Entre Odios y Amores
Por Marce-chan
Capítulo 2
-Aunque sé que no significa nada viniendo de mí, claro-dijo Sougo en tono caprichoso.
Kagura le apretó el cuello con los brazos lo más que pudo, pero dada su condición actual no logró hacer mucho.
-¡Dime porque dices esas cosas!-le exigió.
-Buen intento-murmuró Sougo riendo con satisfacción-Pero no me haces ni cosquillas.
-¡Oye!-se quejó Kagura.
-¡Un río!-exclamó Sougo y echó a correr.
Así era, había un riachuelo, Sougo fue hacía el lugar y bajó a Kagura, observando alrededor.
-Estamos cerca-murmuró para sí.
Kagura se inclinó para tomar un poco de agua, pero su estado era tan débil que se fue de cara al río, Sougo la sostuvo justo a tiempo para que no se golpeara con el fondo.
-¿Qué haces, tonta?
-Tengo sed-se quejó ella tosiendo y escupiendo agua.
-¿No puedes usar las manos?-replicó Sougo impaciente.
Kagura estiró las manos hacia él, temblaban mucho debido a los escalofríos causados por la fiebre, era imposible que el agua se mantuviera en sus manos de esa manera, Sougo suspiró con resignación.
-No hay más remedio-resopló, recogiendo agua en sus dos manos y acercándola al rostro de Kagura.
-¿Qué haces?-preguntó ella.
-¿No que tenías sed?-replicó Sougo incómodo-Bebe de una vez.
-¿De verdad esperas que beba de esas manos sucias?-replicó Kagura.
Sougo soltó el agua, se frotó las manos dentro del río y las estiró frente a su cara.
-¿Así están los suficientemente limpias, su alteza?-le dijo con sarcasmo e impaciencia.
Kagura no puedo evitar sonreír, notaba el esfuerzo de Sougo, él era así, protegía a otros, cuidaba a otros, se preocupaba por otros, pero no le gustaba admitirlo.
-¿Por qué sonríes?-murmuró Sougo enfurruñado volviendo a ofrecerle agua de sus manos.
-Por nada-sonrió Kagura y bebió.
De un momento a otro Kagura posó su mano en la mejilla de Sougo que se quedó estático y dejó escapar el agua de sus manos, se miraron un momento hasta que Kagura sonrió y le metió la cara en el río.
-¿Qué rayos haces, idiota?-se quejó Sougo tosiendo.
-Tienes la cara muy sucia-respondió ella riendo.
Esta vez le tomó la cara con ambas manos y comenzó a limpiarlo, Sougo desvió la mirada, pero dejó que lo limpiara, verlo le recordaba demasiado a Mitsuba y eso le estrujaba el corazón.
-¿Te duele?-preguntó Kagura al ver su expresión.
Sougo negó con la cabeza.
-¿Entonces por qué pones esa cara?-preguntó Kagura.
-Sólo…-titubeó Sougo-Recuerdos…
-¿Recuerdos?
-Recordé a mi hermana-respondió Sougo encogiéndose de hombros.
-¿Ella también intentaba ahogarte en los ríos?-sonrió Kagura.
Sougo no pudo evitar mirarla con impaciencia y ella se río, él no pudo evitar sonreír.
-¿Porqué sonríes?-preguntó Kagura con elocuencia.
-Cállate-replicó Sougo intentando disimular-Deberíamos lavar tus heridas, se ven muy mal.
-¿Qué?
-Quítate eso-le dijo Sougo señalando su propio abrigo y la capa roja de ella.
Antes de que Kagura pudiera hacer o decir algo Sougo ya le había quitado el abrigo que le había prestado y la capa.
-¿Insinúas que quieres lavarme las piernas, pervertido?-replicó Kagura.
-¡Hazlo tú, entonces!-respondió Sougo soltándola ofendido-Para mí sería como bañar un perro o un gorila.
-¡Oye!-se quejó Kagura.
-¡Tú empezaste!
Kagura se miró las piernas, hinchadas, amoratadas y aún sangrando.
-Está bien…-accedió.
-No lo haré, perdiste tu oportunidad-replicó Sougo dándole la espalda.
-¡Yo te lavé la cara!-chilló Kagura.
-¡Nunca te lo pedí!-replicó Sougo.
-Ah, está bien, lo haré yo-refunfuñó Kagura.
-Date prisa, quiero mi cinturón y lo que queda de mi camisa de vuelta-replicó Sougo.
Fue entonces cuando Kagura se percató de lo desaliñado que estaba, eso era muy poco común en él, pero ahora llevaba la chaqueta muy rota, la camisa despedazada y el abrigo largo se lo había puesto a ella, sabía que todo era por ella y eso la hacía sentirse conmovida y culpable a la vez; se quitó con manos temblorosas las vendas que él había improvisado con las mangas de su camisa y se las entregó, él comenzó a lavarlas en el río, Kagura se retiró el cinturón que servía de torniquete en una de sus piernas, la herida no sangró tanto como esperaban, pero el dolor era muy agudo, Kagura apretaba los dientes y sudaba para no emitir ni un sonido de malestar o sufrimiento, aun así no podía evitar que las manos le temblaran, Sougo la miró y suspiró resignado, era obvio que no podría hacerlo sola, se quitó la chaqueta y lo que quedaba de su camisa.
-Dame eso-le dijo quitándole el cinturón-Sostente de mí.
-¿Eh?
-Hazlo y deja de quejarte-replicó Sougo impaciente tocándose el hombro.
Kagura obedeció y le rodeó el cuello con los brazos, era la primera vez que lo veía semidesnudo y más aún que lo tocaba estando así, no pudo evitar sonrojarse mucho, pero bajo la cara para que no la viera, él la sostuvo de la cintura y se metió con ella al agua, Kagura no pudo evitar gritar cuando el agua hizo contacto con sus heridas, intentó limpiarlas pero el dolor era tal que todo su cuerpo temblaba descontroladamente, Sougo tomó uno de los pedazos de su camisa y la miró.
-Va a doler-le advirtió.
-Lo sé-respondió Kagura-Puedo con ello.
-Bien.
Comenzó a limpiar la herida lo más rápido y suavemente que pudo, Kagura apretó los dientes para no gritar, el dolor era tal que no pudo evitar aferrarse a Sougo con fuerza, él se sonrojó pero no dejó de limpiarla, era necesario, la piel alrededor de la herida se tornaba morada, eso significaba que no estaba cicatrizando bien, probablemente debido al veneno; le limpió una de las piernas y con la misma manga de la camisa que acababa de lavar volvió a vendarla.
-Creí que querías de vuelta tu camisa-balbuceó Kagura entre el dolor.
-Quédate callada-replicó Sougo-Limpiaré la otra.
El dolor fue igual o superior al de su pierna izquierda, Kagura sólo se aferraba con desesperación a Sougo, no podía evitar que le cayeran lágrimas por sus mejillas y el cuello y la espalda de Sougo, pero no gritó, no se lo permitió; Sougo la limpió, volvió a vendarla y volvió a ponerle el torniquete con su cinturón pues esa herida era más profunda y sangraba más, cuando terminó le palmeó la cabeza, pero Kagura seguía aferrada a él, fue entonces cuando Sougo se dio cuenta de la situación en la que se encontraba, estaba en un río con el torso desnudo abrazando a una chica, ambos mojados y maltrechos pero tan unidos como era posible, esa fue la segunda vez que se puso tan nervioso con ella, Kagura era una chica, no importaba su comportamiento o su fuerza, siempre había sido una chica, fue la primera vez que Sougo se permitió verla como mujer, su mano sobre su cabello y la otra en su delgada cintura, su olor y su calor lo hicieron sentir como nunca antes se había sentido, la única mujer con la que se había permitido cercanía era con su hermana, las demás sólo eran juguetes para él y disfrutaba jugando con ellas, pero nunca las había visto más allá de simples objetos y casi nunca se permitía contacto o cercanía física con ninguna de ellas; ahora estaba enlazado con una chica a la que no había considerado como tal, pero que era la única que lo había hecho sonreír como Mitsuba, la única que le daba la talla en todo, la única que consideraba su rival y su igual, le confundía demasiado ese sentimiento ¿Qué era lo que sentía? ¿Por qué se sentía así? ¿Qué estaba pasando?
-Ne…-murmuró Kagura sacándolo de sus pensamientos.
-¿Si?
-Gracias-murmuró Kagura y se desmayó.
Sougo miró alrededor, su confusión había durado un rato y en ese rato Kagura se había debilitado, miró el riachuelo, estaba enrojecido por la sangre de las heridas de Kagura, eso llamaría la atención a cualquiera, tenían que marcharse pronto, separó a Kagura de sí y la recostó en la orilla encima de su abrigo, se colocó de nuevo la ropa mojada, envolvió a Kagura en el abrigo otra vez y la tomó en brazos, de ese modo el hombro le dolía menos. Correría sin descanso hasta llegar a su destino: Bushuu, su pueblo natal.
