplastado por la enorme bola de hielo de la maza de la princesa, las esquirlas de hielo la golpearon. Casi podía jurar que la habían cortado. Sus puntos de vida cayeron hasta 400 tras recibir 2300 de daño.
—Lo siento —se disculpó la princesa.
—Esto es un duelo —le recordó Asuka—. No es tu culpa. Sólo haces lo que te ordena tu duelista.
Asuka reunió fuerzas para sonreírle a la princesa. Esta le devolvió una sonrisa tímida.
—Con eso termino mi turno. En la Fase Final, como este turno Invoqué a «Chica de Cristal» añado otro monstruo a mi mano.
La Reina añadió una copia de sí misma a su mano.
—¿Estás lista para rendirte? —preguntó la Reina.
Asuka negó con la cabeza.
—Jamás. No me rendiré hasta que encuentre a Fubuki. Es mi turno, ¡robo! Activo «Olla de la Codicia» y robo dos cartas más.
Asuka miró sus cartas. Eran buenas, en especial el monstruo de ritual que robó, la cual si combinaba con la carta que había robado gracias a «Alas de Ángel» podría devolverle la ventaja en ese duelo. Sin embargo, sin la Carta Mágica de Ritual necesaria para invocarla, no servía de nada.
Si no hacía algo, perdería el duelo y la oportunidad de encontrar a Fubuki.
—¿Es todo? —preguntó la Reina de Hielo—. No has sido capaz de encontrarte a ti misma. ¿Cómo vas a encontrar a Fubuki si no puedes ganar este duelo?
—¡No perderé!
Todavía tenía el monstruo que Fubuki le había dado. Hasta ese día, no sabía por qué motivo. En su momento, pensó que se estaba burlando de ella, ya que se lo había enviado como regalo de Navidad por correo. Según él, ahora que se estaba especializando en rituales, esa carta le vendría de maravilla. Por supuesto, Asuka jamás pudo entender cómo podía ayudarle para eso. La carta parecía ser un «Petit Ángel» mal impreso.
«Y, a pesar de eso, lo mantuviste en tu baraja».
Unos días después de enviarla por correo, su hermano desapareció. Asuka estaba convencida de que la llevaba en su mazo por ese motivo. Pero, ahora que estaba allí, luchando contra este espíritu de duelo, se dio cuenta de que tal vez no era eso. Tal vez era la sensación de que se trataba de un viejo amigo a quien no podía recordar.
—¿Me ayudarás? —preguntó a la carta—. Mi hermano dijo que eras la carta perfecta para mi mazo de ritual. Si no gano este duelo, tal vez no poder verlo de nuevo. Así que, ¿puedes ayudarme?
Asuka tuvo la sensación de que la carta le respondía.
—Invoco Normal a mi monstruo.
En el momento en que la carta tocó el disco de duelo, pareció como si los errores de impresión desaparecieran. Ahora Asuka podía verlo con claridad. Era un monstruo de efecto y definitivamente se parecía a «Petit Ángel», ya que era una versión mecánica de ese monstruo.
—Cuando «Ciber Querubín» es Invocado, puedo añadir a mi mano un Monstruo de Ritual «Ciber Ángel» o una copia de «Ritual del Ángel Mecánico» desde mi Deck. Añado la Carta Mágica de Ritual.
»Además, activo la Carta Mágica «El Guerrero Volviendo con Vida» para recuperar a «Patinadora de la Hoja» desde mi Cementerio y añadirla a mi mano.
«Gracias, hermano, y gracias, Ciber Querubín».
Asuka sintió que el monstruo le respondía, ya que se giró para dedicarle una sonrisa.
—Activo la Carta Mágica de Ritual «Ritual del Ángel Mecánico». Sacrifico a «Ciber Querubín» en mi Campo y a «Patinadora de la Hoja» en mi mano para invocar por Ritual a «Ciber Ángel Benten».
Una estructura metálica apareció detrás de Asuka, la cual tenía una enorme antorcha en el centro. Sus dos monstruos fueron absorbidos por esta, y luego, de sus llamas, emergió una mujer de aspecto rudo. Tenía una larga cabellera de color negro y usaba un par de abanicos de batalla unidos con una cadena. Sus estadísticas eran 1800 puntos de ataque y 1500 de defensa.
—Activo la Carta Mágica de Equipo «Arma de Ritual». Puedo equiparlo a un monstruo de Ritual de Nivel 6 o menor: incrementa sus puntos de ataque y defensa en 1500.
Un guantelete dorado, del cual salía una especie de cuchilla con forma de rayo, apareció en el brazo derecho de la mujer, elevando sus puntos de ataque hasta 3300.
—¡Fase de Batalla! «Ciber Ángel Benten», ¡ataca a la princesa!
Asuka se disculpó en silencio. La chica había sido muy amable con ella, pero, como le dijo antes, ese era un duelo.
La Reina de Hielo recibió los primeros 500 puntos de daño, quedando en 3500.
—Cuando Benten destruye un monstruo en batalla y lo manda al Cementerio, mi adversario recibe daño igual a la defensa original de ese monstruo.
2000 puntos de daño más, dejando a la Reina con 1500.
—Termino mi turno.
A pesar del daño recibido, la Reina estaba sonriendo.
—Veo que estás recuperando tu camino. Incluso pudiste ver a tu monstruo.
—¿Qué sucedía con la carta?
—No podías verlo porque estabas perdida. Pero, ahora que por fin lograste verlo, él te ayudara a recuperar tu camino.
Ciber Querubín apareció junto a Asuka. Con algo de duda, Asuka extendió la mano y le dio unas palmaditas en la cabeza. A pesar de estar hecho de metal, y del frío que los rodeaba, se sentía cálido.
—Ahora es mi turno, robo —la Reina comenzó su turno—. Activo el efecto de «Amo del Hielo» para poner un Contador de Hielo sobre Benten.
A pesar de que su monstruo ahora estaba congelado, Asuka parecía no estar afectada por eso.
—Activo el otro efecto de «Amo del Hielo» al sacrificarlo, destruyo todos los monstruos con Contadores de Hielo.
El monstruo de la Reina estalló, elevando una nube de polvo y nieve. Cuando se disipó, «Ciber Ángel Benten» todavía estaba en el campo.
—Active el efecto de «Ritual del Ángel Mecánico» en mi Cementerio. Me permite desterrarlo para evitar la destrucción de uno o más monstruos de LUZ que controle.
—Ingenioso —la elogió la Reina—. Invoco Normal a «Encantador del Frío».
Nuevamente, el monstruo usaba ropas blancas, las cuales esta vez parecían ser una especie de armadura de mago. Además, traía un cetro en sus manos, que más bien era una especie de varita mágica. Tenía 1600 puntos de ataque, pero al momento de ser invocado subió a 1900. Su defensa era de 1200.
—Mi monstruo gana 300 de ataque por cada Contador de Hielo en el Campo. Además, una vez por turno, puedo descartar una carta para poner un Contador de Hielo a un monstruo boca arriba en el campo.
Con «Ciber Ángel Benten» ahora teniendo dos contadores, el monstruo llegó a 2200. No los suficientes para superar los 2800 del monstruo de Asuka, pero estaba claro que la Reina pretendía ganar tiempo hasta su próximo turno evitando que el monstruo de Asuka atacara.
La Reina continuó su turno:
—Activo la Carta Mágica de Equipo «Entierro Prematuro»: pago 800 puntos de vida para resucitar a «Amo del Cristal».
—Desde mi campo —respondió Asuka—, activo la Carta Mágica de Juego Rápido «Tifón del Espacio Místico» para destruir a «Entierro Prematuro».
—Termino mi turno —declaró la Reina. Sólo le restaban 700 LP.
Asuka se mordió el labio. Todo se definiría en el siguiente robo. Si no sacaba la carta adecuada, perdería y con ello se iría la oportunidad de encontrar a su hermano.
Sintió a Ciber Querubín frotarse contra su espalda, como si estuviera empujándola para que avanzara.
—No voy a dudar, no ahora que estoy tan cerca. ¡Robo!
Su mazo respondió a sus sentimientos.
—Sacrifico a «Ciber Ángel Benten» para Invocar por Tributo a «Ciber Bailarina».
Una mujer alta, de larga cabellera plateada, vestida con un leotardo blanco con gris, apareció en el campo. Tenía 2300 puntos de ataque y 1600 de defensa.
—Cuando es Invocada por Tributo, destruye todas las Cartas Mágica Boca Arriba en el campo.
La carta de Campo de la Reina fue destruida. Además, sin los contadores de Hielo, el Encantador regresó a sus 1600 puntos de ataque originales.
—Fase de batalla…
El monstruo de Asuka destruyó al «Encantador del Frío» acabando con los últimos 700 puntos de vida de la Reina, dejándola con exactamente 0 LP.
—De verdad que eres fuerte —dijo la Reina—. Me alegra ver que superaste la prueba.
—Ahora, dime lo que sabes sobre Fubuki.
—Por supuesto: tu hermano está perdido.
Asuka apretó los puños. ¿Se estaba burlando de ella?
—Está perdido en el Vacío de la Oscuridad. Sin embargo, hay una forma de traerlo de regreso. Ahora sé que tienes la fuerza para hacerlo, para vencer todos los obstáculos y recuperarlo.
—¿Cómo…?
—Él vendrá a ti cuando llegue el momento. La pregunta es: ¿serás lo bastante fuerte para romper el Velo que cubre sus recuerdos y traerlo de vuelta?
Asuka no entendía del todo lo que le estaba diciendo. Miró a Ciber Querubín. Su hermano siempre estuvo allí para ella, incluso en esa prueba. Si no fuera por la última carta que le había dado antes de desaparecer…
—Fubuki siempre fue fuerte para mí. Es hora de que yo lo sea para él.
—Muy bien. Pasaste mi prueba. Es hora de que vuelvas al Castillo de Kronet.
Asuka tuvo que cerrar los ojos cuando una inmensa y segadora Luz blanca la envolvió. Cuando abrió los ojos, estaba de regreso en el castillo, sólo que este lucía intacto.
—Ve y recupera a tu hermano, hija mía —susurró la voz de la Reina de Hielo en el viento.
Asuka miró a su alrededor. Momoe, Junko, Hayato, Sho y el profesor Daitokuji estaban allí.
—¡Asuka! —la llamaron sus amigas mientras corrían hacia ella.
Pronto se encontró siendo acosada por preguntas de preocupación.
—Estoy bien…
—Estás llorando —la interrumpió Junko—. ¿Cómo se supone que crea que estás bien?
¿Estaba llorando? Asuka se llevó las manos a los ojos. efectivamente, estaban húmedos por las lágrimas. Pero no eran por dolor. Eran lágrimas de nostalgia y alivio. Todavía no entendía la razón detrás del primer sentimiento, sólo una corazonada de que se había reencontrado con personas que en el pasado fueron muy importantes para ella.
Sin embargo, el alivio sí que lo entendía: por primera vez en casi dos años, tenía una pista sólida sobre su hermano. Su presentimiento fue correcto: debía ir a esas ruinas, después de todo, según Ryo, ese fue uno de los últimos lugares en los que se vio a Fubuki.
—¿Dónde están los demás? —preguntó.
Como respuesta, recibió varias miradas de desconcierto, preocupación y pesar.
—No han vuelto de las pruebas. Tú eres la primera que lo hace.
Asuka frunció el ceño. ¿Qué estaba pasando allí?
3
Manjoume miró el valle que se extendía ante él y parpadeó un par de veces. ¿Cómo demonios había llegado allí? Recordó correr detrás de la señorita Tenjouin y luego una luz cegadora. Cuando se recuperó, estaba de pie en esa especie de mirador viendo hacia un valle rodeado de montañas (juraría que una de ellas era idéntica a la ilustración de la Carta Mágica de Campo «Montaña»).
No había algo como eso en la Academia. Eso sería imposible físicamente hablando. En ese valle cabrían con gran facilidad al menos diez islas del tamaño de la Isla Academia. Además del hecho de que en este lugar había dragones y no eran producto de la Visión Sólida. Había crecido con un disco de duelo en sus manos, mientras su familia le repetía como un mantra que debía conquistar el mundo de los duelos y convertirse en el próximo Rey de los Duelistas, a fin de completar las ambiciones de su padre; por tanto sabía reconocer un dragón de Visión Sólida y esos no lo eran. También estaba el hecho de que algo en su interior le decía que eso que escuchaba y veía eran dragones, dragones de verdad.
No ayudaba que el trío de inútiles ojamas estuviera temblando mientras se escondían a sus espaldas. El hecho de que ahora tuvieran cuerpos físicos sólo lo hacía peor. Ahora podía sentirlos aferrarse a su gabardina mientras temblaban de miedo. Tal vez era debido al par de harpías que pasaron volando sobre sus cabezas un rato atrás.
—¿Dónde demonios estoy? —preguntó por fin.
Su respuesta fue un rugido feroz y amenazante. Para luego, ser cubierto por la sombra de un dragón. No cualquier dragón: un jodido Dragón Blanco de Ojos Azules.
Manjoume se negó a mostrar debilidad, mientras se cruzaba de brazos. El maldito dragón tenía una montura y había una mujer sentado en ella.
Sin inmutarse siquiera un poco, la mujer saltó desde unos seis metros de altura y aterrizó con gracia frente a Manjoume. El dragón desapareció o, mejor dicho, se convirtió en energía y luego esa energía formó una carta en la mano de la mujer.
Era difícil decir cuántos años tenía. Podía ser tan joven como él o estar en sus veinte años. Al verla Manjoume tuvo la sensación de que la mujer no tenía edad alguna. Era una chica menuda, de larga cabellera de un tono de azul similar al de Sho. Llevaba lo que parecía ser una mezcla entre un vestido y una armadura, además de un disco de duelo de aspecto rudimentario, como si estuviera hecho de alguna clase de huesos.
—Bienvenido al Valle de los Dragones —dijo la joven con una voz resonante como una campanilla—. Mi nombre es Kisara, y soy la encargada de probarte.
Manjoume frunció el ceño.
—No tengo por qué someterme a ninguna prueba.
—Es una lástima, porque si no lo haces, te quedaras aquí. La única forma de entrar y salir del Valle es montando a un dragón.
—Pues yo entré sin necesidad de uno. —No iba a admitir que estaba asustado. ¿Quién no lo estaría si de pronto fuera secuestrado por una luz extraña y llevado a un lugar como ese?—. Puedo encontrar el camino por mí mismo.
—Entonces, buena suerte.
Manjoume frunció el ceño. Intentó dar un paso, pero por algún motivo parecía como si estuviera pegado al suelo.
—¿No ibas a encontrar la salida? —comentó la mujer con tono casual—. Adelante, quiero ver que lo intentes.
—¡Dejate de tonterías! ¿Qué hiciste?
—No sé de qué me hablas.
Manjoume apretó los puños.
—¡No puedo moverme!
La mujer, Kisara, rodeó al estudiante mientras lo miraba como examinándolo.
—Es tu subconsciente diciéndote que debes realizar la prueba —declaró.
—¿Qué clase de tontería es esa?
—Sólo digo lo que pienso. Estás aquí, en el Valle de los Dragones, con toda la pinta de no ser de este mundo. Además, el sabio de mi clan me ha dicho que debía venir aquí, al viejo mirador, para encontrar a alguien a quien los sabios han marcado para ser probado.
Cada palabra únicamente hizo enfurecer más a Manjoume. Alguien, posiblemente una de esas personas que supuestamente lo marcaron para alguna clase de rito o prueba, lo había secuestrado y llevado a ese lugar. Y ahora, esta mujer, lo miraba como subestimándolo.
—Por supuesto, si tienes miedo de ser probado, siempre puedes quedarte allí. Eventualmente uno de los dragones más grandes te verá y decidirá que eres su cena.
Los Ojama temblaron más al escuchar eso.
—Muy bien, me someteré a esa prueba. ¿Qué debo hacer?
—Eso es simple: un duelo.
—¿Sólo eso? —Se burló Jun—. Será lo más fácil del mundo.
—¿Eso crees?
—¡Por supuesto! Soy el Trueno Negro de la Academia Central, Jun Manjoume, futuro Rey de los Duelistas.
—Aspiras a cosas grandes. Pero, ¿puedes mantener esa palabra?
—¡Calla! Sólo envía a quien va a enfrentarme y caer ante mi poder.
—Yo soy la encargada de tu prueba.
—Perfecto.
Kisara se alejó algunos pasos de él y activó su disco de duelo. Manjoume descubrió que ahora sí que podía moverse.
—Ten cuidado, Jefe —dijo Ojama Amarillo—. El clan de los Maestros de Azules Ojos ha domado el poder del Legendario Dragón Blanco.
—Sí —Negro estuvo de acuerdo—. He escuchado que su clan es tan antiguo que conocen secretos sobre el duelo que otros clanes han olvidado.
Manjoume resopló. Debían ser solamente otras más de las tonterías que esos tres decían. Vencería a quien fuera, sin importar que tantos secretos conociera sobre el duelo. No iba a perder ante nadie más. No hasta que cumpliera su meta de superar a Judai, Johan y Harry.
—Muy bien, ya que eres el visitante, toma el primer turno.
—Te arrepentirás de eso.
Manjoume activó su disco de duelo.
—¡Duelo!
Manjoume miró su mano y sonrió.
—Mi turno, robo. Comenzaré Invocando a «Dragón Armado LV3» de Modo normal.
El joven dragón emergió en el campo de Manjoume, soltando un pequeño rugido. Nada más verlo, Manjoume se dio cuenta de que no se trataba de un simple holograma. Era un dragón auténtico, lo cual le hizo sentir extraño, un sentimiento de familiaridad como si no fuera un duelista, sino un general que estaba enviando a sus tropas a una batalla y debía asegurarse de que estas estuvieran listas para enfrentar lo que sea que su enemigo les arrojara.
Sacudió la cabeza y se concentró en el duelo.
—Activo la Carta Mágica, «¡Nivel Arriba!», me permite enviar a mi Dragón al Cementerio para invocar su forma superior: «Dragón Armado LV5».
La chica frente a él no se inmutó ni un poco cuando el gigantesco dragón con cara de pocos amigos emergió en el campo de Manjoume, a pesar de sus 2400 puntos de ataque.
—Sorprendente, ¿también eres un domador de dragones?
Manjoume sintió la necesidad de corregirla. ¡Él no los domaba, los criaba! Se mordió la lengua, y en su lugar continuó con su turno:
—Coloco tres cartas boca abajo. Con eso termino mi turno.
—Muy bien, ahora voy yo. ¡Robo! Me temo que tendré que acabar con este duelo en este turno. No es nada personal, sólo lo que debo hacer.
—Solamente has tu jugada.
—Vaya, que malhumorado. Me recuerdas a alguien. En fin, primero, debo mostrarte una carta en mi mano: «Dragón Blanco de Ojos Azules». Impresionante, ¿verdad? Claro, no lo hice por ser buena gente: al mostrarlo, puedo invocar de Modo Especial a «Dragón Blanco Alternativo de Ojos Azules».
Jun gruñó cuando una versión ligeramente diferente del clásico monstruo de Kaiba emergió en el campo. No le gustaba nada, sobre todo porque tenía las mismas estadísticas del poderoso dragón, así que no pudo negar para sí mismo que estaba un poco intimidado (quizá más que eso). Claro, no iba a dejar que eso se notara, así que se limitó a cruzarse de brazos, como si se estuviera impacientando porque el enemigo no se apresuraba a continuar su turno.
Por supuesto, también estaba la pregunta de cómo esta mujer tenía cartas como esas. ¿Estaría relacionada con Seto Kaiba de alguna manera?
—Activo el efecto de «Dragón Blanco Alternativo de Ojos Azules»: una vez por turno, puedo seleccionar un monstruo de mi adversario y destruirlo.
Manjoume le respondió:
—Encadeno mi Carta de Trampa «Alma de Nivel». Sacrifico a «Dragón Armado LV5», luego, destierro a su versión inferior en mi cementerio, para invocar otra copia de él.
—Buena esa. Mi dragón no puede atacar en el turno en que activó su efecto.
Manjoume se permitió una sonrisa presumida.
—Por otro lado, es bueno ver que quemaste una de tus cartas boca abajo. Veamos que más tienes.
»A continuación, activo la Carta Mágica «Santuario de Dragones», con la cual puedo enviar un Dragón de mi Deck al Cementerio. Mando a «La Piedra Blanca de la Leyenda» a mi Cementerio. Esto, a su vez, dispara el efecto de mi piedra, con lo cual puedo añadir a un segundo «Dragón Blanco de Ojos Azules» a mi mano.
Esta vez Manjoume sí dejó ver su molestia. Esa mujer acababa de añadir una segunda copia de ese monstruo legendario a su mano. ¿Qué pretendía? ¿Buscar al tercero y usarlos para una Invocación por Fusión? Si era el caso, estaba preparado gracias a sus dos cartas tapadas. Aun así, no podía quitarse la sensación de que estaba enfrentándose a una muerte inminente.
La mujer siguió su turno:
—Activo la Carta Mágica «Canjear». Descarto una de mis copias del Dragón Blanco y robo dos cartas más. Excelente.
»Invoco normal a mi primo, «Protector de Azules Ojos».
El nuevo monstruo ciertamente parecía ser su familiar. Tenía una cabellera corta del mismo color y unos ojos azules tan intensos como los de ella. Por supuesto, usaba una armadura, la cual se veía mucho más adecuada para el combate, y sostenía una espada bastarda en sus manos.
—Así que este es el chico a quien debes probar —dijo con un ligero tono de burla que hizo que Manjoume lo fulminara con su mirada—. No tiene idea de en qué se ha metido.
—Vamos, primo. Deberías darle el beneficio de la duda.
—¿Contra ti?
—¡Puedes terminar tu maldito turno para que pueda jugar!
Eso sólo le ganó una mirada burlona por parte del Protector, como si dijera: «pobre iluso».
—Bueno, fue un placer verte, primo, pero esto es un duelo.
—Lo entiendo.
—Activo el efecto de «Protector de Azules Ojos», selecciono un monstruo de efecto (incluyendo a sí mismo) y lo envio al Cementerio para invocar desde mi mano a un monstruo Ojos Azules. Invoco a «Dragón Sólido de Ojos Azules».
Otro dragón muy similar apareció en el campo de duelo, incrementando la sensación de Jun de estar ante un peligro de muerte, incluso cuando este era más débil que el otro dragón (2500 y 2000 de ataque y defensa respectivamente).
—Fase de Batalla. Ataco a «Dragón Armado LV5» con mi Dragón Sólido.
—¡Carta de Trampa, «Anillo Destructor»! Selecciono a tu Dragón Sólido y lo destruyo, luego, ambos recibimos daño igual a su ataque.
—Encadeno el Efecto Rápido de mi «Dragón Sólido de Ojos Azules»: lo barajo de regreso a mi Deck, y entonces puedo Invocar a un «Dragón Blanco de Ojos Azules» desde mi Deck.
Manjoume gritó con frustración. La mujer no sólo había esquivado su trampa, sino que además había conseguido invocar a la tercera copia del Dragón Blanco. Su «Anillo de Defensa» era inútil. Al menos le quedaba la esperanza de que no podría atacar con el otro dragón ese turno.
No pudo evitar gritar cuando recibió los 600 puntos de daño luego de que el Dragón destruyera a su monstruo. Ese daño se sintió muy real. Sus LP quedaron en 3400.
—Desde mi mano —el estómago de Jun se encogió de miedo— Carta Mágica de Juego Rápido «Grito Plateado», resucito al «Dragón Blanco de Ojos Azules» en mi Cementerio.
Eso iba a doler, pero al menos sobreviviría para intentar dar la vuelta a eso en su siguiente turno…
—También desde mi mano, Carta Mágica de Juego Rápido, «Fusión Súbita». Con esto puedo fusionar a los tres dragones en mi Campo para invocar a la bestia definitiva.
—¡Es absurdo! Te hace falta un dragón…
—«Dragón Alternativo de Ojos Azules» cambia su nombre a «Dragón Blanco de Ojos Azules» mientras esté en mi Campo o Cementerio.
Jun no pudo hacer sino tragar saliva cuando vio a los tres dragones combinarse. Luego, el inmenso «Dragón de Ojos Azules Definitivo» se paró en el campo frente a él. El rugido de sus tres cabezas hizo temblar el suelo, demostrando porque, con sus 4500 puntos de ataque, era uno de los monstruos más poderosos del juego.
Manjoume apretó los puños, y a pesar de su miedo, se plantó en el suelo. No iba a huir. Incluso si el ataque de ese dragón lo mataba, permanecería de pie.
—¡Ataque directo!
Las tres potentes ráfagas de energía lo golpearon con toda su intensidad. Incluso tras de eso, Jun se permitió sonreír. Los hermanos Ojama, a pesar de su temor, saltaron frente a él. Claro, no había forma de que resistieran ese potente ataque, simplemente decidieron que, si iban a morir, lo harían juntos y protegiendo a su jefe.
Sus puntos de vida se volvieron 0.
Manjoume cayó de espaldas y su mirada quedó fija en el cielo, viendo a algunos otros dragones que sobrevolaban sobre él. ¿Serían carroñeros? ¿Acaso iban a devorar lo que quedara de él?
—Debo admitir que me impresionaste —dijo Kisara—. La mayoría de los otros duelistas a los que he probado huyen despavoridos.
Sonrió y le tendió la mano.
—Supongo que cabría esperar eso de alguien de tu linaje. Pasaste la prueba.
—Perdí…
—Tu prueba no es sobre ganar, se trata de enfrentar el peligro y aprender a soportar la derrota. Así que, felicidades, aprobaste.
Manjoume tomó la mano que le ofrecía y se incorporó quedando sentado. Extrañamente, incluso tras la derrota, se sentía en paz. Los cuerpos inertes de los tres ojamas cayeron sobre su regazo. Por un momento, el duelista de negro temió lo peor.
—No están muertos, sólo se desmayaron por el terror —le explicó Kisara.
Jun asintió, aliviado.
—No entiendo mucho de lo que pasa. ¿Cómo es que tienes esas cartas? Sólo Seto Kaiba…
—Mi clan ha cuidado de este valle con ayuda de los Dragones Blancos desde hace miles de años. Es normal que ellos nos presten su poder para el duelo.
—¿Quién eres?
—Lo dije antes: mi nombre es Kisara, también llamada la Doncella del Clan de los Azules Ojos. Respecto a ese Seto Kaiba de quien hablas, he escuchado leyendas sobre él. Algún día, si vuelves, voy a contarte todo eso. Por ahora, tu prueba ha terminado. Es hora de volver a casa.
La misma Luz cegadora que llevó a Manjoume allí, lo hizo regresar.
Cuando su vista se aclaró, estaba tendido en el jardín de un castillo.
—Veo que está con nosotros, joven Manjoume —lo saludó el profesor Daitokuji.
—Eres el segundo que vuelve —dijo Sho.
—¿El segundo?
Manjoume se incorporó para quedar sentado. Miró a su alrededor. Ni Johan, ni Judai, ni Harry, ni Neville o Kaiser no estaban allí. ¿Acaso también estaban siendo probados?
Miró a su alrededor. No había dudas, estaba en el castillo ruinoso de la Academia, pero ahora estaba intacto, como si el tiempo no hubiera pasado. Eso no era todo, una sensación de déjà vu lo invadió.
«Yo he estado aquí antes», pensó.
