Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling. Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi, Shueisha y Konami.
Respuesta a los Review anónimos/invitados:
Roxas Strife
Sí, las pruebas son parte de eso. Por supuesto, también viene lo que Kagemaru planea para más tarde y más acorde a la serie (no puede haber temporada 1 sin seven stars). Respecto al enemigo de Harry en su prueba, sería tentador que fuera la Maga Oscura, sin embargo, ya tengo decidido desde hace mucho quien es. Se sabrá en el próximo capítulo. Puedo adelantar que profundiza más el lore que he estado armando al rededor de Harry, Curan y Pikeru.
Malon 630
Buena pregunta y claro que obtendra algunos, además, tiene algunas sorpresas esperando en su mazo. El próximo capítulo veremos algunas cosas interesantes al respecto. Sobre las identidades del Mago Oscuro y Kisara, hablaré al respecto en los siguientes capítulos. Puedo decir, sin embargo, que la Kisara de Kaiba no es la Kisara a quien enfrentó Manjoume.
Gracias a todos por leer y comentar, también por los favs y follows. Les recuerdo que todos los review los respondo por MP, y los anónimos/invitados, por aquí.
Los dejo con el capítiulo:
Capítulo 19
La Prueba de los Espíritus, Neville
1
Neville miró a su alrededor con desconcierto. Estaba acostumbrado a la magia. Siendo un mago, no podía ser de otra forma. Podía sentir la magia a su alrededor, pero no se sentía para nada como a la que estaba acostumbrado. Era una sensación diferente, más parecida a cuando sostenía una carta…
¡Sí, eso era! Este lugar se sentía de una manera peculiar a la que, sin embargo, estaba acostumbrado: se sentía como sus cartas.
No encontraba otro modo del cual definirla.
No era una sensación desagradable sino todo lo contrario. Aun así, era desconcertante. ¿Sería esto lo que Harry sentía ahora que ya nada se interponía entre él y sus cartas?
Desde que Harry se negara a participar en el Torneo de los Tres Magos y perdiera su magia –o al menos una parte de ella, ya que, según dijo, Pikeru y Curan eran muy insistentes al decir que todavía era un mago–, fue muy insistente en que tenía la sensación de que su magia no había querido que se conectara con sus cartas. Sin contar el trozo de alma que estaba en su cicatriz. Ninguno de los dos pudo ponerse de acuerdo al respecto.
No obstante, ¿y si era lo mismo para él? De alguna forma, desde que llegó a la Academia de Duelos y se vio envuelto de manera más activa en la magia peculiar de lo que ates creían era un simple un juego muggle (no podía ser eso: el duelo era algo que iba más allá de los conceptos humanos, muggles o mágicos), cada vez más las sombras de sus monstruos se volvían más nítidas, cada vez más sostener una carta se sentía como respirar.
Neville sacudió la cabeza. Podría meditar sobre esas cosas más tarde. De momento, debía descubrir en dónde estaba y cómo salir de allí. A pesar de que ese lugar se sintiera como casa, tenía amigos y familia esperándolo. No podía quedarse en ese sitio para siempre.
Miró a su alrededor tratando de descifrar el paisaje, como si fuera un rompecabezas.
Estaba en un jardín, o eso pensaba. Aunque había un toque salvaje en la vegetación que lo rodeaba, no pudo evitar notar que el lugar también seguía una suerte de patrón. Habiendo crecido entre los invernaderos de la mansión Longbottom, sabía reconocer un jardín a un paisaje natural. La naturaleza no dejaba caminos tan bien definidos por los que era posible moverse.
El jardín estaba compuesto principalmente por rosas de todos los colores imaginables, incluso algunos que no creyó podrían ser cultivados sin recurrir a la magia.
Caminó por los senderos de ese laberíntico y salvaje sitio, cada vez más maravillado por la vegetación que lo rodeaba. El jardín estaba provisto de una belleza que le hacía imposible ignorar. Cada tanto, se detenía a observar las maravillosas rosas. Las de color rojo, vibrantes y llenas de vida eran algo que nunca antes había visto; las blancas, que brillaban casi hasta ser segadoras ante la luz cálida del sol; y las Azules, de muchos tonos que nunca antes vio en ese tipo de flores. También las había amarillas, violetas, incluso algunas negras, no por eso menos hermosas que el resto de sus compañeras en ese jardín fantástico.
Se concentró en seguir moviendose.
Avanzó por caminos de adoquines, frente estructuras hechas de ladrillo cubiertas por enredadoras; por un par de quioscos ocultos entre la maleza, en los que no le molestaría descansar o tomar su almuerzo mientras disfrutaba de tan hermoso jardín; pequeñas plazas con fuentes y estanques, en las que los lirios crecían tratando de igualar la belleza de las rosas de ese laberíntico lugar.
No, decidió, no era un jardín. Era más bien una ciudad de flores: una Ciudad-Jardín.
Mientras la recorría, escuchó a los pájaros cantar, pero no vio a uno solo. Ni una sola vez se encontró con sus compañeros de clases o con el profesor Daitokuji. Parecía ser el único ser vivo, además de las plantas, en ese lugar.
Tras lo que parecieron ser horas, Neville se sentó al borde de una de las fuentes para descansar. No sabía si estaba avanzando, retrocediendo o sólo dando vueltas en círculos. Ese sitio, como todo laberinto, le desconcertaba.
Se quedó mirando uno de los rosales por un largo rato. Por un momento tuvo la impresión de que el rosal le devolvía la mirada.
Suspiró. ¿Cómo podía encontrar la salida?
Tomó su mazo y contempló sus cartas. Harry contaba con la ayuda de Pikeru, Curan y los demás espíritus de su deck cuando estaba perdido. Le ayudaron a encontrar a Charlus, le ayudaron a encontrarse a sí mismo luego de que creyó perder su magia para siempre, al enseñarle que aquella magia hecha con varitas y pociones no es la única magia que existe en el mundo.
—¿Hay alguien allí? —llamó a sus cartas—. ¡Necesito ayuda! Estoy tan perdido.
Suspiró cuando no recibió respuesta. Muchas de esas cartas, sobre todo las de tipo planta, las escogió el mismo. Otras, en especial la mayoría de sus monstruos normales y sus fusiones, fueron la herencia que Samantha dejó para él.
Cuando Johan le envió el mazo de su amiga a través de Harry, originalmente quiso negarse a aceptarlas. Johan y Samantha estaban tan unidos, él debía conservarlas. La respuesta de Johan fue que esas cartas querían ir con él.
Recordó las palabras exactas de Johan, cuando por fin pudieron verse una vez más hacía unos meses:
—Ella te estimaba mucho. Esta es su forma de protegerte, aunque ya no esté con nosotros.
Muka Muka, uno de los monstruos favoritos de Samantha, fue de gran ayuda para él al ingresar a la Academia de Duelos.
Neville alzó la mirada cuando escuchó el inconfundible sonido de las pisadas de un can. Uno tan grande como Fang, el perro jabalinero de Hagrid.
A través de uno de los zigzagueantes caminos de la Ciudad-Jardín, vio venir a un enorme lobo de pelaje blanco, de un tono que sin duda parecería plateado a la luz de la luna. Dos ojos amarillos le devolvieron la mirada. Quizá en otro momento se habría asustado por su presencia. No ahora. Había algo en la forma relajada en la que andaba, en el movimiento de su cola y en su mirada afable que le hizo sentir tranquilo.
Había visto a ese mismo lobo muchas veces, cuando jugaba contra Samantha, cuando ajustaba su baraja tras adquirir nuevas cartas y cuando él mismo lo utilizaba en un duelo.
El enorme lobo plateado, Colmillo Plateado, se detuvo junto a él. Era tan grande que bien podría haber sido el lobo de Hagrid.
—Hola, amigo —lo saludó, mientras extendía su mano para dar pequeñas palmadas en su cabeza—. ¿Viniste a ayudarme a salir de aquí?
La cola del enorme lobo se agitó de un lado a otro, mientras lamía las manos de su duelista. Neville supo que estaba en lo correcto.
—Entonces, ¡vamos! Los demás nos esperan.
Olfateando el camino, el enorme lobo guio al chico a través de la Ciudad-Jardín.
Con Colmillo Plateado a su lado, a Neville le costó menos avanzar por los caminos adoquinados. Por primera vez desde que se encontró en ese sitio, sintió que de verdad estaba avanzando.
Se dio cuenta de algo: aunque llevaba un buen rato dando vueltas por allí, no parecía que hubiera transcurrido mucho tiempo. El sol no parecía haber cambiado su posición, aunque ya debería ser de tarde. Aunque, tres inmensas siluetas de lo que parecían ser lunas ahora lo acompañaban en el firmamento.
—¿Este es tu mundo? —preguntó Neville al lobo.
Harry menciono que Pikeru y Curan hablaron de otro mundo, uno en el que los monstruos de duelo eran seres de carne y hueso, o al menos algunos de ellos, y no los espíritus que su amigo conocía y él había comenzado a vislumbrar brevemente desde hacía unos meses atrás.
Colmillo Plateado ladró, en lo que Neville entendió como una negativa.
Neville se quedó pensativo. Harry y él discutieron antes sobre una idea: que las cartas de campo eran reflejos de los paisajes del mundo del que Pikeru y Curan hablaron. Las descripciones de muchas de las cartas hablaban de lugares como el Mundo Oscuro, o representaban a monstruos siendo arrastrados a través de portales dimensionales. ¿Era eso? ¿Había muchos mundos conectados y no sólo ese del que Curan y Pikeru hablaron a Harry?
Si era el caso, ¿cómo volvería a casa desde allí?
Llegaron a una parte de la Ciudad-Jardín que a Neville le pareció una especie de zona residencial, dado que los setos y los rosales allí tenían una forma peculiar, casi como si fueran más una construcción que una planta.
Notó entonces que algunos de ellos habían sido arrancados de la tierra y sus restos destrozados yacían esparcidos por el suelo.
Junto con Colmillo Plateado, siguió la pista que las plantas arrancadas dejaron hacia el perpetrador.
No le costó mucho encontrar al responsable de esto: una criatura pequeña y alada, del tamaño del gato de Hermione, de pelaje verde y un pequeño cuerno en su frente, desde el cual disparaba pequeños rayos de electricidad a un grupo de pequeños «hombrecillos».
No sabía cómo definir a los últimos, siendo que eran diminutos frijoles verdes con espadas. Justo como la carta «Soldado Judía». En todo caso, el pequeño bribón que había destrozado el jardín se mantenía volando fuera de su alcance, mientras los soldaditos no podían hacer nada, agitando sus espadas cada vez que el bribón se acercaba a ellos como burlándose del hecho de que no podían alcanzarlo.
Colmillo Plateado comenzó a gruñir a la criatura verde, a la cual Neville reconoció como un «Diablillo Salvaje», otro monstruo del cual tenía una copia en su mazo. La criatura había derribado a todos los soldados que trataban de defender la Ciudad-Jardín, y ahora volvía a su trabajo de escarbar en la tierra, sin importarle destrozar los rosales que crecían allí.
El enorme lobo saltó sobre la criatura, aplastándola con una de sus patas delanteras. El diablillo forcejeó un momento, dando pequeñas descargas eléctricas al enorme lobo con su cuerno, resultando inútil.
Finalmente, Colmillo Plateado regresó a dónde estaba Neville, llevando a la criatura sujeta en su hocico, como si fuera una de sus crías. El diablillo parecía estar enfurruñado, con sus brazos cruzados y gruñendo algo que bien podrían ser insultos.
Colmillo Plateado dejó caer al demonio frente a Neville. La criatura, al verlo, pareció de pronto sentirse avergonzado, ya que se encogió en su lugar, ocultando su rostro con sus garras y extendiendo sus alas como si estas pudieran esconderlo.
Neville frunció el ceño.
—¿Eres el Diablillo Salvaje que vive en mis cartas? —le preguntó.
En respuesta, el diablillo corrió a esconderse detrás de las patas de Colmillo Plateado.
Neville suspiró, mientras se volvía para ver a los soldados-judía. Parecían estar tratando de ayudar a sus heridos, mientras otros seres como ellos, aunque estos no parecían ser guerreros, parecían muy tristes de ver los setos y los rosales, que parecer habían sido sus casas, por completo destruidas.
—Esto no es correcto —dijo Neville, dirigiéndose al diablillo—. Vamos, deja de esconderte. Tienes que disculparte con ellos y luego te ayudaré a arreglar todo este desastre.
Si como creía el pequeño demonio alado era el mismo monstruo de su carta, entonces era su responsabilidad que hubiera hecho esos destrozos en la Ciudad-Jardín.
El diablillo hizo lo que le pidió.
Todavía mostrándose algo apenado, abandonó su escondrijo detrás de las patas de Colmillo Plateado y fie a dónde estaban los hombres-frijol. Algunos corrieron a esconderse entre las plantas, mientras que los soldados permanecían custodiando a sus compañeros caídos.
Incluso cuando el diablillo hizo lo que pudo para disculparse, no parecían creerle.
—Muy bien, supongo que la mejor forma de disculparnos es que arreglemos este desastre —intervino Neville.
El joven mago sacó su varita, la cual siempre llevaba debajo de su manga derecha, y rápidamente conjuró material de jardinería. No era muy bueno en transformaciones, pero por algún motivo nunca había tenido problemas cuando se trataba de usar lo aprendido en esa clase para sus labores de herbología. Poco a poco, indicándole al monstruo cómo hacerlo, comenzó a replantar los setos y las plantas destruidas. Utilizando varios hechizos aprendidos en la clase de herbología, hizo lo que pudo por sanar de nuevo a las plantas. No sabía si eso reconstruiría las casas de la gente-frijol, pero eso era lo mejor que podía hacer de momento.
Neville se limpió el sudor de la frente una vez que terminó el trabajo.
Miró hacia el cielo. El sol apenas si se había movido, incluso cuando dejar todo en orden le tomó unas cuantas horas. ¿Sería posible que el tiempo en este lugar se moviera diferente? Recordó algo ocurrido un par de años atrás, justo después de la clase de astronomía: Hermione les habló sobre cómo, de vivir en otros planetas, los días serían más o menos largos. Todo dependía de a qué velocidad rotarán sobre su eje, lo que determinaría la duración de sus días. ¿A caso ese mundo estaba en otro planeta? Nunca había sabido de un mago que pudiera viajar a otros planetas, y los Muggles estaban muy lejos de conseguirlo con su tecnología. Aunque, con la magia, todo era posible.
¿Si ese fuera un planeta habitado por personas-plantas? Por ahora quería encontrar un camino de vuelta a la Isla Academia, pero no le molestaría regresar allí después y averiguarlo.
Conjuró un enorme tazón y luego lo llenó de agua, para que Colmillo Plateado y el Diablillo Salvaje bebieran. El mismo tomo sorbos de su cantimplora.
Tras ver cómo la gente-frijol miraba a los dos monstruos beber su agua, se le ocurrió algo. Volvió a llenar la regadera que conjuró como parte del equipo de jardinería, y luego hizo que flotara sobre ellos, regando la tierra y simulando ser lluvia. Como pensó, al ser plantas, la gente-frijol pareció sentirse mucho mejor al ser «regadas».
—Tienes un toque muy dulce para tratar con las plantas.
Neville se giró en busca de la persona que habló. Colmillo Planteado de inmediato saltó frente a él, en un gesto protector.
De pie cerca de ellos había una mujer. Tenía una larga cabellera rubia y usaba un vestido de gala que bien podría ser descrito como el capullo de una rosa. Toda su indumentaria tenía varios adornos con forma de rosas.
La mujer se inclinó sobre uno de los setos que Neville había reparado. Tomó una de sus flores y, sin arrancarla, acerco su nariz para olerla.
—Realmente es un toque mágico. No había conocido a ningún mago, humano o no, que tuviera estas atenciones con las plantas.
Volvió a ver a Neville. De inmediato supo que la mujer no estaba allí para ser una amenaza. Rascó a Colmillo Plateado detrás de las orejas para hacérselo saber.
—Mi nombre es Rose —Neville sintió que era un nombre más que adecuado para ella—, también me conocen como la Amante de las Rosas. ¡Es un placer conocerte, joven mago humano!
—Soy Neville, Neville Longbottom.
La mujer le sonrió una vez más, y Neville no pudo evitar sonrojarse.
—¿Qué es este lugar? —preguntó, apartando la mirada de la mujer.
Esta se rio, divertida por su actitud.
—Estamos en la capital del Reino de las Rosas —respondió—. Perdón por no haberte recibido antes. Se supone que estás aquí para una prueba, es sólo que no esperábamos tener que probar a un humano.
—¿Prueba?
La mujer asintió.
—Sí, es un ritual muy antiguo al que debían someterse los duelistas que habían sido elegidos por los dioses para prestar sus servicios ante uno de los Portadores de las Fuerzas Elementales que dan vida a nuestro mundo, al mundo humano y a todos los mundos que existen bajo la protección siempre atenta de la Oscuridad Gentil y la Luz de la Justicia.
Neville frunció el ceño. No entendía. No recordaba haber conocido a ninguno de estos Portadores…
—¿Acaso Judai…? —preguntó en voz alta. Sabía por Harry y Johan que Judai era importante para algún esquema cósmico divino, pero él nunca había sido «contratado» por él de alguna forma como para ser enviado allí.
«También puede ser a causa de tu amistad con Johan», se dijo. Después de todo, Pikeru y Curan dijeron que Johan era el hijo de esa llamada Luz de la Justicia.
Neville sacudió la cabeza.
—No entiendo. Yo no recuerdo haber entrado al servicio de ninguno de esos portadores.
Rose lo miró por un momento con el ceño fruncido.
—Sin embargo, conoces el nombre del Heraldo de la Oscuridad Gentil.
—Sí, bueno, Judai es mi amigo. Somos compañeros. Estudiamos en la Academia de Duelos.
Rose apoyó su mentón sobre su mano derecha en un gesto pensativo.
—En todo caso, estás aquí y llegaste porque alguien Evocó la Prueba de los Espíritus. Si no vas a servir a uno de los Portadores como su caballero, no tendrían por qué haber solicitado la prueba para ti. A menos que… —Fue su turno de negar con la cabeza—. Eso no ha sucedido en mucho tiempo. Milenios antes de que yo naciera.
—¿De qué hablas?
—Qué tu mismo seas un Portador.
Neville sacudió la cabeza. Eso era absurdo.
—¡Es la única explicación! Los Portadores de algún Signo o poder también son Juzgados mediante la Prueba de los Espíritus.
—Todavía no entiendo eso: ¿exactamente en que consiste esa prueba?
—En un duelo, por supuesto.
Rose comenzó a caminar, tras hacerle una señal a Neville para que la siguiera.
—En todo caso, seas alguien que va a ser un Caballero de un Portador, o un Portador en sí mismo, la única forma de volver a casa es mediante la prueba.
—¿Qué pasa si no lo consigo? —preguntó Neville.
Rose dejó de caminar y se giró a ver a Neville.
—No estoy segura —dijo—. Eso depende de que tan importante seas. Podrías tener la oportunidad de volver a intentarlo más tarde, o simplemente ser deshonrado como duelista y nunca más podrías tocar un mazo.
El corazón de Neville se encogió de sólo pensar en esa última posibilidad.
—¿Sí es lo primero?
—Te quedas aquí hasta que lo logres. He escuchado que hubo alguien que lo intentó toda su vida sin éxito. —Rose miró a Neville y se sintió mal por decir eso al notar el nerviosismo del chico—. Pero, ¡no creo que tengas que preocuparte! Esos dos espíritus tienen un gran aprecio por ti. Un duelista que ha conseguido eso, incluso de un pequeño y destructivo gremlin como ese que tienes allí, no podría fallar en algo como esto.
Neville dio unas cuantas palmadas en la cabeza del diablillo salvaje, gremlin o lo que fuera. Este iba sentado sobre el lomo de Colmillo Plateado, mascando uno de los instrumentos de jardinería que Neville había conjurado antes.
Ahora que caminaba por las calles de la Ciudad-Jardín en compañía de Rose, Neville notó que la ciudad estaba llena de vida. Pequeños seres humanoides que en realidad eran plantas, además de las personas-frijol, se asomaban entre los setos y los rosales para verlos pasar. Incluso le pareció ver algunas mandrágoras entre los setos. Si era así, no eran de las que gritaban y provocaban la muerte al ser sacadas de la tierra.
Rose guío a Neville y sus espíritus a través de la laberíntica ciudad, hasta que emergieron frente a una colina en cuya cima había una torre. Sobre la torre, dominando el valle en el que se encontraba la ciudad capital del Reino de las Rosas, se encontraba una estatua de una criatura cuyo cuerpo y alas parecían ser una gigantesca rosa, de la cual salía un largo cuello, patas y una cola formados con sus tallos. La criatura inequívocamente era un dragón, sólo que no uno del que hubiera escuchado antes.
Neville salió de su estupefacción cuando Rose puso su mano en su hombro, sonrojándose un poco más por la cercanía de una mujer tan guapa.
—Ese es el Dragón de la Rosa Negra, uno de los Dragones Salvadores y Dios del Reino de las Rosas.
Le hizo una indicación al joven para que la siguiera colina arriba. En la torre, que era el hogar de la Reina de la Ciudad-Jardín, lo estaba esperando su prueba.
2
Neville pensó que definitivamente ese lugar tenía bien ganado el nombre de Reino de las Rosas. No sólo eran las flores más abundantes en la Ciudad-Jardín, también lo eran en la colina. Estatuas de rosas, y más dragones similares al dios de ese reino, flanqueaban el camino hacia la entrada de la torre, por cuyas paredes trepaban los rosales como enredaderas.
Dentro, las rosas seguían manteniéndose como el principal motivo de la decoración: los ornamentos dorados y plateados de los muebles, las molduras y los tapices de los muros, e incluso los estampados de las alfombras, todo tenía a las rosas como tema central.
Rose dejó a Neville en un enorme salón y le pidió que esperara.
El salón carecía de cualquier tipo de mueble. Su decoración eran tapices de lo que parecían ser escenas de alguna leyenda o historia mitológica. Sin forma de traducir los caracteres que narraban el contenido de cada uno de ellos, sólo podía interpretar las imágenes: cinco dragones, entre ellos el Dios Guardián de ese reino, cinco duelistas, guiados por un dragón de color rojo para enfrentar lo que bien podría considerarse una amenaza nacida del infierno.
Más allá de eso, la otra gran característica que tenía esa sala eran los enormes vitrales que representaban a los mismos dragones, con el Dragón de la Rosa Negra al centro, quizá porque era el Dios Protector de ese lugar, no porque fuera el más importante de los cinco.
También había dos puertas dobles: por las que entró a sus espaldas, y otras frente a él, cerradas. Además de un balcón que rodeaba la sala, en el cual bien podría haber espectadores, como si ese sitio fuera una especie de estadio.
Las puertas dobles frente a Neville se abrieron. Una mujer entró en la habitación. Al igual que Rose, era rubia. Usaba un vestido escotado de color rojo con bordados dorados, cuyo faldón tenía la forma de los pétalos de una rosa. De su espalda, crecían dos enormes alas que le recordaron a las del Dragón de la Rosa Negra. Tenía una cabellera rubia tan larga como la de Rose, y sobre la cual llevaba un casco. Su rostro, en cambio, estaba cubierto por una máscara que bien podría ser de porcelana.
—Así que eres el humano que ha sido enviado a nosotros para realizar la Prueba de los Espíritus —dijo la mujer.
—Sí —respondió Neville, tratando de ocultar su titubeo.
—No estés nervioso, niño humano. Esta no es una batalla a muerte, sino una prueba para determinar si eres digno de portar el mazo del Clan de la Rosa.
Neville miró a la mujer sintiéndose un poco confundido.
—Rose dijo que esta prueba es para Caballeros y Portadores…
—Lo es. Normalmente, como Reina de las Rosas, mi deber sería juzgar al Portador del poder del Dragón de la Rosa Negra, nuestro dios. Sin embargo, las circunstancias actuales en el mundo nos obligan a buscar un portador provisional.
A Neville no le gustó como se escuchó todo eso. Considerando las cosas que Harry y Johan le habían dicho –sobre Judai, la guerra entre la Luz y la Oscuridad y como esta al parecer se iba perdiendo– no consideró buena señal el que un poder, al parecer destinado a uno de esos Portadores de los que Rose habló, se viera forzado a buscar a alguien capaz de ayudarlo para influir en el destino del mundo.
—Creo que entiendo —dijo—. Fui traído aquí por el desequilibrio del que habló Johan, del que Pikeru y Curan nos advirtieron. El Heraldo está débil y la Luz de la Destrucción se hace fuerte.
A Neville le pareció que la Reina estaba sonriendo debajo de su máscara.
—No me considero el guerrero más apto —continuó—, pero, si esto es para ayudar a Harry, a Johan y a Judai, entonces daré mi mejor esfuerzo.
—No subestimes tu propia fuerza, pequeño humano. No eres la Bruja profetizada para tomar el poder de nuestro dios y enfrentar al Señor del Inframundo que quiere sumir el mundo en el Vacío de la muerte; aun así, si en este duelo me demuestras ser digno, haremos lo que esté en nuestras manos para ayudarte a restablecer el justo equilibrio entre la Luz y la Oscuridad del que depende nuestro mundo, y todos los mundos que hay bajo la esfera del cosmos.
La Reina alzó su mano izquierda, generando un torbellino de petalos. Cuando se disipó, un disco de duelo a juego con su vestuario –formado con pétalos de rosas– estaba en su muñeca.
—Muy bien, Neville de la Muy Antigua y Noble Casa Longbottom, descendiente directo del Rey de las Hadas Oberón, declaro el comienzo de tu Prueba. Con la bendición de nuestro dios, el Dragón de la Rosa Negra, y de su padre, el Dragón Carmesí, este duelo no causará daño real pues lo que se juzga es el corazón de uno de nuestros hijos perdidos.
Neville miró a la Reina con sorpresa. Supuso que Rose le había dicho su nombre, aunque eso no explicaba cómo sabía que pertenecía a una Noble y Muy Antigua Casa. Además, ¿descendiente del Rey Oberón? ¿Era acaso el mismo Oberón que representaba una de las cartas de su mazo? ¿A qué se refería con «uno de nuestros hijos perdidos»?
Sacudió la cabeza. Podría preocuparse por eso más tarde, ahora necesitaba centrarse en el duelo.
—Puede comenzar, príncipe Longbottom.
Sintió deseos de contradecir a la Reina. Él no era un príncipe.
—Entonces, ¡comienzo! ¡Draw! —Puso la carta en su mano y seleccionó otras dos—. Invoco a «Rata Gigante» en defensa y coloco una carta. Termino mi turno.
La inmensa rata de pelaje azul grisáceo emergió en un resplandor dorado. Estaba royendo un cráneo humano. Neville notó que se veía mucho más realista que con un holograma común.
—Muy bien, ahora es mi turno —dijo la Reina con tranquilidad, sin inmutarse ante la bestia salvaje que Neville había Invocado al Campo—. ¡Robo!
—Activo mi carta Trampa —declaró Neville antes de que la Reina pudiera proseguir con su turno—: «Buena Administración del Hogar Goblin». Robo una carta, y luego envío una carta de mi mano al fondo de mi Deck.
Neville envió a «Muka Muka Enfurecido» al fondo de su deck. Esa carta había salido mucho tiempo después de que Samantha muriera, pero él no tenía dudas de que la habría amado. Quería demasiado a Muka Muka como para que no fuera así.
—Continuaré con mi turno —dijo la Reina—. Primero, activo la Carta Mágica «Campana de Rosa de Revelación». Esta carta me permite añadir a mi mano un monstruo de Tipo Planta con 2400 o más puntos de ataque. Así que añado mi propia carta: «Reina Ángel de las Rosas».
En otras circunstancias, eso le habría parecido muy raro al joven mago; tras haber presenciado el duelo de Judai contra Jinzo, comenzaba a acostumbrarse a que esas cosas pasaban cuando te involucrabas con espíritus de duelo.
—Invoco Normal a «Caballero de la Rosa del Atardecer» —prosiguió la Reina.
Un joven de armadura negra, capa blanca y que llevaba una espada apareció frente a ella. Se giró para hacer una reverencia ante su Reina, antes de centrar su atención en la enorme rata frente a él.
—Cuando este caballero es Invocado de Modo Normal, puedo Invocar Especialmente a un monstruo de Tipo Planta de Nivel 4 o menor desde mi mano. Invoco a la «Bruja de la Rosa».
El monstruo invocado no se parecía mucho a una bruja, en opinión de Neville. Era una mujer cuyos brazos eran dos látigos espinudos que parecían ser los tallos de una rosa. Sobre su cabeza había una flor, que Neville no estaba seguro si era un sombrero, pues de esta emergían varias hojas verdes que parecían reemplazar a su cabello.
—Ahora, activo la Carta Mágica de Campo «Jardín Negro».
El salón con sus hermosos tapices que representaban la lucha de los Dragones Guardianes contra el Señor del Inframundo quedó cubierto por enredaderas espinosas de color negro, de cuyos tallos crecían rosas del mismo color.
—Paso a mi Fase de Batalla —anunció la Reina.
Neville tuvo un mal presentimiento. El Campo no parecía haber afectado el ataque de los monstruos de su adversario, que era el efecto más común en esa clase de cartas. Eso significaba que guardaba una sorpresa más desagradable.
Esto fue confirmado un momento después: la Reina ordenó a su Bruja atacar a la «Rata Gigante» de Neville. Su monstruo no pudo hacer nada cuando los tentáculos del monstruo enemigo se movieron como un látigo y la golpeaban haciéndola desaparecer en una explosión.
—Cuando «Rata Gigante» es destruida en Batalla y enviada al Cementerio, puedo Invocar de Modo Especial desde mi Deck a un monstruo de Tierra con 1500 o menos puntos de ataque en posición de ataque —explicó Neville—. ¡Invoco a «Muka Muka Enfurecido»!
El monstruo de Neville resultó ser una desagradable criatura que parecía ser un sapo de roca. De unas protuberancias en su cabeza salía humo, mientras que un saco, similar al de un sapo, se inflaba en su garganta tomando un color rojizo como si dentro hubiera fuego o lava. «Muka Muka Enfurecido» tenía un efecto similar al de su versión inferior, sólo que este ganaba 400 de ataque y defensa por cada carta en la mano de su controlador. Con cuatro cartas en su mano, más los 1200 puntos de ataque, debería tener 2800, sin embargo, sólo tenía 1400.
Ante el desconcierto de Neville, la Reina explicó la razón de esto:
—Mi «Jardín Negro» reduce a la mitad el ataque de cada monstruo que invoquemos. A cambio de la reducción del ataque de tu monstruo, una «Ficha Rosa» se Invoca de Modo Especial en tu campo en Posición de Ataque.
Efectivamente, una rosa creció en el campo de Neville. Tenía dos ramas con dos hojas en cada una de ellas, funcionando como si fueran sus brazos y manos respectivamente. Además, la flor parecía representar su cabeza.
Con sólo 800 puntos de ataque, la «Ficha Rosa» no era un buen remplazo para los 1600 perdidos por su monstruo; en especial cuando el Caballero podía con ella al tener 1000 puntos de ataque.
Precisamente, la Reina ordenó atacar al joven caballero, el cual cortó con su espada a la rosa en el campo de Neville –quien no pudo evitar hacer una mueca sintiéndose mal por la pobre flor–, causando 200 puntos de daño a Neville y dejándolo con 3800 Puntos de Vida.
—Termino mi turno —anunció la Reina.
Neville comenzó su turno.
—¡Draw! —declaró. Asintió, agradecido de que sus cartas lo escucharan y le dieran lo que necesitaba para restaurar los puntos de ataque de su monstruo. Por supuesto, antes tenía que deshacerse del molesto campo de la Reina—. Activo la Carta Mágica «Terraformación», la cual me permite buscar una Carta Mágica de Campo en mi Deck y añadirla a mi mano.
Neville buscó a «Poder de Gaia» y procedió activarla al instante.
La habitación comenzó a temblar. Los muros cubiertos por las enredaderas retrocedieron, como si estuvieran siendo tragados por la tierra. El techo de la habitación desapareció, dejando ver un hermoso cielo azul. Esto no duró mucho: detrás de Neville comenzó a crecer un inmenso árbol, tan grande como un rascacielos de treinta, quizá cuarenta, pisos de altura. Sus ramas se extendieron, frondosas y llenas de vida, proyectando una sombra fresca sobre el campo en el que los dos duelistas se enfrentaban.
Aunque Neville ya había usado esa carta en otros duelos, el holograma no se comparaba con el árbol que ahora estaba a sus espaldas. Esto no era un simple reflejo de luz: era un árbol verdadero.
—Madre Gaia —dijo la Reina mientras alzaba su mirada para ver al enorme árbol—. Te agradezco por esto, joven duelista. Siempre había querido peregrinar a este lugar sagrado. Este árbol contiene el espíritu de la Madre Gaia, quien nutre y protege a todos los seres vivos nacidos de la tierra.
Neville cerró los ojos. Si se concentraba, casi era capaz de sentir como el árbol respiraba.
Su Carta de Campo daba 500 puntos de ataque a todos los monstruos de Tierra en el campo, mientras que restaba 400 de defensa. Con eso, «Muka Muka Enfurecido» llegó a 1900 de ataque. Desafortunadamente, la «Bruja de la Rosa» también era de Atributo Tierra, por lo que, con 2100 de ataque, aún era doscientos puntos más fuerte que su monstruo.
Por supuesto, Neville pensaba hacer algo para resolver eso.
—Mi turno continúa —anunció Neville tras un momento—. Desde mi mano, activo la Carta Mágica de Juego Rápido «Libro de la Luna». Esta carta me permite cambiar un monstruo boca arriba a posición de defensa boca abajo. Elijo a «Muka Muka Enfurecido».
La Reina miró con interés a Neville. Esa era una jugada peculiar.
—Ahora, Invoco por Volteo a «Muka Muka Enfurecido».
Al haber sido invocado por volteo nuevamente, sus puntos de ataque se reiniciaron a su valor original, más 1200 puntos extra por las tres cartas en su mano y el bono adicional que le daba Gaia, llegando a 2900.
Neville tomó otras de las cartas en su mano. Iba a restar poder a su monstruo, pero no importaba.
—Invoco Normal a «Diablillo Salvaje».
El gremlin verde apareció en su campo. Era más grande que cuando lo encontró antes en la Ciudad-Jardín, al grado de que Neville se dio cuenta de que podría viajar sobre su espalda como si fuera un hipogrifo. El diablillo parecía contento con el tamaño que tenía en duelo, ya que extendió sus alas y dio una vuelta alrededor del campo mirándose muy satisfecho.
—Paso a mi Battle Phase —anunció Neville una vez que el gremlin aterrizó de nuevo frente a él—. Ataco a su Caballero con «Diablillo Salvaje».
El demonio estuvo feliz de escuchar la orden de su duelista, disparando una ráfaga de electricidad hacia el monstruo enemigo, quien desapareció en una explosión.
La Reina recibió 300 puntos de daño, quedando con 3700 Puntos de Vida.
—Ahora, ¡ataco a la «Bruja de la Rosa» con «Muka Muka Enfurecido»!
El sapo de roca echó la cabeza atrás, haciendo que el saco en su garganta se estirara y tomara el color de un carbón incandescente. La Bruja gritó cuando quedó envuelta en la roca fundida disparada por el monstruo de Neville, quien no pudo evitar lamentar el destino de la pobre mujer-planta.
«Muka Muka Enfurecido» tenía un ataque de 2500 puntos, mientras que la Bruja de 2100, así que la Reina recibió otros 400 de daño, quedando con 3300 Puntos de Vida.
—Coloco una carta y con eso termino —anunció Neville.
—Muy bien hecho, príncipe Longbottom —lo felicitó la Reina—. Para ser el primer duelista en su familia desde la era más antigua, ha aprendido bien cómo usar sus cartas de la forma adecuada. Ahora es mi turno, ¡robo!
La Reina pareció satisfecha con su nueva carta, aun así, tomó otra de su mano para comenzar su jugada:
—Activo la Carta Mágica «Entierro Insensato» para enviar a «Amante de la Rosa» a mi Cementerio. Ahora, puedo utilizar su efecto: al desterrar a «Amante de la Rosa» desde mi Cementerio, puedo hacer Invocación Especial de un monstruo de Tipo Planta.
Una mujer rubia con un vestido de gala apareció en el campo de la Reina. Neville de inmediato la reconoció como Rose, quien le guiñó un ojo, haciendo que se sonrojara de nuevo. Tras eso, Rose pareció concentrarse en completar su efecto: extendió las manos, mientras un brillo dorado la envolvía. Un remolino formado con los pétalos de las rosas de su vestido la rodeó. Cuando el remolino se disipó, en su lugar estaba un clon idéntico de la Reina.
—Después, activo el efecto de «Campana de Rosa de Revelación» en mi Cementerio: al desterrar esta Carta Mágica, puedo hacer Invocación Especial de un Monstruo Planta con 2400 de ataque o más. ¡Invoco a mi querida hermana «Ángel Caído de las Rosas»!
Por segunda vez ese turno, un remolino de petalos llenó el campo de la Reina. Esta vez, de él emergió una mujer de aspecto más provocador que el de su hermana, con un diminuto traje de cuero negro que no dejaba nada a la imaginación; lo cual hizo que Neville apartara su mirada, avergonzado. Su aspecto se complementaba con su látigo de espinas. De su espalda, al igual que la de su hermana, surgían dos alas, sólo que estás parecían más de un aspecto demoniaco o de murciélago, a pesar de que también estaban formadas por petalos de rosas, en este caso negros.
Neville hizo una mueca de decepción. Tanto la Reina como su hermana, el Ángel Caído, eran de Atributo Tierra, por lo que Gaia aumentó el ataque de ambas a 2900.
La Reina prosiguió su turno:
—Finalmente, Invoco Normal a «Rosa, Guerrera de la Venganza».
El tercer monstruo era una mujer pelirroja vestida con una armadura un poco más moderna. A Neville le pareció uno de esos trajes que usaban las fuerzas especiales de la policía muggle, aunque de aspecto un poco más futurista. Llevaba una espada en sus manos, claramente lista para atacar. Por suerte, su Atributo era Fuego, así que conservó sus 1600 puntos de ataque originales.
—¡Entro a mi Fase de Batalla! —anunció la Reina.
Neville sólo pudo hacer una mueca cuando la guerrera de la Reina cortó en dos a su «Diablillo Salvaje», causándole 300 de daño y dejándolo con 3500 Puntos de Vida. Sin embargo, eso no terminó allí: tras cortar a su monstruo, la guerrera sopló sobre él una ráfaga de petalos de rosa, los cuales se sintieron como pequeñas chispas que, aunque no llegaron a quemarlo, sí que redujeron sus Puntos de Vida a 3200.
—Cuando «Rosa, Guerrera de la Venganza» inflige daño a mi adversario, este recibe 300 puntos de daño de efecto —explicó la Reina—. Mi turno continúa, ahora, querida hermana, ¡ataca a «Muka Muka Enfurecido»!
El «Ángel Caído de las Rosas» utilizó su látigo para envolver al monstruo de Neville, apretándolo hasta hacerlo estallar. Dado que Neville sólo tenía una carta en su mano, su monstruo tenía 2100 puntos de ataque, por lo que recibió otros 800 de daño, dejándolo con 2400 Puntos de Vida.
—Lo hiciste bien, joven príncipe, pero esto terminó.
Neville se preparó para defenderse del ataque del clon de la Reina:
—¡Activo mi carta…!
—Durante este turno —lo interrumpió la Reina—, el monstruo Invocado por el efecto de «Amante de la Rosa» no es afectado por las cartas de trampa.
—Es una suerte que no sea una trampa —replicó Neville—. ¡Carta Mágica de Juego Rápido «Scapegoat»!
Al instante, cuatro Fichas de Oveja, Azul, Amarilla, Naranja y Rosa, llenaron el campo de Neville.
La Reina no tuvo más opción que redirigir el ataque a la ficha más cercana, la Azul. La pobre oveja chilló desconsolada cuando un torbellino de petalos de rosa la hizo desaparecer.
—Termino mi turno —concluyó la Reina.
—¡Es mi turno! ¡Draw! —declaró Neville—. Coloco un monstruo —anunció, mientras dejaba la misma carta que había robado en su disco de duelo, boca abajo en posición horizontal. Una versión holográfica de la carta apareció frente a él—. Activo la Carta Mágica «Libro de Taiyou»: selecciono un monstruo boca abajo y lo Invoco por Volteo.
El holograma de la carta colocada comenzó a brillar, para luego liberar una extraña jarra metálica de aspecto futurista.
—Se activa el efecto de «Ciber Jarra»: cuando este monstruo es Invocado por Volteo, destruye todos los monstruos en el campo, incluyéndose a sí misma.
La jarra de metal se elevó sobre el campo, liberando un potente rayo láser que al alcanzar a los monstruos en el campo de la Reina los hizo desaparecer en una explosión, luego de lo cual se autodestruyó. Neville apretó los labios cuando sus pobres Fichas de Oveja chillaron al ser alcanzadas por las explosiones.
—Ahora, ambos robamos cinco cartas. Cualquier monstruo que robemos es Invocado de Modo Especial, en Posición de Ataque o boca abajo en defensa, siempre y cuando se le pueda Invocar o Colocar de modo normal; cualquier otra carta es añadida a nuestras manos.
Neville robó: «Buey de Batalla Enfurecido», «Chica Botánica», «Rey del Pantano», «Fusión Instantánea» y «Buena Administración del Hogar Goblin». Invocó a los dos primeros en ataque, mientas que al tercero boca abajo.
La Reina, por su parte, robó: «Hada de la Rosa Oscura», «Tentáculos de Rosa», «Terraformación», «Rosa Regeneradora» y «Marca de la Rosa». Sólo «Hada de la Rosa Oscura» cumplía los requisitos para ser invocada, así que la invocó boca abajo.
—¡Battle Phase! Ataco a su monstruo boca abajo con mi «Buey de Batalla Enfurecido».
El enorme toro humanoide cargó contra la carta boca abajo con su hacha de batalla. El «Hada de la Rosa Oscura» era una niña de piel pálida, cabello color verde menta y que usaba un vestido negro cuyo faldón, como es de esperarse, tenía la forma de una rosa. Neville se sintió mal al escuchar su grito de angustia al ser cortada en dos por el hacha de su monstruo.
—Lo siento —susurró.
La Reina apenas se inmutó cuando recibió 1200 puntos de daño. La defensa de su monstruo era de 1000 puntos, mientras que el Buey de Batalla, gracias al efecto de Gaia, tenía 2200. Además, el monstruo de Neville tenía el efecto de causar daño de perforación a través de la defensa de los monstruos enemigos.
Los puntos de la Reina se redujeron a 2100.
—Ahora, «Chica Botánica», ¡ataca directamente!
El monstruo de Neville era una planta de aspecto humanoide, a juzgar por el hecho de que su piel era de color rosada y su «cabello» una flor. Además de eso, llevaba un vestido tejido con hojas de diversos tamaños. Su Atributo era Agua, por lo que no se vio beneficiada por el efecto de Gaia.
La chica extendió sus manos en dirección a la reina. Del suelo se alzaron varias raíces las cuales, moviéndose como serpientes, golpearon a la Reina, causando otros 1300 puntos de daño.
Ahora la Reina tenía tan sólo 800 Puntos de Vida.
—Coloco una carta y con eso termino mi turno.
—Tengo que decir que estoy impresionada —dijo la Reina—. Eres un alma noble, joven príncipe. La forma en que respetas a tus cartas y sufres por ellas cuando debes sacrificarlas, honrando de esa forma su lealtad hacia ti. Y no sólo eso: te compadeces de los monstruos de tu enemigo. Se necesita un verdadero corazón para hacer eso.
Neville sintió un poco orgulloso al escuchar eso.
—Es mi turno, ¡robo! —anunció la Reina—. Destierro a mi hermana, el «Ángel Caído de las Rosas», de Nivel 7 en mi Cementerio y a la «Rosa Regeneradora», también de Nivel 7, en mi mano para Invocar de modo Especial al poderoso «Rosaria, el Ángel Caído Majestuoso».
Neville tuvo que cerrar los ojos cuando un resplandor blanco llenó el campo. Un ser, cuya presencia sólo podría ser descrita como algo procedente de lo divino, emergió de esa luz. Tenía sus manos extendidas de manera tal que recordaba al arte sacro que se veía en las iglesias. Llevaba una armadura blanca, con adornos dorados. Cuatro inmensas alas formadas por petalos de rosas, negras a la derecha y rojas a la izquierda, se extendían desde su espalda.
Gracias a la Carta Mágica de Campo de Neville, sus puntos de ataque eran de 3400.
—También, activo la Carta Mágica de Equipo «Marca de la Rosa».
Neville hizo una mueca al saber lo que venía: la Reina iba a tomar el control de uno de sus monstruos. Su mirada se dirigió al «Buey de Batalla Enfurecido», sabiendo que sería él.
La Reina desterró a la «Bruja de la Rosa» en su Cementerio para cubrir el costo de su carta. Luego, como Neville pensaba, seleccionó al Buey de Batalla como su objetivo.
Una rosa negra apareció estampada en la armadura del toro humanoide. Este resopló, tratando de resistir, pero fue en vano. Pronto estaba en el campo de la Reina como un enemigo del duelista al que había elegido.
—¡Fase de Batalla! —anunció la Reina.
Fue el turno de Neville de experimentar el poder de perforación de su Buey de Batalla, cuando este cortó en dos a su «Rey del Pantano», causándole 1100 puntos de daño, y reduciendo sus Puntos de Vida a 1300.
—Ahora, «Rosaria, el Ángel Caído Majestuoso», ¡ataca a la «Chica Botánica»!
El resplandor divino del poderoso monstruo llenó el campo una vez más, consumiendo al monstruo de su enemigo y los Puntos de Vida restantes de Neville, terminando así el duelo.
3
Neville miró a la Reina sintiéndose avergonzado, había fallado. ¿Qué haría ahora? ¿Se quedaría allí el resto de su vida como dijo Rose que había pasado antes a otros que se sometieron a esa prueba y fallaron?
Ahora que el duelo había terminado, estaban una vez más en el inmenso salón de la torre que servía como palacio real del Reino de las Rosas.
Como Neville pensó previamente, los balcones que rodeaban la habitación eran para el público que presenciaba los duelos en ese lugar. Ahora estaban llenos de muchas personas, incluyendo a Rose y varios de los monstruos que la Reina había usado en su combate.
La hermana de la Reina, el Ángel Caído de las Rosas, descendió con suavidad y se detuvo junto a su hermana. Neville volvió a apartar la vista de ella. Esto hizo que riera divertida.
—No tienes por qué ser tímido, joven príncipe.
—No soy un príncipe —replicó Neville.
Alzó la mirada. El diminuto vestido de cuero había desaparecido, reemplazado por uno idéntico al de su hermana, solo que en color negro. Las máscaras de porcelana también habían sido retiradas, mostrando que, salvo por el color de sus cabellos y sus ojos –rubio y negro, verde y azul, respectivamente– ambas serían gemelas idénticas.
—Lo eres —dijo la Reina—. No soy la indicada para contarte todo, pero puedo decirte que la historia de tu familia está ligada a Oberón, el Rey de las Hadas.
—Pero, mi familia es una familia de magos, en el mundo humano…
—Antes no había separación entre ambos mundos —explicó el Ángel Caído—. La historia nos habla de los tiempos en que se podía ir y venir entre ambos. Ahora esos portales se han abierto nuevamente. Por eso es que pudiste venir aquí, joven príncipe, y someterte a esta prueba.
—Y fallé…
—¿Piensas que es así? —cuestionó la Reina. Luego, dirigiéndose al resto de su corte allí reunida, repitió la pregunta—: ¿Piensan que ha fallado? ¿Qué no es digno de portar nuestro poder, aunque sea de forma parcial?
Los murmullos se extendieron por la sala.
—Su corazón es noble —dijo Rose en voz alta—. Demostró su gentileza tratando a las plantas como iguales y no como simples objetos de decoración.
La Reina asintió de acuerdo.
—También eres un duelista muy hábil, de los mejores que he visto. Siendo que tu familia se apartó del camino del duelista hace mucho, tus méritos en él son aún más grandes. —La reina rio divertida. A Neville le pareció que su voz repicaba como una campanilla: dulce, melodiosa y agradable—. Por un momento estuve tentada a Sincronizar.
Neville frunció el ceño. ¿Sincronizar? Podía decir que era algo relacionado con el duelo, aunque jamás había escuchado que mencionaran ese término.
—El desequilibrio entre la Luz y la Oscuridad debe ser eliminado —dijo la Reina—. Si no se resuelve, para cuando surja el Señor del Inframundo y se reanude la guerra tras los cinco mil años humanos profetizados, nuestra Señora y el resto de los Portadores de los Signos del Dios Dragón podrían fallar.
La habitación quedó envuelta en una atmósfera solemne tras las palabras de la Reina.
—Por eso, tras haber hallado el corazón de este humano digno de llevar nuestro poder, solicito a nuestro Dios, el Dragón de la Rosa Negra, dar su bendición para convertirlo en el Portador Temporal del Clan de la Rosa.
La representación del Dios Dragón de la Rosa Negra en el vitral a espaldas de la Reina comenzó a moverse, como si estuviera vivo. Agitó sus alas y de inmediato la habitación se llenó con una tormenta de petalos de rosas de diversos colores. Pronto, estos comenzaron a reunirse en un punto frente a Neville. Algunos de los espíritus de duelo en la habitación, incluyendo a Rose y al Ángel Caído, se convirtieron en esferas de energía que flotaron hacia el mismo lugar.
Hubo un resplandor de color rojo, y cuando se disipó, frente a Neville había varias cartas flotando. Reconoció entre ellas las que la Reina usó durante su duelo.
Neville extendió su mano derecha. Una a una, las cartas flotaron hasta depositarse suavemente sobre la palma de su mano.
—Muchas gracias —dijo, inclinándose ante la Reina y llevándose las cartas a su pecho.
—El placer es nuestro, joven príncipe. Te pedimos que cuides de estas cartas hasta que sea el momento de que su verdadera portadora aparezca. Mientras tanto, te ayudaremos a luchar contra el desequilibrio que amenaza a todos los mundos dentro de las esferas del cosmos.
Neville asintió, sellando una promesa solemne de hacer eso cuando llegara el momento.
Un remolino de petalos de rosa envolvió a Neville. Cerró los ojos.
Cuando los abrió, estaba de pie frente a las ruinas del castillo en la Isla Academia, sólo que el castillo ya no estaba en ruinas.
—¡Neville! —escuchó que lo llamaban.
Se giró, viendo a Sho y a Hayato correr hacia él. Las chicas de Obelisco, Asuka, Junko y Momoe, así como Manjoume y el profesor Daitokuji, también estaban allí. El profesor se mantenía alejado, mientras que las chicas parecían atosigar a Asuka con toda clase de preguntas. Manjoume, en cambio, estada de pie recargado contra un árbol, luciendo muy malhumorado mientras el trío de extraños hombrecillos que usaba en su mazo bailaban a su alrededor.
—¿Dónde están Harry, Johan, Judai y Kaiser?
Sho bajó la mirada. Hayato de pronto pareció muy preocupado.
—No sabemos —dijo al fin el más bajito, con un tono que poco podía hacer para ocultar su preocupación.
—Creo que ellos cuatro son los duelistas más fuertes de la Academia —dijo Hayato—. Estarán bien.
Los otros dos sólo pudieron asentir. De verdad, esperaban que fuera de esa manera.
