A.L.L.Y: gracias, no merezco tantos halagos ^^

Moon-9215: Bueno, creo que Jeremy, bajo esa pinta de "paradito" que tiene, en realidad nos tiene que tener a todos engañados :P

Bueno, he probado algo diferente en este relato. En seguida veréis a qué me refiero.


Atado

— Interesante... muy interesante...

Aelita cerró el libro que estaba leyendo. Nunca se lo hubiera comprado por propio pie, de hecho, se lo había encontrado tirado en el patio del Kadic. Y era una verdadera suerte. Aunque su primer impulso fue entregarlo al director, la curiosidad es tan poderosa que se había visto obligado a leerlo. "Principios del BDSM".

Placer a base del dolor y del sufrimiento... ¿sería realmente posible? Del dicho al hecho hay un trecho... pero entre sus ganas de probar algo diferente con William tras dos meses de relaciones (dentro y fuera de la cama) y lo que aparentaba el libro... podía surgir una muy interesante experiencia.

Pensó en que podía comentarlo con William, pero había un problema: era muy paradito. De forma que le pidió permiso de otra forma. Le envió un SMS: "Will, he tenido una idea diferente para esta noche. Si quieres saberla y probarla, respóndeme". No fueron más de cinco minutos los que pasaron antes de recibir una respuesta de su novio: "Por supuesto. Te espero con ansias".

Aelita no pudo evitar sonreír pícaramente. Miró el reloj. Se le iban a hacer largas las horas hasta la noche. Pero bueno, creía saber dónde podía conseguir cierto material que le sería muy útil…

William se retiró pronto a dormir ese día. Esperaba la llegada de Aelita, que nunca se solía producir hasta que los pasillos estuvieran en silencio. Pero igual parte de la sorpresa era llegar pronto. Se dio cuenta de que se equivocaba. Daba lo mismo, no sería la primera vez que Aelita debía despertarle para poder pasar un rato íntimo. Poco a poco sus ojos se cerraron.

Tardó en abrirlos de nuevo. Pero no se despertó de la misma forma que se había dormido. Cuando se dio cuenta, estaba prácticamente desnudo, a excepción del calzoncillo. Se dio cuenta de que había un par de esposas en el cabecero de la cama, y otro par en los pies de la misma.

— Buenas noches, William.

La imagen más sexy que podía haberse imaginado estaba ante el: Aelita vestía un pijama veraniego: pantaloncito corto y una camiseta de encaje. Tenía una mano apoyada en la cintura, y en la otra... llevaba una fusta.

— A... ¿Aelita? ¿Qué...?

— Bueno... he leído acerca del tema... y se me ha ocurrido que podemos hacer algo diferente esta noche — respondió ella.

— Bastante diferente, de hecho... — dijo William —. ¿Y las esposas... y la fusta...? — preguntó.

— Me las han regalado. Tengo que decirte una cosa — añadió la pelirrosa mientras se sentaba a horcajadas encima de él —, estas esposas no te harán daño... salvo que te retuerzas mucho. Por lo demás, vas a estar totalmente a mi disposición. Pero tranquilo, no tengo intención de herirte, ya lo sabes — se inclinó hacia él y rozó con sus labios los de él, pero cuando William intentó besarla, ella se apartó —. Sólo que pasemos un buen rato, y lo disfrutemos. Y si en algún momento estás incómodo, o te apetece parar... dímelo — dijo quitándose de encima suya.

William aceptó. No estaba muy seguro, pero confiaba en ella. Quién sabía, la experiencia sería interesante de todas formas.

La pelirrosa entonces se sacó una venda del bolsillo del pijama. Se la puso al escocés en los ojos. Éste inspiró y procuró relajarse. Notó los labios de Aelita en su muñeca, que iba siendo dirigida a una de las esposas. Notó como se cerraba a su alrededor. La chica repitió esto con su otra muñeca, y luego, con los tobillos.

Las sensaciones de William, aumentadas por la ausencia de vista, hicieron que empezara a calentarse. El morbo de lo desconocido, pensó. En ese momento, ella le retiró la venda, pero al momento le puso otra que únicamente le permitía ver las siluetas.

Aelita empezó entonces a acariciarle con la fusta por el pecho. William notó el cuero recorriendo lentamente su cuerpo. Resultaba agradable, la verdad. Aelita ponía empeño, y empezaba a cogerle el gustillo a hacer eso. Tenía a William a su más plena disposición. Qué pasaría si...

Levantó la fusta. William se preguntó qué pasaría ahora, y no tardó en notarlo. Aelita había puesto la punta de la fusta en su miembro, y estaba ejerciendo cierta fuerza hacia abajo. Cuando empezó a frotar hacia arriba y abajo, William no pudo evitar suspirar por el placer.

— ¿Qué tal? — preguntó Aelita, aunque ya conocía la respuesta.

— Bien... — susurró él.

— No... — dijo Aelita, con un tono de voz entre lo sexy y lo molesto —. Grítalo. ¿Qué tal?

— ¿Gritarlo? Pero si pueden oírnos... — protestó William.

— ¡Grítalo! — dijo ella, e instintivamente, golpeó el colchón con la fusta. William empezó a ponerse nervioso.

— Aelita, no me hagas esto... si grito nos pillarán.

— Si no gritas... me enfadaré — empezó a dar más golpes por el colchón, acercándose peligrosamente al miembro de su novio. Tenía una sonrisa en su rostro, ya que él no podía verla. ¿Lograría hacer que lo gritara? — Voy a preguntarlo por última vez — añadió golpeando a escasos milímetros del sexo de William —. ¿Qué tal?

— ¡BIEN! — aulló —. ¡POR F...!

Aelita le interrumpió en el acto, besándole y ejerciendo fuerza contra sus labios. Le acarició las mejillas de la misma forma, con firmeza, pero evitando herirle.

— Sssshhh... — le dijo — cálmate. Te dije que no te haría daño, ¿verdad?

William poco a poco dejó de temblar. Aelita sonrió y le retiró definitivamente la venda. Subióse encima de él, a la altura de su miembro, y se quitó camiseta del pijama, quedando al descubierto sus pechos, pues estaba sin sostén. William sonrió. Aelita los aproximó a él, pero cuando hizo un intento de lamerlos, ella se echó para atrás y le puso la fusta en la barbilla.

— Quieto — le ordenó —. Te dije que ibas a estar a mi entera disposición, no al revés. Aquí sólo me muevo yo.

Volvió a besarle, haciendo presión con sus labios, mientras empezaba a mover sus caderas. El chico empezó a calentarse con el movimiento y la presión que Aelita ejercía sobre su miembro le excitaba mucho.

Ella lo notó. Se incorporó, bajó de encima del chico, y le bajó de un tirón el bóxer. Le quitó una de las esposas de los tobillos y luego la otra, volviendo a atarle luego, para quitarle bien la prenda.

Volvió a jugar con su fusta y el miembro de William, que al tacto directo con el cuero del objeto, tardó escasos segundos en quedar erecto. Deslizó la fusta varias veces de arriba abajo del miembro, incluyendo los testículos.

— Bueno… ¿quieres que pase al gran final? O mejor...

Sin dejarle responder, subió a la cama, se relamió el labio, y súbitamente se introdujo el miembro de William en la boca. William suspiró. Aelita estaba muy pasional esa noche. Lo hacía de una forma algo brusca, quizá. Iba a un ritmo más veloz de lo habitual, y tenía rodeada la base de su miembro con los dedos, apretando suavemente.

— A-Aelita... mmmm...

Ella sonrió. Empezó a usar también sus dientes, apenas rozando con ellos el sexo de William. Éste volvió a temblar, era algo incómodo por el hecho de que podría terminar haciendo daño. Pero no ocurrió, y ella prosiguió durante unos minutos. A William cada vez le gustaba eso más y más.

Finalmente ella se detuvo, y desde donde estaba se quitó el pantaloncito. Como William suponía, no llevaba ropa interior debajo.

— Pídemelo... — le dijo —. Pide lo que quieres que haga ahora...

Él cedió en el acto.

— Por favor... quiero sentirme dentro de tí... quiero que te muevas volviendome loco... y quiero que lo hagas ya...

Ella se colocó de inmediato encima de él y dirigió su miembro a su entrada. De inmediato descendió. Se apoyó en el cuerpo de él, y empezó a subir y a bajar a buen ritmo. Tenía que admitir que era algo cansado, pero se sentía bien. Y por la cara que tenía William, él debía estar en el séptimo cielo en ese momento. Cuando se contrajo a causa del placer, notó una molestia en las muñecas por las esposas. Ella ya le había advertido. Pero ese dolor no hacía sino aumentar su deseo de que ella continuara.

Su orgasmo estaba cerca. Ella ya jadeaba, y también iba a culminar en breve. Le besó mientras empezaba un movimiento más lento y profundo que antes. Qué bien se sentía aquello.

Finalmente volvió a acelerar y William se corrió unos segundos antes del orgasmo de Aelita, quien no se detuvo hasta un minuto después de aquello. Se quedó donde estaba, aún con el miembro de William dentro de ella, y ella extendida sobre él.

— Ha sido... lo más... excitante... placentero... e increíble... que he sentido en la vida — admitió él.

— Me alegra que te haya gustado — dijo ella —. ¿Puedes esperar unos segundos a que me recupere y ahora te suelto?

— Por supuesto... mi ama — bromeó él. Aunque en realidad, a ambos les gustó el apelativo —. Y bueno... quizá podrías... dejarme la próxima vez que sea yo el dominador...

— Querría comprobarlo — asintió ella.

Y continuaron así un rato, mientras la mente de William empezaba a divagar con ideas de lo que podría practicar con Aelita la próxima vez.


Bueno... ¿qué tal?

Mi idea era hacer algo parecido a un relato sobre dominación, pero no me interesaba hacer algo muy 'hardcore', de forma que decidí suavizarlo y no meter mucho dolor.

En fin, quedan aún 3 relatos en la recámara de los pedidos. Ya veré cual es el siguiente, lo decidiré a la hora de escribir. Nos vemos en los reviews. Lemon rules!