Moon-9215: pues tendré talento, pero sigue siendo algo que no me termina de convencer del todo :P Aún así, muchas gracias ^^
A.L.L.Y: muchas gracias, en serio. Y a ver si en estos días le echo un vistazo a TT.
Bueno, tras el yaoi, viene el yuri. Iba a ser algo diferente al principio, ya que había una sugerencia concreta para esta pareja, pero me puse a escribir, a editar, y salió algo diferente. Aún así, espero que sea de vuestro agrado.
Experimento
Aelita cerró el grifo de la ducha. Se tapó con la toalla, y se dirigió a paso ligero a su habitación. En su mente, sólo había una persona. Yumi. La japonesa siempre había despertado fascinación en ella, desde las primeras batallas en Lyoko. Y ese sentimiento se había fortalecido día a día.
Al llegar a su habitación, aprovechando que no era compartida, se quitó la toalla y se contempló al espejo. Quizá se lo tenía un poco creído, pero consideraba que tenía buen cuerpo.
— ¿Podría Yumi resistirse a esto? — se preguntó mientras se sostenía los pechos con las manos.
Y entonces tuvo una idea. Quería saber si podía ocurrir algo con ella. Y es posible que ya supiera como comprobarlo. Mientras se secaba el pelo, estuvo pensando. Se suponía que aquella noche Yumi se quedaba sola en casa. Pues ya tenía plan, iba a hacerla una visita.
Se puso la ropa interior y echó un vistazo al armario. Se había comprado hacía un par de semanas un top muy ceñido… quizá no era mala elección, pero no como "plato principal". Se tapó el top con una camiseta normalita, no quería alarmar a la japonesa. Y… minifalda no. Excesivo. Con un pantalón vaquero, tendría de sobra. Algo ajustados, eso sí.
Algo preocupada por la posible reacción de Yumi cuando quedaran claras sus intenciones, salió del Kadic con decisión y se dirigió a la casa de la japonesa. Iba a descubrir hasta donde podía llegar con ella. Su plan estaba bien pensado.
Tardó poco más de diez minutos en llegar. Llamó al timbre y esperó a que la abrieran.
— ¡Aelita! No te esperaba, qué sorpresa — dijo Yumi al abrirle —. De hecho no esperaba a nadie, mira como me pillas — le había abierto la puerta estando sólo con la camiseta, pues no llevaba pantalón. Aelita tuvo que contenerse al ver las piernas y las bragas de Yumi —. Pasa, pasa.
— Bueno, me… me acordé que estabas sola hoy y… — Aelita intentaba centrarse en la conversación, pero lo que había visto la había encendido — pensé en hacerte la visita.
— Muy bien, pasa al salón y dame un momento que me tape. Anda que si llegas a venir con los demás…
"No, Yumi, por lo que más quieras, no te pongas el pantalón ahora" pensó Aelita, y se mordió el labio al ver a Yumi de espaldas, corriendo escaleras arriba.
Bueno, ya era algo. Se sentó en el sofá, y decidió poner algo en la televisión. Se dio cuenta de que el DVD estaba encendido. "¿Qué estaría viendo?" se preguntó. Y como la curiosidad es algo inevitable, le dio al botón de "Play".
Cuál fue su sorpresa al mirar la tele a consitnuación y toparse a una pareja… en pleno coito. ¿Yumi veía películas pornográficas? Se quedó embobada.
— Bueno, ya estoIIIIIIIIIIIIH — Yumi gritó por pánico al ver que Aelita la había pillado —. Esto…
— Cálmate — le dijo Aelita — No tienes que darme explicaciones. ¿Terminamos de verla juntas? — le dijo. Pretendía ser una broma, pero…
— Si te apetece… pero vamos, no suelo ver esas películas acompañada — respondió Yumi, algo cortada.
Finalmente volvieron a darle al botón de "Play" y pasaron la media hora siguiente las dos sentadas en el sofá, viendo la película. Yumi tuvo que contenerse un poco, ya que se había excitado con la película. Aelita lo notó, y esbozó media sonrisa.
— A mí me está dando algo de calor la película — comentó la pelirrosa, y se deshizo de la camiseta, quedando sólo con el top.
— ¿No tenías algo menos discreto aún? — le preguntó la japonesa, sorprendida.
— No de momento — respondió Aelita —. Bueno, no ha estado mal la película… aunque ese argumento no es muy original…
Yumi no pudo evitar reírse ante el comentario de Aelita.
— Sólo por curiosidad. ¿Hace mucho que ves películas pornográficas? — quiso saber Aelita, aunque logró fingir indiferencia.
— Pues… jo, es incómodo hablar de ello — respondió Yumi —, pero hará… un par de años. Estaba en casa aburrida, y me topé con ese DVD, empecé a verle… y de vez en cuando me bajo alguna de internet — terminó de decir, muerta de la vergüenza.
— Yo, con esta, he visto dos… la verdad, preferiría ponerlo en práctica antes que verlo — comentó Aelita, quitándole importancia.
— ¿Pero tú y Jeremy aún no…?
— No… así que… me las he tenido que ingeniar por mi cuenta… — admitió Aelita.
Yumi abrió los ojos, muy sorprendida. ¡Así que Aelita se masturbaba! ¡Quién lo iba a decir de la señora Einstein!
— Bueno, es lo más normal del mundo, incluso yo… bueno, que no tiene nada de malo. Y si lo que quieres es "ponerlo en práctica", podrías hablar con Jeremy.
— No… Jeremy no me interesa. Es un buen amigo, pero sólo eso.
— Bueno… pues perdona que sea tan cotilla, pero… ¿Quién te interesa? — se interesó Yumi.
La pelirrosa suspiró. ¿Lo hacía o no lo hacía? Sí, tenía que hacerlo. Miró a Yumi, se echó hacia delante, y la besó.
— Tú… Yumi, tú me interesas…
— ¿Q-qué…?
— Me gustas mucho — la voz de Aelita bajó poco a poco de tono —. Cuando nos conocimos, me resultabas fascinante… — dijo rozándole los labios con los suyos — y poco a poco me he dado cuenta… eres preciosa… tu piel es perfecta… y lo bien que siempre me has tratado…
Yumi estaba realmente sorprendida.
— Te quiero…
Volvió a besarla, como si su vida dependiera de ello. Acarició a Yumi por la mejilla, descendió su mano, por su cuello… pero al llegar a la altura del pecho, se detuvo. Horrorizada de sí misma, se echó hacia atrás rápidamente.
— Perdona… perdona, no se… no se qué me ha pasado… — dijo mientras se ponía la camiseta —. Se hace tarde, será mejor que me vaya…
Se intentó ir, pero Yumi la agarró del brazo y tiró de ella, obligándola a quedar en el sofá otra vez. La miró muy seriamente.
— Aelita, espera…
— Yumi… no me siento preparada para aceptar un rechazo tuyo, y no me creería nada si ahora dijeras que sientes lo mismo por mí, así que…
— Déjame hablar, por favor — dijo la japonesa, agarrándola de la mano —. No puedo decir que sienta lo mismo por ti ahora mismo… pero sí puedo decir que… me despiertas curiosidad. Tú también eres muy atractiva… y con lo que me has dicho, creo… que podríamos probar.
— ¿Probar… el qué?
— A acostarnos… experimentar… tener sexo… — dijo Yumi.
Aelita no se lo creía. La miró con los ojos desorbitados, pero la japonesa se limitó a asentir.
— Si estás dispuesta… subamos a mi habitación. Eso sí… tendrás que hacer tú la mayoría, porque de lesbianismo… entiendo poco — dijo, sin saber si estaba usando las palabras correctas.
A Aelita le faltó tiempo para asentir. Quizá no era todo lo que esperaba, pues albergaba una pequeña esperanza de que Yumi sintiera lo mismo que ella, pero… aún así… iban a acostarse. Subieron de la mano a la habitación de Yumi, y la japonesa se extendió en su cama.
— En ti confío… —le dijo a Aelita, mientras procuraba relajarse.
La pelirrosa se colocó encima de Yumi. Se mordió el labio inferior y se quitó su ropa. Separó bien las piernas, para asegurarse de que Yumi no se perdía detalle. Ésta la miró con vergüenza, pero no hizo gestos de querer parar, de forma que, con todo el cuidado que tenía, Aelita desprendió a la japonesa de su ropa.
Admiró con sumo detenimiento el cuerpo de Yumi. No podía resistirse más. Empezó a acariciarle desde el pecho hacia abajo, lentamente, y volvió a subir. La japonesa se sorprendió de lo delicados que eran los movimientos de Aelita.
La pelirrosa continuó un rato, y pasó a lamerle uno de los pechos. Delicioso. Era mejor de lo que había pensado. Yumi se estremeció y quedó sorprendida. Le estaba gustando. Y le estaba gustando que lo hiciera su amiga.
Prosiguió lamiendo, mientras su mano se deslizaba al sexo de la japonesa, y sin previo aviso, se lo introdujo. Yumi sintió una mezcla de placer y susto, dio un respingo, pero no tardó en relajarse. Su excitación comenzó al ser masturbada por Aelita, que lo hacía a un ritmo tan lento y poniendo tanto cuidado que sintió trasladarse a las nubes.
— Mmm… Aelita… — gimió casi sin darse cuenta. Notó que la sangre se le subía a la cabeza por la vergüenza de haber dicho eso.
Aelita logró controlar la alegría que sintió al escucharlo. Decidió continuar. Quizá se propasara, pero tenía la oportunidad. Y no la quería desaprovechar.
Empezó a descender, con besitos breves, por el cuerpo de Yumi, hasta llegar donde la estaba masturbando. Detuvo su dedo, y lo sustituyó por su propia lengua, primero de arriba hacia abajo, y luego, introduciéndola.
El gemido de Yumi fue lo más sensual que Aelita había escuchado en toda su vida. Continuó, notando lo salado de los fluidos de la japonesa, quien, instintivamente, le puso una mano en la cabeza. Pero a la pelirrosa aquello no le importaba.
Sin embargo, ella misma empezaba a calentarse, de forma que con su otra mano empezó a masturbarse a sí misma para ponerse a tono. Qué bien estaba aquello. Finalmente se detuvo, alzó una de las piernas de Yumi con mucho cuidado, y cruzó las suyas con las de la japonesa.
Con esto, empezó a frotar su sexo con el de Yumi, despacio al principio. Yumi dejó de reprimirse: le estaba gustando, de forma que pasó a suspirar y a gemir sin controlarse, para que Aelita lo supiera. Esto la animó a ir cada vez más rápido. No tardaría mucho en llegar al clímax.
Yumi se incorporó como pudo, y se puso a juguetear, usando su lengua, con uno de los pezones de Aelita, quien puso los ojos en blanco durante un par de segundos. Sin embargo, logró mantener el ritmo. Un par de minutos después, ella y Yumi llegaron al orgasmo.
Se tumbaron bocabajo para recuperarse. Yumi estaba fascinada. Había sido realmente increíble. Aelita sentía ganas de ponerse a bailar, pese al cansancio.
— ¿Qué…? ¿Qué te ha parecido, Yumi?
— Fantástico… debiste habérmelo dicho antes… — dijo Yumi, mientras estiraba el brazo hacia su mesa.
Cogió un rotulador fino. Aelita no lo entendió. Hasta que Yumi se situó tras ella y le escribió algo en la nalga izquierda.
— ¿Qué haces? — le preguntó.
— Marcar mi territorio — le dijo la japonesa. Aelita miró, y vio que había escrito "Yumi". La chica le besó donde lo había escrito —. No te importa, ¿verdad?
Aelita negó con la cabeza, llena de felicidad. Puede que ese fin de semana se estirase de una forma muy bonita… y placentera.
Bueno, ¿qué tal?
Como siempre, repasando: me quedan 6 parejas aún, que recibí una petición en el de "Tu cuerpo, mi cuerpo" nueva. Y creo que sé cómo voy a ponerles. Pero antes, pondré alguno de los threesomes que habéis pedido, que es lo que más queda en el .txt
Una vez más os invito a leer mi blog, tenéis el enlace en mi perfil. Quizá me anime a poner también mi usuario de Twitter (aunque lo tenéis en mi blog, si os apetece, hago followback). Pues nada, os leo en los reviews. Lemon rules!
